“Turismo Sanitario”

Resulta curioso ver a los defensores de sus propias fronteras traspasar las del vecino con tanta impunidad.

Y es que el discurso se ablanda y se derrite cuando la acción no es consecuente, ni coherente con la palabra.

No paro de escuchar a la gente que va a vacunarse gratis a los Estados Unidos, sin siquiera sentir el menor remordimiento por estar utilizando los impuestos del americano en su propio beneficio.

Y para retomar luego y con el mismo ímpetu que antes el tan gastado discurso de “justicia social”, mientras ejercen en Miami el “sálvese quien pueda”.

Por el contrario, no solamente evitan el remordimiento, sino que sienten que el uso de los beneficios ajenos, son un derecho que se han ganado sólo por existir y por tener los recursos para trasladarse hasta allí.

Lo llamativo y peligroso de nuestra naturaleza es la facilidad que tenemos para convertir a la caridad en un derecho inalienable.

La caridad suele empezar siempre como la libertad de dar, para transformarse muy pronto en la obligación de dar y en el derecho a recibir.

“En Estados Unidos las vacunas sobran” me dijo un amigo latinoamericano, justificándose alegremente por haberse vacunado gratis en Miami.

“Y además, les levantamos el turismo y la economía cuando vamos a vacunanarnos allí” insistía, considerándose además, un premio.

Lo increíble de esta justificación miope es que al final serán los americanos quienes deberán agradecerle a él, el que vaya a vacunarse con el producto de sus impuestos.

Y lo más alarmante, no es la falta de ética, sino la ceguera del avivado.

Uno se pregunta entonces, si es que realmente niega la realidad porque es un gilipollas o porque cree que todos los demás somos tarados.

Yo me imagino a mi amigo, comiendo cuatro Big Macs durante ese par de días que pasó en Miami durmiendo en el sofá de su amigo y me pregunto cómo puede ser que su visita haya impulsado tanto la economía de un país, que fabricó y pagó esas vacunas con los impuestos de sus pobres ciudadanos.

Y también recuerdo las historias de mi abuela, que contaba cómo la Argentina fue hace muchas décadas un país en donde todo sobraba.

Y sobraba tanto de todo, que Latinoamérica entera se atendía gratis en sus maravillosos hospitales públicos y estudiaba carreras universitarias en sus prestigiosas universidades gratuitas, con becas de manutención y de vivienda.

Seguramente aquellos pacientes y estudiantes extranjeros también pensaban que las medialunas que desayunaban a diario levantarían la economía del país de acogida, pero sin embargo, sucedió justamente lo contrario.

La Argentina, ese pais en donde todo rebosaba y sobraba, quedó devastada sanitaria y culturalmente, porque no existe quien pueda sostener una caridad de fronteras abiertas, con los impuestos de los pocos ciudadanos que la financian.

Si bien cada uno se busca la vida y se cuida la salud como puede, es de agradecer ser coherente en el discurso y sobre todo, permanecer siempre agradecido.

Porque no eres tú el que le hace un favor a la economía americana, sino que es el ciudadano americano el que te lo está haciendo ti, pagando tu vacuna gratis, con sus impuestos.

Y nos queda bien claro, que por mucho sobrante de vacunas que haya quedado en los Estados Unidos, quien debería cuidar y proteger los intereses de los ciudadanos americanos; (que con tanto esfuerzo pagan sus impuestos cada vez más altos); no lo está haciendo como debería.

JR

“La Realidad Fabricada”

Cuando nos preguntamos qué es la realidad, llegamos a la conclusión de que la realidad para cada uno de nosotros es el producto de nuestra propia experiencia cotidiana.

La abuela Carmela, que vive en un pueblo de España de unos mil habitantes conoce la realidad por sus propios medios.

Sabe los nombres de los vecinos, los nombres de los vendedores del mercadillo dominguero, la época de la cosecha de la aceituna y sus resultados y conoce además, los dramas, las alegrias, los progresos, los problemas y los cotilleos de casi todo el pueblo.

La televisión y las noticias la entretienen, pero no pueden brindarle información extra sobre el pueblo que ella no conozca de antemano; los medios no pueden engañarla.

El problema con las ciudades es que la mayoría de nosotros vivimos en micro mundos, en donde sólo tenemos acceso a diminutos fragmentos de la realidad.

Ocho horas en la oficina, dos horas promedio en el coche y al llegar a casa, la realidad sólo se nos aparece cuando encendemos el televisor.

Y aquello que eligen mostrarnos comienza a ser para nosotros, la realidad. Uno comprende entonces porqué todos respetan tanto a la prensa.

Y es que son ellos, quienes eligen a diario cuál será nuestra percepción de la realidad; con sus encuestas, sus entrevistas, sus versiones, sus números fabricados, casualmente siempre coincidentes con su postura y con su visión, van moldeando nuestra mirada y dirigiéndola hacia donde les interesa que miremos.

Si quieren que odies a determinado personaje lo lograrán y si quieres que lo ames, lo conseguirán también.

Por eso, ni los actores ni los políticos quieren llevarse mal con los medios. Porque saben quien manda y quien rige su destino.

Existe una enorme diferencia entre la ideología y la propaganda: la ideología se basa en las ideas que crean un sistema y la propaganda se fundamenta en la “imagen fabricada” por ese sistema.

Esto lo aprendimos muy bien de los gobiernos comunistas y fascistas.

La propaganda de la ideología es el haber llenado las calles con carteles de Lenin y de obreros sonrientes con el martillo y la hoz, pero sin embargo, la publicidad no logró que los rusos amaran, disfrutaran o preservaran el comunismo.

Una cosa es tener a Maduro bailando en los medios de comunicación que le pertenecen y otra muy distinta, es que los venezolanos amen el régimen del hambre y la dictadura a la están sometidos.

Y a la que paradójicamente Maduro sigue llamando “democracia” por haber conseguido su poder a través de un fraudulento voto popular.

La diferencia entre la imagen del régimen y lo que el régimen realmente es, constituye la realidad.

Actualmente ya no existen ideologías nuevas, sino imágenes nuevas para las viejas ideologías.

Las ideologías que antiguamente estaban sustentadas por las ideas, hoy están sujetas únicamente a una imagen.

Cuando no existen ideas exitosas, ni mecanismos innovadores para aplicarlas, se cambia a la idea por la imagen.

Lo que rige hoy la política no son las nuevas ideas, sino la imagen idealizada de ideas ya fracasadas; como por ejemplo el obrero sonriente o Lenin abrazando al niño, sulplantadas por Maduro regalando vacunas contra el COVID.

La imagen se ha adueñado de nuestra percepción de la realidad. Y hoy es la imagen y no la realidad, la que nos agrupa y nos convence.

Ya no hay político que se sienta obligado a presentar un plan de acción ni un mecanismo de administración coherente y eficaz, porque sabe de antemano que el vídeo emocional, la frase sensible y emotiva, la lista de cifras prefabricadas, el tono suave y paternal del tirano disimulado, la foto con el perrito o con la mascarilla, suplen su total falta de ideas y lograrán distorsionar fácilmente la percepción de la realidad de las masas. Y todo, a un coste intelectual y económico bajísimo.

Estamos sujetos al sentimentalismo de Maduro abrazando al niño, a Pablo Iglesias creyendo que ese pelo largo tan cuidado, le convierte en revolucionario “Che Guevara” desde su nueva mansión en Galapagar, a Monica García que cree que ser médico la dota de una extraña superioridad moral, a Gabilondo que ha descubierto que la subida de impuestos y la ruina económica de un país son la tan ansiada cura para el COVID y a Ayuso que nos propone seguir trabajando duro por este camino.

Deberíamos salir a la calle y hacer como hace Carmela en el pueblo; mirar la realidad sin maquillaje ni intermediarios, sin panfletos con frases empalagosas ni canciones lacrimógenas, sin asesores de imagen, ni banderas, ni rencores ancestrales, ni promesas de papel y elegir nuestro destino (mientras nos dejen), sin filtros, sin complejos y sin censura.

JR

“La Vara fuera del Aula”

Cuando uno se encuentra con amigos uno busca relajarse, reír, comentar y en algún punto incluso hasta confesarse; desplegar esa cuota de sinceridad que uno retiene y que al encontrarse entre amigos, tiende a descargar sin censura.

Uno cree estar a salvo entre los amigos; se atreve a contar chistes verdes, comentarios políticos, íntimos, sociales y demás indignaciones, que entre colegas se difuminan y se calman entre carcajadas y coincidencias.

Y eso es lo maravilloso de los amigos; la sensación semanal de sentirse libre y a salvo.

Siempre podremos achacar la sinceridad brutal a los efectos del alcohol o simplemente a la exaltación del momento, pero el problema es generalmente el amigo santurrón.

Ese que sólo bebe agua o Coca Cola light y anda siempre con aires de profesor mediocre de escuela e intenta aplicar al grupo la moralina del político.

Este individuo generalmente aburrido, complicado para todo y maniático hasta más no poder, no llega nunca a comprender la diferencia entre una reunión de trabajo y una reunión de amigos.

Este encuentro mágico que incluye sinceridad, descarga, terapia, confesiones y risas es como un bálsamo en el medio de la vida cotidiana.

Uno lo cuida y lo preserva con esmero como si fuese una joya y no importa lo llena que tengamos la agenda, siempre encontramos un hueco para participar de este oasis.

Después del encuentro cada uno regresa a su realidad, a su comportamiento habitual y a sus ocupaciones, cada cual con más o menos coherencia o con más o menos efectividad, pero todos regresamos con esa sensación de liviandad que nos deja el sentirnos libres.

El santurrón en cambio vuelve tenso; ha apuntado cada frase, cada broma, cada comentario escandaloso y seguramente los utilice en nuestra contra en algún momento.

Uno se da cuenta en la reunión de las miradas del santurrón e intenta evitarlo la próxima vez, pero al final el santurrón complicado siempre se las apaña y aparece; a volver a tomar nota con grabadora o martillo, según el pronóstico del tiempo.

El santurrón está de moda y tiene rating, ocupa horario prime en todas las televisiones, siempre tiene algo que comentar, decretar o interpretar sobre trivialidades y sobre las confesiones íntimas de los demás, incumpliendo sin cargo de conciencia todas las normas de confidencialidad y de amnistía que implican una amistad saludable.

Uno no sabe si ser más callado la próxima vez o ser más hipócrita, para no caer en sus garras, pero al final aunque lo intentemos, la espontaneidad siempre nos gana.

Y pienso… ¿Tendré que renunciar a mi libertad por miedo a que me dé con la vara o con el martillo?

Pero luego de analizar en una tabla de Excel los pro y los contras de si ser o no ser como soy, me doy cuenta de que lo único rentable es que el santurrón se meta la vara en culo.

JR

“La Belleza de las Vidas”

Cada vida es una historia y el talento reside en saber cómo contarla.Y de eso viven los cineastas y los escritores desde hace siglos.

El secreto está en saber cómo y qué contar de cada vida, pero de todos los detalles, lo mágico son siempre las coincidencias.

Las casualidades de nuestra vida son las que le dan ese toque de magia; el encuentro con el amor, con el amigo, con la vocación o con la salvación.

Hay instantes que marcaron nuestra vida y son esas co-incidencias, esos sucesos simultáneos y casuales que al suceder cambiaron nuestra realidad presente.

Cuántas veces hemos oído las historias de amor de nuestros amigos; esas casualidades que provocaron los encuentros más diversos y también los más románticos.

No es de extrañar que cuántas mas casualidades hayan sucedido en una historia, más mágica ésta se vuelva.

Y son las casualidades de una historia lo que la hacen inolvidable.

La tragedia no es otra cosa que la ausencia de coincidencia, esa magia que no apareció a tiempo para salvarnos y que nos dejó solos en la desgracia de un destino cruel, por falta de la presencia o de la ayuda de otro.

Todas las historias tristes son aquellas en donde nadie te salva, en donde no aparece el transeúnte casual que nos socorre de un ataque callejero, ni el alma caritativa que nos da una oportunidad cuando nos sentíamos perdidos.

Son las coincidencias las que nos salvan y las que le dan un nuevo sentido y un nuevo rumbo a nuestra vida.

Y esa co- incidencia siempre requiere de alguien más, como si para la magia y para la salvación no nos bastásemos solos.

La belleza de una vida exige la cooperación, necesita de la coincidencia que despierta la posibilidad, la oportunidad y la magia en el otro.

Creamos belleza en tanto logramos conectar y coincidir con otros. Porque somos simultáneamente cuenco que recibe y chispa que enciende.

No hay belleza en una vida sin coincidencias, sin esas casualidades que nos despiertan, nos encuentran y nos salvan. Ni sin esas coincidencias que despiertan, encuentran y salvan a otros.

No hay belleza en una vida sin un poco de cooperación, sin la presencia de un otro.

Ni nuestros triunfos, ni nuestras historias nos pertenecen del todo. Porque nuestra historia nunca es sólo nuestra.

JR

“La Amistad Vaciada”

¿Por qué nos inunda una sensación de pureza al recordar aquellas amistades de la infancia?

Quizá sea porque a esa edad uno era capaz de elegir a los amigos que realmente le eran afines y de defenderlos como si fueran hermanos.

Uno elegía sin prejuicio, interés o cortesía a aquellas personas que le hacían bien y nos resistíamos como locos a esos amigos que intentaban imponernos nuestros padres, por ser los hijos de sus amigos.

Uno se relacionaba con todos, pero a los amigos los elegía únicamente con el corazón.

Los amigos representan la memoria de aquello que fuimos y encontrarte con uno de esos amigos antiguos es recordar anécdotas que habías olvidado y recuperar esos trozos de vida, que de tanta vida, uno va borrando sin querer de su memoria.

Ellos son los testigos de algo que fuimos; de algo en lo que creímos con devoción, de miles de aventuras y de aquel desengaño, que desde hace siglos ni nos duele ni recordamos; pero que ellos sí recuerdan como si fuera ayer.

Lo maravilloso de la amistad de la niñez es que uno es querido así, con lo puesto y sin haberse convertido en nada específico en la vida.

Ni éxito ni fracaso corrompen a una amistad que se regala y se recibe sin condición ni status.

Esos amigos son incapaces de respetarte como a un gran profesional o como a un personaje famoso, no leerán tus libros ni comprarán tus cuadros más que por compasión, porque para ellos seguirás siendo siempre aquel que eras, cuando no eras nada más que su amigo.

De niño uno es tan sólo un nombre sin apellido, una posibilidad, un hoy, un presente, y si es amado, es amado tal y como es.

Luego el tiempo va pasando y la vida nos conduce por caminos nuevos, en donde el contacto indicado se vuelve necesario para llegar adonde queremos llegar.

Y cada vez más, uno empieza a coincidir con gente que le conviene pero le aburre.

Uno va cediendo y ampliando el círculo y sin embargo, siente que cuanto más grande es, más solo está.

Si tuviera que contar entre mi nuevo millón de amigos a uno sólo que me quiera con lo puesto, me sobrarían 9 dedos.

Uno ha dejado de ser sólo un nombre para ser también un apellido, un puesto en una empresa, una casa en un barrio, un socio del club, una cuenta en un banco, un currículum, una libreta de contactos y un historial socioeconómico. Pero lo realmente triste, es serlo también para el amigo.

La amistad se neutraliza y se vacía de su antiguo contenido para llenarse de litros y litros de nuevos intereses. Y se ha vuelto tan frágil, que ya no es posible hablar ni de política ni de filosofía, porque la amistad corre el riesgo de romperse.

Y es que esta nueva amistad no resiste a la ideología.

Aquella fortaleza que caracterizaba a todo vínculo firme e incorruptible, hoy ha mutado en una interesada cordialidad, sólo apta para hablar del tiempo, de las series y de los viajes. Todo lo demás, resulta peligroso para una amistad vaciada.

La neutralidad se ha vuelto un elemento fundamental para todo aquello que es incapaz de resistir a una opinión distinta.

La amistad suele sentirse como una reunión de trabajo; uno se prepara para decir lo que hay que decir y para callar lo que hay que callar. Y uno vuelve igual de agotado de estar con los amigos, que de trabajar en la oficina.

Y es que lo antinatural agota, como agota meter tripa para la foto de playa. Y en cuanto se apaga la cámara, uno respira aliviado.

Lo más importante para preservar una amistad vaciada es mantener una ficticia coincidencia y la frivolidad siempre activa para nutrir la neutralidad y preservarla tibia, políticamente correcta, interesada y conveniente.

Uno recuerda con nostalgia las veces en que dio la cara por un amigo o lo defendió a muerte, aún sin tener razón.

Hoy, primero piensas en aquello que puedes perder si lo haces y te quedas callado y en tu sitio.

Éramos incondicionales, inconscientes, arriesgados, desinteresados y valientes.

No importaba la verdad, lo que importaba era el amigo.

La neutralidad era una palabra demasiado larga para nuestro corto vocabulario, que no entendía de intereses sino de amor.

JR

“La Construcción de la Autoestima”

Mucho se habla hoy en día de la necesidad de conocer nuestro propio valor y de hacerlo valer ante los demás.

La aparición de coaches que nos ayuden a mirarnos de una manera más positiva y de darnos el empuje necesario para atrevernos a conseguir nuevos objetivos, está en auge.

Pero lo que he observado es que en ocasiones, lo que se consigue con el coaching, no es afirmar la autoestima, sino crear una nueva forma de dependencia.

La gente comienza a depender del coach para todo y éste se convierte en ocasiones, en nuestro consultor económico y financiero o en nuestro consejero espiritual permanente, del que ya no sabemos prescindir.

Muchos han tenido la fortuna de venir de un hogar en donde se promovía la autoestima; padres y madres que les decían a sus hijos lo valiosos que eran y lo capaces que serían de conseguir todos sus sueños en la vida.

Yo conocí a un padre que se deshacía en ponderaciones hacia sus hijos y los hijos salían al mundo sintiéndose altos, guapos,capaces y estupendos, aunque no lo fueran tanto.

Construirse un ego es fundamental para sobrevivir en este mundo. Sin él no se llega a ningún sitio, pero no existe una única forma de conseguirlo.

Aunque el apoyo familiar en la autoestima es recomendable para todo ser humano, no es el único camino viable hacia ella.

En ocasiones, el que nadie crea en ti y el que nadie espere nada de ti, es justo la gasolina que se necesita para conseguir el éxito.

¿Cuántas historias conocemos de personas por las que nadie daba un duro y que con el tiempo nos han dejado boquiabiertos?

Por eso, no es bueno desanimarse ante la falta de fe o confianza ajena, ya que muchas veces, aquel mal presagio malintencionado e incluso el mal deseo de los demás, es la fuerza más poderosa de todas, para movernos hacia el éxito.

Hace muchos años compré una parcela llena de malas hierbas y de piedras. Y allí donde no crecía mala hierba, era porque un pedrusco lo impedía.

Solían decirme con cierto realismo mezclado con envidia y desprecio “esto jamás será un jardín, olvídate”

Y yo, que no sabía nada de jardinería, pero que siempre voy en contra de lo que piensa el público en general, encontré un nuevo motor en mi vida: construir mi jardín.

Hoy mi jardín es un vergel en el medio de una sierra.

En mi caso, descubrí en el impedimento y en la condena ajena al fracaso, una motivación poderosisima. Y descubrí también a esa voz interior que nos dice :”ya vas a ver tú, de lo que yo soy capaz”

Hay una cierta malevolencia en empeñarse en demostrar el error del mal presagio ajeno, pero yo puedo asegurar que de ella, se obtiene una fuerza inigualable.

Por lo cual, he llegado a la conclusión de que en el caso de no haber recibido una autoestima en casa o de nuestro entorno, existen muchas otras maneras de conseguirla por nosotros mismos o yendo a contracorriente.

Uno nunca debería victimizarse por la falta de confianza que nos tienen los demás, ni compadecerse de su destino o por la incomprensión o falta de apoyo que recibimos, sino que por el contrarío, deberíamos transformar esa fuerza en contra, en energía.

Lo importante es construirse una autoestima y alcanzar nuestros sueños y si alguien tiene que quedarse boquiabierto y mordiéndose la lengua después … ¡mucho mejor!

JR

“Inmortalidad interrumpida”

La inmortalidad fue siempre observada como esa eterna permanencia a la que la mayoría aspiramos.

Muy pocos son los que consideran haber vivido lo suficiente y se entregan al descanso eterno agradecidos y satisfechos.

La mayoría seguimos aferrados como sea y de cualquier manera al vicio de permanecer y si nos toca marchar y nos enteramos de ello, maldecimos nuestro destino y a todo aquel que se nos cruce en el camino.

Nunca del todo resignados en nuestra lucha por la eternidad, intentamos poco a poco y racionalmente convencernos de que la inmortalidad desgraciadamente, no será posible.

Si personas maravillosas, indispensables y creativas se han ido prematuramente ¿Por qué no debería irme yo? ¿Qué me hace merecedor de una ventaja por sobre aquellas mentes brillantes y creativas como la de Sócrates, Platón, Aristóteles, Camus, Modigliani o Leonardo?

Ante la imposibilidad de permanecer, comenzamos entonces a aspirar a otro tipo de inmortalidad, que no es otro que el de dejar un legado, una huella, un recuerdo que permanezca para siempre en la memoria de la humanidad.

Muchos grandes hombres, conscientes de una muerte inminente se dedicaron presurosos a escribir sus memorias; procurando así, plasmar su vida con la secreta intención de hacerlo antes de que lo hiciera otro, que no tuviera con ellos la misma benevolencia.

Y es que la historia cambia mucho según quien la escriba. No es lo mismo que cuente tu historia tu abuela, que tu exesposa o tu vecino.

El problema con la especulación de la inmortalidad es que suele ser impredecible.

Uno cree que será recordado por alguna obra específica y luego termina siendo inmortalizado por algo totalmente distinto e inesperado.

Yo recuerdo a una empresaria que fue precursora en el mundo del aeróbic, abrió gimnasios y creó innovadoras técnicas del body- fit en los años 80.

Pero un día, en una clase de gimnasia televisada, a la pobre mujer se le escapó un pedo en cámara y fue finalmente ese pedo, lo que la inmortalizó para siempre.

Ya nadie se acordó jamás de su impresionante trayectoria empresarial, sino que pasó a ser reconocida como la señora del pedo, para toda la eternidad.

Es por eso, que hagas lo que hagas, nunca sabes qué será, lo que finalmente te inmortalice.

Esto mismo sienten los artistas, que son plenamente conscientes de que a nadie le interesan realmente sus obras, sino sus pedos.

Y por eso andan siempre con cuidado a base de pastillas de carbón y de discursos armados acordes a la ideología de turno, disimulando como sea, para evitar el pedo en cámara.

La industria del chisme se basa principalmente en inmortalizar el mal olor por sobre cualquier otro talento o aporte valioso de un artista.

¿A quién le importa verdaderamente el arte, la ciencia o la cultura?

El interés del cotilla vira siempre de la obra a la persona.

Y aquella aspiración al legado inmortal, trabajada en la novela o sobre el lienzo, pasa a ser sólo un decorado para el chisme; que es en realidad lo único que importa.

Conscientes de este viraje, el mundo de las redes sociales ha optado por simplificarnos el camino.

¿Para qué perder tiempo en hacer o crear algo trabajoso que nos inmortalice, si en realidad lo que interesa es el pedo?

Las redes se han llenado entonces de aspirantes a inmortales, sin obras maestras, pero que saben qué vende y qué permanece.

Más de la mitad de la humanidad está en redes sociales inmortalizándose a diario entre escándalos, tonterías, eructos, culos, tetas, insultos y demás olores imperecederos; intentando hacerse famosa, facturar, ser trending topic, you tuber o influencer y permanecer lo máximo posible en el instante de la eternidad prefabricada.

Pero desafortunadamente, la gran ironía de la verdadera inmortalidad es que sólo permanecen en ella, aquellos que se han entregado al momento, desvinculados del entorno, reacios a la mirada externa, trabajando en esa oscuridad en la que trabaja la autenticidad, la ciencia y la verdad.

Alejados del ruido y de toda aspiración a permanecer, de la opinón y del comentario; con ese único apego al instante intuitivo que requiere la genialidad.

Esa creación que sólo nace en silencio y en privado y en donde el autor desaparece, para que lo que perdure no sea él, sino su obra.

Lo demás…son sólo pedos.

JR

“La Imagen como prisión”

“De todas las libertades la mas difícil de conseguir es la liberación de nuestra propia imagen” JR

Recuerdo cuando hace muchos años pasé un par de meses en un ashram al sur de la India.

La habitación que me dieron tenía una cama sencilla bajo una pequeña ventana y un baño sin espejo.

Los primeros días eché en falta el espejo, pero ni bien fueron pasando las semanas, me olvidé completamente de él y también de mí.

Los días se sucedían entre meditaciones, charlas, cantos, danzas y trabajos comunitarios y poco a poco, comencé a olvidarme por completo de aquel rostro que me identificaba, como quien olvida las caras de aquellas personas a las que ha dejado de frecuentar hace muchos años.

Se desdibujan las facciones, se confunden los contornos y al final sólo quedan esos aromas que nos devuelven las presencias y el eco de las risas de los buenos momentos compartidos.

En esa época no había ni móviles, ni selfies, ni Instagram, por lo cual, mi desconexión de la imagen fue total.

Noté como al desprenderme de mi propia imagen comencé a mirar con mucha más atención y claridad otras cosas.

Uno se pierde de vista y comienza a ver desde un lugar más amplio, una vez que la prisión de la identificación se ha esfumado.

(Nótese que al perder de vista la propia imagen la mirada se ensancha como la mirada de los insectos)

Y uno se entrega a una observación distinta sin ataduras, prejuicios, bordes ni pasado.

Sucede algo parecido cuando uno es un turista en tierra extranjera. Uno sabe que no pertenece al entorno, ni a sus costumbres, ni a ninguna de las múltiples ataduras que nos impone toda pertenencia.

Es por eso que ser turista nos relaja tanto. Uno está, pero sin ser parte de nada. Uno flota en un limbo de observación y de disfrute, liviano como un extranjero, despegado de lo propio y despegado de lo ajeno.

Al regresar a casa unos meses más tarde hice escala en Frankfurt y entré en el baño del aeropuerto. La sensación de volver a verme en el espejo fue como la del colegial, que cuando suena el timbre, vuelve resignado del recreo al aula.

Uno entra porque no le queda otra, a un cuerpo, que sabe que no le refleja para nada bien.

Uno adquiere con la propia imagen, un contrato de pertenencia junto a las garantías, caducidades y condiciones que esa imagen le impone; sus cuidados, sus normas, su estatus, sus beneficios y también sus dolencias.

Muchas veces a lo largo de mi vida sentí la maravillosa sensación de ser plenamente libre, pero de todas las libertades que experimenté en la vida, liberarme de mi imagen fue sin duda, la más liberadora.

JR

“El Estorbo”

No han parado los mensajes cariñosos por el día de la mujer en toda la red; ni tampoco las reivindicaciones pertinentes, ni las nuevas exigencias, ni ese eterno y cansino reproche sobre la desigualdad.

Todos sabemos que estar conformes no está bien visto en una sociedad que enaltece a la protesta constante, como si fuera un vicio, que de no ejercerse de forma cotidiana y persistente, te condenara a la sumisión.

El deber es protestar aunque uno esté conforme, porque la protesta permanente también es parte de esta nueva ideología occidental autodestructiva.

Eso si, puedes protestar siempre que tu protesta pertenezca a la lista de las protestas admitidas; (mujer, racismo, desigualdad, inclusión, género, antisistema o clima) pero cualquier otra demanda te llevará seguramente a pasar la noche en un calabozo.

Las marcas no dan puntada sin hilo y son conscientes de que hacerle la pelota a la mitad de su mercado en el día de la mujer es parte del negocio.

Pero el problema es que uno nunca está seguro de cuáles son las palabras indicadas para hacer un anuncio o una felicitación.

Es difícil acertar en un mercado que siempre encuentra el error discriminatorio en todo aquello que observa.

Nunca he visto una predisposición más dispuesta que la del ofendido. Siempre está dispuesto a ser una víctima y cualquier palabra le vale para lograr su objetivo: ofenderse.

“Igual”, “distinto”, terminar con una “a” o con una “o” pueden ofender, si no se opera con sumo cuidado.

Es por eso, que ante la duda a ser inevitablemente condenado, lo mejor es abstenerse y pasar el día de largo, como quien habita distraído y sin saber bien qué día es.

Con el COVID es fácil excusarse y decir que uno ya no sabe si está en Febrero o en Abril y todo el mundo se lo traga, porque estamos acostumbrados ya, a lidiar con todo tipo de patologías mentales post COVID.

El mercado de los psicólogos y psiquiatras se ha ampliado y las farmacias y los laboratorios seguirán facturando cuando se esfume el virus, porque nos quedarán todos los locos que ha dejado el cultivo malintencionado del pánico.

El problema intrínseco parece ser una desigualdad perturbadora, más parecida a una rivalidad entre sexos, que a la búsqueda de un sano equilibrio entre los dos.

Un amigo mío tenía una esposa feminista y cuando tuvieron a su primer hijo y había que cambiarle el pañal al bebé, tenían que ir siempre los dos a hacerlo.

No bastaba con que uno de los dos progenitores cumpliera con la tarea, porque si el niño cagaba, los cagados debían ser los dos o mejor dicho, los tres.

Que uno cambiara el pañal mientras el otro veía la tele o charlaba en el salón con amigos, suponía una espantosa desigualdad.

Siempre me intrigó el destino de aquellos pobres niños, que con el tiempo comprenderían que su existencia implicaba más una rivalidad y un castigo para sus progenitores, que una alegría conyugal.

Y esto mismo siento cuando me piden que organice un programa digital de desarrollo emocional para niños.

Explicarle a un niño la definición de amor, de dedicación, de disfrute familiar, resulta una tarea muy triste para alguien que aprendió todo eso sin un profesor.

Uno tenía una mamá en casa, ni directora de una multinacional, ni adicta al Facebook, que te leía un cuento, te jugaba al parchís, te cortaba el pelo, te cocinaba rico, te ayudaba con los deberes y te rascaba la espalda antes de dormir.

Y uno aprendía así lo que era el amor, sin necesidad de un profesor, ni de un psicólogo o de un tutorial de youtube.

Esas madres como la mía, son las mujeres oprimidas e infelices por las que protestan y de las que reniegan las feministas en los días como el 8 de Marzo.

Sin embargo, la sonrisa de esas madres oprimidas, que criaban a niños felices sin publicarlo en redes sociales, ya no se ven mucho a la salida del cole.

Hoy las madres liberadas son las que van siempre fruncidas, tironeadas por el trabajo, el pilates, la peluquería, el éxito, la competencia, la dieta keto, la marcha feminista, el LinkedIn, el Instagram y el WhatsApp.

Son tan libres que ya no tienen tiempo de contarte un cuento, ni una anécdota divertida, ni de cantarte una canción, o de prepararte un postre rico y necesitan a un profesor que le explique on line al pequeño estorbo, lo que es el amor.

JR