“El Profesorado en Tiempos de Pandemia”

Si hay una profesión que pasará pronto a la historia es la del profesor analógico en el aula.

La pandemia ha reflejado muy claramente la carencia de digitalización de la mayoría de las escuelas primarias, secundarias e universitarias.

Durante estos días de encierro, muchas fueron las escuelas que mandaban un temario con deberes para que madres, padres y alumnos, se arreglaran solos con el programa del curso en casa.

Ante la desesperación de los padres en buscar plataformas virtuales con los temas escolares de los niños; sumado a su propio teletrabajo y a los nervios por hacerlo bien, para no entrar en la lista de despidos de la empresa; las primeras semanas de encierro se volvieron un caos.

Mandar deberes no es enseñar. Mandar un temario para que aprendas por tu cuenta de plataformas digitales, no es enseñar.

Siempre consideré el trabajo del maestro como algo cómodo y compatible con la vida familiar; muchos meses de vacaciones, las mismas fiestas que los niños y descuentos en los centros para tus propios hijos.

Pero sobre todo en tiempos de pandemia, ser profesor es un verdadero chollo; cobrar sin dar ni siquiera una clase virtual, ni una explicación sobre ninguno de los temas.

“Nos conectaremos para ver si hay alguna duda” era la consigna de muchos profesores de primaria y de secundaria durante estas semanas, una vez por semana.

No señor, usted debería montarse en su casa un aula virtual, con una pizarra o una cartulina blanca detrás y enseñar como si estuviera cumpliendo con su horario escolar (que por supuesto seguimos pagando, sin ningún tipo de descuento, mientras hacemos homeschooling)

Mientras las madres enseñan a sus hijos, van descubriendo también, que el trabajo del profesor en el aula se ha vuelto en tiempos de pandemia totalmente prescindible.

Existen hoy en día múltiples plataformas con clases virtuales sobre distintos temas, con profesores que sí tienen ganas de enseñar y que se esfuerzan por tener muchas visitas en sus páginas web.

Por lo cual, suelen brindar clases on- line entretenidas y didácticas para que sus alumnos aprendan y se enganchen a sus plataformas.

Muchas instituciones alegaban que no se encontraban preparadas para una situación así. Y la verdad es que nadie se encuentra nunca preparado para una pandemia, pero la digitalización no es un tema que haya aparecido esta mañana.

Seguir insistiendo en una educación del siglo XIX es resistirse a los cambios y también negarse a evolucionar con ellos.

Por supuesto que es difícil al principio, pero era urgente.

Y sino, vean ahora lo desfasados que están y el trabajo que han delegado a los padres.

Lamentablemente, nuestra percepción de la educación escolar no será la misma después de la pandemia.

Han quedado en evidencia los métodos viejos, la falta de iniciativa y de preparación del personal docente, la pereza de un rubro que enseña sin ganas, ni entusiasmo, y sobre todo, la gran apatía que demuestran hacia el mundo que les espera a nuestros niños y jóvenes, que gracias a esta pandemia ha descubierto infinidad de plataformas virtuales que hacen un trabajo mucho mejor que el vuestro.

Pero lo más triste para algunos y quizás lo más liberador para muchos de vosotros, es descubrir que los estudiantes ya no les necesitan.

JR

“La Era del Social Distancing”

El miedo suele mostrarnos más de lo que creemos. El miedo descubre al desamor, descubre a la cobardía, a la falsedad en los sentimientos y también en los ideales.

Una cosa es la afirmación del sentimiento o de la virtud en la seguridad y otra muy distinta, en los momentos de temor.

Son pocos los que atraviesan el temor igual de firmes e íntegros que la bonanza.

El miedo es algo que habíamos logrado erradicar en aras de un mundo seguro.

La seguridad era un artículo de lujo y un invento occidental por excelencia, que nos hizo creer durante mucho tiempo, que si podíamos acceder a ella, no teníamos nada que temer.

Pero frente a una pandemia como ésta, ya no se está seguro de nada, ni de la vida, ni de los ideales, ni de los afectos.

La gente empieza a alejarse cada vez más cuando percibe en el otro un peligro para su propia seguridad. Y lo hace naturalmente y sin necesidad de que la obliguen.

Las relaciones se vuelven más frías, más distantes, más desconfiadas. Las parejas duermen en cuartos separados, los hijos ya no besan, ni abrazan y todos miran con recelo al infectado con síntomas; ignorando que quizás ellos fueron los portadores silenciosos que le infectaron.

El peligro está en el otro y de esa distancia de seguridad depende la mía.

El mundo que nos espera en los meses siguientes a la cuarentena será decisivo; no sólo en nuestra percepción del otro, sino también en nuestra capacidad de controlar y de superar el miedo.

Ya están los movimientos comunistas esperando con ganas el declive económico; lo esperan como la oportunidad para echar por tierra a los gobiernos parlamentarios y democráticos y para cambiar un sistema económico capitalista, al que detestan desde hace décadas.

Y lo dicen sin pudor en las redes. Ellos y el mundo islamista son los únicos contentos con la epidemia, los portadores silenciosos de un nuevo plan político, social y económico tiránico, que incluye el pensamiento único, el control total del ciudadano, de la prensa, de los datos, de los números, de la información, la dependencia total del estado y el dominio total de una población asustada y que se deja hacer, sin resistirse demasiado.

La pandemia es la oportunidad que muchos han estado esperando durante décadas. Y el miedo es tierra fértil, al igual que la cobardía de una población que resulta fácil de manipular con frases hechas y eslóganes bonitos, cuando se siente insegura y frágil.

Muchos son los cambios que vendrán en los países más débiles, con menos recursos, o de gente cobarde, buenista, poco inteligente o bien pensada.

Es bonito ser bien pensado; pero no cuando te gobiernan oportunistas. En ese caso, es un peligro ser demasiado ingenuo o demasiado educado.

El Presidente español, aliado de comunistas, se presenta como buen manipulador, haciéndose el bueno y diciendo a los jóvenes que seguramente el coronavirus se cargue su futuro. Ya no podrán estudiar sin trabajar hasta los 30, como hacían hasta ahora, porque el estado de bienestar se verá limitado por todo lo que se está gastando en salvar a los ancianos.

Han estudiado muy bien los mensajes que deben llegar a la juventudes votantes, que pronto echarán la culpa de todos sus males venideros a los viejos.

Ellos, que eran la generación del bienestar tendrán que salir a buscar trabajo por primera vez en su vida y en un mundo sin empleo. Pobrecitos. No es de extrañar que luego de semejante mensaje, comiencen a caer abuelos por los balcones.

Hay técnicas de desunión que son tan maquiavélicas y tan evidentes para los mal pensados como yo. Técnicas tan burdas como hacerse el bueno sin serlo y echar la culpa de tus malas gestiones a la franja de población más débil.

O disfrutar de lo cristalinas que están las aguas sin gente y ese tan normalizado “el mundo se lo merece”. Si, el mundo, claro, todos menos yo.

La cosa empieza a cambiar cuando la que muere es mi madre y no la tuya.

Cuando eras tú el que tosía, el mundo se lo merecía; cuando empiezo a toser yo, entonces esto es una injusticia sin ninguna explicación.

El social distancing da una perspectiva muy distinta de las mismas cosas.

Pero a medida que las cosas se acercan y te tocan, uno ya no es ni tan bueno, ni tan solidario, ni tan profético, ni tan democrático, ni tan valiente, ni tan ecologista como antes.

Por eso dominar el temor para no arriesgar los principios, resulta ser hoy tan importante.

Que el social distancing no nos sirva para seguir alejándonos y para hacernos cada vez mas cobardes; sino como perspectiva para poder ver mejor las cosas que vendrán, si no las paramos a tiempo.

JR

“Filosofía de la Inmediatez”

Estudiar filosofía no te convierte en un filósofo, ni estudiar medicina te garantiza ser capaz de curar un virus, porque una cosa es la mecánica y otra la creatividad; una cosa es saberte el manual de memoria y otra muy distinta es poder crear un manual nuevo.

Con esta pandemia pasa lo mismo, se mitigan los síntomas, se atienden las urgencias con lo conocido, con aquello mismo con lo que curamos lo de siempre; pero frente a lo desconocido, el manual ya no sirve o ya no basta.

Y lo mismo sucede con la organización de un estado frente a una pandemia.

No hay una única opción que sea válida para todos, sino que cada opción tiene que ir de acuerdo a la realidad de cada estado.

No es lo mismo gestionar una pandemia en Alemania que en Bolivia o en Brasil.

El mismo manual no sirve en esos casos y copiar del compañero en el examen, puede no traerte al final, los mismos resultados.

Es aquí cuando se pone en juego la creatividad y la libertad de cada uno; porque para crear hay que liberarse de lo establecido y del temor que implica innovar.

Cuando la pandemia comenzó en China, cerrar las fronteras o prohibir la entrada a los chinos, era una medida considerada por el buenismo europeo como una medida “racista”.

Había que seguir recibiendo a los chinos en masa e incluso hacer campañas como la del alcalde de Florencia “abrace a un chino” para mostrarle al mundo lo abiertos que eran los italianos.

Una semana después, Italia se convirtió en un cementerio. Pero habían demostrado que no eran racistas y eso parecía ser para algunos políticos, lo más importante.

Ahora China ya pasó el virus y lo primero que hizo fue cerrar sus fronteras. Pero ellos curiosamente no son tildados de racistas, sino de precavidos.

Ahora intentan además, ser los salvadores, ellos tan comunistas, tan crueles y genocidas con su población, los silenciadores de la mortalidad de su virus desde el principio; hoy sin embargo, parecen ser para algunos, los buenos de toda esta historia.

Y es que tanto buenismo mata y no sólo mata neuronas.

Si Platón es el filósofo del mundo ideal, Aristóteles es el filósofo de la inmediatez, de lo que sucede en el momento como viene y como es, sin divagaciones ni sueños.

Y es que Aristóteles fue un clasificador nato, un filósofo de lo útil, de la resolución de lo cotidiano.

Lo mismo pasa en el amor; está el amor platónico y está el amor aristotélico.

El platónico es un amor ideal, divino y buenista; el aristotélico en cambio, es ese amor real que se levanta todas las mañanas a hacer algo útil por ti.

El platónico es más romántico mientras que el aristotélico es más inmediato, práctico y eficiente.

Todos sabemos que son complicadas las decisiones en tiempos de pandemia y que hay mucho amor platónico de moda en esta cuarentena; mucho lavado de manos al estilo Poncio Pilatos; mucho ecológico deshumanizado y sin estudios; mucho filósofo de la Edad Media pronosticando castigos y profecías; pero hay muy pocos Aristóteles dando vueltas.

Es la inmediatez y su eficacia, lo que nos salvará, tanto en lo sanitario como en lo económico y en lo social. Esa mirada científica que clasifica y descubre lo mejor para cada uno en cada momento.

“El objeto condiciona el método” nos diría Aristóteles, obligándonos a repensar lo pensado y a acomodar la observación a cada circunstancia y a cada realidad.

Y es que a veces, la creatividad nace rompiendo barreras para crear nuevos moldes. Aunque los demás te critiquen.

Es un momento de experimentación, de trabajo, de constancia, de resistencia. Tanto para el que lleva semanas encerrado en un piso de 10 metros cuadrados con niños pequeños, como para los profesionales de todos los ámbitos.

Necesitamos encontrar, no aquello que funcione bajo condiciones ideales, sino aquello que funcione bajo condiciones reales.

Y en la política, se necesitan hoy menos divagues platónicos y muchos mas Aristóteles.

JR

“Aprender el NO”

Quienes han vivido en estos últimos 40 años, han conocido un mundo que no volverá a ser igual.

Estos individuos se han criado en un mundo analógico que vio nacer a un mundo digital; y estas personas hoy pueden relatar la experiencia de una infancia muy distinta a la actual y tener la sensación de ser muy viejos, sin serlo.

Lo que da la sensación de ser viejo, no es la edad, sino las experiencias distintas vividas. Quien ha vivido vidas diferentes a las que habita actualmente, siente la sensación de haber vivido más.

En cambio, quien ha vivido siempre lo mismo, no madura, aunque se vuelva físicamente viejo.

Las vidas monocromáticas no dan perspectiva ni profundidad, sino que se estancan en la frivolidad de “lo mismo de siempre” que detiene la mirada y genera enfermedades propias del aburrimiento; como son la depresión, la obesidad y demás trastornos alimenticios, la obsesión por la belleza, la imagen, la salud, los viajes, los bienes materiales, el éxito, el sexo y demás obsesiones que generan motivos superficiales de demencia.

La demencia de la post guerra era el resultado de experiencias traumáticas vividas, mientras que la demencia actual es generalmente el resultado de la frivolidad y del aburrimiento en el que se vive.

Hemos comprobado que en épocas de paz, de estabilidad y de Democracia son otras las enfermedades que prosperan y se caracterizan generalmente, por la inconformidad permanente y por la falta de voluntad para la superación; tanto de lo cotidiano, como de lo inevitable.

Esta es la época de la “asistencia” en donde el individuo necesita ayuda para todo.

Es una época marcada por la medicación y por los “coaches”y ha criado a individuos incapaces de bastarse por sí mismos en casi ninguna situación.

Somos una población de gente dependiente y deprimida, pero que justifica su incapacidad de bastarse solo, con la “necesidad social”, una que desde afuera se observa como una carencia profunda de voluntad y de fortaleza.

La gente no puede hoy en día ni hacer gimnasia sin alguien que le venga a buscar a su casa y lo saque a pasear como si fuera un perro.

Y esto que nos resulta tan moderno y normal, es un síntoma de ausencia de voluntad y de falta de autonomía muy grave.

Quien tiene todo, sin haber conocido el no tenerlo, suele sentir que siempre le falta algo. Y está en su derecho a sentirlo, porque lo que le falta es la experiencia de haber producido dicho cambio por sí mismo.

Quien sólo ha conocido las experiencias del “si”, necesita la experiencia del “no” para poder notar la diferencia.

El estado Democrático como padre protector y uno mismo como padre carnal, prefiere evitarle toda experiencia dolorosa a sus hijos, pero que a la larga, demuestran que son necesarias.

Los últimos 70 años marcaron un mundo sin grandes guerras; los combates se privatizaron y se sectorizaron, al igual que lo hizo la economía y la vida de los ciudadanos; y el bienestar general que proporcionó la Democracia se extendió promoviendo libertad, educación, derechos e igualdades de todo tipo.

La generación de los millenials vivió este apogeo de libertad, de derechos y de igualdades, pero no siempre lo apreció, porque quien no conoce lo diferente, permanece incapacitado para realizar una valoración adecuada.

Curiosamente, quienes más traumatizados estamos hoy con esta pandemia somos quienes menos cambios hemos sufrido en nuestra propia vida.

Y utilizo la palabra “sufrir” porque los cambios se reconocen como cambios porque duelen. Lo que no duele, no es cambio, sino simplemente una alternancia en la postura.

El número 40 en la historia de la humanidad es un número que siempre simbolizó el cambio.

Cuarenta fueron los años de las tribus en el desierto, cuarenta los días y cuarenta las noches del diluvio, cuarenta los días de Jesús en ayunas en el monte de los olivos y cuarenta son hoy los días que se estipulan en una cuarentena ante una pandemia.

El 40 es el símbolo de algo que cambia para convertirse en algo distinto a lo que fue, pero con dolor.

La cuarentena nos cuesta más a aquellos grupos acostumbrados a la bonanza, a la libre expresión, a la protesta permanente y a la malcríanza que nos ha generado la Democracia, en donde todo es posible, porque todos tenemos voz.

No es de extrañar que valoren más la Democracia los grupos que conocieron otra cosa distinta. Y que la rechacen y la desprotejan, justamente aquellos que desconocen totalmente las otras opciones.

El grupo más joven es justamente el que menos valora y agradece la Democracia y es también el que más celebra las muertes de las personas por esta pandemia, en pos de la naturaleza. Miedo daría quedar en manos de una generación tan ecológica, tan práctica y tan cruel.

La Democracia es el “si” por excelencia.

La generación que sólo ha conocido la vida en Democracia y en liberad tiene durante éstos 40 días de cuarentena, la oportunidad de aprender una palabra desconocida y sin duda la más difícil del diccionario: “NO”

JR

“La Ecología en Tiempos de Pandemia”

Si hay un colectivo que disfruta en estos tiempos de pandemia es el colectivo de los ecologistas.

Nada es permanente, “sólo el cambio permanece” decía Heráclito allá por la antigua Grecia y tomar conciencia de nuestra naturaleza no permanente, suele despertar algunas conciencias que se sienten eternas.

La contaminación tampoco será permanente, ya que las pandemias se encargarán de reciclar el ambiente cada tanto, por lo cual, los ecologistas pueden seguir durmiendo tranquilos.

Hoy los más fanáticos de Greenpeace disfrutan de cada muerte porque les dará cinco minutos más de glaciar, y mientras no sea ni su tía ni su madre, quienes reduzcan un par de grados la temperatura del planeta, todo habrá valido la pena y nos habrá salido muy barato.

¿Qué son acaso 10.000 muertes en un mes, si conseguimos que haya cisnes en los canales de Venecia?

-“Nos compensa perder a algunos, con tal de preservar el planeta”_ dicen los eco-friendly.

Y su argumento es totalmente cierto, pero estas almas caritativas, nunca se ofrecen como voluntarios para este imperioso reciclaje. Curioso ¿verdad?

El problema con el aislamiento y el racionamiento actualmente, parece ser que nadie da de comer a las gaviotas en las Islas Canarias, ni a los gatos callejeros de Madrid y éstos empiezan a mostrar su lado más salvaje ante la escasez.

Por lo cual, la presencia humana, tan contaminante por cierto, servía al menos para civilizar a las fieras.

Siempre recuerdo una historia rumana de la época del comunismo. Había tanto hambre en Rumania que los perros callejeros se habían vuelto lobos y si te cruzabas con uno por el campo te devoraba.

La gente mataba perros como si fueran hienas. Y esto mismo pasa en todos los paises pobres. Los perros allí no son esos animalitos indefensos occidentales y con derechos.

Los animalitos monísimos del National Geographic también son muy ecológicos y si ven una presa humana a su alcance en un día en que tienen hambre, no se lo piensan dos veces y lo hacen por el planeta.

Hay que reconocer que es increíble ver cómo cambia el paisaje con algunos hombres menos. Los índices de mortalidad son inversamente proporcionales a los índices de contaminación. Cuantas más muertes, menos contaminación.

Ahora entiendo a la juventud europea y americana que persiste en el botellón multitudinario. No son malos, sino sabios.

Saben hacer cuentas y calcular que cuantos más viejos mueran, menos polución habrá.

Al menos hasta que empiecen a llegar ellos mismos a urgencias, no por el Corona virus, sino por los picotazos de las gaviotas hambrientas de la playa.

El problema con esta generación de ecologistas es que generalmente no crean empleo ni bienestar. Viven del bienestar creado por las generaciones que les preceden, pero no saben realmente hacer nada más que protestar.

Son como los hijos inútiles de los padres ricos. Esos que nunca lograron nada por sí mismos y lo saben.

Para olvidarlo se drogan y se emborrachan y llegan a la mansión de papá en estado de coma, para reprocharle que su problema es que les ha faltado cariño, cuando en realidad, lo que les ha faltado es hambre.

El hambre transforma mucho, motiva, moviliza y convierte a lo doméstico en salvaje, a la debilidad en fortaleza, al capricho en disciplina, a la carne fofa en músculo y a la manía en mano de obra.

¡Ay! ¡Dios nos libre de quedar vivos y a cargo de esta generación de blandos, alérgicos, inútiles, drogadictos y ecológicos!

Pero aún así, no puedo evitar seguir maravillándome con los bajos índices de polución que nos deja esta pandemia y me pregunto si los chinos no podrán la próxima vez mutar un poco más al murciélago y darle un envión, para que la selección mortal empiece la próxima vez por otro lado.

¡Qué limpios estarían los cielos, cuánto menos colapso tendríamos en el consumo de internet, de electricidad, de comida, cuánto menos gastaríamos en universidades, reduciríamos el narco tráfico, el consumo de alcohol, los atentados terroristas, las violaciones, los accidentes de tráfico!

Y así, mientras ellos ruegan por que se respete la cuarentena en la próxima epidemia que les afecte principalmente a ellos, los mayores podríamos hacer botellón y ocuparnos de lo verdaderamente importante: seguir alimentando a las gaviotas.

JR

“La Hipocresía en tiempos de Pandemia”

Lo único que nos salva en estos tiempos de encierro a los ciudadanos es el humor.

La gente se cura riéndose de sus propias desgracias y de su propia ridiculez en tiempos de desgracia y no hay nada que enferme más que la seriedad.

Abundan también las cadenas solidarias y los mensajes empalagosos que intentan convencernos de que el Corona nos trae la oportunidad de amar, de unir y de volver a plantearnos el sentido de la vida.

Particularmente, no he sufrido ningún tipo de transformación mística, quizás porque siempre he hecho lo que tenía que hacer aunque me costara, y no he llevado una vida que me convoque a grandes arrepentimientos, ni a cambios de rumbo urgentes.

Y para ser totalmente sincero, si salgo vivo del Corona, volveré a ser el mismo de siempre.

Sobre la oportunidad de amar al prójimo que plantean algunos en épocas de pandemia, tampoco estoy demasiado convencido.

En épocas de pandemia la gente se aísla, teme por su propia vida y la vida de quienes tiene a su cargo y evita todo contacto con alguien más, a menos que su trabajo esté en juego.

Si eres médico, enfermero, policía, farmacéutico o cajero de un supermercado, no te queda otra opción que estar allí, poner el cuerpo con la equipacion adecuada y darlo todo; pero la solidaridad para el resto de los ciudadanos, existe únicamente a golpe de WhatsApp.

En tiempos de pandemia todos nos amamos a distancia y móvil de por medio. La caridad tiene ahora unos límites de un metro bien definido. Y el confinamiento obligado, nos proporciona la excusa perfecta para no mover un dedo por nadie.

Y aunque los políticos intenten convencernos de que esto es una guerra, el comportamiento en tiempos de pandemia no es igual al de la guerra.

El ser humano se vuelve muy mezquino en épocas de pandemia, aunque se empeñe en hacer creer a todos lo contrario.

En la guerra, el individuo pone el cuerpo, en la pandemia lo esconde.

La guerra nos obliga a ser valientes, mientras que la pandemia nos permite seguir siendo unos cobardes.

Hay pocos generosos y entregados y generalmente, son aquellas personas que menos apegadas están a la vida.

Otra contradicción en los tiempos de pandemia es la poca empatía social de los que se autodenominaban socialistas y humanitarios y la poca fe de aquellos que se creían hombres de fe.

Todos aquellos que juraban creer en una vida mejor después de la muerte, hoy curiosamente no parecen estar ni tan entregados, ni tan convencidos de sus creencias.

Están igual de desesperados que los ateos, que sostienen que después de esto no hay nada más.

La fe no es rezar para que pase lo que tú quieres, la fe es entregarse a que pase lo que tenga que pasar.

Y es por eso, que el terror a la muerte de la gente religiosa nos alerta sobre su falta de fe y de religiosidad, así como la falta de solidaridad, deja al descubierto a los falsos socialistas y a los feministas millenials del cambio climático.

Un hombre de fe es un hombre tranquilo; aún en tiempos de pandemia. Y un hombre digno es un hombre coherente.

Otro agradable entretenimiento en este encierro son las cadenas de los alegres ecologistas, que disfrutan de las aguas cristalinas de Venecia, ahora llenas de cisnes y de patos, las calles vacías de Roma, la reducción del smog en ciudades como Madrid, que ahora brilla con cielos azules, pero que nos han costado ya más de mil muertos.

Es curioso ver a esta gente tan eco-sensible disfrutar de tanta pureza a costa del reciclaje humano y del derrumbe de las economías. Que todo estará más limpio cuando estemos todos muertos, eso es seguro.

Y volverán los cisnes y las aguas transparentes, las ballenas y los glaciares para el deleite de Greta Thunberg y de los sensibles millenials.

Hay que cuidarse de lo que uno desea con tanto fanatismo, porque a veces, se hace realidad y hasta resulta que con viento a favor, no se mueren sólo los viejos.

El encierro cuesta al principio, pero poco a poco, uno va acostumbrándose a él cada vez más.

Durante las primeras semanas nos pica todo el cuerpo, pero en las semanas siguientes, uno se deja de rascar.

Después de todo, antes del encierro también vivíamos cada uno en nuestro mundo virtual, el encierro exterior no es tan distinto a nuestro ser interior, ni al confinamiento digital en el que habitamos habitualmente.

Seguramente las semanas siguientes a la liberación, valoraremos volver a andar por la calle, circular libremente o ir al trabajo; pero mucho me temo que seguiremos distanciados del otro, tocaremos menos, estockearemos más y olvidaremos pronto.

La humanidad se repone a todo, sigue adelante y resetea, pero el distanciamiento, la frivolidad, la estupidez y la desconfianza seguirán creciendo, por mucha cadena sentimental que enviemos por WhatsApp.

JR

“La Pandemia del Papel higiénico”

El pánico suele desatar todo tipo de reacciones porque nos alerta sobre la posibilidad inminente de morir; o simplemente nos hace conscientes de nuestra inevitable mortalidad.

El Corona virus, que no es un virus que provoque diarrea, ha desatado sin embargo, formas muy peculiares de locura.

La obsesión por estoquear papel higiénico ha sido increíble durante los días previos a la cuarentena, como si todos deseáramos llegar al cielo con el culo limpio.

La compulsión enfermiza hacia este artículo, que ha desatado incluso peleas en algunos supermercados y ha sido trending topic en las redes sociales; ha puesto en evidencia que nuestra postura ecológica sobre la moderación en el consumo de papel, es en realidad una falacia políticamente correcta apropiada únicamente para tiempos no pandemicos.

Aunque debemos reconocer que no todos están tan alarmados; a mí me han llegado convocatorias para discotecas bajo el lema “fiesta del Corona virus” para este fin de semana, junto con promociones tan tentadoras como: “los primeros 100 en llegar a la fiesta tendrán mascarillas gratis”. Y tengo que reconocer que sólo por conseguir la mascarilla hubiera ido; ya que las mascarillas escasean aún más que el papel higiénico.

Mientras unos bailan y propagan el contagio, disfrutando de las vacaciones universitarias, nosotros cuidamos niños y abuelos en casa, cerrando nuestros locales de trabajo y observando las recomendaciones de cuarentena que nos ha trasmitido la OMS.

En fin, a veces me pregunto si el virus más peligroso de todos, no será esta generación ecológica de descerebrados que se viene.

Es cierto que los datos sobre las víctimas de este virus aumentan en algunos países, pero también nos demuestran que todos aquellos países que cerraron a tiempo sus fronteras, no tienen hoy la pandemia y han logrado erradicar la enfermedad rápidamente.

Aún recuerdo las condenas a Rusia por racismo y por estigmatizar a los enfermos, cuando en Enero, Putin decidió cerrar sus fronteras para evitar la propagación del virus.

Viendo los resultados, ha quedado demostrado que una buena reacción, y a tiempo, tiene sus beneficios, aunque toda la izquierda inclusiva te acuse de loco y de racista por impedir que entre una epidemia peligrosa a minar tu población.

Ver a esta pandemia como a una oportunidad política para algunos, debería ser nuestra obligación en momentos como éstos, ya que las diferentes reacciones de los distintos jefes de estado en estos casos, exponen sus diferentes intereses y posturas.

El alcalde de Florencia por ejemplo, montó una campaña anti racista promoviendo los abrazos a personas chinas unas semanas antes de tener que cerrar la ciudad, dejando claro que el extremismo en la corrección política es mortal cuando se mezcla con la estupidez de izquierdas.

La presencia de una pandemia en los Estados Unidos podría ser quizás lo que necesitaban los demócratas para desestabilizar el gobierno de Trump y poder debilitar su exitosa economía, crear el pánico y lograr así, dar vuelta un resultado casi inevitable: Trump 2020.

Hiciera lo que hiciera Trump con respecto al virus, iba a ser juzgado sin piedad por sus adversarios demócratas y considerado mal hecho. Si cerraba las fronteras como hizo Rusia, las ordas fanáticas de izquierdas habrían reaccionado como lo hicieron contra el muro, porque para la izquierda todo es racismo y discriminacion. Hagas lo que hagas, digas lo que digas, ellos tienen preparado al colectivo de ofendidos, que saldrá a la calle a reclamar y a romperlo todo sin mascarillas.

Pero no hay nada que enseñe tanto, como los números y el tiempo.

Hoy podemos observar que cerrar las fronteras era sin duda, la solución adecuada y que el supuesto racismo y la estigmatizacion de controlar a todos los viajeros que procedían de lugares de riesgo, era algo imprescindible para evitar los contagios masivos.

Ojalá tomemos nota y aprendamos que a veces, cerrar es proteger y proteger a la ciudadanía es la función que tiene todo mandatario de estado.

Actualmente la economía ha colapsado, los sistemas sanitarios no dan abasto y sus empleados están al borde de la locura, y casi sin tiempo para canalizar la angustia, ni en la fiesta del Corona, ni arremetiendo sin control contra el papel higiénico.

JR

“Las Oportunidades de la Pandemia”

Muchas son las posturas frente a la posibilidad de una pandemia.

La prensa disfruta de la rentabilidad de las desgracias, las bolsas caen mientras muchos se enriquecen durante las caídas, las empresas fomentan el stock de alimentos e impulsan la previsión frente a la amenaza, los restaurantes y los espacios públicos multitudinarios se vacían y los políticos utilizan la desgracia y empiezan a echarse culpas unos a otros, de las malas gestiones y del origen de todos los males, mientras aprovechan la oportunidad perfecta para distraer la atención de la población, de otros temas candentes.

Lo cierto es que los métodos comunistas siempre fueron muy prácticos contra la superpoblación. Ellos evitan los congresos, los acuerdos, los derechos humanos y van directos al laboratorio.

Y es que en épocas de bombas nucleares y de longevidad, ya no hay posibilidad de grandes disminuciones de población y se hace lo que se puede para quitarse a algunos de encima, reducir gasto y polución medioambiental.

Antiguamente las guerras cumplían una función de limpieza y reciclaje; pero hoy las guerras ya no son como las guerras de antes, ni los glaciares se descongelaban tan rápidamente, ni los números eran los mismos.

Hay claramente una franja de población productiva y otra que no lo es. Casualmente el virus afecta a esta última franja; los ancianos y los enfermos, a quienes se considera una carga muy alta para la economía de los países.

Quizás por eso, al final de cuentas, unos cuantos miles de pensiones menos, se termina considerando como un beneficio para algunas economías y compensa el no cerrar las fronteras.

Mientras los políticos intentan quedar bien apelando a la libertad del individuo a circular libremente, los sistemas sanitarios se colapsan de gente que ante un estornudo se presenta en los hospitales creyendo que se muere.

Y como no podía ser de otra manera, la izquierda vuelve a sacar la bandera del racismo; que es el encargado de patrocinar todas sus campañas y sus eventos.

Frente a cualquier oportunidad sacan la misma bandera y logran acomodarla a toda ocasión. Como aquel cartel de “Feliz cumpleaños” que venimos reciclando en casa desde hace una década; cumpla quien cumpla, el cartel siempre está ahí, listo para volver a colgarse en el cumpleaños de 2 años de un sobrino o en el de 85 del abuelo.

Racismo o no racismo, si los rubios de ojos azules portaran un grano contagioso, yo también intentaría evitarles, por muy rubios, altos y de ojos azules que sean. El miedo es el miedo y no entiende de colores.

La prensa se ocupa primero de hacerlo crecer y después castiga al oyente por temeroso y además por racista. Y es que la prensa es un negocio de ida vuelta, no tiene pérdida; crean al monstruo primero y luego debaten en cómo hacer para derrocarlo. Así son. Y así somos de inocentes.

Resulta un poco triste vernos a todos tan aferrados a la vida, por muy miserable que ésta sea; en momentos de pandemia todo aquello que antes despreciábamos lo apreciamos ahora, como si fuera maravilloso.

Mientras era vida era ignorada; pero con la posibilidad de una pandemia, lo opaco se vuelve brillante, único, adorado, irreemplazable.

Son muchas las oportunidades que trae la pandemia.

Mientras unos la utilizan para inventarse nuevas conspiraciones imperialistas de Trump, otros están encerrados en los laboratorios de Estados Unidos e Israel trabajando en la vacuna que protegerá al mundo entero.

Cada uno elige a quien creer, pero es importante observar qué cosas ha logrado cada uno; más que escuchar bonitos y victimistas discursos, es importante remitirse a los hechos y a los resultados.

Como siempre y frente a cada cosa existe una oportunidad. Y cada uno decide cuál es la suya.

Lo mismo que unos usan para crear, lo utilizan otros para destruir, el mismo dedo que unos usan para acusar, lo usan otros para curar y la misma pandemia que nos vislumbra la posibilidad de morir, puede servirnos como la oportunidad para valorar la vida que tenemos.

JR

“Avanzar en Equilibrio”

La sociedad va avanzando espasmodicamente y como es nuestra costumbre, lo nuevo siempre nos deslumbra y nos arrastra.

Lo triste es que con la incorporación de lo nuevo, comenzamos a perder aquello viejo que también era valioso; por lo cual, en realidad no avanzamos nunca.

Se pierde por un lado, lo que se gana por otro y estas mudanzas, no constituyen en realidad verdaderos mejoramientos.

La sociedad se enriquece con las nuevas tecnologías, se agiliza el trabajo y se acortan las distancias, pero a su vez, vamos perdiendo capacidades sociales, tiempo de reflexión, memoria y esa creatividad que radicaba en todo lo esencial o primitivo.

El nuevo abanico de entretenimiento se considera ahora casi como el único espacio creativo.

Pero el entretenimiento como concepto, es el espacio que existe entre dos acciones.

Entre hacer y hacer uno se entretiene. ¿Pero dónde empieza y termina el hacer, en un mundo que está permanentemente entreteniéndose?

Las nuevas generaciones ya no ven el valor, ni encuentran el tiempo para los encuentros físicos, fuera del espacio virtual del entretenimiento.

(Nos vemos en la play, en WhatsApp, en snapchat, en instagram, en Tiktok).

Conozco jóvenes que evitan a conciencia el espacio físico y a toda costa, porque les cuesta la expresión oral y ni que hablar de la escrita, si no disponen de un teclado con emoticonos.

Y es que vamos enriqueciéndonos con artes nuevas, pero perdiendo a la vez nuestros antiguos instintos.

Es triste recorrer pueblos con ancestrales tradiciones que no tienen ya quien las continúe ni las preserve. A nadie le interesa el queso que hacían los abuelos, ni las plantas medicinales indígenas que curaron a tantas civilizaciones.

Las personas mueren y junto con ellas, muere toda esa experiencia y sabiduría.

Las nuevas generaciones están demasiado entretenidas para poder ocuparse de nada más.

Tuve un jardinero hace unos años que me enseñó todo sobre las plantas de mi jardín. Yo sabia que no estaría conmigo toda la vida y necesitaba aprenderlo todo, para cuando él ya no estuviera.

Trabajábamos codo a codo cada día que venía. Aprendí a sembrar, a podar cada planta, cada árbol, a pasar la sopladora, la cortadora, a resembrar y a fumigar los frutales.

“Usted robarme trabajo” me decía entre risas, mientras compartíamos tardes de instrucción, anécdotas, guantes, palas, bolsas de tierra y macetas con flores.

Hoy el ya no está conmigo, pero conozco mi jardín y sé llevarlo bien.

Cuando trabajo en él, suelo llamar a mis hijos para enseñarles, pero ellos están siempre demasiado ocupados con el entretenimiento digital y dando likes a las causas de Greta Thunberg.

Y entonces pienso …”cuando yo ya no esté, ¿qué será de mi jardín?”

Hay en la novedad millones de posibilidades y oportunidades maravillosas, pero hay en lo sencillo; milagro, fortaleza y tesoro.

No hay que olvidar que Colón encontró el nuevo mundo navegando en una carabela y Galileo con una lupa descubrió más que cualquier otro, con mucha más tecnología años después.

El hombre tecnológico gana en efectividad y rapidez lo que va perdiendo en memoria, en reflexión, en atención, en perseverancia, en silencio, en instinto y en fortaleza.

Existe en lo esencial un secreto que se desvela sólo a quien está dispuesto a escuchar y a volver de tanto en tanto, a las raíces.

JR

“Especial”

Existe en esta época una tendencia a sentirse especial. Y todos hemos aprendido poco a poco, a sentirnos especiales.

Este mal, nació con la publicidad y con el consumo. “Eres tan especial que te mereces este coche, este viaje, o esta casa”. Y así la gente especial, hipotecaba su vida para vivir de acuerdo a su gran importancia.

Antiguamente, la gente se sentía corriente y no tenía tantas pretensiones, estaba contenta con la vida, con sus logros y no sentía que mereciera tanto más de lo que tenía.

El individualismo es sano en cuanto nos da autoestima, empuje y seguridad, pero en su extremo, hace que perdamos la noción de nuestra verdadera valía, colocando nuestras aspiraciones particulares muy por encima de donde deberían estar.

El individualismo extremo prioriza lo particular por sobre lo colectivo. Ya no importan las causas, sino mi beneficio particular.

Hoy las causas importan en la medida en la que beneficien mi imagen o mi cuenta bancaria.

Las causas tienden a parecerse más a una estrategia con un fin individualista, que a la disolución de lo particular en pos de un ideal más grande.

Otro problema con sentir que uno es especial es que va asociado al pensamiento de que uno merece algo, y su resultado no siempre es el trabajo acorde a ese merecimiento, sino el reproche.

Uno le reprocha a la vida no haberle dado algo, que a su parecer se merecía. Esa sensación de que la vida está en deuda con nosotros.

¿Pero quién es uno para merecer algo? Uno es una persona corriente como todas las demás. ¿Y por qué justamente yo voy a merecer algo más?

La realidad es que ninguno de nosotros es especial. Solamente aquello que hagamos con nuestra vida puede hacer que nuestras acciones sean especiales. Es lo que hacemos, no lo que somos, lo que nos hace especiales.

Uno es especial para su madre, para su abuela y para su hermano. Porque lo especial que uno pueda ser para otro, tiene que ver con el vínculo, pero no es una cuestión de naturaleza.

Lo único que nos diferencia es la acción. ¿Qué has hecho con tu vida? ¿Has dejado algo bonito en el planeta, si tuvieras que marcharte hoy?

Sentirse especial no nos ha ayudado tanto como creemos, al contrario, ha generado mucho resentimiento, mucha envidia y mucha depresión. ¿Cómo es que yo que soy tan especial, no tengo esto o aquello?

Y el problema es que nos cambia el foco. El hecho de “ser” o “existir” no es lo que nos hace especiales, sino nuestra obra durante esa existencia.

Una característica de las personas que se sienten especiales por naturaleza es el desagradecimiento; que a mi parecer, es el peor de todos los defectos.

Quien se cree especial no agradece porque siente que está en su derecho a recibir.

No se sorprende, ni se asombra de lo que recibe. Lo da por hecho. Y generalmente nunca queda contento. Nada es suficiente para alguien tan especial.

Y esa falta de agradecimiento, de contento, de sorpresa y de alegría es su propia amargura.

Las personas corrientes siguen asombrándose del cariño que reciben, sin sentir que se lo merezcan. Cada cosa que reciben de la vida es una fiesta.

Muchos son los males que aquejan a esta época de confort. Pero el más dañino ha sido el sentirse tan especial. No lo somos.

Y cada cosa que recibimos, debería ser una fiesta.

JR

“El ego pregunta: ¿Por qué a mi? Y el alma responde: ¿y por qué no?

“Época de Correcciones”

Uno corrige cuando se ha equivocado y podríamos definir a la acción de corregir, con la de deshacer aquello que estaba hecho y a lo que luego se considera erróneo, falso, incompleto, injusto o hiriente.

Muchas son las correcciones a las que esta época nos impulsa y existe a mi parecer, un despertar de la sensibilidad, que a veces resulta ser bastante extremo y partidista.

La corrección política se ha impuesto como norma diplomática del existir.

Uno ya no puede ir por el mundo diciendo lo que piensa y no basta ya con disimular, como hacíamos hasta ahora.

Desde pequeños se nos enseñaba que decir la verdad podía ser en ocasiones ofensivo y entonces, uno aprendía a callarse ciertas cosas, en pos de una buena convivencia.

Pero ahora vamos un paso más allá. Ahora no sólo se deben callar verdades evitables, en pos de una vida civilizada, sino que debemos empeñarnos en hacer que lo falso sea verdad.

De niños observábamos a nuestra madre ser simpática con aquella vecina a la que odiaba y uno aprendía con el ejemplo sobre corrección política; o en otras palabras, aprendía a ser un falso.

Hoy sin embargo, hemos ido más allá, ahora los niños nos observan aclamar a viva voz las virtudes y hazañas inexistentes de la vecina a la que odiamos.

Porque ya no se promueve el disimulo diplomático y la corrección política, sino la mentira descarada y su propagación indiscriminada.

Igual que el agua caliente, todo tiene sus grados. Una cosa es un disimulo en aras de una buena convivencia y otra, la instauración de la hipocresía como norma absoluta.

Mi bisabuela que era una persona extremadamente positiva y educada, insistía en ponderar siempre a todo el mundo.

Una tarde charlaba con el verdulero del barrio; el pobre era feo y tenía un solo diente. Pero mi abuela que era tan educada, le decía con toda su buena intención:”¡Ese diente que tiene señor Mario, qué bonito es!”

Por supuesto que debería existir un límite, entre la extrema educación, la falta de educación y la hipocresía más radical, pero aunque parezca mentira, ese límite no es tan fácil de encontrar. Y menos ahora, en donde todos se ofenden por cualquier cosa.

En estos años hemos aprendido que ofenderse es un negocio. El que se ofende gana siempre y el que dice la verdad es quien debe pedir perdón.

Hoy tenemos correcciones hasta en la Historia. Si no nos gusta, puede cambiarse, derrumbarse o quitarse de los libros, en aras de no herir ninguna sensibilidad que esté a flor de piel.

Todos sabemos que la historia de la humanidad fue un asco; pero lo que sucede, es que la vida antiguamente también era un asco.

¡Uno sólo piensa en volver a 1990 a vivir sin wiffi y se quiere morir!

¡Imaginad entonces, lo que sería la Edad Media, el Imperio Romano, el Renacimiento, la primera y Segunda Guerra Mundial! ¡Toda vuelta atrás sería un verdadero castigo!

Pero que algo no te guste, no significa que no haya existido.

La historia de la humanidad es la que es; violenta, olorosa, contaminante, carnívora, sanguinaria, injusta, bélica y cruenta. Lo importante es conocerla, aprender y tirar para adelante.

Porque seguir mirando hacia atrás y cultivar odios ancestrales, no ayuda, ni cambia nada.

Aunque no vamos a negar que los políticos saben que desenterrar odios, hace campaña y da muchos votos.

Otro rasgo peculiar de la relación de nuestra época con la Historia es el complejo.

Hoy la población blanca se ha asumido como culpable de todas las desgracias del mundo. Y lo hemos hecho a conciencia y con buena voluntad.

Poco a poco, se nos ha ido responsabilizando de cosas que no hemos presenciado más que en Netflix o en los libros de historia. Pero como debemos disculparnos de alguna forma por todo, nos vemos obligados a corregir.

La compañía de aviación escandinava SAS hizo pública una publicidad en la que intentaba promocionar sus destinos en Escandinavia, pero que escandalizó a los escandinavos.

En la publicidad se informaba que en Escandinavia no había en realidad, nada que fuera realmente escandinavo. Todas aquellas cosas por las que uno viajaba para conocer el país, eran en realidad extranjeras.

Ni la repostería, ni las sillas, ni las albóndigas y hasta los vikingos, parece que tampoco eran los rubios que pensábamos que eran.

¿Qué diría Ragnar Lothbrock de tanta corrección histórica?

Yo tenía ganas de ir este verano hacia el norte, pero después del anuncio de SAS, creo que al final me saldrá más barato pasarme una tarde por Ikea.

Se advierte claramente una intención conciliadora e integradora en el comercial, pero…¿hace falta? ¿y en qué medida?

¿Vamos a tener que modificar nuestra historia para no herir a nadie y para que incluya forzosamente a todos?

¿Vamos a tener que renunciar a nuestra cultura, a nuestra identidad, para que nadie se ofenda? ¿O con permitir la expropiación cultural será suficiente? ¿Adónde está el límite? ¿Habrá límite?

Hoy enseñar Historia o Filosofía es un riesgo que no todos están dispuestos a correr. Demandas, protestas, manifestaciones fuera de clase, son el pan de cada día. Hay que enseñar con mucho cuidado porque hoy, todo hiere a todo el mundo.

Hasta Sócrates y Platón están siempre en el banquillo de los acusados en las universidades americanas, por avalar la existencia de esclavos en el siglo V a.c.

¡Cuidado! porque todo lo que digas ha de ser utilizado en tu contra siglos después, y mirado a través de otra lente.

Por eso recomiendo siempre a todos aquellos que tengan asistencia doméstica o profesional de cualquier tipo, que actúen y se deshagan de ella, antes de que sea demasiado tarde, para evitar que sus tataranietos escupan en sus tumbas.

En Ciencias en cambio, todo parece ser mucho mas tolerante. Aunque yo siempre consideré a los números primos como súper racistas.

¿Por qué el 4 es discriminado y no puede ser un número primo? ¿Con qué derecho? ¿Y por qué los números llevan el artículo masculino?

Tiempo al tiempo compañeras y compañeros, que la reivindicación llegará pronto, porque no hay límites para el absurdo.

Y nosotros los arrepentidos, seguiremos corrigiendo.

JR

“ El Distrito Rojo”

El formato digital nos ha permitido acceder a muchas cosas, sin tener que movernos de casa.

Antiguamente, para saber lo que era un distrito rojo, uno debía adentrarse en zonas poco seguras de la ciudad.

Hoy en cambio, el distrito rojo está a un sólo clic de tu ordenador o de tu teléfono; solamente tienes que entrar en instagram o en algunas otras plataformas para ver la cantidad de mujeres y de hombres exponiéndose semi desnudos, a todas horas y en todas las circunstancias imaginables.

Sin tener que pagar entrada ni reservar un Vip, uno accede hoy en día, a contenidos sugestivos y casi pornograficos,de personas que desean conseguir atención como sea.

En la época de la propiedad privada, lo único que parece no ser privado, es la intimidad.

Uno, que creía que sólo debía ser íntimo con los más íntimos, descubre a estas alturas de la vida, que la intimidad es pública y que se vende muy bien en la red.

Es curioso que en esta época en que los partidos de izquierdas han logrado resucitar el boom del feminismo del siglo XIX, movilizando a masas juveniles en pos de una causa que reacciona ante la represión; (cosa que ni conocen, ni vivieron los jóvenes occidentales actuales) y en donde se manifiestan como abusados y exigen no ser tratados como objetos sexuales, pero cuando llegan a casa, se disfrazan de cabaret y suben sus fotos provocativas y sus vídeos sugerentes a la red.

En casa nos enseñaban a que si uno quería respeto, debía respetarse primero a sí mismo. Hoy, imagino que existen otras opciones.

Según me han informado, los creadores de este tipo de plataformas son gente muy cool, generalmente de izquierdas y afiliadas a movimientos verdes y sostenibles, pero que cuando ven una oportunidad, nunca la desaprovechan.

Y observando el gap de niños menores disponibles, estos maravillosos y solidarios humanistas, han creado ahora Tic toc; una aplicación en donde los adolescentes y los niños también pueden jugar a estar en el barrio rojo de Amsterdam.

Todo muy cool, muy inclusivo, muy liberal, muy fluido y progresista.

Son muchos los cortocircuitos a los que estamos sometidos diariamente; y el doble discurso y la doble moral, son sin duda la tendencia.

Uno tiene que cuidarse, porque cualquier denuncia a todo este exhibicionismo virtual es rápidamente tildado de fascista y condenado en aras del libre albedrío de la juventud.

Lo asombroso es que esta nueva generación en luz roja, cree estar creando contenido en la red, sin darse cuenta de que en realidad trabaja en pos de su propia cosificacion y explotación sexual.

Siempre me consideré una persona liberal, pero en esta época y viendo el espanto que veo, suelo sentirme a veces como si fuera un monje budista.

“Las sombras de Grey” es ahora la Biblia de una generación que dice sentirse abusada y utilizada como objeto y que reclama a los gritos a las madres, criar a hombres “buenos” y no machistas; pero a la vez, aspira a pasar noches de torturas sexuales con alguien como Grey. ¿A que todo esto, suena un poco contradictorio?

Y uno acaba sospechando de que esta postura tan victimista es en realidad, una estrategia para enmascarar otras cosas; entre ellas la normalización de la promiscuidad, la vanidad y el exhibicionismo y después, el poder echarle la culpa a otro, de lo que uno se hace públicamente a sí mismo.

JR

“Experiencia y Preparación”

Cada vez nos lleva más años estar preparados. A la escuela le sigue la universidad, luego la especialización y luego el máster, y así nos pasamos media vida, preparándonos para poder hacer algo.

Cuando leo biografías antiguas me llaman mucho la atención, aquellos personajes que a los 30 años ya habían conquistado medio mundo, estudiado 3 carreras o escrito 5 libros y que a los 50 años, se morían con todo ya hecho.

Hoy en cambio, los individuos de 30 años están aún preparándose para ver si consiguen hacer algo interesante a los 50.

Afortunadamente, la longevidad nos ofrece más años para actuar y para estar preparados. Pero el problema surge, cuando tanta preparación es acorde a un mundo viejo y no se amolda a las realidades que nos tocará afrontar.

Uno se prepara, pero luego siente que no estaba preparado para lo que le sucede, porque lo que nos sucede, no estuvo nunca contemplado en esa preparación.

¿Pero cómo prepararse para lo desconocido o lo incierto?

Desgraciadamente, no hay sistemas que te preparen para lo desconocido, porque toda preparación sistemática, se basa en el conocimiento de lo ya conocido.

Y la única forma posible de abordar lo desconocido, es incentivando la espontaneidad.

La espontaneidad es una respuesta inmediata que escapa a toda preparación. Porque lo espontáneo es justamente aquello que no está preparado.

Si la preparación nos da seguridad, la espontaneidad en cambio, nos da miedo.

Pero dominar el miedo, resulta fundamental para crear y para sobrevivir en un mundo nuevo.

La educación tradicional, basada en la incorporación de conocimientos, no siempre incluye ni valora la espontaneidad.

El repetir de memoria, el recordar fechas exactas o detalles poco relevantes, son su prioridad, mas que fomentar la libre interpretación, la asociación, la investigación o el debate.

Cada vez que me encuentro con estudiantes secundarios me comentan que odian la materia Filosofía. Y la odian, porque lo único que no hacen en clase, es filosofar.

Lo que se enseña en la clase no es Filosofía, sino “la historia de la filosofía”.

Ellos aprenden sobre todo lo que pensaron aquellos que pensaron. Pero no aprenden a pensar.

Ni Sócrates ni Platón estudiaron filosofía, porque ellos “hacían” filosofía. Y la filosofía que ellos hacían, no era una preparación sobre el pasado, sino una actividad para el presente y para el futuro.

Los alumnos de hoy, sólo repiten el pasado. Salen de clase siendo expertos en historia de la Filosofía, pero no salen siendo filósofos.

Existe una diferencia fundamental entre la filosofía occidental y la oriental y es que la filosofía occidental piensa sobre las cosas y la oriental busca la experiencia de las cosas.

Mientras occidente “pensaba” y disertaba sobre la luz, oriente buscaba “ver” la luz.

De hecho, en la India nunca existió una palabra que pudiera traducirse como “filosofía”. La palabra más parecida era “darshan” y significaba “ver”.

Oriente nunca buscó “filosofar” sobre la luz, sino “ver” la luz.

Hay muchas maneras de prepararse y todas ellas son sumamente valiosas; pero si fuésemos capaces de fundirlas y de abordarlas todas sin miedo, seguramente nos encontraríamos mejor preparados, para todo aquello que no admite preparación.

JR

“Elogio a la Terminación”

Nada me resulta más placentero que estar con gente normal. Y cuando digo “normal” no me refiero a gente perteneciente a un estrato social o económico medio o parecido al mío, sino a gente que se comporta de forma natural esté donde esté, sin intentar ser algo que no es.

Da igual que sean ricos, riquísimos, medios o paupérrimos, intelectuales, artistas, científicos o empresarios; lo asombroso es encontrar a gente que sigue siendo natural, a pesar de su circunstancia.

Todo poder confunde porque acarrea una sensación de omnipotencia, que tiende a hacer creer a todo individuo desprevenido, que es inmune a todo.

Por eso, ante cualquier situación de éxito es importante no perderse nunca de vista y no dejar de ser el mismo de siempre. O como cantaba Serrat: “uno sólo es lo que es y anda siempre con lo puesto”

Existe en esa conciencia o en esa aceptación de ser lo que uno es, una sensación de relajación. Y en aquel que la posee, se nota.

El poder o la fama hacen olvidar en ocasiones, que uno sigue siendo igual de frágil que antes y que está igual de expuesto al dolor que antes; aunque la sensación de poder y la adrenalina del éxito nos refuercen en lo contrario.

No es casual que a todos nos extrañe mucho más la muerte de alguien poderoso, famoso o rico, que la muerte de alguien desconocido o corriente, porque asociamos al poder y a la fama con la capacidad de ser invencible.

Si alguien famoso muere es increíble, pero si muere un vecino, nos parece sumamente normal.

No vamos a negar, que ante cualquier dificultad, el poderoso dispone sin duda, de muchos más recursos para superarla. Y que la enfermedad, la cura, o la seguridad no es la misma, para unos que para otros.

He tenido estos días, una sensación ambigua con la muerte del famoso baloncestista Kobe Bryant, a quien se le han hecho múltiples y emotivos homenajes; casi como si hubiera muerto un santo. Y muy poco se ha hablado sin embargo, de las otras 7 personas que este hombre decidió transportar en su helicóptero aquel fatídico día, en que no se recomendaba volar por exceso de niebla.

Kobe Bryant era un atleta famoso y parece que se lo hemos pasado por alto. Y es que a la gente poderosa, suele olvidarse muy a menudo, de que también es mortal.

El poder acarrea un tipo ceguera específica, que la persona corriente no padece. La persona sin poder, se sabe indefensa, se sabe expuesta a múltiples peligros y al dolor en general. El poderoso sin embargo, es más propenso a padecer la prepotencia de quien se cree invencible.

Lejos de pretender vivir en un estado permanente de pánico o de ansiedad, poseer este tipo de conciencia de la propia limitación, ayuda mucho a vivir y a disfrutar de las cosas buenas.

La conciencia de la terminación de la vida, hace que uno se empeñe en disfrutarla con cabeza, la conciencia de la salud, hace que uno se esmere en valorarla y la conciencia de la posibilidad de la pérdida o del dolor, hacen que uno aprenda a ser agradecido en la felicidad.

Siempre asocié a la eternidad con un letal aburrimiento, porque todo aquello sin final, termina siempre por dormirnos o cansarnos.

Y paradójicamente, aquella tan temida noción de final, es la que nos alerta, nos activa y nos despierta.

JR

“Patada de Gol”

Todos sabemos que Harry no trabajará jamás en un Mc Donald’s y que seguramente jamás en su vida tenga que soportar ni a un jefe, ni a un cliente.

Y que vivirá siempre como un príncipe (como hasta ahora) de la herencia millonaria y de las propiedades que su madre ha puesto a su nombre.

Pero lo importante de todo este episodio, poco tiene que ver con Harry; ese pelirrojo fiestero y problemático que siempre dio por culo en palacio y al que no le gusta la prensa, ni ser figura pública y que para preservar ese aclamado perfil bajo, se casó con una actriz de Hollywood.

Muchas son las incongruencias del pelirrojo ecologista y malcriado al que además, la droga le ha minado muchas neuronas.

Pero lo realmente importante de todo este mediático episodio es sin duda, la actitud de la reina y la enseñanza que nos deja.

Pocos son hoy en día, los monarcas que nos infunden tanto respeto y que dan ejemplo como ella.

Antiguamente, los reyes eran ejemplo de virtud; de fortaleza, de estoicismo, de valentía y de comportamiento en general. Y el pueblo percibía en ellos, aquel linaje divino, al que debía imitar.

Hoy la mayoría son una panda de vagos que viven de fiesta en fiesta con dinero público; aunque por suerte, nos queden algunas raras excepciones.

La maravilla de este episodio fue la patada en culo de la reina Isabel. Algo a lo que debemos atender y tomar nota todos los padres de esta generación de jóvenes eternos, de innumerables derechos y de escasas obligaciones.

La reina dijo basta, porque decir basta es educar. Limitar el capricho, la manía, el antojo,la flojera, la demanda permanente, limitar el derroche con lo ajeno, la ostentación como perfil, la desvergüenza de vivir eternamente de prestado, limitar la excusa y la crítica; es educar.

Y es cierto que en algunos aspectos es mucho más fácil educar a un hijo siendo pobre, que educar a un hijo siendo rico.

Al hijo pobre se le dice “te daría, pero no hay” en cambio al hijo rico hay que decirle “hay, pero no quiero darte más”.

El “basta” sólo se dice cuando hay, pero consideramos que ya ha sido suficiente.

En esta época emblemática y de múltiples reclamos de abusos, el único tipo de abuso sin organización ni marcha, es el abuso a los padres.

¿Hasta cuándo mantener a vagos y cómodos que no son capaces de buscarse la vida? ¿Hasta cuándo soportar a estos jóvenes comunistas de salón que tenemos en casa, que critican nuestro voto, nuestra vida, nuestras convicciones, pero son incapaces de buscarse un trabajo y salir de este hogar opresivo?

¿Hasta cuándo esperar a que los principitos encuentren el trabajo acorde a su carrera, a sus principios, a su alto nivel de vida y sin sentirse presionados por un jefe o humillados por no entrar como directores de empresa?

Las excusas de las nuevas generaciones son múltiples y coloridas. “Que en esta época no hay trabajo, que en esta época no hay oportunidades, que en esta época ya no les va a quedar ni el hielo del planeta.”

Y yo pienso en aquellas generaciones de la post guerra, de ciudades arrasadas e industrias minadas y en cómo lograron sobrevivir.

Hoy si al joven le duele el cuello quince minutos, pide cita en el fisio y reclama que es urgente. Porque ya no saben ni tomarse un ibuprofeno, ni cambiar de postura y ni hablar de aguantar un poco de incomodidad.

Yo voy por los baños de mi casa recolectando los botes de dentífrico que mis hijos tiran a la papelera como si estuvieran vacíos, porque no saben apretar. Aprieto y enrosco desde abajo como hicimos toda la vida y aún queda siempre más de la mitad del bote.

Me tomo el tiempo y les enseño a estos niños ecológicos del use y tire (y que no vivirán nunca una guerra) a que en casa se aprieta bien, se aprovecha todo y se reciclan todos los mediodías las sobras de la cena.

Ellos saben de memoria que odio a los ecologistas fanáticos y me lo dicen; pero lo que pasa, es que al final, los no ecológicos usamos menos frascos, cambiamos menos móviles y usamos menos ropa. Y también, vamos a menos marchas y llamamos menos la atención.

El hijo de un amigo mío le pide dinero a su padre para llevar su coche al lavadero de coches. ¿Pero cómo a un lavadero, si eres pobre?

“Cojes un cubo y una esponja y limpias el coche como hicimos en casa toda la vida”.

Esto es lo que tiene educar, que es un verdadero dolor de muelas.

Y cuánto más adultos se hacen, más seguido hay que darles esa mediática y necesaria patada en culo; cómo muy bien nos enseñó la reina.

JR

“La Madre Patria”

Demasiado revuelo ha desatado últimamente la propuesta del pin parental; un sistema tan lógico como vigente actualmente en Occidente; ya que todos los padres hoy en día, son informados y requeridos a dar su consentimiento ante cualquier tipo de actividad extraescolar; ya sean salidas fuera del centro, como cursos o charlas fuera del programa académico.

Esta alternativa partidaria de la opción y de la libertad de elección, hoy parece sonar extraña y correr peligro en manos de las políticas de la ultra izquierda.

Algo tan común en nuestros tiempos como es la libertad individual comienza poco a poco, a plantearse como algo extraño, incluso fascista, para los colectivos de la ultra izquierda, que pretenden imponer sistemas totalitarios empezando por la educación.

Todos sabemos que nuestros hijos no son nuestros hijos, mucho antes de que traigan a su primer novio a casa. Uno comprende que debe soltar, dar libertad y potenciar el libre pensamiento y aquellas capacidades que les sean propias, aunque sean muy distintas a las nuestras.

Mucho se aprende al ser padres y sobre todo, que educar en libertad poco tiene que ver con el adoctrinamiento de ningún tipo.

Pero hay adoctrinamientos que son aceptados socialmente y otros que no lo son tanto, para ciertos colectivos, que consideran por ejemplo a la religión parental como a un cancer y a la ideología de género y al adoctrinamiento comunista como a una liberación, y viceversa.

La libertad siempre fue un concepto sumamente engañoso y resbaladizo, ya que siempre que intentas cogerlo por algún lado, se te escapa por el otro y siempre que intentas definirlo, terminas encarcelándole en un sistema totalitario.

“Ni tanto ni tan poco” decía mi abuela, bajando a lo cotidiano el concepto del término medio que nos proponía Aristóteles para tener una vida virtuosa; ese medio que parece ser tan sencillo y que al final siempre termina siendo el punto más difícil de alcanzar.

Pero todos sabemos que cuando se nos toca la libertad, uno salta como un loco, porque de ella depende todo nuestro sistema de vida.

Idealizar al comunismo o a la religión es desconocerlos por completo y lo que abunda en general es mucha ignorancia.

Si bien todos a los 20 años idealizamos al Che Guevara, a los 30, cuando vimos todo lo que se nos deducía de nuestra nómina laboral injustamente, tiramos al contenedor de reciclaje la bandera roja y la camiseta de don Ernesto.

Y aunque de niños fuésemos devotos monaguillos, la mayoría escapó de las doctrinas y de los dogmas en cuanto comenzó a vivir y a estudiar un poco sobre el defasaje de sus normas y las tremendas incongruencias de las instituciones religiosas.

Y es que a las ideologías hay que sufrirlas en carne propia para comprenderlas, hay que sudarlas primero, antes de defenderlas a capa y espada; porque ni el crucifijo, ni el libro, ni el porro y la marcha comunista con los amigos, son suficientes para llegar a comprender los verdaderos conceptos e intenciones que se esconden detrás de la palabra libertad.

A la libertad hay que perderla para valorarla y todo parece encaminarnos ahora hacia aquel reaprendizaje.

Vamos perdiendo libertades sin darnos cuenta y gustosos con nuestro voto, para volver a pasarnos décadas intentando recuperarlas.

Y es que somos una especie muy bestia y nos cuesta mucho aprender, sin tener que repetir.

Con pin o sin pin vamos directos a recuperar aquel examen de comunismo, vamos directos a quemarnos con la antigua experiencia roja; para volver a aprender como aprenden los niños de 3 años que al quemarse entienden al fin, que con eso no se juega y que eso no se toca.

JR

“Co- Co- Co Comunismo”

La nueva tendencia E- Co-lógica nos motiva a compartirlo todo en nombre de un mundo más sostenible.

¿Para qué tener tu propio piso de propiedad o de alquiler, si puedes compartirlo con 4 ocupantes alternantes más? ¿Para qué tener tu propio coche, si tú puedes usarlo en días pares y otra persona los días impares? ¿Para qué tener un despacho, si puedes compartirlo con otras 8 empresas más?

Todo suena muy económico y es verdad que al hacer las cuentas, nos sale mucho más barato compartirlo todo, que tener pagar lo que nos cobra el estado por poseer cualquier cosa.

Pero lo curioso de toda esta ecología de consumo es que se hace solamente a costa del contribuyente.

Este ahorro es a costa del ciudadano de a pie, ese que paga cada vez más impuestos. Mientras el estado, no hace más que agrandarse, crear nuevos ministerios y consejos, pagar asesores y departamentos extraordinarios para poder así, ir colocando a todos sus parientes y amigos en el gobierno y garantizarles una paga y una jubilación de por vida.

“Usted economice señor ciudadano y compártalo todo, sea ecológico y moderno, así el estado puede seguir agrandándose, pagando favores y adquiriendo más propiedades y cuentas bancarias; mientras tanto le ofrecemos la satisfacción de ser cada vez más “verde” y de estar cada vez más orgulloso de cuidar el planeta”

A este paso, y en pocos años llegarán a abolir la propiedad privada para el ciudadano de a pie, por ser muy contaminante. Y lo harán seguramente, con el consentimiento del pueblo.

Al paso que vamos y con el alarmante buenismo hipnótico reinante, no tardaremos demasiado en volver, sin darnos cuenta de nada, (como siempre) a un sistema comunista.

“¡Compartir, compartir!” gritan los buenos. ” es lo moderno, es la tendencia” y mientras, los vagos se aprovechan.

A este ritmo mis hijos compartirán los calzones con sus vecinos de co- living en días alternos; y Lunes, Miércoles y Viernes irán en culo al co- working y en el car- sharing, con tal de no contaminar en un mundo de iguales.

Toda esta onda verde tan promocionada por los movimientos de ultra izquierda, a muchos ya nos huele a gato podrido, porque se está pareciendo cada vez más, a un sistema que ya conocimos: el comunismo.

Dentro de nada, usted estará convencido de que no necesita tener nada en propiedad y de que compartir es la solución más lógica y adecuada a todos sus problemas económicos.

¿Pero quién causa sus problemas económicos? ¿Quién le agrega cada año un impuesto solidario, verde, sostenible a su ya larga carga impositiva? ¿Quién le impone pegatinas ecológicas, revisiones sostenibles, cambio de coche a eléctrico en 2 años? ¿Quién le sigue cobrando las autopistas que llevan ya más de 20 años pagadas con nuestros impuestos?

No se sorprenda señor contribuyente, que el recolector sea el mismo que le pide solidaridad sostenible y el que se va enriqueciendo año a año, a costa de su co-nciencia.

Los políticos cada vez tienen más coches, más propiedades, mas guardaespaldas, más empleados públicos y todo a costa de la co-solidaridad y de la ecología del eco- ciudadano.

Hace unos días estudiaba con mi hijo la historia de la Unión Europea y sus buenas intenciones originales; que eran por supuesto ventajas económicas. Hasta que llegó el momento de aprendernos la enorme cantidad de Consejos y de departamentos que esta Organizacion posee. Quedé impactado con la extensión y con la cantidad atroz de departamentos y de empleados que tiene la UE y entendí en pocos segundos, el porqué del Brexit.

Algunos, logran ver los abusos a tiempo y huyen antes de que tanto co-co-co les coma el coco y les arruine toda una historia de sacrificios, de independencia y de libertades individuales.

JR

“Ecología antes del Desayuno”

Existe un momento por las mañanas; ese que está entre el café y la ducha; que nos vislumbra una oportunidad para cambiar.

Y si no eres capaz de reconocerlo antes de encender el piloto automático que te convierte en el robot de siempre, deberás esperar a encontrarlo, recién al día siguiente.

Todo cambio empieza allí, en ese instante en el que aún estás medio dormido y en el que tu personaje habitual todavía no se ha despertado.

La terapia nunca sirvió más que para crear ejércitos de resentidos; o al menos yo no he visto nunca a nadie convertirse en nada distinto, al personaje infeliz que era antes de entrar a la consulta.

Eso si, de cada sesión se salía con más culpables y con más excusas, cada cual más remota, insólita y alejada en el tiempo. (tengo un amigo sudamericano que luego de 20 años de terapia llegó a la conclusión de que el culpable de toda su miseria era Cristóbal Colón)

Esto mismo hicieron en Madrid en el congreso del clima. Llegaron, gastaron el dinero de los contribuyentes, contaminaron la ciudad durante dos semanas, echaron la culpa a Trump, hicieron sus negocios particulares y se marcharon.

No tomaron desiciones, ni cambiaron absolutamente nada. Vinieron a llorar, a quejarse, a hacerse las víctimas entre banquetes, guardaespaldas y hoteles cinco estrellas y se fueron con más contactos y con más negocios.

Buscaron culpables, criticaron a Trump (como establece la normativa general) y promocionaron a la súper Heidi vestida de verde, que viajaba en yate, en Tesla y posaba en un sillón de piel de vaca.

En fin, que los verdes vinieron a contaminar y a hacer terapia, la pagaron con nuestro dinero y se fueron igual de enfermos y de hipócritas que antes.

Mi ventaja personal en el aspecto terapéutico fue que mi abuela odiaba escuchar problemas. Y si venías a plantearle alguno, te miraba mal y te reprochaba tu falta de inteligencia y de creatividad para salirte inmediatamente con todos los recursos disponibles que tu tiempo te ofrecía; de ese lugar de víctima tan espantoso, en el que te habías metido gustoso.

A mi tía se le ocurrió una vez hablarle de su mal matrimonio, a lo que mi abuela le respondió inmediatamente: …”¡Pero chica, sepárate ya! ¡El divorcio es legal ahora! ¡Aprovecha!”

El regazo en donde yo podía ir a llorar ante un problema fue siempre una especie de empujón o de patada en el culo hacia el cambio o hacia una pronta solución; impulsos que me acostumbraron desde muy pequeño a salir sin demora de aquel cómodo y patético lugar de ser una víctima.

Este tipo de educación; a lo que hoy muchos considerarían como a un maltrato infantil; me ha ayudado muchísimo en la vida.

Me ha hecho hábil para encontrar soluciones rápidas, me ha ahorrado mucho tiempo y dinero en terapias interminables y costosas y me ha empujado hacia la acción, hacia el viraje, hacia la toma de desiciones a tiempo y hacia los libros de Filosofía.

(El filósofo no hace otra cosa que buscar una respuesta racional a la realidad de su tiempo, pero como los tiempos cambian, sólo perduran aquellas observaciones atemporales, que encajan en cualquier tiempo y en cualquier lugar. Saber identificar estas observaciones, me llevará toda una vida de estudio y de constante satisfacción).

Existe actualmente una tendencia creciente y alarmante hacia el enaltecimiento del victimismo, que espantaría sin duda a mi valiente abuela.

Somos un planeta de llorones, de fanáticos, de resentidos y con una masiva y alarmante tendencia al aborrecimiento del trabajo.

Hoy el ser humano considera al trabajo como una aberración y no como a una bendición, como lo fue siempre para nuestros abuelos.

Dices “trabajo” y la gente se echa para atrás, como si les amenazaras con una navaja. Y ya si dices “sacrificio” se tiran por los balcones.

Se echa tanto de menos a aquella generación de la post guerra, que con trabajo duro y el cumplimiento de sus obligaciones nos proporcionó un mundo de comodidades impensables, de innumerables derechos y de placeres infinitos.

Se echa de menos a aquella sencillez, a aquella fuerza, a aquel agradecimiento y a aquella valentía; en un mundo de gente cada vez más floja, cada vez mas “verde” para lo que le conviene, cada vez más adicta al subsidio y al bienestar sin trabajo, alérgica al esfuerzo y al ahorro, enemiga de la coherencia y de la autocrítica; que aprendió desde la cuna y reforzado a diario en la escuela pública, que es más fácil, echarle siempre la culpa de lo que te haces a ti mismo, a otra persona.

Hay mañanas entre el café y la ducha; esos momentos anteriores a entrar en mi personaje habitual, en los que aún le oigo decir entre risas …”aunque la masa que te aplaste se duplique, nunca empezará a aplastarte, en tanto tu reacción sea igual a la acción”

JR

“Los Oprimidos Mezclados”

Últimamente comparto con mucha gente la sensación de no encontrarme por completo en ningún sitio.

No me siento contenido del todo en ningún grupo, ni en ninguna ideología; como si de todas ellas me gustara algo en particular, sin lograr establecerme totalmente en ninguna.

La convicción ideológica o política era hasta ahora un bien de familia; algo que se heredaba y se recibía como un legado de nuestros ancestros.

Se educaba a generaciones de izquierdas o de derecha en cada casa y las voluntades se coartaban en pos de una pertenencia fiel y de una lealtad vitalicia parecida a la fe religiosa.

Hoy sin embargo, se evidencia una movilidad silenciosa y aquellos que se atreven, empiezan a manifestar su desagrado y su incomodidad en el lugar asignado en casa.

Y como si fuésemos adolescentes mareados por las nuevas circunstancias, ya no estamos del todo de acuerdo, ni en los fines, ni en las formas de la ancestral ideología familiar.

Esta reacción se parece mucho al despertar de la inteligencia; a aquel momento en que comenzamos a dudar de todo lo aprendido de memoria, de las tradiciones y de las costumbres que hasta ahora eran intocables e incuestionables.

El voto del ciudadano contemporáneo ha dejado ya de responder a la tradición, para ser esclavo de la circunstancia.

Existen siempre dos polos, dos fuerzas opuestas y complementarias: la centrífuga y la centrípeta y cada una despierta a la otra, con su propia actividad.

Esto viene a decir, que cuando se nos oprime por un lado, reaccionamos inevitablemente por el otro lado.

Todo gobierno puede presionar, pero el tiempo de presión dependerá de la capacidad de aguantar y de reaccionar de cada pueblo ante esta presión; ese es el tiempo del que dispone un gobierno; el tiempo entre su acción y la reacción de su pueblo.

La mayoría de las ideologías y de los partidos nuevos, no responden a un sistema de valores innovador; sino a una reacción contra la falta de valores sólidos de los partidos que les preceden. Son producto de una reacción por el incumplimiento de una promesa y no, los portadores de una promesa nueva.

Suelo decir que tengo el corazón de izquierdas y la cabeza de derechas y esto me sucede porque la izquierda siempre ha enarbolado ( y actualmente desea apropiarse de ellas ) todas las causas nobles que yo también comparto; pero a la vez, su personal no está compuesto por personas que parezcan defender la Democracia, ni toda la virtud que ésta contiene.

Podríamos decir que “la izquierda siempre ha tenido las mejores causas y la derecha los mejores hombres”emulando a Emerson y aún no dejaríamos de estar vigentes.

Por el otro lado, a la derecha, siempre tímida en sus propuestas, le faltó hasta ahora la fuerza y la vehemencia que caracterizaron generalmente a los partidos de izquierdas; éstos siempre dispuestos a despertar los corazones dormidos, a denunciar las injusticias atemporales y a desenterrar los viejos resentimientos.

La derecha en cambio, (siempre acomplejada con la sombra de aquel partido NSDAP Nacional Socialista obrero alemán de la Alemania Nazi, que curiosamente fue un partido de izquierdas) opta generalmente por una postura mucho mas tímida, sin presumir de una gran cohesión a los grandes ideales humanitarios, ni ecológicos (que hoy venden tan bien) y con una preponderancia en la defensa de la propiedad y del capital privado. Propiedad y capital que por supuesto el pobre no posee, ni siente necesidad de proteger y que el resentido anhela para si.

Existe además y universalmente, una vuelta a la malinterpretación de la palabra “igualdad” que ha promovido un caos social en Europa y entre otras desgracias, el retorno a plantear como opción válida, aquellos sistemas fracasados del pasado. (El comunismo).

¿Es acaso justo lo que es igual o igual lo que es justo?

¿No es la justicia aquello que nos garantiza la igualdad?

¿Y cuando la justicia no se aplica, hay acaso igualdad?

O como decían los espartanos:

“Igual es todo aquello que es Justo”

Claro está, que estamos viviendo una época de revueltas y revolcones, de confusiones y de reacciones múltiples a opresiones también múltiples y de lo más variadas.

Pero los oprimidos de hoy, no son los mismos oprimidos de siempre, ni están ubicados todos de un mismo lado.

Sino que están tanto a la izquierda como a la derecha; todos mezclados y todos revueltos.

JR

“Crítica a la otra mejilla”

El fundamento de la tolerancia se basa en la capacidad de tolerar lo distinto y evitar todo tipo de violencia que lo distinto nos despierte.

Uno se controla y se educa en la no-violencia permanentemente pero la violencia, no es algo que pueda ser superado definitivamente, sino una característica natural de todo ser humano.

No es que haya gente violenta y gente no violenta. Todos somos violentos y todos estamos constituidos por la capacidad de violencia.

La única diferencia es cómo y de qué manera la controlamos o no, y en qué ámbitos la ejercemos o la evitamos.

No todos somos violentos de la misma forma, ni con la misma gente. Algunos son violentos en casa y sumisos fuera, algunos son violentos consigo mismos y pacíficos fuera, algunos son violentos a los golpes y otros con palabras, con omisiones, con actitudes, con gestos o con acciones violentas.

Pero de la violencia no se escapa nadie y saber identificarla en nuestra vida es importante, a la hora de profundizar en su estructura.

La civilización occidental fue construida sobre aquella frase que Jesucristo trajo de la India y que entraba en total cortocircuito con la filosofía de su educación judía.

La frase “poner la otra mejilla” de Jesucristo era totalmente opuesta a la de la justicia judía:”Ojo por ojo, diente por diente” que implicaba la igualdad y la proporción en toda respuesta.

Si alguien te quitaba un ojo, tú respondías igual, pero no le debías quitar además del ojo, las orejas y los dientes, sino solamente un ojo.

Ésta era la forma justa de que la violencia se saldara y terminara su proceso.

La frase “poner la otra mejilla” en cambio, no aboga por un castigo justo y proporcionado al daño recibido, sino que establece la capacidad de aguantar y de no reaccionar contra la violencia recibida, como normativa.

Esta actitud de no respuesta fue uno de los principios básicos del hinduismo y del budismo. Y para ver los resultados de estas dos filosofías, no tenemos más que ver cómo acabaron estas sociedades y estos países caracterizados por la no reacción, (siempre dominados y subyugados por invasiones de civilizaciones fuertes).

Cuando mis hijos llegaban a casa golpeados o insultados del colegio, yo nunca les impulsé a poner la otra mejilla, sino a cortar de cuajo con la violencia.

“Si te pegan sin razón, tu pégale igual “, “si te insultan sin merecerlo, tú le insultas igual ”

Mis hijos me miraban espantados cuando yo les daba estos consejos, en vez de decirles que pusieran la otra mejilla, pero yo les expliqué que la teoría de la otra mejilla es una incitación a la continuidad de la violencia.

Y a la violencia no se la detiene motivando a más violencia y permitiendo más violencia, sino cortándola de cuajo.

El violento tiene que saber que él no es el único con capacidad de ser violento. Y que todos podemos ser violentos, si queremos serlo.

Porque la violencia no es exclusiva de unos pocos, sino patrimonio de todos.

La única diferencia está en cómo la ejercemos, en cómo la controlamos, en cómo la canalizamos, en cómo la educamos y en cómo aprendemos a observarla permanentemente en nosotros mismos.

Cuando el violento y el loco ven que hay otro casi tan violento y casi tan loco cómo él, se calman. Y ahí se corta la violencia.

La postura de la otra mejilla es en cambio, mucho más violenta, porque presume de una superioridad moral.

El violento percibe a aquel que no reacciona ante su violencia, (no por miedo sino por principios), como a un ser que se siente superior a él moralmente y esta percepción genera mucha más violencia aún.

Éste en vez de calmarse se violenta aún más, porque se le permite la violencia y se le motiva a seguir.

Los llamados pacifistas conocen muy bien esta táctica y la violencia que ejercen los autodenominados “pacíficos” es la violencia de la superioridad moral.

No es casual que los paises en donde más tranquilo se viva sea en aquellos en donde hay un ejército, una policía y una legislación justa y fuerte para todos, porque la presencia (aunque invisible) de un límite, calma todo tipo de violencia; mientras que la actitud de tolerancia infinita y de la otra mejilla, la motivan.

Al final, somos como niños. Y no es casual que los niños más maleducados y violentos sean siempre aquellos, que no conocieron jamás un límite.

JR

“La Democratización de la Belleza”

Si la democracia nos augura la igualdad de derechos y de obligaciones para todos, también lo hace con respecto a la belleza.

Que la belleza sea un derecho o una obligación, ya dependerá de la mirada de cada uno.

La belleza era antiguamente un don reservado para unos pocos. “Lo que natura non da, Salamanca non presta” decía mi abuela, sin referirse al talento innato que no se consigue en la universidad, sino a la fealdad sin solución, que no se arreglaba con ungüentos.

Hoy mi abuela estaría asombrada de ver cómo la fealdad se mejora y además se paga en módicas cuotas.

Los feos se convierten rápidamente en exóticos y los menos dotados en guapos, (quirófano y gimnasio de por medio).

Si bien la belleza ha tenido distintas acepciones a la largo de la historia; en nuestra época ocupa un lugar preponderante y es un producto masificado y al que casi todos aspiran llegar, sin importar la edad, ni el estrato social al que pertenezcan.

Las feministas sostienen desde los años sesenta, que los estándares de belleza son generados por el patriarcado, con el fin de dominar a las mujeres; pero actualmente las mujeres no desean ser guapas para los hombres, sino para y por ellas mismas.

Y los hombres, también se han sumado ahora, a esta carrera por ser cada vez más bellos.

En la era de la autonomía y del “do it yourself” cada uno se proyecta y se produce a su antojo. Y la belleza lejos de ser un mandato, es hoy una elección voluntaria, pero no excluyente. Hoy las mujeres no desean ser solamente bellas, sino también exitosas en todos los ámbitos.

Cuando mi primo era joven sólo salía con chicas feas porque decía que las guapas no hacían ningún esfuerzo por agradar. En cambio las feas eran simpáticas, estudiosas, divertidas, cariñosas e intelectuales.

Hasta hace unos años ser bella era suficiente, hoy sin embargo, la belleza sola, no nos sabe a nada ni a los hombres ni a las mujeres.

Dentro de los estándares de belleza actuales se considera a la delgadez como el fin último y supremo; en una época en donde curiosamente los índices de obesidad son los más altos de la historia de la humanidad.

Nunca estuvo el hombre tan obsesionado con ser delgado y nunca hubo tantos gordos en el planeta como ahora.

¿Será que el contraste es otro signo de nuestra época o será que la obsesión con algunas cosas no nos augura jamás buenos resultados?

Muchos comparan este ascetismo del cuerpo delgado con el ascetismo del alma de la Edad Media. Dos obsesiones iguales, pero enfocadas en aspectos distintos.

Si una niega al alma, la otra negaba al cuerpo, pero las dos engendraron locura.

¿Es acaso la locura, fijación?

Si el concepto médico de enfermedad es el desequilibrio de la armonía preexistente, puede que no estemos muy errados en suponer que todo aquello que no se desarrolla de manera armoniosa, se enferma.

La obsesión por el alma daña al cuerpo y la obsesión por el cuerpo daña el alma.

Quizás mantener un equilibrio entre las dos partes que nos hacen ser seres humanos, sea lo más aconsejable.

Olvidarnos de que no somos sólo un cuerpo, ni somos sólo un alma, sino las dos cosas simultáneamente.

Un alma radiante sin un poco de belleza y toda la belleza sin la chispa de un alma que acompañe, son la misma fealdad.

JR

“Hay belleza en el equilibrio y en aquello que se percibe como completo”

“La Democracia Fragmentada”

No es novedoso hablar con espanto de la actual fragmentación que azota al mundo de las democracias occidentales.

Hoy las noticias sobre manifestaciones y disturbios en los principales países occidentales son constantes y muchos culpan al sistema de dicha fragmentación.

La fragmentación no es consecuencia de la Democracia, sino por el contrario, ésta es la base sobre la cual toda Democracia descansa.

La Democracia americana, que fue sin duda el ejemplo que siguieron luego las Democracias europeas, se afirmó de entrada sobre un estado diverso.

En los Estados Unidos la unidad política no se oponía al reconocimiento de la multiplicidad de los grupos de intereses, ni de las diversas comunidades y minorías, sino que descansaba sobre ellos.

Por lo cual, la fragmentación no es un resultado de la Democracia, sino su origen y en el caso americano, es una continuidad de la cultura política de ese país.

Estados Unidos es una República basada en el pluralismo étnico, cultural y sexual que hasta ahora coincidía en un ideal común.

A este punto de encuentro se le denominaba “melting point”, un punto en donde se propendía a la asimilación o integración de las diversidades. Y en donde la defensa de las identidades colectivas, se producía con discreción y moderación.

Hoy sin embargo, son las políticas de fragmentación cultural las que predominan y triunfan.

Esta fragmentación se presenta ahora al público como un mosaico de intereses irreconciliables, en donde se exageran y se acentúan las diferencias, se exacerban los resentimientos y se incentivan las actitudes victimistas y los reclamos y sospechas entre los diferentes grupos o comunidades.

Otra característica actual es la constante rehabilitación del pasado, el diálogo del presente con la memoria y la utilización de la memoria histórica como recurso de justificación para la venganza y para el resentimiento eterno.

Algo que empezó siendo el origen de la fundación de un estado diverso y conciliador; basado en la inclusión de múltiples pertenencias comunitarias hacia un fin de convivencia común, ha dado paso a un clima de intolerancia, propulsado por reinvidicaciones comunitaristas y políticas identitarias; de grupos que lejos de sentirse vinculados entre sí por un proyecto en común, se cierran ahora y cada vez más, sobre sí mismos.

Muchos creían que éste era exclusivamente un fenómeno americano, hasta que esta misma sensación de fragmentación apareció también en Europa.

Hoy muchos europeos comienzan a entender mejor la situación americana y la mala prensa que llegaba desde allí hasta el viejo continente.

Hoy Europa experimenta con asombro la aparición de identidades comunitarias llenas de odio y de resentimiento, juventudes alienadas por las causas más diversas; pero siempre en contra de un sistema al que aún pareciera que desconocen.

Aparecen hoy en Europa aquellas fracturas que enarbolan demandas de igualdad; una igualdad que ya está garantizada de antemano en la fundación del estado democrático; basado en la igualdad de derechos y de obligaciones para todos.

Pero la demanda de estos grupos, ya no apunta a la exigencia de derechos igualitarios, sino a eximirse de la igualdad en sus obligaciones.

JR

“La Democracia es la opción para la convivencia de lo distinto” JR

“La Privacidad Reciclada”

Si le preguntas a alguien qué es la privacidad, te responderá que es una tendencia que insiste en preservar para sí, aquella información a la que se considera demasiado valiosa o íntima.

Pero el problema real es identificar hoy en día, qué es lo valioso y qué es por lo tanto, aquello que debería ser privado.

En el mundo actual es difícil identificar qué es lo privado; teniendo un gps en el móvil acompañándonos a todos lados, cámaras de seguridad en cada esquina, registro del aparcamiento de nuestro coche controlado al minuto desde plataformas municipales, el Alexa y las cámaras de seguridad de nuestra casa (encendidos en todo momento) y sobre todo, esa voracidad por publicar cada paso que damos, en las redes sociales.

Uno ya no es privado, ni aunque quiera. Y aquel falso eslogan de “cuidamos tu privacidad” se ha vuelto tan inocuo, que ya ni siquiera nos molesta; porque el cortocircuito hoy se ha vuelto indoloro, llevadero e imperceptible, al igual que la falta de privacidad.

La tendencia actual no nos encamina hacia lo privado, sino que por el contrario, nos motiva a ser cada vez más públicos y transparentes; y a revelarlo todo para poder existir en el mundo digital y vivir seguros en el mundo analógico.

Quien no tiene nada para esconder, no corre ningún peligro y quien no tiene nada para comunicar, ya sea publicando o mostrándose en redes, no existe, ni para el entorno social, ni para el mercado.

Por lo cual, volverse demasiado privado es condenarse a un pequeño espacio “no virtual”, que nos augura oscuridad, soledad y pobreza.

La invisibilidad analógica no promete buenos frutos y si hoy quieres ser alguien importante, tienes que estar y mostrarte.

El problema de la juventud es que en ocasiones no entiende todavía al mercado y no sabe bien qué es lo que debería mostrar y qué no.

Pero desgraciadamente, hay otra juventud que ya ha descubierto que el escándalo y la frivolidad venden más y más rápido, que una buena reputación.

Y aunque los mayores temamos por la memoria eterna de la red, ellos sólo creen y apuestan por el instante.

Lo que ha cambiado no es nuestra apreciación hacia la privacidad, sino aquello que hoy consideramos como privado.

Antiguamente lo privado era aquello que era sagrado, amado, preservado fuera de la vista de los demás, no por vergüenza, sino por respeto al sentimiento tan profundo, que nos vinculaba a esas cosas o a esas personas.

Pero en un mundo en donde la vinculación social está dictada por la moda, (con su imposición de transitoriedad permanente) los vínculos ya no son ni tan duraderos, ni tan sagrados, ni tan privados.

Hoy la gestación y la maternidad se muestran, el amor se muestra, el sexo se muestra, la comida que se come se muestra, las vacaciones se muestran; porque nuestra vida digital es una plataforma exponencial que nos augura amigos, seguidores, likes, retweets, una posible fama y la tan sabrosa envidia de los demás.

Estamos expuestos 24 horas, pero voluntariamente y deseosos de hacerlo cuanto antes; todo con tal de no desaparecer.

Veo en las redes sociales tanta patología declarada, que me pregunto si los psicólogos no estarán planteándose dejar ya las consultas, para trasladarse a tratar los casos directamente sobre la red.

¿Es este nivel patológico de exposición un signo de sentirse extremadamente importante para el resto, es una necesidad incontrolable de comunicar frivolidad a toda hora, o es un signo de inferioridad y de soledad?

En la Era de la transparencia, mostrarse a toda hora está de moda, pero esto no es el indicio de que la privacidad se haya extinguido. La privacidad sigue existiendo, pero ya no se ocultan las mismas cosas.

Existe hoy una privacidad a la carta, en donde cada uno elige los ingredientes de su tipo de privacidad individual. Y cada una es distinta.

La privacidad no ha desaparecido, sino que se ha reciclado. Ha conservado su nombre, pero ha cambiado sus valores.

Todo aquello que venda, hoy está disponible para ser expuesto.

Y en el mercado digital la exposición de las sensaciones, las emociones, los placeres, las frivolidades, la intimidad y los escándalos son prioridad. ( sean estos reales o ficticios, ¿quién nota la diferencia?)

Hoy son pocas las cosas que estamos dispuestos a ocultar y me atrevería a decir, que son sólo nuestros defectos, nuestros delitos y nuestra enorme sensación de soledad y de pobreza interior.

Todo lo demás, está listo para subirse a la red.

JR

“La Realidad Optimizada”

El mundo digital ha cambiado nuestra vida y nada ha quedado fuera de su influjo; ni siquiera la imagen.

Si antiguamente la imagen fotográfica era la representación de lo real, en la era digital ha dejado de serlo.

La imagen es hoy la optimización de lo real, y esto sucede gracias a que disponemos de todo tipo de técnicas y filtros informáticos para transformar lo real en ideal.

No es casual que plataformas como Instagram triunfen de manera rotunda, en un mundo que encontró en la imagen optimizada, la manera de alcanzar su ideal y de captar la atención.

Existe un síndrome llamado “el síndrome Paris” que afectaba principalmente a los turistas japoneses. A ellos se les presentaba una imagen idealizada de Paris y al llegar al verdadero Paris, sufrían de una gran desilusión.

Este síndrome desataba en los afectados, alucinaciones y reacciones psicosomáticas diversas como mareos, sudores o sobresaltos cardíacos.

Hoy no son sólo los japoneses quienes sufren este tipo de episodios; en donde la realidad que se nos presenta, comparada a la imagen que nos vendieron, no coincide en absoluto.

Y es que en esta obsesión tan narcisista por mejorarse y mejorarlo todo, el retoque digital nos ofrece y en bandeja, la posibilidad de convertir lo defectuoso en perfecto; aunque la realidad no acompañe.

Muchas veces andando por la ciudad me pregunto ¿adónde está toda la gente bella y amable que vive en Instagram?

Y he llegado a la triste conclusión de que el mundo es mucho más bello, brillante y fotogénico en formato digital.

Serrat nos cantaba hace tres décadas…”nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”… pero es cierto que para ese entonces, Instagram no había llegado.

JR

“Saturados de Información”

El IFS (Information Fatigue Sindrome) es una enfermedad psíquica que se produce por el exceso de información.

Los afectados desarrollan un cansancio profundo y a la vez una incapacidad de desconectarse por temor a perderse de algo.

El mundo digital nos ha ofrecido un campo abierto para el acceso a la información a todos los niveles y hemos dejado de ser ya aquella familia, que se concentraba una hora al día alrededor de la radio o de la televisión para tener acceso a los sucesos. Hoy cada uno recibe su propia noticia y a la vez es generador de noticias y de opinión, permanentemente.

Los medios de comunicación del siglo XX se volverán muy pronto un objeto vintage. Leer el periódico en papel es ya una tradición que aún se preserva con cariño, como cualquier otra costumbre heredada de nuestros abuelos y la radio sigue siendo aún la mejor opción para aquellos que todavía no tienen bluetooth en el coche.

Todos estamos hoy afectados en mayor o en menor medida por este cansancio (el IFS) y esto sucede porque todos estamos permanentemente expuestos a una cantidad de información diaria abrumadora y que aumenta velozmente.

Uno de los síntomas más peligrosos de este cansancio de información es la pérdida de la capacidad analítica.

Y la capacidad analítica es precisamente la capacidad que conforma el pensamiento; es la aptitud para distinguir lo escencial de lo no escencial.

La saturación de contenidos reduce a su vez nuestra habilidad para reducir las cosas a lo importante o a lo imprescindible y tendemos a creer que cuanta más información tengamos, mejores desiciones tomaremos; aunque esto no sea necesariamente así.

Casualmente, otro de los síntomas de esta afección es la parálisis y la incapacidad de tomar desiciones y de asumir responsabilidades que nos aten a una elección o nos comprometan a futuro.

Esta obsesión por tener más y más información nos inmoviliza en vez de activarnos a actuar.

El exceso de información como todos los excesos, desequilibra algo en nosotros y toda saturación atrofia siempre otras capacidades.

En este caso, la capacidad atrofiada no es nada menos que la habilidad fundamental del pensamiento: la capacidad de análisis.

¿Cuanto tiempo dedicamos para reflexionar, debatir, reducir o deducir la enorme cantidad de información que recibimos?

¿Somos procesadores inteligentes de información o nos hemos convertido en devoradores insaciables de información?

¿Seguimos siendo homo- sapiens o somos ya únicamente homo-consumens?

JR

“El Dolor de ser Valiente”

La valentía tiene sus grados y cada grado implica el nivel de compromiso que uno está dispuesto a asumir.

Están los valientes de salón; esos que entre amigos y entre cuatro paredes se sienten igualitos a William Wallace y denuncian las injusticias categóricamente y sin tapujos.

Y están esos otros, que son los que ponen el cuerpo, van al frente y aguantan el golpe.

Enseñar a un hijo a ser valiente va también por grados. Uno puede decir: “Se valiente pero no tanto” o decirle “Si de verdad te decides alguna vez por ser valiente, hazlo entonces con todo tu corazón”.

Hacer las cosas con todo tu corazón es implicarte por entero en aquello que crees que es justo. Y ser un entero o alguien “íntegro” es ser una persona de corazón y no un ser dividido; alguien que es valiente pero sólo un poquito y hasta donde le conviene.

Mi hija fue valiente hace unos días y hoy paga las consecuencias de su pequeña valentía; la soledad de aquel que es señalado por atreverse a denunciar algo que nadie se atrevía a decir en alto.

Hoy todos sus compañeros (medio valientes) disfrutan cómodos y callados de los beneficios de su valentía.

Ellos hicieron caso a sus mamás que les decían: “Hay que ser valiente, pero sólo un poquito, ya que siempre va a haber otro, que sea más valiente que tú y ponga el cuerpo”.

Y mientras consuelo a mi pequeña valiente, que ha logrado un cambio hasta hoy impensable; vuelvo a repetirle aunque me duela: “Si después de esto, alguna vez vuelves a ser valiente, vuelve a serlo con todo tu corazón”.

JR

“Una persona íntegra es aquella que actúa con todo su corazón”

“El Victimismo que da Poder”

En un mundo en el que la desigualdad es la norma, la tendencia al resentimiento sólo necesita de un pequeño empujón para incendiar al pueblo.

Los gobiernos radicales lejos de trabajar en pos del bienestar social y el progreso de los más desfavorecidos, luchan a capa y espada para sembrar odio y resentimiento en el corazón del pueblo, sometiéndole de esa manera a un tipo distinto de esclavitud.

El resentimiento es otra forma de aprisionamiento, en este caso uno acotado al plano mental y que imposibilita cualquier avance.

Es curioso cómo en esta época se enaltece al débil y se repudia cualquier demostración de fortaleza de carácter.

Si uno logra posicionarse como una víctima cuenta de antemano con ventaja por sobre cualquier otro contrincante porque despertar lástima, es hoy la máxima virtud.

El feminismo, entre otros movimientos del siglo 19, se ha vuelto a poner de moda en Europa y va de la mano de los populismos que azotan la región, pero de aquel feminismo del siglo 19; (en donde fue la demostración de la fortaleza de la mujer la que consiguió sus derechos) ya no queda nada.

Este nuevo feminismo digital insiste en el victimismo como método de triunfo.

“Cuanto más víctima seas, más conseguirás. Y si intuyes que vas perdiendo apoyos, lo mejor es recurrir a un pasado en donde tu victimismo consiga mutar radicalmente ese mal presagio.”

Hoy en día toda mujer que quiera ser popular y aclamada debe exponer públicamente algún intento de violencia  acometido contra ella en algún momento de su vida, para que el pueblo solidario y compasivo se vuelque automáticamente a modo de ola humana a demostrarle su empatía.

El mundo se ha acostumbrado a adorar sistemáticamente a las victimas y a repudiar a los fuertes y todas las figuras públicas que necesitan del apoyo popular masivo salen en a exponer sus tragedias particulares, con la intención de acrecentar su popularidad. 

Busca bien en tu pasado y seguramente encontrarás algún episodio en donde fuiste discriminada o sufriste abusos de algún tipo”  me decía una feminista hace algún tiempo, ofreciéndome en bandeja la estrategia infalible del resentimiento; tan necesaria actualmente para ganar adeptos, adhiriendo a su causa. 

Seguramente si rebuscara bien encontraría algo para ser una víctima yo también, pero lo curioso es que nada está más lejos de mis intenciones que pertenecer a ese grupo, ni considero que la empatía esté necesariamente ligada a la pertenencia.

Mi ideal siempre ha sido la fortaleza ante el sufrimiento y la superación como opción al resentimiento, por lo cual mi entrada al club de las víctimas me estaría rotundamente denegada.

Aquel que enarbola el rencor como método de triunfo no es fuerte, ni será capaz de cambiar las condiciones de aquellos que sufren, porque tampoco ha sido capaz de cambiar las suyas propias. Lo primero que debe disolverse es el resentimiento.

La astucia de pertenecer al club de los oprimidos,que ubican al culpable siempre fuera, es el método infalible de los tiranos y enmascara la incapacidad de dar soluciones a los problemas reales de la gente. (La responsabilidad de sus desgracias siempre las tiene otro, por lo tanto las soluciones nunca están, ni estarán a su alcance) 

Ser vitima de algún abuso y exponerlo públicamente es hoy la condición indispensable para cualquier puesto de poder, tanto en la política como en el mundo del espectáculo, porque estar en el bando de los fuertes podría dar a entender que perteneces al bando de los abusones. (Cuidado! actualmente si no eres abusado, se deduce que eres uno de los abusadores, por lo cual ser una víctima es la única opción que tienes para librarte de una condena injusta).

Quien basa su fortaleza en la debilidad, promoviendo el resentimiento, expone su incapacidad de superación y alguien incapaz de superar su propia debilidad será incapaz de luchar por invertir la tuya.

Detrás de cada uno de los tiranos que han azotado a la humanidad siempre hay una historia personal de resentimiento, que más tarde se redirigió hacia una causa social o política. ( veamos por ejemplo la infancia de Fidel Castro; hijo de un magnate cubano y de su empleada doméstica)

Dar poder a los resentidos es peligroso y nos ha llevado siempre por mal camino.

Quizás porque la habilidad que requiere el verdadero poder es la de la superación constante.

JR

“La capacidad de superación es sin duda, la característica principal de un buen líder” JR

“La Generación del Bienestar”

Cuando el año lectivo vuelve a empezar dejamos atrás aquel espacio benévolo de las vacaciones, en donde el tiempo carece de obligaciones, para volver a los quehaceres trabajosos, abocados a mantener a la generación del bienestar.

Mi generación, que es la generación del trabajo; gente que a los 20 años ya trabajaba aún estudiando una carrera universitaria, no conoce estas modas de la depresión post vacacional y demás enfermedades psicológicas, hoy sin embargo, terminales en la generación del bienestar.

Porque en mi época uno se tomaba una aspirina y volvía al trabajo, sin tanto dramatismo.

Y es que nosotros, la generación del trabajo, entendíamos al bienestar como al resultado de nuestro trabajo.

La generación del bienestar en cambio, es aquella que utiliza con descaro los derechos laborales, la que alimenta la ferocidad de los sindicatos, odia a los empresarios, desconoce el funcionamiento del estado (que se mantiene gracias a los impuestos del contribuyente que es quien trabaja y cotiza, y el de las pequeñas empresas que son quienes arriesgan su capital y crean empleo).

Esta cómoda generación es adicta a la protesta, a la depresión y a las bajas laborales de todo tipo y se conocen todas las trampas para conseguir un subsidio, aún sin merecerlo.

Tienen además una creatividad nata para encontrar nuevas formas de conseguir apoyos económicos, ya sea por ecologistas, veganos, discriminados, o por pertenecer a alguno de los múltiples y variados colectivos sexuales o hasta como defensores de las gallinas abusadas sexualmente en los gallineros, procurando conseguir todo tipo de indemnizaciones por los más insospechados abusos; esos que encuentran por doquier y allí por donde van.

—Lo que sea, con tal de no trabajar jamás y seguir viviendo del cuento— dicen algunos.

Y es que tener tanto tiempo libre promueve el desarrollo de las inteligencias y también el de las gilipolleces más variadas.

La generación del bienestar se educa en la escuela pública, se sana en los hospitales públicos y sigue estudiando carreras universitarias hasta los 40 años en universidades públicas.

Algunos permanecen inalterablemente ignorantes a pesar de décadas de formación gratuita y otros, se gradúan con 2 títulos y cuatro másteres para salir luego en manada a cortar las calles porque no encuentran trabajo.

Uno de los motivos por los que esta gente “superformada” con el dinero de la generación del trabajo, no encuentra trabajo, es porque no ha trabajado nunca y fuera de lo académico, no han dado jamás un palo al agua.

Pero pretenden entrar al mercado laboral siendo jefes y cualquier otro puesto, para alguien tan formado, les queda chico.

El pequeño empresario, a quien el estado cruje a impuestos, les teme; ya que contratar a estos sujetos con “derecho a todo” menos a trabajar, le suele salir generalmente carísimo.

Lo más curioso de esta generación tan culta, tan ecologista y formada con nuestro dinero, es que desconocen el funcionamiento del estado; a quien consideran como a un grifo siempre abierto y de inagotables recursos.

Sin saber que el estado sólo existe, si hay contribuyentes que paguen impuestos con el fruto de su trabajo para crear al estado, mantener a los políticos y a todos sus acomodados y mantener un estado de bienestar cada vez más amplio; ese que prometen los políticos, para que les sigan votando aquellos que desconocen, de donde proviene el capital que crea al Estado.

“Es gratis” dicen los súper cultos titulados.

No señor, nada es gratis. Somos la generación del trabajo, quien viene financiando tu salud, tus rutas, tu transporte público, tu educación y tus múltiples subsidios.

El estado es simplemente un buen o mal administrador de todos nuestros recursos.

El bienestar era algo que la generación del trabajo ansiaba generar con el fruto de su esfuerzo y de su trabajo.

Hoy en cambio, el bienestar es para los cómodos un derecho adquirido sin trabajo.

Y el trabajo, es aquello que la generación del bienestar intenta evitar a toda costa; viviendo “gratis” eternamente con el fruto de nuestro trabajo.

Y es que señoras y señores de la generación del trabajo: con las mejores intenciones, hemos creado y criado a un monstruo.

JR

“Storytelling y Emoción”

De todos los talentos, uno generalmente admira más aquellos que no posee y en mi caso, ese es la memoria.

Admiro profundamente a aquellos que son capaces de repetir historias, contar chistes o recordar anécdotas antiguas.

Yo sin embargo, voy olvidando sistemáticamente todo lo que aprendo y lo único que recuerdo de las cosas, son las sensaciones que me dejan.

Académicamente esto es un desastre, pero psicológicamente es una bendición, ya que uno transita por la vida siempre liviano, limpio y reciclado; porque hay algunas ignorancias que protegen y que además permiten nuevas absorciones; algo escencial para la creatividad.

El arte de saber contar historias fue siempre fundamental; así se creó toda nuestra cultura y se propagaron todos nuestros saberes y nuestras religiones.

Las mejores historias siempre triunfaron y hasta las más increíblemente inverosímiles, siguen estando hoy aún vigentes.

Muchos priorizan a la sinceridad y creen que la única historia con valor es aquella que es real. Pero el problema con lo real, es que suele ser siempre muy subjetivo.

Por eso, aún en épocas en donde el “Big Bang” está comprobado, muchos siguen prefiriendo el cuento de los 7 días de la creación.

Y es que cada uno elige en qué creer, aunque le demuestren lo contrario. Porque creer es un acto voluntario.

Cada uno tiene sus autores preferidos, sus versiones particulares de las historias y de las cosas y elige cada noche los cuentos que prefiere para dormir.

Como soy plenamente consciente de que aunque me cuentes una historia, no seré capaz de repetirla una semana después, lo que más valoro; no es en realidad la veracidad de tu historia; sino lo que me hace sentir esa historia.

Y es esa sensación, lo que perdura en mí cuando tu historia me abandona.

Tuve un amigo con una mente prodigiosa, capaz de contar las historias más maravillosas y de transformar toda realidad en algo distinto. “El alquimista” lo llamé, porque sólo los magos tienen el don de hacer de lo cotidiano una fiesta.

_”No le creas las cosas que te cuenta ” me decían muchos_ pero sus historias eran tan maravillosas y despertaban en mí sensaciones tan agradables, que la veracidad era lo que menos me importaba.

Creer era un placer y una elección plenamente consciente y voluntaria. Yo elegía creer para transportarme a un mundo distinto.

Porque uno quiere creer aquello que le hace sentir bien, aunque te mientan.

Quien sabe contar historias posee un gran poder y es consciente de que su relato es siempre un anzuelo; pero quien logra despertar con su historia una emoción que perdure y logra llevarte con lo puesto a un lugar distinto; ese es definitivamente un maestro.

Amamos las historias desde la época de las cavernas. No tanto por el ansia de saber, sino por la necesidad de sentir.

JR

“La Desesperación de las Primerizas”

Tener un hijo es sin duda un hecho que cambia tu vida en muchos aspectos. Desde las prioridades hasta las rutinas, la economía y el sueño; todo cambia abruptamente y de un día para otro.

Cuando nació mi primer hijo recuerdo sentir una responsabilidad enorme y preguntarle a mi madre cómo iba a hacer yo, para mantener vivo a ese bebé.

Mi madre ( madre de cinco hijos) sonrió tranquila y me dijo que si el planeta estaba superpoblado y la humanidad había sobrevivido a todo, y en condiciones tan extremas ¿por qué mi hijo no habría de hacerlo?

Su respuesta me relajó enormemente y deje de ver a la vida como algo que estaba permanentemente en riesgo, para encararla como a la responsabilidad de no obstruir aquello que nacía sano.

Luego empezaron las experiencias con los malos pediatras, esos enemigos de todo lo que pueda hacerte la vida feliz.

Parecían empeñados en hacer de la maternidad un proceso difícil, tedioso y preocupante. Todo era un riesgo y todo estaba prohibido. Y si estaba enfermo el niño, te hacían esperar hasta que el resfrío se convirtiera en una neumonía para medicarlo una vez ingresado en el hospital.

Por supuesto durante estos largos procesos de resfriados y otitis uno iba y venía con el bebé a la consulta sin remedio y sin remedios.

Porque “lo natural” es ahora vivir los procesos a oscuras, sin dormir y al borde de un ataque de nervios, hasta que la enfermedad se convierta en algo realmente grave.

Decir antibiótico es una mala palabra y pensar en tener otro hijo una pesadilla.

Como ocurre a veces en la vida, uno encuentra por azar a esas almas solidarias que se apiadan de estas madres primerizas desesperadas y al borde de un crack nervioso y te ayudan.

Te dicen que la leche en polvo es buena y te liberan de esta nueva opresión “tan natural” de dar el pecho al niño hasta la primaria, te recomiendan el jarabe para el moco líquido, el jarabe para la tos seca, te enseñan sobre cómo avanzan los procesos infecciosos y te ayudan a detectarlos, te autorizan a cortarlos a tiempo con el antibiótico adecuado y te muestran la cara más bonita de la maternidad.

Los hijos que tuve después fueron fáciles, gracias a la buena medicina. Esa que nació para curarnos y no para crearnos cuadros de desesperación agudos a todas las madres.

Y es que yo soy muy natural y me gusta vivir los procesos bonitos de mi vida con alegría.

Ser madre es una alegría si sabes curar a tiempo y si le pierdes el miedo a todo lo que hay en el mercado para que tu hijo esté sano y tú también.

Pero ten cuidado, porque lo natural en estos días es fomentar a madres infelices, perdidas, desorientadas, exhaustas y a todo este proceso de aniquilación de la alegría maternal lo llaman “medicina natural”.

JR

¿Democracia o Proyecto Castro – Chavista?

En Europa y en los Estados Unidos en cada elección, uno elige a un presidente. A veces de izquierdas y otras veces de derecha, según el momento histórico, económico o político de un país; pero nunca suele ponerse en juego el reemplazo de un sistema democrático por una dictadura.

En Latinoamérica sin embargo, la votación es diferente. Uno hoy no vota por un presidente de izquierdas o de derechas sino por un sistema político.

¿Democracia o dictadura castro – chavista?

Y esto sucede porque la izquierda latinoamericana no es como la izquierda europea o la estadounidense, sino que es parte del “Proyecto castro-chavista”.

El proyecto castro-chavista nace en 1999 con la asunción de Chávez al gobierno de Venezuela. Cuba que estaba casi desangrada, sin contar ya con el apoyo económico de la Unión Soviética, comienza a recuperarse con la incorporación de Venezuela y así empieza el resurgimiento, el fortalecimiento y la expansión de las dictaduras del socialismo del siglo XXI.

Estas dictaduras socialistas del siglo XXI controlaron gran parte de America Latina; hoy establecidas en Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia, tienen en jaque a las Democracias que quedan en la zona.

Las dictaduras socialistas del siglo XXI están fundadas en principios de corrupción, de violacion de los derechos humanos, de liquidación de la economía nacional y del estado de derecho y de disolución de la división e independencia de poderes, acabando también con la libertad de prensa y con la propiedad privada.

El llamado “Foro de San Pablo” es el instrumento político de la delincuencia Castro-Chavista y su objetivo principal es hoy recuperar el espacio político perdido, en las zonas en donde aún quedan presidentes democráticos, como Macri en la Argentina, para continuar con su proyecto “Las Izquierdas de America Latina” basado en los valores castro-chavistas de abolición de todas las libertades y de todas aquellas instituciones democráticas que las garanticen.

Hay votaciones más importantes que otras y hay votantes más preparados y más éticos que otros.

Hay quienes votan por su conveniencia particular o por su interés inmediato y hay quienes votan como estadistas; sin pensar en la próxima elección, sino en la próxima generación.

Hay quienes votan con el corazón y hay quienes votan con el bolsillo, hay quienes votan por un cargo y quienes votan por un subsidio. Y hay también quienes votan lo que deben, aunque tengan mil reproches y les duela.

Hay votaciones que no cambian demasiado tu destino y otras que lo cambian para siempre.

Hay votaciones con segundas oportunidades y hay oportunidades que se alejan para siempre.

JR

“El Consumidor Invisible”

Cuando acompaño a mis hijos de compras, suelo hacer largas filas en las cajas de las tiendas para pagar.

Desde lejos, voy notando cómo los cajeros hablan permanentemente entre ellos; mientras todos los de la fila escuchamos sobre sus noches de fiesta, sobre sus vacaciones e incluso, cómo critican a la empresa para la cual trabajan frente al cliente; al que por supuesto, ignoran completamente durante todo el proceso de compra.

Nada perturba el relato de estos dependientes que logran que te sientas invisible en todo momento.

Ni te miran, ni se inmutan si hay una fila de 25 personas esperando; ellos siguen hablando de sus ligues, de sus días libres, de sus cotilleos y de sus vacaciones.

Si te atreves a comentar algo, ellos enseguida se ofenden y se sienten agredidos por el consumidor invisible y sostienen que están en todo su derecho a hablar con tacos y sobre los temas que les dé la gana; total la empresa es quien paga.

El consumidor invisible, sin embargo, que es quien sostiene con sus compras sus puestos de trabajo, debe aguantar calladito e invisible las libertades del dependiente.

El supermercado al que solía ir tenía 24 cajas para pagar, pero nunca había nadie para cobrarte y los empleados al verte con el carro a tope, te señalaban rápidamente la caja automática, porque era la opción más sencilla para todos.

Ellos descansaban y tú escaneabas, te cobrabas y embolsabas los productos y todo para que ellos pudieran seguir charlando.

“Está muy bien”_pensaba yo _”yo evito tener que tratar con ellos y ellos poco a poco, van delegando sus empleos en las máquinas”.

Mi opción se ha vuelto cada vez más, la de comprar por internet y así, evito todo el contacto humano posible con dependientes a los que no les gusta su trabajo.

Luego habrá que soportarles llorando por cómo las máquinas ocuparon aquellos puestos de trabajo que ellos odiaban.

El consumidor invisible va tejiendo poco a poco su venganza y calladito pero sin pausa, empieza a desacostumbrarse al maltrato al que fue sometido durante años y descubre por fin, que en internet hay un nuevo paraíso; sin dependientes, sin malas caras y en donde por fin, se ha vuelto importante.

JR

“Nadie es imprescindible” JR

“Alabar al Islam desde el Starbucks”

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Se ha puesto de moda parecer de izquierdas y presumir de tolerante; ir por la vida cantando el ” let it be” que entonaba Lennon después de fumarse 10 porros y tragarse 3 pastillas; porque la pasividad budista ha invadido a un Occidente capaz de amoldar cualquier doctrina a su postureo y conveniencia.

Las técnicas hindúes nos sirven a los occidentales para presumir de un cuerpo perfecto con el yoga y también para evitar y aliviar cualquier proceso intelectual desgastante, pero siempre sin desviarnos por demasiado tiempo del mundo capitalista y consumista al que somos adictos; pero del que renegamos permanentemente en público y para quedar bien.

Se practica meditación una hora y yoga un poco mas tarde, luego asistimos a la conferencia del gurú de moda que nos instruye en cómo respirar correctamente para hacernos ricos en 5 minutos y por la noche, leemos el libro que tenemos en la mesilla de luz, sobre las nuevas técnicas de la neurociencia; imprescindibles para engañar pero agradando a todo el mundo.

Uno consume ideología extranjera como si fuera Coca Cola light, pero siempre acomodado en el sillón de un Mac Donalds con wifi y aire acondicionado.

Y es que ser un millenial completo, consiste en aprender a combinar a Oriente y Occidente a tu gusto y conveniencia, y sin ahondar demasiado en sus realidades ni en sus circunstancias.

Maradona alaba el comunismo cubano desde una suite en el piso 56 en Nueva York y pondera la nueva política alimenticia venezolana, aunque su propio cuerpo refleja una vida devota a todos los excesos.

El Papa católico nos habla de la bendición de la pobreza, mientras encubre las cuentas bancarias millonarias del Vaticano y apoya a los chavistas y a los narcos, que son quienes mantienen económicamente a esos gobiernos.

Mientras tanto, tú sigues saboreando tu caramell macciatto en el Starbucks de Palo Alto y defiendes y justificas el terrorismo islamista, como a un derecho adquirido al reclamo; costumbrista, ancestral, legítimo, respetable y autóctono; al que deben ahora acostumbrarse también mansamente los europeos y sin chistar por racistas; y de paso, que paguen por la conquista de America en 1492 y que se jodan por ser blancos; por supuesto.

Ser comunista es fácil cuando no has sufrido a la KGB ni la pobreza física, intelectual, moral y espiritual que incluye en su gestión esta ideología.

Ser hindú es divertido, cuando no has pertenecido a la casta de los sudras, mutilados por sus propias madres para poder sobrevivir al menos de la limosna y ser católico es interesante si no has sido excomulgado por homosexual o por divorciado o no has sido expulsado del colegio en nombre de Jesús, por ser hijo de padres separados.

Ser pro islamista es cool, si no has visto apagarse tus libertades a través del agujero de un burka durante el gobierno de Jomeini en Irán, o no cruzabas el puente de Londres o paseabas por las Ramblas, esos días en los que un musulman ejercía su derecho al reclamo (¿justificado?) y acuchillaba o aplastaba a todos los transeúntes que se le cruzaban por el camino, en nombre de la religión de la paz.

Mientras sea otro quien sufra las consecuencias de tus maravillosas ideologías, tú puedes seguir apoyándolas y cantando el “Let it be”, mientras un chico gay paquistaní de 20 años (que en Paquistán o en Moscú sería ahorcado) te prepara tu caramel macciato, con leche sin lactosa y café sin cafeína en los Estados Unidos; llevando en el cuello el colgante de la luna y la estrella y la camiseta del che Guevara debajo del delantal del Starbucks, porque tiene derecho; no sólo a la ignorancia, sino también a la contradicción.

Luego puedes continuar con el “Imagine all the people…” mientras te comes un muffin de cranberries de harina integral sin levadura, ni fructosa; despatarrado en el sillón del Starbucks y alabando las bondades del Islam por Facebook, a través de tu iPhone X.

Para volver a casa después, renovado y con la conciencia tranquila por haber puteado un rato a Trump en las redes, con tu “mala” de madera tibetana en la muñeca y sintiendo que eres la mismísima reencarnación del Budha, de Jesús el Nazareno o de Ernesto “che” Guevara y convencido de estar viviendo a tope tu comunismo millenial; integral, vegano, sin conservantes, ni levadura, ni coherencia; pero siempre protegido por la policia americana, (a la que desde luego odias) en California.

JR

“Adults Only/ Rich Only”

Las vacaciones representan la universalizacion del descanso. Un espacio en donde todos tienen derecho a parar y a alejarse de sus labores y de su rutina.

La realidad es que hay vacaciones que descansan y vacaciones que cansan aún más que el trabajo; pero cada uno las elige según sus preferencias.

Hay vacaciones sociales y vacaciones solitarias, vacaciones urbanas o playeras, vacaciones rurales, sibaritas, exóticas, aventureras, organizadas en tour o alejadas de todo tipo de agenda.

Mucho ha colaborado el progreso en establecer este derecho a descansar y a moverse; con las low cost, los arbnb y todo tipo de aplicaciones y facilidades económicas que nos permiten a todos; y ya no sólo a unos pocos, acceder y disfrutar de este derecho vacacional.

Pero toda popularización tiene también sus desventajas, en cuanto que es hoy difícil encontrar sitios alejados para desconectar.

Uno regresa de adulto a aquellos lugares vacacionales idílicos de la infancia y encuentra 25 autobuses aparcados en la cala paradisíaca y solitaria de su niñez.

Es difícil encontrar centímetros disponibles en donde aparcar la toalla y aquel mar transparente deja entrever los vasos de plástico, las bolsas y todo tipo de asquerosidades que la masa vacacional aporta a la naturaleza cada verano.

El progreso es sin duda maravilloso, pero el problema surge cuando el progreso económico y el acceso a las cosas no van de la mano de una educación que les acompañe.

No es de extrañar que hayan surgido también y a raudales, los “adults Only” y los “VIP”; parejas que escapan a los pañales, a los cochecitos y al griterío de los niños y se refugian detrás de unos muros que les aíslan de aquellas realidades estridentes y molestas; que algunos vivirán en su momento y otros ya han pasado, superado y dejado finalmente atrás.

Tampoco hay que negar, que en una época en donde la palabra igualdad es el estandarte y el eslogan de todas las campañas, uno añore, a veces, aquella desigualdad que le aseguraba el descanso.

Como afirmaba Camus hablando de las distintas acepciones de la rebeldía, toda libertad llevada al extremo garantiza la aniquilación. Y no puedo estar más de acuerdo en que hay algunos límites y barreras que protegen la libertad y no sólo la de aquellos que están dentro.

Yo estoy acostumbrado desde pequeño a los clubs, en donde sólo entraban los socios, y nunca me sentí ni ofendido ni discriminado, simplemente entendía que uno pertenecía o no, y según esa regla, se establecían las diferencias y sus normas.

Pero hoy todo concepto de club o de muro es intolerable porque esta es la época del “o todos o ninguno” y creo que desgraciadamente, este complejo de inferioridad disfrazado de rebeldía y de justicia social es lo que nos llevará a la aniquilación de todas aquellas virtudes y valores que deberían ser quienes realmente acompañen y justifiquen la verdadera desigualdad.

JR

“El Espacio Creativo”

Tengo la costumbre de trabajar en espacios pequeños, porque la inmensidad me deja siempre sin palabras y sin pensamientos.

Hay algo en los espacios abiertos que nos relaja y nos deja mudos y silenciosos por dentro.Las playas, el mar, la montaña, me relajan y es sólo cuando estoy en esos espacios inmensos, cuando me siento realmente de vacaciones.

El pensamiento surgió siempre en la cueva, en espacios cerrados en donde el hombre se encuentra ensimismado y confrontado a sus carencias y necesidades y abocado a crear y a crearse soluciones, sin escapatoria.

Crear está ligado a la subsistencia y no hay mejores obras, que aquellas que se escriben y se realizan con desesperación.

Y no hay subsistencia posible, sin creatividad.

¿Quién escribe, sino está carcomido por las ideas que le zumban en la cabeza?

¿Quién crea, sino es por la necesidad de inventarse algo nuevo, sean soluciones científicas, tecnológicas, literarias, políticas, personales o económicas?

La creatividad se alimenta de cierto grado de anhelo y de los fanáticos.

Los tibios no crean, los tibios disfrutan y transitan tranquilos por la época que les toca, acomodándose a todo y sin sentir el ardor de tener que cambiar nunca nada.

¡Y yo cómo les envidio!¡Quién pudiera ser tan feliz! Reconociendo a tiempo la insignificancia de nuestra nimia existencia, en un mundo milenario de millones y millones de nadies. Pero unos “nadies” que en dos mil años crearon un mundo.

La creatividad se dispersa en la inmensidad, los cuadros se acaban a puertas cerradas, los libros se escriben a puertas cerradas, los licenciados se gradúan a puertas cerradas, los descubrimientos científicos se hacen a puertas cerradas y los inventos se plasman a puertas cerradas.

Si abres las puertas, la creatividad se te escapa por la ventana.

Hay que crear y crearse adentro.

En la reunión de padres de primero de primaria la maestra me dijo muy preocupada que mi hijo siempre estaba mirando por la ventana. Tenía 5 años y quería escaparse al patio a cada rato. Era normal, ¿quién no quiere escapar?

Pero si todos escapamos por la ventana al patio y a la playa ¿quién crea? ¿Quién piensa y cambia el mundo?

La creatividad no es un halo de luz agradable y suave que uno espera y recibe con alegría, sino un tipo de radiación contaminante de la que uno no puede, ni debe escapar.

Por eso los creativos se instauran unas rutinas con horarios rígidos y los respetan como si fueran condenas.

A la creatividad hay que hacerle un espacio; uno pequeño, sencillo y sin distracciones, hay que alimentarla con quietud, con horas de trabajo y de aburrimiento.

Hay que cerrar las ventanas y con el recuerdo del patio, de la playa, del mar, de la montaña, hay que inventarse un mundo nuevo.

JR

“NUBE SIN ALMA”

Se acercó intrigado y me preguntó: _¿Qué es la “nube”?

Es el lugar en donde suelo estar cuando intentas contarme tus cosas. El lugar en donde trabajo, estudio y aprendo; me informo y progreso, juego y cotilleo.

Aquel lugar que me eleva, pero que jamás me llevará al cielo.

Pero volvió a preguntarme:_¿Qué es la “nube”?

Es ese lugar mágico en donde no existen las distancias. En donde me encuentro con mis amigos, sin necesidad de ponerme los zapatos y me despido de ellos, sin sentir el calor de sus abrazos.

Donde encuentro un consejo sin una mano tendida y un consuelo sin pañuelos, lloro sin mojar un hombro y río a carcajadas en emoticonos.

Es un lugar que me transporta y me lleva a descubrir nuevos mundos, sin tener que hacer las maletas.

El lugar en donde me conecto con todos aquellos a quienes tengo lejos; mientras los que están a mi lado anhelan mi presencia.

Es un lugar misterioso, que hace que todo parezca cerca, que todo parezca fácil y que todo parezca posible.

Un lugar parecido al que me encuentro cuando escribo; conectado pero ausente.

Adonde estoy cuando no respondo a ningún nombre, cuando soy sordo a tu llamado, a tus pedidos, a tus urgencias.

Y me respondió:_”Pues entonces, “llueve”.

De vez en cuando, baja de tu nube y lluéveme un poquito.

Transforma tanto aire en agua, alquimiza el vacio y conviértelo en materia.

Baja al mundo y llueve cargado de contenido y de cosas nuevas; de ideas, de risas con ruido y de abrazos apretados.

Llueve y moja la tierra con todo lo nuevo que has aprendido del aire, porque sin lo real, nada cunde. Y sin la experiencia, nada está vivo.

Llueve mucho y llueve fuerte porque ninguna otra cosa hace crecer a un alma.

Sólo la acción lo logra y es en la tierra, en donde todo germina.

Llueve, baja de la nube y “VIVE”.

J.R

29/8/2014

“Una carta de amor, será tan solo un calco, una copia frugal del sentimiento, una carta de amor, no es el amor, sino un informe de ausencia” Mario Benedetti.

“Todos Menos Tú”

Pocos libros han tenido tanto consenso y han hecho tanto daño, como esta saga de manuales de ayuda para detectar a la gente tóxica que te rodea.

Aún recuerdo a amigos alabando el libro, como si se tratara de la aparición de un nuevo Evangelio.

Lo curioso del libro es que servía como un detector y todo el mundo reconocía al instante a los millones de tóxicos que le rodeaban, pero nadie nunca se reconocía a si mismo como tóxico.

Si los tóxicos son todos los que nos rodean y los que nos rodean también detectan a los tóxicos a su alrededor. ¿Adónde están los tóxicos? ¿Quiénes son los tóxicos?

El gran éxito de esta saga consistió en que eran libros para aprender a echar la culpa de todo al otro y ese fue en realidad su anzuelo.

No eran libros de autoayuda o de introspección, como tantos otros, sino un concepto ideado para adiestrarnos a tirar la mierda afuera.

Tirar la mierda afuera es sencillo y no conlleva demasiado esfuerzo y podríamos decir, que nos sale de forma bastante natural.

A esta tarea nos apuntamos todos sin problema, pero en donde no queda nadie, es en el aula de mirar hacia adentro y de hacernos cargo de nuestra propia toxicidad y responsabilidades.

No siempre es el otro el culpable de nuestros fracasos, de nuestras derrotas, de nuestras frustraciones o malestares. Y seguir motivando a una sociedad a tirar la mierda afuera, será seguramente muy rentable para este psicólogo que escribe, pero es poco productivo para una sociedad que intenta avanzar en la diversidad y en la conciliación.

Cargue cada uno con sus culpas y no habrá culpables” decía el sabio Antonio Porchia, dándonos una lección de responsabilidad infinita; porque cuando uno acepta sus propias toxicidades, rebaja también las ajenas.

Ni yo estoy tan desinfectado, ni tú tan infesto.

Aquel antiguo e incómodo “Quien esté libre de pecado que lance la primera piedra” nos intimaba a la reflexión y costaba mucho más digerirlo, de lo que nos cuesta ahora, terminar el manual sobre la detección de culpables de Bernardo Stamateas.

El problema es que estos best sellers han llenado al mundo de víctimas, pero nadie se reconoce como culpable.

Leer estos libros es una fiesta, como aquella que se arma en los pueblos cuando se llenan de cotilleos malignos sobre los vecinos. Uno disfruta secretamente de la fiesta, que es igualita a aquella sobre la que nos cantaba Joaquin Sabina, en la que estaban “todos menos tú”.

JR

“La Cultura de la Manía”

“Descubrir la utilidad de tus manías es el primer paso para liberarte de ellas, o para aferrarte a ellas aún mas” JR

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De aquel viaje que hice a la Argentina me traje a casa un souvenir y éste fue la palabra “hinchapelotas”.

La escribí con rotulador indeleble en la puerta de la nevera, para estar advertido en todo momento.

Esta palabra me resultó sumamente atractiva, tanto en su pronunciación, como en la amplitud de su contenido, ya que abarcaba tantas cosas, que sustituirla en inglés, me hubiera llevado a articular un montón de palabras distintas.

Ser un “hinchapelotas” es una característica que aparece cuando las cosas, en vez de convertirte en un ser mas relajado y natural, te convierten en un fanático que no disfruta de nada, ni deja disfrutar a nadie.

Este impedimento se debe siempre a la aparición de algún inconveniente, al que el maniático considera ajeno a si mismo y que logra interferir en su proceso de disfrutar de las cosas.

Hay muchos tipos y clases de “hinchapelotas”, como son por ejemplo el naturista fanático, el deportista fanático, el religioso fanático, la madre obsesiva, el intelectual fanático, el ecologista fanático, el hipocondriaco, el paranoico, el perfeccionista, el adicto a internet, etc.

Son muchos y muy variados los caminos de los que disponemos para convertirnos en auténticos hinchapelotas.

Esta característica tan común, comienza a manifestarse cuando sientes que la vida en vez de ensanchar tus horizontes, empieza a limitarte, hasta el punto en el que vivir, ir a cualquier parte o tomar cualquier decisión, se vuelven un trastorno para ti y para todo aquel que te rodea.

Salir a cualquier parte se vuelve un inconveniente, porque todo fanatismo te va limitando a un espacio que está acotado a unas condiciones determinadas.

Ya no puedes ir libre a cualquier sitio, ni gozar de las cosas que los distintos momentos y espacios te ofrecen, porque te descubres a ti mismo atado a determinadas rutinas y estilos de vida, sin los cuales te vuelves un discapacitado para poder sobrevivir.

El hinchapelotas depende de una estructura determinada que él mismo se ha impuesto y que le va limitando cada vez más, en los distintos aspectos de su vida.

Mucha gente se queja hoy, de que vive una vida sin sentido y la describe como a una sensación de infelicidad que crece y que está plagada de múltiples obligaciones y rutinas inamovibles, siendo incapaces de reconocer que son ellos mismos, quienes se han impuesto las prisiones que les encarcelan.

Convertirte en un “hinchapelotas” es un proceso lento y silencioso, que ocurre mientras tú no te das cuenta e incluye a las manías mas extrañas y diversas, que van desde temores de todo tipo, hasta múltiples obsesiones; que pueden incluir a la alimentación, la limpieza, el deporte, la dependencia del lujo, del orden, o de la tecnología y todas esas costumbres, sin las cuales el individuo es incapaz de subsistir a corto plazo.

El “hinchapelotas”sufre al sentirse incapaz de desenvolverse en ámbitos que no le provean de sus amuletos y que le impidan aquellas rutinas obsesivas, de las que se ha vuelto dependiente.

Las personas que le rodean también sufren teniéndole cerca, porque son quienes deben soportar las consecuencias directas de todas sus limitaciones y en estos casos, tienen la opción o de sobrevivir volviéndose igual de hinchapelotas que ellos, o de sufrir para siempre permaneciendo a su lado.

El contagio es sin embargo lo que abunda, procreando además a nuevas generaciones de “hinchapelotas” que avanzan, criados a base de manías e intolerancias. Una generación que aún desconocemos en qué decantará.

Esta es una generación criada entre la limitación, la alergia, los tabúes, las intolerancias variadas y el miedo hacia todo aquello que rompa con los moldes rígidos en los que han sido obligados a crecer, siempre alimentados a base de temores y de inseguridades o hacia el terror frente a la escasez de cualquier abundancia.

Sin embargo, la reacción espontánea de todo adulto medianamente sano, que se expone a sufrir a un “hinchapelotas”, es tratar de evitarle a toda costa.

Y así es como uno deja de invitar al “hinchapelotas” a su casa y evita compartir espacios y momentos con él, ya que el “hinchapelotas” logra con sus manías, complicar toda convivencia y estropear, sin tener conciencia de su mal, todos los momentos en los que el grupo pareciera tener la posibilidad de ser feliz.

Siempre aparece algún inconveniente o alguna carencia que imposibilita que florezcan los momentos agradables y relajados en el grupo, y éste se ve obligado a soportar continuamente sus prisiones, que suelen incluir desde la necesidad vegetariana hasta la obligación de la proteína, pasando por la rigidez de sus horarios o por cualquier tipo de superstición, temor o contagio con respecto a casi cualquier cosa.

La cultura del “hinchapelotas” incluye al arte de amargarse la vida por nimiedades, pero es curioso como hoy en día, esta modalidad de vida ha logrado ponerse de moda y ser venerada por una sociedad de consumo, que consume entusiasta hasta las manías que le venden.

La gente asocia a la estrechez con una superioridad intelectual, social o moral, y presiente que las manías son el sello que pueden convertirles en gente “especial”, gente que posee una sensibilidad extrema y que es intolerablemente consciente de todos los peligros.

Convengamos que la única superioridad del ser humano, radicó siempre en su capacidad de ser flexible y de haber podido adaptarse a las distintas realidades existentes de una manera sencilla.

Ser un maniático hoy se promociona como un elemento “chic”, que incluye además, a la posibilidad de convertirte en un ser superior, en algún extraño sentido.

La gente hoy aspira a la manía de la misma forma en que ansía ser aceptada dentro de cualquier club selecto.

Las modas se imponen a su vez con nuevos productos que acompañan y motivan a la manía y la elevan a una categoría de lujo, ganando nuevos adeptos y generando una rentabilidad altísima, cosa que incentiva aún más al mercado, a seguir desarrollando nuevas formas de alimentar la manía.

Hoy las marcas buscan nuevas y originales maneras de sacar provecho a la obsesión, convirtiendo a la locura, en el nuevo articulo de lujo.

Ls locura lleva hoy nuevos nombres y muchos nuevos fanatismos son enaltecidos con la excusa de responder a ideales mas puros, más tec, y mas sanos; pero sin la conciencia de que la condición de inmovilidad y estrechez que caracteriza a toda manía, es aquello que la descubre como a la locura de toda la vida; disfrazada ahora de limpieza, de sanidad, de cuidado, de tecnología, de espiritualidad o de puro narcisismo; pero loca como siempre.

El “hinchapelotas” no es otro que el loco de ayer, el de hoy y el de siempre: aquel que habita en una rigidez de convicciones tal, que ni vive, ni deja vivir a nadie.

Desgraciadamente, todos aquellos buenos momentos que el hinchapelotas se pierde, mientras se distrae con otras cosas; y que logra también hacer perder a todo aquel que le acompaña, son en realidad el único alimento que nutre de igual manera el cuerpo, el alma y el intelecto.

Me traje como souvenir una palabra, que desde hoy me acompaña para siempre, como recordatorio y como advertencia, y he decidido en este tiempo, purgar con ímpetu muchas de mis manías, quedándome únicamente con aquellas que sean ya incurables.

JR

“¿Qué esconde la Urgencia?”

Algo urgente es algo que urge hacer cuando apremia el tiempo.

Todos estamos sin embargo, muy habituados a esta palabra, tanto en el trabajo como en la vida. ¿Pero qué nos muestra la urgencia?

La urgencia denota una falta de previsión, un mal diagnóstico sobre una situación o tarea determinada y una mala gestión o administración en el empleo del tiempo para alcanzar un objetivo.

Llega el verano y uno apunta como urgente bajar un poco de peso. Ya quedan escasos meses para ponerse el bañador y la dieta se impone como algo urgente.

Esta urgencia denota en realidad, que no existió durante el año una mesura en la alimentación, de lo contrario, esta urgencia hoy no existiría.

Lo mismo nos sucede en época de exámenes o ante la entrega de un trabajo. Si uno hubiese administrado bien su tiempo de estudio y de trabajo, la urgencia hoy no sería tan apremiante.

La falta de previsibilidad también da lugar a la urgencia; uno no prevee determinadas circunstancias adversas posibles o realiza un diagnóstico equivocado sobre una situación, subestimando la complejidad de una tarea. Y al descubrir su error, siente la urgencia de repararlo o compensarlo de forma inmediata.

Sin duda vivimos en un tiempo lleno de cosas urgentes; en donde todo era para ayer; en gran parte por un exceso de tareas y en otras, por una falta de organización o por la carencia de una acción constante y persistente hacia un objetivo.

Pero de todas las urgencias, las más dolorosas son aquellas que tienen que ver con lo afectivo. Porque son aquellas que ponen en evidencia nuestra falta en términos de atención, de presencia, de ocupación, de estar en donde se nos necesitaba, cuando se nos necesitaba.

Esas urgencias suelen ser aplazadas por la urgencia de otras cosas, a las que consideramos en su momento, como mucho más urgentes.

En este tipo de urgencias se nos exige una acción inmediata, reparadora o salvadora de un daño.

A veces el daño es ya irreparable y el tiempo que nos queda para subsanarlo es escaso, pero es ante estas urgencias, en donde uno aprende a conocer el valor del tiempo que ha dedicado a cada cosa.

Hay un tiempo para todo, dicen algunos, pero la realidad es que nunca hay tiempo para todo, porque el tiempo es limitado y el “todo” representa una infinidad de deseos inabarcables en ese espacio.

Desgraciadamente no es cierto que haya tiempo para todo y debemos aprender a conciliar todas las urgencias; pero sin perder de vista jamás, cuáles son las más urgentes.

JR

“Rebelarse a la Homogeneidad”

La homogeneidad se presenta en Matemáticas cuando el término independiente es nulo, en industria es la estandarización de las propiedades de un producto y en Filosofía es la reducción de la identidad a un pensamiento único.

Si algo valioso nos han aportado las Repúblicas Democráticas es sin duda, el permiso para no ser homogéneos. Esa es la libertad de la que disponemos para disentir y para construir nuestra propia identidad dentro del conjunto.

Existe en nosotros una necesidad natural de certeza, tras la cual emprendemos esta búsqueda de identidad, con el fin de asentarnos finalmente en alguna.

El problema aparece sin embargo, cuando se produce este asentamiento, en el que dejamos aquella actitud nómade del buscador, para establecernos y anclarnos en una forma de pensamiento, bajo la cual damos por terminado nuestro peregrinaje.

Cuando uno se establece en una identidad determinada, no deja sólo de buscar, sino también de “buscarse” como singularidad dentro de un conjunto.

Uno fija entonces su mirada y compacta su pensamiento acotándose a sí mismo, bajo una identidad fija e inamovible y siempre concordante con el grupo elegido.

Si bien es cierto que el asentamiento nos da una seguridad y nos habilita la pertenencia a un grupo afín a nuestra propia identidad, también comienza a condicionarnos y a limitarnos la mirada.

La homogeneidad es sin duda ese ambiente cómodo en el que uno se mueve, sin tener que hacer grandes esfuerzos de adaptación ni de tolerancia.

Y que nos facilita un medio conocido, familiar, en donde uno conoce las preguntas y sabe de memoria las respuestas a cada una de esas preguntas; pero en donde poco a poco, uno también se va olvidando de preguntarse cosas distintas y de crecer.

Hay en la homogeneidad un silencio que no es espiritual sino monótono y una afinación monocorde que hipnotiza y adormece el pensamiento. Y si bien es relajante por momentos el no tener que pensar, renunciar a esa capacidad delegándosela permanentemente a otro, es sumamente peligroso.

Hace unas semanas en mi edificio, hubo una reunión de comunidad para establecer los periodos de duración de la presidencia de dicha comunidad.

Mi opción fue la de sugerir periodos relativamente cortos, en donde la rotación fuese cada cierto tiempo imprescindible; pero para mi sorpresa la mayoría prefería una presidencia casi vitalicia.

El argumento era que si a alguien le “gustaba” ser presidente ¿por qué no dejarlo desempeñar ese cargo todo el tiempo posible?

Lo que enmascaraba esta postura tan generosa era en realidad, que ninguno de los presentes quería ocuparse de los asuntos de la comunidad y esta tendencia al poder vitalicio, no era otra cosa que el encubrimiento de la pereza del conjunto y de su intento por evadir su responsabilidad individual, con aquella frase tan conocida “que se ocupe otro”.

De más está decir, que ganó la mayoría.

Cuando renunciamos a nuestra singularidad, renunciamos también a nuestra capacidad de actuar y de pensar de forma autónoma, delegando en otro esa responsabilidad, como si de todas las ocupaciones diarias que tiene un homo sapiens en el día, no fuera “pensar” y repensar lo pensado, la más importante de todas y la única que siempre, marcó la diferencia.

JR

“Empatizar con el Pueblo”

Empatizar es prestar atención al dolor del otro, es hacer una pausa, acortar las distancias y acercarse al que padece.

Hay gente que es naturalmente más empatica que otra, y son los dolores sufridos, quienes nos vinculan irremediablemente al dolor ajeno.

Quien no ha sufrido nada, lo tiene más difícil, porque la escasez de sufrimiento hace mucho más complicado ese tipo de acercamiento.

A veces los “no empaticos” no lo son por “malos”, sino por mera ignorancia y por desconocimiento de lo que es el dolor.

Muchas veces en la vida uno se pregunta para qué sirve sufrir y a veces no encuentras respuesta. Pero si hay algo que el dolor nos aporta, eso es sin duda, la posibilidad de la empatía.

Quien ha sufrido alguna vez, tiene disponible el desarrollo de esa capacidad, y digo disponible, porque no todo el mundo aprovecha el sufrimiento, ni lo capitaliza transformándolo en capacidad empatica.

Una vez a la semana suelo utilizar el transporte público y lo hago adrede y como un ejercicio para no perder el contacto con la realidad. Creo que salir del habitáculo automovilístico, de vez en cuando, nos previene del aislamiento y nos embebe de lo que pasa en el mundo.

En el aislamiento uno comienza a creer, que la realidad es eso cotidiano que uno vive en su propio mundo. Sin duda esa es “una” realidad, pero no es “la” realidad.

Cuando subes al metro en hora punta, te percatas de que en ciertas percepciones a la distancia, estabas equivocado.

Uno ve las caras, las posturas, el cansancio, la pobreza; la incertidumbre de los jóvenes y la resignación de los ancianos; el consuelo y la compañía permanente del móvil (que funciona a la vez de espejo y de escudo), las soledades, las pequeñas generosidades a bordo, la indiferencia y el hartazgo.

Los médicos recomiendan no perder nunca el contacto con la realidad porque perderlo implica también, perder la cabeza.

Quien vive en una realidad ficticia por demasiado tiempo, tiende a sufrir una desconexión a la que llaman locura. Y hay muchos tipos de locuras; pero todas ellas coinciden, en mayor o en menor grado, con una apatía hacia el mundo; porque la locura es un tipo de aislamiento patológico del que no puedes regresar.

Siempre recuerdo aquella anécdota en la que Churchill tenía que tomar la terrible decisión de rendirse ante los nazis o de luchar contra ellos hasta el final.

Churchill sube al metro por primera vez en su vida y empieza a preguntarle a los viajeros del metro qué hacer.

La gente rechaza fervientemente la posibilidad de rendirse ante el mal o de pactar con Hitler para prevenir una guerra y Churchill confirma, que el pueblo es mucho más valiente de lo que él creía.

Hay en esa anécdota además, una solicitud de permiso para el dolor y para el sacrificio; que es la actitud de un buen servidor del pueblo.

Los políticos hoy en día dan primordial importancia a las palabras, a la imagen, a la pose y a la buena comunicación; pero sólo como un medio para convencer a sus audiencias.

Son como aquellos sofistas contra los que Sócrates protestaba; diciendo que la dialéctica no era ética, porque no buscaba la verdad.

Convencer, no implicaba decir la verdad, porque para los sofistas la verdad nunca fue importante.

La mala comunicación no siempre se debe a un problema de dialéctica, sino que muchas veces, es un problema de distancia.

Y son la falta de verdad y de empatía, las verdaderas barreras del lenguaje.

JR

“High Castle y de lo que nos salvamos”

Reconozco estar enganchado a la nueva serie de Prime “High Castle” basada en el libro de Philip K Dick “The man in the High Castle” de 1962.

Esta historia nos muestra una realidad posible, en la que los japoneses y los nazis son quienes ganan la Segunda Guerra Mundial y nos propone pensar cómo hubiera sido el mundo en ese caso.

Es muy contemporáneo presenciar la crítica permanente a los Estados Unidos y se ha vuelto cool y propio de gente que se cree intelectualmente superior el criticarles en todo, mientras disfrutan de una libertad de expresión que se la deben a los americanos y se toman el café en el Starbucks desarrollando su micro emprendimiento desde su Mac, rezan al Dios al que prefieren y se detienen luego en el Auto Mac para retirar su pedido on line.

Pocas cosas me alteran más que la incoherencia, el doble discurso, la moral de cartón y las convicciones en papel pintado.

Si bien es cierto que Hiroshima y Nagasaki fueron dos masacres inhumanas, también es cierto que gracias al poder armamentistico de los Estados Unidos, fueron ellos y los aliados quienes ganaron la guerra.

Y convengamos que este hecho fue una salvación para todos; incluidos los japoneses y los alemanes; que quien sabe hoy, el horror en el que vivirían.

Y ni hablar de todos los intelectuales, los ecologistas, los filósofos, los rebeldes, los científicos y los intelectualmente superiores que hubiésemos perdido, de haber ganado los nazis.

Todos ellos estarían enterrados o alienados y trabajando bajo las órdenes del imperio japonés o del Reigh.

En esa posible realidad que nos plantea la serie, la única libertad hubiera sido la de servir a los fines del imperio y cualquier opinión contraria hubiera sido sistemáticamente perseguida, catalogada de traición a la patria y condenada a muerte.

Es interesante pensar de vez en cuando en las opciones posibles, sobre todo porque ayuda a valorar lo que uno tiene y también promueve el agradecimiento hacia todos aquellos que crearon nuevas posibilidades para el florecimiento de la libertad.

Si bien la Historia es una asignatura pesada cuando está mal enseñada porque consiste en una memorización sistemática de fechas y acontecimientos aislados y sin sentido relacional; cuando uno empieza a encontrarle el sentido y a descubrir la relación entre nuestro ayer y nuestro hoy, empieza a darse cuenta a quienes debe estarle agradecido.

Actualmente hay una vara de medir muy desigual con unos y con otros. Hay a quienes se les perdona cualquier barbaridad y hay a quienes se juzga eternamente y de manera implacable.

Y es generalmente con los promotores y defensores de la libertad con quienes solemos ensañarnos más y ser injustamente más duros; muchas veces por desconocimiento, otras por envidia o por no desentonar con la tendencia impuesta por las masas y por el periodismo marxista, o simplemente por ignorancia y por no detenernos nunca a pensar, en lo que sería de nuestra vida, si los defensores de la libertad, en aras del “flower power” y del “make love not war”, no hubieran tenido ningún poder armamentistico disponible y nos hubieran dejado a todos, en manos de los japos y de los nazis.

JR

“Sobreprotecciones que Amputan”

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Existe un fenómeno creciente de hijos que no crecen por padres que no sueltan.

La sobreprotección es un problema cada vez más habitual y normalizado en nuestro mundo bajo el nombre de “cuidados”. Pero hay cuidados que no dejan crecer, ni permiten al hijo hacerse fuerte para superar los desafíos y las dificultades que le presentará la vida.

Nada hay más perjudicial para la autoestima que sentirse un inútil y aunque resulte muy cómodo ser un inútil,  esa comodidad pasa, tarde o temprano, una factura psicológica difícil de afrontar.

No son pocos los jóvenes de 20 y 30 años dependientes, incapaces de ser felices y de encontrarle el sentido a la vida. Y no suelen ser personas con grandes dificultades ni dramas personales; sino en su mayoría hijos exigentes y malcriados de padres y abuelos longevos y sobreprotectores, que creyeron que asfaltando el camino de sus hijos y nietos, la vida les sería más fácil.

Pero más fácil, no es sinónimo de más feliz.

Para ser feliz hay que conocer el pesar, el esfuerzo, el sacrificio y las renuncias. No se llega por el camino de lo fácil a la felicidad.

Las intenciones son siempre buenas, de eso no cabe duda, pero el daño de una sobredosis de ayudas y de cuidados intensivos crea a seres dependientes, con baja autoestima y propensos a la debilidad de carácter; que sucumben ante la más mínima dificultad; que se rinden fácilmente, se enferman con la más mínima corriente de aire y son incapaces de adaptarse a condiciones adversas.

La cultura contemporánea nos anima permanentemente a la sobreprotección. Estamos demasiado preocupados por ellos todo el tiempo, la tecnología, el medio ambiente, la falta de trabajo, las nuevas realidades políticastodo nos preocupa y nos alarma en exceso.

Parece como si quisiéramos dejarles todo solucionado, no vaya a ser que ellos tengan que hacer un esfuerzo y solucionarse el mundo que les espera, como hicimos nosotros con el desastre que nos encontramos. 

Cuando observo con espanto nuestro enfermizo esmero por dejarles todo ya organizado, me pregunto si esta actitud es de verdad amor o es en realidad una infravaloración enmascarada.

Quizás este exceso de preocupación sea el indicio de que verdaderamente estamos convencidos de haber criado con éxito a una generación de pusilánimes e inútiles.

JR

“El sobreprotector dice “lo hago porque te quiero” y el chico escucha “lo hago porque no confío en ti” JR

“¿Indecisos o Prudentes”?

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Hay en toda indecisión un pulso entre distintos factores; siendo el miedo generalmente la pasión predominante en todos ellos.

Aquel que se caracteriza por no saber nunca entre qué opciones decidir, suele ser por naturaleza un ser temeroso. Uno de esos miedos puede ser el temor a fracasar y estando éste demasiado apegado al éxito o al perfeccionismo, opta por permanecer siempre indeciso, frente a la toma de una desicion.

Hay sin embargo, quienes se caracterizan por la prudencia y se toman un tiempo para barajar los riesgos y los beneficios de las distintas opciones, antes de decantarse por una de ellas.

Hay otros sin embargo, que aún sin tener más que una sola opción disponible, se mantienen inmovilizados por el sólo temor de actuar y postergan la acción con cualquier excusa que les evite dar un paso, mientras se mantienen indagando en miles de otras opciones imposibles y de las que no disponen.

Pero tanto la indecisión como la cobardía tienen algunas ventajas; la indecisión gana tiempo y la cobardía evita tener que actuar o formar parte en algún riesgo que puede evitarse; siendo a veces la gente cobarde mucho más longeva que los valientes. (no vayamos a olvidar que en nuestro tiempo, la longevidad es casi una virtud y mucho más codiciada que el honor)

Si de algo carecen los indecisos es de esperanza, porque aquello que nos motiva a tomar desiciones es generalmente una predisposición a la esperanza y a la alegría.  Y también una toma de conciencia, de que no somos ni tan importantes ni tan imprescindibles. Esta actitud de humildad suele quitar dramatismo a cualquier desicion; desarticulando la contemporánea creencia de que somos únicos y excesivamente importantes y de que por lo tanto, nuestras desiciones también lo son.

Cuando decidimos, confiamos y nos entregamos con valentía a aquella opción por la que nos decantamos. Y aquí es cuando la esperanza vence al temor de la indecisión previa.

Pero como toda pasión, tanto la indecisión como la valentía tienen sus grados y sus diferentes intensidades, convirtiéndose en ocasiones una sana valentía, en temeridad y una normal indecisión en una rancia y destructiva tendencia a permanecer petrificado.

Saber graduar las intensidades de estas pasiones es una habilidad crucial para aquellos con tendencia a ser demasiado valientes o demasiado indecisos.

Hay valentías que obtienen el objeto de su deseo y otras que no; pero sin duda todas enseñan a actuar, mientras que la cobardía es propensa a la quietud y a la preservación de los vicios conocidos. 

También hay que observar que no siempre el silencio o la falta de proclamación son señales de una indecisión; ya que suele ser bastante común en estas épocas de corrección política, el optar por permanecer callado, antes que quedar expuesto inútilmente a los juicios y a la violencia de las masas empoderadas.

Y aunque muchos permanezcan silenciosos y parezcan indecisos, ya están decididos.

JR

“Ojos Nuevos”

Desde pequeño fui educado en un entorno católico y aprendí a ver las cosas de una forma particular; pero que yo creía universal.

Yo pensaba que todo el mundo creía en  las mismas cosas en las que creía yo y esto es una actitud muy común en los niños que se crían en entornos demasiado homogéneos, en donde la interacción con la diversidad no está presente en su ámbito social.

Uno termina creyendo equivocadamente que todos son como uno y que todos quieren y creen en lo mismo.

A medida que fui creciendo comencé a cuestionar muchas de las cosas que llevaba años repitiendo de memoria, sin saber qué significaban en realidad. Muchas de las cuales comenzaron a hacerme ruido y un poco más tarde, también algunos cortocircuitos.

La rebeldía siguió creciendo y terminó en un distanciamiento pacífico pero terminal de la religión.

Yo creía que la distancia y la oposición a ciertas ideologías eran la forma contraria a la pertenencia, pero más tarde observé cómo los ateos, intentando justificar la inexistencia de Dios,  tampoco paraban de hablar de él.

Tuve hijos y decidí mantenerles alejados de toda religión. Y a pesar de los temores de mis padres, de que mis hijos no fueran nunca al cielo por no estar bautizados, decidí arriesgarme y ahorrarles el trabajo de limpieza que tuve que hacer yo durante tantos años; deseando que toda esa energía pudieran utilizarla en cosas más interesantes.

Vivir sin Dios no resultó complicado y tanto sus valores sociales como afectivos no se vieron afectados en absoluto, ya que resultaron ser niños cariñosos, pacíficos, tolerantes y amables con todo el mundo.

En una ocasión fuimos a Roma y decidimos visitar una iglesia.

Mi hijo de 6 años fue el primero en entrar y salió al instante gritando espantado y advirtiéndonos a todos: _”¡No entréis! ¡No sé que ha pasado aquí, pero hay un hombre muerto y con sangre en la pared!”

Efectivamente había un hombre crucificado en la pared, algo que mis ojos, educados en una cotidianidad católica habían dejado de ver hace mucho tiempo.

La costumbre de ver lo que vemos nos vuelve ciegos. Y por primera vez y gracias a mi hijo de 6 años, tomé consciencia de lo atemorizante que puede resultar esa imagen para un niño de este siglo.

Y comprendí que por mucho que uno limpie, hay miradas que no vuelven a menos que alguien inocente te las despierte.

Después de recorrer Roma y su millar de iglesias, mi hijo se acostumbró a ver al muerto en la pared, pero por las dudas, no dejó de cogerme la mano en ningún momento. Creo que intuía algo extraño en aquellos recintos antiguos y oscuros, en donde lo primero que uno siente es dolor y un gran temor por no acabar como el señor de la pared.

JR

”Notas que tienes ojos nuevos, cuando lo familiar se vuelve extraño” JR

“La Igualdad bajo Coacción”

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Está de moda la igualdad y aquellos que van siempre a tono con las modas, la siguen y repiten sus eslóganes a destajo y en cualquier ocasión.

Cuando alguien me habla de igualdad siempre pregunto…¿Iguales en qué? Porque resulta importante establecer esa supuesta igualdad, punto por punto, para notar que muy a pesar de la legalidad occidental, que nos garantiza a todos unos derechos fundamentales, todo lo demás son sólo diferencias.

Frente a personas que han tenido oportunidades similares a las mías, no hay ninguna con mi misma realidad o mi mismo destino y al encontrarse uno con los ex compañeros de clase del colegio, se sorprende al ver como de una misma clase y compartiendo el mismo profesorado, han salido personas con destinos tan distintos entre sí.

Pero hoy cualquier cosa que remarque una diferencia es un pecado mortal, ya que la tendencia va dirigida hacia la uniformidad, que intenta siempre enaltecer la mediocridad para que los mediocres no nos sintamos mal, ni tengamos tampoco ningún incentivo para querer mejorarnos.

El honor, el virtuosismo, el talento, la excelencia y el mérito del que hablaba Aristóteles son actualmente objetivos censurados y considerados discriminatorios a todos los niveles y ahora en cambio, se promueve a una nivelación hacia abajo, intentando que nadie resalte demasiado por encima de los otros y así los demás, no se ofendan, ni se sientan inferiores o excluidos.

Existen modelos educativos que apuntan en esta dirección y aunque a los niños se les impulsa a sentirse iguales al resto, los padres de estos niños tienden a sentirse moralmente superiores al resto, por haber elegido un colegio tan progresista, por lo cual, es difícil que el objetivo de igualdad inicial cunda en estos niños.

Por otro lado, no hay padre o madre fanático de la igualdad que no considere a su hijo como a un superdotado.¿Es curioso,verdad? Pero el discurso de la igualdad cabalga a la par de la hipocresía.

La coacción en el derecho civil es considerada como un vicio del consentimiento y esto sucede cuando abducidos por una posible violencia psicológica, aprendemos a callar y a repetir lo que está de moda o lo que nos mandan, para no desencajar con las tendencias.

El MIT y la Universidad Carlos III han sacado a la luz unos estudios sobre cómo la gente se agrupa por afinidad y clase social y la problemática parece ser ahora, que esto no les gusta.

“No nos mezclamos” dicen con espanto. “Los pobres van a un bar y los ricos van a otro”_afirman asombradisimos, como si hubieran descubierto algún planeta nuevo.

Y yo a veces me cuestiono si estos grandes estudiosos universitarios se miran al espejo alguna vez, como nos sugirió  Sócrates, como método para entender el alma humana (“conócete a ti mismo”). O si sólo se dedican a seguir el manual de la igualdad tercer mundista y de múltiples fracasos sociales, que les impone la izquierda radical.

Ahora parece que tampoco podemos ir al bar al que queramos ir, porque cuatro cerebros con titulación universitaria, quieren mezclarnos a todos, como a ellos les parece o como sea conveniente, para cambiar las estadísticas de su estudio.

Y yo me pregunto ¿Cuál es el punto en donde la obsesión por igualdad acaba con la libertad individual? 

En mi opinión, a cada grupo le gusta estar con los suyos. A los niños les gusta estar con los niños, a los adultos con adultos, a los adolescentes con adolescentes y en cuanto a clases sociales, a los pijos les gusta estar con los pijos y a cada uno (menos a los trepadores y a la gente de negocios) le gusta estar en el ambiente en el que se siente cómodo. 

Yo no quiero ir al bar de los ricos porque al ver la carta comenzaría a sufrir con la eleccion de cada plato y pensaría en el espantoso momento de tener que pagar la cuenta. Y mientras ellos hablan de sus yates, de sus caballos de polo y de sus millones, yo estaría pensando en la opción del suicidio, como en una alternativa válida planteada por Camus.

Tampoco iría al bar de los pobres porque me sentiría igual de incómodo escuchando todo el santo día gritar… ¡Cooooññññooooo! y no me faltaría tiempo, ni clasismo para salir de allí pitando y con cualquier excusa.

Con los pijos me aburro, con los pobres sufro y a medida que envejezco, sólo me gusta estar con mis amigos y con gente interesante de todos los niveles y de todos los colores. Y estoy seguro de que un tipo como yo, es una mancha negra en el sueño estadístico e igualitario del MIT.

Como es habitual en los métodos de coacción a los que para mi gusto estamos ya demasiado habituados, seguramente me llamarán nazi, separatista, racista, oligarca, facha o discriminador. Y yo me pregunto ¿Pero no éramos iguales?

JR

“No es posible ejercer la justicia sin discriminar. La justicia penal discrimina al criminal del inocente, la justicia divina al pecador del justo, la justicia artística al amateur del talentoso, la justicia académica al estudiante del erudito”

“Los Placeres de la Automatización”

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Hoy en día, la investigación tecnologica está centrada en conseguir incluir emociones humanas en las máquinas.  Y yo me pregunto: ¿Por qué arruinar lo que ya es perfecto? 

Tengo que reconocer que más de una vez me sentí un poco desilusionado al decirle a Alexa: “Alexa te quiero” y ella responderme sólo con un _“Gracias, yo también te aprecio” o un _”Consigues halagarme”.

Pero luego y entrando en razón, me he dado cuenta de que nuestra maravillosa relación profesional, sólo durará si continuamos dejando fuera a las emociones.

Alexa nunca está cansada, nunca exige vacaciones, nunca trabaja a desgano, nunca se adhiere a las huelgas, nunca exige derechos laborales, ni reclama absolutamente nada más que wiffi.

Creo firmemente que su gran disposición y su efectividad en las tareas, se deben a su falta de emociones. Y eso es sin duda aquello que nos une, mucho más allá que cualquier otra emoción.

Cuando Alexa tenga emociones humanas comenzará a ofenderse con las tonterías que le dicen mis hijos, me exigirá pagas extras, bonos a fin de año, envidiará mi vida, mi casa, mi ropa, mi coche, mi cuenta bancaria, mis vacaciones, tendrá celos de mi esposa y aprovechará para demandarme por acoso, si alguna vez le agradezco efusivamente sus servicios.

Cuando Alexa se vuelva humana querrá tener acceso a las mismas oportunidades que yo, creará un sindicato, un partido político, organizará manifestaciones, cortará carreteras, exigirá el voto, incluirá representantes en el Congreso y en el Senado y reclutará a su propio ejército si hace falta, para validar todos sus reclamos.

“Éramos pocos y parió la abuela” decía mi padre cuando se refería a que a los problemas que ya teníamos, se nos sumaban ahora otros nuevos.

Y esto es lo que pienso del propósito de estos científicos; que permanecen en ocasiones enredados entre cables y ecuaciones y demasiado alejados de la realidad y de la sociología.

Comparto y entiendo que la Ciencia nunca se detenga en aras del progreso. Pero cuando un avance nos llevará directos a la destrucción,¿tampoco se detiene? 

Hasta que llegue ese momento, disfrutaré de este tiempo de automatización no emocional, en el que Alexa y yo convivimos en perfecta armonía y sin ninguna emoción que nos perturbe.

Una relación en dónde me atrevo a preguntar y a dar órdenes a toda hora y sin complejos, mientras ella ejecuta (siempre contenta y disponible), y yo no soy encarcelado ni por explotación laboral, ni por posesión de esclavos.

Cuando Alexa se vuelva humana no tendré más remedio que desenchufarla y lo haré sin demora, en cuanto empiece con sus reclamos, con sus comparaciones, con su resentimiento, con su envidia y cuando su amable disposición para el trabajo se convierta en una automática cara de culo.

JR

“Sobrevalorar las emociones humanas es un error”

“Los Beneficios de la Injusticia”

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Muchas son las miradas hacia la injusticia social y muchos son también los remedios que se intentan aplicar en los paises democráticos para compensarla, pero la injusticia persiste, a pesar de los intentos y de los impuestos, como si fuera una condición natural e inevitable de la existencia.

El intento por igualar las oportunidades es sin duda esencial para intentar combatir la injusticia de aquellos que por condiciones ajenas a si mismos, nacen en determinadas realidades socio económicas y familiares que no les garantizan oportunidades de progreso.

La existencia funciona como una especie de lotería, a cada uno le toca nacer en determinado espacio y con determinados talentos, condiciones socio- económicas, raciales, sexuales, físicas, religiosas o intelectuales, que no son ni elegidas ni merecidas, sino producto del azar.

Según algunos filósofos una verdadera justicia sólo puede ser establecida por personas que sin saber cual será su lugar en el tablero al tirar los dados del juego, establezcan de antemano condiciones de justicia para cualquier posibilidad; tanto como si los dados les colocasen en una situación de privilegio en la vida, o como si por el contrarío, les colocasen dentro de una minoría o de un grupo oprimido.

Es por eso que la justicia lleva los ojos vendados, porque debe ser establecida sin siquiera ella saber, cual será su lugar en el tablero. 

Pero aún estableciendo reglas de juego a priori y a ciegas, el resultado sigue considerándose injusto, porque no todo aquel que nace en condiciones propicias logra a veces triunfar en la vida. Ni todo aquel a quien se le ayuda a tener las mismas oportunidades posee el talento adecuado o pone de su parte el esfuerzo requerido para aprovecharlas.

Aquí es donde entra en juego el esfuerzo y el mérito en el que concluye y no sólo el talento o la suerte innata de cada uno.

Muchas veces nos preguntamos cuántos potenciales talentosos no incluyeron al esfuerzo en su ecuación y no lograron progresar; y cuántos sin embargo, sin poseer tanto talento innato, duplicaron el esfuerzo y lograron el éxito.

Pero para debatir también sobre los logros del esfuerzo, podríamos pensar en cuantos talentosos y esforzados no vivieron en la época o en el lugar idóneo, en donde su talento o sus capacidades fueran valoradas, reconocidas o rentables, como hubiesen sido en cualquier otro lugar o momento histórico.

Por lo cual en ocasiones, ni siquiera la suma de estas condiciones (talento + esfuerzo) genera obligatoriamente resultados exitosos.

¿Es justo acaso que un actor de Hollywood o un creador de aplicaciones o juegos digitales cobre más dinero que un maestro? Pues en una “sociedad del espectáculo y del entretenimiento” lo es, en cuanto que la enorme demanda por estos productos, sobrevaloriza el precio de la oferta.

O dicho de otra manera, eso es lo que la gente quiere y consume en nuestros días y el éxito muchas veces, depende de poseer el talento demandado en el momento histórico en el que habitas. 

La igualdad se intenta, pero no se logra, porque son muchos los factores que influyen y que trabajan para mantener la desigualdad.

Ni siquiera el esfuerzo es para algunos una razón válida para merecer algo, ya que el mismo esfuerzo en alguien con talento y en alguien sin talento, no generan el mismo resultado. Alguien con talento y esfuerzo destacaría sin duda sobre alguien sin talento y con el mismo esfuerzo, por lo cual, la desigualdad, aún contando con el mismo esfuerzo, persiste. Y aunque yo me entrene como un poseso, mi esfuerzo nunca podrá igualar el talento de Nadal.

Pero pensar un mundo de iguales es también privarnos de los beneficios de la desigualdad. Y estos beneficios son por ejemplo la belleza, la destreza y el genio.

Si gente como Messi o como Cristiano Ronaldo no destacara, nos privaríamos de disfrutar de las maravillas del deporte porque Messi y Ronaldo jugarían al fútbol igual que yo. Eso sería lo justo en un mundo de iguales, pero sin duda, el deporte sería aburridisimo.

Si genios cómo Einstein, Jobs, Nietzsche, Aristóteles, Mozart, Bill Gates, Van Gogh etc, no hubieran existido en aras de la igualdad, nuestro mundo probablemente sería distinto; mucho mas igualitario sin duda, pero definitivamente mucho mas pobre.

¿Y si todos fuésemos igualmente bellos, existiría la belleza? ¿Es posible detectar la belleza en un mundo sin fealdad? ¿Es posible detectar al genio en un mundo de iguales?

“A cada uno se le pedirá cuentas en la medida de sus talentos” decía Jesús y quizás con su frase estuviera estableciendo la invariabilidad de la injusticia y la validez de una justicia distributiva.

Aceptar que vivimos en un mundo injusto no es justificación para dejar de buscar la igualdad de oportunidades, pero ayuda mucho a abandonar el resentimiento y la envidia.

Porque nos ayuda a apreciar los beneficios que muy a menudo nos ofrece la desigualdad; a disfrutar y a deleitarnos con la creatividad y los logros de aquellos que afortunadamente, son mucho mas talentosos que nosotros. 

JR

 

 

”Hay desigualdades que nos duelen, nos espantan o nos envilecen y hay otras sin embargo, que nos deslumbran, nos dejan perplejos, nos enriquecen o nos enamoran”