«La Ideología de la Discordia»

Ya todos conocemos aquel consejo de Maquiavelo en «El príncipe», aquella obra maestra en donde el autor hacía una crítica abierta hacia la clase dirigente de la época.

El «divide y reinarás» es hoy tan actual como cotidiano para las izquierdas del mundo; que encuentran en el enfrentamiento no sólo un eslogan de campaña, sino una escalera hacia el poder.

Nos han acostumbrado a que el enemigo es el otro y lo han intensificado hace poco con la pandemia; en donde el temor al contagio volvía a colocar al otro como al potencial enemigo.

La intención es en realidad desviar la atención. Cuando el enemigo es el otro, el supuesto amigo puede seguir engañándote y hacerte creer que la culpa de todos tus males están siempre muy lejos de ti.

Pero afortunadamente la gente ciega puede recuperar la visión luego de años de engaños. Uno puede engañar; pero no puede engañar por siempre.

Y este es el punto en donde estamos hoy políticamente situados.

La gente está harta de las excusas, de los culpables, de los virus, de la obsesión con la ecología y de las amenazas de destrucción que nos vaticinan las izquierdas del mundo.

Y está cansada sobre todo de conflictos antiguos, que lo único que hacen es disimular la ineptitud de los gobernantes para encontrar soluciones nuevas a los problemas de siempre.

Para desviar la atención se desvían las respuestas, si preguntas por la inflación te contestan con palabras como Putin, racismo, discriminación o ultra derecha. Ya nadie contesta lo que se pregunta porque la respuesta es tan sencilla y evidente, como evitada.

Un mal gobierno triplica el gasto público, roba, sube impuestos,crea ministerios, emite divisas, devalúa la moneda, disminuye los incentivos de contratación, genera desempleo, sigue subiendo el gasto público a base de su subsidios y sigue emitiendo, devaluando la moneda y provocando una tremenda inflación que a la vez genera una tremenda recesión.

Pero el mentiroso sigue con su desvío y te habla de Putin, de China, de Ucrania, de Trump, de la guerra civil española, de discriminación, de imperialismo, de violencia de género, de aborto, de pandemia y vuelve a insistir con el peligro de la ultra derecha.

Lo importante para la izquierda es ante todo evitar la verdad, buscar un culpable, inventarse un enemigo y tirar los balones fuera.

«Divide y reinarás» aconsejaba irónicamente Maquiavelo a sus príncipes. Y yo le agrego «distrae y reinarás»; pero cuidado, porque al final, al único al que no se engaña es al estómago.

Porque el hambre siempre te descubre, por muy príncipe que te creas.

Y como repetía la frase que caracterizó la campaña de Bill Clinton y que hoy parece haber olvidado el partido demócrata americano «It s all about the economy, stupid»

Porque lo único que le importa al ciudadano es la economía; progresar, dar un futuro mejor a a sus hijos y vivir decentemente.

Todos tus enemigos, tus guerras, tu amenazas sobre la ultraderecha, tus peligros de discriminacion, tus nuevos géneros y pronombres, tus pandemias, tus vacunas, tu Green deal y tus nuevos órdenes mundiales, nos tienen sin cuidado.

JR

“La Tibieza”

7083E3F3-D66B-42F8-B9E6-EF24E7E001CB.jpeg

Muchos le llaman a la tibieza la virtud del educado; a ese vicio tan cobarde de no expresar jamás ni frío ni calor; a esa apatía a la que algunos confunden con bueidad y que consiste en vivir sin que la vida se te note, ni te acuse de que vives, ni de que piensas.

Otros asociamos a este impulso hacia lo tibio con un complot, que apunta directamente hacia la erradicación de la alegría, porque vivir en un mundo de polaridades, implica el estar inevitablemente subordinados a un péndulo que nos balancea en direcciones opuestas de forma constante.

Cualquier intento de erradicar de cuajo la tristeza o el dolor, no puede devenir más que en la consecuente erradicación de la alegría.

Porque al detenerse un péndulo, éste no se mantiene suspendido en un costado, sino fijo en el medio.

La tibieza condena toda aquella expresión que tenga algo de auténtico y uno aprende, (educándose hasta el doctorado), a permanecer en un medio, a comportarse tibiamente y a reprimirse con maestría, tanto en el dolor como en el contento.

Pero sin embargo, cuando presenciamos una autenticidad ¡cuánta admiración nos genera!

(¡Quién pudiera sentir como tú sientes, sin miedo al dolor ni a la alegría! ¡Y sin tener en cuenta a todos esos ojos que te miran creyendo que eres tú en tu extraña autenticidad, quien ha perdido la cordura!)

El pueblo dice aborrecer lo políticamente correcto, pero no hay nada más falso que esa afirmación.

Cuando ven espontaneidad la detestan y la condenan como si fuese el peor de los pecados.

Niegan setenta veces siete a quien dice la verdad y piden a gritos que se perdone al criminal y al mentiroso; con tal de crucificar al sincero.

El pueblo es naturalmente represor y cuanto más enarbola la bandera de la libertad, más represor se vuelve.

La Democracia no fue pensada para ser ejercida por el populacho, sino soñada como instrumento de justicia, sólo apto para el uso de los sabios en protección del pueblo.

Y así la empleaban los griegos, conscientes de que el pueblo era un ente altamente ignorante, manipulable y de fácil engaño, propenso a matar a los dioses y a santificar a los tiranos, si se les presentaba la ocasión.

La virtud que el pueblo pondera es la del falso, la de aquel que miente bonito y sin escrúpulos, la que endulza los oídos de la población que está siempre ávida de nuevas mentiras y falsas promesas, y a quien la verdad le resulta altamente intolerable.

(¡Qué descaro tienes en decir una verdad, teniendo a mano tantas mentiras confortables! ¡Qué insolente y qué imperdonable es para muchos, el pecado del sincero!)

La educación en la tibieza es la más respetada de todas y la que prefiere el corrupto, porque no es tibio sólo aquel que por cobarde se queda callado, sino aquel que presenciando la injusticia, calla únicamente para seguir pareciendo educado.

Gracias a los tibios es que avanzan las tiranías, se instala la censura, se condena al inocente, se erradican las libertades y se apalea al indefenso.

Los tibios son mucho peores que los malvados, porque la maldad sin tibieza es al menos valiente. Pero el tibio es malo y además, cobarde.

Si Sócrates apareciese en estos tiempos volvería a ser envenenado, porque la intolerancia a la verdad y a la valentía, siguen siendo hoy patologías incurables y la tibieza; una moda vitalicia.

JR

“Prefiero a los auténticos que a los falsos porque hay siempre más integridad en quien se muestra, que en quien se esconde” JR

( Publicado el 28/3/2018)

“El Pájaro vio el cielo y se voló»

Ni negro, ni blanco, ni rico, ni privilegiado; el pajarito de Twitter es azul. Azul como el cielo. Y si alguien conoce el cielo como nadie; ese es Elon Musk.

Para los de derechas, para los liberales, para los anticomunistas, para los sinceros, para los valientes, para los libres y para todos los bloqueados de Twitter como yo, ayer fue un gran día.

Porque un gran hombre, trabajador y comprometido con la humanidad, bajó sus ojos del cielo por un rato para ayudar a los silenciados terrestres.

Pensar en colonizar Marte es sin duda un sueño admirable, pero el problema aparece cuando el elemento humano que piensas exportar está bloqueado, silenciado, manipulado y esclavizado bajo la dictadura del pensamiento único.

¿Interesa acaso llegar a Marte con una civilización que demoniza todo atisbo de inteligencia y de diversidad?

No hay dinero que compense eliminar tanta censura y no hubo límites para Elon Musk.

Pagó, celebró y compartió su ayuda contra la cruel manipulación a la que Twitter nos había acostumbrado con la ayuda incondicional de aquellos gobiernos y periodistas que detestan la libre expresión en todas sus formas, menos la suya.

Hace mucha gracia verles rabiar y vaticinar unos pronósticos apocalípticos sobre la compra de Elon Musk. Dicen temer a una dictadura de la opinión regida por la censura.¡Qué ironía! Y es que el ladrón cree que todos son de su condición.

Para todos aquellos que creen que vivimos épocas tormentosas, yo les sugiero que presten mucha atención a todos estos pequeños destellos de grandeza, a los gestos de hombres ilustres que luchan por la libertad.

Estos nuevos próceres ya no van a caballo, ni cruzan cordilleras para liberar pueblos.

Los nuevos libertadores van en cohete a Marte y de vez en cuando, salen del taller de naves espaciales para comprar Twitter y devolverte la libertad.

Saber usarla es ahora nuestra responsabilidad.

JR

“El re- Branding de la Censura “

Lo curioso de la época en la que vivimos es que nos encontrarnos con muchas cosas viejas, pero que hoy son llamadas de otra manera.

Si bien somos partidarios de la novedad, las nuevas generaciones confunden como novedoso todo fracaso histórico.

No es de extrañar que las ideologías de ultra izquierda hayan tomado tanto ímpetu entre los jóvenes, que guiados por la diversidad de nombres, son incapaces de relacionar conceptos como comunismo y justicia/equidad social.

Es raro que siendo joven uno no haya tenido ideales socialistas, y yo particularmente fui partidario de la justicia social y de un mundo más solidario y equitativo, hasta que me llegó la primera nómina de mi empleo y contemplé con estupor todo lo que el estado del bienestar me quitaba del sueldo todos los meses para mantener la “Justicia social” de algunos.

Ahí me curé instantáneamente de toda variante del virus comunista.

Mientras yo trabajaba como una bestia, muchos compañeros descansaban en casa, tranquilos y viviendo de la “justicia social” que los trabajadores les proporcionábamos.

En ese momento de juventud descubrí por mi mismo, sin fake News y sin ninguna ayuda, cuál era el verdadero sabor de la injusticia social.

Pero hoy el tema de moda es “cuidarte” de todo, incluso de la necesidad del trabajo.

Y con la excusa del “cuidado intensivo” van poco a poco denigrándote no sólo en tus capacidades, sino también en tus libertades.

Y así fue como nos cuidaron de la última peste; se nos encerró, se nos enmascaró, se nos silenció en redes, se nos vacunó obligadamente y aunque muchos digan que la vacunación era voluntaria, la realidad es que sin ella no podías moverte para ir a ningún lado, ni volver al trabajo.

Por lo cual, la calificación de “no obligatoriedad“ adquirió también un significado totalmente distinto. Si mi libertad para no vacunarme implica no poder acceder a nada sin la vacuna ¿es realmente libertad?

Libertad es hoy “ no libertad” y “cuidarte” es hoy tenerte siempre bien controlado y obedeciendo.

Esto mismo sucede ahora con el nuevo terror a la “desinformación”. Este terror esconde en realidad el terror a que se oigan voces distintas a las suyas.

Esta novedosa necesidad del cuidado contra la desinformación consiste en la obligatoriedad de tener acceso a un sólo discurso, que es por supuesto, el de ellos.

Cualquier otra opción o noticia contraria a ellos o a sus políticas, es considerada “fake News” bloqueada en las redes y silenciada para siempre.

Tanto es así, que llevo ya 17 cuentas bloqueadas en twitter, que según ellos no respetaron las “ normas” de una red social que establece la existencia de un pensamiento único y de un discurso único y exclusivo de pensamiento Woke o de izquierdas.

Cualquier otra información o noticia que vaya en contra de lo que la ideología reinante establezca o que pudiera perjudicarla, es automáticamente bloqueada y borrada de la red, para evitar que el público pueda acceder a esa información, investigar sobre ella, descubrir algo distinto al discurso institucional y decidirse quizás a disentir.

Pero este es un riesgo que evidentemente nadie quiere correr porque las redes sociales existentes son herramientas de sumisión política.

Esta censura sucede a todos los niveles; a nivel sanitario con los médicos que proporcionan información sobre efectos adversos de las vacunas, a profesores que denuncian las políticas educativas en cuanto a género en las escuelas o a cualquiera de nosotros, que día a día comentamos cosas que nos suceden, que vemos por ahí o que nos llegan por amigos y conocidos.

La insistencia con la que se promueve la diversidad en tantos ámbitos, queda sin embargo bloqueada a la hora de la opinión.

Se nos estimula a ser diversos en todo, menos en el discurso y en el pensamiento.

Hoy la censura tiene otro nombre y se le ha rebrandeado como “fake News “ o “desinformación”.

A partir de ahora se te impedirá acceder a ella y a que puedas investigarla. Pero no te preocupes, porque todo esto se hace por tu bien, para cuidarte y para protegerte, por si se te fuera a ocurrir pensar algo distinto a lo que ellos te mandan pensar.

¿Por qué nos cuidan y nos protegen tanto?Para que el único discurso que oigas desde que te levantes hasta que te vayas a dormir, sea el suyo y así evites contaminarte con voces distintas.

A toda esta sobreprotección tan urgente y desinteresada, se la llama hoy “cuidados contra la desinformación y las fake News”

Y pareciera que esta táctica de cambiarle el nombre a las cosas, no sólo las recicla, las disfraza y las perfuma, sino que también las perpetúa.

Porque no debemos olvidar que hace muy poco tiempo, a esto mismo, se le llamaba control y censura.

JR

“ La Fabrica de Caramelos”

Mucho nos han mentido ya con la anterior pandemia, para que la gente no se haya vuelto desconfiada.

El problema con la confianza es que una vez que se quiebra, ya no hay forma de repararla. Uno puede intentar comprometerse a decir siempre la verdad, pero la desconfianza perdurará en la persona engañada, por mucho que lo intente.

Con esta guerra de Ucrania nos han manipulado mucho, enseñándonos noche y día las imágenes de la pobre gente ucraniana sufriendo e intentando hacer de Putin un monstruo y de Biden y la OTAN unos santos.

Pero la realidad es que ni el malo es tan malo, ni el bueno era tan bueno.

Los laboratorios de Ucrania salieron a la luz durante una declaración de la subsecretaria de estado de Biden, quien admitió hace 2 días la existencia de laboratorios en Ucrania financiados por el departamento de Defensa del presidente Biden.

Ahora el terror de la OTAN es que Rusia se haga con dichos experimentos, a los que a pesar de catalogar de “no importantes”, consideran sumamente peligrosos.

Cuando uno mira hacia atrás puede ver el camino de mentiras y de manipulación por el que le fueron llevando, pero cuando mira hacia adelante, no sabe ya a quien creer.

Lo llamativo fue también que la OMS se apresuró ayer a hacer declaraciones diciendo que era muy probable que otra pandemia saliese de Ucrania, debido al estado de stress y al hacinamiento de los ucranianos en los trenes que evacuaban el país.

Uno se pregunta entonces, cómo fue que durante la segunda guerra mundial no hubo pandemias. Y se da cuenta, de que después del cuento del murciélago, esta elite del nuevo orden considera que somos una especie descerebrada, capaz de tragarse cualquier cosa.

Así que nos siguen mintiendo e inventando historias, buscando culpables fuera, desresponsabilizándose absolutamente de todo y demonizando a cualquiera que les lleve la contraria.

Señores, “en Ucrania sólo teníamos fábricas de caramelos, pero igual estamos preocupados, tan preocupados, que expusimos al pueblo ucraniano a una guerra y a la destrucción de un país entero por esas fábricas de caramelos”.

Seguramente la próxima pandemia salga de Ucrania, y nos digan que el culpable ha sido Putin, quien también es culpable de la inflación y de que Estados Unidos y Europa no tengan actualmente independencia energética.

Putin ha ocupado el lugar de chivo expiatorio que antes ocupaba Trump. Y como Trump ya no está, el nuevo culpable de todos los males del mundo, será ahora el señor Putin.

Preparémonos para este nuevo “Reset” que se viene con todo. Poquito a poquito, guerra a guerra, pandemia a pandemia, nos irán empobreciendo y estupidizando con sus excusas, para demonizarnos si discrepamos.

El nuevo “ green deal” ya va teniendo poco de verde, poco de paz, poco de una vida más saludable y se va pareciendo cada vez más a la pobreza, a la guerra, a la enfermedad constante y al totalitarismo absoluto, que a cualquier otra tierra prometida.

JR

“Cómo vender una Guerra”

Para vender cualquier producto en el mercado lo primero que hay que hacer, es hacerle creer a la gente que lo necesita.

Cuando tú ofreces un nuevo servicio o producto, resulta fundamental que la gente sienta que eso era justamente lo que estaba esperando.

Muchas veces es así, pero muchas otras, se inventa una necesidad ficticia que se fabrica a base de manipulación psicológica, gráfica y moral.

Muchos de los productos que hoy consumimos son percibidos como algo que nos merecemos; por trabajar duro, por ser mujer, por ser joven, por ser inteligente etc.

Cuando uno consume, más allá de una necesidad fundamental, uno se convence de que uno se merece ese producto; como premio o como compensación por alguna otra cosa.

Esto es algo muy común en una sociedad que ha hecho del consumo, no solamente un entretenimiento, sino también una forma de distracción, un consuelo o una reivindicación moral.

Uno ya no consume sólo porque necesita algo, sino para participar y apuntarse a determinadas causas.

Y esto mismo sucede con las guerras. La guerra también es un producto con el cual muchos salen beneficiados, a costa de los demás.

Para vender una guerra lo primero que debes hacer es convencer a la gente de que es su deber y su responsabilidad defender determinados valores.

El consumidor comienza entonces a sentir que su deber moral es apoyar esa guerra y que no hacerlo, lo convertiría en una persona insensible, amoral o indiferente.

Esto mismo han hecho Hitler con su pueblo, Putin con el suyo y Zelensky con todos nosotros.

De pronto ahora todos somos Ucrania y debemos apoyar a un pueblo al que no conocemos de nada, ni sus políticas, ni a sus políticos, ni sus problemas internos, ni su corrupción, ni sus conflictos raciales, ni su historia.

Ahora pareciera que de pronto están en juego nuestra libertad, nuestra Democracia, nuestros valores morales y debemos salir a defender a un señor que nos dice que si no lo hacemos, los próximos en ser invadidos seremos nosotros.

Lo triste de toda esta historia es que pocos son aquellos que saben de política internacional y menos aún, sobre las relaciones de occidente con Putin.

Pero igualmente, todos apoyamos a Ucrania incondicionalmente, porque nos han hecho creer que ese es nuestro deber moral.

Nuestro nuevo deber moral es ahora apoyar una guerra nuclear y todo porque Zelensky está empeñado en ser parte de la OTAN.

Una de las condiciones que preservaron la paz durante tantos años, fue la condición de que Ucrania se mantuviera como un país neutral en la frontera con Rusia.

Trump promovió y respetó ese acuerdo y su negativa a apoyar militarmente a Zelensky le costó su famoso empechment.

Biden al asumir el gobierno, se ocupó rápidamente de revertir todas las políticas de Trump en todos los ámbitos y hoy Ucrania está invadida por los rusos y Estados Unidos está al borde de una guerra nuclear.

Nada de todo esto es una sorpresa. Pero opinar distinto a la opinión pública es para la mayoría estar a favor de Putin y rápidamente uno es demonizado y tratado como tratan ahora a todos los rusos y a los no vacunados.

Se les exilia del mundo, se les priva de su libertad y se les demoniza públicamente.

Pero como el covid nos ha acostumbrado a que aplastar al disidente es lo moralmente correcto, ninguna de estas políticas nos parecen ya totalitarias, sino muy justas.

Y así es como vamos poquito a poco, acostumbrándonos a apoyar el micro totalitarismo. (que es el totalitarismo aplicado de a poquito… y sin dolor)

Opinar como Biden es ahora ser el bueno de la película; seguir empujando hacia una guerra nuclear, pactar con Irán, subvencionar el régimen de Maduro y apoyar a Zelensky para que consiga su tan ansiada base de la OTAN en Ucrania, con armas nucleares apuntando a Rusia.

¡Y todo en nombre de la libertad y de la democracia!

Pues no señores, yo no compro su producto.

Teniendo ya buena experiencia en educar niños y aunque me llaméis inmoral por no pensar como vosotros, yo creo que parar a tiempo al caprichoso de Zelensky y respetar los acuerdos que mantienen la paz mundial, son hoy, sin duda, las mejores de entre todas las ofertas.

JR

“La Democracia Fallida”

El error de los pueblos que viven en Democracia es el de creer que todos la desean igual que ellos.

Pero el tiempo y la experiencia en el extranjero, nos ha demostrado ya en muchas ocasiones, que no siempre es así.

Estados Unidos creyó luego de la guerra fría en los años 90, que había conquistado el mundo con su modelo de vida, basado en las libertades individuales; pero el tiempo nos demostró que tanto Rusia como China fortalecieron sus versiones comunistas, con distintos modelos económicos, pero con una base ideológica intacta.

Crease o no, existen países que quieren seguir siendo comunistas, te guste a ti o no. Y para mantener la paz, resulta fundamental respetar esa decisión. Porque no todas las cruzadas democráticas terminan bien.

La guerra en Ucrania sorprendió a la mayor parte de la población que desconocía las tensiones que ya existían en la zona desde hace más de 15 años.

Pero no llamó la atención de aquellos que trataban el tema desde hace años y desde los departamentos de defensa del mundo y que sabían que un Estados Unidos y una OTAN fuertes y energéticamente independientes eran condiciones fundamentales para contener a Putin y para mantener la paz en Ucrania. Situación que cambio radicalmente a los pocos meses del gobierno de Biden.

Putin puede parecer un loco para muchos de ustedes, pero muy lejos de estar loco y aunque muchos disientan con sus tácticas y sus formas, tenía razón.

La incorporación de Ucrania a la Otan está suspendida desde hace años porque Putin lo puso como condición para no invadir dicho país. Pero el reciente coqueteo del presidente ucraniano con el gobierno de Biden, que impulsó el delirio de libertad sin proveer de armas destructivas al país con antelación, provocó esta masacre innecesaria.

Como es lógico, Putin no quiere bases militares de la OTAN en su frontera ( Ucrania) de la misma forma que USA se negaría a que Rusia o China instalasen bases nucleares en Mexico o en Canadá.

Porque debemos convenir que la distancia de seguridad es un requisito fundamental para la buena convivencia y para la paz internacional. Como lo es también el equilibrio de fuerzas. Cuando un país se siente en riesgo, no ataca.

Pero después del papelón de Estados Unidos en Afganistán, quedó claro para Putin que éste era su momento. Biden sin duda dejo muy clara su falta de visión y su deplorable gestión en política internacional.

Si bien intentan ahora convencernos de que Ucrania tiene muchas posibilidades de victoria en la lucha contra los rusos, sabemos que esto no es factible, a menos que se involucre la otan y se desate entonces, una guerra mundial nuclear.

Mientras tanto, ahí están los ucranianos defendiéndose como pueden, rogando por municiones y suministros, mientras Rusia termina con su avance.

Si hay un defecto en ésta civilización occidental es la tendencia a la fantasía, que no sólo nos ha servido para vivir siempre distraídos y entretenidos con otras cosas, sino para convencer al resto de la población mundial, de que la vida debe parecerse siempre a una película de Disney.

Desgraciadamente los ucranianos creyeron a los vendedores de humo y hoy están pagando las consecuencias de la ficción europea y democrática que Biden, la OTAN y su gobierno de ineptos les vendieron sin darles municion.

La ampliación de Europa no es posible con Putin, porque ampliar Europa incluyendo a Ucrania, es poner en riesgo la seguridad de Rusia.

Por eso es que Ucrania se estableció como una zona neutral, que garantizaría la paz entre dos formas muy distintas de vida y de ver el mundo; la de occidente y la de Oriente.

Estas formas distintas de ver el mundo marcan además una diferencia abismal entre prioridades y valores, que difieren totalmente en un lado y en otro.

Lo que es prioridad en occidente ( libertades, derechos, ecología, sexualidad libre, felicidad, bienestar) no es prioridad en Oriente ( patria, tradición, sacrificio) por lo que no sorprende que las sanciones de Europa a Rusia, no hagan el daño que esperaban a un país con una mentalidad tan distinta a la nuestra.

Un ruso o un chino no piensan como un americano. Pero la mayor de las diferencias es que ellos sí conocen a su enemigo.

Darle una guerra al mundo da de comer a la industria de armamento y a las ONG, entretiene a los medios, convierte de pronto en héroes a los gobernantes más ineptos, justifica la inflación, distrae, despista a los mercados; pero no deja de ser una tapadera para la incapacidad de gestión, de previsión, de visión y de negociación de quienes nos dirigen.

JR

“Echando de menos a Trump”

Si la debilidad atrae la invasión, entonces es muy lógico que Putin haya invadido Ucrania. No se espante ni se asombre, porque es lo que tenia que pasar.

Y esto es lo que sucede cuando el pueblo prefiere a un presidente débil a uno fuerte.

Al pueblo de hoy le gusta el líder que posa con su perrito, come helado, se emociona con un vídeo de facebook y todas esas sensibilidades que hoy son requisitos indispensables para enamorar a una audiencia, acostumbrada al espectáculo.

Los mandatos de la época exigen a un prototipo de líder con un tono bajito, un discurso vacío, dual, complaciente y calmado, una apariencia delicada y una dialéctica suave. Es por eso que la izquierda adiestra a sus personajes políticos a “parecer buenos” ante la cámara.

El prototipo de este tipo de personaje prefabricado es “Obama” el líder más querido por las audiencias internacionales, quienes con sólo verle la sonrisa blanqueada, caen rendidos a sus pies.

Trump en cambio era directo, muchas veces desagradable, brillante, exitoso, estratega y sobre todo valiente. Pero esas cosas resultan molestas para un público tan sensiblemente adiestrado a admirar la hipocresía.

Curiosamente durante el mandato de Trump no hubo guerras ni invasiones rusas a países vecinos, pero de todas maneras, la oposición lo consideraba un presidente sumamente peligroso en twitter.

El abuelito Biden en cambio, encajaba perfectamente en el perfil del candidato buenazo, político de carrera y sensible a las necesidades de las distintas comunidades americanas. Pero durante su gobierno, la cosa resultó muy distinta a lo imaginado y se disparó la inflación, el crimen, las normativas dictatoriales del covid, el cierre de las plantas energéticas, el ingreso de diez millones de ilegales, la vergonzosa salida de Afganistán y finalmente la invasión de los rusos a Ucrania.

Todos sabemos que estas cosas con Trump no sucedían, porque a pesar de ser un personaje insolente, el mundo le respetada. Y Trump conocía cómo se movía el mundo.

Desgraciadamente y en muy poco tiempo empezará también China a avanzar sobre Taiwán, e Irán se hará con su arma nuclear, porque como dice el dicho… “si se puede bailar, bailamos todos”

Y esto es lo que pasa cuando la debilidad se convierte en norma y se corre la voz de que la veda está abierta.

Porque aunque muchos crean que la paz se consigue sin hacer ningún esfuerzo, para que haya paz, se necesita tener mucho carácter, mucha estrategia, mucha disciplina y mucho trabajo.

Si todo esto nos sirve de algo, que nos sirva para aprender que la debilidad, no es una virtud, sino un peligroso defecto, que atrae a todo tipo de maldad.

Y que estar gobernado por un “malo” es mucho más seguro, que ser gobernado por un abuelito que juega a hacerse el valiente poniendo en riesgo al mundo, y que en realidad es un tarado.

JR

“Anciano en busca de Guerra”

Mucho se habla últimamente de la importancia de salvar a Ucrania. Te pasan vídeos de sus maravillas y de su gente, de la importancia de su cultura y de su legado y de lo importante que es protegerles a toda costa de los rusos.

Pero lo curioso es que en cuanto Biden tomó el mando en esta cruzada, temblaron no sólo los ucranianos, sino también los rusos y los chinos.

Pero no todos tiemblan de miedo por supuesto, los chinos tiemblan de risa.

Y es que todo lo que Biden toca se convierte en mierda. Yo lo llamo el rey Salomón invertido. Aquel rey, convertía en oro todo lo que tocaba, pero el viejo Biden hace justo lo contrario.

El poco tiempo de Biden en el poder han sido meses de calma, ningún tweet escandaloso, conferencias de prensa leídas de un pronter con mucha dificultad, millones de frases incoherentes, balbuceos, anécdotas disparatadas, poquísimas respuestas a periodistas, una salida caótica de Afganistán, una inflación de más del 7.3 y en aumento, olas de crímenes y robos imparables y fronteras abiertas de par en par para los indocumentados.

Sin duda todo ha ido como la seda y según el plan trazado por sus socios de ultra izquierda, que van trayendo millones de votantes del tercer mundo para las próximas elecciones y mientras conducen teslas, esquían en Aspen, echan de menos el suministro fluido de aguacate y se dedican a seguir echándole la culpa de todas las desgracias que provocan sus políticas a los tweets de Trump del 2020.

Mientras tanto, y en perfecto timing con la amenaza rusa, se descubre que el rubio tuitero tenía razón y que la trama del complot ruso que le inventaron era obra de los Clinton, del FBI y de la CIA y de que efectivamente, lo espiaron durante toda su campaña y luego durante su mandato en La Casa Blanca.

Por supuesto CNN evita tocar el tema y los demócratas son incapaces de dar la cara limitándose únicamente a hablar de Rusia y de su inminente invasión.

El problema con Biden es que tiene que pagar favores a la industria de armamento militar que le apoyó con miles de millones de dólares en su campaña y ahora, cómo es de esperar, hay que darles alguna guerra.

El viejo, cada vez más decrépito, busca ahora una guerra, y desesperado intenta asustar al pueblo americano, convencerles de que salvar a Ucrania es sumamente importante y de que Rusia avanza sin parar y el ataque es inminente.

Mientras tanto, el presidente de Ucrania y Putin se miran horrorizados de ver a este viejo delirante inventarse una guerra.

Y es que Putin es un hombre de negocios y sólo busca un acuerdo para que Ucrania no forme parte de la OTAN. (Una incorporación totalmente improbable por cierto)

Pero el viejo americano sigue buscando una guerra y mira por donde, hasta Putin se ha asustado de ver a semejante loco, igual que les pasó a los rusos aquella vez que trataban con Fidel Castro. Se asustaron tanto los rusos, que dijeron que Fidel Castro no era un comunista, sino un loco de remate.

Pero el viejo Biden insiste con su guerra, que por supuesto empobrecerá aún más al pueblo americano, creará más inflación y mucho más gasto. Y Ucrania pide por favor que le saquen al viejo tonto de encima, que les traerá mucha más desgracia de la que ya tenían con los rusos en la frontera.

Y observando semejante espectáculo delirante, China se parte de risa: ver a los Estados Unidos quebrarse por dentro, ver cómo ellos solitos se auto destruyen igual que aquel imperio Romano de Occidente antes de la Edad Media, es un espectáculo apasionante para cualquier chino dictador y comunista que quiera ser la primera potencia.

Y mientras Putin se retira, inteligente y para no darle el gusto al americano deudor; el viejo se hace el héroe.

“Que malo soy, todos me temen” piensa el viejo, mientras chupa un cono de helado de chip chip chocolate, antes de tomarse la medicación de la tarde.

Y mira por donde, la verdad es que si. Todos te temen viejo loco; y especialmente el pueblo americano. No hay más que ver las encuestas y la economía americana.

Putin siguió los sabios consejos de mi abuela que decía. “soldado que huye, sirve para otra guerra” y “líbrame de los tontos, que de los malos me cuido solo”

Y con estos dos consejos, más algún llamadito de Trump explicándole a Putin el riesgo de tratar con este viejo loco, Rusia se hará inteligentemente a un lado, comprará palomitas y verá auto destruirse sin ayuda de nadie al imperio americano, en manos de un viejo tarado, enfermo, corrupto y testarudo.

Porque no hay mejor victoria que aquella que se gana, sin tener que mover ni un sólo ejército.

JR

“La Nueva China”

Mirad bien esta cara de galleta: es la del nuevo dictador comunista de Canadá.

Ayer este nuevo dictador proclamó un estado de emergencia en Canadá que le delega sin interferencias, todos los poderes.

Y la Democracia, esa de la que hablan tanto los líderes de izquierda, es la que queda suprimida al instante.

Y no vaya usted a creer que esta medida de emergencia ha sido por una guerra mundial ni por una nueva variante del cuento chino de la gripe, sino por una protesta de camioneros, que está en contra del pasaporte sanitario obligatorio, que se ha impuesto como normativa ya en medio mundo, para que el ciudadano pueda salir de su casa y gozar de una vida digna.

Sin ese pasaporte, uno pierde todos sus derechos, entre los que está, en muchos países ya, el circular libremente, el trabajar, el viajar, el ser intervenido en una emergencia sanitaria o el acceder a la educación.

Si señores, el nuevo emperador de Canadá ha proclamado hoy en su autocoronación, que confiscará las cuentas de todos aquellos que apoyen económicamente a los disidentes de sus políticas totalitarias. A quienes llamó además, pro terroristas.

O sea que la disolución de todo tipo de disidencia y la existencia de otros partidos políticos que no sea el suyo, está en puerta.

El partido político único permitido será muy pronto sólo el suyo y quien no acate sus órdenes o apoye a quienes protesten contra ellas, será despojado de su libertad, de su trabajo y cómo no, de sus cuentas bancarias, que serán confiscadas al viejo estilo comunista de la URSS, Venezuela o Cuba.

El dictador Trudeau no ha parado allí y sabiendo que hoy la cripto moneda está aún sin controlar y que le quedaba fuera de su abanico de comando, ha decidido nombrarla moneda de lavado de dinero y dinero pro terrorista, por lo cual, muchachos digitales, se les acabó la fiesta.

¿O acaso pensabais que los comunistas sólo iban a quedarse con el dinero en metálico y analógico? ¡No! No os hagáis ilusiones. ¡Nada escapará de su dominio! Ni siquiera la moneda de los que se creen modernos e intocables.

El nuevo dictador Trudeau, que comenzó su carrera igual que empiezan todos los dictadores contemporáneos occidentales; haciéndose el tolerante, el sentimental, el ecologista y el humanista; hoy se ha quitado la mascarilla una vez más y nos ha mostrado sin tapaboca, que toda esta trama nunca fue por el coronavirus del murciélago mal cocido por casualidad en Wuhan, sino que se trató de una estrategia de ir poco a poco quitándonos las libertades, una a una y por temas de salud. Y así poquito a poquito, instalarnos el comunismo chino.

La cosa se ha acelerado un poco, ya que nadie contempló la disidencia. Nadie imaginó jamás, que la gente común (…y menos aún los canadienses) saldría del estado de pánico que sembraron los gobiernos, las instituciones sanitarias y por supuesto los medios de comunicación (que sirven al poder de las dictaduras de izquierda desde hace años, apoyando sus tramas y tapando toda información sobre sus delitos) para exigir la libertad.

Hoy, o se piensa como el nuevo dictador chino- canadiense o te aplastan.

Así tal cual lo ordenó el cara de galleta “eco friendly” de Trudeau.

“Crush them” ordenó sin pelos en la lengua el ecológico pacifista canadiense, al viejo estilo de su admirado Stalin.

Si, así, cómo si fuésemos galletas o cómo si fuésemos cobardes.

La pregunta es… ¿lo somos?

JR

“Anti vacunas y la Nueva Policia”

Siempre que entrevisté a gente sobre la Segunda Guerra Mundial les preguntaba cómo fue posible que nadie reaccionara a tiempo, frente a las barbaridades de Hitler y de Mussolini.

Y todos me respondían siempre lo mismo: “No nos dimos cuenta, porque todo iba pasando muy poco a poco, primero una ley, al año siguiente otra ley y así sucesivamente, hasta llegar al horror y a la injusticia total”

Otra de las respuestas era siempre :”Nunca creímos que nos pasaría a nosotros, pensábamos que el nazismo era algo local, algo que sólo sucedía en Alemania”

Si hemos aprendido algo de tanta historia nefasta es que el totalitarismo no viene jamás anunciado con carteles y luces de neón, sino que viene disfrazado de otra cosa y revestido de palabras bonitas como equidad, libertad, igualdad, sanidad, dignidad y fraternidad.

Poco a poco, igual que aquellas personas que no se vieron venir nada, también nos hemos ido acostumbrando a la nueva policia; esa que va sin uniforme y que se encarga de pedirnos pasaportes covid y documentos hasta para tomarnos un café y cuyo procedimiento ya nos parece de lo más normal, porque el abuso está hoy organizado, justificado y soportado en nombre de la salud.

Incluso infligir estos abusos está hoy muy bien visto. Ya sea por una mascarilla baja o inexistente o por no tener el pase, se nos ha hecho costumbre el mirar mal a la gente y sentirnos con derecho a disciplinarla.

Hablamos de libertad y de humanidad en Facebook, nos hacemos los buenos y los “diversos”, siempre publicamos corazones y perritos, hacemos huelga de hambre por la extinción de la abeja de montaña, damos nuestro comprometido “like” a cualquier campaña humanitaria virtual; pero cuando salimos por fin del escaparate digital, no toleramos ninguna diferencia, nos espanta la falta de subordinación al mandato y estamos siempre dispuestos a denunciar, a apalear o a humillar a cualquiera públicamente, por la cruzada nazi sanitaria.

Nos hemos convertido en una civilización de nazis asquerosos y orgullosos, convencidos de estar haciendo lo correcto por la salud.

Somos nazis, pero con buenos y saludables motivos: evitar todo contagio y permanecer siempre sanos.

Tuve varios amigos que nunca vacunaron a sus niños, eran anti vacunas de toda la vida, pero nadie les negó jamás el saludo, ni dejó de invitarles a los cumpleaños infantiles por no tener la vacuna de la polio, de la hepatitis A o de la varicela.

Hoy, todos esos “no vacunados contra nada”, están vacunados contra el COVID. (sólo contra el COVID) y ahora se han vuelto los más nazis de todos.

Dicen que esto mismo sucedía en los campos de concentración, en donde los guardias más crueles eran los guardias judios, porque éstos debían demostrar que eran más nazis que los nazis.

La otra noche estaba cenando en un restaurante callejero y una pareja de ancianos de casi 90 años se sentó en la mesa de al lado. Apenas entraron, el “camarero- policia” de 20 años, les solicitó su green pass.

Los dos viejitos buscaban con dificultad en sus abrigos, aquel papel plastificado con el código de vacuna nazi, que seguramente alguno de sus nietos les había impreso para que pudiesen salir de casa.

Uno de los ancianos lo encontró y finalmente lo enseñó con sus manos temblorosas, mientras que el otro, nunca llegó a encontrarlo en el abrigo.

El “camarero- policia” les informó que si el señor no tenía el pase, debían retirarse. Y sin chistar, los dos pobres ancianos comenzaron a ponerse de pie y a colocarse los abrigos, mientras enfilaban hacia la salida.

Nadie reaccionó. Nadie movió un dedo para ayudarles, ni para intervenir frente a tanto abuso disparatado. ¡Ellos! La generación eco humanitaria que llora a moco tendido en las redes por la extinción abeja de montaña, es incapaz de sentir nada por otro ser humano al que se le deniega un derecho fundamental.

Me levanté furioso y fui a buscar al dueño del restaurante, que resultó ser una mujer de más de 70 años. La mujer comprendió enseguida la ridiculez de la situación y les dijo a los ancianos que por favor, volviesen a su mesa.

Muchos me preguntan ¿cómo se hace para parar el totalitarismo? Y mi respuesta es que se debe parar igual que como se empieza: poco a poco y con la ayuda de todos.

Pero eso si, los miedosos, los juzgones, los policías y los colaboradores del régimen se abstendrán de intervenir por principios de salud y no reaccionarán, por supuesto.

Hasta que les toque a ellos.

JR

“Perspectiva Peligrosa”

La palabra “perspectiva” proviene del latín (perspicere: ver a través de) y consiste en la capacidad de ver las cosas desde un punto de vista particular.

La perspectiva en la pintura aparece recién en el Renacimiento con la aparición del “hombre moderno” que deja atrás la mirada fija y blindada de la Edad Media, para renacer y elegir una nueva visión, forjando además, una nueva era.

Cuando tenemos un problema al que no le vemos ninguna solución, se nos recomienda generalmente encararlo con un cambio de perspectiva, para encontrarle una opción distinta o adquirir una nueva forma de mirar las mismas cosas, desde otro punto.

Uno empieza entonces a cambiar el ángulo y la distancia y aquello que antes estaba demasiado lejos, se vuelve cercano y aquello que antes parecía demasiado grande, se vuelve más pequeño.

Si tuviera que hacer una composición artística de la mentalidad actual, diría que el autor está demasiado omnipresente en la obra; ya que existe una sobrevalorada presencia del yo y una nula presencia de la acción de ese yo, sobre la obra.

El “yo víctima”es lo que se cultiva y se educa con esmero en estos tiempos; siendo el resultado de esta larga educación, un joven que culpabiliza de su presente y de su futuro a los demás.

Uno de los grandes problemas que presenta el cambio de mentalidad de esta época tiene que ver con un cambio de perspectiva, que se fomenta desde la educación infantil y en el que desgraciadamente, se ha situado a la responsabilidad muy lejos del individuo

Uno de los ejemplos más tangibles es por ejemplo el tópico tan cansino del cambio climático.

Se cría a niños a quienes desde el jardín de infantes se arma de pancartas, de slogans y de reclamos. “El mundo que nos dejan”. “El mundo que merecemos” etc, son algunas de las exigencias que se le inculcan al niño, ni bien tiene uso de conciencia.

Y se le cria convencido de que le han estafado y traicionado y de que tiene derecho a exigir un mundo mejor. Pero a ese mundo mejor deben proveérselo los demás.

El prototipo de graduado universitario termina siendo un ser enfadado, que antes de haber comenzado su vida laboral, ya se siente estafado. “Nos roban el futuro”. “El empresariado sólo quiere ganar dinero y explotarnos”.etc, son algunas de las más comunes barbaridades que llenan la cabeza de un graduado universitario actual.

Y uno se lamenta de que tanta educación sólo haya servido para crear seres tan resentidos, con tan pocas ideas, tan pocas habilidades y tan pocas ganas de trabajar.

La falta de creatividad y de acción de una generación de graduados llenos de rencor, responde a que se educa a las nuevas generaciones con la visión del víctima, desde el parvulario hasta la universidad.

Los jóvenes desde pequeños van cultivando la exigencia, el reclamo y el desánimo, mientras se les inflama de un falso ego que insiste en hacerles creer que ellos son seres sumamente importantes, que se lo merecen todo, sin tener responsabilidad ninguna de crearse con su trabajo su propio futuro.

Se evita ante todo responsabilizar al individuo de su presente y de su futuro, acostumbrándole desde pequeño, a que todo fracaso presente o futuro es y será siempre culpa de alguien que nunca es él.

Y se le transmite una sensación de derrota anticipada, que acarrea desde mucho antes de empezar a luchar por su vida, con el mensaje de que todo da igual, y que haga lo que haga, será inútil y no servirá de nada, porque todo está ya mal hecho por otros y confabulado para perjudicarle el futuro a él.

El joven se gradúa convencido de que tiene derecho a todo, pero sin responsabilidad de proveerse ninguno de esos derechos por si mismo.

Esta visión del mundo incluye por supuesto la visión platónica de la vida, que consiste en la existencia de un mundo ideal, (que aún nadie ha conocido), pero al que ellos sin duda tienen derecho y alguien les está negando.

El problema es que ese mundo ideal con el que se los educa no ha existido jamás y con muy poco de estudiar historia, uno puede comprobarlo.

El mundo ideal nunca existió. Cada generación construyó sobre las condiciones que le tocaron. Pero estoy convencido de que no hubo ni tanta queja, ni tanto derecho divino, como el que se reclama hoy en día.

Uno hizo lo que pudo con lo que tenía disponible, que sin duda era mucho menos de lo que tienen los jóvenes ahora, pero como uno estaba constantemente haciendo y trabajando, no tenía tiempo para perder, en buscar a tanto culpable.

Se exige constantemente el derecho a un mundo ideal, pero uno no puede tener derecho a aquello que no se ha ganado o construido para sí mismo. Y este es el quit de la cuestión: no conseguir nada por sí mismos y ser siempre unos mantenidos.

Se nos ha hecho tan común escuchar exigencias como : “el derecho a la vivienda, a la salud o el derecho al ocio” que ya son reclamos que nos parecen muy normales.

Y yo me pregunto ¿adónde figuran esos derechos?

El único derecho que yo recuerdo haber aprendido de la Constitución es el derecho al trabajo, el derecho a la libre circulación y el derecho a la libertad de culto. Curiosamente, los tres derechos que intentan abolir nuestras “democracias” socialistas.

A mi me enseñaron que el trabajo era lo que te proporcionaba el derecho, o no, a todo lo demás. Y para tener derechos uno debía trabajar. Pero ahora pareciera que el trabajo fuese una mala palabra.

La peligrosidad de esta perspectiva contemporánea radica en que coloca a la responsabilidad muy lejos del individuo

Cuando este cambio de perspectiva sucede, la culpa y la responsabilidad de todo lo que me pasa la tiene otra persona.

Y cuando la culpa es de otro, se crea odio hacia todo aquel al que considero responsabie de mis males y de todas mis carencias.

Esta perspectiva es la que utilizan los tiranos pata fracturar las sociedades, concentrar poder y hacer que un grupo odie a otro grupo en una región.

Así lo hizo Hitler en Alemania con el odio a los judíos, lo hizo Perón en Argentina con el odio a los ricos y lo hizo Obama en Estados Unidos con el odio a los blancos.

Buscar a un culpable y criar generaciones de víctimas y de resentidos es una táctica fácil para concentrar poder sin necesidad de ningún logro, generar rivalidad y motivar la violencia.

Criar víctimas y resentidos, seres acostumbrados al reclamo desde el parvulario, seres que se creen merecedores de todo sin mover un dedo y alérgicos a asumir cualquier tipo de responsabilidad, es una bomba de tiempo.

Necesitamos un cambio de perspectiva y acercar a la culpa lo más posible en el cuadro, hasta que toque a su autor.

Y cuando la culpa se acerca tanto al autor de la obra, mágicamente metamorfosea, convirtiéndose en responsabilidad.

Porque asumir la responsabilidad sobre nuestra propia vida es nuestro único e inalienable derecho.

JR

“La Nueva Normalidad Fascista”

Si usted desea vivir la experiencia nazi o comunista, no hace falta conseguir la máquina del tiempo o devorarse una serie de Netflix sobre la Segunda Guerra Mundial o sobre la vida en Moscú o en Berlin del Este.

Hoy usted puede vivir toda la experiencia en primera persona, haciéndose un viajecito por Australia o por la Unión Europea y sentir en carne propia, todas las sensaciones de temor, de nervios, de control y de tormento, que experimentaron nuestros ancestros, víctimas de estos regímenes totalitarios.

Hoy en pleno siglo XXI usted tiene la oportunidad de experimentar en vivo el comienzo del fascismo de Hitler o de Mussolini, viajando por Italia o por cualquier otro país europeo.

Y si tiene la fortuna de embarcar al vuelo, una vez que le hayan controlado ocho veces todos los formularios, PCRs y pases sanitarios pertinentes, podrá entonces continuar con su experiencia fascista en tierra.

Coja un billete barato en cualquier aerolínea y llegue al aeropuerto en donde será hostigado y atocigado desde que entre a la terminal hasta que suba al avión, por guardias de seguridad, policías, personal de tierra de la aerolínea, azafatas, personal de limpieza, etc, para continuar luego en tierra, hostigado por personal de inmigración, aduana, taxistas, recepcionistas de hotel, camareros, vendedores de churros y toda la población de fascistas colaboradores con “el régimen del green pass” que sólo cumplen la ley, al igual que los nazis y los rusos obedecían las leyes de sus líderes.

Usted no se enfade, porque ellos no tienen la culpa de hostigarle a cada paso o de dejarle en tierra, fuera del museo, del restaurante o del café, porque al igual que los nazis alegaron en los juicios de Nuremberg, ellos sólo cumplen órdenes.

Lo bonito del poder es que engancha igual que el anillo de Frodo en el señor de los anillos y aquel que en un principio parecía bueno, en cuanto agarra el anillo o accede a la aplicación de control del green pass, se transforma y saca de dentro suyo un nuevo ser: “la oveja fascista”.

Y así va poco a poco, descubriendo el poder que tiene el “no”.

Usted no embarca, no entra, no come, no sube, no viaja, no vota, no toma café.

De pronto el “no” se vuelve un poder adictivo. Decir que “no”es imposibilitarle al otro un camino, quitarle la libertad, la independencia, y da una sensación de poder maravillosa. Yo domino. Tú obedeces.

Pasito a pasito, suave suavecito, nos van llevando por un camino de ida, hacia un sistema totalitario, al que se accede voluntariamente y convencido, pero que no piensa detenerse con fin del Covid. Ya que el COVID y su infinidad de futuras variantes fueron y seguirán siendo fabricadas con este fin.

Como todos saben que a usted lo único que le importa es la salud, ellos están cuidándole. Usted acepta y agradece que papá estado le quiera tanto. Se vacuna, hace lo que papá estado le manda, se vacuna otra vez y cree que por fin, ha conseguido su pase verde para siempre.

Luego viene la tercera dosis obligatoria de refuerzo y usted sigue complaciendo a papá estado que le protege sin medida.

Pero de pronto un día, el pase sanitario le sale en rojo en la aplicación móvil del controlador de turno y suenan todas las alarmas, llega el personal de seguridad y usted se queda varado, fuera de un bar o en un aeropuerto y es considerado un terrorista sanitario y condenado como “peligroso depredador”.

Luego de pasar por todos los tormentos que usted se merece por no estar con la vacuna al día, comprende por fin, que su pase en rojo se debe a que ya no importa la cantidad de dosis que usted se dio según el reglamento, sino la fecha de la primera dosis.

Su pase ha caducado y usted debe volver a comenzar con todo el procedimiento.

Mientras usted está distraído entre tanto trámite, tanto palo en la nariz diario y pinchazo, el mundo a su alrededor va cambiando poquito a poquito, sin que usted tenga tiempo de darse cuenta de nada, ya que a duras penas sale de casa.

Cada mañana enciende el canal covid 24 hs y vuelve a meterse el palo por la nariz; esa nariz temerosa y obediente, que ya no sale a ningún lado, porque con pase rojo nadie le recibe. Y ni hablar de ir a casa de nadie. Con pase rojo, ni los amigos le recuerdan.

El aislamiento al que es condenado por temas de salud pública, se parece a una prision, pero como usted tiene Netflix y se ha hecho adicto a Ibai y a los videojuegos, sigue sintiéndose libre, porque gracias al mundo del progreso, usted está cómodo y además, tiene internet.

Usted está subsidiado, cuidado por papá estado, viviendo una realidad virtual en donde nada ni nadie puede hacerle daño, tiene acceso a WhatsApp y al canal porno, está seguro en casa cumpliendo con las normativas del distanciamiento social justo y necesario y tiene glovo y Amazon a su disposición. ¿Qué más quiere? ¡No sea desagradecido!

No se queje, siga recibiendo los cuidados de papá estado, que lo quiere un montón y que además, le está dando miles de vacunas anuales “gratis”.

Y si todo va bien, en un tiempo, papá estado le dará otro pase verde (válido sólo por unos meses), para que usted puede volver a vivir la agradable experiencia nazi/ comunista desde fuera de casa, hasta que la luz roja en su pase, vuelva a aprisionarle.

JR

“La Hoguera de los Vacunados”

Cada vez que algo te sale mal por un error de decisión o de cálculo, uno espera no ser el único. Este instinto tan primitivo es una forma de autoconsuelo; la de encontrar a otro que padezca nuestro mismo mal o sufra nuestra misma mala suerte.

Sin embargo, aquel al que le va bien, no tiene tiempo de mirar alrededor, ni de mirar la suerte o la desgracia de otros y muchas veces peca de indiferente, pero difícilmente de estar metido en la vida ajena.

Pero hay otras veces, en las que el cagado desea y ruega con maldad, que haya otros muchos como él, para no sentirse el único.

Estas sensaciones, que en ocasiones me explicaba mi abuela con sus sabios y milenarios dichos, se me hacen muy presentes en los tiempos de la vacuna.

Si los vacunados estuvieran tan contentos con su vacuna, no tendrían tiempo de estar viendo si el vecino se vacunó o no se vacunó.

Pero como parece ser que la vacuna no ha dado los resultados esperados, sino todo lo contrario, se les nota una especie de rencor envenenado, hacia los que se libraron de la jeringa.

Hoy se contagian más los vacunados que los no vacunados, cuando debería suceder justamente lo contrario y sin embargo, los vacunados exigen más que nunca antes, que se vacune a la fuerza a los exentos.

Esta nueva guerra social que los medios y los gobiernos vienen impulsando no es casual. No nos olvidemos que las políticas actuales se basan en la búsqueda del enemigo común. Nada une más a las tribus musulmanas que se odian a muerte entre sí, que el odio conjunto hacia Occidente.

Y esto mismo sucede aquí. Nada une más a las masas políticamente rivales que el odio común al no vacunado. Izquierda y derecha, verdes y rojos, se funden en un odio común y preparan la hoguera para todo aquel que no se haya convertido a la religión del momento: la locura COVID.

A mi no me quedó opción que vacunarme porque mi trabajo consiste en viajar, (algo que los no vacunados tienen terminantemente prohibido entre otras millones de cosas), pero por estar vacunado, no odio a los no vacunados que pasan a mi lado; sino todo lo contrario, les admiro.

Porque a pesar de que toda esta política les pretende cerrar el mundo y prohibirles todos sus placeres, ellos siguen fuertes.

Ojalá yo pudiera algún día ser tan valiente.

Esta insistencia enfermiza en la vacunación con una vacuna que evidentemente no funciona, me genera mucha desconfianza y dudo que esta fanática cruzada tenga buenas intenciones.

Espero que los efectos secundarios de este experimento covid no me hagan mucho efecto, pero por las dudas, he avisado en casa, que si me ven trabajando para el manifiesto eco- comunista de Soros y Gates o votando a la izquierda, me den con un hacha en la cabeza, sepan perdonar y entiendan que tal comportamiento responde únicamente a un efecto secundario provocado por la vacuna contra el virus fabricado en China.

Digan luego, que el crimen fue por ser anti vacuna; así será un asesinato justificado, vanagloriado por los medios y por las autoridades pertinentes y sin necesidad de abogado, de juicio, ni prision para nadie.

“Vacúnese antes de que le vacunemos en la hoguera” gritan a dos voces los vacunados envenenados y contagiados, mientras los medios apoyan, difunden e inflaman. Y las masas aplauden y twittean sintiéndose empoderados y buena gente: “ # a la hoguera😘❤️ #hoguera is love 💚 #hoguera es salud 🔥🤗.

JR

“Los Gurús de nuestro Futuro”

Dicen que no hay nada más viejo que aquello a lo que se le llama “nuevo” y viendo el tipo de vida monitoreada, medida y llena de formularios, permisos, pasaportes y controles, nuestra “nueva” eco – saludable y reciclada vida, se va pareciendo cada vez más, a la vida en la antigua URSS.

La gente se mueve con miedo, miedo al control, a la reprimenda, a la inquisición permanente, al formulario constante y requerido para cualquier cosa, al cambio de normas inesperado y siempre a último momento; y no está de más añadir, que son muchos, aquellos que disfrutan de esta repentina posición de poder, de control y de “superioridad moral por vacunado”, que el “nuevo” eco- mundo les ha otorgado.

Aquellos que antes estaban para atenderte y darte un servicio, hoy de pronto, están para hostigarte a cada paso y parecen disfrutar de esta nueva posición de control que la “Salud” les ofrece. La azafata, el recepcionista, el guarda de seguridad, el maestro de escuela, el aparca coches, todos sin excepción, han asumido gustosos este rol de poder, de sermoneo y de control, que la madre estado les ha delegado: reprimir a una población descerebrada que necesita ser guiada por seres “ superiores”hacia una forma de vida más saludable y civilizada, diseñada en Davos por los intelectuales que sirven al poder.

Cada vez que oigo hablar del nuevo mundo que estos grandes intelectuales contemporáneos graduados en la Ivy League nos están diseñando a todo pulmón, me entran arcadas y cada vez que me hablan de cambiar el mundo, se me aparece la imagen Stalin fusilando a todo aquel que traicionara los ideales de su nuevo y maravilloso proyecto de mundo; más igualitario, sostenible y socialmente justo.

El problema con tanto “experto” dando consejos es que el experto es solamente experto en su pequeño espectro; no evalúa las consecuencias ni la repercusión que tienen sus consejos; pero lo peor de todo, es que estos “expertos” trabajan para decir aquello que el gobierno quiere que digan. Se contrata a los expertos que respalden la visión del estado y del grupo de Soros, mientras que a aquellos expertos que opinan lo contrario, se los bloquea en las redes y en los medios, se los calla y se los amenaza.

Una de las grandes ventajas que tiene ser un intelectual gurú es que nadie te pide explicaciones por los desastres que generan tus ideas.

Marx nunca salió a pedir disculpas por el desastre que generó con sus ideas de reforma social, económica y política. Lo máximo que hizo, después de su gran cagada de mundo, fue decir que él no era marxista y desentenderse del tema, pero sin ningún remordimiento.

Si usted es ingeniero y se le cae un puente, el mundo le fulmina, pierde el trabajo y no trabaja de ingeniero nunca más en su vida. Pero si usted es un intelectual y diseña una vida de mierda, nadie le pedirá explicaciones. Y podrá además, seguir dando instrucciones.

Esto mismo pasa con la vacuna, no vemos a nadie explicarnos porqué aquellos con dos dosis y booster se contagian y mueren. Hay un silencio de radio cuando toca hacerse cargo de los fallos de las verdades absolutas de los venerados “expertos”.

Tanto es así, que aquel green pass por el que muchos aceptábamos el pinchazo a desgano, ya no te lo pide nadie, sólo te piden un PCR con 24 horas de vigencia, justamente porque saben que estar vacunado no es ninguna garantía contra el virus fabricado en China.

Pero todavía estamos esperando la corrección, la disculpa, algún tipo de mea culpa por los errores de tanto “experto” en cambiarnos el mundo. Ni siquiera aquella mentira sobre la mala cocción del murciélago se ha explicado y reconocido como una mentira organizada.

Las mentiras desaparecen como por arte de magia sin que nadie se reconozca un Pinocho, ni pida perdón y la gente olvida y perdona todo atropello, con una docilidad alarmante.

Luego nos preguntábamos por qué los alemanes obedecían las macabras órdenes de Hitler sin oponerse a tanta injusticia y crueldad. Si Adolf volviera hoy, se haría un festín con este mundo de ovejas temerosas, fanáticas, vacunadas y obedientes que se creen cualquier cosa y son capaces de hostigar y denunciar al que no tenga una vacuna, criminalizándole injustamente por un virus comunista patrocinado por Soros.

Silencio de radio. Usted calle y siga rellenando formularios, pidiendo códigos y permisos, haciéndose su PCR diario, dándose nuevos boosters experimentales si es que desea moverse de su casa, ir a tomar un café o ir a trabajar y para que no le despidan por negacionista.

Eso si, no se olvide que si usted se vacuna lo hace libremente, ya que nadie le obliga. Usted es libre, aunque viva esclavizado por los mandatos de la “Salud”.

Siga “libremente” rellenando el cartoncito del experimento que le promete la tierra prometida. Y aquel que llegue al casillero de la pizza, gana.

Pero mucho me temo, que el eco- plan es ahorrar, no sólo en pizzas premio, sino también en pensiones.

JR

“Generación de Haters y Desagradecidos”

No es inusual escuchar a las juventudes americanas universitarias culpar a los empresarios de todas sus desgracias y hacerles responsables de los malos augurios que se imaginan en su futuro.

Al escuchar semejantes barbaridades me pregunto qué aprende esta juventud en las universidades carísimas a las que asisten; pagadas por sus padres empresarios y en las que pasan tantos años de su vida.

Lo verdaderamente surrealista de toda esta tragedia es que estas aberraciones vengan de estudiantes de carreras como “Business” quienes supuestamente están allí, para convertirse en empresarios el día de mañana.

Esta campaña politico/ cultural en contra de los empresarios en general, tiene buena audiencia y cohesión en estas juventudes escolarizadas bajo programas socialistas, que basan sus temarios en el adoctrinamiento político y en criminalizar a los empresarios, logrando desviar la culpabilidad y esconder las nefastas gestiones de sus gobiernos.

Esta juventud tan universitaria y a la vez tan ignorante, parece desconocer por completo el funcionamiento del estado y de la economía en general.

Ellos creen que el estado es una fábrica, que produce algo y que es el estado quien tiene dinero.

Sin comprender que el estado es un simple administrador del capital que generan los empresarios y los empleados que trabajan para esos empresarios. Y que sin empresarios, no hay estado.

Todos los movimientos de izquierda parecen estar confabulados para destruir a las únicas fuentes de progreso que tenemos; fomentando el odio hacia los ricos y a todo aquel que haya logrado algún éxito laboral u económico.

Esta ignorancia que promueve la izquierda cunde en unas juventudes que desconocen por completo la Historia, la economía y sus procesos.

Anoche la candidata demócrata y multimillonaria Elizabeth Warren increpaba a Elon Musk en twitter, y es que esta gentuza socialista odia a todo aquel que con su éxito nos traiga algún tipo de progreso.

Odian a Rockefeller que fue quien logró reducir el coste del keroseno haciéndolo accesible incluso a las clases más pobres y con ello logró que la humanidad pudiera encender la luz cuando se iba el sol y ganarle al día, horas de vida.

Odian a Ford que hizo que el coche dejara de ser un artículo de lujo para hacerlo accesible a todos, reduciendo los costes de fabricación e incrementando la producción a un bajo coste.

Odian a todos los que con su talento, capacidad, trabajo y esfuerzo nos han traído progreso y a quienes les debemos mucho mas, que las fortunas que se han ganado en buena ley en el mercado.

Si hoy estuvieran aquí Steve Jobs y Albert Einstein los quemarían en la plaza, por blancos, ricos y privilegiados.

Y es que la ignorancia de estos personajes demagogos de izquierda, ya sobrepasa toda locura.

El odio hacia el rico es el mantra para estas juventudes descerebradas, que sienten que aquello que ellos no tienen, no es porque no hayan trabajado nunca en su vida, o porque no tengan ningún talento, sino porque alguien se los ha robado.

Esta es la filosofía con la que se lavan los cerebros en las universidades americanas, canadienses y europeas: la culpa de tu desgracia siempre la tiene otro. Y nosotros te diremos quien es el enemigo.

Si hubiera sido por esta generación de ignorantes estaríamos todavía en la época de las cavernas y cualquier idea de inventar el fuego hubiese sido desestimada por venir del fruto de un privilegio racial o de algún tipo de desigualdad intolerable. Así que mejor abstenerse de encender nada y seguir en Edad de Piedra.

Lo único importante para esta panda de ignorantes es la igualdad. No queremos Elon Musks, Einsteins, Jobs, Edisons, Aristóteles, Parmenides, Rockefellers, Fords, hermanos Wrights. No queremos privilegiados. Odiamos a los talentosos, a los inteligentes, a los trabajadores, a los generadores de capital y de progreso.

Queremos que todo sea hecho con justicia social, queremos a todos igual de bestias, a todos igual de pobres, a todos igual de subdesarrollados, a todos igual de resentidos, y así esta juventud de haters se quedará igualitariamente más tranquila.

JR

“Capital Humano”

En la economía en general, tanto como en la economía doméstica, el capital humano juega un papel importante a la hora de progresar económicamente.

Muchos intelectuales insisten sin embargo, en el monopolio de la educación académica como único componente del capital humano, aunque los hechos, no siempre avalen sus teorías. Teniendo vivos ejemplos de inventores y eruditos que nunca han pisado una universidad y en algunos casos ni siquiera terminaron la escuela, como es el caso de los hermanos Wright, que eran mecánicos de bicicletas, antes de inventar el avión.

Tener muchos títulos universitarios y masters no garantizan el progreso económico de una persona; pueden ayudar por supuesto, pero no son el único determinante.

Y dependiendo además, de qué tipo de educación se trate, ésta puede llegar a ser en ocasiones incluso perjudicial para el individuo, cuando le crea aversión al trabajo, al capital, a las empresas y al progreso económico en general.

Tales individuos no sólo están destinados a la mediocridad , sino que resultan peligrosos para el progreso económico de la sociedad en su conjunto.

El capital humano es el resultado de una suma de componentes que juntos y combinados, elevan el valor que ese individuo tiene en el mercado.

El capital humano no es otra cosa que las capacidades, las habilidades prácticas y las actitudes de un ser humano frente al trabajo.

No sólo es importante el nivel de formación en una disciplina, sino también la actitud hacia el trabajo en general, la capacidad para esforzarse, adaptarse y sacrificarse por un progreso económico.

Y no todos, aún teniendo exactamente los mismos títulos universitarios y posgrados, poseen las mismas capacidades en estos ámbitos, ni la misma fuerza, ni la misma necesidad o las mismas ganas.

Parte de nuestra cultura encierra el valor que le damos al trabajo; para algunas culturas el trabajo es lo primero, y en otras sin embargo, el trabajo es relativo y prescindible, y si no me hace sentir enteramente feliz y realizado, no me compensa.

No es casual que esta era, en la que se intenta imponer la felicidad ante todo lo demás, no haya ayudado a los jóvenes a integrarse satisfactoriamente al mundo laboral.

En mi época sin embargo, trabajar era lo primero y nadie te preguntaba a cada rato si eras o no, feliz.

Porque uno asociaba la felicidad al hecho de tener un trabajo, pagar las facturas y seguir progresando.

Hoy sin embargo, los jóvenes parecen no encontrar nunca el trabajo que les merezca. ¡Tantos títulos para tener tantos desempleados! es el leitmotiv de una sociedad cuya juventud que no encuentra un trabajo o rehusa integrarse al empleo, por no considerarle a su nivel.

El problema con el capital humano, es que no es en su totalidad académico. Un empresario busca mucho más que un buen currículum universitario. Se busca aptitud y actitud pero hoy es difícil, encontrar las dos cosas juntas.

Tanto en la economía comercial como en la economía doméstica el capital humano es importante.

Un ama de casa que no limpia, no cocina, no lava ni plancha, ni cuida niños va a generarle un gasto enorme a un marido que trabaja. Y todo ese capital humano que la mujer no posee, va a recaer en la economía familiar, que necesita pagar por todos esos servicios. Esto mismo sucede en los países sin producción local, ni industrias propias.

La economía no es solamente aquello que entra, sino también aquello que sale; la economía es el resultado y la gestión entre lo que entra y lo que sale.

El capital humano tiene mucho que ver también con la cultura de cada persona y la cultura es generalmente un factor hereditario o particular de las distintas comunidades.

Una mujer alemana, escandinava o estadounidense no sólo está acostumbrada a cocinar y a limpiar su casa, sino también a cortarle el pelo a sus hijos, a teñirse las canas en el baño de su casa y a hacerse la manicura ella sola. Al menos mi madre, era así.

En mi casa dos de mis hermanos eran ingenieros, pero la que arreglaba los enchufes, la cisterna, el riego o la aspiradora era mi madre, sin ningún título universitario, pero poseedora de un gran capital humano.

Ella sabía hacer de todo y sino, buscaba un manual y en un rato lo aprendía.

El capital humano tiene que ver con la educación, pero no exclusivamente con la educación académica; sino con la educación hacia el trabajo.

Uno de los procesos que ponen de manifiesto al capital humano es la capacidad de recuperación después de una crisis.

No es casual que la recuperación de los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial haya sido tan rápida, debido a su gran capital humano. Esto no sucede sin embargo, en países subdesarrollados o tercermundistas en donde el capital humano es escaso y las crisis son eternas. Y en donde el trabajo es visto como una explotación, en vez de ser considerado como la única vía para el progreso económico.

Una persona que aspire a un alto nivel laboral y económico, debería además de tener una habilidad o producto por lo que la gente esté dispuesta a pagar, saber hablar, saber comer, saber beber, saber interactuar con gente distinta, saber obedecer, saber mandar, saber innovar, saber ahorrar, saber cuándo gastar, saber invertir, saber arriesgarse y también saber cuándo no apostar por locuras o lujos innecesarios.

Saber sacrificarse y saber recompensar, saber de historia, de literatura, de política internacional o estar informado sobre los eventos y noticias del mundo, son cosas que también ayudan y conforman el capital humano.

El capital humano resulta esencial a la hora de crear capital y de lograr un progreso económico y su falta resulta catastrófica, sin haber título universitario que la compense.

JR

“La Falacia de lo Gratis”

Siempre me pregunté porqué a la gente le resultan tan antipáticos los economistas y finalmente comprendí, que estos seres son los únicos valientes, que desactivan al instante la falacia de que algo sea gratis.

Para un economista el concepto “gratis” es un concepto equivocado desde su raíz. Y lo primero que te preguntan cuando les dices que algo es gratis es: “si claro, gratis, ¿pero a qué costo?”

Su afirmación de que lo gratis no existe, resulta definitivamente antipática para un pueblo acostumbrado al discurso socialista de la igualdad y del derecho a todo; que se resiste a entender y a hacer entender, que todo derecho se desprende de la obligación de otra persona y que todo lo que se percibe como gratis, es gratis para él porque lo paga otro ciudadano.

Cuando comienzas a estudiar economía descubres un mundo nuevo y empiezas a darte cuenta de que la historia de los errores de la humanidad, está basada en errores de cálculo, falta de previsión de imponderables, desconocimiento de los elementos, ignorancia de datos y hechos y ausencia de sentido común.

Uno suele ver a la economía como a esa materia difícil y disponible sólo para algunos eruditos, pero cuando te sumerges en ella, descubres que toda la evolución y la distribución del mundo se basa en la economía.

La economía ha guiado desde los asentamientos de las poblaciones y sus enfrentamientos, hasta las expediciones más atrevidas.

El concepto de la inexistencia de lo gratis es quizás el aprendizaje más frustrante y sin duda, también el más iluminador de todos, porque cuando descubres que el precio de las cosas tiene su sentido, entonces, empiezas a pagarlo con más ganas.

Mi amiga médica se queja de que la sanidad pública está colapsada en España y esto sucede porque es gratis. La gente aburrida no tiene otra cosa que hacer que inventarse enfermedades y acudir a las consultas como diversión. Hoy les duele esto, mañana les duele aquello y cuando no les duele nada, entonces es hora de chequearse todo; análisis de esto, de lo otro y de lo de más allá. Y todo esto sucede porque la sanidad es gratis.

Si al señor hipocondríaco le costara 5 o 10 euros cada consulta, os aseguro que se le pasaba el malestar en un segundo y en vez de ir a molestar y a gastar dinero ajeno al hospital, se quedaba en casa viendo la tele. La curación sucede de forma milagrosa cuando estar enfermo te cuesta dinero a ti.

La saturación de un sistema de sanidad “gratis” bloquea la sanidad para los temas verdaderamente importantes y cuando aparece un paciente realmente enfermo, no hay disponibilidad para atenderle, porque el médico está ocupado con el hipocondríaco de turno.

Este es el precio de lo gratis; la baja calidad de un servicio o producto, que se desgasta debido al mal uso que se hace de él. ¿Y por qué el mal uso? Porque es gratis.

El principal problema de lo gratis es que la gente abusa de los servicios y no los utiliza como es debido. Ni los hospitales, ni las universidades públicas gratis funcionan a largo plazo, si no se usan con responsabilidad.

Pero como pedir responsabilidad es una utopía, lo mejor es ponerle un precio. Y cuando hay que pagar, la gente se responsabiliza sola. Es un remedio mágico.

La pregunta es entonces por qué los gobiernos insisten en la sanidad gratis. Y aquí está el meollo de la cuestión: cuando un servicio es gratis, los costes también se descontrolan. ¿Quién controla el precio de una endoscopia o de un análisis clínico en un hospital público? Si no existe un cliente ( nadie paga la factura) que compare precios, reclame y proteste, se inflan las facturas. Y como “nadie” paga, se inflan los costos.

¿Y quién paga el timo? ¡Usted con sus impuestos cada vez más elevados!

La conclusión es que lo gratis no sólo no es gratis, sino que al final sale más caro.

Cuando era joven me invitaron a un cóctel en Venecia en donde ofrecían Spritz gratis. Si hubiera tenido que pagarlos me hubiera bebido 2 en vez de los 9 que acepté. En ese momento comprobé que el precio de las cosas, te cuida la salud evitándote además, borracheras innecesarias.

Cuando se ofrece algo “gratis” se desvaloriza al trabajador que provee dicho servicio, y se instruye de manera irresponsable al consumidor de ese servicio; que mal aprende a tener el derecho a la explotación “gratis” de otra persona en su beneficio.

Aprender que cada cosa tiene un precio y que ese precio tiene una razón de ser, no sólo nos hace más analíticos, exigentes y responsables a la hora de elegir entre nuestras opciones, sino que nos ayuda a pagar por un servicio de calidad con más entusiasmo.

JR

“La Reconquista Marxista”

Hace un tiempo tuve la fortuna de pasar unos días en la ciudad de Cordoba (España) en donde hice un recorrido turístico con una guía formada en Bellas Artes, que nos acompañó durante todo el paseo y nos iba relatando los hechos históricos sucedidos en cada uno de los monumentos cordobeses.

Su nada disimulada aversión hacia la reina Isabel la Católica fue creciendo a medida que avanzaba nuestra visita, hasta que un compañero, ya harto de tanto comentario despectivo hacia la reina, la paró en seco, defendiendo a la monarca de los ataques sistemáticos y con connotaciones claramente marxistas, que profería la guía hacia Isabel.

Hay veces en que conocer la Historia y las costumbres de su tiempo ayuda a detener la mala información que estos jóvenes formados en las universidades Marxistas del mundo intentan imponernos y desperdigar en cuánta oportunidad se les presenta.

Aunque desgraciadamente, la mayoría de las veces, la gente se traga sin más, todo aquello que esta generación adiestrada en la manipulación histórica decide contarles; quizás por falta de tiempo o de interés en constatar los datos falsos, que los marxistas profesan repetitivamente, hasta convertir en verdades absolutas y en dogmas incuestionables.

(Al día siguiente encontré a la guía haciendo el mismo tour en inglés y en alemán y relatando las mismas barbaridades ideológicas; por lo que comprobé una vez más, que este nuevo marxismo va propagándose por el mundo, sin fronteras y sin ningún remordimiento, ni corrección)

Estas juventudes universitarias adoctrinadas en la visión marxista de la realidad y de la historia, no sólo son ignorantes, sino que se prodigan en ello y se dedican con esmero a la divulgación de su ideología allí por donde van y sin ninguna necesidad, porque a nadie le interesa realmente su opinión personal sobre un hecho histórico.

Lamentablemente la Historía es la que es; no la que a uno le hubiera gustado que fuese, ni la interpretación que hace una mirada teñida de políticas de justicia social marxista, sobre la Historia.

Las conquistas y las reconquistas a lo largo de la Historia fueron cruentas, de un lado y de otro. Y debemos recordarles a estas generaciones tan mal informadas, que aún no teníamos WhatsApp, ni a la ONU, ni a Greta facturando por la extinción del medioambiente desde los 12 años.

Por eso, es que es tan importante ubicarnos.

Estas opiniones marxistas fuera de lugar y abstraídas totalmente del contexto histórico de los hechos, que estos guías hacen, no sólo tergiversan los hechos, sino que quitan a los hechos de su contexto, de las costumbres y de los modos de la época.

Por un momento intenté imaginarme cómo hubiera sido todo, si la Historia hubiese sido distinta a lo que fue y adónde estaría la guía hoy, de no haber sido por la reina Isabel, a la que tanto detesta.

Seguramente hoy, la guía estaría debajo un burka y celebrando la entrada de los talibanes a Afganistán. Pero gracias a Isabel, esta chica está hoy en la calle y trabajando con su melena rubia al viento, mientras se da el lujo de difamarla sin ningún temor y en todos los idiomas.

JR

“Sensibilidad Criminal”

La costumbre de la izquierda de cambiar las palabras, las terminaciones y los pronombres, no responde a una fijación con la lingüística mal curada durante la infancia, sino que obedece a fines muy distintos.

Cuando yo digo “ mesa” hago un juicio de valor e identifico a un objeto como “mesa” y no como “silla”. Al nombrar, hago entonces una distinción, una evaluación del objeto observado, que lo hace particular y le diferencia a su vez de otros.

Las palabras son; además de sonidos con significado que necesitamos para comunicarnos; esquemas de pensamiento. Y todo pensamiento es en principio, una forma de juicio. Y todo juicio, responde a un sistema de valores.

Por eso las palabras se vuelven fundamentales a la hora de organizar una mentalidad. Y eso es lo que la izquierda quiere cambiarnos; la mentalidad y los valores.

Su fijación con las palabras no es un tema lingüístico, sino una forma de pensamiento diferente, que se busca imponer con los cambios de las palabras.

Y la excusa que han elegido astutamente para lograr este cambio de mentalidad es el intentar “no herir a nadie”.

Pero lo más importante de este proceso es el mandato de “no juzgar” porque al juzgar responsabilizas y la responsabilidad es lo que esta ideología marxista intenta eliminar.

Cuando tú te responsabilizas de ti mismo desaparecen los culpables. ¿Pero qué quedaría del marxismo sin culpables? Ellos necesitan culpables, porque el marxismo es la ideología de las víctimas.

Hoy se nos impone este nuevo mandamiento que es el de “no emitir juicios de valor”, por eso el sistema judicial es el más amenazado en estos tiempos. Y esto sucede porque el sistema judicial responde a una legalidad creada por un sistema de valores, al que los marxistas detestan.

Pero juzgar es pensar. Y cuando se te exige “no juzgues”, lo que en realidad se te está pidiendo es “no pienses por ti mismo y no te dejes guiar por tus valores”, atente únicamente a observar y a repetir lo que nosotros te marcamos que es correcto decir y pensar.

Esto es a lo que hoy llamamos “políticamente correcto”: es decir y pensar sólo aquello que la política te permite pensar y decir.

La izquierda profesa en nombre de la libertad el que nadie pueda juzgar a nadie y aboga por una libertad, en la que cada uno tenga el derecho a ser cómo quiera ser y ser respetado.

Sin embargo, todo el aparente permisivismo que ostenta la izquierda en su discurso para todas las cuestiones sociales. está acotado en realidad, a crear una nueva ideología que pase a ser la única ideología admitida.

El permiso y la libertad de la que hace alarde la izquierda, consisten en realidad en ser como ellos te mandan ser y poseer esta nueva mentalidad diseñada y aplicada con la transformacion de las palabras que modifican las mentes.

Uno debe renovar su vocabulario para renovar también su pensamiento y cambiar aquellos juicios de valor antiguos por unos nuevos.

Para ser más concretos, el fin último de todo este palabrerío es terminar con los antiguos valores occidentales.

Las palabras comienzan a cambiarse porque las antiguas “hieren” a las personas. Y esta nueva comunidad de marxistas comienza a renovarlas apelando a la hipersensibilidad de los “nombrados” y a la buena voluntad y distracción de los parlantes.

Como la civilización occidental es mansa, pacífica, tolerante y cómoda, acuerda cambiar sus palabras sin mayor dificultad y si le dicen que es para evitar “herir” a alguien, lo hace aún con más gusto y sin demora.

Y si se le convence además, de que juzgar también está mal, deja de hacerlo sin resistencia, en beneficio de los sensibles.

Hoy la sensibilidad ha llegado a límites tan criminales, que llamar ladron al ladron, asesino al asesino, terrorista al terrorista y pedofilo al pedofilo está muy mal visto.

Estas pobres personas, antiguamente mal llamadas crimínales, se sienten ahora heridas al ser llamadas así, entonces vamos a cambiarles los nombres por otros más justos, más bondadosos y más cariñosos.

Porque en definitiva, tanto el pobre ladron, como el pobre asesino, como el pobre terrorista y el pobre pedofilo, son así, por culpa tuya.

JR

“Propaganda Escolar”

Cada vez que ayudo a mi hijo a estudiar Historia para un exámen, descubro la incapacidad que tienen la mayoría de los profesores de Historia para la enseñanza.

Sentarse frente a una clase de alumnos adolescentes para leer un manual de Historia, no es enseñar, ni preparar una clase, sino crear una aversión en la juventud, a veces incurable, hacia el estudio de la Historia.

Afortunadamente hoy contamos con infinidad de documentales y vídeos en YouTube, en donde se profundizan muchos de los temas de estudio para todas las edades y esto ayuda, (si se desea), a suplantar la deficiencia del profesorado escolar actual.

Si algo he aprendido de la Historia, es que sólo sirve si aprendes los patrones que nos deja. Si no eres capaz de sacar de ella un aprendizaje de comportamientos y las causas y consecuencias de dichos comportamientos, su estudio resulta inútil en todos los sentidos.

Pero yo sospecho que esto es justamente lo que se busca; que no te interese la Historia, sino que estudies de memoria para el exámen y lo olvides todo al día siguiente. Porque si tú no aprendes Historia, ellos pueden volver a contártela otro día y tergiversarla a su antojo, sin que tú te enteres.

La falta de aprendizaje tiene muchos riesgos y también tiene todo el sentido para aquellos que están interesados en reinventarla y en darle a la Historia una connotación acorde a su ideología.

Cuando enseño a mi hijo en casa intento que entienda los patrones de la Historia; cómo la fractura interna de las sociedades es lo que provoca la debilidad de un imperio, debilidad que aprovechan siempre los enemigos externos para invadir.

Sucedió con Roma con la consecuente invasion de los pueblos germánicos, luego al estar éstos divididos se tornan presa fácil para el avance de los pueblos árabes y posteriormente, las divisiones y conflictos internos del mundo musulman es lo que facilita la reconquista comenzada por Pelayo desde Asturias y finalizada más tarde en Granada.

Lo importante no son las fechas o los nombres de memoria, sino los hechos y cómo los patrones siempre se repiten; las fracturas internas son lo que en realidad provoca la caída de los imperios. Y cualquier similitud con lo que está pasando hoy en día en el mundo occidental, no es mera coincidencia, sino pura repetición.

Mientras los profesores se ocupan de que nuestros hijos no aprendan, aquí estamos los padres, ocupados y distraídos en nuestras cosas, mientras nuestros hijos son adoctrinados a base de ecología, derechos humanos para los crimínales, sostenibilidad, diversidad, racismo, feminismo y discrimacion ; en un mundo que pretende anularles la inteligencia, bloqueándoles todo pensamiento crítico y fomentándoles la pertenencia a un pensamiento único permitido.

También se trabaja a destajo en las escuelas para educar a masas basadas en una sensibilidad estupidizante, enseñándoles a culpabilizar a sus ancestros de todo y hacerles a ellos responsables de nada más que de protestar, de salir a la calle y exigir.

Si hay un monotema en los colegios actuales es el de la ecología. Según mi hijo, no se habla de otra cosa en clase.

Y uno como padre de estos proyectos de clones de la malcriada de Thumberg, empieza a sentir la extraña motivación del efecto contrario y sólo para provocarles un ataque de ansiedad, desearía ir tirando latas de cerveza al piso y arrancando flores por el camino, en señal de protesta por este diabolico proyecto de estupidizacion sistemática del alumnado, a la que todas las escuelas se apuntan.

El ejército de enanos mantenidos e indignados crece y los padres ya no se atreven ni a hablar con sus hijos en la mesa, sin que estos energúmenos adoctrinados en el odio, que se creen además poseedores de una extraña superioridad moral de izquierdas, les juzguen, les den lecciones y les culpabilicen absolutamente de todo.

Entonces uno empieza a mirar universidades en Inglaterra, en Canadá o en Estados Unidos, adonde poder colocar a estos iracundos mantenidos lo más lejos posible de casa y para que se rodeen de la compañía marxista que tanto ansían y que habita los campus universitarios del mundo.

Allí serán mucho más felices por un tiempo, mimados por profesores marxistas muy bien pagados, que les seguirán adoctrinando en la división social y en la destrucción de los valores e instituciones del mundo occidental.

Uno entiende entonces, que aquella resistencia a enseñar los patrones de la Historia tenía un sentido. Si lo hubiesen hecho, no habría negocio.

JR

“Intensidad Añorada”

Cuando uno observa las hazañas de los grandes hombres y mujeres de nuestra historia se asombra de ver cómo a los veintitantos años, muchos de ellos ya habían escrito, compuesto, creado, pensado y hecho tantas cosas, con tan pocos recursos.

Ni internet, ni avión, ni telecomunicaciones ni luz eléctrica en muchos casos, impidieron que la creatividad humana apareciera, creciera y se desarrollara.

Uno se queda pensando entonces, como es que con tantos años, uno no ha sido capaz de hacer casi nada valioso y vive sin embargo, ocupadisimo y sin tiempo para nada; aún teniendo las comodidades y facilidades actuales.

Y es que hay algo que vamos perdiendo con la velocidad y es la incapacidad de concentrarnos en algo.

Toda nuestra actividad diaria se vuelve veloz, precipitada, siempre con prisas por llegar a la actividad siguiente y sin lograr intensidad en nada de lo que hacemos.

La hiper comunicación que tanto nos comunica, nos tiene más solos que nunca. Rodeados de WhatsApp y de mensajes, pero sin comunicarnos verdaderamente con nadie.

Yo admiro en las películas el valor que tenía una carta y la intensidad de la comunicación que cabía en ella.

El remitente seguramente se había dedicado a escribirla en cuerpo y alma, y en esos diez minutos de intensidad, cabían mucho más que información y palabras.

Una carta era una forma de comunicación intensa; el papel nos traía la oportunidad de volcar en él sentimientos, secretos, dudas, sensaciones y hasta lágrimas, que hoy sólo existen en forma de emoticono.

Una carta era una forma de entrega; la entrega del tiempo, esos 10 o 20 minutos en los que uno era sólo para el otro. Y es que la intensidad necesita de esa exclusividad en la que no cabe nada más.

Uno se convertía entonces en un puente hacia el otro y deseaba con ansias llegar al otro lado, sin ninguna distracción más que la carta.

Recuerdo aquellas cartas escritas o recibidas como pedacitos de uno mismo o de otro, regalados con una intensidad hoy desconocida en cualquier otro tipo de comunicación digital.

Particularmente he cogido miedo hasta de llamar por teléfono a mis amigos; con quienes hace 10 años podía pasarme ratos largos de charlas telefónicas; y en donde nos contábamos de todo; podíamos reír o llorar, confesarnos o discutir sobre las distintas visiones del mundo.

Hoy en cambio, un WhatsApp ya me parece suficiente y casi un abuso, para alguien que seguramente esté muy ocupado y a quien no quiero nunca molestar.

Y si cada tanto les grabo un audio, controlo a rajatabla no pasarme de los minutos tolerados; porque pasarse de dos, lo convierten en un audio eterno, que amerita reproducirse a velocidad rápida.

Uno ya no tiene tiempo de escuchar a nadie, ni de llamar por teléfono; aunque si llamo es porque voy andando por la calle, estoy en el autobús, en el coche o en el supermercado. Llamo a veces, pero siempre que estoy haciendo otra cosa o pasando un tiempo muerto; porque la comunicación ya no nos parece importante, ni merecedora de ningún tipo de exclusividad.

La comunicación se ha convertido en un relleno, en un complemento de otra actividad a la que consideramos inevitable o más importante.

Muchas veces me pregunté cómo en un mundo tan comunicado, la gente se sentía cada vez más sola. Y ahora lo comprendo.

La comunicación actual no nos sacia la necesidad de conexión con alguien, porque en este nuevo tipo de comunicación, se evita toda conexión.

La cercanía que implicaba comunicarse con otro, hoy se ha reemplazado por una higiénica distancia de seguridad informativa, que necesito mantener siempre, para preservarme intacto.

No deseo realmente entrar en el mundo del otro, porque no quiero que me afecte, que me toque, ni que me modifique; sólo busco ser un espectador distante, que mientras te oye, hace otra cosa.

Esta es una distancia elegida, que huye de todo lo que me distraiga de mi superpoblada agenda y de mi calendario. Todo lo que me descentre de mi, es tóxico, porque cuando yo soy el principio y el fin de todo, toda intensidad y toda verdadera comunicación distraen.

¡Y con lo agradable que era perderse un rato de vista!

Uno termina entonces cualquier comunicación, igual de incomunicado que antes de tenerla. Igual de solo, igual de centrado en sí mismo e igual de distante.

Y aunque las redes sociales nos informen a cada paso adonde está el otro, qué hace, qué come y adónde va; uno lo siente igual de lejos.

La moda de hoy es evitar todo lo tóxico y lo distinto; que a nadie se le ocurra contarte un problema, una duda y sobre todo, que nadie nos distraiga de cumplir con nuestra agenda diaria de miles de cosas inútiles a las que creemos importantes; pero que aún no nos han convertido ni en un Beethoven, ni un Bach, ni en un Hemingway, ni en un Camus.

Todos ellos sin embargo, descubrieron en la intensidad, la mayor fuente de creación que existe y se dejaron intoxicar una y mil veces y sin distancia de seguridad, para lograr una comunicación sin tiempo.

JR

“El Abuso del Derecho”

Mucho se habla de la necesidad de compensación a los grupos desfavorecidos y oprimidos a lo largo de la historia.

Esta normativa busca una justicia compensatoria que impone una discriminacion positiva hacia el defavorecido histórico, en forma de reparación de daños.

¿Pero logran repararse realmente los daños o lo que hacen es crear nuevas desigualdades y resentimientos?

Estas políticas se han usado en muchos países antes que en los Estados Unidos, y países como India, Malasia o Nueva Zelanda siguen hoy utilizándolas, pero sin obtener los buenos resultados deseados.

La filosofía de estas políticas sociales compensatorias, resulta en un principio convincente, justa y solidaria, pero desgraciadamente los resultados que provoca, generan nuevas desigualdades y atraen nuevos peligros.

Estas políticas se incorporan primero como políticas “transitorias”, que buscan equilibrar la balanza de un período determinado, pero en la realidad, nunca concluyen y permanecen fijas como políticas establecidas.

Por lo cual, generaciones que no han tenido nada que ver en determinados procesos históricos desfavorables hacia un colectivo determinado, terminan pagando con su propia desigualdad, la desigualdad histórica de una raza.

Las políticas de acción afirmativa garantizan un cupo en las universidades americanas a personas de colectivos minoritarios, que pueden acceder a determinados cupos con mucha menos nota, que la que se pide al resto del alumnado.

El problema surge en la clase, cuando el profesor se ve obligado a bajar el ritmo de enseñanza para acompañar a este grupo que no está al nivel del resto.

Esta desigualdad ha motivado también a que se califique de una forma mas benigna a los colectivos menos capaces, otorgándoles calificaciones más altas que al resto.

Estas nuevas desigualdades no sólo provocan frustración en aquel que en el fondo sabe que no está al nivel que necesitaría, sino que provoca resentimiento en aquellos que para obtener la misma calificación que el individuo del colectivo favorecido por la ley, se le exige el triple.

Aquí es cuando la justicia se hace injusta pero al revés y no justamente con los verdaderos culpables de la opresión histórica.

Hoy “pagan justos por pecadores” como dice el dicho. Pero la pregunta es ¿Hasta cuándo pagarán?

La respuesta sería hasta que la balanza llegue a un medio, pero los hechos y la historia de la humanidad entera, no sólo han demostrado que jamás se ha llegado a un medio, sino que esta balanza artificial ha provocado el efecto contrario.

Esta balanza regulada ha demostrado que cuantas más facilidades y mimos recibe un individuo, menos es el esfuerzo que hace para sobrevivir y por ende, el resultado es negativo.

Según dicen los estudios, el colectivo negro se esmeraba más por su progreso antes de la aparición de estos beneficios, que con ellos.

Al estar la vara mucho más baja, la motivación es inferior y el resultado mediocre. Pero aún así, la proporción del progreso no cede a la desigualdad, aunque la mayoría de estos favorecidos por la ley abandone los estudios universitarios por no sentirse a nivel del resto y no llegue nunca a graduarse.

Si ese mismo individuo hubiese entrado a la universidad que le hubiera tocado por su nota, sin la intervención del derecho de ventaja, seguramente hubiese concluido sus estudios, al haberse hallado en un entorno más acorde a su nivel intelectual.

Pero los políticos insisten entonces en obviar los hechos y nos atizan con más de la misma medicina y obligan a empresarios a incorporar a colectivos desfavorecidos, sin importar el talento o las aptitudes que éstos tengan para el trabajo específico.

Y aquel dicho de Martín Luther King “ tengo un sueño de un mundo en donde no importe el color de la piel , sino el contenido de su carácter” ha quedado otra vez enterrado dentro de políticas sociales que nos obligan a elegir o a denegar por color, sexo y raza, en vez de por talento.

¿Acaso no tengo derecho a ocupar un puesto aunque no esté calificado para él? Es la pregunta que hace aquel que se siente en poder de todos los derechos, al empleador.

Este es el constante reclamo contemporáneo a merecer algo que no me he ganado, por lo cual no es un derecho.

Hoy el derecho le gana la batalla al logro y la meritocracia es considerada como “la tiranía de las capacidades”. Aquel que sea inteligente y trabajador merece ser castigado.

Uno al final del día se pregunta ¿estoy ocupando este puesto por inteligente o por latino, mujer, negro, indígena o trans?

La verdad es que en este mundo tan propenso a la búsqueda del multicolor siempre nos quedará esa duda, pero de lo que no nos cabe duda, es de que el talento, ya no es lo primero.

Nos preguntamos entonces, si es positivo para una sociedad prescindir del talento en pos de la igualdad.

¿Nos beneficia realmente como sociedad que busca evolucionar, esta balanza a la baja a la que nos impulsan los políticos con sus políticas igualitarias?

Todas estas nuevas políticas de justicia social han generado también muchas trampas “hecha la ley, hecha la trampa” dice el famoso dicho y no se equivoca.

Según consta en los censos, hoy existen más indígenas americanos en los Estados Unidos que nunca antes; esto, que es científicamente imposible está ocurriendo, porque la gente busca en los árboles genealógicos algún antepasado lejano indígena, negro o latino, o contrata a alguien de alguno de estos colectivos para que le ayude a acceder a los beneficios que se les prescriben; sean cupos, ayudas o subsidios.

Lo mismo sucede con los incentivos a la pobreza, que se otorgan a las personas sin empleo.

Si consigues el empleo pierdes el subsidio, por lo cual la gente aprende a mantenerse siempre desempleada e inútil, para no perder jamás la paga gratis.

Y los políticos se aseguran así el crecimiento de una población idiota y dependiente, que les vote en las siguientes elecciones.

Vivimos en una sociedad que habla tanto de derechos, que se ha olvidado de que tiene responsabilidad.

Buscarte un futuro, estudiar, conseguir un sustento, superarte cada día, aprender un oficio, no son tus derechos, sino tu única y primera responsabilidad.

El Estado paternal que protege tanto y asfixia, que te cuida tanto y te amputa, que vela tanto por ti que te anula, no es un buen estado.

Esa clase de estados, en donde todo está regulado, en donde no hay espacio para la libertad de ser o no ser quien quieras ser y atenerte a tus malas desiciones a cada paso, no busca crear a una sociedad responsable y creadora de su destino, sino todo lo contrario.

Esta clase de estados funciona como el padre extremadamente bondadoso y bueno, que te coloca dentro de un tuperware para que nada te haga daño, para que nada te lastime, para que nada te perturbe, mientras te mantiene cómodo, atendido, abúlico, imbecil y tranquilo, y anula tus responsabilidades llenándote de derechos, que nunca te has trabajado y nunca te has merecido.

JR

“El Negocio del Racismo”

Cuando no tienes ningún logro para mostrar, y tu vida ha sido una seguidilla de fracasos; o no has tenido ni la suerte, ni voluntad para lograr nada en tu vida, tienes dos opciones: hacerte responsable de tus desaciertos y cambiar, o culpar a otros de tus fracasos.

La táctica más fácil es siempre echarle la culpa a otros por tu falta de lucha, por tu falta de trabajo, de voluntad y de perseverancia.

Y para todos aquellos que elijan este camino fácil, tienen una ideología política que les respalda, les avala y les subsidia: la izquierda.

Como estas ideologías no tienen historias de éxito para mostrar a sus audiencias, basan sus programas en el odio y los centran en la búsqueda de culpables para todo.

La izquierda ha sufrido este mismo proceso por falta de logros; no tienen en su haber nada bueno que mostrar y allí por donde han gobernado, las cosas han terminado siempre muy mal, la economía fue un desastre, los problemas sociales aumentaron, la inseguridad del ciudadano también y desgraciadamente, sólo cultivan resentidos.

Es por eso que el monotema de la izquierda es el racismo, el feminismo, la extinción del planeta y la discriminacion en cualquier sentido. Y esto sucede porque la izquierda se ha convertido en el partido de las víctimas.

Si te ha ido mal en la vida, seguramente sea por culpa del racismo o de que eres mujer o de que te han discriminado en algún sentido.

Si eres pobre, nunca es culpa de que la izquierda exprima a los empresarios que podrían darte empleo, si no tienes hospitales nunca es culpa de que la izquierda utilice la recaudación de impuestos para su enriquecimiento privado, si no tienes vivienda o educación, nunca es culpa de la izquierda por poner trabas y freno a cualquier emprendimiento inmobiliario o cultural que no sea en su beneficio personal.

La realidad es que la intervención intensiva del estado, que aplica siempre la izquierda para controlar y quedarse con todo, es el principal problema que existe en el desarrollo de cualquier economía próspera.

¿Pero por qué hacer progresar a la gente y perder votantes? La izquierda necesita de tu voto; necesita que sigas siendo pobre, infeliz, fracasado, indignado, inútil y vago.

Esta locura de buscar culpables para todo y en cualquier ocasión, se ha vuelto tan común y a la vez tan cansina, que ya nos hace gracia.

Uno no se anima ni a pedir comida china por miedo a que le acusen de racista y personalmente, he aconsejado a mis hijos a no nombrar el color negro ni en clase de plástica, por las dudas.

“El más oscuro de la paleta” es el nuevo negro y recemos para que nadie se ofenda y me demande.

Dicen que a fuerza de repetir tanto las cosas, uno las convierte de tan cotidianas en verdaderas, pero frente a esto debemos andar con mucho cuidado y no dejar que tanta ridiculez victimista repetitiva nos hipnotice.

Hoy en día si tú te presentas a un trabajo sin un título y otros se presentan siendo arquitectos o ingenieros, puedes alegar que no te eligieron para el puesto por discriminacion cultural, o racial, o homosexual o por ser mujer, y seguramente ganes la demanda y consigas el puesto que te queda grande, por la fuerza, pero convencido de que te lo mereces.

Lo más peligroso de todo este asunto es que ya nadie se atreve a contrariar a la izquierda porque enseguida te acusan de heteropatriarca racista y negacionista, te plantan una marcha “pacífica” frente a tu casa que incendia todo el barrio y amenazan a los hijos del juez que ose fallar en su contra.

Hoy el victimismo de aquellos que no triunfaron, que no prosperaron, ni cumplieron sus sueños ha triunfado.

La comunidad de resentidos crece mucho más rápido que el C02 que según estos delirantes destruirá en segundos el planeta y se contagia sin pausa a los niños en las escuelas públicas desde los 3 años a la universidad, creando ejércitos de seres indignados, resentidos y mantenidos por un país al que odian, y que van de los 3 a los 27 años de edad.

Pero cuando empiezan a trabajar (los muy pocos y obligados por sus padres) y ven la cantidad de dinero que se lleva el estado de su nómina cada mes, empiezan a centrarse y a entender mejor, esta táctica del victimismo del estado de izquierdas. Y todo el discurso victimista de los mantenidos, de pronto se les hace pedazos.

Cuando finalmente ven las cosas con buena luz, les catalogan de fascistas que votan ahora a partidos de centro que apoyan economías liberales, a los que la izquierda y la tele insisten en llamar partidos de “extrema derecha”.

El poder está y estará cada vez más, en manos de estos iracundos, iracundas e iracundes, antipatriotas y resentidos.

¡Sálvense quien pueda!

JR

“Verde por fuera, Rojo por dentro”

Viendo que el comunismo no funcionaba, el ecologismo se convirtió en el vehículo anticapitalista preferido, consiguiendo el dinero y la adoración de las empresas, de Hollywood, de los medios de comunicación y de las élites intelectuales y sociales del mundo.

Los grupos ecologistas de presión, liderados por una niña de 17 años con un síndrome de discapacidad declarado (que se basa en la idea fija y en la incapacidad para razonar adecuadamente fuera de la obsesión), se han convertido en un próspero sector económico que mueve trillones de dólares alrededor del mundo.

Todo este presupuesto procede directamente de los impuestos de los contribuyentes y a través de subvenciones para campañas de concientizacion y educación se crean y mantienen nuevas “instituciones” reguladoras de lo verde junto a sus “abogados”.

Este movimiento tan rentable para sus gestores, nace a fines de la década del 70 y ha madurado hasta convertirse en una pesadilla para cualquiera que crea en la propiedad privada, los mercados abiertos y el Estado limitado.

Porque a estos grupos ecologistas no les interesa limitar los poderes del gobierno, ni expandir las libertades individuales, sino todo lo contrario.

El movimiento ecologista desea avanzar el intervencionismo estatal y sus demandas han normalizado declaraciones tan infames como que la utilización de la energía moderna supone «una amenaza mayor que el terrorismo».

Las grandes multinacionales ceden a estas presiones en forma de regalos y pedidas de disculpa al movimiento verde, fomentando a coro el alarmismo verde para desfavorecer a sus competidores o para obtener beneficios particulares, en forma de regulaciones que les benefician, fruto de favores de los políticos de turno.

El mundo de la empresa y los verdes unen sus fuerzas para presionar a favor de su estrategia y de sus intereses, subiendo los impuestos energéticos para obligar a todos los consumidores, ricos y pobres, a consumir productos más caros que, de lo contrario, tardarían años en abrirse camino en el mercado, si es que alguna vez lo conseguirían.

Cuando empezamos a profundizar en la ideología verde, notamos que los puntos en común entre verdes y rojos son muy profundos y van más allá del control de la población, de la restricción de las libertades individuales y de la libertad económica.

Para el ecologismo moderno el enemigo real es la economía libre y el capitalismo, y el ecologismo es simplemente el disfraz que han elegido para derribarlo.

La ironía de todo esto es observar el historial ecologista del comunismo; siendo China el país que más contamina hoy en día en el mundo, es curioso cómo el movimiento ecologista insiste en culpar a los Estados Unidos del desastre medioambiental que se han inventado.

Todas estas evidentes incoherencias dejan muy claro que el objetivo no es medioambiental, sino el ataque a la riqueza que genera el capitalismo.

Para ellos es más importante atacar la riqueza y adherirse a la superioridad de los estilos de vida primitivos, aunque ninguno de ellos se haya mudado ni piense mudarse a vivir a una de estas colonias primitivas, sino todo lo contrario, en cuanto se enriquecen con la política, se mudan a las zonas de moda, las más ricas y con más confort de la ciudad.

Para los verdes el medioambiente no es más que una estrategia para la demostración de que el capitalismo no funciona, de que hay un exceso de gente consumiendo excesivos recursos del planeta, y de que tarde o temprano, nuestro planeta reaccionará violentamente.

El razonamiento verde es que si capitalismo es la fuerza que sustenta a ese exceso de gente y su acceso a esos excesivos recursos, entonces el problema es el capitalismo.

Es muy importante observar la antipatía que los verdes sienten hacia la gente: «La gente es el mayor problema de nuestro problema” aseguran, mientras dan el voto a favor de ampliar la ayuda estadounidense a organismos abortistas extranjeros como inversión «pro-medioambiente».

Mientras tanto, su burocracia, su corrupción gubernamental, sus políticas de control y sus desmesurados aumentos impositivos, hacen que las clases medias del mundo vayan desapareciendo, aumentando rápidamente los niveles de pobreza en todos los países que tocan.

Y así es como rápidamente, el verde verde, se va volviendo rojo rojo.

JR

“Diversidad Incompleta”

“Las comparaciones son odiosas” repetía mi abuela, siempre que quería poner orden entre el grupo de nietos; en donde uno decía que era mejor jugando al fútbol que el otro y el otro decía, que era mejor en los estudios que todos los demás.

Según dicen los gurús de moda, uno sólo debería compararse con aquel que fue ayer. Esta comparación no sólo nos evita sufrimientos innecesarios, sino que además nos ayuda a mantener el foco en lo único que podremos cambiar y mejorar en este mundo. A nosotros mismos.

Pero compararse es inevitable, porque aunque no queramos hacerlo, no somos ni ciegos ni estupidos, y por mucho que uno se concentre en mirarse sólo el ombligo, vemos alrededor a gente mucho más talentosa, más rica y más exitosa todo el tiempo.

Pero la diferencia está en la mirada; si uno mira con admiración, con resentimiento, con envidia o simplemente con la mirada de aceptación que requiere toda diversidad.

Hoy la palabra diversidad está en todos lados, se nos exige todo el tiempo y se repite sin parar, pero siempre como reivindicación de alguien que se siente diferente, discriminado o en inferioridad de condiciones.

Pero nunca se emplea para aceptar con esa misma apertura, la superioridad ajena.

Yo me imagino que la diversidad no sólo tiene que ver con la raza o con las preferencias sexuales, sino también con la distribución de la riqueza y del talento.

Somos diversos en raza, en aspecto, en preferencias sexuales y también en capacidades.

Hay ricos, pobres, altos, bajos, guapos, feos, inteligentes, brutos, blancos, negros, gays, heteros, trans, etc porque el mundo tiende a organizarse de una forma muy dispar y no conoce la justicia.

La distribución natural no es ni justa ni injusta, simplemente es así. Y aceptarlo con talento y coraje, nos ayuda a mejorar.

Un psicólogo famoso me comentó una vez que atendía a un chico universitario que era muy buen alumno en una de las universidades más prestigiosas de los Estados Unidos.

Pero el chico, en vez de estar contento con su increíble desempeño en la universidad, llegaba a la consulta de su terapeuta amargadisimo.

La causa de su amargura era que su compañero de cuarto era mucho mejor que él; estudiaba menos y sacaba muchas mejores calificaciones.

El chico estaba rabioso y en vez de disfrutar de la vida en el campus con los amigos, se pasaba horas refunfuñando y odiando a su room mate.

El doctor intentó todo tipo de terapias para subirle el ánimo y la autoestima, pero nada funcionó.

Hasta que un día el psicólogo le preguntó: ¿Cómo se llama tu compañero de cuarto? Y el chico respondió: “Elon Musk”.

Compararse con Elon Musk evidentemente terminó en locura.

Aceptar con alegria la existencia del genio, del dotado, de aquel que es mucho más trabajador que nosotros o del que simplemente luchó más, mejor y más rápido para llegar hasta adonde nosotros no pudimos, o no estuvimos dispuestos a llegar; no es sólo un acto de humildad y realismo, sino algo sumamente necesario para mantener la cordura.

Gracias a Dios hay mucha diversidad y muchas diferencias e injusticias de este tipo en el mundo. Pero gracias a esa diversidad tan injusta, tan brillante y maravillosa, es que hemos tenido tanto progreso a lo largo de la historia.

Disfrutemos de esa diversidad, en vez de rabiar.

¡Y que sigan siempre floreciendo los diversos y los mucho mejores!

JR

“El Arte de Exprimir”

Hoy en día tenemos poco tiempo libre para dedicarle a nuestros amigos y menos aún, para hacer amigos nuevos.

La virtualidad y el WhatsApp han reemplazado los encuentros físicos, por un par de corazones y algún emoticono cada tanto.

Y aquel contacto cercano de nuestros antiguos encuentros, ha quedado relegado sin un gran pesar.

Uno ya no sufre la distancia como antes, porque se cree siempre cerca. Lo virtual ha engañado tanto a nuestros sentidos, que ya ni siquiera sabemos ni qué es la distancia, ni qué es estar cerca.

He notado últimamente que nuestros contactos se han vuelto limones.

Hoy se pauta un encuentro para sacar algo de alguien, para exprimirle en algún sentido, ya sea para sacar una información, un contacto, un trabajo o cualquier otra ventaja.

Un encuentro sin haber exprimido algo de alguien, se considera una pérdida de tiempo.

Los chats de extranjeros, amigos o expatriados ya no buscan el encuentro con el semejante, sino la mera información. Todos necesitan datos, lugares, detalles, sugerencias y recomendaciones de todo tipo; desde dónde comprar un alfiler, hasta el modelo adecuado de un sofá cama.

Se pregunta todo y todo el tiempo y esta falta de autonomía, de resolución y de independencia, resulta más que peculiar, alarmante.

Buscarse la vida y abrirse camino pasó de moda. Hoy hay que preguntarlo todo, y es quizás la adicción a google la que nos ha vuelto totalmente dependientes.

Yo me preguntaba cómo hacía la gente para moverse en la vida o en tierra extranjera antes de google, el chat y you tube; cómo viajaba, cómo emigraba y cómo era capaz de sobrevivir, sin pedir información y receta, antes de dar cada paso.

Hoy son pocos los encuentros para estar con el otro porque si, y a esos pocos, tenemos que cuidarles.

Lamentablemente el interés personal ha reemplazado al interés por el otro. Y la triste realidad es que ha dejado de importarme el otro, si no tiene nada de valor para darme.

El arte de exprimir, no sólo está hoy justificado, sino que es lo cotidiano y a lo que lamentablemente nos estamos acostumbrando; un poco con dolor y otro poco con estoicismo.

Uno se pregunta a veces si google en vez de solucionar nuestros problemas, no nos ha creado uno nuevo y mucho mayor.

¿Dónde puedo comer? ¿Dónde voy? ¿Qué compro? ¿Me recomiendas un jardinero, una empleada del hogar, un colegio, un desodorante, un peluquero, una manicura, un dentista, un psicólogo? Uno se encuentra con un amigo y sale con un listado de datos, pero fue incapaz de preguntarle con sinceridad, ¿Cómo estas?

Estamos perdiendo además de la empatía, la autonomía, la aventura, la experimentación personal, la intuición y la capacidad de decidir por nuestra cuenta, correr un riesgo y equivocarnos.

Todo lo queremos hecho, cortado, cocinado y si es posible, masticado por otros; como dan la comida los pájaros a sus pichones.

Creo que deberíamos moderarnos un poquito, limitar un poco la pregunta permanente y dejar de usar tanto buscador, para volver a ser buscadores.

Y cuando alguien esté dispuesto a compartir con nosotros su tiempo, su escucha, su compañía; algo que no encontraremos jamás en google, aprovecharlo.

JR

“Los Muertos de Miedo”

Todos sabemos que los medios de comunicación y los políticos para facturar, necesitan tener a un pueblo muerto de miedo.

Muertos de miedo votamos, muertos de miedo encendemos la tele cada noche para ver las desgracias del día y muertos de miedo reciclamos la basura, antes de que Greta llore en televisión y nos culpe del calor de Suecia.

Y así nos tienen, muertos de miedo, perseguidos por el FBI si protestamos por la teoría de la raza en el colegio de los niños o si llamamos a alguien gay, mujer, hombre o persona de color y se molesta.

Muertos de miedo salen de fiesta los adolescentes nacionales, que necesitan una declaración jurada para besar a una chica, no vaya a ser que le denuncien por acoso y termine esa noche en el calabozo.

Muertos de miedo van los no vacunados, con temor a que les echen del trabajo, no les dejen entrar al bar, al avión, al partido, al museo o a la boda de la hija.

Muertos de miedo nos vacunamos y nos enfundamos la asquerosa mascarilla de por vida, hasta llenarnos de hongos las fosas nasales o hasta que aparecen las infecciones de garganta y uno empieza a escupir sangre y piensa que tiene cancer, pero luego de 4 consultas y 7 estudios clínicos confirma que es una reacción natural por tanto enmascarse las 24 horas del día.

Muertos de miedo van los niños al colegio, acostumbrados a los partes disciplinarios si se les baja la mascarilla en clase y acusados por maestros muertos de miedo de asesinar abuelos y de ser seres insensibles y despiadados, además de blancos y privilegiados.

Muertos de miedo escuchamos a una niña llamada Greta con síndrome de asperjen por falta de sol, con deficiencia neuronal y pocas horas de escolarización, darnos lecciones y amenazar a los líderes de los estados, que la escuchan llorisquear y decir siempre las mismas frases, como si fuese una eminencia de la cultura occidental.

Muertos de miedo vemos la escena de Biden quedándose dormido y balbuceando las 4 frases que lee de un cartel y que le ponen delante para que repita como si fuese un monigote, con todo lo que la ultra izquierda le manda.

Muertos de miedo vemos a los chinos reírse de los líderes del mundo occidental reunidos, de sus discursos vacíos, de sus viajes a Europa en jet privado, de sus acuerdos millonarios y del gasto desorbitado con los impuestos de sus ciudadanos. Ciudadanos a quienes tienen amenazados con la extinción del planeta para que suelten billetes sin protestar, porque los muertos de miedo se aguantan cualquier cosa.

Muertos de miedo se vota el en el congreso americano los trillones de dólares para un negocio verde, que entre sus folios incluye millones de dólares para las amebas, caracoles, algas y corales; y para todas esas causas fantasmas, incomprobables y ridiculas que sólo pueden tragarse aquellos que están muertos de miedo.

Muerta de miedo está la civilización del aire acondicionando, de la calefacción, de los autobuses a la luna y a Marte, del Internet, del iphone. Teme al calor, al frío, al agua, al aire, al viento, al sol, a la comida y a su prójimo.

Poco a poco se va minando la autoconfianza de la civilización más preparada e inteligente que ha conocido el planeta.

El objetivo es no dejarle creer que es capaz de crear soluciones, artefactos, maquinaria o edificaciones, que eviten y resistan todas las inclemencias venideras del planeta.

Esos muertos de miedo, que dominaron todas las pestes, los virus, las infecciones, las malformaciones, el sida y hasta el coronavirus, hoy no se sienten capaces de adaptarse al cambio climático ni de crear las condiciones necesarias para sobrellevarlo con progreso.

Porque los muertos de miedo, aunque sean creadores brillantes y formen parte de la mejor civilización que haya existido jamás, se han vuelto temerosos y alarmistas.

Es increíble cómo con un mensaje apocalíptico, malvado y recurrente, se logra apocar a un genio.

Esta es la táctica del padre hostigador que infunde miedo y complejos al niño brillante, logrando desvalorizarle y minar su autoconfianza y así poder dominarle siempre.

Así estamos hoy; han logrado que la civilización más preparada e inteligente del planeta esté muerta miedo.

Ahora entiendo porqué sonríen tanto al vernos los rusos y los chinos. ¡Tanta estupidez apocalíptica es para morirse de risa!

JR

“Trans- Mundo”

Internet nos ha dado la posibilidad de ser quienes queramos ser. Uno puede ir identificándose con distintas identidades para participar en conversaciones de distintos grupos; que de otra manera, nunca nos hubiesen aceptado o integrado.

Personalmente, he tomado distintas identidades a lo largo de estos años en redes sociales; pasando por distintas razas, religiones o sexos en twitter y he comprobado la diferencia que existe en el trato, si das una opinión siendo hombre, siendo mujer, siendo gay, siendo trans, siendo judio, musulman o cristiano, blanco, negro, latino u oriental.

La experiencia ha sido impresionante porque uno aprende a mirar a través de otras perspectivas y aprende, que dependiendo de tu identidad, se te trata con más o con menos respeto.

Debo concluir con el experimento que en el siglo 21 lo más peligroso es ser hombre, blanco y cristiano. Esta categoría es hoy sin duda, la más amenazada en redes sociales.

Lo interesante de esta época trans, en donde cada uno puede ser quien quiera ser a cada momento, es que pone de manifiesto nuestra necesidad de innovación permanente.

El ser humano actual está aburrido de su vida, de ser siempre el mismo y encuentra en el internet la oportunidad de salir de una realidad, a quien califica como opresiva y calificadora, para adentrarse en otra distinta.

El problema de tanto cambio es que hay muchos que al final, en vez de encontrarse se pierden y rehusan salir de ese mundo digital, en donde uno puede ser quien quiera ser y moverse por los distintos grupos a su antojo, evitando todo contacto con lo real.

Lo real pasa a ser entonces nuestro mundo inventado, pero el problema empieza cuando sientes que el entorno no participa del mundo que tú solito te haz creado a tu antojo.

El individuo que muta de una identidad a otra ya no se contenta con ser libre de hacerlo; con tener la oportunidad de ser hombre o mujer a su antojo en el mundo occidental; sino que va más allá. Ahora necesita que todos a su alrededor le vean como él quiere ser visto.

Aquellos que no pertenecemos a grupos religiosos ni moralistas de ningún tipo, no tenemos ningún problema con eso. Que cada uno sea quien quiera ser; que sea mujer lunes y miércoles y hombre los martes y jueves nos da exactamente igual, porque estamos acostumbrados a vivir en un mundo tolerante, que se ha amoldado a todo, a través de los siglos.

Pero hoy ya no se espera únicamente tolerancia y aceptación, sino que existe una aspiración aún mayor.

Hoy se exige a la ciencia que cambie los estudios científicos que establecen la existencia de dos sexos y se obliga a los profesores de ciencia a cambiar la historia de la evolución sin ninguna evidencia científica que verifique las nuevas opiniones.

La cantidad de profesores universitarios hostigados y amenazados en Canadá y en Estados Unidos hoy en día es alarmante. Grupos armados con bates y palos asaltan las aulas, el terror se instala en los campus, el control y la persecución a sus familiares se vuelve intimidatoria y agresiva, hasta el punto en que muchos deciden renunciar a sus cátedras y mudarse de estado.

El problema con la libertad actual es que pareciera pertenecerle sólo a un grupo; a este grupo de intolerantes de ultra izquierda que no buscan en realidad aceptación, inclusión y equidad, sino la eliminación de lo distinto y la reformulación de la ciencia y de la Historia de la Humanidad.

De pronto la historia se da vuelta y el que se sentía oprimido es ahora el opresor y en vez de promover una armonía entre lo distinto, se impone a lo distinto como única opción.

Hoy estos activistas buscan que la raza negra, los gays, los trans y los latinos, opriman todos juntos a la raza blanca opresora del siglo XVIII y XIX. Y estos grupos no se dan cuenta de que les están usando, como soldados en una nueva guerra.

Esta era trans, no es una era de convivencia y concordia, sino que es la transición de una opresión a otra. Es el paso de un tipo de violencia a otra.

Todos estos nuevos movimientos reivindicativos de la ultra izquierda, que usan siempre palabras tan bonitas como libertad, igualdad y equidad, no buscan en realidad la unión y la armonia, ni siquiera buscan la tolerancia, sino la venganza.

El problema con la libertad es cuando tu libertad para existir, necesita oprimir a otro. Y esta locura ha llegado hasta tal punto que la cultura de género pretende imponerse en las aulas a los niños a partir de los 3 años.

Esta edad es la que los científicos denominan como la edad del juego de roles, en donde el niño pasa de ser Superman a Pocahontas, sin ninguna dificultad.

Para el niño el cambio de identidad es un proceso natural típico de esta primera etapa evolutiva. Luego de esta etapa, alrededor de los 6 años el niño (aún asexuado) empieza su etapa social, en donde aprende a relacionarse, acordar, negociar y tolerar a sus iguales, define sus preferencias tanto de amistades como deportivas e intelectuales primarias. Y así siguen los procesos, no apareciendo el despertar sexual hasta los 11/12 años.

Por lo tanto, cualquier imposición de temas que no están en concordancia con el proceso evolutivo de un niño es violentar su evolución y crecimiento natural.

Esta nueva forma de violencia se llama “estudios de género” en donde se les dice a los niños más pequeños que no son ni hombres ni mujeres, que los sexos no existen y que cualquier tipo de identidad que decidan tomar a partir de los 3 años es válida y legítima y debe ser respetada por sus padres y por la sociedad en su conjunto.

Esta táctica de abuso infantil está hoy apoyada por la mayoría de los gobiernos europeos y americanos, y en los Estados Unidos a aquellos padres que están en contra de este tipo de enseñanza para sus hijos, Biden los ha llamado “ terroristas domésticos” .

Estos grupos de padres representan para el gobierno de Biden uno de los peligros más alarmantes que afronta hoy los Estados Unidos y se han delegado al FBI las labores de control, seguimiento y detención de esta nueva forma de terrorismo parental.

Nuestra realidad se esta convirtiendo en una película de ciencia ficción. Y aunque prefieras seguir viendo Netflix y evitando a toda costa ver la realidad, esto está pasando. Y te aseguro que es mucho más espeluznante que el juego del calamar.

JR

“La Generación del Juego”

Es bien sabido que en épocas de bonanza uno suele olvidarse de la necesidad, de la misma forma en que uno se olvida del cuerpo cuando no nos duele nada. Si me duele un brazo, entonces recuerdo que tengo un brazo, de lo contrario, pierdo esa conciencia.

Y en épocas de bonanza, nos asombra ver cómo crece el predio comunista/ socialista en las universidades europeas y americanas.

Hoy, estudiar en los Estados Unidos es someterse a un lavado de cerebro y a un adoctrinamiento compulsivo en feminismo, género, racismo, odio y demás valores que los socialistas se han adjudicado como temario indispensable para el alumnado; que acostumbrado a muchas décadas de bonanza, se ha criado entre regalos de navidad, zapatillas de marca, derechos, playstation y redes sociales; que desconoce la historia y no sabe a qué sabe la necesidad.

Por eso a menudo me pregunto si aquel sueño tan caro de acceder a una educación universitaria de primer nivel internacional, no es hoy en realidad, más que una formación técnica, un adoctrinamiento ideológico.

Lo curioso de toda esta juventud universitaria y comunista es que el sueño de todos es el mismo: ser millonario.

El anti capitalismo que profesan es en realidad un discurso de odio que repiten sistemáticamente, pero que no refleja una una aversión real hacia el capital, sino una envidia patológica hacia aquel que lo tiene.

No es que odien al capitalismo como sistema, lo que odian en realidad, es que el rico sea el otro.

Yo recuerdo que de joven tenia sueños mucho más accesibles; poder ahorrar para mudarme de casa de mis padres y alquilar un pisito pequeño, conseguir un buen trabajo etc. Mis sueños eran grandes para mi, pero con el tiempo, fueron accesibles con mucho trabajo.

El problema con el sueño del actual adolescente es que el suyo es un sueño tan grande e improbable, que no es de extrañar que la depresión, la venganza, el suicidio y las adicciones a todo tipo de sustancias estén hoy a la orden del día.

Yo me pregunto qué será de estas juventudes cuando no consigan ser millonarios. E imagino con terror en qué desembocará toda la frustración de una generación acostumbrada al mimo, que no trabaja ni a los 20 ni a los 30, que vive de papa y de los abuelos desde la cuna, que busca el negocio fácil, rápido, frívolo y sin esfuerzo y que enarbola discursos políticos que ni siquiera entiende, con un fervor alarmante.

Muchos filósofos contemporáneos aseguran que la era del juego se aproxima, pero yo creo que la generación del juego ya está aquí y se ha criado en nuestros hogares.

La generación del juego es aquella que no conoce el trabajo y sólo sabe vivir de una manera: entretenida.

Las horas del día son muchas y las manos necesitan estar ocupadas. Si no están ocupadas en el trabajo se vuelven peligrosas o juguetonas. La industria del porno, de la droga, del mando a distancia o del vídeo stick crecen sin parar, en estas manos tan flojas y desocupadas.

Esta generación de manos de pianista, que considera al trabajo como un abuso, no está por llegar; ya está aquí.

Muchos sufrimos con la visión de un futuro en donde la digitalización nos quitará tantísimos puestos de trabajo, pero no nos damos cuenta de que la generación del juego no lo sufrirá como nosotros, porque ellos no están acostumbrados a trabajar, sino a jugar mientras son mantenidos por otros.

Desgraciadamente será la generación del trabajo quien mantendrá a la generación del juego toda la vida. ¿Cómo? Pagando con sus impuestos los subsidios del pan y circo 5.0.

Por eso, estemos tranquilos que la falta de trabajo no será un problema para aquellos que nunca lo necesitaron para poder sobrevivir.

El único pánico real de esa generación es un corte de luz, una caída de la red o que los padres les corten el grifo.

Mucho me temo que si la necesidad es la madre de todas las cosas, allí donde no exista, no crecerá nunca nada.

JR

“Subjetividad Marxista”

Todos sabemos que frente a un hecho determinado cada uno puede percibir el hecho de una u otra manera.

Esta percepción no cambia el hecho en sí mismo; el hecho es uno, pero las percepciones pueden ser infinitas e individuales.

Esta subjetividad natural se llama individualidad y es lo que significa ser un ser humano.

El problema de la subjetividad es cuando la percepción individual intenta imponerse a los demás o negar los hechos.

O sea, cuando llegamos a un parque y vemos una pared, cada uno es libre de interpretar a la pared como quiera, pero la pared está allí, existe y tiene una historia, más allá de tu percepción.

Cuando la subjetividad personal se intenta imponer como verdad absoluta, hablamos entonces, de una actitud autoritaria y opresora.

Esto está pasando hoy en el mundo. Cada subjetividad intenta imponer su mirada al otro y algunas subjetividades llegan a tal extremo, que logran negar la realidad y decir que la pared no existe, sólo porque ellos no la ven.

El problema con el Marxismo cultural es que se ha convertido en una fuerza opresora que obliga al otro a ver las cosas a su manera.

Ya no queda lugar para la libertad de la mirada o de la opinión ajena, sino que la realidad pasa a ser la subjetividad que ellos te imponen.

Se establece entonces un sistema de educación determinado, se cambia el lenguaje y demás estupideces, para adiestrar a las nuevas generaciones a negar la existencia de la pared.

Pero la pared está allí, puedo tocarla y verla; pero aún así debo fingir que no está, si quiero aprobar la materia y no molestar a los marxistas, que rápidamente se sienten “microagredidos” con cualquier opinión que sea distinta a la suya y que no repita el mantra del adoctrinado.

Y así vamos disimulando, negando las realidades para no disentir y para no crear problemas innecesarios y vamos poco a poco cediendo nuestra voz, nuestra libertad y la educación de nuestros hijos al marxismo cultural intolerante.

Y todo lo hacemos para evitar ser condenados al escarmiento público de las redes.

Comenzamos entonces a negar la realidad porque ellos nos dicen que lo que vemos no existe y todo aquel que lo vea, es un fascista.

Hemos comprobado con la pandemia que el miedo domina rápidamente y seguimos comprobándolo con esta izquierda que utiliza a la amenaza como forma de coacción permanente.

Otra de las tácticas que utilizan para silenciar y amedrentarnos es el color de la piel o el sexo.

La táctica del “White privilige” sirve de mordaza para hacer callar a todo aquel que tenga la piel blanca.

Los blancos son desacreditados automáticamente y no pueden opinar sobre ninguna cuestión porque son blancos (con excepción de los blancos de izquierda, que por supuesto, no son tan blancos)

Lo mismo sucede con los temas feministas, si no eres mujer no se te permite opinar sobre temas como desigualdad, violencia de género o aborto. Y aunque seas mujer, si opinas distinto a ellas, se dictamina unánimemente que no eres mujer, sino una bruja a la que queman rápidamente en la hoguera.

Y así van callando con eslóganes inventados, a todos aquellos que no piensen como ellos.

Y así van robando sin que nadie se atreva a oponérseles al tan alclamado cuento verde.

Encontraron en el clima no sólo una religión, sino la excusa perfecta para robar sin que nadie se atreva a pedirles una factura.

¡Fascista! Te gritan si osas preguntarles a qué cuenta en Suiza van a parar los Eco/ green trillones de impuestos americanos.

Si como profesor te niegas a cambiar tu programa, se te hostiga y se te amenaza hasta hacerte renunciar.

El drama de la Educación en los Estados Unidos está servido; los profesores son supervisados, investigados y hostigados para enseñar lo que la izquierda manda y considera acorde a la nueva ideología.

Las asignaturas como Filosofía e Historia son suplantadas por doctorados en teoría crítica de la raza, maestrías en género etc, en donde se intenta establecer los nuevos fundamentos científicos de nuestra era marxista; que hombre y mujer son solamente dos subjetividades y demás negaciones que sirven para perpetuar el odio y la división racial por los siglos de los siglos… (eso si, mucho cuidado! Porque no conozco a nadie de izquierdas que no tenga a una chica de la limpieza o a una nanny en su casa , algo que curiosamente no es considerado esclavitud, ni opresión, ni privilegio por estos seres tan selectivamente subjetivos)

El problema del fracaso de la izquierda en el mundo es que pierden mucho tiempo con la pared.

En vez de ponerse a trabajar, hacen de la pared su forma de vida, y así mantienen al pueblo distraído, resentido, envenenado y siempre pobre.

El político pro activo en cambio, ve la pared, imagina que se construyó por algo, investiga, se informa y decide si es pertinente para el bien común derribarla o no.

Si hay que echarla abajo lo hace y termina con el tema de la pared para siempre. Y sigue trabajando.

El político de izquierda ve la pared, dictamina al instante que es mala, que va en contra de sus principios, la pinta, la decora, la disfraza y sigue hablando de la pared, luego la niega, la demoniza, vuelve a redecorarla, y sigue hablando de lo mala que es la pared.

Y si en algún momento se decide a derribarla, dice que sigue existiendo, niega que haya desaparecido y sigue hablando de la pared durante 10 años más.

El problema de la izquierda es que habla demasiado, miente demasiado, juzga demasiado , promete demasiadas falsedades, persigue demasiado , disfraza demasiado , adoctrina demasiado, se victimiza demasiado , inventa demasiado , vuelve a victimizarse demasiado, persigue, intimida y vuelve a victimizarse otra vez.

Si se decide a avanzar, lo hace siempre mirando hacia atrás y como es de preveer se hace mierda contra el muro; ¡que sigue ahí!, porque aunque cobró por el derribo, nunca lo derribó.

Y sigue así…siempre negándolo todo, porque para ellos la realidad siempre es subjetiva.

JR

“Marxismo SIN Mascarilla”

Existe un fenómeno mundial dando vueltas y este es el regreso del marxismo a los países democráticos occidentales.

Muchos son los países que se encuentran hoy con este nuevo desfile de personajes que reinvindican el socialismo duro, como opción viable para el planeta.

El marxismo azota países como Estados Unidos, Argentina, España, Peru, Colombia, Cuba y Venezuela.

Lo curioso de este revival comunista es que está liderado por adultos jóvenes que apoyan sus campañas con discursos sentimentales, victimistas y ansiosos de igualdad, todo conjugado como una fobia hacia la injusticia que curiosamente se les calma totalmente en cuanto acceden al poder.

Esta nueva casta política comunista cambia rápidamente sus viviendas en zonas poco glamourosas por instalaciones millonarias y sus atuendos informales por Teslas, smokings y fiestas de gala.

Y todo con una naturalidad y una cara dura que resulta asombrosa.

Sus medidas draconianas para con la sociedad se instalan en cuanto llegan al poder y su tan proclamada ansia de libertad se convierte mágicamente en una intolerancia irreversible hacia cualquier tipo de desobediencia o diferencia de opinión.

Sus impuestos y sus medidas sanitarias son extremas y sólo se relajan en cuanto les toca a ellos cumplirlas.

Y es que esta nueva pandilla de comunistas mundiales son la nueva casta de señores feudales que azota a nuestra era de buenistas, ciegos, distraídos y bien pensados; todos los que vivimos aguantando y tolerando de todo, con tal de no parecer intolerantes o extremistas.

Esta casta política comunista basa sus campañas en discursos sociales que quedan únicamente en eso, en bonitos discursos.

Nada de lo que hacen está destinado a mejorar la vida social, laboral o privada de las personas. Detestan a la policía, niegan la inseguridad, no se hacen cargo de ninguna de sus responsabilidades, ni de sus errores y toda aquella pregunta que no les interesa responder la tachan de racista, sexista, islamofobica, homofobica o fascista.

Son expertos en excusas, evasiones y distracción, incapaces de asumir sus incongruencias ni sus pésimas desiciones y profesionales en buscar culpables allí donde no los hay.

Se muestran extremadamente intolerantes con los ciudadanos, pero son incapaces de condenar el terrorismo en ninguna de sus versiones, ni de regular sus fronteras para proteger a esos votantes que tanto dicen querer.

De más está decir que en sus fiestas comunistas, los únicos que tienen obligación de llevar mascarilla son sus empleados; esos que en sus discursos dicen representar.

Y es que debemos entender que la nueva casta comunista ha llegado para quedarse y hacer lo que ha venido a hacer: robar, hacer sus negocios particulares, subir impuestos, arruinar la economía, abogar fervorosamente por el medio ambiente, financiar terroristas, dividir a los ciudadanos, sembrar miedo, pagar votos, destruir los valores sociales y morales, reventar las instituciones, adoctrinar a nuestros hijos y usar la ley como herramienta de dominación.

A nosotros sólo nos queda tragar, pagar, callar y disfrutar de tanto espectáculo.

JR

“Aborto Libre, Vacuna Obligatoria”

En esta nueva época caracterizada por el triunfo del storytelling, el postureo humanitario y la utilización del miedo como droga hipnótica; nos hemos acostumbrado a vivir en permanente cortocircuito, pero sin quemarnos ya con nada.

Nos tragamos el verso del murciélago como si fuera un tratado de física de Einstein. Y sin ninguna diferencia se lo tragaron igual los intelectuales que los niños y todos con la misma facilidad.

Hasta que algunos niños comenzaron a sospechar de esta historia tan inverosímil y fantástica y plantearon la duda sobre un complot malintencionado.

Por supuesto, los intelectualoides siguen firmes y aún hoy sostienen a capa y espada la mala cocción de un murciélago, como verdad irrevocable del origen del CoVid.

Lo curioso de este nuevo mundo que impone el ostracismo como nueva práctica social, el miedo a la muerte como único mandamiento y la condena implacable hacia todo aquel que elija algo distinto a lo mandado; es recordar que esos mismos individuos tan estrechos de miras hoy con el Covid, son los mismos que hace dos días chillaban en las calles exigiendo el derecho a la libertad sexual, la libre identidad, el derecho al aborto libre sin límite de edad ni tiempo de gestación, etc etc.

Aquel despliegue de libertades por las cuales estos pseudo-revolucionarios daban la vida hace unos días, hoy sin embargo, les resultan intolerables.

Quien no quiera vacunarse en estos tiempos es enemigo del régimen de los zurdo- revolucionarios y es condenado al ostracismo y al PCR diario; se le niega el saludo, el movimiento y la admisión a lugares públicos e incluso a su puesto de trabajo.

Hoy aquellos que condenaban a los gritos la discriminacion, discriminan sin complejos a todo aquel que rehuse cumplir con sus estándares de salud.

“Mi cuerpo, mi elección” (my body, my choice) parece ser un eslogan acomodaticio y apropiado según para qué ocasión. Si es para follar, abortar o solicitar la eutanasia, por supuesto que aplica, pero para el resto, uno ya no es dueño de nada.

Todos los revolucionarios hippies que decían que vacunarse contra la hepatitis era envenenarse y que llevaron durante décadas a sus hijos a la escuela o a cruzar fronteras sin un calendario de vacunación, se han vuelto ahora, los talibanes de la vacuna del covid. Te contagian cualquier cosa, desde la tuberculosis, hasta el sarampión o el sida, pero usted tranquilo, que se dieron la phizer gratis en Miami, todo pagado con los impuestos de los imperialistas americanos.

Los regímenes se caracterizan siempre por esta tendencia constante al cortocircuito; por un lado, el discurso libertario y por el otro, la taser en el culo, dándote caña 24 horas.

Y uno aprende a obedecer bajo amenaza y a la fuerza; uno se insensibiliza a la contradicción y se vacuna aunque haya pasado ya el corona y sobrevivido, se enmascara, baja códigos en el móvil para justificar a cada paso su obediencia ciega y su pertenecia al grupo de los “correctos”, acepta que sus hijos pasen 8 horas diarias en el colegio enmascarados y sin siquiera tener derecho a la cara descubierta en el patio, firma consentimientos y todo tipo de amenazas que la institución le envía, y en caso de estornudar por el polen, se atiene en silencio a las consecuencias de que le obliguen a volver a casa a meterse otra vez el palo hasta el cerebro, para quitarse de dudas.

Lo más astuto de todo este asunto es que la justificación de estos abusos y de toda esta locura extremista y contagiosa, es el “respeto” a los demás.

Quien no se atenga a estas normas totalitarias es que no ama suficientemente a su prójimo, es un asesino de abuelos y está condenado a la peor versión del infierno de Dante.

En fin, que uno llega a casa y se siente un gilipollas por callarse y aguantar, un cagon de mierda, de esos que denunciaban a los judios durante el régimen nazi, incapaces de contradecir una orden injusta, pero todo con tal de presumir de ser un ciudadano obediente, complaciente con las órdenes, amigo del tirano de turno, siempre a tono con lo mandado y que cumple y traga, (sin utilizar ni una neurona), con toda aquella orden o mentira que le cuenten.

Cuando uno estudia historia se pregunta muchas veces… ¿cómo esta barbarie no se paró a tiempo? ¿Cómo nadie reaccionó? ¿Cómo no se rebelaron? ¿Cómo obedecieron durante tanto tiempo, órdenes tan crueles e injustas?

Yo recomiendo que cuando la historia del mundo le sorprenda, le horrorice y le haga pensar cómo pudo pasar aquello que pasó, corra rápidamente hacia un espejo para encontrar en su imagen la respuesta: el mundo estuvo siempre sobrepoblado de cagones como usted y como yo.

JR

“La nueva Fábrica de terroristas”

El desastre de Afganistán no es sólo una demostración de la incompetencia de la izquierda radical que gobierna estos tiempos a los Estados Unidos, sino un riesgo para el mundo entero.

Muchos alegan que esta guerra era una guerra demasiado larga y demasiado ajena y que ya era hora de abandonar la protección y la ayuda al pueblo afgano; pero no comprenden que la base militar americana en Afganistán, era la barrera para proteger a Occidente del terrorismo islamico y garantizarle al pueblo afgano un poco de estabilidad, seguridad y algo de progreso.

La incapacidad de Biden ya se ha demostrado con creces en estos siete meses que lleva de incompetencia en el gobierno de los Estados Unidos; pero tanta incompetencia y tan mal hacer, resultan sospechosos.

¿Existe detrás de esta rendición innecesaria y desorganizada un acuerdo? ¿Existe la posibilidad de que detrás de este escándalo se esconda la excusa para desestimar al viejo Biden y hacer que asuma la presidencia Kamala Harris?

¿Existen alianzas secretas entre la extrema izquierda y el terrorismo islamico? Los dos odian a Occidente, se excusan siempre entre ellos y reniegan de todos sus principios, por lo cual, no sería nada descabellado pensar en que haya un acuerdo secreto detrás de este desastre humanitario sin precedentes.

Los errores son tan graves que uno ya descree de que hayan sido casuales. ¿Existe detrás de este episodio nefasto un plan organizado por la administración de Biden?

Mientras el anciano evita las preguntas de los periodistas sobre Afganistán; cambia el tema como es habitual en los políticos de izquierda y se dedica a hablar de su negocio “el green deal”, dejando sólo los últimos minutos para decir las necedades de siempre sobre Afganistán, que por supuesto lee de la pantalla; se niega a contestar preguntas y consulta a su equipo cuando podrá retomar sus vacaciones.

Mientras tanto, los americanos retenidos en Afganistán y los afganos colaboracionistas con los Estados Unidos siguen prisioneros allí y no les dejarán salir, porque los talibanes les necesitan para organizar y manejar la tecnología, la maquinaria y la información que dejaron los americanos en sus instalaciones y por supuesto, para sus habituales extorsiones con rehenes.

Lo más probable es que Afganistán se convierta ahora en una fábrica de terroristas; gente amenazada y torturada que hará lo que sea por preservar su vida y la vida de sus familias.

Y mientras aterrizan en USA y EU los aviones de refugiados con lo mismo de siempre; (pocas mujeres y niños y muchos hombres afganos entre los 20 y 30 años sin documentación ni análisis de antecedentes), se han identificado ya, las conexiones de muchos de ellos con asociaciones terroristas como el ISIS.

Cuando uno observa con atención el procedimiento diseñado por Biden y por su equipo, piensa… ¡todo se ha hecho mal!

¿Pero si por el contrario, toda esta artimaña ha salido tal como esperaban?

Mi abuela siempre rezaba… “Señor protégeme de los tontos, que de los malos me cuido sola”.

Dicen que hace más daño un tonto que un malo; pero en el caso de Biden, se combinaron los dos.

JR

“La Satisfacción del agujero”

Los filósofos contemporáneos hablan sobre la transformación que ha sufrido el “homo politicus” hasta convertirse en “homo psicológicus”.

Esta nueva dimensión traslada el interés por lo colectivo hacia un interés meramente individual.

Cada uno mira por lo suyo, por su bienestar y por su presente. Ya no existe una visión de futuro, en donde quepa el esfuerzo o el sacrificio del presente, en pos del mejoramiento de lo colectivo, sino todo lo contrario.

Se reduce a su máxima expresión el afuera para poder amplificar así, desmesuradamente el adentro.

Lamentablemente, muchos de los que en estos tiempos individualistas profesan causas colectivas, suelen usarlas únicamente como estrategia de negocio, campaña política o como parte de una inclusión social o adherencia a la moda actual, parándose siempre estratégicamente del lado de lo políticamente correcto.

Defender la ecología, abogar por los derechos humanos, condenar el racismo a cada segundo o defender la libertad sexual, son causas políticamente correctas, pero que conviven con la total indiferencia hacia todo lo demás.

La hipersensibilidad contemporánea convive con la indiferencia más radical, como si fuesen la misma cara de una moneda y el hipersensible es igual o más fanático que el indiferente. Y suelen ser las dos caras de una misma persona. Hipersensible para algunas cosas e hiper indiferente para otras.

Las causas han dejado de ser una finalidad, para convertirse en un escalón hacia otro objetivo, que suele ser: la popularidad, el dinero, el like y la aceptación de determinados ámbitos o círculos sociales, políticos o económicos.

La causa ha pasado de ser finalidad, para convertirse en un medio.

En conclusión, pocos son los que realmente creen en una causa y menos aún, los que viven de acuerdo a ella.

El individualismo contemporáneo hace que el individuo pase del interés hacia el afuera del homo politicus, a una mirada exclusiva hacia su ombligo, que le impide cualquier interés real por otra cosa, que no sea él mismo.

La dieta, la salud, el cuerpo, su bienestar y su mejoramiento personal constante, son la agenda del sujeto contemporáneo, que con una mano levanta la pancarta de protesta y con la otra, se hace un selfie para compartir su momento “rebelde” en Instagram.

El sujeto se va encerrando dentro de una burbuja en donde la indiferencia hacia todo lo que esté fuera de si mismo crece, abriéndole a su vez, un nuevo universo de hipersensibilidad fingida y promovida por esa misma hiper atención a sí mismo.

Las necesidades fisiológicas individualistas incluyen el control de la glucosa, la tensión, la obsesión por la salud, el peso, la clase de gimnasia, la cita para la revisión médica semanal, el yoga, la compra macrobiótica o el suplemento proteico diario, y la publicación instantánea de cualquier tipo de satisfacción personal en las redes sociales.

Sin todo esto, la vida nos resulta incompleta y uno se siente en deuda con uno mismo; siente que no se está cuidando como se merece o compartiendo lo suficiente.

Las películas de Woody Allen reflejan muy bien el paso hacia este homo psicologicus, que no para de mirarse, medicarse y analizarse y sin embargo, cada vez es más infeliz y tiene más problemas.

El universo interno es insondable y por supuesto muy rentable para todo aquel que se dedique a comercializarlo.

Lo curioso del narcisismo actual es que el Narciso de hoy, vive su vanidad sin ninguna culpa ni conciencia; uno ya no es un desmesurado o un vanidoso, sino solamente un hombre moderno, adaptado a las nuevas normas que nos impone este tiempo basado en el cuidado personal, por sobre todas las demás cosas.

En algunos casos el Narciso suele considerarse una víctima de la imposición social y jamás se considera responsable de nada.

Personalmente, veo a esta época como la oportunidad ideal para vivir con un único objetivo en la vida que no es otro que “la satisfacción de todos los agujeros”.

Pasando además, totalmente desapercibido y como una persona normal, embajadora de su tiempo.

El exceso de cualquier tipo se ha normalizado y a tal punto lo ha hecho, que se ha convertido en un derecho inalienable.

La obsesión por la felicidad de los agujeros incluye la obsesión por la alimentación, las terapias digestivas, las limpiezas de colon rutinarias, la motivación ocular permanente a través de la imagen, redes, fotos, películas, viajes; el auricular permanente, incrustado en una oreja cada vez más sorda, la inhalación terapéutica constante de fragancias motivadoras y de drogas y por supuesto, la tan promovida obsesión por el sexo de toda clase y sabor.

La única lucha revolucionaria que se promueve en esta época es la de mantener a cada agujero activo, entretenido y motivado; cueste lo que cueste, caiga quien caiga y sin importar la edad que tengas. “Disfrutar de todos los excesos y hasta la tumba” es el legado que dejamos .

Este ser psicologicus, que ha normalizado varios tipos de locura, vive su día a día con una sola pregunta, que se hace a sí mismo a cada momento: ¿Soy feliz? ¿Soy feliz? ¿Soy feliz?

Curiosamente, en una época en donde se prioriza al extremo la felicidad personal, los arquitectos ingenian edificaciones con barandillas y máxima seguridad para evitar que la juventud hipersensible se suicide cada semana, lanzándose desde sus edificios más emblemáticos.

El presente ha ocupado todo el espacio de un ser que ha cambiado todos los objetivos a largo plazo, por una sensación instantánea.

La hipersensibilidad hacia las causas más ridículas; conviven hoy, con la indiferencia patológica hacia todo su entorno.

El narciso hipersensible de hoy, se niega en rotundo a jugar al ajedrez por considerarlo un juego de clases, racista y sexista, pero a la vez, defiende a ultranza que los talibanes recuperen su tierra e impongan la sharia.

Y mientras se conoce a la perfección la cantidad de carbohidratos y demás componentes químicos que consume con cada bocado, es incapaz de ubicar a Afganistán en un mapa.

Por eso en esta época de narcisos hiper conectados e hipersensibilizados, lo mejor es ir con mucho cuidado; descreer de todo lo que profesan y publican en las redes y mirar muy bien cómo estos seres tan selectivamente sensibles e informados, se mueven con aquello que tienen más cerca.

JR

“Indiferencia Mortal”

De todas las expresiones que utilizan los jóvenes, hay una que me preocupa especialmente y es aquella que emplean cuando tienen la oportunidad de elegir una opción. “Da igual” me dicen siempre que les incito a elegir entre dos cosas.

No señor, las cosas no dan siempre igual, uno tiene que saber que elegir es importante; en primer lugar porque son muy pocas aquellas ocasiones en las que se nos permite elegir en la vida, y cuando esas escasas oportunidades aparecen, hay que aprovecharlas.

Sin embargo, las nuevas generaciones están demasiado acostumbradas a ser permanentemente consultadas.

Muchos padres toleran desde la infancia una tiranía en donde es el niño quien decide y marca el ritmo en casi todos los ámbitos. Y es que en esta sociedad sólo nos importa que el niño sea feliz. ¿Pero es realmente feliz?

Denoto en las nuevas generaciones una mezcla de indiferencia hacia el mundo que les rodea con sobredosis de opciones, con una obsesión por las causas intangibles, como son el clima, el medioambiente, las intolerancias universales y diversas temáticas sociales que les mantienen siempre en combate y demasiado ocupados en las redes sociales. Les veo demasiado preocupados por la opinión ajena, por los seguidores, los likes y los haters, el bullying y el acoso, mientras sobrexponen su existencia generalmente irrelevante y superficial ante una audiencia universal que los ama y los detesta en público y sin que realmente les importen nada a nadie.

Sospecho que quizás esa multitud de oportunidades disponibles sea lo que les convierte a su vez, en seres un poco abúlicos, faltos de pasión y poco dispuestos para la actividad y para el trabajo.

Deberíamos empezar con analizar este fenómeno contemporáneo occidental que es “la abolición patológica de la necesidad”, para comprender mejor la falta de energía creativa.

Como decía mi abuela “la necesidad es la madre de todas las cosas” por lo tanto, aquel que no necesita, no siente necesidad de moverse.

Aquel que sabe que puede sobrevivir sin tener que mover un dedo, no siente el hormigueo de aquel que es consciente de que si no se moviliza no come.

Esta cultivada y promocionada indiferencia criada a base de derechos y pagas estatales por el sólo hecho de existir, ha fomentado a un individuo exigente, pretensioso, deprimido y dependiente de todo tipo de sustancia o dispositivo que le posibilite la distracción.

“Todo me da igual” en el momento en el que yo dejo de sentir responsabilidad alguna. Yo quedo fuera del juego cuando lo observo desde fuera y no tengo ningún tipo de implicación en él.

Cuando en cambio, asumo que toda decisión que tome me acarreará una responsabilidad por la que debo responder, la cosa cambia.

Uno comienza a mirar con más detalle los contratos y elige sólo aquellos por lo que se encuentra dispuesto a dar la cara y a poner el cuerpo.

Sin embargo, esta indiferencia selectiva no se manifiesta en el ámbito material.

La juventud es exigente, no le da igual un iPhone que un móvil de cualquier otra marca y no se conforma nunca con menos, que con lo mejor.

Por lo cual, esta indiferencia que pudiera ser en apariencia una actitud hippie de austeridad, desinterés, de paz, amor y tolerancia, no es tal.

Un joven puede pasarse cuatro semanas analizando la elección de un móvil, pero a la hora de votar en unas elecciones generales es incapaz de leer las propuestas de los distintos candidatos. “Da igual” responden, con esa sutil indiferencia que los desresponsabiliza de cualquier libre elección.

A veces me pregunto si esta indiferencia selectiva es un signo de los tiempos, o es simplemente un cansancio hacia todo aquello que no sea lo meramente material o digital.

Hay que ver sin embargo, el esmero que ponen en las fotos de Instagram, tanto, que algunos llegan a caer de precipicios con tal de conseguir una imagen más influyente.

Comprendo sin embargo, que un señor de 80 años, ya mareado de ver girar tanto el planeta me diga “da igual”.

Pero que una juventud que aún no ha producido nada más que gasto, tenga esa respuesta, realmente me alarma.

¿De qué están tan cansados estos jóvenes?

Quizás era como decía mi abuela aquello de que “la pereza por ser amiga empieza y cuando es amiga es tirana, quita la tranquilidad, roba la calma y destroza sin piedad el alma.”

No hay nada mejor que cubrir todas las necesidades de un ser humano para transformarlo en una ameba, en un esclavo o en un ser infeliz y falto de energía.

Uno a veces cree que ama y destruye, malcría y arruina, protege y mutila, lo da todo, y sin embargo, lo quita todo.

JR

“El Frankenstein del estado del Bienestar ”

Cuanto más viajo por los países europeos más me percato del daño moral que le ha hecho el estado de bienestar al espíritu del trabajo.

Si bien el estado de bienestar es un bien muy promocionado actualmente por todas las ideologías de izquierda, bajo el cual se le garantiza al ciudadano una cobertura completa de sus necesidades (salud, vivienda, educación, subsidios, alimento, pensión), es mi deber decir también, que su producto no es un hombre trabajador sino “el hombre vago”.

Este nuevo engendro es un ser que habita en un estado de bienestar constante, en donde se le garantiza que todas sus necesidades estarán cubiertas sin necesidad de trabajar.

Poco a poco, este ser va relajando la musculatura y comienza a necesitar un gimnasio, y va agudizando su astucia y estrategia para perpetuar su estado de abulia en todas las direcciones posibles.

Se vuelve un lince para inventar, detectar y exprimir beneficios que le sigan manteniendo la condición de vagancia durante toda la vida.

Este ser es el equivalente al nuevo niño de 30 años, que sigue viviendo con papá y mamá toda la vida, con tal de no renunciar a los beneficios y comodidades que le proporciona la dependencia.

¿Para qué privarme de algo que pueda motivar mi ansia de superarme, si puedo seguir cómodo, inútil y tranquilito donde estoy?

Mientras el huevón treitañero expresa con soltura y a viva voce su estupidez, la mamá le sonríe y dice orgullosa… ¡claro! ¿Adónde va a estar mejor el nene que en casa?

Pero bueno, todos sabemos que la gillipollez es hereditaria y cultivada y además, ¿qué podemos esperar de unas generaciones amamantadas a base de dependencia eterna y de derechos inalienables?…

Lo peor de todo este malentendido de conceptos es la alteración de las potencias; aquello que antes se conseguía con años de trabajo,(salud. vivienda, alimento, educación etc) hoy es un derecho y de cualquiera.

Todos tenemos “derecho” a todo, no importa si lo merecemos o no.

Y como decía el tango…»da lo mismo el que labura noche y día como un buey, que el que vive de las minas, que el que mata, que el que bura o está fuera de la ley”

Son pocas las diferencias con aquel cambalache del siglo XX y es que hoy, todos tienen derecho a todo, a costa del trabajador y del empresario.

Si algo memoriza bien el Frankenstein actual, es la lista de derechos que posee y que desde pequeño le motivan a reivindicar sin descanso, cortando el tráfico con sus marchas y protestas, al pobre trabajador que es quien viene pagándole su material escolar y sus vacunas desde el parvulario.

El engendro moderno, amamantado a base de ignorancia democrática y con un bajisimo nivel de contabilidad, desconoce que en toda cuenta, para sacar de un lado, hace falta siempre poner del otro.

Detrás de todo ese bienestar y del derecho inalienable del vago moderno, hay una sobredosis de impuestos amplicada sin piedad al trabajador, que por ser ambicioso y tener la osadía de trabajar, se merece pagar y mucho, para mantener al ejército de vagos promovido por la izquierda, que tiene el derecho a seguir siendo vago toda la vida.

El empresario grande o pequeño siempre merece pagar y ese es el único merecimiento que aceptan los comunistas sin condiciones.

Porque el otro mérito; ese que tiene que ver con el esfuerzo y con la recompensa al trabajo; ese no les gusta nada, porque según ellos toda meritocracia está asociada a la ambición capitalista y al privilegio; que aunque la desconozcan por su alarmante falta de neuronas y exceso de derechos, es ese mismo capitalismo quien mantiene económicamente su condición de vagancia inalienable.

El verdadero daño que ha ocasionado el estado de bienestar se lo ha hecho al esfuerzo y al trabajo, condenando cualquier tipo de esfuerzo, de ambición y de deseo de progreso como se condena a una actitud ridícula e innecesaria. ¿Para qué trabajar duro, si ya nos dan todo?

El daño es tremendo porque al dañar la ambición y ese afán que nace del “hambre espiritual” de todo hombre valioso, se daña también toda posibilidad de progreso.

Hace unos días escuché una conversación que me erizó los pelos. El conserje de mi urbanización (un ejemplar de vago digno de estudio) se entrometía en los trabajos que estaba haciendo un señor rumano en la piscina de un vecino.

Desde el principio de su charla se encargó de subestimar la actitud de trabajo de estos hombres duros, que emigran para hacerse un lugar en la “europa libre” después de vivir casi una vida bajo el yugo de regímenes comunistas.

“¿Sabes lo que hago yo, para mantenerme así de joven? se auto preguntaba el vago del conserje.

-“Pues trabajar lo menos posible” se auto respondía el ejemplar español, dedicado a vivir del cuento e intentando a su vez ridiculizar el trabajo ajeno.

El rumano que seguía imparable trabajando bajo el sol, le contestó: “vete ya, que no tenemos tiempo de charla, tengo que dejar lista esta piscina para esta tarde”

La diferencia entre quien se cria a base de derechos y quien se cria a base de obligaciones es abismal.

Y si vas a necesitar a alguien que te haga algún trabajo, ya sabes a quien llamar. Ahora, si quieres algún truco de belleza y de salud, te mando por privado el número del conserje.

Otro de los aspectos que ha perdido el trabajo es la capacidad de motivación.

El joven de 30 años que luego de 3 décadas de formación se decide a buscar empleo, suele desilusionarse de no encontrar jamás la horma de su zapato.

Se siente tan preparado académicamente…”tanto master, tanto curso, tanto currículum para ganar una mierda y encima tener un jefe” … es lo que suelen pensar estos jóvenes con sobredosis de aula.

Los currículums son escalofriantes, ahora, cuando entran a trabajar, no saben hacer ni la “o” con un canuto. Se venden como ingenieros nucleares, pero si se funde una bombilla se ven obligados a llamar de urgencia a un manitas.

¡Pero cuidado con decirles algo! Ellos son ultra sensibles, usan lenguaje inclusivo y se ofenden por cualquier cosa y aunque tengan más años de clase que Aristóteles, no son nunca valorados, apreciados, ni remunerados como se merecen.

¡Ah si! Porque a pesar de odiar con devoción a la meritocracia, ellos y sólo ellos, se lo merecen todo!

Otro de los problemas actuales es la falta de hambre, esa ambición que hizo crecer siempre al hombre inquieto y consecuentemente al mundo.

A ellos no se les ha dado la oportunidad de conocerla y esperan que el trabajo sea una actividad motivacional continua y no una rutina dura, pareja, cansina y agotadora que posibilita la subsistencia.

A los dos meses en el puesto de trabajo ya están cansados, sufren de ansiedad o de depresión, solicitan baja por alguna enfermedad psicológica incomprobable y comienzan a preguntarse por el sentido de la vida, están siempre a un paso de apuntarse a estudiar filosofía, de huir a un templo budista o de inventarse alguna estafa nueva, para seguir mantenido por papá estado toda la vida.

La desmotivación es un tema recurrente para esta generación, acostumbrada a vivir a través de netflix, de instagram y del videojuego.

Ellos se han acostumbrado a que la vida es un entretenimiento y cualquier trabajo les resulta traumático e insoportable y rápidamente salen en busca de algún tipo de analgésico, de subsidio, de diagnóstico falso o de medicación que les facilite la evasión.

Frente a semejante panorama no es de extrañar que los gobiernos de izquierdas se empeñen ahora en postergar lo más posible nuestra jubilación, porque viendo el relevo de flojos disponible para mantener las arcas de estado, no les queda otra opción.

¡El monstruo del estado de bienestar que ellos mismos han creado, no es capaz de mantenerles como es debido!

Desgraciadamente, este Frankenstein de izquierdas, acostumbrado al derecho eterno e inalienable a la quietud, a la necesidad de motivación constante, al reclamo, a la protesta, a la exigencia permanente y a la súper sensibilidad para todo, nos obligará a que trabajemos toda la vida, para seguir manteniéndoles intactos todos sus vicios.

JR

“¿Clan o Clon?”

Una cosa es pertenecer a un clan y otra muy distinta es convertirse en un clon del clan.

Todos pertenecemos a un clan desde que nacemos. Una familia,una comunidad, una afición artística o deportiva nos convierten en parte de distintos clanes a lo largo de nuestra vida.

Si bien compartimos historias y experiencias comunes con los miembros de los distintos clanes a los que pertenecemos en distintos momentos de nuestra vida, ser un clon no es parte del contrato.

La conquista de la individualidad es sin duda lo que nos convierte en individuos. Uno se diferencia del otro y se delimita; va marcando sus bordes y creando unas distancias en el proceso de “crearse” a sí mismo.

Uno no solamente se descubre a sí mismo en sus similitudes y en sus diferencias con el resto, sino que también se crea según su propio diseño.

En el proceso de “descubrirse” no está implicada la libertad porque uno descubre únicamente aquello que ya existía; pero crear, es sin duda, un proceso totalmente distinto al de descubrir.

Para crear hace falta libertad; es más, todo el proceso de “crearse” no es otra cosa, que la aplicación de la libertad en uno mismo.

Uno se aplica la libertad a sí mismo cuando se contruye a si mismo como un individuo.

En este proceso no se descubre sólo lo que uno es, sino que se decide además, como uno quiere llegar a ser.

La construcción de la identidad no es únicamente inevitable, sino también elegible, consciente y trabajada en busca de un ideal.

Si bien hay cosas que no puedo cambiar; hay también muchas otras partes de mi identidad que son producto de mi elección personal y de mi voluntad.

Actualmente, la pertenencia a determinados clanes nos obliga también a convertirnos en clones. Pero esa exigencia nos implica una renuncia a nuestra individualidad.

Pertenecer a un grupo no debería conllevarnos de ninguna manera, convertirnos en una pertenencia de ese grupo.

Toda individualidad conlleva un proceso doloroso porque diferenciarme es delimitarme y cortarme en algún punto del resto. Delimitarse es siempre soledad, ser uno es soledad.

Toda separación resulta dolorosa en tanto que al separarme quedo solo, pero en todos los casos, la creación de la individualidad resulta generalmente liberadora.

En muchas ocasiones la separación que implica el nacimiento de la individualidad es percibida por el clan como una traicion al grupo o a los valores compartidos. Por eso la individualidad conlleva muchas veces sufrimiento tanto de un lado, como del otro.

El nacimiento de un individuo duele un poco a todos; al que nace, al que se resiste a soltar y al que deja nacer. Pero vale la pena.

JR

“Prisioneros de la Fantasía”

Si le preguntas a cualquier joven qué quiere de mayor, pocos serán aquellos que te digan algo distinto al deseo de ser millonarios.

En mi época uno deseaba poder llegar a ser un buen médico, tener una casa propia, un coche, hacer un viaje o vivir en el campo o cerca del mar.

Nuestros sueños también eran sueños; quizás no eran tan ambiciosos como los de ahora; pero al menos, no soñábamos todos lo mismo.

Hoy existen distinciones para todo, esta es una época en donde nadie quiere parecerse a nadie porque todos desean la originalidad, y sin embargo, es curioso ver como todos sueñan lo mismo.

Sabemos que la juventud hace lo que sea por tener 5 minutos de fama y hacerse virales en las redes sociales. Si para eso hay que asesinar a la abuela on line, lo harán, asi que a andarse con cuidado, porque estos soñadores hacen cualquier cosa por la causa.

Si bien es cierto que la suerte existe; para que la suerte cunda hay que estar muy preparado y trabajar mucho y de continuo para que ésta permanezca y dé frutos duraderos.

Pero la letra pequeña no se la lee nadie. Esfuerzo, trabajo, continuidad, resistencia al tedio; son conceptos demasiado pesados para los nuevos aspirantes a millonarios que veneran a la instantaneidad y al clic como si fueran un Dios.

Este sueño tan común al que aspira esta nueva generación tan ecológica y contradictoriamente tan consumista, refleja nuestra tendencia inevitable a la incoherencia y a la fantasía.

Desde pequeños se nos alimenta de fantasías y se nos promueve la capacidad de imaginar lo imposible como posible.

Y esa capacidad de soñar lo imposible es fundamental para todo progreso. ¿Quién hubiera soñado tener luz eléctrica, internet o aviones?

Los soñadores son necesarios y lo fueron siempre. Pero soñar esos sueños, sin tener conocimientos de electricidad, mecánica o ingeniería hubiera quedado sólo en un sueño frustrado.

Todos podemos soñar, pero pocos estamos preparados como se debe para hacer de ese sueño una realidad.

La fantasía nos alimenta y nos motiva, cultiva la fe y promueve la esperanza pero ¿qué pasa cuando la fantasía no se hace realidad?

El problema es que la intolerancia al fracaso está también en boga. Para todo te recetan ahora una pastilla y desde niños se medica la falta de concentración, la hiper actividad o la desmotivacion a base de productos químicos.

Hoy no se receta fortaleza, trabajo, constancia o superación sino viene ya en pastilla.

Ni se les ocurre a los médicos decirle a los padres que lo que el niño necesita son límites claros y frecuentes, atención, cariño o cuidados que no recibe de parte de sus progenitores, porque la mayoría de ellos, prefiere seguir cubriendo esas carencias a base de medicación.

Si alguien te llama gordo; como hicieron los niños toda la vida con nosotros; el niño actual se debate entre acuchillar al agresor, tirarse por la ventana o recurrir a la anorexia.

El camino del medio es evitado porque ese camino incluye aceptación, fortaleza, resistencia, esfuerzo, superación, trabajo, constancia y una dura dosis de realidad.

La fantasía es muy bonita hasta que empieza a hacernos daño. Y el daño aparece cuando no se combina a la fantasía con realidad.

Una cucharada de fantasía y 4 de realidad es la dosis medianamente adecuada para mantenerse sano y para que no nos gane el delirio, ni nos venza la frustración.

Mantenerse real es mantener los pies en la tierra y las manos trabajando; por supuesto siempre soñando, pero nunca quietos.

Recuerdo hace dos años cuando mi hijo menor descubrió que papá Noel no existía.- “quise venir primero a preguntártelo a ti” me dijo muy serio. Y permaneció dos dias sin hablarme después de confirmar el engaño.

Ninguno de mis otros hijos había reaccionado así; quizás si un poco desilusionados, pero nunca con esa sensación de haber sido traicionado vilmente y de forma continuada a lo largo de los años.

Intenté justificarle mi mentira en pos de alimentarle una ilusión, de que fuera un niño como todos los demás; pero con ese niño no hubo manera.

Y agradecí en ese momento no haberle apuntado jamás a ninguna religión, porque hay personas que no llevan nada bien el exceso de fantasía.

Cada uno debe aprender a lo largo de la vida, cual es la receta indicada que le conviene; qué cantidad de fantasía necesita para mantenerse motivado y no decaer en el desánimo y qué dosis de realidad le conviene para que la frustración no le pille nunca desprevenido y lo reviente.

Lo bonito de soñar es poder volar un poco fuera de la realidad y descansar de a ratos de ella, pero sin que nuestro despertar nos duela como un engaño.

JR

“Turismo Sanitario”

Resulta curioso ver a los defensores de sus propias fronteras traspasar las del vecino con tanta impunidad.

Y es que el discurso se ablanda y se derrite cuando la acción no es consecuente, ni coherente con la palabra.

No paro de escuchar a la gente que va a vacunarse gratis a los Estados Unidos, sin siquiera sentir el menor remordimiento por estar utilizando los impuestos del americano en su propio beneficio.

Y para retomar luego y con el mismo ímpetu que antes el tan gastado discurso de “justicia social”, mientras ejercen en Miami el “sálvese quien pueda”.

Por el contrario, no solamente evitan el remordimiento, sino que sienten que el uso de los beneficios ajenos, son un derecho que se han ganado sólo por existir y por tener los recursos para trasladarse hasta allí.

Lo llamativo y peligroso de nuestra naturaleza es la facilidad que tenemos para convertir a la caridad en un derecho inalienable.

La caridad suele empezar siempre como la libertad de dar, para transformarse muy pronto en la obligación de dar y en el derecho a recibir.

“En Estados Unidos las vacunas sobran” me dijo un amigo latinoamericano, justificándose alegremente por haberse vacunado gratis en Miami.

“Y además, les levantamos el turismo y la economía cuando vamos a vacunanarnos allí” insistía, considerándose además, un premio.

Lo increíble de esta justificación miope es que al final serán los americanos quienes deberán agradecerle a él, el que vaya a vacunarse con el producto de sus impuestos.

Y lo más alarmante, no es la falta de ética, sino la ceguera del avivado.

Uno se pregunta entonces, si es que realmente niega la realidad porque es un gilipollas o porque cree que todos los demás somos tarados.

Yo me imagino a mi amigo, comiendo cuatro Big Macs durante ese par de días que pasó en Miami durmiendo en el sofá de su amigo y me pregunto cómo puede ser que su visita haya impulsado tanto la economía de un país, que fabricó y pagó esas vacunas con los impuestos de sus pobres ciudadanos.

Y también recuerdo las historias de mi abuela, que contaba cómo la Argentina fue hace muchas décadas un país en donde todo sobraba.

Y sobraba tanto de todo, que Latinoamérica entera se atendía gratis en sus maravillosos hospitales públicos y estudiaba carreras universitarias en sus prestigiosas universidades gratuitas, con becas de manutención y de vivienda.

Seguramente aquellos pacientes y estudiantes extranjeros también pensaban que las medialunas que desayunaban a diario levantarían la economía del país de acogida, pero sin embargo, sucedió justamente lo contrario.

La Argentina, ese pais en donde todo rebosaba y sobraba, quedó devastada sanitaria y culturalmente, porque no existe quien pueda sostener una caridad de fronteras abiertas, con los impuestos de los pocos ciudadanos que la financian.

Si bien cada uno se busca la vida y se cuida la salud como puede, es de agradecer ser coherente en el discurso y sobre todo, permanecer siempre agradecido.

Porque no eres tú el que le hace un favor a la economía americana, sino que es el ciudadano americano el que te lo está haciendo ti, pagando tu vacuna gratis, con sus impuestos.

Y nos queda bien claro, que por mucho sobrante de vacunas que haya quedado en los Estados Unidos, quien debería cuidar y proteger los intereses de los ciudadanos americanos; (que con tanto esfuerzo pagan sus impuestos cada vez más altos); no lo está haciendo como debería.

JR

“La Realidad Fabricada”

Cuando nos preguntamos qué es la realidad, llegamos a la conclusión de que la realidad para cada uno de nosotros es el producto de nuestra propia experiencia cotidiana.

La abuela Carmela, que vive en un pueblo de España de unos mil habitantes conoce la realidad por sus propios medios.

Sabe los nombres de los vecinos, los nombres de los vendedores del mercadillo dominguero, la época de la cosecha de la aceituna y sus resultados y conoce además, los dramas, las alegrias, los progresos, los problemas y los cotilleos de casi todo el pueblo.

La televisión y las noticias la entretienen, pero no pueden brindarle información extra sobre el pueblo que ella no conozca de antemano; los medios no pueden engañarla.

El problema con las ciudades es que la mayoría de nosotros vivimos en micro mundos, en donde sólo tenemos acceso a diminutos fragmentos de la realidad.

Ocho horas en la oficina, dos horas promedio en el coche y al llegar a casa, la realidad sólo se nos aparece cuando encendemos el televisor.

Y aquello que eligen mostrarnos comienza a ser para nosotros, la realidad. Uno comprende entonces porqué todos respetan tanto a la prensa.

Y es que son ellos, quienes eligen a diario cuál será nuestra percepción de la realidad; con sus encuestas, sus entrevistas, sus versiones, sus números fabricados, casualmente siempre coincidentes con su postura y con su visión, van moldeando nuestra mirada y dirigiéndola hacia donde les interesa que miremos.

Si quieren que odies a determinado personaje lo lograrán y si quieres que lo ames, lo conseguirán también.

Por eso, ni los actores ni los políticos quieren llevarse mal con los medios. Porque saben quien manda y quien rige su destino.

Existe una enorme diferencia entre la ideología y la propaganda: la ideología se basa en las ideas que crean un sistema y la propaganda se fundamenta en la «imagen fabricada» por ese sistema.

Esto lo aprendimos muy bien de los gobiernos comunistas y fascistas.

La propaganda de la ideología es el haber llenado las calles con carteles de Lenin y de obreros sonrientes con el martillo y la hoz, pero sin embargo, la publicidad no logró que los rusos amaran, disfrutaran o preservaran el comunismo.

Una cosa es tener a Maduro bailando en los medios de comunicación que le pertenecen y otra muy distinta, es que los venezolanos amen el régimen del hambre y la dictadura a la están sometidos.

Y a la que paradójicamente Maduro sigue llamando «democracia» por haber conseguido su poder a través de un fraudulento voto popular.

La diferencia entre la imagen del régimen y lo que el régimen realmente es, constituye la realidad.

Actualmente ya no existen ideologías nuevas, sino imágenes nuevas para las viejas ideologías.

Las ideologías que antiguamente estaban sustentadas por las ideas, hoy están sujetas únicamente a una imagen.

Cuando no existen ideas exitosas, ni mecanismos innovadores para aplicarlas, se cambia a la idea por la imagen.

Lo que rige hoy la política no son las nuevas ideas, sino la imagen idealizada de ideas ya fracasadas; como por ejemplo el obrero sonriente o Lenin abrazando al niño, sulplantadas por Maduro regalando vacunas contra el COVID.

La imagen se ha adueñado de nuestra percepción de la realidad. Y hoy es la imagen y no la realidad, la que nos agrupa y nos convence.

Ya no hay político que se sienta obligado a presentar un plan de acción ni un mecanismo de administración coherente y eficaz, porque sabe de antemano que el vídeo emocional, la frase sensible y emotiva, la lista de cifras prefabricadas, el tono suave y paternal del tirano disimulado, la foto con el perrito o con la mascarilla, suplen su total falta de ideas y lograrán distorsionar fácilmente la percepción de la realidad de las masas. Y todo, a un coste intelectual y económico bajísimo.

Estamos sujetos al sentimentalismo de Maduro abrazando al niño, a Pablo Iglesias creyendo que ese pelo largo tan cuidado, le convierte en revolucionario «Che Guevara» desde su nueva mansión en Galapagar, a Monica García que cree que ser médico la dota de una extraña superioridad moral, a Gabilondo que ha descubierto que la subida de impuestos y la ruina económica de un país son la tan ansiada cura para el COVID y a Ayuso que nos propone seguir trabajando duro por este camino.

Deberíamos salir a la calle y hacer como hace Carmela en el pueblo; mirar la realidad sin maquillaje ni intermediarios, sin panfletos con frases empalagosas ni canciones lacrimógenas, sin asesores de imagen, ni banderas, ni rencores ancestrales, ni promesas de papel y elegir nuestro destino (mientras nos dejen), sin filtros, sin complejos y sin censura.

JR

“La Vara fuera del Aula”

Cuando uno se encuentra con amigos uno busca relajarse, reír, comentar y en algún punto incluso hasta confesarse; desplegar esa cuota de sinceridad que uno retiene y que al encontrarse entre amigos, tiende a descargar sin censura.

Uno cree estar a salvo entre los amigos; se atreve a contar chistes verdes, comentarios políticos, íntimos, sociales y demás indignaciones, que entre colegas se difuminan y se calman entre carcajadas y coincidencias.

Y eso es lo maravilloso de los amigos; la sensación semanal de sentirse libre y a salvo.

Siempre podremos achacar la sinceridad brutal a los efectos del alcohol o simplemente a la exaltación del momento, pero el problema es generalmente el amigo santurrón.

Ese que sólo bebe agua o Coca Cola light y anda siempre con aires de profesor mediocre de escuela e intenta aplicar al grupo la moralina del político.

Este individuo generalmente aburrido, complicado para todo y maniático hasta más no poder, no llega nunca a comprender la diferencia entre una reunión de trabajo y una reunión de amigos.

Este encuentro mágico que incluye sinceridad, descarga, terapia, confesiones y risas es como un bálsamo en el medio de la vida cotidiana.

Uno lo cuida y lo preserva con esmero como si fuese una joya y no importa lo llena que tengamos la agenda, siempre encontramos un hueco para participar de este oasis.

Después del encuentro cada uno regresa a su realidad, a su comportamiento habitual y a sus ocupaciones, cada cual con más o menos coherencia o con más o menos efectividad, pero todos regresamos con esa sensación de liviandad que nos deja el sentirnos libres.

El santurrón en cambio vuelve tenso; ha apuntado cada frase, cada broma, cada comentario escandaloso y seguramente los utilice en nuestra contra en algún momento.

Uno se da cuenta en la reunión de las miradas del santurrón e intenta evitarlo la próxima vez, pero al final el santurrón complicado siempre se las apaña y aparece; a volver a tomar nota con grabadora o martillo, según el pronóstico del tiempo.

El santurrón está de moda y tiene rating, ocupa horario prime en todas las televisiones, siempre tiene algo que comentar, decretar o interpretar sobre trivialidades y sobre las confesiones íntimas de los demás, incumpliendo sin cargo de conciencia todas las normas de confidencialidad y de amnistía que implican una amistad saludable.

Uno no sabe si ser más callado la próxima vez o ser más hipócrita, para no caer en sus garras, pero al final aunque lo intentemos, la espontaneidad siempre nos gana.

Y pienso… ¿Tendré que renunciar a mi libertad por miedo a que me dé con la vara o con el martillo?

Pero luego de analizar en una tabla de Excel los pro y los contras de si ser o no ser como soy, me doy cuenta de que lo único rentable es que el santurrón se meta la vara en culo.

JR

“La Belleza de las Vidas”

Cada vida es una historia y el talento reside en saber cómo contarla.Y de eso viven los cineastas y los escritores desde hace siglos.

El secreto está en saber cómo y qué contar de cada vida, pero de todos los detalles, lo mágico son siempre las coincidencias.

Las casualidades de nuestra vida son las que le dan ese toque de magia; el encuentro con el amor, con el amigo, con la vocación o con la salvación.

Hay instantes que marcaron nuestra vida y son esas co-incidencias, esos sucesos simultáneos y casuales que al suceder cambiaron nuestra realidad presente.

Cuántas veces hemos oído las historias de amor de nuestros amigos; esas casualidades que provocaron los encuentros más diversos y también los más románticos.

No es de extrañar que cuántas mas casualidades hayan sucedido en una historia, más mágica ésta se vuelva.

Y son las casualidades de una historia lo que la hacen inolvidable.

La tragedia no es otra cosa que la ausencia de coincidencia, esa magia que no apareció a tiempo para salvarnos y que nos dejó solos en la desgracia de un destino cruel, por falta de la presencia o de la ayuda de otro.

Todas las historias tristes son aquellas en donde nadie te salva, en donde no aparece el transeúnte casual que nos socorre de un ataque callejero, ni el alma caritativa que nos da una oportunidad cuando nos sentíamos perdidos.

Son las coincidencias las que nos salvan y las que le dan un nuevo sentido y un nuevo rumbo a nuestra vida.

Y esa co- incidencia siempre requiere de alguien más, como si para la magia y para la salvación no nos bastásemos solos.

La belleza de una vida exige la cooperación, necesita de la coincidencia que despierta la posibilidad, la oportunidad y la magia en el otro.

Creamos belleza en tanto logramos conectar y coincidir con otros. Porque somos simultáneamente cuenco que recibe y chispa que enciende.

No hay belleza en una vida sin coincidencias, sin esas casualidades que nos despiertan, nos encuentran y nos salvan. Ni sin esas coincidencias que despiertan, encuentran y salvan a otros.

No hay belleza en una vida sin un poco de cooperación, sin la presencia de un otro.

Ni nuestros triunfos, ni nuestras historias nos pertenecen del todo. Porque nuestra historia nunca es sólo nuestra.

JR

“La Amistad Vaciada”

¿Por qué nos inunda una sensación de pureza al recordar aquellas amistades de la infancia?

Quizá sea porque a esa edad uno era capaz de elegir a los amigos que realmente le eran afines y de defenderlos como si fueran hermanos.

Uno elegía sin prejuicio, interés o cortesía a aquellas personas que le hacían bien y nos resistíamos como locos a esos amigos que intentaban imponernos nuestros padres, por ser los hijos de sus amigos.

Uno se relacionaba con todos, pero a los amigos los elegía únicamente con el corazón.

Los amigos representan la memoria de aquello que fuimos y encontrarte con uno de esos amigos antiguos es recordar anécdotas que habías olvidado y recuperar esos trozos de vida, que de tanta vida, uno va borrando sin querer de su memoria.

Ellos son los testigos de algo que fuimos; de algo en lo que creímos con devoción, de miles de aventuras y de aquel desengaño, que desde hace siglos ni nos duele ni recordamos; pero que ellos sí recuerdan como si fuera ayer.

Lo maravilloso de la amistad de la niñez es que uno es querido así, con lo puesto y sin haberse convertido en nada específico en la vida.

Ni éxito ni fracaso corrompen a una amistad que se regala y se recibe sin condición ni status.

Esos amigos son incapaces de respetarte como a un gran profesional o como a un personaje famoso, no leerán tus libros ni comprarán tus cuadros más que por compasión, porque para ellos seguirás siendo siempre aquel que eras, cuando no eras nada más que su amigo.

De niño uno es tan sólo un nombre sin apellido, una posibilidad, un hoy, un presente, y si es amado, es amado tal y como es.

Luego el tiempo va pasando y la vida nos conduce por caminos nuevos, en donde el contacto indicado se vuelve necesario para llegar adonde queremos llegar.

Y cada vez más, uno empieza a coincidir con gente que le conviene pero le aburre.

Uno va cediendo y ampliando el círculo y sin embargo, siente que cuanto más grande es, más solo está.

Si tuviera que contar entre mi nuevo millón de amigos a uno sólo que me quiera con lo puesto, me sobrarían 9 dedos.

Uno ha dejado de ser sólo un nombre para ser también un apellido, un puesto en una empresa, una casa en un barrio, un socio del club, una cuenta en un banco, un currículum, una libreta de contactos y un historial socioeconómico. Pero lo realmente triste, es serlo también para el amigo.

La amistad se neutraliza y se vacía de su antiguo contenido para llenarse de litros y litros de nuevos intereses. Y se ha vuelto tan frágil, que ya no es posible hablar ni de política ni de filosofía, porque la amistad corre el riesgo de romperse.

Y es que esta nueva amistad no resiste a la ideología.

Aquella fortaleza que caracterizaba a todo vínculo firme e incorruptible, hoy ha mutado en una interesada cordialidad, sólo apta para hablar del tiempo, de las series y de los viajes. Todo lo demás, resulta peligroso para una amistad vaciada.

La neutralidad se ha vuelto un elemento fundamental para todo aquello que es incapaz de resistir a una opinión distinta.

La amistad suele sentirse como una reunión de trabajo; uno se prepara para decir lo que hay que decir y para callar lo que hay que callar. Y uno vuelve igual de agotado de estar con los amigos, que de trabajar en la oficina.

Y es que lo antinatural agota, como agota meter tripa para la foto de playa. Y en cuanto se apaga la cámara, uno respira aliviado.

Lo más importante para preservar una amistad vaciada es mantener una ficticia coincidencia y la frivolidad siempre activa para nutrir la neutralidad y preservarla tibia, políticamente correcta, interesada y conveniente.

Uno recuerda con nostalgia las veces en que dio la cara por un amigo o lo defendió a muerte, aún sin tener razón.

Hoy, primero piensas en aquello que puedes perder si lo haces y te quedas callado y en tu sitio.

Éramos incondicionales, inconscientes, arriesgados, desinteresados y valientes.

No importaba la verdad, lo que importaba era el amigo.

La neutralidad era una palabra demasiado larga para nuestro corto vocabulario, que no entendía de intereses sino de amor.

JR

“La Construcción de la Autoestima”

Mucho se habla hoy en día de la necesidad de conocer nuestro propio valor y de hacerlo valer ante los demás.

La aparición de coaches que nos ayuden a mirarnos de una manera más positiva y de darnos el empuje necesario para atrevernos a conseguir nuevos objetivos, está en auge.

Pero lo que he observado es que en ocasiones, lo que se consigue con el coaching, no es afirmar la autoestima, sino crear una nueva forma de dependencia.

La gente comienza a depender del coach para todo y éste se convierte en ocasiones, en nuestro consultor económico y financiero o en nuestro consejero espiritual permanente, del que ya no sabemos prescindir.

Muchos han tenido la fortuna de venir de un hogar en donde se promovía la autoestima; padres y madres que les decían a sus hijos lo valiosos que eran y lo capaces que serían de conseguir todos sus sueños en la vida.

Yo conocí a un padre que se deshacía en ponderaciones hacia sus hijos y los hijos salían al mundo sintiéndose altos, guapos,capaces y estupendos, aunque no lo fueran tanto.

Construirse un ego es fundamental para sobrevivir en este mundo. Sin él no se llega a ningún sitio, pero no existe una única forma de conseguirlo.

Aunque el apoyo familiar en la autoestima es recomendable para todo ser humano, no es el único camino viable hacia ella.

En ocasiones, el que nadie crea en ti y el que nadie espere nada de ti, es justo la gasolina que se necesita para conseguir el éxito.

¿Cuántas historias conocemos de personas por las que nadie daba un duro y que con el tiempo nos han dejado boquiabiertos?

Por eso, no es bueno desanimarse ante la falta de fe o confianza ajena, ya que muchas veces, aquel mal presagio malintencionado e incluso el mal deseo de los demás, es la fuerza más poderosa de todas, para movernos hacia el éxito.

Hace muchos años compré una parcela llena de malas hierbas y de piedras. Y allí donde no crecía mala hierba, era porque un pedrusco lo impedía.

Solían decirme con cierto realismo mezclado con envidia y desprecio «esto jamás será un jardín, olvídate»

Y yo, que no sabía nada de jardinería, pero que siempre voy en contra de lo que piensa el público en general, encontré un nuevo motor en mi vida: construir mi jardín.

Hoy mi jardín es un vergel en el medio de una sierra.

En mi caso, descubrí en el impedimento y en la condena ajena al fracaso, una motivación poderosisima. Y descubrí también a esa voz interior que nos dice :»ya vas a ver tú, de lo que yo soy capaz»

Hay una cierta malevolencia en empeñarse en demostrar el error del mal presagio ajeno, pero yo puedo asegurar que de ella, se obtiene una fuerza inigualable.

Por lo cual, he llegado a la conclusión de que en el caso de no haber recibido una autoestima en casa o de nuestro entorno, existen muchas otras maneras de conseguirla por nosotros mismos o yendo a contracorriente.

Uno nunca debería victimizarse por la falta de confianza que nos tienen los demás, ni compadecerse de su destino o por la incomprensión o falta de apoyo que recibimos, sino que por el contrarío, deberíamos transformar esa fuerza en contra, en energía.

Lo importante es construirse una autoestima y alcanzar nuestros sueños y si alguien tiene que quedarse boquiabierto y mordiéndose la lengua después … ¡mucho mejor!

JR

“Inmortalidad interrumpida”

La inmortalidad fue siempre observada como esa eterna permanencia a la que la mayoría aspiramos.

Muy pocos son los que consideran haber vivido lo suficiente y se entregan al descanso eterno agradecidos y satisfechos.

La mayoría seguimos aferrados como sea y de cualquier manera al vicio de permanecer y si nos toca marchar y nos enteramos de ello, maldecimos nuestro destino y a todo aquel que se nos cruce en el camino.

Nunca del todo resignados en nuestra lucha por la eternidad, intentamos poco a poco y racionalmente convencernos de que la inmortalidad desgraciadamente, no será posible.

Si personas maravillosas, indispensables y creativas se han ido prematuramente ¿Por qué no debería irme yo? ¿Qué me hace merecedor de una ventaja por sobre aquellas mentes brillantes y creativas como la de Sócrates, Platón, Aristóteles, Camus, Modigliani o Leonardo?

Ante la imposibilidad de permanecer, comenzamos entonces a aspirar a otro tipo de inmortalidad, que no es otro que el de dejar un legado, una huella, un recuerdo que permanezca para siempre en la memoria de la humanidad.

Muchos grandes hombres, conscientes de una muerte inminente se dedicaron presurosos a escribir sus memorias; procurando así, plasmar su vida con la secreta intención de hacerlo antes de que lo hiciera otro, que no tuviera con ellos la misma benevolencia.

Y es que la historia cambia mucho según quien la escriba. No es lo mismo que cuente tu historia tu abuela, que tu exesposa o tu vecino.

El problema con la especulación de la inmortalidad es que suele ser impredecible.

Uno cree que será recordado por alguna obra específica y luego termina siendo inmortalizado por algo totalmente distinto e inesperado.

Yo recuerdo a una empresaria que fue precursora en el mundo del aeróbic, abrió gimnasios y creó innovadoras técnicas del body- fit en los años 80.

Pero un día, en una clase de gimnasia televisada, a la pobre mujer se le escapó un pedo en cámara y fue finalmente ese pedo, lo que la inmortalizó para siempre.

Ya nadie se acordó jamás de su impresionante trayectoria empresarial, sino que pasó a ser reconocida como la señora del pedo, para toda la eternidad.

Es por eso, que hagas lo que hagas, nunca sabes qué será, lo que finalmente te inmortalice.

Esto mismo sienten los artistas, que son plenamente conscientes de que a nadie le interesan realmente sus obras, sino sus pedos.

Y por eso andan siempre con cuidado a base de pastillas de carbón y de discursos armados acordes a la ideología de turno, disimulando como sea, para evitar el pedo en cámara.

La industria del chisme se basa principalmente en inmortalizar el mal olor por sobre cualquier otro talento o aporte valioso de un artista.

¿A quién le importa verdaderamente el arte, la ciencia o la cultura?

El interés del cotilla vira siempre de la obra a la persona.

Y aquella aspiración al legado inmortal, trabajada en la novela o sobre el lienzo, pasa a ser sólo un decorado para el chisme; que es en realidad lo único que importa.

Conscientes de este viraje, el mundo de las redes sociales ha optado por simplificarnos el camino.

¿Para qué perder tiempo en hacer o crear algo trabajoso que nos inmortalice, si en realidad lo que interesa es el pedo?

Las redes se han llenado entonces de aspirantes a inmortales, sin obras maestras, pero que saben qué vende y qué permanece.

Más de la mitad de la humanidad está en redes sociales inmortalizándose a diario entre escándalos, tonterías, eructos, culos, tetas, insultos y demás olores imperecederos; intentando hacerse famosa, facturar, ser trending topic, you tuber o influencer y permanecer lo máximo posible en el instante de la eternidad prefabricada.

Pero desafortunadamente, la gran ironía de la verdadera inmortalidad es que sólo permanecen en ella, aquellos que se han entregado al momento, desvinculados del entorno, reacios a la mirada externa, trabajando en esa oscuridad en la que trabaja la autenticidad, la ciencia y la verdad.

Alejados del ruido y de toda aspiración a permanecer, de la opinón y del comentario; con ese único apego al instante intuitivo que requiere la genialidad.

Esa creación que sólo nace en silencio y en privado y en donde el autor desaparece, para que lo que perdure no sea él, sino su obra.

Lo demás…son sólo pedos.

JR

“La Imagen como prisión”

«De todas las libertades la mas difícil de conseguir es la liberación de nuestra propia imagen» JR

Recuerdo cuando hace muchos años pasé un par de meses en un ashram al sur de la India.

La habitación que me dieron tenía una cama sencilla bajo una pequeña ventana y un baño sin espejo.

Los primeros días eché en falta el espejo, pero ni bien fueron pasando las semanas, me olvidé completamente de él y también de mí.

Los días se sucedían entre meditaciones, charlas, cantos, danzas y trabajos comunitarios y poco a poco, comencé a olvidarme por completo de aquel rostro que me identificaba, como quien olvida las caras de aquellas personas a las que ha dejado de frecuentar hace muchos años.

Se desdibujan las facciones, se confunden los contornos y al final sólo quedan esos aromas que nos devuelven las presencias y el eco de las risas de los buenos momentos compartidos.

En esa época no había ni móviles, ni selfies, ni Instagram, por lo cual, mi desconexión de la imagen fue total.

Noté como al desprenderme de mi propia imagen comencé a mirar con mucha más atención y claridad otras cosas.

Uno se pierde de vista y comienza a ver desde un lugar más amplio, una vez que la prisión de la identificación se ha esfumado.

(Nótese que al perder de vista la propia imagen la mirada se ensancha como la mirada de los insectos)

Y uno se entrega a una observación distinta sin ataduras, prejuicios, bordes ni pasado.

Sucede algo parecido cuando uno es un turista en tierra extranjera. Uno sabe que no pertenece al entorno, ni a sus costumbres, ni a ninguna de las múltiples ataduras que nos impone toda pertenencia.

Es por eso que ser turista nos relaja tanto. Uno está, pero sin ser parte de nada. Uno flota en un limbo de observación y de disfrute, liviano como un extranjero, despegado de lo propio y despegado de lo ajeno.

Al regresar a casa unos meses más tarde hice escala en Frankfurt y entré en el baño del aeropuerto. La sensación de volver a verme en el espejo fue como la del colegial, que cuando suena el timbre, vuelve resignado del recreo al aula.

Uno entra porque no le queda otra, a un cuerpo, que sabe que no le refleja para nada bien.

Uno adquiere con la propia imagen, un contrato de pertenencia junto a las garantías, caducidades y condiciones que esa imagen le impone; sus cuidados, sus normas, su estatus, sus beneficios y también sus dolencias.

Muchas veces a lo largo de mi vida sentí la maravillosa sensación de ser plenamente libre, pero de todas las libertades que experimenté en la vida, liberarme de mi imagen fue sin duda, la más liberadora.

JR

“El Corazón de un Desafinado”

En un mundo en donde el reconocimiento público se ha vuelto la meta de la gran mayoría, no es de extrañar que se utilicen todos los medios posibles para conseguirlo.

Los escándalos y las publicaciones cotidianas en internet desatan y viralizan a una masa descontrolada y descerebrada que apoya la barbarie en todas sus versiones y la rentabiliza con sus views.

La viralidad que consigue la tontería, la perversión, la maldad y la superficialidad no la consigue ninguna otra publicación inteligente, artística o trabajada.

Todos deberíamos conformarnos con conseguir a un pequeño nicho de seguidores que compartan nuestros pequeños intereses, sin sentir la imperiosa necesidad de vendernos a toda costa, a cualquier precio y al mejor postor.

La cultura del éxito nos ha promocionado a personajes exitosos en todos los ámbitos, pero no nos olvidemos de que al mirarnos al espejo, sabemos que somos más parecidos al antihéroe de lo que nos parecemos al héroe.

Y por más que al salir de casa debamos llevar puesta la capa de superman para poder sobrevivir en un mundo de egos enormes, sabemos que por dentro vamos siempre con lo puesto.

Cuando mi hijo de 8 años se presentó con ilusión al coro del colegio y fue rechazado por tener la voz muy grave, volvió a casa de lo más sentido.

No había aplicado para participar en un musical de Broadway, ni para un concurso de eunucos, sino para un coro infantil escolar poco codiciado por el alumnado, voluntario y no remunerado y sin aspiraciones a participar en competiciones locales ni internacionales.

Que «los desafinados también tienen corazón» nos lo cantaba Joao Gilberto en portugués hace muchos años y no estaba errado, porque el corazón de un desafinado, en ocasiones suele ser más grande y original que el de la estrella del musical.

Joao Gilberto no sólo era desafinado y cuando la orquesta tocaba para un lado, el cantaba para el otro, sino que cantando al revés de la música, inventó un nuevo género musical llamado «Bossa Nova».

No es de extrañar que nos enganchen tanto los antihéroes en películas y en series, y el motivo no es otro, que la propia identificación.

¿Quién no se siente un antihéroe en gran parte de su vida cotidiana?

No vamos a negar de que también hay momentos en que sentimos que nos comemos el mundo…y todo hay que decirlo, pero frente al espejo y cuando nadie nos ve, sabemos que el papel de héroe permanente nos queda demasiado grande.

Hay en el antihéroe una sensibilidad innata a los niños, algo de sinceridad que con los años vamos perdiendo, una espontaneidad creativa a la que encerramos con cuatro candados para no desentonar con el entorno y a quien con el tiempo, olvidamos por completo.

Al pasar los años, uno se vuelve a mirar al espejo consciente y orgulloso de su propia evolución, pero sin dejar de añorar jamás a aquel corazón desafinado.

JR

( a Mindele)

“Elegir en la Era del Millón de Opciones”

Si algo nos ha ofrecido la Democracia es la posibilidad de elegir libremente según nuestras preferencias.

Hoy existe libertad para casi todo. Uno puede elegir y elegirse frente a una paleta de opciones de lo más diversa; pero al mismo tiempo, esa misma infinidad de opciones tiende a inmovilizar al sujeto; que frente a tal multiplicidad se bloquea en vez de sentirse liberado.

La cantidad de grados y de posgrados universitarios es tan amplia y diversa que el estudiante suele permanecer en un enorme signo de interrogación frente a la infinidad de opciones que hoy posee.

Hay para todos y para todos los gustos; pero el problema ya no es la falta de posibilidades, sino la falta de saber cuál de todas es la mía.

Toda opción nace de un deseo. El deseo de alguien que en algún momento deseaba poder hacer algo específico que no existía. Fue ese deseo lo que hizo nacer a la opción.

Aquella inexistente posibilidad hoy existe, pero lo que falta es quien verdaderamente la desee.

Existe una tendencia creciente a la abulia, que es esa pasividad o flojera de todo aquel que lo tiene todo y que se ha olvidado de desear.

El abúlico desea por vicio, por aburrimiento, pero no con la pasión que origina una opción.

Hay tanto disponible y sin embargo, tan poca disposición.

Siempre creímos que la abundancia solucionaría todas las carencias, pero toda abundancia trae consigo carencias distintas.

Quien ha carecido de algo y ha deseado aquello con pasión, no quiere que sus hijos carezcan de esas mismas cosas.

Los padres intentamos que nuestros hijos no carezcan de nada, pero corremos el riesgo de procrear a gente carente de pasiones.

Existe en la necesidad una fuerza que no se encuentra en la abundancia, ni se aprende con un coach.

Y si hay algo bonito en toda pasión es lo incontrolable del deseo que se traduce en vocación; ese amor por lo que uno ha elegido.

Yo agradezco el haber nacido en una época de pocas opciones; en donde existían unas 8 carreras universitarias disponibles y unas pocas opciones de vida que conducían todas a un mismo lugar, porque en este mundo tan multiopcional viviría seguramente muy perdido y abrumado por un abanico de posibilidades inconmensurables.

Hace unos días le pregunté a un gran chef cual de todos sus platos era su preferido. Me respondió: el huevo frito.

Entendí que lo que verdaderamente somos se esconde muchas veces, en lo más sencillo.

JR