“Marxismo SIN Mascarilla”

Existe un fenómeno mundial dando vueltas y este es el regreso del marxismo a los países democráticos occidentales.

Muchos son los países que se encuentran hoy con este nuevo desfile de personajes que reinvindican el socialismo duro, como opción viable para el planeta.

El marxismo azota países como Estados Unidos, Argentina, España, Peru, Colombia, Cuba y Venezuela.

Lo curioso de este revival comunista es que está liderado por adultos jóvenes que apoyan sus campañas con discursos sentimentales, victimistas y ansiosos de igualdad, todo conjugado como una fobia hacia la injusticia que curiosamente se les calma totalmente en cuanto acceden al poder.

Esta nueva casta política comunista cambia rápidamente sus viviendas en zonas poco glamourosas por instalaciones millonarias y sus atuendos informales por Teslas, smokings y fiestas de gala.

Y todo con una naturalidad y una cara dura que resulta asombrosa.

Sus medidas draconianas para con la sociedad se instalan en cuanto llegan al poder y su tan proclamada ansia de libertad se convierte mágicamente en una intolerancia irreversible hacia cualquier tipo de desobediencia o diferencia de opinión.

Sus impuestos y sus medidas sanitarias son extremas y sólo se relajan en cuanto les toca a ellos cumplirlas.

Y es que esta nueva pandilla de comunistas mundiales son la nueva casta de señores feudales que azota a nuestra era de buenistas, ciegos, distraídos y bien pensados; todos los que vivimos aguantando y tolerando de todo, con tal de no parecer intolerantes o extremistas.

Esta casta política comunista basa sus campañas en discursos sociales que quedan únicamente en eso, en bonitos discursos.

Nada de lo que hacen está destinado a mejorar la vida social, laboral o privada de las personas. Detestan a la policía, niegan la inseguridad, no se hacen cargo de ninguna de sus responsabilidades, ni de sus errores y toda aquella pregunta que no les interesa responder la tachan de racista, sexista, islamofobica, homofobica o fascista.

Son expertos en excusas, evasiones y distracción, incapaces de asumir sus incongruencias ni sus pésimas desiciones y profesionales en buscar culpables allí donde no los hay.

Se muestran extremadamente intolerantes con los ciudadanos, pero son incapaces de condenar el terrorismo en ninguna de sus versiones, ni de regular sus fronteras para proteger a esos votantes que tanto dicen querer.

De más está decir que en sus fiestas comunistas, los únicos que tienen obligación de llevar mascarilla son sus empleados; esos que en sus discursos dicen representar.

Y es que debemos entender que la nueva casta comunista ha llegado para quedarse y hacer lo que ha venido a hacer: robar, hacer sus negocios particulares, subir impuestos, arruinar la economía, abogar fervorosamente por el medio ambiente, financiar terroristas, dividir a los ciudadanos, sembrar miedo, pagar votos, destruir los valores sociales y morales, reventar las instituciones, adoctrinar a nuestros hijos y usar la ley como herramienta de dominación.

A nosotros sólo nos queda tragar, pagar, callar y disfrutar de tanto espectáculo.

JR

“Aborto Libre, Vacuna Obligatoria”

En esta nueva época caracterizada por el triunfo del storytelling, el postureo humanitario y la utilización del miedo como droga hipnótica; nos hemos acostumbrado a vivir en permanente cortocircuito, pero sin quemarnos ya con nada.

Nos tragamos el verso del murciélago como si fuera un tratado de física de Einstein. Y sin ninguna diferencia se lo tragaron igual los intelectuales que los niños y todos con la misma facilidad.

Hasta que algunos niños comenzaron a sospechar de esta historia tan inverosímil y fantástica y plantearon la duda sobre un complot malintencionado.

Por supuesto, los intelectualoides siguen firmes y aún hoy sostienen a capa y espada la mala cocción de un murciélago, como verdad irrevocable del origen del CoVid.

Lo curioso de este nuevo mundo que impone el ostracismo como nueva práctica social, el miedo a la muerte como único mandamiento y la condena implacable hacia todo aquel que elija algo distinto a lo mandado; es recordar que esos mismos individuos tan estrechos de miras hoy con el Covid, son los mismos que hace dos días chillaban en las calles exigiendo el derecho a la libertad sexual, la libre identidad, el derecho al aborto libre sin límite de edad ni tiempo de gestación, etc etc.

Aquel despliegue de libertades por las cuales estos pseudo-revolucionarios daban la vida hace unos días, hoy sin embargo, les resultan intolerables.

Quien no quiera vacunarse en estos tiempos es enemigo del régimen de los zurdo- revolucionarios y es condenado al ostracismo y al PCR diario; se le niega el saludo, el movimiento y la admisión a lugares públicos e incluso a su puesto de trabajo.

Hoy aquellos que condenaban a los gritos la discriminacion, discriminan sin complejos a todo aquel que rehuse cumplir con sus estándares de salud.

“Mi cuerpo, mi elección” (my body, my choice) parece ser un eslogan acomodaticio y apropiado según para qué ocasión. Si es para follar, abortar o solicitar la eutanasia, por supuesto que aplica, pero para el resto, uno ya no es dueño de nada.

Todos los revolucionarios hippies que decían que vacunarse contra la hepatitis era envenenarse y que llevaron durante décadas a sus hijos a la escuela o a cruzar fronteras sin un calendario de vacunación, se han vuelto ahora, los talibanes de la vacuna del covid. Te contagian cualquier cosa, desde la tuberculosis, hasta el sarampión o el sida, pero usted tranquilo, que se dieron la phizer gratis en Miami, todo pagado con los impuestos de los imperialistas americanos.

Los regímenes se caracterizan siempre por esta tendencia constante al cortocircuito; por un lado, el discurso libertario y por el otro, la taser en el culo, dándote caña 24 horas.

Y uno aprende a obedecer bajo amenaza y a la fuerza; uno se insensibiliza a la contradicción y se vacuna aunque haya pasado ya el corona y sobrevivido, se enmascara, baja códigos en el móvil para justificar a cada paso su obediencia ciega y su pertenecia al grupo de los “correctos”, acepta que sus hijos pasen 8 horas diarias en el colegio enmascarados y sin siquiera tener derecho a la cara descubierta en el patio, firma consentimientos y todo tipo de amenazas que la institución le envía, y en caso de estornudar por el polen, se atiene en silencio a las consecuencias de que le obliguen a volver a casa a meterse otra vez el palo hasta el cerebro, para quitarse de dudas.

Lo más astuto de todo este asunto es que la justificación de estos abusos y de toda esta locura extremista y contagiosa, es el “respeto” a los demás.

Quien no se atenga a estas normas totalitarias es que no ama suficientemente a su prójimo, es un asesino de abuelos y está condenado a la peor versión del infierno de Dante.

En fin, que uno llega a casa y se siente un gilipollas por callarse y aguantar, un cagon de mierda, de esos que denunciaban a los judios durante el régimen nazi, incapaces de contradecir una orden injusta, pero todo con tal de presumir de ser un ciudadano obediente, complaciente con las órdenes, amigo del tirano de turno, siempre a tono con lo mandado y que cumple y traga, (sin utilizar ni una neurona), con toda aquella orden o mentira que le cuenten.

Cuando uno estudia historia se pregunta muchas veces… ¿cómo esta barbarie no se paró a tiempo? ¿Cómo nadie reaccionó? ¿Cómo no se rebelaron? ¿Cómo obedecieron durante tanto tiempo, órdenes tan crueles e injustas?

Yo recomiendo que cuando la historia del mundo le sorprenda, le horrorice y le haga pensar cómo pudo pasar aquello que pasó, corra rápidamente hacia un espejo para encontrar en su imagen la respuesta: el mundo estuvo siempre sobrepoblado de cagones como usted y como yo.

JR

“La nueva Fábrica de terroristas”

El desastre de Afganistán no es sólo una demostración de la incompetencia de la izquierda radical que gobierna estos tiempos a los Estados Unidos, sino un riesgo para el mundo entero.

Muchos alegan que esta guerra era una guerra demasiado larga y demasiado ajena y que ya era hora de abandonar la protección y la ayuda al pueblo afgano; pero no comprenden que la base militar americana en Afganistán, era la barrera para proteger a Occidente del terrorismo islamico y garantizarle al pueblo afgano un poco de estabilidad, seguridad y algo de progreso.

La incapacidad de Biden ya se ha demostrado con creces en estos siete meses que lleva de incompetencia en el gobierno de los Estados Unidos; pero tanta incompetencia y tan mal hacer, resultan sospechosos.

¿Existe detrás de esta rendición innecesaria y desorganizada un acuerdo? ¿Existe la posibilidad de que detrás de este escándalo se esconda la excusa para desestimar al viejo Biden y hacer que asuma la presidencia Kamala Harris?

¿Existen alianzas secretas entre la extrema izquierda y el terrorismo islamico? Los dos odian a Occidente, se excusan siempre entre ellos y reniegan de todos sus principios, por lo cual, no sería nada descabellado pensar en que haya un acuerdo secreto detrás de este desastre humanitario sin precedentes.

Los errores son tan graves que uno ya descree de que hayan sido casuales. ¿Existe detrás de este episodio nefasto un plan organizado por la administración de Biden?

Mientras el anciano evita las preguntas de los periodistas sobre Afganistán; cambia el tema como es habitual en los políticos de izquierda y se dedica a hablar de su negocio “el green deal”, dejando sólo los últimos minutos para decir las necedades de siempre sobre Afganistán, que por supuesto lee de la pantalla; se niega a contestar preguntas y consulta a su equipo cuando podrá retomar sus vacaciones.

Mientras tanto, los americanos retenidos en Afganistán y los afganos colaboracionistas con los Estados Unidos siguen prisioneros allí y no les dejarán salir, porque los talibanes les necesitan para organizar y manejar la tecnología, la maquinaria y la información que dejaron los americanos en sus instalaciones y por supuesto, para sus habituales extorsiones con rehenes.

Lo más probable es que Afganistán se convierta ahora en una fábrica de terroristas; gente amenazada y torturada que hará lo que sea por preservar su vida y la vida de sus familias.

Y mientras aterrizan en USA y EU los aviones de refugiados con lo mismo de siempre; (pocas mujeres y niños y muchos hombres afganos entre los 20 y 30 años sin documentación ni análisis de antecedentes), se han identificado ya, las conexiones de muchos de ellos con asociaciones terroristas como el ISIS.

Cuando uno observa con atención el procedimiento diseñado por Biden y por su equipo, piensa… ¡todo se ha hecho mal!

¿Pero si por el contrario, toda esta artimaña ha salido tal como esperaban?

Mi abuela siempre rezaba… “Señor protégeme de los tontos, que de los malos me cuido sola”.

Dicen que hace más daño un tonto que un malo; pero en el caso de Biden, se combinaron los dos.

JR

“La Satisfacción del agujero”

Los filósofos contemporáneos hablan sobre la transformación que ha sufrido el “homo politicus” hasta convertirse en “homo psicológicus”.

Esta nueva dimensión traslada el interés por lo colectivo hacia un interés meramente individual.

Cada uno mira por lo suyo, por su bienestar y por su presente. Ya no existe una visión de futuro, en donde quepa el esfuerzo o el sacrificio del presente, en pos del mejoramiento de lo colectivo, sino todo lo contrario.

Se reduce a su máxima expresión el afuera para poder amplificar así, desmesuradamente el adentro.

Lamentablemente, muchos de los que en estos tiempos individualistas profesan causas colectivas, suelen usarlas únicamente como estrategia de negocio, campaña política o como parte de una inclusión social o adherencia a la moda actual, parándose siempre estratégicamente del lado de lo políticamente correcto.

Defender la ecología, abogar por los derechos humanos, condenar el racismo a cada segundo o defender la libertad sexual, son causas políticamente correctas, pero que conviven con la total indiferencia hacia todo lo demás.

La hipersensibilidad contemporánea convive con la indiferencia más radical, como si fuesen la misma cara de una moneda y el hipersensible es igual o más fanático que el indiferente. Y suelen ser las dos caras de una misma persona. Hipersensible para algunas cosas e hiper indiferente para otras.

Las causas han dejado de ser una finalidad, para convertirse en un escalón hacia otro objetivo, que suele ser: la popularidad, el dinero, el like y la aceptación de determinados ámbitos o círculos sociales, políticos o económicos.

La causa ha pasado de ser finalidad, para convertirse en un medio.

En conclusión, pocos son los que realmente creen en una causa y menos aún, los que viven de acuerdo a ella.

El individualismo contemporáneo hace que el individuo pase del interés hacia el afuera del homo politicus, a una mirada exclusiva hacia su ombligo, que le impide cualquier interés real por otra cosa, que no sea él mismo.

La dieta, la salud, el cuerpo, su bienestar y su mejoramiento personal constante, son la agenda del sujeto contemporáneo, que con una mano levanta la pancarta de protesta y con la otra, se hace un selfie para compartir su momento “rebelde” en Instagram.

El sujeto se va encerrando dentro de una burbuja en donde la indiferencia hacia todo lo que esté fuera de si mismo crece, abriéndole a su vez, un nuevo universo de hipersensibilidad fingida y promovida por esa misma hiper atención a sí mismo.

Las necesidades fisiológicas individualistas incluyen el control de la glucosa, la tensión, la obsesión por la salud, el peso, la clase de gimnasia, la cita para la revisión médica semanal, el yoga, la compra macrobiótica o el suplemento proteico diario, y la publicación instantánea de cualquier tipo de satisfacción personal en las redes sociales.

Sin todo esto, la vida nos resulta incompleta y uno se siente en deuda con uno mismo; siente que no se está cuidando como se merece o compartiendo lo suficiente.

Las películas de Woody Allen reflejan muy bien el paso hacia este homo psicologicus, que no para de mirarse, medicarse y analizarse y sin embargo, cada vez es más infeliz y tiene más problemas.

El universo interno es insondable y por supuesto muy rentable para todo aquel que se dedique a comercializarlo.

Lo curioso del narcisismo actual es que el Narciso de hoy, vive su vanidad sin ninguna culpa ni conciencia; uno ya no es un desmesurado o un vanidoso, sino solamente un hombre moderno, adaptado a las nuevas normas que nos impone este tiempo basado en el cuidado personal, por sobre todas las demás cosas.

En algunos casos el Narciso suele considerarse una víctima de la imposición social y jamás se considera responsable de nada.

Personalmente, veo a esta época como la oportunidad ideal para vivir con un único objetivo en la vida que no es otro que “la satisfacción de todos los agujeros”.

Pasando además, totalmente desapercibido y como una persona normal, embajadora de su tiempo.

El exceso de cualquier tipo se ha normalizado y a tal punto lo ha hecho, que se ha convertido en un derecho inalienable.

La obsesión por la felicidad de los agujeros incluye la obsesión por la alimentación, las terapias digestivas, las limpiezas de colon rutinarias, la motivación ocular permanente a través de la imagen, redes, fotos, películas, viajes; el auricular permanente, incrustado en una oreja cada vez más sorda, la inhalación terapéutica constante de fragancias motivadoras y de drogas y por supuesto, la tan promovida obsesión por el sexo de toda clase y sabor.

La única lucha revolucionaria que se promueve en esta época es la de mantener a cada agujero activo, entretenido y motivado; cueste lo que cueste, caiga quien caiga y sin importar la edad que tengas. “Disfrutar de todos los excesos y hasta la tumba” es el legado que dejamos .

Este ser psicologicus, que ha normalizado varios tipos de locura, vive su día a día con una sola pregunta, que se hace a sí mismo a cada momento: ¿Soy feliz? ¿Soy feliz? ¿Soy feliz?

Curiosamente, en una época en donde se prioriza al extremo la felicidad personal, los arquitectos ingenian edificaciones con barandillas y máxima seguridad para evitar que la juventud hipersensible se suicide cada semana, lanzándose desde sus edificios más emblemáticos.

El presente ha ocupado todo el espacio de un ser que ha cambiado todos los objetivos a largo plazo, por una sensación instantánea.

La hipersensibilidad hacia las causas más ridículas; conviven hoy, con la indiferencia patológica hacia todo su entorno.

El narciso hipersensible de hoy, se niega en rotundo a jugar al ajedrez por considerarlo un juego de clases, racista y sexista, pero a la vez, defiende a ultranza que los talibanes recuperen su tierra e impongan la sharia.

Y mientras se conoce a la perfección la cantidad de carbohidratos y demás componentes químicos que consume con cada bocado, es incapaz de ubicar a Afganistán en un mapa.

Por eso en esta época de narcisos hiper conectados e hipersensibilizados, lo mejor es ir con mucho cuidado; descreer de todo lo que profesan y publican en las redes y mirar muy bien cómo estos seres tan selectivamente sensibles e informados, se mueven con aquello que tienen más cerca.

JR

“Indiferencia Mortal”

De todas las expresiones que utilizan los jóvenes, hay una que me preocupa especialmente y es aquella que emplean cuando tienen la oportunidad de elegir una opción. “Da igual” me dicen siempre que les incito a elegir entre dos cosas.

No señor, las cosas no dan siempre igual, uno tiene que saber que elegir es importante; en primer lugar porque son muy pocas aquellas ocasiones en las que se nos permite elegir en la vida, y cuando esas escasas oportunidades aparecen, hay que aprovecharlas.

Sin embargo, las nuevas generaciones están demasiado acostumbradas a ser permanentemente consultadas.

Muchos padres toleran desde la infancia una tiranía en donde es el niño quien decide y marca el ritmo en casi todos los ámbitos. Y es que en esta sociedad sólo nos importa que el niño sea feliz. ¿Pero es realmente feliz?

Denoto en las nuevas generaciones una mezcla de indiferencia hacia el mundo que les rodea con sobredosis de opciones, con una obsesión por las causas intangibles, como son el clima, el medioambiente, las intolerancias universales y diversas temáticas sociales que les mantienen siempre en combate y demasiado ocupados en las redes sociales. Les veo demasiado preocupados por la opinión ajena, por los seguidores, los likes y los haters, el bullying y el acoso, mientras sobrexponen su existencia generalmente irrelevante y superficial ante una audiencia universal que los ama y los detesta en público y sin que realmente les importen nada a nadie.

Sospecho que quizás esa multitud de oportunidades disponibles sea lo que les convierte a su vez, en seres un poco abúlicos, faltos de pasión y poco dispuestos para la actividad y para el trabajo.

Deberíamos empezar con analizar este fenómeno contemporáneo occidental que es “la abolición patológica de la necesidad”, para comprender mejor la falta de energía creativa.

Como decía mi abuela “la necesidad es la madre de todas las cosas” por lo tanto, aquel que no necesita, no siente necesidad de moverse.

Aquel que sabe que puede sobrevivir sin tener que mover un dedo, no siente el hormigueo de aquel que es consciente de que si no se moviliza no come.

Esta cultivada y promocionada indiferencia criada a base de derechos y pagas estatales por el sólo hecho de existir, ha fomentado a un individuo exigente, pretensioso, deprimido y dependiente de todo tipo de sustancia o dispositivo que le posibilite la distracción.

“Todo me da igual” en el momento en el que yo dejo de sentir responsabilidad alguna. Yo quedo fuera del juego cuando lo observo desde fuera y no tengo ningún tipo de implicación en él.

Cuando en cambio, asumo que toda decisión que tome me acarreará una responsabilidad por la que debo responder, la cosa cambia.

Uno comienza a mirar con más detalle los contratos y elige sólo aquellos por lo que se encuentra dispuesto a dar la cara y a poner el cuerpo.

Sin embargo, esta indiferencia selectiva no se manifiesta en el ámbito material.

La juventud es exigente, no le da igual un iPhone que un móvil de cualquier otra marca y no se conforma nunca con menos, que con lo mejor.

Por lo cual, esta indiferencia que pudiera ser en apariencia una actitud hippie de austeridad, desinterés, de paz, amor y tolerancia, no es tal.

Un joven puede pasarse cuatro semanas analizando la elección de un móvil, pero a la hora de votar en unas elecciones generales es incapaz de leer las propuestas de los distintos candidatos. “Da igual” responden, con esa sutil indiferencia que los desresponsabiliza de cualquier libre elección.

A veces me pregunto si esta indiferencia selectiva es un signo de los tiempos, o es simplemente un cansancio hacia todo aquello que no sea lo meramente material o digital.

Hay que ver sin embargo, el esmero que ponen en las fotos de Instagram, tanto, que algunos llegan a caer de precipicios con tal de conseguir una imagen más influyente.

Comprendo sin embargo, que un señor de 80 años, ya mareado de ver girar tanto el planeta me diga “da igual”.

Pero que una juventud que aún no ha producido nada más que gasto, tenga esa respuesta, realmente me alarma.

¿De qué están tan cansados estos jóvenes?

Quizás era como decía mi abuela aquello de que “la pereza por ser amiga empieza y cuando es amiga es tirana, quita la tranquilidad, roba la calma y destroza sin piedad el alma.”

No hay nada mejor que cubrir todas las necesidades de un ser humano para transformarlo en una ameba, en un esclavo o en un ser infeliz y falto de energía.

Uno a veces cree que ama y destruye, malcría y arruina, protege y mutila, lo da todo, y sin embargo, lo quita todo.

JR

“El Frankenstein del estado del Bienestar ”

Cuanto más viajo por los países europeos más me percato del daño moral que le ha hecho el estado de bienestar al espíritu del trabajo.

Si bien el estado de bienestar es un bien muy promocionado actualmente por todas las ideologías de izquierda, bajo el cual se le garantiza al ciudadano una cobertura completa de sus necesidades (salud, vivienda, educación, subsidios, alimento, pensión), es mi deber decir también, que su producto no es un hombre trabajador sino “el hombre vago”.

Este nuevo engendro es un ser que habita en un estado de bienestar constante, en donde se le garantiza que todas sus necesidades estarán cubiertas sin necesidad de trabajar.

Poco a poco, este ser va relajando la musculatura y comienza a necesitar un gimnasio, y va agudizando su astucia y estrategia para perpetuar su estado de abulia en todas las direcciones posibles.

Se vuelve un lince para inventar, detectar y exprimir beneficios que le sigan manteniendo la condición de vagancia durante toda la vida.

Este ser es el equivalente al nuevo niño de 30 años, que sigue viviendo con papá y mamá toda la vida, con tal de no renunciar a los beneficios y comodidades que le proporciona la dependencia.

¿Para qué privarme de algo que pueda motivar mi ansia de superarme, si puedo seguir cómodo, inútil y tranquilito donde estoy?

Mientras el huevón treitañero expresa con soltura y a viva voce su estupidez, la mamá le sonríe y dice orgullosa… ¡claro! ¿Adónde va a estar mejor el nene que en casa?

Pero bueno, todos sabemos que la gillipollez es hereditaria y cultivada y además, ¿qué podemos esperar de unas generaciones amamantadas a base de dependencia eterna y de derechos inalienables?…

Lo peor de todo este malentendido de conceptos es la alteración de las potencias; aquello que antes se conseguía con años de trabajo,(salud. vivienda, alimento, educación etc) hoy es un derecho y de cualquiera.

Todos tenemos “derecho” a todo, no importa si lo merecemos o no.

Y como decía el tango…”da lo mismo el que labura noche y día como un buey, que el que vive de las minas, que el que mata, que el que bura o está fuera de la ley”

Son pocas las diferencias con aquel cambalache del siglo XX y es que hoy, todos tienen derecho a todo, a costa del trabajador y del empresario.

Si algo memoriza bien el Frankenstein actual, es la lista de derechos que posee y que desde pequeño le motivan a reivindicar sin descanso, cortando el tráfico con sus marchas y protestas, al pobre trabajador que es quien viene pagándole su material escolar y sus vacunas desde el parvulario.

El engendro moderno, amamantado a base de ignorancia democrática y con un bajisimo nivel de contabilidad, desconoce que en toda cuenta, para sacar de un lado, hace falta siempre poner del otro.

Detrás de todo ese bienestar y del derecho inalienable del vago moderno, hay una sobredosis de impuestos amplicada sin piedad al trabajador, que por ser ambicioso y tener la osadía de trabajar, se merece pagar y mucho, para mantener al ejército de vagos promovido por la izquierda, que tiene el derecho a seguir siendo vago toda la vida.

El empresario grande o pequeño siempre merece pagar y ese es el único merecimiento que aceptan los comunistas sin condiciones.

Porque el otro mérito; ese que tiene que ver con el esfuerzo y con la recompensa al trabajo; ese no les gusta nada, porque según ellos toda meritocracia está asociada a la ambición capitalista y al privilegio; que aunque la desconozcan por su alarmante falta de neuronas y exceso de derechos, es ese mismo capitalismo quien mantiene económicamente su condición de vagancia inalienable.

El verdadero daño que ha ocasionado el estado de bienestar se lo ha hecho al esfuerzo y al trabajo, condenando cualquier tipo de esfuerzo, de ambición y de deseo de progreso como se condena a una actitud ridícula e innecesaria. ¿Para qué trabajar duro, si ya nos dan todo?

El daño es tremendo porque al dañar la ambición y ese afán que nace del “hambre espiritual” de todo hombre valioso, se daña también toda posibilidad de progreso.

Hace unos días escuché una conversación que me erizó los pelos. El conserje de mi urbanización (un ejemplar de vago digno de estudio) se entrometía en los trabajos que estaba haciendo un señor rumano en la piscina de un vecino.

Desde el principio de su charla se encargó de subestimar la actitud de trabajo de estos hombres duros, que emigran para hacerse un lugar en la “europa libre” después de vivir casi una vida bajo el yugo de regímenes comunistas.

“¿Sabes lo que hago yo, para mantenerme así de joven? se auto preguntaba el vago del conserje.

-“Pues trabajar lo menos posible” se auto respondía el ejemplar español, dedicado a vivir del cuento e intentando a su vez ridiculizar el trabajo ajeno.

El rumano que seguía imparable trabajando bajo el sol, le contestó: “vete ya, que no tenemos tiempo de charla, tengo que dejar lista esta piscina para esta tarde”

La diferencia entre quien se cria a base de derechos y quien se cria a base de obligaciones es abismal.

Y si vas a necesitar a alguien que te haga algún trabajo, ya sabes a quien llamar. Ahora, si quieres algún truco de belleza y de salud, te mando por privado el número del conserje.

Otro de los aspectos que ha perdido el trabajo es la capacidad de motivación.

El joven de 30 años que luego de 3 décadas de formación se decide a buscar empleo, suele desilusionarse de no encontrar jamás la horma de su zapato.

Se siente tan preparado académicamente…”tanto master, tanto curso, tanto currículum para ganar una mierda y encima tener un jefe” … es lo que suelen pensar estos jóvenes con sobredosis de aula.

Los currículums son escalofriantes, ahora, cuando entran a trabajar, no saben hacer ni la “o” con un canuto. Se venden como ingenieros nucleares, pero si se funde una bombilla se ven obligados a llamar de urgencia a un manitas.

¡Pero cuidado con decirles algo! Ellos son ultra sensibles, usan lenguaje inclusivo y se ofenden por cualquier cosa y aunque tengan más años de clase que Aristóteles, no son nunca valorados, apreciados, ni remunerados como se merecen.

¡Ah si! Porque a pesar de odiar con devoción a la meritocracia, ellos y sólo ellos, se lo merecen todo!

Otro de los problemas actuales es la falta de hambre, esa ambición que hizo crecer siempre al hombre inquieto y consecuentemente al mundo.

A ellos no se les ha dado la oportunidad de conocerla y esperan que el trabajo sea una actividad motivacional continua y no una rutina dura, pareja, cansina y agotadora que posibilita la subsistencia.

A los dos meses en el puesto de trabajo ya están cansados, sufren de ansiedad o de depresión, solicitan baja por alguna enfermedad psicológica incomprobable y comienzan a preguntarse por el sentido de la vida, están siempre a un paso de apuntarse a estudiar filosofía, de huir a un templo budista o de inventarse alguna estafa nueva, para seguir mantenido por papá estado toda la vida.

La desmotivación es un tema recurrente para esta generación, acostumbrada a vivir a través de netflix, de instagram y del videojuego.

Ellos se han acostumbrado a que la vida es un entretenimiento y cualquier trabajo les resulta traumático e insoportable y rápidamente salen en busca de algún tipo de analgésico, de subsidio, de diagnóstico falso o de medicación que les facilite la evasión.

Frente a semejante panorama no es de extrañar que los gobiernos de izquierdas se empeñen ahora en postergar lo más posible nuestra jubilación, porque viendo el relevo de flojos disponible para mantener las arcas de estado, no les queda otra opción.

¡El monstruo del estado de bienestar que ellos mismos han creado, no es capaz de mantenerles como es debido!

Desgraciadamente, este Frankenstein de izquierdas, acostumbrado al derecho eterno e inalienable a la quietud, a la necesidad de motivación constante, al reclamo, a la protesta, a la exigencia permanente y a la súper sensibilidad para todo, nos obligará a que trabajemos toda la vida, para seguir manteniéndoles intactos todos sus vicios.

JR

“¿Clan o Clon?”

Una cosa es pertenecer a un clan y otra muy distinta es convertirse en un clon del clan.

Todos pertenecemos a un clan desde que nacemos. Una familia,una comunidad, una afición artística o deportiva nos convierten en parte de distintos clanes a lo largo de nuestra vida.

Si bien compartimos historias y experiencias comunes con los miembros de los distintos clanes a los que pertenecemos en distintos momentos de nuestra vida, ser un clon no es parte del contrato.

La conquista de la individualidad es sin duda lo que nos convierte en individuos. Uno se diferencia del otro y se delimita; va marcando sus bordes y creando unas distancias en el proceso de “crearse” a sí mismo.

Uno no solamente se descubre a sí mismo en sus similitudes y en sus diferencias con el resto, sino que también se crea según su propio diseño.

En el proceso de “descubrirse” no está implicada la libertad porque uno descubre únicamente aquello que ya existía; pero crear, es sin duda, un proceso totalmente distinto al de descubrir.

Para crear hace falta libertad; es más, todo el proceso de “crearse” no es otra cosa, que la aplicación de la libertad en uno mismo.

Uno se aplica la libertad a sí mismo cuando se contruye a si mismo como un individuo.

En este proceso no se descubre sólo lo que uno es, sino que se decide además, como uno quiere llegar a ser.

La construcción de la identidad no es únicamente inevitable, sino también elegible, consciente y trabajada en busca de un ideal.

Si bien hay cosas que no puedo cambiar; hay también muchas otras partes de mi identidad que son producto de mi elección personal y de mi voluntad.

Actualmente, la pertenencia a determinados clanes nos obliga también a convertirnos en clones. Pero esa exigencia nos implica una renuncia a nuestra individualidad.

Pertenecer a un grupo no debería conllevarnos de ninguna manera, convertirnos en una pertenencia de ese grupo.

Toda individualidad conlleva un proceso doloroso porque diferenciarme es delimitarme y cortarme en algún punto del resto. Delimitarse es siempre soledad, ser uno es soledad.

Toda separación resulta dolorosa en tanto que al separarme quedo solo, pero en todos los casos, la creación de la individualidad resulta generalmente liberadora.

En muchas ocasiones la separación que implica el nacimiento de la individualidad es percibida por el clan como una traicion al grupo o a los valores compartidos. Por eso la individualidad conlleva muchas veces sufrimiento tanto de un lado, como del otro.

El nacimiento de un individuo duele un poco a todos; al que nace, al que se resiste a soltar y al que deja nacer. Pero vale la pena.

JR

“Prisioneros de la Fantasía”

Si le preguntas a cualquier joven qué quiere de mayor, pocos serán aquellos que te digan algo distinto al deseo de ser millonarios.

En mi época uno deseaba poder llegar a ser un buen médico, tener una casa propia, un coche, hacer un viaje o vivir en el campo o cerca del mar.

Nuestros sueños también eran sueños; quizás no eran tan ambiciosos como los de ahora; pero al menos, no soñábamos todos lo mismo.

Hoy existen distinciones para todo, esta es una época en donde nadie quiere parecerse a nadie porque todos desean la originalidad, y sin embargo, es curioso ver como todos sueñan lo mismo.

Sabemos que la juventud hace lo que sea por tener 5 minutos de fama y hacerse virales en las redes sociales. Si para eso hay que asesinar a la abuela on line, lo harán, asi que a andarse con cuidado, porque estos soñadores hacen cualquier cosa por la causa.

Si bien es cierto que la suerte existe; para que la suerte cunda hay que estar muy preparado y trabajar mucho y de continuo para que ésta permanezca y dé frutos duraderos.

Pero la letra pequeña no se la lee nadie. Esfuerzo, trabajo, continuidad, resistencia al tedio; son conceptos demasiado pesados para los nuevos aspirantes a millonarios que veneran a la instantaneidad y al clic como si fueran un Dios.

Este sueño tan común al que aspira esta nueva generación tan ecológica y contradictoriamente tan consumista, refleja nuestra tendencia inevitable a la incoherencia y a la fantasía.

Desde pequeños se nos alimenta de fantasías y se nos promueve la capacidad de imaginar lo imposible como posible.

Y esa capacidad de soñar lo imposible es fundamental para todo progreso. ¿Quién hubiera soñado tener luz eléctrica, internet o aviones?

Los soñadores son necesarios y lo fueron siempre. Pero soñar esos sueños, sin tener conocimientos de electricidad, mecánica o ingeniería hubiera quedado sólo en un sueño frustrado.

Todos podemos soñar, pero pocos estamos preparados como se debe para hacer de ese sueño una realidad.

La fantasía nos alimenta y nos motiva, cultiva la fe y promueve la esperanza pero ¿qué pasa cuando la fantasía no se hace realidad?

El problema es que la intolerancia al fracaso está también en boga. Para todo te recetan ahora una pastilla y desde niños se medica la falta de concentración, la hiper actividad o la desmotivacion a base de productos químicos.

Hoy no se receta fortaleza, trabajo, constancia o superación sino viene ya en pastilla.

Ni se les ocurre a los médicos decirle a los padres que lo que el niño necesita son límites claros y frecuentes, atención, cariño o cuidados que no recibe de parte de sus progenitores, porque la mayoría de ellos, prefiere seguir cubriendo esas carencias a base de medicación.

Si alguien te llama gordo; como hicieron los niños toda la vida con nosotros; el niño actual se debate entre acuchillar al agresor, tirarse por la ventana o recurrir a la anorexia.

El camino del medio es evitado porque ese camino incluye aceptación, fortaleza, resistencia, esfuerzo, superación, trabajo, constancia y una dura dosis de realidad.

La fantasía es muy bonita hasta que empieza a hacernos daño. Y el daño aparece cuando no se combina a la fantasía con realidad.

Una cucharada de fantasía y 4 de realidad es la dosis medianamente adecuada para mantenerse sano y para que no nos gane el delirio, ni nos venza la frustración.

Mantenerse real es mantener los pies en la tierra y las manos trabajando; por supuesto siempre soñando, pero nunca quietos.

Recuerdo hace dos años cuando mi hijo menor descubrió que papá Noel no existía.- “quise venir primero a preguntártelo a ti” me dijo muy serio. Y permaneció dos dias sin hablarme después de confirmar el engaño.

Ninguno de mis otros hijos había reaccionado así; quizás si un poco desilusionados, pero nunca con esa sensación de haber sido traicionado vilmente y de forma continuada a lo largo de los años.

Intenté justificarle mi mentira en pos de alimentarle una ilusión, de que fuera un niño como todos los demás; pero con ese niño no hubo manera.

Y agradecí en ese momento no haberle apuntado jamás a ninguna religión, porque hay personas que no llevan nada bien el exceso de fantasía.

Cada uno debe aprender a lo largo de la vida, cual es la receta indicada que le conviene; qué cantidad de fantasía necesita para mantenerse motivado y no decaer en el desánimo y qué dosis de realidad le conviene para que la frustración no le pille nunca desprevenido y lo reviente.

Lo bonito de soñar es poder volar un poco fuera de la realidad y descansar de a ratos de ella, pero sin que nuestro despertar nos duela como un engaño.

JR

“Turismo Sanitario”

Resulta curioso ver a los defensores de sus propias fronteras traspasar las del vecino con tanta impunidad.

Y es que el discurso se ablanda y se derrite cuando la acción no es consecuente, ni coherente con la palabra.

No paro de escuchar a la gente que va a vacunarse gratis a los Estados Unidos, sin siquiera sentir el menor remordimiento por estar utilizando los impuestos del americano en su propio beneficio.

Y para retomar luego y con el mismo ímpetu que antes el tan gastado discurso de “justicia social”, mientras ejercen en Miami el “sálvese quien pueda”.

Por el contrario, no solamente evitan el remordimiento, sino que sienten que el uso de los beneficios ajenos, son un derecho que se han ganado sólo por existir y por tener los recursos para trasladarse hasta allí.

Lo llamativo y peligroso de nuestra naturaleza es la facilidad que tenemos para convertir a la caridad en un derecho inalienable.

La caridad suele empezar siempre como la libertad de dar, para transformarse muy pronto en la obligación de dar y en el derecho a recibir.

“En Estados Unidos las vacunas sobran” me dijo un amigo latinoamericano, justificándose alegremente por haberse vacunado gratis en Miami.

“Y además, les levantamos el turismo y la economía cuando vamos a vacunanarnos allí” insistía, considerándose además, un premio.

Lo increíble de esta justificación miope es que al final serán los americanos quienes deberán agradecerle a él, el que vaya a vacunarse con el producto de sus impuestos.

Y lo más alarmante, no es la falta de ética, sino la ceguera del avivado.

Uno se pregunta entonces, si es que realmente niega la realidad porque es un gilipollas o porque cree que todos los demás somos tarados.

Yo me imagino a mi amigo, comiendo cuatro Big Macs durante ese par de días que pasó en Miami durmiendo en el sofá de su amigo y me pregunto cómo puede ser que su visita haya impulsado tanto la economía de un país, que fabricó y pagó esas vacunas con los impuestos de sus pobres ciudadanos.

Y también recuerdo las historias de mi abuela, que contaba cómo la Argentina fue hace muchas décadas un país en donde todo sobraba.

Y sobraba tanto de todo, que Latinoamérica entera se atendía gratis en sus maravillosos hospitales públicos y estudiaba carreras universitarias en sus prestigiosas universidades gratuitas, con becas de manutención y de vivienda.

Seguramente aquellos pacientes y estudiantes extranjeros también pensaban que las medialunas que desayunaban a diario levantarían la economía del país de acogida, pero sin embargo, sucedió justamente lo contrario.

La Argentina, ese pais en donde todo rebosaba y sobraba, quedó devastada sanitaria y culturalmente, porque no existe quien pueda sostener una caridad de fronteras abiertas, con los impuestos de los pocos ciudadanos que la financian.

Si bien cada uno se busca la vida y se cuida la salud como puede, es de agradecer ser coherente en el discurso y sobre todo, permanecer siempre agradecido.

Porque no eres tú el que le hace un favor a la economía americana, sino que es el ciudadano americano el que te lo está haciendo ti, pagando tu vacuna gratis, con sus impuestos.

Y nos queda bien claro, que por mucho sobrante de vacunas que haya quedado en los Estados Unidos, quien debería cuidar y proteger los intereses de los ciudadanos americanos; (que con tanto esfuerzo pagan sus impuestos cada vez más altos); no lo está haciendo como debería.

JR

“La Realidad Fabricada”

Cuando nos preguntamos qué es la realidad, llegamos a la conclusión de que la realidad para cada uno de nosotros es el producto de nuestra propia experiencia cotidiana.

La abuela Carmela, que vive en un pueblo de España de unos mil habitantes conoce la realidad por sus propios medios.

Sabe los nombres de los vecinos, los nombres de los vendedores del mercadillo dominguero, la época de la cosecha de la aceituna y sus resultados y conoce además, los dramas, las alegrias, los progresos, los problemas y los cotilleos de casi todo el pueblo.

La televisión y las noticias la entretienen, pero no pueden brindarle información extra sobre el pueblo que ella no conozca de antemano; los medios no pueden engañarla.

El problema con las ciudades es que la mayoría de nosotros vivimos en micro mundos, en donde sólo tenemos acceso a diminutos fragmentos de la realidad.

Ocho horas en la oficina, dos horas promedio en el coche y al llegar a casa, la realidad sólo se nos aparece cuando encendemos el televisor.

Y aquello que eligen mostrarnos comienza a ser para nosotros, la realidad. Uno comprende entonces porqué todos respetan tanto a la prensa.

Y es que son ellos, quienes eligen a diario cuál será nuestra percepción de la realidad; con sus encuestas, sus entrevistas, sus versiones, sus números fabricados, casualmente siempre coincidentes con su postura y con su visión, van moldeando nuestra mirada y dirigiéndola hacia donde les interesa que miremos.

Si quieren que odies a determinado personaje lo lograrán y si quieres que lo ames, lo conseguirán también.

Por eso, ni los actores ni los políticos quieren llevarse mal con los medios. Porque saben quien manda y quien rige su destino.

Existe una enorme diferencia entre la ideología y la propaganda: la ideología se basa en las ideas que crean un sistema y la propaganda se fundamenta en la “imagen fabricada” por ese sistema.

Esto lo aprendimos muy bien de los gobiernos comunistas y fascistas.

La propaganda de la ideología es el haber llenado las calles con carteles de Lenin y de obreros sonrientes con el martillo y la hoz, pero sin embargo, la publicidad no logró que los rusos amaran, disfrutaran o preservaran el comunismo.

Una cosa es tener a Maduro bailando en los medios de comunicación que le pertenecen y otra muy distinta, es que los venezolanos amen el régimen del hambre y la dictadura a la están sometidos.

Y a la que paradójicamente Maduro sigue llamando “democracia” por haber conseguido su poder a través de un fraudulento voto popular.

La diferencia entre la imagen del régimen y lo que el régimen realmente es, constituye la realidad.

Actualmente ya no existen ideologías nuevas, sino imágenes nuevas para las viejas ideologías.

Las ideologías que antiguamente estaban sustentadas por las ideas, hoy están sujetas únicamente a una imagen.

Cuando no existen ideas exitosas, ni mecanismos innovadores para aplicarlas, se cambia a la idea por la imagen.

Lo que rige hoy la política no son las nuevas ideas, sino la imagen idealizada de ideas ya fracasadas; como por ejemplo el obrero sonriente o Lenin abrazando al niño, sulplantadas por Maduro regalando vacunas contra el COVID.

La imagen se ha adueñado de nuestra percepción de la realidad. Y hoy es la imagen y no la realidad, la que nos agrupa y nos convence.

Ya no hay político que se sienta obligado a presentar un plan de acción ni un mecanismo de administración coherente y eficaz, porque sabe de antemano que el vídeo emocional, la frase sensible y emotiva, la lista de cifras prefabricadas, el tono suave y paternal del tirano disimulado, la foto con el perrito o con la mascarilla, suplen su total falta de ideas y lograrán distorsionar fácilmente la percepción de la realidad de las masas. Y todo, a un coste intelectual y económico bajísimo.

Estamos sujetos al sentimentalismo de Maduro abrazando al niño, a Pablo Iglesias creyendo que ese pelo largo tan cuidado, le convierte en revolucionario “Che Guevara” desde su nueva mansión en Galapagar, a Monica García que cree que ser médico la dota de una extraña superioridad moral, a Gabilondo que ha descubierto que la subida de impuestos y la ruina económica de un país son la tan ansiada cura para el COVID y a Ayuso que nos propone seguir trabajando duro por este camino.

Deberíamos salir a la calle y hacer como hace Carmela en el pueblo; mirar la realidad sin maquillaje ni intermediarios, sin panfletos con frases empalagosas ni canciones lacrimógenas, sin asesores de imagen, ni banderas, ni rencores ancestrales, ni promesas de papel y elegir nuestro destino (mientras nos dejen), sin filtros, sin complejos y sin censura.

JR

“La Vara fuera del Aula”

Cuando uno se encuentra con amigos uno busca relajarse, reír, comentar y en algún punto incluso hasta confesarse; desplegar esa cuota de sinceridad que uno retiene y que al encontrarse entre amigos, tiende a descargar sin censura.

Uno cree estar a salvo entre los amigos; se atreve a contar chistes verdes, comentarios políticos, íntimos, sociales y demás indignaciones, que entre colegas se difuminan y se calman entre carcajadas y coincidencias.

Y eso es lo maravilloso de los amigos; la sensación semanal de sentirse libre y a salvo.

Siempre podremos achacar la sinceridad brutal a los efectos del alcohol o simplemente a la exaltación del momento, pero el problema es generalmente el amigo santurrón.

Ese que sólo bebe agua o Coca Cola light y anda siempre con aires de profesor mediocre de escuela e intenta aplicar al grupo la moralina del político.

Este individuo generalmente aburrido, complicado para todo y maniático hasta más no poder, no llega nunca a comprender la diferencia entre una reunión de trabajo y una reunión de amigos.

Este encuentro mágico que incluye sinceridad, descarga, terapia, confesiones y risas es como un bálsamo en el medio de la vida cotidiana.

Uno lo cuida y lo preserva con esmero como si fuese una joya y no importa lo llena que tengamos la agenda, siempre encontramos un hueco para participar de este oasis.

Después del encuentro cada uno regresa a su realidad, a su comportamiento habitual y a sus ocupaciones, cada cual con más o menos coherencia o con más o menos efectividad, pero todos regresamos con esa sensación de liviandad que nos deja el sentirnos libres.

El santurrón en cambio vuelve tenso; ha apuntado cada frase, cada broma, cada comentario escandaloso y seguramente los utilice en nuestra contra en algún momento.

Uno se da cuenta en la reunión de las miradas del santurrón e intenta evitarlo la próxima vez, pero al final el santurrón complicado siempre se las apaña y aparece; a volver a tomar nota con grabadora o martillo, según el pronóstico del tiempo.

El santurrón está de moda y tiene rating, ocupa horario prime en todas las televisiones, siempre tiene algo que comentar, decretar o interpretar sobre trivialidades y sobre las confesiones íntimas de los demás, incumpliendo sin cargo de conciencia todas las normas de confidencialidad y de amnistía que implican una amistad saludable.

Uno no sabe si ser más callado la próxima vez o ser más hipócrita, para no caer en sus garras, pero al final aunque lo intentemos, la espontaneidad siempre nos gana.

Y pienso… ¿Tendré que renunciar a mi libertad por miedo a que me dé con la vara o con el martillo?

Pero luego de analizar en una tabla de Excel los pro y los contras de si ser o no ser como soy, me doy cuenta de que lo único rentable es que el santurrón se meta la vara en culo.

JR

“La Belleza de las Vidas”

Cada vida es una historia y el talento reside en saber cómo contarla.Y de eso viven los cineastas y los escritores desde hace siglos.

El secreto está en saber cómo y qué contar de cada vida, pero de todos los detalles, lo mágico son siempre las coincidencias.

Las casualidades de nuestra vida son las que le dan ese toque de magia; el encuentro con el amor, con el amigo, con la vocación o con la salvación.

Hay instantes que marcaron nuestra vida y son esas co-incidencias, esos sucesos simultáneos y casuales que al suceder cambiaron nuestra realidad presente.

Cuántas veces hemos oído las historias de amor de nuestros amigos; esas casualidades que provocaron los encuentros más diversos y también los más románticos.

No es de extrañar que cuántas mas casualidades hayan sucedido en una historia, más mágica ésta se vuelva.

Y son las casualidades de una historia lo que la hacen inolvidable.

La tragedia no es otra cosa que la ausencia de coincidencia, esa magia que no apareció a tiempo para salvarnos y que nos dejó solos en la desgracia de un destino cruel, por falta de la presencia o de la ayuda de otro.

Todas las historias tristes son aquellas en donde nadie te salva, en donde no aparece el transeúnte casual que nos socorre de un ataque callejero, ni el alma caritativa que nos da una oportunidad cuando nos sentíamos perdidos.

Son las coincidencias las que nos salvan y las que le dan un nuevo sentido y un nuevo rumbo a nuestra vida.

Y esa co- incidencia siempre requiere de alguien más, como si para la magia y para la salvación no nos bastásemos solos.

La belleza de una vida exige la cooperación, necesita de la coincidencia que despierta la posibilidad, la oportunidad y la magia en el otro.

Creamos belleza en tanto logramos conectar y coincidir con otros. Porque somos simultáneamente cuenco que recibe y chispa que enciende.

No hay belleza en una vida sin coincidencias, sin esas casualidades que nos despiertan, nos encuentran y nos salvan. Ni sin esas coincidencias que despiertan, encuentran y salvan a otros.

No hay belleza en una vida sin un poco de cooperación, sin la presencia de un otro.

Ni nuestros triunfos, ni nuestras historias nos pertenecen del todo. Porque nuestra historia nunca es sólo nuestra.

JR

“La Amistad Vaciada”

¿Por qué nos inunda una sensación de pureza al recordar aquellas amistades de la infancia?

Quizá sea porque a esa edad uno era capaz de elegir a los amigos que realmente le eran afines y de defenderlos como si fueran hermanos.

Uno elegía sin prejuicio, interés o cortesía a aquellas personas que le hacían bien y nos resistíamos como locos a esos amigos que intentaban imponernos nuestros padres, por ser los hijos de sus amigos.

Uno se relacionaba con todos, pero a los amigos los elegía únicamente con el corazón.

Los amigos representan la memoria de aquello que fuimos y encontrarte con uno de esos amigos antiguos es recordar anécdotas que habías olvidado y recuperar esos trozos de vida, que de tanta vida, uno va borrando sin querer de su memoria.

Ellos son los testigos de algo que fuimos; de algo en lo que creímos con devoción, de miles de aventuras y de aquel desengaño, que desde hace siglos ni nos duele ni recordamos; pero que ellos sí recuerdan como si fuera ayer.

Lo maravilloso de la amistad de la niñez es que uno es querido así, con lo puesto y sin haberse convertido en nada específico en la vida.

Ni éxito ni fracaso corrompen a una amistad que se regala y se recibe sin condición ni status.

Esos amigos son incapaces de respetarte como a un gran profesional o como a un personaje famoso, no leerán tus libros ni comprarán tus cuadros más que por compasión, porque para ellos seguirás siendo siempre aquel que eras, cuando no eras nada más que su amigo.

De niño uno es tan sólo un nombre sin apellido, una posibilidad, un hoy, un presente, y si es amado, es amado tal y como es.

Luego el tiempo va pasando y la vida nos conduce por caminos nuevos, en donde el contacto indicado se vuelve necesario para llegar adonde queremos llegar.

Y cada vez más, uno empieza a coincidir con gente que le conviene pero le aburre.

Uno va cediendo y ampliando el círculo y sin embargo, siente que cuanto más grande es, más solo está.

Si tuviera que contar entre mi nuevo millón de amigos a uno sólo que me quiera con lo puesto, me sobrarían 9 dedos.

Uno ha dejado de ser sólo un nombre para ser también un apellido, un puesto en una empresa, una casa en un barrio, un socio del club, una cuenta en un banco, un currículum, una libreta de contactos y un historial socioeconómico. Pero lo realmente triste, es serlo también para el amigo.

La amistad se neutraliza y se vacía de su antiguo contenido para llenarse de litros y litros de nuevos intereses. Y se ha vuelto tan frágil, que ya no es posible hablar ni de política ni de filosofía, porque la amistad corre el riesgo de romperse.

Y es que esta nueva amistad no resiste a la ideología.

Aquella fortaleza que caracterizaba a todo vínculo firme e incorruptible, hoy ha mutado en una interesada cordialidad, sólo apta para hablar del tiempo, de las series y de los viajes. Todo lo demás, resulta peligroso para una amistad vaciada.

La neutralidad se ha vuelto un elemento fundamental para todo aquello que es incapaz de resistir a una opinión distinta.

La amistad suele sentirse como una reunión de trabajo; uno se prepara para decir lo que hay que decir y para callar lo que hay que callar. Y uno vuelve igual de agotado de estar con los amigos, que de trabajar en la oficina.

Y es que lo antinatural agota, como agota meter tripa para la foto de playa. Y en cuanto se apaga la cámara, uno respira aliviado.

Lo más importante para preservar una amistad vaciada es mantener una ficticia coincidencia y la frivolidad siempre activa para nutrir la neutralidad y preservarla tibia, políticamente correcta, interesada y conveniente.

Uno recuerda con nostalgia las veces en que dio la cara por un amigo o lo defendió a muerte, aún sin tener razón.

Hoy, primero piensas en aquello que puedes perder si lo haces y te quedas callado y en tu sitio.

Éramos incondicionales, inconscientes, arriesgados, desinteresados y valientes.

No importaba la verdad, lo que importaba era el amigo.

La neutralidad era una palabra demasiado larga para nuestro corto vocabulario, que no entendía de intereses sino de amor.

JR

“La Construcción de la Autoestima”

Mucho se habla hoy en día de la necesidad de conocer nuestro propio valor y de hacerlo valer ante los demás.

La aparición de coaches que nos ayuden a mirarnos de una manera más positiva y de darnos el empuje necesario para atrevernos a conseguir nuevos objetivos, está en auge.

Pero lo que he observado es que en ocasiones, lo que se consigue con el coaching, no es afirmar la autoestima, sino crear una nueva forma de dependencia.

La gente comienza a depender del coach para todo y éste se convierte en ocasiones, en nuestro consultor económico y financiero o en nuestro consejero espiritual permanente, del que ya no sabemos prescindir.

Muchos han tenido la fortuna de venir de un hogar en donde se promovía la autoestima; padres y madres que les decían a sus hijos lo valiosos que eran y lo capaces que serían de conseguir todos sus sueños en la vida.

Yo conocí a un padre que se deshacía en ponderaciones hacia sus hijos y los hijos salían al mundo sintiéndose altos, guapos,capaces y estupendos, aunque no lo fueran tanto.

Construirse un ego es fundamental para sobrevivir en este mundo. Sin él no se llega a ningún sitio, pero no existe una única forma de conseguirlo.

Aunque el apoyo familiar en la autoestima es recomendable para todo ser humano, no es el único camino viable hacia ella.

En ocasiones, el que nadie crea en ti y el que nadie espere nada de ti, es justo la gasolina que se necesita para conseguir el éxito.

¿Cuántas historias conocemos de personas por las que nadie daba un duro y que con el tiempo nos han dejado boquiabiertos?

Por eso, no es bueno desanimarse ante la falta de fe o confianza ajena, ya que muchas veces, aquel mal presagio malintencionado e incluso el mal deseo de los demás, es la fuerza más poderosa de todas, para movernos hacia el éxito.

Hace muchos años compré una parcela llena de malas hierbas y de piedras. Y allí donde no crecía mala hierba, era porque un pedrusco lo impedía.

Solían decirme con cierto realismo mezclado con envidia y desprecio “esto jamás será un jardín, olvídate”

Y yo, que no sabía nada de jardinería, pero que siempre voy en contra de lo que piensa el público en general, encontré un nuevo motor en mi vida: construir mi jardín.

Hoy mi jardín es un vergel en el medio de una sierra.

En mi caso, descubrí en el impedimento y en la condena ajena al fracaso, una motivación poderosisima. Y descubrí también a esa voz interior que nos dice :”ya vas a ver tú, de lo que yo soy capaz”

Hay una cierta malevolencia en empeñarse en demostrar el error del mal presagio ajeno, pero yo puedo asegurar que de ella, se obtiene una fuerza inigualable.

Por lo cual, he llegado a la conclusión de que en el caso de no haber recibido una autoestima en casa o de nuestro entorno, existen muchas otras maneras de conseguirla por nosotros mismos o yendo a contracorriente.

Uno nunca debería victimizarse por la falta de confianza que nos tienen los demás, ni compadecerse de su destino o por la incomprensión o falta de apoyo que recibimos, sino que por el contrarío, deberíamos transformar esa fuerza en contra, en energía.

Lo importante es construirse una autoestima y alcanzar nuestros sueños y si alguien tiene que quedarse boquiabierto y mordiéndose la lengua después … ¡mucho mejor!

JR

“Inmortalidad interrumpida”

La inmortalidad fue siempre observada como esa eterna permanencia a la que la mayoría aspiramos.

Muy pocos son los que consideran haber vivido lo suficiente y se entregan al descanso eterno agradecidos y satisfechos.

La mayoría seguimos aferrados como sea y de cualquier manera al vicio de permanecer y si nos toca marchar y nos enteramos de ello, maldecimos nuestro destino y a todo aquel que se nos cruce en el camino.

Nunca del todo resignados en nuestra lucha por la eternidad, intentamos poco a poco y racionalmente convencernos de que la inmortalidad desgraciadamente, no será posible.

Si personas maravillosas, indispensables y creativas se han ido prematuramente ¿Por qué no debería irme yo? ¿Qué me hace merecedor de una ventaja por sobre aquellas mentes brillantes y creativas como la de Sócrates, Platón, Aristóteles, Camus, Modigliani o Leonardo?

Ante la imposibilidad de permanecer, comenzamos entonces a aspirar a otro tipo de inmortalidad, que no es otro que el de dejar un legado, una huella, un recuerdo que permanezca para siempre en la memoria de la humanidad.

Muchos grandes hombres, conscientes de una muerte inminente se dedicaron presurosos a escribir sus memorias; procurando así, plasmar su vida con la secreta intención de hacerlo antes de que lo hiciera otro, que no tuviera con ellos la misma benevolencia.

Y es que la historia cambia mucho según quien la escriba. No es lo mismo que cuente tu historia tu abuela, que tu exesposa o tu vecino.

El problema con la especulación de la inmortalidad es que suele ser impredecible.

Uno cree que será recordado por alguna obra específica y luego termina siendo inmortalizado por algo totalmente distinto e inesperado.

Yo recuerdo a una empresaria que fue precursora en el mundo del aeróbic, abrió gimnasios y creó innovadoras técnicas del body- fit en los años 80.

Pero un día, en una clase de gimnasia televisada, a la pobre mujer se le escapó un pedo en cámara y fue finalmente ese pedo, lo que la inmortalizó para siempre.

Ya nadie se acordó jamás de su impresionante trayectoria empresarial, sino que pasó a ser reconocida como la señora del pedo, para toda la eternidad.

Es por eso, que hagas lo que hagas, nunca sabes qué será, lo que finalmente te inmortalice.

Esto mismo sienten los artistas, que son plenamente conscientes de que a nadie le interesan realmente sus obras, sino sus pedos.

Y por eso andan siempre con cuidado a base de pastillas de carbón y de discursos armados acordes a la ideología de turno, disimulando como sea, para evitar el pedo en cámara.

La industria del chisme se basa principalmente en inmortalizar el mal olor por sobre cualquier otro talento o aporte valioso de un artista.

¿A quién le importa verdaderamente el arte, la ciencia o la cultura?

El interés del cotilla vira siempre de la obra a la persona.

Y aquella aspiración al legado inmortal, trabajada en la novela o sobre el lienzo, pasa a ser sólo un decorado para el chisme; que es en realidad lo único que importa.

Conscientes de este viraje, el mundo de las redes sociales ha optado por simplificarnos el camino.

¿Para qué perder tiempo en hacer o crear algo trabajoso que nos inmortalice, si en realidad lo que interesa es el pedo?

Las redes se han llenado entonces de aspirantes a inmortales, sin obras maestras, pero que saben qué vende y qué permanece.

Más de la mitad de la humanidad está en redes sociales inmortalizándose a diario entre escándalos, tonterías, eructos, culos, tetas, insultos y demás olores imperecederos; intentando hacerse famosa, facturar, ser trending topic, you tuber o influencer y permanecer lo máximo posible en el instante de la eternidad prefabricada.

Pero desafortunadamente, la gran ironía de la verdadera inmortalidad es que sólo permanecen en ella, aquellos que se han entregado al momento, desvinculados del entorno, reacios a la mirada externa, trabajando en esa oscuridad en la que trabaja la autenticidad, la ciencia y la verdad.

Alejados del ruido y de toda aspiración a permanecer, de la opinón y del comentario; con ese único apego al instante intuitivo que requiere la genialidad.

Esa creación que sólo nace en silencio y en privado y en donde el autor desaparece, para que lo que perdure no sea él, sino su obra.

Lo demás…son sólo pedos.

JR

“La Imagen como prisión”

“De todas las libertades la mas difícil de conseguir es la liberación de nuestra propia imagen” JR

Recuerdo cuando hace muchos años pasé un par de meses en un ashram al sur de la India.

La habitación que me dieron tenía una cama sencilla bajo una pequeña ventana y un baño sin espejo.

Los primeros días eché en falta el espejo, pero ni bien fueron pasando las semanas, me olvidé completamente de él y también de mí.

Los días se sucedían entre meditaciones, charlas, cantos, danzas y trabajos comunitarios y poco a poco, comencé a olvidarme por completo de aquel rostro que me identificaba, como quien olvida las caras de aquellas personas a las que ha dejado de frecuentar hace muchos años.

Se desdibujan las facciones, se confunden los contornos y al final sólo quedan esos aromas que nos devuelven las presencias y el eco de las risas de los buenos momentos compartidos.

En esa época no había ni móviles, ni selfies, ni Instagram, por lo cual, mi desconexión de la imagen fue total.

Noté como al desprenderme de mi propia imagen comencé a mirar con mucha más atención y claridad otras cosas.

Uno se pierde de vista y comienza a ver desde un lugar más amplio, una vez que la prisión de la identificación se ha esfumado.

(Nótese que al perder de vista la propia imagen la mirada se ensancha como la mirada de los insectos)

Y uno se entrega a una observación distinta sin ataduras, prejuicios, bordes ni pasado.

Sucede algo parecido cuando uno es un turista en tierra extranjera. Uno sabe que no pertenece al entorno, ni a sus costumbres, ni a ninguna de las múltiples ataduras que nos impone toda pertenencia.

Es por eso que ser turista nos relaja tanto. Uno está, pero sin ser parte de nada. Uno flota en un limbo de observación y de disfrute, liviano como un extranjero, despegado de lo propio y despegado de lo ajeno.

Al regresar a casa unos meses más tarde hice escala en Frankfurt y entré en el baño del aeropuerto. La sensación de volver a verme en el espejo fue como la del colegial, que cuando suena el timbre, vuelve resignado del recreo al aula.

Uno entra porque no le queda otra, a un cuerpo, que sabe que no le refleja para nada bien.

Uno adquiere con la propia imagen, un contrato de pertenencia junto a las garantías, caducidades y condiciones que esa imagen le impone; sus cuidados, sus normas, su estatus, sus beneficios y también sus dolencias.

Muchas veces a lo largo de mi vida sentí la maravillosa sensación de ser plenamente libre, pero de todas las libertades que experimenté en la vida, liberarme de mi imagen fue sin duda, la más liberadora.

JR

“El Corazón de un Desafinado”

En un mundo en donde el reconocimiento público se ha vuelto la meta de la gran mayoría, no es de extrañar que se utilicen todos los medios posibles para conseguirlo.

Los escándalos y las publicaciones cotidianas en internet desatan y viralizan a una masa descontrolada y descerebrada que apoya la barbarie en todas sus versiones y la rentabiliza con sus views.

La viralidad que consigue la tontería, la perversión, la maldad y la superficialidad no la consigue ninguna otra publicación inteligente, artística o trabajada.

Todos deberíamos conformarnos con conseguir a un pequeño nicho de seguidores que compartan nuestros pequeños intereses, sin sentir la imperiosa necesidad de vendernos a toda costa, a cualquier precio y al mejor postor.

La cultura del éxito nos ha promocionado a personajes exitosos en todos los ámbitos, pero no nos olvidemos de que al mirarnos al espejo, sabemos que somos más parecidos al antihéroe de lo que nos parecemos al héroe.

Y por más que al salir de casa debamos llevar puesta la capa de superman para poder sobrevivir en un mundo de egos enormes, sabemos que por dentro vamos siempre con lo puesto.

Cuando mi hijo de 8 años se presentó con ilusión al coro del colegio y fue rechazado por tener la voz muy grave, volvió a casa de lo más sentido.

No había aplicado para participar en un musical de Broadway, ni para un concurso de eunucos, sino para un coro infantil escolar poco codiciado por el alumnado, voluntario y no remunerado y sin aspiraciones a participar en competiciones locales ni internacionales.

Que “los desafinados también tienen corazón” nos lo cantaba Joao Gilberto en portugués hace muchos años y no estaba errado, porque el corazón de un desafinado, en ocasiones suele ser más grande y original que el de la estrella del musical.

Joao Gilberto no sólo era desafinado y cuando la orquesta tocaba para un lado, el cantaba para el otro, sino que cantando al revés de la música, inventó un nuevo género musical llamado “Bossa Nova”.

No es de extrañar que nos enganchen tanto los antihéroes en películas y en series, y el motivo no es otro, que la propia identificación.

¿Quién no se siente un antihéroe en gran parte de su vida cotidiana?

No vamos a negar de que también hay momentos en que sentimos que nos comemos el mundo…y todo hay que decirlo, pero frente al espejo y cuando nadie nos ve, sabemos que el papel de héroe permanente nos queda demasiado grande.

Hay en el antihéroe una sensibilidad innata a los niños, algo de sinceridad que con los años vamos perdiendo, una espontaneidad creativa a la que encerramos con cuatro candados para no desentonar con el entorno y a quien con el tiempo, olvidamos por completo.

Al pasar los años, uno se vuelve a mirar al espejo consciente y orgulloso de su propia evolución, pero sin dejar de añorar jamás a aquel corazón desafinado.

JR

( a Mindele)

“Elegir en la Era del Millón de Opciones”

Si algo nos ha ofrecido la Democracia es la posibilidad de elegir libremente según nuestras preferencias.

Hoy existe libertad para casi todo. Uno puede elegir y elegirse frente a una paleta de opciones de lo más diversa; pero al mismo tiempo, esa misma infinidad de opciones tiende a inmovilizar al sujeto; que frente a tal multiplicidad se bloquea en vez de sentirse liberado.

La cantidad de grados y de posgrados universitarios es tan amplia y diversa que el estudiante suele permanecer en un enorme signo de interrogación frente a la infinidad de opciones que hoy posee.

Hay para todos y para todos los gustos; pero el problema ya no es la falta de posibilidades, sino la falta de saber cuál de todas es la mía.

Toda opción nace de un deseo. El deseo de alguien que en algún momento deseaba poder hacer algo específico que no existía. Fue ese deseo lo que hizo nacer a la opción.

Aquella inexistente posibilidad hoy existe, pero lo que falta es quien verdaderamente la desee.

Existe una tendencia creciente a la abulia, que es esa pasividad o flojera de todo aquel que lo tiene todo y que se ha olvidado de desear.

El abúlico desea por vicio, por aburrimiento, pero no con la pasión que origina una opción.

Hay tanto disponible y sin embargo, tan poca disposición.

Siempre creímos que la abundancia solucionaría todas las carencias, pero toda abundancia trae consigo carencias distintas.

Quien ha carecido de algo y ha deseado aquello con pasión, no quiere que sus hijos carezcan de esas mismas cosas.

Los padres intentamos que nuestros hijos no carezcan de nada, pero corremos el riesgo de procrear a gente carente de pasiones.

Existe en la necesidad una fuerza que no se encuentra en la abundancia, ni se aprende con un coach.

Y si hay algo bonito en toda pasión es lo incontrolable del deseo que se traduce en vocación; ese amor por lo que uno ha elegido.

Yo agradezco el haber nacido en una época de pocas opciones; en donde existían unas 8 carreras universitarias disponibles y unas pocas opciones de vida que conducían todas a un mismo lugar, porque en este mundo tan multiopcional viviría seguramente muy perdido y abrumado por un abanico de posibilidades inconmensurables.

Hace unos días le pregunté a un gran chef cual de todos sus platos era su preferido. Me respondió: el huevo frito.

Entendí que lo que verdaderamente somos se esconde muchas veces, en lo más sencillo.

JR

“Infectado Acomplejado”

De todas las aleatoriedades que presenta la vida, la salud es sin duda la más impredecible de todas.

Uno puede ir por la vida presumiendo de que es muy sano, hasta que te detectan una enfermedad incurable.

Por lo cual, no es bueno colgarnos aquellos méritos que no nos son propios.

Muere antes el sano de la picadura de un mosquito que el enfermo de cancer terminal, porque gozar de una buena salud no es garantía de vida.

La enfermedad nunca es merecida; toca a cualquiera y en cualquier momento y sentirse superior a los demás por estar sano o por no haberse contagiado de algún virus, es una de las vanidades más ridículas de las que pueda presumir un ser humano.

Lo bueno de esta pandemia es que nos ha ayudado a descubrirnos el carácter.

Los valientes y los cobardes se han puesto en evidencia, los solidarios y los miserables, los cuidadosos y los traicioneros y los juzgones; esos que quemarían sin dudar en la hoguera a quien se baje un poco la mascarilla.

Luego nos extrañamos de aquellas épocas de barbarie en donde se quemaban a las brujas de Salem y nos preguntamos … cómo se podía ser tan cobarde y tan cruel con los demás…Lo seguimos siendo señores, sólo han cambiado las ropas y el skyline de las ciudades.

Cuando mi familia y yo pasamos el coronavirus sin ninguna complicación más que las molestias típicas de una gripe fuerte con tos, mis amistades me recomendaban no contarlo a nadie, para no ser estigmatizado.

Yo sin embargo, lo iba contando a todo el mundo, porque creía que la Edad Media ya había sido superada y porque siempre consideré que haber pasado una enfermedad podía conllevar un aporte de data valioso para cualquier otra persona, en vez de significar una vergüenza para mi.

Siempre admiré a los supervivientes de cancer y de todas esas duras patologías, que luchan con ímpetu y con dignidad y a quienes miro con admiración y respeto y de quienes siento que tengo mucho para aprender.

Pero parece que hay ciertas enfermedades que deberían darnos más vergüenza que otras. O contarse únicamente cuando ya no es posible seguir ocultándolas.

Es muy común que la gente esconda la dolencia, mientras va presumiendo sin pudor de su prepotencia y es que somos así, solemos equivocar mucho las vergüenzas.

Cuando observamos los alarmantes datos de los contagios por coronavirus en el mundo nos llama mucho la atención de que nadie conocido lo haya pasado. ¿Adónde están todos los contagiados?

Según mis amistades, están todos escondidos para no ser estigmatizados.

Pasa lo mismo que en las elecciones de 2016 en los Estados Unidos cuando ganó Trump sin que nadie confesara haberlo votado.

Y es que así funciona la condena a la estigmatizacion y el miedo que genera es igual en todos lados.

También están aquellos que alardean de que sus mentes fuertes les previenen de cualquier clase de enfermedad. “Las mentes fuertes somos immunes” me dijo un amigo hace unos días, ahora, lo malo de la locura es que no hay forma de auto percibirla, sino que siempre te la terminan detectando los demás.

Hay orgullos que matan y con la salud la mejor actitud es siempre la humildad, porque ella no discrimina a nadie y mucho menos a los sanos.

Y así van escondiéndose los millones y millones de infectados acomplejados, cómplices de la locura colectiva, en este mundo tan verde y solidario con el lejano y tan cruel y despiadado con el vecino.

Se comportan como si el coronavirus fuese una enfermedad crónica y eterna que no se cura nunca, contagiosa, vergonzosa y digna de estigma.

Como sospechaba, han cambiado las catedrales, pero la actitud medieval sigue siendo viral.

JR

“La peligrosidad de Vivir”

Durante estos tiempos de virus y de una prolongada y masificada campaña del miedo, muchos han confirmado su sospecha de que evidentemente, vivir era muy peligroso.

He notado últimamente, que toda la gente aprehensiva y temerosa que conozco, habita estos tiempos con la moral mucho más alta. Y no es otra cosa que la sensación de complacencia que otorga la confirmación de la propia sospecha.

-“Yo lo sabia…” parecen murmurar entre dientes, presumiendo de que por fin, sus vidas llenas de miedos, de fobias y de alergias, no sólo estaban justificadas, sino que ahora son trending topic global.

Lo sorprendente de esta pandemia no es que nos haya hecho valorar lo que teníamos antes, como dicen algunos, sino que nos haya inducido tan rápidamente hacia un pánico colectivo e irracional y hacia un aislamiento voluntario y patológico.

Siempre observé a mi alrededor vidas llenas de vida y vidas llenas de nada. Y curiosamente, los seres más aprehensivos y temerosos en esta pandemia son aquellos que tenían vidas llenas de nada.

Los otros, siguen viviendo sin miedo, por lo cual, sospecho que la nada tiende a querer prolongarse indefinidamente en el tiempo, se cuida y se cultiva como si fuese valiosa.

La nada y el miedo se atraen y se potencian mutuamente y donde hay miedo no crece nunca nada.

Hace unos años, una amiga mía decidió estudiar para ser científica. A los pocos meses le pregunté cómo iba la carrera y me respondió que cuanto más estudiaba, más miedo a todo tenía.

“Que estemos vivos es un verdadero milagro” me decía, conociendo ya en profundidad, todos los ataques de agentes externos a los que un ser vivo está expuesto a cada instante.

Mi amiga no ha salido de su casa desde Marzo del 2020 y sigue aún, voluntariamente encerrada allí.

Por lo cual, no sé si será una buena científica o no, pero definitivamente el saber la ha conducido a una académica locura.

Muchos aseguran que para vivir intensamente hay que estar un poco loco, pero cuando veo a los encerrados, me pregunto si dejar de vivir en vida, no es en realidad la verdadera locura.

El trasfondo de la paranoia actual está en que hemos borrado a la muerte de nuestra agenda mental.

Nos hemos olvidado de que estamos en esta vida para vivir y para morir. Y si no es hoy, será mañana, pero es inevitable.

Que un chico de 20 años piense en la muerte es raro, pero que una persona de más de 80 años no lo haga, es patológico.

Un mundo en donde los viejos se sorprenden y se horrorizan ante la probabilidad de morir, es señal de que la muerte se ha eliminado hasta niveles alarmantes.

Pero existe una única cosa que podemos evitar y eso es el vivir muertos, podemos evitar desaprovechar la única oportunidad que tenemos de estar vivos, antes de que los presagios de mi amiga la científica acaben para siempre con nosotros.

Vivir siempre fue peligroso, pero no atreverse a hacerlo es una verdadera locura.

JR

“Elecciones Discriminadas”

La consigna de nuestras mentalidades contemporáneas consiste en propender hacia la autonomía y la independencia.

Todos hemos ido aprendiendo, nos guste o no, a amoldarnos a los nuevos tiempos y a sus nuevos paradigmas inclusivos; con coraje, con convicción o aceptación; pero ante todo, con respeto y elegancia.

Hoy, cada uno es dueño de su propio cuerpo, de su sexo, de su reproducción, de su muerte y de todas las elecciones que atañen a su libertad individual.

La eutanasia, el aborto, la maternidad subrogada, la libertad sexual o la elección del propio género, son algunas de las concesiones que nos atañen desde niños y por ley a casi todos.

Y todo aquello que vaya en contra de esas libres elecciones es considerado ilegal o discriminatorio.

Hemos conseguido a través de los siglos, ser nosotros quienes decidamos sobre nuestro propio cuerpo.

Podemos incluso decidir ser hombres, ser mujeres o ser seres “fluidos” (personas que fluyen de una sexualidad a otra, sin identificarse con ninguno de los dos sexos).

También podemos decidir si abortamos o si seguimos adelante con un embarazo, o si afrontamos una enfermedad mortal u optamos por la eutanasia.

Sin embargo, la aplicación de la vacuna contra el COVID no parece seguir este mismo patrón y comienza a circular que será obligatoria, con la excusa de que la negativa a darnos dicha vacuna, expone a los demás a una cruel enfermedad.

Pero en el caso de haber pasado la enfermedad y de haberla superado con mis propias defensas o simplemente, de no fiarme de los efectos colaterales de la vacuna a corto y a largo plazo. ¿Por qué estoy obligado a dármela?

¿No soy acaso dueño de mi cuerpo?

¿No era “my body my choice” el lema de toda esta civilización liberada occidental?

Este tipo de imposiciones nos sobresalta a todos aquellos que creemos vivir en un mundo en donde tenemos derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y sobre nuestra propia vida, a cada momento.

La elección de ponernos o no una vacuna de dudosa efectividad y de múltiples efectos colaterales, pareciera no pertenecer al resto de libertades inclusivas, tan promocionadas por los movimientos de izquierdas.

Toda esa “libre elección”sobre el propio cuerpo, de pronto desaparece ante una imposición que descarrila el argumentario de libertad y de autonomía, en el que se nos ha ido adoctrinando durante décadas.

¿Soy o no soy dueño de mi cuerpo?

¿O es que sólo soy dueño de mi cuerpo para aquellas cosas que concuerden y promocionen a la ideología de turno?

¿Es acaso el concepto de libertad una falacia, acomodada a los intereses creados? ¿Una libertad que va variando de entonación y de color según la conveniencia del partido?

¿Es la liberación contemporánea un deseo real de libertad o es una excusa para fracturar aún más el tejido social, fomentando la creación de bandos rivales que fortalecen a los gobernantes y debilitan a los gobernados?

Hay un virus mucho más peligroso dando vueltas, uno que no se esquiva con vacunas y es la manipulación reiterada y organizada, que arrea a las vacas hacia el matadero, tarareándoles cánticos de libertad.

JR

“El Reset de la Libertad”

Reset o reiniciar significa re programar y cuando algún robot de casa no funciona bien o comienza a dar problemas, el reseteo es generalmente la mejor opción.

Mediante este proceso toda información previa se anula y se elimina, para poder comenzar de cero.

El robot se resetea con nueva información y sigue funcionando acorde a las nuevas coordenadas.

Esto mismo es lo que se hace con nosotros; resetearnos para empezar de nuevo.

Muchos aseguran que muy pronto una nueva elite, no sujeta a elecciones democráticas, será quien lidere el mundo y dicte nuevas coordenadas sociales, económicas y políticas.

Nada de todo esto nos sorprende demasiado y más aún, sabiendo que la mayoría de jóvenes nacidos en Democracia detestan la Democracia y el capitalismo y abogan por la creación de un sistema diferente; aunque nunca hayan conocido ningún otro.

A mi modo de ver, el reseteo en la generación millenial no será para nada complicado, ya que la gran mayoría de jóvenes, ya ha sido reseatada a través de la educación pública (escolar y universitaria); en donde durante años se les ha provisto de información seleccionada y organizada para tal fin.

Se ha inflamado durante décadas a los jóvenes en el descontento, en el reclamo permanente de una sociedad más justa, en donde las condiciones sean iguales para todos.

Sin saber, que sus padres y abuelos fueron quienes lucharon cuerpo a cuerpo por esas mismas consignas y por conseguir que sus hijos y nietos vivieran en una Democracia, a la cual hoy sus vástagos repudian.

Toda la educación actual gira en torno a este nuevo reseteo y toda información previa (la que aún poseen padres y abuelos) es descartada de los temarios por anticuada o deformada, para favorecer la necesidad imperiosa de un nuevo orden.

El reset está organizado por una nueva elite, junto a activistas de 20 a 35 años desde centros informáticos; profesionales de sistemas, que pocas veces han han salido de la pantalla, para vivir, trabajar, viajar, o experimentar culturas no democráticas en carne propia.

Todo cambio suele ser tan paulatino y sutil que muchas veces se hace difícil establecer un límite físico o el momento preciso en el que éste sucede.

Los cambios son procesos que caen por su propio peso y en donde una infinidad de factores confluyen, para que todo vire hacia una dirección diferente.

Pero este reset se parece más a Hiroshima y Nagasaki, que a la caída del Imperio Romano.

La radicalidad de este “reset” es acorde a las velocidades que hoy manejamos. El cambio es acelerado y violento.

No debería extrañarnos que Bill Gates sea tan visionario en sus predicciones sobre el futuro, cuando el motivo real de tanta adivinación, es que nada de todo lo que nos está sucediendo está sujeto a la casualidad.

Desde hace mucho tiempo vienen estudiando que las pandemias son el mecanismo idóneo para crear cambios abruptos globales, en todos los ámbitos simultáneamente y a gran velocidad.

Y Gates no sólo predijo esta pandemia, sino que anticipa muchas más por venir.

Esta pandemia ha comprobado resultados grandiosos, no sólo a efectos de dominio y de control, sino como impacto ecológico.

Los científicos saben que el verdadero problema ecológico no es otro que la superpoblación humana.

Todos los demás problemas de contaminación son en realidad un derivado de que somos muchos; consumimos mucho, producimos mucho y ensuciamos mucho.

Para la ecología, cuantos menos seamos, mejor.

Esta pandemia se ha llevado casualmente a todo el elemento humano que no es productivo y que genera gasto; gente mayor y gente con patologías previas.

Es cruel, pero el plan que esta élite tan humanitaria y verde diseñó para salvar al planeta es un tratamiento de shock de reciclaje y limpieza.

Rediseñar la Democracia es otro de los puntos fundamentales de este reseteo y significa abolirla como tal; ya que la igualación de las condiciones de los ciudadanos, se basa en la representación de los intereses de todos los estratos y colectivos sociales y jamás se consigue de forma unilateral, radical y autoritaria, por muy eco-millenial que seas.

El reseteo es para muchos la implementación de un novedoso sistema feudal digital; en donde el poder se centralizará mucho más. Los países perderán su soberanía y se convertirán en un todo, dependiente de un único mando.. ¿Pero quién decidirá sobre ese todo?

La respuesta es: muchos menos que ahora.

La nueva “equidad” la decidirán nuevos parámetros. Lo que tengas ya no dependerá de tu capacidad, de tu trabajo, de tus méritos, sino que se regulará según unos nuevos paradigmas, que como ya se sabe, repudian el mérito.

Sabemos que un plan de redistribución de la riqueza no es una idea novedosa, ya que esta distribución está ya estipulada en todo sistema democrático, con los impuestos que pagamos sobre el fruto de nuestro trabajo.

Pero entonces, ¿Cuál es el elemento innovador en este nuevo concepto de reseteo y redistribución?

Todo apunta a que no existe en realidad ningún elemento nuevo; sino solamente un cambio de mando.

El eslogan de todo este reset es “menos es más” y suena muy bonito. El problema es quién decidirá ahora sobre lo que a ti te corresponde o te basta, en un mundo en donde el mérito, la libertad individual y la propiedad privada parecen ser malas palabras.

Pero no hay que desanimarse, ya que detrás de todo este eco-plan hay un promesa: seremos mucho más felices.

Y esta felicidad radica en que no tendrás que preocuparte por nada; ellos decidirán, ellos te guiarán, ellos te proveerán.

Este es un reseteo de confianza, de nuevas instituciones, de equidad, de paz mundial, de justicia, de ecología y de economía justa; en donde lo único que entregarás será tu libertad individual, bajo el ecológico slogan: “menos es más”

JR

“Los Anticapitalistas del iPhone 12”

Lo más complicado que existe en la vida es ser una persona coherente; un ser que vive de acuerdo a lo que profesa.

Posicionarse sobre cualquier tema es siempre una declaración de intenciones y un compromiso de acción, acorde al discurso dado.

Y aunque uno nunca se tome tan en serio las palabras que pronuncia, nuestros interlocutores están siempre esperando a vernos en acción.

Por esta razón mucha gente evita decir en qué cosas cree y se mantiene en un limbo durante todas las conversaciones; para no tener que sufrir a posteriori reclamos de ningún tipo.

Nos hemos ido acostumbrando a vivir, tanto en la tibieza de los inteligentes, como en la incoherencia de los valientes y ya nada nos produce cortocircuito.

Ver al comunista deslizar sin pudor un iPhone 12 sobre la mesa y al ecologista usar mascarillas descartables sin ningún remordimiento, o a la chica de bien alardear de sus encuentros sexuales diarios en tinder, no nos produce ya ni la más mínima irritación, porque sabemos, antes de sentarnos a cualquier mesa, que todos los comensales son unos mentirosos.

Tanto los tibios que se cuidan para no posicionarse nunca sobre nada, como los valientes que se rasgan las vestiduras por una causa, los santos, los verdes, los tolerantes, los solidarios, ninguno es real y ninguno de nosotros hablamos jamás, como lo que realmente somos en casa y sin maquillaje.

A pesar de que la Biblia nos asegura que lo primero fue la palabra, cuando llegó la acción, la palabra se fue al carajo y comenzaron las demandas, las excusas y las distintas versiones.

Y todo por la sencilla razón de que la palabra era un verbo. Una acción que, o demuestra o niega la palabra.

Nos hemos ido insensibilizando a la incoherencia, en parte como una forma de protección; para poder seguir viviendo con los dedos en el enchufe, sin que nos dé corriente, y continuar disimulando que cualquier mentira nos parece verdad.

Muchos son los sabios que antiguamente aconsejaban escuchar el doble que hablar, pero claro, ellos no tenían redes sociales que les impulsaran a opinar compulsivamente de todo y todo el tiempo.

Los estoicos valoraban al silencio por sobre todas las demás virtudes, y no solamente por su ausencia de ruido, sino por la ausencia de mentira.

Hablar es hoy en día disimular, venderse, promocionarse, ensalzarse y disfrazarse de algo que desearíamos ser, pero que no somos.

De todas formas, la mayoría de las personas nunca nos escucha, ni le interesa realmente lo que tenemos para decir; pero aún así, están muy atentos a nuestra incoherencia.

Por eso mi consejo es que uno nunca debería fiarse de la sordera de aquellos a los que cree sordos.

Porque en cuanto vean tu iPhone 12 sobre la mesa, aquel maravilloso discurso antiimperialista, anti capitalista, ecologista y comunista que bordaste, se les quedará en off y te habrán visto.

JR

“ El sujeto Experimento”

Hemos leído mucho acerca de lo bueno que es detenerse en tiempos tan acelerados.

Y esta pseudo-pandemia que se cura con antibióticos y anti gripales, nos ha dado a más de uno la oportunidad de parar, de convivir meses en casa, de volver a encontrarle el gusto a la cocina, al orden, a la decoración, a la lectura, a los juegos de mesa y a la vida on-line.

Y así fueron pasando los meses; los primeros en un estado de terror profundo, en donde morían de a 700 personas diarias, pero no por la peste, sino por su falta de defensas o desatención, por su vejez, o por condiciones preexistentes y por la mala praxis de las curaciones que recibían.

Nadie quería ni quiere aún entrar en un hospital, en donde los médicos se comunicaban en un principio por un Whats up grupal, e iban probando con las víctimas distintas pociones y tratamientos experimentales. Muchos de los cuales eran recomendados por médicos de China, en quienes se confiaba ciegamente.

Después de tantos errores y de tantos muertos, comenzaron a desconfiar de los chinos y a curar con Azitromicina y amoxicilina, un virus al que en un principio consideraban altamente letal.

Todo eso, si tenías la suerte de que te dieran un antibiótico; porque en Europa es mucho más fácil comprar cocaina que conseguir que un médico te recete un antibiótico a tiempo.

Después de tantos meses, los gobiernos le encontraron el gusto a este encierro y el trabajador también.

Estar en casa cobrando sin trabajar y tener al pueblo sin libertad, son alternativas muy tentadoras para todo gobierno totalitario.

Todavía tenemos a aquellos que ponderan el encierro, echan más leña al miedo y alimentan el quiebre de un sistema que los mantiene a todos.

El ser humano suele ser así de autodestructivo y cuanto más cae, más se empuja hacia el vacío.

Tengo que disentir con todos aquellos que creen que estamos más profundos, más conectados y más humanos después de la pandemia, porque yo veo suceder justamente lo contrario.

Este aislamiento ha creado a seres temerosos, cobardes, odiosos con el prójimo, alcahuetes, deprimidos, hipocondríacos, dependientes y profundamente enfermos.

Porque el miedo y la falta de libertad generan todas las dolencias típicas de la cobardía.

El internet ya nos había convertido antes de la pandemia en seres aislados, adictos al emoticono y a las faltas de ortografía. Ya éramos seres narcisistas, enganchados a un espejo que nos timbraba a cada rato para informarnos cuánto nos querían los otros y siempre desde lejos.

Cada like es para un narciso, lo que es para la planta cada gota de agua.

Ya éramos seres aislados en nosotros mismos, mucho antes de esta peste, atrofiados de valentía y alejados de la cercanía que nos alivia del “yo” y construye el “nosotros”.

Hoy esta patología se ha intensificado y la indignación de perder la libertad se ha calmado, como se enfría todo en los seres cobardes.

La indignación del nuevo esclavo se ha ido transformando en un descontento convivible, tibio, patológico, como cualquier enfermedad crónica sin síntomas ni solución.

El esclavo digital es un esclavo voluntario, cómodo y satisfecho.

El esclavo y el cobarde no se irritan y si lo hacen, se les pasa enseguida, con tal de no tener que actuar en consecuencia y verse obligados a esgrimir algún signo de valentía.

Uno se acostumbra a todo, incluso a perder la dignidad y se va enamorando poco a poco de su mal, como el secuestrado se enamora de su verdugo.

Así funcionan el aislamiento y el miedo; crean a pueblos cobardes, que se creen principalmente tolerantes, cívicos,resilientes, saludables y cautos.

El aislamiento borra al otro, lo demoniza y destruye la cercanía que necesita la acción común para todo progreso y para toda defensa, anula la negatividad de la ruptura que exige la valentía y nos condena a una esclavitud solitaria, silenciosa, yerma, consentida y perpetua.

JR

“La Base del comunista”

Conozco a muchos que se hacen pasar por comunistas.

Se sientan a tu mesa y dan esos bonitos discursos, tan humanos e igualitarios y que quedan tan bien en las reuniones sociales.

Pero cuando les conoces a fondo, sabes que les gusta el dinero que no tienen, más que el respirar. Aunque se empeñen en condenar al vil metal en todos sus discursos y nos intenten hacer creer que les gusta la vida sencilla.

Hacerse el comunista es fácil; basta con repetir cuatro eslóganes de moda para quedar como un ciudadano ilustre del mundo; …ahora…no les digas que hospeden a un refugiado; porque las fronteras le gustan siempre abiertas, pero no las de su casa.

Después de mucho conocer sus incongruencias y a costa de muchos cortocircuitos personales, he llegado a la conclusión de que lo único que les hermana es la envidia. Esa horrible tendencia a desear lo que el otro tiene.

Todos mis conocidos comunistas son profundamente envidiosos, odian los triunfos de sus mejores amigos, el progreso del hermano o que se haya curado sin entubar un amigo de coronavirus.

Son gente esencialmente resentida, llena de odio y de ignorancia, a la que erróneamente consideran sabiduría.

Van juntando datos aislados, información de panfleto y la repiten cual expertos, como si fuera una Biblia, pero si les preguntas un poquito sobre historia y les pides un par de datos, se quedan mudos y cambian rápidamente de tema.

No saben de Historia, de política, ni de Economía y ni falta que hace, porque quien sólo tiene por meta destruir lo existente, no necesita estudiar nada.

Siempre recuerdo aquella escena en la que Dostoyevski relata la destrucción de un astillero durante la revolución bolchevique; los obreros quemaban todas las fábricas mientras los ingenieros gritaban: – ¡No! ¿De qué vais a vivir?

– “ya pensaremos en algo” decían ellos.

Y así pasaron los rusos décadas de hambre y de retroceso comunista.

(De más está decir, que nunca se les ocurrió nada.)

Los comunistas hablan siempre con un tono pacífico y tolerante que esconde en realidad un odio visceral, un rencor profundo con el que suelen justificar cualquier ataque terrorista o cualquier asesinato, pero no perdonan jamás que ningún asesino vaya a la cárcel.

Para un comunista la víctima es siempre él. Los demás, se lo merecen. Si te pisaron los terroristas en las ramblas, pues que te jodas por turista y por la falta de solidaridad con la religión musulmana. Te lo mereces.

Niegan siempre todo plan maquiavélico que intentan ocultar y lo llaman teoría de la conspiración; todas son teorías conspiratorias, menos las suyas.

A la juventud, tan ignorante pobrecita y con esos profesores universitarios coaccionados a enseñar la historia desde una perspectiva pro-comunista, uno hasta les perdona tanta estupidez; pero a los mayores… les delata siempre su incoherencia.

JR

“Palabras nuevas para decir las mismas cosas”

Explicar la materia “Filosofía” se ha vuelto una rutina cotidiana en mi casa.

Mi hija de 16 años está convencida últimamente, de que no sabe pensar.

Su nueva asignatura de Filosofía; la ha atiborrado de conceptos inútiles e intelectualoides, a los que cuesta mucho darles un sentido.

Esta materia debería de haberle causado justamente el efecto contrario; ella debería llegar a casa diciendo .. “estoy empezando a pensar y a cuestionarme cosas que nunca antes me había preguntado”. Porque ése es el resultado consecuente de una buena clase de Filosofía.

Me resulta sumamente preocupante que se provoque en los jóvenes esta aversión a la Filosofía y al pensamiento, desde tan pequeños.

A cierta edad, se debería incentivar al individuo a ejercitarse en el pensar por sí mismo.

Es muy habitual que se usen palabras raras y complicadas para explicar las cosas más sencillas. Y es que la gente necesita sentirse importante, creativa, intelectual, reciclada, inteligente y original al repetir lo mismo de siempre.

La nueva filosofía se ha plagado de intelectuales que hablan de cosas básicas en terminología difícil, para justificar los argumentos de sus patrocinadores y la falta de valentía y de creatividad de su existencia.

Cuando bajamos del pedestal a Popper o a Kuhn nos damos cuenta de que dicen lo mismo de siempre con un montón de palabras nuevas, pero terminan diciendo lo mismo que decía Platón; (no podemos acceder a la verdad absoluta, sino que solamente accedemos a ver sombras de una verdad temporal, condicionada por nuestro tiempo/ espacio y por nuestra forma específica de mirar).

Se ha puesto de moda inventar palabras raras y conceptos difíciles para decir lo mismo de siempre y para ocultar siempre las mismas cosas.

Todo filósofo fuera de su contexto temporal, social y cultural es solamente un loco; un ser delirante al que nadie comprende.

Y es que el buen filósofo debe de responder a una realidad, a sus circunstancias y a las problemáticas concretas de su propio tiempo.

Todo aquel que se considera un filósofo es aquel que analiza los problemas reales y cotidianos de su tiempo, (de su hoy).

Y si aún existen conceptos atemporales es porque tenemos aún, las mismas preguntas sin respuesta y el mismo elemento natural y humano insondable e indescifrable.

Volver a nombrar no es crear, sino disfrazar a lo mismo con un traje distinto; pero en donde la esencia continúa siendo la misma.

Llamar “ministerio de defensa” o “ministerio de la Paz” (según 1984 de Orwell) a un ministerio de guerra, es un re -branding emocional acorde a los nuevos tiempos.

Porque ese ministerio, nunca dejó de ser el mismo ministerio de guerra que era antes.

Nombrar distinto no es transformar algo, sino transformar la percepción sobre las mismas cosas.

Si llamas al ministerio de Guerra “ministerio de defensa”, de pronto te sientes aliviado y autorizado a poseer un derecho inalienable a preservarte; pero si lo llamas directamente ministerio de la Paz, sientes que de él emana una justificación y una justicia suprema, sin derecho a la opinión, ni al reclamo de nadie.

Lo mismo sucede con el nuevo “ministerio de la censura” español; al que se llamará “Ministerio de la Verdad”, para disfrazar de Sacra filosofía de estado, el control total de la información que se nos provee.

Y por lo tanto, diseñar al antojo del Estado, la percepción de la realidad en la que vivimos; sin otras versiones, mas que la oficial.

Cuando se escogen palabras tan nobles como “paz” o “verdad” para disfrazar otras cosas, no se hace al azar, sino que se apunta directamente a la percepción emocional que todo ciudadano tiene de dichos términos.

Es decir, se escogen las palabras como anzuelos de manipulación. ¿Quién está en contra de la paz o de la verdad?

Mi hija llega a casa creyendo que no sabe pensar y sospecho que ése es sin duda el verdadero plan.

Y me temo que muy pronto no sea para ellos necesario ni conveniente pensar, porque un “ministerio del pensamiento” les dará los conceptos y las coordenadas necesarias para conducirse según la “nueva verdad”.

La llenarán de palabras nuevas, permitidas y bonitas, que no discriminan a nadie, a las que disfrazarán de nueva ética y de “nuevo orden mundial” para administrar pacífica e igualitariamente el re-branding del control y de la desigualdad de siempre.

JR

“El Enfermo”

La enfermedad siempre es un engorro y nunca se presenta en buen momento.

Ni el más simple resfriado es oportuno cuando tenemos trabajo pendiente, algún viaje de negocios o unas esperadas vacaciones.

Pero es cierto que hay lugares más adecuados que otros para enfermar.

Estar lejos de casa nunca es oportuno cuando aparece el malestar, ya que uno suele requerir de unos cuidados y de un ambiente amable, en donde poder enfermar con un poco de dignidad.

También es cierto que los parámetros del dolor varían mucho de un paciente a otro.

Hay gente que muere de pie o arando el campo y hay otros que ante la caída de una pestaña, ya están en cama hace rato.

La enfermedad es cruel y arbitraria; no tiene amigos ni preferidos y va creando enemigos allí por donde va.

Pero también existe quien la utiliza como mecanismo de dominio, de llamada de atención o como cultivo de la flojera.

No son pocas las personas a quienes siempre les pasa algo y nunca están lo suficientemente fuertes como para cumplir con sus obligaciones, sin aquejarse de algún mal.

Pero cuando alguna peste aparece en el ambiente, declaran que a ellos no les pillará porque son muy sanos. Y uno se queda entonces recapitulando, en cortocircuito y sin cobertura por unos momentos.

También están aquellos que temen perderse. Se consideran tan imprescindibles, que ante cualquier peste se mantienen recluidos y en formol. No vaya a ser que el mundo deje de contar con ellos.

De pequeño tenía compañeros que siempre estaban enfermos y a quienes siempre les dolía algo, y faltaban tanto al colegio, que a mitad de curso debían solicitar permisos especiales en la consejería de educación para no repetir.

Sus madres eran amables hasta tal extremo, que eran capaces de consentir la flojera como parte de una buena educación.

Y desde pequeños se les enseñaba la enfermedad como táctica y como modo de vida; como si esa condición escondiera una baraja ganadora o una sabida ventaja.

Yo sin embargo les envidiaba. ¡Y de qué manera! En mi casa la enfermedad no era jamás bienvenida y uno prefería no sentirse mal, para no incordiar a nadie.

Y las pocas veces en que caías en cama era porque no te quedaba otro remedio. Pero la curación era inmediata, mi madre sabía curar, conocía todos los antibióticos y nos medicaba sin demora y sin ningún temor.

Hoy sin embargo, la flojera es tan intensa que ante la aparición de un moco se colapsan los hospitales y renuncian los sanitarios. Y es que las madres modernas, no saben curar, ni guisar y le tienen miedo a todo.

Existen también distintos tipos de enfermos.

Están los enfermos llevaderos, que son esos que de tan malos que están, desaparecen. Y están aquellos enfermos que se creen los únicos enfermos del universo.

La verdadera enfermedad produce esa sensación; en la que todo desaparece; el mundo, la agenda, la gente e incluso el deseo de vivir.

Pero esto sólo sucede cuando la enfermedad es grave y el dolor profundo. Cuando es leve, la enfermedad es insoportable, el carácter se vuelve áspero y el reproche constante. Uno desea volver a ser lo que era antes de estar enfermo: una persona sin una verdadera preocupación.

La intensidad ayuda al desapego y al desprendimiento porque en ese estado de ausencia, uno no reprocha, sino que se entrega.

Y se sospecha que toda enfermedad es en realidad una ayuda para poder morir, sin estar tan aferrado.

Hay dolencias crueles, que exponen nuestra fragilidad a tal extremo que resultan humillantes. Pero hay personas que las dignifican porque son capaces de atravesarlas con una sonrisa.

En un mundo tan agitado y tan apresurado, parar es siempre un contratiempo. Detenerse es síntoma de estar perdiendo el tiempo, pero hay veces, en que es el tiempo quien le para a uno.

Y aquel que despreciaba su vida comienza a valorarla y aquel que endiosaba su vida, comienza a ver la superficialidad de toda su existencia.

Y entonces aparece el gran absurdo y el depresivo se apega mas que nunca a una vida que hasta hace poco detestaba y el frívolo comienza a detestar la vida vacía a la que amaba.

“Dime cómo vives y te diré como mueres” nos diría algún sabio si nos conociera. Porque no siempre quien desdeña la vida sabe morir, ni quien la idolatra se aferra tanto a ella.

Saber enfermar es importante, incluso he llegado a considerarlo como a un tipo de educación en la conciencia de la propia fragilidad, de la propia fortaleza y de la propia vida; ni tan grandiosa, ni tan miserable, pero siempre finita.

Y es esa finitud lo que le otorga toda su valía.

JR

“La Destrucción de la Comunidad”

Nuestras sociedades democráticas se basan en la adhesión de distintas comunidades unidas bajo una misma ley y sostenidas bajo un mismo plan de nación.

Más allá de las diferencias entre unos y otros, siempre existió una unión por encima de toda diferencia llamada bien común, orgullo nacional o patriotismo.

Desde pequeños se nos enseñó que había algo por encima de toda diferencia y que eso era el amor por un bienestar común.

Hoy en día, esto sólo se hace evidente frente a un mundial de fútbol, en donde pese a toda diferencia, cada cuatro años, todos deseamos la misma victoria y es en ese mágico momento, en donde ya no hay divisiones, ni equipos distintos.

Pero hoy en día existe una fuerte tendencia a la destrucción de todo sentimiento comunitario, motivado por fines políticos.

Este movimiento global va tomando la forma de cada realidad y de sus circunstancias.

En la eterna lucha por la igualdad y el progreso los movimientos de izquierdas han desenterrado antiguas tácticas bolcheviques utilizadas durante el gobierno de Stalin para lograr la división comunitaria (los Komsomol), cuya finalidad no es la de conducir a la convivencia y a la reparación, sino la de perpetuar y ahondar aún más en la división social, promoviendo un clima constante de enfrentamientos, odio, malestar y caos.

Según Karl Marx el contento social era el enemigo del cambio. Un pueblo satisfecho y concentrado en su trabajo y en su progreso personal, no tiene tiempo, ni está interesado en la revolución.

Por lo cual, lo primero que se necesita para movilizar al pueblo es embuirlo de una “conciencia del descontento”.

A esta suerte de despertar, Marx la llamó “conciencia de clase” y supone el darse cuenta de que uno es en realidad un ser oprimido.

Frente a este diagnóstico lo primero que nos queda es identificar a nuestro opresor.

¿Quién es en realidad el culpable de mi fracaso, de mis imposibilidades, de mis adicciones, de mis carencias, de mis delitos y de todo mi sufrir? (…por supuesto nunca soy yo…)

Esta actitud victimista es hoy tendencia global. Y buscar al culpable se ha vuelto nuestro trending topic y nuestro pan de cada día.

En los Estados Unidos a esta táctica bolchevique se la denomina “la teoría crítica de la raza” y consiste en dividir a la sociedad en 3 grupos diferentes: los opresores, las víctimas y aquellos que se alíen con las víctimas.

En paises sudamericanos en donde el componente africano no abunda, se utiliza la misma teoría divisoria, utilizando cualquier otro componente diferenciador; como puede ser la población indígena, el género, la identidad sexual, el status de clase o migratorio etc.

No es de extrañar que todas las campañas políticas de izquierdas se basen únicamente en estos puntos, sumándoles la ecología, que es otra víctima buscando culpables.

Nunca verás en mítines de izquierdas otros temas que no sean estos: género, ecología, feminismo y racismo.

En sus campañas no existen planes de desarrollo económico ni esquemas concretos de progreso porque cuando el fin es la dominación, la estabilidad económica estorba a la causa y por eso una economía próspera y estable nunca es prioridad en esta clase de gobiernos; que apuntan al conflicto como mecanismo de división y de empoderamiento.

El peligro de “la teoría social de la raza” es en realidad la carencia de objetivos concretos.

No existe en esta teoría un fin conciliador ni un planteamiento real de mejoramiento, sino un despertar al resentimiento y una perpetuidad en el descontento.

Es decir, no se busca terminar con la diferencia y con el racismo de una manera pro activa, conciliadora y natural, sino utilizar estas causas de forma permanente como estrategia política de alienación y dominación.

Esta teoría que ha dado nacimiento a Organizaciones como ” Black lives Matter” y “ANTIFA” no poseen un plan de construcción y de convivencia cuya finalidad sea la coexistencia pacífica de todos los colectivos, sino todo lo contrario.

Estos grupos sostienen que no hay solución posible para el racismo.

Por lo cual, establecen de antemano que no hay posibilidad de reparo, ni plan para mejorar.

Estas organizaciones nos dejan claro que la causa racial no es otra cosa que una excusa para la alienación y la división de la comunidad.

Una comunidad que ya vivía la diversidad de una forma natural y progresiva y que de pronto, se ha encontrado dentro de un campo de batalla políticamente organizado y donde no tiene muy claro en qué bando le colocarán.

Una causa que no ansía mejorar y desaparecer natural y progresivamente en un futuro próximo, fruto del éxito en esa mejora, es una pseudo- causa, utilizada con otros fines.

Para los activistas de la teoría racial, si eres blanco eres por definición un opresor y no existe posibilidad alguna de que esta situación se revierta jamás, hagas lo que hagas.

Es más, cualquier ayuda que prestes, sigue poniendo en evidencia tu superioridad racial y tu privilegio.

Nunca existirá una salida para un problema que no desea ser solucionado, sino que busca seguir siendo utilizado como excusa para un fin político de división y de dominación.

“Divide y reinarás” sigue siendo trending topic desde que Maquiavelo lo twitteo en el Renacimiento, “ni hay nada nuevo bajo el sol” (Eclesiástico 1,10) si tienes tiempo para mirar.

JR

“La nueva Normalidad es la Dependencia”

El sueño americano fue desde siempre poder “vivir de tu trabajo” y todo aquel que haya emigrado a los Estados Unidos ha comprobado que si trabajas duro, progresas.

(Pero lo que nadie te cuentan es que allí la gente se levanta a las 5 de la mañana y trabaja sin descanso hasta las 6 de la tarde, sin cafecito a las 11, ni comilona a mediodía y sin servicio doméstico en casa).

Sin embargo, en los países gobernados por ideologías de izquierdas (como España o Argentina entre otros) sucede justo lo contrario, porque el sueño del ciudadano es “vivir sin trabajar” y toda su energía está puesta en aprender las diversas triquiñuelas para conseguir subsidios múltiples y poder subsistir evitando el trabajo.

No es de extrañar que los pueblos sean distintos entre sí y que ambas mentalidades vayan forjando a su vez, valores diferentes.

Quien depende de un estado que le financia la pereza estará siempre encadenado a la dádiva, es por eso que generalmente, la población de los países hispanos, latinos o musulmanes no vota el trabajo duro y el progreso, sino el subsidio.

Pero lo más triste de todo es que cuando emigran de sus países pobres hacia países capitalistas del primer mundo, buscan hacer lo mismo allí y seguir viviendo de subsidios.

En los Estados Unidos el pueblo es muy trabajador y sabe que el trabajo lo es todo. Todas tus garantías, tus créditos y hasta tu seguro de salud dependen de él, por lo cual, lo primero para un norteamericano es encontrar y mantener un buen trabajo.

En los países hispanos sin embargo, el trabajo es un puente hacia el subsidio; trabajar tres meses, lograr que te despidan y que te indemnicen, lograr que la seguridad social te mantenga y gozar indefinidamente de una educación y de una sanidad gratis, sostenida con el impuesto al trabajo de unos pocos.

Muchos fueron los estadistas que sostuvieron que el clima era en gran medida el responsables de la mentalidad de los pueblos y sostenían que cuanto más cerca del ecuador se estaba, más vagos resultaban ser los pueblos.

Aunque a mí modo de ver, es la educación en la dependencia y la motivación recurrente hacia ella, lo que la potencia y la cultiva.

Lo que pone en peligro a una sociedad no es la corrupción de unos pocos, sino el relajamiento de todos y cuando el individuo aprende a que la dependencia del estado es una normalidad en vez de ser una excepción; tiene sin duda, la semilla de un sistema totalitario en puerta.

Existen muchos tipos de corrupción y la dependencia es sin duda una de las corrupciones más peligrosas, porque el ciudadano prioriza su manutención sobre cualquier otra cosa y es capaz de arriesgar todas sus libertades con tal de conseguirla y de mantenerla.

No resulta extraño que la “solidaridad” sea el principio básico de los sistemas comunistas; en donde existe un estado proveedor de bienestar, que a cambio, se ocupa de limitar las libertades individuales, de dominar el pensamiento y de comprar las voluntades.

Quien depende de alguien va limitando y moldeando su propio pensamiento en pos de preservar aquella manutención; pero lo que en realidad refleja este tipo de esclavitud, no es tanto la tiranía del estado, como la comodidad de un pueblo.

La comodidad es sin duda la droga que más corrompe a los pueblos y quien por comodidad reniega de su libertad, no la merece.

JR

“Ser libre da mucho trabajo”

“La Polarización como legítima Defensa”

Mucho se habla hoy en día de que el mundo se ha polarizado y de que son muy pocas ya, las posturas intermedias con respecto a determinados temas.

Personalmente, no creo que el término medio se haya extinguido en pos de la polarización, sino todo lo contrario; creo que la polarización en muchos casos, es el contra -balance necesario para regresar a un término medio.

Con esto quiero decir que la mayoría de las personas que últimamente se han polarizado lo han hecho porque perciben un peligro inminente en un extremo.

Cuando hablamos de la actual polarización deberíamos preguntarnos primero por qué sucede, mucho antes de juzgarla tan negativamente.

En épocas de nazismo también hubo polarización; o estabas a favor o estabas en contra del régimen.

El término medio no era ni adecuado ni valiente.

Muchos fueron sin embargo, los que se mostraron tolerantes con esa ideología en pos de evitar involucrarse y prevenir un conflicto personal.

Pero si el mundo entero hubiese permanecido “tolerante y moderado” frente a aquella ideología totalitaria; seguramente otro hubiera sido el resultado de la Segunda Guerra Mundial y otro también el destino del mundo.

La moderación es recomendable en la salud y en la economía, pero no es para nada adecuada frente a la aparición de un peligro.

De hecho, uno no se modera para defenderse de un grave peligro.

Uno se defiende como puede y con los elementos que tiene disponibles en ese momento porque en esos casos, la resiliencia y la moderación pueden resultar fatales.

Frente a la creciente polarización deberíamos preguntamos entonces ¿cuál es el peligro que percibimos como inminente?

Cuando me reúno con venezolanos expatriados y me relatan su experiencia chavista, me la cuentan como un proceso que comenzó lleno de ideales y de buenas intenciones, un proceso muy lento y lleno de distracciones, que contó con un pueblo pacífico y resiliente, moderado, cómodo y sumiso.

Un buen día el pais cambió y lo hizo efectivamente contando con esa ayuda: la moderación de un pueblo pacífico y distraído; que rehúye del conflicto y del enfrentamiento.

Este es el alimento para todo régimen totalitario; sea éste de derechas o de izquierda.

Hay momentos en la historia en que la polarización es síntoma de un peligro, e ir contra ella a destajo, es trabajar para fomentar y acelerar ese peligro.

Negar o no darle la importancia suficiente al nazismo o al chavismo incipiente fue alimentarlo y darle alas para crecer.

Un pueblo valiente se declara contrario al totalitarismo y si tiene que polarizarse se polariza.

Porque hay veces que para volver a un punto medio hace falta hacer un contra balance urgente.

El “cobarde actual” comparte los ideales del totalitario en la medida en que no se enfrenta a él ni lo denuncia, para seguir pareciendo siempre un “hombre moderado”.

El pueblo que no encuentra en sus líderes a esa figura fuerte que le proteja del abuso, cambia de líder en busca del amparo de otros más valientes, porque nadie quiere ser representado por un cobarde.

La cultura del “ser bueno y tolerante” trabaja a favor de todo sistema totalitario, que aplica un sistema de obediencia y de temor, manteniendo así el camino despejado para avanzar en su proyecto.

Mis amigos venezolanos me aconsejaban ante todo, “reaccionar a tiempo”; pero si reaccionas te tildan de haberte polarizado y consiguen acomplejarte.

“Qué mal verte así, tú que siempre fuiste tan moderado”… te dicen.

Y me imagino que algo parecido le dirían también a Churchill…

Y así es como evitan que te defiendas, cuando todavía estás a tiempo de hacerlo.

JR

“El desafío de Educar”

“La paternidad/ maternidad es la única carrera en las que se te otorga el título, antes de haber cursado las materias”.

Es cierto que convertirse en padre o madre insufla una sensación de poder; uno de pronto siente la satisfacción de haber traído una vida al mundo; habiendo sido en realidad, sólo el vehículo en todo este mágico proceso.

No me canso de ver en los perfiles de las redes sociales enunciados como ” padre, hijo, esposo, suegro, cuñado, abuelo de” como si se tratara de títulos nobiliarios.

Todos sabemos que ser padre no es ni fácil ni barato, pero de ahi a anunciarlo en las redes sociales como un logro o como una carta de presentación personal, me resulta un recurso sentimentaloide, presumido y en la mayoría de ocasiones, inadecuado.

El anunciarte como “padre” no presupone que seas un “buen” padre, por lo cual esa información no aporta en sí misma un valor positivo a tu persona.

Y aunque fueras un buen padre; los tiranos, los asesinos, los nazis, los integrantes del KGB; también eran cariñosos y afectuosos con sus hijos y con sus mascotas.

Por lo cual, este tipo de detalles tan universales, no te hacen especial en ningún sentido.

La paternidad o la maternidad no deberían presuponer un punto a favor ni en contra en la evaluación individual de un ser humano.

Ser padre no es un mérito en sí mismo.

Lo peor de la paternidad es sin duda la tarea de educar; …difícil carrera la que tiene por delante este título nobiliario…

Si el hijo triunfa, entonces “la fruta no ha caído lejos del árbol”, si el hijo fracasa, generalmente es porque ha salido clavadito a la otra rama.

Sólo nos adosamos a la sangre los triunfos del cachorro y endosamos a cobro revertido los desaciertos del engendro.

Educar es un coñazo y no hay buen padre que no coincida en que decir que “no” es mucho más difícil que decir que “si”.

Lo más fácil es siempre mirar para otro lado, no perder tiempo en involucrarse y dejar que el niño se vaya haciendo solo. Y es que al final, los niños no nos pertenecen del todo…

Pero aquello que vuelve, son las consecuencias de sus errores cuando son menores de edad o no disponen de recursos suficientes para afrontar las consecuencias de sus errores.

La mayoría de edad ya no está marcada por un número de años, sino por un número en la cuenta de un banco. Y es que la independencia real, sólo aparece con la independencia económica.

Hasta no ser independiente económicamente no se convierte el joven en mayor de edad, ni en un ente responsable total de sus actos.

La mayoría de edad funciona en la medida en la que uno es capaz de pagar en todo sentido por sus errores.

Es duro hablar así de la paternidad, ya que pasamos de pronto del orgulloso y empalagoso título en twitter; “padre, esposo, hijo, suegro, cuñado” ; a la realista visión de los hechos reales que incluyen todas esas maravillosas y promocionadas relaciones humanas.

Como todo en esta vida, hay líneas delgadas que convierten a toda virtud en un defecto.

La libertad es libertad hasta cierto punto y la educación es educación hasta cierto punto también. Una vez traspasada la delgada línea de la virtud, la libertad se convierte en violencia y la educación también.

Hay que educar, si, pero no tanto. Hay que ser libre, si, pero no tanto.

Cuando tu virtud se hace violencia, entonces ya no es virtuosa. Y cuando tu libertad la paga otro, ya no es tan libre.

Lo difícil no es la receta, sino la medida de cada cosa.

El término medio entre educar y adoctrinar; entre dar libertad y limitar, entre mimar y dar responsabilidad, entre estar presente y saber cuando desaparecer, entre la ponderación y la crítica, entre la dependencia y la autonomía, entre el cariño y la asfixia; son sin duda lo más duro en esta carrera con título previo.

No es fácil la tarea que tiene un padre por delante y no siempre tus esfuerzos serán valorados ni evaluados como tú lo esperas.

Pero presumir en las redes sociales de que eres “padre” no te hace ni especial, ni bueno, ni poderoso, sólo muestra que estás cursando la carrera más ambigua, más común y corriente e impredecible de todas.

JR

“The Happy Life”

Mucho cambian las cosas de una época a otra; se actualizan los valores, las consignas, las prioridades y las metas.

A una parte de este proceso se le llama evolución, pero otra desgraciadamente, se parece más a una involución.

Será quizás que no todo aquello que se mueve, avanza.

Mucho han cambiado nuestros valores en una sociedad orientada al narcisismo como agenda y al objetivo de una “happy life” como el fin próximo y último de nuestra existencia.

Aquella ética del trabajo, del esfuerzo y de la lucha por un bien mayor más allá de la satisfacción de los propios deseos, se difumina en una nueva sociedad que condena el esfuerzo, el sacrificio y el trabajo duro, y que exige todo “ya”.

El éxito fácil promueve la preocupante y creciente prostitución infantil de muchos niños que son víctimas de ella y de muchos otros, que voluntariamente se prostituyen, porque descubren en la prostitución el camino rápido hacia el dinero fácil.

Muchos de nuestros objetivos han cambiado y los matrimonios también duran cada vez menos.

Al menor esfuerzo, las parejas se cansan, se desenamoran, desean al compañero de trabajo, al jardinero o al personal trainer.

Y en un mundo happy, en donde “nothing is imposible” y en donde toda represión es síntoma de enfermedad, engañar y traicionar está permitido siempre que se trate de tu felicidad y de complacer los deseos inmediatos de una “happy life”; que nos exige ser felices a toda costa y a cada momento.

La publicidad nos programa a que” si lo deseas, lo tienes”; ya no importan los medios ni las consecuencias, porque lo único válido es tu deseo.

“¿Te gusta conducir?” _te preguntan, como si ese gusto fuese suficiente para que te merezcas un bmw.

Detrás de este narcisismo justificado como religión moderna y promovido hasta la tumba, está también el healthy life, la obligación a la duración infinita en una vida de narciso.

Si antes uno veía en la gente mayor una sabiduría, hoy te los encuentras igual de tarados que una chica de 15 años y en las mismas tiendas de ropa de tus hijos adolescentes, viejos comprando pantalones pitillo y gafas de sol estrambóticas.

_¿Para tener un coche descapotable, hay que ser calvo?_ me preguntaba mi hijo hace unos años. _”No querido, tienes que tener pasta y trabajar mucho”_

(Frente a semejante panorama desolador para los jóvenes es mejor crearse una página porno a tiempo y llegar al descapotable antes de que la calvicie aparezca).

La urgencia por el placer no sólo frustra, sino que prostituye. Y no sólo lo hace con los cuerpos, sino también con los valores.

Los viejos no se hacen sabios, los jóvenes no se hacen adultos y los niños juegan a ser modelos porno en redes sociales peligrosas.

Hay un enmarañado social profundo, en donde nadie ocupa su lugar, ni deja lugar al otro.

Si la longevidad se vuelve un problema de cupos, no es solamente porque los viejos duren más que antes, sino también porque los jóvenes no están nunca lo suficientemente preparados para ocupar sus sitios con valentía.

Nuestra sociedad hiperinformada es a la vez manipulada con información a cada momento. Entre el instagran, el gimnasio, la depilación láser, el botox y la peluquería ya no queda tiempo para comprobar la información recibida.

Deglutimos información falsa y manipulada a diario.

Nuestra hiper conexión es a base de eslóganes que vamos repitiendo, sin ninguna investigación previa y sólo para tener algo que comentar en las redes sociales y hacernos los que estamos al día.

Ni vimos el debate presidencial de Estados Unidos, ni sabemos nada de lo que ocurre allí, pero hay que ver cómo estamos opinando en las redes. (mejor dicho; qué bien repetimos el eslogan de la ideología de turno).

Aquel que crea esos eslóganes es quien de verdad maneja nuestro pensamiento.

Pero en una época abocada al narcisismo desde la cuna a la tumba, ¿quién tiene tiempo de pensar o de investigar una información?

Ni que hablar de ponerse el despertador para ver en vivo lo que pasa del otro del mundo. Pero hay que aguantar a diario a los opinólogos de la ignorancia más absoluta.

Si con suerte llegamos a los 70 estaremos o en la consulta de la cirugía estética o haciéndonos la quimioterapia. No hay término medio, ni sabiduría posible en la vida de un Narciso.

Pasamos del Botox y el shopping a los cuidados paleativos; sin tiempo para madurar.

El problema no es la juventud, ni es la ancianidad, sino la sociedad entera.

Hemos contraído un virus igualmente degenerativo para niños, jóvenes, adultos y ancianos; el síndrome narcisista de la “Happy Life”; en donde la sobrevaloracion del placer inmediato, no deja lugar a ninguna trascendencia.

JR

“Receta Coronavirus”

No es nada nuevo usar a las desgracias para obtener un beneficio. Hay cosas que son tan viejas como andar a pie y estudiar la historia siempre nos ayuda a preveer situaciones que tienden a repetirse.

Hubiera estado bien que los alemanes de la Segunda Guerra Mundial estudiasen historia francesa antes de adentrarse en Rusia en invierno, como hizo Napoleón. Pero no hay mal que por bien no venga y a veces la ignorancia también nos trae algunas bendiciones.

Hoy el Corona es una oportunidad para muchos; para crear pánico y caos, postergar elecciones o elegir el correo como opción para el fraude electoral, como intentan hacer los demócratas en los Estados Unidos, y esta es una más, de las múltiples oportunidades que le ven algunos a esta pandemia.

Mientras China crece y está recuperada, los sistemas democráticos occidentales tambalean frente a unas izquierdas que avanzan sin escrúpulos ni vergüenza, arrasando instituciones y legislaciones vigentes y en algunos países, incluso códigos de convivencia tan elementales como la ley de propiedad privada.

Luego nos preguntamos quién creó el virus y con qué fin, pero la evidencia está a la vista por más que la izquierda insista en que fue una simple fatalidad causada por no encontrarle el punto de cocción a un murciélago.

Mientras la prensa y las cadenas de televisión se ocupan día y noche de seguir creando el “pánico corona” cuidándose y mucho, de mencionar en sus informes que las hospitalizaciones y las muertes son bajísimas ahora mismo en Europa, los niños salen al colegio nerviosos, con un listado de geles, toallitas, máscaras, filtros y un sinfín de normas de distancia en clase, en patios, en pasillos, en comedores y en todos los accesos.

Hoy al ver a mis hijos salir por la puerta de casa les decía: – “Id sin miedo, porque ser un cobarde y un aprensivo es mucho peor que tener coronavirus”.

Mientras seguimos incentivando desde el parvulario a estas nuevas generaciones de cagones, chivatos y alérgicos a todo, me adentro en mis estudios y leo sobre el pasado y sobre esas generaciones de colonos, de romanos, de vikingos, de espartanos, de las que ya no nos queda casi nada.

Somos unos pusilánimes aburridos y adictos a internet y a la intolerancia alimenticia; todo nos cae mal, nos engorda o nos estresa. Y el que no piensa como yo es un racista o un potencial contagiado al que tengo que denunciar. ¡Qué asco de gente!

A veces me pregunto para qué sirve tanta salud no productiva. ¿Para qué vivir encerrado? ¿Vale la pena ser un parásito y un miedoso para llegar a los 120 años? Eso es lo que yo llamo vivir al pedo, pero con mascarilla reforzada I 95.

Este positivismo extremo, adicto a la duración inútil y a concedernos una enorme importancia por el sólo hecho de existir, es con lo que se nos ha alimentado durante décadas; ese “porque tú lo vales” de panten que tanto daño nos ha hecho.

Hemos aplicado la misma medicina para todos los diagnósticos y le decimos valioso igualmente al vago y al inútil, que al trabajador y al hacendoso.

En mi casa al trabajador se le llamaba trabajador y se lo felicitaba y al vago se le llama vago y se le exigía. No era todo lo mismo, como sucede ahora, ni el mérito era un pecado mortal, ni los logros eran un privilegio de raza, ni el esfuerzo y la austeridad eran mala palabra.

Pero hoy hay que ir con cuidado y midiendo cada frase y terminación de palabra, porque si se te escapa alguna verdad o se te olvida alguna “e”, eres un facho, un nazi, un machista o un racista.

Este positivismo generacional nos ha hecho sobrevalorar la duración y degradar la vida a un mero “preservarse” lo máximo posible de todo riesgo.

Para los positivos siempre es mejor durar, que hacer algo útil.

La duración, lejos de ser una casualidad se ha convertido hoy en un mérito personal, conseguida a base de yoga, deporte, alimentación y de una vida relajada y ociosa.

Y en esto mismo consiste la cobardía; en darle más valor a la propia preservación, que al riesgo útil.

El cobarde se cree tan valioso que prefiere cuidarse, antes que hacer algo necesario, mientras que el valiente sabe que para lo único que vale la pena vivir, es para ser útil en algo.

Muchas cosas han pasado a ser parte de esta “nueva normalidad”; además de ser un chivato, un enmascarado, un escondido y un miedoso; existen también muchas otras infracciones normalizadas; como la ocupación ilegal, la inmigración ilegal, la violencia, el terrorismo y los incendios en las calles, la degradación a la policia y a las fuerzas de seguridad del estado, o la usurpación de tierras.

Acciones que los gobiernos de izquierdas minimizan como parte de esta nueva normalidad, dentro de este inocente “combo corona” organizado para hacer tambalear las Democracias.

Pero la gestión más importante de todas, que es la de atemorizar, desinformar y educar en el miedo a generaciones de cobardes, la lleva la familia, la prensa y la escuela.

La receta del murciélago tiene ya todos los ingredientes necesarios para funcionar; porque el ingrediente más importante de todos para derrocar a una República, es tener disponible a un par de generaciones de cobardes.

Una vez que tienes este elemento, puedes dar por sentado que el camino está despejado para el desastre, porque nadie se interpondrá en el avance.

Por eso me repito;

“El corona es un virus, pero la cobardía es un cancer incurable”

JR

“Esa indolente Doble Moral”

La vuelta al colegio es inminente y muchos padres la encaramos con alegría.

“El show debe continuar” decían algunos y el lema de la continuidad y la superación fue siempre “muerto el rey, viva el rey”.

Nuestro sistema de vida no soportaría otro confinamiento, por la sencilla razón de que si los niños no van al colegio los padres no pueden ir a trabajar y si los padres no trabajan …¿cómo pagamos la escuela pública y los subsidios?

Así funciona el sistema y nos guste o no, es la mejor de todas las opciones.

Hay que seguir adelante y afrontar el virus con valentía. Ya no muere tanta gente y los médicos saben mucho mejor que antes cómo tratarlo, aunque aún no esté a nuestro alcance la vacuna.

La vacuna disponible hoy, es ir al colegio, ir a trabajar e inmunizarse.

Existe una gran oposición a la vuelta al colegio principalmente por parte de los profesores; que se sienten más expuestos al virus que los médicos de la primera oleada y se autoproclaman mártires en las redes sociales.

Si aquellos médicos de Marzo y Abril hubiesen actuado como lo hacen hoy los profesores… ¿qué hubiera sido de nosotros?

Por suerte cada uno elige su profesión según su grado de valentía y de vocación, aunque muchos aún bronceados de la playa, le teman mas a las aulas que al virus.

Los padres protestan y exigen más personal de limpieza en el aula; la mayoría de estos padres son socialistas, pero unos socialistas acostumbrados a tener mucho servicio.

Yo le he dado una bayeta y un liquido desinfectante a cada uno de mis hijos para que desinfecten su pupitre y su silla antes y después de clase. Una costumbre muy nórdica de aquellos países socialistas coherentes con su ideología, en donde los niños son los encargados de limpiar el aula desde mucho antes de que apareciera el coronavirus.

Los padres no nos damos cuenta de que la cobardía es contagiosa y que criar a niños malcriados y temerosos no es un mérito, sino una verdadera desgracia para la humanidad. La sobreprotección a la que muchos confunden con amor es sumamente dañina para el medioambiente.

Hay que salir a poner el cuerpo igual que hicieron los adolescentes en los botellones y en las discotecas durante toda la pandemia. Esos mismos adolescentes que hoy ponen el grito en el cielo por la falta de distancia social en clase.

Y es que hay que tener mucha cara para ser tan hipócrita. En vacaciones la gente no parecía estar tan asustada en irse a la playa o en pasar el día amontonados en una terraza, pero hoy, cuando toca volver al trabajo, estamos todos en estado de pánico.

Nuestra forma de enfrentarnos al virus ha dejado muy claro quiénes somos y de qué pierna cojeamos. Se ha visto a los valientes, a los cobardes, a los aprovechados y a los hipócritas.

Pero el show debe siempre continuar porque así funciona la vida. La vida es riesgo, es peligro y por eso es vida. Vivir eternamente escondido no es opción ni para seres vivos, ni para valientes.

JR

“El Tonto Útil”

Hay muchas formas de hacer política y muchos ámbitos en los que se hace política, aún sin ser concientes de estar haciéndola.

Hay política en los estados, en las empresas, en las familias y en todo tipo de relación.

Aristóteles decía que el ser humano era un ser político por naturaleza y no se equivocaba; ya que aunque reniegues de ella, tú también eres un ser político y haces política de alguna u otra forma.

En una familia cualquiera existe una política en cuanto se establece un sistema determinado que puede ser totalitario o democrático, déspota o anárquico, pero siempre existe alguno.

Sucede que en ocasiones se aplica además, aquella estrategia del poli bueno y del poli malo; en donde dos del mismo bando pactan adoptar distintos papeles para llegar a un mismo fin.

El poli bueno genera confianza e inspira ternura, tiene buenas intenciones, aboga por la unidad y el bien común y su discurso no suena a autoridad, sino a párroco franciscano. Pero en cuanto pueda, con esa cara de tonto y de buenazo te la clavará por la espalda y rápidamente le echará la culpa al otro.

El tonto útil es hoy muy demandado políticamente, ya que el votante contemporáneo al que hay que convencer es un votante que quiere parecer bueno a toda costa, que participa en causas humanitarias y que aunque reniegue de la religión tradicional se cree más moral y ético que nadie y está siempre ansioso por publicar su bondad en redes sociales.

¿Quién no sucumbe ante un discurso estilo “dalai lama” en un mitin político?

Pocos somos aquellos que odiamos la sobre actuación de la bondad y la inocencia y repudiamos abiertamente a todo este pseudomovimiento libre /eco -racial y vegano-pacifista tan hipócrita y oportunista.

Pocos somos ya los malos declarados, que preferimos llamar a las cosas por su nombre, queremos el ajuste sin engaños, indirectas ni anestesia, llamamos al negro negro, blanco al blanco y al coronavirus chino y de laboratorio, a la prensa movimiento marxista subvencionado por grandes empresarios como Soros y demás mafias y que luego se sorprenden y se ofenden cuando el comunismo les quita la libertad de expresión, esa misma que nunca ejercieron.

Somos unos pocos locos suicidas los que aún creemos que por decir la verdad no se tiene porqué ofender nadie.

Y pocos somos también los que no queremos la deformación de un idioma en torno a una asexuada letra “e” que terminará convirtiendo al castellano en italiano y al inglés en emoticono.

Si hay algo que caracteriza a la Democracia es la movilidad que genera. Hoy eres rico, mañana pobre o viceversa. Y ese viceversa no es otra cosa que el sueño americano.

Y lo mismo sucede hoy con los cadavéres politicos.

Todos aquellos politicos que se creían políticamente acabados, triunfan, porque hoy los tontos útiles venden y están muy demandados.

Todos necesitamos a un tonto útil al frente, a quien se le den bien las palabras bonitas y convenza pronto a este pueblo posmoderno, adicto a la mentira, a la novela romántica y a la emoción edulcorada.

Biden es un ejemplo de un tonto útil contemporáneo en los Estados Unidos, Alberto Fernández en la Argentina y Pedro Sanchez en España.

Sólo pon atención a las vicepresidencias de cada uno de ellos y te darás cuenta a qué ideología le sirve y le es útil el tonto útil de turno. ( socialismo- comunista)

El verdadero problema en esta cuestión no es el político tonto ni el vicepresidente malo, sino el votante customizado de bueno, de eco, de friendly, de paz, de amor, de mucho wiffi y pocas neuronas.

Un votante que no soporta una crisis ni un recorte y que ante la mínima sensación de miedo prefiere votar a un sistema totalitario para que lo mantenga calentito y lejos de los riesgos que implica el trabajo duro y el progreso.

“Protégeme de los tontos porque de los malos me cuido sola” rezaba mi abuela y tenía razón.

Hoy en día el verdadero riesgo no se esconde detrás de los malos sino de los tontos, porque para engañar a un pueblo buenista, estupidizado y alienado en redes sociales se necesita siempre a un tonto útil en el escaparate.

Pobrecito, ¡qué bueno es! Si parece un huevo kinder…

¡Pero no veas lo que esconden estos tiernos muñequitos!

JR

“Lo que esconde la máscara”

Muchos llevamos mascarilla porque la normativa nos obliga a ello, otros sin embargo la llevamos por temor al contagio y una gran cantidad de personas, la llevamos también por el temor a los insultos que nos propinarían los demás, si no la llevásemos.

El virus ha dejado claro el temor que nos genera la posibilidad de morir o de enfermar y lo aferrados que estamos a la vida; aunque antes del virus, hubiésemos presumido de vivir elevados y desapegados de la vida terrenal.

Hoy los hare krishnas, los budistas, los apóstoles de la vida eterna, de los 7 paraísos musulmanes y de la reencarnación hindi, han dejado sus creencias a un lado, se han enfundado la máscara y se han encerrado en casa a cal y canto.

Y es que con el corona dando vueltas, hasta las creencias dejan de ser tan creíbles como antes.

Resulta curioso en tiempos de peste ver adónde se nos queda la fe, el amor a la humanidad, a la libertad y todas esas grandezas espirituales de las que presumimos tanto en la bonanza.

El budista de pronto deja el “om” e intimida al vecino del quínto piso que trabaja en un hospital, la abuela católica insulta a aquellos niños que no llevan mascarillas por la calle y unos cuantos pacifistas de izquierda les desean la muerte por corona a los adolescentes del botellón.

Y es que hemos visto de todo en estos tiempos, y sobre todo, hemos observado cuánto nos importan los demás.

Mientras estábamos sanos y el único peligro era Trump, era muy fácil hacerse el bueno, el solidario, el humanitario. Y es que llorar y dar likes a las imágenes de fAcebook es muy fácil; lo difícil es dejar de odiar a todo aquel que no respete la distancia social.

Y es que hoy, más que nunca y a pesar de la mascarilla, podemos ver realmente quien está detrás de cada una.

Algunos creen que la mascarilla no sólo les protege del virus sino también de la mirada del otro, del juicio y del pánico que nos generan incluso nuestros amigos.

Pero ante todo, la mascarilla expone nuestro temor; al virus, al otro, a la muerte.

Cuesta reconocer que somos generaciones de cagones; acostumbradas a la paz, a la Democracia, a los derechos, a la salud gratis, a la educación gratis, al Mc Donalds, al bienestar, a Netflix, al inconformismo permanente, a muchas décadas de comodidad, de derroche, de delivery, de hipotecas, de viajes en cuotas,de indemnizaciones y de subsidios.

Somos el resultado de muchos años de progreso, de democracia y de salud; pero en cuanto algo de eso se nos trastoca, somos capaces de matar al vecino, si le vemos salir sin perro durante la cuarentena.

Muchos creen que estar encerrado en casa o usar una mascarilla es un signo de virtud y se creen poseedores de una superioridad moral que otros no tienen.

Usar una mascarilla, permanecer encerrado en casa y cumplir la normativa está muy bien, pero no te hace mejor persona.

Definitivamente te hace más obediente, más temeroso y más precavido; pero no más bueno; porque no nos engañemos, si te quedas en casa es por ti, pero en cuanto veas por el balcón al vecino del tercero fuera, sabes que llamarás sin dudar a la policía.

No es casual que el virus sea chino; porque poco a poco vamos implementando y normalizando el terror, la destrucción de la clase media, la dependencia del estado, el espionaje y el delatar a nuestra hermana si hace falta; todas esas buenas costumbres típicas de la China comunista y de la antigua Unión Soviética.

Si el Corona fue creado en un laboratorio para cambiarnos las costumbres, sin duda lo está logrando.

Este virus más que una enfermedad, se parece a un viaje exprés hacia una igualdad, regida por un sistema de terror tan antiguo como totalitario.

No todos los temores engendran salud y el normalizar la cobardía es dar un paso atrás en la evolución del ser humano.

Es difícil encontrar un equilibrio entre seguir y parar, pero urge hacerlo, aún asumiendo los riesgos.

No se puede vivir escondido, ni oprimido, ni aterrado, ni vigilado, ni privado de la libertad. Y si la nueva libertad incluye una mascarilla, pues bienvenida sea, pero la libertad nunca debería resignarse.

JR

“La Igualdad Desmesurada”

Si algo caracteriza al ser humano y lo diferencia de cualquier otra especie es su capacidad para perfeccionarse. Y esa capacidad es la que le diferencia también de otro ser humano.

Uno sabe desde pequeño que posee esa capacidad, nazca donde nazca.

La condición social o económica de cada niño limita, pero no impone un estancamiento en las sociedades democráticas avanzadas, en las cuales prevalece la igualación de las condiciones para todos los ciudadanos.

(Con esto me refiero a aquellos países en donde la Educación de calidad se le garantiza a cada niño.)

El niño adquiere así la oportunidad para perfeccionarse y si ha nacido en una familia en donde la cultura no abunda, gracias a la escuela, puede conocer y acceder a un mundo nuevo y diferente al habitual.

En las sociedades democráticas esta igualación de condiciones implica también una oportunidad para desigualarse de la realidad familiar.

O sea, un niño nacido en un entorno pobre o sin cultura podría el día de mañana cambiar su condición.

Por lo tanto, la igualación de las condiciones da paso también a una nueva desigualdad de condiciones, gracias a la cual, el niño pobre se convierte años más tarde en un hombre rico o culto.

Pero como podemos observar, la desigualdad sigue presente; ya que sus amigos pobres, que no han podido, no se han esforzado, o no han gozado del talento o de la suerte suficiente, seguirán siendo pobres.

Hoy en día hemos ido un paso más allá y se considera que la Democracia no debe solamente proporcionar la igualdad en la oportunidad, sino además garantizar el mismo resultado de progreso para todos, algo que hasta ahora dependía únicamente del esfuerzo, de la habilidad o de la suerte de cada uno.

Este es el concepto del subsidio; que es un refuerzo para seguir igualando, aunque este mecanismo no dé siempre los mismos resultados; ya que lo que unos aprovechan como un impulso para seguir perfeccionándose, otros lo utilizan como un recurso para evitar cualquier esfuerzo.

Existe actualmente una tendencia mundial a desvalorizar el esfuerzo del individuo y a dar por sentado que todo logro ajeno es siempre un beneficio de clase o un privilegio de raza.

Pero aunque haya algunas excepciones, el común denominador del éxito en países democráticos es la suma del esfuerzo, la dedicación y la perseverancia del individuo.

Esta tendencia social y política que rechaza abiertamente el mérito y que es partidaria de una igualdad que no presuponga ningún esfuerzo por parte del individuo, se asemeja curiosamente al comportamiento aristocrático, una condición, que sin ningún esfuerzo se recibía o se heredaba sin más.

La igualdad que establece la Democracia es una igualación de condiciones a nivel legal y esto nos garantiza una salida desde la meta (relativamente) justa, pero que impone a su vez y una vez iniciada la carrera, el esfuerzo particular de cada uno.

La igualación de las condiciones no garantiza la igualdad en el resultado a menos que la carrera esté amañada; porque por mucho que igualemos las condiciones, siempre serán unos mejores que otros. Y que lo sean, lejos de ser una injusticia, es lo que garantiza el progreso de la humanidad.

Intentar igualar a toda costa degenera inevitablemente en una igualación negativa.

El igualar es siempre hacia abajo porque sólo se puede igualar hasta donde lleguen todos, intentando además que nadie sobresalga sobre otro, para evitar herir, diferenciar o discriminar.

Esto no sólo es un comportamiento anti- natura, sino altamente dañino.

Cuando en alguna disciplina se requiere que todos los colectivos estén presentes se aplica una igualación en las condiciones, pero si el que gana el premio no pertenece a una minoría comienzan entonces los reclamos.

No sucede lo mismo sin embargo; en deportes como el baloncesto, en donde ciertas minorías llevan siempre una ventaja sobre otras razas, sin que nadie diga nada.

Existe una exacerbada tendencia a imponer el reclamo de igualdad constantemente y muchas veces injustamente.

Una mujer talentosa no quiere ganar por ser mujer, quiere ganar por tener talento e imagino que sucederá lo mismo en todas los demás colectivos que se consideran oprimidos o discriminados.

Nadie que tenga dignidad quiere que le dejen ganar sin merecerlo.

Un niño de 10 años cuando ve que su padre hace trampa para dejarle ganar a las cartas, se ofende, porque existe en la ventaja y en la concesión una desvalorización implícita.

Jugar con ventaja es la confirmación de una irreversible desigualdad.

Y no duele tanto asumir la desigualdad como su condición de irreversible.

Al niño no le duele tanto perder, como que su padre crea que nunca podrá ganarle.

La igualdad se ha puesto de moda y la opinión pública condena a cualquiera que ose rebatirla en cualquier aspecto, pero yo me atrevo a decir, que no siempre la igualdad es deseable, ni resulta beneficiosa.

La igualación de las condiciones es la base de toda Democracia, pero no garantiza la igualdad.

Y no toda igualdad beneficia a la Democracia.

JR

“La tiranía del Pensamiento Único”

Muchas veces hemos oído hablar de fascismo y todo fascismo se basa en la tiranía de un pensamiento único.

Todo aquello que esté fuera de ese pensamiento único es considerado por el fascista, no como distinto, sino como “enemigo”.

Solemos relacionar al fascismo con la ideología de derechas, quizás porque fue el último fascismo reconocido, pero el fascismo no tiene nada que ver con una ideología determinada; sino con la limitación de la ideología a un solo tipo de pensamiento.

La falta de libertad para pensar libremente es lo que caracteriza a todo fascismo, sea éste de derechas o de izquierdas.

Y es esta obediencia obligada a pensar de una manera determinada o “políticamente correcta” lo que pone en evidencia a todo régimen fascista.

Pensar contrariamente a los dictados de Stalin suponía una condena a muerte en la Unión Soviética y lo mismo sucede hoy en algunos países musulmanes y sin ir mucho más lejos, en Venezuela, Cuba y Corea del Norte.

Muchos son los regímenes que hoy en día se hacen llamar “demócratas” y sin embargo esconden tiranías de pensamiento único.

En este tipo de gobiernos el elemento fundamental es el dominio del pensamiento del ciudadano y uno de los métodos utilizados para el adoctrinamiento es la prensa; que se ocupa de informar sobre aquellas cosas que el tirano quiere que sepas y de esconder todo aquello, de lo que no quiere que te enteres.

Toda información contraria a su ideología quedará sistemáticamente vedada y fuera del alcance de los ciudadanos, que serán diariamente abducidos bajo un único sistema de pensamiento.

Cuando Kant se refería a “la ilustración” la describía como a ese estadio en el que el individuo alcanza una simbólica mayoría de edad y se vuelve capaz de pensar por sí mismo.

Hoy sin embargo, aunque muchos crean que vivimos épocas ilustradas, son pocos aquellos que se atreven verdaderamente a pensar por si mismos, sin limitarse a “repetir lo mismo que opina todo el mundo”.

Atravesamos épocas de mucho temor a la verdad y casi nadie se atreve a decir lo que piensa realmente, por miedo a ser acusado, estigmatizado, perseguido o amenazado por estos gobiernos de izquierdas tan censores, intimidatorios y dictatoriales.

Si a todos nos sorprendió la victoria de Trump en los Estados Unidos en 2016 fue porque nadie se lo esperaba. Y nadie se lo esperaba porque la gente no se atrevía a decir públicamente que iba a votar a Trump.

Ese voto silencioso, como lo llamaron algunos, dejó al descubierto el temor de la gente a exponerse públicamente y a contrariar a la izquierda, por el miedo a sufrir posibles agresiones y represalias.

Aunque la dictadura del pensamiento único crea que el temor es suficiente para detener la libertad de pensamiento, la historia siempre nos ha demostrado lo contrario.

Y mientras nos quede un aliento de vida, debemos seguir evolucionando como nos diagnosticó Darwin e ilustrándonos como nos marcó Kant, porque la evolución o la ilustración, no son otra cosa que el esfuerzo por superar nuestra cobardía y nuestra propia barbarie.

JR

“Peor que ser odiado es ser temido”

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“La Planificación de la Incertidumbre”

Venimos acostumbrados a tener vidas organizadas, agendas electrónicas, alarmas para cada actividad, overbooking de quehaceres diarios y un sin fin de planes a futuro y siempre con esa falsa ilusión de que la vida puede organizarse a nuestro gusto y medida.

Una pandemia tiene la capacidad de trastocarlo todo; y no sólo los planes a futuro, sino la idea misma de que existe un futuro y de que disponemos de él a nuestro antojo.

Esta misma sensación es la que siente alguien acostumbrado a ser una persona sana, cuando se le diagnostica una enfermedad mortal.

Primero la sorpresa y la incredulidad, después la negación, luego la angustia y mucho más tarde, la conciencia de que la vida era solamente un regalo con fecha de caducidad desde el principio y no un bien eterno como llegamos a creer.

El concepto de temporalidad que nos aportaron siglos de vacunas, de cirugías estéticas y de descubrimientos científicos destinados a convencernos de que podríamos ser eternos, logró despistarnos bastante. Y muchos creyeron de verdad, que la eternidad del individuo era posible.

Es difícil aceptar la finitud para la que fuimos creados, pero este cruel descubrimiento, lejos de convertirnos en seres temerosos y aprensivos, debería hacernos conscientes de que si tenemos algo que hacer, algo que legar, algo que aportar, algo para dar; el momento es ahora.

La finitud puede ser cruel e injusta pero también liberadora; y quien se sabe a si mismo “temporal” se atreve a hacer más cosas y a arriesgarse más que aquel que está empeñado en mantenerse en este mundo para siempre y a quien esa permanencia le ofrece más limitaciones que oportunidades de acción.

Quien se sabe breve actúa y quien se siente eterno se afloja, sabiendo que siempre habrá un mañana disponible para poder hacer algo.

No intento encontrar en la desgracia los beneficios a los que nos impulsan los coaches, ni tengo fe en que después de la brevedad de la vida nos espere algo mejor, sino todo lo contrario, considero que tener que marcharse de una vida bonita es cruel y marcharse de una vida miserable debería ser liberador; aunque a la hora de irse, no quiera irse ninguno de los dos, ni el feliz ni el miserable.

Porque el temor a morir no trata sólo de la vida que dejamos, sino del pánico a la incertidumbre que nos espera y que sufre tanto el feliz como el desdichado.

Planificar un futuro incierto parece ser hoy nuestra tarea; aprender a vivir sin un “para siempre”, sin garantías, sin “lo mismo de siempre” para crear rutinas nuevas, que nos ofrezcan esa barandilla de contención que necesitamos imperiosamente para no caernos de la cama, hacia un abismo de misterio al que tememos porque nunca comprenderemos.

JR

“La Nueva Educación”

De todas las especies, la humana es la que más tarda en ser autosuficiente y por eso la maternidad/ paternidad se vuelve un proceso tan largo y cansador.

Durante los primeros años, el niño nos necesita para todo y sin nuestra guia, va seguro hacia la muerte accidental.

Cualquier peldaño, cualquier piscina, acantilado o carretera implican para él un riesgo mortal, que todo padre tiene que estar siempre dispuesto a salvar.

Lo mismo sucede con los pueblos; a medida que una civilización crece va necesitando de menos cuidados y este crecimiento independiente, tiene que ver con la capacidad de autosuficiencia de cada pueblo.

¿Pero cómo se consigue la autosuficiencia? En primer lugar con la Educación, con la disciplina y luego con el impulso hacia la independencia.

Pero ¿cuál es el tipo de educación que se necesita para la autosuficiencia?

Hablar de “Educación” se ha vuelto un tema de lo más cool y humanista. Si quieres quedar bien en cualquier reunión conviértete en un defensor acérrimo de la Educación, pero no toda educación es conveniente, ni recomendable.

La educación basada en el adoctrinamiento ideológico es muy perjudicial y nunca consigue individuos autosuficientes, sino que consigue crear a seres eternamente dependientes del estado, acostumbrados a merecer todo, por el sólo hecho de existir y sin el menor esfuerzo por su parte.

Fomenta además el resentimiento, el odio, mal informa sobre el pasado y sobre las costumbres y cultiva un idealismo fofo, vacío y estupido.

Todo adoctrinamiento enseña además, las posturas y artilugios para el disimulo y el fingimiento; volviendo al individuo un ser capaz de argumentar cualquier incongruencia con destreza y sin titubeos y prescindiendo siempre de toda lógica.

En conclusión, convierte a personas en repetidores de sloganes, sin dejar pasar jamás un razonamiento coherente por su mecanismo o proceso de pensamiento.

Por eso cuando me encuentro con alguien que presume de estar muy educado, me pregunto: ¿Si, pero educado en qué? Porque no toda educación suma en el proceso de inteligencia.

Es complicado enseñar filosofía o historia hoy en día en ambientes de izquierdas y se nos obliga al profesorado a menudo a obviar temas que puedan “herir sensibilidades”, como la esclavitud, el terrorismo o las masacres.

Se promueve, se recomienda y se obliga a una enseñanza parcial de la historia que vaya en concordancia con la ideología reinante.

Se evita la enseñanza de todas las masacres históricas de las ideologías de izquierdas en los temarios y se prohíbe hablar del fracaso del comunismo y de las torturas, extorsiones y mecanismos de control de la Unión Soviética, China o Cuba.

Yo disiento profundamente con esta filosofía que implica seguir “suprimiendo a la carta” información veraz e importante; pero todo se hace “supuestamente” en aras de una nueva humanidad eco humanista/ pacifista/ sostenible/ hipersensible, extremadamente impresionable y crecientemente comunista; que no necesita en este momento, informarse ni comprobar el desastre y la deshumanidad de su panfleto ideológico. (¿Para qué desmotivarles?)

La Historia en realidad sólo sirve para que aprendas sobre todo aquello que pasó y podría volver a pasarte. Y el comunismo es un mal que si te descuidas de estudiar, va a volver a pasarte muy pronto.

Hay mucho ocultamiento y adoctrinamiento en la educación actual.

Como filósofo uno debe cuidarse actualmente de enseñar a Platón y a los griegos en general, porque en el siglo V la esclavitud era una costumbre no cuestionada y el alumnado progresista suele reaccionar de forma muy violenta en clase, no sólo cuando tratas la división de clases de la Antigua Grecia, sino también cuando enseñas la Democracia.

Sin embargo, cuando me toca enseñar a Marx, la clase es una fiesta de reivindicaciones; de estudiantes “oprimidos”, que con más de 25 años no trabajaron en la vida, pero que se sublevan como si hubieran trabajado en minas de carbón toda la vida.

Nunca antes en la historia de la humanidad hubo tanta comodidad, tanta formación, tantos cursos, tantas universidades y tantas facilidades para poder estudiar y nunca antes sin embargo, se multiplicaron y a tanta velocidad, juventudes tan violentas, incoherentes e ignorantes.

JR

“Yo no soy marxista” -Karl Marx

Para comprender los movimientos políticos y sociales que están aconteciendo hoy en día en la mayoría de los países occidentales, debemos volver a repasar la teoría de Marx.

Marx fue un estudioso de la revolución francesa y gracias a ella descubrió que todos los conflictos a lo largo de la historia tuvieron una base de descontento social y de luchas de clases; por lo cual, no es extraño que siempre que se desea cambiar un sistema político se recurra a esta estrategia.

Crear el conflicto de clases, o la grieta, como se le llama en algunos países, es el primer paso a seguir para impulsar el desmoronamiento de un sistema político que se desea erradicar; en nuestro caso, el sistema que se busca quebrar es la Democracia y el estado de derecho.

Marx comprendió que todo conflicto social termina siempre dando lugar a formas políticas diferentes.

Pero lo más relevante de la teoría de Marx es su concepto sobre cómo el “storytelling” resulta fundamental a la hora de derribar las estructuras existentes.

Para Marx describir el mundo no se limitaba a dar cuenta objetivamente de lo que sucedía en el mundo, sino que aspiraba a una descripción del mundo que le permitiera transformarlo.

Según cómo describamos el mundo, tendremos una u otra comprensión; es decir, la interpretación que tú hagas del mundo llevará al sujeto hacia la acción política que desees.

No es extraño que hoy los medios de comunicación sean el primer objetivo de todo movimiento marxista; porque lo que interesa no es informar objetivamente, sino manipular la información en pos de conseguir los fines deseados.

O sea, provocar en el sujeto las sensaciones necesarias para llevarlo hacia determinada acción.

Últimamente el empoderamiento de la izquierda ha consistido en crear las siguientes divisiones: mujeres contra hombres (feminismo), pobres contra ricos, empresarios contra empleados, negros contra blancos, aborígenes contra blancos, inmigrantes contra pueblos de acogida, veganos contra carnívoros, etc.

Toda identificación con un grupo o pertenencia a una comunidad pareciera imponer un enemigo común y ése es el principal objetivo de la izquierda marxista desde hace décadas; que toda comunidad tenga en común, no un ideal, sino un enemigo.

Marx decía “Las relaciones de producción son relaciones de explotación” y frente a semejante descripción del mundo económico/laboral era inevitable una revolución.

Por eso, la forma en cómo plantees el problema y a quien culpabilices de ese problema, resulta fundamental para un marxista; que no busca una descripción real y objetiva en busca de un acuerdo o de una solución; sino una descripción que impulse a la acción necesaria para conseguir su objetivo; que no es la reparación, sino el quiebre de un sistema.

Los filósofos marxistas no se ocupan de describir el mundo y analizarlo; sino de describirlo de la manera adecuada para llevar al individuo hacia la acción revolucionaria.

Marx solía decir: “Hasta ahora los filósofos se han ocupado de describir el mundo, ahora se trata de transformarlo”

La cuestión está en la manera en la que uno describe las cosas; según cómo nombremos el mundo, tendremos una u otra reacción.

El problema con la teoría de Marx fue que nunca previó los resultados de su revolución y nunca predijo sus consecuencias, ni dejó un manual de instrucciones, ni una teoría política que mostrara el camino a seguir después de la revolución.

La dictadura del proletariado se extendió por décadas y sus resultados fueron nefastos y tan nefastos fueron, que Marx llegó a desentenderse y a decir : “Yo no soy marxista”

JR

“Becoming Resented”

Todavía recuerdo aquel día en que Barak Obama se convirtió en el primer presidente de color de los Estados Unidos. Sentí una emoción profunda y admiré a la sociedad norteamericana por dar una vez más, un ejemplo de Democracia al mundo.

El triunfo de Obama fue un símbolo de conciliación a nivel mundial, o al menos yo lo creí así durante mucho tiempo, y aunque no compartiese muchas de sus ideas políticas, su triunfo fue una alegría más allá de cualquier ideología.

Sin embargo, 8 años después, el triunfo de Trump no fue recibido con la misma tolerancia y durante toda su presidencia la oposición se empeñó en no hacer otra cosa que hostigarle sin descanso durante todo su gobierno.

Es curioso ver cómo aquellos que presumen de una superioridad moral y de una tolerancia inigualable, no lo demuestran cuando las cosas no salen como ellos quieren.

No recuerdo que durante ninguna de las dos presidencias de Obama se le haya hecho una persecución semejante a nivel mundial, como se hizo con Donald Trump.

Y es que queda claro, que cuando las cosas no son al gusto de la izquierda, arde Troya.

La Democracia es maravillosa cuando la izquierda puede manifestarse en la calle y romper y quemar todo, pero cuando el que se manifiesta y protesta pacíficamente contra las medidas de la izquierda es otro, ahí la democracia ya no sirve y hay que aplicar medidas estrictas de control y de represión. En ese caso, la policia opresora pasa a ser un aliado y las fuerzas militares, un recurso a tener en cuenta si hace falta más represión.

La Democracia ha demostrado ser la estrategia de acceso de aquellos que en realidad la usan para acceder al poder y una vez allí, instalar un gobierno totalitario.

Para airearme un poco de tanta polarización decidí ver el documental de Michelle Obama en Netflix, esperando encontrar un canto a la conciliación y al entendimiento democrático; pero para mí sorpresa, me encontré con un documental que resultó ser un canto al resentimiento.

Yo que veía a Michelle Obama como a la confirmación del sueño americano; una mujer afroamericana que estudió en Princeton y en Harvard y que llegó a ser primera dama; me encontré para mi sorpresa con anécdotas oscuras de racismo y de recuerdos de esos feos, que todos hemos tenido en nuestra vida, por muy rubios y de ojos azules que seamos.

¿Quién no fue alguna vez rechazado, discriminado, burlado, echado de un grupo, menospreciado o esnobeado?

Yo creí que Michelle Obama gozaba de una situación de compromiso y de privilegio, y que tenía también una responsabilidad de compromiso social conciliador.

Un compromiso destinado a curar desigualdades y no a seguir abriendo heridas y fomentando más división y resentimiento.

De más está decir que no me gustó cómo contó su historia, en donde no se nota el agradecimiento a un país al que debería querer. Sin embargo, en cada relato se percibe en ella un resentimiento y una falta de patriotismo casi alarmantes.

¿Qué esperar de quien accedió a todo y no es capaz de agradecer y dar un mensaje conciliador?

Después de ver el documental no me quedó ninguna duda de que esta grieta que promueve la polarización y que poco a poco se ha ido alimentando durante estas últimas décadas a nivel mundial, seguirá dando sus frutos.

Unos frutos amargos y destructivos que no fomentarán los principios del diálogo y de la comunicación que establece la Democracia, sino de confrontación y de rivalidad permanente, que imposibilitan cualquier proyecto común.

No hay recetas infalibles que aplaquen el resentimiento, porque todo depende de cómo cada uno viva, afronte y supere sus propias dificultades en la vida; pero la forma en que uno transmite sus dificultades es fundamental a la hora de curar o de perpetuar una herida.

No es lo que cuentas, sino cómo lo cuentas lo que definirá que tus interlocutores sanen o enfermen.

JR

“El Despotismo Suave”

De todas las formas de gobierno la más temida por la mayoría de filósofos fue siempre el despotismo.

Si tuviéramos que definirlo, diríamos que es la autoridad ejercida de manera absoluta y arbitraria, sin limitación alguna por parte de la ley o de otros poderes.

Si bien la Democracia en teoría nos proporcionaba la posibilidad de estar a salvo del despotismo, este estado de alarma eterno, nos ha desmentido con fuerza esta premisa.

Mucho se habla del temor al contagio, en una época en donde la pandemia azota al mundo entero, pero mucho menos se habla del temor a la pérdida de la libertad individual, a la que nos han condenado los gestores de esta pandemia.

La política y la salud van demasiado juntas en países como España y escasean profesionales especializados e independientes dirigiendo este tipo de crisis.

Lo que vemos al frente son personas sin ninguna experiencia sanitaria, utilizados como títeres del gobierno, que dicen o que callan, aquello que le conviene al presidente en cada momento.

“Hasta que no haya testeo masivo no podremos salir a la calle”- dice el científico de turno para respaldar nuevas ampliaciones del estado de alarma.

Y a continuación le preguntan: ¿Por qué no hacen los test entonces?

“Es que no hay tests para todos”- contesta el doctor.

Si la solución que ofrecen no está disponible, entonces la única solución es que este confinamiento despótico dure para siempre.

Si hoy no hay test para que podamos recuperar nuestra libertad individual ¿qué nos garantiza que en un año haya vacunas para todos?

La realidad es que los políticos de izquierdas parecieran estar utilizando a a la pandemia como estrategia para implementar un nuevo régimen y a los científicos, como a sus aliados políticos en la causa.

Por lo cual, no se le puede creer a ninguno. Mientras no haya una división clara entre sanidad y gobierno; no hay confianza posible por parte del ciudadano.

Y es que poco a poco, nos empezamos a parecer mucho a China. Allí, si un científico no dice lo que manda el emperador, muere misteriosamente al día siguiente.

¿Cuál es el límite entre la protección y la esclavitud?

Tocqueville hablaba sobre los grandes riesgos que podía sufrir la Democracia y especialmente sobre la posibilidad de convertirse en un “despotismo suave”.

“El peligro es acabar en una esclavitud ordenada, dulce y pacífica, bajo las directrices de un Leviathan amable”; que no necesita levantar la voz para que el pueblo le obedezca.

Hay una diferencia fundamental entre un déspota absoluto y un déspota suave, y es que el déspota absoluto propende a un daño físico más fácil de reconocer, mientras que el déspota suave hace un daño psicológico ( daña el alma).

Esta desviación política impone vivir bajo un tipo de régimen despótico- administrativo, en donde el déspota no tiraniza, sino que ejerce un poder “paternal” sobre ciudadanos inmaduros; moldeados al gusto de la opinión pública y que se van dejando “cuidar” hasta la esclavitud.

En países como éstos, el mayor riesgo del coronavirus no es para salud, sino para la Democracia.

El déspota suave pregunta: ¿Salud o libertad?

¿Salud o privacidad?

¿Salud o Economía?

¿Salud o Democracia?

Y el pueblo contesta: “salud”

¿No es eso Democracia?

JR

“El Estado Absoluto”

Hobbes nos describía a un hombre guiado por su instinto de supervivencia, que teme a la muerte y al dolor y cuya única forma de evitarles es bajo la protección del estado.

Nuestra naturaleza primitiva se puso en evidencia en aquellos días de terror y de compras masivas en los supermercados. La pandemia del papel higiénico expuso nuestro lado más salvaje, junto a la percepción del otro como al enemigo contagioso y dejó clara nuestra gran disposición a dejarnos proteger por un Estado benefactor y patriarcal; que lejos de limitarse a sus funciones, no ha dejado de obtener beneficios de una situación desesperada.

Las compras de material a empresas fantasmas chinas coinciden curiosamente con la falta de material en los hospitales y el inexistente testeo a la población.

Todos se preguntan adónde están esos cientos de miles de euros en material que se gastó y que escasea, pero en un Estado absoluto el ciudadano no tiene derecho a preguntar, ni a exigir ninguna respuesta.

Toda protección se paga con otro tipo de desprotección. Es como la manta pequeña que si te tapa los riñones, te destapa los pies.

La indefensión del ciudadano ante un estado absoluto es total y ya nos lo anticipó Hobbes en su conocido “Leviathan”, que frente a los abusos de un estado absoluto el ciudadano no tiene ningún poder.

Ese es quizás el precio de tanta protección y cuidado paternalista; en que uno al fin de cuentas delega su libertad y queda irremediablemente en manos del otro y ese suele ser el precio de toda dependencia.

Esta actitud temerosa y dependiente desenmascara la gran cobardía ciudadana; que para solucionar su miedo termina pactando con el diablo al precio que sea, con tal de sentirse seguro.

Nada resulta más parecido al Leviathan de Hobbes que este estado de alarma, con la diferencia que Hobbes proponía a un estado no intervencionista, y en nuestro caso, la intervención de la empresa privada ( aquellas que sobrevivan) será el próximo paso a seguir en este abuso de poder estatal y del que tanto disfrutan los políticos de izquierdas.

Mientras nosotros compramos papel higiénico, enseñamos aritmética a nuestros hijos, tememos a la policia y a sus multas, denunciamos a los vecinos que pasean sin perro y fuera del horario establecido por el toque de queda, improvisamos despacho en la cocina y perdemos nuestra fuente de ingresos, ellos van cortando nuestras libertades individuales, sin nuestro consentimiento y en pos de un virus terrorífico que podría matarnos.

El terror es el anzuelo de todo poder totalitario y a la vez es la gran oportunidad que les ha caído del cielo esta vez, para implantarnos, sin ninguna resistencia popular posible, un estado absoluto.

El Leviathan está aquí y es peor que el virus; porque a este monstruo no se le combate ni con jabón, ni con mascarillas.

JR

“Cuando la Política se desprendió del Buenismo”

Con los griegos ética y política iban siempre de la mano, porque no se trataba sólo de gobernar sino de gobernar éticamente.

En la Edad Media, que fue el resultado de la corrupción y el declive de los sistemas políticos romanos, la ética fue reemplazada por la teología; y religión y gobierno pasaron a ser lo mismo durante mil años.

Tomas de Aquino abrió el camino hacia la separación de estas dos fuerzas, pero fue Maquiavelo quien finalmente separó a la política de la falsa moral.

Si Maquiavelo tiene mala fama es porque consiguió darle a la política una autonomía hasta ahora inconcebible y la consideró como a una práctica totalmente separada, tanto de la ética como de la religión.

La política pasa a ser una herramienta específica para la acción de gobierno, que no es otra que la toma de desiciones en pos de resultados óptimos para la República.

La función de un gobernante es la de decidir; aunque no siempre sea para decidir entre un bien y un mal, sino también para decidir entre dos males.

Para Maquiavelo la política era una disciplina para conseguir los resultados deseados, que debían ser siempre los mejores para el bienestar de la República.

Habiendo sido un estudioso de la historia, Maquiavelo analizó con detalle todas las circunstancias políticas relevantes e hizo una recopilación de todas las tácticas, métodos y estrategias pasadas; y en el libro “el príncipe” concibe a la política como a un conjunto de acciones útiles, (no siempre ideales), para lograr un resultado óptimo.

Lejos de ser un promotor de tiranos, Maquiavelo fue un observador de la naturaleza real del ser humano y un promotor de la republica, dando pautas para conservarla, aún cuando por su natural tendencia cíclica, todos los sistemas políticos tiendan a un declive y a un reciclaje.

La utilidad es el punto clave de la política; siendo ésta la herramienta para lograr los beneficios necesarios para cada estado.

El problema con Maquiavelo es la mala interpretación que se le dio a sus reflexiones y el uso individualista al que fueron sujetas sus premisas y observaciones sobre las conductas humanas y políticas.

Pocas veces vemos hoy a los políticos pensar en el bienestar de la República por encima de sus intereses particulares.

La política se ha convertido en un medio para el bienestar personal del político y de su círculo de acomodados y sus desiciones poco tienen que ver con la búsqueda del bienestar del pueblo al que gobiernan.

Pero lo más curioso de todo este asunto es que utilizan una pseudoética para congraciarse con el pueblo.

Les gusta “hacerse los buenos” y el pueblo sigue sin entender que los políticos no están en su cargo para “hacer de buenos”, sino para tomar desiciones y para conseguir el progreso y el bienestar de su pueblo.

La política es una herramienta de trabajo en aras de resultados, no un altar en donde ser alabado, adular tus buenas intenciones y ocultar tu ineficacia

Costó siglos separar gobierno y religión y que cada rubro tuviese su sitio; para tener ahora que soportar a esta gentuza jugando a ser el Dalai Lama.

No votamos para Papa y no queremos políticos “hipócritas y santurrones”, sino políticos hacedores y eficaces que se atengan al respeto a la ley, la misma que acatamos todos.

Que cumplan con sus fines, que no deberían ser otros que nuestro progreso y bienestar en todos los ámbitos.

Ansiamos profesionales que utilicen a la política como a una herramienta y no como a un pedestal para ser beatificados.

La nueva ética es la de cumplir cada uno con nuestro trabajo y de manera eficaz.

No existe otra ética más loable que ésa, en momentos de crisis y de reconstrucción.

No queremos santurrones improvisados hablando con tono de párroco franciscano, sino líderes fuertes, firmes, trabajadores y profesionales.

JR

“Desafiar a la Simpatía”

Cuando uno hace la prueba y deja de leer el periódico o de ver las noticias, se vuelve sin duda una persona mucho más feliz.

No hay en realidad un gran misterio en este descubrimiento; la ignorancia siempre nos protege.

Aquel que ignora, transita mucho más tranquilo y liviano que aquel que conoce. Y la pesadez del informado es tremenda en algunos casos y muchos la evitan a toda costa.

Los informados son entretenidos un ratito, después de un rato, pedimos desesperadamente la presencia del payaso, para poder terminar felices la velada.

Solía admirar a esa gente que nunca sabía nada de la vida de los demás; esa falta de interés me llamó siempre la atención y la consideré en ocasiones, como a un exceso de prudencia, de saber estar, de respeto a la intimidad y de contención.

Pero con el tiempo, descubrí que lejos de todo eso, hay personas a las que el otro le importa realmente un carajo.

Esto no significa que preguntar sea evidencia de que el otro te interese, porque hay muchas preguntas que son más por compromiso que por otra cosa y preguntar se ha vuelto más un tic, que un interés real.

¿Cuántas veces le preguntamos a alguien “cómo estás”esperando el correcto “bien” y en cambio comienza a relatarnos cómo está realmente y queremos morirnos y nos arrepentimos automáticamente del acto reflejo de nuestra pregunta?

Pocos escuchan realmente al otro y se interesan por él; otros preguntan, ponen la mente en blanco y piensan en sus cosas o en lo que deberían estar haciendo en ese momento y los más hábiles, evitan directamente tanta diplomacia.

No es extraño que la gente recurra a los terapeutas; no buscando sanar, sino para tener a alguien que les escuche, aunque tengan que pagarle durante toda la vida.

Tampoco es casual que ésta sea la época de los coaches, que aunque estén enfocados principalmente en tu éxito profesional y te prometan resultados más rápidos que cualquier otra terapia tradicional, saben que aquello que necesita el cliente, sigue siendo un par de oídos disponibles.

Pero ser “todo oídos” es un arte. No es fácil escuchar todo lo que uno escucha; soportarlo, digerirlo y ni hablar del desgaste de llegar a sentirlo.

Escuchar es un trabajo sumamente agotador y estresante, y también lo es aprender a filtrar y mantenerse a salvo del contagio de los problemas ajenos y quedar igual de limpio que antes.

La contaminación con la basura ajena es muy probable, a menos que tomes tus precauciones o que realmente quieras hacerlo porque el otro de verdad te importa.

Por eso resulta importante saber a quién y cuándo preguntar. Y dejar de usar la pregunta como muletilla, si en verdad no nos interesa para nada la respuesta.

Pero lo más importante es aprender a dejar de responder con detalles, si intuimos que del otro lado hay alguien a quien no le importamos nada de nada.

Desafiando la dictadura de la transparencia contemporánea, uno debería mantenerse conociendo algunas cosas e ignorando otras y otorgarle el mismo derecho al otro.

Y aunque se sobrevalore mucho el saber, la realidad es que son mucho más felices aquellos que ignoran.

Por eso uno debería preguntarse a menudo cuál es su objetivo; ¿saber o ser feliz? Porque las dos cosas, no se dan siempre juntas.

Si lo único que te interesa es tu propia felicidad, lo mejor es asumirte egoísta y dejar de preguntar.

Uno debería también aprender a contenerse y volver a la fuente para reaprender aquel viejo consejo (incompleto) de Sócrates; “conócete a ti mismo, porque eres al único al que en realidad le importas tanto”

JR

“El Miedo Útil”

Batman cumplió 80 años y cómo diría Robin: detrás de todo murciélago se esconde un hombre enmascarado.

No sucede algo muy distinto con nuestro virus chino; murciélago mal cocido y perfeccionado en un laboratorio de Wuhan, desparramado por toda Europa y Estados Unidos durante meses, negada su letalidad desde Noviembre y acusada de racista cualquier precaución o intento de cierre de fronteras.

Pero lo que viene detrás del murciélago es mucho peor que la enfermedad, porque es un intento de comunismo enmascarado, envasado con forma de Democracia; pero que huele a podrido como siempre.

Mientras los lideres de izquierda disfrutan de la victoria de China en esta tercera guerra mundial contra el capitalismo (según dicen); una guerra ganada sin lanzar una sola granada, ni haber apretado el famoso botón con el que nos tienen siempre tan asustados; nos mantienen encerrados, empobrecidos, callados, vigilados y a los decretazos en un estado de alarma que les interesa mucho prolongar, para evitar el buen funcionamiento de las instituciones democráticas, empobrecer rápidamente a la clase media y crear más pobres sostenibles a base de las dádivas y subsidios del estado.

No es casual que en la era del buenismo ya no se ganen las guerras con ametralladoras, sino con medios de comunicación comprados, con invasiones disfrazadas de crisis humanitarias, (amparadas por la vocación de solidaridad de pueblos europeos con valores cristianos) y con virus y miedos al contagio de una población adicta a la buena salud y a la longevidad.

Es cierto que hoy las guerras son muy distintas. El enemigo ya no se muestra fuerte sino débil, ya no se muestra como victimario, sino como víctima y esta táctica resulta letal cuando se le aplica a pueblos de gente de buena fe y mal informada.

La bala del buenista nunca llega por donde te la esperas, sino justo por el otro lado.

El buenista ataca sin dar la cara y sin declarar la guerra, pero siempre recogiendo los beneficios de tu evidente derrota.

Muchos están cosechando los beneficios de este virus, empobreciendo a la clase media y dominando a la población, mientras hacen de superhéroes.

China se fortalece y junto con ella todos sus aliados; Rusia, Irán y aquellos paises latinoamericanos que reciben ayudas y suministros chinos con frases como “los hermanos sean unidos”.

Solidaridad comunista que devolverán muy pronto creando mas pobreza y más comunismo.

Da miedo ponerse una mascarilla enviada por China; alguien que fabrica un virus y luego te manda material para combatirlo… ¿No les suena a cuento chino?

Aristóteles fue sin lugar a dudas el promotor del camino del medio. Temía a los dos extremos; tanto a la tiranía de un poder oligárquico, como a la Democracia.

Si, para Aristóteles la Democracia era un extremo muy temido, el del poder del pueblo pobre; de aquellos que no estaban preparados para elegir un gobierno.

Su tan famoso “camino del medio” (la mesotes) sirvió como el gran impulsor para la creación de la clase media.

Por eso es que las Democracias sólo funcionan bien, en países en donde la franja más ancha de la población es la clase media y en donde el conflicto de clases no es ni tan fuerte, ni está tan extendido; sino que es un conflicto necesario, enriquecedor, constructivo y productivo.

En este tipo de estados, los extremos (ricos y pobres) ocupan porciones pequeñas del entero y la clase media es la franja más ancha y con más poder de desicion de las tres.

Este virus de murciélago enmascarado está justamente destinado a destruir a la clase media, al cimiento fundamental de toda Democracia óptima.

Casualmente, la clase media es inexistente en los regímenes comunistas.

¿Dónde quedó, por ejemplo, la clase media venezolana?

La Democracia era una de las “deformaciones” más temidas de Aristóteles, porque colocaba las desiciones más importante en manos de aquellos que estaban menos preparados para decidir sobre el bienestar de la polis.

Y tenía razón en temerle porque hoy en día, existen Democracias que impulsan a personas no aptas para sus funciones, enmascaran tiranías y utilizan “miedos útiles” para deslizarnos hacia el abismo.

JR

“El Ego Confinado”

No hay nada más difícil en esta vida que aprender a desaparecer.

El confinamiento no sólo nos ha hecho desaparecer de las calles, que hoy lucen preciosas sin el componente humano y la aglomeración, sino que nos ha condenado también a una desaparición en el ámbito social.

Hoy la gran mayoría de la población no tiene necesidad de vestirse, de maquillarse, ni de prepararse para salir y ser visto.

Y esta transparencia doméstica a la que nos ha obligado la pandemia, resulta relajante para algunos, (esos que disfrutan de un espacio en blanco entre tanto colorido) y sumamente estresante para otros.

No han sido pocos los que se han volcado a las redes sociales como locos, a hacer lo que sea, con tal de no desaparecer de la mirada externa; y son esas personas para los que la atención, resulta ser tan adictiva como la heroina.

Muchos se han aficionado a plataformas como tik tok o Instagram y han comenzado a subir historias de todo tipo, con la excusa de mantener entretenidas a las masas o vigente su imagen de persona pública.

Algunos han decido exponer su confinamiento familiar, sus pijamas de pandemia y demás intimidades, con la intención de entretener a la gente y evitar que se aburra.

Pero uno se queda dudando, si es en realidad la gente lo que de verdad les importa.

Si te empeñas en investigar un poco, existen exposiciones en este confinamiento para todos los gustos.

Personalmente, considero a la gente con capacidad para la invisibilidad como a gente especial.

Volverse invisible es un arte que no maneja la mayoría de las personas y cuando tienes la oportunidad de estar con alguien así, sientes que presencias un milagro.

Esta pandemia nos ha traído mucho sufrimiento por las personas enfermas, pero también nos ha dado la oportunidad de hacer muchos descubrimientos personales. No todos agradables, pero todos provechosos.

Este es un tiempo de invisibilidad profunda, de mascarillas que cubren la mayor parte de nuestro rostro, de distancias obligatorias, silenciosas y temerosas del contagio y del otro.

Pero la invisibilidad a la que yo me refiero, poco tiene que ver con el cuidado y con la preservación de la salud propia. No es una invisibilidad que me protege, sino una que se entrega.

Este otro tipo de invisibilidad abarca y no separa. Es una invisibilidad que tiene que ver con el desapego del yo y del mi.

Desgraciadamente, no todo son cacerolas y agradecimientos a las 8 de la tarde. Y los mismos que golpean eufóricos las cacerolas a una hora, a la siguiente y con la misma mano, redactan una carta al personal sanitario que vive en el edificio, solicitándole que se mude para no poner en riesgo al resto de propietarios.

Hay mascarillas que ocultan una gran miseria humana y que seguramente prevengan el contagio del coronavirus, pero no ayuden a dejar de ser una persona de mierda.

Y es que se nos está yendo mucha gente buena, generosa, entregada, invisible. Y nos quedan muchos sanos, llenos de gel desinfectante, mascarillas de protección triple A, cristales de coche anti Coronavirus y corazones de piedra.

Quedan muchos sanos, pero podridos.

He oído a muchos que se dicen religiosos hablar del Apocalipsis y de Purificaciones, con cara de piedra y sin quitarse la mascarilla.

¿Qué significa “purificar” para un hombre verdaderamente religioso?

Algunos consideran a la purificación como a ese consagrarse dentro del grupo del pueblo elegido; se purifica el mundo cuando mueren todos menos yo y los míos.

Pero para aquel capaz de hacerse invisible, la verdadera purificación empieza por casa.

La purificación para el verdadero santo, no tiene forma de pueblo elegido, ni de plaga, ni de arca, sino de cruz.

JR

“Retrato de un Infectado”

Si todo viaje nos desapega de lo cotidiano y nos hace conscientes de que poseemos una liviandad extraña a la que percibimos como libertad, el encierro nos proporciona justamente la sensación contraria.

La pesadez de los días que se van tornando casi todos iguales, junto a las mismas caras que se conjugan además, con la falta de ocurrencia para los menús del día y para los juegos y entretenimientos compartidos.

Pero toda esa problemática tan habitual y masificada, se vuelve frívola en el momento en el que aparecen los síntomas del virus en tu casa.

Entonces, aquel encierro pasa a ser el paraíso, frente al encierro de aquel que empieza a sentir que la muerte por coronavirus no era algo de lo que morían los otros, sino algo que empieza a pasarle a uno.

Hoy no es tiempo para enfermos y si te enfermas, lo mejor es curarte en casa para no ir a parar a un gimnasio lleno de camas, en donde serás un número entre miles y en donde estarás totalmente aislado de tus familiares hasta que te den el alta o mueras.

Frente a los síntomas del contagiado, uno al principio lo minimiza, luego si avanza lo asume y acata entonces las normas del paracetamol, que es totalmente inútil para curar el coronavirus, pero que es el remedio que dan a todos los gilipollas que llaman por teléfono.

Mientras te dilatan la muerte con paracetamol en casa, por si te mueres antes de gastarles un test o de ocuparles una cama, genial.

Y sino, puedes volver a insistir y pedir una cita para que te hagan el test en un par de semanas, dando tu dni y tus datos para que ellos te tengan localizado y controlado.

Si no llegas vivo a la cita, genial, entonces no estarás en el conteo de muertos por coronavirus y así reducirás el número de víctimas publicadas oficialmente.

Si en cambio resistes y te presentas al test y das positivo, entonces sabes que no verás más a nadie y que te recluirán inmediatamente en un predio con camas de militares de campaña.

Muchas personas, frente a aquel escenario desolador, intentaron huir para volver a morir o a curarse en casa, pero fueron más tarde denunciadas por familiares o vecinos, localizados por la Policia y devueltos al predio hospitalario de las camas de campaña.

Por eso la mayoría no vamos a ir a hacernos el test.

Como la medicina privada fue intervenida ni bien empezó la cuarentena, da igual que hayas pagado toda la vida una mutua privada; hoy irás directamente al hospital público, para dejarles el sitio en la clínica privada a los políticos de izquierdas y a sus familiares, que evitan los hospitales públicos a toda costa.

Una vez dentro del predio público empieza el otro viaje, aquel en el que descubres que no eres nada, ni eres nadie.

Unos enmascarados te revisan dos veces al día y te medican con cosas que nadie sabe que son y si no te coges algún otro virus hospitalario, puede ser que con el tiempo te recuperes y vuelvas a tu casa.

O que no tengas tanta suerte y la cosa se complique y no dispongas de un respirador a tiempo para poder salvarte la vida.

En ese caso, te embolsarán junto a los otros cientos de cadavéres diarios y te llevarán a la pista de patinaje sobre hielo habilitada como morgue.

Esta pandemia es también un viaje sin duda hacia una muerte desagradable y solitaria como nunca nadie se la imaginó.

Uno siempre fantaseó con una despedida, con el calor de la gente cotidiana alrededor, con esos últimos mensajes, esos últimos abrazos, ese cariño queal final de cuentas, es lo único que va a extrañar.

Lo más duro de esta pandemia es la soledad mortal a la que nos condena.

Una muerte en la más absoluta soledad, rodeados de astronautas encapuchados desconocidos, como si fuera uno el último protagonista de una película de ciencia ficción.

Frente a tal escenario uno se mantiene encerrado en casa con alegría y va buscando en las redes muchas sugerencias de medicación que puedan serle útiles y si tienes mucha suerte, te encuentras en el viejo cajón de las medicinas de casa aquella caja de pastillas contra la malaria, que tu hijo se olvidó en casa cuando se fue a trabajar a Nepal.

Y entonces, pasas a considerarte salvado.

En el fondo sabes muy bien que la azitromicina a tiempo y el Hydroxychloroquine que recomendó Trump es lo único que te puede salvar de terminar en el predio de las camas de campaña.

Y aunque se haya prohibido su venta al público para desestimar su recomendación (porque la izquierda odia mucho más a Trump de lo que le interesa combatir al coronavirus) es sin embargo, lo que está salvando a mucha de la gente que se cura en casa.

Paralelamente nos intentan lavar ahora la imagen de China, pero hay que ser muy estúpido o muy comunista para no ver quienes fueron los que crearon, silenciaron y desparramaron por occidente el virus chino. Dejaron abiertas sus fronteras todo el tiempo y cuando remitieron los casos en su país y estallaron en Europa y en USA, se cerraron al mundo.

Este virus es un viaje, pero puedes elegir de la mano de quien lo haces, mientras tengas disponibles las opciones.

JR

“El Ciclo del Hipócrita”

La cultura occidental, basada en la filosofía judeo-cristiana ha condenado siempre a la hipocresía como al peor de los pecados.

“Lobos vestidos de ovejas” les llamó Jesús o “generación de víboras” les bautizó su primo Juan el Bautista.

Siempre la hemos condenado; pero muy poco hemos hablado sobre las múltiples ventajas que nos aporta ser un hipócrita.

Uno puede ir por la vida haciéndose el ecologista, mientras aterriza su jet privado en Ibiza, o puede comprarse el último iphone mientras prepara la pancarta para la marcha anticapitalista o puede también condenar la esclavitud del siglo XVIII, mientras le abre la puerta a la chica de la limpieza y le indica fregar los baños, cambiar sábanas y limpiar cristales, y por favor que no olvide dejar la cena lista para cuando el niño socialista vuelva de la marcha por los derechos humanos.

Lo más bonito de la hipocresía es la libertad que te otorga, para ser lo que quieras ser, en cada momento.

Y estos son, sin lugar a dudas, los valores supremos de nuestra época: “ser quien quieras ser en cada momento y porque tú lo vales”

La hipocresía está de moda y es un mecanismo muy útil para la exaltación de la libertad, la reinvención permanente y la aceptación social.

Lo más envidiable de la hipocresía no es únicamente la autorización que te da para ser quien quieras ser en cada momento, sino el auto convencimiento de que uno habita a cada paso de su hipocresía, en la coherencia más absoluta.

Esa seguridad y esa auto- justificación para la mentira son sin duda, envidiables.

Pero lo que realmente me asombra del hipócrita es la facilidad que tiene para dormir bien de noche.

Mentir todos mentimos, fingir algo que no somos, o saludar con calidez a alguien a quien no tragamos, lo hemos hecho todos en alguna que otra ocasión; pero esa liviandad de conciencia que tienen algunos, es un verdadero privilegio.

Mi madre siempre me decía …«nosotros somos culposos» y es verdad, no dejamos de ser hipócritas porque seamos buenos, sino porque la culpa nos mata.

Pero más que la culpa, la verdadera razón es que la mentira no deja dormir bien. Creo que no son los principios, sino el terror al insomnio lo que nos detiene.

Una de las últimas veces en que asistí a misa un Domingo, conté la cantidad de veces que voluntariamente me echaba la culpa de todo.

“Por mi culpa, por mi culpa por mi gran culpa” repetí ininterrumpidamente desde los 7 hasta los 18 años de edad, sin casi darme cuenta.

No es de extrañar que después de tantos años de sugestión uno termine siendo un culposo patológico y que el mundo te utilice luego, como al chivo expiatorio de todos sus males.

Y lo peor de todo este asunto es que además, de tan acostumbrados que estamos a ser culpables, aceptamos toda culpabilidad sin siquiera protestar.

Uno va pidiendo perdón por la calle como un loco y sin haber molestado nunca a nadie.

Pero volvamos a la hipocresía y a sus múltiples ventajas; aunque tengo que admitir que su falta de publicidad me resulta imperdonable, porque ser un hipócrita es sin duda lo más rentable, tanto en lo social, como en lo económico y en lo político.

Y todo hay que decirlo; la gente prefiere siempre al hipócrita que al sincero en cualquier ámbito.

Las reuniones de hipócritas son sumamente placenteras, allí todos fingen ser lo que no son; el ignorante se hace el culto, el pobre se hace el rico, el racista con valla perímetral y alarma en casa se hace el “open borders”, el superficial se hace el artista, el empresario se hace el misionero, el activista incendiario se hace el santo, el capitalista se hace el socialista, el drogadicto se hace el verde etc…

Y así uno pasa una noche en una fiesta de máscaras venecianas, sin enterarse jamás de quién es quien.

“Se descubre antes a un mentiroso que a un cojo” decía mi abuela. Pero yo no creo que sea realmente así, porque el hipócrita no se considera a sí mismo un mentiroso, sino un convencido.

El mentiroso pide perdón, el convencido en cambio, busca a un culpable.

Y siempre encuentra a un culposo cerca, a quien cargarle con sus culpas.

No nos olvidemos tampoco que la culpa y el sentimiento de responsabilidad son características judeo-cristianas, de las cuales reniega todo comunista; para quien la responsabilidad siempre es de alguien que no es él.

Históricamente los socialistas/comunistas nunca abdican ni renuncian a sus cargos frente a un escándalo político.

Y esto siempre nos llamó la atención. Yo creo que la falta de vergüenza se da porque no ha florecido en ellos ningún tipo de responsabilidad, ni de culpa, ni de conciencia de sus horrores.

La justificación permanente de la hipocresía es parte de la cultura de izquierdas sobre la reinvención, la obediencia al ideal, a la liberación, a la causa, el derecho a la venganza, la extorsión con el apocalípsis climático y la tendencia al reciclaje selectivo.

El reciclaje selectivo significa que el único que recicla y ahorra debe ser usted.

Mientras haya culposos disponibles habrá mercado para el hipócrita, pero el problema aparecerá con la extinción del chivo expiatorio. ¿Quién se hará entonces responsable?

Cuando uno comprende al fin la cadena alimenticia del hipócrita empieza a entender el porqué de su gran preocupación por la preservación animal y la ecología.

¡Que nunca les falte un chivo!

JR

“El cuento Chino, la estafa Verde y el verso Rojo”

Se le llamaba “cuento chino” a toda historia sin pies ni cabeza. Algo que de tan evidentemente ridiculo nadie se creía y aquellos que lo creían, eran generalmente estafados.

¿Quién no ha conocido a alguien en su vida a quien no le hayan hecho alguna vez un cuento chino para robarle dinero?

Este mismo cuento y chino nos lo contaron a todos hace muy poco tiempo, con respecto a la mala cocción de un murciélago en un mercado de Wuhan, que provocó un virus mortal que paralizó por más de un año a todo el planeta.

Hoy el cuento chino finaliza oficialmente y se comprueba que este virus fue creado intencionalmente en un laboratorio chino, con la complicidad de Faucci y como un arma biológica.

Muchos son los sorprendidos ante esta nueva revelación y lo peor de todo este asunto, es darnos cuenta de que la gente es capaz de creerse cualquier disparate que le cuenten. El secreto está, en repetírselos muchas veces.

Después del cuento chino llegó el verso verde; si, ese tan ecológico que le cuesta al contribuyente americano muchos más billones de dólares y millones de puestos de trabajo perdidos.

Verde, verde, muy verde y todo gestionado por rojos comunistas ricos, que supuestamente detestan el dinero capitalista, pero que en el segundo que llegan al poder, lo acaparan todo.

La promesa verde son futuros trabajos verdes, futuras carreteras verdes, futura gasolina verde y un rediseño completo de nuestro sistema de vida inventado por Soros, China, Ocasio Cortes y Bill Gates.

Y mientras tanto, inflación y pobreza blanca, negra y marrón para todos, así nos vamos acostumbrando poco a poco, a la carencia y al subsidio típicamente comunistas.

Menos para todos, parece ser la receta de este nuevo “tec-com lab” salvo para los integrantes del gobierno rojo, que gracias a Dios, conducen un Tesla eléctrico y tienen instalada una base de carga en cada casa… y todo pagado por el contribuyente. ¡Qué verdes!

Históricamente, de los comunistas, no hemos visto más que la proliferación de la pobreza y un capitalismo de estado espeluznante; pero me temo que mi visión no es ni muy azul, ni muy verde.

Lo curioso es que los jóvenes de hoy, que estudian hasta los 28 años de edad sin tener necesidad de trabajar, no hayan oído jamás hablar sobre los desastres históricos del comunismo en el mundo.

Se ve que los libros de historia ya se han prohibido o censurado por la izquierda y los pobrecillos no han tenido oportunidad de estudiarlos. Y yo me pregunto, ¿qué carajo estudiarán tanto?

Pero según me cuentan los rojos, ahora el foco está puesto únicamente en la teoría crítica de la raza, que parece ser muy útil para seguir creando odios y división.

Quizás por esa misma ignorancia tan típicamente universitaria, es que los jóvenes de hoy tienen tanta ansia por experimentar la destrucción comunista en carne propia y yo les deseo a todos ellos bandera blanca y mucha suerte.

“No hay nada como la experiencia para aprender” dicen los científicos; aunque esperemos que no sean esos, los mismos científicos que nos aseguraron la descomposición natural del murciélago en CoVID19.

“La historia se repite” dicen siempre. Y los viejos son los únicos que la recuerdan.

Por eso duele tanto ser viejo y tener la cabeza en su sitio. Ver suceder los mismos errores una y otra vez, desespera.

Pero todo sea para que estos niñatos con sobredosis de educación, subsidios, derechos y privilegios sigan aprendiendo.

Había una vez un cuento chino, un cuento verde, un cuento rojo…y un niño que como no aprendía, repetía el curso…

¡Que bonito ha quedado el verso verde y qué atrevimiento el mío, insistir tanto en los colores en un mundo en donde colorear es ahora tan racista!!!!

JR