“Sensibilidad Criminal”

La costumbre de la izquierda de cambiar las palabras, las terminaciones y los pronombres, no responde a una fijación con la lingüística mal curada durante la infancia, sino que obedece a fines muy distintos.

Cuando yo digo “ mesa” hago un juicio de valor e identifico a un objeto como “mesa” y no como “silla”. Al nombrar, hago entonces una distinción, una evaluación del objeto observado, que lo hace particular y le diferencia a su vez de otros.

Las palabras son; además de sonidos con significado que necesitamos para comunicarnos; esquemas de pensamiento. Y todo pensamiento es en principio, una forma de juicio. Y todo juicio, responde a un sistema de valores.

Por eso las palabras se vuelven fundamentales a la hora de organizar una mentalidad. Y eso es lo que la izquierda quiere cambiarnos; la mentalidad y los valores.

Su fijación con las palabras no es un tema lingüístico, sino una forma de pensamiento diferente, que se busca imponer con los cambios de las palabras.

Y la excusa que han elegido astutamente para lograr este cambio de mentalidad es el intentar “no herir a nadie”.

Pero lo más importante de este proceso es el mandato de “no juzgar” porque al juzgar responsabilizas y la responsabilidad es lo que esta ideología marxista intenta eliminar.

Cuando tú te responsabilizas de ti mismo desaparecen los culpables. ¿Pero qué quedaría del marxismo sin culpables? Ellos necesitan culpables, porque el marxismo es la ideología de las víctimas.

Hoy se nos impone este nuevo mandamiento que es el de “no emitir juicios de valor”, por eso el sistema judicial es el más amenazado en estos tiempos. Y esto sucede porque el sistema judicial responde a una legalidad creada por un sistema de valores, al que los marxistas detestan.

Pero juzgar es pensar. Y cuando se te exige “no juzgues”, lo que en realidad se te está pidiendo es “no pienses por ti mismo y no te dejes guiar por tus valores”, atente únicamente a observar y a repetir lo que nosotros te marcamos que es correcto decir y pensar.

Esto es a lo que hoy llamamos “políticamente correcto”: es decir y pensar sólo aquello que la política te permite pensar y decir.

La izquierda profesa en nombre de la libertad el que nadie pueda juzgar a nadie y aboga por una libertad, en la que cada uno tenga el derecho a ser cómo quiera ser y ser respetado.

Sin embargo, todo el aparente permisivismo que ostenta la izquierda en su discurso para todas las cuestiones sociales. está acotado en realidad, a crear una nueva ideología que pase a ser la única ideología admitida.

El permiso y la libertad de la que hace alarde la izquierda, consisten en realidad en ser como ellos te mandan ser y poseer esta nueva mentalidad diseñada y aplicada con la transformacion de las palabras que modifican las mentes.

Uno debe renovar su vocabulario para renovar también su pensamiento y cambiar aquellos juicios de valor antiguos por unos nuevos.

Para ser más concretos, el fin último de todo este palabrerío es terminar con los antiguos valores occidentales.

Las palabras comienzan a cambiarse porque las antiguas “hieren” a las personas. Y esta nueva comunidad de marxistas comienza a renovarlas apelando a la hipersensibilidad de los “nombrados” y a la buena voluntad y distracción de los parlantes.

Como la civilización occidental es mansa, pacífica, tolerante y cómoda, acuerda cambiar sus palabras sin mayor dificultad y si le dicen que es para evitar “herir” a alguien, lo hace aún con más gusto y sin demora.

Y si se le convence además, de que juzgar también está mal, deja de hacerlo sin resistencia, en beneficio de los sensibles.

Hoy la sensibilidad ha llegado a límites tan criminales, que llamar ladron al ladron, asesino al asesino, terrorista al terrorista y pedofilo al pedofilo está muy mal visto.

Estas pobres personas, antiguamente mal llamadas crimínales, se sienten ahora heridas al ser llamadas así, entonces vamos a cambiarles los nombres por otros más justos, más bondadosos y más cariñosos.

Porque en definitiva, tanto el pobre ladron, como el pobre asesino, como el pobre terrorista y el pobre pedofilo, son así, por culpa tuya.

JR

“Propaganda Escolar”

Cada vez que ayudo a mi hijo a estudiar Historia para un exámen, descubro la incapacidad que tienen la mayoría de los profesores de Historia para la enseñanza.

Sentarse frente a una clase de alumnos adolescentes para leer un manual de Historia, no es enseñar, ni preparar una clase, sino crear una aversión en la juventud, a veces incurable, hacia el estudio de la Historia.

Afortunadamente hoy contamos con infinidad de documentales y vídeos en YouTube, en donde se profundizan muchos de los temas de estudio para todas las edades y esto ayuda, (si se desea), a suplantar la deficiencia del profesorado escolar actual.

Si algo he aprendido de la Historia, es que sólo sirve si aprendes los patrones que nos deja. Si no eres capaz de sacar de ella un aprendizaje de comportamientos y las causas y consecuencias de dichos comportamientos, su estudio resulta inútil en todos los sentidos.

Pero yo sospecho que esto es justamente lo que se busca; que no te interese la Historia, sino que estudies de memoria para el exámen y lo olvides todo al día siguiente. Porque si tú no aprendes Historia, ellos pueden volver a contártela otro día y tergiversarla a su antojo, sin que tú te enteres.

La falta de aprendizaje tiene muchos riesgos y también tiene todo el sentido para aquellos que están interesados en reinventarla y en darle a la Historia una connotación acorde a su ideología.

Cuando enseño a mi hijo en casa intento que entienda los patrones de la Historia; cómo la fractura interna de las sociedades es lo que provoca la debilidad de un imperio, debilidad que aprovechan siempre los enemigos externos para invadir.

Sucedió con Roma con la consecuente invasion de los pueblos germánicos, luego al estar éstos divididos se tornan presa fácil para el avance de los pueblos árabes y posteriormente, las divisiones y conflictos internos del mundo musulman es lo que facilita la reconquista comenzada por Pelayo desde Asturias y finalizada más tarde en Granada.

Lo importante no son las fechas o los nombres de memoria, sino los hechos y cómo los patrones siempre se repiten; las fracturas internas son lo que en realidad provoca la caída de los imperios. Y cualquier similitud con lo que está pasando hoy en día en el mundo occidental, no es mera coincidencia, sino pura repetición.

Mientras los profesores se ocupan de que nuestros hijos no aprendan, aquí estamos los padres, ocupados y distraídos en nuestras cosas, mientras nuestros hijos son adoctrinados a base de ecología, derechos humanos para los crimínales, sostenibilidad, diversidad, racismo, feminismo y discrimacion ; en un mundo que pretende anularles la inteligencia, bloqueándoles todo pensamiento crítico y fomentándoles la pertenencia a un pensamiento único permitido.

También se trabaja a destajo en las escuelas para educar a masas basadas en una sensibilidad estupidizante, enseñándoles a culpabilizar a sus ancestros de todo y hacerles a ellos responsables de nada más que de protestar, de salir a la calle y exigir.

Si hay un monotema en los colegios actuales es el de la ecología. Según mi hijo, no se habla de otra cosa en clase.

Y uno como padre de estos proyectos de clones de la malcriada de Thumberg, empieza a sentir la extraña motivación del efecto contrario y sólo para provocarles un ataque de ansiedad, desearía ir tirando latas de cerveza al piso y arrancando flores por el camino, en señal de protesta por este diabolico proyecto de estupidizacion sistemática del alumnado, a la que todas las escuelas se apuntan.

El ejército de enanos mantenidos e indignados crece y los padres ya no se atreven ni a hablar con sus hijos en la mesa, sin que estos energúmenos adoctrinados en el odio, que se creen además poseedores de una extraña superioridad moral de izquierdas, les juzguen, les den lecciones y les culpabilicen absolutamente de todo.

Entonces uno empieza a mirar universidades en Inglaterra, en Canadá o en Estados Unidos, adonde poder colocar a estos iracundos mantenidos lo más lejos posible de casa y para que se rodeen de la compañía marxista que tanto ansían y que habita los campus universitarios del mundo.

Allí serán mucho más felices por un tiempo, mimados por profesores marxistas muy bien pagados, que les seguirán adoctrinando en la división social y en la destrucción de los valores e instituciones del mundo occidental.

Uno entiende entonces, que aquella resistencia a enseñar los patrones de la Historia tenía un sentido. Si lo hubiesen hecho, no habría negocio.

JR

“Intensidad Añorada”

Cuando uno observa las hazañas de los grandes hombres y mujeres de nuestra historia se asombra de ver cómo a los veintitantos años, muchos de ellos ya habían escrito, compuesto, creado, pensado y hecho tantas cosas, con tan pocos recursos.

Ni internet, ni avión, ni telecomunicaciones ni luz eléctrica en muchos casos, impidieron que la creatividad humana apareciera, creciera y se desarrollara.

Uno se queda pensando entonces, como es que con tantos años, uno no ha sido capaz de hacer casi nada valioso y vive sin embargo, ocupadisimo y sin tiempo para nada; aún teniendo las comodidades y facilidades actuales.

Y es que hay algo que vamos perdiendo con la velocidad y es la incapacidad de concentrarnos en algo.

Toda nuestra actividad diaria se vuelve veloz, precipitada, siempre con prisas por llegar a la actividad siguiente y sin lograr intensidad en nada de lo que hacemos.

La hiper comunicación que tanto nos comunica, nos tiene más solos que nunca. Rodeados de WhatsApp y de mensajes, pero sin comunicarnos verdaderamente con nadie.

Yo admiro en las películas el valor que tenía una carta y la intensidad de la comunicación que cabía en ella.

El remitente seguramente se había dedicado a escribirla en cuerpo y alma, y en esos diez minutos de intensidad, cabían mucho más que información y palabras.

Una carta era una forma de comunicación intensa; el papel nos traía la oportunidad de volcar en él sentimientos, secretos, dudas, sensaciones y hasta lágrimas, que hoy sólo existen en forma de emoticono.

Una carta era una forma de entrega; la entrega del tiempo, esos 10 o 20 minutos en los que uno era sólo para el otro. Y es que la intensidad necesita de esa exclusividad en la que no cabe nada más.

Uno se convertía entonces en un puente hacia el otro y deseaba con ansias llegar al otro lado, sin ninguna distracción más que la carta.

Recuerdo aquellas cartas escritas o recibidas como pedacitos de uno mismo o de otro, regalados con una intensidad hoy desconocida en cualquier otro tipo de comunicación digital.

Particularmente he cogido miedo hasta de llamar por teléfono a mis amigos; con quienes hace 10 años podía pasarme ratos largos de charlas telefónicas; y en donde nos contábamos de todo; podíamos reír o llorar, confesarnos o discutir sobre las distintas visiones del mundo.

Hoy en cambio, un WhatsApp ya me parece suficiente y casi un abuso, para alguien que seguramente esté muy ocupado y a quien no quiero nunca molestar.

Y si cada tanto les grabo un audio, controlo a rajatabla no pasarme de los minutos tolerados; porque pasarse de dos, lo convierten en un audio eterno, que amerita reproducirse a velocidad rápida.

Uno ya no tiene tiempo de escuchar a nadie, ni de llamar por teléfono; aunque si llamo es porque voy andando por la calle, estoy en el autobús, en el coche o en el supermercado. Llamo a veces, pero siempre que estoy haciendo otra cosa o pasando un tiempo muerto; porque la comunicación ya no nos parece importante, ni merecedora de ningún tipo de exclusividad.

La comunicación se ha convertido en un relleno, en un complemento de otra actividad a la que consideramos inevitable o más importante.

Muchas veces me pregunté cómo en un mundo tan comunicado, la gente se sentía cada vez más sola. Y ahora lo comprendo.

La comunicación actual no nos sacia la necesidad de conexión con alguien, porque en este nuevo tipo de comunicación, se evita toda conexión.

La cercanía que implicaba comunicarse con otro, hoy se ha reemplazado por una higiénica distancia de seguridad informativa, que necesito mantener siempre, para preservarme intacto.

No deseo realmente entrar en el mundo del otro, porque no quiero que me afecte, que me toque, ni que me modifique; sólo busco ser un espectador distante, que mientras te oye, hace otra cosa.

Esta es una distancia elegida, que huye de todo lo que me distraiga de mi superpoblada agenda y de mi calendario. Todo lo que me descentre de mi, es tóxico, porque cuando yo soy el principio y el fin de todo, toda intensidad y toda verdadera comunicación distraen.

¡Y con lo agradable que era perderse un rato de vista!

Uno termina entonces cualquier comunicación, igual de incomunicado que antes de tenerla. Igual de solo, igual de centrado en sí mismo e igual de distante.

Y aunque las redes sociales nos informen a cada paso adonde está el otro, qué hace, qué come y adónde va; uno lo siente igual de lejos.

La moda de hoy es evitar todo lo tóxico y lo distinto; que a nadie se le ocurra contarte un problema, una duda y sobre todo, que nadie nos distraiga de cumplir con nuestra agenda diaria de miles de cosas inútiles a las que creemos importantes; pero que aún no nos han convertido ni en un Beethoven, ni un Bach, ni en un Hemingway, ni en un Camus.

Todos ellos sin embargo, descubrieron en la intensidad, la mayor fuente de creación que existe y se dejaron intoxicar una y mil veces y sin distancia de seguridad, para lograr una comunicación sin tiempo.

JR

“El Abuso del Derecho”

Mucho se habla de la necesidad de compensación a los grupos desfavorecidos y oprimidos a lo largo de la historia.

Esta normativa busca una justicia compensatoria que impone una discriminacion positiva hacia el defavorecido histórico, en forma de reparación de daños.

¿Pero logran repararse realmente los daños o lo que hacen es crear nuevas desigualdades y resentimientos?

Estas políticas se han usado en muchos países antes que en los Estados Unidos, y países como India, Malasia o Nueva Zelanda siguen hoy utilizándolas, pero sin obtener los buenos resultados deseados.

La filosofía de estas políticas sociales compensatorias, resulta en un principio convincente, justa y solidaria, pero desgraciadamente los resultados que provoca, generan nuevas desigualdades y atraen nuevos peligros.

Estas políticas se incorporan primero como políticas “transitorias”, que buscan equilibrar la balanza de un período determinado, pero en la realidad, nunca concluyen y permanecen fijas como políticas establecidas.

Por lo cual, generaciones que no han tenido nada que ver en determinados procesos históricos desfavorables hacia un colectivo determinado, terminan pagando con su propia desigualdad, la desigualdad histórica de una raza.

Las políticas de acción afirmativa garantizan un cupo en las universidades americanas a personas de colectivos minoritarios, que pueden acceder a determinados cupos con mucha menos nota, que la que se pide al resto del alumnado.

El problema surge en la clase, cuando el profesor se ve obligado a bajar el ritmo de enseñanza para acompañar a este grupo que no está al nivel del resto.

Esta desigualdad ha motivado también a que se califique de una forma mas benigna a los colectivos menos capaces, otorgándoles calificaciones más altas que al resto.

Estas nuevas desigualdades no sólo provocan frustración en aquel que en el fondo sabe que no está al nivel que necesitaría, sino que provoca resentimiento en aquellos que para obtener la misma calificación que el individuo del colectivo favorecido por la ley, se le exige el triple.

Aquí es cuando la justicia se hace injusta pero al revés y no justamente con los verdaderos culpables de la opresión histórica.

Hoy “pagan justos por pecadores” como dice el dicho. Pero la pregunta es ¿Hasta cuándo pagarán?

La respuesta sería hasta que la balanza llegue a un medio, pero los hechos y la historia de la humanidad entera, no sólo han demostrado que jamás se ha llegado a un medio, sino que esta balanza artificial ha provocado el efecto contrario.

Esta balanza regulada ha demostrado que cuantas más facilidades y mimos recibe un individuo, menos es el esfuerzo que hace para sobrevivir y por ende, el resultado es negativo.

Según dicen los estudios, el colectivo negro se esmeraba más por su progreso antes de la aparición de estos beneficios, que con ellos.

Al estar la vara mucho más baja, la motivación es inferior y el resultado mediocre. Pero aún así, la proporción del progreso no cede a la desigualdad, aunque la mayoría de estos favorecidos por la ley abandone los estudios universitarios por no sentirse a nivel del resto y no llegue nunca a graduarse.

Si ese mismo individuo hubiese entrado a la universidad que le hubiera tocado por su nota, sin la intervención del derecho de ventaja, seguramente hubiese concluido sus estudios, al haberse hallado en un entorno más acorde a su nivel intelectual.

Pero los políticos insisten entonces en obviar los hechos y nos atizan con más de la misma medicina y obligan a empresarios a incorporar a colectivos desfavorecidos, sin importar el talento o las aptitudes que éstos tengan para el trabajo específico.

Y aquel dicho de Martín Luther King “ tengo un sueño de un mundo en donde no importe el color de la piel , sino el contenido de su carácter” ha quedado otra vez enterrado dentro de políticas sociales que nos obligan a elegir o a denegar por color, sexo y raza, en vez de por talento.

¿Acaso no tengo derecho a ocupar un puesto aunque no esté calificado para él? Es la pregunta que hace aquel que se siente en poder de todos los derechos, al empleador.

Este es el constante reclamo contemporáneo a merecer algo que no me he ganado, por lo cual no es un derecho.

Hoy el derecho le gana la batalla al logro y la meritocracia es considerada como “la tiranía de las capacidades”. Aquel que sea inteligente y trabajador merece ser castigado.

Uno al final del día se pregunta ¿estoy ocupando este puesto por inteligente o por latino, mujer, negro, indígena o trans?

La verdad es que en este mundo tan propenso a la búsqueda del multicolor siempre nos quedará esa duda, pero de lo que no nos cabe duda, es de que el talento, ya no es lo primero.

Nos preguntamos entonces, si es positivo para una sociedad prescindir del talento en pos de la igualdad.

¿Nos beneficia realmente como sociedad que busca evolucionar, esta balanza a la baja a la que nos impulsan los políticos con sus políticas igualitarias?

Todas estas nuevas políticas de justicia social han generado también muchas trampas “hecha la ley, hecha la trampa” dice el famoso dicho y no se equivoca.

Según consta en los censos, hoy existen más indígenas americanos en los Estados Unidos que nunca antes; esto, que es científicamente imposible está ocurriendo, porque la gente busca en los árboles genealógicos algún antepasado lejano indígena, negro o latino, o contrata a alguien de alguno de estos colectivos para que le ayude a acceder a los beneficios que se les prescriben; sean cupos, ayudas o subsidios.

Lo mismo sucede con los incentivos a la pobreza, que se otorgan a las personas sin empleo.

Si consigues el empleo pierdes el subsidio, por lo cual la gente aprende a mantenerse siempre desempleada e inútil, para no perder jamás la paga gratis.

Y los políticos se aseguran así el crecimiento de una población idiota y dependiente, que les vote en las siguientes elecciones.

Vivimos en una sociedad que habla tanto de derechos, que se ha olvidado de que tiene responsabilidad.

Buscarte un futuro, estudiar, conseguir un sustento, superarte cada día, aprender un oficio, no son tus derechos, sino tu única y primera responsabilidad.

El Estado paternal que protege tanto y asfixia, que te cuida tanto y te amputa, que vela tanto por ti que te anula, no es un buen estado.

Esa clase de estados, en donde todo está regulado, en donde no hay espacio para la libertad de ser o no ser quien quieras ser y atenerte a tus malas desiciones a cada paso, no busca crear a una sociedad responsable y creadora de su destino, sino todo lo contrario.

Esta clase de estados funciona como el padre extremadamente bondadoso y bueno, que te coloca dentro de un tuperware para que nada te haga daño, para que nada te lastime, para que nada te perturbe, mientras te mantiene cómodo, atendido, abúlico, imbecil y tranquilo, y anula tus responsabilidades llenándote de derechos, que nunca te has trabajado y nunca te has merecido.

JR

“El Negocio del Racismo”

Cuando no tienes ningún logro para mostrar, y tu vida ha sido una seguidilla de fracasos; o no has tenido ni la suerte, ni voluntad para lograr nada en tu vida, tienes dos opciones: hacerte responsable de tus desaciertos y cambiar, o culpar a otros de tus fracasos.

La táctica más fácil es siempre echarle la culpa a otros por tu falta de lucha, por tu falta de trabajo, de voluntad y de perseverancia.

Y para todos aquellos que elijan este camino fácil, tienen una ideología política que les respalda, les avala y les subsidia: la izquierda.

Como estas ideologías no tienen historias de éxito para mostrar a sus audiencias, basan sus programas en el odio y los centran en la búsqueda de culpables para todo.

La izquierda ha sufrido este mismo proceso por falta de logros; no tienen en su haber nada bueno que mostrar y allí por donde han gobernado, las cosas han terminado siempre muy mal, la economía fue un desastre, los problemas sociales aumentaron, la inseguridad del ciudadano también y desgraciadamente, sólo cultivan resentidos.

Es por eso que el monotema de la izquierda es el racismo, el feminismo, la extinción del planeta y la discriminacion en cualquier sentido. Y esto sucede porque la izquierda se ha convertido en el partido de las víctimas.

Si te ha ido mal en la vida, seguramente sea por culpa del racismo o de que eres mujer o de que te han discriminado en algún sentido.

Si eres pobre, nunca es culpa de que la izquierda exprima a los empresarios que podrían darte empleo, si no tienes hospitales nunca es culpa de que la izquierda utilice la recaudación de impuestos para su enriquecimiento privado, si no tienes vivienda o educación, nunca es culpa de la izquierda por poner trabas y freno a cualquier emprendimiento inmobiliario o cultural que no sea en su beneficio personal.

La realidad es que la intervención intensiva del estado, que aplica siempre la izquierda para controlar y quedarse con todo, es el principal problema que existe en el desarrollo de cualquier economía próspera.

¿Pero por qué hacer progresar a la gente y perder votantes? La izquierda necesita de tu voto; necesita que sigas siendo pobre, infeliz, fracasado, indignado, inútil y vago.

Esta locura de buscar culpables para todo y en cualquier ocasión, se ha vuelto tan común y a la vez tan cansina, que ya nos hace gracia.

Uno no se anima ni a pedir comida china por miedo a que le acusen de racista y personalmente, he aconsejado a mis hijos a no nombrar el color negro ni en clase de plástica, por las dudas.

“El más oscuro de la paleta” es el nuevo negro y recemos para que nadie se ofenda y me demande.

Dicen que a fuerza de repetir tanto las cosas, uno las convierte de tan cotidianas en verdaderas, pero frente a esto debemos andar con mucho cuidado y no dejar que tanta ridiculez victimista repetitiva nos hipnotice.

Hoy en día si tú te presentas a un trabajo sin un título y otros se presentan siendo arquitectos o ingenieros, puedes alegar que no te eligieron para el puesto por discriminacion cultural, o racial, o homosexual o por ser mujer, y seguramente ganes la demanda y consigas el puesto que te queda grande, por la fuerza, pero convencido de que te lo mereces.

Lo más peligroso de todo este asunto es que ya nadie se atreve a contrariar a la izquierda porque enseguida te acusan de heteropatriarca racista y negacionista, te plantan una marcha “pacífica” frente a tu casa que incendia todo el barrio y amenazan a los hijos del juez que ose fallar en su contra.

Hoy el victimismo de aquellos que no triunfaron, que no prosperaron, ni cumplieron sus sueños ha triunfado.

La comunidad de resentidos crece mucho más rápido que el C02 que según estos delirantes destruirá en segundos el planeta y se contagia sin pausa a los niños en las escuelas públicas desde los 3 años a la universidad, creando ejércitos de seres indignados, resentidos y mantenidos por un país al que odian, y que van de los 3 a los 27 años de edad.

Pero cuando empiezan a trabajar (los muy pocos y obligados por sus padres) y ven la cantidad de dinero que se lleva el estado de su nómina cada mes, empiezan a centrarse y a entender mejor, esta táctica del victimismo del estado de izquierdas. Y todo el discurso victimista de los mantenidos, de pronto se les hace pedazos.

Cuando finalmente ven las cosas con buena luz, les catalogan de fascistas que votan ahora a partidos de centro que apoyan economías liberales, a los que la izquierda y la tele insisten en llamar partidos de “extrema derecha”.

El poder está y estará cada vez más, en manos de estos iracundos, iracundas e iracundes, antipatriotas y resentidos.

¡Sálvense quien pueda!

JR

“Verde por fuera, Rojo por dentro”

Viendo que el comunismo no funcionaba, el ecologismo se convirtió en el vehículo anticapitalista preferido, consiguiendo el dinero y la adoración de las empresas, de Hollywood, de los medios de comunicación y de las élites intelectuales y sociales del mundo.

Los grupos ecologistas de presión, liderados por una niña de 17 años con un síndrome de discapacidad declarado (que se basa en la idea fija y en la incapacidad para razonar adecuadamente fuera de la obsesión), se han convertido en un próspero sector económico que mueve trillones de dólares alrededor del mundo.

Todo este presupuesto procede directamente de los impuestos de los contribuyentes y a través de subvenciones para campañas de concientizacion y educación se crean y mantienen nuevas “instituciones” reguladoras de lo verde junto a sus “abogados”.

Este movimiento tan rentable para sus gestores, nace a fines de la década del 70 y ha madurado hasta convertirse en una pesadilla para cualquiera que crea en la propiedad privada, los mercados abiertos y el Estado limitado.

Porque a estos grupos ecologistas no les interesa limitar los poderes del gobierno, ni expandir las libertades individuales, sino todo lo contrario.

El movimiento ecologista desea avanzar el intervencionismo estatal y sus demandas han normalizado declaraciones tan infames como que la utilización de la energía moderna supone «una amenaza mayor que el terrorismo».

Las grandes multinacionales ceden a estas presiones en forma de regalos y pedidas de disculpa al movimiento verde, fomentando a coro el alarmismo verde para desfavorecer a sus competidores o para obtener beneficios particulares, en forma de regulaciones que les benefician, fruto de favores de los políticos de turno.

El mundo de la empresa y los verdes unen sus fuerzas para presionar a favor de su estrategia y de sus intereses, subiendo los impuestos energéticos para obligar a todos los consumidores, ricos y pobres, a consumir productos más caros que, de lo contrario, tardarían años en abrirse camino en el mercado, si es que alguna vez lo conseguirían.

Cuando empezamos a profundizar en la ideología verde, notamos que los puntos en común entre verdes y rojos son muy profundos y van más allá del control de la población, de la restricción de las libertades individuales y de la libertad económica.

Para el ecologismo moderno el enemigo real es la economía libre y el capitalismo, y el ecologismo es simplemente el disfraz que han elegido para derribarlo.

La ironía de todo esto es observar el historial ecologista del comunismo; siendo China el país que más contamina hoy en día en el mundo, es curioso cómo el movimiento ecologista insiste en culpar a los Estados Unidos del desastre medioambiental que se han inventado.

Todas estas evidentes incoherencias dejan muy claro que el objetivo no es medioambiental, sino el ataque a la riqueza que genera el capitalismo.

Para ellos es más importante atacar la riqueza y adherirse a la superioridad de los estilos de vida primitivos, aunque ninguno de ellos se haya mudado ni piense mudarse a vivir a una de estas colonias primitivas, sino todo lo contrario, en cuanto se enriquecen con la política, se mudan a las zonas de moda, las más ricas y con más confort de la ciudad.

Para los verdes el medioambiente no es más que una estrategia para la demostración de que el capitalismo no funciona, de que hay un exceso de gente consumiendo excesivos recursos del planeta, y de que tarde o temprano, nuestro planeta reaccionará violentamente.

El razonamiento verde es que si capitalismo es la fuerza que sustenta a ese exceso de gente y su acceso a esos excesivos recursos, entonces el problema es el capitalismo.

Es muy importante observar la antipatía que los verdes sienten hacia la gente: «La gente es el mayor problema de nuestro problema” aseguran, mientras dan el voto a favor de ampliar la ayuda estadounidense a organismos abortistas extranjeros como inversión «pro-medioambiente».

Mientras tanto, su burocracia, su corrupción gubernamental, sus políticas de control y sus desmesurados aumentos impositivos, hacen que las clases medias del mundo vayan desapareciendo, aumentando rápidamente los niveles de pobreza en todos los países que tocan.

Y así es como rápidamente, el verde verde, se va volviendo rojo rojo.

JR

“Diversidad Incompleta”

“Las comparaciones son odiosas” repetía mi abuela, siempre que quería poner orden entre el grupo de nietos; en donde uno decía que era mejor jugando al fútbol que el otro y el otro decía, que era mejor en los estudios que todos los demás.

Según dicen los gurús de moda, uno sólo debería compararse con aquel que fue ayer. Esta comparación no sólo nos evita sufrimientos innecesarios, sino que además nos ayuda a mantener el foco en lo único que podremos cambiar y mejorar en este mundo. A nosotros mismos.

Pero compararse es inevitable, porque aunque no queramos hacerlo, no somos ni ciegos ni estupidos, y por mucho que uno se concentre en mirarse sólo el ombligo, vemos alrededor a gente mucho más talentosa, más rica y más exitosa todo el tiempo.

Pero la diferencia está en la mirada; si uno mira con admiración, con resentimiento, con envidia o simplemente con la mirada de aceptación que requiere toda diversidad.

Hoy la palabra diversidad está en todos lados, se nos exige todo el tiempo y se repite sin parar, pero siempre como reivindicación de alguien que se siente diferente, discriminado o en inferioridad de condiciones.

Pero nunca se emplea para aceptar con esa misma apertura, la superioridad ajena.

Yo me imagino que la diversidad no sólo tiene que ver con la raza o con las preferencias sexuales, sino también con la distribución de la riqueza y del talento.

Somos diversos en raza, en aspecto, en preferencias sexuales y también en capacidades.

Hay ricos, pobres, altos, bajos, guapos, feos, inteligentes, brutos, blancos, negros, gays, heteros, trans, etc porque el mundo tiende a organizarse de una forma muy dispar y no conoce la justicia.

La distribución natural no es ni justa ni injusta, simplemente es así. Y aceptarlo con talento y coraje, nos ayuda a mejorar.

Un psicólogo famoso me comentó una vez que atendía a un chico universitario que era muy buen alumno en una de las universidades más prestigiosas de los Estados Unidos.

Pero el chico, en vez de estar contento con su increíble desempeño en la universidad, llegaba a la consulta de su terapeuta amargadisimo.

La causa de su amargura era que su compañero de cuarto era mucho mejor que él; estudiaba menos y sacaba muchas mejores calificaciones.

El chico estaba rabioso y en vez de disfrutar de la vida en el campus con los amigos, se pasaba horas refunfuñando y odiando a su room mate.

El doctor intentó todo tipo de terapias para subirle el ánimo y la autoestima, pero nada funcionó.

Hasta que un día el psicólogo le preguntó: ¿Cómo se llama tu compañero de cuarto? Y el chico respondió: “Elon Musk”.

Compararse con Elon Musk evidentemente terminó en locura.

Aceptar con alegria la existencia del genio, del dotado, de aquel que es mucho más trabajador que nosotros o del que simplemente luchó más, mejor y más rápido para llegar hasta adonde nosotros no pudimos, o no estuvimos dispuestos a llegar; no es sólo un acto de humildad y realismo, sino algo sumamente necesario para mantener la cordura.

Gracias a Dios hay mucha diversidad y muchas diferencias e injusticias de este tipo en el mundo. Pero gracias a esa diversidad tan injusta, tan brillante y maravillosa, es que hemos tenido tanto progreso a lo largo de la historia.

Disfrutemos de esa diversidad, en vez de rabiar.

¡Y que sigan siempre floreciendo los diversos y los mucho mejores!

JR

“El Arte de Exprimir”

Hoy en día tenemos poco tiempo libre para dedicarle a nuestros amigos y menos aún, para hacer amigos nuevos.

La virtualidad y el WhatsApp han reemplazado los encuentros físicos, por un par de corazones y algún emoticono cada tanto.

Y aquel contacto cercano de nuestros antiguos encuentros, ha quedado relegado sin un gran pesar.

Uno ya no sufre la distancia como antes, porque se cree siempre cerca. Lo virtual ha engañado tanto a nuestros sentidos, que ya ni siquiera sabemos ni qué es la distancia, ni qué es estar cerca.

He notado últimamente que nuestros contactos se han vuelto limones.

Hoy se pauta un encuentro para sacar algo de alguien, para exprimirle en algún sentido, ya sea para sacar una información, un contacto, un trabajo o cualquier otra ventaja.

Un encuentro sin haber exprimido algo de alguien, se considera una pérdida de tiempo.

Los chats de extranjeros, amigos o expatriados ya no buscan el encuentro con el semejante, sino la mera información. Todos necesitan datos, lugares, detalles, sugerencias y recomendaciones de todo tipo; desde dónde comprar un alfiler, hasta el modelo adecuado de un sofá cama.

Se pregunta todo y todo el tiempo y esta falta de autonomía, de resolución y de independencia, resulta más que peculiar, alarmante.

Buscarse la vida y abrirse camino pasó de moda. Hoy hay que preguntarlo todo, y es quizás la adicción a google la que nos ha vuelto totalmente dependientes.

Yo me preguntaba cómo hacía la gente para moverse en la vida o en tierra extranjera antes de google, el chat y you tube; cómo viajaba, cómo emigraba y cómo era capaz de sobrevivir, sin pedir información y receta, antes de dar cada paso.

Hoy son pocos los encuentros para estar con el otro porque si, y a esos pocos, tenemos que cuidarles.

Lamentablemente el interés personal ha reemplazado al interés por el otro. Y la triste realidad es que ha dejado de importarme el otro, si no tiene nada de valor para darme.

El arte de exprimir, no sólo está hoy justificado, sino que es lo cotidiano y a lo que lamentablemente nos estamos acostumbrando; un poco con dolor y otro poco con estoicismo.

Uno se pregunta a veces si google en vez de solucionar nuestros problemas, no nos ha creado uno nuevo y mucho mayor.

¿Dónde puedo comer? ¿Dónde voy? ¿Qué compro? ¿Me recomiendas un jardinero, una empleada del hogar, un colegio, un desodorante, un peluquero, una manicura, un dentista, un psicólogo? Uno se encuentra con un amigo y sale con un listado de datos, pero fue incapaz de preguntarle con sinceridad, ¿Cómo estas?

Estamos perdiendo además de la empatía, la autonomía, la aventura, la experimentación personal, la intuición y la capacidad de decidir por nuestra cuenta, correr un riesgo y equivocarnos.

Todo lo queremos hecho, cortado, cocinado y si es posible, masticado por otros; como dan la comida los pájaros a sus pichones.

Creo que deberíamos moderarnos un poquito, limitar un poco la pregunta permanente y dejar de usar tanto buscador, para volver a ser buscadores.

Y cuando alguien esté dispuesto a compartir con nosotros su tiempo, su escucha, su compañía; algo que no encontraremos jamás en google, aprovecharlo.

JR

“Los Muertos de Miedo”

Todos sabemos que los medios de comunicación y los políticos para facturar, necesitan tener a un pueblo muerto de miedo.

Muertos de miedo votamos, muertos de miedo encendemos la tele cada noche para ver las desgracias del día y muertos de miedo reciclamos la basura, antes de que Greta llore en televisión y nos culpe del calor de Suecia.

Y así nos tienen, muertos de miedo, perseguidos por el FBI si protestamos por la teoría de la raza en el colegio de los niños o si llamamos a alguien gay, mujer, hombre o persona de color y se molesta.

Muertos de miedo salen de fiesta los adolescentes nacionales, que necesitan una declaración jurada para besar a una chica, no vaya a ser que le denuncien por acoso y termine esa noche en el calabozo.

Muertos de miedo van los no vacunados, con temor a que les echen del trabajo, no les dejen entrar al bar, al avión, al partido, al museo o a la boda de la hija.

Muertos de miedo nos vacunamos y nos enfundamos la asquerosa mascarilla de por vida, hasta llenarnos de hongos las fosas nasales o hasta que aparecen las infecciones de garganta y uno empieza a escupir sangre y piensa que tiene cancer, pero luego de 4 consultas y 7 estudios clínicos confirma que es una reacción natural por tanto enmascarse las 24 horas del día.

Muertos de miedo van los niños al colegio, acostumbrados a los partes disciplinarios si se les baja la mascarilla en clase y acusados por maestros muertos de miedo de asesinar abuelos y de ser seres insensibles y despiadados, además de blancos y privilegiados.

Muertos de miedo escuchamos a una niña llamada Greta con síndrome de asperjen por falta de sol, con deficiencia neuronal y pocas horas de escolarización, darnos lecciones y amenazar a los líderes de los estados, que la escuchan llorisquear y decir siempre las mismas frases, como si fuese una eminencia de la cultura occidental.

Muertos de miedo vemos la escena de Biden quedándose dormido y balbuceando las 4 frases que lee de un cartel y que le ponen delante para que repita como si fuese un monigote, con todo lo que la ultra izquierda le manda.

Muertos de miedo vemos a los chinos reírse de los líderes del mundo occidental reunidos, de sus discursos vacíos, de sus viajes a Europa en jet privado, de sus acuerdos millonarios y del gasto desorbitado con los impuestos de sus ciudadanos. Ciudadanos a quienes tienen amenazados con la extinción del planeta para que suelten billetes sin protestar, porque los muertos de miedo se aguantan cualquier cosa.

Muertos de miedo se vota el en el congreso americano los trillones de dólares para un negocio verde, que entre sus folios incluye millones de dólares para las amebas, caracoles, algas y corales; y para todas esas causas fantasmas, incomprobables y ridiculas que sólo pueden tragarse aquellos que están muertos de miedo.

Muerta de miedo está la civilización del aire acondicionando, de la calefacción, de los autobuses a la luna y a Marte, del Internet, del iphone. Teme al calor, al frío, al agua, al aire, al viento, al sol, a la comida y a su prójimo.

Poco a poco se va minando la autoconfianza de la civilización más preparada e inteligente que ha conocido el planeta.

El objetivo es no dejarle creer que es capaz de crear soluciones, artefactos, maquinaria o edificaciones, que eviten y resistan todas las inclemencias venideras del planeta.

Esos muertos de miedo, que dominaron todas las pestes, los virus, las infecciones, las malformaciones, el sida y hasta el coronavirus, hoy no se sienten capaces de adaptarse al cambio climático ni de crear las condiciones necesarias para sobrellevarlo con progreso.

Porque los muertos de miedo, aunque sean creadores brillantes y formen parte de la mejor civilización que haya existido jamás, se han vuelto temerosos y alarmistas.

Es increíble cómo con un mensaje apocalíptico, malvado y recurrente, se logra apocar a un genio.

Esta es la táctica del padre hostigador que infunde miedo y complejos al niño brillante, logrando desvalorizarle y minar su autoconfianza y así poder dominarle siempre.

Así estamos hoy; han logrado que la civilización más preparada e inteligente del planeta esté muerta miedo.

Ahora entiendo porqué sonríen tanto al vernos los rusos y los chinos. ¡Tanta estupidez apocalíptica es para morirse de risa!

JR