“La tiranía del Pensamiento Único”

Muchas veces hemos oído hablar de fascismo y todo fascismo se basa en la tiranía de un pensamiento único.

Todo aquello que esté fuera de ese pensamiento único es considerado por el fascista, no como distinto, sino como “enemigo”.

Solemos relacionar al fascismo con la ideología de derechas, quizás porque fue el último fascismo reconocido, pero el fascismo no tiene nada que ver con una ideología determinada; sino con la limitación de la ideología a un solo tipo de pensamiento.

La falta de libertad para pensar libremente es lo que caracteriza a todo fascismo, sea éste de derechas o de izquierdas.

Y es esta obediencia obligada a pensar de una manera determinada o “políticamente correcta” lo que pone en evidencia a todo régimen fascista.

Pensar contrariamente a los dictados de Stalin suponía una condena a muerte en la Unión Soviética y lo mismo sucede hoy en algunos países musulmanes y sin ir mucho más lejos, en Venezuela, Cuba y Corea del Norte.

Muchos son los regímenes que hoy en día se hacen llamar “demócratas” y sin embargo esconden tiranías de pensamiento único.

En este tipo de gobiernos el elemento fundamental es el dominio del pensamiento del ciudadano y uno de los métodos utilizados para el adoctrinamiento es la prensa; que se ocupa de informar sobre aquellas cosas que el tirano quiere que sepas y de esconder todo aquello, de lo que no quiere que te enteres.

Toda información contraria a su ideología quedará sistemáticamente vedada y fuera del alcance de los ciudadanos, que serán diariamente abducidos bajo un único sistema de pensamiento.

Cuando Kant se refería a “la ilustración” la describía como a ese estadio en el que el individuo alcanza una simbólica mayoría de edad y se vuelve capaz de pensar por sí mismo.

Hoy sin embargo, aunque muchos crean que vivimos épocas ilustradas, son pocos aquellos que se atreven verdaderamente a pensar por si mismos, sin limitarse a “repetir lo mismo que opina todo el mundo”.

Atravesamos épocas de mucho temor a la verdad y casi nadie se atreve a decir lo que piensa realmente, por miedo a ser acusado, estigmatizado, perseguido o amenazado por estos gobiernos de izquierdas tan censores, intimidatorios y dictatoriales.

Si a todos nos sorprendió la victoria de Trump en los Estados Unidos en 2016 fue porque nadie se lo esperaba. Y nadie se lo esperaba porque la gente no se atrevía a decir públicamente que iba a votar a Trump.

Ese voto silencioso, como lo llamaron algunos, dejó al descubierto el temor de la gente a exponerse públicamente y a contrariar a la izquierda, por el miedo a sufrir posibles agresiones y represalias.

Aunque la dictadura del pensamiento único crea que el temor es suficiente para detener la libertad de pensamiento, la historia siempre nos ha demostrado lo contrario.

Y mientras nos quede un aliento de vida, debemos seguir evolucionando como nos diagnosticó Darwin e ilustrándonos como nos marcó Kant, porque la evolución o la ilustración, no son otra cosa que el esfuerzo por superar nuestra cobardía y nuestra propia barbarie.

JR

“Peor que ser odiado es ser temido”

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“La Planificación de la Incertidumbre”

Venimos acostumbrados a tener vidas organizadas, agendas electrónicas, alarmas para cada actividad, overbooking de quehaceres diarios y un sin fin de planes a futuro y siempre con esa falsa ilusión de que la vida puede organizarse a nuestro gusto y medida.

Una pandemia tiene la capacidad de trastocarlo todo; y no sólo los planes a futuro, sino la idea misma de que existe un futuro y de que disponemos de él a nuestro antojo.

Esta misma sensación es la que siente alguien acostumbrado a ser una persona sana, cuando se le diagnostica una enfermedad mortal.

Primero la sorpresa y la incredulidad, después la negación, luego la angustia y mucho más tarde, la conciencia de que la vida era solamente un regalo con fecha de caducidad desde el principio y no un bien eterno como llegamos a creer.

El concepto de temporalidad que nos aportaron siglos de vacunas, de cirugías estéticas y de descubrimientos científicos destinados a convencernos de que podríamos ser eternos, logró despistarnos bastante. Y muchos creyeron de verdad, que la eternidad del individuo era posible.

Es difícil aceptar la finitud para la que fuimos creados, pero este cruel descubrimiento, lejos de convertirnos en seres temerosos y aprensivos, debería hacernos conscientes de que si tenemos algo que hacer, algo que legar, algo que aportar, algo para dar; el momento es ahora.

La finitud puede ser cruel e injusta pero también liberadora; y quien se sabe a si mismo “temporal” se atreve a hacer más cosas y a arriesgarse más que aquel que está empeñado en mantenerse en este mundo para siempre y a quien esa permanencia le ofrece más limitaciones que oportunidades de acción.

Quien se sabe breve actúa y quien se siente eterno se afloja, sabiendo que siempre habrá un mañana para poder hacer algo.

No intento encontrar en la desgracia los beneficios a los que nos impulsan los coaches, ni tengo fe en que después de la brevedad de la vida nos espere algo mejor, sino todo lo contrario, considero que tener que marcharse de una vida bonita es cruel y marcharse de una vida miserable debería ser liberador; aunque a la hora de irse, no quiera irse ninguno de los dos, ni el feliz ni el miserable.

Porque el temor a morir no trata sólo de la vida que dejamos, sino del pánico a la incertidumbre que nos espera y que sufre tanto el feliz como el desdichado.

Planificar un futuro incierto parece ser hoy nuestra tarea; aprender a vivir sin un “para siempre”, sin garantías, sin “lo mismo de siempre” para crear rutinas nuevas, que nos ofrezcan esa barandilla de contención que necesitamos imperiosamente para no caernos de la cama, hacia un abismo de misterio al que tememos porque nunca comprenderemos.

JR

“La Nueva Educación”

De todas las especies, la humana es la que más tarda en ser autosuficiente y por eso la maternidad/ paternidad se vuelve un proceso tan largo y cansador.

Durante los primeros años, el niño nos necesita para todo y sin nuestra guia, va seguro hacia la muerte accidental.

Cualquier peldaño, cualquier piscina, acantilado o carretera implican para él un riesgo mortal, que todo padre tiene que estar siempre dispuesto a salvar.

Lo mismo sucede con los pueblos; a medida que una civilización crece va necesitando de menos cuidados y este crecimiento independiente, tiene que ver con la capacidad de autosuficiencia de cada pueblo.

¿Pero cómo se consigue la autosuficiencia? En primer lugar con la Educación, con la disciplina y luego con el impulso hacia la independencia.

Pero ¿cuál es el tipo de educación que se necesita para la autosuficiencia?

Hablar de “Educación” se ha vuelto un tema de lo más cool y humanista. Si quieres quedar bien en cualquier reunión conviértete en un defensor acérrimo de la Educación, pero no toda educación es conveniente, ni recomendable.

La educación basada en el adoctrinamiento ideológico es muy perjudicial y nunca consigue individuos autosuficientes, sino que consigue crear a seres eternamente dependientes del estado, acostumbrados a merecer todo, por el sólo hecho de existir y sin el menor esfuerzo por su parte.

Fomenta además el resentimiento, el odio, mal informa sobre el pasado y sobre las costumbres y cultiva un idealismo fofo, vacío y estupido.

Todo adoctrinamiento enseña además, las posturas y artilugios para el disimulo y el fingimiento; volviendo al individuo un ser capaz de argumentar cualquier incongruencia con destreza y sin titubeos y prescindiendo siempre de toda lógica.

En conclusión, convierte a personas en repetidores de sloganes, sin dejar pasar jamás un razonamiento coherente por su mecanismo o proceso de pensamiento.

Por eso cuando me encuentro con alguien que presume de estar muy educado, me pregunto: ¿Si, pero educado en qué? Porque no toda educación suma en el proceso de inteligencia.

Es complicado enseñar filosofía o historia hoy en día en ambientes de izquierdas y se nos obliga al profesorado a menudo a obviar temas que puedan “herir sensibilidades”, como la esclavitud, el terrorismo o las masacres.

Se promueve, se recomienda y se obliga a una enseñanza parcial de la historia que vaya en concordancia con la ideología reinante.

Se evita la enseñanza de todas las masacres históricas de las ideologías de izquierdas en los temarios y se prohíbe hablar del fracaso del comunismo y de las torturas, extorsiones y mecanismos de control de la Unión Soviética, China o Cuba.

Yo disiento profundamente con esta filosofía que implica seguir “suprimiendo a la carta” información veraz e importante; pero todo se hace “supuestamente” en aras de una nueva humanidad eco humanista/ pacifista/ sostenible/ hipersensible, extremadamente impresionable y crecientemente comunista; que no necesita en este momento, informarse ni comprobar el desastre y la deshumanidad de su panfleto ideológico. (¿Para qué desmotivarles?)

La Historia en realidad sólo sirve para que aprendas sobre todo aquello que pasó y podría volver a pasarte. Y el comunismo es un mal que si te descuidas de estudiar, va a volver a pasarte muy pronto.

Hay mucho ocultamiento y adoctrinamiento en la educación actual.

Como filósofo uno debe cuidarse actualmente de enseñar a Platón y a los griegos en general, porque en el siglo V la esclavitud era una costumbre no cuestionada y el alumnado progresista suele reaccionar de forma muy violenta en clase, no sólo cuando tratas la división de clases de la Antigua Grecia, sino también cuando enseñas la Democracia.

Sin embargo, cuando me toca enseñar a Marx, la clase es una fiesta de reivindicaciones; de estudiantes “oprimidos”, que con más de 25 años no trabajaron en la vida, pero que se sublevan como si hubieran trabajado en minas de carbón toda la vida.

Nunca antes en la historia de la humanidad hubo tanta comodidad, tanta formación, tantos cursos, tantas universidades y tantas facilidades para poder estudiar y nunca antes sin embargo, se multiplicaron y a tanta velocidad, juventudes tan violentas, incoherentes e ignorantes.

JR

“Yo no soy marxista” -Karl Marx

Para comprender los movimientos políticos y sociales que están aconteciendo hoy en día en la mayoría de los países occidentales, debemos volver a repasar la teoría de Marx.

Marx fue un estudioso de la revolución francesa y gracias a ella descubrió que todos los conflictos a lo largo de la historia tuvieron una base de descontento social y de luchas de clases; por lo cual, no es extraño que siempre que se desea cambiar un sistema político se recurra a esta estrategia.

Crear el conflicto de clases, o la grieta, como se le llama en algunos países, es el primer paso a seguir para impulsar el desmoronamiento de un sistema político que se desea erradicar; en nuestro caso, el sistema que se busca quebrar es la Democracia y el estado de derecho.

Marx comprendió que todo conflicto social termina siempre dando lugar a formas políticas diferentes.

Pero lo más relevante de la teoría de Marx es su concepto sobre cómo el “storytelling” resulta fundamental a la hora de derribar las estructuras existentes.

Para Marx describir el mundo no se limitaba a dar cuenta objetivamente de lo que sucedía en el mundo, sino que aspiraba a una descripción del mundo que le permitiera transformarlo.

Según cómo describamos el mundo, tendremos una u otra comprensión; es decir, la interpretación que tú hagas del mundo llevará al sujeto hacia la acción política que desees.

No es extraño que hoy los medios de comunicación sean el primer objetivo de todo movimiento marxista; porque lo que interesa no es informar objetivamente, sino manipular la información en pos de conseguir los fines deseados.

O sea, provocar en el sujeto las sensaciones necesarias para llevarlo hacia determinada acción.

Últimamente el empoderamiento de la izquierda ha consistido en crear las siguientes divisiones: mujeres contra hombres (feminismo), pobres contra ricos, empresarios contra empleados, negros contra blancos, aborígenes contra blancos, inmigrantes contra pueblos de acogida, veganos contra carnívoros, etc.

Toda identificación con un grupo o pertenencia a una comunidad pareciera imponer un enemigo común y ése es el principal objetivo de la izquierda marxista desde hace décadas; que toda comunidad tenga en común, no un ideal, sino un enemigo.

Marx decía “Las relaciones de producción son relaciones de explotación” y frente a semejante descripción del mundo económico/laboral era inevitable una revolución.

Por eso, la forma en cómo plantees el problema y a quien culpabilices de ese problema, resulta fundamental para un marxista; que no busca una descripción real y objetiva en busca de un acuerdo o de una solución; sino una descripción que impulse a la acción necesaria para conseguir su objetivo; que no es la reparación, sino el quiebre de un sistema.

Los filósofos marxistas no se ocupan de describir el mundo y analizarlo; sino de describirlo de la manera adecuada para llevar al individuo hacia la acción revolucionaria.

Marx solía decir: “Hasta ahora los filósofos se han ocupado de describir el mundo, ahora se trata de transformarlo”

La cuestión está en la manera en la que uno describe las cosas; según cómo nombremos el mundo, tendremos una u otra reacción.

El problema con la teoría de Marx fue que nunca previó los resultados de su revolución y nunca predijo sus consecuencias, ni dejó un manual de instrucciones, ni una teoría política que mostrara el camino a seguir después de la revolución.

La dictadura del proletariado se extendió por décadas y sus resultados fueron nefastos y tan nefastos fueron, que Marx llegó a desentenderse y a decir : “Yo no soy marxista”

JR

“Becoming Resented”

Todavía recuerdo aquel día en que Barak Obama se convirtió en el primer presidente de color de los Estados Unidos. Sentí una emoción profunda y admiré a la sociedad norteamericana por dar una vez más, un ejemplo de Democracia al mundo.

El triunfo de Obama fue un símbolo de conciliación a nivel mundial, o al menos yo lo creí así durante mucho tiempo, y aunque no compartiese muchas de sus ideas políticas, su triunfo fue una alegría más allá de cualquier ideología.

Sin embargo, 8 años después, el triunfo de Trump no fue recibido con la misma tolerancia y durante toda su presidencia la oposición se empeñó en no hacer otra cosa que hostigarle sin descanso durante todo su gobierno.

Es curioso ver cómo aquellos que presumen de una superioridad moral y de una tolerancia inigualable, no lo demuestran cuando las cosas no salen como ellos quieren.

No recuerdo que durante ninguna de las dos presidencias de Obama se le haya hecho una persecución semejante a nivel mundial, como se hizo con Donald Trump.

Y es que queda claro, que cuando las cosas no son al gusto de la izquierda, arde Troya.

La Democracia es maravillosa cuando la izquierda puede manifestarse en la calle y romper y quemar todo, pero cuando el que se manifiesta y protesta pacíficamente contra las medidas de la izquierda es otro, ahí la democracia ya no sirve y hay que aplicar medidas estrictas de control y de represión. En ese caso, la policia opresora pasa a ser un aliado y las fuerzas militares, un recurso a tener en cuenta si hace falta más represión.

La Democracia ha demostrado ser la estrategia de acceso de aquellos que en realidad la usan para acceder al poder y una vez allí, instalar un gobierno totalitario.

Para airearme un poco de tanta polarización decidí ver el documental de Michelle Obama en Netflix, esperando encontrar un canto a la conciliación y al entendimiento democrático; pero para mí sorpresa, me encontré con un documental que resultó ser un canto al resentimiento.

Yo que veía a Michelle Obama como a la confirmación del sueño americano; una mujer afroamericana que estudió en Princeton y en Harvard y que llegó a ser primera dama; me encontré para mi sorpresa con anécdotas oscuras de racismo y de recuerdos de esos feos, que todos hemos tenido en nuestra vida, por muy rubios y de ojos azules que seamos.

¿Quién no fue alguna vez rechazado, discriminado, burlado, echado de un grupo, menospreciado o esnobeado?

Yo creí que Michelle Obama gozaba de una situación de compromiso y de privilegio, y que tenía también una responsabilidad de compromiso social conciliador.

Un compromiso destinado a curar desigualdades y no a seguir abriendo heridas y fomentando más división y resentimiento.

De más está decir que no me gustó cómo contó su historia, en donde no se nota el agradecimiento a un país al que debería querer. Sin embargo, en cada relato se percibe en ella un resentimiento y una falta de patriotismo casi alarmantes.

¿Qué esperar de quien accedió a todo y no es capaz de agradecer y dar un mensaje conciliador?

Después de ver el documental no me quedó ninguna duda de que esta grieta que promueve la polarización y que poco a poco se ha ido alimentando durante estas últimas décadas a nivel mundial, seguirá dando sus frutos.

Unos frutos amargos y destructivos que no fomentarán los principios del diálogo y de la comunicación que establece la Democracia, sino de confrontación y de rivalidad permanente, que imposibilitan cualquier proyecto común.

No hay recetas infalibles que aplaquen el resentimiento, porque todo depende de cómo cada uno viva, afronte y supere sus propias dificultades en la vida; pero la forma en que uno transmite sus dificultades es fundamental a la hora de curar o de perpetuar una herida.

No es lo que cuentas, sino cómo lo cuentas lo que definirá que tus interlocutores sanen o enfermen.

JR

“El Despotismo Suave”

De todas las formas de gobierno la más temida por la mayoría de filósofos fue siempre el despotismo.

Si tuviéramos que definirlo, diríamos que es la autoridad ejercida de manera absoluta y arbitraria, sin limitación alguna por parte de la ley o de otros poderes.

Si bien la Democracia en teoría nos proporcionaba la posibilidad de estar a salvo del despotismo, este estado de alarma eterno, nos ha desmentido con fuerza esta premisa.

Mucho se habla del temor al contagio, en una época en donde la pandemia azota al mundo entero, pero mucho menos se habla del temor a la pérdida de la libertad individual, a la que nos han condenado los gestores de esta pandemia.

La política y la salud van demasiado juntas en países como España y escasean profesionales especializados e independientes dirigiendo este tipo de crisis.

Lo que vemos al frente son personas sin ninguna experiencia sanitaria, utilizados como títeres del gobierno, que dicen o que callan, aquello que le conviene al presidente en cada momento.

“Hasta que no haya testeo masivo no podremos salir a la calle”- dice el científico de turno para respaldar nuevas ampliaciones del estado de alarma.

Y a continuación le preguntan: ¿Por qué no hacen los test entonces?

“Es que no hay tests para todos”- contesta el doctor.

Si la solución que ofrecen no está disponible, entonces la única solución es que este confinamiento despótico dure para siempre.

Si hoy no hay test para que podamos recuperar nuestra libertad individual ¿qué nos garantiza que en un año haya vacunas para todos?

La realidad es que los políticos de izquierdas parecieran estar utilizando a a la pandemia como estrategia para implementar un nuevo régimen y a los científicos, como a sus aliados políticos en la causa.

Por lo cual, no se le puede creer a ninguno. Mientras no haya una división clara entre sanidad y gobierno; no hay confianza posible por parte del ciudadano.

Y es que poco a poco, nos empezamos a parecer mucho a China. Allí, si un científico no dice lo que manda el emperador, muere misteriosamente al día siguiente.

¿Cuál es el límite entre la protección y la esclavitud?

Tocqueville hablaba sobre los grandes riesgos que podía sufrir la Democracia y especialmente sobre la posibilidad de convertirse en un “despotismo suave”.

“El peligro es acabar en una esclavitud ordenada, dulce y pacífica, bajo las directrices de un Leviathan amable”; que no necesita levantar la voz para que el pueblo le obedezca.

Hay una diferencia fundamental entre un déspota absoluto y un déspota suave, y es que el déspota absoluto propende a un daño físico más fácil de reconocer, mientras que el déspota suave hace un daño psicológico ( daña el alma).

Esta desviación política impone vivir bajo un tipo de régimen despótico- administrativo, en donde el déspota no tiraniza, sino que ejerce un poder “paternal” sobre ciudadanos inmaduros; moldeados al gusto de la opinión pública y que se van dejando “cuidar” hasta la esclavitud.

En países como éstos, el mayor riesgo del coronavirus no es para salud, sino para la Democracia.

El déspota suave pregunta: ¿Salud o libertad?

¿Salud o privacidad?

¿Salud o Economía?

¿Salud o Democracia?

Y el pueblo contesta: “salud”

¿No es eso Democracia?

JR

“El Estado Absoluto”

Hobbes nos describía a un hombre guiado por su instinto de supervivencia, que teme a la muerte y al dolor y cuya única forma de evitarles es bajo la protección del estado.

Nuestra naturaleza primitiva se puso en evidencia en aquellos días de terror y de compras masivas en los supermercados. La pandemia del papel higiénico expuso nuestro lado más salvaje, junto a la percepción del otro como al enemigo contagioso y dejó clara nuestra gran disposición a dejarnos proteger por un Estado benefactor y patriarcal; que lejos de limitarse a sus funciones, no ha dejado de obtener beneficios de una situación desesperada.

Las compras de material a empresas fantasmas chinas coinciden curiosamente con la falta de material en los hospitales y el inexistente testeo a la población.

Todos se preguntan adónde están esos cientos de miles de euros en material que se gastó y que escasea, pero en un Estado absoluto el ciudadano no tiene derecho a preguntar, ni a exigir ninguna respuesta.

Toda protección se paga con otro tipo de desprotección. Es como la manta pequeña que si te tapa los riñones, te destapa los pies.

La indefensión del ciudadano ante un estado absoluto es total y ya nos lo anticipó Hobbes en su conocido “Leviathan”, que frente a los abusos de un estado absoluto el ciudadano no tiene ningún poder.

Ese es quizás el precio de tanta protección y cuidado paternalista; en que uno al fin de cuentas delega su libertad y queda irremediablemente en manos del otro y ese suele ser el precio de toda dependencia.

Esta actitud temerosa y dependiente desenmascara la gran cobardía ciudadana; que para solucionar su miedo termina pactando con el diablo al precio que sea, con tal de sentirse seguro.

Nada resulta más parecido al Leviathan de Hobbes que este estado de alarma, con la diferencia que Hobbes proponía a un estado no intervencionista, y en nuestro caso, la intervención de la empresa privada ( aquellas que sobrevivan) será el próximo paso a seguir en este abuso de poder estatal y del que tanto disfrutan los políticos de izquierdas.

Mientras nosotros compramos papel higiénico, enseñamos aritmética a nuestros hijos, tememos a la policia y a sus multas, denunciamos a los vecinos que pasean sin perro y fuera del horario establecido por el toque de queda, improvisamos despacho en la cocina y perdemos nuestra fuente de ingresos, ellos van cortando nuestras libertades individuales, sin nuestro consentimiento y en pos de un virus terrorífico que podría matarnos.

El terror es el anzuelo de todo poder totalitario y a la vez es la gran oportunidad que les ha caído del cielo esta vez, para implantarnos, sin ninguna resistencia popular posible, un estado absoluto.

El Leviathan está aquí y es peor que el virus; porque a este monstruo no se le combate ni con jabón, ni con mascarillas.

JR

“Cuando la Política se desprendió del Buenismo”

Con los griegos ética y política iban siempre de la mano, porque no se trataba sólo de gobernar sino de gobernar éticamente.

En la Edad Media, que fue el resultado de la corrupción y el declive de los sistemas políticos romanos, la ética fue reemplazada por la teología; y religión y gobierno pasaron a ser lo mismo durante mil años.

Tomas de Aquino abrió el camino hacia la separación de estas dos fuerzas, pero fue Maquiavelo quien finalmente separó a la política de la falsa moral.

Si Maquiavelo tiene mala fama es porque consiguió darle a la política una autonomía hasta ahora inconcebible y la consideró como a una práctica totalmente separada, tanto de la ética como de la religión.

La política pasa a ser una herramienta específica para la acción de gobierno, que no es otra que la toma de desiciones en pos de resultados óptimos para la República.

La función de un gobernante es la de decidir; aunque no siempre sea para decidir entre un bien y un mal, sino también para decidir entre dos males.

Para Maquiavelo la política era una disciplina para conseguir los resultados deseados, que debían ser siempre los mejores para el bienestar de la República.

Habiendo sido un estudioso de la historia, Maquiavelo analizó con detalle todas las circunstancias políticas relevantes e hizo una recopilación de todas las tácticas, métodos y estrategias pasadas; y en el libro “el príncipe” concibe a la política como a un conjunto de acciones útiles, (no siempre ideales), para lograr un resultado óptimo.

Lejos de ser un promotor de tiranos, Maquiavelo fue un observador de la naturaleza real del ser humano y un promotor de la republica, dando pautas para conservarla, aún cuando por su natural tendencia cíclica, todos los sistemas políticos tiendan a un declive y a un reciclaje.

La utilidad es el punto clave de la política; siendo ésta la herramienta para lograr los beneficios necesarios para cada estado.

El problema con Maquiavelo es la mala interpretación que se le dio a sus reflexiones y el uso individualista al que fueron sujetas sus premisas y observaciones sobre las conductas humanas y políticas.

Pocas veces vemos hoy a los políticos pensar en el bienestar de la República por encima de sus intereses particulares.

La política se ha convertido en un medio para el bienestar personal del político y de su círculo de acomodados y sus desiciones poco tienen que ver con la búsqueda del bienestar del pueblo al que gobiernan.

Pero lo más curioso de todo este asunto es que utilizan una pseudoética para congraciarse con el pueblo.

Les gusta “hacerse los buenos” y el pueblo sigue sin entender que los políticos no están en su cargo para “hacer de buenos”, sino para tomar desiciones y para conseguir el progreso y el bienestar de su pueblo.

La política es una herramienta de trabajo en aras de resultados, no un altar en donde ser alabado, adular tus buenas intenciones y ocultar tu ineficacia

Costó siglos separar gobierno y religión y que cada rubro tuviese su sitio; para tener ahora que soportar a esta gentuza jugando a ser el Dalai Lama.

No votamos para Papa y no queremos políticos “hipócritas y santurrones”, sino políticos hacedores y eficaces que se atengan al respeto a la ley, la misma que acatamos todos.

Que cumplan con sus fines, que no deberían ser otros que nuestro progreso y bienestar en todos los ámbitos.

Ansiamos profesionales que utilicen a la política como a una herramienta y no como a un pedestal para ser beatificados.

La nueva ética es la de cumplir cada uno con nuestro trabajo y de manera eficaz.

No existe otra ética más loable que ésa, en momentos de crisis y de reconstrucción.

No queremos santurrones improvisados hablando con tono de párroco franciscano, sino líderes fuertes, firmes, trabajadores y profesionales.

JR

“Desafiar a la Simpatía”

Cuando uno hace la prueba y deja de leer el periódico o de ver las noticias, se vuelve sin duda una persona mucho más feliz.

No hay en realidad un gran misterio en este descubrimiento; la ignorancia siempre nos protege.

Aquel que ignora, transita mucho más tranquilo y liviano que aquel que conoce. Y la pesadez del informado es tremenda en algunos casos y muchos la evitan a toda costa.

Los informados son entretenidos un ratito, después de un rato, pedimos desesperadamente la presencia del payaso, para poder terminar felices la velada.

Solía admirar a esa gente que nunca sabía nada de la vida de los demás; esa falta de interés me llamó siempre la atención y la consideré en ocasiones, como a un exceso de prudencia, de saber estar, de respeto a la intimidad y de contención.

Pero con el tiempo, descubrí que lejos de todo eso, hay personas a las que el otro le importa realmente un carajo.

Esto no significa que preguntar sea evidencia de que el otro te interese, porque hay muchas preguntas que son más por compromiso que por otra cosa y preguntar se ha vuelto más un tic, que un interés real.

¿Cuántas veces le preguntamos a alguien “cómo estás”esperando el correcto “bien” y en cambio comienza a relatarnos cómo está realmente y queremos morirnos y nos arrepentimos automáticamente del acto reflejo de nuestra pregunta?

Pocos escuchan realmente al otro y se interesan por él; otros preguntan, ponen la mente en blanco y piensan en sus cosas o en lo que deberían estar haciendo en ese momento y los más hábiles, evitan directamente tanta diplomacia.

No es extraño que la gente recurra a los terapeutas; no buscando sanar, sino para tener a alguien que les escuche, aunque tengan que pagarle durante toda la vida.

Tampoco es casual que ésta sea la época de los coaches, que aunque estén enfocados principalmente en tu éxito profesional y te prometan resultados más rápidos que cualquier otra terapia tradicional, saben que aquello que necesita el cliente, sigue siendo un par de oídos disponibles.

Pero ser “todo oídos” es un arte. No es fácil escuchar todo lo que uno escucha; soportarlo, digerirlo y ni hablar del desgaste de llegar a sentirlo.

Escuchar es un trabajo sumamente agotador y estresante, y también lo es aprender a filtrar y mantenerse a salvo del contagio de los problemas ajenos y quedar igual de limpio que antes.

La contaminación con la basura ajena es muy probable, a menos que tomes tus precauciones o que realmente quieras hacerlo porque el otro de verdad te importa.

Por eso resulta importante saber a quién y cuándo preguntar. Y dejar de usar la pregunta como muletilla, si en verdad no nos interesa para nada la respuesta.

Pero lo más importante es aprender a dejar de responder con detalles, si intuimos que del otro lado hay alguien a quien no le importamos nada de nada.

Desafiando la dictadura de la transparencia contemporánea, uno debería mantenerse conociendo algunas cosas e ignorando otras y otorgarle el mismo derecho al otro.

Y aunque se sobrevalore mucho el saber, la realidad es que son mucho más felices aquellos que ignoran.

Por eso uno debería preguntarse a menudo cuál es su objetivo; ¿saber o ser feliz? Porque las dos cosas, no se dan siempre juntas.

Si lo único que te interesa es tu propia felicidad, lo mejor es asumirte egoísta y dejar de preguntar.

Uno debería también aprender a contenerse y volver a la fuente para reaprender aquel viejo consejo (incompleto) de Sócrates; “conócete a ti mismo, porque eres al único al que en realidad le importas tanto”

JR

“El Miedo Útil”

Batman cumplió 80 años y cómo diría Robin: detrás de todo murciélago se esconde un hombre enmascarado.

No sucede algo muy distinto con nuestro virus chino; murciélago mal cocido y perfeccionado en un laboratorio de Wuhan, desparramado por toda Europa y Estados Unidos durante meses, negada su letalidad desde Noviembre y acusada de racista cualquier precaución o intento de cierre de fronteras.

Pero lo que viene detrás del murciélago es mucho peor que la enfermedad, porque es un intento de comunismo enmascarado, envasado con forma de Democracia; pero que huele a podrido como siempre.

Mientras los lideres de izquierda disfrutan de la victoria de China en esta tercera guerra mundial contra el capitalismo (según dicen); una guerra ganada sin lanzar una sola granada, ni haber apretado el famoso botón con el que nos tienen siempre tan asustados; nos mantienen encerrados, empobrecidos, callados, vigilados y a los decretazos en un estado de alarma que les interesa mucho prolongar, para evitar el buen funcionamiento de las instituciones democráticas, empobrecer rápidamente a la clase media y crear más pobres sostenibles a base de las dádivas y subsidios del estado.

No es casual que en la era del buenismo ya no se ganen las guerras con ametralladoras, sino con medios de comunicación comprados, con invasiones disfrazadas de crisis humanitarias, (amparadas por la vocación de solidaridad de pueblos europeos con valores cristianos) y con virus y miedos al contagio de una población adicta a la buena salud y a la longevidad.

Es cierto que hoy las guerras son muy distintas. El enemigo ya no se muestra fuerte sino débil, ya no se muestra como victimario, sino como víctima y esta táctica resulta letal cuando se le aplica a pueblos de gente de buena fe y mal informada.

La bala del buenista nunca llega por donde te la esperas, sino justo por el otro lado.

El buenista ataca sin dar la cara y sin declarar la guerra, pero siempre recogiendo los beneficios de tu evidente derrota.

Muchos están cosechando los beneficios de este virus, empobreciendo a la clase media y dominando a la población, mientras hacen de superhéroes.

China se fortalece y junto con ella todos sus aliados; Rusia, Irán y aquellos paises latinoamericanos que reciben ayudas y suministros chinos con frases como “los hermanos sean unidos”.

Solidaridad comunista que devolverán muy pronto creando mas pobreza y más comunismo.

Da miedo ponerse una mascarilla enviada por China; alguien que fabrica un virus y luego te manda material para combatirlo… ¿No les suena a cuento chino?

Aristóteles fue sin lugar a dudas el promotor del camino del medio. Temía a los dos extremos; tanto a la tiranía de un poder oligárquico, como a la Democracia.

Si, para Aristóteles la Democracia era un extremo muy temido, el del poder del pueblo pobre; de aquellos que no estaban preparados para elegir un gobierno.

Su tan famoso “camino del medio” (la mesotes) sirvió como el gran impulsor para la creación de la clase media.

Por eso es que las Democracias sólo funcionan bien, en países en donde la franja más ancha de la población es la clase media y en donde el conflicto de clases no es ni tan fuerte, ni está tan extendido; sino que es un conflicto necesario, enriquecedor, constructivo y productivo.

En este tipo de estados, los extremos (ricos y pobres) ocupan porciones pequeñas del entero y la clase media es la franja más ancha y con más poder de desicion de las tres.

Este virus de murciélago enmascarado está justamente destinado a destruir a la clase media, al cimiento fundamental de toda Democracia óptima.

Casualmente, la clase media es inexistente en los regímenes comunistas.

¿Dónde quedó, por ejemplo, la clase media venezolana?

La Democracia era una de las “deformaciones” más temidas de Aristóteles, porque colocaba las desiciones más importante en manos de aquellos que estaban menos preparados para decidir sobre el bienestar de la polis.

Y tenía razón en temerle porque hoy en día, existen Democracias que impulsan a personas no aptas para sus funciones, enmascaran tiranías y utilizan “miedos útiles” para deslizarnos hacia el abismo.

JR