“90 minutos de Igualdad”

4B2374A3-D917-4348-A915-05C205D2E14C.jpeg

Ha comenzado el mundial de fútbol y junto con él la oportunidad de vivir por 90 minutos cada pocos días, la transitoria experiencia de la igualdad.

Durante esos 90 minutos y únicamente dentro de ese espacio- tiempo todos sufriremos juntos, nos emocionaremos juntos, querremos que el balón se dirija hacia la misma portería, saltaremos de alegría por un gol e insultaremos con la misma indignación las faltas del rival y de los árbitros.

Durante 90 minutos no habrá diferencias sociales, étnicas, culturales, religiosas o políticas de ningún tipo, no habrá más colores que los de la camiseta, ni más canción que aquella que nos aliente a seguir adelante.

Durante 90 minutos todas aquellas distancias que parecían intransitables desaparecerán mágicamente y se fundirá toda brecha en el abrazo de un gol.

Durante 90 minutos seremos hermanos, socios, sufridores hermanados con la mira en una misma alegría conjunta, que nos iguale a todos en una misma felicidad.

Durante 90 minutos no habrá competencia, separatismos, dialectos ni ideologías más que la de esa esfera terrestre, que a veces mágicamente  pierde la fuerza de la gravedad y logra ocupar ese punto deshabitado por el portero contrario.

Durante 90 minutos y sólo en ese espacio- tiempo tendrás la oportunidad de percibirla, de flotar ingrávido en un espacio extraño e ilusorio de la realidad.

Y como sólo serán 90 minutos de unos pocos días marcados y no volverá a repetirse hasta dentro de cuatro años (si es que todo va bien); yo te recomiendo que aunque no te guste el fútbol; no te pierdas la experiencia de la igualdad.

 

JR

 

” Lo que nutre no es la experiencia, sino el trabajo de hacer zumo de naranja con ella; lo que nutre es el jugo que le exprimes a la experiencia” JR

“La Enfermedad del Positivismo”

A la depresión se llega igual de rápido por el camino de la indolencia, que por el camino de la sobre-exigencia.” JR

61CA7E43-4FC6-4BE4-9912-05DC306639AF

El positivismo es un movimiento que se sustenta en la frase “ Yes we can” ( Si, podemos). Pero esta frase corta y optimista esconde también un lado oscuro.

Se concibe originalmente en respuesta a la prohibición externa o a modo de  desafío hacia una disciplina o hacia un destino impuesto desde afuera, que imposibilita el libre desarrollo del individuo.

El hombre del positivismo cambia entonces el mandato externo del “no”,  por un mandato interno del “sí “ ( yes we can). Cambiando al “no” impuesto, por un “si” que se impone a sí mismo.

A partir de este momento, ya no va a ser el afuera quien le imponga o le limite, sino que va a ser él mismo quien se auto-imponga su propia disciplina.

La productividad del individuo positivista siempre aumenta y a este incremento voluntario del trabajo y de la actividad en todos sus ámbitos, ya no se le llama explotación, sino libertad, porque ésta es una explotación autoinfligida. 

Este nuevo individuo autodenominado “libre”, cuando se desliza hacia el extremo del positivismo, experimenta de forma creciente una tendencia manifiesta hacia la sensación de cansancio, de agotamiento mental, de falta de sentido, de dispersión, de aburrimiento y de fracaso, que le va llevando poco a poco a poner en duda a su motivación original del “yes we can”, cambiándola por otra mucho menos inclusiva: “todos pueden, menos yo”. 

El mundo del positivismo es el mundo del “nada es imposible” y frente a esta motivadora e utópica frase, (que enferma a todo aquel que se queda atrapado en su absolutismo), nace como reacción el depresivo; que frente a semejante auto-imposición del si absoluto del “todo es posible”,expresa su sensación individual de imposibilidad y de fracaso y la proyecta hacia el mundo con su carácteristico “no”, para el cual “nada es posible”.

Muchos creemos que la depresión está en auge en el mundo occidental debido al aumento de la exigencia desmedida, auto impuesta libremente y a la que no se identifica fácilmente como a una nueva forma de violencia.

Aquello que despista en esta falta de identificación es que nadie obliga al individuo a poderlo todo, sino que ésta es una condena auto-impuesta que desencadena en depresión. 

El éxito impuesto desde fuera, al que muchos consideraban hasta ahora como al verdugo de nuestro tiempo, es en realidad hoy un dictador destronado.

El éxito es un sustantivo abstracto, que como todo aquello abstracto, no puede medirse aisladamente y sólo puede contabilizarse en relación o en comparación con otra cosa.

Uno puede sentirse exitoso, siempre  dependiendo de con quien se compare y en qué aspecto se le compare.

Alguien puede ser más exitoso que otro en el aspecto económico y sin embargo, mucho menos exitoso que éste en el aspecto familiar, creativo, afectivo, cultural, intelectual o espiritual. Y es que el éxito no posee unos bordes delimitados, ni suele siempre crecer de forma equilibrada.

Lo contradictorio es que el positivismo extremo, (que ha cambiado el eje de la imposición del afuera hacia el adentro), deja de medir sus resultados en relación con el afuera; es decir, en comparación con el otro; porque el individuo positivista ya no compite con otro, sino únicamente consigo mismo.

El positivista crea un “ideal de sí mismo” al que denomina “proyecto de mi mismo” y lucha por alcanzarlo, sin reparar en el abismo que en muchos casos le separa de él, ni en la posibilidad de que este objetivo pueda ser inalcanzable.

Frente a cualquier impedimento que le sugiera un cambio, una revisión de su postura o de su “ideal”,  el extremista no cede y no duda en utilizar la auto-agresión como método para seguir adelante con su objetivo de auto- realización. 

Es por por este motivo que el nuevo eje positivista, al que se percibió en un primer momento como a un movimiento liberador, (que se liberaba del “no”) esconde en su extremo a un tipo distinto de esclavitud: la esclavitud del “si” o del “poderlo todo”.

Su extremo ha generado a individuos que habiendo superado la imposición externa del “deber ser”, se han convertido ahora en sus propios verdugos del “poder ser”. 

Seres abocados a la actividad sin límites, a la ambición desmedida y al “multitasking” desenfrenado, característico del “siempre se puede un poco más” porque “nada es imposible” ni “nada es suficiente”. ( filosofía en la que se tiende a educar actualmente a los niños).

Esta falta de saciedad, que es la incapacidad de sentir que uno ha alcanzado un objetivo, aumenta de forma destructiva la velocidad y la actividad hasta producir el “burn out” ( los quemados); esos pobres individuos que nunca logran alcanzar un reposo gratificante. Y se queman a sí mismos en pos de una superación destructiva. 

Con la nueva obsesión colectiva del “nada es imposible” el individuo actual se auto impone una disciplina extrema en multiples aspectos y esta sobre- exigencia es la que le devuelve en muchos casos, a la misma sensación de fracaso de la cual intentaba escapar en un principio, de la mano de aquel prometedor “yes, we can”. Para despeñarse ahora, desde la cumbre aún difusa de su auto-realización, hacia su auto-destrucción.

JR

“Conocer y aceptar nuestras limitaciones no es siempre la evidencia de un fracaso, sino la oportunidad de una liberación.” JR

 

 

 

“Los Bebedores de Agua”

“Ningún bebedor de agua escribió jamás nada inteligente” Cratino (siglo V a.C)

E8E0916C-8F79-4619-8EDC-4A922D5E2DA6.jpeg

Los moralistas de la salud y del bienestar ocupan en estos tiempos un lugar de privilegio.

Hacen de la salud un fin último y aunque no hay que negar que la salud resulta esencial para una vida agradable, también debemos asumir que está inevitablemente destinada a marchitarse y a perecer por el desgaste del paso del tiempo.

Los sacerdotes de lo natural hacen de su objeto (el cuerpo) un objetivo supremo, que no busca despertar la conciencia de lo transitorio como oportunidad de vida y de acción, sino que induce a  anular el sabor de la vida y el disfrute de sus delicias, en pos de una salud imperecedera pero insulsa, que aseguran que nos hará durar más y en mejor estado de conservación, pero viviendo una vida sin sabor ni frutos.

El problema con estos  nuevos moralistas es que desprenden un olor a superioridad moral que a veces intoxica, como sucede con ciertos perfumes que exageran en la intensidad de la fragancia. Desconociendo que hay preferencias que de tan intensas se tornan en manías y hacen perder la cordura a quien presume exageradamente de ellas. 

Es bien sabido que a todo grito de libertad le sigue siempre a modo de  sombra, una nueva intolerancia. Los nuevos libres pasan a ser generalmente  los estrenados intolerantes y su doctrina la nueva dictadura.

Esto nos sucede porque somos poco propensos al equilibrio, ya que el equilibrio resulta ser un trabajo tedioso, que requiere de una constancia que nunca se da por terminada.

Quien cree haber alcanzado el equilibrio y se relaja definitivamente, lo pierde. Porque todo equilibrio necesita de una fuerza continua.

Siempre recuerdo aquellas tardes en el balancín intentando compensar el peso con los amigos. Al acabar el tiempo del juego tocaba bajarse y entonces el equilibrio se rompía, quedando un lado de la madera hacia arriba y otro hacia abajo. Y por más que uno intentaba dejar la tabla en el medio, resultaba imposible, porque el medio sólo se alcanzaba con el peso alternado de dos fuerzas contrarias.

Asi sucede también en la vida, en donde hay sanos que por querer estar tan sanos enferman, santos que por creerse tan santos se envilecen y gente que por querer durar tanto, vive la vida como si ya estuviera muerta.

El equlibrio se hace presente también en la buena mesa, en donde frente a cada plato se disponen siempre dos copas, una de agua y otra de vino, para que la alternancia alimente y nutra como es debido.

El saber usarlas es un arte como cualquier otro, que se adquiere con la práctica, el tiempo y la observancia atenta de todos los ejemplos.

Un poco de agua y un poco de vino, un poco en la tierra y un poco en el cielo, un poco de cuerdo y un poco de loco, un poco de hombre y un poco de Dios, un poco de todo y un poco de nada.

Porque no sólo de pan vive el hombre, sino que debe también saciar otros muchos apetitos.

Despues de todo ¿Quién dice que el equilibrio no sea la fuerza que nos permita vivir sanamente entre dos mundos?

JR

 

 

“Ningún talento fue grande sin una dosis de locura.”  Aristóteles

“De la Linealidad a la Atomización”

“ Se mueven, no porque estén vivos, se mueven para creer que viven” A Porchia

A6E045F4-CF47-4B9F-96DE-1C100B7E51F6.png

Si observas una mesa familiar contemporánea, ya casi no verás a un circulo lineal, conformado por puntos unidos alrededor de una mesa, sino a puntos aislados, cada uno girando en la órbita de su teléfono móvil.

Y es que el mundo digital ya no concibe al tiempo como a una linealidad, en donde el individuo se dirige hacia un destino o hacia una meta común, conformada por subidas y bajadas, valles y montañas, puentes y diques, que le marcan además, un ritmo con distintas velocidades.

El mundo digital no conoce la distancia lineal porque la ha trascendido y opera en un espacio distinto. 

Hoy la velocidad de la información y de los sucesos es tan precipitada, que ya no queda tiempo para la reflexión de nada de lo que pasa, ni de nada de lo que nos pasa.

La reflexión era el espacio vacío que existía entre un suceso y otro. Un bache de tiempo que quedaba disponible para pensar lo sucedido y aprender. Era el tiempo que existía entre una cosa y otra, entre una actividad y otra, entre un encuentro y otro. ( un vacío al que hoy se teme con espanto)

Cuando nuestra cotidianeidad sucede a mucha velocidad y esa velocidad no amengua, sino que sigue acelerándose cada vez más, el aprendizaje no tiene tiempo ni espacio para suceder. 

La linealidad del tiempo tejía historias, construía relaciones, vidas conjuntas y experiencias de las que nacían ideas, vínculos, aprendizajes y virtudes.

Hoy sin embargo, nada permanece en el tiempo, todo es efímero y volátil porque la falta de linealidad ha provocado también la falta de sostén.

Las cosas ya no pesan porque ya no duran, y no duran porque no tienen tiempo de detenerse. Y como no pesan ni duran, tampoco son valiosas. Todo es efímero, momentáneo y descartable. 

La atomización escapa a toda fuerza gravitatoria, manteniéndonos en un espacio aislado y girando sobre nosotros mismos, sin ninguna finalidad ni sentido. Porque el sentido de todo movimiento aparece recién cuando éste se detiene. Y no existe el sentido en el ámbito nuclear.

Todo viaje cobra sentido recién cuando uno vuelve a casa, porque el volver a casa implica detenerse. Y detenerse es valorar y dar sentido al movimiento. 

¿Está acaso el peso de las cosas relacionado con el valor y el sentido de las cosas?

Si, lo está. Porque para pesar, un objeto necesita permanecer. Y el permanecer es tiempo y el tiempo de permanencia es algo que desaparece en la época de la atomización y de lo instantáneo.

Aquí nada permanece, nada pesa, nada vale, nada es suficiente y nada satisface. 

Ya no es fácil terminar un libro, atender a una conversación, ni concentrarse en nada. Ni hablar de construir relaciones, familias o amistades duraderas que conlleven tiempo y permanencia y una dosis de quietud, (que hoy es considerada casi como un pecado mortal o una pérdida de tiempo). 

La tendencia es la urgencia por vivir conectado, eufórico, asombrado, excitado, motivado a toda hora, entretenido a toda hora, informado a toda hora y a la vez aislado a toda hora, en un espacio de soledad que gravita alejado de todo cuanto nos rodea y a la vez conectados con todo lo que no pesa, ni tiene duración, ni es importante.

Este tipo de aislamiento digital provoca un vacío que no es producto de la escasez, sino de la saturación.  

Mucha gente se queja; en estos tiempos de posibilidades infinitas de distracción; de sentirse presa de una falta de sentido.

Y no es casual que las enfermedades actuales estén relacionadas con este aislamiento hiperactivo, (el vacío y la tristeza) y que sean éstas la nueva peste del siglo de la hiperconexion.

El sentido no aparece porque no se dedica ningún tiempo a darle sentido a las cosas.

La hiperconexion atrofia la capacidad de conexión que da sentido a la vida. 

El sentido es tiempo y el tiempo es permanencia. No inmovilidad ni quietud estática; que llevarían inevitablemente al mismo vacío pero por una dirección distinta; sino ritmo.

Cuando la vida tiene un ritmo; uno con redondas, blancas, negras, corcheas, semicorcheas, fusas, semifusas y silencios; entonces hay música.

JR

 

 

“Sin ritmo no hay música, ni sentido, ni vida” JR

 

 

“La Belleza Ignorada”

A147E8DD-44DF-440D-9334-F166F7FC9BE7.jpeg

Pocas cosas son tan bellas como la virtud ignorada. Aquel que es bueno y no lo sabe, aquel que alumbra sin saber que es luz, aquel que es bello y desconoce su belleza o aquel que es sabio y siente que aún le queda todo por aprender.

Hay virtud en la ignorancia de las virtudes y es esta ignorancia la que otorga la cualidad de virtud a la virtud.

Y  hay algo de repugnante en el conocimiento de aquel que se sabe a sí mismo bueno, piadoso, hermoso o sabio. 

Algunos llaman a esta ignorancia bendita “inocencia”, pero ésta no es la candidez que se deja engañar o permite que la adulación y la vanidad le cieguen.

La ignorancia bendita no se deja medir ni con números ni con letras, porque lo supremo no se puede sumar, ni restar, ni contar.

La verdadera virtud es como una fiebre leve; algo que se tiene sin percatarse de que se tiene.   

JR

”Quien de verdad aprende, ignora que aprende y por dónde aprende” JR

“ Inteligencia Artificial”

5DE0315B-E472-4B9C-AE4D-E67D6C83327E

Si nos remitimos a las definiciones de este concepto tan vigente, veremos que la inteligencia artificial se trata de un conjunto de sistemas creados para desarrollar la racionalidad de una arquitectura, sea ésta una máquina o un ser humano.

El concepto “artificial” nos habla por lo tanto de algo que no es auténtico o propio, sino fabricado e introducido por otros, y esto no excluye a los sistemas educativos que transmiten al individuo un aprendizaje ordenado de conceptos, con el fin de generar un funcionamiento intelectual determinado con fines útiles.

Si el conocimiento es en realidad una acumulación de información y datos introducidos en un mecanismo ( en nuestro caso en un cerebro) estamos entonces estableciendo que aquella acumulación de conocimientos a los que comúnmente llamamos inteligencia, es algo también artificial, o lo que denominaríamos más concretamente como memoria.
Podríamos deducir entonces, que toda información que no es obtenida por la experiencia directa es algo adquirido artificialmente (no es propio, sino ajeno).

¿Y cuál es entonces el tipo de inteligencia que no es artificial?
Se podría decir que lo único realmente auténtico es aquello adquirido a través de nuestra propia experiencia, pero sólo si ésta deja de estar influida o condicionada por los aprendizajes e informaciones anteriores; cosa que resulta ser sumamente difícil, ya que liberarse de los condicionamientos que limitan la aparición de la inteligencia es un proceso que lleva muchos años de atención. Porque muchas veces, ni siquiera muestras propias experiencias son capaces de derribar los condicionamientos adquiridos de forma artificial.

Nuestra respuesta a los estímulos cotidianos no es muy distinta a las respuestas que podría dar una máquina programada con la misma información. Vivimos casi toda nuestra vida en una especie de piloto automático, que permite que reaccionemos de una forma similar, estipulada y predecible a los estímulos que se nos presentan y sin esfuerzo.
Esta capacidad de funcionar de forma automática nos hace semejantes a cualquier máquina programada para la misma función.

La inteligencia artificial que nos implanta la Educación es sumamente útil y escencial para nuestra supervivencia, ya que uno no debería tener que experimentar ser arrollado por un coche para aprender a parar en un semáforo en rojo.
Gracias a la inteligencia artificial obtenida por la información que nos aporta la Educación, evitamos tener que pasar por muchas experiencias dolorosas para aprender.
Por lo cual, la información de la Educación a todos los niveles es fundamental para nuestra supervivencia, pero a la vez insuficiente para nuestra superación.

Algo similar nos sucede con las emociones; quien no ha sufrido la muerte de un ser querido es incapaz de tener la experiencia de la pérdida de otro individuo y si se compadece de él, es sólo porque ha adquirido el concepto del dolor de forma artificial y la compasión como reacción de respuesta.

Para hablar sobre aquello que no está programado podríamos remontarnos a esos momentos en los que sufrimos un estado de parálisis momentánea al enfrentarnos con cosas nuevas, cosas para las cuales no estábamos preparados o programados. Y ante estas situaciones, se nos exige una acción nueva.
Frente a este “desconocido” surge un estrés, que es la reacción de la inteligencia despertándose, (no nos olvidemos que la introducción de inteligencia artificial en el ser humano presupone la existencia de una inteligencia dormida).

La diferencia de respuestas ante una situación no programada pueden ser dos: o respondemos en forma de reacción (mecanismo de respuesta de inteligencia artificial, que en estado de emergencia asocia a una situación desconocida con alguna otra ya conocida), o respondemos con acción ( mecanismo de respuesta nueva y libre de condicionamientos externos).

Esta última forma de respuesta es lo único que una máquina jamás podrá hacer.
En el resto de situaciones, funcionamos exactamente igual a ellas, con la diferencia de que ellas son mucho más rápidas, no se cansan nunca y tienen mucha más memoria.

JR

“La Identidad cultural como Frontera”

“ Lo que está entre la manzana y el plato también se pinta” Georges Braque (pintor del siglo XX)

0646F9CB-378E-4991-9CE3-71B09511C627

Junto al resurgimiento de los tan temidos nacionalismos aparece la excusa de la identidad cultural como frontera y motivo de separación. 

Tenemos un sistema de pensamiento que para comprender cualquier cosa y reafirmar ese conocimiento, necesita separar y comparar a una cosa con otra.

Todos nuestros conceptos y nuestras conclusiones se forman entonces como resultado de una comparación y de una diferenciación de lo otro.

Lo que soy, se define por aquello que tengo distinto a ti.

Por lo cual, uno va forjando su identidad en relación a otro de una forma negativa (porque es en base a una diferencia)

No soy en cuanto soy, sino en cuanto soy distinto.

Al diferenciar, comprendemos y establecemos aquello que conocemos como identidad.

Esta identidad implica además, la continuidad de una forma específica de conocer y marca los parámetros de un tipo de pensamiento; el de una mentalidad a la que yo llamo mentalidad en blanco y negro.

Tanto el blanco como el negro marcan dos extremos fijos e inmóviles, separados por su diferencia. Pero esta distancia “entre” el blanco y el negro también se pinta, como diría Georges Braque. 

Nos dicen que la identidad cultural es la forma de pensar el mundo y para una mentalidad en blanco y negro es en realidad una construcción de cimientos fijos, en contraposición a grupos distintos.

Todo lo que no es blanco, es negro y el policromado entre el uno y el otro, nunca  se pinta.

¿Pero por qué no se pinta?  Porque no se conoce.

¿Y por qué no se conoce? Porque no está  sujeto a comparación.

La identidad cultural es un concepto que amalgama dos valores que se contradicen entre sí (identidad y cultura) y este término se inventa para que sirva de frontera y como excusa para mantenerme indentificado y separado de aquello que es desconocido. 

La excusa suele ser el temor a la uniformidad o el temor por la desaparición de una cultura que desea preservarse intacta. Pero la cultura no es una cosa a la que puedas mantener inmutable, sino un proceso vivo que nunca se mantiene separado o inmune al entorno.

Mantenerse separado no es sólo separado de algo, sino quieto, fijo, sin curiosidad, muerto. Algo que sin duda, contradice al concepto de cultura; que es por definición un proceso permeable y en continuo movimiento.

En cuanto la cultura se estanca, muere; como sucede con cualquier otro proceso que está vivo. 

Los vendedores de identidad cultural recurren a la identificación (identidad) como recurso para la inmovilidad, que cosecha el aislamiento y el sectarismo y cultiva el carácter temeroso y desconfiado de todo aquello que si no es blanco o negro, no debería pintarse. 

Pero la cultura no es una estatua griega a la que uno debe contemplar embobado e inmóvil, sino una bicicleta que está allí para que la uses y para que te lleve a todos lados.

Nuestro pensamiento en blanco y negro no es capaz de conceptualizar algo inacabado como son los procesos; ya que por definición un concepto es la reducción de un proceso a una definición estanca.

En la lengua sajona el término “human being” resulta ser mucho más acertado que el término castellano “ ser humano”.

Su traducción literal sería “siendo humano” y este “siendo” es mucho más preciso para referirnos a algo que es un proceso inacabado. Porque el ser humano es una continuidad. 

Y lo mismo sucede con la cultura. La cultura es también un “culturizando”; un proceso inacabado en constante movimiento, tensión y formación.

Concebir a la cultura como a una identidad fija es un error y usarla como frontera es condenarla a que en vez de pintarse se momifique. 

JR

 

“Algo que tiene ruedas y no puede transportarte a lugares distintos y desconocidos, está averiado”JR

“Una silla es una Silla”

El valor real de una silla lo marca el culo” JR

A67C972E-50AF-48F5-AB38-0F04EAFC84A4

Siempre me llamó la atención la gente que tarda meses en elegir una silla y que hace de la elección de un objeto un asunto de estado.

La silla es importante y es fundamental para un diseñador de asientos o para un carpintero; pero si tan sólo eres alguien que la necesita como parte del mobiliario, una silla no deja de ser un objeto igual a cualquier otro.

Cuando algo poco importante me arranca  de la proporcionalidad que tienen las cosas, me repito a modo de mantra “una silla es una silla” y así es como me recupero rápidamente de esa locura transitoria y contemporánea de darle un valor desproporcionado a los objetos. 

Nuestro mundo de consumo nos empuja a que una silla no sea una silla, sino una manera de ser y de mirar el mundo. Y uno entra por el aro de la estupidez de creer que las cosas nos definen y nos clasifican.

Pero lo que no vemos, es que al producirse el cambio de roles, la silla pasa a ser tú y tú la cosa. Porque la cosificacion del individuo y la humanización de la cosa, son dos procesos simultáneos.

La cosificacion no repercute a un sólo sexo, aunque es hoy una denuncia de la que se ha apropiado el feminismo actual.

Ellas no desean ser cosificadas por los hombres porque prefieren cosificarse solas, (igual que ellos). Y están en todo su derecho.

Cada uno es libre de ser el hombre o la mujer de la silla, del pantalón o del coche de moda; porque el coche habla de ti, el pantalón de tus valores y la silla de tus sueños, de tus principios y de tu forma de ser.

Porque desgraciadamente la cosa es ahora mucho más hombre que uno y uno mucho menos cosa que un hombre. 

 

JR

 

“Una cosa tiene derecho a romperse, un hombre tiene el deber de levantarse” JR

“Las Ciencias Benditas”

83AF96D7-108D-4618-871B-73F47219C520

De todas las ciencias considero a las Matemáticas como a la reina entre todas ellas; a pesar de encontrarme más a gusto  entre letras y poseer el horrible defecto de contar con los dedos.

Aún así, no puedo evitar quedar fascinado cada vez que leo sobre los nuevos avances en el campo de la inteligencia artificial y admiro profundamente a quienes son capaces de utilizar la razón pura y la abstracción para entender y abordar el mundo.

Las Matemáticas han sido la ciencia que mayor progreso ha aportado a la humanidad; sin olvidarnos por supuesto de la Medicina, que ha sido la encargada de mantener a nuestra especie con vida. Pero todas las grandes revoluciones humanas han estado siempre motivadas por los descubrimientos matemáticos.

La electricidad en su momento y hoy en día la informática y la ingeniería de la inteligencia artificial, revolucionaron y seguirán revolucionando nuestra vida en este planeta.

Platón afirmaba que las Matemáticas eran “una necesidad divina” y que …”sin su conocimiento el hombre es incapaz de llegar a ser Dios, ni espíritu, ni siquiera héroe, ni puede de todo corazón pensar en el hombre o preocuparse por él”…

Lo triste es que los matemáticos no lean a Platón y que los que leemos a Platón no sepamos Matemáticas; aunque esto refuerce aún más la necesidad de la acción cooperativa para que se dé entonces el milagro.

Porque es desde la interacción entre las ciencias de donde surge el genio, ya que toda especialización cerrada en sí misma, sólo logra enfrascarnos en un oscurantismo desconectado de lo general.

Uno de los principales fines de las Matemáticas es despertar el uso de la razón, la confianza en la verdad y el valor de la demostración. Y mientras describo a esta ciencia, no puedo dejar de pensar en que éstos son exactamente los mismos objetivos que tiene la Filosofía.

Lo más triste de todo esto, es que actualmente la enseñanza de ninguna de estas dos disciplinas logre satisfacer esos objetivos en el aula y el alumno salga de clase desconfiando de la utilidad y de la interconexión que tiene todo aquello que aprende de memoria para aprobar el examen. Sin que la asignatura le haya generado la satisfacción del proceso intelectual, que siente todo aquel que razonando llega a una conclusión.

El impulso intelectual funciona como un músculo que se forja cultivando el amor por el sistema empleado y por la experiencia de la interrelacion; algo que sólo es posible a través de la comprensión de los procesos en las demostraciones.

(Cuando me refiero al amor por el sistema empleado me remito a mi propia experiencia; el año que me enamoré de la Historia de Grecia y Roma fue porque mi profesora de primero de Secundaria estaba enamorada de la Historia de Grecia y Roma, y fue esa pasión la que nos contagió  a todos).

La comprensión de las demostraciones matemáticas o filosóficas generan en el aprendiz una satisfacción enorme y esto sucede cuando algo que antes creías inútil comienza a cobrar sentido. No es que antes no lo tuviera, pero como el trabajo intelectual no estaba presente en los procesos cognitivos, el interés no aparecía.

Cuando el alumno experimenta el placer que genera razonar, ya no quiere dejar de practicar ese arte y a partir de esa experiencia empieza a demandar la comprensión y la demostración de todo aquello que se le enseña. (algo que por supuesto resulta sumamente incómodo para el profesor acostumbrado a enseñar de memoria y también riesgoso en asuntos de fe y de creencias) 

Este es el impulso intelectual que debe despertarse en el aula, el ansia por  conocer y por encaminarse hacia  procesos que arriben a conclusiones y que a la vez despierten nuevos intereses y nuevos procesos cognitivos en el individuo. 

Lo que debe despertarse es la inteligencia y las asignaturas constituyen sólo los medios para movilizarla, pero nunca deben confundirse con el fin.

Porque el fin del conocimiento, como el de todo proceso, es movilizar el mecanismo y crear el movimiento; que es el hábito de pensaruna capacidad motriz a la que comúnmente se denomina inteligencia o creatividad.

Asi es como debería también funcionar en nosotros la Literatura; cada historia nos debería conducir siempre hacia nuevas letras, porque todo conocimiento debería servir como un pasaje.

Ningún estudio debería ser un fin en sí mismo, sino un medio para mantener un hábito mental superior en constante ejercicio y aplicable a cualquier circunstancia. 

Y de todas las habilidades posibles, la conexión entre los distintos fragmentos que representan nuestro saber, será siempre la que más nos acerque a la comprensión de un todo.

JR

 

“Cuantos más intereses tenga un individuo y cuánto más dispares sean esos intereses entre sí, será más feliz y más inteligente “ JR

 

 

 

 

 

 

 

 

“La Valentía que Iguala”

BC499698-9966-47B8-A0DC-B56017524A52

Se habla mucho últimamente de la igualdad entre sexos; pero se habla mucho menos sobre las responsabilidades que implica ser igual al otro.

A mi parecer lo que algunas personas  desean es una igualdad selectiva; es decir, una igualdad sólo para aquellas cosas que interesan y una continuación de la desigualdad para aquellas cosas que conlleven una ventaja o que impliquen una responsabilidad o un esfuerzo extra; que en la mayoría de los casos no se está dispuesto a hacer.

Para educar la igualdad, lo primero que deberíamos hacer es exigir los mismos niveles de valentía en los dos sexos.

No puede educarse a los niños y a las niñas de forma distinta si se desea un resultado igualitario, especialmente en referencia a la superación de los temores, de los errores y de los fracasos; porque quien desea ser igual a otro, no debería esperar ser tratado con mayor blandura, ni ser inferior en fortaleza por su sexo. 

En la educación de la igualdad una lastimadura o un golpe deberían requerir los mismos cuidados en unos que en otros y no debería tratarse con mayor mimo a la niña por ser mujer, ni consentirle una justicia distinta a la de los varones en ningún aspecto. 

Para educar a niños y niñas iguales en valentía hace falta ayudarles a domar primero todos sus temores irracionales.

De todos los temores, el temor al misterio es el temor más primitivo e instintivo en el ser humano y el que ha generado todas las grandes supersticiones. Esta clase de miedo debería curarse desde temprano con explicaciones científicas.

La respuesta a un huracán, a un tsunami  o a un terremoto, no responde a un castigo divino como hubiera sido en la Edad Media, sino que se debe a procesos atmosféricos y geológicos determinados. Los niños en general, se interesan mucho y muy rápido por estas explicaciones racionales y éstas les motivan al estudio y a la investigación, en lugar de al temor y a la creencia supersticiosa.

Todo misterio responde generalmente a una ignorancia humana, más que a un designio divino o al enfado de alguien que nos castiga, y no hay ninguna razón que justifique que un adulto cuente mentiras que asusten a sus hijos.

La sensación que genera todo temor irracional superado es de gran satisfacción y en los niños esto se manifiesta con un estado de inmensa alegría y contento. Hay pocas cosas que produzcan más satisfacción a cualquier edad, que la superación de los temores irracionales. 

El temor nace de un instinto de supervivencia escencial y denota inteligencia; cuando el niño se hace mayor siente miedo ante un animal salvaje, algo que un niño de tres años no siente porque es menos inteligente a esa edad.

Hay un temor que preserva y otro que limita y el deber de los educadores es principalmente diferenciarlos y promover la superación de aquellos temores que limiten mediante la comprensión razonable de los peligros y la superación experimental de todo aquello que no debería ser temido.

Todo aquello que se hace familiar deja de provocar miedo, es por eso que resulta fundamental fomentar la experiencia repetida de todo aquel temor que sea irracional, en vez de promover una sobreprotección destructiva y limitante.

El adulto educador ( padre o maestro) no debería mostrar temor de ninguna índole frente a los niños, ya que el miedo es sumamente contagioso, y para cultivar el valor en los niños se necesita contagiar fortaleza. Esta valentía debería ser indispensable en todas las mujeres que pasen mucho tiempo con los niños.

La persona valiente no es el guerrero  temerario que no mide los peligros, sino aquella persona (hombre o mujer) que con un inteligente discernimiento es capaz de realizar cosas en cualquier ámbito, que otros dejarían de hacer sólo por miedo.

Si tuviese que definir a la valentía la llamaría la cualidad de salir de una igualdad conocida y confortable. Por lo cual la valentía sería en realidad lo único que nos diferenciaría a unos de otros, sin distinción alguna de raza, de sexo, ni de edad. 

 

JR

“En la historia de la humanidad la única forma justa de dividir a los individuos es entre valientes y cobardes; ya sean éstos hombres, mujeres o niños y sin hacer hincapié en ninguna otra distinción más que en la inteligencia y el discernimiento” JR

 

 

 

 

 

“El Molde”

“No es el perfeccionamiento de la máquina lo que mejorará al ser humano, sino el mejoramiento del ser humano lo que perfeccionará a la máquina” JR

628D5ED4-4352-4267-8D64-2E9F5AAE23F4

Muchos se alarman ante las novedades tecnológicas que nos permitirán en el futuro elegir y diseñar a nuestros propios hijos.

Este es un sistema de “hijos a la carta” en donde podrás diseñar el exterior, la personalidad, las capacidades y las destrezas del individuo que concebirás a tu antojo. 

Particularmente me resulta asombrosa la capacidad que tenemos los seres humanos para percibir como novedad todo aquello que ya es viejo; repeticiones de lo mismo con otro nombre, otro diseño y un método de fabricación más sofisticado que generan sin embargo, un producto muy similar al conocido.

“El hijo de molde” es algo tan viejo, que llama la atención que hoy nos resulte una idea novedosa y que tantos se rasguen las vestiduras por la falta de libertad de este nuevo individuo artificial, cuando toda su vida se han empeñado en moldear a la carta a sus hijos de carne y hueso; anulando cualquier atisbo de autenticidad y sin ningún remordimiento. 

Uno moldea a los hijos en primer lugar con la suscripción a la creencia religiosa, algo que el niño (aún en estado de inconsciencia) adquiere sin ningún tipo de opinión u intervencion por su parte. Más tarde se continúa con la Educación escolar, que salvo raras excepciones suele ser bastante homogénea y fundamental para el desarrollo de sus capacidades intelectuales, a esto se le agrega la pertenencia a un determinado ámbito social, étnico o político y poco a poco se le va perfilando la preferencia hacia determinados grupos y el rechazo hacia otros.

Todo aquello que se aprende y se adquiere se convierte con el tiempo en hábito en el individuo y tiende a ser transmitido y perpetuado; en la mayoría de los casos, sin la intervención de una convicción racional y sin siquiera plantearnos si uno está haciendo o no lo correcto. Todo este proceso que se lleva a cabo en el hijo humano es igual al que requerirá la programación de un robot de sus mismas características. 

El instinto humano funciona también a modo de memoria y repetición y todo aquel que ha sido moldeado, tiende a moldear a su imagen. No lo hará porque esté orgulloso de haberse convertido en un individuo excepcional con derecho a ser clonado, sino porque no ha conocido otra cosa, y en el caso de haber conocido algo más adecuado, pocas veces se atreve a romper el molde que todas las generaciones anteriores han dejado preparado para él y para su descendencia; cosa que es aún más grave, porque esta inmovilidad ya no se debe a una ignorancia inocente, sino a una alarmante falta de valentía.

Lo que más escandaliza es el rigor con el que se juzga la novedad y la ceguera permisiva con la que se percibe el ancestral hábito familiar. 

¿Cómo puede alguien que ha diseñado hijos a la carta durante generaciones, escandalizarse ahora con los proyectos tecnológicos que facilitan la concepción de hijos a la carta? 

La única respuesta que encuentro a esta cuestión es que los conceptos de “libertad” suelen ser muy acomodaticios.

Algunos consideran que uno es libre porque puede elegir el color de sus zapatos y otros porque pueden acceder a una rinoplastia para deshacerse de la herencia del abuelo; pero la libertad para abandonar las creencias o las supersticiones de la tatarabuela a conciencia, no se le toleran con agrado ni al científico más reputado. Por eso es bien sabido que la libertad hay que procurársela solito y sin pedir tantos permisos. Y así es como trabaja el progreso.

Son muchas las acepciones que tiene la palabra libertad y los permisos a la carta que ésta otorga, sobre todo cuando es malentendida y dirigida estratégicamente  para avalar y moldear los intereses más convenientes.

Existe además, una preponderancia a la pseudo sensibilidad; esa tendencia tan moderna de tener la lágrima fácil para todo lo que no es importante.

A estos seres súper sensibles les da mucha pena todo ente concebido y destinado a ser esclavo, pero no se les mueve un pelo por esos pequeños individuos reales  moldeados a la tradición de sus progenitores, que van perdiendo a ciegas toda posibilidad de autenticidad y de libertad, que es lo que caracteriza a todo lo que tiene vida. 

Asi es como la sensibilidad; una palabra que antiguamente hacía referencia a un carácter noble y valiente que conducía desinteresadamente al otro hacia la libertad, aún a costa de cargarse una tradición o de un perjuicio personal; ahora trabaja para enaltecer la postura del hipócrita, que condena (sintiéndose muy ético) la esclavitud que creará la tecnología, mientras persiste en santificar la propia.

JR

“Somos como el niño que mientras con el pie aplasta al pichón, llora por la soledad del espantapájaros” JR

 

“La Utilidad de lo No Útil ”

85FE3C16-F55F-46D5-B701-B2D3DC46306F

Cuando la Educación tiene una orientación utilitaria se ocupa de formar a personas que fabriquen cosas.

En un mundo como el nuestro en donde el valor de la vida está puesto en la cantidad de cosas y de comodidades que poseemos, la instrucción de fabricantes resulta fundamental, no sólo para generar riqueza, sino para mantener en auge los ritmos de progreso.

Está claro que las civilizaciones que no se han enfocado en la Educación utilitaria,  no han logrado jamás ningún progreso material.

Esto puede observarse en la diferencia que existía antiguamente entre Oriente y Occidente. Mientras Occidente producía individuos productores y generadores de progreso material, Oriente se enfocaba en la inacción como método para el progreso espiritual, dando como resultado a civilizaciones que vivían en la pobreza, (que crece inevitablemente en toda quietud) y provocando una falta de  bienestar económico y material alarmante.

Buscar la utilidad en la Educación es sin duda una labor fundamental para cualquier civilización contemporánea que desee sobrevivir y desarrollarse; pero también es cierto, que sin el cultivo de lo no útil, resulta imposible darle a lo útil una buena utilidad.

Es por eso que la unidad simbólica entre Oriente y Occidente; entre el cultivo de lo útil sumado al cultivo de lo no útil; no sólo resulta beneficiosa en cuanto a riqueza de contrastes, sino primordial como protección para la humanidad; porque aquello mismo que da progreso, si no se conduce de una forma consciente puede causar tu destrucción.

Cuando lo no útil deja de cultivarse se corre el riego de no contar con las armas necesarias para anticipar posibles riesgos y para trazar el camino satisfactorio de lo útil.

Aquellas civilizaciones que dejan de fomentar el enriquecimiento de lo no útil, terminan generalmente sin saber qué utilidad darle a las cosas útiles o aplastados por el armario de su casa.

Toda excesiva cuantía produce, contrariamente a lo estipulado, un vacío imposible de llenar. 

Un poco de todo y un poco de nada, resulta ser siempre una buena combinación para una vida sana y  equilibrada, en donde lo útil deje siempre espacio para lo no útil.

Y así lo útil nunca perderá su sentido, ni la orientación adecuada. 

JR

“Quién ha visto vaciarse todo, sabe de qué  se llena todo.” A. Porchia

“El Obstáculo de la Felicidad”

“ La felicidad es lo que buscan los felices” JR

E688D1A6-3508-47DA-810A-4A79FA000ED7

Si viajáramos a través del tiempo y tuviéramos la oportunidad de hablar con alguien de otro siglo, nos daríamos cuenta de que nuestra actual obsesión por encontrar la felicidad es un producto relativamente moderno.

Nuestra carrera por encontrar la felicidad avanza de la mano de unos altísimos índices de depresión, y esto nos hace pensar que quizás sea la misma búsqueda obsecada de la felicidad aquello que la ahuyenta, provocando como reacción su efecto contrario.

Antiguamente la gente no buscaba ser feliz, sino poder hacer un buen plato de comida, cuidar bien de sus hijos, realizar  bien su trabajo diario, plantar un bonito jardín, escribir un buen libro, ser un buen estudiante, redactar un buen poema, disfrutar de su pareja, ser un buen profesor o crear una buena melodía.

Nadie iba por la vida repitiendo “estoy buscando la felicidad” y si lo hacía muy a menudo, se lo encerraba sin demora.

Antes de la aparición de esta nueva forma de locura, el foco estaba puesto en realizar con entusiasmo la tarea que tuviéramos delante y encargarnos de tener siempre algo para hacer; ya fuese nuestro trabajo dirigir una nación, o cocinar una buena salsa. No era el ansia del sustantivo abstracto aquello que obsesionaba a las personas, sino la aspiración a la excelencia en la acción concreta que uno ejecutaba a cada momento.

La acción, no sólo es el medio de subsistencia de todo ser humano, sino la materia de la que se compone nuestra vida y la vida de toda persona al morir se reduce a una lista de las acciones realizadas. Y para los que nos quieren, a una lista de momentos compartidos.

La vida de cada uno de nosotros al fin y al cabo no es otra cosa que una continuación de rutinas, que desembocan en nuevas rutinas, que a su vez llevan a otras nuevas y así hasta morirnos; con la excepcion de las vacaciones que la descomponen en alguna medida, en cuanto al entorno, actividades y clima, aunque uno siga repitiéndose igualito tanto en la playa como en casa, en bañador o con corbata.

Uno sigue siendo uno, y si uno es un buscador empedernido de la felicidad la busca en el trabajo y luego la sigue buscando también en vacaciones.

Muchos dicen que la gente era más feliz durante épocas de guerra, y aunque esto no sea del todo cierto, si es verdad que durante las épocas más duras la búsqueda de la felicidad no aparece, porque el individuo está enfocado sólo en sobrevivir al día y en pasar el momento lo mejor que pueda.

Así es como se puede hablar sin censura sobre la búsqueda de la felicidad en los paises ricos de Occidente, pero hacerlo en sitios en donde hay extrema necesidad, hambrunas y guerras, “la felicidad” se vuelve una temática bastante extraña, además de denotar una falta de empatía importante hacia el entorno. 

Lo más chocante de todo esto es que al nuevo producto “felicidad” que hemos comprado casi todos los occidentales bien avenidos, se le ha sumado ahora otro más novedoso que se llama “presencia” y aquí es en donde comienza el cortocircuito; porque cuando induces a alguien a buscar la felicidad lo quitas del presente y le colocas la mirada fija en el futuro.

Pedirle a alguien que busque la felicidad y pedirle a la vez “Presencia” es motivarlo a la locura; porque uno o está aquí o está buscando; las dos cosas simultáneas no pueden suceder.

Si estás aquí, entonces puede que descubras que la felicidad estaba en esos momentos en los que estuviste presente y entusiasmado y te olvidaste de buscar.

JR

“Cuando todo está hecho las mañanas son tristes” A.Porchia

“La Revolución de los Inútiles”

546E5C74-17BD-4BEB-8396-5C0EBBA365A0.jpeg

No hay nada más peligroso para un pueblo que las revoluciones; y sobre todo cuando éstas están dirigidas por gente inútil.

Los inútiles revoluciónarios son esas personas que nunca han dirigido una empresa, un negocio, una institución, ni han gestionado nada antes de la revolución.

Una gran parte de las revoluciones está dirigida por personajes resentidos e inútiles que nunca han logrado nada por sus propios medios y que ven en la revolución la posibilidad de conseguir un sustento y múltiples beneficios; entre ellos poder. 

Con esa ambición, los inútiles apelan al descontento de la gente, que está siempre vigente, (porque al pueblo es fácil encontrarle el descontento), por lo que movilizar a las masas nunca es una tarea complicada. 

El problema surge cuando la revolución triunfa porque al triunfar, fracasa.  Fracasa porque cuando llega la hora de cumplir con lo prometido, no hay nadie dentro del grupo de los revolucionarios que esté capacitado para llevarlo a cabo. 

Cuando los inútiles triunfan, el pueblo pierde, porque éste se queda en manos de gente que no tiene ni idea de cómo gestionar un país.

Cuando te sientas a charlar con un revolucionario y le preguntas por la revolución éste se pasará horas hablándote del descontento, de las reivindicaciones pendientes, de las guerras pasadas, de los odios que se esmera en alimentar y de la injusticia; pero si le preguntas cómo hará para sustentar al país cuando la Revolución triunfe, se quedará mudo.

Porque al inútil no se le descubre por sus argumentos sobre la justicia social, sino con una sola pregunta: ¿Cómo? 

Cuando no sepa responderla o cuando sus respuestas sean totalmente disparatadas, ilegales, incongruentes y antidemocráticas, te darás cuenta de que lamentablemente, has apoyado la revolución de los inútiles. 

JR

“Con la Ley por Detrás”

B89BA967-A57B-4974-9C77-081B626F592A

“Hecha la ley, hecha la trampa”  dice el dicho; ya que una vez hecha la ley el individuo se las rebusca para encontrar aquel punto flojo en el tejido que quedó sin rematar. Así somos los seres humanos; estamos siempre viendo por dónde escabullirnos a toda imposición que creemos injusta.

Uno se pregunta si fue primero la ley o la criminalidad, y aunque muchos lo nieguen, hasta en la religión fue primero el hombre y luego la ley, como si Dios también hubiera tardado en darse cuenta de que había creado algo sin regular.

La ley nunca va por delante del individuo sino por detrás, ya que primero aparece la necesidad y después se crea la ley para registrar el derecho, la obligación o el delito y establecer las condiciones o las penas que estos conllevan.

A medida que el tiempo pasa y las sociedades avanzan, los delitos suelen ir variando y las leyes deberían ir cambiando junto con ellos, porque tanto la norma como el elemento social son elementos vivos, que nunca están quietos ni inmóviles, sino en permanente cambio y movimiento.

Cuando la ley queda fija o inmovilizada  durante mucho tiempo, como sucede con las leyes y normativas religiosas, éstas dejan de ajustarse a los cambios socioculturales de la época, dejando ademas de ser útiles no sólo en contemplar las nuevas necesidades del individuo para el cual es concebida toda legislación, sino también en su función de protección, para lo cual fue creada.

(No olvidemos que la legalidad fue concebida como protección a los individuos y que tanto la condena al criminal como su eventual castigo buscan evitar nuevos episodios criminales; y no alentarlos.)

Cuando los tipos de delito cambian en una sociedad, a la ley le corresponde cambiar junto con ellos y regular de acuerdo a los nuevos comportamientos delictivos existentes, para proteger al ciudadano de los nuevos delitos y garantizarle nuevos derechos.

Este problema emerge hoy en Europa con la inmigración masiva de culturas islamicas, que han aportado un índice de criminalidad muy alto y no contemplado en la legislación de determinadas regiones ( especialmente en los paises nordicos) dado que este tipo de delincuencia no era habitual en estas sociedades.

Al fin y al cabo la legislación de cada pueblo está pensada para cada pueblo y no para el extranjero; pero si el entramado social cambia repentinamente, está claro que la ley debería también ser ajustada sin demora.

En el espacio digital nos sucede lo mismo, la ley debe ampliar ahora su mirada para abarcar una nueva realidad y regular este nuevo universo, tanto en sus derechos como en sus obligaciones , y a tiempo.

Siempre creí que era el individuo quien estaba subordinado a la ley, pero con el tiempo comprendí que la ley es quien sigue al hombre y quien debe estar subordinada a él como si fuese su sombra.

JR

 

 

 

“El Instinto de Rebaño”

 

287B655A-12A5-4D37-B51F-A5E0E25AA6B6.jpeg

¿Qué es lo que motiva al rebaño?    Sin duda la compañía, esa sensación de protección y refugio que presupone la manada y que alimenta nuestro instinto de supervivencia.

Desgraciadamente, la mirada del otro condiciona más al ser humano que su propia conciencia. 

La conciencia es importante, a veces, pero una mala conciencia suele ser mucho más llevadera que la mirada torcida del otro, ya que solemos cargar mucho mejor con nuestros crímenes, que con la crítica ajena. 

El rebaño garantiza esa aprobación tan necesaria, estimulando además nuestra debilidad de conciencia, porque para tener una conciencia fuerte hace falta convertirse primero en dueño de uno mismo.

El rebaño conoce el impacto de su poder y lo ejercita con un implacable castigo hacia todo aquel que le traiciona y se aparta, porque sabe que la debilidad de todo hombre es la desaprobación de su entorno y que con tal de evitarlo éste  hará lo que sea. 

La condena del rebaño al rebelde es el aislamiento y este castigo funciona además, como advertencia para todo aquel que osara rebelarse y separarse de la manada en el futuro.

Estar separado del rebaño supone desvincularse de la protección que otorga la pertenencia y de la mirada amable y aprobatoria de los otros, para embarcarse en un exilio condenado a la mirada torcida y al juicio implacable de cada uno de los miembros del rebaño; que con su condena al infiel se asegura además, su lugar en el grupo.

JR

 

“ Ser un individuo implica un nacimiento, una separación, un acto de valentía” JR

“La Apología del Débil”

Al ser humano hay que fomentarle la fortaleza, porque la vida nunca es generosa con los débiles” JR

32FD7428-3079-4C28-BF22-EEFDAF4710CB

Todos los días aparece el ofendido de turno haciendo ruido en las noticias. Cuando no son unos, son los otros; unos por gordos, otros por flacos, unos por feos y otras por bellas; pero no hay día en que alguien no se ofenda para conseguir alguna ventaja.

Esta es una época en donde la hipersensibilidad está de moda y se fomenta; se venera la debilidad como si  fuera una virtud y como si el débil fuera el tipo de ser humano en el que ansiamos que degenere nuestra especie.

Mientras los ofendidos de turno se ofenden, la masa buenista va solidarizándose con unos y con otros,  para que se les note que son buenos y ciegos.

A los buenistas todo les da lástima, les conmueve el bueno y el malo, lloran por el justo y por el criminal en partes iguales, para no tener que mojarse por ninguno y así ir quedando bien tanto con unos, como con otros. Y sobre todo para no recibir insultos de los fan o trolls de ninguna de las partes en las redes sociales.

Hoy si no te ofendes por todo eres un raro y si no has sufrido algún abuso o si lo has dejado pasar, eres un facha.

En esta época de marketing furioso todas las cosas tienen un nombre especial y son dignas de estudio científico, como por ejemplo el bullying; eso que sufrimos todos alguna vez en el colegio, en un campamento o en un club, pero sin haber caído fulminados por ello.

Al que no le llamaron gordo, le llamarom petiso, nariz de payaso, jirafa, tartamudo, alfeñique, sudaca, negro o blanco leche, cuatro ojos, friki, nenaza; pero todos alguna vez fuimos denominados con algún nombre que nos hacía peculiares y graciosos para el abusón.

La peculiaridad ofendía mucho más que cualquier otro insulto corriente porque hablaba específicamente de nosotros y era algo que no podíamos cambiar aunque quisiéramos. 

Si bien es cierto que las redes sociales aportan un elemento de difusión mucho más amplio que el patio del colegio en el que quedaban nuestros apodos e insultos, nosotros también nos llevábamos el dolor a casa y llorábamos contra la almohada, pero sin la necesidad de tener que llamar a un abogado, saltar desde el balcón, desenfundar un arma o salir en los periódicos.

Se lo comentábamos a un amigo y  sobrevivíamos, nos hacíamos fuertes y luchábamos día a día contra la inseguridad que provoca el entorno, mientras desarrollábamos la astucia y la manera de vengarnos con inteligencia del abusón.

Así fue como los débiles nos hicimos fuertes; sin convertirnos en alcahuetes ni en crimínales, en suicidas o en resentidos.

La apología del débil es la tendencia actual a darle razones al débil para seguir siendo débil; en vez de darle la oportunidad y las herramientas para que se haga fuerte. Porque en estos tiempos ser fuerte está mal visto.

La posibilidad de superación es el mejor de los regalos para el débil porque en ella encontrará la fuerza que otorga la inteligencia, la astucia y  la manera de protegerse de un entorno hostil, como es y será el mundo, (aunque los buenistas insistan en que todos son un pedazo de pan).

Lo más valioso que tiene la superación es que te hace fuerte, te activa y sobre todo te hace libre, porque los débiles que se convierten en fuertes, nunca se vuelven esclavos del resentimiento.

JR

“El resentimiento es la cualidad del débil; de aquel que nunca logró hacerse fuerte” JR

“La Tibieza”

7083E3F3-D66B-42F8-B9E6-EF24E7E001CB.jpeg

Muchos la llaman la virtud del educado; a ese vicio tan correcto de no expresar jamás ni frío ni calor; esa apatía a la que algunos confunden con bueidad y que consiste en vivir sin que la vida se te note, ni te acuse de que vives.

Otros asociamos a este impulso hacia lo tibio con un complot que apunta directamente hacia la erradicación de la alegria, porque vivir en un mundo de polaridades implica el estar subordinados inevitablemente a un péndulo que nos balancea en direcciones opuestas de forma constante; y cualquier intento de erradicar de cuajo la tristeza o el dolor, no puede devenir más que en la consecuente erradicación de la alegría.  Porque al detenerse todo péndulo, éste no se mantiene suspendido en un costado, sino fijo en el medio.

La tibieza condena toda aquella expresión que tenga algo de auténtico y uno aprende, (educándose hasta el doctorado), a permanecer en un medio, a comportarse tibiamente y a reprimirse con maestría, tanto en el dolor como en el contento.

Pero sin embargo, cuando presenciamos autenticidad ¡cuánta envidia nos genera!

(¡Quién pudiera sentir como tú sientes, sin miedo al dolor ni a la alegría! ¡Y sin tener en cuenta a todos esos ojos que te miran creyendo que eres tú en tu autenticidad, quien ha perdido la cordura!)

El pueblo dice aborrecer lo políticamente correcto, pero no hay nada más falso que esa afirmación.

Cuando ven espontáneidad la detestan y la condenan como si fuese el peor de los pecados. Niegan setenta veces siete a quien dice la verdad y piden a gritos que se perdone al criminal, con tal de que se crucifique al sincero.

El pueblo es represor y cuanto más enarbola la bandera de la libertad más represor se vuelve.

La Democracia no fue pensada para ser ejercida por el populacho, sino soñada como un instrumento de justicia sólo apto para el uso de los sabios en protección del pueblo.

Y así la empleaban los griegos, conscientes de que el pueblo era un ente altamente manipulable y de fácil engaño, propenso a matar a los dioses y a santificar a los tiranos.

La virtud que el pueblo pondera es la del falso, la de aquel que miente bonito y sin escrúpulos, la que endulza los oídos de la población que está siempre ávida de nuevas mentiras y falsas promesas, y a quien la verdad le resulta fatal e intolerable.

(¡Qué descaro tienes en decir la verdad, teniendo a mano tantas mentiras confortables! ¡Qué insolente y qué imperdonable es el pecado del sincero!)

La educación en la tibieza es la más respetada de todas y la que prefiere el corrupto, porque no es tibio sólo aquel que por cobarde se queda callado, sino aquel que presenciando la injusticia calla para seguir pareciendo educado.

Si Sócrates apareciera en estos tiempos volvería a ser envenenado porque la intolerancia a la verdad es aún hoy una patología incurable y la tibieza sigue siendo una moda vitalicia.

JR

“Prefiero a los auténticos que a los falsos  porque hay más bondad en quien se muestra, que en quien se esconde” JR

“Más allá del Aburrimiento”

AFCAEB06-7F40-4CC8-89D4-2343A7D3A35E

Hay pocas cosas a las que tema más el hombre en nuestros tiempos que al aburrimiento.

Muchos dicen que es la semilla del mal en quienes de tanto estar quietos comienza a tramar maldades; eso si consideramos que sólo es actividad aquel hacer que involucra al movimiento del cuerpo, porque hay quietos que están mucho más activos mentalmente que cualquier maratonista.

El aburrimiento se manifiesta tanto en reposo como en movimiento, ya que la gente se aburre tanto estando sentada, acostada, andando, como de viaje o en casa.

También se presenta en reuniones sociales, en horario de trabajo, en vacaciones, en la playa, en la montaña o en misa; amoldándose a cualquier ocasión en que se sufra una desconexión profunda con lo que sucede afuera.

El aburrimiento se experimenta como un picor intenso que provoca una urgencia por moverse de la situación en la que uno se encuentra e ir hacia otro sitio, aunque en la mayoría de ocasiones uno no pueda hacerlo y se mantenga aprisionado en el picor sin remedio.

Ante el acecho del temido aburrimiento hay múltiples reacciones; el hábil llama enseguida a un amigo, a su psicoanalista o al abogado de divorcios, organiza algún tipo de entretenimiento de emergencia, se  conecta como hater, cotilla u opinólogo especialista en las redes sociales, o inventa algún otro recurso para escaparse de él como pueda.

Pero hay un tipo de persona que cuando aparece la necesidad de huir aguanta y espera, como si supiera que atravesándola llegará a algún sitio; porque presiente que el aburrimiento es la espera necesaria hacia un viaje feliz. 

Ir más allá del aburrimiento es el trabajo del pensador, del científico, del filósofo, del místico y del artista; esos que se dejan caer dentro del pozo porque saben que allí es en donde se encuentra el país de las maravillas. 

JR

 

“¡Qué sería de la creatividad sin el aburrimiento y qué sería del aburrimiento sin los creativos!” JR 

“Los Amigos de la Fortuna”

3A47E688-D1EC-4EEA-AB52-7B06420B41C1.jpeg

En algunas ocasiones la fortuna nos hace una visita y pasa un tiempo con nosotros; pero en otros momentos nos abandona de repente sin siquiera darnos una explicación.

Esto sucede porque su forma es circular y el movimiento que conoce es giratorio, impredecible y temerario.

Cuando la fortuna aparece en nuestras vidas creemos que será eterna y que gozaremos de sus placeres para siempre; pero ella no suele ser estable y cambia de dirección a menudo; se mueve como una dama itinerante que viaja sin apegos y abandona a quienes le aman sin ningún remordimiento.

En su presencia las bendiciones abundan, los afectos proliferan y las amistades se multiplican, mientras la dependencia de aquel que se cree incapaz de subsistir sin ella, crece silenciosamente abrazada al apego.

Pero cuando la fortuna se marcha un día cualquiera sin avisar, y sin dejar siquiera un número de contacto en donde poder localizarla, todo lo que construimos sobre ella se derrumba.

Con ella se van hasta los amigos; y uno comprende entonces que esos amigos tampoco eran los nuestros, sino los amigos de la fortuna. 

 

JR

“ La fortuna al marcharse, se lleva consigo todo lo falso y deja al descubierto lo verdadero” JR

 

 

 

 

 

“Seres luminosos”

 

Nadie es luz de sí mismo; ni el sol.” Antonio Porchia. 

82F6C485-5288-46A6-8325-6199EF280A58

Los seres luminosos son aquellos que cuando se alejan, sientes que te apagas. Y nunca sabes si son ellos los que desprenden luz, o si son los que hacían  brillar algo en ti.  

Se parecen a los dioses griegos porque tienen algo de dioses y mucho de humano y también poseen algo del dios cristiano en la capacidad que tienen para resucitar y reinventarse ante los fracasos y levantarse de las caídas.

No siempre son amables o nos agradan,  pero cuando aparecen iluminan aunque no quieras mirar o prefieras permanecer con los ojos cerrados.

Tienen también algo de extranjero porque no logras encajarles nunca en ningún sitio, ni definirles jamás por completo, ya que siempre están en movimiento aunque te parezca que están quietos.

Tienen algo de ausentes y sin embargo su presencia se queda contigo a pesar de la distancia y se resisten a creer que les necesitas porque en su mirada te reflejan tan endiosado que hasta tú, que te sentías apagado, sientes al verles que lo iluminas todo.

No son maestros y se resisten a serlo, porque lo que ellos poseen no se enseña  ni se aprende, sólo se contagia.

JR

 

“Todos los días del mundo existe una forma de resucitar”  TanBionica

“La Preparación”

F24736FA-AFC1-4487-8E8E-BEB71DC87CFA

Se detuvo en el semáforo en rojo y mientras esperaba que apareciera la luz verde se puso a pensar en que llevaba ya 10 años preparándose para morir.

Cuando era joven se preparaba para la vida y al cumplir los 60 y detectársele el cancer, decidió que era el momento de ir preparándose para la muerte.

Entre una preparación y otra había ido pasando la vida y se preguntaba si alguna vez había vivido siendo consciente de que vivía. O si vivir era simplemente eso; una constante preparación para algo distinto.

Entre preparación y preparación sucedía la vida, algo que sólo somos capaces de percibir en perspectiva, como si la vida  necesitara de una distancia para ser vista.

Sólo desde la cercanía con la muerte que le había ofrecido la enfermedad había sido capaz de verla.

Uno toma conciencia de que ha vivido cuando mira hacia atrás, pero rara vez es capaz de percibirse “viviendo”, porque el “viviendo” siempre sucede mientras nos preparamos para otra cosa.

Y distraídos vivimos de preparación en preparación, sin saber que eso es la vida; una preparación.

 

JR

“ Como siempre me preparo para lo que debería sucederme, no me hallo preparado para lo que me sucede, nunca.” Antonio Porchia.

 

 

 

 

 

“Cada uno, cada Uno”

EBAE5D9F-63BA-44B5-AB29-5C9E7ABF1B38

“Si cada uno hiciese lo que tiene que hacer, el mundo no sería un caos”, solía repetir mi abuela hasta el cansancio.

Pero lo complicado consiste en descubrir aquello que cada uno tiene que hacer y aceptarlo.

Desgraciadamente es difícil encontrar felicidad cuando el que nació para abogado es médico, el médico es ingeniero, el pintor es político, el arquitecto es veterinario y el científico es juez.

Pocos son aquellos que están donde tienen que estar y hacen lo que tienen que hacer. Y por ende, pocos son aquellos que son felices haciendo aquello que hacen.

Donde hay vocación se nota, porque hallarás disfrute en el hacer.

¿Será que amamos aquello que hacemos bien, o que hacemos bien aquello que amamos?

Hoy es difícil encontrar a gente que esté feliz en su sitio, porque las solteras quieren estar casadas y las casadas quieren ser solteras; el cojo quiere correr maratones y el maratonista quiere pasarse el día viendo Netflix; aquel sin oido musical quiere dirigir una orquesta y el daltónico sueña con ser pintor.

Algunos dicen que de eso se trata la libertad, aunque a veces algunas  libertades consistan en desear justamente lo contrario a lo que nos toca vivir en cada momento y aspirar precisamente a aquello para lo que nos faltan capacidades.

Pero el mundo moderno nos repite sin cesar que todo es posible y dentro de esas posibilidades está también la de no amar nuestra realidad, no aceptar nuestras limitaciones, ni ser consecuentes con nuestras elecciones.

Encontrar tu verdadera vocación; que es aquello para lo que estás aquí  y que además te hará feliz; no resulta nada sencillo, porque para descubrir aquello que realmente amarás hacer, deberás descartar antes muchas capas y destruir las barreras del miedo y de la expectativa ajena.

Es cierto que no todos podrán basar su sustento en la actividad que amen, pero aunque tu verdadera pasión no sea una actividad redituable, ésta le dará sentido a la actividad que realices para conseguir  tu sustento.

Las vocaciones no tienen tampoco un periodo de floración concreto y suelen aparecer en distintas etapas de la vida; algunos afortunados descubren su vocación desde muy pequeños, otros en la juventud o en la adultez, otros la descubren al vivir determinadas experiencias que cambian radicalmente su realidad, y los demás mueren sin haberla descubierto jamás.

El desafío consiste en negarse a pertenecer a este último grupo y en resistirse a morir sin haber amado aquello que hacías, o sin haber hecho aquello que debías haber amado.  

 

JR

Con vocación o sin vocación, que mi hacer no se detenga antes de haberle amado” JR

“ Me exhibo, luego Existo”

07DA742D-1148-4CCD-8653-C160A853749A

 

Habitar fuera de la vanidad es imposible, pero habitar en la vanidad sin ser consciente de ella, si es posible. 

¿No es acaso vanidad escribir un ensayo, debatir, pintar un cuadro, construir una casa o plantar un jardín?

¿No son acaso todos los actos expuestos a la mirada y al juicio ajeno, actos de vanidad? 

Hay vanidad hasta en aquellos que se muestran ausentes, ascetas, humildes, espirituales y no solamente en aquellos que se pavonean sin tapujos acelerando su descapotable rojo a la vista de todos los peatones.

Hay vanidades groseras, escandalosas, escondidas, intelectuales, artísticas, religiosas, sutiles, disimuladas; pero todo en nosotros es vanidad. 

¿Qué son el hombre y su historia sino una trayectoria de vanidades múltiples y diversas?

El problema con la vanidad es cuando se vuelve tan extremadamente aguda que la mirada del otro pasa a condicionar toda nuestra existencia.

La vanidad ya no se remite a pequeños espacios de lucimiento, sino que define nuestra existencia y todas nuestras experiencias.

Ya no soy si no me ven; y nada de lo que vivo existe sino es observado, aprobado o desaprobado por el otro. 

Esta vanidad se alimenta de la mirada ajena y toda existencia que no es compartida u observada, no existe.

Las redes sociales han enmascarado a nuestra vanidad bajo el nombre de “compartir”. Y con la máscara de la generosidad (“estoy compartiendo”…) la vanidad se establece como virtud y pasa desapercibida. 

En nuestra era digital ya no hay vanidosos, sino seres sociales digitales. 

Me sucede a veces que al reunirme con gente siempre es imprescindible hacernos una foto, pero no es para inmortalizar ese momento, sino para subirlo a las redes sociales inmediatamente.

El encuentro off line se transforma entonces en una plataforma virtual y mi amigo en tiempo real se convierte en un receptor de likes y comentarios virtuales de nuestro encuentro, permaneciendo ausente durante el lapso de dicho encuentro.

Aquel encuentro se transforma entonces  en una ausencia, porque mi amigo ha dejado de estar conmigo para interactuar en otro plano y con otra gente.

Seguramente otro día podamos volver a encontrarnos y vivir el momento que no vivimos y que nos quedó pendiente.

¿Pero lo vivimos o no lo vivimos?

El encuentro existió porque puedo ver las fotos de los dos en Facebook e Instagram, pero no estoy tan seguro de haberlo vivido de la forma en que se exhibe.

Me exhibo, luego existo. ¿Pero será cierto que existo si no comparto?

JR

 

 

“La Libertad Ignorada”

 

BF104B5B-1C47-4CA6-8607-059EC49B4DAD

Si hay algo que caracteriza a la libertad es la posibilidad de elegir que ésta te otorga.  Y sólo quien puede elegir, es libre.

A pesar de que la palabra “Libertad” es una de esas palabras comodines que se ajustan para impulsar cualquier causa; (incluso a las más oscuras); solemos olvidar que la libertad es la posibilidad de elección, que sólo le fue otorgada al ser humano.

Hoy sin embargo elegir está mal visto. ¿Por qué elegir cuando se puede tenerlo todo?    

Este es el eslogan de la avaricia del mundo contemporáneo.

Hoy puedes ser madre, ejecutiva de una gran empresa, deportista de élite, modelo publicitaria, anfitriona de lujo, esposa, amante, estudiante de posgrado, colaboradora de una ong y el alma de todas las fiestas.

Y todo esto deberás hacerlo al mismo tiempo y con éxito, porque así es como le demuestras al mundo que eres libre, ya que la libertad actual consiste en que nunca tengas que elegir, ni dejar nada. 

Pero si alguien no elige, es realmente libre?  ¿Y es acaso posible que exista una elección, sin tener que descartar algo?

Juan ha decidido estudiar una ingeniería por la mañana, por la tarde da clases particulares, visita a su novia, luego entrena fútbol 3 días en semana hasta las 12 de la noche, prepara el examen de conducir, juega al fútbol los Sábados y también los Domingos con otro equipo distinto, sale los Viernes por la noche con la novia y los Sábados hasta la mañana siguiente con los amigos y me explica con paciencia que es posible vivir sin tener que dejar nada. 

Después del primer cuatrimestre miré  sus notas y había reprobado 4 de 6 materias. Pero para él no dejar nada sigue siendo viable, a pesar de su evidente  fracaso.

Hoy renunciar a algo está mal visto, porque decir que no, es signo de debilidad en una época en donde el optimismo y la negación de lo evidente es lo que se lleva, cueste lo cueste y caiga quien caiga.

Uno se va convirtiendo poco a poco en un  esclavo de esta nueva “Libertad” que no elige nada y que para colmo, lo hace pensando que es más libre que nadie.

El esclavo moderno suprime todo tipo de elección que le exija un abandono y así deja de ejercer la única acción que le convertía en realidad en un ser libre; que era la posibilidad de elegir a cada momento la mejor de sus opciones, descartando temporalmente a las restantes.

Acción que además, le convertía en un ser inteligente. 

JR

“ Toda elección supone una pérdida y denota una fortaleza” JR

“El Impulso hacia lo Distinto”

2D6D3713-D279-4DDB-BCAD-83E0346C4C55

“Mucho de lo que antes creía distinto, hoy es más parecido a mi que aquello que creía igual” JR

 

En una época en donde lo diverso impregna nuestra realidad tanto física como virtual, resulta difícil mantenerse viviendo en la uniformidad.

Hoy es casi imposible vivir en una gran ciudad o navegar por internet, sin que la diversidad de culturas sea la constante.

Se nos impulsa a diario a abrazar la convivencia con la inevitable multiculturalidad de nuestra época y en ocasiones esto se hace con demasiada insistencia, casi como una imposición.

Si bien es cierto que la tolerancia es la base del mundo civilizado, la tolerancia se fundamenta en el respeto mutuo, pero ese respeto no nos obliga a la amistad, porque una cosa es el respeto hacia lo distinto y otra muy diferente es que lo distinto te agrade.

La tolerancia sólo hace referencia al respeto por lo distinto, pero no incluye al amor por lo distinto. 

Existen movimientos que se venden como amantes de lo distinto; discurso del que yo desconfío profundamente porque no encaja con la realidad en la que vivimos, ya que si fueran tan amantes de lo distinto como dicen ser, el mundo sería un lugar sumamente pacífico.

A pesar de no creer en la existencia de la igualdad en un mundo hecho de evidentes desigualdades, si creo que existe lo semejante, y lo semejante nos atrae porque nos relaja. 

Estar entre iguales nos produce la misma sensación que la de llegar a casa, una sensación que predispone a la confianza; un espacio en donde uno se siente a salvo y tranquilo.

Hoy sin embargo, se condena el gusto por lo semejante en aras de la multiculturalidad y de la tolerancia  porque se considera que lo semejante niega la inclusión.

Pero la imposición de la diversidad por sobre lo semejante, aunque enmascare una intención de generar tolerancia,  niega también la libertad de cada individuo. 

El amor hacia lo multicultural debería ser por lo tanto una opción y no una imposición, porque toda imposición genera naturalmente una resistencia y su resultado nunca tiene aroma a libertad.

La única solución viable para despertar naturalmente a la tolerancia se esconde en la curiosidad.

La curiosidad es ese un impulso indomable que nos mueve hacia lo desconocido y que no nace de la imposición, sino de la intriga; ese ansia por conocer lo no conocido.

A los curiosos lo que nos mueve hacia lo distinto es la intriga y el aburrimiento, porque mucho de lo mismo nos cansa. 

Si en vez de recurrir a la imposición se promoviera la curiosidad, la tolerancia dejaría de ser un mandato para convertirse en un desafío.

Pero la confianza en lo distinto no sólo  necesita de conocimiento, sino tambien de tiempo.

JR

 

“ Al conocimiento siempre se lo ha supeditado al desarrollo intelectual, sin percibir que éste también era el camino para el desarrollo del alma” JR

 

 

“Inmunidad al Beneficio”

4FD2D617-20E0-4017-B899-2A9E37E679E9

Confesaré humildemente que yo preferiría tener mi zapato descosido a mi verso mal rimado, y que pasaría muy gustoso sin botas antes que quedarme sin poemas”   Gautier

 

Hay actividades que para muchos resultan extrañas en la vida de las personas y de las que éstas gozan aún siendo conscientes de que no les aportarán ningun beneficio económico;  como son la pasión por la cultura, por la literatura, por el arte, por la filosofía, por la ciencia y por todo saber.

Acostumbrados a que el tiempo es oro y a asociarlo siempre con la productividad y con su consecuente rentabilidad, hemos adquirido el vicio de contabilizarlo todo, incluso el tiempo perdido.

Poco a poco, muchos de nosotros vamos perdiendo aquel don del que disfrutábamos sin culpa cuando éramos niños; la capacidad de perder el tiempo y de perdernos con él en una actividad que no generaba ningun otro beneficio, mas que el de engrandecer nuestro espíritu.

Es llamativo como al final de la vida los moribundos suelen considerar al tiempo perdido, como al único tiempo ganado. Los paseos por la playa, la novela bajo el nogal, las tertulias sobre arte, el baile, la pintura, el juego con los niños, la música, las tardes en el parque o el canto con los amigos.

En una época obsesionada con la actividad, la productividad y la acumulación, resulta difícil desengancharse y hacer un hueco para un vacío que no ansíe siempre un beneficio.

Si hay algo en lo que las máquinas sin duda nos superarán es en actividad y en rendimiento, pero las pobres no sabrán nada sobre la sensación de perder el tiempo leyendo una novela o disfrutando una sinfonía, porque han sido diseñadas únicamente para ser útiles. 

La característica más humana es la posibilidad para lo inútil, esa inmunidad al beneficio que sólo sirve para engrandecer el espíritu y que se evidencia en los que aman el arte, la música, las letras, las ideas y la ciencia.   Esos seres que perdidos en sus pasiones y sin especulación alguna, son guiados hacia un espacio extraño, al que algunos llaman libertad y otros sabiduría.

Esa tendencia por lo inútil es algo que las máquinas nunca comprenderán porque la utilidad es el adn de toda máquina, mientras que la inmunidad al beneficio es un don del que saben disfrutar algunos hombres. 

 

JR

“ Es curioso que a la hora de morir la pérdida más valiosa resulte ser la de todo aquello que era gratis o inútil” JR

“La Moderación que nos Falta”

 

FD4B7DAE-20BD-4155-A05D-1D47FBECB403

Si tuviera que elegir una sola virtud para esta época de extremismos elegiría a la moderación porque creo que de todas las virtudes, ésta es actualmente la que más necesitamos.

Hay gente que nace moderada, aunque hay moderaciones que mas que a templanza saben a un desinterés general por todo aquello que acontezca fuera de su ámbito particular.

La moderación no es un destino, sino una forma de caminar con orientación hacia el camino del medio, al que se llega  lleno de moretones; porque para arribar a un medio hay que percatarse de la existencia y del funcionamiento de todos los extremos.

A esos golpes causados por buscar sin tregua la tan deseada tierra media, los llamo yo “las heridas del buscador”.

La moderación es esa forma de andar   zigzagueante en la que uno no se instala ni demasiado en un extremo, ni demasiado en el otro, para así  favorecer la observación de todo el paisaje. 

La actitud del moderado es ante todo una actitud de distanciamiento y de duda, pero no es esa duda insegura que retrasa cualquier decisión por miedo, ni un distanciamiento indiferente y perezoso; sino esa duda de revisión constante de las premisas, que se realiza desde una distancia para poder observar con perspectiva. 

Para la moderación hace falta también ser curioso, esa inquietud que nos impide asentarnos en una convicción por demasiado tiempo; algo pica, algo hace ruido y de pronto uno deja de estar cómodo con aquello en lo que hasta ahora creía a muerte.

¿Será tan cierta esta certeza que tengo? ¿O habrá que mirarla mejor desde esta otra perspectiva?

El fanático sin embargo, es totalmente opuesto; él permanece cómodo y arropado en las certezas que ha heredado o alcanzado, como quien se queda en la cama calentito, en vez de levantarse y ponerse a trabajar.

La actitud del fanático es inmóvil, cómoda y escencialmente social, ya que en sus certezas no sólo encuentra comodidad sino también compañía y en ocasiones además su sustento económico.

El fanático se ha acomodado en un grupo que piensa igual a él y como las certezas tienden a echar raíces, este individuo arraigado ya no necesita hacer más esfuerzos para movilizarse y pensar.

El fanático cambia la curiosidad por la obediencia a un sistema de creencias que guían su comportamiento y que no requieren de su creatividad.

Pero el hombre no fue pensado para permanecer inmóvil, arropado y cómodo, sino para andar, para dudar y para ejercer su función como ser inteligente.

Si la duda es la gimnasia de la inteligencia, dar por sentadas las certezas alcanzadas por demasiado tiempo no es solamente paralizar las ideas, sino dejar de buscar mejoras y soluciones.

Llegar al medio es una osadía porque requiere de mucha apertura, la misma que necesita el cerebro para conocer y liberarse de todos sus extremos y de sus limitaciones.

JR

 

 

“Ya no creo en ninguna de las cosas en las que he creído, pero todas me han servido para llegar hasta aquí” JR

 

“La Edad y el Cambio de Velocidades”

89491531-F2FB-4AAF-9DF9-3C2163084442

Son muchos los cambios que traen los años, pero no todos ellos son desventajas.

La edad le aporta a algunas personas una nueva perspectiva, y junto con ella nace un cambio de velocidad en los estados.

Los enfados ya no duran lo que duraban antes y suelen parecerse más a un estallido repentino que a esa nube gris que nos acompañaba durante mucho tiempo por encima de la cabeza.

No es que uno deje de enfadarse, ya que eso significaría que estamos muertos, sino que la duración y la intensidad de los estados cambia y comienzan a parecerse más a un estornudo que a una enfermedad crónica.

Con el paso del tiempo vamos tomando conciencia de que con suerte y viento a favor, nos quedan como mucho 20 años en buen estado de conservación, por lo cual la larga duración de un enfado no nos compensa en absoluto.

Cuando aparece la conciencia de que el tiempo apremia, la perspectiva de las cosas cambia y esa nueva percepción de la distancia modifica también nuestra velocidad. 

Uno empieza a apurar algunas cosas y a demorar muchas otras.

Este proceso se reproduce de forma inversa en el estado de bienestar; aquel que es consciente de que el tiempo es escaso se apura mucho más en disfrutar. Ya no hay tiempo para postergar aquello que hasta ahora considerábamos postergable.

La conciencia de la finitud hace que uno empiece a cambiar sus prioridades en la agenda; “postergaré el enfado para mañana…,pero la felicidad es urgente”

Creemos que el tiempo sólo nos ofrece la opción de ir envejeciendo a la vista de todos, pero sin embargo existe un proceso simultáneo que sucede en nuestro interior y permanece oculto.

Ese marchitarse exterior convive con una regeneración interna, y a pesar de percibirnos cada vez más viejos exteriormente, poseemos la capacidad de ir volviéndonos cada vez más parecidos a los niños; esos a los que la rabieta se les pasaba a los dos minutos con una piruleta.

No es de extrañar que los científicos estuvieran obsesionados con el estudio del tiempo, ya que éste a simple vista erosiona todas las cosas, incluida la velocidad de los estados, pero a la vez el tiempo tiende a autoregenerarse, como si su intención fuera en realidad la de ser eterno.

El tiempo nos da señales de poseer un comportamiento circular, pero nuestra limitada percepción, sólo nos permite apreciar que se nos va escurriendo entre los dedos cada vez más rápido. Y de no ser así, lo importante seguiría siendo postergado.

 

JR

“Cuando la posibilidad de morir se acerca, la urgencia por estar vivo urge”. JR

“La Fábrica de Egos”

La publicidad se ocupa de promover las ventas convenciéndonos a todos de que somos especiales y de tan especiales que somos, nos merecemos el producto promocionado.

El mundo está superpoblado y sin embargo no hay quien no se sienta especial.

Todos estamos convencidos de que por algún motivo somos particularmente seleccionados, pero el problema es que cuando miles de millones de personas se sienten especiales, el resultado termina siendo una masa de lo más común.

Sentirnos especiales nos ayuda a perseguir nuestros sueños y la percepción de nuestra unicidad trabaja como un impulso hacia nuestras metas, combatiendo eficazmente nuestros temores y nuestras inseguridades.

Pero cuando la ilusión de ser especiales nos hace creer que siempre merecemos algo más de lo que tenemos, este impulso cambia de dirección. Nos convence de que somos merecedores de algo distinto, convirtiendo a nuestra realidad en la representación de la injusticia y a nosotros en unos desdichados. 

Si no obtengo lo que merezco es porque el mundo es cruel e injusto. ¿Cómo puede alguien tan especial como yo, no tener aquello que se merece?

El problema es mucho más grave de lo que parece, ya que esta fábrica descontrolada de egos; que resulta muy  rentable a corto plazo, va dejando en el camino a un ejército de “especiales insatisfechos”, que tarde o temprano saldrá a reinvindicar todo aquello que cree que se merece y que este mundo cruel no le ha proporcionado.

Fabricarse un ego es sin lugar a dudas indispensable para poder sobrevivir en un mundo en donde todos tienen uno, pero aprender a destruirlo a tiempo es además de un talento, una maniobra de supervivencia. 

Mientras el ambiente de descontento crece sin tregua entre la gente especial, que cree siempre merecer algo más de lo que tiene; entre la gente común uno percibe un ambiente de alegría, como si  ellos hubieran logrado sobrevivir a esa ilusión. 

El hombre común es agradecido, trabajador, fuerte y sobre todo contento, porque siente que la vida no le debe nada. 

Después de pasar un tiempo entre esta gente tan extraña, uno vuelve deseando desarrollar ese extraño talento que se parece al despertar de un sueño.

JR

“No hay nada más motivador que estar con los contentos” JR

 

“El Victimismo que da Poder”

En un mundo en el que la desigualdad es la norma, la tendencia al resentimiento sólo necesita de un pequeño empujón para incendiar al pueblo.

Los gobiernos radicales lejos de trabajar en pos del bienestar social y el progreso de los más desfavorecidos, luchan a capa y espada para sembrar odio y resentimiento en el corazón del pueblo, sometiéndole asi a un tipo distinto de esclavitud.

El resentimiento es otra forma de aprisionamiento, en este caso uno acotado al plano mental y que imposibilita cualquier avance.

Es curioso cómo en esta época se enaltece al débil y se repudia cualquier demostración de fortaleza de carácter.

Si uno logra posicionarse como una víctima cuenta de antemano con ventaja por sobre cualquier otro contrincante porque despertar lástima es hoy la máxima virtud.

El feminismo, entre otros movimientos del siglo 19, se ha vuelto a poner de moda en Europa de la mano de los populismos que azotan la región, pero de aquel feminismo del siglo 19 ;en donde fue la demostración de la fortaleza de la mujer la que consiguió  sus derechos; ya no queda nada.

Este nuevo feminismo digital insiste en que es el victimismo el nuevo método de triunfo de este colectivo.

“Cuanto más víctima seas, más conseguirás. Y si intuyes que vas perdiendo apoyos lo mejor es recurrir a un pasado en donde tu victimismo consiga mutar radicalmente ese mal presagio.”

Hoy en día toda mujer que quiera ser popular y aclamada debe exponer públicamente algún intento de violencia  acometido contra ella en algún momento de su vida, para que el pueblo solidario y compasivo se vuelque automáticamente a modo de ola humana a demostrarle su empatía.

El mundo se ha acostumbrado a adorar   sistemáticamente a las victimas y a repudiar a los fuertes y todas las figuras públicas que necesitan del apoyo popular han salido en masa a exponer sus tragedias particulares, con la intención de acrecentar su popularidad. 

Busca bien en tu pasado y seguramente encontrarás algún episodio en donde fuiste discriminada o sufriste abusos de algún tipo”  me decía una feminista hace un tiempo, ofreciéndome en bandeja la estrategia infalible del resentimiento; tan necesaria actualmente para ganar adeptos adhiriendome a su causa. 

Seguramente si rebuscara bien encontraría algo para ser una víctima yo también, pero lo curioso es que nada está más lejos de mis intenciones que pertenecer a ese grupo y nunca consideré que la empatía estuviese obligatoriamente ligada a la pertenencia.

Mi ideal siempre ha sido la fortaleza ante el sufrimiento y la superación como opción al resentimiento, por lo cual mi entrada al club de las víctimas me estaría rotundamente denegada.

Aquel que enarbola el rencor como método de triunfo no es fuerte, ni será capaz de cambiar las condiciones de aquellos que sufren, porque no ha sido capaz de cambiar de antemano las suyas. 

La astucia de pertenecer al club de los oprimidos,que ubican al culpable siempre fuera, es el método infalible de los tiranos y enmascara la incapacidad de dar soluciones a los problemas reales de la gente. (La responsabilidad de sus desgracias siempre las tiene otro, por lo tanto las soluciones nunca están a su alcance) 

Ser vitima de algún abuso y exponerlo públicamente es hoy la condición indispensable para cualquier puesto de poder, tanto en la política como en el mundo del espectáculo, porque estar en el bando de los fuertes podría dar a entender que perteneces al bando de los abusones. (Cuidado! actualmente si no eres abusado, se deduce que eres uno de los abusadores, por lo cual ser una víctima es la única opción que tienes para librarte de una condena injusta).

Quien basa su fortaleza en la debilidad promoviendo el resentimiento, expone su incapacidad de superación y alguien incapaz de superar su propia debilidad será incapaz de luchar por invertir la tuya.

Detrás de cada uno de los tiranos que han azotado a la humanidad siempre hay una historia personal de resentimiento, que más tarde se redirigió hacia una causa social o política. 

Dar poder a los resentidos es peligroso y nos ha llevado siempre por mal camino. Quizás porque la habilidad que requiere el poder es la de la superación constante.

 

JR

“La superación es sin duda la característica de un buen líder” JR

“El Duelo en la Era de la Diversión”

Cuando se produce un cambio de era, ésta suele asociarse a la aparición de elementos nuevos que modifican de forma abrupta nuestra vida.

Todo termina acomodándose con el tiempo a las nuevas formas, pero este acomodamiento conlleva una época de crisis hasta que todo se ordena de una forma distinta.

Asi paso con la Revolución Industrial, así sucede con la irrupción de Internet y así suele ocurrir también con la muerte.

La muerte de la gente muy cercana irrumpe en nuestra vida como una revolución, desencajando nuestro mundo y modificando nuestra rutina.

Antiguamente la muerte no tenía la distancia que tiene hoy en el mundo occidental, sino que era un episodio cotidiano y doméstico porque sucedía en cada casa.

Las mujeres morían en los partos, los bebes morían al nacer, los niños morían de infecciónes y los adultos morían de neumonía durante el invierno en sus hogares.

La muerte era cotidiana y doméstica, como lo era también la enfermedad y el duelo era contemplado con la misma consideración que se le tiene a cualquier otra patología.

La sabiduría popular conocía sobre la fragilidad que se apodera de aquel que sufre una pérdida, llegando incluso en algunos casos a afectarle también a niveles físicos.

Los traumas de pérdida no sólo afectan a nuestro sistema nervioso, sino también a nuestro sistema inmunológico. El dolor cuando es muy intenso corre por la sangre, ya que cuerpo y mente conforman una estructura indivisible.

El duelo antiguamente suponía un periodo en el que se propendía a la indefensión frente a estímulos externos y requería de un tiempo de apaciguamiento.

Se considera que un año es el tiempo estimado que necesita la rutina para recomponerse, llenándose de nuevas opciones, al principio auto impuestas a modo de esfuerzo obligado, hasta lograr afianzarse.

Cuando el último cumpleaños o la última Navidad dejan de ser aquellos que compartimos juntos y el recuerdo próximo a todas aquellas fechas significativas se llenan de nuevas memorias, el dolor entonces empieza a menguar.

Esto no quiere decir que la ausencia se supere, (la ausencia se mitiga pero no se supera), sino que el umbral de dolor se ensancha a medida en que la rutina se reorganiza y la memoria se puebla de nuevos referentes y de nuevos recuerdos.

Pero el duelo se ha vuelto difícil de experimentar en nuestros tiempos, en donde la felicidad está íntimamente asociada a la diversión y en donde la muerte y todo aquello que la evoque, se han vuelto temas tabú y esquivados por todos.

La muerte ha adquirido en nuestros tiempos una distancia tal y se ha postergado tanto en el ciclo vital, que a veces tendemos a creer que esa realidad no existirá para nosotros.

Muchos evitamos la cercanía con el dolor ajeno porque le consideramos una enfermedad contagiosa; una que sabemos que tarde o temprano nos llegará también a nosotros.

Aquel que sufre una pérdida siente que con su dolor estropea la tendencia colectiva a la diversión; que representa el fin último del individuo actual y que caracteriza a nuestro tiempo (la Era del entretenimiento); y tiende por lo tanto a aislarse.

He escuchado que muchas de las personas que han sufrido pérdidas muy cercanas aseguran pasar por un proceso similiar a la invisibilidad luego de perder al ser querido, ya que uno siente que es visible en cuanto es amado.  (Existo en tu mirada, en tu necesidad de mi presencia y en tanto tú existes yo soy, y ahora que tú no estás, yo también  desaparezco).

Otros describen al duelo como a una sensación de vacío y desorientación que muchas veces se traslada también al plano espacial.  (Mi vida se ha trastocado, mi rutina ha cambiado y tu ausencia es quien ha provocado que yo esté desorientado en este nuevo orden. (Estoy perdido en una vida sin ti).

Aquellas vestimentas negras que se les obligaba llevar a las mujeres durante el luto advertían esa sensación de ausencia. Y aunque la ausencia que deducíamos al ver aquellos trajes era la del muerto, la ausencia que anunciaban era otra. Alguien se habia ido dejando a un individuo en un estado de fragilidad transitoria. 

Cuando uno pierde tanto, también se pierde un poco a si mismo y desearía poder llevar durante un tiempo una  advertencia pegada en la frente,  similar  a la de aquellos paquetes de Fedex que transportan mercadería delicada y que solicitan por favor que se les trate con cuidado.

“Handle with care” ( frágil) ; es que poseo una enfermedad extraña en tiempos de diversión y de seres eternos: “He  perdido y estoy sufriendo”.

JR

 

 

“La contradicción permanente que caracteriza a este mundo hace que la percepción de nuestra propia  transitoriedad en vez de empujarnos hacia la muerte, nos lleve a estar más presentes, porque la muerte del otro presagia también la nuestra” JR

“Las Mujeres que Odiaban a los Hombres”

A Miranda Kerr (modelo internacional) se le ocurrió sugerir que las mujeres debían arreglarse un poco para recibir a sus maridos en casa.

En España el revuelo ante ese comentario suscitó los insultos más violentos imaginables hacia esta pobre mujer americana, que sólo intentaba estar guapa para esperar a su marido.

¿Qué iba a saber la pobre Miranda que  en España la tendencia es ser un marimacho feminazi que cultiva el bigote y el rencor, mientras espera al marido con el garrote detrás de la puerta?

Las nuevas feministas, que nada tienen que ver con aquellas que abogaban por la liberación de la mujer en el siglo 19, hoy son un colectivo de mujeres resentidas y violentas que encuentran machismo en todo y acusan de discriminacion a cada paso.

Si las ideologías cuando se potencian demasiado crean monstruos, el feminismo no ha sido la excepción.

Las feministas actuales odian a los hombres occidentales (que son justamente quienes garantizan sus derechos y sus libertades) y contradictoriamente protegen al Islam, que mantiene a las mujeres de su colectivo tapadas debajo de burkas negros y recluidas en sus casas para dedicarse únicamente al cuidado de los hijos y del hogar.

A las feministas actuales las verás protestar frente al Congreso de diputados o destruyendo locales comerciales, abogando por la extinción de los tampones y en breve seguramente exigiendo la abolición del periodo menstrual.

Las protestas curiosamente las realizan  semidesnudas ( …ellas, que no desean ser consideradas como un objeto sexual)  y protestan contra el capitalismo y contra la Democracia (que es el sistema que garantiza sus derechos) pero jamás las veras defendiendo las libertades de la mujer musulmana en Medio Oriente.

Este se ha vuelto un colectivo muy selectivo en sus causas, fundamentalmente políticas y antidemocraticas y curiosamente muy parecidas a las bases de la política islamica.

En cuanto el Islam llegue al gobierno europeo ( y falta muy poco) todas estas feministas volverán a casa para arreglarse forzosamente y recibir a su marido junto a otras 3 esposas más.

Saldrán a la calle enfundadas debajo de un burka negro con 40 grados en Barcelona y acompañadas en todo momento;  y recordarán con nostalgia aquellos tiempos occidentales en los que las mujeres odiaban a los hombres y eran libres.

 

JR

 

“La Mirada Extranjera”

Releyendo a Ortega y Gasset uno se encuentra con Nietzsche a cada página.

Mientras el genio español se sumerge en la cultura germana y desenreda la filosofía Kantiana; basada en esa subjetividad de Kant que irreversiblemente termina convirtiendo   en una nueva moral; (tan subjetiva ésta como cualquier otro camino único); uno comprende que la maravilla en la mirada de Ortega y Gasset conlleva las cualidades de una mirada extranjera.

La extranjeria dota de la capacidad de mirar sorprendido porque el extranjero no posee el acotamiento de lo nacional, ni ese acostumbramiento que provoca todo lo que está ya muy visto. 

Esta  forma de ver se parece a la que tienen los niños pequeños, que ven gordo a quién es gordo y viejo a quién es viejo, sin sentir después de expresar esa objetividad ningún remordimiento. ( hasta que llega la censura de los mayores que le oyen decir la verdad).

Esta libertad de culpa para percibir la realidad se debe a que la mirada de un niño muy pequeño, aún no ha sido sometida a la cirugía con que se moldea la córnea de los individuos desde pequeños, para que aprendan a decir siempre lo que no ven y a esconder aquello que ven en realidad.

Esta domesticación indolora en la que habitamos, se basa principalmente en que uno no debe nunca herir a nadie.

La filosofía cristiana construida sobre  una compasión mal entendida y combinada con la Educación inglesa basada en la compostura y el disimulo, dio vida a individuos de discursos medidos, duales, de esos que cuando acaban,uno es incapaz de sintetizar nada de lo que han dicho con certeza. ¿Por qué?

Porque la contradicción es muy difícil de traducirse en idea.

La idea necesita de una linealidad y de una coherencia para adquirir algún sentido. De lo contrario, se convierte en un pronóstico del tiempo en 24 Hs, cuyas temperaturas variables confunden y evitan llegar a una conclusión determinada.

Hará frío pero no tanto, (no es cuestión de que el frío se lo tome a mal), hará calor pero no tanto ni todo el tiempo, (para que el calor tampoco se ofenda).

Y al final a uno no le queda claro si llevar el bañador o la bufanda;  y para no quedar mal con nadie carga con los dos.

Uno debe ser medido hasta en la mentira, educado y políticamente correcto de principio a fin, porque si entre alguna de las contradicciones que le son permitidas se le escapa sin querer una verdad,el descuido puede ser mortal.

Si se te escapa una verdad te exigirán explicaciones y disculpas; porque todos estamos inmunizados contra la mentira, pero la verdad resulta intolerable. 

Existe una libertad de visión en ser un extranjero y esa libertad está dada por la falta de ceguera nacionalista o fanática a cualquier ideología , esta afiliación  incluye a un tipo de lente graduado que se implanta en el individuo desde el amamantamiento y que luego continúa en grandes dosis con el nesquick del desayuno de cada mañana.

Este tipo de visión fanática nos amplifica algunas cosas y nos ciega a otras, (de una forma específica según la latitud y el meridiano en el que habitemos y de la que uno no se libera tan fácilmente, sin pasar antes por un arduo y doloroso trabajo de auto- destierro que incluye el tratamiento de autocrítica verdad) .

Este auto- destierro consiste en un despellejamiento a modo de peeling doloroso, que puede sangrar mucho  hasta adquirir cierta objetividad para poder observar y observarse, sin la necesidad de tener la bandera atada alrededor del cuello o colgada en el balcón y sin la dependencia de la  comida tradicional inyectada por vena a modo de droga alucinógena, sin la cual muchos no pueden sobrevivir más de una semana.

(Algunos desfallecen si pasan mucho tiempo sin la tortilla de patatas, otros sin el dulce de leche y los menos vegetarianos sin el chorizo, el frankfurt o el Big Mac).

Este éxodo voluntario es una especie de viaje lejos de la tierra que uno conoce de memoria y apartado de los sabores que ha degustado hasta el hartazgo como si fuera un esclavo, para adentrarse en busca de una tierra desconocida a la que tendrá que mirar con ojos nuevos.

A esta objetividad despredida de sustancias adictivas, (que para unos resulta ser tan inevitable si se quiere reaprender a mirar como mira El Niño de Nietzsche), los compatriotas la llaman traición imperdonable, mientras los lectores la agradecemos y la llamamos valentía.

No sé si corresponde considerar valiente a  quien transita por el mundo desconfiando de todo, incluso de su propia sombra, de la cual uno no puede fiarse ni un pelo, porque según la orientación de la luz resulta ser la más traicionera de todas. Pero teniendo en cuenta el percal, sin duda los atrevidos son siempre los que destacan.

El enaltecimiento del “pusilánime” según Ortega y Gasset consiste en poner en el podio a aquellos individuos  cuyo único objetivo en la vida es disfrutar del placer y rehuir del dolor, (y yo agregaría también agradar a todos),  y que sigue estando tan vigente al día de hoy como lo estuvo en 1927. 

Escandaliza y sorprende como lo único que cambia a lo largo de la historia son los menús del día, el vestuario, el peinado y el skyline de las ciudades, mientras lo escencial permanece increíblemente intacto.

Es cierto que han cambiado las palabras y aquel pusilánime de Ortega y Gasset podría ser hoy el individuo políticamente correcto con derecho a voto, que viaja con la tortilla en el bolso para evitar contaminarse de nuevos sabores; )no vaya a ser que la bandera se le trastoque y traicione a la patria por probar alguna delicia exótica).

Pero gracias a la cultura de la igualdad reinante, a los individuos se nos hace creer que somos todos iguales.

Yo no creo que seamos iguales, pero sí que somos todos igual de necesarios.

Y lo somos porque el aparato visual funciona a modo de contraste, de la misma forma en que funciona la mente humana y su razonamiento. Si no existiera una variedad de colores ¿cómo  reconoceríamos el rojo?

Y si no hubiera pusilánimes ¿cómo reconoceríamos al genio? 

JR

“Los Padres de la Dependencia”

Cuando recuerdo mi juventud suelo rememorar un horizonte mucho más arriesgado que el panorama actual. Uno salía de casa sin móvil y sin la aplicación rastreadora de mamá  (que hoy sabe a cada momento adónde estás); y siendo consciente de que al salir por la puerta, uno era el responsable de volver a casa a salvo.

Recuerdo recorrer Europa y Turquía con una amiga a los 20 años y despedirme de mis padres para volver a hablar con ellos desde un teléfono público del aeropuerto de Frankfurt un mes y medio más tarde, avisándoles que llegaría al día siguiente a casa porque había conseguido lugar en un vuelo de vuelta.

En aquella época yo solía viajar con billetes sujetos a espacio, así que nunca sabía qué día podría llegar a ningún sitio y si esa noche subiría al avión o si dormiría en un rincón del aeropuerto.

No hubo móviles ni llamadas de larga distancia en ningún momento durante aquel viaje, y también recuerdo haber hervido dos docenas de huevos en un hostel de Amsterdam al principio del recorrido y estar comiéndome el último huevo duro en el ferry de Kusadassi a Samos, casi 20 días después, junto con unos cacahuetes que había comprado días antes en el Gran Bazar de Estambul.

Uno ahorraba al máximo, pero nunca se sentía “incomodo”, sino libre, hambriento  y feliz.

El viaje en aquella época era mucho más sencillo que ahora e implicaba una distancia desde la cual poder observarlo todo sin ser observado.  No existía la necesidad de subir las fotos a Facebook, ni de conseguir wifi para poder subsistir.

Todo esto suena muy extraño en un mundo en donde los padres obtienen hoy el parte informativo instantáneo de los hijos y los hijos exigen hoteles cinco estrellas y vuelos sin escalas. Pero lo más llamativo es que todo esto haya cambiado en el breve lapso de dos décadas.

Hoy accedemos al seguimiento intensivo de todos los movimientos de nuestros conocidos por Whats up o a través de una aplicación de rastreo.

El hijo supervisado ha dejado ya de sentirse controlado, para sentir que eso es muy normal y que su vida debe compartirse permanentemente con sus progenitores y con cualquiera que esté en línea.

El concepto de privacidad ya no tiene nada que ver con la intimidad, sino que apunta escencialmente a la seguridad digital y se limita a la elección del público en una red social.

Suelo escuchar a menudo a padres que se quejan de que los hijos no se independizan nunca y de que siguen viviendo en casa, con la excusa de que la vida allí es mucho más cómoda.

Las madres en el fondo se sienten halagadas de ser ellas las responsables de que el niño de 30 esté cómodo en casa, pero a mí particularmente la prioridad de la comodidad a los treinta me produce náuseas. Quizás porque erróneamente consideré que esas dos décadas estaban pensadas para la incomodidad de generarse una vida. 

Si la comodidad es lo que prima para un individuo de 20 y 30 años, entonces ¿cuál será la prioridad de este individuo a los 60?

Siempre me resultó extraña esa gente que a los 20 y 3O años prefería la comodidad por sobre la libertad y esos escenarios siempre me auguraron malos presagios.

Sospecho de que en gran medida somos los padres controladores de hoy, los responsables de los hijos cómodos y dependientes del mañana.

Y aquellos progenitores que se resisten a serlo, porque creen que la incomodidad que produce la libertad resulta escencial a cierta edad, son considerados como padres desentendidos o indiferentes.

El concepto de educación que yo tenía hasta ahora apuntaba a la independencia y al impulso hacia la libertad del individuo como fin; pero hoy ese concepto ha cambiado y el ideal educativo es el seguimiento /guía y el control constante de la vida del infante desde la cuna hasta la tumba.

Esto se refleja también en la obsesión por una formación académica organizada que no acaba nunca, (universidad, masters, doctorados), en donde todo apunta al mismo control; el adiestramiento guiado permanente, sin dejar ni un hueco disponible para el nacimiento del individuo libre e independiente.

– ” Me ignoras”  le dijo Marteen de 19 años a su padre, en una novela que escribí hace tiempo.

Y mientras John escuchaba aquel reclamo, sobre la necesidad de hostigamiento contemporáneo que echaba en falta Marteen y al que veia sometidos a todos sus amigos, John le decía;

– “No te ignoro, es que ahora me toca observar cómo te haces un hombre”.

John, que parecía un padre distante a los ojos de Marteen intentaba hacerle entender que aquella no era una ignorancia sino un permiso, algo más parecido a un abandono positivo que a una indiferencia. 

La distancia también es un regalo, incomprensible en estos tiempos de control y de presencia abusiva; pero el trabajo de convertirse en un individuo es tan privado y tan personal, como lo es la libertad; ese sitio en donde lo incómodo no cuenta y la soledad duele muchas noches. 

 

JR

 

 

 

“De Vegano a Moralista”

 

Cada uno vive según su receta y todos hemos ido juntando a lo largo de la vida determinada información que nos es útil para sobrevivir en este mundo.

Esta particular selección en muchos casos, ha incluido también el descarte de muchas cosas que hemos detectado como perjudiciales para nosotros y de las que nos hemos deshecho convenientemente a tiempo.

Lo malo no es elegir libremente tu propio manual, sino nuestra tendencia de ir intentando imponérselo al otro. Esta manía de convencer a la que los sofistas nos han acostumbrado desde hace tiempo y que ha prevalecido intacta a través de los siglos.

El trabajo intelectual de explicar el porqué de haber llegado a determinadas conclusiones es interesante y un pasatiempo que los intelectuales disfrutamos como a una rutina semiautomática y predilecta por sobre cualquier otra; pero intentar convencer a quien no desea ser convencido es un acto de violencia como lo es cualquier otro tipo de evangelización.

Esta violencia la han detectado todos aquellos místicos que se negaron a fundar sistemas, e incluso a dejar por escrito sus palabras, para evitar que se convirtieran en doctrinas. Esto por supuesto no pudo evitarse tras su desaparición y junto con ellos desaparecieron también  esas verdades que “no podían ser dichas”, sino únicamente comprendidas a través de la experiencia.

Y cada uno la vive a su manera, pero el intentar crear nuestra propia iglesia es una tendencia que no podemos evitar, como si la experiencia solitaria de la felicidad no nos fuera suficiente y tuviéramos que convencer a otros para que nos acompañen.

A veces dudo si es nuestra intolerancia a la soledad aquello que nos mueve a la evangelización o si es esa sensación de poder que genera el sentirnos los salvadores de otras personas. O si simplemente es una estrategia comercial que beneficia a un grupo. 

Hay muchas formas de convencer y muchas son muy sutiles, pero no menos violentas. Está la amenaza del infierno, la del limbo, la de la recompensa, el paraíso, la santidad, la eternidad, la reencarnación, la de la aprobación, la pertenencia, la enfermedad y también la muerte.

¡Amenazas algunas, tan inevitables!

(Sobre todo la muerte, de la que ni Dios se salva; y sino pregúntele a Nietzsche).

El tema es cómo y de qué manera se muere, porque morir vamos a morirnos todos. Algunos comiendo lechuga, otros a base de jamón serrano y dieta mediterránea, unos rezando hacia un hemisferio y otros mirando hacia el otro, algunos en descampados sin atención médica y otros en hospitales cinco estrellas.

Aunque quizás nuestro deseo inconsciente no sea el de evitar lo inevitable, sino el de suavizar de algún modo la llegada de lo inevitable, porque está claro que compartiendo todos un mismo y único final, que es para todos la muerte, la única posiblidad de libertad es la manera de vivir nuestro camino hacia nuestro final compartido.

Y elegir nuestros propios manjares es una de esas pequeñas y breves libertades a las que todos tenemos derecho en la vida.

Por eso es que la libertad es un arte tan difícil de dominar, sin que domine a nadie. 

JR

“Después de haber convencido sentirás el orgullo que sienten todos los que creen haber vencido” JR

 

 

“El Fascismo de Izquierdas”

Ya lo advirtió Churchill al acabar la Segunda Guerra Mundial y después de haber derrotado a los nazis; “El nuevo fascismo será de izquierdas”.

Y  no se equivocó. 

Por más que muchos considerábamos hasta ahora al fascismo como a un movimiento exclusivo de derechas,  Churchill supo anticiparlo como a un movimiento mutable, e identificarlo como a toda tendencia llevada al extremo e impuesta como partido único, sin ninguna tolerancia hacia cualquier otra forma de pensamiento.

Hoy leo con disgusto en la prensa como poco a poco las palabras van mutando su significado hasta amoldarse como un guante a esta nueva forma de fascismo.

Maduro ha establecido un nuevo significado para la palabra “odio” que a partir de hoy representa a cualquier tipo de pensamiento contrario al suyo.

Todo aquello que no avale su política totalitaria será sentenciado como “odio” y condenado bajo las penas que él decida establecer para este nuevo delito. Quedando así vedado cualquier atisbo de libertad de expresión que ponga en duda a su gobierno totalitario.

El odio ya no se asocia a los múltiples ataques terroristas que azotan Europa y el mundo entero, porque el fascismo de izquierdas considera a ese tipo de terror como a actos reivindicativos. Una suerte de libertad de expresión que se le permite en exclusiva a cualquier movimiento, siempre que sea de izquierdas o que involucre a una ideología política o religiosa llevada al extremo y a la cual se evita condenar para no herir los sentimientos de sus seguidores y provocar que éstos se ofendan o se indignen más.

Este nuevo concepto de “odio” queda acotado así de forma exclusiva a un sólo grupo y reducido a aquellas situaciones en donde se aplique la ley de un tribunal constitucional que haga valer el estado de derecho.

El nuevo concepto de “odio” queda reducido entonces al ámbito democrático y cualquier oposición democrática es odio, mientras el terror de cualquier grupo de izquierdas totalitario es justicia. 

Hay que ir con cuidado porque en cuanto se cambian las palabras toda la estructura de valores se mueve junto con ellas, porque las palabras encierran al pensamiento. Y cuando las palabras mutan de significado, el pensamiento tiende a moverse también en esa misma dirección.

Aquello que tú pensabas hasta hoy que era justicia, ahora es odio y aquello que tú pensabas que era odio y terror es ahora la libertad de expresión de grupos selectos. 

Cambiar el significado de las palabras es una forma sutil de reprogramar una mente, dándole la vuelta a todos los antiguos conceptos y valores para imponer unos nuevos.

Se le enseña así al individuo que todo aquello que creía correcto es ahora pecado y todo aquello que creía pecado es ahora correcto.

Así lo atestiguamos en los juicios a los nazis, que expresaban una gran sorpresa al ser condenados por sus crímenes. Ellos habían perdido la noción del significado de las palabra crimen y sus actos eran percibidos por ellos como obediencia a la autoridad sin más.

Los nazis habían obrado según los parámetros en los que habían sido instruidos como el bien y a lo que para su sorpresa el mundo ahora veía como el mal.

Esta re programación de cerebros es una habilidad psicológica que manejan a la perfección los políticos, los maestros y los lideres religiosos.  Te van dando vuelta los valores y de pronto comienzas a ver a Sócrates  como al peor de los asesinos y a Stalin como a Jesucristo. 

 

JR

” La Idelogia desde el Aula”

El pecado más grave que puede cometer la Educación es el de moldear una mente bajo una ideología determinada y más aún teniendo plena conciencia de ello.

Pero plantearse no hacerlo es también una utopía y más sabiendo que uno enseña siempre desde una perspectiva determinada, que ha sido condicionada a su vez por su propia realidad y por su entorno.

Tendemos a pensar que las Ciencias exactas son quizás las que corren un menor riesgo de ser interpretadas a la carta, aunque también es cierto,  que determinados avances y corrientes científicas han sido en muchas ocasiones una amenaza para las las mentalidades científicas y religiosas reinantes, ya que el conocimiento siempre destrona a la sabiduría ancestral y dogmática.

Si bien la Educación consiste en teoría  en un traspaso de información a las generaciones siguientes, uno no deberia nunca perder de vista que dicha información está siempre sujeta a la precariedad del hoy y que seguramente pueda ser rebatida el día de mañana. 

Esta actitud de humildad ante el conocimiento, lejos de quitarle valor lo intensifica, porque la enseñanza cuando se transmite como incompleta estimula la inteligencia. 

Es decir, no hay que olvidarse de que lo que hay que despertar en el aula es la inteligencia.

Mas allá de que incentivemos otras capacidades también fundamentales  como la memoria, el trabajo duro, la investigación y el método, nuestro verdadero objetivo es siempre despertar inteligencia. 

Pero la inteligencia sólo se despierta cuando encuentra un espacio de libertad. Y esto sucede porque la inteligencia es libertad aplicada a las cosas. 

¿Pero cómo lograr libertad sin espacio?

Cuando se entremezcla la información con la ideología el espacio se acota y se llena de muros.  El estudiante es forzado de una manera muy sutil a mantenerse dentro de un perímetro establecido de antemano y cualquier razonamiento que escape a ese muro se sabe destinado a la desaprobación y al rechazo.

Esta es la primer barrera de la inteligencia y es por eso que las personas verdaderamente inteligentes parecen no darle importancia a ninguna de esas dos cosas (aprobación y rechazo).

El motivo de esta indiferencia al entorno es que la inteligencia nunca puede surgir sin traspasar ese primer muro. Quien se preocupa sobremanera  por mantenerse dentro de un muro, nunca puede traspasarlo.

No es extraño tampoco  que la política y la Educación vayan siempre de la mano porque la política se fortalece con la Educación .  Y la Educación siempre  depende de la política.

Si la política consiste en evolucionar el conocimiento se educará sin muros ideológicos que lo contengan, pero si la política consiste en involucionar y atarse al pasado se educará siempre dentro de muros ideológicos que guiarán al rebaño hacia el lugar que más le convenga a la política. 

Al final el dilema de todo educador y de todo padre es siempre el mismo. ¿Qué estamos educando: clones o inteligencia?

JR

 

” La Historia nunca debe enseñarse con odio y resentimiento, sino con una actitud de aprendizaje y superación, porque el resultado de la enseñanza del odio siempre es la perpetuidad y la miseria” JR

” El Mundo Diverso”

” La tolerancia unilateral engendra el abuso de aquellos que se han acostumbrado a ser tolerados, sin tener que tolerar ellos a nadie” JR

 

 

Aquello a lo que llamamos diversidad no es otra cosa que el fruto de la tolerancia. 

Gracias a la tolerancia es que muchas nuevas ideas han aparecido y muchas maneras de vivir se han manifestado y hoy conviven con la nuestra.

Sin embargo, en aquellos lugares en donde la tolerancia no es la norma, es la homogeneidad lo que abunda.

Por eso es interesante analizar las culturas desde el punto de vista de la diversidad. Si una cultura convive pacíficamente con la diversidad, significa que es tolerante y si no la acepta, es  entonces una cultura intolerante.

El peligro radica en que cuando la tolerancia no crece en todas las direcciones la diversidad se acaba.

Existen hoy muchas corrientes que enarbolan la bandera de la diversidad pero que suelen hacerlo sólo cuando les conviene.

Para ellos la diversidad interesa cuando implica tolerar la propia diversidad, pero cuando se trata de tolerar la diversidad ajena, entonces el discurso cambia.

Es curioso ver cómo aquel que es tolerado en su propia diversidad se muestra obstinadamente intolerante con la diversidad ajena.

No debemos olvidar bajo ningún concepto que nuestra propia diversidad está sostenida por la tolerancia del otro, del mismo modo en que nuestros derechos se sostienen con las obligaciones de los demás ciudadanos.  

Mi educación pública, mi sanidad y mi seguridad, mi estado de bienestar están sostenidos por aquellos ciudadanos que pagan sus impuestos y cumplen con las normas de convivencia.

Nuestra juventud olvida a menudo que aquello a lo que denomina sus derechos  son en realidad las obligaciones cumplidas de los otros, y que les han sido proporcionados por unos ciudadanos que esperan en algun momento una retribución justa del bienestar ofrecido.

Asi es como funciona el sistema, que está pensado idealmente como un toma y daca que gira igual que una rueda eterna.

Esto mismo sucede con la tolerancia, porque aquel que tolera espera también ser tolerado. Y sólo esa bidireccionalidad hará que la verdadera diversidad sea posible. 

Promover la diversidad no es otra cosa entonces que impulsar a la tolerancia, pero siempre debe hacerse en todas las direcciones.

JR

 

” Cuando tu bondad va hacia una sola dirección sospecho que no es nada  buena.” JR

“El Juego Hermoso”

Lo primero que los adultos contaminan en los niños es la alegría del juego, porque a todo lo sagrado le inyectan ambición, y muchos de ellos mueren sin haber podido conocer jamás su belleza” JR 

Existe un espacio sagrado que nos conecta con la alegría. Un lugar en donde toda diferencia desaparece y logramos olvidarnos del mundo y de nuestros  problemas para perdernos de vista por un rato.

Este es un espacio mágico que muchos intentan contaminar con ambición, pero de vez en cuando aparecen unos rebeldes que se asemejan a los niños y parecen no haber perdido la escencia del juego.

El juego es ese lugar en donde volvemos a ser niños, un paraíso que perdemos demasiado pronto al asociar al juego sólo con ganar; olvidando que lo verdaderamente sagrado del juego está en la alegría de aquellos que nunca se olvidaron de jugar como cuando eran niños. 

JR

 

“Hay pocos caminos hacia Dios; entre ellos están la naturaleza, la música, el silencio, el baile, la literatura, las artes y el juego” JR

 

“Adiós a Colón”

Los demócratas nos sorprenden cada semana con algo nuevo. La semana pasada derribaban estatuas de algunos protagonistas de la guerra de Secesión americana y esta semana se enzarzaron contra Cristóbal Colón.

Las izquierdas del mundo parecen estar  empeñadas en borrar la historia de la humanidad, en vez de aprender de ella y enseñarla ubicándola en su contexto de espacio y tiempo.

La historia que se quita de su contexto histórico resulta extraña, pero en su tiempo respondía a las costumbres y a la mentalidad de cada época y de cada civilización.

Desgraciadamente, hoy la ignorancia y los derechos humanos van de la mano y se retroalimentan. La ignorancia quiere destruirlo todo y los derechos humanos no quieren herir a nadie.

Por lo cual nadie se atreve a poner límites a este desborde de libertad malentendida que azota nuestro tiempo, y aquel que se atreve a hacerlo es tildado de fascista o de malo.

Así es como vamos transitando una reedición histórica buenista que nos va llevando poco a poco hacia la autodestrucción de los sistemas democráticos que tanto nos costó conseguir, y quien sale a defenderlos es agredido o amenazado con violencia  por estas nuevas y malentendidas libertades de izquierda.

La violencia que impone este colectivo que se hace llamar con descaro  “pacifista” y que está empecinado en la destrucción de nuestra historia, no sólo no conseguirá borrarla de esa manera, sino que provocará algo que es mucho más grave aún  y es que evitará el aprendizaje al que nos obliga la historia bloqueando así su consecuente progreso.

Los políticos que para justificar su malhacer se empeñan en mirar atrás y buscar culpables siempre fuera, demuestran no sólo su ineptitud como gobernantes, sino que dejan entrever que no tienen ni idea de cómo avanzar.

Mirar atrás nos convierte a nosotros en estatuas si no nos permite evolucionar.  Pero destruir los hechos históricos de nuestro pasado no es la manera de ir hacia adelante.

Por mas que hoy nos escandalicen muchos de los episodios de nuestra historia, cambiarla no está en nuestras manos, ni es destruyendo estatuas como lo haremos, sino actuando acordes a los tiempos de consenso, pluralidad, diálogo y Democracia en los que vivimos.

JR

 

“El Buen Inmigrante”

 

El buen inmigrante llega con la cabeza baja y los sueños bien altos, con la memoria intacta de aquello que le hizo huir para no repetir jamás los errores de su lugar de procedencia. 

El buen inmigrante llega sabiendo que en esta nueva tierra nadie le está esperando y que hacerse un lugar dependerá solamente de su esfuerzo y de su trabajo. 

El buen inmigrante se mantiene humilde y en actitud de aprendizaje constante y de admiración hacia la nueva tierra que le acoge. Ella tiene algo que la suya no supo darle, por eso ha viajado y lo ha dejado todo para estar allí. 

El buen inmigrante se mantiene siempre agradecido, se amolda a las nuevas costumbres y desea integrarse en esta nueva cultura que le ha acogido con generosidad. 

El buen inmigrante aprende y enseña, colabora y devuelve con afecto y con trabajo las oportunidades recibidas. 

El buen inmigrante cría a sus hijos en la  cultura de la tierra que le acoge, desea que se integren y que progresen. Les transmite el amor hacia el anfitrión que le ha ofrecido a la familia una nueva oportunidad de vida. 

El buen inmigrante escasea,  pero cuando lo encuentras compruebas que abrir los brazos algunas veces vale la pena.

 

JR

“La Tolerancia Unilateral”

 

El sueño buenista en el que se encuentra  actualmente sumergida Europa y del que desde hace un rato despertó Estados Unidos basa sus principios en la tolerancia.

Pero esta tolerancia tiene una particularidad que la destinará al fracaso y es que intenta sustentarse en un desequilibrio. Es decir, es una tolerancia unilateral que se impone de un sólo lado de la balanza.

Existen los unos, que son los que toleran,  y los otros, que solamente exigen ser tolerados, pero sin hacer por su parte  ningún esfuerzo en trabajar su propia tolerancia.

La tolerancia como recurso deja muy claro que uno sólo tolera aquello que no soporta. Ante la imposibilidad de amar aquello que no concuerda con nuestros valores, optamos por tolerar como opción para evitar el enfrentamiento.

Que nos toleremos no es entonces un  signo de virtud en el individuo, sino una declaración jurada que expone el esfuerzo voluntario que debo hacer para no estrangularte por nuestras diferencias.

Los actuales “tolerantes buenistas” sin embargo,  se sienten extrañamente virtuosos y ni siquiera sospechan que todo aquello que no nace de forma natural es en realidad una conducta establecida, aprendida y mecanizada mediante años de esfuerzo consciente y repetitivo.

La tolerancia es una herramienta enseñada y necesaria para toda convivencia pacífica con lo distinto. 

Es extraño observar a este colectivo “tolerante buenista de izquierdas” enarbolar las pancartas de la tolerancia porque curiosamente es este colectivo quien actúa siempre como el más intolerante de todos.

Si no concuerdas con sus premisas los autodenominados “tolerantes”  son capaces de degollarte, de quemar y de romper todo; con un arte que sorprende por su constante perfeccionamiento.

El problema surge cuando la tolerancia no se comprende cómo una invención artificial para domar el instinto asesino de todo ser humano y por el contrario se percibe como una conducta que nace de forma natural.

El individuo educado bajo el sistema de tolerancia occidental cree que el mundo entero ha sido también educado en el respeto a lo distinto. Y lamentablemente eso no es así. 

Esta ingenuidad buenista sumada a la ignorancia de no haber conocido más mundo que aquel que la prensa decide que debes ver por televisión, hace del buenismo un arma de autodestrucción a gran escala.

El mundo eres tú ” dicen algunos,  pero cuando no tienes ni remota idea de quién eres tú, ni de dónde surge tu tolerancia aprendida, entonces el mundo pasa a ser la proyección de una construcción artificial que tú crees universal.

Existe un mundo extraño que te rodea y que no es tolerante como el tuyo porque la tolerancia es una construcción basada en el principio cristiano en el que se fundó Occidente. ( perdonar 70 veces siete y poner la otra mejilla).

Lo que si es natural y común en todos es la intolerancia como acto reflejo y como consecuencia de toda cercanía.

Una parte del mundo se ocupa de domar la intolerancia de los individuos desde pequeños mientras la otra parte del mundo cultiva la intolerancia desde la cuna.

Los autodenominados “tolerantes de izquierda europeos”  no sólo no son conscientes de su natural intolerancia, sino que además exhalan un aire que huele a superioridad con respecto a su entorno. Ellos no se consideran solamente diferentes al otro, sino superiores a todo aquel que es distinto. 

Y este es el punto que diferencia a los tolerantes esforzados como yo,  de los tolerantes que consideran a lo diferente no sólo distinto, sino inferior.

La tolerancia como aceptación igualitaria de lo distinto, es por lo tanto unilateral en cuanto sólo la practicamos a conciencia aquellos que sabemos que uno no tolera naturalmente, sino como mecanismo para civilizar nuestros instintos y lograr así una convivencia pacífica.

La sinceridad con nosotros mismos resulta esencial para ser un verdadero tolerante. Y considerar a la tolerancia como a una virtud es un error, en tanto la virtud es virtud si nace de la verdad y nunca como el resultado del cumplimiento de una norma externa.

Mientras unos toleramos conscientes de nuestras intolerancias, los otros se envalentonan en la resistencia a tolerar, alegando una superioridad moral y de valores muy parecida a la discrimacion a la que dicen repudiar a cada instante y con cualquier excusa.

Y mientras enarbolan unos carteles presumiendo de tolerancia, sus discursos esconden un mensaje distinto: “O eres igual a mí o eres un fascista”

No. No sólo no soy un fascista de derechas,  sino que tampoco deseo ser un fascista de izquierdas como los buenistas.

Intento tolerarte y me esfuerzo por hacerlo aunque me agrades en pocas cosas, y me desagrades especialmente en tu falta de esfuerzo por adaptarte y por tolerar a quienes son distintos a ti.

Pero desgraciadamente la tolerancia en el buenismo es siempre unilateral.

En el buenismo hay que incluir a aquel que no desea incluirse y tolerar a aquel que no está dispuesto a tolerar a nadie, ni desea integrarse al mundo de libertades que le acoge y le recibe.

Asi de buenos, de peligrosos y de injustos son estos tiempos buenistas y modernos.

 

JR

 

“Peores son los Buenos”

IMG_7081

De pequeño mi padre me llamaba el abogado de los pobres y de los inocentes porque era capaz de denunciar la injusticia cometida contra el débil y el pequeño. Odiaba con todo mi ser a aquellos malos que se sabian malos y que mostraban su malevolencia sin tapujos, hasta hacer que el cuerpo te temblara de rabia.

Hoy sin embargo me asustan mucho más los buenos, esos que van por la vida pensando bien de aquellos que estafan a otros y que abogan por una pasividad budista siempre que sea otro quien aguante la tortura.

John Lennon por ejemplo ahora me repugna, con su imaginación estúpida de niño de parvulario, cantada con resaca a las 12 del mediodía desde la cama del cuarto de un hotel, junto a una japonesa que le convenció de que acostarse con ella sería suficiente para proclamar la unión de dos mundos distintos.

Odio las velas y los lazos negros digitales, tan sencillos y que cuestan tan poco; sólo basta con apretar un botón para que uno se sienta misericordioso.

Es tan fácil ser bueno y además está de moda. Todos admiran tu entereza y esa capacidad para permanecer neutral ante un dolor insoportable que es siempre ajeno. Y te creen porque ni ellos desconfían de si mismos y todos están fingiendo ser lo mismo que tu crees que eres.  

Ser bueno es tan bonito y resulta tan rentable, pero se ha vuelto tan masivo, que asusta tanta coincidencia entre gente que nunca se había puesto de acuerdo ni en la elección de un plato de comida.

Y sin embargo, en días como éstos todos entonan sorprendentemente al unísono el Let it be.

Let it be, Let it be, mientras le toque morir a otro.

Let it be porque es gratificante dejar pasar, perdonar al asesino ajeno y de paso sentirse un santo.

Let it be porque no soy yo, ni es ninguno de los mios,

Let it be y me cago en John Lennon porque nunca me imaginé que los peores serían los buenos.

JR

 

“Los Escondites de la Libertad”

IMG_5716.JPG

Hace unos días visité la maravillosa ciudad de Copenhague con sus canales, su historia, su diseño, sus parques, sus museos, sus bicicletas y su progreso.

Me recomendaron también visitar “Christiania”; una zona que se encuentra dentro de la ciudad y en donde según me comentaron la gente vivía de forma diferente y libre.

Me interesó muchísimo la sugerencia y me dirigí con entusiasmo a presenciar ese fenómeno idílico, pero para mi sorpresa me encontré con un espacio sucio, parado en el tiempo y lleno de gente de mirada extraña y drogadicta. Quise tomar algunas fotos de los coloridos grafitis que me gustaron mucho y que estaban por todas partes, pero dos hombres vestidos de negro que parecían ser traficantes de droga me lo impidieron. ” No foto” dijeron y me hicieron guardar el móvil en el bolsillo.

¿Y la libertad? Me pregunté. ¿Adonde quedó la libertad que me prometieron? ¿Es aquí en donde se vive en libertad?

Mis hijos que estaban conmigo ese día y que suelen andar siempre lo suficientemente lejos de mi, como para poder ver las cosas desde su propia persepectiva, se me pegaron a los dos costados con mucho miedo – “Vámonos de aquí”- me dijeron, “volvamos a la esclavitud enseguida.” 

Dimos la vuelta rápidamente y nos dirigimos hacia la salida. En el reverso del cartel que nos había anunciado  la entrada a “Christiania” figuraba la salvadora frase de despedida ” You are now entering the EU”

Y así, caminando rápido y todos de la mano, sin control de pasaportes ni de visados, volvimos desesperados a la esclavitud de la preciosa Dinamarca; con sus bicicletas, su diseño, su amabilidad y su progreso.

JR

Lo curioso de la libertad es que siempre se esconde en donde menos te la esperas” JR

 

 

“La Carencia en el Cuerpo”

Algunas de nuestras problemáticas  actuales son la corrupción y la pobreza que ésta desencadena; y en temas de salud son la obesidad y la anorexia. Pero todas ellas se deben a un vicio común y exclusivamente humano que es la avaricia.

No existen animales libres obesos, anorexicos o corruptos ya que todos toman únicamente aquello que necesitan.

El hombre sin embargo es la excepción a la mesura natural y para luchar contra su tendencia a la avaricia ha tenido que erigir principios y valores morales y religiosos que le contienen de su inevitable tendencia al exceso y a su eventual autodestrucción.

Ningún otro ser vivo necesita leyes, mandamientos o advertencias en temas de salud para mantenerse en equilibrio, pero para el hombre estas normativas resultan fundamentales para su supervivencia como especie.

Si se lo deja suelto es capaz de destruirlo todo e incluso a si mismo. Y a pesar de diferenciarse de todos los demás elementos de la creación por su inteligencia, en ocasiones parece ser el verdadero animal salvaje que habita esta tierra.

La insaciabilidad del hombre no sólo se manifiesta en cuestiones alimenticias, sino en muchos otros aspectos y en múltiples adicciones que surgen año tras año con cada nuevo elemento disponible.

La avaricia esconde el temor de no tener disponible el día de mañana aquello que se acopia. Y refleja a  hombres sin fe, porque en ellos se expone la falta de confianza en la providencia. 

Esta falta de fe es contraria a la confianza que posee la naturaleza, esa que nos intentaba explicar aquel místico oso Balu en el “Libro de la Selva” cuando nos cantaba aquel inolvidable …”busca lo más vital nomas, lo que has de necesitar nomas y olvídate de la preocupación…”

Muchos psicólogos relacionan al alimento del cuerpo con el alimento del alma y consideran a la relación con la comida en sus dos extremos; (tanto a la escasez auto impuesta de la anorexia como a la sobrealimentación de la obesidad); como a dos maneras de sustituir al amor que nos falta. ¿Quién no ha visto esas películas americanas en donde el desamor se curaba comiendo helado, o no ha leído que en realidad la anorexia esconde un hambre voraz por ser aceptado y amado? ¿ Y no es acaso ese el mismo deseo de aquel que anhela el éxito y la riqueza?

Ante cualquier tendencia al exceso es recomendable enfocarnos en la carencia que ésta esconde, porque generalmente es allí en donde se agazapa el verdadero motivo y se esconde la única solución para todas nuestras adicciones.

Mientras ignoremos cuál es nuestra verdadera carencia expondremos inevitablemente nuestra falta en el cuerpo desnutrido, o en el cuerpo sobrealimentado a base del alimento equivocado.

 

JR

” El amor es el sustantivo abstracto de los poetas, el verbo de los devotos y de los farsantes y la acción silenciosa de aquellos que lo reconocen como al único alimento insustituible” JR

 

 

 

“El Derecho a Pedir”

“Se degenera al individuo con la caridad porque fija en el que recibe la idea errónea de que es incapaz de autoabastecerse” JR

 

El Hinduismo dividía a su población en un sistema de castas inamovibles.  La casta en la cual nacías era en la misma en la que ibas a morir, sin tener ninguna posibilidad de progreso. La casta más baja era la casta de los sudras o los intocables y ante la desesperacion de la vida miserable que les esperaba, muchas madres sudras mutilaban a sus propios hijos para que por lo menos pudiesen sobrevivir viviendo de la mendicidad.

Por eso es que en la India había tanta gente mutilada, sin que ese país hubiera sufrido ninguna guerra.

Pedir significaba una salvación para aquellos que no disponían de ninguna otra posibilidad, pero para aquellos que lo consideran un derecho se ha vuelto una costumbre peligrosa.

Muchos otros sin embargo, consideran al pedir como a un último recurso y odian pedir favores, como si éstos expusieran nuestra inutilidad para resolvernos solos. E intentan siempre bastarse por si mismos, aunque tengan que renunciar a muchas otras cosas.  Esta postura puede resultar extrema u orgullosa para algunos, pero pedir solía sentirse en el cuerpo como un acto humillante.

Hoy el pedir es un arte para muchos, que acostumbrados a vivir de los subsidios  no dejan de practicarlo y que coincidiendo con los preceptos del Islam han establecido a la caridad como a un derecho. 

Mi madre siempre decía que cuando a un pueblo se le acostumbra a vivir sin trabajar ya no hay manera de que vuelva a hacerlo jamás. Y tenía razón, porque no hay enfermedad más incurable que la pereza.

También hay que tener en cuenta que no existe una condición más manipulable que la pobreza. La pobreza creerá en cualquier cosa que le venga de la mano de quien le da de comer. Por lo cual la caridad siempre ha sido un medio muy efectivo para propagar ideologías y establecer dominios. 

Desgraciadamente el sistema de subsidios en Europa está colapsado y aún viviendo en Democracia y sin estar bajo un sistema de castas, contamos con una enorme población de mendigos, gente acostumbrada a vivir  gratis, contando con un sustento económico que se consigue  sin el sudor de su frente.

Hace unos años participé en un comedor municipal y dedicaba dos mañanas semanales a pelar y a cortar patatas, a revolver cacerolas y a servir bandejas, hasta que un día algunos comensales protestaron violentamente porque habíamos repetido el menú de la semana anterior y montaron un escándalo impresionante. Ese día colgué mi delantal y recuperé mis dos mañanas porque comprendí que tanta caridad no le hace bien a nadie. 

JR

” Enséñale a un hombre a vivir sin trabajar y crearás a un monstruo” JR

 

 

“Cuando la Educación es un Arma”

IMG_4714

Analizando los distintos modelos educativos he observado que la diferencia entre ellos no está focalizada en comprender los fallos de cada sistema, sino en disfrazar o suplantar aquellas herramientas que se desdeñan de otros  sistemas inventando formas novedosas para sustituirlas; como por ejemplo evaluar sin puntuar para evitar marcar diferencias entre los distintos alumnos de un grupo.

El individuo educado en estos sistemas es instruído desde pequeño en una igualdad que más tarde al salir al mundo experimentará como ilusoria, y desgraciadamente comprobará que ha sido instruido en una falacia.

Los distintos sistemas educativos se esfuerzan por defender los valores diferenciadores de sus modalidades, mientras siguen compitiendo entre ellos en una lucha encarnizada y olvidándose de transformar el concepto erróneo común en la educación.

El error está en educar para competir en vez de educar para enriquecer y descubrir la propia individualidad.

La educación está focalizada en destruir al oponente a nivel intelectual o en habilidades, en vez de estar centrada en potenciar la riqueza individual de cada persona y la cooperación con su entorno.

 Y aunque en una escuela la falta de puntuación disfrace una ficticia y temporal igualdad, la competencia sigue existiendo con el colegio vecino.

Mientras sostenemos que cada individuo es único le exigimos igualdad y esto produce un cortocircuito como el de creer que la igualdad es una cima alcanzable y compatible con la individualidad.

No es una igualdad, sino una cooperación entre desigualdades lo que se necesita. 

En un mundo de unicidades la única igualdad posible y por la que deberíamos luchar como un ente único es la igualdad de oportunidades, porque después de eso, todo son y serán diferencias siempre, aunque nos resistamos y protestemos en las calles.

Porque en un universo de individualidades la igualdad nunca es posible.

Frente a una misma oportunidad las respuestas serán variadas y así debería ser si realmente hemos conseguido educar a individuos y no simplemente desarrollar una línea de productos automatizados que razone y responda de manera uniforme frente a los mismos estímulos. 

Que las respuestas sean variadas es el síntoma de la libertad que rige al universo, y por ende, también al hombre. Y aunque la educación se considere a si misma el valor supremo por sobre todas las cosas, sólo es información ordenada, porque el valor supremo siempre será la libertad. 

Esta libertad hace que no todos quieran ser ceos de grandes empresas, políticos, deportistas o mendigos, porque la  desigualdad ante la igualdad de oportunidades es el fruto de una elección, de un esfuerzo o de una ausencia de esfuerzo. (cosa que también es loable)

Todas las opciones elegidas son válidas si son auténticas, aunque no sean compartidas o comprendidas por los miembros de un mundo desigual.

La educación desgraciadamente es percibida hoy por los alumnos como el arma que les servirá para abrirse paso en el mundo y ganarle a los demás. Con ella te defiendes y ganas posiciones, aplastas al enemigo y logras quitarle aquello que los dos desean, pero que sólo admite a uno. El puesto de trabajo es el territorio a conquistar y tus títulos y diplomas son tu municion.

Quizás el problema no sea la lucha por conseguir lo que uno desea, sino que todos deseen lo mismo.

Esto es algo impensable en un mundo de individualidades, ya que si todos quieren lo mismo es porque el objetivo de desarrollar individualidades ha fallado y la automatización a la que todos ubican en el futuro ya está sucediendo sin necesidad de la máquina. 

No importa a qué sistema educativo estés adscripto o a cuál de todos defiendas porque desgraciadamente el fin sigue siendo el mismo, con nota o sin nota, la finalidad sigue siendo aplastar al otro por una misma zanahoria. 

JR

“Después de la igualdad de oportunidades, cualquier resultado posterior será fruto de la libertad ” JR

“El Amor en la Coincidencia”

Misteriosamente todas nuestras diferencias se disuelven en nuestras coincidencias” JR

Cuantas amistades se han forjado gracias a la coincidencia; coincidir en el colegio, en la universidad, en el trabajo, en la alegría y hasta en el sufrimiento nos ha unido a determinadas personas en momentos particulares de nuestra vida. Muchas han permanecido a nuestro lado a través del tiempo y otras han dejado de coincidir con nosotros, pero siguen formando inevitablemente parte de las  distintas etapas de nuestra historia.

No hay nada que desuna más que la falta de coincidencia; la incapacidad de compartir los mismos gustos o de disfrutar de las mismas cosas al mismo tiempo, son las razones por la que muchas relaciones se terminan.

Las coincidencias influyen de manera escencial en las relaciones y hacen que perduren o que se disuelvan.

Me pregunto si es la coincidencia la que nace después del amor o es el amor quien en realidad nace como fruto de la coincidencia.

Uno ama estar en compañía de aquellos que comparten sus mismos intereses y no es raro que se forjen amistades entre las madres del parque, entre los artistas, los poetas, los filósofos y los idealistas de todo tipo, o entre los deportistas y los forofos, los hombres de ciencia y los intelectuales;  porque las cosas que nos unen son las que construyen ese lazo inquebrantable.

A pesar de que una inevitable soledad nos persigue a cada uno como una sombra, encontramos por momentos un alivio para ella en la coincidencia y en su fruto; que es sin duda el amor.

Y cuando el amor se acaba es porque mucho antes de que se acabara el amor, se terminó la coincidencia. 

JR

“Al amor no lo mata el tiempo, sino la falta de pasiones comunes y el timing para disfrutarlas al unísono.” JR 

“Insustituible”

Poco a poco vemos como los cajeros dejan de ser humanos para ser eficientemente remplazados por máquinas. Muchos se alarman, otros no lo notan y los demás respiran aliviados de que sea otro quien por fin haga su trabajo.

Es cierto que la máquina nos ha dejado tiempo libre para muchas otras cosas, pero cuando esa libertad se extiende sin límites vemos cómo finalmente nos desplaza hacia un mundo de inactividad dañina. Y aquello que anteriormente consideramos una liberación se convierte en una prision, porque aunque muchos crean que el estado de bienestar consiste en no tener nada que hacer, la inactividad es una condena tanto para el cuerpo como para el espíritu.

Son muchas las ocasiones en que personalmente prefiero ser asistido por máquinas antes que por personas. Las máquinas cumplen con su tarea sin protestar, no se consideran explotadas al cumplir con sus obligaciones, no dan excusas y cumplen con el horario. Y el empresario que diga que no prefiere la eficiencia silenciosa y puntual de la máquina, al conflicto humano constante, miente.

Tambien es cierto que el robot no soporta el atasco diario para llegar a su puesto de trabajo cada mañana, ni hace 3 combinaciones de tren y de metro de ida y de vuelta, razón por la cual su presencia resulta siempre más descansada y fresca que la del trabajador de carne y hueso. Y uno lamenta que el progreso no se extienda proporcionalmente hacia todos los ámbitos.

Pero existen muchas personas que realizan un trabajo insustituible y son aquellas que además de cumplir con su función aportan un elemento humano. Este elemento es lo único irreemplazable  y se trata de un valor añadido que desgraciadamente es cada vez más  escaso.

Lo insustituible no se conseguirá a fuerza de manifestaciones de protesta públicas, ni con políticas proteccionistas (las cuales ya están siendo reclamadas por el colectivo de los sustituidos), sino con el cambio de  actitud del individuo frente al trabajo.

¿Quién desearía a una máquina si tuviera la opción de tener delante a un ser entusiasta y creativo?

Aquel que no desee ser sustituido por la máquina deberá focalizar en esto y trabajar en el desarrollo de este valor añadido, de lo contrario no hay duda de que a la hora de elegir entre un trabajador mediocre y problemático y una máquina eficiente y silenciosa, todos elegiremos sin dudar a la máquina.

Mucho antes de que apareciesen los robots mi abuela sostenía que nadie era imprescindible y llevaba razón. Pero sin embargo, hay algunas personas que si lo son. No porque nadie más pueda hacer su trabajo, sino porque nadie lo hace como ellas.

Los seres insustituibles son aquellos que desarrollan un don exclusivamente humano y que es la alquimia; esa capacidad de convertir cualquier actividad en un acto creativo.

En estos tiempos en donde la automatización avanza sin demora es recomendable preguntarse cada mañana: ¿Qué haré hoy para ser insustituible?

JR

“Científicamente es imposible que otro ocupe un lugar bien ocupado”. JR