“La Cultura de la Manía”

“Descubrir la utilidad que tienen tus manías es el primer paso para liberarte de una vez por todas de ellas o para aferrarte a ellas aún mas” JR

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De aquel viaje que hice a la Argentina me traje a casa un souvenir y éste fue la palabra “hinchapelotas”. La escribí con rotulador indeleble en la puerta de la nevera para estar advertido en algunos momentos. Esta palabra me resultó sumamente atractiva, tanto en su pronunciación como en la amplitud de su contenido, ya que abarca a tantas cosas, que sustituirla en inglés me hubiera llevado a buscar muchas palabras distintas.

Ser un hinchapelotas es una característica que aparece cuando las cosas en vez de convertirte en un ser mas relajado y natural, te convierten en un fanático que no disfruta de nada, ni deja disfrutar a nadie. Este impedimento se debe a la aparición de algún inconveniente al que se considera ajeno a uno mismo y que siempre logra interferir en el proceso de disfrutar de las cosas.

Hay muchos tipos y clases de hinchapelotas, como son por ejemplo el naturista fanático, el deportista fanático, el religioso fanático, la madre obsesiva, el intelectual fanático, el ecologista fanático, el hipocondriaco, el paranoico, el perfeccionista, el internauta obsesivo, etc. Son muchos y muy variados los caminos de los que disponemos para convertirnos en unos auténticos hinchapelotas.

Esta característica tan común comienza a manifestarse cuando sientes que la vida en vez de ensanchar tus horizontes empieza a limitarte hasta el punto en el que vivir, ir a cualquier parte o tomar cualquier decisión, se vuelven un dolor de cabeza y un trastorno para ti y para todo aquel que te rodea.

Salir a cualquier parte se vuelve un inconveniente porque todo fanatismo te limita a un espacio acotado a unas condiciones determinadas. Ya no puedes ir libre a cualquier sitio, ni gozar de las cosas que los distintos espacios te ofrecen porque te descubres a ti mismo atado a determinadas rutinas y estilos de vida, sin los cuales te vuelves un discapacitado para poder sobrevivir.

El hinchapelotas depende de una estructura determinada que él mismo se ha impuesto y que le va limitando cada vez más en los distintos aspectos de su vida.

Mucha gente se queja hoy, de que vive una vida sin sentido y la describe como a una sensación de infelicidad que crece y que está plagada de múltiples obligaciones y rutinas inamovibles, siendo incapaces de reconocer que son ellos mismos, quienes se han impuesto las prisiones que les encarcelan.

Convertirte en un hinchapelotas es un proceso lento y silencioso que ocurre mientras tú no te das cuenta e incluye a las manías mas extrañas y diversas, que van desde temores de todo tipo, hasta múltiples obsesiones que pueden incluir a la alimentación, la limpieza, el deporte, la dependencia del lujo o de la tecnología y sin las cuales el individuo es incapaz de subsistir a corto plazo. El hinchapelotas sufre al sentirse incapaz de desenvolverse en ámbitos que no le provean de sus amuletos y que le impidan aquellas rutinas obsesivas de las que se ha vuelto dependiente.

Las personas que le rodean también sufren teniéndole cerca, porque ellos son quienes deben soportar las consecuencias directas de todas sus limitaciones y en estos casos, tienen la opción de volverse igual de hinchapelotas que ellos, o de sufrir para siempre permaneciendo a su lado.

El contagio es lo que abunda en general, procreando además a nuevas generaciones de hinchapelotas que avanzan, criados bajo una cultura que aún desconocemos en que decantará. Una intrigante y futura generación criada entre la limitación, la alergia, los tabúes, las intolerancias variadas y el miedo hacia todo aquello que rompa con los moldes rígidos en los que han sido obligados a crecer, alimentados a base de temores y de inseguridades variadas.

Sin embargo, la reacción espontánea de todo adulto medianamente sano que se expone a sufrir a un hinchapelotas, es tratar de evitarle a toda costa. Y así es como deja de invitarle a su casa y evita compartir espacios y momentos con él, ya que el hinchapelotas logra con sus manías, complicar toda convivencia y estropear, sin tener conciencia de su mal, todos los momentos en los que el grupo tiene la posibilidad de ser feliz.

Siempre aparece algún inconveniente o alguna carencia que imposibilita que perduren los momentos agradables y relajados en el grupo y éste se ve obligado a soportar continuamente sus prisiones, que suelen incluir desde la necesidad vegetariana hasta la obligación de la proteína, pasando por la rigidez de horarios o por cualquier tipo de superstición, temor o contagio con respecto a casi cualquier cosa.

La cultura del hinchapelotas incluye al arte de amargarse la vida por nimiedades, pero es curioso como hoy en día, esta modalidad de vida ha logrado ponerse de moda y ser venerada por una sociedad de consumo que consume entusiasta hasta las manías que le venden.

La gente asocia a la rigidez con una superioridad intelectual, social o moral, y presiente que las manías son el sello que pueden convertirles en gente especial, desconociendo que la única superioridad del ser humano radica en su capacidad de ser flexible y de poder adaptarse a las distintas realidades existentes de una manera sencilla.

Ser un maniático hoy se promociona como un elemento chic que incluye además, a la posibilidad de convertirte en un ser superior en algún extraño sentido. La gente hoy aspira a la manía de la misma forma en que ansía ser aceptada dentro de cualquier grupo selecto. Las modas se imponen con nuevos productos que acompañan y motivan a la manía y la elevan a un nivel superior, ganando nuevos adeptos y generando una rentabilidad altísima que incentiva al mercado a seguir desarrollando nuevas formas de ser un maniático. Hoy las marcas buscan nuevas y originales maneras de sacar provecho a la obsesión, convirtiendo a la locura en un articulo de lujo.

Hoy la locura lleva nuevos nombres y muchos nuevos fanatismos son enaltecidos con la excusa de responder a ideales mas puros y mas sanos, pero sin la conciencia de que la condición de inmovilidad que caracteriza a toda manía, es aquello que la descubre como a la locura de toda la vida; disfrazada ahora de limpieza, de sanidad, de cuidado, de espiritualidad o de puro narcisismo; pero loca como siempre. El hinchapelotas no es otro que el loco de ayer, el de hoy y el de siempre: aquel que habita en una rigidez de convicciones tal, que ni vive ni deja vivir a nadie.

Desgraciadamente todos los buenos momentos que el hinchapelotas se pierde mientras se distrae con otras cosas y que logra también hacer perder a todo aquel que le acompaña, son en realidad el único alimento que nutre de igual manera al cuerpo, al alma y al intelecto.

Como no podía ser de otra manera me traje como souvenir una palabra, que desde hoy me acompaña como recordatorio y advertencia, y he decidido en este tiempo urgar con ímpetu en mis manías para descartar urgentemente a todas aquellas que necesitan ser abandonadas, aferrándome sólo a esas pocas, que son aquellas que alimentan algo en mí que en vez de restar, multiplica.

JR

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“La fuerza del Asombro”

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De todas las facultades que vamos perdiendo con el tiempo, el asombro es  la capacidad que mas echo de menos. Pocas cosas nos asombran y cada vez son menos las cosas que de verdad nos mueven por dentro.

La vida poco a poco deja de parecernos misteriosa porque para todo parece haber una respuesta. Creemos que lo sabemos todo y aquellas cosas  que desconocemos lo buscamos rápidamente en internet.

Quizás cuanto mas intelectuales nos volvemos menos nos asombremos y nos conmovamos con el mundo y la insensibilidad sea solo una consecuencia directa del progreso intelectual.

En nuestro mundo revelar asombro por las cosas sencillas, por la naturaleza, por las personas, por el cosmos, el amor y la vida suele ser vergonzoso,  ya que sorprenderse demasiado por las cosas corrientes es a veces considerado como un signo de inferioridad intelectual.

La postura del sabelotodo es la que abunda y la  que nuestro mundo respeta, en donde lo único importante parece ser saber preguntar y saber responder, dejando al asombro como a una opción obsoleta; algo que sólo hacen los niños y los poetas.

Está claro que lo  mportante  es tener siempre una respuesta para todo, sin necesidad de  que sea correcta o valiosa. Y esta tendencia a saberlo todo que cultivamos tanto en los niños como en los adultos bloquea muchas veces nuestra posibilidad de emocionarnos con las cosas que suceden.

La urgencia por tener siempre todas las respuestas anula la sensación de sorpresa que representa la exclamación ante las maravillas cotidianas y el ansia por saber nos impide el sentir.

Estamos tan llenos de conocimiento y de conclusiones que ya no nos queda espacio.  Y sentir necesita un espacio, una apertura que aparece solo cuando existe un vacio de conclusiones.

Acomodarse demasiado en el saber convierte a la vida en un sin sentido porque se vuelve un sin sentir.

Recuperar el sentir es recuperar también a la inteligencia creativa, a la empatía, a la sensibilidad y a la admiracion por el mundo.

¿Nos estamos volviendo incapaces como escribe Oscar Wilde en su cuento “El ruiseñor y la rosa”de comprender todas aquellas cosas que no estan escritas en los libros?

La cualidad del genio es la de saber utilizar al conocimiento como si fuese una espada y no colocarlo como a una barrera, manteniendo siempre la mirada llena de asombro como la que posee un niño que nunca deja de sorprenderse, de aprender y de maravillarse con el mundo que le rodea.

Einstein lo transmitió de esta manera antes de morir, dejando claro la mirada de niño que necesita todo descubridor.

“Toda mi vida he creído que desvelaria los secretos del universo pero ha ocurrido justo lo contrario, cuanto mas ahondaba en la existencia, mas profundo se hacia el misterio y hoy estoy muriendo lleno de asombro”

J R.

“Internet, el nuevo Dios”

“Bienvenidos a una nueva Era, en donde por primera vez hay un Dios que nos une, en vez de separarnos”JR

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La Era digital ha cambiado dos cosas que marcan nuestra existencia: el tiempo y el espacio.

Internet ha logrado hacer desaparecer las distancias. Ya no estamos lejos, sino a un click del mundo. La información circula a gran velocidad y se ha vuelto accesible para todos.

El tiempo, también se ha modificado al haber desaparecido las distancias. Aquello que tardaba en llegar, hoy se ha vuelto instantáneo. Se han acabado las excusas referentes al tiempo y al espacio para no estar en contacto con aquello que sucede en el mundo; porque hoy, ni las distancias ni el tiempo nos separan.

Hoy la realidad está al alcance de todos, por lo cual nuestra responsabilidad hacia ella, también tiene que cambiar.

El acceso a la realidad nos ha creado una nueva responsabilidad, que es la implicación directa.  Ya no hay excusas para estar fuera del mundo que nos rodea, o quizás nuestras excusas también hayan cambiado. Ellas siguen impregnado cada nuevo espacio que la humanidad se va abriendo, llenándolo de nuevas distracciones que siguen al hombre a través del tiempo, como si fuesen una sombra.

Esta nueva Era Digital exige una respuesta nueva por parte del ser humano, que hoy ya no está lejos, ni está solo, ni está mudo; aunque pueda elegir estar igual de distraído que antes.

La palabra responsabilidad nunca había significado tanto como ahora. Su etimología ha quedado por fin al descubierto, mostrando la capacidad de responder que dio significado a su origen.

Sin embargo, algunos cuestionan esta nueva Era digital y se asombran de que algo nacido de la tecnología, sea capaz de traspasar los limites del tiempo y del espacio que creían sólo posibles para Dios.

La Ciencia se ha ocupado de estudiar las huellas que deja la presencia de lo eterno. De quien sólo conoce su fuerza y su misterio.

¿Cómo es posible hablar de Dios, de aquel que jamás se ha presentado, sino es a través de las huellas que ha dejado su presencia?  Y así, estudiando el rastro que deja lo eterno, la Ciencia ha observado el cosmos, la naturaleza, el hombre. Esas huellas de lo eterno que son la forma temporal que deja toda presencia.

Durante muchos siglos se llamó eterno a un Dios que no resultó ser el mismo para todos. Rebatiendo la cualidad primera de toda eternidad, que es abarcarlo todo. La posibilidad de no abarcarlo todo, no existe para lo eterno. Lo eterno no puede ser dividido o fraccionado como si fuese una tarta. Su cualidad indivisible lo vuelve total y el mismo para todos.

Pero a lo que las religiones se referían no era a lo eterno que estudia la Ciencia, sino al absoluto que inventaron los hombres. La diferencia entre el absoluto y lo eterno es que lo eterno está vivo y por lo tanto en permanente evolución, mientras lo absoluto está muerto, ya que su condición de inamovible le quita la vida;  en un universo en donde la única prueba de vida es el movimiento y el cambio permanente.

Esto es algo que internet está logrando. Internet es el mismo para todos. No sólo ha logrado cambiar los conceptos de tiempo y espacio, sino que además logrará abarcarlo todo y creará un mundo conectado que generará a un hombre nuevo, alguien que teniendo acceso a la información, se responsabilizará del mundo que ha creado. Una tarea en la que sin duda, todas las religiones han fracasado.

Bienvenidos a una nueva Era, en donde por primera vez hay un Dios que nos une en vez de separarnos.

 

JR

“No creas nunca en la magia, sino en la realidad. La magia sólo se encuentra dentro de aquello que todos pueden ver, aunque no lo vean” JR

 

“Segunda generación instruída por la primera”

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“Si te encuentras con un resultado peligroso, mira hacia aquellos que le han alimentado” JR

 

Mientras algunos países europeos se plantean la enseñanza del Islam en sus escuelas públicas presenciamos con espanto y asombro como muchos europeos de origen musulmán llevan a cabo las barbaridades mas grandes en nombre de un Dios al que llaman el Dios de la paz.

Estamos acostumbrados a mirar las incongruencias con una tolerante ingenuidad y con una solidaridad que nunca incluye a la valentía de mirar a la cara al problema real que yace siempre por debajo del problema que nos acontece.

El problema no es el Islam particularmente,(aunque tenga que confesar que de todos los libros religiosos que existen  el Coran es sin duda un manual que instruye sobre los enemigos y las formas de exterminar a los infieles recomendadas por Mahoma); sino que el problema son  todas las religiones en general  y el daño que han hecho y siguen haciendo a la humanidad hoy en día.

En nombre de distintos dioses, el hombre ha llevado a cabo las matanzas mas salvajes y ha venerado a las santidades mas polémicas. No existe hoy diferencia entre el infierno y el cielo porque hoy el paraíso está reservado para aquellos que en nombre de su Dios maten a mas personas. Por lo cual en estos días es mucho mas recomendable la compañía que habita en  el infierno que los inmolados que recibe hoy el cielo.

Algunos intentan combatir al fanatismo con otros fanatismos igual de perjudiciales, promoviendo que algunas instituciones hasta ahora se laicas se vuelvan a partir de ahora fervientemente religiosas, con la esperanza de que un fanatismo se contrarreste con otro igual de dañino. En algunos casos uno que evoca al perdón y que basa su política en seguir poniendo hasta el fin la otra mejilla, santificándo a todo tipo de subordinación y obediencia de la misma manera en que lo exigen sus competidores.

Muchos alegan estas nuevas  desgracias terroristas a las segundas generaciones, exculpando a la primera, como si estos jóvenes trastornados de fe hubiesen sido clonados en laboratorios muy lejos de sus hogares.

Estos fanatismos no nacen en la Europa laica, sino que nacen en los hogares, auspiciados por madres fervientemente religiosas y padres que promueven una fidelidad eterna a una patria lejana, que los ha expulsado por la miseria y el maltrato al que se vieron sometidos y al que sus representantes glorifican basándose en sus escrituras y a quienes estos pueblos exiliados siguen misteriosamente debiéndoles toda su lealtad.

Junto a esta combinación instructiva letal,  yace el desagradecimiento profundo hacia la nueva tierra que les ha acogido dándoles no sólo cobijo, sino educación, atención médica y toda una serie de cuidados desconocidos por estos individuos hasta entonces financiados por sus ciudadanos, además de todo tipo de subsidios promovidos por la izquierda europea que siempre abogó por los derechos humanos, olvidando que aquellos que no son extranjeros también los poseen y los merecen.

Mirar a la primera generación es la clave en este asunto y repensar en cómo las primeras generaciones son las responsables en instruir a las que vienen detrás en todo tipo de religiones arcaicas, que incluyen siempre a un enemigo común para garantizar de manera eficaz  la unión del grupo.

Esta es la mirada que no deberíamos ignorar; quienes y de qué manera enseñan a perpetuar las diferencias.

Mi pregunta es hasta cuándo vamos a seguir promoviendo y protegiendo a este tipo de adoctrinamiento religioso, que ha demostrado a lo largo de la historia lo mucho que nos ha dañado y dividido como humanidad  y transmitiéndoselo a nuestros hijos.

Quizás haya llegado el momento en pleno siglo 21 de dejar atrás a esta Edad Media que se resiste a avanzar y poner un poco de coherencia en lo que significa evolucionar como seres humanos.

Una evolución que no está limitada solamente al uso de las nuevas tecnologías, sino que exige un cambio de mentalidad acorde al mundo global que nos propone y que nos ofrece. Un mundo sin divisiones, basado en la inclusión de toda diversidad  y en una distribución equitativa de las responsabilidades. En donde la inteligencia no esté limitada solo a la ciencia y al progreso tecnológico, sino que este progreso impregne también al ámbito religioso de una vez por todas, dejando de incentivar a manadas de ovejas que asientan mansamente a los dogmas mas incongruentes y puedan de una vez plantearlos, cuestionarlos y finalmente abandonarlos para siempre.

Esto es lo que motivaría cualquier madre que deseara para sus hijos la libertad.

Toda segunda generación sera inevitablemente el producto del buen o del mal hacer de la primera y todo adoctrinamiento, sea cual sea, siempre dará  a luz a un ser que no conocerá la libertad ni la deseará para nadie.

Libertad, igualdad y fraternidad son las bases de la Europa laica que desgraciadamente se desangra de tolerancia y de ceguera en manos de una Edad Media que avanza exigiendo todos los derechos que les corresponden acordes al siglo 21, pero evitando toda la responsabilidad y los valores de libertad que van a juego con este siglo.

JR

“El hombre ansía avanzar, pero sin romper ninguna de sus cadenas” JR

 

“El Camino”

“¿Qué es caminar, sino ese movimiento que te aleja de todo aquello que no te pertenece?” JR

Caminar es atreverte a dejarlo todo y descubrir que entre tú y el mundo hay muy poca distancia, que las posibilidades son todas y que todas te pertenecen sin que ninguna se vuelva nunca exclusivamente  tuya

Caminar es convivir con lo salvaje, con aquello que habita libre y esconde verdades que esperan a que seas tú y no otro quien las descubra para ti.

Es comprender que necesitas tan poco y que aún así te atas siempre a cualquier cosa. Que eres capaz de cortarte las alas con cualquier excusa y limitar a tus piernas a una quietud que no responde a la finalidad de tu existencia.

Caminar es alejarte del mundo que conoces para adentrarte en aquello que te espera, alejándote de ti; de aquel que promueves y cultivas para encontrarte con alguien que también eres tú y al que descubres libre y desconocido; un ser que posee una fuerza que deberías dejar salir mas a menudo.

Caminar es perderte de todos para encontrarte con todo, es ampliar tu mirada para descubrir que el mundo es inmenso y que en cada vida hay mil historias, mil motivos y mas  oportunidades. Es adentrarte en un pasaje que te ofrece un rumbo distinto, en donde vas hacia adelante y hacia adentro al mismo tiempo, descubriendo que toda distancia esconde una profundidad acorde al recorrido,  sólo cuando el afuera y el adentro se incluyen y se alimentan.

Caminar es vislumbrar otros mundos y entre todos ellos el tuyo. Es decir adiós para dar la bienvenida a cosas aún mas valiosas, esas que sólo se encuentran cuando buscas por ti mismo, libre de todo, incluso del tú al que has forjado y al que crees que conoces.

Finalmente descubres que despedida y bienvenida son sólo dos palabras que nombran a lo mismo y que necesitas muy poco cuando te vuelves consciente de que ya lo tienes todo.

Sin embargo al volver llegas y te atas otra vez a las mismas cosas. La rutina te devuelve siempre a tus costumbres, pero incluso una vez atado notas que ese viaje ha cambiado algo en tu mirada; algo que una vez visto nunca mas olvidas.

 

JR

“El viaje: un partir de mi, un infinito de distancias infinitas y un retornar a mi” A. Porchia.