“ El sujeto Experimento”

Hemos leído mucho acerca de lo bueno que es detenerse en tiempos tan acelerados.

Y esta pseudo-pandemia que se cura con antibióticos y anti gripales, nos ha dado a más de uno la oportunidad de parar, de convivir meses en casa, de volver a encontrarle el gusto a la cocina, al orden, a la decoración, a la lectura, a los juegos de mesa y a la vida on-line.

Y así fueron pasando los meses; los primeros en un estado de terror profundo, en donde morían de a 700 personas diarias, pero no por la peste, sino por su falta de defensas o desatención, por su vejez, o por condiciones preexistentes y por la mala praxis de las curaciones que recibían.

Nadie quería ni quiere aún entrar en un hospital, en donde los médicos se comunicaban en un principio por un Whats up grupal, e iban probando con las víctimas distintas pociones y tratamientos experimentales. Muchos de los cuales eran recomendados por médicos de China, en quienes se confiaba ciegamente.

Después de tantos errores y de tantos muertos, comenzaron a desconfiar de los chinos y a curar con Azitromicina y amoxicilina, un virus al que en un principio consideraban altamente letal.

Todo eso, si tenías la suerte de que te dieran un antibiótico; porque en Europa es mucho más fácil comprar cocaina que conseguir que un médico te recete un antibiótico a tiempo.

Después de tantos meses, los gobiernos le encontraron el gusto a este encierro y el trabajador también.

Estar en casa cobrando sin trabajar y tener al pueblo sin libertad, son alternativas muy tentadoras para todo gobierno totalitario.

Todavía tenemos a aquellos que ponderan el encierro, echan más leña al miedo y alimentan el quiebre de un sistema que los mantiene a todos.

El ser humano suele ser así de autodestructivo y cuanto más cae, más se empuja hacia el vacío.

Tengo que disentir con todos aquellos que creen que estamos más profundos, más conectados y más humanos después de la pandemia, porque yo veo suceder justamente lo contrario.

Este aislamiento ha creado a seres temerosos, cobardes, odiosos con el prójimo, alcahuetes, deprimidos, hipocondríacos, dependientes y profundamente enfermos.

Porque el miedo y la falta de libertad generan todas las dolencias típicas de la cobardía.

El internet ya nos había convertido antes de la pandemia en seres aislados, adictos al emoticono y a las faltas de ortografía. Ya éramos seres narcisistas, enganchados a un espejo que nos timbraba a cada rato para informarnos cuánto nos querían los otros y siempre desde lejos.

Cada like es para un narciso, lo que es para la planta cada gota de agua.

Ya éramos seres aislados en nosotros mismos, mucho antes de esta peste, atrofiados de valentía y alejados de la cercanía que nos alivia del “yo” y construye el “nosotros”.

Hoy esta patología se ha intensificado y la indignación de perder la libertad se ha calmado, como se enfría todo en los seres cobardes.

La indignación del nuevo esclavo se ha ido transformando en un descontento convivible, tibio, patológico, como cualquier enfermedad crónica sin síntomas ni solución.

El esclavo digital es un esclavo voluntario, cómodo y satisfecho.

El esclavo y el cobarde no se irritan y si lo hacen, se les pasa enseguida, con tal de no tener que actuar en consecuencia y verse obligados a esgrimir algún signo de valentía.

Uno se acostumbra a todo, incluso a perder la dignidad y se va enamorando poco a poco de su mal, como el secuestrado se enamora de su verdugo.

Así funcionan el aislamiento y el miedo; crean a pueblos cobardes, que se creen principalmente tolerantes, cívicos,resilientes, saludables y cautos.

El aislamiento borra al otro, lo demoniza y destruye la cercanía que necesita la acción común para todo progreso y para toda defensa, anula la negatividad de la ruptura que exige la valentía y nos condena a una esclavitud solitaria, silenciosa, yerma, consentida y perpetua.

JR

“La Base del comunista”

Conozco a muchos que se hacen pasar por comunistas.

Se sientan a tu mesa y dan esos bonitos discursos, tan humanos e igualitarios y que quedan tan bien en las reuniones sociales.

Pero cuando les conoces a fondo, sabes que les gusta el dinero que no tienen, más que el respirar. Aunque se empeñen en condenar al vil metal en todos sus discursos y nos intenten hacer creer que les gusta la vida sencilla.

Hacerse el comunista es fácil; basta con repetir cuatro eslóganes de moda para quedar como un ciudadano ilustre del mundo; …ahora…no les digas que hospeden a un refugiado; porque las fronteras le gustan siempre abiertas, pero no las de su casa.

Después de mucho conocer sus incongruencias y a costa de muchos cortocircuitos personales, he llegado a la conclusión de que lo único que les hermana es la envidia. Esa horrible tendencia a desear lo que el otro tiene.

Todos mis conocidos comunistas son profundamente envidiosos, odian los triunfos de sus mejores amigos, el progreso del hermano o que se haya curado sin entubar un amigo de coronavirus.

Son gente esencialmente resentida, llena de odio y de ignorancia, a la que erróneamente consideran sabiduría.

Van juntando datos aislados, información de panfleto y la repiten cual expertos, como si fuera una Biblia, pero si les preguntas un poquito sobre historia y les pides un par de datos, se quedan mudos y cambian rápidamente de tema.

No saben de Historia, de política, ni de Economía y ni falta que hace, porque quien sólo tiene por meta destruir lo existente, no necesita estudiar nada.

Siempre recuerdo aquella escena en la que Dostoyevski relata la destrucción de un astillero durante la revolución bolchevique; los obreros quemaban todas las fábricas mientras los ingenieros gritaban: – ¡No! ¿De qué vais a vivir?

– “ya pensaremos en algo” decían ellos.

Y así pasaron los rusos décadas de hambre y de retroceso comunista.

(De más está decir, que nunca se les ocurrió nada.)

Los comunistas hablan siempre con un tono pacífico y tolerante que esconde en realidad un odio visceral, un rencor profundo con el que suelen justificar cualquier ataque terrorista o cualquier asesinato, pero no perdonan jamás que ningún asesino vaya a la cárcel.

Para un comunista la víctima es siempre él. Los demás, se lo merecen. Si te pisaron los terroristas en las ramblas, pues que te jodas por turista y por la falta de solidaridad con la religión musulmana. Te lo mereces.

Niegan siempre todo plan maquiavélico que intentan ocultar y lo llaman teoría de la conspiración; todas son teorías conspiratorias, menos las suyas.

A la juventud, tan ignorante pobrecita y con esos profesores universitarios coaccionados a enseñar la historia desde una perspectiva pro-comunista, uno hasta les perdona tanta estupidez; pero a los mayores… les delata siempre su incoherencia.

JR

“Palabras nuevas para decir las mismas cosas”

Explicar la materia “Filosofía” se ha vuelto una rutina cotidiana en mi casa.

Mi hija de 16 años está convencida últimamente, de que no sabe pensar.

Su nueva asignatura de Filosofía; la ha atiborrado de conceptos inútiles e intelectualoides, a los que cuesta mucho darles un sentido.

Esta materia debería de haberle causado justamente el efecto contrario; ella debería llegar a casa diciendo .. “estoy empezando a pensar y a cuestionarme cosas que nunca antes me había preguntado”. Porque ése es el resultado consecuente de una buena clase de Filosofía.

Me resulta sumamente preocupante que se provoque en los jóvenes esta aversión a la Filosofía y al pensamiento, desde tan pequeños.

A cierta edad, se debería incentivar al individuo a ejercitarse en el pensar por sí mismo.

Es muy habitual que se usen palabras raras y complicadas para explicar las cosas más sencillas. Y es que la gente necesita sentirse importante, creativa, intelectual, reciclada, inteligente y original al repetir lo mismo de siempre.

La nueva filosofía se ha plagado de intelectuales que hablan de cosas básicas en terminología difícil, para justificar los argumentos de sus patrocinadores y la falta de valentía y de creatividad de su existencia.

Cuando bajamos del pedestal a Popper o a Kuhn nos damos cuenta de que dicen lo mismo de siempre con un montón de palabras nuevas, pero terminan diciendo lo mismo que decía Platón; (no podemos acceder a la verdad absoluta, sino que solamente accedemos a ver sombras de una verdad temporal, condicionada por nuestro tiempo/ espacio y por nuestra forma específica de mirar).

Se ha puesto de moda inventar palabras raras y conceptos difíciles para decir lo mismo de siempre y para ocultar siempre las mismas cosas.

Todo filósofo fuera de su contexto temporal, social y cultural es solamente un loco; un ser delirante al que nadie comprende.

Y es que el buen filósofo debe de responder a una realidad, a sus circunstancias y a las problemáticas concretas de su propio tiempo.

Todo aquel que se considera un filósofo es aquel que analiza los problemas reales y cotidianos de su tiempo, (de su hoy).

Y si aún existen conceptos atemporales es porque tenemos aún, las mismas preguntas sin respuesta y el mismo elemento natural y humano insondable e indescifrable.

Volver a nombrar no es crear, sino disfrazar a lo mismo con un traje distinto; pero en donde la esencia continúa siendo la misma.

Llamar “ministerio de defensa” o “ministerio de la Paz” (según 1984 de Orwell) a un ministerio de guerra, es un re -branding emocional acorde a los nuevos tiempos.

Porque ese ministerio, nunca dejó de ser el mismo ministerio de guerra que era antes.

Nombrar distinto no es transformar algo, sino transformar la percepción sobre las mismas cosas.

Si llamas al ministerio de Guerra “ministerio de defensa”, de pronto te sientes aliviado y autorizado a poseer un derecho inalienable a preservarte; pero si lo llamas directamente ministerio de la Paz, sientes que de él emana una justificación y una justicia suprema, sin derecho a la opinión, ni al reclamo de nadie.

Lo mismo sucede con el nuevo “ministerio de la censura” español; al que se llamará “Ministerio de la Verdad”, para disfrazar de Sacra filosofía de estado, el control total de la información que se nos provee.

Y por lo tanto, diseñar al antojo del Estado, la percepción de la realidad en la que vivimos; sin otras versiones, mas que la oficial.

Cuando se escogen palabras tan nobles como “paz” o “verdad” para disfrazar otras cosas, no se hace al azar, sino que se apunta directamente a la percepción emocional que todo ciudadano tiene de dichos términos.

Es decir, se escogen las palabras como anzuelos de manipulación. ¿Quién está en contra de la paz o de la verdad?

Mi hija llega a casa creyendo que no sabe pensar y sospecho que ése es sin duda el verdadero plan.

Y me temo que muy pronto no sea para ellos necesario ni conveniente pensar, porque un “ministerio del pensamiento” les dará los conceptos y las coordenadas necesarias para conducirse según la “nueva verdad”.

La llenarán de palabras nuevas, permitidas y bonitas, que no discriminan a nadie, a las que disfrazarán de nueva ética y de “nuevo orden mundial” para administrar pacífica e igualitariamente el re-branding del control y de la desigualdad de siempre.

JR

“El Enfermo”

La enfermedad siempre es un engorro y nunca se presenta en buen momento.

Ni el más simple resfriado es oportuno cuando tenemos trabajo pendiente, algún viaje de negocios o unas esperadas vacaciones.

Pero es cierto que hay lugares más adecuados que otros para enfermar.

Estar lejos de casa nunca es oportuno cuando aparece el malestar, ya que uno suele requerir de unos cuidados y de un ambiente amable, en donde poder enfermar con un poco de dignidad.

También es cierto que los parámetros del dolor varían mucho de un paciente a otro.

Hay gente que muere de pie o arando el campo y hay otros que ante la caída de una pestaña, ya están en cama hace rato.

La enfermedad es cruel y arbitraria; no tiene amigos ni preferidos y va creando enemigos allí por donde va.

Pero también existe quien la utiliza como mecanismo de dominio, de llamada de atención o como cultivo de la flojera.

No son pocas las personas a quienes siempre les pasa algo y nunca están lo suficientemente fuertes como para cumplir con sus obligaciones, sin aquejarse de algún mal.

Pero cuando alguna peste aparece en el ambiente, declaran que a ellos no les pillará porque son muy sanos. Y uno se queda entonces recapitulando, en cortocircuito y sin cobertura por unos momentos.

También están aquellos que temen perderse. Se consideran tan imprescindibles, que ante cualquier peste se mantienen recluidos y en formol. No vaya a ser que el mundo deje de contar con ellos.

De pequeño tenía compañeros que siempre estaban enfermos y a quienes siempre les dolía algo, y faltaban tanto al colegio, que a mitad de curso debían solicitar permisos especiales en la consejería de educación para no repetir.

Sus madres eran amables hasta tal extremo, que eran capaces de consentir la flojera como parte de una buena educación.

Y desde pequeños se les enseñaba la enfermedad como táctica y como modo de vida; como si esa condición escondiera una baraja ganadora o una sabida ventaja.

Yo sin embargo les envidiaba. ¡Y de qué manera! En mi casa la enfermedad no era jamás bienvenida y uno prefería no sentirse mal, para no incordiar a nadie.

Y las pocas veces en que caías en cama era porque no te quedaba otro remedio. Pero la curación era inmediata, mi madre sabía curar, conocía todos los antibióticos y nos medicaba sin demora y sin ningún temor.

Hoy sin embargo, la flojera es tan intensa que ante la aparición de un moco se colapsan los hospitales y renuncian los sanitarios. Y es que las madres modernas, no saben curar, ni guisar y le tienen miedo a todo.

Existen también distintos tipos de enfermos.

Están los enfermos llevaderos, que son esos que de tan malos que están, desaparecen. Y están aquellos enfermos que se creen los únicos enfermos del universo.

La verdadera enfermedad produce esa sensación; en la que todo desaparece; el mundo, la agenda, la gente e incluso el deseo de vivir.

Pero esto sólo sucede cuando la enfermedad es grave y el dolor profundo. Cuando es leve, la enfermedad es insoportable, el carácter se vuelve áspero y el reproche constante. Uno desea volver a ser lo que era antes de estar enfermo: una persona sin una verdadera preocupación.

La intensidad ayuda al desapego y al desprendimiento porque en ese estado de ausencia, uno no reprocha, sino que se entrega.

Y se sospecha que toda enfermedad es en realidad una ayuda para poder morir, sin estar tan aferrado.

Hay dolencias crueles, que exponen nuestra fragilidad a tal extremo que resultan humillantes. Pero hay personas que las dignifican porque son capaces de atravesarlas con una sonrisa.

En un mundo tan agitado y tan apresurado, parar es siempre un contratiempo. Detenerse es síntoma de estar perdiendo el tiempo, pero hay veces, en que es el tiempo quien le para a uno.

Y aquel que despreciaba su vida comienza a valorarla y aquel que endiosaba su vida, comienza a ver la superficialidad de toda su existencia.

Y entonces aparece el gran absurdo y el depresivo se apega mas que nunca a una vida que hasta hace poco detestaba y el frívolo comienza a detestar la vida vacía a la que amaba.

“Dime cómo vives y te diré como mueres” nos diría algún sabio si nos conociera. Porque no siempre quien desdeña la vida sabe morir, ni quien la idolatra se aferra tanto a ella.

Saber enfermar es importante, incluso he llegado a considerarlo como a un tipo de educación en la conciencia de la propia fragilidad, de la propia fortaleza y de la propia vida; ni tan grandiosa, ni tan miserable, pero siempre finita.

Y es esa finitud lo que le otorga toda su valía.

JR

“La Destrucción de la Comunidad”

Nuestras sociedades democráticas se basan en la adhesión de distintas comunidades unidas bajo una misma ley y sostenidas bajo un mismo plan de nación.

Más allá de las diferencias entre unos y otros, siempre existió una unión por encima de toda diferencia llamada bien común, orgullo nacional o patriotismo.

Desde pequeños se nos enseñó que había algo por encima de toda diferencia y que eso era el amor por un bienestar común.

Hoy en día, esto sólo se hace evidente frente a un mundial de fútbol, en donde pese a toda diferencia, cada cuatro años, todos deseamos la misma victoria y es en ese mágico momento, en donde ya no hay divisiones, ni equipos distintos.

Pero hoy en día existe una fuerte tendencia a la destrucción de todo sentimiento comunitario, motivado por fines políticos.

Este movimiento global va tomando la forma de cada realidad y de sus circunstancias.

En la eterna lucha por la igualdad y el progreso los movimientos de izquierdas han desenterrado antiguas tácticas bolcheviques utilizadas durante el gobierno de Stalin para lograr la división comunitaria (los Komsomol), cuya finalidad no es la de conducir a la convivencia y a la reparación, sino la de perpetuar y ahondar aún más en la división social, promoviendo un clima constante de enfrentamientos, odio, malestar y caos.

Según Karl Marx el contento social era el enemigo del cambio. Un pueblo satisfecho y concentrado en su trabajo y en su progreso personal, no tiene tiempo, ni está interesado en la revolución.

Por lo cual, lo primero que se necesita para movilizar al pueblo es embuirlo de una “conciencia del descontento”.

A esta suerte de despertar, Marx la llamó “conciencia de clase” y supone el darse cuenta de que uno es en realidad un ser oprimido.

Frente a este diagnóstico lo primero que nos queda es identificar a nuestro opresor.

¿Quién es en realidad el culpable de mi fracaso, de mis imposibilidades, de mis adicciones, de mis carencias, de mis delitos y de todo mi sufrir? (…por supuesto nunca soy yo…)

Esta actitud victimista es hoy tendencia global. Y buscar al culpable se ha vuelto nuestro trending topic y nuestro pan de cada día.

En los Estados Unidos a esta táctica bolchevique se la denomina “la teoría crítica de la raza” y consiste en dividir a la sociedad en 3 grupos diferentes: los opresores, las víctimas y aquellos que se alíen con las víctimas.

En paises sudamericanos en donde el componente africano no abunda, se utiliza la misma teoría divisoria, utilizando cualquier otro componente diferenciador; como puede ser la población indígena, el género, la identidad sexual, el status de clase o migratorio etc.

No es de extrañar que todas las campañas políticas de izquierdas se basen únicamente en estos puntos, sumándoles la ecología, que es otra víctima buscando culpables.

Nunca verás en mítines de izquierdas otros temas que no sean estos: género, ecología, feminismo y racismo.

En sus campañas no existen planes de desarrollo económico ni esquemas concretos de progreso porque cuando el fin es la dominación, la estabilidad económica estorba a la causa y por eso una economía próspera y estable nunca es prioridad en esta clase de gobiernos; que apuntan al conflicto como mecanismo de división y de empoderamiento.

El peligro de “la teoría social de la raza” es en realidad la carencia de objetivos concretos.

No existe en esta teoría un fin conciliador ni un planteamiento real de mejoramiento, sino un despertar al resentimiento y una perpetuidad en el descontento.

Es decir, no se busca terminar con la diferencia y con el racismo de una manera pro activa, conciliadora y natural, sino utilizar estas causas de forma permanente como estrategia política de alienación y dominación.

Esta teoría que ha dado nacimiento a Organizaciones como ” Black lives Matter” y “ANTIFA” no poseen un plan de construcción y de convivencia cuya finalidad sea la coexistencia pacífica de todos los colectivos, sino todo lo contrario.

Estos grupos sostienen que no hay solución posible para el racismo.

Por lo cual, establecen de antemano que no hay posibilidad de reparo, ni plan para mejorar.

Estas organizaciones nos dejan claro que la causa racial no es otra cosa que una excusa para la alienación y la división de la comunidad.

Una comunidad que ya vivía la diversidad de una forma natural y progresiva y que de pronto, se ha encontrado dentro de un campo de batalla políticamente organizado y donde no tiene muy claro en qué bando le colocarán.

Una causa que no ansía mejorar y desaparecer natural y progresivamente en un futuro próximo, fruto del éxito en esa mejora, es una pseudo- causa, utilizada con otros fines.

Para los activistas de la teoría racial, si eres blanco eres por definición un opresor y no existe posibilidad alguna de que esta situación se revierta jamás, hagas lo que hagas.

Es más, cualquier ayuda que prestes, sigue poniendo en evidencia tu superioridad racial y tu privilegio.

Nunca existirá una salida para un problema que no desea ser solucionado, sino que busca seguir siendo utilizado como excusa para un fin político de división y de dominación.

“Divide y reinarás” sigue siendo trending topic desde que Maquiavelo lo twitteo en el Renacimiento, “ni hay nada nuevo bajo el sol” (Eclesiástico 1,10) si tienes tiempo para mirar.

JR

“La nueva Normalidad es la Dependencia”

El sueño americano fue desde siempre poder “vivir de tu trabajo” y todo aquel que haya emigrado a los Estados Unidos ha comprobado que si trabajas duro, progresas.

(Pero lo que nadie te cuentan es que allí la gente se levanta a las 5 de la mañana y trabaja sin descanso hasta las 6 de la tarde, sin cafecito a las 11, ni comilona a mediodía y sin servicio doméstico en casa).

Sin embargo, en los países gobernados por ideologías de izquierdas (como España o Argentina entre otros) sucede justo lo contrario, porque el sueño del ciudadano es “vivir sin trabajar” y toda su energía está puesta en aprender las diversas triquiñuelas para conseguir subsidios múltiples y poder subsistir evitando el trabajo.

No es de extrañar que los pueblos sean distintos entre sí y que ambas mentalidades vayan forjando a su vez, valores diferentes.

Quien depende de un estado que le financia la pereza estará siempre encadenado a la dádiva, es por eso que generalmente, la población de los países hispanos, latinos o musulmanes no vota el trabajo duro y el progreso, sino el subsidio.

Pero lo más triste de todo es que cuando emigran de sus países pobres hacia países capitalistas del primer mundo, buscan hacer lo mismo allí y seguir viviendo de subsidios.

En los Estados Unidos el pueblo es muy trabajador y sabe que el trabajo lo es todo. Todas tus garantías, tus créditos y hasta tu seguro de salud dependen de él, por lo cual, lo primero para un norteamericano es encontrar y mantener un buen trabajo.

En los países hispanos sin embargo, el trabajo es un puente hacia el subsidio; trabajar tres meses, lograr que te despidan y que te indemnicen, lograr que la seguridad social te mantenga y gozar indefinidamente de una educación y de una sanidad gratis, sostenida con el impuesto al trabajo de unos pocos.

Muchos fueron los estadistas que sostuvieron que el clima era en gran medida el responsables de la mentalidad de los pueblos y sostenían que cuanto más cerca del ecuador se estaba, más vagos resultaban ser los pueblos.

Aunque a mí modo de ver, es la educación en la dependencia y la motivación recurrente hacia ella, lo que la potencia y la cultiva.

Lo que pone en peligro a una sociedad no es la corrupción de unos pocos, sino el relajamiento de todos y cuando el individuo aprende a que la dependencia del estado es una normalidad en vez de ser una excepción; tiene sin duda, la semilla de un sistema totalitario en puerta.

Existen muchos tipos de corrupción y la dependencia es sin duda una de las corrupciones más peligrosas, porque el ciudadano prioriza su manutención sobre cualquier otra cosa y es capaz de arriesgar todas sus libertades con tal de conseguirla y de mantenerla.

No resulta extraño que la “solidaridad” sea el principio básico de los sistemas comunistas; en donde existe un estado proveedor de bienestar, que a cambio, se ocupa de limitar las libertades individuales, de dominar el pensamiento y de comprar las voluntades.

Quien depende de alguien va limitando y moldeando su propio pensamiento en pos de preservar aquella manutención; pero lo que en realidad refleja este tipo de esclavitud, no es tanto la tiranía del estado, como la comodidad de un pueblo.

La comodidad es sin duda la droga que más corrompe a los pueblos y quien por comodidad reniega de su libertad, no la merece.

JR

“Ser libre da mucho trabajo”

“La Polarización como legítima Defensa”

Mucho se habla hoy en día de que el mundo se ha polarizado y de que son muy pocas ya, las posturas intermedias con respecto a determinados temas.

Personalmente, no creo que el término medio se haya extinguido en pos de la polarización, sino todo lo contrario; creo que la polarización en muchos casos, es el contra -balance necesario para regresar a un término medio.

Con esto quiero decir que la mayoría de las personas que últimamente se han polarizado lo han hecho porque perciben un peligro inminente en un extremo.

Cuando hablamos de la actual polarización deberíamos preguntarnos primero por qué sucede, mucho antes de juzgarla tan negativamente.

En épocas de nazismo también hubo polarización; o estabas a favor o estabas en contra del régimen.

El término medio no era ni adecuado ni valiente.

Muchos fueron sin embargo, los que se mostraron tolerantes con esa ideología en pos de evitar involucrarse y prevenir un conflicto personal.

Pero si el mundo entero hubiese permanecido “tolerante y moderado” frente a aquella ideología totalitaria; seguramente otro hubiera sido el resultado de la Segunda Guerra Mundial y otro también el destino del mundo.

La moderación es recomendable en la salud y en la economía, pero no es para nada adecuada frente a la aparición de un peligro.

De hecho, uno no se modera para defenderse de un grave peligro.

Uno se defiende como puede y con los elementos que tiene disponibles en ese momento porque en esos casos, la resiliencia y la moderación pueden resultar fatales.

Frente a la creciente polarización deberíamos preguntamos entonces ¿cuál es el peligro que percibimos como inminente?

Cuando me reúno con venezolanos expatriados y me relatan su experiencia chavista, me la cuentan como un proceso que comenzó lleno de ideales y de buenas intenciones, un proceso muy lento y lleno de distracciones, que contó con un pueblo pacífico y resiliente, moderado, cómodo y sumiso.

Un buen día el pais cambió y lo hizo efectivamente contando con esa ayuda: la moderación de un pueblo pacífico y distraído; que rehúye del conflicto y del enfrentamiento.

Este es el alimento para todo régimen totalitario; sea éste de derechas o de izquierda.

Hay momentos en la historia en que la polarización es síntoma de un peligro, e ir contra ella a destajo, es trabajar para fomentar y acelerar ese peligro.

Negar o no darle la importancia suficiente al nazismo o al chavismo incipiente fue alimentarlo y darle alas para crecer.

Un pueblo valiente se declara contrario al totalitarismo y si tiene que polarizarse se polariza.

Porque hay veces que para volver a un punto medio hace falta hacer un contra balance urgente.

El “cobarde actual” comparte los ideales del totalitario en la medida en que no se enfrenta a él ni lo denuncia, para seguir pareciendo siempre un “hombre moderado”.

El pueblo que no encuentra en sus líderes a esa figura fuerte que le proteja del abuso, cambia de líder en busca del amparo de otros más valientes, porque nadie quiere ser representado por un cobarde.

La cultura del “ser bueno y tolerante” trabaja a favor de todo sistema totalitario, que aplica un sistema de obediencia y de temor, manteniendo así el camino despejado para avanzar en su proyecto.

Mis amigos venezolanos me aconsejaban ante todo, “reaccionar a tiempo”; pero si reaccionas te tildan de haberte polarizado y consiguen acomplejarte.

“Qué mal verte así, tú que siempre fuiste tan moderado”… te dicen.

Y me imagino que algo parecido le dirían también a Churchill…

Y así es como evitan que te defiendas, cuando todavía estás a tiempo de hacerlo.

JR

“El desafío de Educar”

“La paternidad/ maternidad es la única carrera en las que se te otorga el título, antes de haber cursado las materias”.

Es cierto que convertirse en padre o madre insufla una sensación de poder; uno de pronto siente la satisfacción de haber traído una vida al mundo; habiendo sido en realidad, sólo el vehículo en todo este mágico proceso.

No me canso de ver en los perfiles de las redes sociales enunciados como ” padre, hijo, esposo, suegro, cuñado, abuelo de” como si se tratara de títulos nobiliarios.

Todos sabemos que ser padre no es ni fácil ni barato, pero de ahi a anunciarlo en las redes sociales como un logro o como una carta de presentación personal, me resulta un recurso sentimentaloide, presumido y en la mayoría de ocasiones, inadecuado.

El anunciarte como “padre” no presupone que seas un “buen” padre, por lo cual esa información no aporta en sí misma un valor positivo a tu persona.

Y aunque fueras un buen padre; los tiranos, los asesinos, los nazis, los integrantes del KGB; también eran cariñosos y afectuosos con sus hijos y con sus mascotas.

Por lo cual, este tipo de detalles tan universales, no te hacen especial en ningún sentido.

La paternidad o la maternidad no deberían presuponer un punto a favor ni en contra en la evaluación individual de un ser humano.

Ser padre no es un mérito en sí mismo.

Lo peor de la paternidad es sin duda la tarea de educar; …difícil carrera la que tiene por delante este título nobiliario…

Si el hijo triunfa, entonces “la fruta no ha caído lejos del árbol”, si el hijo fracasa, generalmente es porque ha salido clavadito a la otra rama.

Sólo nos adosamos a la sangre los triunfos del cachorro y endosamos a cobro revertido los desaciertos del engendro.

Educar es un coñazo y no hay buen padre que no coincida en que decir que “no” es mucho más difícil que decir que “si”.

Lo más fácil es siempre mirar para otro lado, no perder tiempo en involucrarse y dejar que el niño se vaya haciendo solo. Y es que al final, los niños no nos pertenecen del todo…

Pero aquello que vuelve, son las consecuencias de sus errores cuando son menores de edad o no disponen de recursos suficientes para afrontar las consecuencias de sus errores.

La mayoría de edad ya no está marcada por un número de años, sino por un número en la cuenta de un banco. Y es que la independencia real, sólo aparece con la independencia económica.

Hasta no ser independiente económicamente no se convierte el joven en mayor de edad, ni en un ente responsable total de sus actos.

La mayoría de edad funciona en la medida en la que uno es capaz de pagar en todo sentido por sus errores.

Es duro hablar así de la paternidad, ya que pasamos de pronto del orgulloso y empalagoso título en twitter; “padre, esposo, hijo, suegro, cuñado” ; a la realista visión de los hechos reales que incluyen todas esas maravillosas y promocionadas relaciones humanas.

Como todo en esta vida, hay líneas delgadas que convierten a toda virtud en un defecto.

La libertad es libertad hasta cierto punto y la educación es educación hasta cierto punto también. Una vez traspasada la delgada línea de la virtud, la libertad se convierte en violencia y la educación también.

Hay que educar, si, pero no tanto. Hay que ser libre, si, pero no tanto.

Cuando tu virtud se hace violencia, entonces ya no es virtuosa. Y cuando tu libertad la paga otro, ya no es tan libre.

Lo difícil no es la receta, sino la medida de cada cosa.

El término medio entre educar y adoctrinar; entre dar libertad y limitar, entre mimar y dar responsabilidad, entre estar presente y saber cuando desaparecer, entre la ponderación y la crítica, entre la dependencia y la autonomía, entre el cariño y la asfixia; son sin duda lo más duro en esta carrera con título previo.

No es fácil la tarea que tiene un padre por delante y no siempre tus esfuerzos serán valorados ni evaluados como tú lo esperas.

Pero presumir en las redes sociales de que eres “padre” no te hace ni especial, ni bueno, ni poderoso, sólo muestra que estás cursando la carrera más ambigua, más común y corriente e impredecible de todas.

JR

“The Happy Life”

Mucho cambian las cosas de una época a otra; se actualizan los valores, las consignas, las prioridades y las metas.

A una parte de este proceso se le llama evolución, pero otra desgraciadamente, se parece más a una involución.

Será quizás que no todo aquello que se mueve, avanza.

Mucho han cambiado nuestros valores en una sociedad orientada al narcisismo como agenda y al objetivo de una “happy life” como el fin próximo y último de nuestra existencia.

Aquella ética del trabajo, del esfuerzo y de la lucha por un bien mayor más allá de la satisfacción de los propios deseos, se difumina en una nueva sociedad que condena el esfuerzo, el sacrificio y el trabajo duro, y que exige todo “ya”.

El éxito fácil promueve la preocupante y creciente prostitución infantil de muchos niños que son víctimas de ella y de muchos otros, que voluntariamente se prostituyen, porque descubren en la prostitución el camino rápido hacia el dinero fácil.

Muchos de nuestros objetivos han cambiado y los matrimonios también duran cada vez menos.

Al menor esfuerzo, las parejas se cansan, se desenamoran, desean al compañero de trabajo, al jardinero o al personal trainer.

Y en un mundo happy, en donde “nothing is imposible” y en donde toda represión es síntoma de enfermedad, engañar y traicionar está permitido siempre que se trate de tu felicidad y de complacer los deseos inmediatos de una “happy life”; que nos exige ser felices a toda costa y a cada momento.

La publicidad nos programa a que” si lo deseas, lo tienes”; ya no importan los medios ni las consecuencias, porque lo único válido es tu deseo.

“¿Te gusta conducir?” _te preguntan, como si ese gusto fuese suficiente para que te merezcas un bmw.

Detrás de este narcisismo justificado como religión moderna y promovido hasta la tumba, está también el healthy life, la obligación a la duración infinita en una vida de narciso.

Si antes uno veía en la gente mayor una sabiduría, hoy te los encuentras igual de tarados que una chica de 15 años y en las mismas tiendas de ropa de tus hijos adolescentes, viejos comprando pantalones pitillo y gafas de sol estrambóticas.

_¿Para tener un coche descapotable, hay que ser calvo?_ me preguntaba mi hijo hace unos años. _”No querido, tienes que tener pasta y trabajar mucho”_

(Frente a semejante panorama desolador para los jóvenes es mejor crearse una página porno a tiempo y llegar al descapotable antes de que la calvicie aparezca).

La urgencia por el placer no sólo frustra, sino que prostituye. Y no sólo lo hace con los cuerpos, sino también con los valores.

Los viejos no se hacen sabios, los jóvenes no se hacen adultos y los niños juegan a ser modelos porno en redes sociales peligrosas.

Hay un enmarañado social profundo, en donde nadie ocupa su lugar, ni deja lugar al otro.

Si la longevidad se vuelve un problema de cupos, no es solamente porque los viejos duren más que antes, sino también porque los jóvenes no están nunca lo suficientemente preparados para ocupar sus sitios con valentía.

Nuestra sociedad hiperinformada es a la vez manipulada con información a cada momento. Entre el instagran, el gimnasio, la depilación láser, el botox y la peluquería ya no queda tiempo para comprobar la información recibida.

Deglutimos información falsa y manipulada a diario.

Nuestra hiper conexión es a base de eslóganes que vamos repitiendo, sin ninguna investigación previa y sólo para tener algo que comentar en las redes sociales y hacernos los que estamos al día.

Ni vimos el debate presidencial de Estados Unidos, ni sabemos nada de lo que ocurre allí, pero hay que ver cómo estamos opinando en las redes. (mejor dicho; qué bien repetimos el eslogan de la ideología de turno).

Aquel que crea esos eslóganes es quien de verdad maneja nuestro pensamiento.

Pero en una época abocada al narcisismo desde la cuna a la tumba, ¿quién tiene tiempo de pensar o de investigar una información?

Ni que hablar de ponerse el despertador para ver en vivo lo que pasa del otro del mundo. Pero hay que aguantar a diario a los opinólogos de la ignorancia más absoluta.

Si con suerte llegamos a los 70 estaremos o en la consulta de la cirugía estética o haciéndonos la quimioterapia. No hay término medio, ni sabiduría posible en la vida de un Narciso.

Pasamos del Botox y el shopping a los cuidados paleativos; sin tiempo para madurar.

El problema no es la juventud, ni es la ancianidad, sino la sociedad entera.

Hemos contraído un virus igualmente degenerativo para niños, jóvenes, adultos y ancianos; el síndrome narcisista de la “Happy Life”; en donde la sobrevaloracion del placer inmediato, no deja lugar a ninguna trascendencia.

JR

“Receta Coronavirus”

No es nada nuevo usar a las desgracias para obtener un beneficio. Hay cosas que son tan viejas como andar a pie y estudiar la historia siempre nos ayuda a preveer situaciones que tienden a repetirse.

Hubiera estado bien que los alemanes de la Segunda Guerra Mundial estudiasen historia francesa antes de adentrarse en Rusia en invierno, como hizo Napoleón. Pero no hay mal que por bien no venga y a veces la ignorancia también nos trae algunas bendiciones.

Hoy el Corona es una oportunidad para muchos; para crear pánico y caos, postergar elecciones o elegir el correo como opción para el fraude electoral, como intentan hacer los demócratas en los Estados Unidos, y esta es una más, de las múltiples oportunidades que le ven algunos a esta pandemia.

Mientras China crece y está recuperada, los sistemas democráticos occidentales tambalean frente a unas izquierdas que avanzan sin escrúpulos ni vergüenza, arrasando instituciones y legislaciones vigentes y en algunos países, incluso códigos de convivencia tan elementales como la ley de propiedad privada.

Luego nos preguntamos quién creó el virus y con qué fin, pero la evidencia está a la vista por más que la izquierda insista en que fue una simple fatalidad causada por no encontrarle el punto de cocción a un murciélago.

Mientras la prensa y las cadenas de televisión se ocupan día y noche de seguir creando el “pánico corona” cuidándose y mucho, de mencionar en sus informes que las hospitalizaciones y las muertes son bajísimas ahora mismo en Europa, los niños salen al colegio nerviosos, con un listado de geles, toallitas, máscaras, filtros y un sinfín de normas de distancia en clase, en patios, en pasillos, en comedores y en todos los accesos.

Hoy al ver a mis hijos salir por la puerta de casa les decía: – “Id sin miedo, porque ser un cobarde y un aprensivo es mucho peor que tener coronavirus”.

Mientras seguimos incentivando desde el parvulario a estas nuevas generaciones de cagones, chivatos y alérgicos a todo, me adentro en mis estudios y leo sobre el pasado y sobre esas generaciones de colonos, de romanos, de vikingos, de espartanos, de las que ya no nos queda casi nada.

Somos unos pusilánimes aburridos y adictos a internet y a la intolerancia alimenticia; todo nos cae mal, nos engorda o nos estresa. Y el que no piensa como yo es un racista o un potencial contagiado al que tengo que denunciar. ¡Qué asco de gente!

A veces me pregunto para qué sirve tanta salud no productiva. ¿Para qué vivir encerrado? ¿Vale la pena ser un parásito y un miedoso para llegar a los 120 años? Eso es lo que yo llamo vivir al pedo, pero con mascarilla reforzada I 95.

Este positivismo extremo, adicto a la duración inútil y a concedernos una enorme importancia por el sólo hecho de existir, es con lo que se nos ha alimentado durante décadas; ese “porque tú lo vales” de panten que tanto daño nos ha hecho.

Hemos aplicado la misma medicina para todos los diagnósticos y le decimos valioso igualmente al vago y al inútil, que al trabajador y al hacendoso.

En mi casa al trabajador se le llamaba trabajador y se lo felicitaba y al vago se le llama vago y se le exigía. No era todo lo mismo, como sucede ahora, ni el mérito era un pecado mortal, ni los logros eran un privilegio de raza, ni el esfuerzo y la austeridad eran mala palabra.

Pero hoy hay que ir con cuidado y midiendo cada frase y terminación de palabra, porque si se te escapa alguna verdad o se te olvida alguna “e”, eres un facho, un nazi, un machista o un racista.

Este positivismo generacional nos ha hecho sobrevalorar la duración y degradar la vida a un mero “preservarse” lo máximo posible de todo riesgo.

Para los positivos siempre es mejor durar, que hacer algo útil.

La duración, lejos de ser una casualidad se ha convertido hoy en un mérito personal, conseguida a base de yoga, deporte, alimentación y de una vida relajada y ociosa.

Y en esto mismo consiste la cobardía; en darle más valor a la propia preservación, que al riesgo útil.

El cobarde se cree tan valioso que prefiere cuidarse, antes que hacer algo necesario, mientras que el valiente sabe que para lo único que vale la pena vivir, es para ser útil en algo.

Muchas cosas han pasado a ser parte de esta “nueva normalidad”; además de ser un chivato, un enmascarado, un escondido y un miedoso; existen también muchas otras infracciones normalizadas; como la ocupación ilegal, la inmigración ilegal, la violencia, el terrorismo y los incendios en las calles, la degradación a la policia y a las fuerzas de seguridad del estado, o la usurpación de tierras.

Acciones que los gobiernos de izquierdas minimizan como parte de esta nueva normalidad, dentro de este inocente “combo corona” organizado para hacer tambalear las Democracias.

Pero la gestión más importante de todas, que es la de atemorizar, desinformar y educar en el miedo a generaciones de cobardes, la lleva la familia, la prensa y la escuela.

La receta del murciélago tiene ya todos los ingredientes necesarios para funcionar; porque el ingrediente más importante de todos para derrocar a una República, es tener disponible a un par de generaciones de cobardes.

Una vez que tienes este elemento, puedes dar por sentado que el camino está despejado para el desastre, porque nadie se interpondrá en el avance.

Por eso me repito;

“El corona es un virus, pero la cobardía es un cancer incurable”

JR

“Esa indolente Doble Moral”

La vuelta al colegio es inminente y muchos padres la encaramos con alegría.

“El show debe continuar” decían algunos y el lema de la continuidad y la superación fue siempre “muerto el rey, viva el rey”.

Nuestro sistema de vida no soportaría otro confinamiento, por la sencilla razón de que si los niños no van al colegio los padres no pueden ir a trabajar y si los padres no trabajan …¿cómo pagamos la escuela pública y los subsidios?

Así funciona el sistema y nos guste o no, es la mejor de todas las opciones.

Hay que seguir adelante y afrontar el virus con valentía. Ya no muere tanta gente y los médicos saben mucho mejor que antes cómo tratarlo, aunque aún no esté a nuestro alcance la vacuna.

La vacuna disponible hoy, es ir al colegio, ir a trabajar e inmunizarse.

Existe una gran oposición a la vuelta al colegio principalmente por parte de los profesores; que se sienten más expuestos al virus que los médicos de la primera oleada y se autoproclaman mártires en las redes sociales.

Si aquellos médicos de Marzo y Abril hubiesen actuado como lo hacen hoy los profesores… ¿qué hubiera sido de nosotros?

Por suerte cada uno elige su profesión según su grado de valentía y de vocación, aunque muchos aún bronceados de la playa, le teman mas a las aulas que al virus.

Los padres protestan y exigen más personal de limpieza en el aula; la mayoría de estos padres son socialistas, pero unos socialistas acostumbrados a tener mucho servicio.

Yo le he dado una bayeta y un liquido desinfectante a cada uno de mis hijos para que desinfecten su pupitre y su silla antes y después de clase. Una costumbre muy nórdica de aquellos países socialistas coherentes con su ideología, en donde los niños son los encargados de limpiar el aula desde mucho antes de que apareciera el coronavirus.

Los padres no nos damos cuenta de que la cobardía es contagiosa y que criar a niños malcriados y temerosos no es un mérito, sino una verdadera desgracia para la humanidad. La sobreprotección a la que muchos confunden con amor es sumamente dañina para el medioambiente.

Hay que salir a poner el cuerpo igual que hicieron los adolescentes en los botellones y en las discotecas durante toda la pandemia. Esos mismos adolescentes que hoy ponen el grito en el cielo por la falta de distancia social en clase.

Y es que hay que tener mucha cara para ser tan hipócrita. En vacaciones la gente no parecía estar tan asustada en irse a la playa o en pasar el día amontonados en una terraza, pero hoy, cuando toca volver al trabajo, estamos todos en estado de pánico.

Nuestra forma de enfrentarnos al virus ha dejado muy claro quiénes somos y de qué pierna cojeamos. Se ha visto a los valientes, a los cobardes, a los aprovechados y a los hipócritas.

Pero el show debe siempre continuar porque así funciona la vida. La vida es riesgo, es peligro y por eso es vida. Vivir eternamente escondido no es opción ni para seres vivos, ni para valientes.

JR

“El Tonto Útil”

Hay muchas formas de hacer política y muchos ámbitos en los que se hace política, aún sin ser concientes de estar haciéndola.

Hay política en los estados, en las empresas, en las familias y en todo tipo de relación.

Aristóteles decía que el ser humano era un ser político por naturaleza y no se equivocaba; ya que aunque reniegues de ella, tú también eres un ser político y haces política de alguna u otra forma.

En una familia cualquiera existe una política en cuanto se establece un sistema determinado que puede ser totalitario o democrático, déspota o anárquico, pero siempre existe alguno.

Sucede que en ocasiones se aplica además, aquella estrategia del poli bueno y del poli malo; en donde dos del mismo bando pactan adoptar distintos papeles para llegar a un mismo fin.

El poli bueno genera confianza e inspira ternura, tiene buenas intenciones, aboga por la unidad y el bien común y su discurso no suena a autoridad, sino a párroco franciscano. Pero en cuanto pueda, con esa cara de tonto y de buenazo te la clavará por la espalda y rápidamente le echará la culpa al otro.

El tonto útil es hoy muy demandado políticamente, ya que el votante contemporáneo al que hay que convencer es un votante que quiere parecer bueno a toda costa, que participa en causas humanitarias y que aunque reniegue de la religión tradicional se cree más moral y ético que nadie y está siempre ansioso por publicar su bondad en redes sociales.

¿Quién no sucumbe ante un discurso estilo “dalai lama” en un mitin político?

Pocos somos aquellos que odiamos la sobre actuación de la bondad y la inocencia y repudiamos abiertamente a todo este pseudomovimiento libre /eco -racial y vegano-pacifista tan hipócrita y oportunista.

Pocos somos ya los malos declarados, que preferimos llamar a las cosas por su nombre, queremos el ajuste sin engaños, indirectas ni anestesia, llamamos al negro negro, blanco al blanco y al coronavirus chino y de laboratorio, a la prensa movimiento marxista subvencionado por grandes empresarios como Soros y demás mafias y que luego se sorprenden y se ofenden cuando el comunismo les quita la libertad de expresión, esa misma que nunca ejercieron.

Somos unos pocos locos suicidas los que aún creemos que por decir la verdad no se tiene porqué ofender nadie.

Y pocos somos también los que no queremos la deformación de un idioma en torno a una asexuada letra “e” que terminará convirtiendo al castellano en italiano y al inglés en emoticono.

Si hay algo que caracteriza a la Democracia es la movilidad que genera. Hoy eres rico, mañana pobre o viceversa. Y ese viceversa no es otra cosa que el sueño americano.

Y lo mismo sucede hoy con los cadavéres politicos.

Todos aquellos politicos que se creían políticamente acabados, triunfan, porque hoy los tontos útiles venden y están muy demandados.

Todos necesitamos a un tonto útil al frente, a quien se le den bien las palabras bonitas y convenza pronto a este pueblo posmoderno, adicto a la mentira, a la novela romántica y a la emoción edulcorada.

Biden es un ejemplo de un tonto útil contemporáneo en los Estados Unidos, Alberto Fernández en la Argentina y Pedro Sanchez en España.

Sólo pon atención a las vicepresidencias de cada uno de ellos y te darás cuenta a qué ideología le sirve y le es útil el tonto útil de turno. ( socialismo- comunista)

El verdadero problema en esta cuestión no es el político tonto ni el vicepresidente malo, sino el votante customizado de bueno, de eco, de friendly, de paz, de amor, de mucho wiffi y pocas neuronas.

Un votante que no soporta una crisis ni un recorte y que ante la mínima sensación de miedo prefiere votar a un sistema totalitario para que lo mantenga calentito y lejos de los riesgos que implica el trabajo duro y el progreso.

“Protégeme de los tontos porque de los malos me cuido sola” rezaba mi abuela y tenía razón.

Hoy en día el verdadero riesgo no se esconde detrás de los malos sino de los tontos, porque para engañar a un pueblo buenista, estupidizado y alienado en redes sociales se necesita siempre a un tonto útil en el escaparate.

Pobrecito, ¡qué bueno es! Si parece un huevo kinder…

¡Pero no veas lo que esconden estos tiernos muñequitos!

JR

“Lo que esconde la máscara”

Muchos llevamos mascarilla porque la normativa nos obliga a ello, otros sin embargo la llevamos por temor al contagio y una gran cantidad de personas, la llevamos también por el temor a los insultos que nos propinarían los demás, si no la llevásemos.

El virus ha dejado claro el temor que nos genera la posibilidad de morir o de enfermar y lo aferrados que estamos a la vida; aunque antes del virus, hubiésemos presumido de vivir elevados y desapegados de la vida terrenal.

Hoy los hare krishnas, los budistas, los apóstoles de la vida eterna, de los 7 paraísos musulmanes y de la reencarnación hindi, han dejado sus creencias a un lado, se han enfundado la máscara y se han encerrado en casa a cal y canto.

Y es que con el corona dando vueltas, hasta las creencias dejan de ser tan creíbles como antes.

Resulta curioso en tiempos de peste ver adónde se nos queda la fe, el amor a la humanidad, a la libertad y todas esas grandezas espirituales de las que presumimos tanto en la bonanza.

El budista de pronto deja el “om” e intimida al vecino del quínto piso que trabaja en un hospital, la abuela católica insulta a aquellos niños que no llevan mascarillas por la calle y unos cuantos pacifistas de izquierda les desean la muerte por corona a los adolescentes del botellón.

Y es que hemos visto de todo en estos tiempos, y sobre todo, hemos observado cuánto nos importan los demás.

Mientras estábamos sanos y el único peligro era Trump, era muy fácil hacerse el bueno, el solidario, el humanitario. Y es que llorar y dar likes a las imágenes de fAcebook es muy fácil; lo difícil es dejar de odiar a todo aquel que no respete la distancia social.

Y es que hoy, más que nunca y a pesar de la mascarilla, podemos ver realmente quien está detrás de cada una.

Algunos creen que la mascarilla no sólo les protege del virus sino también de la mirada del otro, del juicio y del pánico que nos generan incluso nuestros amigos.

Pero ante todo, la mascarilla expone nuestro temor; al virus, al otro, a la muerte.

Cuesta reconocer que somos generaciones de cagones; acostumbradas a la paz, a la Democracia, a los derechos, a la salud gratis, a la educación gratis, al Mc Donalds, al bienestar, a Netflix, al inconformismo permanente, a muchas décadas de comodidad, de derroche, de delivery, de hipotecas, de viajes en cuotas,de indemnizaciones y de subsidios.

Somos el resultado de muchos años de progreso, de democracia y de salud; pero en cuanto algo de eso se nos trastoca, somos capaces de matar al vecino, si le vemos salir sin perro durante la cuarentena.

Muchos creen que estar encerrado en casa o usar una mascarilla es un signo de virtud y se creen poseedores de una superioridad moral que otros no tienen.

Usar una mascarilla, permanecer encerrado en casa y cumplir la normativa está muy bien, pero no te hace mejor persona.

Definitivamente te hace más obediente, más temeroso y más precavido; pero no más bueno; porque no nos engañemos, si te quedas en casa es por ti, pero en cuanto veas por el balcón al vecino del tercero fuera, sabes que llamarás sin dudar a la policía.

No es casual que el virus sea chino; porque poco a poco vamos implementando y normalizando el terror, la destrucción de la clase media, la dependencia del estado, el espionaje y el delatar a nuestra hermana si hace falta; todas esas buenas costumbres típicas de la China comunista y de la antigua Unión Soviética.

Si el Corona fue creado en un laboratorio para cambiarnos las costumbres, sin duda lo está logrando.

Este virus más que una enfermedad, se parece a un viaje exprés hacia una igualdad, regida por un sistema de terror tan antiguo como totalitario.

No todos los temores engendran salud y el normalizar la cobardía es dar un paso atrás en la evolución del ser humano.

Es difícil encontrar un equilibrio entre seguir y parar, pero urge hacerlo, aún asumiendo los riesgos.

No se puede vivir escondido, ni oprimido, ni aterrado, ni vigilado, ni privado de la libertad. Y si la nueva libertad incluye una mascarilla, pues bienvenida sea, pero la libertad nunca debería resignarse.

JR

“La Igualdad Desmesurada”

Si algo caracteriza al ser humano y lo diferencia de cualquier otra especie es su capacidad para perfeccionarse. Y esa capacidad es la que le diferencia también de otro ser humano.

Uno sabe desde pequeño que posee esa capacidad, nazca donde nazca.

La condición social o económica de cada niño limita, pero no impone un estancamiento en las sociedades democráticas avanzadas, en las cuales prevalece la igualación de las condiciones para todos los ciudadanos.

(Con esto me refiero a aquellos países en donde la Educación de calidad se le garantiza a cada niño.)

El niño adquiere así la oportunidad para perfeccionarse y si ha nacido en una familia en donde la cultura no abunda, gracias a la escuela, puede conocer y acceder a un mundo nuevo y diferente al habitual.

En las sociedades democráticas esta igualación de condiciones implica también una oportunidad para desigualarse de la realidad familiar.

O sea, un niño nacido en un entorno pobre o sin cultura podría el día de mañana cambiar su condición.

Por lo tanto, la igualación de las condiciones da paso también a una nueva desigualdad de condiciones, gracias a la cual, el niño pobre se convierte años más tarde en un hombre rico o culto.

Pero como podemos observar, la desigualdad sigue presente; ya que sus amigos pobres, que no han podido, no se han esforzado, o no han gozado del talento o de la suerte suficiente, seguirán siendo pobres.

Hoy en día hemos ido un paso más allá y se considera que la Democracia no debe solamente proporcionar la igualdad en la oportunidad, sino además garantizar el mismo resultado de progreso para todos, algo que hasta ahora dependía únicamente del esfuerzo, de la habilidad o de la suerte de cada uno.

Este es el concepto del subsidio; que es un refuerzo para seguir igualando, aunque este mecanismo no dé siempre los mismos resultados; ya que lo que unos aprovechan como un impulso para seguir perfeccionándose, otros lo utilizan como un recurso para evitar cualquier esfuerzo.

Existe actualmente una tendencia mundial a desvalorizar el esfuerzo del individuo y a dar por sentado que todo logro ajeno es siempre un beneficio de clase o un privilegio de raza.

Pero aunque haya algunas excepciones, el común denominador del éxito en países democráticos es la suma del esfuerzo, la dedicación y la perseverancia del individuo.

Esta tendencia social y política que rechaza abiertamente el mérito y que es partidaria de una igualdad que no presuponga ningún esfuerzo por parte del individuo, se asemeja curiosamente al comportamiento aristocrático, una condición, que sin ningún esfuerzo se recibía o se heredaba sin más.

La igualdad que establece la Democracia es una igualación de condiciones a nivel legal y esto nos garantiza una salida desde la meta (relativamente) justa, pero que impone a su vez y una vez iniciada la carrera, el esfuerzo particular de cada uno.

La igualación de las condiciones no garantiza la igualdad en el resultado a menos que la carrera esté amañada; porque por mucho que igualemos las condiciones, siempre serán unos mejores que otros. Y que lo sean, lejos de ser una injusticia, es lo que garantiza el progreso de la humanidad.

Intentar igualar a toda costa degenera inevitablemente en una igualación negativa.

El igualar es siempre hacia abajo porque sólo se puede igualar hasta donde lleguen todos, intentando además que nadie sobresalga sobre otro, para evitar herir, diferenciar o discriminar.

Esto no sólo es un comportamiento anti- natura, sino altamente dañino.

Cuando en alguna disciplina se requiere que todos los colectivos estén presentes se aplica una igualación en las condiciones, pero si el que gana el premio no pertenece a una minoría comienzan entonces los reclamos.

No sucede lo mismo sin embargo; en deportes como el baloncesto, en donde ciertas minorías llevan siempre una ventaja sobre otras razas, sin que nadie diga nada.

Existe una exacerbada tendencia a imponer el reclamo de igualdad constantemente y muchas veces injustamente.

Una mujer talentosa no quiere ganar por ser mujer, quiere ganar por tener talento e imagino que sucederá lo mismo en todas los demás colectivos que se consideran oprimidos o discriminados.

Nadie que tenga dignidad quiere que le dejen ganar sin merecerlo.

Un niño de 10 años cuando ve que su padre hace trampa para dejarle ganar a las cartas, se ofende, porque existe en la ventaja y en la concesión una desvalorización implícita.

Jugar con ventaja es la confirmación de una irreversible desigualdad.

Y no duele tanto asumir la desigualdad como su condición de irreversible.

Al niño no le duele tanto perder, como que su padre crea que nunca podrá ganarle.

La igualdad se ha puesto de moda y la opinión pública condena a cualquiera que ose rebatirla en cualquier aspecto, pero yo me atrevo a decir, que no siempre la igualdad es deseable, ni resulta beneficiosa.

La igualación de las condiciones es la base de toda Democracia, pero no garantiza la igualdad.

Y no toda igualdad beneficia a la Democracia.

JR

“La tiranía del Pensamiento Único”

Muchas veces hemos oído hablar de fascismo y todo fascismo se basa en la tiranía de un pensamiento único.

Todo aquello que esté fuera de ese pensamiento único es considerado por el fascista, no como distinto, sino como “enemigo”.

Solemos relacionar al fascismo con la ideología de derechas, quizás porque fue el último fascismo reconocido, pero el fascismo no tiene nada que ver con una ideología determinada; sino con la limitación de la ideología a un solo tipo de pensamiento.

La falta de libertad para pensar libremente es lo que caracteriza a todo fascismo, sea éste de derechas o de izquierdas.

Y es esta obediencia obligada a pensar de una manera determinada o “políticamente correcta” lo que pone en evidencia a todo régimen fascista.

Pensar contrariamente a los dictados de Stalin suponía una condena a muerte en la Unión Soviética y lo mismo sucede hoy en algunos países musulmanes y sin ir mucho más lejos, en Venezuela, Cuba y Corea del Norte.

Muchos son los regímenes que hoy en día se hacen llamar “demócratas” y sin embargo esconden tiranías de pensamiento único.

En este tipo de gobiernos el elemento fundamental es el dominio del pensamiento del ciudadano y uno de los métodos utilizados para el adoctrinamiento es la prensa; que se ocupa de informar sobre aquellas cosas que el tirano quiere que sepas y de esconder todo aquello, de lo que no quiere que te enteres.

Toda información contraria a su ideología quedará sistemáticamente vedada y fuera del alcance de los ciudadanos, que serán diariamente abducidos bajo un único sistema de pensamiento.

Cuando Kant se refería a “la ilustración” la describía como a ese estadio en el que el individuo alcanza una simbólica mayoría de edad y se vuelve capaz de pensar por sí mismo.

Hoy sin embargo, aunque muchos crean que vivimos épocas ilustradas, son pocos aquellos que se atreven verdaderamente a pensar por si mismos, sin limitarse a “repetir lo mismo que opina todo el mundo”.

Atravesamos épocas de mucho temor a la verdad y casi nadie se atreve a decir lo que piensa realmente, por miedo a ser acusado, estigmatizado, perseguido o amenazado por estos gobiernos de izquierdas tan censores, intimidatorios y dictatoriales.

Si a todos nos sorprendió la victoria de Trump en los Estados Unidos en 2016 fue porque nadie se lo esperaba. Y nadie se lo esperaba porque la gente no se atrevía a decir públicamente que iba a votar a Trump.

Ese voto silencioso, como lo llamaron algunos, dejó al descubierto el temor de la gente a exponerse públicamente y a contrariar a la izquierda, por el miedo a sufrir posibles agresiones y represalias.

Aunque la dictadura del pensamiento único crea que el temor es suficiente para detener la libertad de pensamiento, la historia siempre nos ha demostrado lo contrario.

Y mientras nos quede un aliento de vida, debemos seguir evolucionando como nos diagnosticó Darwin e ilustrándonos como nos marcó Kant, porque la evolución o la ilustración, no son otra cosa que el esfuerzo por superar nuestra cobardía y nuestra propia barbarie.

JR

“Peor que ser odiado es ser temido”

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“La Planificación de la Incertidumbre”

Venimos acostumbrados a tener vidas organizadas, agendas electrónicas, alarmas para cada actividad, overbooking de quehaceres diarios y un sin fin de planes a futuro y siempre con esa falsa ilusión de que la vida puede organizarse a nuestro gusto y medida.

Una pandemia tiene la capacidad de trastocarlo todo; y no sólo los planes a futuro, sino la idea misma de que existe un futuro y de que disponemos de él a nuestro antojo.

Esta misma sensación es la que siente alguien acostumbrado a ser una persona sana, cuando se le diagnostica una enfermedad mortal.

Primero la sorpresa y la incredulidad, después la negación, luego la angustia y mucho más tarde, la conciencia de que la vida era solamente un regalo con fecha de caducidad desde el principio y no un bien eterno como llegamos a creer.

El concepto de temporalidad que nos aportaron siglos de vacunas, de cirugías estéticas y de descubrimientos científicos destinados a convencernos de que podríamos ser eternos, logró despistarnos bastante. Y muchos creyeron de verdad, que la eternidad del individuo era posible.

Es difícil aceptar la finitud para la que fuimos creados, pero este cruel descubrimiento, lejos de convertirnos en seres temerosos y aprensivos, debería hacernos conscientes de que si tenemos algo que hacer, algo que legar, algo que aportar, algo para dar; el momento es ahora.

La finitud puede ser cruel e injusta pero también liberadora; y quien se sabe a si mismo “temporal” se atreve a hacer más cosas y a arriesgarse más que aquel que está empeñado en mantenerse en este mundo para siempre y a quien esa permanencia le ofrece más limitaciones que oportunidades de acción.

Quien se sabe breve actúa y quien se siente eterno se afloja, sabiendo que siempre habrá un mañana disponible para poder hacer algo.

No intento encontrar en la desgracia los beneficios a los que nos impulsan los coaches, ni tengo fe en que después de la brevedad de la vida nos espere algo mejor, sino todo lo contrario, considero que tener que marcharse de una vida bonita es cruel y marcharse de una vida miserable debería ser liberador; aunque a la hora de irse, no quiera irse ninguno de los dos, ni el feliz ni el miserable.

Porque el temor a morir no trata sólo de la vida que dejamos, sino del pánico a la incertidumbre que nos espera y que sufre tanto el feliz como el desdichado.

Planificar un futuro incierto parece ser hoy nuestra tarea; aprender a vivir sin un “para siempre”, sin garantías, sin “lo mismo de siempre” para crear rutinas nuevas, que nos ofrezcan esa barandilla de contención que necesitamos imperiosamente para no caernos de la cama, hacia un abismo de misterio al que tememos porque nunca comprenderemos.

JR

“La Nueva Educación”

De todas las especies, la humana es la que más tarda en ser autosuficiente y por eso la maternidad/ paternidad se vuelve un proceso tan largo y cansador.

Durante los primeros años, el niño nos necesita para todo y sin nuestra guia, va seguro hacia la muerte accidental.

Cualquier peldaño, cualquier piscina, acantilado o carretera implican para él un riesgo mortal, que todo padre tiene que estar siempre dispuesto a salvar.

Lo mismo sucede con los pueblos; a medida que una civilización crece va necesitando de menos cuidados y este crecimiento independiente, tiene que ver con la capacidad de autosuficiencia de cada pueblo.

¿Pero cómo se consigue la autosuficiencia? En primer lugar con la Educación, con la disciplina y luego con el impulso hacia la independencia.

Pero ¿cuál es el tipo de educación que se necesita para la autosuficiencia?

Hablar de “Educación” se ha vuelto un tema de lo más cool y humanista. Si quieres quedar bien en cualquier reunión conviértete en un defensor acérrimo de la Educación, pero no toda educación es conveniente, ni recomendable.

La educación basada en el adoctrinamiento ideológico es muy perjudicial y nunca consigue individuos autosuficientes, sino que consigue crear a seres eternamente dependientes del estado, acostumbrados a merecer todo, por el sólo hecho de existir y sin el menor esfuerzo por su parte.

Fomenta además el resentimiento, el odio, mal informa sobre el pasado y sobre las costumbres y cultiva un idealismo fofo, vacío y estupido.

Todo adoctrinamiento enseña además, las posturas y artilugios para el disimulo y el fingimiento; volviendo al individuo un ser capaz de argumentar cualquier incongruencia con destreza y sin titubeos y prescindiendo siempre de toda lógica.

En conclusión, convierte a personas en repetidores de sloganes, sin dejar pasar jamás un razonamiento coherente por su mecanismo o proceso de pensamiento.

Por eso cuando me encuentro con alguien que presume de estar muy educado, me pregunto: ¿Si, pero educado en qué? Porque no toda educación suma en el proceso de inteligencia.

Es complicado enseñar filosofía o historia hoy en día en ambientes de izquierdas y se nos obliga al profesorado a menudo a obviar temas que puedan “herir sensibilidades”, como la esclavitud, el terrorismo o las masacres.

Se promueve, se recomienda y se obliga a una enseñanza parcial de la historia que vaya en concordancia con la ideología reinante.

Se evita la enseñanza de todas las masacres históricas de las ideologías de izquierdas en los temarios y se prohíbe hablar del fracaso del comunismo y de las torturas, extorsiones y mecanismos de control de la Unión Soviética, China o Cuba.

Yo disiento profundamente con esta filosofía que implica seguir “suprimiendo a la carta” información veraz e importante; pero todo se hace “supuestamente” en aras de una nueva humanidad eco humanista/ pacifista/ sostenible/ hipersensible, extremadamente impresionable y crecientemente comunista; que no necesita en este momento, informarse ni comprobar el desastre y la deshumanidad de su panfleto ideológico. (¿Para qué desmotivarles?)

La Historia en realidad sólo sirve para que aprendas sobre todo aquello que pasó y podría volver a pasarte. Y el comunismo es un mal que si te descuidas de estudiar, va a volver a pasarte muy pronto.

Hay mucho ocultamiento y adoctrinamiento en la educación actual.

Como filósofo uno debe cuidarse actualmente de enseñar a Platón y a los griegos en general, porque en el siglo V la esclavitud era una costumbre no cuestionada y el alumnado progresista suele reaccionar de forma muy violenta en clase, no sólo cuando tratas la división de clases de la Antigua Grecia, sino también cuando enseñas la Democracia.

Sin embargo, cuando me toca enseñar a Marx, la clase es una fiesta de reivindicaciones; de estudiantes “oprimidos”, que con más de 25 años no trabajaron en la vida, pero que se sublevan como si hubieran trabajado en minas de carbón toda la vida.

Nunca antes en la historia de la humanidad hubo tanta comodidad, tanta formación, tantos cursos, tantas universidades y tantas facilidades para poder estudiar y nunca antes sin embargo, se multiplicaron y a tanta velocidad, juventudes tan violentas, incoherentes e ignorantes.

JR

“Yo no soy marxista” -Karl Marx

Para comprender los movimientos políticos y sociales que están aconteciendo hoy en día en la mayoría de los países occidentales, debemos volver a repasar la teoría de Marx.

Marx fue un estudioso de la revolución francesa y gracias a ella descubrió que todos los conflictos a lo largo de la historia tuvieron una base de descontento social y de luchas de clases; por lo cual, no es extraño que siempre que se desea cambiar un sistema político se recurra a esta estrategia.

Crear el conflicto de clases, o la grieta, como se le llama en algunos países, es el primer paso a seguir para impulsar el desmoronamiento de un sistema político que se desea erradicar; en nuestro caso, el sistema que se busca quebrar es la Democracia y el estado de derecho.

Marx comprendió que todo conflicto social termina siempre dando lugar a formas políticas diferentes.

Pero lo más relevante de la teoría de Marx es su concepto sobre cómo el “storytelling” resulta fundamental a la hora de derribar las estructuras existentes.

Para Marx describir el mundo no se limitaba a dar cuenta objetivamente de lo que sucedía en el mundo, sino que aspiraba a una descripción del mundo que le permitiera transformarlo.

Según cómo describamos el mundo, tendremos una u otra comprensión; es decir, la interpretación que tú hagas del mundo llevará al sujeto hacia la acción política que desees.

No es extraño que hoy los medios de comunicación sean el primer objetivo de todo movimiento marxista; porque lo que interesa no es informar objetivamente, sino manipular la información en pos de conseguir los fines deseados.

O sea, provocar en el sujeto las sensaciones necesarias para llevarlo hacia determinada acción.

Últimamente el empoderamiento de la izquierda ha consistido en crear las siguientes divisiones: mujeres contra hombres (feminismo), pobres contra ricos, empresarios contra empleados, negros contra blancos, aborígenes contra blancos, inmigrantes contra pueblos de acogida, veganos contra carnívoros, etc.

Toda identificación con un grupo o pertenencia a una comunidad pareciera imponer un enemigo común y ése es el principal objetivo de la izquierda marxista desde hace décadas; que toda comunidad tenga en común, no un ideal, sino un enemigo.

Marx decía “Las relaciones de producción son relaciones de explotación” y frente a semejante descripción del mundo económico/laboral era inevitable una revolución.

Por eso, la forma en cómo plantees el problema y a quien culpabilices de ese problema, resulta fundamental para un marxista; que no busca una descripción real y objetiva en busca de un acuerdo o de una solución; sino una descripción que impulse a la acción necesaria para conseguir su objetivo; que no es la reparación, sino el quiebre de un sistema.

Los filósofos marxistas no se ocupan de describir el mundo y analizarlo; sino de describirlo de la manera adecuada para llevar al individuo hacia la acción revolucionaria.

Marx solía decir: “Hasta ahora los filósofos se han ocupado de describir el mundo, ahora se trata de transformarlo”

La cuestión está en la manera en la que uno describe las cosas; según cómo nombremos el mundo, tendremos una u otra reacción.

El problema con la teoría de Marx fue que nunca previó los resultados de su revolución y nunca predijo sus consecuencias, ni dejó un manual de instrucciones, ni una teoría política que mostrara el camino a seguir después de la revolución.

La dictadura del proletariado se extendió por décadas y sus resultados fueron nefastos y tan nefastos fueron, que Marx llegó a desentenderse y a decir : “Yo no soy marxista”

JR

“Becoming Resented”

Todavía recuerdo aquel día en que Barak Obama se convirtió en el primer presidente de color de los Estados Unidos. Sentí una emoción profunda y admiré a la sociedad norteamericana por dar una vez más, un ejemplo de Democracia al mundo.

El triunfo de Obama fue un símbolo de conciliación a nivel mundial, o al menos yo lo creí así durante mucho tiempo, y aunque no compartiese muchas de sus ideas políticas, su triunfo fue una alegría más allá de cualquier ideología.

Sin embargo, 8 años después, el triunfo de Trump no fue recibido con la misma tolerancia y durante toda su presidencia la oposición se empeñó en no hacer otra cosa que hostigarle sin descanso durante todo su gobierno.

Es curioso ver cómo aquellos que presumen de una superioridad moral y de una tolerancia inigualable, no lo demuestran cuando las cosas no salen como ellos quieren.

No recuerdo que durante ninguna de las dos presidencias de Obama se le haya hecho una persecución semejante a nivel mundial, como se hizo con Donald Trump.

Y es que queda claro, que cuando las cosas no son al gusto de la izquierda, arde Troya.

La Democracia es maravillosa cuando la izquierda puede manifestarse en la calle y romper y quemar todo, pero cuando el que se manifiesta y protesta pacíficamente contra las medidas de la izquierda es otro, ahí la democracia ya no sirve y hay que aplicar medidas estrictas de control y de represión. En ese caso, la policia opresora pasa a ser un aliado y las fuerzas militares, un recurso a tener en cuenta si hace falta más represión.

La Democracia ha demostrado ser la estrategia de acceso de aquellos que en realidad la usan para acceder al poder y una vez allí, instalar un gobierno totalitario.

Para airearme un poco de tanta polarización decidí ver el documental de Michelle Obama en Netflix, esperando encontrar un canto a la conciliación y al entendimiento democrático; pero para mí sorpresa, me encontré con un documental que resultó ser un canto al resentimiento.

Yo que veía a Michelle Obama como a la confirmación del sueño americano; una mujer afroamericana que estudió en Princeton y en Harvard y que llegó a ser primera dama; me encontré para mi sorpresa con anécdotas oscuras de racismo y de recuerdos de esos feos, que todos hemos tenido en nuestra vida, por muy rubios y de ojos azules que seamos.

¿Quién no fue alguna vez rechazado, discriminado, burlado, echado de un grupo, menospreciado o esnobeado?

Yo creí que Michelle Obama gozaba de una situación de compromiso y de privilegio, y que tenía también una responsabilidad de compromiso social conciliador.

Un compromiso destinado a curar desigualdades y no a seguir abriendo heridas y fomentando más división y resentimiento.

De más está decir que no me gustó cómo contó su historia, en donde no se nota el agradecimiento a un país al que debería querer. Sin embargo, en cada relato se percibe en ella un resentimiento y una falta de patriotismo casi alarmantes.

¿Qué esperar de quien accedió a todo y no es capaz de agradecer y dar un mensaje conciliador?

Después de ver el documental no me quedó ninguna duda de que esta grieta que promueve la polarización y que poco a poco se ha ido alimentando durante estas últimas décadas a nivel mundial, seguirá dando sus frutos.

Unos frutos amargos y destructivos que no fomentarán los principios del diálogo y de la comunicación que establece la Democracia, sino de confrontación y de rivalidad permanente, que imposibilitan cualquier proyecto común.

No hay recetas infalibles que aplaquen el resentimiento, porque todo depende de cómo cada uno viva, afronte y supere sus propias dificultades en la vida; pero la forma en que uno transmite sus dificultades es fundamental a la hora de curar o de perpetuar una herida.

No es lo que cuentas, sino cómo lo cuentas lo que definirá que tus interlocutores sanen o enfermen.

JR

“El Despotismo Suave”

De todas las formas de gobierno la más temida por la mayoría de filósofos fue siempre el despotismo.

Si tuviéramos que definirlo, diríamos que es la autoridad ejercida de manera absoluta y arbitraria, sin limitación alguna por parte de la ley o de otros poderes.

Si bien la Democracia en teoría nos proporcionaba la posibilidad de estar a salvo del despotismo, este estado de alarma eterno, nos ha desmentido con fuerza esta premisa.

Mucho se habla del temor al contagio, en una época en donde la pandemia azota al mundo entero, pero mucho menos se habla del temor a la pérdida de la libertad individual, a la que nos han condenado los gestores de esta pandemia.

La política y la salud van demasiado juntas en países como España y escasean profesionales especializados e independientes dirigiendo este tipo de crisis.

Lo que vemos al frente son personas sin ninguna experiencia sanitaria, utilizados como títeres del gobierno, que dicen o que callan, aquello que le conviene al presidente en cada momento.

“Hasta que no haya testeo masivo no podremos salir a la calle”- dice el científico de turno para respaldar nuevas ampliaciones del estado de alarma.

Y a continuación le preguntan: ¿Por qué no hacen los test entonces?

“Es que no hay tests para todos”- contesta el doctor.

Si la solución que ofrecen no está disponible, entonces la única solución es que este confinamiento despótico dure para siempre.

Si hoy no hay test para que podamos recuperar nuestra libertad individual ¿qué nos garantiza que en un año haya vacunas para todos?

La realidad es que los políticos de izquierdas parecieran estar utilizando a a la pandemia como estrategia para implementar un nuevo régimen y a los científicos, como a sus aliados políticos en la causa.

Por lo cual, no se le puede creer a ninguno. Mientras no haya una división clara entre sanidad y gobierno; no hay confianza posible por parte del ciudadano.

Y es que poco a poco, nos empezamos a parecer mucho a China. Allí, si un científico no dice lo que manda el emperador, muere misteriosamente al día siguiente.

¿Cuál es el límite entre la protección y la esclavitud?

Tocqueville hablaba sobre los grandes riesgos que podía sufrir la Democracia y especialmente sobre la posibilidad de convertirse en un “despotismo suave”.

“El peligro es acabar en una esclavitud ordenada, dulce y pacífica, bajo las directrices de un Leviathan amable”; que no necesita levantar la voz para que el pueblo le obedezca.

Hay una diferencia fundamental entre un déspota absoluto y un déspota suave, y es que el déspota absoluto propende a un daño físico más fácil de reconocer, mientras que el déspota suave hace un daño psicológico ( daña el alma).

Esta desviación política impone vivir bajo un tipo de régimen despótico- administrativo, en donde el déspota no tiraniza, sino que ejerce un poder “paternal” sobre ciudadanos inmaduros; moldeados al gusto de la opinión pública y que se van dejando “cuidar” hasta la esclavitud.

En países como éstos, el mayor riesgo del coronavirus no es para salud, sino para la Democracia.

El déspota suave pregunta: ¿Salud o libertad?

¿Salud o privacidad?

¿Salud o Economía?

¿Salud o Democracia?

Y el pueblo contesta: “salud”

¿No es eso Democracia?

JR

“El Estado Absoluto”

Hobbes nos describía a un hombre guiado por su instinto de supervivencia, que teme a la muerte y al dolor y cuya única forma de evitarles es bajo la protección del estado.

Nuestra naturaleza primitiva se puso en evidencia en aquellos días de terror y de compras masivas en los supermercados. La pandemia del papel higiénico expuso nuestro lado más salvaje, junto a la percepción del otro como al enemigo contagioso y dejó clara nuestra gran disposición a dejarnos proteger por un Estado benefactor y patriarcal; que lejos de limitarse a sus funciones, no ha dejado de obtener beneficios de una situación desesperada.

Las compras de material a empresas fantasmas chinas coinciden curiosamente con la falta de material en los hospitales y el inexistente testeo a la población.

Todos se preguntan adónde están esos cientos de miles de euros en material que se gastó y que escasea, pero en un Estado absoluto el ciudadano no tiene derecho a preguntar, ni a exigir ninguna respuesta.

Toda protección se paga con otro tipo de desprotección. Es como la manta pequeña que si te tapa los riñones, te destapa los pies.

La indefensión del ciudadano ante un estado absoluto es total y ya nos lo anticipó Hobbes en su conocido “Leviathan”, que frente a los abusos de un estado absoluto el ciudadano no tiene ningún poder.

Ese es quizás el precio de tanta protección y cuidado paternalista; en que uno al fin de cuentas delega su libertad y queda irremediablemente en manos del otro y ese suele ser el precio de toda dependencia.

Esta actitud temerosa y dependiente desenmascara la gran cobardía ciudadana; que para solucionar su miedo termina pactando con el diablo al precio que sea, con tal de sentirse seguro.

Nada resulta más parecido al Leviathan de Hobbes que este estado de alarma, con la diferencia que Hobbes proponía a un estado no intervencionista, y en nuestro caso, la intervención de la empresa privada ( aquellas que sobrevivan) será el próximo paso a seguir en este abuso de poder estatal y del que tanto disfrutan los políticos de izquierdas.

Mientras nosotros compramos papel higiénico, enseñamos aritmética a nuestros hijos, tememos a la policia y a sus multas, denunciamos a los vecinos que pasean sin perro y fuera del horario establecido por el toque de queda, improvisamos despacho en la cocina y perdemos nuestra fuente de ingresos, ellos van cortando nuestras libertades individuales, sin nuestro consentimiento y en pos de un virus terrorífico que podría matarnos.

El terror es el anzuelo de todo poder totalitario y a la vez es la gran oportunidad que les ha caído del cielo esta vez, para implantarnos, sin ninguna resistencia popular posible, un estado absoluto.

El Leviathan está aquí y es peor que el virus; porque a este monstruo no se le combate ni con jabón, ni con mascarillas.

JR

“Cuando la Política se desprendió del Buenismo”

Con los griegos ética y política iban siempre de la mano, porque no se trataba sólo de gobernar sino de gobernar éticamente.

En la Edad Media, que fue el resultado de la corrupción y el declive de los sistemas políticos romanos, la ética fue reemplazada por la teología; y religión y gobierno pasaron a ser lo mismo durante mil años.

Tomas de Aquino abrió el camino hacia la separación de estas dos fuerzas, pero fue Maquiavelo quien finalmente separó a la política de la falsa moral.

Si Maquiavelo tiene mala fama es porque consiguió darle a la política una autonomía hasta ahora inconcebible y la consideró como a una práctica totalmente separada, tanto de la ética como de la religión.

La política pasa a ser una herramienta específica para la acción de gobierno, que no es otra que la toma de desiciones en pos de resultados óptimos para la República.

La función de un gobernante es la de decidir; aunque no siempre sea para decidir entre un bien y un mal, sino también para decidir entre dos males.

Para Maquiavelo la política era una disciplina para conseguir los resultados deseados, que debían ser siempre los mejores para el bienestar de la República.

Habiendo sido un estudioso de la historia, Maquiavelo analizó con detalle todas las circunstancias políticas relevantes e hizo una recopilación de todas las tácticas, métodos y estrategias pasadas; y en el libro “el príncipe” concibe a la política como a un conjunto de acciones útiles, (no siempre ideales), para lograr un resultado óptimo.

Lejos de ser un promotor de tiranos, Maquiavelo fue un observador de la naturaleza real del ser humano y un promotor de la republica, dando pautas para conservarla, aún cuando por su natural tendencia cíclica, todos los sistemas políticos tiendan a un declive y a un reciclaje.

La utilidad es el punto clave de la política; siendo ésta la herramienta para lograr los beneficios necesarios para cada estado.

El problema con Maquiavelo es la mala interpretación que se le dio a sus reflexiones y el uso individualista al que fueron sujetas sus premisas y observaciones sobre las conductas humanas y políticas.

Pocas veces vemos hoy a los políticos pensar en el bienestar de la República por encima de sus intereses particulares.

La política se ha convertido en un medio para el bienestar personal del político y de su círculo de acomodados y sus desiciones poco tienen que ver con la búsqueda del bienestar del pueblo al que gobiernan.

Pero lo más curioso de todo este asunto es que utilizan una pseudoética para congraciarse con el pueblo.

Les gusta “hacerse los buenos” y el pueblo sigue sin entender que los políticos no están en su cargo para “hacer de buenos”, sino para tomar desiciones y para conseguir el progreso y el bienestar de su pueblo.

La política es una herramienta de trabajo en aras de resultados, no un altar en donde ser alabado, adular tus buenas intenciones y ocultar tu ineficacia

Costó siglos separar gobierno y religión y que cada rubro tuviese su sitio; para tener ahora que soportar a esta gentuza jugando a ser el Dalai Lama.

No votamos para Papa y no queremos políticos “hipócritas y santurrones”, sino políticos hacedores y eficaces que se atengan al respeto a la ley, la misma que acatamos todos.

Que cumplan con sus fines, que no deberían ser otros que nuestro progreso y bienestar en todos los ámbitos.

Ansiamos profesionales que utilicen a la política como a una herramienta y no como a un pedestal para ser beatificados.

La nueva ética es la de cumplir cada uno con nuestro trabajo y de manera eficaz.

No existe otra ética más loable que ésa, en momentos de crisis y de reconstrucción.

No queremos santurrones improvisados hablando con tono de párroco franciscano, sino líderes fuertes, firmes, trabajadores y profesionales.

JR

“Desafiar a la Simpatía”

Cuando uno hace la prueba y deja de leer el periódico o de ver las noticias, se vuelve sin duda una persona mucho más feliz.

No hay en realidad un gran misterio en este descubrimiento; la ignorancia siempre nos protege.

Aquel que ignora, transita mucho más tranquilo y liviano que aquel que conoce. Y la pesadez del informado es tremenda en algunos casos y muchos la evitan a toda costa.

Los informados son entretenidos un ratito, después de un rato, pedimos desesperadamente la presencia del payaso, para poder terminar felices la velada.

Solía admirar a esa gente que nunca sabía nada de la vida de los demás; esa falta de interés me llamó siempre la atención y la consideré en ocasiones, como a un exceso de prudencia, de saber estar, de respeto a la intimidad y de contención.

Pero con el tiempo, descubrí que lejos de todo eso, hay personas a las que el otro le importa realmente un carajo.

Esto no significa que preguntar sea evidencia de que el otro te interese, porque hay muchas preguntas que son más por compromiso que por otra cosa y preguntar se ha vuelto más un tic, que un interés real.

¿Cuántas veces le preguntamos a alguien “cómo estás”esperando el correcto “bien” y en cambio comienza a relatarnos cómo está realmente y queremos morirnos y nos arrepentimos automáticamente del acto reflejo de nuestra pregunta?

Pocos escuchan realmente al otro y se interesan por él; otros preguntan, ponen la mente en blanco y piensan en sus cosas o en lo que deberían estar haciendo en ese momento y los más hábiles, evitan directamente tanta diplomacia.

No es extraño que la gente recurra a los terapeutas; no buscando sanar, sino para tener a alguien que les escuche, aunque tengan que pagarle durante toda la vida.

Tampoco es casual que ésta sea la época de los coaches, que aunque estén enfocados principalmente en tu éxito profesional y te prometan resultados más rápidos que cualquier otra terapia tradicional, saben que aquello que necesita el cliente, sigue siendo un par de oídos disponibles.

Pero ser “todo oídos” es un arte. No es fácil escuchar todo lo que uno escucha; soportarlo, digerirlo y ni hablar del desgaste de llegar a sentirlo.

Escuchar es un trabajo sumamente agotador y estresante, y también lo es aprender a filtrar y mantenerse a salvo del contagio de los problemas ajenos y quedar igual de limpio que antes.

La contaminación con la basura ajena es muy probable, a menos que tomes tus precauciones o que realmente quieras hacerlo porque el otro de verdad te importa.

Por eso resulta importante saber a quién y cuándo preguntar. Y dejar de usar la pregunta como muletilla, si en verdad no nos interesa para nada la respuesta.

Pero lo más importante es aprender a dejar de responder con detalles, si intuimos que del otro lado hay alguien a quien no le importamos nada de nada.

Desafiando la dictadura de la transparencia contemporánea, uno debería mantenerse conociendo algunas cosas e ignorando otras y otorgarle el mismo derecho al otro.

Y aunque se sobrevalore mucho el saber, la realidad es que son mucho más felices aquellos que ignoran.

Por eso uno debería preguntarse a menudo cuál es su objetivo; ¿saber o ser feliz? Porque las dos cosas, no se dan siempre juntas.

Si lo único que te interesa es tu propia felicidad, lo mejor es asumirte egoísta y dejar de preguntar.

Uno debería también aprender a contenerse y volver a la fuente para reaprender aquel viejo consejo (incompleto) de Sócrates; “conócete a ti mismo, porque eres al único al que en realidad le importas tanto”

JR

“El Miedo Útil”

Batman cumplió 80 años y cómo diría Robin: detrás de todo murciélago se esconde un hombre enmascarado.

No sucede algo muy distinto con nuestro virus chino; murciélago mal cocido y perfeccionado en un laboratorio de Wuhan, desparramado por toda Europa y Estados Unidos durante meses, negada su letalidad desde Noviembre y acusada de racista cualquier precaución o intento de cierre de fronteras.

Pero lo que viene detrás del murciélago es mucho peor que la enfermedad, porque es un intento de comunismo enmascarado, envasado con forma de Democracia; pero que huele a podrido como siempre.

Mientras los lideres de izquierda disfrutan de la victoria de China en esta tercera guerra mundial contra el capitalismo (según dicen); una guerra ganada sin lanzar una sola granada, ni haber apretado el famoso botón con el que nos tienen siempre tan asustados; nos mantienen encerrados, empobrecidos, callados, vigilados y a los decretazos en un estado de alarma que les interesa mucho prolongar, para evitar el buen funcionamiento de las instituciones democráticas, empobrecer rápidamente a la clase media y crear más pobres sostenibles a base de las dádivas y subsidios del estado.

No es casual que en la era del buenismo ya no se ganen las guerras con ametralladoras, sino con medios de comunicación comprados, con invasiones disfrazadas de crisis humanitarias, (amparadas por la vocación de solidaridad de pueblos europeos con valores cristianos) y con virus y miedos al contagio de una población adicta a la buena salud y a la longevidad.

Es cierto que hoy las guerras son muy distintas. El enemigo ya no se muestra fuerte sino débil, ya no se muestra como victimario, sino como víctima y esta táctica resulta letal cuando se le aplica a pueblos de gente de buena fe y mal informada.

La bala del buenista nunca llega por donde te la esperas, sino justo por el otro lado.

El buenista ataca sin dar la cara y sin declarar la guerra, pero siempre recogiendo los beneficios de tu evidente derrota.

Muchos están cosechando los beneficios de este virus, empobreciendo a la clase media y dominando a la población, mientras hacen de superhéroes.

China se fortalece y junto con ella todos sus aliados; Rusia, Irán y aquellos paises latinoamericanos que reciben ayudas y suministros chinos con frases como “los hermanos sean unidos”.

Solidaridad comunista que devolverán muy pronto creando mas pobreza y más comunismo.

Da miedo ponerse una mascarilla enviada por China; alguien que fabrica un virus y luego te manda material para combatirlo… ¿No les suena a cuento chino?

Aristóteles fue sin lugar a dudas el promotor del camino del medio. Temía a los dos extremos; tanto a la tiranía de un poder oligárquico, como a la Democracia.

Si, para Aristóteles la Democracia era un extremo muy temido, el del poder del pueblo pobre; de aquellos que no estaban preparados para elegir un gobierno.

Su tan famoso “camino del medio” (la mesotes) sirvió como el gran impulsor para la creación de la clase media.

Por eso es que las Democracias sólo funcionan bien, en países en donde la franja más ancha de la población es la clase media y en donde el conflicto de clases no es ni tan fuerte, ni está tan extendido; sino que es un conflicto necesario, enriquecedor, constructivo y productivo.

En este tipo de estados, los extremos (ricos y pobres) ocupan porciones pequeñas del entero y la clase media es la franja más ancha y con más poder de desicion de las tres.

Este virus de murciélago enmascarado está justamente destinado a destruir a la clase media, al cimiento fundamental de toda Democracia óptima.

Casualmente, la clase media es inexistente en los regímenes comunistas.

¿Dónde quedó, por ejemplo, la clase media venezolana?

La Democracia era una de las “deformaciones” más temidas de Aristóteles, porque colocaba las desiciones más importante en manos de aquellos que estaban menos preparados para decidir sobre el bienestar de la polis.

Y tenía razón en temerle porque hoy en día, existen Democracias que impulsan a personas no aptas para sus funciones, enmascaran tiranías y utilizan “miedos útiles” para deslizarnos hacia el abismo.

JR

“El Ego Confinado”

No hay nada más difícil en esta vida que aprender a desaparecer.

El confinamiento no sólo nos ha hecho desaparecer de las calles, que hoy lucen preciosas sin el componente humano y la aglomeración, sino que nos ha condenado también a una desaparición en el ámbito social.

Hoy la gran mayoría de la población no tiene necesidad de vestirse, de maquillarse, ni de prepararse para salir y ser visto.

Y esta transparencia doméstica a la que nos ha obligado la pandemia, resulta relajante para algunos, (esos que disfrutan de un espacio en blanco entre tanto colorido) y sumamente estresante para otros.

No han sido pocos los que se han volcado a las redes sociales como locos, a hacer lo que sea, con tal de no desaparecer de la mirada externa; y son esas personas para los que la atención, resulta ser tan adictiva como la heroina.

Muchos se han aficionado a plataformas como tik tok o Instagram y han comenzado a subir historias de todo tipo, con la excusa de mantener entretenidas a las masas o vigente su imagen de persona pública.

Algunos han decido exponer su confinamiento familiar, sus pijamas de pandemia y demás intimidades, con la intención de entretener a la gente y evitar que se aburra.

Pero uno se queda dudando, si es en realidad la gente lo que de verdad les importa.

Si te empeñas en investigar un poco, existen exposiciones en este confinamiento para todos los gustos.

Personalmente, considero a la gente con capacidad para la invisibilidad como a gente especial.

Volverse invisible es un arte que no maneja la mayoría de las personas y cuando tienes la oportunidad de estar con alguien así, sientes que presencias un milagro.

Esta pandemia nos ha traído mucho sufrimiento por las personas enfermas, pero también nos ha dado la oportunidad de hacer muchos descubrimientos personales. No todos agradables, pero todos provechosos.

Este es un tiempo de invisibilidad profunda, de mascarillas que cubren la mayor parte de nuestro rostro, de distancias obligatorias, silenciosas y temerosas del contagio y del otro.

Pero la invisibilidad a la que yo me refiero, poco tiene que ver con el cuidado y con la preservación de la salud propia. No es una invisibilidad que me protege, sino una que se entrega.

Este otro tipo de invisibilidad abarca y no separa. Es una invisibilidad que tiene que ver con el desapego del yo y del mi.

Desgraciadamente, no todo son cacerolas y agradecimientos a las 8 de la tarde. Y los mismos que golpean eufóricos las cacerolas a una hora, a la siguiente y con la misma mano, redactan una carta al personal sanitario que vive en el edificio, solicitándole que se mude para no poner en riesgo al resto de propietarios.

Hay mascarillas que ocultan una gran miseria humana y que seguramente prevengan el contagio del coronavirus, pero no ayuden a dejar de ser una persona de mierda.

Y es que se nos está yendo mucha gente buena, generosa, entregada, invisible. Y nos quedan muchos sanos, llenos de gel desinfectante, mascarillas de protección triple A, cristales de coche anti Coronavirus y corazones de piedra.

Quedan muchos sanos, pero podridos.

He oído a muchos que se dicen religiosos hablar del Apocalipsis y de Purificaciones, con cara de piedra y sin quitarse la mascarilla.

¿Qué significa “purificar” para un hombre verdaderamente religioso?

Algunos consideran a la purificación como a ese consagrarse dentro del grupo del pueblo elegido; se purifica el mundo cuando mueren todos menos yo y los míos.

Pero para aquel capaz de hacerse invisible, la verdadera purificación empieza por casa.

La purificación para el verdadero santo, no tiene forma de pueblo elegido, ni de plaga, ni de arca, sino de cruz.

JR

“Retrato de un Infectado”

Si todo viaje nos desapega de lo cotidiano y nos hace conscientes de que poseemos una liviandad extraña a la que percibimos como libertad, el encierro nos proporciona justamente la sensación contraria.

La pesadez de los días que se van tornando casi todos iguales, junto a las mismas caras que se conjugan además, con la falta de ocurrencia para los menús del día y para los juegos y entretenimientos compartidos.

Pero toda esa problemática tan habitual y masificada, se vuelve frívola en el momento en el que aparecen los síntomas del virus en tu casa.

Entonces, aquel encierro pasa a ser el paraíso, frente al encierro de aquel que empieza a sentir que la muerte por coronavirus no era algo de lo que morían los otros, sino algo que empieza a pasarle a uno.

Hoy no es tiempo para enfermos y si te enfermas, lo mejor es curarte en casa para no ir a parar a un gimnasio lleno de camas, en donde serás un número entre miles y en donde estarás totalmente aislado de tus familiares hasta que te den el alta o mueras.

Frente a los síntomas del contagiado, uno al principio lo minimiza, luego si avanza lo asume y acata entonces las normas del paracetamol, que es totalmente inútil para curar el coronavirus, pero que es el remedio que dan a todos los gilipollas que llaman por teléfono.

Mientras te dilatan la muerte con paracetamol en casa, por si te mueres antes de gastarles un test o de ocuparles una cama, genial.

Y sino, puedes volver a insistir y pedir una cita para que te hagan el test en un par de semanas, dando tu dni y tus datos para que ellos te tengan localizado y controlado.

Si no llegas vivo a la cita, genial, entonces no estarás en el conteo de muertos por coronavirus y así reducirás el número de víctimas publicadas oficialmente.

Si en cambio resistes y te presentas al test y das positivo, entonces sabes que no verás más a nadie y que te recluirán inmediatamente en un predio con camas de militares de campaña.

Muchas personas, frente a aquel escenario desolador, intentaron huir para volver a morir o a curarse en casa, pero fueron más tarde denunciadas por familiares o vecinos, localizados por la Policia y devueltos al predio hospitalario de las camas de campaña.

Por eso la mayoría no vamos a ir a hacernos el test.

Como la medicina privada fue intervenida ni bien empezó la cuarentena, da igual que hayas pagado toda la vida una mutua privada; hoy irás directamente al hospital público, para dejarles el sitio en la clínica privada a los políticos de izquierdas y a sus familiares, que evitan los hospitales públicos a toda costa.

Una vez dentro del predio público empieza el otro viaje, aquel en el que descubres que no eres nada, ni eres nadie.

Unos enmascarados te revisan dos veces al día y te medican con cosas que nadie sabe que son y si no te coges algún otro virus hospitalario, puede ser que con el tiempo te recuperes y vuelvas a tu casa.

O que no tengas tanta suerte y la cosa se complique y no dispongas de un respirador a tiempo para poder salvarte la vida.

En ese caso, te embolsarán junto a los otros cientos de cadavéres diarios y te llevarán a la pista de patinaje sobre hielo habilitada como morgue.

Esta pandemia es también un viaje sin duda hacia una muerte desagradable y solitaria como nunca nadie se la imaginó.

Uno siempre fantaseó con una despedida, con el calor de la gente cotidiana alrededor, con esos últimos mensajes, esos últimos abrazos, ese cariño queal final de cuentas, es lo único que va a extrañar.

Lo más duro de esta pandemia es la soledad mortal a la que nos condena.

Una muerte en la más absoluta soledad, rodeados de astronautas encapuchados desconocidos, como si fuera uno el último protagonista de una película de ciencia ficción.

Frente a tal escenario uno se mantiene encerrado en casa con alegría y va buscando en las redes muchas sugerencias de medicación que puedan serle útiles y si tienes mucha suerte, te encuentras en el viejo cajón de las medicinas de casa aquella caja de pastillas contra la malaria, que tu hijo se olvidó en casa cuando se fue a trabajar a Nepal.

Y entonces, pasas a considerarte salvado.

En el fondo sabes muy bien que la azitromicina a tiempo y el Hydroxychloroquine que recomendó Trump es lo único que te puede salvar de terminar en el predio de las camas de campaña.

Y aunque se haya prohibido su venta al público para desestimar su recomendación (porque la izquierda odia mucho más a Trump de lo que le interesa combatir al coronavirus) es sin embargo, lo que está salvando a mucha de la gente que se cura en casa.

Paralelamente nos intentan lavar ahora la imagen de China, pero hay que ser muy estúpido o muy comunista para no ver quienes fueron los que crearon, silenciaron y desparramaron por occidente el virus chino. Dejaron abiertas sus fronteras todo el tiempo y cuando remitieron los casos en su país y estallaron en Europa y en USA, se cerraron al mundo.

Este virus es un viaje, pero puedes elegir de la mano de quien lo haces, mientras tengas disponibles las opciones.

JR

“El Profesorado en Tiempos de Pandemia”

La pandemia ha reflejado claramente la falta de digitalización en la mayoría de las escuelas primarias, secundarias y universitarias.

Durante estos días de encierro, muchas fueron las escuelas que mandaban un temario con deberes para que madres, padres y alumnos, se arreglaran solos con el programa del curso en casa.

Ante la desesperación de los padres en buscar plataformas virtuales con los temas escolares de los niños; sumado a su propio teletrabajo y a la presión por hacerlo bien, para no entrar en la lista de despidos de la empresa; las primeras semanas de encierro se volvieron un caos.

Mandar deberes no es enseñar. Mandar un temario para que aprendas por tu cuenta y de plataformas digitales, no es enseñar.

Siempre consideré el trabajo del maestro como algo relativamente cómodo y compatible con la vida familiar; muchos meses de vacaciones, las mismas fiestas de los niños y descuentos en los centros para tus propios hijos.

Pero sobre todo en tiempos de pandemia, ser profesor pareciera ser un verdadero chollo; cobrar sin dar ni siquiera una clase virtual, ni una explicación sobre ninguno de los temas.

“Nos conectaremos para ver si hay alguna duda” era la consigna de muchos profesores de primaria y secundaria durante estas semanas, una vez por semana.

No señor, usted debería montarse en su casa un aula virtual, con una pizarra o una cartulina blanca detrás y enseñar como si estuviera cumpliendo con su horario habitual (que por supuesto seguimos pagando, sin ningún tipo de descuento, mientras hacemos homeschooling)

Mientras las madres enseñan a sus hijos, van descubriendo también, que el trabajo del profesor analógico en el aula se ha vuelto prescindible.

Existen hoy en día múltiples plataformas de homeschooling con clases virtuales sobre distintos temas escolares, con profesores que tienen ganas de enseñar y que se esfuerzan por tener muchas visitas en sus sitios web.

Por lo cual, suelen brindar clases on- line entretenidas y didácticas para que sus alumnos aprendan y se enganchen a sus plataformas.

Muchas instituciones educativas alegaban como excusa que no se encontraban preparadas para una situación así.

Y la verdad es que nadie se encuentra nunca preparado para una pandemia, pero la digitalización no es un tema que haya aparecido esta mañana.

Seguir insistiendo en una educación del siglo XIX es resistirse a los cambios y también negarse a evolucionar con ellos.

Por supuesto que es difícil al principio, pero el tiempo nos ha demostrado que era urgente.

Y sino, vean ahora lo desfasados que están y el trabajo que han delegado en los padres.

Lamentablemente, nuestra percepción de la educación escolar no será la misma después de la pandemia.

Han quedado en evidencia los métodos viejos, la falta de iniciativa y de preparación del personal docente, la pereza de un rubro que enseña sin ganas, ni entusiasmo, y sobre todo, la gran apatía que demuestran hacia el mundo digital que les espera a nuestros jóvenes, que gracias a esta pandemia han descubierto infinidad de plataformas virtuales, que en muchos aspectos, realizan un trabajo mejor que el vuestro.

Lo triste para algunos de nosotros y lo liberador para muchos también, será descubrir que muy pronto, los estudiantes ya no les necesiten presentes en el aula para aprender.

JR

“La Era del Social Distancing”

El miedo suele mostrarnos más de lo que creemos. El miedo descubre al desamor, descubre a la cobardía, a la falsedad en los sentimientos y también en los ideales.

Una cosa es la afirmación del sentimiento o de la virtud en la seguridad y otra muy distinta, en los momentos de temor.

Son pocos los que atraviesan el temor igual de firmes e íntegros que la bonanza.

El miedo es algo que habíamos logrado erradicar en aras de un mundo seguro.

La seguridad era un artículo de lujo y un invento occidental por excelencia, que nos hizo creer durante mucho tiempo, que si podíamos acceder a ella, no teníamos nada mas que temer.

Pero frente a una pandemia como ésta, ya no se está seguro de nada, ni de la vida, ni de los ideales, ni de los afectos.

La gente empieza a alejarse cada vez más cuando percibe en el otro un peligro para su propia seguridad. Y lo hace naturalmente y sin necesidad de que la obliguen.

Las relaciones se vuelven más frías, más distantes, más desconfiadas. Las parejas duermen en cuartos separados, los hijos ya no besan, ni abrazan y todos miran con recelo al infectado con síntomas; ignorando que quizás ellos fueron los portadores silenciosos que le infectaron.

El peligro está en el otro y de esa distancia de seguridad depende la mía.

El mundo que nos espera en los meses siguientes a la cuarentena será decisivo; no sólo en nuestra percepción del otro, sino también en nuestra capacidad de controlar y de superar nuestros miedos.

Ya están los movimientos comunistas esperando con ganas el declive económico; lo esperan como la oportunidad para echar por tierra a los gobiernos parlamentarios y democráticos y para cambiar un sistema económico capitalista, al que detestan desde hace décadas.

Y lo dicen sin pudor en las redes. Ellos son los únicos contentos con la epidemia, los portadores silenciosos de un nuevo ideal político, social y económico tiránico, que incluye el pensamiento único, el control total del ciudadano, de la prensa, de los datos, de los números, de la información, la dependencia total del estado y el dominio total de una población aterrada y que se deja hacer, sin resistirse demasiado.

La pandemia es la oportunidad que muchos han estado esperando durante décadas. Y el miedo es tierra fértil, al igual que la cobardía de una población que resulta fácil de manipular con frases hechas y eslóganes bonitos, cuando se siente insegura y frágil.

Muchos son los cambios que vendrán en los países más débiles y con menos recursos, o de gente cobarde, buenista, poco inteligente o bien pensada.

Es bonito ser bien pensado; pero no cuando te gobiernan oportunistas; en ese caso, es un peligro ser demasiado ingenuo o demasiado educado.

El Presidente español, actualmente aliado de comunistas, se presenta como buen manipulador, haciéndose el bueno y diciendo a los jóvenes que seguramente el coronavirus se cargará su futuro. Ya no podrán estudiar sin trabajar hasta los 30, como hacían hasta ahora, porque el estado de bienestar se verá limitado por todo lo que se está gastando en salvar a los ancianos.

Han estudiado muy bien los mensajes que deben llegar a la juventudes votantes, que pronto echarán la culpa de todos sus males venideros a los viejos.

Ellos, que eran la generación del bienestar gracias al sacrificio de los abuelos españoles, tendrán que salir a buscar trabajo por primera vez en su vida en un mundo sin empleo. Pobrecitos. No es de extrañar que luego de semejante mensaje, comiencen a caer abuelos por los balcones.

Hay técnicas de desunión que son tan maquiavélicas y tan evidentes para los mal pensados como yo. Técnicas tan burdas como hacerse el bueno sin serlo y echar la culpa de tus malas gestiones a la franja más débil de la población.

O disfrutar de lo cristalinas que están las aguas sin gente y de cómo corretean las ardillas por los parques; ese tan normalizado “el mundo verde se lo merece”.

Si, el mundo, claro, se merece que desaparezcan todos menos yo.

La cosa empieza a cambiar cuando la que muere es mi madre y no la tuya.

Cuando eras tú el que tosía, el mundo se lo merecía; cuando empiezo a toser yo, entonces esto es una injusticia sin ninguna explicación.

El social distancing da una perspectiva muy distinta de las mismas cosas.

Pero a medida que las cosas se acercan y te tocan, uno ya no es ni tan bueno, ni tan solidario, ni tan profético, ni tan democrático, ni tan valiente, ni tan ecologista como antes.

Por eso aprender a dominar el temor para no arriesgar los principios, resulta ser hoy tan importante.

Que el social distancing no nos sirva para seguir alejándonos y para hacernos cada vez mas cobardes; sino como perspectiva para poder ver mejor las cosas que vendrán, si no las paramos a tiempo.

JR

“Filosofía de la Inmediatez”

Estudiar filosofía no te convierte en un filósofo, ni estudiar medicina te garantiza ser capaz de curar un virus, porque una cosa es la mecánica de una disciplina y otra muy distinta es la creatividad; una cosa es saberte el manual de memoria y otra muy distinta es ser capaz de crear un manual nuevo.

Con esta pandemia pasa lo mismo, se mitigan los síntomas, se atienden las urgencias con lo conocido, con aquello mismo con lo que curamos lo de siempre; pero frente a lo desconocido el manual ya no sirve o ya no basta.

Y lo mismo sucede con la organización de un estado frente a una pandemia.

No hay una única opción que sea válida para todos, sino que cada opción tiene que ir de acuerdo a la realidad de cada estado.

No es lo mismo gestionar una pandemia en Alemania que en Bolivia o en Brasil.

El mismo manual no sirve en esos casos y copiar del compañero en el examen puede no traerte los mismos resultados.

Es aquí cuando se pone en juego la creatividad y la libertad de cada uno; porque para crear hay que liberarse de lo establecido y del temor que implica innovar.

Cuando la pandemia comenzó en China, cerrar las fronteras o prohibir la entrada a los chinos en Europa o en Estados Unidos, era para el buenismo europeo una medida “racista”.

Había que seguir recibiendo a los chinos en masa e incluso hacer campañas como la del alcalde de Florencia “abrace a un chino” para mostrarle al mundo lo abiertos que eran los italianos.

Una semana después, Italia se convirtió en un cementerio. Pero al menos habían demostrado que no eran racistas y eso parecía ser para algunos políticos lo más importante.

Ahora China ya pasó el virus y lo primero que hizo fue cerrar sus fronteras. Pero ellos curiosamente no son tildados de racistas, sino de precavidos.

Ahora intentan además, ser los salvadores, ellos, tan comunistas, tan crueles y genocidas con su población, los silenciadores de la mortalidad de su virus desde el principio; hoy sin embargo, parecen ser los buenos de toda esta historia.

Y es que tanto buenismo mata y no sólo mata neuronas.

Si Platón es el filósofo del mundo ideal, Aristóteles es el filósofo de la inmediatez, de lo que sucede en cada momento como viene y como es, sin divagaciones ni sueños.

Y es que Aristóteles fue un clasificador nato, un filósofo de lo útil, de la resolución de lo cotidiano.

Lo mismo pasa en el amor; está el amor platónico y está el amor aristotélico.

El platónico es un amor ideal, divino y buenista; el aristotélico en cambio, es ese amor real que se levanta todas las mañanas a hacer algo útil por ti.

El platónico es más romántico mientras que el aristotélico es más práctico y eficiente.

Todos sabemos cuan complicadas son las decisiones en tiempos de pandemia y se ve mucho amor platónico en esta cuarentena; mucho lavado de manos al estilo Poncio Pilatos; mucho ecológico deshumanizado y sin estudios y mucho filósofo de la Edad Media pronosticando castigos y profecías.

Pero es la inmediatez y su eficacia lo que nos salvará, tanto en lo sanitario como en lo económico y en lo social. Esa mirada científica que clasifica y descubre lo mejor para cada uno en cada momento.

“El objeto condiciona el método” nos diría Aristóteles, obligándonos a repensar lo pensado y a acomodar la observación a cada circunstancia y a cada realidad.

Y es que a veces, la creatividad nace rompiendo barreras para crear nuevos moldes, aunque los demás te critiquen.

Es un momento de experimentación, de trabajo, de constancia y de resistencia; tanto para el que lleva semanas encerrado en un piso de 10 metros cuadrados con niños pequeños, como para los profesionales de todos los ámbitos.

Necesitamos encontrar, no aquello que funcione bajo condiciones ideales, sino aquello que funcione bajo condiciones reales.

Y en la política necesitamos menos divagues y amores platónicos y muchos mas eficaces Aristóteles.

JR

“Aprender el NO”

Quienes han vivido en estos últimos 40 años han conocido un mundo que no volverá a ser igual.

Estos individuos se han criado en un mundo analógico que vio nacer a un mundo digital; y estas personas hoy pueden relatar la experiencia de una infancia muy distinta a la actual y tener la sensación de ser muy viejos, sin serlo.

Lo que da la sensación de ser viejo, no es la edad, sino las experiencias distintas vividas. Quien ha vivido vidas diferentes a las que habita actualmente siente la sensación de haber vivido más.

En cambio, quien ha vivido siempre lo mismo, no madura, aunque se vuelva físicamente viejo.

Las vidas monocromáticas no dan perspectiva ni profundidad, sino que se estancan en la frivolidad de “lo mismo de siempre” que detiene la mirada y genera enfermedades propias del aburrimiento; como son la depresión, la obesidad y demás trastornos alimenticios, la obsesión por la belleza, la imagen, la salud, los viajes, los bienes materiales, el éxito, el sexo y demás obsesiones que generan motivos superficiales de demencia.

La demencia de la post guerra era el resultado de experiencias traumáticas vividas, mientras que la demencia actual es generalmente el resultado de la frivolidad y del aburrimiento en el que se vive. Los tiempos demasiado cómodos generan personas enfermas de falta de un sentido profundo de la vida.

Hemos comprobado que en épocas de paz, de estabilidad y de Democracia son otras las enfermedades que prosperan y se caracterizan generalmente, por la inconformidad permanente y por la falta de voluntad para la superación; tanto de lo cotidiano, como de lo inevitable.

Esta es la época de la “asistencia” en donde el individuo necesita ayuda para todo.

Es una época marcada por la medicación y por los “coaches”y ha criado a individuos incapaces de bastarse por sí mismos en casi nada.

Somos una población de gente dependiente y deprimida, pero que justifica su incapacidad de bastarse solo con la “necesidad social”, una que desde afuera se observa como una carencia profunda de voluntad y de fortaleza.

La culpa suele estar puesta en el otro o en el entorno social que nos rodea, evitando así la responsabilidad personal y la superación individual.

La gente no puede hoy en día ni hacer gimnasia sin alguien que le venga a buscar a su casa y lo saque a pasear como si fuera un perro.

Y esto que nos resulta tan moderno y normal, es un síntoma de ausencia de voluntad y de falta de autonomía muy grave.

Quien tiene todo, sin haber conocido el no tenerlo, suele sentir que siempre le falta algo. Y está en su derecho a sentirlo, porque lo que le falta es la experiencia de haber producido dicho cambio por sí mismo.

Quien sólo ha conocido las experiencias del “si”, necesita la experiencia del “no” para poder notar la diferencia.

El estado Democrático como padre protector y uno mismo como padre carnal, prefiere evitarle toda experiencia dolorosa a sus hijos, pero que a la larga, demuestran haber sido necesarias.

Los últimos 70 años marcaron un mundo sin grandes guerras; los combates se privatizaron y se sectorizaron, al igual que lo hizo la economía y la vida de los ciudadanos; y el bienestar general que proporcionó la Democracia se extendió promoviendo libertad, educación, derechos e igualdades de todo tipo.

La generación de los millenials vivió este apogeo de libertad, de derechos y de igualdades, pero no siempre lo apreció, porque quien no conoce lo diferente, permanece incapacitado para realizar una valoración adecuada.

Curiosamente, quienes más traumatizados estamos hoy con esta pandemia somos quienes menos cambios hemos sufrido en nuestra propia vida.

Y utilizo la palabra “sufrir” porque los cambios se reconocen como cambios porque duelen. Lo que no duele, no es cambio, sino simplemente una alternancia en la postura.

El número 40 en la historia de la humanidad es un número que siempre simbolizó el cambio.

Cuarenta fueron los años de las tribus en el desierto, cuarenta los días y cuarenta las noches del diluvio, cuarenta los días de Jesús en ayunas en el monte de los olivos y cuarenta son hoy los días que se estipulan en una cuarentena ante una pandemia.

El 40 es el símbolo de algo que cambia para convertirse en algo distinto a lo que fue, pero con dolor.

La cuarentena nos cuesta más a aquellos grupos acostumbrados a la bonanza, a la libre expresión, a la protesta permanente y a la malcríanza que nos ha generado la Democracia, en donde todo es posible, porque todos tenemos voz.

No es de extrañar que valoren más la Democracia los grupos que conocieron otra cosa distinta. Y que la rechacen y la desprotejan, justamente aquellos que desconocen totalmente las otras opciones.

El grupo más joven es justamente el que menos valora y agradece la Democracia y es también el que más celebra las muertes de las personas por esta pandemia, en pos de la naturaleza. Miedo daría quedar en manos de una generación tan ecológica, tan ignorante y tan práctica y cruel.

La Democracia es el “si” por excelencia.

La generación que sólo ha conocido la vida en Democracia y en liberad tiene durante éstos 40 días de cuarentena, la oportunidad de aprender una palabra desconocida para ellos y sin duda la más difícil del diccionario: “NO”

JR

“La Ecología en Tiempos de Pandemia”

Si hay un colectivo que disfruta en estos tiempos de pandemia es el colectivo de los ecologistas.

Nada es permanente, “sólo el cambio permanece” decía Heráclito allá por la antigua Grecia y tomar conciencia de nuestra naturaleza no permanente, suele despertar algunas conciencias que se sienten eternas.

La contaminación tampoco será permanente, ya que las pandemias se encargarán de reciclar el ambiente cada tanto, por lo cual, los ecologistas pueden seguir durmiendo tranquilos.

Hoy los más fanáticos de Greenpeace disfrutan de cada muerte porque les dará cinco minutos más de glaciar, y mientras no sea ni su tía ni su madre, quienes reduzcan un par de grados la temperatura del planeta, todo habrá valido la pena y nos habrá salido muy barato.

¿Qué son acaso 10.000 muertes en un mes, si conseguimos que haya cisnes en los canales de Venecia?

-“Nos compensa perder a algunos, con tal de preservar el planeta”_ dicen los eco-friendly.

Y su argumento es totalmente cierto, pero estas almas caritativas, nunca se ofrecen como voluntarios para este imperioso reciclaje. Curioso ¿verdad?

El problema con el aislamiento y el racionamiento actualmente, parece ser que nadie da de comer a las gaviotas en las Islas Canarias, ni a los gatos callejeros de Madrid y éstos empiezan a mostrar su lado más salvaje ante la escasez.

Por lo cual, la presencia humana, tan contaminante por cierto, servía al menos para civilizar a las fieras.

Siempre recuerdo una historia rumana de la época del comunismo. Había tanto hambre en Rumania que los perros callejeros se habían vuelto lobos y si te cruzabas con uno por el campo te devoraba.

La gente mataba perros como si fueran hienas. Y esto mismo pasa en todos los paises pobres. Los perros allí no son esos animalitos indefensos occidentales y con derechos.

Los animalitos monísimos del National Geographic también son muy ecológicos y si ven una presa humana a su alcance en un día en que tienen hambre, no se lo piensan dos veces y lo hacen por el planeta.

Hay que reconocer que es increíble ver cómo cambia el paisaje con algunos hombres menos. Los índices de mortalidad son inversamente proporcionales a los índices de contaminación. Cuantas más muertes, menos contaminación.

Ahora entiendo a la juventud europea y americana que persiste en el botellón multitudinario. No son malos, sino sabios.

Saben hacer cuentas y calcular que cuantos más viejos mueran, menos polución habrá.

Al menos hasta que empiecen a llegar ellos mismos a urgencias, no por el Corona virus, sino por los picotazos de las gaviotas hambrientas de la playa.

El problema con esta generación de ecologistas es que generalmente no crean empleo ni bienestar. Viven del bienestar creado por las generaciones que les preceden, pero no saben realmente hacer nada más que protestar.

Son como los hijos inútiles de los padres ricos. Esos que nunca lograron nada por sí mismos y lo saben.

Para olvidarlo se drogan y se emborrachan y llegan a la mansión de papá en estado de coma, para reprocharle que su problema es que les ha faltado cariño, cuando en realidad, lo que les ha faltado es hambre.

El hambre transforma mucho, motiva, moviliza y convierte a lo doméstico en salvaje, a la debilidad en fortaleza, al capricho en disciplina, a la carne fofa en músculo y a la manía en mano de obra.

¡Ay! ¡Dios nos libre de quedar vivos y a cargo de esta generación de blandos, alérgicos, inútiles, drogadictos y ecológicos!

Pero aún así, no puedo evitar seguir maravillándome con los bajos índices de polución que nos deja esta pandemia y me pregunto si los chinos no podrán la próxima vez mutar un poco más al murciélago y darle un envión, para que la selección mortal empiece la próxima vez por otro lado.

¡Qué limpios estarían los cielos, cuánto menos colapso tendríamos en el consumo de internet, de electricidad, de comida, cuánto menos gastaríamos en universidades, reduciríamos el narco tráfico, el consumo de alcohol, los atentados terroristas, las violaciones, los accidentes de tráfico!

Y así, mientras ellos ruegan por que se respete la cuarentena en la próxima epidemia que les afecte principalmente a ellos, los mayores podríamos hacer botellón y ocuparnos de lo verdaderamente importante: seguir alimentando a las gaviotas.

JR

“La Hipocresía en tiempos de Pandemia”

Lo único que nos salva en estos tiempos de encierro a los ciudadanos es el humor.

La gente se cura riéndose de sus propias desgracias y de su propia ridiculez en tiempos de desgracia y no hay nada que enferme más que la seriedad.

Abundan también las cadenas solidarias y los mensajes empalagosos que intentan convencernos de que el Corona nos trae la oportunidad de amar, de unir y de volver a plantearnos el sentido de la vida.

Particularmente, no he sufrido ningún tipo de transformación mística, quizás porque siempre he hecho lo que tenía que hacer aunque me costara, y no he llevado una vida que me convoque a grandes arrepentimientos, ni a cambios de rumbo urgentes.

Y para ser totalmente sincero, si salgo vivo del Corona, volveré a ser el mismo de siempre.

Sobre la oportunidad de amar al prójimo que plantean algunos en épocas de pandemia, tampoco estoy demasiado convencido.

En épocas de pandemia la gente se aísla, teme por su propia vida y la vida de quienes tiene a su cargo y evita todo contacto con alguien más, a menos que su trabajo esté en juego.

Si eres médico, enfermero, policía, farmacéutico o cajero de un supermercado, no te queda otra opción que estar allí, poner el cuerpo con la equipacion adecuada y darlo todo; pero la solidaridad para el resto de los ciudadanos, existe únicamente a golpe de WhatsApp.

En tiempos de pandemia todos nos amamos a distancia y móvil de por medio. La caridad tiene ahora unos límites de un metro bien definido. Y el confinamiento obligado, nos proporciona la excusa perfecta para no mover un dedo por nadie.

Y aunque los políticos intenten convencernos de que esto es una guerra, el comportamiento en tiempos de pandemia no es igual al de la guerra.

El ser humano se vuelve muy mezquino en épocas de pandemia, aunque se empeñe en hacer creer a todos lo contrario.

En la guerra, el individuo pone el cuerpo, en la pandemia lo esconde.

La guerra nos obliga a ser valientes, mientras que la pandemia nos permite seguir siendo unos cobardes.

Hay pocos generosos y entregados y generalmente, son aquellas personas que menos apegadas están a la vida.

Otra contradicción en los tiempos de pandemia es la poca empatía social de los que se autodenominaban socialistas y humanitarios y la poca fe de aquellos que se creían hombres de fe.

Todos aquellos que juraban creer en una vida mejor después de la muerte, hoy curiosamente no parecen estar ni tan entregados, ni tan convencidos de sus creencias.

Están igual de desesperados que los ateos, que sostienen que después de esto no hay nada más.

La fe no es rezar para que pase lo que tú quieres, la fe es entregarse a que pase lo que tenga que pasar.

Y es por eso, que el terror a la muerte de la gente religiosa nos alerta sobre su falta de fe y de religiosidad, así como la falta de solidaridad, deja al descubierto a los falsos socialistas y a los feministas millenials del cambio climático.

Un hombre de fe es un hombre tranquilo; aún en tiempos de pandemia. Y un hombre digno es un hombre coherente.

Otro agradable entretenimiento en este encierro son las cadenas de los alegres ecologistas, que disfrutan de las aguas cristalinas de Venecia, ahora llenas de cisnes y de patos, las calles vacías de Roma, la reducción del smog en ciudades como Madrid, que ahora brilla con cielos azules, pero que nos han costado ya más de mil muertos.

Es curioso ver a esta gente tan eco-sensible disfrutar de tanta pureza a costa del reciclaje humano y del derrumbe de las economías. Que todo estará más limpio cuando estemos todos muertos, eso es seguro.

Y volverán los cisnes y las aguas transparentes, las ballenas y los glaciares para el deleite de Greta Thunberg y de los sensibles millenials.

Hay que cuidarse de lo que uno desea con tanto fanatismo, porque a veces, se hace realidad y hasta resulta que con viento a favor, no se mueren sólo los viejos.

El encierro cuesta al principio, pero poco a poco, uno va acostumbrándose a él cada vez más.

Durante las primeras semanas nos pica todo el cuerpo, pero en las semanas siguientes, uno se deja de rascar.

Después de todo, antes del encierro también vivíamos cada uno en nuestro mundo virtual, el encierro exterior no es tan distinto a nuestro ser interior, ni al confinamiento digital en el que habitamos habitualmente.

Seguramente las semanas siguientes a la liberación, valoraremos volver a andar por la calle, circular libremente o ir al trabajo; pero mucho me temo que seguiremos distanciados del otro, tocaremos menos, estockearemos más y olvidaremos pronto.

La humanidad se repone a todo, sigue adelante y resetea, pero el distanciamiento, la frivolidad, la estupidez y la desconfianza seguirán creciendo, por mucha cadena sentimental que enviemos por WhatsApp.

JR

“La Pandemia del Papel higiénico”

El pánico suele desatar todo tipo de reacciones porque nos alerta sobre la posibilidad inminente de morir; o simplemente nos hace conscientes de nuestra inevitable mortalidad.

El Corona virus, que no es un virus que provoque diarrea, ha desatado sin embargo, formas muy peculiares de locura.

La obsesión por estoquear papel higiénico ha sido increíble durante los días previos a la cuarentena, como si todos deseáramos llegar al cielo con el culo limpio.

La compulsión enfermiza hacia este artículo, que ha desatado incluso peleas en algunos supermercados y ha sido trending topic en las redes sociales; ha puesto en evidencia que nuestra postura ecológica sobre la moderación en el consumo de papel, es en realidad una falacia políticamente correcta apropiada únicamente para tiempos no pandemicos.

Aunque debemos reconocer que no todos están tan alarmados; a mí me han llegado convocatorias para discotecas bajo el lema “fiesta del Corona virus” para este fin de semana, junto con promociones tan tentadoras como: “los primeros 100 en llegar a la fiesta tendrán mascarillas gratis”. Y tengo que reconocer que sólo por conseguir la mascarilla hubiera ido; ya que las mascarillas escasean aún más que el papel higiénico.

Mientras unos bailan y propagan el contagio, disfrutando de las vacaciones universitarias, nosotros cuidamos niños y abuelos en casa, cerrando nuestros locales de trabajo y observando las recomendaciones de cuarentena que nos ha trasmitido la OMS.

En fin, a veces me pregunto si el virus más peligroso de todos, no será esta generación ecológica de descerebrados que se viene.

Es cierto que los datos sobre las víctimas de este virus aumentan en algunos países, pero también nos demuestran que todos aquellos países que cerraron a tiempo sus fronteras, no tienen hoy la pandemia y han logrado erradicar la enfermedad rápidamente.

Aún recuerdo las condenas a Rusia por racismo y por estigmatizar a los enfermos, cuando en Enero, Putin decidió cerrar sus fronteras para evitar la propagación del virus.

Viendo los resultados, ha quedado demostrado que una buena reacción, y a tiempo, tiene sus beneficios, aunque toda la izquierda inclusiva te acuse de loco y de racista por impedir que entre una epidemia peligrosa a minar tu población.

Ver a esta pandemia como a una oportunidad política para algunos, debería ser nuestra obligación en momentos como éstos, ya que las diferentes reacciones de los distintos jefes de estado en estos casos, exponen sus diferentes intereses y posturas.

El alcalde de Florencia por ejemplo, montó una campaña anti racista promoviendo los abrazos a personas chinas unas semanas antes de tener que cerrar la ciudad, dejando claro que el extremismo en la corrección política es mortal cuando se mezcla con la estupidez de izquierdas.

La presencia de una pandemia en los Estados Unidos podría ser quizás lo que necesitaban los demócratas para desestabilizar el gobierno de Trump y poder debilitar su exitosa economía, crear el pánico y lograr así, dar vuelta un resultado casi inevitable: Trump 2020.

Hiciera lo que hiciera Trump con respecto al virus, iba a ser juzgado sin piedad por sus adversarios demócratas y considerado mal hecho. Si cerraba las fronteras como hizo Rusia, las ordas fanáticas de izquierdas habrían reaccionado como lo hicieron contra el muro, porque para la izquierda todo es racismo y discriminacion. Hagas lo que hagas, digas lo que digas, ellos tienen preparado al colectivo de ofendidos, que saldrá a la calle a reclamar y a romperlo todo sin mascarillas.

Pero no hay nada que enseñe tanto, como los números y el tiempo.

Hoy podemos observar que cerrar las fronteras era sin duda, la solución adecuada y que el supuesto racismo y la estigmatizacion de controlar a todos los viajeros que procedían de lugares de riesgo, era algo imprescindible para evitar los contagios masivos.

Ojalá tomemos nota y aprendamos que a veces, cerrar es proteger y proteger a la ciudadanía es la función que tiene todo mandatario de estado.

Actualmente la economía ha colapsado, los sistemas sanitarios no dan abasto y sus empleados están al borde de la locura, y casi sin tiempo para canalizar la angustia, ni en la fiesta del Corona, ni arremetiendo sin control contra el papel higiénico.

JR

“Las Oportunidades de la Pandemia”

Muchas son las posturas frente a la posibilidad de una pandemia.

La prensa disfruta de la rentabilidad de las desgracias, las bolsas caen mientras muchos se enriquecen durante las caídas, las empresas fomentan el stock de alimentos e impulsan la previsión frente a la amenaza, los restaurantes y los espacios públicos multitudinarios se vacían y los políticos utilizan la desgracia y empiezan a echarse culpas unos a otros, de las malas gestiones y del origen de todos los males, mientras aprovechan la oportunidad perfecta para distraer la atención de la población de otros temas candentes y a los decretazos van virando el sistema de gobierno ajustándolo a sus intereses particulares.

Lo cierto es que los métodos comunistas siempre fueron muy prácticos contra la superpoblación. Ellos evitan los congresos, los acuerdos, los derechos humanos y van directos al laboratorio.

Y es que en épocas de bombas nucleares y de longevidad, ya no hay posibilidad de grandes disminuciones de población y se hace lo que se puede para quitarse a algunos de encima, reducir gasto y de paso aludir a que todo es en favor de reducir la polución medioambiental.

Antiguamente las guerras cumplían una función de limpieza y reciclaje; pero hoy las guerras ya no son como las guerras de antes, ni los glaciares se descongelaban tan rápidamente, ni los números eran los mismos.

Hay claramente una franja de población productiva y otra que no lo es. Casualmente el virus afecta a esta última franja; los ancianos y los enfermos, a quienes se considera una carga muy alta para la economía de los países.

Quizás por eso, al final de cuentas, unos cuantos miles de pensiones menos, se termine considerando como un beneficio para algunas economías y compense el no cerrar las fronteras a tiempo.

Mientras los políticos intentan quedar bien apelando a la libertad del individuo a circular libremente, los sistemas sanitarios se colapsan de gente que ante un estornudo se presenta en los hospitales creyendo que se muere.

Y como no podía ser de otra manera, la izquierda vuelve a sacar la bandera del racismo; que es el encargado de patrocinar todas sus campañas y sus eventos.

Frente a cualquier oportunidad sacan la misma bandera y logran acomodarla a toda ocasión. Como aquel cartel de “Feliz cumpleaños” que venimos reciclando en casa desde hace una década; cumpla quien cumpla, el cartel siempre está ahí, listo para volver a colgarse en el cumpleaños de 2 años de un sobrino o en el de 85 del abuelo.

Racismo o no racismo, si los rubios de ojos azules portaran un grano contagioso, yo también intentaría evitarles, por muy rubios, altos y de ojos azules que sean. El miedo es el miedo y no entiende de colores.

La prensa se ocupa primero de hacerlo crecer y después castiga al oyente por temeroso y además por racista. Y es que la prensa es un negocio de ida vuelta, no tiene pérdida; crean al monstruo primero y luego debaten en cómo hacer para derrocarlo. Así son. Y así somos de inocentes.

Resulta un poco triste vernos a todos tan aferrados a la vida, por muy miserable que ésta sea; en momentos de pandemia todo aquello que antes despreciábamos lo apreciamos ahora, como si fuera maravilloso.

Mientras era vida era ignorada; pero con la posibilidad de una pandemia, lo opaco se vuelve brillante, único, adorado, irreemplazable.

Son muchas las oportunidades que trae la pandemia.

Mientras unos la utilizan para inventarse nuevas conspiraciones imperialistas de Trump, otros están encerrados en los laboratorios de Estados Unidos e Israel trabajando en la vacuna que protegerá al mundo entero.

Cada uno elige a quien creer, pero es importante observar qué cosas ha logrado cada uno; más que escuchar bonitos y victimistas discursos, es importante remitirse a los hechos y a los resultados.

Como siempre y frente a cada cosa existe una oportunidad. Y cada uno decide cuál es la suya.

Lo mismo que unos usan para crear, lo utilizan otros para destruir, el mismo dedo que unos usan para acusar, lo usan otros para curar y la misma pandemia que nos vislumbra la posibilidad de morir, puede servirnos como la oportunidad para valorar la vida que tenemos.

JR

“Avanzar en Equilibrio”

La sociedad va avanzando espasmodicamente y como es nuestra costumbre, lo nuevo siempre nos deslumbra y nos arrastra.

Lo triste es que con la incorporación de lo nuevo, comenzamos a perder aquello viejo que también era valioso; por lo cual, en realidad no avanzamos nunca.

Se pierde por un lado, lo que se gana por otro y estas mudanzas, no constituyen en realidad verdaderos mejoramientos.

La sociedad se enriquece con las nuevas tecnologías, se agiliza el trabajo y se acortan las distancias, pero a su vez, vamos perdiendo capacidades sociales, tiempo de reflexión, memoria y esa creatividad que radicaba en todo lo esencial o primitivo.

El nuevo abanico de entretenimiento se considera ahora casi como el único espacio creativo.

Pero el entretenimiento como concepto, es el espacio que existe entre dos acciones.

Entre hacer y hacer uno se entretiene. ¿Pero dónde empieza y termina el hacer, en un mundo que está permanentemente entreteniéndose?

Las nuevas generaciones ya no ven el valor, ni encuentran el tiempo para los encuentros físicos, fuera del espacio virtual del entretenimiento.

(Nos vemos en la play, en WhatsApp, en snapchat, en instagram, en Tiktok).

Conozco jóvenes que evitan a conciencia el espacio físico y a toda costa, porque les cuesta la expresión oral y ni que hablar de la escrita, si no disponen de un teclado con emoticonos.

Y es que vamos enriqueciéndonos con artes nuevas, pero perdiendo a la vez nuestros antiguos instintos.

Es triste recorrer pueblos con ancestrales tradiciones que no tienen ya quien las continúe ni las preserve. A nadie le interesa el queso que hacían los abuelos, ni las plantas medicinales indígenas que curaron a tantas civilizaciones.

Las personas mueren y junto con ellas, muere toda esa experiencia y sabiduría.

Las nuevas generaciones están demasiado entretenidas para poder ocuparse de nada más.

Tuve un jardinero hace unos años que me enseñó todo sobre las plantas de mi jardín. Yo sabia que no estaría conmigo toda la vida y necesitaba aprenderlo todo, para cuando él ya no estuviera.

Trabajábamos codo a codo cada día que venía. Aprendí a sembrar, a podar cada planta, cada árbol, a pasar la sopladora, la cortadora, a resembrar y a fumigar los frutales.

“Usted robarme trabajo” me decía entre risas, mientras compartíamos tardes de instrucción, anécdotas, guantes, palas, bolsas de tierra y macetas con flores.

Hoy el ya no está conmigo, pero conozco mi jardín y sé llevarlo bien.

Cuando trabajo en él, suelo llamar a mis hijos para enseñarles, pero ellos están siempre demasiado ocupados con el entretenimiento digital y dando likes a las causas de Greta Thunberg.

Y entonces pienso …”cuando yo ya no esté, ¿qué será de mi jardín?”

Hay en la novedad millones de posibilidades y oportunidades maravillosas, pero hay en lo sencillo; milagro, fortaleza y tesoro.

No hay que olvidar que Colón encontró el nuevo mundo navegando en una carabela y Galileo con una lupa descubrió más que cualquier otro, con mucha más tecnología años después.

El hombre tecnológico gana en efectividad y rapidez lo que va perdiendo en memoria, en reflexión, en atención, en perseverancia, en silencio, en instinto y en fortaleza.

Existe en lo esencial un secreto que se desvela sólo a quien está dispuesto a escuchar y a volver de tanto en tanto, a las raíces.

JR

“Especial”

Existe en esta época una tendencia a sentirse especial. Y todos hemos aprendido poco a poco, a sentirnos especiales.

Este mal, nació con la publicidad y con el consumo. “Eres tan especial que te mereces este coche, este viaje, o esta casa”. Y así la gente especial, hipotecaba su vida para vivir de acuerdo a su gran importancia.

Antiguamente, la gente se sentía corriente y no tenía tantas pretensiones, estaba contenta con la vida, con sus logros y no sentía que mereciera tanto más de lo que tenía.

El individualismo es sano en cuanto nos da autoestima, empuje y seguridad, pero en su extremo, hace que perdamos la noción de nuestra verdadera valía, colocando nuestras aspiraciones particulares muy por encima de donde deberían estar.

El individualismo extremo prioriza lo particular por sobre lo colectivo. Ya no importan las causas, sino mi beneficio particular.

Hoy las causas importan en la medida en la que beneficien mi imagen o mi cuenta bancaria.

Las causas tienden a parecerse más a una estrategia con un fin individualista, que a la disolución de lo particular en pos de un ideal más grande.

Otro problema con sentir que uno es especial es que va asociado al pensamiento de que uno merece algo, y su resultado no siempre es el trabajo acorde a ese merecimiento, sino el reproche.

Uno le reprocha a la vida no haberle dado algo, que a su parecer se merecía. Esa sensación de que la vida está en deuda con nosotros.

¿Pero quién es uno para merecer algo? Uno es una persona corriente como todas las demás. ¿Y por qué justamente yo voy a merecer algo más?

La realidad es que ninguno de nosotros es especial. Solamente aquello que hagamos con nuestra vida puede hacer que nuestras acciones sean especiales. Es lo que hacemos, no lo que somos, lo que nos hace especiales.

Uno es especial para su madre, para su abuela y para su hermano. Porque lo especial que uno pueda ser para otro, tiene que ver con el vínculo, pero no es una cuestión de naturaleza.

Lo único que nos diferencia es la acción. ¿Qué has hecho con tu vida? ¿Has dejado algo bonito en el planeta, si tuvieras que marcharte hoy?

Sentirse especial no nos ha ayudado tanto como creemos, al contrario, ha generado mucho resentimiento, mucha envidia y mucha depresión. ¿Cómo es que yo que soy tan especial, no tengo esto o aquello?

Y el problema es que nos cambia el foco. El hecho de “ser” o “existir” no es lo que nos hace especiales, sino nuestra obra durante esa existencia.

Una característica de las personas que se sienten especiales por naturaleza es el desagradecimiento; que a mi parecer, es el peor de todos los defectos.

Quien se cree especial no agradece porque siente que está en su derecho a recibir.

No se sorprende, ni se asombra de lo que recibe. Lo da por hecho. Y generalmente nunca queda contento. Nada es suficiente para alguien tan especial.

Y esa falta de agradecimiento, de contento, de sorpresa y de alegría es su propia amargura.

Las personas corrientes siguen asombrándose del cariño que reciben, sin sentir que se lo merezcan. Cada cosa que reciben de la vida es una fiesta.

Muchos son los males que aquejan a esta época de confort. Pero el más dañino ha sido el sentirse tan especial. No lo somos.

Y cada cosa que recibimos, debería ser una fiesta.

JR

“El ego pregunta: ¿Por qué a mi? Y el alma responde: ¿y por qué no?

“Época de Correcciones”

Uno corrige cuando se ha equivocado y podríamos definir a la acción de corregir con la de deshacer aquello que estaba hecho porque se le considera erróneo, falso, incompleto, injusto o hiriente.

Muchas son las correcciones a las que esta época nos impulsa y existe a mi parecer, un despertar de la sensibilidad, que a veces resulta ser bastante extremo y partidista.

La corrección política se ha impuesto como norma diplomática vital del existir.

Uno ya no puede ir por el mundo diciendo lo que piensa y no basta ya con disimular, como hacíamos hasta ahora.

Desde pequeños se nos enseñaba que decir la verdad podía ser en ocasiones ofensivo y entonces, uno aprendía a callarse ciertas cosas, en pos de una buena convivencia.

Pero ahora vamos un paso más allá. Ahora no sólo se deben callar verdades evitables en pos de una vida civilizada, sino que debemos empeñarnos en hacer que lo falso sea verdad.

De niños observábamos a nuestra madre ser simpática con aquella vecina a la que odiaba y uno aprendía con el ejemplo sobre corrección política; o en otras palabras, aprendía a ser un falso.

Hoy sin embargo, hemos ido más allá, ahora los niños nos observan aclamar a viva voz las virtudes y hazañas inexistentes de la vecina a la que odiamos.

Ya no se promueve el disimulo diplomático y la corrección política, sino la mentira descarada y su propagación indiscriminada.

Igual que el agua caliente, todo tiene sus grados. Una cosa es un disimulo en aras de una buena convivencia y otra, la instauración de la hipocresía como norma absoluta.

Mi bisabuela que era una persona extremadamente positiva y educada, insistía en ponderar siempre a todo el mundo.

Una tarde charlaba con el verdulero del barrio; el pobre era feo y tenía un solo diente. Pero mi abuela que era tan educada, le decía con toda su buena intención:”¡Ese diente que tiene señor Mario, qué bonito es!”

Por supuesto que debería existir un límite, entre la educación extrema, la falta de educación y la hipocresía radical, pero aunque parezca mentira, ese límite no es tan fácil de encontrar. Y menos ahora, en donde todos se ofenden por cualquier cosa.

En estos años hemos aprendido que ofenderse es un negocio. El que se ofende gana siempre y el que dice la verdad es quien debe pedir perdón.

Hoy tenemos correcciones hasta en la Historia. Si no nos gusta, puede cambiarse, derrumbarse o quitarse de los libros, en aras de no herir ninguna sensibilidad que esté a flor de piel.

Todos sabemos que la historia de la humanidad fue un asco; pero lo que sucede, es que la vida antiguamente también era un asco.

¡Uno sólo piensa en volver a 1990 a vivir sin wiffi y se quiere morir!

¡Imaginad entonces, lo que sería la Edad Media, el Imperio Romano, el Renacimiento, la primera y Segunda Guerra Mundial! ¡Toda vuelta atrás sería un verdadero castigo!

Pero que algo no te guste, no significa que no haya existido.

La historia de la humanidad es la que es; violenta, olorosa, contaminante, carnívora, sanguinaria, injusta, bélica y cruenta. Lo importante es conocerla, aprender y tirar para adelante.

Porque seguir mirando hacia atrás y cultivar odios ancestrales, no ayuda, ni cambia nada.

Aunque no vamos a negar que los políticos saben que desenterrar odios, hace campaña y da muchos votos.

Otro rasgo peculiar de la relación de nuestra época con la Historia es el complejo.

Hoy la población blanca se ha asumido como culpable de todas las desgracias del mundo. Y lo hemos hecho a conciencia y con buena voluntad.

Poco a poco, se nos ha ido responsabilizando de cosas que no hemos presenciado más que en Netflix o en los libros de historia. Pero como debemos disculparnos de alguna forma por todo, nos vemos obligados a corregir.

La compañía de aviación escandinava SAS hizo pública una publicidad en la que intentaba promocionar sus destinos en Escandinavia, pero que escandalizó a los escandinavos.

En la publicidad se informaba que en Escandinavia no había en realidad nada que fuera realmente escandinavo. Todas aquellas cosas por las que uno viajaba para conocer el país, eran en realidad extranjeras.

Ni la repostería, ni las sillas, ni las albóndigas y hasta los vikingos, parece que tampoco eran los rubios que pensábamos que eran.

¿Qué diría Ragnar Lothbrock de tanta corrección histórica?

Yo tenía ganas de ir este verano hacia el norte, pero después del anuncio de SAS, creo que al final me saldrá más barato pasarme una tarde por Ikea.

Se advierte claramente una intención conciliadora e integradora en el comercial, pero…¿hace falta? ¿y en qué medida?

¿Vamos a tener que modificar nuestra historia para no herir a nadie y para que incluya forzosa y falsamente a todos?

¿Vamos a tener que renunciar a nuestra cultura, a nuestra identidad, para que nadie se ofenda? ¿O con permitir la expropiación cultural será suficiente? ¿Adónde está el límite? ¿Habrá un límite?

Hoy enseñar Historia o Filosofía es un riesgo que no todos están dispuestos a correr. Demandas, protestas, manifestaciones fuera de clase, son el pan de cada día. Hay que enseñar con mucho cuidado porque hoy, todo hiere a todo el mundo.

Hasta Sócrates y Platón están siempre en el banquillo de los acusados en las universidades americanas, por avalar la existencia de esclavos en el siglo V a.c.

¡Cuidado! porque todo lo que digas ha de ser utilizado en tu contra siglos después, y mirado a través de una lente posmoderna ecoliberal.

Por eso recomiendo siempre a todos aquellos que tengan asistencia doméstica o profesional de cualquier tipo, a que actúen y se deshagan de ella, antes de que sea demasiado tarde y evitar que sus tataranietos escupan en sus tumbas.

En Ciencias en cambio, todo parece ser mucho mas tolerante. Aunque yo siempre consideré a los números primos como súper racistas.

¿Por qué el 4 es discriminado y no puede ser un número primo? ¿Con qué derecho? ¿Y por qué los números llevan el artículo masculino?

Tiempo al tiempo compañeras y compañeros; la reivindicación llegará pronto porque no hay límites para el absurdo.

Y nosotros los arrepentidos, seguiremos eternamente culpabilizándonos, bajando la cabeza y corrigiendo.

JR

“ El Distrito Rojo”

El formato digital nos ha permitido acceder a muchas cosas, sin tener que movernos de casa.

Antiguamente, para saber lo que era un distrito rojo, uno debía adentrarse en zonas poco seguras de la ciudad.

Hoy en cambio, el distrito rojo está a un sólo clic de tu ordenador o de tu teléfono; solamente tienes que entrar en instagram o en algunas otras plataformas para ver la cantidad de mujeres y de hombres exponiéndose semi desnudos, a todas horas y en todas las circunstancias imaginables.

Sin tener que pagar entrada ni reservar un Vip, uno accede hoy en día, a contenidos sugestivos y casi pornograficos,de personas que desean conseguir atención como sea.

En la época de la propiedad privada, lo único que parece no ser privado, es la intimidad.

Uno, que creía que sólo debía ser íntimo con los más íntimos, descubre a estas alturas de la vida, que la intimidad es pública y que se vende muy bien en la red.

Es curioso que en esta época en que los partidos de izquierdas han logrado resucitar el boom del feminismo del siglo XIX, movilizando a masas juveniles en pos de una causa que reacciona ante la represión; (cosa que ni conocen, ni vivieron los jóvenes occidentales actuales) y en donde se manifiestan como abusados y exigen no ser tratados como objetos sexuales, pero cuando llegan a casa, se disfrazan de cabaret y suben sus fotos provocativas y sus vídeos sugerentes a la red.

En casa nos enseñaban a que si uno quería respeto, debía respetarse primero a sí mismo. Hoy, imagino que existen otras opciones.

Según me han informado, los creadores de este tipo de plataformas son gente muy cool, generalmente de izquierdas y afiliadas a movimientos verdes y sostenibles, pero que cuando ven una oportunidad, nunca la desaprovechan.

Y observando el gap de niños menores disponibles, estos maravillosos y solidarios humanistas, han creado ahora Tic toc; una aplicación en donde los adolescentes y los niños también pueden jugar a estar en el barrio rojo de Amsterdam.

Todo muy cool, muy inclusivo, muy liberal, muy fluido y progresista.

Son muchos los cortocircuitos a los que estamos sometidos diariamente; y el doble discurso y la doble moral, son sin duda la tendencia.

Uno tiene que cuidarse, porque cualquier denuncia a todo este exhibicionismo virtual es rápidamente tildado de fascista y condenado en aras del libre albedrío de la juventud.

Lo asombroso es que esta nueva generación en luz roja, cree estar creando contenido en la red, sin darse cuenta de que en realidad trabaja en pos de su propia cosificacion y explotación sexual.

Siempre me consideré una persona liberal, pero en esta época y viendo el espanto que veo, suelo sentirme a veces como si fuera un monje budista.

“Las sombras de Grey” es ahora la Biblia de una generación que dice sentirse abusada y utilizada como objeto y que reclama a los gritos a las madres, criar a hombres “buenos” y no machistas; pero a la vez, aspira a pasar noches de torturas sexuales con alguien como Grey. ¿A que todo esto, suena un poco contradictorio?

Y uno acaba sospechando de que esta postura tan victimista es en realidad, una estrategia para enmascarar otras cosas; entre ellas la normalización de la promiscuidad, la vanidad y el exhibicionismo y después, el poder echarle la culpa a otro, de lo que uno se hace públicamente a sí mismo.

JR

“Experiencia y Preparación”

Cada vez nos lleva más años estar preparados. A la escuela le sigue la universidad, luego la especialización y luego el máster, y así nos pasamos media vida, preparándonos para poder hacer algo.

Cuando leo biografías antiguas me llaman mucho la atención, aquellos personajes que a los 30 años ya habían conquistado medio mundo, estudiado 3 carreras o escrito 5 libros y que a los 50 años, se morían con todo ya hecho.

Hoy en cambio, los individuos de 30 años están aún preparándose para ver si consiguen hacer algo interesante a los 50.

Afortunadamente, la longevidad nos ofrece más años para actuar y para estar preparados. Pero el problema surge, cuando tanta preparación es acorde a un mundo viejo y no se amolda a las realidades que nos tocará afrontar.

Uno se prepara, pero luego siente que no estaba preparado para lo que le sucede, porque lo que nos sucede, no estuvo nunca contemplado en esa preparación.

¿Pero cómo prepararse para lo desconocido o lo incierto?

Desgraciadamente, no hay sistemas que te preparen para lo desconocido, porque toda preparación sistemática, se basa en el conocimiento de lo ya conocido.

Y la única forma posible de abordar lo desconocido, es incentivando la espontaneidad.

La espontaneidad es una respuesta inmediata que escapa a toda preparación. Porque lo espontáneo es justamente aquello que no está preparado.

Si la preparación nos da seguridad, la espontaneidad en cambio, nos da miedo.

Pero dominar el miedo, resulta fundamental para crear y para sobrevivir en un mundo nuevo.

La educación tradicional, basada en la incorporación de conocimientos, no siempre incluye ni valora la espontaneidad.

El repetir de memoria, el recordar fechas exactas o detalles poco relevantes, son su prioridad, mas que fomentar la libre interpretación, la asociación, la investigación o el debate.

Cada vez que me encuentro con estudiantes secundarios me comentan que odian la materia Filosofía. Y la odian, porque lo único que no hacen en clase, es filosofar.

Lo que se enseña en la clase no es Filosofía, sino “la historia de la filosofía”.

Ellos aprenden sobre todo lo que pensaron aquellos que pensaron. Pero no aprenden a pensar.

Ni Sócrates ni Platón estudiaron filosofía, porque ellos “hacían” filosofía. Y la filosofía que ellos hacían, no era una preparación sobre el pasado, sino una actividad para el presente y para el futuro.

Los alumnos de hoy, sólo repiten el pasado. Salen de clase siendo expertos en historia de la Filosofía, pero no salen siendo filósofos.

Existe una diferencia fundamental entre la filosofía occidental y la oriental y es que la filosofía occidental piensa sobre las cosas y la oriental busca la experiencia de las cosas.

Mientras occidente “pensaba” y disertaba sobre la luz, oriente buscaba “ver” la luz.

De hecho, en la India nunca existió una palabra que pudiera traducirse como “filosofía”. La palabra más parecida era “darshan” y significaba “ver”.

Oriente nunca buscó “filosofar” sobre la luz, sino “ver” la luz.

Hay muchas maneras de prepararse y todas ellas son sumamente valiosas; pero si fuésemos capaces de fundirlas y de abordarlas todas sin miedo, seguramente nos encontraríamos mejor preparados, para todo aquello que no admite preparación.

JR

“Elogio a la Terminación”

Nada me resulta más placentero que estar con gente normal. Y cuando digo “normal” no me refiero a gente perteneciente a un estrato social o económico medio o parecido al mío, sino a gente que se comporta de forma natural esté donde esté, sin intentar ser algo que no es.

Da igual que sean ricos, riquísimos, medios o paupérrimos, intelectuales, artistas, científicos o empresarios; lo asombroso es encontrar a gente que sigue siendo natural, a pesar de su circunstancia.

Todo poder confunde porque acarrea una sensación de omnipotencia, que tiende a hacer creer a todo individuo desprevenido, que es inmune a todo.

Por eso, ante cualquier situación de éxito es importante no perderse nunca de vista y no dejar de ser el mismo de siempre. O como cantaba Serrat: “uno sólo es lo que es y anda siempre con lo puesto”

Existe en esa conciencia o en esa aceptación de ser lo que uno es, una sensación de relajación. Y en aquel que la posee, se nota.

El poder o la fama hacen olvidar en ocasiones, que uno sigue siendo igual de frágil que antes y que está igual de expuesto al dolor que antes; aunque la sensación de poder y la adrenalina del éxito nos refuercen en lo contrario.

No es casual que a todos nos extrañe mucho más la muerte de alguien poderoso, famoso o rico, que la muerte de alguien desconocido o corriente, porque asociamos al poder y a la fama con la capacidad de ser invencible.

Si alguien famoso muere es increíble, pero si muere un vecino, nos parece sumamente normal.

No vamos a negar, que ante cualquier dificultad, el poderoso dispone sin duda, de muchos más recursos para superarla. Y que la enfermedad, la cura, o la seguridad no es la misma, para unos que para otros.

He tenido estos días, una sensación ambigua con la muerte del famoso baloncestista Kobe Bryant, a quien se le han hecho múltiples y emotivos homenajes; casi como si hubiera muerto un santo. Y muy poco se ha hablado sin embargo, de las otras 7 personas que este hombre decidió transportar en su helicóptero aquel fatídico día, en que no se recomendaba volar por exceso de niebla.

Kobe Bryant era un atleta famoso y parece que se lo hemos pasado por alto. Y es que a la gente poderosa, suele olvidarse muy a menudo, de que también es mortal.

El poder acarrea un tipo ceguera específica, que la persona corriente no padece. La persona sin poder, se sabe indefensa, se sabe expuesta a múltiples peligros y al dolor en general. El poderoso sin embargo, es más propenso a padecer la prepotencia de quien se cree invencible.

Lejos de pretender vivir en un estado permanente de pánico o de ansiedad, poseer este tipo de conciencia de la propia limitación, ayuda mucho a vivir y a disfrutar de las cosas buenas.

La conciencia de la terminación de la vida, hace que uno se empeñe en disfrutarla con cabeza, la conciencia de la salud, hace que uno se esmere en valorarla y la conciencia de la posibilidad de la pérdida o del dolor, hacen que uno aprenda a ser agradecido en la felicidad.

Siempre asocié a la eternidad con un letal aburrimiento, porque todo aquello sin final, termina siempre por dormirnos o cansarnos.

Y paradójicamente, aquella tan temida noción de final, es la que nos alerta, nos activa y nos despierta.

JR

“Patada de Gol”

Todos sabemos que Harry no trabajará jamás en un Mc Donald’s y que seguramente jamás en su vida tenga que soportar ni a un jefe, ni a un cliente.

Y que vivirá siempre como un príncipe (como hasta ahora) de la herencia millonaria y de las propiedades que su madre ha puesto a su nombre.

Pero lo importante de todo este episodio, poco tiene que ver con Harry; ese pelirrojo fiestero y problemático que siempre dio por culo en palacio y al que no le gusta la prensa, ni ser figura pública y que para preservar ese aclamado perfil bajo, se casó con una actriz de Hollywood.

Muchas son las incongruencias del pelirrojo ecologista y malcriado al que además, la droga le ha minado muchas neuronas.

Pero lo realmente importante de todo este mediático episodio es sin duda, la actitud de la reina y la enseñanza que nos deja.

Pocos son hoy en día, los monarcas que nos infunden tanto respeto y que dan ejemplo como ella.

Antiguamente, los reyes eran ejemplo de virtud; de fortaleza, de estoicismo, de valentía y de comportamiento en general. Y el pueblo percibía en ellos, aquel linaje divino, al que debía imitar.

Hoy la mayoría son una panda de vagos que viven de fiesta en fiesta con dinero público; aunque por suerte, nos queden algunas raras excepciones.

La maravilla de este episodio fue la patada en culo de la reina Isabel. Algo a lo que debemos atender y tomar nota todos los padres de esta generación de jóvenes eternos, de innumerables derechos y de escasas obligaciones.

La reina dijo basta, porque decir basta es educar. Limitar el capricho, la manía, el antojo,la flojera, la demanda permanente, limitar el derroche con lo ajeno, la ostentación como perfil, la desvergüenza de vivir eternamente de prestado, limitar la excusa y la crítica; es educar.

Y es cierto que en algunos aspectos es mucho más fácil educar a un hijo siendo pobre, que educar a un hijo siendo rico.

Al hijo pobre se le dice “te daría, pero no hay” en cambio al hijo rico hay que decirle “hay, pero no quiero darte más”.

El “basta” sólo se dice cuando hay, pero consideramos que ya ha sido suficiente.

En esta época emblemática y de múltiples reclamos de abusos, el único tipo de abuso sin organización ni marcha, es el abuso a los padres.

¿Hasta cuándo mantener a vagos y cómodos que no son capaces de buscarse la vida? ¿Hasta cuándo soportar a estos jóvenes comunistas de salón que tenemos en casa, que critican nuestro voto, nuestra vida, nuestras convicciones, pero son incapaces de buscarse un trabajo y salir de este hogar opresivo?

¿Hasta cuándo esperar a que los principitos encuentren el trabajo acorde a su carrera, a sus principios, a su alto nivel de vida y sin sentirse presionados por un jefe o humillados por no entrar como directores de empresa?

Las excusas de las nuevas generaciones son múltiples y coloridas. “Que en esta época no hay trabajo, que en esta época no hay oportunidades, que en esta época ya no les va a quedar ni el hielo del planeta.”

Y yo pienso en aquellas generaciones de la post guerra, de ciudades arrasadas e industrias minadas y en cómo lograron sobrevivir.

Hoy si al joven le duele el cuello quince minutos, pide cita en el fisio y reclama que es urgente. Porque ya no saben ni tomarse un ibuprofeno, ni cambiar de postura y ni hablar de aguantar un poco de incomodidad.

Yo voy por los baños de mi casa recolectando los botes de dentífrico que mis hijos tiran a la papelera como si estuvieran vacíos, porque no saben apretar. Aprieto y enrosco desde abajo como hicimos toda la vida y aún queda siempre más de la mitad del bote.

Me tomo el tiempo y les enseño a estos niños ecológicos del use y tire (y que no vivirán nunca una guerra) a que en casa se aprieta bien, se aprovecha todo y se reciclan todos los mediodías las sobras de la cena.

Ellos saben de memoria que odio a los ecologistas fanáticos y me lo dicen; pero lo que pasa, es que al final, los no ecológicos usamos menos frascos, cambiamos menos móviles y usamos menos ropa. Y también, vamos a menos marchas y llamamos menos la atención.

El hijo de un amigo mío le pide dinero a su padre para llevar su coche al lavadero de coches. ¿Pero cómo a un lavadero, si eres pobre?

“Cojes un cubo y una esponja y limpias el coche como hicimos en casa toda la vida”.

Esto es lo que tiene educar, que es un verdadero dolor de muelas.

Y cuánto más adultos se hacen, más seguido hay que darles esa mediática y necesaria patada en culo; cómo muy bien nos enseñó la reina.

JR

“La Madre Patria”

Demasiado revuelo ha desatado últimamente la propuesta del pin parental; un sistema tan lógico como vigente actualmente en Occidente; ya que todos los padres hoy en día, son informados y requeridos a dar su consentimiento ante cualquier tipo de actividad extraescolar; ya sean salidas fuera del centro, como cursos o charlas fuera del programa académico.

Esta alternativa partidaria de la opción y de la libertad de elección, hoy parece sonar extraña y correr peligro en manos de las políticas de la ultra izquierda.

Algo tan común en nuestros tiempos como es la libertad individual comienza poco a poco, a plantearse como algo extraño, incluso fascista, para los colectivos de la ultra izquierda, que pretenden imponer sistemas totalitarios empezando por la educación.

Todos sabemos que nuestros hijos no son nuestros hijos, mucho antes de que traigan a su primer novio a casa. Uno comprende que debe soltar, dar libertad y potenciar el libre pensamiento y aquellas capacidades que les sean propias, aunque sean muy distintas a las nuestras.

Mucho se aprende al ser padres y sobre todo, que educar en libertad poco tiene que ver con el adoctrinamiento de ningún tipo.

Pero hay adoctrinamientos que son aceptados socialmente y otros que no lo son tanto, para ciertos colectivos, que consideran por ejemplo a la religión parental como a un cancer y a la ideología de género y al adoctrinamiento comunista como a una liberación, y viceversa.

La libertad siempre fue un concepto sumamente engañoso y resbaladizo, ya que siempre que intentas cogerlo por algún lado, se te escapa por el otro y siempre que intentas definirlo, terminas encarcelándole en un sistema totalitario.

“Ni tanto ni tan poco” decía mi abuela, bajando a lo cotidiano el concepto del término medio que nos proponía Aristóteles para tener una vida virtuosa; ese medio que parece ser tan sencillo y que al final siempre termina siendo el punto más difícil de alcanzar.

Pero todos sabemos que cuando se nos toca la libertad, uno salta como un loco, porque de ella depende todo nuestro sistema de vida.

Idealizar al comunismo o a la religión es desconocerlos por completo y lo que abunda en general es mucha ignorancia.

Si bien todos a los 20 años idealizamos al Che Guevara, a los 30, cuando vimos todo lo que se nos deducía de nuestra nómina laboral injustamente, tiramos al contenedor de reciclaje la bandera roja y la camiseta de don Ernesto.

Y aunque de niños fuésemos devotos monaguillos, la mayoría escapó de las doctrinas y de los dogmas en cuanto comenzó a vivir y a estudiar un poco sobre el defasaje de sus normas y las tremendas incongruencias de las instituciones religiosas.

Y es que a las ideologías hay que sufrirlas en carne propia para comprenderlas, hay que sudarlas primero, antes de defenderlas a capa y espada; porque ni el crucifijo, ni el libro, ni el porro y la marcha comunista con los amigos, son suficientes para llegar a comprender los verdaderos conceptos e intenciones que se esconden detrás de la palabra libertad.

A la libertad hay que perderla para valorarla y todo parece encaminarnos ahora hacia aquel reaprendizaje.

Vamos perdiendo libertades sin darnos cuenta y gustosos con nuestro voto, para volver a pasarnos décadas intentando recuperarlas.

Y es que somos una especie muy bestia y nos cuesta mucho aprender, sin tener que repetir.

Con pin o sin pin vamos directos a recuperar aquel examen de comunismo, vamos directos a quemarnos con la antigua experiencia roja; para volver a aprender como aprenden los niños de 3 años que al quemarse entienden al fin, que con eso no se juega y que eso no se toca.

JR

“Co- Co- Co Comunismo”

La nueva tendencia E- Co-lógica nos motiva a compartirlo todo en nombre de un mundo más sostenible.

¿Para qué tener tu propio piso de propiedad o de alquiler, si puedes compartirlo con 4 ocupantes alternantes más? ¿Para qué tener tu propio coche, si tú puedes usarlo en días pares y otra persona los días impares? ¿Para qué tener un despacho, si puedes compartirlo con otras 8 empresas más?

Todo suena muy económico y es verdad que al hacer las cuentas, nos sale mucho más barato compartirlo todo, que tener pagar lo que nos cobra el estado por poseer cualquier cosa.

Pero lo curioso de toda esta ecología de consumo es que se hace solamente a costa del contribuyente.

Este ahorro es a costa del ciudadano de a pie, ese que paga cada vez más impuestos. Mientras el estado, no hace más que agrandarse, crear nuevos ministerios y consejos, pagar asesores y departamentos extraordinarios para poder así, ir colocando a todos sus parientes y amigos en el gobierno y garantizarles una paga y una jubilación de por vida.

“Usted economice señor ciudadano y compártalo todo, sea ecológico y moderno, así el estado puede seguir agrandándose, pagando favores y adquiriendo más propiedades y cuentas bancarias; mientras tanto le ofrecemos la satisfacción de ser cada vez más “verde” y de estar cada vez más orgulloso de cuidar el planeta”

A este paso, y en pocos años llegarán a abolir la propiedad privada para el ciudadano de a pie, por ser muy contaminante. Y lo harán seguramente, con el consentimiento del pueblo.

Al paso que vamos y con el alarmante buenismo hipnótico reinante, no tardaremos demasiado en volver, sin darnos cuenta de nada, (como siempre) a un sistema comunista.

“¡Compartir, compartir!” gritan los buenos. ” es lo moderno, es la tendencia” y mientras, los vagos se aprovechan.

A este ritmo mis hijos compartirán los calzones con sus vecinos de co- living en días alternos; y Lunes, Miércoles y Viernes irán en culo al co- working y en el car- sharing, con tal de no contaminar en un mundo de iguales.

Toda esta onda verde tan promocionada por los movimientos de ultra izquierda, a muchos ya nos huele a gato podrido, porque se está pareciendo cada vez más, a un sistema que ya conocimos: el comunismo.

Dentro de nada, usted estará convencido de que no necesita tener nada en propiedad y de que compartir es la solución más lógica y adecuada a todos sus problemas económicos.

¿Pero quién causa sus problemas económicos? ¿Quién le agrega cada año un impuesto solidario, verde, sostenible a su ya larga carga impositiva? ¿Quién le impone pegatinas ecológicas, revisiones sostenibles, cambio de coche a eléctrico en 2 años? ¿Quién le sigue cobrando las autopistas que llevan ya más de 20 años pagadas con nuestros impuestos?

No se sorprenda señor contribuyente, que el recolector sea el mismo que le pide solidaridad sostenible y el que se va enriqueciendo año a año, a costa de su co-nciencia.

Los políticos cada vez tienen más coches, más propiedades, mas guardaespaldas, más empleados públicos y todo a costa de la co-solidaridad y de la ecología del eco- ciudadano.

Hace unos días estudiaba con mi hijo la historia de la Unión Europea y sus buenas intenciones originales; que eran por supuesto ventajas económicas. Hasta que llegó el momento de aprendernos la enorme cantidad de Consejos y de departamentos que esta Organizacion posee. Quedé impactado con la extensión y con la cantidad atroz de departamentos y de empleados que tiene la UE y entendí en pocos segundos, el porqué del Brexit.

Algunos, logran ver los abusos a tiempo y huyen antes de que tanto co-co-co les coma el coco y les arruine toda una historia de sacrificios, de independencia y de libertades individuales.

JR

“Ecología antes del Desayuno”

Existe un momento por las mañanas; ese que está entre el café y la ducha; que nos vislumbra una oportunidad para cambiar.

Y si no eres capaz de reconocerlo antes de encender el piloto automático que te convierte en el robot de siempre, deberás esperar a encontrarlo, recién al día siguiente.

Todo cambio empieza allí, en ese instante en el que aún estás medio dormido y en el que tu personaje habitual todavía no se ha despertado.

La terapia nunca sirvió más que para crear ejércitos de resentidos; o al menos yo no he visto nunca a nadie convertirse en nada distinto al personaje infeliz que era antes de entrar a la consulta.

Eso si, de cada sesión se salía con más culpables y con más excusas, cada cual más remota, insólita y alejada en el tiempo. (tengo un amigo sudamericano que luego de 20 años de terapia llegó a la conclusión de que el culpable de toda su miseria era Cristóbal Colón)

Esto mismo hicieron en Madrid en el congreso del clima. Llegaron, gastaron el dinero de los contribuyentes, contaminaron la ciudad durante dos semanas, echaron la culpa a Trump, hicieron sus negocios particulares y se marcharon.

No tomaron desiciones, ni cambiaron absolutamente nada. Vinieron a llorar, a quejarse, a hacerse las víctimas entre banquetes, guardaespaldas y hoteles cinco estrellas y se fueron con más contactos y con más negocios personales.

Buscaron culpables, criticaron a Trump (como establece la normativa general) y promocionaron a la súper Greta vestida de verde, que viajaba en yate, en Tesla y posaba en un sillón de piel de vaca con su mamá.

En fin, que los verdes vinieron a contaminar y a hacer terapia, la pagaron con nuestro dinero y se fueron igual de enfermos y de hipócritas que antes.

Mi ventaja personal en el aspecto terapéutico fue que mi abuela odiaba escuchar problemas. Y si venías a plantearle alguno, te miraba mal y te reprochaba tu falta de inteligencia y de creatividad para salirte inmediatamente y con todos los recursos disponibles que tu tiempo te ofrecía; de ese lugar de víctima tan espantoso, en el que te habías metido gustoso.

A mi tía se le ocurrió una vez hablarle de su mal matrimonio, a lo que mi abuela le respondió inmediatamente: …”¡Pero chica, sepárate ya! ¡El divorcio es legal ahora! ¡Aprovecha!”

El regazo en donde yo podía ir a llorar ante un problema fue siempre una especie de empujón o de patada en el culo hacia el cambio o hacia una pronta solución; impulsos que me acostumbraron desde muy pequeño a salir sin demora de aquel cómodo y patético lugar de ser una víctima.

Este tipo de educación; a la que hoy muchos considerarían como a un maltrato infantil; me ha ayudado muchísimo en la vida.

Me ha hecho hábil para encontrar soluciones rápidas, me ha ahorrado mucho tiempo y dinero en terapias interminables y costosas y me ha empujado hacia la acción, hacia el viraje, hacia la toma de desiciones a tiempo y hacia los libros de Filosofía.

(El filósofo no hace otra cosa que buscar una respuesta racional a la realidad de su tiempo, pero como los tiempos cambian, sólo perduran aquellas observaciones atemporales, que encajan en cualquier tiempo y en cualquier lugar. Saber identificar estas observaciones, me llevará toda una vida de estudio y de constante satisfacción).

Existe actualmente una tendencia creciente y alarmante hacia el enaltecimiento del victimismo, que espantaría sin duda a mi valiente abuela.

Somos un planeta de llorones, de fanáticos, de resentidos y con una masiva y alarmante tendencia al aborrecimiento del trabajo.

Hoy el ser humano considera al trabajo como una aberración y no como a una bendición, como lo fue siempre para nuestros abuelos.

Dices “trabajo” y la gente se echa para atrás, como si les amenazaras con una navaja. Y ya si dices “sacrificio” se tiran por los balcones.

Se echa tanto de menos a aquella generación de la post guerra, que con trabajo duro y el cumplimiento de sus obligaciones nos proporcionó un mundo de comodidades impensables, de innumerables derechos y de placeres infinitos.

Se echa de menos aquella sencillez, aquella fuerza, aquel agradecimiento y aquella valentía; en un mundo de gente cada vez más floja, cada vez mas “verde” para lo que le conviene, cada vez más adicta al subsidio y al bienestar sin trabajo, alérgica al esfuerzo y al ahorro, enemiga de la coherencia y de la autocrítica; que aprendió desde la cuna y reforzado a diario en la escuela pública, que es más fácil, echarle siempre la culpa de lo que te haces a ti mismo, a otra persona.

Hay mañanas entre el café y la ducha; esos momentos anteriores a entrar en mi personaje habitual, en los que aún le oigo decir entre risas …”aunque la masa que te aplaste se duplique, nunca empezará a aplastarte, en tanto tu reacción sea igual a la acción”

JR

“Los Oprimidos Mezclados”

Últimamente comparto con mucha gente la sensación de no encontrarme por completo en ningún sitio.

No me siento contenido del todo en ningún grupo, ni en ninguna ideología; como si de todas ellas me gustara algo en particular, sin lograr establecerme totalmente en ninguna.

La convicción ideológica o política era hasta ahora un bien de familia; algo que se heredaba y se recibía como un legado de nuestros ancestros.

Se educaba a generaciones de izquierdas o de derecha en cada casa y las voluntades se coartaban en pos de una pertenencia fiel y de una lealtad vitalicia parecida a la fe religiosa.

Hoy sin embargo, se evidencia una movilidad silenciosa y aquellos que se atreven, empiezan a manifestar su desagrado y su incomodidad en el lugar asignado en casa.

Y como si fuésemos adolescentes mareados por las nuevas circunstancias, ya no estamos del todo de acuerdo, ni en los fines, ni en las formas de la ancestral ideología familiar.

Esta reacción se parece mucho al despertar de la inteligencia; a aquel momento en que comenzamos a dudar de todo lo aprendido de memoria, de las tradiciones y de las costumbres que hasta ahora eran intocables e incuestionables.

El voto del ciudadano contemporáneo ha dejado ya de responder a la tradición, para ser esclavo de la circunstancia.

Existen siempre dos polos, dos fuerzas opuestas y complementarias: la centrífuga y la centrípeta y cada una despierta a la otra, con su propia actividad.

Esto viene a decir, que cuando se nos oprime por un lado, reaccionamos inevitablemente por el otro lado.

Todo gobierno puede presionar, pero el tiempo de presión dependerá de la capacidad de aguantar y de reaccionar de cada pueblo ante esta presión; ese es el tiempo del que dispone un gobierno; el tiempo entre su acción y la reacción de su pueblo.

La mayoría de las ideologías y de los partidos nuevos, no responden a un sistema de valores innovador; sino a una reacción contra la falta de valores sólidos de los partidos que les preceden. Son producto de una reacción por el incumplimiento de una promesa y no, los portadores de una promesa nueva.

Suelo decir que tengo el corazón de izquierdas y la cabeza de derechas y esto me sucede porque la izquierda siempre ha enarbolado ( y actualmente desea apropiarse de ellas ) todas las causas nobles que yo también comparto; pero a la vez, su personal no está compuesto por personas que parezcan defender la Democracia, ni toda la virtud que ésta contiene.

Podríamos decir que “la izquierda siempre ha tenido las mejores causas y la derecha los mejores hombres”emulando a Emerson y aún no dejaríamos de estar vigentes.

Por el otro lado, a la derecha, siempre tímida en sus propuestas, le faltó hasta ahora la fuerza y la vehemencia que caracterizaron generalmente a los partidos de izquierdas; éstos siempre dispuestos a despertar los corazones dormidos, a denunciar las injusticias atemporales y a desenterrar los viejos resentimientos.

La derecha en cambio, (siempre acomplejada con la sombra de aquel partido NSDAP Nacional Socialista obrero alemán de la Alemania Nazi, que curiosamente fue un partido de izquierdas) opta generalmente por una postura mucho mas tímida, sin presumir de una gran cohesión a los grandes ideales humanitarios, ni ecológicos (que hoy venden tan bien) y con una preponderancia en la defensa de la propiedad y del capital privado. Propiedad y capital que por supuesto el pobre no posee, ni siente necesidad de proteger y que el resentido anhela para si.

Existe además y universalmente, una vuelta a la malinterpretación de la palabra “igualdad” que ha promovido un caos social en Europa y entre otras desgracias, el retorno a plantear como opción válida, aquellos sistemas fracasados del pasado. (El comunismo).

¿Es acaso justo lo que es igual o igual lo que es justo?

¿No es la justicia aquello que nos garantiza la igualdad?

¿Y cuando la justicia no se aplica, hay acaso igualdad?

O como decían los espartanos:

“Igual es todo aquello que es Justo”

Claro está, que estamos viviendo una época de revueltas y revolcones, de confusiones y de reacciones múltiples a opresiones también múltiples y de lo más variadas.

Pero los oprimidos de hoy, no son los mismos oprimidos de siempre, ni están ubicados todos de un mismo lado.

Sino que están tanto a la izquierda como a la derecha; todos mezclados y todos revueltos.

JR

“Crítica a la otra mejilla”

El fundamento de la tolerancia se basa en la capacidad de tolerar lo distinto y evitar todo tipo de violencia que lo distinto nos despierte.

Uno se controla y se educa en la no-violencia permanentemente pero la violencia, no es algo que pueda ser superado definitivamente, sino una característica natural de todo ser humano.

No es que haya gente violenta y gente no violenta. Todos somos violentos y todos estamos constituidos por la capacidad de violencia.

La única diferencia es cómo y de qué manera la controlamos o no, y en qué ámbitos la ejercemos o la evitamos.

No todos somos violentos de la misma forma, ni con la misma gente. Algunos son violentos en casa y sumisos fuera, algunos son violentos consigo mismos y pacíficos fuera, algunos son violentos a los golpes y otros con palabras, con omisiones, con actitudes, con gestos o con acciones violentas.

Pero de la violencia no se escapa nadie y saber identificarla en nuestra vida es importante, a la hora de profundizar en su estructura.

La civilización occidental fue construida sobre aquella frase que Jesucristo trajo de la India y que entraba en total cortocircuito con la filosofía de su educación judía.

La frase “poner la otra mejilla” de Jesucristo era totalmente opuesta a la de la justicia judía:”Ojo por ojo, diente por diente” que implicaba la igualdad y la proporción en toda respuesta.

Si alguien te quitaba un ojo, tú respondías igual, pero no le debías quitar además del ojo, las orejas y los dientes, sino solamente un ojo.

Ésta era la forma justa de que la violencia se saldara y terminara su proceso.

La frase “poner la otra mejilla” en cambio, no aboga por un castigo justo y proporcionado al daño recibido, sino que establece la capacidad de aguantar y de no reaccionar contra la violencia recibida, como normativa.

Esta actitud de no respuesta fue uno de los principios básicos del hinduismo y del budismo. Y para ver los resultados de estas dos filosofías, no tenemos más que ver cómo acabaron estas sociedades y estos países caracterizados por la no reacción, (siempre dominados y subyugados por invasiones de civilizaciones fuertes).

Cuando mis hijos llegaban a casa golpeados o insultados del colegio, yo nunca les impulsé a poner la otra mejilla, sino a cortar de cuajo con la violencia.

“Si te pegan sin razón, tu pégale igual “, “si te insultan sin merecerlo, tú le insultas igual ”

Mis hijos me miraban espantados cuando yo les daba estos consejos, en vez de decirles que pusieran la otra mejilla, pero yo les expliqué que la teoría de la otra mejilla es una incitación a la continuidad de la violencia.

Y a la violencia no se la detiene motivando a más violencia y permitiendo más violencia, sino cortándola de cuajo.

El violento tiene que saber que él no es el único con capacidad de ser violento. Y que todos podemos ser violentos, si queremos serlo.

Porque la violencia no es exclusiva de unos pocos, sino patrimonio de todos.

La única diferencia está en cómo la ejercemos, en cómo la controlamos, en cómo la canalizamos, en cómo la educamos y en cómo aprendemos a observarla permanentemente en nosotros mismos.

Cuando el violento y el loco ven que hay otro casi tan violento y casi tan loco cómo él, se calman. Y ahí se corta la violencia.

La postura de la otra mejilla es en cambio, mucho más violenta, porque presume de una superioridad moral.

El violento percibe a aquel que no reacciona ante su violencia, (no por miedo sino por principios), como a un ser que se siente superior a él moralmente y esta percepción genera mucha más violencia aún.

Éste en vez de calmarse se violenta aún más, porque se le permite la violencia y se le motiva a seguir.

Los llamados pacifistas conocen muy bien esta táctica y la violencia que ejercen los autodenominados “pacíficos” es la violencia de la superioridad moral.

No es casual que los paises en donde más tranquilo se viva sea en aquellos en donde hay un ejército, una policía y una legislación justa y fuerte para todos, porque la presencia (aunque invisible) de un límite, calma todo tipo de violencia; mientras que la actitud de tolerancia infinita y de la otra mejilla, la motivan.

Al final, somos como niños. Y no es casual que los niños más maleducados y violentos sean siempre aquellos, que no conocieron jamás un límite.

JR

“La Democratización de la Belleza”

Si la democracia nos augura la igualdad de derechos y de obligaciones para todos, también lo hace con respecto a la belleza.

Que la belleza sea un derecho o una obligación, ya dependerá de la mirada de cada uno.

La belleza era antiguamente un don reservado para unos pocos. “Lo que natura non da, Salamanca non presta” decía mi abuela, sin referirse al talento innato que no se consigue en la universidad, sino a la fealdad sin solución, que no se arreglaba con ungüentos.

Hoy mi abuela estaría asombrada de ver cómo la fealdad se mejora y además se paga en módicas cuotas.

Los feos se convierten rápidamente en exóticos y los menos dotados en guapos, (quirófano y gimnasio de por medio).

Si bien la belleza ha tenido distintas acepciones a la largo de la historia; en nuestra época ocupa un lugar preponderante y es un producto masificado y al que casi todos aspiran llegar, sin importar la edad, ni el estrato social al que pertenezcan.

Las feministas sostienen desde los años sesenta, que los estándares de belleza son generados por el patriarcado, con el fin de dominar a las mujeres; pero actualmente las mujeres no desean ser guapas para los hombres, sino para y por ellas mismas.

Y los hombres, también se han sumado ahora, a esta carrera por ser cada vez más bellos.

En la era de la autonomía y del “do it yourself” cada uno se proyecta y se produce a su antojo. Y la belleza lejos de ser un mandato, es hoy una elección voluntaria, pero no excluyente. Hoy las mujeres no desean ser solamente bellas, sino también exitosas en todos los ámbitos.

Cuando mi primo era joven sólo salía con chicas feas porque decía que las guapas no hacían ningún esfuerzo por agradar. En cambio las feas eran simpáticas, estudiosas, divertidas, cariñosas e intelectuales.

Hasta hace unos años ser bella era suficiente, hoy sin embargo, la belleza sola, no nos sabe a nada ni a los hombres ni a las mujeres.

Dentro de los estándares de belleza actuales se considera a la delgadez como el fin último y supremo; en una época en donde curiosamente los índices de obesidad son los más altos de la historia de la humanidad.

Nunca estuvo el hombre tan obsesionado con ser delgado y nunca hubo tantos gordos en el planeta como ahora.

¿Será que el contraste es otro signo de nuestra época o será que la obsesión con algunas cosas no nos augura jamás buenos resultados?

Muchos comparan este ascetismo del cuerpo delgado con el ascetismo del alma de la Edad Media. Dos obsesiones iguales, pero enfocadas en aspectos distintos.

Si una niega al alma, la otra negaba al cuerpo, pero las dos engendraron locura.

¿Es acaso la locura, fijación?

Si el concepto médico de enfermedad es el desequilibrio de la armonía preexistente, puede que no estemos muy errados en suponer que todo aquello que no se desarrolla de manera armoniosa, se enferma.

La obsesión por el alma daña al cuerpo y la obsesión por el cuerpo daña el alma.

Quizás mantener un equilibrio entre las dos partes que nos hacen ser seres humanos, sea lo más aconsejable.

Olvidarnos de que no somos sólo un cuerpo, ni somos sólo un alma, sino las dos cosas simultáneamente.

Un alma radiante sin un poco de belleza y toda la belleza sin la chispa de un alma que acompañe, son la misma fealdad.

JR

“Hay belleza en el equilibrio y en aquello que se percibe como completo”

“La Democracia Fragmentada”

No es novedoso hablar con espanto de la actual fragmentación que azota al mundo de las democracias occidentales.

Hoy las noticias sobre manifestaciones y disturbios en los principales países occidentales son constantes y muchos culpan al sistema de dicha fragmentación.

La fragmentación no es consecuencia de la Democracia, sino por el contrario, ésta es la base sobre la cual toda Democracia descansa.

La Democracia americana, que fue sin duda el ejemplo que siguieron luego las Democracias europeas, se afirmó de entrada sobre un estado diverso.

En los Estados Unidos la unidad política no se oponía al reconocimiento de la multiplicidad de los grupos de intereses, ni de las diversas comunidades y minorías, sino que descansaba sobre ellos.

Por lo cual, la fragmentación no es un resultado de la Democracia, sino su origen y en el caso americano, es una continuidad de la cultura política de ese país.

Estados Unidos es una República basada en el pluralismo étnico, cultural y sexual que hasta ahora coincidía en un ideal común.

A este punto de encuentro se le denominaba “melting point”, un punto en donde se propendía a la asimilación o integración de las diversidades. Y en donde la defensa de las identidades colectivas, se producía con discreción y moderación.

Hoy sin embargo, son las políticas de fragmentación cultural las que predominan y triunfan.

Esta fragmentación se presenta ahora al público como un mosaico de intereses irreconciliables, en donde se exageran y se acentúan las diferencias, se exacerban los resentimientos y se incentivan las actitudes victimistas y los reclamos y sospechas entre los diferentes grupos o comunidades.

Otra característica actual es la constante rehabilitación del pasado, el diálogo del presente con la memoria y la utilización de la memoria histórica como recurso de justificación para la venganza y para el resentimiento eterno.

Algo que empezó siendo el origen de la fundación de un estado diverso y conciliador; basado en la inclusión de múltiples pertenencias comunitarias hacia un fin de convivencia común, ha dado paso a un clima de intolerancia, propulsado por reinvidicaciones comunitaristas y políticas identitarias; de grupos que lejos de sentirse vinculados entre sí por un proyecto en común, se cierran ahora y cada vez más, sobre sí mismos.

Muchos creían que éste era exclusivamente un fenómeno americano, hasta que esta misma sensación de fragmentación apareció también en Europa.

Hoy muchos europeos comienzan a entender mejor la situación americana y la mala prensa que llegaba desde allí hasta el viejo continente.

Hoy Europa experimenta con asombro la aparición de identidades comunitarias llenas de odio y de resentimiento, juventudes alienadas por las causas más diversas; pero siempre en contra de un sistema al que aún pareciera que desconocen.

Aparecen hoy en Europa aquellas fracturas que enarbolan demandas de igualdad; una igualdad que ya está garantizada de antemano en la fundación del estado democrático; basado en la igualdad de derechos y de obligaciones para todos.

Pero la demanda de estos grupos, ya no apunta a la exigencia de derechos igualitarios, sino a eximirse de la igualdad en sus obligaciones.

JR

“La Democracia es la opción para la convivencia de lo distinto” JR

“La Privacidad Reciclada”

Si le preguntas a alguien qué es la privacidad, te responderá que es una tendencia que insiste en preservar para sí, aquella información a la que se considera demasiado valiosa o íntima.

Pero el problema real es identificar hoy en día, qué es lo valioso y qué es por lo tanto, aquello que debería ser privado.

En el mundo actual es difícil identificar qué es lo privado; teniendo un gps en el móvil acompañándonos a todos lados, cámaras de seguridad en cada esquina, registro del aparcamiento de nuestro coche controlado al minuto desde plataformas municipales, el Alexa y las cámaras de seguridad de nuestra casa (encendidos en todo momento) y sobre todo, esa voracidad por publicar cada paso que damos, en las redes sociales.

Uno ya no es privado, ni aunque quiera. Y aquel falso eslogan de “cuidamos tu privacidad” se ha vuelto tan inocuo, que ya ni siquiera nos molesta; porque el cortocircuito hoy se ha vuelto indoloro, llevadero e imperceptible, al igual que la falta de privacidad.

La tendencia actual no nos encamina hacia lo privado, sino que por el contrario, nos motiva a ser cada vez más públicos y transparentes; y a revelarlo todo para poder existir en el mundo digital y vivir seguros en el mundo analógico.

Quien no tiene nada para esconder, no corre ningún peligro y quien no tiene nada para comunicar, ya sea publicando o mostrándose en redes, no existe, ni para el entorno social, ni para el mercado.

Por lo cual, volverse demasiado privado es condenarse a un pequeño espacio “no virtual”, que nos augura oscuridad, soledad y pobreza.

La invisibilidad analógica no promete buenos frutos y si hoy quieres ser alguien importante, tienes que estar y mostrarte.

El problema de la juventud es que en ocasiones no entiende todavía al mercado y no sabe bien qué es lo que debería mostrar y qué no.

Pero desgraciadamente, hay otra juventud que ya ha descubierto que el escándalo y la frivolidad venden más y más rápido, que una buena reputación.

Y aunque los mayores temamos por la memoria eterna de la red, ellos sólo creen y apuestan por el instante.

Lo que ha cambiado no es nuestra apreciación hacia la privacidad, sino aquello que hoy consideramos como privado.

Antiguamente lo privado era aquello que era sagrado, amado, preservado fuera de la vista de los demás, no por vergüenza, sino por respeto al sentimiento tan profundo, que nos vinculaba a esas cosas o a esas personas.

Pero en un mundo en donde la vinculación social está dictada por la moda, (con su imposición de transitoriedad permanente) los vínculos ya no son ni tan duraderos, ni tan sagrados, ni tan privados.

Hoy la gestación y la maternidad se muestran, el amor se muestra, el sexo se muestra, la comida que se come se muestra, las vacaciones se muestran; porque nuestra vida digital es una plataforma exponencial que nos augura amigos, seguidores, likes, retweets, una posible fama y la tan sabrosa envidia de los demás.

Estamos expuestos 24 horas, pero voluntariamente y deseosos de hacerlo cuanto antes; todo con tal de no desaparecer.

Veo en las redes sociales tanta patología declarada, que me pregunto si los psicólogos no estarán planteándose dejar ya las consultas, para trasladarse a tratar los casos directamente sobre la red.

¿Es este nivel patológico de exposición un signo de sentirse extremadamente importante para el resto, es una necesidad incontrolable de comunicar frivolidad a toda hora, o es un signo de inferioridad y de soledad?

En la Era de la transparencia, mostrarse a toda hora está de moda, pero esto no es el indicio de que la privacidad se haya extinguido. La privacidad sigue existiendo, pero ya no se ocultan las mismas cosas.

Existe hoy una privacidad a la carta, en donde cada uno elige los ingredientes de su tipo de privacidad individual. Y cada una es distinta.

La privacidad no ha desaparecido, sino que se ha reciclado. Ha conservado su nombre, pero ha cambiado sus valores.

Todo aquello que venda, hoy está disponible para ser expuesto.

Y en el mercado digital la exposición de las sensaciones, las emociones, los placeres, las frivolidades, la intimidad y los escándalos son prioridad. ( sean estos reales o ficticios, ¿quién nota la diferencia?)

Hoy son pocas las cosas que estamos dispuestos a ocultar y me atrevería a decir, que son sólo nuestros defectos, nuestros delitos y nuestra enorme sensación de soledad y de pobreza interior.

Todo lo demás, está listo para subirse a la red.

JR