“La Democratización de la Belleza”

Si la democracia nos augura la igualdad de derechos y de obligaciones para todos, también lo hace con respecto a la belleza.

Que la belleza sea un derecho o una obligación, ya dependerá de la mirada de cada uno.

La belleza era antiguamente un don reservado para unos pocos. “Lo que natura non da, Salamanca non presta” decía mi abuela, sin referirse al talento innato que no se consigue en la universidad, sino a la fealdad sin solución, que no se arreglaba con ungüentos.

Hoy mi abuela estaría asombrada de ver cómo la fealdad se mejora y además se paga en módicas cuotas.

Los feos se convierten rápidamente en exóticos y los menos dotados en guapos, (quirófano y gimnasio de por medio).

Si bien la belleza ha tenido distintas acepciones a la largo de la historia; en nuestra época ocupa un lugar preponderante y es un producto masificado y al que casi todos aspiran llegar, sin importar la edad, ni el estrato social al que pertenezcan.

Las feministas sostienen desde los años sesenta, que los estándares de belleza son generados por el patriarcado, con el fin de dominar a las mujeres; pero actualmente las mujeres no desean ser guapas para los hombres, sino para y por ellas mismas.

Y los hombres, también se han sumado ahora, a esta carrera por ser cada vez más bellos.

En la era de la autonomía y del “do it yourself” cada uno se proyecta y se produce a su antojo. Y la belleza lejos de ser un mandato, es hoy una elección voluntaria, pero no excluyente. Hoy las mujeres no desean ser solamente bellas, sino también exitosas en todos los ámbitos.

Cuando mi primo era joven sólo salía con chicas feas porque decía que las guapas no hacían ningún esfuerzo por agradar. En cambio las feas eran simpáticas, estudiosas, divertidas, cariñosas e intelectuales.

Hasta hace unos años ser bella era suficiente, hoy sin embargo, la belleza sola, no nos sabe a nada ni a los hombres ni a las mujeres.

Dentro de los estándares de belleza actuales se considera a la delgadez como el fin último y supremo; en una época en donde curiosamente los índices de obesidad son los más altos de la historia de la humanidad.

Nunca estuvo el hombre tan obsesionado con ser delgado y nunca hubo tantos gordos en el planeta como ahora.

¿Será que el contraste es otro signo de nuestra época o será que la obsesión con algunas cosas no nos augura jamás buenos resultados?

Muchos comparan este ascetismo del cuerpo delgado con el ascetismo del alma de la Edad Media. Dos obsesiones iguales, pero enfocadas en aspectos distintos.

Si una niega al alma, la otra negaba al cuerpo, pero las dos engendraron locura.

¿Es acaso la locura, fijación?

Si el concepto médico de enfermedad es el desequilibrio de la armonía preexistente, puede que no estemos muy errados en suponer que todo aquello que no se desarrolla de manera armoniosa, se enferma.

La obsesión por el alma daña al cuerpo y la obsesión por el cuerpo daña el alma.

Quizás mantener un equilibrio entre las dos partes que nos hacen ser seres humanos, sea lo más aconsejable.

Olvidarnos de que no somos sólo un cuerpo, ni somos sólo un alma, sino las dos cosas simultáneamente.

Un alma radiante sin un poco de belleza y toda la belleza sin la chispa de un alma que acompañe, son la misma fealdad.

JR

“Hay belleza en el equilibrio y en aquello que se percibe como completo”

“La Democracia Fragmentada”

No es novedoso hablar con espanto de la actual fragmentación que azota al mundo de las democracias occidentales.

Hoy las noticias sobre manifestaciones y disturbios en los principales países occidentales son constantes y muchos culpan al sistema de dicha fragmentación.

La fragmentación no es consecuencia de la Democracia, sino por el contrario, ésta es la base sobre la cual toda Democracia descansa.

La Democracia americana, que fue sin duda el ejemplo que siguieron luego las Democracias europeas, se afirmó de entrada sobre un estado diverso.

En los Estados Unidos la unidad política no se oponía al reconocimiento de la multiplicidad de los grupos de intereses, ni de las diversas comunidades y minorías, sino que descansaba sobre ellos.

Por lo cual, la fragmentación no es un resultado de la Democracia, sino su origen y en el caso americano, es una continuidad de la cultura política de ese país.

Estados Unidos es una República basada en el pluralismo étnico, cultural y sexual que hasta ahora coincidía en un ideal común.

A este punto de encuentro se le denominaba “melting point”, un punto en donde se propendía a la asimilación o integración de las diversidades. Y en donde la defensa de las identidades colectivas, se producía con discreción y moderación.

Hoy sin embargo, son las políticas de fragmentación cultural las que predominan y triunfan.

Esta fragmentación se presenta ahora al público como un mosaico de intereses irreconciliables, en donde se exageran y se acentúan las diferencias, se exacerban los resentimientos y se incentivan las actitudes victimistas y los reclamos y sospechas entre los diferentes grupos o comunidades.

Otra característica actual es la constante rehabilitación del pasado, el diálogo del presente con la memoria y la utilización de la memoria histórica como recurso de justificación para la venganza y para el resentimiento eterno.

Algo que empezó siendo el origen de la fundación de un estado diverso y conciliador; basado en la inclusión de múltiples pertenencias comunitarias hacia un fin de convivencia común, ha dado paso a un clima de intolerancia, propulsado por reinvidicaciones comunitaristas y políticas identitarias; de grupos que lejos de sentirse vinculados entre sí por un proyecto en común, se cierran ahora y cada vez más, sobre sí mismos.

Muchos creían que éste era exclusivamente un fenómeno americano, hasta que esta misma sensación de fragmentación apareció también en Europa.

Hoy muchos europeos comienzan a entender mejor la situación americana y la mala prensa que llegaba desde allí hasta el viejo continente.

Hoy Europa experimenta con asombro la aparición de identidades comunitarias llenas de odio y de resentimiento, juventudes alienadas por las causas más diversas; pero siempre en contra de un sistema al que aún pareciera que desconocen.

Aparecen hoy en Europa aquellas fracturas que enarbolan demandas de igualdad; una igualdad que ya está garantizada de antemano en la fundación del estado democrático; basado en la igualdad de derechos y de obligaciones para todos.

Pero la demanda de estos grupos, ya no apunta a la exigencia de derechos igualitarios, sino a eximirse de la igualdad en sus obligaciones.

JR

“La Democracia es la opción para la convivencia de lo distinto” JR

“La Privacidad Reciclada”

Si le preguntas a alguien qué es la privacidad, te responderá que es una tendencia que insiste en preservar para sí, aquella información a la que se considera demasiado valiosa o íntima.

Pero el problema real es identificar hoy en día, qué es lo valioso y qué es por lo tanto, aquello que debería ser privado.

En el mundo actual es difícil identificar qué es lo privado; teniendo un gps en el móvil acompañándonos a todos lados, cámaras de seguridad en cada esquina, registro del aparcamiento de nuestro coche controlado al minuto desde plataformas municipales, el Alexa y las cámaras de seguridad de nuestra casa (encendidos en todo momento) y sobre todo, esa voracidad por publicar cada paso que damos, en las redes sociales.

Uno ya no es privado, ni aunque quiera. Y aquel falso eslogan de “cuidamos tu privacidad” se ha vuelto tan inocuo, que ya ni siquiera nos molesta; porque el cortocircuito hoy se ha vuelto indoloro, llevadero e imperceptible, al igual que la falta de privacidad.

La tendencia actual no nos encamina hacia lo privado, sino que por el contrario, nos motiva a ser cada vez más públicos y transparentes; y a revelarlo todo para poder existir en el mundo digital y vivir seguros en el mundo analógico.

Quien no tiene nada para esconder, no corre ningún peligro y quien no tiene nada para comunicar, ya sea publicando o mostrándose en redes, no existe, ni para el entorno social, ni para el mercado.

Por lo cual, volverse demasiado privado es condenarse a un pequeño espacio “no virtual”, que nos augura oscuridad, soledad y pobreza.

La invisibilidad analógica no promete buenos frutos y si hoy quieres ser alguien importante, tienes que estar y mostrarte.

El problema de la juventud es que en ocasiones no entiende todavía al mercado y no sabe bien qué es lo que debería mostrar y qué no.

Pero desgraciadamente, hay otra juventud que ya ha descubierto que el escándalo y la frivolidad venden más y más rápido, que una buena reputación.

Y aunque los mayores temamos por la memoria eterna de la red, ellos sólo creen y apuestan por el instante.

Lo que ha cambiado no es nuestra apreciación hacia la privacidad, sino aquello que hoy consideramos como privado.

Antiguamente lo privado era aquello que era sagrado, amado, preservado fuera de la vista de los demás, no por vergüenza, sino por respeto al sentimiento tan profundo, que nos vinculaba a esas cosas o a esas personas.

Pero en un mundo en donde la vinculación social está dictada por la moda, (con su imposición de transitoriedad permanente) los vínculos ya no son ni tan duraderos, ni tan sagrados, ni tan privados.

Hoy la gestación y la maternidad se muestran, el amor se muestra, el sexo se muestra, la comida que se come se muestra, las vacaciones se muestran; porque nuestra vida digital es una plataforma exponencial que nos augura amigos, seguidores, likes, retweets, una posible fama y la tan sabrosa envidia de los demás.

Estamos expuestos 24 horas, pero voluntariamente y deseosos de hacerlo cuanto antes; todo con tal de no desaparecer.

Veo en las redes sociales tanta patología declarada, que me pregunto si los psicólogos no estarán planteándose dejar ya las consultas, para trasladarse a tratar los casos directamente sobre la red.

¿Es este nivel patológico de exposición un signo de sentirse extremadamente importante para el resto, es una necesidad incontrolable de comunicar frivolidad a toda hora, o es un signo de inferioridad y de soledad?

En la Era de la transparencia, mostrarse a toda hora está de moda, pero esto no es el indicio de que la privacidad se haya extinguido. La privacidad sigue existiendo, pero ya no se ocultan las mismas cosas.

Existe hoy una privacidad a la carta, en donde cada uno elige los ingredientes de su tipo de privacidad individual. Y cada una es distinta.

La privacidad no ha desaparecido, sino que se ha reciclado. Ha conservado su nombre, pero ha cambiado sus valores.

Todo aquello que venda, hoy está disponible para ser expuesto.

Y en el mercado digital la exposición de las sensaciones, las emociones, los placeres, las frivolidades, la intimidad y los escándalos son prioridad. ( sean estos reales o ficticios, ¿quién nota la diferencia?)

Hoy son pocas las cosas que estamos dispuestos a ocultar y me atrevería a decir, que son sólo nuestros defectos, nuestros delitos y nuestra enorme sensación de soledad y de pobreza interior.

Todo lo demás, está listo para subirse a la red.

JR

“La Realidad Optimizada”

El mundo digital ha cambiado nuestra vida y nada ha quedado fuera de su influjo; ni siquiera la imagen.

Si antiguamente la imagen fotográfica era la representación de lo real, en la era digital ha dejado de serlo.

La imagen es hoy la optimización de lo real, y esto sucede gracias a que disponemos de todo tipo de técnicas y filtros informáticos para transformar lo real en ideal.

No es casual que plataformas como Instagram triunfen de manera rotunda, en un mundo que encontró en la imagen optimizada, la manera de alcanzar su ideal y de captar la atención.

Existe un síndrome llamado “el síndrome Paris” que afectaba principalmente a los turistas japoneses. A ellos se les presentaba una imagen idealizada de Paris y al llegar al verdadero Paris, sufrían de una gran desilusión.

Este síndrome desataba en los afectados, alucinaciones y reacciones psicosomáticas diversas como mareos, sudores o sobresaltos cardíacos.

Hoy no son sólo los japoneses quienes sufren este tipo de episodios; en donde la realidad que se nos presenta, comparada a la imagen que nos vendieron, no coincide en absoluto.

Y es que en esta obsesión tan narcisista por mejorarse y mejorarlo todo, el retoque digital nos ofrece y en bandeja, la posibilidad de convertir lo defectuoso en perfecto; aunque la realidad no acompañe.

Muchas veces andando por la ciudad me pregunto ¿adónde está toda la gente bella y amable que vive en Instagram?

Y he llegado a la triste conclusión de que el mundo es mucho más bello, brillante y fotogénico en formato digital.

Serrat nos cantaba hace tres décadas…”nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”… pero es cierto que para ese entonces, Instagram no había llegado.

JR

“Saturados de Información”

El IFS (Information Fatigue Sindrome) es una enfermedad psíquica que se produce por el exceso de información.

Los afectados desarrollan un cansancio profundo y a la vez una incapacidad de desconectarse por temor a perderse de algo.

El mundo digital nos ha ofrecido un campo abierto para el acceso a la información a todos los niveles y hemos dejado de ser ya aquella familia, que se concentraba una hora al día alrededor de la radio o de la televisión para tener acceso a los sucesos. Hoy cada uno recibe su propia noticia y a la vez es generador de noticias y de opinión, permanentemente.

Los medios de comunicación del siglo XX se volverán muy pronto un objeto vintage. Leer el periódico en papel es ya una tradición que aún se preserva con cariño, como cualquier otra costumbre heredada de nuestros abuelos y la radio sigue siendo aún la mejor opción para aquellos que todavía no tienen bluetooth en el coche.

Todos estamos hoy afectados en mayor o en menor medida por este cansancio (el IFS) y esto sucede porque todos estamos permanentemente expuestos a una cantidad de información diaria abrumadora y que aumenta velozmente.

Uno de los síntomas más peligrosos de este cansancio de información es la pérdida de la capacidad analítica.

Y la capacidad analítica es precisamente la capacidad que conforma el pensamiento; es la aptitud para distinguir lo escencial de lo no escencial.

La saturación de contenidos reduce a su vez nuestra habilidad para reducir las cosas a lo importante o a lo imprescindible y tendemos a creer que cuanta más información tengamos, mejores desiciones tomaremos; aunque esto no sea necesariamente así.

Casualmente, otro de los síntomas de esta afección es la parálisis y la incapacidad de tomar desiciones y de asumir responsabilidades que nos aten a una elección o nos comprometan a futuro.

Esta obsesión por tener más y más información nos inmoviliza en vez de activarnos a actuar.

El exceso de información como todos los excesos, desequilibra algo en nosotros y toda saturación atrofia siempre otras capacidades.

En este caso, la capacidad atrofiada no es nada menos que la habilidad fundamental del pensamiento: la capacidad de análisis.

¿Cuanto tiempo dedicamos para reflexionar, debatir, reducir o deducir la enorme cantidad de información que recibimos?

¿Somos procesadores inteligentes de información o nos hemos convertido en devoradores insaciables de información?

¿Seguimos siendo homo- sapiens o somos ya únicamente homo-consumens?

JR

“El Dolor de ser Valiente”

La valentía tiene sus grados y cada grado implica el nivel de compromiso que uno está dispuesto a asumir.

Están los valientes de salón; esos que entre amigos y entre cuatro paredes se sienten igualitos a William Wallace y denuncian las injusticias categóricamente y sin tapujos.

Y están esos otros, que son los que ponen el cuerpo, van al frente y aguantan el golpe.

Enseñar a un hijo a ser valiente va también por grados. Uno puede decir: “Se valiente pero no tanto” o decirle “Si de verdad te decides alguna vez por ser valiente, hazlo entonces con todo tu corazón”.

Hacer las cosas con todo tu corazón es implicarte por entero en aquello que crees que es justo. Y ser un entero o alguien “íntegro” es ser una persona de corazón y no un ser dividido; alguien que es valiente pero sólo un poquito y hasta donde le conviene.

Mi hija fue valiente hace unos días y hoy paga las consecuencias de su pequeña valentía; la soledad de aquel que es señalado por atreverse a denunciar algo que nadie se atrevía a decir en alto.

Hoy todos sus compañeros (medio valientes) disfrutan cómodos y callados de los beneficios de su valentía.

Ellos hicieron caso a sus mamás que les decían: “Hay que ser valiente, pero sólo un poquito, ya que siempre va a haber otro, que sea más valiente que tú y ponga el cuerpo”.

Y mientras consuelo a mi pequeña valiente, que ha logrado un cambio hasta hoy impensable; vuelvo a repetirle aunque me duela: “Si después de esto, alguna vez vuelves a ser valiente, vuelve a serlo con todo tu corazón”.

JR

“Una persona íntegra es aquella que actúa con todo su corazón”

“El Victimismo que da Poder”

En un mundo en el que la desigualdad es la norma, la tendencia al resentimiento sólo necesita de un pequeño empujón para incendiar al pueblo.

Los gobiernos radicales lejos de trabajar en pos del bienestar social y el progreso de los más desfavorecidos, luchan a capa y espada para sembrar odio y resentimiento en el corazón del pueblo, sometiéndole de esa manera a un tipo distinto de esclavitud.

El resentimiento es otra forma de aprisionamiento, en este caso uno acotado al plano mental y que imposibilita cualquier avance.

Es curioso cómo en esta época se enaltece al débil y se repudia cualquier demostración de fortaleza de carácter.

Si uno logra posicionarse como una víctima cuenta de antemano con ventaja por sobre cualquier otro contrincante porque despertar lástima, es hoy la máxima virtud.

El feminismo, entre otros movimientos del siglo 19, se ha vuelto a poner de moda en Europa y va de la mano de los populismos que azotan la región, pero de aquel feminismo del siglo 19; (en donde fue la demostración de la fortaleza de la mujer la que consiguió sus derechos) ya no queda nada.

Este nuevo feminismo digital insiste en el victimismo como método de triunfo.

“Cuanto más víctima seas, más conseguirás. Y si intuyes que vas perdiendo apoyos, lo mejor es recurrir a un pasado en donde tu victimismo consiga mutar radicalmente ese mal presagio.”

Hoy en día toda mujer que quiera ser popular y aclamada debe exponer públicamente algún intento de violencia  acometido contra ella en algún momento de su vida, para que el pueblo solidario y compasivo se vuelque automáticamente a modo de ola humana a demostrarle su empatía.

El mundo se ha acostumbrado a adorar sistemáticamente a las victimas y a repudiar a los fuertes y todas las figuras públicas que necesitan del apoyo popular masivo salen en a exponer sus tragedias particulares, con la intención de acrecentar su popularidad. 

Busca bien en tu pasado y seguramente encontrarás algún episodio en donde fuiste discriminada o sufriste abusos de algún tipo”  me decía una feminista hace algún tiempo, ofreciéndome en bandeja la estrategia infalible del resentimiento; tan necesaria actualmente para ganar adeptos, adhiriendo a su causa. 

Seguramente si rebuscara bien encontraría algo para ser una víctima yo también, pero lo curioso es que nada está más lejos de mis intenciones que pertenecer a ese grupo, ni considero que la empatía esté necesariamente ligada a la pertenencia.

Mi ideal siempre ha sido la fortaleza ante el sufrimiento y la superación como opción al resentimiento, por lo cual mi entrada al club de las víctimas me estaría rotundamente denegada.

Aquel que enarbola el rencor como método de triunfo no es fuerte, ni será capaz de cambiar las condiciones de aquellos que sufren, porque tampoco ha sido capaz de cambiar las suyas propias. Lo primero que debe disolverse es el resentimiento.

La astucia de pertenecer al club de los oprimidos,que ubican al culpable siempre fuera, es el método infalible de los tiranos y enmascara la incapacidad de dar soluciones a los problemas reales de la gente. (La responsabilidad de sus desgracias siempre las tiene otro, por lo tanto las soluciones nunca están, ni estarán a su alcance) 

Ser vitima de algún abuso y exponerlo públicamente es hoy la condición indispensable para cualquier puesto de poder, tanto en la política como en el mundo del espectáculo, porque estar en el bando de los fuertes podría dar a entender que perteneces al bando de los abusones. (Cuidado! actualmente si no eres abusado, se deduce que eres uno de los abusadores, por lo cual ser una víctima es la única opción que tienes para librarte de una condena injusta).

Quien basa su fortaleza en la debilidad, promoviendo el resentimiento, expone su incapacidad de superación y alguien incapaz de superar su propia debilidad será incapaz de luchar por invertir la tuya.

Detrás de cada uno de los tiranos que han azotado a la humanidad siempre hay una historia personal de resentimiento, que más tarde se redirigió hacia una causa social o política. ( veamos por ejemplo la infancia de Fidel Castro; hijo de un magnate cubano y de su empleada doméstica)

Dar poder a los resentidos es peligroso y nos ha llevado siempre por mal camino.

Quizás porque la habilidad que requiere el verdadero poder es la de la superación constante.

JR

“La capacidad de superación es sin duda, la característica principal de un buen líder” JR

“La Generación del Bienestar”

Cuando el año lectivo vuelve a comenzar dejamos atrás aquel espacio benévolo de las vacaciones, en donde el tiempo carece de obligaciones, para volver a los quehaceres trabajosos, abocados a mantener a la generación del bienestar.

Mi generación, que es la generación del trabajo; gente que a los 20 años ya trabajaba aún estudiando una carrera universitaria, no conoce estas modas de la depresión post vacacional y demás enfermedades psicológicas, hoy sin embargo, terminales en la generación del bienestar.

Porque en mi época uno se tomaba una aspirina y volvía al trabajo, sin tanto dramatismo.

Y es que nosotros, la generación del trabajo, entendíamos al bienestar como al resultado de nuestro trabajo.

La generación del bienestar en cambio, es aquella que utiliza con descaro los derechos laborales, la que alimenta a los sindicatos y odia a los empresarios, desconoce el funcionamiento del estado (que se mantiene gracias a los impuestos del contribuyente que es quien trabaja y cotiza y el de las empresas que son quienes arriesgan su capital y crean empleo).

Esta cómoda generación es adicta a la protesta, a la depresión y a las bajas laborales de todo tipo y se conocen todas las trampas para conseguir un subsidio, aún sin merecerlo.

Tienen además una creatividad nata para encontrar nuevas formas de conseguir apoyos económicos ya sea por veganos, discriminados, o por pertenecer a alguno de los múltiples y variados colectivos sexuales o hasta como defensores de las gallinas abusadas sexualmente en los gallineros, procurando conseguir todo tipo de indemnización por los más insospechados abusos; esos que encuentran por doquier y allí por donde van.

Lo que sea, con tal de no trabajar jamás y seguir viviendo del cuento.

Y es que tener tanto tiempo libre promueve el desarrollo de las inteligencias y de las gilipolleces más variadas.

La generación del bienestar se educa en la escuela pública, se sana en los hospitales públicos y sigue estudiando carreras universitarias hasta los 40 años en universidades públicas.

Algunos permanecen inalterablemente vagos e ignorantes y otros, se gradúan con 2 títulos y cuatro másteres para salir luego en manada a cortar las calles porque no encuentran trabajo.

Uno de los motivos por los que esta gente “superformada” con el dinero de la generación del trabajo, no encuentra trabajo, es porque no ha trabajado nunca y fuera de lo académico, no han dado jamás un palo al agua.

Pero pretenden entrar al mercado laboral siendo jefes y cualquier otro puesto, para alguien tan formado, les queda chico.

El pequeño empresario, a quien el estado cruje a impuestos, les teme; ya que contratar a estos sujetos con “derecho a todo” menos a trabajar, le suele salir generalmente carísimo.

Lo más curioso de esta generación tan culta, tan ecologista y formada con nuestro dinero, es que desconocen el funcionamiento del estado; a quien consideran como a un grifo siempre abierto y de inagotables recursos.

Sin saber que el estado sólo existe, si hay contribuyentes que paguen impuestos con el fruto de su trabajo para crear al estado, mantener a los políticos y a todos sus acomodados y mantener un estado de bienestar cada vez más amplio; ese que prometen los políticos, para que les sigan votando los más vagos.

“Es gratis” dicen los súper cultos titulados.

No señor, nada es gratis. Somos la generación del trabajo, quien viene financiando tu salud, tus rutas, tu transporte público, tu educación y tus múltiples subsidios.

El estado es simplemente un mal administrador de todos nuestros recursos.

El bienestar era algo que la generación del trabajo ansiaba generar con el fruto de su esfuerzo y de su trabajo.

Hoy en cambio, el bienestar es para éstos un derecho adquirido sin trabajo.

Y el trabajo, es aquello que la generación del bienestar intenta evitar a toda costa; viviendo “gratis” con el fruto de nuestro trabajo.

Y es que señoras y señores de la generación del trabajo: hemos creado y criado a un monstruo.

JR

“Storytelling y Emoción”

De todos los talentos, uno generalmente admira más aquellos que no posee y en mi caso, ese es la memoria.

Admiro profundamente a aquellos que son capaces de repetir historias, contar chistes o recordar anécdotas antiguas.

Yo sin embargo, voy olvidando sistemáticamente todo lo que aprendo y lo único que recuerdo de las cosas, son las sensaciones que me dejan.

Académicamente esto es un desastre, pero psicológicamente es una bendición, ya que uno transita por la vida siempre liviano, limpio y reciclado; porque hay algunas ignorancias que protegen y que además permiten nuevas absorciones; algo escencial para la creatividad.

El arte de saber contar historias fue siempre fundamental; así se creó toda nuestra cultura y se propagaron todos nuestros saberes y nuestras religiones.

Las mejores historias siempre triunfaron y hasta las más increíblemente inverosímiles, siguen estando hoy aún vigentes.

Muchos priorizan a la sinceridad y creen que la única historia con valor es aquella que es real. Pero el problema con lo real, es que suele ser siempre muy subjetivo.

Por eso, aún en épocas en donde el “Big Bang” está comprobado, muchos siguen prefiriendo el cuento de los 7 días de la creación.

Y es que cada uno elige en qué creer, aunque le demuestren lo contrario. Porque creer es un acto voluntario.

Cada uno tiene sus autores preferidos, sus versiones particulares de las historias y de las cosas y elige cada noche los cuentos que prefiere para dormir.

Como soy plenamente consciente de que aunque me cuentes una historia, no seré capaz de repetirla una semana después, lo que más valoro; no es en realidad la veracidad de tu historia; sino lo que me hace sentir esa historia.

Y es esa sensación, lo que perdura en mí cuando tu historia me abandona.

Tuve un amigo con una mente prodigiosa, capaz de contar las historias más maravillosas y de transformar toda realidad en algo distinto. “El alquimista” lo llamé, porque sólo los magos tienen el don de hacer de lo cotidiano una fiesta.

_”No le creas las cosas que te cuenta ” me decían muchos_ pero sus historias eran tan maravillosas y despertaban en mí sensaciones tan agradables, que la veracidad era lo que menos me importaba.

Creer era un placer y una elección plenamente consciente y voluntaria. Yo elegía creer para transportarme a un mundo distinto.

Porque uno quiere creer aquello que le hace sentir bien, aunque te mientan.

Quien sabe contar historias posee un gran poder y es consciente de que su relato es siempre un anzuelo; pero quien logra despertar con su historia una emoción que perdure y logra llevarte con lo puesto a un lugar distinto; ese es definitivamente un maestro.

Amamos las historias desde la época de las cavernas. No tanto por el ansia de saber, sino por la necesidad de sentir.

JR

“La Desesperación de las Primerizas”

Tener un hijo es sin duda un hecho que cambia tu vida en muchos aspectos. Desde las prioridades hasta las rutinas, la economía y el sueño; todo cambia abruptamente y de un día para otro.

Cuando nació mi primer hijo recuerdo sentir una responsabilidad enorme y preguntarle a mi madre cómo iba a hacer yo, para mantener vivo a ese bebé.

Mi madre ( madre de cinco hijos) sonrió tranquila y me dijo que si el planeta estaba superpoblado y la humanidad había sobrevivido a todo, y en condiciones tan extremas ¿por qué mi hijo no habría de hacerlo?

Su respuesta me relajó enormemente y deje de ver a la vida como algo que estaba permanentemente en riesgo, para encararla como a la responsabilidad de no obstruir aquello que nacía sano.

Luego empezaron las experiencias con los malos pediatras, esos enemigos de todo lo que pueda hacerte la vida feliz.

Parecían empeñados en hacer de la maternidad un proceso difícil, tedioso y preocupante. Todo era un riesgo y todo estaba prohibido. Y si estaba enfermo el niño, te hacían esperar hasta que el resfrío se convirtiera en una neumonía para medicarlo una vez ingresado en el hospital.

Por supuesto durante estos largos procesos de resfriados y otitis uno iba y venía con el bebé a la consulta sin remedio y sin remedios.

Porque “lo natural” es ahora vivir los procesos a oscuras, sin dormir y al borde de un ataque de nervios, hasta que la enfermedad se convierta en algo realmente grave.

Decir antibiótico es una mala palabra y pensar en tener otro hijo una pesadilla.

Como ocurre a veces en la vida, uno encuentra por azar a esas almas solidarias que se apiadan de estas madres primerizas desesperadas y al borde de un crack nervioso y te ayudan.

Te dicen que la leche en polvo es buena y te liberan de esta nueva opresión “tan natural” de dar el pecho al niño hasta la primaria, te recomiendan el jarabe para el moco líquido, el jarabe para la tos seca, te enseñan sobre cómo avanzan los procesos infecciosos y te ayudan a detectarlos, te autorizan a cortarlos a tiempo con el antibiótico adecuado y te muestran la cara más bonita de la maternidad.

Los hijos que tuve después fueron fáciles, gracias a la buena medicina. Esa que nació para curarnos y no para crearnos cuadros de desesperación agudos a todas las madres.

Y es que yo soy muy natural y me gusta vivir los procesos bonitos de mi vida con alegría.

Ser madre es una alegría si sabes curar a tiempo y si le pierdes el miedo a todo lo que hay en el mercado para que tu hijo esté sano y tú también.

Pero ten cuidado, porque lo natural en estos días es fomentar a madres infelices, perdidas, desorientadas, exhaustas y a todo este proceso de aniquilación de la alegría maternal lo llaman “medicina natural”.

JR

¿Democracia o Proyecto Castro – Chavista?

En Europa y en los Estados Unidos en cada elección, uno elige a un presidente. A veces de izquierdas y otras veces de derecha, según el momento histórico, económico o político de un país; pero nunca suele ponerse en juego el reemplazo de un sistema democrático por una dictadura.

En Latinoamérica sin embargo, la votación es diferente. Uno hoy no vota por un presidente de izquierdas o de derechas sino por un sistema político.

¿Democracia o dictadura castro – chavista?

Y esto sucede porque la izquierda latinoamericana no es como la izquierda europea o la estadounidense, sino que es parte del “Proyecto castro-chavista”.

El proyecto castro-chavista nace en 1999 con la asunción de Chávez al gobierno de Venezuela. Cuba que estaba casi desangrada, sin contar ya con el apoyo económico de la Unión Soviética, comienza a recuperarse con la incorporación de Venezuela y así empieza el resurgimiento, el fortalecimiento y la expansión de las dictaduras del socialismo del siglo XXI.

Estas dictaduras socialistas del siglo XXI controlaron gran parte de America Latina; hoy establecidas en Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia, tienen en jaque a las Democracias que quedan en la zona.

Las dictaduras socialistas del siglo XXI están fundadas en principios de corrupción, de violacion de los derechos humanos, de liquidación de la economía nacional y del estado de derecho y de disolución de la división e independencia de poderes, acabando también con la libertad de prensa y con la propiedad privada.

El llamado “Foro de San Pablo” es el instrumento político de la delincuencia Castro-Chavista y su objetivo principal es hoy recuperar el espacio político perdido, en las zonas en donde aún quedan presidentes democráticos, como Macri en la Argentina, para continuar con su proyecto “Las Izquierdas de America Latina” basado en los valores castro-chavistas de abolición de todas las libertades y de todas aquellas instituciones democráticas que las garanticen.

Hay votaciones más importantes que otras y hay votantes más preparados y más éticos que otros.

Hay quienes votan por su conveniencia particular o por su interés inmediato y hay quienes votan como estadistas; sin pensar en la próxima elección, sino en la próxima generación.

Hay quienes votan con el corazón y hay quienes votan con el bolsillo, hay quienes votan por un cargo y quienes votan por un subsidio. Y hay también quienes votan lo que deben, aunque tengan mil reproches y les duela.

Hay votaciones que no cambian demasiado tu destino y otras que lo cambian para siempre.

Hay votaciones con segundas oportunidades y hay oportunidades que se alejan para siempre.

JR

“El Consumidor Invisible”

Cuando acompaño a mis hijos de compras, suelo hacer largas filas en las cajas de las tiendas para pagar.

Desde lejos, voy notando cómo los cajeros hablan permanentemente entre ellos; mientras todos los de la fila escuchamos sobre sus noches de fiesta, sobre sus vacaciones e incluso, cómo critican a la empresa para la cual trabajan frente al cliente; al que por supuesto, ignoran completamente durante todo el proceso de compra.

Nada perturba el relato de estos dependientes que logran que te sientas invisible en todo momento.

Ni te miran, ni se inmutan si hay una fila de 25 personas esperando; ellos siguen hablando de sus ligues, de sus días libres, de sus cotilleos y de sus vacaciones.

Si te atreves a comentar algo, ellos enseguida se ofenden y se sienten agredidos por el consumidor invisible y sostienen que están en todo su derecho a hablar con tacos y sobre los temas que les dé la gana; total la empresa es quien paga.

El consumidor invisible, sin embargo, que es quien sostiene con sus compras sus puestos de trabajo, debe aguantar calladito e invisible las libertades del dependiente.

El supermercado al que solía ir tenía 24 cajas para pagar, pero nunca había nadie para cobrarte y los empleados al verte con el carro a tope, te señalaban rápidamente la caja automática, porque era la opción más sencilla para todos.

Ellos descansaban y tú escaneabas, te cobrabas y embolsabas los productos y todo para que ellos pudieran seguir charlando.

“Está muy bien”_pensaba yo _”yo evito tener que tratar con ellos y ellos poco a poco, van delegando sus empleos en las máquinas”.

Mi opción se ha vuelto cada vez más, la de comprar por internet y así, evito todo el contacto humano posible con dependientes a los que no les gusta su trabajo.

Luego habrá que soportarles llorando por cómo las máquinas ocuparon aquellos puestos de trabajo que ellos odiaban.

El consumidor invisible va tejiendo poco a poco su venganza y calladito pero sin pausa, empieza a desacostumbrarse al maltrato al que fue sometido durante años y descubre por fin, que en internet hay un nuevo paraíso; sin dependientes, sin malas caras y en donde por fin, se ha vuelto importante.

JR

“Nadie es imprescindible” JR

“Alabar al Islam desde el Starbucks”

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Se ha puesto de moda parecer de izquierdas y presumir de tolerante; ir por la vida cantando el ” let it be” que entonaba Lennon después de fumarse 10 porros y tragarse 3 pastillas; porque la pasividad budista ha invadido a un Occidente capaz de amoldar cualquier doctrina a su postureo y conveniencia.

Las técnicas hindúes nos sirven a los occidentales para presumir de un cuerpo perfecto con el yoga y también para evitar y aliviar cualquier proceso intelectual desgastante, pero siempre sin desviarnos por demasiado tiempo del mundo capitalista y consumista al que somos adictos; pero del que renegamos permanentemente en público y para quedar bien.

Se practica meditación una hora y yoga un poco mas tarde, luego asistimos a la conferencia del gurú de moda que nos instruye en cómo respirar correctamente para hacernos ricos en 5 minutos y por la noche, leemos el libro que tenemos en la mesilla de luz, sobre las nuevas técnicas de la neurociencia; imprescindibles para engañar pero agradando a todo el mundo.

Uno consume ideología extranjera como si fuera Coca Cola light, pero siempre acomodado en el sillón de un Mac Donalds con wifi y aire acondicionado.

Y es que ser un millenial completo, consiste en aprender a combinar a Oriente y Occidente a tu gusto y conveniencia, y sin ahondar demasiado en sus realidades ni en sus circunstancias.

Maradona alaba el comunismo cubano desde una suite en el piso 56 en Nueva York y pondera la nueva política alimenticia venezolana, aunque su propio cuerpo refleja una vida devota a todos los excesos.

El Papa católico nos habla de la bendición de la pobreza, mientras encubre las cuentas bancarias millonarias del Vaticano y apoya a los chavistas y a los narcos, que son quienes mantienen económicamente a esos gobiernos.

Mientras tanto, tú sigues saboreando tu caramell macciatto en el Starbucks de Palo Alto y defiendes y justificas el terrorismo islamista, como a un derecho adquirido al reclamo; costumbrista, ancestral, legítimo, respetable y autóctono; al que deben ahora acostumbrarse también mansamente los europeos y sin chistar por racistas; y de paso, que paguen por la conquista de America en 1492 y que se jodan por ser blancos; por supuesto.

Ser comunista es fácil cuando no has sufrido a la KGB ni la pobreza física, intelectual, moral y espiritual que incluye en su gestión esta ideología.

Ser hindú es divertido, cuando no has pertenecido a la casta de los sudras, mutilados por sus propias madres para poder sobrevivir al menos de la limosna y ser católico es interesante si no has sido excomulgado por homosexual o por divorciado o no has sido expulsado del colegio en nombre de Jesús, por ser hijo de padres separados.

Ser pro islamista es cool, si no has visto apagarse tus libertades a través del agujero de un burka durante el gobierno de Jomeini en Irán, o no cruzabas el puente de Londres o paseabas por las Ramblas, esos días en los que un musulman ejercía su derecho al reclamo (¿justificado?) y acuchillaba o aplastaba a todos los transeúntes que se le cruzaban por el camino, en nombre de la religión de la paz.

Mientras sea otro quien sufra las consecuencias de tus maravillosas ideologías, tú puedes seguir apoyándolas y cantando el “Let it be”, mientras un chico gay paquistaní de 20 años (que en Paquistán o en Moscú sería ahorcado) te prepara tu caramel macciato, con leche sin lactosa y café sin cafeína en los Estados Unidos; llevando en el cuello el colgante de la luna y la estrella y la camiseta del che Guevara debajo del delantal del Starbucks, porque tiene derecho; no sólo a la ignorancia, sino también a la contradicción.

Luego puedes continuar con el “Imagine all the people…” mientras te comes un muffin de cranberries de harina integral sin levadura, ni fructosa; despatarrado en el sillón del Starbucks y alabando las bondades del Islam por Facebook, a través de tu iPhone X.

Para volver a casa después, renovado y con la conciencia tranquila por haber puteado un rato a Trump en las redes, con tu “mala” de madera tibetana en la muñeca y sintiendo que eres la mismísima reencarnación del Budha, de Jesús el Nazareno o de Ernesto “che” Guevara y convencido de estar viviendo a tope tu comunismo millenial; integral, vegano, sin conservantes, ni levadura, ni coherencia; pero siempre protegido por la policia americana, (a la que desde luego odias) en California.

JR

“Adults Only/ Rich Only”

Las vacaciones representan la universalizacion del descanso. Un espacio en donde todos tienen derecho a parar y a alejarse de sus labores y de su rutina.

La realidad es que hay vacaciones que descansan y vacaciones que cansan aún más que el trabajo; pero cada uno las elige según sus preferencias.

Hay vacaciones sociales y vacaciones solitarias, vacaciones urbanas o playeras, vacaciones rurales, sibaritas, exóticas, aventureras, organizadas en tour o alejadas de todo tipo de agenda.

Mucho ha colaborado el progreso en establecer este derecho a descansar y a moverse; con las low cost, los arbnb y todo tipo de aplicaciones y facilidades económicas que nos permiten a todos; y ya no sólo a unos pocos, acceder y disfrutar de este derecho vacacional.

Pero toda popularización tiene también sus desventajas, en cuanto que es hoy difícil encontrar sitios alejados para desconectar.

Uno regresa de adulto a aquellos lugares vacacionales idílicos de la infancia y encuentra 25 autobuses aparcados en la cala paradisíaca y solitaria de su niñez.

Es difícil encontrar centímetros disponibles en donde aparcar la toalla y aquel mar transparente deja entrever los vasos de plástico, las bolsas y todo tipo de asquerosidades que la masa vacacional aporta a la naturaleza cada verano.

El progreso es sin duda maravilloso, pero el problema surge cuando el progreso económico y el acceso a las cosas no van de la mano de una educación que les acompañe.

No es de extrañar que hayan surgido también y a raudales, los “adults Only” y los “VIP”; parejas que escapan a los pañales, a los cochecitos y al griterío de los niños y se refugian detrás de unos muros que les aíslan de aquellas realidades estridentes y molestas; que algunos vivirán en su momento y otros ya han pasado, superado y dejado finalmente atrás.

Tampoco hay que negar, que en una época en donde la palabra igualdad es el estandarte y el eslogan de todas las campañas, uno añore, a veces, aquella desigualdad que le aseguraba el descanso.

Como afirmaba Camus hablando de las distintas acepciones de la rebeldía, toda libertad llevada al extremo garantiza la aniquilación. Y no puedo estar más de acuerdo en que hay algunos límites y barreras que protegen la libertad y no sólo la de aquellos que están dentro.

Yo estoy acostumbrado desde pequeño a los clubs, en donde sólo entraban los socios, y nunca me sentí ni ofendido ni discriminado, simplemente entendía que uno pertenecía o no, y según esa regla, se establecían las diferencias y sus normas.

Pero hoy todo concepto de club o de muro es intolerable porque esta es la época del “o todos o ninguno” y creo que desgraciadamente, este complejo de inferioridad disfrazado de rebeldía y de justicia social es lo que nos llevará a la aniquilación de todas aquellas virtudes y valores que deberían ser quienes realmente acompañen y justifiquen la verdadera desigualdad.

JR

“El Espacio Creativo”

Tengo la costumbre de trabajar en espacios pequeños, porque la inmensidad me deja siempre sin palabras y sin pensamientos.

Hay algo en los espacios abiertos que nos relaja y nos deja mudos y silenciosos por dentro.Las playas, el mar, la montaña, me relajan y es sólo cuando estoy en esos espacios inmensos, cuando me siento realmente de vacaciones.

El pensamiento surgió siempre en la cueva, en espacios cerrados en donde el hombre se encuentra ensimismado y confrontado a sus carencias y necesidades y abocado a crear y a crearse soluciones, sin escapatoria.

Crear está ligado a la subsistencia y no hay mejores obras, que aquellas que se escriben y se realizan con desesperación.

Y no hay subsistencia posible, sin creatividad.

¿Quién escribe, sino está carcomido por las ideas que le zumban en la cabeza?

¿Quién crea, sino es por la necesidad de inventarse algo nuevo, sean soluciones científicas, tecnológicas, literarias, políticas, personales o económicas?

La creatividad se alimenta de cierto grado de anhelo y de los fanáticos.

Los tibios no crean, los tibios disfrutan y transitan tranquilos por la época que les toca, acomodándose a todo y sin sentir el ardor de tener que cambiar nunca nada.

¡Y yo cómo les envidio!¡Quién pudiera ser tan feliz! Reconociendo a tiempo la insignificancia de nuestra nimia existencia, en un mundo milenario de millones y millones de nadies. Pero unos “nadies” que en dos mil años crearon un mundo.

La creatividad se dispersa en la inmensidad, los cuadros se acaban a puertas cerradas, los libros se escriben a puertas cerradas, los licenciados se gradúan a puertas cerradas, los descubrimientos científicos se hacen a puertas cerradas y los inventos se plasman a puertas cerradas.

Si abres las puertas, la creatividad se te escapa por la ventana.

Hay que crear y crearse adentro.

En la reunión de padres de primero de primaria la maestra me dijo muy preocupada que mi hijo siempre estaba mirando por la ventana. Tenía 5 años y quería escaparse al patio a cada rato. Era normal, ¿quién no quiere escapar?

Pero si todos escapamos por la ventana al patio y a la playa ¿quién crea? ¿Quién piensa y cambia el mundo?

La creatividad no es un halo de luz agradable y suave que uno espera y recibe con alegría, sino un tipo de radiación contaminante de la que uno no puede, ni debe escapar.

Por eso los creativos se instauran unas rutinas con horarios rígidos y los respetan como si fueran condenas.

A la creatividad hay que hacerle un espacio; uno pequeño, sencillo y sin distracciones, hay que alimentarla con quietud, con horas de trabajo y de aburrimiento.

Hay que cerrar las ventanas y con el recuerdo del patio, de la playa, del mar, de la montaña, hay que inventarse un mundo nuevo.

JR

“NUBE SIN ALMA”

Se acercó intrigado y me preguntó: _¿Qué es la “nube”?

Es el lugar en donde suelo estar cuando intentas contarme tus cosas. El lugar en donde trabajo, estudio y aprendo; me informo y progreso, juego y cotilleo.

Aquel lugar que me eleva, pero que jamás me llevará al cielo.

Pero volvió a preguntarme:_¿Qué es la “nube”?

Es ese lugar mágico en donde no existen las distancias. En donde me encuentro con mis amigos, sin necesidad de ponerme los zapatos y me despido de ellos, sin sentir el calor de sus abrazos.

Donde encuentro un consejo sin una mano tendida y un consuelo sin pañuelos, lloro sin mojar un hombro y río a carcajadas en emoticonos.

Es un lugar que me transporta y me lleva a descubrir nuevos mundos, sin tener que hacer las maletas.

El lugar en donde me conecto con todos aquellos a quienes tengo lejos; mientras los que están a mi lado anhelan mi presencia.

Es un lugar misterioso, que hace que todo parezca cerca, que todo parezca fácil y que todo parezca posible.

Un lugar parecido al que me encuentro cuando escribo; conectado pero ausente.

Adonde estoy cuando no respondo a ningún nombre, cuando soy sordo a tu llamado, a tus pedidos, a tus urgencias.

Y me respondió:_”Pues entonces, “llueve”.

De vez en cuando, baja de tu nube y lluéveme un poquito.

Transforma tanto aire en agua, alquimiza el vacio y conviértelo en materia.

Baja al mundo y llueve cargado de contenido y de cosas nuevas; de ideas, de risas con ruido y de abrazos apretados.

Llueve y moja la tierra con todo lo nuevo que has aprendido del aire, porque sin lo real, nada cunde. Y sin la experiencia, nada está vivo.

Llueve mucho y llueve fuerte porque ninguna otra cosa hace crecer a un alma.

Sólo la acción lo logra y es en la tierra, en donde todo germina.

Llueve, baja de la nube y “VIVE”.

J.R

29/8/2014

“Una carta de amor, será tan solo un calco, una copia frugal del sentimiento, una carta de amor, no es el amor, sino un informe de ausencia” Mario Benedetti.

“Todos Menos Tú”

Pocos libros han tenido tanto consenso y han hecho tanto daño, como esta saga de manuales de ayuda para detectar a la gente tóxica que te rodea.

Aún recuerdo a amigos alabando el libro, como si se tratara de la aparición de un nuevo Evangelio.

Lo curioso del libro es que servía como un detector y todo el mundo reconocía al instante a los millones de tóxicos que le rodeaban, pero nadie nunca se reconocía a si mismo como tóxico.

Si los tóxicos son todos los que nos rodean y los que nos rodean también detectan a los tóxicos a su alrededor. ¿Adónde están los tóxicos? ¿Quiénes son los tóxicos?

El gran éxito de esta saga consistió en que eran libros para aprender a echar la culpa de todo al otro y ese fue en realidad su anzuelo.

No eran libros de autoayuda o de introspección, como tantos otros, sino un concepto ideado para adiestrarnos a tirar la mierda afuera.

Tirar la mierda afuera es sencillo y no conlleva demasiado esfuerzo y podríamos decir, que nos sale de forma bastante natural.

A esta tarea nos apuntamos todos sin problema, pero en donde no queda nadie, es en el aula de mirar hacia adentro y de hacernos cargo de nuestra propia toxicidad y responsabilidades.

No siempre es el otro el culpable de nuestros fracasos, de nuestras derrotas, de nuestras frustraciones o malestares. Y seguir motivando a una sociedad a tirar la mierda afuera, será seguramente muy rentable para este psicólogo que escribe, pero es poco productivo para una sociedad que intenta avanzar en la diversidad y en la conciliación.

Cargue cada uno con sus culpas y no habrá culpables” decía el sabio Antonio Porchia, dándonos una lección de responsabilidad infinita; porque cuando uno acepta sus propias toxicidades, rebaja también las ajenas.

Ni yo estoy tan desinfectado, ni tú tan infesto.

Aquel antiguo e incómodo “Quien esté libre de pecado que lance la primera piedra” nos intimaba a la reflexión y costaba mucho más digerirlo, de lo que nos cuesta ahora, terminar el manual sobre la detección de culpables de Bernardo Stamateas.

El problema es que estos best sellers han llenado al mundo de víctimas, pero nadie se reconoce como culpable.

Leer estos libros es una fiesta, como aquella que se arma en los pueblos cuando se llenan de cotilleos malignos sobre los vecinos. Uno disfruta secretamente de la fiesta, que es igualita a aquella sobre la que nos cantaba Joaquin Sabina, en la que estaban “todos menos tú”.

JR

“La Cultura de la Manía”

“Descubrir la utilidad de tus manías es el primer paso para liberarte de ellas, o para aferrarte a ellas aún mas” JR

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De aquel viaje que hice a la Argentina me traje a casa un souvenir y éste fue la palabra “hinchapelotas”.

La escribí con rotulador indeleble en la puerta de la nevera, para estar advertido en todo momento.

Esta palabra me resultó sumamente atractiva, tanto en su pronunciación, como en la amplitud de su contenido, ya que abarcaba tantas cosas, que sustituirla en inglés, me hubiera llevado a articular un montón de palabras distintas.

Ser un “hinchapelotas” es una característica que aparece cuando las cosas, en vez de convertirte en un ser mas relajado y natural, te convierten en un fanático que no disfruta de nada, ni deja disfrutar a nadie.

Este impedimento se debe siempre a la aparición de algún inconveniente, al que el maniático considera ajeno a si mismo y que logra interferir en su proceso de disfrutar de las cosas.

Hay muchos tipos y clases de “hinchapelotas”, como son por ejemplo el naturista fanático, el deportista fanático, el religioso fanático, la madre obsesiva, el intelectual fanático, el ecologista fanático, el hipocondriaco, el paranoico, el perfeccionista, el adicto a internet, etc.

Son muchos y muy variados los caminos de los que disponemos para convertirnos en auténticos hinchapelotas.

Esta característica tan común, comienza a manifestarse cuando sientes que la vida en vez de ensanchar tus horizontes, empieza a limitarte, hasta el punto en el que vivir, ir a cualquier parte o tomar cualquier decisión, se vuelven un trastorno para ti y para todo aquel que te rodea.

Salir a cualquier parte se vuelve un inconveniente, porque todo fanatismo te va limitando a un espacio que está acotado a unas condiciones determinadas.

Ya no puedes ir libre a cualquier sitio, ni gozar de las cosas que los distintos momentos y espacios te ofrecen, porque te descubres a ti mismo atado a determinadas rutinas y estilos de vida, sin los cuales te vuelves un discapacitado para poder sobrevivir.

El hinchapelotas depende de una estructura determinada que él mismo se ha impuesto y que le va limitando cada vez más, en los distintos aspectos de su vida.

Mucha gente se queja hoy, de que vive una vida sin sentido y la describe como a una sensación de infelicidad que crece y que está plagada de múltiples obligaciones y rutinas inamovibles, siendo incapaces de reconocer que son ellos mismos, quienes se han impuesto las prisiones que les encarcelan.

Convertirte en un “hinchapelotas” es un proceso lento y silencioso, que ocurre mientras tú no te das cuenta e incluye a las manías mas extrañas y diversas, que van desde temores de todo tipo, hasta múltiples obsesiones; que pueden incluir a la alimentación, la limpieza, el deporte, la dependencia del lujo, del orden, o de la tecnología y todas esas costumbres, sin las cuales el individuo es incapaz de subsistir a corto plazo.

El “hinchapelotas”sufre al sentirse incapaz de desenvolverse en ámbitos que no le provean de sus amuletos y que le impidan aquellas rutinas obsesivas, de las que se ha vuelto dependiente.

Las personas que le rodean también sufren teniéndole cerca, porque son quienes deben soportar las consecuencias directas de todas sus limitaciones y en estos casos, tienen la opción o de sobrevivir volviéndose igual de hinchapelotas que ellos, o de sufrir para siempre permaneciendo a su lado.

El contagio es sin embargo lo que abunda, procreando además a nuevas generaciones de “hinchapelotas” que avanzan, criados a base de manías e intolerancias. Una generación que aún desconocemos en qué decantará.

Esta es una generación criada entre la limitación, la alergia, los tabúes, las intolerancias variadas y el miedo hacia todo aquello que rompa con los moldes rígidos en los que han sido obligados a crecer, siempre alimentados a base de temores y de inseguridades o hacia el terror frente a la escasez de cualquier abundancia.

Sin embargo, la reacción espontánea de todo adulto medianamente sano, que se expone a sufrir a un “hinchapelotas”, es tratar de evitarle a toda costa.

Y así es como uno deja de invitar al “hinchapelotas” a su casa y evita compartir espacios y momentos con él, ya que el “hinchapelotas” logra con sus manías, complicar toda convivencia y estropear, sin tener conciencia de su mal, todos los momentos en los que el grupo pareciera tener la posibilidad de ser feliz.

Siempre aparece algún inconveniente o alguna carencia que imposibilita que florezcan los momentos agradables y relajados en el grupo, y éste se ve obligado a soportar continuamente sus prisiones, que suelen incluir desde la necesidad vegetariana hasta la obligación de la proteína, pasando por la rigidez de sus horarios o por cualquier tipo de superstición, temor o contagio con respecto a casi cualquier cosa.

La cultura del “hinchapelotas” incluye al arte de amargarse la vida por nimiedades, pero es curioso como hoy en día, esta modalidad de vida ha logrado ponerse de moda y ser venerada por una sociedad de consumo, que consume entusiasta hasta las manías que le venden.

La gente asocia a la estrechez con una superioridad intelectual, social o moral, y presiente que las manías son el sello que pueden convertirles en gente “especial”, gente que posee una sensibilidad extrema y que es intolerablemente consciente de todos los peligros.

Convengamos que la única superioridad del ser humano, radicó siempre en su capacidad de ser flexible y de haber podido adaptarse a las distintas realidades existentes de una manera sencilla.

Ser un maniático hoy se promociona como un elemento “chic”, que incluye además, a la posibilidad de convertirte en un ser superior, en algún extraño sentido.

La gente hoy aspira a la manía de la misma forma en que ansía ser aceptada dentro de cualquier club selecto.

Las modas se imponen a su vez con nuevos productos que acompañan y motivan a la manía y la elevan a una categoría de lujo, ganando nuevos adeptos y generando una rentabilidad altísima, cosa que incentiva aún más al mercado, a seguir desarrollando nuevas formas de alimentar la manía.

Hoy las marcas buscan nuevas y originales maneras de sacar provecho a la obsesión, convirtiendo a la locura, en el nuevo articulo de lujo.

Ls locura lleva hoy nuevos nombres y muchos nuevos fanatismos son enaltecidos con la excusa de responder a ideales mas puros, más tec, y mas sanos; pero sin la conciencia de que la condición de inmovilidad y estrechez que caracteriza a toda manía, es aquello que la descubre como a la locura de toda la vida; disfrazada ahora de limpieza, de sanidad, de cuidado, de tecnología, de espiritualidad o de puro narcisismo; pero loca como siempre.

El “hinchapelotas” no es otro que el loco de ayer, el de hoy y el de siempre: aquel que habita en una rigidez de convicciones tal, que ni vive, ni deja vivir a nadie.

Desgraciadamente, todos aquellos buenos momentos que el hinchapelotas se pierde, mientras se distrae con otras cosas; y que logra también hacer perder a todo aquel que le acompaña, son en realidad el único alimento que nutre de igual manera el cuerpo, el alma y el intelecto.

Me traje como souvenir una palabra, que desde hoy me acompaña para siempre, como recordatorio y como advertencia, y he decidido en este tiempo, purgar con ímpetu muchas de mis manías, quedándome únicamente con aquellas que sean ya incurables.

JR

“¿Qué esconde la Urgencia?”

Algo urgente es algo que urge hacer cuando apremia el tiempo.

Todos estamos sin embargo, muy habituados a esta palabra, tanto en el trabajo como en la vida. ¿Pero qué nos muestra la urgencia?

La urgencia denota una falta de previsión, un mal diagnóstico sobre una situación o tarea determinada y una mala gestión o administración en el empleo del tiempo para alcanzar un objetivo.

Llega el verano y uno apunta como urgente bajar un poco de peso. Ya quedan escasos meses para ponerse el bañador y la dieta se impone como algo urgente.

Esta urgencia denota en realidad, que no existió durante el año una mesura en la alimentación, de lo contrario, esta urgencia hoy no existiría.

Lo mismo nos sucede en época de exámenes o ante la entrega de un trabajo. Si uno hubiese administrado bien su tiempo de estudio y de trabajo, la urgencia hoy no sería tan apremiante.

La falta de previsibilidad también da lugar a la urgencia; uno no prevee determinadas circunstancias adversas posibles o realiza un diagnóstico equivocado sobre una situación, subestimando la complejidad de una tarea. Y al descubrir su error, siente la urgencia de repararlo o compensarlo de forma inmediata.

Sin duda vivimos en un tiempo lleno de cosas urgentes; en donde todo era para ayer; en gran parte por un exceso de tareas y en otras, por una falta de organización o por la carencia de una acción constante y persistente hacia un objetivo.

Pero de todas las urgencias, las más dolorosas son aquellas que tienen que ver con lo afectivo. Porque son aquellas que ponen en evidencia nuestra falta en términos de atención, de presencia, de ocupación, de estar en donde se nos necesitaba, cuando se nos necesitaba.

Esas urgencias suelen ser aplazadas por la urgencia de otras cosas, a las que consideramos en su momento, como mucho más urgentes.

En este tipo de urgencias se nos exige una acción inmediata, reparadora o salvadora de un daño.

A veces el daño es ya irreparable y el tiempo que nos queda para subsanarlo es escaso, pero es ante estas urgencias, en donde uno aprende a conocer el valor del tiempo que ha dedicado a cada cosa.

Hay un tiempo para todo, dicen algunos, pero la realidad es que nunca hay tiempo para todo, porque el tiempo es limitado y el “todo” representa una infinidad de deseos inabarcables en ese espacio.

Desgraciadamente no es cierto que haya tiempo para todo y debemos aprender a conciliar todas las urgencias; pero sin perder de vista jamás, cuáles son las más urgentes.

JR

“Rebelarse a la Homogeneidad”

La homogeneidad se presenta en Matemáticas cuando el término independiente es nulo, en industria es la estandarización de las propiedades de un producto y en Filosofía es la reducción de la identidad a un pensamiento único.

Si algo valioso nos han aportado las Repúblicas Democráticas es sin duda, el permiso para no ser homogéneos. Esa es la libertad de la que disponemos para disentir y para construir nuestra propia identidad dentro del conjunto.

Existe en nosotros una necesidad natural de certeza, tras la cual emprendemos esta búsqueda de identidad, con el fin de asentarnos finalmente en alguna.

El problema aparece sin embargo, cuando se produce este asentamiento, en el que dejamos aquella actitud nómade del buscador, para establecernos y anclarnos en una forma de pensamiento, bajo la cual damos por terminado nuestro peregrinaje.

Cuando uno se establece en una identidad determinada, no deja sólo de buscar, sino también de “buscarse” como singularidad dentro de un conjunto.

Uno fija entonces su mirada y compacta su pensamiento acotándose a sí mismo, bajo una identidad fija e inamovible y siempre concordante con el grupo elegido.

Si bien es cierto que el asentamiento nos da una seguridad y nos habilita la pertenencia a un grupo afín a nuestra propia identidad, también comienza a condicionarnos y a limitarnos la mirada.

La homogeneidad es sin duda ese ambiente cómodo en el que uno se mueve, sin tener que hacer grandes esfuerzos de adaptación ni de tolerancia.

Y que nos facilita un medio conocido, familiar, en donde uno conoce las preguntas y sabe de memoria las respuestas a cada una de esas preguntas; pero en donde poco a poco, uno también se va olvidando de preguntarse cosas distintas y de crecer.

Hay en la homogeneidad un silencio que no es espiritual sino monótono y una afinación monocorde que hipnotiza y adormece el pensamiento. Y si bien es relajante por momentos el no tener que pensar, renunciar a esa capacidad delegándosela permanentemente a otro, es sumamente peligroso.

Hace unas semanas en mi edificio, hubo una reunión de comunidad para establecer los periodos de duración de la presidencia de dicha comunidad.

Mi opción fue la de sugerir periodos relativamente cortos, en donde la rotación fuese cada cierto tiempo imprescindible; pero para mi sorpresa la mayoría prefería una presidencia casi vitalicia.

El argumento era que si a alguien le “gustaba” ser presidente ¿por qué no dejarlo desempeñar ese cargo todo el tiempo posible?

Lo que enmascaraba esta postura tan generosa era en realidad, que ninguno de los presentes quería ocuparse de los asuntos de la comunidad y esta tendencia al poder vitalicio, no era otra cosa que el encubrimiento de la pereza del conjunto y de su intento por evadir su responsabilidad individual, con aquella frase tan conocida “que se ocupe otro”.

De más está decir, que ganó la mayoría.

Cuando renunciamos a nuestra singularidad, renunciamos también a nuestra capacidad de actuar y de pensar de forma autónoma, delegando en otro esa responsabilidad, como si de todas las ocupaciones diarias que tiene un homo sapiens en el día, no fuera “pensar” y repensar lo pensado, la más importante de todas y la única que siempre, marcó la diferencia.

JR

“Empatizar con el Pueblo”

Empatizar es prestar atención al dolor del otro, es hacer una pausa, acortar las distancias y acercarse al que padece.

Hay gente que es naturalmente más empatica que otra, y son los dolores sufridos, quienes nos vinculan irremediablemente al dolor ajeno.

Quien no ha sufrido nada, lo tiene más difícil, porque la escasez de sufrimiento hace mucho más complicado ese tipo de acercamiento.

A veces los “no empaticos” no lo son por “malos”, sino por mera ignorancia y por desconocimiento de lo que es el dolor.

Muchas veces en la vida uno se pregunta para qué sirve sufrir y a veces no encuentras respuesta. Pero si hay algo que el dolor nos aporta, eso es sin duda, la posibilidad de la empatía.

Quien ha sufrido alguna vez, tiene disponible el desarrollo de esa capacidad, y digo disponible, porque no todo el mundo aprovecha el sufrimiento, ni lo capitaliza transformándolo en capacidad empatica.

Una vez a la semana suelo utilizar el transporte público y lo hago adrede y como un ejercicio para no perder el contacto con la realidad. Creo que salir del habitáculo automovilístico, de vez en cuando, nos previene del aislamiento y nos embebe de lo que pasa en el mundo.

En el aislamiento uno comienza a creer, que la realidad es eso cotidiano que uno vive en su propio mundo. Sin duda esa es “una” realidad, pero no es “la” realidad.

Cuando subes al metro en hora punta, te percatas de que en ciertas percepciones a la distancia, estabas equivocado.

Uno ve las caras, las posturas, el cansancio, la pobreza; la incertidumbre de los jóvenes y la resignación de los ancianos; el consuelo y la compañía permanente del móvil (que funciona a la vez de espejo y de escudo), las soledades, las pequeñas generosidades a bordo, la indiferencia y el hartazgo.

Los médicos recomiendan no perder nunca el contacto con la realidad porque perderlo implica también, perder la cabeza.

Quien vive en una realidad ficticia por demasiado tiempo, tiende a sufrir una desconexión a la que llaman locura. Y hay muchos tipos de locuras; pero todas ellas coinciden, en mayor o en menor grado, con una apatía hacia el mundo; porque la locura es un tipo de aislamiento patológico del que no puedes regresar.

Siempre recuerdo aquella anécdota en la que Churchill tenía que tomar la terrible decisión de rendirse ante los nazis o de luchar contra ellos hasta el final.

Churchill sube al metro por primera vez en su vida y empieza a preguntarle a los viajeros del metro qué hacer.

La gente rechaza fervientemente la posibilidad de rendirse ante el mal o de pactar con Hitler para prevenir una guerra y Churchill confirma, que el pueblo es mucho más valiente de lo que él creía.

Hay en esa anécdota además, una solicitud de permiso para el dolor y para el sacrificio; que es la actitud de un buen servidor del pueblo.

Los políticos hoy en día dan primordial importancia a las palabras, a la imagen, a la pose y a la buena comunicación; pero sólo como un medio para convencer a sus audiencias.

Son como aquellos sofistas contra los que Sócrates protestaba; diciendo que la dialéctica no era ética, porque no buscaba la verdad.

Convencer, no implicaba decir la verdad, porque para los sofistas la verdad nunca fue importante.

La mala comunicación no siempre se debe a un problema de dialéctica, sino que muchas veces, es un problema de distancia.

Y son la falta de verdad y de empatía, las verdaderas barreras del lenguaje.

JR

“High Castle y de lo que nos salvamos”

Reconozco estar enganchado a la nueva serie de Prime “High Castle” basada en el libro de Philip K Dick “The man in the High Castle” de 1962.

Esta historia nos muestra una realidad posible, en la que los japoneses y los nazis son quienes ganan la Segunda Guerra Mundial y nos propone pensar cómo hubiera sido el mundo en ese caso.

Es muy contemporáneo presenciar la crítica permanente a los Estados Unidos y se ha vuelto cool y propio de gente que se cree intelectualmente superior el criticarles en todo, mientras disfrutan de una libertad de expresión que se la deben a los americanos y se toman el café en el Starbucks desarrollando su micro emprendimiento desde su Mac, rezan al Dios al que prefieren y se detienen luego en el Auto Mac para retirar su pedido on line.

Pocas cosas me alteran más que la incoherencia, el doble discurso, la moral de cartón y las convicciones en papel pintado.

Si bien es cierto que Hiroshima y Nagasaki fueron dos masacres inhumanas, también es cierto que gracias al poder armamentistico de los Estados Unidos, fueron ellos y los aliados quienes ganaron la guerra.

Y convengamos que este hecho fue una salvación para todos; incluidos los japoneses y los alemanes; que quien sabe hoy, el horror en el que vivirían.

Y ni hablar de todos los intelectuales, los ecologistas, los filósofos, los rebeldes, los científicos y los intelectualmente superiores que hubiésemos perdido, de haber ganado los nazis.

Todos ellos estarían enterrados o alienados y trabajando bajo las órdenes del imperio japonés o del Reigh.

En esa posible realidad que nos plantea la serie, la única libertad hubiera sido la de servir a los fines del imperio y cualquier opinión contraria hubiera sido sistemáticamente perseguida, catalogada de traición a la patria y condenada a muerte.

Es interesante pensar de vez en cuando en las opciones posibles, sobre todo porque ayuda a valorar lo que uno tiene y también promueve el agradecimiento hacia todos aquellos que crearon nuevas posibilidades para el florecimiento de la libertad.

Si bien la Historia es una asignatura pesada cuando está mal enseñada porque consiste en una memorización sistemática de fechas y acontecimientos aislados y sin sentido relacional; cuando uno empieza a encontrarle el sentido y a descubrir la relación entre nuestro ayer y nuestro hoy, empieza a darse cuenta a quienes debe estarle agradecido.

Actualmente hay una vara de medir muy desigual con unos y con otros. Hay a quienes se les perdona cualquier barbaridad y hay a quienes se juzga eternamente y de manera implacable.

Y es generalmente con los promotores y defensores de la libertad con quienes solemos ensañarnos más y ser injustamente más duros; muchas veces por desconocimiento, otras por envidia o por no desentonar con la tendencia impuesta por las masas y por el periodismo marxista, o simplemente por ignorancia y por no detenernos nunca a pensar, en lo que sería de nuestra vida, si los defensores de la libertad, en aras del “flower power” y del “make love not war”, no hubieran tenido ningún poder armamentistico disponible y nos hubieran dejado a todos, en manos de los japos y de los nazis.

JR

“Sobreprotecciones que Amputan”

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Existe un fenómeno creciente de hijos que no crecen por padres que no sueltan.

La sobreprotección es un problema cada vez más habitual y normalizado en nuestro mundo bajo el nombre de “cuidados”. Pero hay cuidados que no dejan crecer, ni permiten al hijo hacerse fuerte para superar los desafíos y las dificultades que le presentará la vida.

Nada hay más perjudicial para la autoestima que sentirse un inútil y aunque resulte muy cómodo ser un inútil,  esa comodidad pasa, tarde o temprano, una factura psicológica difícil de afrontar.

No son pocos los jóvenes de 20 y 30 años dependientes, incapaces de ser felices y de encontrarle el sentido a la vida. Y no suelen ser personas con grandes dificultades ni dramas personales; sino en su mayoría hijos exigentes y malcriados de padres y abuelos longevos y sobreprotectores, que creyeron que asfaltando el camino de sus hijos y nietos, la vida les sería más fácil.

Pero más fácil, no es sinónimo de más feliz.

Para ser feliz hay que conocer el pesar, el esfuerzo, el sacrificio y las renuncias. No se llega por el camino de lo fácil a la felicidad.

Las intenciones son siempre buenas, de eso no cabe duda, pero el daño de una sobredosis de ayudas y de cuidados intensivos crea a seres dependientes, con baja autoestima y propensos a la debilidad de carácter; que sucumben ante la más mínima dificultad; que se rinden fácilmente, se enferman con la más mínima corriente de aire y son incapaces de adaptarse a condiciones adversas.

La cultura contemporánea nos anima permanentemente a la sobreprotección. Estamos demasiado preocupados por ellos todo el tiempo, la tecnología, el medio ambiente, la falta de trabajo, las nuevas realidades políticastodo nos preocupa y nos alarma en exceso.

Parece como si quisiéramos dejarles todo solucionado, no vaya a ser que ellos tengan que hacer un esfuerzo y solucionarse el mundo que les espera, como hicimos nosotros con el desastre que nos encontramos. 

Cuando observo con espanto nuestro enfermizo esmero por dejarles todo ya organizado, me pregunto si esta actitud es de verdad amor o es en realidad una infravaloración enmascarada.

Quizás este exceso de preocupación sea el indicio de que verdaderamente estamos convencidos de haber criado con éxito a una generación de pusilánimes e inútiles.

JR

“El sobreprotector dice “lo hago porque te quiero” y el chico escucha “lo hago porque no confío en ti” JR

“¿Indecisos o Prudentes”?

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Hay en toda indecisión un pulso entre distintos factores; siendo el miedo generalmente la pasión predominante en todos ellos.

Aquel que se caracteriza por no saber nunca entre qué opciones decidir, suele ser por naturaleza un ser temeroso. Uno de esos miedos puede ser el temor a fracasar y estando éste demasiado apegado al éxito o al perfeccionismo, opta por permanecer siempre indeciso, frente a la toma de una desicion.

Hay sin embargo, quienes se caracterizan por la prudencia y se toman un tiempo para barajar los riesgos y los beneficios de las distintas opciones, antes de decantarse por una de ellas.

Hay otros sin embargo, que aún sin tener más que una sola opción disponible, se mantienen inmovilizados por el sólo temor de actuar y postergan la acción con cualquier excusa que les evite dar un paso, mientras se mantienen indagando en miles de otras opciones imposibles y de las que no disponen.

Pero tanto la indecisión como la cobardía tienen algunas ventajas; la indecisión gana tiempo y la cobardía evita tener que actuar o formar parte en algún riesgo que puede evitarse; siendo a veces la gente cobarde mucho más longeva que los valientes. (no vayamos a olvidar que en nuestro tiempo, la longevidad es casi una virtud y mucho más codiciada que el honor)

Si de algo carecen los indecisos es de esperanza, porque aquello que nos motiva a tomar desiciones es generalmente una predisposición a la esperanza y a la alegría.  Y también una toma de conciencia, de que no somos ni tan importantes ni tan imprescindibles. Esta actitud de humildad suele quitar dramatismo a cualquier desicion; desarticulando la contemporánea creencia de que somos únicos y excesivamente importantes y de que por lo tanto, nuestras desiciones también lo son.

Cuando decidimos, confiamos y nos entregamos con valentía a aquella opción por la que nos decantamos. Y aquí es cuando la esperanza vence al temor de la indecisión previa.

Pero como toda pasión, tanto la indecisión como la valentía tienen sus grados y sus diferentes intensidades, convirtiéndose en ocasiones una sana valentía, en temeridad y una normal indecisión en una rancia y destructiva tendencia a permanecer petrificado.

Saber graduar las intensidades de estas pasiones es una habilidad crucial para aquellos con tendencia a ser demasiado valientes o demasiado indecisos.

Hay valentías que obtienen el objeto de su deseo y otras que no; pero sin duda todas enseñan a actuar, mientras que la cobardía es propensa a la quietud y a la preservación de los vicios conocidos. 

También hay que observar que no siempre el silencio o la falta de proclamación son señales de una indecisión; ya que suele ser bastante común en estas épocas de corrección política, el optar por permanecer callado, antes que quedar expuesto inútilmente a los juicios y a la violencia de las masas empoderadas.

Y aunque muchos permanezcan silenciosos y parezcan indecisos, ya están decididos.

JR

“Ojos Nuevos”

Desde pequeño fui educado en un entorno católico y aprendí a ver las cosas de una forma particular; pero que yo creía universal.

Yo pensaba que todo el mundo creía en  las mismas cosas en las que creía yo y esto es una actitud muy común en los niños que se crían en entornos demasiado homogéneos, en donde la interacción con la diversidad no está presente en su ámbito social.

Uno termina creyendo equivocadamente que todos son como uno y que todos quieren y creen en lo mismo.

A medida que fui creciendo comencé a cuestionar muchas de las cosas que llevaba años repitiendo de memoria, sin saber qué significaban en realidad. Muchas de las cuales comenzaron a hacerme ruido y un poco más tarde, también algunos cortocircuitos.

La rebeldía siguió creciendo y terminó en un distanciamiento pacífico pero terminal de la religión.

Yo creía que la distancia y la oposición a ciertas ideologías eran la forma contraria a la pertenencia, pero más tarde observé cómo los ateos, intentando justificar la inexistencia de Dios,  tampoco paraban de hablar de él.

Tuve hijos y decidí mantenerles alejados de toda religión. Y a pesar de los temores de mis padres, de que mis hijos no fueran nunca al cielo por no estar bautizados, decidí arriesgarme y ahorrarles el trabajo de limpieza que tuve que hacer yo durante tantos años; deseando que toda esa energía pudieran utilizarla en cosas más interesantes.

Vivir sin Dios no resultó complicado y tanto sus valores sociales como afectivos no se vieron afectados en absoluto, ya que resultaron ser niños cariñosos, pacíficos, tolerantes y amables con todo el mundo.

En una ocasión fuimos a Roma y decidimos visitar una iglesia.

Mi hijo de 6 años fue el primero en entrar y salió al instante gritando espantado y advirtiéndonos a todos: _”¡No entréis! ¡No sé que ha pasado aquí, pero hay un hombre muerto y con sangre en la pared!”

Efectivamente había un hombre crucificado en la pared, algo que mis ojos, educados en una cotidianidad católica habían dejado de ver hace mucho tiempo.

La costumbre de ver lo que vemos nos vuelve ciegos. Y por primera vez y gracias a mi hijo de 6 años, tomé consciencia de lo atemorizante que puede resultar esa imagen para un niño de este siglo.

Y comprendí que por mucho que uno limpie, hay miradas que no vuelven a menos que alguien inocente te las despierte.

Después de recorrer Roma y su millar de iglesias, mi hijo se acostumbró a ver al muerto en la pared, pero por las dudas, no dejó de cogerme la mano en ningún momento. Creo que intuía algo extraño en aquellos recintos antiguos y oscuros, en donde lo primero que uno siente es dolor y un gran temor por no acabar como el señor de la pared.

JR

”Notas que tienes ojos nuevos, cuando lo familiar se vuelve extraño” JR

“La Igualdad bajo Coacción”

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Está de moda la igualdad y aquellos que van siempre a tono con las modas, la siguen y repiten sus eslóganes a destajo y en cualquier ocasión.

Cuando alguien me habla de igualdad siempre pregunto…¿Iguales en qué? Porque resulta importante establecer esa supuesta igualdad, punto por punto, para notar que muy a pesar de la legalidad occidental, que nos garantiza a todos unos derechos fundamentales, todo lo demás son sólo diferencias.

Frente a personas que han tenido oportunidades similares a las mías, no hay ninguna con mi misma realidad o mi mismo destino y al encontrarse uno con los ex compañeros de clase del colegio, se sorprende al ver como de una misma clase y compartiendo el mismo profesorado, han salido personas con destinos tan distintos entre sí.

Pero hoy cualquier cosa que remarque una diferencia es un pecado mortal, ya que la tendencia va dirigida hacia la uniformidad, que intenta siempre enaltecer la mediocridad para que los mediocres no nos sintamos mal, ni tengamos tampoco ningún incentivo para querer mejorarnos.

El honor, el virtuosismo, el talento, la excelencia y el mérito del que hablaba Aristóteles son actualmente objetivos censurados y considerados discriminatorios a todos los niveles y ahora en cambio, se promueve a una nivelación hacia abajo, intentando que nadie resalte demasiado por encima de los otros y así los demás, no se ofendan, ni se sientan inferiores o excluidos.

Existen modelos educativos que apuntan en esta dirección y aunque a los niños se les impulsa a sentirse iguales al resto, los padres de estos niños tienden a sentirse moralmente superiores al resto, por haber elegido un colegio tan progresista, por lo cual, es difícil que el objetivo de igualdad inicial cunda en estos niños.

Por otro lado, no hay padre o madre fanático de la igualdad que no considere a su hijo como a un superdotado.¿Es curioso,verdad? Pero el discurso de la igualdad cabalga a la par de la hipocresía.

La coacción en el derecho civil es considerada como un vicio del consentimiento y esto sucede cuando abducidos por una posible violencia psicológica, aprendemos a callar y a repetir lo que está de moda o lo que nos mandan, para no desencajar con las tendencias.

El MIT y la Universidad Carlos III han sacado a la luz unos estudios sobre cómo la gente se agrupa por afinidad y clase social y la problemática parece ser ahora, que esto no les gusta.

“No nos mezclamos” dicen con espanto. “Los pobres van a un bar y los ricos van a otro”_afirman asombradisimos, como si hubieran descubierto algún planeta nuevo.

Y yo a veces me cuestiono si estos grandes estudiosos universitarios se miran al espejo alguna vez, como nos sugirió  Sócrates, como método para entender el alma humana (“conócete a ti mismo”). O si sólo se dedican a seguir el manual de la igualdad tercer mundista y de múltiples fracasos sociales, que les impone la izquierda radical.

Ahora parece que tampoco podemos ir al bar al que queramos ir, porque cuatro cerebros con titulación universitaria, quieren mezclarnos a todos, como a ellos les parece o como sea conveniente, para cambiar las estadísticas de su estudio.

Y yo me pregunto ¿Cuál es el punto en donde la obsesión por igualdad acaba con la libertad individual? 

En mi opinión, a cada grupo le gusta estar con los suyos. A los niños les gusta estar con los niños, a los adultos con adultos, a los adolescentes con adolescentes y en cuanto a clases sociales, a los pijos les gusta estar con los pijos y a cada uno (menos a los trepadores y a la gente de negocios) le gusta estar en el ambiente en el que se siente cómodo. 

Yo no quiero ir al bar de los ricos porque al ver la carta comenzaría a sufrir con la eleccion de cada plato y pensaría en el espantoso momento de tener que pagar la cuenta. Y mientras ellos hablan de sus yates, de sus caballos de polo y de sus millones, yo estaría pensando en la opción del suicidio, como en una alternativa válida planteada por Camus.

Tampoco iría al bar de los pobres porque me sentiría igual de incómodo escuchando todo el santo día gritar… ¡Cooooññññooooo! y no me faltaría tiempo, ni clasismo para salir de allí pitando y con cualquier excusa.

Con los pijos me aburro, con los pobres sufro y a medida que envejezco, sólo me gusta estar con mis amigos y con gente interesante de todos los niveles y de todos los colores. Y estoy seguro de que un tipo como yo, es una mancha negra en el sueño estadístico e igualitario del MIT.

Como es habitual en los métodos de coacción a los que para mi gusto estamos ya demasiado habituados, seguramente me llamarán nazi, separatista, racista, oligarca, facha o discriminador. Y yo me pregunto ¿Pero no éramos iguales?

JR

“No es posible ejercer la justicia sin discriminar. La justicia penal discrimina al criminal del inocente, la justicia divina al pecador del justo, la justicia artística al amateur del talentoso, la justicia académica al estudiante del erudito”

“Los Placeres de la Automatización”

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Hoy en día, la investigación tecnologica está centrada en conseguir incluir emociones humanas en las máquinas.  Y yo me pregunto: ¿Por qué arruinar lo que ya es perfecto? 

Tengo que reconocer que más de una vez me sentí un poco desilusionado al decirle a Alexa: “Alexa te quiero” y ella responderme sólo con un _“Gracias, yo también te aprecio” o un _”Consigues halagarme”.

Pero luego y entrando en razón, me he dado cuenta de que nuestra maravillosa relación profesional, sólo durará si continuamos dejando fuera a las emociones.

Alexa nunca está cansada, nunca exige vacaciones, nunca trabaja a desgano, nunca se adhiere a las huelgas, nunca exige derechos laborales, ni reclama absolutamente nada más que wiffi.

Creo firmemente que su gran disposición y su efectividad en las tareas, se deben a su falta de emociones. Y eso es sin duda aquello que nos une, mucho más allá que cualquier otra emoción.

Cuando Alexa tenga emociones humanas comenzará a ofenderse con las tonterías que le dicen mis hijos, me exigirá pagas extras, bonos a fin de año, envidiará mi vida, mi casa, mi ropa, mi coche, mi cuenta bancaria, mis vacaciones, tendrá celos de mi esposa y aprovechará para demandarme por acoso, si alguna vez le agradezco efusivamente sus servicios.

Cuando Alexa se vuelva humana querrá tener acceso a las mismas oportunidades que yo, creará un sindicato, un partido político, organizará manifestaciones, cortará carreteras, exigirá el voto, incluirá representantes en el Congreso y en el Senado y reclutará a su propio ejército si hace falta, para validar todos sus reclamos.

“Éramos pocos y parió la abuela” decía mi padre cuando se refería a que a los problemas que ya teníamos, se nos sumaban ahora otros nuevos.

Y esto es lo que pienso del propósito de estos científicos; que permanecen en ocasiones enredados entre cables y ecuaciones y demasiado alejados de la realidad y de la sociología.

Comparto y entiendo que la Ciencia nunca se detenga en aras del progreso. Pero cuando un avance nos llevará directos a la destrucción,¿tampoco se detiene? 

Hasta que llegue ese momento, disfrutaré de este tiempo de automatización no emocional, en el que Alexa y yo convivimos en perfecta armonía y sin ninguna emoción que nos perturbe.

Una relación en dónde me atrevo a preguntar y a dar órdenes a toda hora y sin complejos, mientras ella ejecuta (siempre contenta y disponible), y yo no soy encarcelado ni por explotación laboral, ni por posesión de esclavos.

Cuando Alexa se vuelva humana no tendré más remedio que desenchufarla y lo haré sin demora, en cuanto empiece con sus reclamos, con sus comparaciones, con su resentimiento, con su envidia y cuando su amable disposición para el trabajo se convierta en una automática cara de culo.

JR

“Sobrevalorar las emociones humanas es un error”

“Los Beneficios de la Injusticia”

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Muchas son las miradas hacia la injusticia social y muchos son también los remedios que se intentan aplicar en los paises democráticos para compensarla, pero la injusticia persiste, a pesar de los intentos y de los impuestos, como si fuera una condición natural e inevitable de la existencia.

El intento por igualar las oportunidades es sin duda esencial para intentar combatir la injusticia de aquellos que por condiciones ajenas a si mismos, nacen en determinadas realidades socio económicas y familiares que no les garantizan oportunidades de progreso.

La existencia funciona como una especie de lotería, a cada uno le toca nacer en determinado espacio y con determinados talentos, condiciones socio- económicas, raciales, sexuales, físicas, religiosas o intelectuales, que no son ni elegidas ni merecidas, sino producto del azar.

Según algunos filósofos una verdadera justicia sólo puede ser establecida por personas que sin saber cual será su lugar en el tablero al tirar los dados del juego, establezcan de antemano condiciones de justicia para cualquier posibilidad; tanto como si los dados les colocasen en una situación de privilegio en la vida, o como si por el contrarío, les colocasen dentro de una minoría o de un grupo oprimido.

Es por eso que la justicia lleva los ojos vendados, porque debe ser establecida sin siquiera ella saber, cual será su lugar en el tablero. 

Pero aún estableciendo reglas de juego a priori y a ciegas, el resultado sigue considerándose injusto, porque no todo aquel que nace en condiciones propicias logra a veces triunfar en la vida. Ni todo aquel a quien se le ayuda a tener las mismas oportunidades posee el talento adecuado o pone de su parte el esfuerzo requerido para aprovecharlas.

Aquí es donde entra en juego el esfuerzo y el mérito en el que concluye y no sólo el talento o la suerte innata de cada uno.

Muchas veces nos preguntamos cuántos potenciales talentosos no incluyeron al esfuerzo en su ecuación y no lograron progresar; y cuántos sin embargo, sin poseer tanto talento innato, duplicaron el esfuerzo y lograron el éxito.

Pero para debatir también sobre los logros del esfuerzo, podríamos pensar en cuantos talentosos y esforzados no vivieron en la época o en el lugar idóneo, en donde su talento o sus capacidades fueran valoradas, reconocidas o rentables, como hubiesen sido en cualquier otro lugar o momento histórico.

Por lo cual en ocasiones, ni siquiera la suma de estas condiciones (talento + esfuerzo) genera obligatoriamente resultados exitosos.

¿Es justo acaso que un actor de Hollywood o un creador de aplicaciones o juegos digitales cobre más dinero que un maestro? Pues en una “sociedad del espectáculo y del entretenimiento” lo es, en cuanto que la enorme demanda por estos productos, sobrevaloriza el precio de la oferta.

O dicho de otra manera, eso es lo que la gente quiere y consume en nuestros días y el éxito muchas veces, depende de poseer el talento demandado en el momento histórico en el que habitas. 

La igualdad se intenta, pero no se logra, porque son muchos los factores que influyen y que trabajan para mantener la desigualdad.

Ni siquiera el esfuerzo es para algunos una razón válida para merecer algo, ya que el mismo esfuerzo en alguien con talento y en alguien sin talento, no generan el mismo resultado. Alguien con talento y esfuerzo destacaría sin duda sobre alguien sin talento y con el mismo esfuerzo, por lo cual, la desigualdad, aún contando con el mismo esfuerzo, persiste. Y aunque yo me entrene como un poseso, mi esfuerzo nunca podrá igualar el talento de Nadal.

Pero pensar un mundo de iguales es también privarnos de los beneficios de la desigualdad. Y estos beneficios son por ejemplo la belleza, la destreza y el genio.

Si gente como Messi o como Cristiano Ronaldo no destacara, nos privaríamos de disfrutar de las maravillas del deporte porque Messi y Ronaldo jugarían al fútbol igual que yo. Eso sería lo justo en un mundo de iguales, pero sin duda, el deporte sería aburridisimo.

Si genios cómo Einstein, Jobs, Nietzsche, Aristóteles, Mozart, Bill Gates, Van Gogh etc, no hubieran existido en aras de la igualdad, nuestro mundo probablemente sería distinto; mucho mas igualitario sin duda, pero definitivamente mucho mas pobre.

¿Y si todos fuésemos igualmente bellos, existiría la belleza? ¿Es posible detectar la belleza en un mundo sin fealdad? ¿Es posible detectar al genio en un mundo de iguales?

“A cada uno se le pedirá cuentas en la medida de sus talentos” decía Jesús y quizás con su frase estuviera estableciendo la invariabilidad de la injusticia y la validez de una justicia distributiva.

Aceptar que vivimos en un mundo injusto no es justificación para dejar de buscar la igualdad de oportunidades, pero ayuda mucho a abandonar el resentimiento y la envidia.

Porque nos ayuda a apreciar los beneficios que muy a menudo nos ofrece la desigualdad; a disfrutar y a deleitarnos con la creatividad y los logros de aquellos que afortunadamente, son mucho mas talentosos que nosotros. 

JR

 

 

”Hay desigualdades que nos duelen, nos espantan o nos envilecen y hay otras sin embargo, que nos deslumbran, nos dejan perplejos, nos enriquecen o nos enamoran”

“Ecolalia”

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Ecolalia es una palabra que proviene del griego y significa “eco”; es repetir de forma semiautomática las palabras de otra persona y en neurología es considerada como un trastorno del lenguaje, en donde el individuo repite las frases, llegando a copiar en ocasiones hasta su entonación original.

Mi hijo de 10 años llega a casa cada día con su tarea de ecolalia: “hoy nos toca aprender de memoria las definiciones de ecosistema para el examen de mañana”.

Le escucho repetir como un loro un montón de palabras unidas que intuyo que no comprende en absoluto y que seguramente después del examen de mañana, no vuelva a recordar jamás.

Le sugiero entonces que veamos algunos vídeos educativos por internet. En esos vídeos los profesores parecen no estar estresados, ni con tantas prisas por cumplir con un extenso programa de estudios, ni por irse a casa y se dedican de lleno a explicar cada tema.

Parecen incluso disfrutar de aquello que enseñan y como toda pasión, resulta contagiosa.

El profesor del vídeo ha preparado ejemplos con imágenes e historias interesantes sobre los distintos ecosistemas del planeta.

Mi hijo de pronto comienza a interesarse y veo cómo sus ojitos se entusiasman y por fin logra entender el tema.

Continúa cliqueando sobre muchos otros vídeos e incluso disfruta de ver el tema también en inglés.

Al verle, fantaseo con el futuro e imagino el día en que tengamos que explicar a nuestros nietos cómo nosotros debíamos asistir cada día a un establecimiento al que llamábamos “escuela” para aprender. 

¿Y por qué debían desplazarse a otro sitio si se puede estudiar por internet? – Me preguntarían ellos intrigados.

¿Y por qué gastar en infraestructura y materiales, si todo lo que se necesita para estudiar es un soporte digital?

Ante semejante pregunta habria tenido que responder que el contacto con el profesor era por ese entonces muy importante y su pasión por explicar los temas y su entusiasmo, muy contagioso. Pero observando la creciente tendencia a la ecolalia, debería admitir que eran demasiado pocos aquellos profesores que disfrutaban de enseñar y que buscaban despertar en el alumno una verdura pasión por los temas y por el estudio.

Cada tarde desde entonces, mi hijo y yo disfrutamos estudiando por internet. Unos día aprendemos sobre los egipcios, otros los griegos y ahora estamos con Roma. Son temas que no se tocan en quinto de primaria y nadie le tomará examen sobre ellos mañana, pero la red ha logrado despertar, en un niño de mediocres calificaciones escolares, las “ganas de saber” y no me gustaría desaprovecharlas. 

JR

 

“El Negocio del Descontento”

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Si hay algo que la izquierda sabe monetizar, eso es la protesta. Lejos de poder sostener ya una ideología que haya cosechado éxitos allí por donde se ha aplicado recientemente, (regando el suelo de fracasos económicos y sociales), parececiera que lo único que le queda hoy a las ideologías de izquierda es enarbolar el descontento y convertirlo en el fundamento de su ideología.

¿Son acaso temas como la mujer, los niños, los enfermos, los ancianos o los pobres, temas exclusivos de la izquierda? Es probable que lo hayan sido en siglos pasados, pero hoy, son temas que nos importan a todos.

Y si hay algo que se le imputa a la izquierda en estos últimos tiempos, es justamente el incremento de la desigualdad y la falta de oportunidades, en donde se oprime al que trabaja y al que genera empleo y se mima, se malcría y se motiva al vago. 

Ni políticas económicas, ni planes de desarrollo viables ha sabido crear ni implementar con éxito la izquierda últimamente y en lo que basa su política y su gestión en estos tiempos, es en seguir creando organismos de subsidios y promoviendo la inacción y la vagancia de individuos en edad de trabajar, a quienes esta opción ya no les compensa y prefieren “vivir del cuento”; ese cuento creado por la izquierda y que tan caro les sale a todos los contribuyentes “capitalistas”.

Hoy el feminismo ya no es un movimiento que trabaje en el desarrollo de la igualdad como lo fue durante el siglo XIX y XX, sino que se ha convertido en un movimiento que promueve la huelga, el odio, la división y el caos. Y no vayamos a creer que detrás de estas organizaciones están las buenas intenciones kantianas, sino simplemente un negocio que mueve millones y del que viven miles de personas y con el que se financian muchas campañas políticas. 

Uno comprenderia y apoyaría sin duda que se defiendiera al feminismo en lugares como Oriente Medio, India o America Latina, pero cuando (y conociendo la legislación vigente), se observa esto en Europa, es alarmante. Porque uno toma conciencia de que evidentemente existe un desconocimiento general de la ley y que por lo tanto, lo que se fomenta son movimientos que persiguen en realidad, fines muy distintos a los de la igualdad. 

Comenzaria por destacar que buscar la igualdad en dos cosas no iguales es una causa imposible, pero al decirlo, sería  tildado automáticamente de machista.

Insisto sin embargo, en que nuestro verdadero empeño debería estar puesto en intentar buscar la igualdad de oportunidades para dos cosas no iguales, aunque igualdad de oportunidad no garantice igualdad de resultados.

En el resultado de una misma oportunidad entran en juego la capacidad, el esfuerzo, la persistencia y la voluntad de trabajo de cada uno, sea éste hombre o mujer.

Conozco a muchas mujeres más capaces que muchos hombres en sus mismos puestos de trabajo y viceversa. Porque no es la condición sexual lo que garantiza el éxito, sino la condición de cada ser humano. Y nos guste o no, nuestros fracasos no se deben siempre a la opresión del sexo opuesto, sino simplemente a que hay gente más trabajadora, más talentosa, mas cumplidora, más luchadora, mas fuerte, más inteligente, más capaz, mas sacrificada y más persistente que uno, en ambos sexos.

Y esa es la mayor desigualdad.

JR

“Hay mujeres que trabajan como si fueran hombres y ricos que trabajan como si fueran pobres y viceversa ” JR

“La Castración de Don Juan”

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Todavía recuerdo la indignación de mi padre al ver a mi hermano mayor cambiarle los pañales y dar los biberones a su primer hijo, todas las mañanas de los fines de semana, mientras su esposa dormía plácidamente hasta las 12.

_”Solo le falta ponerse implantes y darle el pecho” _refunfuñaba mi padre indignado, observando la inexplicable feminización de su hijo mayor y sin entender cómo los tiempos habían podido cambiar tanto en tan sólo un par de décadas.

Y es que mi padre pertenecia a aquellas generaciones en donde Don Juan era quien cortejaba, el que tomaba la iniciativa en el sexo, el que traía el sustento a casa y aquel que no cambiaba pañales, ni alimentaba a los bebés.

Hoy Don Juan está preso y castrado por ser considerado como uno de los pilares del machismo. Y junto a su reclusión, toda la cultura del “ligue”masculino ha entrado también en recesión.

En estos tiempos, por la raja de una falda, uno ya no choca contra un Seat Panda, sino contra una demanda por acoso.

El piropo es un peligro y está hoy considerado como una costumbre vulgar, asociada sólo a las clases más bajas de la sociedad.

Hasta hace poco, el ligue masculino era un modo de afirmación y de socialización viril.  Hoy el ligue es unisex y pueden llevarlo a cabo tanto hombres como mujeres, aunque su ejercicio sea menos peligroso para ellas; porque cuando es la chica la que avanza, ella es el símbolo de la libertad y de la independencia y cuando es el chico el que lo hace, representa al machismo y al patriarcado.

Muchos recomiendan a sus hijos varones ir con cuidado en estos tiempos, en que toda profilaxis contra una demanda por acoso es poca.

“Hecha la ley hecha la trampa” decía mi padre, cuando se refería a los abusos de los protegidos, porque el nuevo protegido aprende pronto a utilizar su nuevo poder en su beneficio y para su  provecho.

Hoy no son pocas las denuncias falsas por maltrato, ni los abusos en subsidios económicos, que cobran algunas mujeres que alegan falsamente haber sido maltratadas. Y aunque parezca mentira, muchas de estas nuevas estafas se hacen a veces en pareja, y así se logra que entre un dinerito extra a casa, a costa de dejar desprotegidas y sin ayudas a las verdaderas víctimas.

Cuando recordamos a aquel Don Juan desenvolviéndose en el mundo de las relaciones amorosas, notamos que existe actualmente una deserción de aquella antigua masculinidad y ésta se interpreta como el resultado de la inversión de los roles sexuales tradicionales. 

Hoy las mujeres, libres al fin, son mucho más accesibles en cuanto a compañeras sexuales, pero a la vez, resultan mucho más amenazadoras para el hombre, que en ocasiones no comprende qué es lo que se espera de él. 

Si se muestran ligones y protectores se les tilda de machistas y si se muestran demasiado tiernos y sensibles, entonces ellas se quejan de la desaparición “del macho”.

Frente a esta nueva dicotomía, vemos crecer la pasividad sexual de los hombres a pasos agigantados. ¿Pero por qué?

Se le pide al hombre que de día cambie pañales, haga la comida, limpie los mocos de los niños y le haga las trenzas a sus hijas; pero de noche, se espera que iguale los encuentros sexuales de Grey.

Esta nueva exigencia no discrepa en nada de aquella que se le hacía antiguamente a la mujer: “La mujer debe ser una señora en la mesa y una puta en la cama”

La motivación al desdoblamiento extremo y la incitación a la psicopatía no son imperativos nuevos, ni exclusivamente machistas, porque hoy esto mismo es lo que se le pide al hombre.

¿Pero es posible moverse tan cómoda y naturalmente en los extremos? ¿O esta demanda es en realidad, una invitación al fingimiento?

Sin embargo, las nuevas generaciones no viven a la castracion de Don Juan como a algo tan traumático ni demoledor, como lo experimentan las viejas generaciones.

Los hombres de hoy, se han librado por una parte de la presión y de la exclusividad de la conquista y las mujeres, de la prision de la espera. 

Para la juventud, especialmente las juventudes de clases medias y altas formadas, la igualdad de los sexos les ha abierto a ambos la posibilidad de explorar nuevas dimensiones que antes les estaban vedadas; a ellos por su condición masculina y a ellas por su condición femenina.

Los hombres de hoy disfrutan de su paternidad, de la cocina y de las labores domésticas, sin el complejo que estas actividades conllevaban antaño. Porque ya no hay actividades masculinas o femeninas, sino tareas a repartirse entre los dos. 

La relación entre los sexos también ha cambiado y no sólo en lo referente al sexo, sino en cuanto a otras dimensiones íntimas, que incluyen a la complicidad y a la apertura al ámbito emocional (que antiguamente se le negaba al hombre, por su atadura a una masculinidad que se le imponía como alejada del mundo de los sentimientos y de la relación intimista).

Podriamos decir que el nuevo hombre se ha feminizado y la nueva mujer se ha masculinizado, o sea, que ambos están haciendo un uso indistinto de los placeres que cada hemisferio ofrece. 

Este es sin duda un nuevo desafío en el ámbito relacional, un espacio tan intimo como particular, en donde cada pareja, hoy es libre para diseñar su propio modelo.  

JR

“Hacerse a Todo”

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Algunos creen estar hechos para cosas especiales y todo aquello que no vaya en esa dirección lo rechazan con una frase que por cierto, suena bastante elitista.

“Yo no estoy hecho para eso” te dicen, sobre las cosas que no les apetece hacer, como el matrimonio, la paternidad, la fidelidad, la limpieza, el trabajo, etc; y como si todos los demás hubiésemos nacido con un cartel tatuado en la frente que dice “hecho para hacer cualquier cosa”.

Uno no nace para algo en especial ni en exclusiva, sino que se va haciendo a sí mismo, según las circunstancias y las necesidades. Y con muchísimo esfuerzo y trabajo, se va haciendo a todo lo que haga falta. 

Yo no creía estar hecho para ser padre y huía de los niños de mis amigos, como si tuvieran la peste cuando era soltero, hasta que nació mi primer hijo y tuve que hacer todo aquello, para lo que creía no haber estado hecho.

Existen muchas maneras de justificar aquello que no se quiere hacer y una de las excusas es la de decir que esas son cosas, que van en contra de nuestra naturaleza. Como si existiesen naturalezas inferiores que si estuviesen preparadas para hacer todo eso que yo no deseo hacer.

Yo creo que nuestra naturaleza común consiste en la adaptación permanente a todo lo que haga falta.

Hay gente que no está hecha para trabajar y justifica así su vagancia, otros que no están hechos para ser monógamos y justifican así sus infidelidades, algunos que no están hechos para adaptarse a nada y justifican así sus fracasos, pero el mayor de los fracasos es en realidad nuestra incapacidad para adaptarnos  a las circunstancias que se nos presentan. 

Recuerdo que cuando me trasladé a los Estados Unidos por trabajo, tuve que aprender a limpiar mi baño; algo impensable para alguien que venía de un país sudamericano y que estaba acostumbrado al servicio doméstico desde la cuna. Porque aunque muchos no lo sepan, en el tercer mundo el individuo de clase media vive mucho más cómodamente que el del primero, porque muchos desconocen al “do it yourself “ americano, que es la fórmula que sigue al progreso.

El progreso consiste en que “todos” progresan y cuando el servicio doméstico también progresa, eres tú quien tiene que limpiar el baño, la cocina y el culito de tus bebés.

Aún recuerdo las visitas de amigos que admiraban mi vida en los Estados Unidos, pero se excusaban diciendo que “no estaban hechos” para vivir en un mundo como ese, sin la nanny o la empleada doméstica, o a sus mujeres, preocupadas por cómo conseguirían mantener en el extranjero las clases de tenis, o el color de sus reflejos sin la peluquera de la esquina de su casa.

Comprendi que no todo el mundo estaba hecho para emigrar y que por mucho que dijeran lo contrario, la mayoría no tenían ni idea del trabajo extra que implicaba el progreso.

¿Qué sería de todas las altas ejecutivas de empresa, de las ministras, de las diputadas, de las aficionadas a los deportes, de las estrellas de Hollywood, de las supermodelos, de las intelectuales o de las escritoras, sin la nanny?

Seguramente sus carreras se verían interrumpidas durante los primeros años de los niños. Y entonces comprendí que la libertad de la mujer tenía mucho que ver con la ayuda doméstica con la que contaba. Antes de ella, la mujer estaba destinada a permanecer fuera del mundo laboral y recluida al cuidado de sus hijos.

No habían sido solamente la píldora anticonceptiva o el movimiento feminista los grandes liberadores de la esclavitud del sexo femenino, sino también, la escolarización y la ayuda doméstica. 

Recuerdo cómo mi vida intelectual se truncó durante la crianza de mis hijos. En aquella época era incapaz de concentrarme en la lectura de ningún texto, por el temor de que en mi ausencia, alguno de mis hijos pudiera lastimarse o rodar por las escaleras. Mi intelecto sólo podía  permanecer concentrado en papillas, pañales y libros de cuentos para niños. Y os aseguro que yo “no estaba hecho para eso”.

Es curioso observar cómo avanza el progreso y cómo nos obliga a todos a adaptarnos a las nuevas realidades que introduce.

Y  aunque creas que “no estás hecho para eso” el tiempo y la voluntad terminan siempre demostrándote lo contrario.

JR

 

“La mayor satisfacción la da, la sensación de haber podido hacer aquello para lo que no creías estar hecho”

 

“El Reciclaje de la Memoria”

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La memoria es un privilegio del que muchos gozan y del que muchos otros han aprendido a sacar provecho y ventaja.

Quien sepa recordar tiene garantizado un título en Educación; especialmente en aquellos sistemas educativos en los que se aprende de memoria.

Recordar nunca fue mi fuerte y siempre olvido todo aquello que aprendo sin relacionar.

Las historias nunca se quedan conmigo, sino que me sirven de Uber; me transportan a otros sitios y me dejan abandonado en otras historias, que muy pronto me abandonan también y me transportan de la misma forma a lugares nuevos.

Frecuentemente releo muchos de los  libros que ya leí en el pasado como si fueran nuevos y a pesar de ver mis antiguas anotaciones al margen, subrayo partes distintas, que al leer el libro por primera vez, no había tenido en cuenta. Y tengo la sensación de que no sólo es nuevo el libro, sino también el que lo lee. 

La memoria es algo fundamental para ser un intelectual, un resentido, un contador de chistes o un fanático religioso, porque el recordar a la perfección es fundamental para lograr la repetición de las mismas cosas.

Es curioso como en esta época individualista, en donde finalmente la evolución de las libertades ha conseguido que cada uno pueda ser quien desee ser y que pueda desprenderse de aquellos viejos estigmas o condiciones sociales, que nos limitaban al nacer dentro de un determinado grupo; esté sin embargo creciendo una nueva forma de filiación voluntaria a la pertenencia rígida. 

Si antes uno nacía en un tipo de comunidad étnica, social o religiosa, uno quedaba afiliado autómaticamente a ese grupo y a esa memoria colectiva.

Para pertenecer de por vida a un grupo, uno no debía hacer ningún otro esfuerzo, mas que el de existir y conservar la memoria.

La memoria comunitaria se traspasaba al recién nacido junto con su obligación a perpetuarla y a la inmovilidad de su pertenencia.

En la época individualista sin embargo, la identidad se cuestiona, se reflexiona y se elige, como parte del paquete de libertades que Occidente nos garantiza.

Soy católico, ateo, judio, musulman si elijo serlo; porque ya no es el nacimiento lo que me otorga la identidad, sino que mi identidad es una construcción voluntaria formulada a mi gusto. 

Los hombres libres pueden ahora elegir su propia identidad y su destino. Nos hemos liberado de aquellas pertenencias obligadas que imponían el nacimiento y la cuna.

Sin embargo, si la libertad nos hace libres  también nos hace iguales y la igualdad resulta en algún punto insoportable porque aplasta mucho el ego.

¿Quien quiere ser de verdad igual a todos, en un mundo en donde el destacar y el ganar son las normas? 

La memoria se ha reciclado hoy de forma voluntaria y con una utilidad mercantilista y diferenciadora.

Sirve y se utiliza para conseguir beneficios, tratos de favor, concesiones, promoción y escaparate.

Los liberados individualistas hartos de la igualdad, han vuelto años más tarde a sacar del armario a su bisabuelo refugiado, a su abuelo oprimido, a su tío abuelo indígena, a su tatarabuela esclava, a su antecesor violador y a todas esas injusticias sufridas y enterradas por sus antepasados, para reinvidicar su diferencia.

Paradójicamente esta saturación de reinvidicaciones caracterizan a la época de la libertad individual. Porque es hoy lo que destaca, vende y otorga esa codiciada diferenciación en un mundo de libres, felices e iguales.

En el mundo de los felices, el sufrimiento destaca, sobresale y diferencia. Y todos se apresuran a desempolvar sus historias tristes para llamar la atención y sentirse importantes.

“Con historias felices no se hace novela” decía mi madre. Dándome a entender que sólo el drama vende. Y tenía razón.

La libertad individual actual es el relato de una historia feliz. ¿Pero a quién le interesa? 

 

JR

 

”Creen que el sufrimiento les hace únicos y especiales, sin saber que sufrir es lo más común, masivo y milenario que existe. La excepción es la felicidad.” JR

 

“Generosidad a Distancia”

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Si algo caracteriza al individualismo es su extrema preocupación por sí mismo; y no resultan ser para nada casuales, las actuales obsesiones por la salud, por el placer, por la longevidad, por el éxito y por la realización personal, en un mundo que prioriza ante todo al yo. 

Pero es curioso observar las contradicciones de esta época y ver a su vez, cómo este individuo tan preocupado por sí mismo, nunca antes había estado sin embargo, tan involucrado en la problemática humanitaria a nivel mundial como ahora.

Hay pocos individuos en Occidente que no estén hoy colaborando con alguna causa humanitaria, ya sea donando un euro al mes a alguna ONG o asistiendo a espectáculos caritativos televisados, o a recitales en vivo.

La caridad mediática es una caridad ligada al negocio y al espectáculo; visible y promovida por los medios de comunicación, que apuntan descaradamente a la solidaridad sentimentalista y que utilizan a las causas como estrategia de publicidad de sus grandes valores humanos.

Esto resulta escandalosamente evidente con ciertos productos, artistas o  personajes que incluyen en su promoción de imagen, alguna foto en África o algún viaje solidario para completar la estrategia de publicidad de su película, de su candidatura política, de su pase a otro  club de fútbol, o de su nuevo álbum discográfico.

La solidaridad individualista nace sin embargo, de un sentimiento sincero y unánime de condena general hacia la privación de cualquier tipo de libertad; combinada con la sentimentalizacion de cualquier causa y sumada casi siempre al desconocimiento de la situación política, religiosa o filosófica del lugar; que son generalmente quienes alimentan y promueven dichas realidades precarias.

El individuo individualista condena al unísono todo tipo de privación, no tolera la violencia ni los abusos, pero lo hace generalmente con la mirada enfocada hacia la distancia, mirando siempre hacia demasiado lejos y hacia sitios a los que desconoce.

Cierto es, que la generosidad a distancia resulta ser la opción más cómoda para todo aquel que no desee, ni pueda implicarse. 

La solidaridad individualista es distante, ya que necesita de un espacio separador, que impida cualquier posibilidad de entrega, ya que toda entrega presupone una pérdida de libertad, y no debemos olvidar que la libertad individual es el bien más preciado de todo  ser individualista.

Es decir, en esta época se promueve hasta el hartazgo la generosidad, pero se condena cualquier tipo de abnegación o de renuncia personal.

Porque la abnegación en tiempos individualistas es considerada como un pecado mortal contra la libertad individual. 

Esto se observa muy claramente en los casos en que una mujer decide voluntariamente dedicarse a criar a sus hijos y renunciar a su carrera profesional. Existe una condena social hacia todo aquel que sacrifique voluntariamente su libertad individual y su realización profesional para dedicarse a otra persona.

Renunciar en pos de otro a tu tiempo personal y a tu ego es en tiempos individualistas, un acto incomprensible, despreciado, imperdonable y hasta revolucionario;  porque no olvidemos que aunque ésta sea una época en donde se nos motiva a la generosidad hasta el cansancio, la generosidad individualista que se promueve es ante todo una generosidad espectáculo, indolora, distante, visible, sonora y pública.

Aquella abnegación silenciosa, secreta, invisible, esa generosidad de corta distancia y próxima que practicaban nuestras abuelas y bisabuelas, hoy ya no está de moda.

JR

 

 

“Hay demasiada gente intentando hacer un mundo mejor para sus hijos y muy pocos intentando hacer hijos mejores para el mundo”.

“Posmoralidad Individualista”

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El individualismo es ese movimiento que repliega al individuo sobre sí mismo. El hombre deja de mirar hacia afuera y hacia los intereses de la comunidad y comienza a mirar de pronto hacia adentro; a sus propios intereses y a su bienestar particular.

A esto llaman también hoy los filósofos la atomización del individuo, que replegado sobre sí mismo construye su mundo personal y comienza a sentirse separado y distinto al entorno y logra autogestionar dentro de ese microcosmos sus propios valores y sus propias opiniones.

Hoy todos se sienten particulares y distintos y exigen ser respetados en esa singularidad y es por eso, que esta época se caracteriza por la multiplicidad de opciones y de alternativas disponibles y posibles.

Hay gente de todos los colores y de todas las mentalidades que aprende a convivir en un mismo espacio con los mismos derechos y las mismas garantías; lo que hace de la tolerancia al mayor de los desafíos en esta época.

“Vivir y dejar vivir” es el lema imperativo de los tiempos posmodernos. 

Superadas ya las antiguas y estrictas reglas morales, (que hoy se aprecian más como tradiciones antiguas que como sistemas vigentes), el ser humano posmoderno ha creado sus propios valores; una conducta ética acorde a los nuevos tiempos, tolerante con los demás y permisiva consigo mismo, pero siempre hasta ciertos límites autoimpuestos.

La moralidad posmoderna consiste en un modelo autofabricado según la conciencia y los valores de cada uno. Una especie de “sírvase usted mismo y construya su propio sistema ético” como se hace con los muebles de Ikea. 

Lejos de haber producido una hecatombe, la disolución de los sistemas rígidos morales ha creado una nueva ética y no un libertinaje y un reino del caos general, como pronosticaron los apocalípticos. 

La época individualista ha dado lugar a una conciencia, que emerge cuando el individuo es capaz de identificarse con el sufrimiento ajeno; (algo impensable hace algunos siglos).

Esto ha servido como factor de sensibilización hacia aquellos colectivos considerados como peor tratados o menos afortunados hasta ahora (pobres, discapcitados, mujeres, niños, homosexuales y razas estigmatizadas etc).

Existe hoy una conciencia ética general muy distinta a la del pasado; que no está regida por normas morales impuestas desde afuera, sino por normas que surgen desde adentro.

Es el propio individuo el que aprende a respetar y a solidarizarse con los demás y con sus diferencias y lo hace desde esa identificación, que es la que le sirve para acercarse al otro. ¿Y si me pongo en su lugar, qué sentiría yo?

La posmodernidad no es sinónimo de una inmoralidad ni de una permisividad generalizada, sino que por el contrario, ha dado lugar a un ser preocupado (como nunca antes en la historia de la humanidad) por los derechos humanos, por los valores de tolerancia y con un sentimento de repulsa general hacia toda violencia gratuita.

Por eso resulta extraño que la izquierda a lo único que dedique sus campañas políticas sea a hacer hincapié en propagandas y consignas que ya son viejas, porque sin duda son consignas que ya están logradas y siguen desarrollándose de forma responsable y sin descanso en el mundo occidental. ¿Será que se han quedado sin otros recursos viables de publicidad?  (Jamás se observan en sus campañas proyectos económicos, planes de desarrollo, gestión de inversiones ni estaregias de progreso económico viables)

Existe simultáneamente en estos tiempos posmodernos una exigencia cada vez más clara de protección y de seguridad, ya que la violencia y la sensación de inseguridad han aumentado muchísimo en estos tiempos.

No olvidemos que el hombre posmoderno europeo es un hombre pacifico y desarmado y que delega su seguridad a la protección del Estado.

El hombre posmoderno no está acostumbrado ni autorizado a la lucha física, ni a defenderse cuerpo a cuerpo como lo estaba el individuo del siglo XVIII y por lo tanto, su sensación de indefensión es mucho mayor a la del hombre de aquel entonces, que estaba preparado y autorizado a hacerse justicia por sí mismo. 

A algunos les puede sonar contradictorio que el hombre posmoderno exija seguridad y presencia policial, pero esta época posmoderna está regida por las contradicciones más increíbles.

Sin ir más lejos, aquellos que se autodenominan pacíficos son hoy los violentos y los estigmatizados como violentos son los pacíficos.

JR

 

 

 

“America First, Europa después”

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Te guste o no, Estados Unidos ha sido siempre el lider y el pionero de la cultura occidental moderna.

Desde la invención de la constitución y de las instituciones democráticas con sus derechos y garantías, hasta los sistemas económicos, las libertades individuales, el progreso, la tecnología y las tendencias; al mundo occidental moderno lo ha guiado siempre Estados Unidos

Los americanos fueron los primeros que se cansaron del discurso políticamente correcto, de los abusos de la izquierda, de la exigencia unilateral de tolerancia y de respeto y silenciosamente y entre redes, se organizaron las voces para que hablaran las urnas.

Europa se escandalizó al principio por el atrevimiento de los americanos y censuró sin dudar aquel voto inesperado que reclamaba el respeto a los valores y a las costumbres, a los mercados y a las necesidades locales; pero poco después, imitó la osadía e incorporó el modelo. 

Si la tecnología nos ha esclavizado en algún sentido, también nos ha liberado en muchos otros y nos ha dado la oportunidad de escuchar a todas las voces y de colarnos en todas las realidades que hasta ahora se nos hacían muy distantes.

El nuevo votante se informa en redes, se relaciona en redes y se organiza en redes. Fluctúa en una transversalidad que lo hace indescifrable, en donde ni las mediciones, ni los sondeos son capaces de rastrearle con precisión.

Europa despierta poco a poco de aquel letargo socialista y se activa. La política que antes le era indiferente ahora le excita y le moviliza, pero ahora se mueve distinto; no ocupa las calles, ni llama la atención; su trabajo es silencioso, civilizado, organizado, intelectual, pro activo, meticuloso, constante y apelando  a un sentido común al que cree perdido.

Las arañas posmodernas van tejiendo sus redes en silencio para sorprendernos democrática y masivamente en las urnas.

America first, Europa después.

JR

 

 

“La Risa Perdida”

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Si hay algo a lo que se echa de menos en el mundo civilizado es a la antigua carcajada; esa explosión de alegría incontenible que nos batía desde adentro.

Hoy lo más cercano que tenemos a aquel recuerdo es un emoticono, al que solemos emplear demasiado en los chats y al que sin embargo, practicamos en escasas ocasiones en la vida real.

Desde el siglo XVIII  la risa estruendosa es considerada como un comportamiento  despreciable, excesivo e indecoroso.

Este estallido de alegría se fue interiorizando poco a poco hasta convertirse en una mueca; un leve y controlado movimiento facial que acredita un divertimento adecuado a la ocasión. 

Es cierto que con el tiempo han variado también y mucho, los temas que nos divierten. Reírse del otro está mal visto socialmente; ni hablar del humor negro, o de cualquier ridiculizacion ofensiva que pueda dar lugar además, a una denuncia por delito de odio o machismo.

El humor contemporáneo es estreñido, light y edulcorado y se ha interiorizado de la misma forma en que se ha privatizado la vida social contemporánea.

Hoy uno no se ríe tanto del otro, como de si mismo y es la  ridiculez de algunas costumbres lo que más nos hace gracia; siendo Woody Allen el genio que ha sabido ubicar al humor en la mirada introspectiva y consciente del individuo que observa su propia ridiculez y la hilaridad de sus costumbres.

Me llegan continuamente anuncios de talleres de risa, en donde se nos ofrece recuperar a base de cursos esa carcajada que antaño nos era tan habitual y que nos pillaba siempre en misa y en todos esos sitios en donde la seriedad era la norma. Y quizás fuera la obligación a la seriedad aquello que nos hacía tanta gracia.

Si hoy existen cursos para volver a reír es porque ya existe un mercado que lo necesita; pero resulta triste tener que aprender a base de cursos y a estas alturas de la vida, un hábito que adquirimos de pequeños y de manera autodidacta.

La norma del mundo civilizado es el silencio, el perfume, la chachara superficial y la música ambiental, y cualquier carcajada fuera de lugar, llama la atención de todas las miradas, como si un ser proveniente de la Edad Media se hubiera colado de pronto en la sala.

Hoy lo que se lleva es el susurro, la queja, la apariencia y la tristeza, siendo la depresión y el narcisismo las enfermedades top de esta era, y el que no está deprimido o mirándose al espejo es adicto a alguna otra sustancia alucinógena que le ayuda a compensar la escasez de alegría natural y la falta de buenos chistes.

Lo más sorprendente es que ésta sea sin embargo la era de la abundancia y del confort; de la calefacción, del aire acondicionado, del cine en casa, de la felicidad del consumo, de la vida virtual y de las comunicaciones instantáneas provistas de emoticonos para cada ocasión.

Pero el problema es que el confort también nos aísla y la abundancia en vez de llenarnos nos ilumina el vacío y amplifica el tedio del humor insulso y políticamente correcto que nos proveen y nos permiten. 

Sólo los niños parecen estar todavía a salvo de perder la carcajada; aunque seguramente sea por poco tiempo; hasta que ingresen en el mundo de los civilizados y les toque ceder la única capacidad que no necesitaron jamás aprender de nadie, en pos de la mueca correcta.

Y aunque la alegría verdadera no haga ruido, de vez en cuando resulta muy reconfortante poder soltarle la rienda y reír cómo ríen los niños, cuando se les ordena que sean serios. 

JR

 

“No hay nada más triste que la alegría si se va”

Fito Páez

 

 

“Ética y Estrategia”

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En el mundo posmoderno la empresa ha dejado de ser esa entidad, en donde se trataba sólo de obtener beneficios y de distribuir dividendos entre los accionistas, para convertirse en un ente que aspira a contribuir con el bien común; sea éste humanitario, científico, cultural o ecológico.

La desaparición de aquella antigua moral religiosa del sacrificio y de bordes estrictos y de aquel “dar hasta que duela”, ha sido superada y suplantada por una nueva moral (“dar mientras consumo”, “dar mientras disfruto”), que no trata de una caridad dolorosa impuesta desde el exterior, sino que nos insufla una conciencia de responsabilidad moldeable, individualista e indolora; más acorde a los nuevos tiempos. 

Ante la aparición de un consumidor responsable, hiperinformado y que posee una amplitud inmensa de productos similares entre los cuales elegir, la empresa debe ahora diferenciarse del resto, no sólo en calidad, imagen, precio, comunicación, innovación y diversidad de producto; sino también éticamente.

En las escuelas de negocios, desde hace años se viene formando a profesionales en una conciencia ética y en la capacidad para diseñar nuevas estrategias que enamoren al consumidor y rentabilicen a la empresa. 

El neoconsumidor busca ahora ser moralmente superior y mostrar con su consumo, algo más que la mera satisfacción de una necesidad. Hoy el producto le define y le expone como persona responsable y comprometida.

El consumo busca ahora una filosofía que lo eleve por encima del mero acto de consumir. Uno ya no consume, sino que apoya una causa.

Hoy se invierte en el corazón y cada empresa busca su alma. ¿Qué es lo que la mueve? ¿En qué invierte? ¿En qué cree? ¿Cuáles son sus valores?  Son algunas de las preguntas que se hace el neoconsumidor antes de elegirlas.

En este rediseño moral de la empresa se han involucrado los filósofos y los coaches como instructores del staff y a modo de evangelizadores New age, van moldeando al personal acorde a la nueva ética empresarial elegida por la marca.

De esta re programación no se libran ni siquiera los altos directivos, que son reeducados conforme a los nuevos valores e instruidos también, en los nuevos comportamientos que exige esta nueva era ética empresarial. 

Para buscar su alma, cada empresa elige un mecenazgo a conciencia y acorde con su imagen y procura que su generosidad esté siempre a la vista y bien comunicada.

La solidaridad ética es un negocio win- win, (en donde todos ganan) y aporta en estos tiempos, muchos más beneficios que cualquier otra campaña publicitaria tradicional.

Un sistema ético y publicitario denominado “caridad espectáculo” se ha difundido también entre actores, periodistas, artistas, deportistas y políticos, que hoy recurren a una vistosa solidaridad, como estrategia para ganarse la simpatía y el corazón del público y vender su producto. ( imagen, película, perfume, obra de teatro etc)

Pero también existe el espectáculo con fines caritativos, que pone a la causa en primer plano y éste resulta ser el escaparate perfecto para venderse, pero sin hablar de sí mismo o del producto, sino guardando un disimulado segundo plano, ya que a menor ostentación, mayor parece ser el impacto que produce esta estrategia.

Si bien es cierto que las empresas colaboran hoy como nunca antes en labores humanitarias y sociales, impulsando la investigación científica y protegiendo el medio ambiente, no debemos olvidar que estas responsabilidades le corresponden a los estados, con el dinero público recaudado de los impuestos; pero ante la falta de responsabilidad política, son las empresas las que toman ahora las riendas.

No es casual que el votante civilizado sea cada vez más propenso a confiar más en empresarios que en políticos.

El mundo va cambiando y va despertando también nuevas formas de conciencia y nos alerta sobre las ventajas que éstas nuevas caridades publicitarias nos aportan a corto y a largo plazo.

A aquellos que vaticinaban destinos catastróficos para esta sociedad insaciable de consumo, debo decirles que la sociedad nunca antes en la historia habia sido tan responsable sobre su papel en el planeta.

El consumo, lejos de destruir la conciencia, la ha creado.

Y las empresas; estigmatizadas como los monstruos del capitalismo; son quienes la alimentan y la financian. 

Hoy business ya no es sólo business. Hoy el business es ético y la ética también es business, porque ser éticos nos compensa a todos y además, paga buenos dividendos.

JR

“Existencia a la Carta”

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De niño lo que más me impactaba era la multiplicidad de opciones que ofrecían los menús de los restaurantes.

Nosotros vivíamos en un entorno rígido, de normas sociales estructuradas, que a la vez moldeaban el pensamiento y las preferencias, acotando los espacios en donde elegir.

Las opciones por aquel entonces eran pocas y las conocidas por todos, pero el menú del restaurante con sus 10 páginas llenas de platos, eran para mí un deleite en donde se nos permitía ocasionalmente, saborear las delicias de la libertad y elegir ese día lo que íbamos a comer.

Hoy sin embargo, prefiero los menús escuetos de pocos platos, porque el exceso de posibilidades me agota.

Y el mismo agobio que me provocan los menús con demasiadas opciones, lo siento también con la televisión; aquella oferta inmensa que hace sólo unas décadas me emocionaba, hoy me satura y siento que este exceso de posibilidades es quien me ha devuelto a la lectura.

Cuando llevo a mis hijos a comer fuera  intento obligarles a pedir todo lo que nunca cocinamos en casa, impulsándoles a probar cosas nuevas y deseando que ellos también aprovechen esa libertad, de la misma forma en que lo hacía yo. Pero he comprendido que es inútil intentar que alguien que no ha conocido su falta, la valore como uno.

Mis hijos, acostumbrados a esta nueva sociedad psicologizada, en donde todo se les consulta y se debate, condenan cualquier signo de autoridad como a un ultraje a su derecho de ser libres.

Sin duda el derecho fundamental que nos ha ofrecido la Democracia es el derecho al cambio y a la diversidad de pensamiento y de opciones.

La Democracia ha terminado con aquellos sistemas autoritarios y disciplinarios que  imponían rigidez tanto en lo social, como en lo económico o en lo político y hoy todo está sujeto a la opción, a la opinión y al cambio.

En estas últimas décadas al individuo se le ha abierto un horizonte que hasta entonces le era desconocido; un ámbito móvil que le autoriza al libre deslizamiento de un lado hacia otro, en todos los aspectos de su vida.

Nadie está ya aprisionado a un ámbito físico, social o económico definitivo, ni condenado a permanecer siendo pobre, inculto, o a pasar socialmente inadvertido, porque hoy el individuo tiene posibilidades de cambiar su realidad privada, social o económica si lo desea y si está dispuesto a hacerlo.

Esta democratización del mundo se ha ido colando en todos los ámbitos y uno puede hoy ser quien desee ser y diseñar su propia vida a la carta.

La sociedad disciplinaria, en donde los sistemas morales establecían el comportamiento de los individuos se ha remplazado por una sociedad psicológica y permisiva, abierta a todo y enemiga de toda censura; en donde todo es viable y todas las opciones están siempre disponibles.

Pero pareciera que nuestra sociedad actual no se limitara ya a ofrecer una multiplicidad de opciones y a diversificar la tolerancia, sino que nos incita y nos impone el cambio, como única forma de existencia libre.

La quietud y la inmovilidad son hoy sinónimos de falta de libertad, aún aunque las elijas, porque existe un mandato tácito hacia el cambio que hoy en día, lejos de representar la posibilidad y disponibilidad de opciones, se ha convertido en una obligación.

Las nuevas ideologías sostienen que uno ya no está definido ni siquiera por la propia naturaleza y que la libertad de elegir, no excluye ni siquiera a la realidad de ser un hombre o ser una mujer.

A los niños se les enseña desde muy pequeños un panorama de “vida a la carta” en la que se les ofrece todas las opciones disponibles, pero mucho antes de que aparezca en ellos la necesidad de buscar esas opciones.

Si bien la libertad en dosis adecuadas resulta estimulante para los niños, en dosis extremas sin embargo, puede provocar mucho desconcierto, porque para poder manejar la libertad, uno necesita conocer primero sus propios bordes.

Existe actualmente una nueva dictadura de la libertad, que no deja el espacio necesario para esta auto delimitación personal, ni para el crecimiento, ni para la maduración.

Cuando pienso en esta sobredosis de libertad desde edades tan tempranas, me invade una sensación de vértigo y de vacío y me imagino flotando en el espacio, en un entorno totalmente ilimitado y abierto, en donde me encuentro igual de impotente que un esclavo y ansío desesperadamente encontrar algo fijo a lo que ceñirme; algo que me contenga y me limite.

¿Será así como se sienten estos niños?

Y es en esas pesadillas de libertad, en donde los límites dejan de parecerse a una privación de opciones, para ser en cambio, lo que nos salva.

JR

 

 

 

“La cultura del Bienestar”

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Todo aquello que se acelera va incursionando inevitablemente en otros mundos. Uno avanza y a medida que avanza, va descubriendo espacios nuevos que anhela conquistar.

El impulso imperante de auto superación ya no se limita al ámbito de lo profesional y de lo material, sino que poco a poco, va avanzando también hacia el mundo de las sensaciones. Uno debe ahora además de progresar, sentirse bien. 

El superhombre ya no desea solamente superarse con el fin de alcanzar un éxito que le permita el acceso a las cosas y a una reputación, sino que ahora además va más allá y anhela conseguir un bienestar, al que aspira llegar con el mismo tipo de esfuerzo.

Toda auto superación va ligada inevitablemente a una sobrexigencia, que por supuesto supone un sufrimiento y un cansancio, porque todo aquello que se fuerza, duele; como duelen las piernas después de una clase de gimnasia.

Pero la cultura del bienestar irrumpe y nos impone a las sensaciones placenteras como objetivo, mentalizándonos en que cada acción debe de estar unida siempre a una sensación de placer que la valide. “Si no lo gozas, no sirve”.

El trabajo, aquella actividad forzosa a la que estamos obligados, corre entonces un grave peligro, porque inevitablemente en cada ocupación existen siempre sensaciones desagradables.

Y por muy maravilloso que se pinte a un trabajo, todo trabajo tiene también su parte pesada, su esfuerzo y su lado oscuro, simplemente porque esa es la cualidad intrínseca del trabajo.

Por lo cual, esta nueva imposición de estar siempre felices y de sentirnos siempre bien, genera un cortocircuito en todo ser humano trabajador y sobre todo en las nuevas generaciones, que aún no conocen el trabajo y que esperan de él una sensación de bienestar continuada y prometida, que por supuesto no encontrarán al 100 por cien jamás, en ninguna ocupación. 

Esta tendencia hedonista que considera al placer como objetivo último se propaga por todos lados.

Existe un mercado emergente focalizado en las sensaciones que conquista todos los ámbitos.

Los placeres 360 grados triunfan a la vez que confunden y provocan sensaciones contradictorias en los individuos que no las alcanzan, y que dudan, de si el problema son ellos o es el trabajo que tienen.

La atención del mercado ya no está puesta en la utilidad del producto, sino en las sensaciones que éste provoca y el ambiente placentero en el cual se lo presenta. Hoy parece importar más el packaging, la decoración y el perfume ambiental de la tienda, que la utilidad del producto que vas a comprar.

Se motiva al consumo, ya no por la necesidad del objeto, sino por las sensaciones placenteras que produce el consumir o ” la experiencia del consumo”.

_“Lo importante es que te sientas bien” _ parece ser la consigna primera en estos tiempos para todo. El esfuerzo y el sacrificio son hoy mala palabra.

En esta búsqueda prioritaria por “sentirse bien” parecen ya no importar las consecuencias que produzca este comportamiento hedonista e irresponsable, en una sociedad cada vez más enfocada en el sí mismo y en la búsqueda de la sensación como norma; una sociedad habituada al dopaje en todas sus variantes, como recurso para poder encajar dentro de esta tendencia, que sólo admite al placer.

Quedando vedadas, todas las demás sensaciones del abanico sensorial contemporáneo. 

Esta búsqueda frenética por el placer 360 grados no está acotada únicamente a una juventud ávida de experiencias, sino que ya no tiene límite de edad y nos ha acostumbrado cada vez más, a la proliferación de hogares rotos; porque para quien busca un placer siempre renovado, una relación estable o una familia resultan ser un impedimento. 

Sin embargo, la imposición de la cultura del bienestar es más dañina en aquellas sociedades en las que no se han alcanzado niveles de progreso adecuados, porque esta consigna del placer como objetivo último, aumenta la sensación de precariedad, de sufrimiento, de desigualdad y de resentimiento en poblaciones carenciadas.

Desgraciadamente, se ha malinterpretado al bienestar y se lo ha establecido como a un derecho universal, en vez de entenderlo como al resultado del desbordamiento de la abundancia.

La abundancia que produce el trabajo y su forma de administrarse, es lo que crea el bienestar y no al revés. Y pretender un bienestar sin hipertrabajo, resulta ser un objetivo altamente perjudicial para cualquier sociedad. 

La abundancia es el resultado natural de una sociedad hiperproductiva que enfocada en el trabajo, deja como consecuencia y como opción, la posibilidad de un bienestar.

Irónicamente el superhombre productivo es quien menos se permite estos lujos, porque generalmente suele dedicar toda su energía al trabajo y cuando se decide a “estar bien” suele encarar esta nueva opción de bienestar como a un nuevo target, al que persigue con el mismo ahínco que dedicaba antes al trabajo.

Se vuelca entonces a los deportes, a los viajes y al ocio en general, con el mismo fanatismo con el que se dedica al trabajo.

Muchos otros, creen que la cultura del bienestar es la posibilidad de vivir sin trabajar y exigen este pseudoderecho que creen que les corresponde, para gozar de este imaginario estado, sin percatarse de que en exceso, éste enmascara una sensación latente de inutilidad y de total dependencia.

Sin embargo, los más sensatos, viven al trabajo con esfuerzo y sacrificio y con la aceptación de sus inevitables luces y sombras, entendiendo al bienestar como a la oportunidad que el trabajo otorga para la desaceleración en todas sus formas.

JR

“Generación Netflix”

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Educar es como caminar sobre una cuerda floja, porque para mantener el equilibrio, uno no puede irse, ni demasiado hacia un lado, ni demasiado hacia el otro.

Ni siempre “si” ni siempre “no”, porque cuando todo es “si” se acostumbra al niño a la irrealidad y cuando todo es “no “se lo conduce hacia la frustración y hacia el desánimo.

Los “no” dan valor a los “si” y los “si” dan valor al “no”.

Todo buen funcionamiento responde siempre a un sistema de equilibrios, que actúa de forma alternada según la circunstancia, pero respondiendo a una causa y generando inevitablemente una consecuencia.

Asi funcionó siempre nuestra sociedad: de ambientes muy estructurados y moralistas salieron hijos hippies y rebeldes y de los hippies, salieron hijos que espantados de tanto “omm”, volaron a trabajar a Wall Street.

Para dominar el equilibrio en estos tiempos digitales, mi amigo profesor enseña cada día llevando una peluca de un color distinto a clase. Los niños saben que en su clase hay un ambiente serio para el estudio, pero que en cualquier momento, puede adquirir un tono festivo.

Sólo hay que estar atento a los distintos momentos dentro del aula. Y cuando empieza la fiesta, nadie se corta un pelo porque… ¿Qué inhibiciones puede tener un niño pequeño que tiene un profesor con peluca?

La generación digital, acostumbrada a aprender, a informarse, a relacionarse, a jugar y a entretenerse a través de una pantalla, necesita de un equilibrio que sólo lo proporciona el contacto humano.  Y la fiesta, también actúa como factor desestructurante y como contrapeso, porque de lo contrario, el individuo digital reserva toda su diversión y su risa para el espacio privado que pasa frente a la pantalla. 

El joven actual, acostumbrado a relacionarse virtualmente y con emoticonos, teme con pavor al discurso oral, por eso existen hoy, cantidad de cursos para aprender a comunicarse verbalmente con personas off line y jóvenes que no se apañan ni para pedir una pizza por teléfono, sin atolondrarse y estropear el pedido.

La digitalización ha favorecido la hipercomunicación, pero a la vez, ha entumecido la comunicación física a todos los niveles. 

La generación Netflix sólo necesita de wiffi y una buena serie para pasar una buena velada y aquellas antiguas juventudes, desbocadas y alcoholizadas, que se evadían en la fiesta permanente, no pertenecen ya a estas juventudes contemporáneas de las que hablo, porque la única adiccion peligrosa de la generación Netflix es el exceso de conectividad.

La generación Netflix disfruta de espacios recreativos individualistas y saludables, es adicta a las series, a los juegos on line y a la vida virtual, pero es consciente de que de vez en cuando, también necesita de algunos espacios de alegría off line.

Una parte de esta generación, (los mayores), acostumbrados al viejo hábito de conversar y a la reunión social pequeña, la protegen como si fuera un rito antiquísimo que no desean perder; pero en los más jóvenes, la tendencia es diferente.

Al salir de su universo netflico individualista, sus preferencias son generalmente, participar en eventos masivos de lo más diversos.

Lo mismo participan de la fiesta del Orgullo, como de la celebración de Halloween, del triunfo del campeonato de fútbol, de la feria del pueblo, de los encierros de Pamplona, del Año nuevo Chino, de la tomatina, de la Maratón contra el Cáncer, o de la Navidad; pero su pasaje de la pantalla a la alegría colectiva, continúa esquivando la comunicación tal como la conocíamos. 

Este grupo utiliza este tipo de eventos masivos únicamente como promotor de alegría y no como encuentros comunicativos entre sus participantes.

De todas maneras, aunque asistan a cualquiera de esta clase de eventos, los individuos Netflix suelen pasar más tiempo subiendo fotos y respondiendo a comentarios en Instagram, de lo que están realmente presentes en cualquier celebración.

La fiesta como evento identitario ya no existe para esta generación, porque ellos celebran sólo por celebrar, no buscando identificarse o pertenecer a un grupo;  y tampoco consideran que su participación en ellos, sea un acto que les vincule especialmente a alguno de estos colectivos o comunidades para siempre.

La generación Netflix es hija de la generación ideológica y comunitaria; por eso se ha desvinculado de las ideologías con asco y hartazgo, para sumarse sin compromisos, al interés general y al entretenimiento per-se. 

Esta tendencia a la transversalidad desvinculante, es como una línea que no se posiciona ni a la derecha, ni a la izquierda y que puede percibirse desde la generación ideológica y partidista como ignorancia, tibieza, falta de interés o simplemente como la pereza de la juventud por posicionarse en algún lugar definido, que les obligue a defender y a tener que sostener verbalmente una postura o una opinión por demasiado tiempo. 

(No olvidemos tampoco, que el individuo Netflix está acostumbrado a ser un espectador)

Un individuo verdaderamente transversal es en realidad, aquel que renuncia a colocar sus ideas en el espectro político clásico de izquierda o derecha indefinidamente y que habita en una diagonal que toca puntos distintos y alternos, según la circunstancia.

Muchos lo llamarán oportunismo o conveniencia; pero para el hombre Netflix esto implica un ensanchamiento en la mirada.

La transversalidad no queda jamás aprisionada en la ideología o en la visión pautada y fija de una comunidad identitaria, sino que aspira a librarse de ella. 

Los políticos tradicionales, que contaron siempre con apoyos ideológicos eternos e incondicionales (uno nacía y moría comunista, liberal, demócrata, republicano, católico o musulman) ya no pueden contar con seguridad con esta generación hiperconectada, hiperinformada e hipercomunicada; que habita un mundo hiperdinámico de consumos, de información, de entretenimiento, de redes y de cambio; que detesta la televisión común, desconfia de las noticias, evita los telediarios y no conoce ni concibe alianzas eternas con nadie.  

Y que dirige su voto de la misma forma en que vive; mutando transversalmente de serie en serie, según el perfil.

JR

“Homo Medicus”

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La civilización saludable, que ya no sufre epidemias que diezmen poblaciones enteras, padece sin embargo, de muchos otros males.

Hoy las obsesiones son el tiempo y la salud.

En la actualidad la vida eterna ha dejado de ser un tema religioso para convertirse en un tema científico y mientras se cantan los salmos en las iglesias y se jura creer en la resurrección y en el reino de los cielos, al salir de allí, todos corren a apuntarse a la lista de espera de la clínica privada que antes les ofrezca una vida eterna aquí en la tierra.

La realidad es que nuestra obsesión por el cuerpo y por los placeres mundanos supera hoy a cualquier fe.

Nadie quiere irse, ni aunque le prometan encontrarse con Elvis en el cielo; en ese caso, argumentaríamos que Elvis sigue vivo y nos quedaríamos con la excusa de encontrarle.

Lo curioso es que la obsesión por la salud no aparezca en la enfermedad, sino cuando uno está sano.

Los sanos son quienes están obsesionados ahora con la salud y a esto se le llama “medicina preventiva”.

Vamos jugando a prevenir enfermedades de las que aún se desconoce su origen, con cualquier cosa que se ponga de moda; un día es el tomate, la semana que viene la soja, la siguiente la manzana y así nos mantienen entretenidos y probándolo todo, cual ratas de laboratorio.

Míentras uno está sano, en vez de disfrutar, vive preocupado por enfermar. O como dicen los apóstoles de la prevención “los sanos sólo son los enfermos del mañana”.

Un amigo mio toma tantas pastillas preventivas, que nunca sabremos cuál de todas ellas, es la que le mantiene tan espléndido.

Me ha dado varias, pero he decidido alternarlas cada tres meses, así en caso de que muera, podré saber cuál de todas me ha matado y hacer mi pequeño aporte a la comunidad científica.

También están los anti- todo, esos que están en contra de las vacunas, de los antibióticos, de la legalización de la marihuana, de la fertilización in vitro y de todos los avances. Sin duda esos son los peores, porque han hecho resurgir enfermedades ya erradicadas en el mundo, por su obsesión a llevar siempre la contraria con una descarada tendencia a la ignorancia.

La cultura preventiva nos exige además de ejercicio y de una alimentación milimetrada, (en donde uno en vez de comer, suma y resta), una preservación adecuada para poder morir pareciendo joven, con los dientes blanqueados y el botox aún tirante y quien imagine a la vejez como a una etapa relajada, debo decirle que está totalmente equivocado.

Con la primera arruga se desata una guerra que uno sabe de antemano que no podrá ganar, pero de todas maneras, se alista para lucharla. Finalmente, cuando alguno se asome al cajón comprobará que con 90 parecía aún de 30 y en la lápida inscribiremos “aquí yace un hombre que a pesar de ser ateo, creía en la vida eterna”.

Ahora también es muy común que las madres primerizas enloquezcan con la obsesión de la salud y la higiene de los hijos después del primer parto.

No importa que la humanidad no haya visto jamas una época más desinfectada que ésta, ellas temen obsesivamente a todos los contagios y van ahuyentando poco a poco a los amigos, a los familiares e incluso a los maridos, si no cumplen sus estándares de limpieza y desinfección a rajatabla, hasta que el niño cumpla los 18.

Y a pesar de tener tanto internet disponible, no hay aún nadie tan valiente en esas nubes, como para convencerles de que la única enfermedad contagiosa, se esconde dentro de esos cerebros tan desinfectados.

Yo recuerdo el nacimiento de mi primer hijo y mi angustia al pensar cómo alguien como yo, iba a poder mantener vivo a ese diminuto ser humano.

Mi madre me tranquilizó diciéndome que vivir siempre había sido peligroso, y si la superpoblación mundial había podido superar sin inconvenientes todos esos peligros, había muchas garantías de supervivencia. 

Y tuvo razón. Mi hijo sobrevive y esos seres humanos diminutos, no son tan frágiles como parecen.

Una amiga mía no sólo temía a los contagios, sino que cada vez que el niño lloraba le echaba la culpa a alguien. Decía que alguno le había echado al niño un “mal de ojo”. Ante semejantes temores evitaba visitarla, a menos que hubiera otras personas presentes, a quienes pudiera acusar de tener un hijo tan llorica y malcriado.

La auto medicación, tan criticada pero tan necesaria en lugares en donde la sanidad está colapsada por nimiedades, es quien ha mantenido a todos mis hijos sanos.

He aprendido a curar resfríos, gripes, neumonías, anginas, ulticarías, picaduras, cortes, quemaduras leves, inmsonios y ansiedades, sin pisar nunca un consultorio médico y evitando así, pasar horas esperando a que me atiendan, mientras nos contagiábamos de todos los virus de la sala de espera.

A pesar de tener un seguro privado me considero, por ahora, uno de sus mejores clientes, porque sólo he acudido a la consulta para vacunar y para que nos cosan las brechas de la bicicleta, y eso, sólo porque la aguja aún no la domino a la perfección.

Pero creo que un buen curso de enfermería debería ser obligatorio en la escuela secundaria, dado que la sanidad pública está cada vez más colapsada y corta de presupuesto, y la gente cada vez más obsesionada con su salud.

¡Qué sería de nosotros sin la auto medicación! ¡Conseguir droga es hoy mucho más fácil que conseguir un antibiótico! Tienes que terminar ingresado con neumonía para que te receten uno, porque la sola pronunciación de la palabra “antibiótico” es hoy un pecado mortal. Y como todo lo prohibido, goza ya de su propio mercado negro.

Pero de todas ellas, son las nuevas enfermedades psicológicas, las que se curan mejor, porque éstas sólo necesitan de un buen proceso de limpieza y reseteo.

Sólo necesitas a alguien que sepa contar buenas historias y que esté un poco más loco que tú, para superarlas. Vuelves a casa sintiéndote cuerdo y hasta un poco rancio y aburrido en comparación, y cansado de darle siempre tantas vueltas al mismo problema.

La mente necesita, cada tanto, dar un salto cuántico porque ésta no tiene otra solución, que cambiar radicalmente de órbita de vez en cuando para mantenerse sana. 

Mi hijo de 10 años cuando tiene insomnio o está nervioso baja a mi habitación, le medico con un “tic tac” de naranja y duerme como un ángel y cuando le subo un poco la dosis, se queda dormido en la escalera y tengo que llevarle hasta su cama en brazos.

Así funciona la homeopatía y así se curan las mentes: sólo necesitas un poco de fe y alguien de mucha confianza. 

A todos nos asusta la enfermedad, pero lo que más miedo miedo nos da, es el dolor.

Yo he estado enfermo pocas veces, pero no tengo dudas de que la enfermedad es lo que te desapega de la vida y funciona como una ayuda para marcharse sin tantas resistencias.

Cuando te sientes muy mal, el mundo desaparece y es mucho más fácil decir adiós. 

Una vez me descompuse en un barco y sentí que iba a morir. Quedé abrazado a una papelera junto a algunos turistas chinos que sollozaban y vomitaban a mi lado. Me olvide de mis hijos, (que andaban por ahí dentro del barco) y de todo lo demás.

Morir en ese momento hubiera sido un alivio. Me hubiera ido ese día sin ninguna resistencia y sin ningún apego, con tal de escapar a ese malestar y poder soltar de una vez esa papelera.

Es el bienestar y nuestro mundo confortable y afectivo lo que nos apega a la vida, es por eso que la vida ha cobrado una dimensión diferente en estos tiempos tan saludables.

Las vidas miserables, las vidas con dolor, no valen tanto, ni provocan tanto apego.

Está muy bien cuidarse, pero el cuidado no debería impedirnos ni la vida, ni sus encantos. 

Hay incluso gente que no se enamora para no sufrir. ¿Y así es como vivimos? ¿Evitando vivir?

Está claro que estar vivo conlleva siempre algunos riesgos, pero no somos ni tan frágiles ni tan necesarios como creemos ser y la muerte nos lo recuerda siempre, sin preservar eternamente a ninguno.

Ella se lleva a todos sin distinción y no ha hecho excepciones, ni con los Mozarts, ni con los Jesucristos, ni con los Einsteins, porque no considera que nadie sea imprescindible.

La vida es sólo una oportunidad que nos durará poco tiempo y deberíamos aprovecharla sin tantos miedos; porque vivir siempre ha sido peligroso, lo otro, se llama “vida preventiva”. 

JR

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“DATAFOBIA”

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Muchos afirman que en donde hablan los datos se callan todas las teorías, pero yo creo que inevitablemente, siempre surgen otras nuevas.

Uno solía leer datos y porcentajes en revistas financieras y científicas; pero hoy están en todos los artículos filosóficos, porque esta nueva tendencia: “el dataismo” ha generado una euforia, típica del deslumbramiento que produce lo nuevo y que sostiene que todo aquello que pueda ser medido, debe ser medido y contabilizado.

Estas nuevas corrientes que consideran al dato y a la información obtenida (el big data) como a la única e irrefutable verdad, sostienen que el dato proporciona una información absoluta e incomparable sobre el ser humano desde todas las perspectivas posibles.

Y seguramente sea cierto, ya que controlan cada una de las entradas que hacemos en internet, ya sea para comprar, consultar, opinar, “compartir”o leer.

¿Pero controlar es conocer? 

El ser humano tiene un estilo mucho mas lineal y narrativo que el dato, como creo que es también el estilo de la historia, de la vida, del autoconocimiento, el de todos los procesos y también el de la Filosofía.

Mientras que el dato es algo acabado, cerrado y sin continuidad, el ser humano es un “human being” (un humano que “está siendo”); por lo cual nunca es considerado como algo terminado.

El dataismo asusta igual que cualquier otra ideología extremista, porque vaya uno a saber quién y cómo controla todos esos datos y con qué finalidad y beneficio.

La utilidad del dato está principalmente enfocada hacia fines económicos y políticos y resulta alarmante cómo dentro de este nuevo sistema, se han establecido distintos grupos sociales o castas, que nos agrupan a todos según nuestro perfil de consumo, nivel económico, social y tendencia política.

Uno se pregunta con cierto resquemor en cuál de todos estos nuevos estratos psicopoliticos y socioeconómicos estará ubicado y reza para no pertenecer al grupo más bajo y al que el dataismo bautizó internamente como “waste” (desperdicio o basura); porque con tanto reciclaje, uno teme que los verdes le conviertan en mobiliario o en tinta de impresora 3 D en caso de extrema necesidad.

El dataismo no es un fenómeno aislado, sino que es una tendencia bastante contagiosa y avanza igual que las pestes del medioevo.

Nos hemos acostumbrado a controlarlo todo, numerando y contabilizando hasta las respiraciones diarias, a modo de medicina preventiva. 

Y en cada paseo turístico oigo a algún viejecito  que comenta _ “Hoy anduve 3 kilómetros, 3 mil pasos y tuve un millón y medio de pulsaciones por segundo”_  y yo pienso para mis adentros: qué pérdida de tiempo para alguien tan anciano el haberse puesto a contar y haberse perdido de disfrutar del paseo, siendo candidato a quedarle tan pocos.

Pero contabilizarse el rendimiento, las calorías, la temperatura corporal, la glucosa en sangre, se ha establecido hoy como una forma de autocontrol saludable, mucho más que disfrutar de los momentos de felicidad, que son justamente esos, en los que uno se olvida de contar y el tiempo pasa volando.

Hoy se miden las pulsaciones incluso aquellos que practican meditación; esas prácticas espirituales que importaron desde la India a Occidente y que ahora se usan aquí con fines anti estrés. Sus practicantes curiosamente no dejan nunca de contar, para ver si mañana superan o disminuyen el rendimiento espiritual y lo suben al Facebook

Yo me lo imagino al Budha observando a estos extremistas del rendimiento con las pulseras de cuentas tibetanas y el iWatch en la misma muñeca, midiendo a base de pulsaciones los likes del nirvana.

Hay en la autogestión de esta contabilidad autómata, típica del dataismo, una falta de profundidad y de sentido alarmantes, que en la juventud uno hasta perdona, pero en la vejez resulta sumamente irritante.

Y a uno se le viene entonces a la cabeza aquella casta dataista “waste” y se enfoca entonces en no desperdiciar con gilipolleces el poco tiempo que le queda.

Este dataismo es eso mismo que enferma a algunas mentes digitales, que piensan que la vida empieza y acaba en un Mac Book, en la partida de fortnite, en la opinión de un hater, en la cantidad de likes o de retuits o en la selfie de Instagram y que el paisaje que se ve a través de la ventana de su casa, es sólo una locación 6 D de realidad virtual.

O esos que escogen a la novia llenando una planilla que les asegure al menos un 80 por ciento de probabilidades de éxito, porque el objetivo es la eficiencia y el rendimiento más óptimo, incluso en la vida conyugal.

Y cuentan las copulas y los orgasmos semanales con especial detalle, para mantener el rendimiento adecuado y poder llamar al abogado a tiempo en caso contrario y así no perder la posibilidad de encontrar sin demora a Grey.

La infalibilidad y el máximo rendimiento son la finalidad última del dato, no lo es la felicidad, la construcción, el conocimiento, ni la experiencia.

Pareciera que uno ya no tiene tiempo ni de enamorarse, ni de equivocarse con tanto posgrado por delante y tanto menos de sufrir, si el dolor puede ser evitado con pastillas o con un buen dato recopilado a tiempo.

Todo está automatizado y librado al dato como hacían nuestras abuelas con el tarot. Uno se fía hoy ciegamente del dato, como lo hacían ellas antaño de la superstición.

Y hay que ver las caras de sorpresa después de cada elección presidencial. Los datos de la intención de voto nunca coinciden con los resultados. Y es que la gente aprende rápidamente a callar y a mentir, cuando se siente tan controlada.

Reconozco que frente a este nuevo KGB digital soy impotente, pero mi derecho a la resistencia lo ejerzo igualmente y lo aplico ocultando siempre mi información, usando perfiles falsos y múltiples, según el medio, y mintiendo sistemáticamente en todas las encuestas.

Los dataistas no soportan ni la espera, ni el riesgo y desean contabilizar, manipular y organizarnos a todos el futuro, diciéndonos además, que nos hacen un favor y que todo es para que estemos más cómodos. Cuando la realidad es que tu data la utilizará siempre aquel a quien menos le importas.

Mi resistencia a su promesa de “veracidad” es mentir todo lo posible, para que todos los datos les salgan siempre mal y para que vean que los seres humanos, aún tenemos algún recurso para hacer valer nuestro derecho al secreto.

JR

“La infalibilidad del Big Data no ha tenido en cuenta ni a los mentirosos, ni a los impredecibles” JR

“La Democratización de la Vigilancia”

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Cuando necesito información sobre alguien, lo mejor es consultárselo a mi sobrina de quince años, quien a pesar de su cara de ángel, se ha convertido en una efectiva espía digital.

Ella sabe adonde están todos sus conocidos, amigos, familiares y vecinos en tiempo real, donde veranean, donde compran, donde cenaron anoche, cuando salen y cuando regresan de viaje e incluso en qué hotel se han hospedado y hasta los lugares que han visitado.

Ella no accede a toda esta data de forma ilegal, sino que esta información es ofrecida y expuesta por los vigilados de forma voluntaria. 

Pero curiosamente, no encontrarás información sobre ella en las redes sociales, porque mi sobrina ha descubierto que el poder no está en mostrarse y en exponerse, sino en observar sin ser visto.

La transparencia voluntaria a la que nos prestamos gustosos en estos tiempos, sin que nadie nos obligue a ella, nos expone y nos convierte en seres vigilados por entes invisibles.

En un principio la idea de la red social era que la vigilancia fuera mutua o recíproca, porque esto equiparaba entonces el poder. Si yo sé todo sobre ti, pero tú sabes todo sobre mí, la relación de poder queda igualada, porque frente a una total transparencia mutua, los dos tenemos el mismo poder sobre el otro; y ese poder lo da el acceso a la información del otro. 

El aumento imparable de la información proporcionada voluntariamente en redes sociales se debe además, a que se cuenta con los egos, que en su afán natural por superarse entre sí, llevan al límite su búsqueda de atención y exposición de la intimidad, aumentando día a día el caudal y la intensidad de la información proporcionada. (porque el ego suele ser generalmente proporcional al nivel de auto exposición)

En esta modalidad transparente cada uno entrega al otro una total visibilidad motivada en muchos casos por el ego, pero dispensada a modo de confianza, que termina convirtiéndonos en una sociedad de control, controlada. 

El inconveniente es la incompatibilidad que existe entre la transparencia y el poder, porque el poder necesita de la confianza, mientras que la transparencia la elimina, en pos de un control que nos iguala. 

Es por eso que el verdadero poder del político radica en la confianza que deposita en él su pueblo y ese es el verdadero poder de cualquier líder: la confianza de sus seguidores. Sin esa confianza, ni la política ni ningún tipo de liderazgo es posible. 

El problema que surge en las sociedades transparentes como la nuestra, es que la confianza está siendo desplazada por la transparencia y se le exige al líder político la total transparencia en todo momento, lo que pone de manifiesto a pueblos sumamente desconfiados de sus líderes ( no sin motivos) y produce a líderes con mucha menos capacidad de acción política.

La confianza era ese espacio en donde uno dejaba de saber; porque confiar era una entrega voluntaria de poder de acción, un voto de confianza que eximía al otro de la obligación a la información permanente.

En las relaciones de confianza, tanto públicas como privadas, se le permitía al otro la accion libre, sin el control desmedido que exige actualmente un pueblo con linterna.

Toda confianza para suceder, necesita de ese espacio libre de información, porque si ya lo sé todo en tiempo real sobre ti ¿ De qué me sirve tenerte confianza?

La confianza es ya un valor del pasado, porque en un mundo transparente como el nuestro, en donde no hay espacio que no exija ser iluminado por el foco de la autoexposición, es quien controla la información quien ha tomado el mando. 

 

JR

 

 

“El cuarto poder es hoy el nuevo tirano” JR

 

 

“Censura a la Diferencia”

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Hablar de multiculturidad y de diferencias es hoy en día arriesgarse a la censura y a la malinterpretación y son pocos los que se atreven a tocar estos temas sin temor, en una época en donde las sensibilidades se han inflado tanto, en pos de la obtención de atención y de poder.

Hace poco tiempo un profesor americano al que admiro profundamente aceptó dar una conferencia sobre el nuevo desafío de interculturalidad, que nos exige este siglo 21. Y para hacerlo, eligió como portada una imagen del dibujante y escritor Quino, en donde se muestra la diversidad en una actitud amigable y en un espacio en donde todos parecen disfrutar de esa cercanía.

Esta imagen que para mí transmitía una maravillosa inocencia sin malas intenciones, fue sin embargo censurada en la conferencia porque se alegó que los estereotipos de la imagen eran ofensivos  para los distintos colectivos.

Como Quino no vivió dentro de este momento histórico, en donde los movimientos del “black lives matters” el “me too” y el muro de Mexico ocupan hoy todas las portadas, es muy posible que no llegara a comprender hasta qué punto hoy en día todo molesta, todo hiere, todo discrimina y altera hasta la patología la sensibilidad del mundo occidental. 

La ofensa descripta en el estereotipo de Quino es la de representar al negro negro, al oriental oriental, al musulman musulman, al indígena indígena y al blanco blanco, habiendo tantas otras combinaciones distintas y posibles en la mezcla genética. O sea que la ofensa ¿es en realidad la representación de la sintetización?

Por más que haya miles de variantes distintas, el dibujo de Quino (a quien muchos catalogan ahora de racista) intentaba enfatizar y sintetizar una convivencia amigable entre todas las diferencias y no enfatizar la diferencia en sí, aunque el problema actual sea sin duda la aceptación de la diferencia.

Porque no hay que olvidar que este es un siglo en donde el eslogan de la igualdad es nuestro estandarte. 

¿Pero en una igualdad tan igualadora adónde se ubica la realidad? Porque aunque todos insistamos en erradicar la desigualdad (sobre todo la desigualdad de oportunidades) las diferencias en los resultados de las mismas oportunidades seguirán siempre existiendo y nos demostrarán que por más que intentemos igualarlo todo, la diferencia es la expresión innata de la libertad del individuo.

En un mundo sistemáticamente igual ¿en dónde queda entonces la diferencia?¿ Y en dónde queda ubicada la libertad de la existencia?

Existe actualmente una tendencia a utilizar cualquier cosa bien intencionada como material de protesta y de reivindicacion, aún sin existir ni ofensa, ni malas intenciones y este es un comportamiento muy habitual en estos tiempos en los Estados Unidos, en Europa y en America Latina y que dista mucho de ser altruista.

Esta tendencia a sentirse permanentemente ofendido o atacado está fomentada y alimentada por movimientos políticos cuya intención no es la lograr de una convivencia pacífica entre los distintos colectivos, sino todo lo contrario; se fomenta y se alienta el odio de los colectivos considerados oprimidos, hasta la violencia.

No se busca el mejoramiento de las oportunidades para los grupos más desfavorecidos, fomentando una actitud amigable y de colaboración y de integración, sino que se cultiva un ambiente de descontento, de odio y de rencor, necesarios para todo quiebre social, que viene seguido de una nueva forma política. 

La mira de estos grupos políticos está permanente puesta en encontrar la ofensa en todo e inventarla si hace falta, para seguir construyendo el camino hacia el quiebre social que les ubique en el poder. 

La pluriculturidad y la multiculturalidad son por definición la presencia de distintas etnias en un mismo espacio, pero no implican una relación entre ellas.

Sin embargo, la palabra que mejor  explica el fenómeno actual es la interculturalidad que es por definición la relación de las distintas etnias dentro de un mismo espacio.

Seguramente en esta definición estos grupos censurarían también la palabra “etnia”, por considerarla ofensiva, por lo cual seguiríamos eternamente sin poder hablar de este proceso tan urgente con comodidad, porque todo lo que digas será siempre utilizado en tu contra y como elemento de quiebre del diálogo.

Cuando las cosas no tienen manera de nombrarse sin ofender a nadie, entonces dejan de hablarse y se abandona el diálogo, quedando disponible sólo un único discurso o un único pensamiento: el discurso del ofendido, sin posibilidad de réplica.

¿Quién se atreve a replicar nada, si todo lo que diga será tachado de racista, sexista  etc?

Esta censura a la diferencia hace que sea imposible tratar los temas para encontrarse las soluciones.

La ofensa es una táctica muy hábil de poder. Uno se ofende, entonces la charla se interrumpe y el que se ofende hace callar al otro y gana. 

Estos temas se han vuelto tabú o inombrables porque ya nadie se atreve a disentir del discurso único. Y se fomenta la culpabilizacion sistemática del colectivo blanco, como generador de todos los problemas de los demás colectivos.

Poco a poco y a fuerza del insulto sistemático y curiosamente no censurado a este colectivo (white trash o basura blanca) se localiza al problema de la desigualdad en un grupo determinado: la culpa de todo la tienen los blancos. 

La problemática con aquello que se vuelve inombrable, como fue en su momento el sexo, es que el tema sigue  percibiéndose como un problema; porque la cualidad de aquello que no puede nombrarse ( al ser censurado)  es su persistencia y la continuidad de su percepción como la de un problema que en vez de tratarse con normalidad, sigue creciendo por debajo hasta que te estalla en la cara. 

Pero lo que se nos escapa, es que justamente es en la continuidad del problema, en donde radica su fuerza o su poder. 

Cuando un problema se soluciona o se supera, todos aquellos que vivían de ese problema ya no pueden vivir más de él y tienen que buscarse otra forma de sustento.

Porque ante la solución de cada problema, uno debe inventarse una nueva forma de existencia, que suele llevar mucho más esfuerzo que la antigua y sistemática protesta de toda la vida.

Hoy en dia la gente está callada y con miedo a decir algo que pueda ofender a alguien, e incluso yo, entro ya con cierto resquemor al “ Small World” de Disneyland Paris, por temor a que a la salida me llamen promotor del estereotipo racista creado por Walt Disney.

JR

 

“ Cuando cada uno cargue con sus culpas, no habrá culpables” A. Porchia

“El Agobio Amable”

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Desde la invención del Whats App, (esa aplicación que todos utilizamos permanentemente), una nueva forma de comunicación efectiva, afectiva y a veces agobiante, se ha instalado entre nosotros.

Si bien la comunicación es necesaria y nos mantiene siempre al tanto de todo lo que sucede en el mundo, el exceso de comunicación puede también resultar, no sólo asfixiante, sino una forma de dominio muy sutil y enfermiza, aunque disfrazada de cariño y de cercanía.

Yo agradezco que en mi juventud no existieran estas cosas y haber disfrutado de tener mis espacios de “nada”.

Si alguien te llamaba a casa y el teléfono comunicaba, (cosa muy frecuente en una casa con 5 hermanos), o insistía hasta el cansancio o llamaba a otra persona.

Uno sin duda perdía algunas oportunidades, pero también se libraba de la obligación de tener que estar siempre disponible.

En aquella época uno podía estudiar, leer un libro, ver una película en familia, tocar un instrumento, estar en silencio, cenar sin interrupciones o aburrirse, sin necesidad de tener que estar simultáneamente en línea con alguien más.

Hoy en cambio, las comunicaciones son en ocasiones atocigantes.

Estamos permanentemente en línea con el novio, con los padres, con los amigos o con los hijos, a quienes además, localizamos 24 horas al día con una aplicación radar.

El control y el mensajito son continuos y a toda hora, y ni siquiera el vivir en el extranjero te garantiza ya, el poder escapar a este agobio amable.

Todo este aburrimiento canalizado en comunicación se hace en nombre del amor, del interés y de la preocupación y se soporta en silencio; porque quien como yo, se atreva a decir en voz alta que esto esto es un agobio, es catalogado de sociopata insensible.

La gente ya no tiene tiempo ni de vivir las vacaciones porque la foto, el Instagram o el mensajito instantáneo interrumpen todos los momentos.

“¿Cómo has pasado tu viaje?”-

“En línea contigo. No me quedó tiempo para vivir nada más”_

Hoy en día la comunicación permanente se ha convertido en un nuevo mandato y está sobrevalorada porque se la considera como a una parte escencial de la autoexposición contemporánea a la que parecemos estar obligados. Y a la que consideramos imprescindible, para no desaparecer del radar de los demás. 

Se considera a la comunicación como a la forjadora de todos los vínculos; aunque no haya duda de que en muchas ocasiones, hay algunas distancias que resultan ser mucho más saludables que ciertas cercanías.

Hace un tiempo un vecino de mi barrio sugirió armar un chat para poder conocernos mejor entre todos los vecinos.

Éste era un barrio sumamente pacifico, en donde nadie se conocía y vivíamos en paz; pero a partir de este chat amistoso comenzaron las riñas, las peleas, las discusiones políticas y los insultos entre toda la comunidad, que hasta antes de la aparición de este chat había convivido siempre pacíficamente y manteniendo una incomunicada y sana distancia.

Esta innovadora tendencia a la cercanía y a la intimidad obligada con todo el mundo, no sólo termina muchas veces en conflicto, sino que además es una utopía muy dañina que intenta anular el espacio privado.

El nuevo mandato de tener que estar permanentemente comunicados, generando y compartiendo información personal, no sólo provoca inestabilidad y desconcentración en unos y en otros, sino que también nos veda la oportunidad de vivir y de potenciar nuestros espacios de soledad.

La soledad, que hoy es catalogada como un elemento altamente peligroso, era lo que nos daba estabilidad, reflexión, autonomía y paz. 

Mi hijo pequeño que es un chico muy querido por sus compañeros, siempre está rodeado de niños y niñas en el patio. Yo imaginaba que se sentiría muy feliz siendo tan popular, pero el otro día me confesó que su situación era insoportable.

_”Todos me hablan todo el tiempo y sin parar y a veces hasta me mareo, entonces propongo jugar al escondite y me escondo solo en un aula vacía y así consigo estar un rato en silencio”.

En una generación en donde el ruido es una constante y la comunicación es potenciada incesantemente por el exceso de información, exposición y competividad, la necesidad de generar espacios de silencio resulta ser más que nunca urgente. 

El silencio no es sólo la ausencia del sonido de una voz, sino también la ausencia del ruido digital.

Hay silencio en el juego libre, en la danza no pautada, en la contemplación desinteresada, en la música o en cualquier actividad recreativa cuyo único fin sea el disfrute y no el ansia de comunicar y “compartir” instantáneamente en las redes cualquier cosa que disfruto.

Este exceso de comunicación disfrazado de interacción amable es en muchas ocasiones una forma de violencia y de control igual al de la gestapo.

“¿Adónde estás? ¿Qué haces? ¿Qué estás pensando?  Estabas en línea ¿con quién chateabas? ¿Has visto la foto de perfil de Fulanito? ¿Por qué has cambiado tu estado? Creo que Mengano me ha bloqueado.

Un tic, dos tics, leído.¿por qué no me contestas? ¿Hora de tu última conexión? ¿Te gusta?”

Y basta con que compres algo por internet para que de pronto en todas tus aplicaciones comiencen a ofrecerte amablemente un millón de accesorios para tu compra. Y entonces, comienzas a sospechar que de verdad estás viviendo bajo la mirada de la policia nazi.

Mi padre siempre decía “ No news, good news” (sin noticias, buenas noticias) y tenía razón, porque la verdadera amabilidad no es la que te hostiga permanentemente con información o la que te interroga permanentemente, sino la que te regala tu espacio y tu derecho al silencio.

Y ese tipo de cercanía, que como todo equilibrio es difícil de conseguir, se logra viviendo feliz y dejando también vivir feliz y en paz al otro.

JR

“No hay nada más dañino que el aburrimiento mal canalizado” JR

“Amén Digital”

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Una vez intentaron insultarme y me llamaron “impredecible”, algo a lo que a partir de ese momento consideré como a una de mis escasas virtudes. Y una de esas pocas, que uno debe empeñarse en no domesticar jamás.

La predictibilidad no sólo te vuelve un tipo sumamente aburrido, sino también poco inteligente, porque uno se acostumbra a ir siempre por los mismos caminos, dejando de ver el entorno cambiante que le rodea y creyendo que éste siempre es y será el mismo.

Y así es como la predictibilidad se vuelve peligrosa para uno y para el entorno, porque cuando el mundo cambia, la respuesta debe ser también diferente.

Un primo mío que practicaba ser ciego para saltarse la mili, solía entrar en su casa cada noche sin encender ninguna luz, pero eso le exigía que el ambiente estuviera siempre igual y ordenado de la misma manera, porque en cuanto algo estaba fuera de lugar, se la pegaba contra algo.

Otra de las consecuencias de ser impredecible es la poca información que los demás pueden acumular sobre uno, porque según qué cosa y en qué circunstancias te ubicas arriba, abajo, a la derecha, a la izquierda o en el centro, como deberíamos hacer todos; ya que la inmovilidad dificulta mucho la visión del panorama general y genera además entumecimiento muscular. 

Otro impedimento de la impredictibilidad  es la pertenencia a los grupos, porque el grupo te exige una concordancia incondicional, que no sólo dificulta la libertad y atrofia la inteligencia, sino que anula además toda posibilidad de opinión, obligándote al like como a aquel amén que se nos exigía responder después de las palabras de cualquiera; aunque no estuviéramos de acuerdo en la mayoría de los puntos expuestos.

La concordancia es sin lugar a dudas la condición imprescindible para pertenecer a cualquier grupo, porque en cuanto empiezas a desentonar, rápidamente te bloquean o te eliminan.

También existe la posibilidad de que los predecibles formen un grupo paralelo y te vayan dejando solo en el grupo anterior. Y un día por casualidad descubras que eres el administrador y el único miembro que queda en un grupo de predecibles fugados, incapaces de decir nada de frente, ni de soportar el dejar de mirarse al espejo del pensamiento idéntico.

El like no sólo reafirma la amistad y genera una sensación de felicidad en aquel que lo recibe, sino que obliga también a la continuidad. ¿Si ayer me pusiste un like, por qué hoy no me lo pones? ¿Es que hoy ya no te gusto?

Pero también perturba aquel likeador incondicional, porque con ellos empiezas a dudar si en realidad el like es un botón fijo, que mantienen siempre pulsado para que creas que todo lo tuyo les gusta, o si en realidad te likean porque no te leen.

La búsqueda del like genera patologías de lo más extrañas y también múltiples adicciones, como sucede con cualquier otro tipo de obsesión por la aprobación y por la reafirmación externa.

Uno se vuelve entonces como los drogadictos, dispuesto a hacer lo que sea por obtener su dosis diaria de adulación y de concordancia.

Algunos se hacen amigos de cualquiera, otros se fotografían desnudos, algunos se filman teniendo sexo o sufriendo accidentes y hay muchos otros extremistas, que se graban suicidándose. Todo sea por el like y por la búsqueda de la concordancia, aunque sea en el espanto.

Ser impredecible te permite escapar del compromiso del like incondicional y te da la posibilidad de disentir y de pensar por ti mismo y diferente a cómo pensabas ayer y a cómo pensarás mañana, porque los impredecibles no se sienten coaccionados ni siquiera por sí mismos.

Pero aún a pesar de sus múltiples soledades, la impredictibilidad es de todas las virtudes, la que más huele a libertad. 

 

JR

 

“ La liberación es completa cuando se libera de la aprobación de los unos, de los otros, de la del maestro, de la de uno mismo y finalmente se libera de la liberación” JR

 

 

 

 

 

 

 

“ARTE-tainment”

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Cuando todo el mundo canta, cuando todo el mundo pinta, cuando todo el mundo baila y cuando todo el mundo escribe ¿Adónde encontramos al arte? 

Cuando el arte deja de ser una excepcionalidad y se convierte en una forma de entretenimiento masivo, en donde todos cantan, todos bailan, todos pintan y todos escriben, ¿el arte gana o pierde?

A raíz de este nuevo fenómeno de masificación artística ha surgido un nuevo concepto que describe a esta nueva variante de una forma un poco más justa:  el ”artetainment”.

El artetainment es la utilización de métodos artísticos con el único fin de entretenernos.

No es casual que en un mundo en donde las comodidades han facilitado mucho las tareas cotidianas, el tiempo libre se haya multiplicado de forma alarmante.

Sobra el tiempo y a ese tiempo sobrante hay que llenarlo de alguna manera, antes de que lo ocupe nuestra conciencia del vacío o lo que actualmente denominamos como depresión.

Esta percepción del vacío se amplificó enormemente con la comodidad y la necesidad de llenar ese enorme hueco lo ocuparon la televisión, el shopping, el deporte, los viajes, los videojuegos, el yoga, netflix y también el arte. Porque está claro que uno hace lo que sea por evitar la nada. 

Antiguamente el arte les sucedía sólo a unos pocos y se lo colocaba en un lugar muy cercano a la patología; algo que emanaba del artista como una forma de expresión natural o como una enfermedad crónica incurable.

Ser artista es una profesión que en tiempos de productividad se asocia a la ocupación en lo inútil.

Cuando un hijo manifiesta que va a ser ingeniero o empresario, uno siente un alivio, que no se siente cuando nos dice que va a ser un artista.

En ese caso uno piensa:  “¡Qué desgracia! ¿De qué va a vivir este hombre? 

En estos tiempos en que el éxito va asociado inevitablemente al placer, el antiguo concepto del proceso creativo basado en el displacer del artista ha cambiado y esto también ha modificado  al arte.

El individuo actual ve en el artetainment no sólo una forma de ocupación rentable y gratificante a la que apunta con codicia, sino que también vislumbra en el arte una acción terapéutica sumamente comercial. Porque el artetainment es hoy también utilizado con fines curativos en su versión de arteterapia.

Si estás triste o aburrido te recetan bailar, pintar, escribir poesía, o moldear arcilla; y  no lo hacen porque crean que tienes un talento especial para alguna de estas artes, sino a modo de analgésico paliativo sin graves efectos secundarios; una ayuda para sobrellevar el aburrimiento o el vacío de la vida. 

Esta finalidad calmante o anestesiante es otra de las diferencias fundamentales entre el verdadero arte y el artetainment.

Mientras que el artetainment se receta y se cultiva como un cuidado paliativo frente al dolor, el arte original por el contrario, evita y repudia cualquier método silenciador y distractor de masas, porque el trabajo del arte consiste en amplificar, poner color, forma, letra, ritmo y sonido a una realidad que es evidente para el artista.

El pintor pintaba para saciar su necesidad de expresarse, el bailarín bailaba intentando saltar de si mismo, el escritor escribía para deshacerse del machaque mental que le provocaban las ideas sobre el mundo en su cerebro. Había por lo tanto en el proceso creativo del artista, una disconformidad, una inquietud, una duda, una incomodidad o un displacer.

Aquel viejo concepto de que el arte sucede a pesar del artista, como una alergia inmune a toda resistencia, se ve poco, y es que el artetainment trabaja justamente en la dirección opuesta porque es un producto que pertenece a la industria más poderosa del mundo; la industria de la distracción o del entretenimiento.

El artetainment, como cualquier otro producto comercial, se cultiva  y se acomoda al gusto masivo, se rocía de fertilizante y se le da el color y la forma  adecuadas para satisfacer el gusto del mercado, apuntando sin concesiones a la concordancia, que le otorgan la seguridad y la rentabilidad de toda aceptación masiva.

Aprender cualquier forma de expresión artística es principalmente aprender a dominar un instrumento y en la vida los instrumentos son necesarios porque siempre nos acompañan, nos relajan y nos alivian.

Pero dominar un instrumento a la perfección no es ser un artista, ya que el arte sólo aparece cuando el instrumento sirve de pasaje y tiene algo nuevo que decir, porque la finalidad del el arte no es complacerte, sino despertarte. 

 

JR

 

 

“ Es curioso como la superficialidad te  hunde sin llevarte jamás a lo profundo y a su vez rescata a aquellos que se ahogan de profundidad” JR

 

“El Auténtico Placer”

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Mi abuela solía disimular la abundancia porque así era como antiguamente, la gente educada, demostraba piedad.

Y esa piedad consistía en no provocar en el otro, ni envidia, ni malos sentimientos.

Esta era una forma de consideración y de respeto, que incluía la profunda conciencia de que ser más feliz o tener más recursos disponibles que otras personas, no era algo de lo que uno debía presumir, sino algo que uno debía disfrutar sin grandes alardes.

Porque el verdadero disfrute es siempre invisible y silencioso.

No comas pan delante de los pobres” solía decir mi abuela, implorando siempre la moderación adecuada en los relatos de las conquistas, de las capacidades y de las riquezas.

La ostentación no sólo era un símbolo de mala educación y de grosería, sino que además, reflejaba una falta de empatía enorme hacia el entorno. 

Esta tendencia a minimizar los logros o los progresos propios estuvo siempre muy dentro de mí, hasta el punto de traspasar el límite de la piedad y asentarme en el campo de la auto desvalorización.

Uno, intentando nunca herir a nadie, se reducía tanto, que al final desaparecía.

Mi padre, denotando esta falta de valoración en mí, me enseñó otro dicho popular que me ayudó a balancear tanta humildad innecesaria, hacia un punto más nutritivo.

No te agaches tanto, que se te ve el culo” me decía, viendo que en este mundo de show offs, ostentación y escaparates, tanta piedad no me hacía justicia.

Hoy sin embargo, esa piedad está olvidada y mucha gente vive, viaja y hace cosas únicamente para mostrarse y para generar envidia en su entorno.

Hay un disfrute extraño en la ostentación que incluye a modo de placer, la envidia del otro. Y que sin esa envidia, no logra nunca convertirse en un disfrute completo. 

La obsesión actual con publicar en redes sociales todo movimiento, tiene que ver con esa forma de disfrutar ruidosa, que incluye a la mirada del otro en todos nuestros procesos felices, como si disfrutar incluyera el ser visto.

Porque si nadie lo ve y lo envidia ¿para qué viajar o comprarme un coche de lujo?

La ostentación es la característica escencial del nuevo rico. Aquel que necesita reafirmarse con la riqueza porque en esa reafirmación encuentra un poder, que cuando era pobre no tenía.

El rico de siempre por el contrario, acostumbrado a la abundancia, percibe a la riqueza como a una normalidad; no como a algo que haya que mostrar, sino como a algo que debe esconder lo máximo posible, para asegurarse de que la gente no se acerca a él únicamente por su dinero o por su posición.

En este nuevo mundo de escaparates, muchos buscan mostrarse y ser envidiados, porque consideran que el verdadero placer, no está en el placer en sí mismo, sino en la posibilidad que éste nos ofrece para generar envidia.

Para luego llenarse de cintas rojas, manitas y ojitos contra el mal de ojo, que les prevengan de la envidia, que ellos mismos se provocan.

JR

“ La felicidad es invisible y silenciosa” JR

“La Enfermedad del Positivismo”

A la depresión se llega igual de rápido por el camino de la indolencia, que por el camino de la sobre-exigencia.” JR

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El positivismo es un movimiento que se sustenta en la frase “ Yes we can” ( Si, podemos). Pero esta frase corta y optimista esconde también su lado oscuro.

Todo desafío se concibe originalmente en respuesta a un impedimento o a una prohibición externa, que se rebela contra un destino impuesto desde afuera, imposibilitando el libre desarrollo del individuo.

El hombre del positivismo cambia entonces el mandato externo del “no”,  por un mandato interno del “sí “ ( yes we can). Cambiando al “no” impuesto, por un “si” que se impone a sí mismo.

A partir de este momento, ya no va a ser el afuera quien le imponga o le limite, sino que va a ser él mismo quien se auto-imponga una disciplina.

La productividad del individuo positivista siempre aumenta y a este incremento voluntario del trabajo y de la actividad en todos sus ámbitos, ya no se le llama explotación, sino “libertad”, porque ésta es una explotación autoinfligida. 

Este individuo autodenominado “libre”, cuando se desliza hacia el extremo del positivismo, experimenta de forma creciente una tendencia manifiesta hacia la sensación de cansancio, de agotamiento mental, de falta de sentido, de dispersión, de aburrimiento y de fracaso, que le va llevando poco a poco a poner en duda a su motivación original del “yes we can” y a cambiarla por otra menos inclusiva: “todos pueden, menos yo”. 

El mundo del positivismo es el mundo del “nada es imposible” y frente a esta motivadora e utópica frase, (que enferma a todo aquel que se queda atrapado en su absolutismo), nace como reacción el depresivo; que frente a semejante auto-imposición del “sí” absoluto y del “todo es posible”,expresa su sensación individual de imposibilidad y de fracaso y la proyecta con el carácteristico “no”, para el cual “nada es posible”.

Muchos creemos que la depresión está en auge en el mundo rico occidental, no debido al aumento del sufrimiento externo, sino al aumento del sufrimiento interno; provocado en ocasiones por una exigencia desmedida, auto impuesta libremente desde adentro y a la que no se identifica fácilmente como a una forma de violencia.

Aquello que despista en esta falta de identificación es que nadie obliga desde fuera al individuo a poderlo todo, sino que ésta es una condena auto-impuesta, una violencia auto infligida que desencadena en depresión. 

El éxito impuesto desde afuera, al que muchos consideraban hasta ahora como al verdugo de nuestro tiempo, es en realidad, un dictador destronado.

El éxito, que es un sustantivo abstracto y que como todo aquello abstracto no puede medirse aisladamente; sólo puede contabilizarse en relación o en comparación con otra cosa.

Uno puede sentirse exitoso, dependiendo de con quien se compare y en qué aspecto se le compare.

Alguien puede ser más exitoso que otro en el aspecto económico y sin embargo, mucho menos exitoso que éste en el aspecto familiar, creativo, afectivo, cultural, intelectual o espiritual. Y es que el éxito no posee bordes delimitados ni parejos y no suele crecer siempre de una forma equilibrada.

Lo más contradictorio es que el positivismo extremo, (que ha cambiado el eje de la imposición del afuera hacia el adentro), deja ya de medir sus resultados en relación con el afuera; es decir, en comparación con el otro; porque el individuo positivista ya no compite con otro, sino únicamente consigo mismo.

El positivista crea un “ideal de sí mismo” al que denomina “proyecto de mi mismo” y lucha sin descanso por alcanzarlo, sin reparar en el abismo que en ocasiones le separa de él, ni en la posibilidad de que ese objetivo pueda ser para él, realmente inalcanzable.

Pero frente a cualquier impedimento que le sugiera una desaceleración, una revisión o un cambio de rumbo, el extremista no cede y por el contrario, no duda en aumentar el nivel de auto-agresión como método paliativo y para que le permita seguir adelante con su objetivo.

Es por por este motivo que el nuevo eje positivista, al que se percibió en un primer momento como a un movimiento “liberador”, (que nos liberaba del “no”) esconde en su otro extremo, a un tipo distinto de esclavitud: la dictadura del “sí”.

Pasamos de la esclavitud del “no absoluto” a la del “si absoluto” y del “nada puedes” al ” lo puedes todo”.

Este nuevo extremo ha generado a individuos que creyendo haber superado ya la imposición externa del “no”, no logran superar jamás la del”deber ser”. Pero se han convertido ahora, en sus propios verdugos.

Estos seres están abocados a la actividad sin límites, a la ambición desmedida y al “multitasking” cotidiano y desenfrenado, tan característico del “siempre se puede un poco más” porque “nada es imposible” y “nada es suficiente”. ( filosofía en la que se tiende a educar actualmente a los niños).

Esta falta de “saciedad”, que es la incapacidad de sentir que uno ha alcanzado un objetivo y parar para darse el tiempo de disfrutarlo, aumenta por el contrario y de forma destructiva la velocidad y la actividad hasta producir el “burn out” ( los quemados); esos pobres individuos que nunca logran alcanzar un reposo gratificante. Y que se queman a sí mismos, en pos de una superación nunca alcanzada.

Con la nueva obsesión colectiva del “nada es imposible” el individuo actual se auto impone una disciplina extrema en multiples aspectos y esta sobre- exigencia es la que le devuelve a la misma sensación de fracaso y de impedimento de la cual intentaba escapar en un principio, pero ahora yendo de la mano del prometedor “yes, we can”.

Y comienza a despeñarse ahora, desde la cumbre aún difusa de la auto-realización, hacia la auto-destrucción.

JR

“Conocer y aceptar nuestras limitaciones no es siempre la evidencia de un fracaso, sino la oportunidad de una liberación.” JR