“La Moderación que nos Falta”

 

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Si tuviera que elegir una sola virtud para esta época de extremismos elegiría a la moderación porque creo que de todas las virtudes, ésta es actualmente la que más necesitamos.

Hay gente que nace moderada, aunque hay moderaciones que mas que a templanza saben a un desinterés general por todo aquello que acontezca fuera de su ámbito particular.

La moderación no es un destino, sino una forma de caminar con orientación hacia el camino del medio, al que se llega  lleno de moretones; porque para arribar a un medio hay que percatarse de la existencia y del funcionamiento de todos los extremos.

A esos golpes causados por buscar sin tregua la tan deseada tierra media, los llamo yo “las heridas del buscador”.

La moderación es esa forma de andar   zigzagueante en la que uno no se instala ni demasiado en un extremo, ni demasiado en el otro, para así  favorecer la observación de todo el paisaje. 

La actitud del moderado es ante todo una actitud de distanciamiento y de duda, pero no es esa duda insegura que retrasa cualquier decisión por miedo, ni un distanciamiento indiferente y perezoso; sino esa duda de revisión constante de las premisas, que se realiza desde una distancia para poder observar con perspectiva. 

Para la moderación hace falta también ser curioso, esa inquietud que nos impide asentarnos en una convicción por demasiado tiempo; algo pica, algo hace ruido y de pronto uno deja de estar cómodo con aquello en lo que hasta ahora creía a muerte.

¿Será tan cierta esta certeza que tengo? ¿O habrá que mirarla mejor desde esta otra perspectiva?

El fanático sin embargo, es totalmente opuesto; él permanece cómodo y arropado en las certezas que ha heredado o alcanzado, como quien se queda en la cama calentito, en vez de levantarse y ponerse a trabajar.

La actitud del fanático es inmóvil, cómoda y escencialmente social, ya que en sus certezas no sólo encuentra comodidad sino también compañía y en ocasiones además su sustento económico.

El fanático se ha acomodado en un grupo que piensa igual a él y como las certezas tienden a echar raíces, este individuo arraigado ya no necesita hacer más esfuerzos para movilizarse y pensar.

El fanático cambia la curiosidad por la obediencia a un sistema de creencias que guían su comportamiento y que no requieren de su creatividad.

Pero el hombre no fue pensado para permanecer inmóvil, arropado y cómodo, sino para andar, para dudar y para ejercer su función como ser inteligente.

Si la duda es la gimnasia de la inteligencia, dar por sentadas las certezas alcanzadas por demasiado tiempo no es solamente paralizar las ideas, sino dejar de buscar mejoras y soluciones.

Llegar al medio es una osadía porque requiere de mucha apertura, la misma que necesita el cerebro para conocer y liberarse de todos sus extremos y de sus limitaciones.

JR

 

 

“Ya no creo en ninguna de las cosas en las que he creído, pero todas me han servido para llegar hasta aquí” JR

 

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