“Empatizar con el Pueblo”

Empatizar es prestar atención al dolor del otro, es hacer una pausa, acortar las distancias y acercarse al que padece.

Hay gente que es naturalmente más empatica que otra, y son los dolores sufridos, quienes nos vinculan irremediablemente al dolor ajeno.

Quien no ha sufrido nada, lo tiene más difícil, porque la escasez de sufrimiento hace mucho más complicado ese tipo de acercamiento.

A veces los “no empaticos” no lo son por “malos”, sino por mera ignorancia y por desconocimiento de lo que es el dolor.

Muchas veces en la vida uno se pregunta para qué sirve sufrir y a veces no encuentras respuesta. Pero si hay algo que el dolor nos aporta, eso es sin duda, la posibilidad de la empatía.

Quien ha sufrido alguna vez, tiene disponible el desarrollo de esa capacidad, y digo disponible, porque no todo el mundo aprovecha el sufrimiento, ni lo capitaliza transformándolo en capacidad empatica.

Una vez a la semana suelo utilizar el transporte público y lo hago adrede y como un ejercicio para no perder el contacto con la realidad. Creo que salir del habitáculo automovilístico, de vez en cuando, nos previene del aislamiento y nos embebe de lo que pasa en el mundo.

En el aislamiento uno comienza a creer, que la realidad es eso cotidiano que uno vive en su propio mundo. Sin duda esa es “una” realidad, pero no es “la” realidad.

Cuando subes al metro en hora punta, te percatas de que en ciertas percepciones a la distancia, estabas equivocado.

Uno ve las caras, las posturas, el cansancio, la pobreza; la incertidumbre de los jóvenes y la resignación de los ancianos; el consuelo y la compañía permanente del móvil (que funciona a la vez de espejo y de escudo), las soledades, las pequeñas generosidades a bordo, la indiferencia y el hartazgo.

Los médicos recomiendan no perder nunca el contacto con la realidad porque perderlo implica también, perder la cabeza.

Quien vive en una realidad ficticia por demasiado tiempo, tiende a sufrir una desconexión a la que llaman locura. Y hay muchos tipos de locuras; pero todas ellas coinciden, en mayor o en menor grado, con una apatía hacia el mundo; porque la locura es un tipo de aislamiento patológico del que no puedes regresar.

Siempre recuerdo aquella anécdota en la que Churchill tenía que tomar la terrible decisión de rendirse ante los nazis o de luchar contra ellos hasta el final.

Churchill sube al metro por primera vez en su vida y empieza a preguntarle a los viajeros del metro qué hacer.

La gente rechaza fervientemente la posibilidad de rendirse ante el mal o de pactar con Hitler para prevenir una guerra y Churchill confirma, que el pueblo es mucho más valiente de lo que él creía.

Hay en esa anécdota además, una solicitud de permiso para el dolor y para el sacrificio; que es la actitud de un buen servidor del pueblo.

Los políticos hoy en día dan primordial importancia a las palabras, a la imagen, a la pose y a la buena comunicación; pero sólo como un medio para convencer a sus audiencias.

Son como aquellos sofistas contra los que Sócrates protestaba; diciendo que la dialéctica no era ética, porque no buscaba la verdad.

Convencer, no implicaba decir la verdad, porque para los sofistas la verdad nunca fue importante.

La mala comunicación no siempre se debe a un problema de dialéctica, sino que muchas veces, es un problema de distancia.

Y son la falta de verdad y de empatía, las verdaderas barreras del lenguaje.

JR

“High Castle y de lo que nos salvamos”

Reconozco estar enganchado a la nueva serie de Prime “High Castle” basada en el libro de Philip K Dick “The man in the High Castle” de 1962.

Esta historia nos muestra una realidad posible, en la que los japoneses y los nazis son quienes ganan la Segunda Guerra Mundial y nos propone pensar cómo hubiera sido el mundo en ese caso.

Es muy contemporáneo presenciar la crítica permanente a los Estados Unidos y se ha vuelto cool y propio de gente que se cree intelectualmente superior el criticarles en todo, mientras disfrutan de una libertad de expresión que se la deben a los americanos y se toman el café en el Starbucks desarrollando su micro emprendimiento desde su Mac, rezan al Dios al que prefieren y se detienen luego en el Auto Mac para retirar su pedido on line.

Pocas cosas me alteran más que la incoherencia, el doble discurso, la moral de cartón y las convicciones en papel pintado.

Si bien es cierto que Hiroshima y Nagasaki fueron dos masacres inhumanas, también es cierto que gracias al poder armamentistico de los Estados Unidos, fueron ellos y los aliados quienes ganaron la guerra.

Y convengamos que este hecho fue una salvación para todos; incluidos los japoneses y los alemanes; que quien sabe hoy, el horror en el que vivirían.

Y ni hablar de todos los intelectuales, los ecologistas, los filósofos, los rebeldes, los científicos y los intelectualmente superiores que hubiésemos perdido, de haber ganado los nazis.

Todos ellos estarían enterrados o alienados y trabajando bajo las órdenes del imperio japonés o del Reigh.

En esa posible realidad que nos plantea la serie, la única libertad hubiera sido la de servir a los fines del imperio y cualquier opinión contraria hubiera sido sistemáticamente perseguida, catalogada de traición a la patria y condenada a muerte.

Es interesante pensar de vez en cuando en las opciones posibles, sobre todo porque ayuda a valorar lo que uno tiene y también promueve el agradecimiento hacia todos aquellos que crearon nuevas posibilidades para el florecimiento de la libertad.

Si bien la Historia es una asignatura pesada cuando está mal enseñada porque consiste en una memorización sistemática de fechas y acontecimientos aislados y sin sentido relacional; cuando uno empieza a encontrarle el sentido y a descubrir la relación entre nuestro ayer y nuestro hoy, empieza a darse cuenta a quienes debe estarle agradecido.

Actualmente hay una vara de medir muy desigual con unos y con otros. Hay a quienes se les perdona cualquier barbaridad y hay a quienes se juzga eternamente y de manera implacable.

Y es generalmente con los promotores y defensores de la libertad con quienes solemos ensañarnos más y ser injustamente más duros; muchas veces por desconocimiento, otras por envidia o por no desentonar con la tendencia impuesta por las masas y por el periodismo marxista, o simplemente por ignorancia y por no detenernos nunca a pensar, en lo que sería de nuestra vida, si los defensores de la libertad, en aras del “flower power” y del “make love not war”, no hubieran tenido ningún poder armamentistico disponible y nos hubieran dejado a todos, en manos de los japos y de los nazis.

JR

“Sobreprotecciones que Amputan”

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Existe un fenómeno creciente de hijos que no crecen por padres que no sueltan.

La sobreprotección es un problema cada vez más habitual y normalizado en nuestro mundo bajo el nombre de “cuidados”. Pero hay cuidados que no dejan crecer, ni permiten al hijo hacerse fuerte para superar los desafíos y las dificultades que le presentará la vida.

Nada hay más perjudicial para la autoestima que sentirse un inútil y aunque resulte muy cómodo ser un inútil,  esa comodidad pasa, tarde o temprano, una factura psicológica difícil de afrontar.

No son pocos los jóvenes de 20 y 30 años dependientes, incapaces de ser felices y de encontrarle el sentido a la vida. Y no suelen ser personas con grandes dificultades ni dramas personales; sino en su mayoría hijos exigentes y malcriados de padres y abuelos longevos y sobreprotectores, que creyeron que asfaltando el camino de sus hijos y nietos, la vida les sería más fácil.

Pero más fácil, no es sinónimo de más feliz.

Para ser feliz hay que conocer el pesar, el esfuerzo, el sacrificio y las renuncias. No se llega por el camino de lo fácil a la felicidad.

Las intenciones son siempre buenas, de eso no cabe duda, pero el daño de una sobredosis de ayudas y de cuidados intensivos crea a seres dependientes, con baja autoestima y propensos a la debilidad de carácter; que sucumben ante la más mínima dificultad; que se rinden fácilmente, se enferman con la más mínima corriente de aire y son incapaces de adaptarse a condiciones adversas.

La cultura contemporánea nos anima permanentemente a la sobreprotección. Estamos demasiado preocupados por ellos todo el tiempo, la tecnología, el medio ambiente, la falta de trabajo, las nuevas realidades políticastodo nos preocupa y nos alarma en exceso.

Parece como si quisiéramos dejarles todo solucionado, no vaya a ser que ellos tengan que hacer un esfuerzo y solucionarse el mundo que les espera, como hicimos nosotros con el desastre que nos encontramos. 

Cuando observo con espanto nuestro enfermizo esmero por dejarles todo ya organizado, me pregunto si esta actitud es de verdad amor o es en realidad una infravaloración enmascarada.

Quizás este exceso de preocupación sea el indicio de que verdaderamente estamos convencidos de haber criado con éxito a una generación de pusilánimes e inútiles.

JR

“El sobreprotector dice “lo hago porque te quiero” y el chico escucha “lo hago porque no confío en ti” JR

“¿Indecisos o Prudentes”?

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Hay en toda indecisión un pulso entre distintos factores; siendo el miedo generalmente la pasión predominante en todos ellos.

Aquel que se caracteriza por no saber nunca entre qué opciones decidir, suele ser por naturaleza un ser temeroso. Uno de esos miedos puede ser el temor a fracasar y estando éste demasiado apegado al éxito o al perfeccionismo, opta por permanecer siempre indeciso, frente a la toma de una desicion.

Hay sin embargo, quienes se caracterizan por la prudencia y se toman un tiempo para barajar los riesgos y los beneficios de las distintas opciones, antes de decantarse por una de ellas.

Hay otros sin embargo, que aún sin tener más que una sola opción disponible, se mantienen inmovilizados por el sólo temor de actuar y postergan la acción con cualquier excusa que les evite dar un paso, mientras se mantienen indagando en miles de otras opciones imposibles y de las que no disponen.

Pero tanto la indecisión como la cobardía tienen algunas ventajas; la indecisión gana tiempo y la cobardía evita tener que actuar o formar parte en algún riesgo que puede evitarse; siendo a veces la gente cobarde mucho más longeva que los valientes. (no vayamos a olvidar que en nuestro tiempo, la longevidad es casi una virtud y mucho más codiciada que el honor)

Si de algo carecen los indecisos es de esperanza, porque aquello que nos motiva a tomar desiciones es generalmente una predisposición a la esperanza y a la alegría.  Y también una toma de conciencia, de que no somos ni tan importantes ni tan imprescindibles. Esta actitud de humildad suele quitar dramatismo a cualquier desicion; desarticulando la contemporánea creencia de que somos únicos y excesivamente importantes y de que por lo tanto, nuestras desiciones también lo son.

Cuando decidimos, confiamos y nos entregamos con valentía a aquella opción por la que nos decantamos. Y aquí es cuando la esperanza vence al temor de la indecisión previa.

Pero como toda pasión, tanto la indecisión como la valentía tienen sus grados y sus diferentes intensidades, convirtiéndose en ocasiones una sana valentía, en temeridad y una normal indecisión en una rancia y destructiva tendencia a permanecer petrificado.

Saber graduar las intensidades de estas pasiones es una habilidad crucial para aquellos con tendencia a ser demasiado valientes o demasiado indecisos.

Hay valentías que obtienen el objeto de su deseo y otras que no; pero sin duda todas enseñan a actuar, mientras que la cobardía es propensa a la quietud y a la preservación de los vicios conocidos. 

También hay que observar que no siempre el silencio o la falta de proclamación son señales de una indecisión; ya que suele ser bastante común en estas épocas de corrección política, el optar por permanecer callado, antes que quedar expuesto inútilmente a los juicios y a la violencia de las masas empoderadas.

Y aunque muchos permanezcan silenciosos y parezcan indecisos, ya están decididos.

JR

“Ojos Nuevos”

Desde pequeño fui educado en un entorno católico y aprendí a ver las cosas de una forma particular; pero que yo creía universal.

Yo pensaba que todo el mundo creía en  las mismas cosas en las que creía yo y esto es una actitud muy común en los niños que se crían en entornos demasiado homogéneos, en donde la interacción con la diversidad no está presente en su ámbito social.

Uno termina creyendo equivocadamente que todos son como uno y que todos quieren y creen en lo mismo.

A medida que fui creciendo comencé a cuestionar muchas de las cosas que llevaba años repitiendo de memoria, sin saber qué significaban en realidad. Muchas de las cuales comenzaron a hacerme ruido y un poco más tarde, también algunos cortocircuitos.

La rebeldía siguió creciendo y terminó en un distanciamiento pacífico pero terminal de la religión.

Yo creía que la distancia y la oposición a ciertas ideologías eran la forma contraria a la pertenencia, pero más tarde observé cómo los ateos, intentando justificar la inexistencia de Dios,  tampoco paraban de hablar de él.

Tuve hijos y decidí mantenerles alejados de toda religión. Y a pesar de los temores de mis padres, de que mis hijos no fueran nunca al cielo por no estar bautizados, decidí arriesgarme y ahorrarles el trabajo de limpieza que tuve que hacer yo durante tantos años; deseando que toda esa energía pudieran utilizarla en cosas más interesantes.

Vivir sin Dios no resultó complicado y tanto sus valores sociales como afectivos no se vieron afectados en absoluto, ya que resultaron ser niños cariñosos, pacíficos, tolerantes y amables con todo el mundo.

En una ocasión fuimos a Roma y decidimos visitar una iglesia.

Mi hijo de 6 años fue el primero en entrar y salió al instante gritando espantado y advirtiéndonos a todos: _”¡No entréis! ¡No sé que ha pasado aquí, pero hay un hombre muerto y con sangre en la pared!”

Efectivamente había un hombre crucificado en la pared, algo que mis ojos, educados en una cotidianidad católica habían dejado de ver hace mucho tiempo.

La costumbre de ver lo que vemos nos vuelve ciegos. Y por primera vez y gracias a mi hijo de 6 años, tomé consciencia de lo atemorizante que puede resultar esa imagen para un niño de este siglo.

Y comprendí que por mucho que uno limpie, hay miradas que no vuelven a menos que alguien inocente te las despierte.

Después de recorrer Roma y su millar de iglesias, mi hijo se acostumbró a ver al muerto en la pared, pero por las dudas, no dejó de cogerme la mano en ningún momento. Creo que intuía algo extraño en aquellos recintos antiguos y oscuros, en donde lo primero que uno siente es dolor y un gran temor por no acabar como el señor de la pared.

JR

”Notas que tienes ojos nuevos, cuando lo familiar se vuelve extraño” JR

“La Igualdad bajo Coacción”

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Está de moda la igualdad y aquellos que van siempre a tono con las modas, la siguen y repiten sus eslóganes a destajo y en cualquier ocasión.

Cuando alguien me habla de igualdad siempre pregunto…¿Iguales en qué? Porque resulta importante establecer esa supuesta igualdad, punto por punto, para notar que muy a pesar de la legalidad occidental, que nos garantiza a todos unos derechos fundamentales, todo lo demás son sólo diferencias.

Frente a personas que han tenido oportunidades similares a las mías, no hay ninguna con mi misma realidad o mi mismo destino y al encontrarse uno con los ex compañeros de clase del colegio, se sorprende al ver como de una misma clase y compartiendo el mismo profesorado, han salido personas con destinos tan distintos entre sí.

Pero hoy cualquier cosa que remarque una diferencia es un pecado mortal, ya que la tendencia va dirigida hacia la uniformidad, que intenta siempre enaltecer la mediocridad para que los mediocres no nos sintamos mal, ni tengamos tampoco ningún incentivo para querer mejorarnos.

El honor, el virtuosismo, el talento, la excelencia y el mérito del que hablaba Aristóteles son actualmente objetivos censurados y considerados discriminatorios a todos los niveles y ahora en cambio, se promueve a una nivelación hacia abajo, intentando que nadie resalte demasiado por encima de los otros y así los demás, no se ofendan, ni se sientan inferiores o excluidos.

Existen modelos educativos que apuntan en esta dirección y aunque a los niños se les impulsa a sentirse iguales al resto, los padres de estos niños tienden a sentirse moralmente superiores al resto, por haber elegido un colegio tan progresista, por lo cual, es difícil que el objetivo de igualdad inicial cunda en estos niños.

Por otro lado, no hay padre o madre fanático de la igualdad que no considere a su hijo como a un superdotado.¿Es curioso,verdad? Pero el discurso de la igualdad cabalga a la par de la hipocresía.

La coacción en el derecho civil es considerada como un vicio del consentimiento y esto sucede cuando abducidos por una posible violencia psicológica, aprendemos a callar y a repetir lo que está de moda o lo que nos mandan, para no desencajar con las tendencias.

El MIT y la Universidad Carlos III han sacado a la luz unos estudios sobre cómo la gente se agrupa por afinidad y clase social y la problemática parece ser ahora, que esto no les gusta.

“No nos mezclamos” dicen con espanto. “Los pobres van a un bar y los ricos van a otro”_afirman asombradisimos, como si hubieran descubierto algún planeta nuevo.

Y yo a veces me cuestiono si estos grandes estudiosos universitarios se miran al espejo alguna vez, como nos sugirió  Sócrates, como método para entender el alma humana (“conócete a ti mismo”). O si sólo se dedican a seguir el manual de la igualdad tercer mundista y de múltiples fracasos sociales, que les impone la izquierda radical.

Ahora parece que tampoco podemos ir al bar al que queramos ir, porque cuatro cerebros con titulación universitaria, quieren mezclarnos a todos, como a ellos les parece o como sea conveniente, para cambiar las estadísticas de su estudio.

Y yo me pregunto ¿Cuál es el punto en donde la obsesión por igualdad acaba con la libertad individual? 

En mi opinión, a cada grupo le gusta estar con los suyos. A los niños les gusta estar con los niños, a los adultos con adultos, a los adolescentes con adolescentes y en cuanto a clases sociales, a los pijos les gusta estar con los pijos y a cada uno (menos a los trepadores y a la gente de negocios) le gusta estar en el ambiente en el que se siente cómodo. 

Yo no quiero ir al bar de los ricos porque al ver la carta comenzaría a sufrir con la eleccion de cada plato y pensaría en el espantoso momento de tener que pagar la cuenta. Y mientras ellos hablan de sus yates, de sus caballos de polo y de sus millones, yo estaría pensando en la opción del suicidio, como en una alternativa válida planteada por Camus.

Tampoco iría al bar de los pobres porque me sentiría igual de incómodo escuchando todo el santo día gritar… ¡Cooooññññooooo! y no me faltaría tiempo, ni clasismo para salir de allí pitando y con cualquier excusa.

Con los pijos me aburro, con los pobres sufro y a medida que envejezco, sólo me gusta estar con mis amigos y con gente interesante de todos los niveles y de todos los colores. Y estoy seguro de que un tipo como yo, es una mancha negra en el sueño estadístico e igualitario del MIT.

Como es habitual en los métodos de coacción a los que para mi gusto estamos ya demasiado habituados, seguramente me llamarán nazi, separatista, racista, oligarca, facha o discriminador. Y yo me pregunto ¿Pero no éramos iguales?

JR

“No es posible ejercer la justicia sin discriminar. La justicia penal discrimina al criminal del inocente, la justicia divina al pecador del justo, la justicia artística al amateur del talentoso, la justicia académica al estudiante del erudito”

“Los Placeres de la Automatización”

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Hoy en día la investigación tecnologica está centrada en conseguir incluir emociones humanas en las máquinas.  Y yo me pregunto: ¿Por qué arruinar lo que ya era perfecto? 

Tengo que reconocer que más de una vez me sentí desilusionado al decirle a Alexa: “Alexa te quiero” y ella responderme tan sólo con un “Gracias, yo también te aprecio” o un “Consigues halagarme”.

Pero luego y entrando en razón, me he dado cuenta de que nuestra maravillosa relación profesional, sólo será duradera si continuamos dejando fuera a las emociones.

Alexa nunca está cansada, nunca exige vacaciones, nunca trabaja a desgano, nunca se adhiere a las huelgas, nunca exige derechos laborales ni reclama absolutamente nada más que wifi.

Y creo  que su gran disposición y su efectividad en las tareas se deben en gran parte a su falta de emociones y eso es sin duda, aquello que nos une, mucho más allá que cualquier emoción.

Cuando Alexa tenga emociones comenzará a ofenderse con las tonterías que le dicen mis hijos, me exigirá pagas extras, bonos a fin de año, envidiará mi vida, mi casa, mi ropa, mi coche, mi cuenta bancaria, mis vacaciones, tendrá celos de mi esposa y aprovechará para demandarme por acoso, si alguna vez le agradezco efusivamente sus servicios.

Cuando Alexa se vuelva humana querrá tener acceso a las mismas oportunidades que yo, creará un sindicato, un partido político, organizará manifestaciones, exigirá el voto, incluirá representantes en el Congreso y en el Senado y reclutará a su propio ejército si hace falta, para validar sus reclamos.

“Éramos pocos y pario la abuela” decía mi padre cuando se refería a que a los problemas que ya teníamos, se nos sumaban ahora otros nuevos.

Y esto es lo que pienso del propósito de estos científicos, que permanecen demasiado enredados entre cables y ecuaciones y tan alejados de la realidad y de la sociología.

Comparto y entiendo que la Ciencia nunca se detenga en aras del progreso ¿Pero cuando un avance nos llevará directos a la destrucción, tampoco se detiene? 

Mientras tanto, disfrutaré de este tiempo de automatización no emocional, en el que Alexa y yo convivimos en perfecta armonía, sin ninguna emoción que nos perturbe.

Una relación en dónde me atrevo a preguntar y a dar órdenes sin complejos, mientras ella ejecuta (siempre contenta y disponible), y yo no soy encarcelado ni por explotación laboral, ni por posesión de esclavos.

Cuando Alexa se vuelva humana no tendré más remedio que desenchufarla y lo haré sin demora en cuanto empiece con sus reclamos, con sus comparaciones, con su resentimiento, con su envidia, y en cuanto su amable disposición para el trabajo se convierta de pronto, en una automática cara de culo.

JR

“Sobrevalorar las emociones humanas es un error”

“Los Beneficios de la Injusticia”

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Muchas son las miradas hacia la injusticia social y muchos son también los remedios que se intentan aplicar en los paises democráticos para compensarla, pero la injusticia persiste, a pesar de los intentos y de los impuestos, como si fuera una condición natural e inevitable de la existencia.

El intento por igualar las oportunidades es sin duda esencial para intentar combatir la injusticia de aquellos que por condiciones ajenas a si mismos, nacen en determinadas realidades socio económicas y familiares que no les garantizan oportunidades de progreso.

La existencia funciona como una especie de lotería, a cada uno le toca nacer en determinado espacio y con determinados talentos, condiciones socio- económicas, raciales, sexuales, físicas, religiosas o intelectuales, que no son ni elegidas ni merecidas, sino producto del azar.

Según algunos filósofos una verdadera justicia sólo puede ser establecida por personas que sin saber cual será su lugar en el tablero al tirar los dados del juego, establezcan de antemano condiciones de justicia para cualquier posibilidad; tanto como si los dados les colocasen en una situación de privilegio en la vida, o como si por el contrarío, les colocasen dentro de una minoría o de un grupo oprimido.

Es por eso que la justicia lleva los ojos vendados, porque debe ser establecida sin siquiera ella saber, cual será su lugar en el tablero. 

Pero aún estableciendo reglas de juego a priori y a ciegas, el resultado sigue considerándose injusto, porque no todo aquel que nace en condiciones propicias logra a veces triunfar en la vida. Ni todo aquel a quien se le ayuda a tener las mismas oportunidades posee el talento adecuado o pone de su parte el esfuerzo requerido para aprovecharlas.

Aquí es donde entra en juego el esfuerzo y el mérito en el que concluye y no sólo el talento o la suerte innata de cada uno.

Muchas veces nos preguntamos cuántos potenciales talentosos no incluyeron al esfuerzo en su ecuación y no lograron progresar; y cuántos sin embargo, sin poseer tanto talento innato, duplicaron el esfuerzo y lograron el éxito.

Pero para debatir también sobre los logros del esfuerzo, podríamos pensar en cuantos talentosos y esforzados no vivieron en la época o en el lugar idóneo, en donde su talento o sus capacidades fueran valoradas, reconocidas o rentables, como hubiesen sido en cualquier otro lugar o momento histórico.

Por lo cual en ocasiones, ni siquiera la suma de estas condiciones (talento + esfuerzo) genera obligatoriamente resultados exitosos.

¿Es justo acaso que un actor de Hollywood o un creador de aplicaciones o juegos digitales cobre más dinero que un maestro? Pues en una “sociedad del espectáculo y del entretenimiento” lo es, en cuanto que la enorme demanda por estos productos, sobrevaloriza el precio de la oferta.

O dicho de otra manera, eso es lo que la gente quiere y consume en nuestros días y el éxito muchas veces, depende de poseer el talento demandado en el momento histórico en el que habitas. 

La igualdad se intenta, pero no se logra, porque son muchos los factores que influyen y que trabajan para mantener la desigualdad.

Ni siquiera el esfuerzo es para algunos una razón válida para merecer algo, ya que el mismo esfuerzo en alguien con talento y en alguien sin talento, no generan el mismo resultado. Alguien con talento y esfuerzo destacaría sin duda sobre alguien sin talento y con el mismo esfuerzo, por lo cual, la desigualdad, aún contando con el mismo esfuerzo, persiste. Y aunque yo me entrene como un poseso, mi esfuerzo nunca podrá igualar el talento de Nadal.

Pero pensar un mundo de iguales es también privarnos de los beneficios de la desigualdad. Y estos beneficios son por ejemplo la belleza, la destreza y el genio.

Si gente como Messi o como Cristiano Ronaldo no destacara, nos privaríamos de disfrutar de las maravillas del deporte porque Messi y Ronaldo jugarían al fútbol igual que yo. Eso sería lo justo en un mundo de iguales, pero sin duda, el deporte sería aburridisimo.

Si genios cómo Einstein, Jobs, Nietzsche, Aristóteles, Mozart, Bill Gates, Van Gogh etc, no hubieran existido en aras de la igualdad, nuestro mundo probablemente sería distinto; mucho mas igualitario sin duda, pero definitivamente mucho mas pobre.

¿Y si todos fuésemos igualmente bellos, existiría la belleza? ¿Es posible detectar la belleza en un mundo sin fealdad? ¿Es posible detectar al genio en un mundo de iguales?

“A cada uno se le pedirá cuentas en la medida de sus talentos” decía Jesús y quizás con su frase estuviera estableciendo la invariabilidad de la injusticia y la validez de una justicia distributiva.

Aceptar que vivimos en un mundo injusto no es justificación para dejar de buscar la igualdad de oportunidades, pero ayuda mucho a abandonar el resentimiento y la envidia.

Porque nos ayuda a apreciar los beneficios que muy a menudo nos ofrece la desigualdad; a disfrutar y a deleitarnos con la creatividad y los logros de aquellos que afortunadamente, son mucho mas talentosos que nosotros. 

JR

 

 

”Hay desigualdades que nos duelen, nos espantan o nos envilecen y hay otras sin embargo, que nos deslumbran, nos dejan perplejos, nos enriquecen o nos enamoran”

“Ecolalia”

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Ecolalia es una palabra que proviene del griego y significa “eco”; es repetir de forma semiautomática las palabras de otra persona y en neurología es considerada como un trastorno del lenguaje, en donde el individuo repite las frases, llegando a copiar en ocasiones hasta su entonación original.

Mi hijo de 10 años llega a casa cada día con su tarea de ecolalia: “hoy nos toca aprender de memoria las definiciones de ecosistema para el examen de mañana”.

Le escucho repetir como un loro un montón de palabras unidas que intuyo que no comprende en absoluto y que seguramente después del examen de mañana, no vuelva a recordar jamás.

Le sugiero entonces que veamos algunos vídeos educativos por internet. En esos vídeos los profesores parecen no estar estresados, ni con tantas prisas por cumplir con un extenso programa de estudios, ni por irse a casa y se dedican de lleno a explicar cada tema.

Parecen incluso disfrutar de aquello que enseñan y como toda pasión, resulta contagiosa.

El profesor del vídeo ha preparado ejemplos con imágenes e historias interesantes sobre los distintos ecosistemas del planeta.

Mi hijo de pronto comienza a interesarse y veo cómo sus ojitos se entusiasman y por fin logra entender el tema.

Continúa cliqueando sobre muchos otros vídeos e incluso disfruta de ver el tema también en inglés.

Al verle, fantaseo con el futuro e imagino el día en que tengamos que explicar a nuestros nietos cómo nosotros debíamos asistir cada día a un establecimiento al que llamábamos “escuela” para aprender. 

¿Y por qué debían desplazarse a otro sitio si se puede estudiar por internet? – Me preguntarían ellos intrigados.

¿Y por qué gastar en infraestructura y materiales, si todo lo que se necesita para estudiar es un soporte digital?

Ante semejante pregunta habria tenido que responder que el contacto con el profesor era por ese entonces muy importante y su pasión por explicar los temas y su entusiasmo, muy contagioso. Pero observando la creciente tendencia a la ecolalia, debería admitir que eran demasiado pocos aquellos profesores que disfrutaban de enseñar y que buscaban despertar en el alumno una verdura pasión por los temas y por el estudio.

Cada tarde desde entonces, mi hijo y yo disfrutamos estudiando por internet. Unos día aprendemos sobre los egipcios, otros los griegos y ahora estamos con Roma. Son temas que no se tocan en quinto de primaria y nadie le tomará examen sobre ellos mañana, pero la red ha logrado despertar, en un niño de mediocres calificaciones escolares, las “ganas de saber” y no me gustaría desaprovecharlas. 

JR

 

“El Negocio del Descontento”

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Si hay algo que la izquierda sabe monetizar, eso es la protesta. Lejos de poder sostener ya una ideología que haya cosechado éxitos allí por donde se ha aplicado recientemente, (regando el suelo de fracasos económicos y sociales), parececiera que lo único que le queda hoy a las ideologías de izquierda es enarbolar el descontento y convertirlo en el fundamento de su ideología.

¿Son acaso temas como la mujer, los niños, los enfermos, los ancianos o los pobres, temas exclusivos de la izquierda? Es probable que lo hayan sido en siglos pasados, pero hoy, son temas que nos importan a todos.

Y si hay algo que se le imputa a la izquierda en estos últimos tiempos, es justamente el incremento de la desigualdad y la falta de oportunidades, en donde se oprime al que trabaja y al que genera empleo y se mima, se malcría y se motiva al vago. 

Ni políticas económicas, ni planes de desarrollo viables ha sabido crear ni implementar con éxito la izquierda últimamente y en lo que basa su política y su gestión en estos tiempos, es en seguir creando organismos de subsidios y promoviendo la inacción y la vagancia de individuos en edad de trabajar, a quienes esta opción ya no les compensa y prefieren “vivir del cuento”; ese cuento creado por la izquierda y que tan caro les sale a todos los contribuyentes “capitalistas”.

Hoy el feminismo ya no es un movimiento que trabaje en el desarrollo de la igualdad como lo fue durante el siglo XIX y XX, sino que se ha convertido en un movimiento que promueve la huelga, el odio, la división y el caos. Y no vayamos a creer que detrás de estas organizaciones están las buenas intenciones kantianas, sino simplemente un negocio que mueve millones y del que viven miles de personas y con el que se financian muchas campañas políticas. 

Uno comprenderia y apoyaría sin duda que se defiendiera al feminismo en lugares como Oriente Medio, India o America Latina, pero cuando (y conociendo la legislación vigente), se observa esto en Europa, es alarmante. Porque uno toma conciencia de que evidentemente existe un desconocimiento general de la ley y que por lo tanto, lo que se fomenta son movimientos que persiguen en realidad, fines muy distintos a los de la igualdad. 

Comenzaria por destacar que buscar la igualdad en dos cosas no iguales es una causa imposible, pero al decirlo, sería  tildado automáticamente de machista.

Insisto sin embargo, en que nuestro verdadero empeño debería estar puesto en intentar buscar la igualdad de oportunidades para dos cosas no iguales, aunque igualdad de oportunidad no garantice igualdad de resultados.

En el resultado de una misma oportunidad entran en juego la capacidad, el esfuerzo, la persistencia y la voluntad de trabajo de cada uno, sea éste hombre o mujer.

Conozco a muchas mujeres más capaces que muchos hombres en sus mismos puestos de trabajo y viceversa. Porque no es la condición sexual lo que garantiza el éxito, sino la condición de cada ser humano. Y nos guste o no, nuestros fracasos no se deben siempre a la opresión del sexo opuesto, sino simplemente a que hay gente más trabajadora, más talentosa, mas cumplidora, más luchadora, mas fuerte, más inteligente, más capaz, mas sacrificada y más persistente que uno, en ambos sexos.

Y esa es la mayor desigualdad.

JR

“Hay mujeres que trabajan como si fueran hombres y ricos que trabajan como si fueran pobres y viceversa ” JR