“Receta Coronavirus”

No es nada nuevo usar a las desgracias para obtener un beneficio. Hay cosas que son tan viejas como andar a pie y estudiar la historia siempre nos ayuda a preveer situaciones que tienden a repetirse.

Hubiera estado bien que los alemanes de la Segunda Guerra Mundial estudiasen historia francesa antes de adentrarse en Rusia en invierno, como hizo Napoleón. Pero no hay mal que por bien no venga y a veces la ignorancia también nos trae algunas bendiciones.

Hoy el Corona es una oportunidad para muchos; para crear pánico y caos, postergar elecciones o elegir el correo como opción para el fraude electoral, como intentan hacer los demócratas en los Estados Unidos, y esta es una más, de las múltiples oportunidades que le ven algunos a esta pandemia.

Mientras China crece y está recuperada, los sistemas democráticos occidentales tambalean frente a unas izquierdas que avanzan sin escrúpulos ni vergüenza, arrasando instituciones y legislaciones vigentes y en algunos países, incluso códigos de convivencia tan elementales como la ley de propiedad privada.

Luego nos preguntamos quién creó el virus y con qué fin, pero la evidencia está a la vista por más que la izquierda insista en que fue una simple fatalidad causada por no encontrarle el punto de cocción a un murciélago.

Mientras la prensa y las cadenas de televisión se ocupan día y noche de seguir creando el “pánico corona” cuidándose y mucho, de mencionar en sus informes que las hospitalizaciones y las muertes son bajísimas ahora mismo en Europa, los niños salen al colegio nerviosos, con un listado de geles, toallitas, máscaras, filtros y un sinfín de normas de distancia en clase, en patios, en pasillos, en comedores y en todos los accesos.

Hoy al ver a mis hijos salir por la puerta de casa les decía: – “Id sin miedo, porque ser un cobarde y un aprensivo es mucho peor que tener coronavirus”.

Mientras seguimos incentivando desde el parvulario a estas nuevas generaciones de cagones, chivatos y alérgicos a todo, me adentro en mis estudios y leo sobre el pasado y sobre esas generaciones de colonos, de romanos, de vikingos, de espartanos, de las que ya no nos queda casi nada.

Somos unos pusilánimes aburridos y adictos a internet y a la intolerancia alimenticia; todo nos cae mal, nos engorda o nos estresa. Y el que no piensa como yo es un racista o un potencial contagiado al que tengo que denunciar. ¡Qué asco de gente!

A veces me pregunto para qué sirve tanta salud no productiva. ¿Para qué vivir encerrado? ¿Vale la pena ser un parásito y un miedoso para llegar a los 120 años? Eso es lo que yo llamo vivir al pedo, pero con mascarilla reforzada I 95.

Este positivismo extremo, adicto a la duración inútil y a concedernos una enorme importancia por el sólo hecho de existir, es con lo que se nos ha alimentado durante décadas; ese “porque tú lo vales” de panten que tanto daño nos ha hecho.

Hemos aplicado la misma medicina para todos los diagnósticos y le decimos valioso igualmente al vago y al inútil, que al trabajador y al hacendoso.

En mi casa al trabajador se le llamaba trabajador y se lo felicitaba y al vago se le llama vago y se le exigía. No era todo lo mismo, como sucede ahora, ni el mérito era un pecado mortal, ni los logros eran un privilegio de raza, ni el esfuerzo y la austeridad eran mala palabra.

Pero hoy hay que ir con cuidado y midiendo cada frase y terminación de palabra, porque si se te escapa alguna verdad o se te olvida alguna “e”, eres un facho, un nazi, un machista o un racista.

Este positivismo generacional nos ha hecho sobrevalorar la duración y degradar la vida a un mero “preservarse” lo máximo posible de todo riesgo.

Para los positivos siempre es mejor durar, que hacer algo útil.

La duración, lejos de ser una casualidad se ha convertido hoy en un mérito personal, conseguida a base de yoga, deporte, alimentación y de una vida relajada y ociosa.

Y en esto mismo consiste la cobardía; en darle más valor a la propia preservación, que al riesgo útil.

El cobarde se cree tan valioso que prefiere cuidarse, antes que hacer algo necesario, mientras que el valiente sabe que para lo único que vale la pena vivir, es para ser útil en algo.

Muchas cosas han pasado a ser parte de esta “nueva normalidad”; además de ser un chivato, un enmascarado, un escondido y un miedoso; existen también muchas otras infracciones normalizadas; como la ocupación ilegal, la inmigración ilegal, la violencia, el terrorismo y los incendios en las calles, la degradación a la policia y a las fuerzas de seguridad del estado, o la usurpación de tierras.

Acciones que los gobiernos de izquierdas minimizan como parte de esta nueva normalidad, dentro de este inocente “combo corona” organizado para hacer tambalear las Democracias.

Pero la gestión más importante de todas, que es la de atemorizar, desinformar y educar en el miedo a generaciones de cobardes, la lleva la familia, la prensa y la escuela.

La receta del murciélago tiene ya todos los ingredientes necesarios para funcionar; porque el ingrediente más importante de todos para derrocar a una República, es tener disponible a un par de generaciones de cobardes.

Una vez que tienes este elemento, puedes dar por sentado que el camino está despejado para el desastre, porque nadie se interpondrá en el avance.

Por eso me repito;

“El corona es un virus, pero la cobardía es un cancer incurable”

JR

“Esa indolente Doble Moral”

La vuelta al colegio es inminente y muchos padres la encaramos con alegría.

“El show debe continuar” decían algunos y el lema de la continuidad y la superación fue siempre “muerto el rey, viva el rey”.

Nuestro sistema de vida no soportaría otro confinamiento, por la sencilla razón de que si los niños no van al colegio los padres no pueden ir a trabajar y si los padres no trabajan …¿cómo pagamos la escuela pública y los subsidios?

Así funciona el sistema y nos guste o no, es la mejor de todas las opciones.

Hay que seguir adelante y afrontar el virus con valentía. Ya no muere tanta gente y los médicos saben mucho mejor que antes cómo tratarlo, aunque aún no esté a nuestro alcance la vacuna.

La vacuna disponible hoy, es ir al colegio, ir a trabajar e inmunizarse.

Existe una gran oposición a la vuelta al colegio principalmente por parte de los profesores; que se sienten más expuestos al virus que los médicos de la primera oleada y se autoproclaman mártires en las redes sociales.

Si aquellos médicos de Marzo y Abril hubiesen actuado como lo hacen hoy los profesores… ¿qué hubiera sido de nosotros?

Por suerte cada uno elige su profesión según su grado de valentía y de vocación, aunque muchos aún bronceados de la playa, le teman mas a las aulas que al virus.

Los padres protestan y exigen más personal de limpieza en el aula; la mayoría de estos padres son socialistas, pero unos socialistas acostumbrados a tener mucho servicio.

Yo le he dado una bayeta y un liquido desinfectante a cada uno de mis hijos para que desinfecten su pupitre y su silla antes y después de clase. Una costumbre muy nórdica de aquellos países socialistas coherentes con su ideología, en donde los niños son los encargados de limpiar el aula desde mucho antes de que apareciera el coronavirus.

Los padres no nos damos cuenta de que la cobardía es contagiosa y que criar a niños malcriados y temerosos no es un mérito, sino una verdadera desgracia para la humanidad. La sobreprotección a la que muchos confunden con amor es sumamente dañina para el medioambiente.

Hay que salir a poner el cuerpo igual que hicieron los adolescentes en los botellones y en las discotecas durante toda la pandemia. Esos mismos adolescentes que hoy ponen el grito en el cielo por la falta de distancia social en clase.

Y es que hay que tener mucha cara para ser tan hipócrita. En vacaciones la gente no parecía estar tan asustada en irse a la playa o en pasar el día amontonados en una terraza, pero hoy, cuando toca volver al trabajo, estamos todos en estado de pánico.

Nuestra forma de enfrentarnos al virus ha dejado muy claro quiénes somos y de qué pierna cojeamos. Se ha visto a los valientes, a los cobardes, a los aprovechados y a los hipócritas.

Pero el show debe siempre continuar porque así funciona la vida. La vida es riesgo, es peligro y por eso es vida. Vivir eternamente escondido no es opción ni para seres vivos, ni para valientes.

JR

“El Tonto Útil”

Hay muchas formas de hacer política y muchos ámbitos en los que se hace política, aún sin ser concientes de estar haciéndola.

Hay política en los estados, en las empresas, en las familias y en todo tipo de relación.

Aristóteles decía que el ser humano era un ser político por naturaleza y no se equivocaba; ya que aunque reniegues de ella, tú también eres un ser político y haces política de alguna u otra forma.

En una familia cualquiera existe una política en cuanto se establece un sistema determinado que puede ser totalitario o democrático, déspota o anárquico, pero siempre existe alguno.

Sucede que en ocasiones se aplica además, aquella estrategia del poli bueno y del poli malo; en donde dos del mismo bando pactan adoptar distintos papeles para llegar a un mismo fin.

El poli bueno genera confianza e inspira ternura, tiene buenas intenciones, aboga por la unidad y el bien común y su discurso no suena a autoridad, sino a párroco franciscano. Pero en cuanto pueda, con esa cara de tonto y de buenazo te la clavará por la espalda y rápidamente le echará la culpa al otro.

El tonto útil es hoy muy demandado políticamente, ya que el votante contemporáneo al que hay que convencer es un votante que quiere parecer bueno a toda costa, que participa en causas humanitarias y que aunque reniegue de la religión tradicional se cree más moral y ético que nadie y está siempre ansioso por publicar su bondad en redes sociales.

¿Quién no sucumbe ante un discurso estilo “dalai lama” en un mitin político?

Pocos somos aquellos que odiamos la sobre actuación de la bondad y la inocencia y repudiamos abiertamente a todo este pseudomovimiento libre /eco -racial y vegano-pacifista tan hipócrita y oportunista.

Pocos somos ya los malos declarados, que preferimos llamar a las cosas por su nombre, queremos el ajuste sin engaños, indirectas ni anestesia, llamamos al negro negro, blanco al blanco y al coronavirus chino y de laboratorio, a la prensa movimiento marxista subvencionado por grandes empresarios como Soros y demás mafias y que luego se sorprenden y se ofenden cuando el comunismo les quita la libertad de expresión, esa misma que nunca ejercieron.

Somos unos pocos locos suicidas los que aún creemos que por decir la verdad no se tiene porqué ofender nadie.

Y pocos somos también los que no queremos la deformación de un idioma en torno a una asexuada letra “e” que terminará convirtiendo al castellano en italiano y al inglés en emoticono.

Si hay algo que caracteriza a la Democracia es la movilidad que genera. Hoy eres rico, mañana pobre o viceversa. Y ese viceversa no es otra cosa que el sueño americano.

Y lo mismo sucede hoy con los cadavéres politicos.

Todos aquellos politicos que se creían políticamente acabados, triunfan, porque hoy los tontos útiles venden y están muy demandados.

Todos necesitamos a un tonto útil al frente, a quien se le den bien las palabras bonitas y convenza pronto a este pueblo posmoderno, adicto a la mentira, a la novela romántica y a la emoción edulcorada.

Biden es un ejemplo de un tonto útil contemporáneo en los Estados Unidos, Alberto Fernández en la Argentina y Pedro Sanchez en España.

Sólo pon atención a las vicepresidencias de cada uno de ellos y te darás cuenta a qué ideología le sirve y le es útil el tonto útil de turno. ( socialismo- comunista)

El verdadero problema en esta cuestión no es el político tonto ni el vicepresidente malo, sino el votante customizado de bueno, de eco, de friendly, de paz, de amor, de mucho wiffi y pocas neuronas.

Un votante que no soporta una crisis ni un recorte y que ante la mínima sensación de miedo prefiere votar a un sistema totalitario para que lo mantenga calentito y lejos de los riesgos que implica el trabajo duro y el progreso.

“Protégeme de los tontos porque de los malos me cuido sola” rezaba mi abuela y tenía razón.

Hoy en día el verdadero riesgo no se esconde detrás de los malos sino de los tontos, porque para engañar a un pueblo buenista, estupidizado y alienado en redes sociales se necesita siempre a un tonto útil en el escaparate.

Pobrecito, ¡qué bueno es! Si parece un huevo kinder…

¡Pero no veas lo que esconden estos tiernos muñequitos!

JR

“Lo que esconde la máscara”

Muchos llevamos mascarilla porque la normativa nos obliga a ello, otros sin embargo la llevamos por temor al contagio y una gran cantidad de personas, la llevamos también por el temor a los insultos que nos propinarían los demás, si no la llevásemos.

El virus ha dejado claro el temor que nos genera la posibilidad de morir o de enfermar y lo aferrados que estamos a la vida; aunque antes del virus, hubiésemos presumido de vivir elevados y desapegados de la vida terrenal.

Hoy los hare krishnas, los budistas, los apóstoles de la vida eterna, de los 7 paraísos musulmanes y de la reencarnación hindi, han dejado sus creencias a un lado, se han enfundado la máscara y se han encerrado en casa a cal y canto.

Y es que con el corona dando vueltas, hasta las creencias dejan de ser tan creíbles como antes.

Resulta curioso en tiempos de peste ver adónde se nos queda la fe, el amor a la humanidad, a la libertad y todas esas grandezas espirituales de las que presumimos tanto en la bonanza.

El budista de pronto deja el “om” e intimida al vecino del quínto piso que trabaja en un hospital, la abuela católica insulta a aquellos niños que no llevan mascarillas por la calle y unos cuantos pacifistas de izquierda les desean la muerte por corona a los adolescentes del botellón.

Y es que hemos visto de todo en estos tiempos, y sobre todo, hemos observado cuánto nos importan los demás.

Mientras estábamos sanos y el único peligro era Trump, era muy fácil hacerse el bueno, el solidario, el humanitario. Y es que llorar y dar likes a las imágenes de fAcebook es muy fácil; lo difícil es dejar de odiar a todo aquel que no respete la distancia social.

Y es que hoy, más que nunca y a pesar de la mascarilla, podemos ver realmente quien está detrás de cada una.

Algunos creen que la mascarilla no sólo les protege del virus sino también de la mirada del otro, del juicio y del pánico que nos generan incluso nuestros amigos.

Pero ante todo, la mascarilla expone nuestro temor; al virus, al otro, a la muerte.

Cuesta reconocer que somos generaciones de cagones; acostumbradas a la paz, a la Democracia, a los derechos, a la salud gratis, a la educación gratis, al Mc Donalds, al bienestar, a Netflix, al inconformismo permanente, a muchas décadas de comodidad, de derroche, de delivery, de hipotecas, de viajes en cuotas,de indemnizaciones y de subsidios.

Somos el resultado de muchos años de progreso, de democracia y de salud; pero en cuanto algo de eso se nos trastoca, somos capaces de matar al vecino, si le vemos salir sin perro durante la cuarentena.

Muchos creen que estar encerrado en casa o usar una mascarilla es un signo de virtud y se creen poseedores de una superioridad moral que otros no tienen.

Usar una mascarilla, permanecer encerrado en casa y cumplir la normativa está muy bien, pero no te hace mejor persona.

Definitivamente te hace más obediente, más temeroso y más precavido; pero no más bueno; porque no nos engañemos, si te quedas en casa es por ti, pero en cuanto veas por el balcón al vecino del tercero fuera, sabes que llamarás sin dudar a la policía.

No es casual que el virus sea chino; porque poco a poco vamos implementando y normalizando el terror, la destrucción de la clase media, la dependencia del estado, el espionaje y el delatar a nuestra hermana si hace falta; todas esas buenas costumbres típicas de la China comunista y de la antigua Unión Soviética.

Si el Corona fue creado en un laboratorio para cambiarnos las costumbres, sin duda lo está logrando.

Este virus más que una enfermedad, se parece a un viaje exprés hacia una igualdad, regida por un sistema de terror tan antiguo como totalitario.

No todos los temores engendran salud y el normalizar la cobardía es dar un paso atrás en la evolución del ser humano.

Es difícil encontrar un equilibrio entre seguir y parar, pero urge hacerlo, aún asumiendo los riesgos.

No se puede vivir escondido, ni oprimido, ni aterrado, ni vigilado, ni privado de la libertad. Y si la nueva libertad incluye una mascarilla, pues bienvenida sea, pero la libertad nunca debería resignarse.

JR

“La Igualdad Desmesurada”

Si algo caracteriza al ser humano y lo diferencia de cualquier otra especie es su capacidad para perfeccionarse. Y esa capacidad es la que le diferencia también de otro ser humano.

Uno sabe desde pequeño que posee esa capacidad, nazca donde nazca.

La condición social o económica de cada niño limita, pero no impone un estancamiento en las sociedades democráticas avanzadas, en las cuales prevalece la igualación de las condiciones para todos los ciudadanos.

(Con esto me refiero a aquellos países en donde la Educación de calidad se le garantiza a cada niño.)

El niño adquiere así la oportunidad para perfeccionarse y si ha nacido en una familia en donde la cultura no abunda, gracias a la escuela, puede conocer y acceder a un mundo nuevo y diferente al habitual.

En las sociedades democráticas esta igualación de condiciones implica también una oportunidad para desigualarse de la realidad familiar.

O sea, un niño nacido en un entorno pobre o sin cultura podría el día de mañana cambiar su condición.

Por lo tanto, la igualación de las condiciones da paso también a una nueva desigualdad de condiciones, gracias a la cual, el niño pobre se convierte años más tarde en un hombre rico o culto.

Pero como podemos observar, la desigualdad sigue presente; ya que sus amigos pobres, que no han podido, no se han esforzado, o no han gozado del talento o de la suerte suficiente, seguirán siendo pobres.

Hoy en día hemos ido un paso más allá y se considera que la Democracia no debe solamente proporcionar la igualdad en la oportunidad, sino además garantizar el mismo resultado de progreso para todos, algo que hasta ahora dependía únicamente del esfuerzo, de la habilidad o de la suerte de cada uno.

Este es el concepto del subsidio; que es un refuerzo para seguir igualando, aunque este mecanismo no dé siempre los mismos resultados; ya que lo que unos aprovechan como un impulso para seguir perfeccionándose, otros lo utilizan como un recurso para evitar cualquier esfuerzo.

Existe actualmente una tendencia mundial a desvalorizar el esfuerzo del individuo y a dar por sentado que todo logro ajeno es siempre un beneficio de clase o un privilegio de raza.

Pero aunque haya algunas excepciones, el común denominador del éxito en países democráticos es la suma del esfuerzo, la dedicación y la perseverancia del individuo.

Esta tendencia social y política que rechaza abiertamente el mérito y que es partidaria de una igualdad que no presuponga ningún esfuerzo por parte del individuo, se asemeja curiosamente al comportamiento aristocrático, una condición, que sin ningún esfuerzo se recibía o se heredaba sin más.

La igualdad que establece la Democracia es una igualación de condiciones a nivel legal y esto nos garantiza una salida desde la meta (relativamente) justa, pero que impone a su vez y una vez iniciada la carrera, el esfuerzo particular de cada uno.

La igualación de las condiciones no garantiza la igualdad en el resultado a menos que la carrera esté amañada; porque por mucho que igualemos las condiciones, siempre serán unos mejores que otros. Y que lo sean, lejos de ser una injusticia, es lo que garantiza el progreso de la humanidad.

Intentar igualar a toda costa degenera inevitablemente en una igualación negativa.

El igualar es siempre hacia abajo porque sólo se puede igualar hasta donde lleguen todos, intentando además que nadie sobresalga sobre otro, para evitar herir, diferenciar o discriminar.

Esto no sólo es un comportamiento anti- natura, sino altamente dañino.

Cuando en alguna disciplina se requiere que todos los colectivos estén presentes se aplica una igualación en las condiciones, pero si el que gana el premio no pertenece a una minoría comienzan entonces los reclamos.

No sucede lo mismo sin embargo; en deportes como el baloncesto, en donde ciertas minorías llevan siempre una ventaja sobre otras razas, sin que nadie diga nada.

Existe una exacerbada tendencia a imponer el reclamo de igualdad constantemente y muchas veces injustamente.

Una mujer talentosa no quiere ganar por ser mujer, quiere ganar por tener talento e imagino que sucederá lo mismo en todas los demás colectivos que se consideran oprimidos o discriminados.

Nadie que tenga dignidad quiere que le dejen ganar sin merecerlo.

Un niño de 10 años cuando ve que su padre hace trampa para dejarle ganar a las cartas, se ofende, porque existe en la ventaja y en la concesión una desvalorización implícita.

Jugar con ventaja es la confirmación de una irreversible desigualdad.

Y no duele tanto asumir la desigualdad como su condición de irreversible.

Al niño no le duele tanto perder, como que su padre crea que nunca podrá ganarle.

La igualdad se ha puesto de moda y la opinión pública condena a cualquiera que ose rebatirla en cualquier aspecto, pero yo me atrevo a decir, que no siempre la igualdad es deseable, ni resulta beneficiosa.

La igualación de las condiciones es la base de toda Democracia, pero no garantiza la igualdad.

Y no toda igualdad beneficia a la Democracia.

JR

“Dejarse ir”

Le costó pronunciar cada una de las palabras. Ella sabía que Paul también sufría teniendo que decirle que iba a dejarla, pero al menos se sentiría aliviado unos minutos después.

No es fácil herir a alguien a quien se quiere como a una hermana. Pero esta vez, Mary no le facilitó la huida, ni le interrumpió para salvarle del mal trago y le dejó hablar hasta el final.

Era evidente que Paul tenía ya otra mujer. Los hombres cuando dejan, suelen tener de antemano a otra mujer y generalmente desde hace tiempo.

Dolía como un puñal que te dejasen por otra más joven, más fresca, más complaciente y más hermosa.

“De todas formas – pensó Mary- si yo fuera él, también me dejaría”.

“Ojalá yo también pudiera dejarme en este mismo instante en el que me dejas tú” – murmuró entre dientes.

“Nos iríamos los dos a empezar de nuevo. Y dejaríamos los dos a esta Mary, con sus años, con sus arrugas, con sus piernas flácidas y venosas, con su cicatriz de 4 cesáreas, con sus pechos blandos, con su rabia y su corazón roto”-

Después de todo, así es la vida, todo lo viejo tiende a cansar, a caerse y a abandonarse.

Al principio uno lo abandona de a ratos, luego los espacios de abandono se van alargando y un día finalmente, uno logra hacer desaparecer todo lo viejo de su vida para siempre, ignorándolo por completo.

Y esa no es sólo una forma de subsistencia, sino también una manera de ser feliz.

Cuando era joven pensaba, ¿cómo puede alguien ponerse un bañador con unas piernas tan feas?

Hoy vive sin pensar que tiene piernas y curiosamente es mucho más feliz que cuando las tenía lisas y bonitas.

Si hubiera hecho caso a su abuela materna que siempre le decía. “Encuentra en ti algo que no envejezca y aliméntalo. Eso será tu compañía y lo que nunca te abandone, porque todo aquello que envejece te deja sola”

Eran palabras viejas y poco escuchadas pero que hoy brillaban como si fueran nuevas; información recién parida para aquel que logra comprender con la propia experiencia, aquello para lo que antes había sido siempre sordo.

Si no hubiera dejado de tocar el piano cuando nació el primero de sus cuatro hijos, quizás tendría hoy una compañía. Pero ¿qué sentido tenía tocar el piano en una casa llena de niños y de actividades urgentes?

¿Y qué sentido tenía cultivar algo que no le daba ningún beneficio económico?

Cuando hace unas décadas le comentaba a conocidos que tocaba el piano, la gente le preguntaba ¿y dónde tocas? ¿Has grabado algún disco?

La respuesta era siempre no. Y con ella surgió esa sensación de que todo lo que no diera ni fama ni dinero era simplemente inútil.

Inútil practicarlo, inútil cultivarlo e inútil comentárselo a nadie. Aquello que no dé éxito ni resultados visibles se considera innecesario y al final uno se convence de que es una pérdida de tiempo y de que no sirve para nada.

Si hubiera tocado el piano esa tarde, hubieran salido las melodías más tristes, porque lo que más se llora es aquello que se va para no volver jamás.

El dolor de los dolores es siempre la pérdida de lo irrecuperable.

“Ojalá yo también pudiera dejarme y salir de esta habitación con la liviandad con la que saldrás tú, sabiendo que después de este trago amargo, serás libre al fin” – pensaba Mary

“Yo sin embargo, sigo encadenada a mi; a estas manos arrugadas de cambiar pañales, limpiar mocos, hacer trenzas, deberes, papillas y guisos.

Y aunque todo eso ya no está y ellos también volaron, en mí quedaron las marcas de una vida dedicada a los demás”

“Me olvidé de cultivar aquello que no envejece, como me aconsejó mi abuela. Me olvidé de todo aquello que aunque inútil y no remunerado, me daba vida sólo a mi”

“Me dejas y yo quisiera poder dejarme también. Tienes suerte de poder hacerlo; si yo fuera tú, también me dejaría”- se consolaba Mary

-“Y quizás aún esté a tiempo de dejarme así, como soy ahora y salir de mí, para ser otra”-

Al fin de cuentas, uno ha sido siempre tantas cosas. Uno se ha transformado y travestido tantas veces; ha sido niña, hija,madre, esposa, amante, amiga, empresaria, pianista, maestra, psicóloga, peluquera, profesora de natación, de matemáticas, de filosofía, de inglés, de ciencias, de dibujo.

Uno ha sido tantas cosas y se ha olvidado sin embargo de alimentar aquello que no envejece.

Aquello que no da fama, ni gloria, ni dinero, pero que de una forma mágica y misteriosa, enriquece y permanece.

“Hoy me dejas y yo también quiero dejarme, dejando ir todo aquello que fui y dejándome ir hacia lo que no he sido”.

Dejarse ir por fin a alimentar aquello que no envejece.

JR

(Fragmentos de la novela ” lo invisible”)

“La tiranía del Pensamiento Único”

Muchas veces hemos oído hablar de fascismo y todo fascismo se basa en la tiranía de un pensamiento único.

Todo aquello que esté fuera de ese pensamiento único es considerado por el fascista, no como distinto, sino como “enemigo”.

Solemos relacionar al fascismo con la ideología de derechas, quizás porque fue el último fascismo reconocido, pero el fascismo no tiene nada que ver con una ideología determinada; sino con la limitación de la ideología a un solo tipo de pensamiento.

La falta de libertad para pensar libremente es lo que caracteriza a todo fascismo, sea éste de derechas o de izquierdas.

Y es esta obediencia obligada a pensar de una manera determinada o “políticamente correcta” lo que pone en evidencia a todo régimen fascista.

Pensar contrariamente a los dictados de Stalin suponía una condena a muerte en la Unión Soviética y lo mismo sucede hoy en algunos países musulmanes y sin ir mucho más lejos, en Venezuela, Cuba y Corea del Norte.

Muchos son los regímenes que hoy en día se hacen llamar “demócratas” y sin embargo esconden tiranías de pensamiento único.

En este tipo de gobiernos el elemento fundamental es el dominio del pensamiento del ciudadano y uno de los métodos utilizados para el adoctrinamiento es la prensa; que se ocupa de informar sobre aquellas cosas que el tirano quiere que sepas y de esconder todo aquello, de lo que no quiere que te enteres.

Toda información contraria a su ideología quedará sistemáticamente vedada y fuera del alcance de los ciudadanos, que serán diariamente abducidos bajo un único sistema de pensamiento.

Cuando Kant se refería a “la ilustración” la describía como a ese estadio en el que el individuo alcanza una simbólica mayoría de edad y se vuelve capaz de pensar por sí mismo.

Hoy sin embargo, aunque muchos crean que vivimos épocas ilustradas, son pocos aquellos que se atreven verdaderamente a pensar por si mismos, sin limitarse a “repetir lo mismo que opina todo el mundo”.

Atravesamos épocas de mucho temor a la verdad y casi nadie se atreve a decir lo que piensa realmente, por miedo a ser acusado, estigmatizado, perseguido o amenazado por estos gobiernos de izquierdas tan censores, intimidatorios y dictatoriales.

Si a todos nos sorprendió la victoria de Trump en los Estados Unidos en 2016 fue porque nadie se lo esperaba. Y nadie se lo esperaba porque la gente no se atrevía a decir públicamente que iba a votar a Trump.

Ese voto silencioso, como lo llamaron algunos, dejó al descubierto el temor de la gente a exponerse públicamente y a contrariar a la izquierda, por el miedo a sufrir posibles agresiones y represalias.

Aunque la dictadura del pensamiento único crea que el temor es suficiente para detener la libertad de pensamiento, la historia siempre nos ha demostrado lo contrario.

Y mientras nos quede un aliento de vida, debemos seguir evolucionando como nos diagnosticó Darwin e ilustrándonos como nos marcó Kant, porque la evolución o la ilustración, no son otra cosa que el esfuerzo por superar nuestra cobardía y nuestra propia barbarie.

JR

“Peor que ser odiado es ser temido”

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“La Planificación de la Incertidumbre”

Venimos acostumbrados a tener vidas organizadas, agendas electrónicas, alarmas para cada actividad, overbooking de quehaceres diarios y un sin fin de planes a futuro y siempre con esa falsa ilusión de que la vida puede organizarse a nuestro gusto y medida.

Una pandemia tiene la capacidad de trastocarlo todo; y no sólo los planes a futuro, sino la idea misma de que existe un futuro y de que disponemos de él a nuestro antojo.

Esta misma sensación es la que siente alguien acostumbrado a ser una persona sana, cuando se le diagnostica una enfermedad mortal.

Primero la sorpresa y la incredulidad, después la negación, luego la angustia y mucho más tarde, la conciencia de que la vida era solamente un regalo con fecha de caducidad desde el principio y no un bien eterno como llegamos a creer.

El concepto de temporalidad que nos aportaron siglos de vacunas, de cirugías estéticas y de descubrimientos científicos destinados a convencernos de que podríamos ser eternos, logró despistarnos bastante. Y muchos creyeron de verdad, que la eternidad del individuo era posible.

Es difícil aceptar la finitud para la que fuimos creados, pero este cruel descubrimiento, lejos de convertirnos en seres temerosos y aprensivos, debería hacernos conscientes de que si tenemos algo que hacer, algo que legar, algo que aportar, algo para dar; el momento es ahora.

La finitud puede ser cruel e injusta pero también liberadora; y quien se sabe a si mismo “temporal” se atreve a hacer más cosas y a arriesgarse más que aquel que está empeñado en mantenerse en este mundo para siempre y a quien esa permanencia le ofrece más limitaciones que oportunidades de acción.

Quien se sabe breve actúa y quien se siente eterno se afloja, sabiendo que siempre habrá un mañana disponible para poder hacer algo.

No intento encontrar en la desgracia los beneficios a los que nos impulsan los coaches, ni tengo fe en que después de la brevedad de la vida nos espere algo mejor, sino todo lo contrario, considero que tener que marcharse de una vida bonita es cruel y marcharse de una vida miserable debería ser liberador; aunque a la hora de irse, no quiera irse ninguno de los dos, ni el feliz ni el miserable.

Porque el temor a morir no trata sólo de la vida que dejamos, sino del pánico a la incertidumbre que nos espera y que sufre tanto el feliz como el desdichado.

Planificar un futuro incierto parece ser hoy nuestra tarea; aprender a vivir sin un “para siempre”, sin garantías, sin “lo mismo de siempre” para crear rutinas nuevas, que nos ofrezcan esa barandilla de contención que necesitamos imperiosamente para no caernos de la cama, hacia un abismo de misterio al que tememos porque nunca comprenderemos.

JR

“La Nueva Educación”

De todas las especies, la humana es la que más tarda en ser autosuficiente y por eso la maternidad/ paternidad se vuelve un proceso tan largo y cansador.

Durante los primeros años, el niño nos necesita para todo y sin nuestra guia, va seguro hacia la muerte accidental.

Cualquier peldaño, cualquier piscina, acantilado o carretera implican para él un riesgo mortal, que todo padre tiene que estar siempre dispuesto a salvar.

Lo mismo sucede con los pueblos; a medida que una civilización crece va necesitando de menos cuidados y este crecimiento independiente, tiene que ver con la capacidad de autosuficiencia de cada pueblo.

¿Pero cómo se consigue la autosuficiencia? En primer lugar con la Educación, con la disciplina y luego con el impulso hacia la independencia.

Pero ¿cuál es el tipo de educación que se necesita para la autosuficiencia?

Hablar de “Educación” se ha vuelto un tema de lo más cool y humanista. Si quieres quedar bien en cualquier reunión conviértete en un defensor acérrimo de la Educación, pero no toda educación es conveniente, ni recomendable.

La educación basada en el adoctrinamiento ideológico es muy perjudicial y nunca consigue individuos autosuficientes, sino que consigue crear a seres eternamente dependientes del estado, acostumbrados a merecer todo, por el sólo hecho de existir y sin el menor esfuerzo por su parte.

Fomenta además el resentimiento, el odio, mal informa sobre el pasado y sobre las costumbres y cultiva un idealismo fofo, vacío y estupido.

Todo adoctrinamiento enseña además, las posturas y artilugios para el disimulo y el fingimiento; volviendo al individuo un ser capaz de argumentar cualquier incongruencia con destreza y sin titubeos y prescindiendo siempre de toda lógica.

En conclusión, convierte a personas en repetidores de sloganes, sin dejar pasar jamás un razonamiento coherente por su mecanismo o proceso de pensamiento.

Por eso cuando me encuentro con alguien que presume de estar muy educado, me pregunto: ¿Si, pero educado en qué? Porque no toda educación suma en el proceso de inteligencia.

Es complicado enseñar filosofía o historia hoy en día en ambientes de izquierdas y se nos obliga al profesorado a menudo a obviar temas que puedan “herir sensibilidades”, como la esclavitud, el terrorismo o las masacres.

Se promueve, se recomienda y se obliga a una enseñanza parcial de la historia que vaya en concordancia con la ideología reinante.

Se evita la enseñanza de todas las masacres históricas de las ideologías de izquierdas en los temarios y se prohíbe hablar del fracaso del comunismo y de las torturas, extorsiones y mecanismos de control de la Unión Soviética, China o Cuba.

Yo disiento profundamente con esta filosofía que implica seguir “suprimiendo a la carta” información veraz e importante; pero todo se hace “supuestamente” en aras de una nueva humanidad eco humanista/ pacifista/ sostenible/ hipersensible, extremadamente impresionable y crecientemente comunista; que no necesita en este momento, informarse ni comprobar el desastre y la deshumanidad de su panfleto ideológico. (¿Para qué desmotivarles?)

La Historia en realidad sólo sirve para que aprendas sobre todo aquello que pasó y podría volver a pasarte. Y el comunismo es un mal que si te descuidas de estudiar, va a volver a pasarte muy pronto.

Hay mucho ocultamiento y adoctrinamiento en la educación actual.

Como filósofo uno debe cuidarse actualmente de enseñar a Platón y a los griegos en general, porque en el siglo V la esclavitud era una costumbre no cuestionada y el alumnado progresista suele reaccionar de forma muy violenta en clase, no sólo cuando tratas la división de clases de la Antigua Grecia, sino también cuando enseñas la Democracia.

Sin embargo, cuando me toca enseñar a Marx, la clase es una fiesta de reivindicaciones; de estudiantes “oprimidos”, que con más de 25 años no trabajaron en la vida, pero que se sublevan como si hubieran trabajado en minas de carbón toda la vida.

Nunca antes en la historia de la humanidad hubo tanta comodidad, tanta formación, tantos cursos, tantas universidades y tantas facilidades para poder estudiar y nunca antes sin embargo, se multiplicaron y a tanta velocidad, juventudes tan violentas, incoherentes e ignorantes.

JR

“Yo no soy marxista” -Karl Marx

Para comprender los movimientos políticos y sociales que están aconteciendo hoy en día en la mayoría de los países occidentales, debemos volver a repasar la teoría de Marx.

Marx fue un estudioso de la revolución francesa y gracias a ella descubrió que todos los conflictos a lo largo de la historia tuvieron una base de descontento social y de luchas de clases; por lo cual, no es extraño que siempre que se desea cambiar un sistema político se recurra a esta estrategia.

Crear el conflicto de clases, o la grieta, como se le llama en algunos países, es el primer paso a seguir para impulsar el desmoronamiento de un sistema político que se desea erradicar; en nuestro caso, el sistema que se busca quebrar es la Democracia y el estado de derecho.

Marx comprendió que todo conflicto social termina siempre dando lugar a formas políticas diferentes.

Pero lo más relevante de la teoría de Marx es su concepto sobre cómo el “storytelling” resulta fundamental a la hora de derribar las estructuras existentes.

Para Marx describir el mundo no se limitaba a dar cuenta objetivamente de lo que sucedía en el mundo, sino que aspiraba a una descripción del mundo que le permitiera transformarlo.

Según cómo describamos el mundo, tendremos una u otra comprensión; es decir, la interpretación que tú hagas del mundo llevará al sujeto hacia la acción política que desees.

No es extraño que hoy los medios de comunicación sean el primer objetivo de todo movimiento marxista; porque lo que interesa no es informar objetivamente, sino manipular la información en pos de conseguir los fines deseados.

O sea, provocar en el sujeto las sensaciones necesarias para llevarlo hacia determinada acción.

Últimamente el empoderamiento de la izquierda ha consistido en crear las siguientes divisiones: mujeres contra hombres (feminismo), pobres contra ricos, empresarios contra empleados, negros contra blancos, aborígenes contra blancos, inmigrantes contra pueblos de acogida, veganos contra carnívoros, etc.

Toda identificación con un grupo o pertenencia a una comunidad pareciera imponer un enemigo común y ése es el principal objetivo de la izquierda marxista desde hace décadas; que toda comunidad tenga en común, no un ideal, sino un enemigo.

Marx decía “Las relaciones de producción son relaciones de explotación” y frente a semejante descripción del mundo económico/laboral era inevitable una revolución.

Por eso, la forma en cómo plantees el problema y a quien culpabilices de ese problema, resulta fundamental para un marxista; que no busca una descripción real y objetiva en busca de un acuerdo o de una solución; sino una descripción que impulse a la acción necesaria para conseguir su objetivo; que no es la reparación, sino el quiebre de un sistema.

Los filósofos marxistas no se ocupan de describir el mundo y analizarlo; sino de describirlo de la manera adecuada para llevar al individuo hacia la acción revolucionaria.

Marx solía decir: “Hasta ahora los filósofos se han ocupado de describir el mundo, ahora se trata de transformarlo”

La cuestión está en la manera en la que uno describe las cosas; según cómo nombremos el mundo, tendremos una u otra reacción.

El problema con la teoría de Marx fue que nunca previó los resultados de su revolución y nunca predijo sus consecuencias, ni dejó un manual de instrucciones, ni una teoría política que mostrara el camino a seguir después de la revolución.

La dictadura del proletariado se extendió por décadas y sus resultados fueron nefastos y tan nefastos fueron, que Marx llegó a desentenderse y a decir : “Yo no soy marxista”

JR