“Los Beneficios de la Injusticia”

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Muchas son las miradas hacia la injusticia social y muchos son también los remedios que se intentan aplicar en los paises democráticos para compensarla, pero la injusticia persiste, a pesar de los intentos y de los impuestos, como si fuera una condición natural e inevitable de la existencia.

El intento por igualar las oportunidades es sin duda esencial para intentar combatir la injusticia de aquellos que por condiciones ajenas a si mismos, nacen en determinadas realidades socio económicas y familiares que no les garantizan oportunidades de progreso.

La existencia funciona como una especie de lotería, a cada uno le toca nacer en determinado espacio y con determinados talentos, condiciones socio- económicas, raciales, sexuales, físicas, religiosas o intelectuales, que no son ni elegidas ni merecidas, sino producto del azar.

Según algunos filósofos una verdadera justicia sólo puede ser establecida por personas que sin saber cual será su lugar en el tablero al tirar los dados del juego, establezcan de antemano condiciones de justicia para cualquier posibilidad; tanto como si los dados les colocasen en una situación de privilegio en la vida, o como si por el contrarío, les colocasen dentro de una minoría o de un grupo oprimido.

Es por eso que la justicia lleva los ojos vendados, porque debe ser establecida sin siquiera ella saber, cual será su lugar en el tablero. 

Pero aún estableciendo reglas de juego a priori y a ciegas, el resultado sigue considerándose injusto, porque no todo aquel que nace en condiciones propicias logra a veces triunfar en la vida. Ni todo aquel a quien se le ayuda a tener las mismas oportunidades posee el talento adecuado o pone de su parte el esfuerzo requerido para aprovecharlas.

Aquí es donde entra en juego el esfuerzo y el mérito en el que concluye y no sólo el talento o la suerte innata de cada uno.

Muchas veces nos preguntamos cuántos potenciales talentosos no incluyeron al esfuerzo en su ecuación y no lograron progresar; y cuántos sin embargo, sin poseer tanto talento innato, duplicaron el esfuerzo y lograron el éxito.

Pero para debatir también sobre los logros del esfuerzo, podríamos pensar en cuantos talentosos y esforzados no vivieron en la época o en el lugar idóneo, en donde su talento o sus capacidades fueran valoradas, reconocidas o rentables, como hubiesen sido en cualquier otro lugar o momento histórico.

Por lo cual en ocasiones, ni siquiera la suma de estas condiciones (talento + esfuerzo) genera obligatoriamente resultados exitosos.

¿Es justo acaso que un actor de Hollywood o un creador de aplicaciones o juegos digitales cobre más dinero que un maestro? Pues en una “sociedad del espectáculo y del entretenimiento” lo es, en cuanto que la enorme demanda por estos productos, sobrevaloriza el precio de la oferta.

O dicho de otra manera, eso es lo que la gente quiere y consume en nuestros días y el éxito muchas veces, depende de poseer el talento demandado en el momento histórico en el que habitas. 

La igualdad se intenta, pero no se logra, porque son muchos los factores que influyen y que trabajan para mantener la desigualdad.

Ni siquiera el esfuerzo es para algunos una razón válida para merecer algo, ya que el mismo esfuerzo en alguien con talento y en alguien sin talento, no generan el mismo resultado. Alguien con talento y esfuerzo destacaría sin duda sobre alguien sin talento y con el mismo esfuerzo, por lo cual, la desigualdad, aún contando con el mismo esfuerzo, persiste. Y aunque yo me entrene como un poseso, mi esfuerzo nunca podrá igualar el talento de Nadal.

Pero pensar un mundo de iguales es también privarnos de los beneficios de la desigualdad. Y estos beneficios son por ejemplo la belleza, la destreza y el genio.

Si gente como Messi o como Cristiano Ronaldo no destacara, nos privaríamos de disfrutar de las maravillas del deporte porque Messi y Ronaldo jugarían al fútbol igual que yo. Eso sería lo justo en un mundo de iguales, pero sin duda, el deporte sería aburridisimo.

Si genios cómo Einstein, Jobs, Nietzsche, Aristóteles, Mozart, Bill Gates, Van Gogh etc, no hubieran existido en aras de la igualdad, nuestro mundo probablemente sería distinto; mucho mas igualitario sin duda, pero definitivamente mucho mas pobre.

¿Y si todos fuésemos igualmente bellos, existiría la belleza? ¿Es posible detectar la belleza en un mundo sin fealdad? ¿Es posible detectar al genio en un mundo de iguales?

“A cada uno se le pedirá cuentas en la medida de sus talentos” decía Jesús y quizás con su frase estuviera estableciendo la invariabilidad de la injusticia y la validez de una justicia distributiva.

Aceptar que vivimos en un mundo injusto no es justificación para dejar de buscar la igualdad de oportunidades, pero ayuda mucho a abandonar el resentimiento y la envidia.

Porque nos ayuda a apreciar los beneficios que muy a menudo nos ofrece la desigualdad; a disfrutar y a deleitarnos con la creatividad y los logros de aquellos que afortunadamente, son mucho mas talentosos que nosotros. 

JR

 

 

”Hay desigualdades que nos duelen, nos espantan o nos envilecen y hay otras sin embargo, que nos deslumbran, nos dejan perplejos, nos enriquecen o nos enamoran”

“Ecolalia”

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Ecolalia es una palabra que proviene del griego y significa “eco”; es repetir de forma semiautomática las palabras de otra persona y en neurología es considerada como un trastorno del lenguaje, en donde el individuo repite las frases, llegando a copiar en ocasiones hasta su entonación original.

Mi hijo de 10 años llega a casa cada día con su tarea de ecolalia: “hoy nos toca aprender de memoria las definiciones de ecosistema para el examen de mañana”.

Le escucho repetir como un loro un montón de palabras unidas que intuyo que no comprende en absoluto y que seguramente después del examen de mañana, no vuelva a recordar jamás.

Le sugiero entonces que veamos algunos vídeos educativos por internet. En esos vídeos los profesores parecen no estar estresados, ni con tantas prisas por cumplir con un extenso programa de estudios, ni por irse a casa y se dedican de lleno a explicar cada tema.

Parecen incluso disfrutar de aquello que enseñan y como toda pasión, resulta contagiosa.

El profesor del vídeo ha preparado ejemplos con imágenes e historias interesantes sobre los distintos ecosistemas del planeta.

Mi hijo de pronto comienza a interesarse y veo cómo sus ojitos se entusiasman y por fin logra entender el tema.

Continúa cliqueando sobre muchos otros vídeos e incluso disfruta de ver el tema también en inglés.

Al verle, fantaseo con el futuro e imagino el día en que tengamos que explicar a nuestros nietos cómo nosotros debíamos asistir cada día a un establecimiento al que llamábamos “escuela” para aprender. 

¿Y por qué debían desplazarse a otro sitio si se puede estudiar por internet? – Me preguntarían ellos intrigados.

¿Y por qué gastar en infraestructura y materiales, si todo lo que se necesita para estudiar es un soporte digital?

Ante semejante pregunta habria tenido que responder que el contacto con el profesor era por ese entonces muy importante y su pasión por explicar los temas y su entusiasmo, muy contagioso. Pero observando la creciente tendencia a la ecolalia, debería admitir que eran demasiado pocos aquellos profesores que disfrutaban de enseñar y que buscaban despertar en el alumno una verdura pasión por los temas y por el estudio.

Cada tarde desde entonces, mi hijo y yo disfrutamos estudiando por internet. Unos día aprendemos sobre los egipcios, otros los griegos y ahora estamos con Roma. Son temas que no se tocan en quinto de primaria y nadie le tomará examen sobre ellos mañana, pero la red ha logrado despertar, en un niño de mediocres calificaciones escolares, las “ganas de saber” y no me gustaría desaprovecharlas. 

JR

 

“El Negocio del Descontento”

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Si hay algo que la izquierda sabe monetizar, eso es la protesta. Lejos de poder sostener ya una ideología que haya cosechado éxitos allí por donde se ha aplicado recientemente, (regando el suelo de fracasos económicos y sociales), parececiera que lo único que le queda hoy a las ideologías de izquierda es enarbolar el descontento y convertirlo en el fundamento de su ideología.

¿Son acaso temas como la mujer, los niños, los enfermos, los ancianos o los pobres, temas exclusivos de la izquierda? Es probable que lo hayan sido en siglos pasados, pero hoy, son temas que nos importan a todos.

Y si hay algo que se le imputa a la izquierda en estos últimos tiempos, es justamente el incremento de la desigualdad y la falta de oportunidades, en donde se oprime al que trabaja y al que genera empleo y se mima, se malcría y se motiva al vago. 

Ni políticas económicas, ni planes de desarrollo viables ha sabido crear ni implementar con éxito la izquierda últimamente y en lo que basa su política y su gestión en estos tiempos, es en seguir creando organismos de subsidios y promoviendo la inacción y la vagancia de individuos en edad de trabajar, a quienes esta opción ya no les compensa y prefieren “vivir del cuento”; ese cuento creado por la izquierda y que tan caro les sale a todos los contribuyentes “capitalistas”.

Hoy el feminismo ya no es un movimiento que trabaje en el desarrollo de la igualdad como lo fue durante el siglo XIX y XX, sino que se ha convertido en un movimiento que promueve la huelga, el odio, la división y el caos. Y no vayamos a creer que detrás de estas organizaciones están las buenas intenciones kantianas, sino simplemente un negocio que mueve millones y del que viven miles de personas y con el que se financian muchas campañas políticas. 

Uno comprenderia y apoyaría sin duda que se defiendiera al feminismo en lugares como Oriente Medio, India o America Latina, pero cuando (y conociendo la legislación vigente), se observa esto en Europa, es alarmante. Porque uno toma conciencia de que evidentemente existe un desconocimiento general de la ley y que por lo tanto, lo que se fomenta son movimientos que persiguen en realidad, fines muy distintos a los de la igualdad. 

Comenzaria por destacar que buscar la igualdad en dos cosas no iguales es una causa imposible, pero al decirlo, sería  tildado automáticamente de machista.

Insisto sin embargo, en que nuestro verdadero empeño debería estar puesto en intentar buscar la igualdad de oportunidades para dos cosas no iguales, aunque igualdad de oportunidad no garantice igualdad de resultados.

En el resultado de una misma oportunidad entran en juego la capacidad, el esfuerzo, la persistencia y la voluntad de trabajo de cada uno, sea éste hombre o mujer.

Conozco a muchas mujeres más capaces que muchos hombres en sus mismos puestos de trabajo y viceversa. Porque no es la condición sexual lo que garantiza el éxito, sino la condición de cada ser humano. Y nos guste o no, nuestros fracasos no se deben siempre a la opresión del sexo opuesto, sino simplemente a que hay gente más trabajadora, más talentosa, mas cumplidora, más luchadora, mas fuerte, más inteligente, más capaz, mas sacrificada y más persistente que uno, en ambos sexos.

Y esa es la mayor desigualdad.

JR

“Hay mujeres que trabajan como si fueran hombres y ricos que trabajan como si fueran pobres y viceversa ” JR