“La Tibieza”

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Muchos la llaman la virtud del educado; a ese vicio tan correcto de no expresar jamás ni frío ni calor; esa apatía a la que algunos confunden con bueidad y que consiste en vivir sin que la vida se te note, ni te acuse de que vives.

Otros asociamos a este impulso hacia lo tibio con un complot que apunta directamente hacia la erradicación de la alegria, porque vivir en un mundo de polaridades implica el estar subordinados inevitablemente a un péndulo que nos balancea en direcciones opuestas de forma constante; y cualquier intento de erradicar de cuajo la tristeza o el dolor, no puede devenir más que en la consecuente erradicación de la alegría.  Porque al detenerse todo péndulo, éste no se mantiene suspendido en un costado, sino fijo en el medio.

La tibieza condena toda aquella expresión que tenga algo de auténtico y uno aprende, (educándose hasta el doctorado), a permanecer en un medio, a comportarse tibiamente y a reprimirse con maestría, tanto en el dolor como en el contento.

Pero sin embargo, cuando presenciamos autenticidad ¡cuánta envidia nos genera!

(¡Quién pudiera sentir como tú sientes, sin miedo al dolor ni a la alegría! ¡Y sin tener en cuenta a todos esos ojos que te miran creyendo que eres tú en tu autenticidad, quien ha perdido la cordura!)

El pueblo dice aborrecer lo políticamente correcto, pero no hay nada más falso que esa afirmación.

Cuando ven espontáneidad la detestan y la condenan como si fuese el peor de los pecados. Niegan setenta veces siete a quien dice la verdad y piden a gritos que se perdone al criminal, con tal de que se crucifique al sincero.

El pueblo es represor y cuanto más enarbola la bandera de la libertad más represor se vuelve.

La Democracia no fue pensada para ser ejercida por el populacho, sino soñada como un instrumento de justicia sólo apto para el uso de los sabios en protección del pueblo.

Y así la empleaban los griegos, conscientes de que el pueblo era un ente altamente manipulable y de fácil engaño, propenso a matar a los dioses y a santificar a los tiranos.

La virtud que el pueblo pondera es la del falso, la de aquel que miente bonito y sin escrúpulos, la que endulza los oídos de la población que está siempre ávida de nuevas mentiras y falsas promesas, y a quien la verdad le resulta fatal e intolerable.

(¡Qué descaro tienes en decir la verdad, teniendo a mano tantas mentiras confortables! ¡Qué insolente y qué imperdonable es el pecado del sincero!)

La educación en la tibieza es la más respetada de todas y la que prefiere el corrupto, porque no es tibio sólo aquel que por cobarde se queda callado, sino aquel que presenciando la injusticia calla para seguir pareciendo educado.

Si Sócrates apareciera en estos tiempos volvería a ser envenenado porque la intolerancia a la verdad es aún hoy una patología incurable y la tibieza sigue siendo una moda vitalicia.

JR

“Prefiero a los auténticos que a los falsos  porque hay más bondad en quien se muestra, que en quien se esconde” JR

“Más allá del Aburrimiento”

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Hay pocas cosas a las que tema más el hombre en nuestros tiempos que al aburrimiento.

Muchos dicen que es la semilla del mal en quienes de tanto estar quietos comienza a tramar maldades; eso si consideramos que sólo es actividad aquel hacer que involucra al movimiento del cuerpo, porque hay quietos que están mucho más activos mentalmente que cualquier maratonista.

El aburrimiento se manifiesta tanto en reposo como en movimiento, ya que la gente se aburre tanto estando sentada, acostada, andando, como de viaje o en casa.

También se presenta en reuniones sociales, en horario de trabajo, en vacaciones, en la playa, en la montaña o en misa; amoldándose a cualquier ocasión en que se sufra una desconexión profunda con lo que sucede afuera.

El aburrimiento se experimenta como un picor intenso que provoca una urgencia por moverse de la situación en la que uno se encuentra e ir hacia otro sitio, aunque en la mayoría de ocasiones uno no pueda hacerlo y se mantenga aprisionado en el picor sin remedio.

Ante el acecho del temido aburrimiento hay múltiples reacciones; el hábil llama enseguida a un amigo, a su psicoanalista o al abogado de divorcios, organiza algún tipo de entretenimiento de emergencia, se  conecta como hater, cotilla u opinólogo especialista en las redes sociales, o inventa algún otro recurso para escaparse de él como pueda.

Pero hay un tipo de persona que cuando aparece la necesidad de huir aguanta y espera, como si supiera que atravesándola llegará a algún sitio; porque presiente que el aburrimiento es la espera necesaria hacia un viaje feliz. 

Ir más allá del aburrimiento es el trabajo del pensador, del científico, del filósofo, del místico y del artista; esos que se dejan caer dentro del pozo porque saben que allí es en donde se encuentra el país de las maravillas. 

JR

 

“¡Qué sería de la creatividad sin el aburrimiento y qué sería del aburrimiento sin los creativos!” JR 

“Los Amigos de la Fortuna”

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En algunas ocasiones la fortuna nos hace una visita y pasa un tiempo con nosotros; pero en otros momentos nos abandona de repente sin siquiera darnos una explicación.

Esto sucede porque su forma es circular y el movimiento que conoce es giratorio, impredecible y temerario.

Cuando la fortuna aparece en nuestras vidas creemos que será eterna y que gozaremos de sus placeres para siempre; pero ella no suele ser estable y cambia de dirección a menudo; se mueve como una dama itinerante que viaja sin apegos y abandona a quienes le aman sin ningún remordimiento.

En su presencia las bendiciones abundan, los afectos proliferan y las amistades se multiplican, mientras la dependencia de aquel que se cree incapaz de subsistir sin ella, crece silenciosamente abrazada al apego.

Pero cuando la fortuna se marcha un día cualquiera sin avisar, y sin dejar siquiera un número de contacto en donde poder localizarla, todo lo que construimos sobre ella se derrumba.

Con ella se van hasta los amigos; y uno comprende entonces que esos amigos tampoco eran los nuestros, sino los amigos de la fortuna. 

 

JR

“ La fortuna al marcharse, se lleva consigo todo lo falso y deja al descubierto lo verdadero” JR

 

 

 

 

 

“Seres luminosos”

 

Nadie es luz de sí mismo; ni el sol.” Antonio Porchia. 

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Los seres luminosos son aquellos que cuando se alejan, sientes que te apagas. Y nunca sabes si son ellos los que desprenden luz, o si son los que hacían  brillar algo en ti.  

Se parecen a los dioses griegos porque tienen algo de dioses y mucho de humano y también poseen algo del dios cristiano en la capacidad que tienen para resucitar y reinventarse ante los fracasos y levantarse de las caídas.

No siempre son amables o nos agradan,  pero cuando aparecen iluminan aunque no quieras mirar o prefieras permanecer con los ojos cerrados.

Tienen también algo de extranjero porque no logras encajarles nunca en ningún sitio, ni definirles jamás por completo, ya que siempre están en movimiento aunque te parezca que están quietos.

Tienen algo de ausentes y sin embargo su presencia se queda contigo a pesar de la distancia y se resisten a creer que les necesitas porque en su mirada te reflejan tan endiosado que hasta tú, que te sentías apagado, sientes al verles que lo iluminas todo.

No son maestros y se resisten a serlo, porque lo que ellos poseen no se enseña  ni se aprende, sólo se contagia.

JR

 

“Todos los días del mundo existe una forma de resucitar”  TanBionica

“La Preparación”

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Se detuvo en el semáforo en rojo y mientras esperaba que apareciera la luz verde se puso a pensar en que llevaba ya 10 años preparándose para morir.

Cuando era joven se preparaba para la vida y al cumplir los 60 y detectársele el cancer, decidió que era el momento de ir preparándose para la muerte.

Entre una preparación y otra había ido pasando la vida y se preguntaba si alguna vez había vivido siendo consciente de que vivía. O si vivir era simplemente eso; una constante preparación para algo distinto.

Entre preparación y preparación sucedía la vida, algo que sólo somos capaces de percibir en perspectiva, como si la vida  necesitara de una distancia para ser vista.

Sólo desde la cercanía con la muerte que le había ofrecido la enfermedad había sido capaz de verla.

Uno toma conciencia de que ha vivido cuando mira hacia atrás, pero rara vez es capaz de percibirse “viviendo”, porque el “viviendo” siempre sucede mientras nos preparamos para otra cosa.

Y distraídos vivimos de preparación en preparación, sin saber que eso es la vida; una preparación.

 

JR

“ Como siempre me preparo para lo que debería sucederme, no me hallo preparado para lo que me sucede, nunca.” Antonio Porchia.