“Crítica a la otra mejilla”

El fundamento de la tolerancia se basa en la capacidad de tolerar lo distinto y evitar todo tipo de violencia que lo distinto nos despierte.

Uno se controla y se educa en la no-violencia permanentemente pero la violencia, no es algo que pueda ser superado definitivamente, sino una característica natural de todo ser humano.

No es que haya gente violenta y gente no violenta. Todos somos violentos y todos estamos constituidos por la capacidad de violencia.

La única diferencia es cómo y de qué manera la controlamos o no, y en qué ámbitos la ejercemos o la evitamos.

No todos somos violentos de la misma forma, ni con la misma gente. Algunos son violentos en casa y sumisos fuera, algunos son violentos consigo mismos y pacíficos fuera, algunos son violentos a los golpes y otros con palabras, con omisiones, con actitudes, con gestos o con acciones violentas.

Pero de la violencia no se escapa nadie y saber identificarla en nuestra vida es importante, a la hora de profundizar en su estructura.

La civilización occidental fue construida sobre aquella frase que Jesucristo trajo de la India y que entraba en total cortocircuito con la filosofía de su educación judía.

La frase “poner la otra mejilla” de Jesucristo era totalmente opuesta a la de la justicia judía:”Ojo por ojo, diente por diente” que implicaba la igualdad y la proporción en toda respuesta.

Si alguien te quitaba un ojo, tú respondías igual, pero no le debías quitar además del ojo, las orejas y los dientes, sino solamente un ojo.

Ésta era la forma justa de que la violencia se saldara y terminara su proceso.

La frase “poner la otra mejilla” en cambio, no aboga por un castigo justo y proporcionado al daño recibido, sino que establece la capacidad de aguantar y de no reaccionar contra la violencia recibida, como normativa.

Esta actitud de no respuesta fue uno de los principios básicos del hinduismo y del budismo. Y para ver los resultados de estas dos filosofías, no tenemos más que ver cómo acabaron estas sociedades y estos países caracterizados por la no reacción, (siempre dominados y subyugados por invasiones de civilizaciones fuertes).

Cuando mis hijos llegaban a casa golpeados o insultados del colegio, yo nunca les impulsé a poner la otra mejilla, sino a cortar de cuajo con la violencia.

“Si te pegan sin razón, tu pégale igual “, “si te insultan sin merecerlo, tú le insultas igual ”

Mis hijos me miraban espantados cuando yo les daba estos consejos, en vez de decirles que pusieran la otra mejilla, pero yo les expliqué que la teoría de la otra mejilla es una incitación a la continuidad de la violencia.

Y a la violencia no se la detiene motivando a más violencia y permitiendo más violencia, sino cortándola de cuajo.

El violento tiene que saber que él no es el único con capacidad de ser violento. Y que todos podemos ser violentos, si queremos serlo.

Porque la violencia no es exclusiva de unos pocos, sino patrimonio de todos.

La única diferencia está en cómo la ejercemos, en cómo la controlamos, en cómo la canalizamos, en cómo la educamos y en cómo aprendemos a observarla permanentemente en nosotros mismos.

Cuando el violento y el loco ven que hay otro casi tan violento y casi tan loco cómo él, se calman. Y ahí se corta la violencia.

La postura de la otra mejilla es en cambio, mucho más violenta, porque presume de una superioridad moral.

El violento percibe a aquel que no reacciona ante su violencia, (no por miedo sino por principios), como a un ser que se siente superior a él moralmente y esta percepción genera mucha más violencia aún.

Éste en vez de calmarse se violenta aún más, porque se le permite la violencia y se le motiva a seguir.

Los llamados pacifistas conocen muy bien esta táctica y la violencia que ejercen los autodenominados “pacíficos” es la violencia de la superioridad moral.

No es casual que los paises en donde más tranquilo se viva sea en aquellos en donde hay un ejército, una policía y una legislación justa y fuerte para todos, porque la presencia (aunque invisible) de un límite, calma todo tipo de violencia; mientras que la actitud de tolerancia infinita y de la otra mejilla, la motivan.

Al final, somos como niños. Y no es casual que los niños más maleducados y violentos sean siempre aquellos, que no conocieron jamás un límite.

JR

“La Democratización de la Belleza”

Si la democracia nos augura la igualdad de derechos y de obligaciones para todos, también lo hace con respecto a la belleza.

Que la belleza sea un derecho o una obligación, ya dependerá de la mirada de cada uno.

La belleza era antiguamente un don reservado para unos pocos. “Lo que natura non da, Salamanca non presta” decía mi abuela, sin referirse al talento innato que no se consigue en la universidad, sino a la fealdad sin solución, que no se arreglaba con ungüentos.

Hoy mi abuela estaría asombrada de ver cómo la fealdad se mejora y además se paga en módicas cuotas.

Los feos se convierten rápidamente en exóticos y los menos dotados en guapos, (quirófano y gimnasio de por medio).

Si bien la belleza ha tenido distintas acepciones a la largo de la historia; en nuestra época ocupa un lugar preponderante y es un producto masificado y al que casi todos aspiran llegar, sin importar la edad, ni el estrato social al que pertenezcan.

Las feministas sostienen desde los años sesenta, que los estándares de belleza son generados por el patriarcado, con el fin de dominar a las mujeres; pero actualmente las mujeres no desean ser guapas para los hombres, sino para y por ellas mismas.

Y los hombres, también se han sumado ahora, a esta carrera por ser cada vez más bellos.

En la era de la autonomía y del “do it yourself” cada uno se proyecta y se produce a su antojo. Y la belleza lejos de ser un mandato, es hoy una elección voluntaria, pero no excluyente. Hoy las mujeres no desean ser solamente bellas, sino también exitosas en todos los ámbitos.

Cuando mi primo era joven sólo salía con chicas feas porque decía que las guapas no hacían ningún esfuerzo por agradar. En cambio las feas eran simpáticas, estudiosas, divertidas, cariñosas e intelectuales.

Hasta hace unos años ser bella era suficiente, hoy sin embargo, la belleza sola, no nos sabe a nada ni a los hombres ni a las mujeres.

Dentro de los estándares de belleza actuales se considera a la delgadez como el fin último y supremo; en una época en donde curiosamente los índices de obesidad son los más altos de la historia de la humanidad.

Nunca estuvo el hombre tan obsesionado con ser delgado y nunca hubo tantos gordos en el planeta como ahora.

¿Será que el contraste es otro signo de nuestra época o será que la obsesión con algunas cosas no nos augura jamás buenos resultados?

Muchos comparan este ascetismo del cuerpo delgado con el ascetismo del alma de la Edad Media. Dos obsesiones iguales, pero enfocadas en aspectos distintos.

Si una niega al alma, la otra negaba al cuerpo, pero las dos engendraron locura.

¿Es acaso la locura, fijación?

Si el concepto médico de enfermedad es el desequilibrio de la armonía preexistente, puede que no estemos muy errados en suponer que todo aquello que no se desarrolla de manera armoniosa, se enferma.

La obsesión por el alma daña al cuerpo y la obsesión por el cuerpo daña el alma.

Quizás mantener un equilibrio entre las dos partes que nos hacen ser seres humanos, sea lo más aconsejable.

Olvidarnos de que no somos sólo un cuerpo, ni somos sólo un alma, sino las dos cosas simultáneamente.

Un alma radiante sin un poco de belleza y toda la belleza sin la chispa de un alma que acompañe, son la misma fealdad.

JR

“Hay belleza en el equilibrio y en aquello que se percibe como completo”

“La Democracia Fragmentada”

No es novedoso hablar con espanto de la actual fragmentación que azota al mundo de las democracias occidentales.

Hoy las noticias sobre manifestaciones y disturbios en los principales países occidentales son constantes y muchos culpan al sistema de dicha fragmentación.

La fragmentación no es consecuencia de la Democracia, sino por el contrario, ésta es la base sobre la cual toda Democracia descansa.

La Democracia americana, que fue sin duda el ejemplo que siguieron luego las Democracias europeas, se afirmó de entrada sobre un estado diverso.

En los Estados Unidos la unidad política no se oponía al reconocimiento de la multiplicidad de los grupos de intereses, ni de las diversas comunidades y minorías, sino que descansaba sobre ellos.

Por lo cual, la fragmentación no es un resultado de la Democracia, sino su origen y en el caso americano, es una continuidad de la cultura política de ese país.

Estados Unidos es una República basada en el pluralismo étnico, cultural y sexual que hasta ahora coincidía en un ideal común.

A este punto de encuentro se le denominaba “melting point”, un punto en donde se propendía a la asimilación o integración de las diversidades. Y en donde la defensa de las identidades colectivas, se producía con discreción y moderación.

Hoy sin embargo, son las políticas de fragmentación cultural las que predominan y triunfan.

Esta fragmentación se presenta ahora al público como un mosaico de intereses irreconciliables, en donde se exageran y se acentúan las diferencias, se exacerban los resentimientos y se incentivan las actitudes victimistas y los reclamos y sospechas entre los diferentes grupos o comunidades.

Otra característica actual es la constante rehabilitación del pasado, el diálogo del presente con la memoria y la utilización de la memoria histórica como recurso de justificación para la venganza y para el resentimiento eterno.

Algo que empezó siendo el origen de la fundación de un estado diverso y conciliador; basado en la inclusión de múltiples pertenencias comunitarias hacia un fin de convivencia común, ha dado paso a un clima de intolerancia, propulsado por reinvidicaciones comunitaristas y políticas identitarias; de grupos que lejos de sentirse vinculados entre sí por un proyecto en común, se cierran ahora y cada vez más, sobre sí mismos.

Muchos creían que éste era exclusivamente un fenómeno americano, hasta que esta misma sensación de fragmentación apareció también en Europa.

Hoy muchos europeos comienzan a entender mejor la situación americana y la mala prensa que llegaba desde allí hasta el viejo continente.

Hoy Europa experimenta con asombro la aparición de identidades comunitarias llenas de odio y de resentimiento, juventudes alienadas por las causas más diversas; pero siempre en contra de un sistema al que aún pareciera que desconocen.

Aparecen hoy en Europa aquellas fracturas que enarbolan demandas de igualdad; una igualdad que ya está garantizada de antemano en la fundación del estado democrático; basado en la igualdad de derechos y de obligaciones para todos.

Pero la demanda de estos grupos, ya no apunta a la exigencia de derechos igualitarios, sino a eximirse de la igualdad en sus obligaciones.

JR

“La Democracia es la opción para la convivencia de lo distinto” JR

“La Privacidad Reciclada”

Si le preguntas a alguien qué es la privacidad, te responderá que es una tendencia que insiste en preservar para sí, aquella información a la que se considera demasiado valiosa o íntima.

Pero el problema real es identificar hoy en día, qué es lo valioso y qué es por lo tanto, aquello que debería ser privado.

En el mundo actual es difícil identificar qué es lo privado; teniendo un gps en el móvil acompañándonos a todos lados, cámaras de seguridad en cada esquina, registro del aparcamiento de nuestro coche controlado al minuto desde plataformas municipales, el Alexa y las cámaras de seguridad de nuestra casa (encendidos en todo momento) y sobre todo, esa voracidad por publicar cada paso que damos, en las redes sociales.

Uno ya no es privado, ni aunque quiera. Y aquel falso eslogan de “cuidamos tu privacidad” se ha vuelto tan inocuo, que ya ni siquiera nos molesta; porque el cortocircuito hoy se ha vuelto indoloro, llevadero e imperceptible, al igual que la falta de privacidad.

La tendencia actual no nos encamina hacia lo privado, sino que por el contrario, nos motiva a ser cada vez más públicos y transparentes; y a revelarlo todo para poder existir en el mundo digital y vivir seguros en el mundo analógico.

Quien no tiene nada para esconder, no corre ningún peligro y quien no tiene nada para comunicar, ya sea publicando o mostrándose en redes, no existe, ni para el entorno social, ni para el mercado.

Por lo cual, volverse demasiado privado es condenarse a un pequeño espacio “no virtual”, que nos augura oscuridad, soledad y pobreza.

La invisibilidad analógica no promete buenos frutos y si hoy quieres ser alguien importante, tienes que estar y mostrarte.

El problema de la juventud es que en ocasiones no entiende todavía al mercado y no sabe bien qué es lo que debería mostrar y qué no.

Pero desgraciadamente, hay otra juventud que ya ha descubierto que el escándalo y la frivolidad venden más y más rápido, que una buena reputación.

Y aunque los mayores temamos por la memoria eterna de la red, ellos sólo creen y apuestan por el instante.

Lo que ha cambiado no es nuestra apreciación hacia la privacidad, sino aquello que hoy consideramos como privado.

Antiguamente lo privado era aquello que era sagrado, amado, preservado fuera de la vista de los demás, no por vergüenza, sino por respeto al sentimiento tan profundo, que nos vinculaba a esas cosas o a esas personas.

Pero en un mundo en donde la vinculación social está dictada por la moda, (con su imposición de transitoriedad permanente) los vínculos ya no son ni tan duraderos, ni tan sagrados, ni tan privados.

Hoy la gestación y la maternidad se muestran, el amor se muestra, el sexo se muestra, la comida que se come se muestra, las vacaciones se muestran; porque nuestra vida digital es una plataforma exponencial que nos augura amigos, seguidores, likes, retweets, una posible fama y la tan sabrosa envidia de los demás.

Estamos expuestos 24 horas, pero voluntariamente y deseosos de hacerlo cuanto antes; todo con tal de no desaparecer.

Veo en las redes sociales tanta patología declarada, que me pregunto si los psicólogos no estarán planteándose dejar ya las consultas, para trasladarse a tratar los casos directamente sobre la red.

¿Es este nivel patológico de exposición un signo de sentirse extremadamente importante para el resto, es una necesidad incontrolable de comunicar frivolidad a toda hora, o es un signo de inferioridad y de soledad?

En la Era de la transparencia, mostrarse a toda hora está de moda, pero esto no es el indicio de que la privacidad se haya extinguido. La privacidad sigue existiendo, pero ya no se ocultan las mismas cosas.

Existe hoy una privacidad a la carta, en donde cada uno elige los ingredientes de su tipo de privacidad individual. Y cada una es distinta.

La privacidad no ha desaparecido, sino que se ha reciclado. Ha conservado su nombre, pero ha cambiado sus valores.

Todo aquello que venda, hoy está disponible para ser expuesto.

Y en el mercado digital la exposición de las sensaciones, las emociones, los placeres, las frivolidades, la intimidad y los escándalos son prioridad. ( sean estos reales o ficticios, ¿quién nota la diferencia?)

Hoy son pocas las cosas que estamos dispuestos a ocultar y me atrevería a decir, que son sólo nuestros defectos, nuestros delitos y nuestra enorme sensación de soledad y de pobreza interior.

Todo lo demás, está listo para subirse a la red.

JR

“La Realidad Optimizada”

El mundo digital ha cambiado nuestra vida y nada ha quedado fuera de su influjo; ni siquiera la imagen.

Si antiguamente la imagen fotográfica era la representación de lo real, en la era digital ha dejado de serlo.

La imagen es hoy la optimización de lo real, y esto sucede gracias a que disponemos de todo tipo de técnicas y filtros informáticos para transformar lo real en ideal.

No es casual que plataformas como Instagram triunfen de manera rotunda, en un mundo que encontró en la imagen optimizada, la manera de alcanzar su ideal y de captar la atención.

Existe un síndrome llamado “el síndrome Paris” que afectaba principalmente a los turistas japoneses. A ellos se les presentaba una imagen idealizada de Paris y al llegar al verdadero Paris, sufrían de una gran desilusión.

Este síndrome desataba en los afectados, alucinaciones y reacciones psicosomáticas diversas como mareos, sudores o sobresaltos cardíacos.

Hoy no son sólo los japoneses quienes sufren este tipo de episodios; en donde la realidad que se nos presenta, comparada a la imagen que nos vendieron, no coincide en absoluto.

Y es que en esta obsesión tan narcisista por mejorarse y mejorarlo todo, el retoque digital nos ofrece y en bandeja, la posibilidad de convertir lo defectuoso en perfecto; aunque la realidad no acompañe.

Muchas veces andando por la ciudad me pregunto ¿adónde está toda la gente bella y amable que vive en Instagram?

Y he llegado a la triste conclusión de que el mundo es mucho más bello, brillante y fotogénico en formato digital.

Serrat nos cantaba hace tres décadas…”nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”… pero es cierto que para ese entonces, Instagram no había llegado.

JR

“Saturados de Información”

El IFS (Information Fatigue Sindrome) es una enfermedad psíquica que se produce por el exceso de información.

Los afectados desarrollan un cansancio profundo y a la vez una incapacidad de desconectarse por temor a perderse de algo.

El mundo digital nos ha ofrecido un campo abierto para el acceso a la información a todos los niveles y hemos dejado de ser ya aquella familia, que se concentraba una hora al día alrededor de la radio o de la televisión para tener acceso a los sucesos. Hoy cada uno recibe su propia noticia y a la vez es generador de noticias y de opinión, permanentemente.

Los medios de comunicación del siglo XX se volverán muy pronto un objeto vintage. Leer el periódico en papel es ya una tradición que aún se preserva con cariño, como cualquier otra costumbre heredada de nuestros abuelos y la radio sigue siendo aún la mejor opción para aquellos que todavía no tienen bluetooth en el coche.

Todos estamos hoy afectados en mayor o en menor medida por este cansancio (el IFS) y esto sucede porque todos estamos permanentemente expuestos a una cantidad de información diaria abrumadora y que aumenta velozmente.

Uno de los síntomas más peligrosos de este cansancio de información es la pérdida de la capacidad analítica.

Y la capacidad analítica es precisamente la capacidad que conforma el pensamiento; es la aptitud para distinguir lo escencial de lo no escencial.

La saturación de contenidos reduce a su vez nuestra habilidad para reducir las cosas a lo importante o a lo imprescindible y tendemos a creer que cuanta más información tengamos, mejores desiciones tomaremos; aunque esto no sea necesariamente así.

Casualmente, otro de los síntomas de esta afección es la parálisis y la incapacidad de tomar desiciones y de asumir responsabilidades que nos aten a una elección o nos comprometan a futuro.

Esta obsesión por tener más y más información nos inmoviliza en vez de activarnos a actuar.

El exceso de información como todos los excesos, desequilibra algo en nosotros y toda saturación atrofia siempre otras capacidades.

En este caso, la capacidad atrofiada no es nada menos que la habilidad fundamental del pensamiento: la capacidad de análisis.

¿Cuanto tiempo dedicamos para reflexionar, debatir, reducir o deducir la enorme cantidad de información que recibimos?

¿Somos procesadores inteligentes de información o nos hemos convertido en devoradores insaciables de información?

¿Seguimos siendo homo- sapiens o somos ya únicamente homo-consumens?

JR

“El Dolor de ser Valiente”

La valentía tiene sus grados y cada grado implica el nivel de compromiso que uno está dispuesto a asumir.

Están los valientes de salón; esos que entre amigos y entre cuatro paredes se sienten igualitos a William Wallace y denuncian las injusticias categóricamente y sin tapujos.

Y están esos otros, que son los que ponen el cuerpo, van al frente y aguantan el golpe.

Enseñar a un hijo a ser valiente va también por grados. Uno puede decir: “Se valiente pero no tanto” o decirle “Si de verdad te decides alguna vez por ser valiente, hazlo entonces con todo tu corazón”.

Hacer las cosas con todo tu corazón es implicarte por entero en aquello que crees que es justo. Y ser un entero o alguien “íntegro” es ser una persona de corazón y no un ser dividido; alguien que es valiente pero sólo un poquito y hasta donde le conviene.

Mi hija fue valiente hace unos días y hoy paga las consecuencias de su pequeña valentía; la soledad de aquel que es señalado por atreverse a denunciar algo que nadie se atrevía a decir en alto.

Hoy todos sus compañeros (medio valientes) disfrutan cómodos y callados de los beneficios de su valentía.

Ellos hicieron caso a sus mamás que les decían: “Hay que ser valiente, pero sólo un poquito, ya que siempre va a haber otro, que sea más valiente que tú y ponga el cuerpo”.

Y mientras consuelo a mi pequeña valiente, que ha logrado un cambio hasta hoy impensable; vuelvo a repetirle aunque me duela: “Si después de esto, alguna vez vuelves a ser valiente, vuelve a serlo con todo tu corazón”.

JR

“Una persona íntegra es aquella que actúa con todo su corazón”

“La Enfermedad del Positivismo”

A la depresión se llega igual de rápido por el camino de la indolencia, que por el camino de la sobre-exigencia.” JR

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El positivismo es un movimiento que se sustenta en la frase “ Yes we can” ( Si, podemos). Pero esta frase corta y optimista esconde también su lado oscuro.

Todo desafío se concibe originalmente en respuesta a un impedimento o a una prohibición externa, que se rebela contra un destino impuesto desde afuera, imposibilitando el libre desarrollo del individuo.

El hombre del positivismo cambia entonces el mandato externo del “no”,  por un mandato interno del “sí “ ( yes we can). Cambiando al “no” impuesto, por un “si” que se impone a sí mismo.

A partir de este momento, ya no va a ser el afuera quien le imponga o le limite, sino que va a ser él mismo quien se auto-imponga una disciplina.

La productividad del individuo positivista siempre aumenta y a este incremento voluntario del trabajo y de la actividad en todos sus ámbitos, ya no se le llama explotación, sino “libertad”, porque ésta es una explotación autoinfligida. 

Este individuo autodenominado “libre”, cuando se desliza hacia el extremo del positivismo, experimenta de forma creciente una tendencia manifiesta hacia la sensación de cansancio, de agotamiento mental, de falta de sentido, de dispersión, de aburrimiento y de fracaso, que le va llevando poco a poco a poner en duda a su motivación original del “yes we can” y a cambiarla por otra menos inclusiva: “todos pueden, menos yo”. 

El mundo del positivismo es el mundo del “nada es imposible” y frente a esta motivadora e utópica frase, (que enferma a todo aquel que se queda atrapado en su absolutismo), nace como reacción el depresivo; que frente a semejante auto-imposición del “sí” absoluto y del “todo es posible”,expresa su sensación individual de imposibilidad y de fracaso y la proyecta con el carácteristico “no”, para el cual “nada es posible”.

Muchos creemos que la depresión está en auge en el mundo rico occidental, no debido al aumento del sufrimiento externo, sino al aumento del sufrimiento interno; provocado en ocasiones por una exigencia desmedida, auto impuesta libremente desde adentro y a la que no se identifica fácilmente como a una forma de violencia.

Aquello que despista en esta falta de identificación es que nadie obliga desde fuera al individuo a poderlo todo, sino que ésta es una condena auto-impuesta, una violencia auto infligida que desencadena en depresión. 

El éxito impuesto desde afuera, al que muchos consideraban hasta ahora como al verdugo de nuestro tiempo, es en realidad, un dictador destronado.

El éxito, que es un sustantivo abstracto y que como todo aquello abstracto no puede medirse aisladamente; sólo puede contabilizarse en relación o en comparación con otra cosa.

Uno puede sentirse exitoso, dependiendo de con quien se compare y en qué aspecto se le compare.

Alguien puede ser más exitoso que otro en el aspecto económico y sin embargo, mucho menos exitoso que éste en el aspecto familiar, creativo, afectivo, cultural, intelectual o espiritual. Y es que el éxito no posee bordes delimitados ni parejos y no suele crecer siempre de una forma equilibrada.

Lo más contradictorio es que el positivismo extremo, (que ha cambiado el eje de la imposición del afuera hacia el adentro), deja ya de medir sus resultados en relación con el afuera; es decir, en comparación con el otro; porque el individuo positivista ya no compite con otro, sino únicamente consigo mismo.

El positivista crea un “ideal de sí mismo” al que denomina “proyecto de mi mismo” y lucha sin descanso por alcanzarlo, sin reparar en el abismo que en ocasiones le separa de él, ni en la posibilidad de que ese objetivo pueda ser para él, realmente inalcanzable.

Pero frente a cualquier impedimento que le sugiera una desaceleración, una revisión o un cambio de rumbo, el extremista no cede y por el contrario, no duda en aumentar el nivel de auto-agresión como método paliativo y para que le permita seguir adelante con su objetivo.

Es por por este motivo que el nuevo eje positivista, al que se percibió en un primer momento como a un movimiento “liberador”, (que nos liberaba del “no”) esconde en su otro extremo, a un tipo distinto de esclavitud: la dictadura del “sí”.

Pasamos de la esclavitud del “no absoluto” a la del “si absoluto” y del “nada puedes” al ” lo puedes todo”.

Este nuevo extremo ha generado a individuos que creyendo haber superado ya la imposición externa del “no”, no logran superar jamás la del”deber ser”. Pero se han convertido ahora, en sus propios verdugos.

Estos seres están abocados a la actividad sin límites, a la ambición desmedida y al “multitasking” cotidiano y desenfrenado, tan característico del “siempre se puede un poco más” porque “nada es imposible” y “nada es suficiente”. ( filosofía en la que se tiende a educar actualmente a los niños).

Esta falta de “saciedad”, que es la incapacidad de sentir que uno ha alcanzado un objetivo y parar para darse el tiempo de disfrutarlo, aumenta por el contrario y de forma destructiva la velocidad y la actividad hasta producir el “burn out” ( los quemados); esos pobres individuos que nunca logran alcanzar un reposo gratificante. Y que se queman a sí mismos, en pos de una superación nunca alcanzada.

Con la nueva obsesión colectiva del “nada es imposible” el individuo actual se auto impone una disciplina extrema en multiples aspectos y esta sobre- exigencia es la que le devuelve a la misma sensación de fracaso y de impedimento de la cual intentaba escapar en un principio, pero ahora yendo de la mano del prometedor “yes, we can”.

Y comienza a despeñarse ahora, desde la cumbre aún difusa de la auto-realización, hacia la auto-destrucción.

JR

“Conocer y aceptar nuestras limitaciones no es siempre la evidencia de un fracaso, sino la oportunidad de una liberación.” JR

“El Victimismo que da Poder”

En un mundo en el que la desigualdad es la norma, la tendencia al resentimiento sólo necesita de un pequeño empujón para incendiar al pueblo.

Los gobiernos radicales lejos de trabajar en pos del bienestar social y el progreso de los más desfavorecidos, luchan a capa y espada para sembrar odio y resentimiento en el corazón del pueblo, sometiéndole de esa manera a un tipo distinto de esclavitud.

El resentimiento es otra forma de aprisionamiento, en este caso uno acotado al plano mental y que imposibilita cualquier avance.

Es curioso cómo en esta época se enaltece al débil y se repudia cualquier demostración de fortaleza de carácter.

Si uno logra posicionarse como una víctima cuenta de antemano con ventaja por sobre cualquier otro contrincante porque despertar lástima, es hoy la máxima virtud.

El feminismo, entre otros movimientos del siglo 19, se ha vuelto a poner de moda en Europa y va de la mano de los populismos que azotan la región, pero de aquel feminismo del siglo 19; (en donde fue la demostración de la fortaleza de la mujer la que consiguió sus derechos) ya no queda nada.

Este nuevo feminismo digital insiste en el victimismo como método de triunfo.

“Cuanto más víctima seas, más conseguirás. Y si intuyes que vas perdiendo apoyos, lo mejor es recurrir a un pasado en donde tu victimismo consiga mutar radicalmente ese mal presagio.”

Hoy en día toda mujer que quiera ser popular y aclamada debe exponer públicamente algún intento de violencia  acometido contra ella en algún momento de su vida, para que el pueblo solidario y compasivo se vuelque automáticamente a modo de ola humana a demostrarle su empatía.

El mundo se ha acostumbrado a adorar sistemáticamente a las victimas y a repudiar a los fuertes y todas las figuras públicas que necesitan del apoyo popular masivo salen en a exponer sus tragedias particulares, con la intención de acrecentar su popularidad. 

Busca bien en tu pasado y seguramente encontrarás algún episodio en donde fuiste discriminada o sufriste abusos de algún tipo”  me decía una feminista hace algún tiempo, ofreciéndome en bandeja la estrategia infalible del resentimiento; tan necesaria actualmente para ganar adeptos, adhiriendo a su causa. 

Seguramente si rebuscara bien encontraría algo para ser una víctima yo también, pero lo curioso es que nada está más lejos de mis intenciones que pertenecer a ese grupo, ni considero que la empatía esté necesariamente ligada a la pertenencia.

Mi ideal siempre ha sido la fortaleza ante el sufrimiento y la superación como opción al resentimiento, por lo cual mi entrada al club de las víctimas me estaría rotundamente denegada.

Aquel que enarbola el rencor como método de triunfo no es fuerte, ni será capaz de cambiar las condiciones de aquellos que sufren, porque tampoco ha sido capaz de cambiar las suyas propias. Lo primero que debe disolverse es el resentimiento.

La astucia de pertenecer al club de los oprimidos,que ubican al culpable siempre fuera, es el método infalible de los tiranos y enmascara la incapacidad de dar soluciones a los problemas reales de la gente. (La responsabilidad de sus desgracias siempre las tiene otro, por lo tanto las soluciones nunca están, ni estarán a su alcance) 

Ser vitima de algún abuso y exponerlo públicamente es hoy la condición indispensable para cualquier puesto de poder, tanto en la política como en el mundo del espectáculo, porque estar en el bando de los fuertes podría dar a entender que perteneces al bando de los abusones. (Cuidado! actualmente si no eres abusado, se deduce que eres uno de los abusadores, por lo cual ser una víctima es la única opción que tienes para librarte de una condena injusta).

Quien basa su fortaleza en la debilidad, promoviendo el resentimiento, expone su incapacidad de superación y alguien incapaz de superar su propia debilidad será incapaz de luchar por invertir la tuya.

Detrás de cada uno de los tiranos que han azotado a la humanidad siempre hay una historia personal de resentimiento, que más tarde se redirigió hacia una causa social o política. ( veamos por ejemplo la infancia de Fidel Castro; hijo de un magnate cubano y de su empleada doméstica)

Dar poder a los resentidos es peligroso y nos ha llevado siempre por mal camino.

Quizás porque la habilidad que requiere el verdadero poder es la de la superación constante.

JR

“La capacidad de superación es sin duda, la característica principal de un buen líder” JR

“La Generación del Bienestar”

Cuando el año lectivo vuelve a comenzar dejamos atrás aquel espacio benévolo de las vacaciones, en donde el tiempo carece de obligaciones, para volver a los quehaceres trabajosos, abocados a mantener a la generación del bienestar.

Mi generación, que es la generación del trabajo; gente que a los 20 años ya trabajaba aún estudiando una carrera universitaria, no conoce estas modas de la depresión post vacacional y demás enfermedades psicológicas, hoy sin embargo, terminales en la generación del bienestar.

Porque en mi época uno se tomaba una aspirina y volvía al trabajo, sin tanto dramatismo.

Y es que nosotros, la generación del trabajo, entendíamos al bienestar como al resultado de nuestro trabajo.

La generación del bienestar en cambio, es aquella que utiliza con descaro los derechos laborales, la que alimenta a los sindicatos y odia a los empresarios, desconoce el funcionamiento del estado (que se mantiene gracias a los impuestos del contribuyente que es quien trabaja y cotiza y el de las empresas que son quienes arriesgan su capital y crean empleo).

Esta cómoda generación es adicta a la protesta, a la depresión y a las bajas laborales de todo tipo y se conocen todas las trampas para conseguir un subsidio, aún sin merecerlo.

Tienen además una creatividad nata para encontrar nuevas formas de conseguir apoyos económicos ya sea por veganos, discriminados, o por pertenecer a alguno de los múltiples y variados colectivos sexuales o hasta como defensores de las gallinas abusadas sexualmente en los gallineros, procurando conseguir todo tipo de indemnización por los más insospechados abusos; esos que encuentran por doquier y allí por donde van.

Lo que sea, con tal de no trabajar jamás y seguir viviendo del cuento.

Y es que tener tanto tiempo libre promueve el desarrollo de las inteligencias y de las gilipolleces más variadas.

La generación del bienestar se educa en la escuela pública, se sana en los hospitales públicos y sigue estudiando carreras universitarias hasta los 40 años en universidades públicas.

Algunos permanecen inalterablemente vagos e ignorantes y otros, se gradúan con 2 títulos y cuatro másteres para salir luego en manada a cortar las calles porque no encuentran trabajo.

Uno de los motivos por los que esta gente “superformada” con el dinero de la generación del trabajo, no encuentra trabajo, es porque no ha trabajado nunca y fuera de lo académico, no han dado jamás un palo al agua.

Pero pretenden entrar al mercado laboral siendo jefes y cualquier otro puesto, para alguien tan formado, les queda chico.

El pequeño empresario, a quien el estado cruje a impuestos, les teme; ya que contratar a estos sujetos con “derecho a todo” menos a trabajar, le suele salir generalmente carísimo.

Lo más curioso de esta generación tan culta, tan ecologista y formada con nuestro dinero, es que desconocen el funcionamiento del estado; a quien consideran como a un grifo siempre abierto y de inagotables recursos.

Sin saber que el estado sólo existe, si hay contribuyentes que paguen impuestos con el fruto de su trabajo para crear al estado, mantener a los políticos y a todos sus acomodados y mantener un estado de bienestar cada vez más amplio; ese que prometen los políticos, para que les sigan votando los más vagos.

“Es gratis” dicen los súper cultos titulados.

No señor, nada es gratis. Somos la generación del trabajo, quien viene financiando tu salud, tus rutas, tu transporte público, tu educación y tus múltiples subsidios.

El estado es simplemente un mal administrador de todos nuestros recursos.

El bienestar era algo que la generación del trabajo ansiaba generar con el fruto de su esfuerzo y de su trabajo.

Hoy en cambio, el bienestar es para éstos un derecho adquirido sin trabajo.

Y el trabajo, es aquello que la generación del bienestar intenta evitar a toda costa; viviendo “gratis” con el fruto de nuestro trabajo.

Y es que señoras y señores de la generación del trabajo: hemos creado y criado a un monstruo.

JR