“La Nueva Normalidad Fascista”

Si usted desea vivir la experiencia nazi o comunista, no hace falta conseguir la máquina del tiempo o devorarse una serie de Netflix sobre la Segunda Guerra Mundial o sobre la vida en Moscú o en Berlin del Este.

Hoy usted puede vivir toda la experiencia en primera persona, haciéndose un viajecito por Australia o por la Unión Europea y sentir en carne propia, todas las sensaciones de temor, de nervios, de control y de tormento, que experimentaron nuestros ancestros, víctimas de estos regímenes totalitarios.

Hoy en pleno siglo XXI usted tiene la oportunidad de experimentar en vivo el comienzo del fascismo de Hitler o de Mussolini, viajando por Italia o por cualquier otro país europeo.

Y si tiene la fortuna de embarcar al vuelo, una vez que le hayan controlado ocho veces todos los formularios, PCRs y pases sanitarios pertinentes, podrá entonces continuar con su experiencia fascista en tierra.

Coja un billete barato en cualquier aerolínea y llegue al aeropuerto en donde será hostigado y atocigado desde que entre a la terminal hasta que suba al avión, por guardias de seguridad, policías, personal de tierra de la aerolínea, azafatas, personal de limpieza, etc, para continuar luego en tierra, hostigado por personal de inmigración, aduana, taxistas, recepcionistas de hotel, camareros, vendedores de churros y toda la población de fascistas colaboradores con “el régimen del green pass” que sólo cumplen la ley, al igual que los nazis y los rusos obedecían las leyes de sus líderes.

Usted no se enfade, porque ellos no tienen la culpa de hostigarle a cada paso o de dejarle en tierra, fuera del museo, del restaurante o del café, porque al igual que los nazis alegaron en los juicios de Nuremberg, ellos sólo cumplen órdenes.

Lo bonito del poder es que engancha igual que el anillo de Frodo en el señor de los anillos y aquel que en un principio parecía bueno, en cuanto agarra el anillo o accede a la aplicación de control del green pass, se transforma y saca de dentro suyo un nuevo ser: “la oveja fascista”.

Y así va poco a poco, descubriendo el poder que tiene el “no”.

Usted no embarca, no entra, no come, no sube, no viaja, no vota, no toma café.

De pronto el “no” se vuelve un poder adictivo. Decir que “no”es imposibilitarle al otro un camino, quitarle la libertad, la independencia, y da una sensación de poder maravillosa. Yo domino. Tú obedeces.

Pasito a pasito, suave suavecito, nos van llevando por un camino de ida, hacia un sistema totalitario, al que se accede voluntariamente y convencido, pero que no piensa detenerse con fin del Covid. Ya que el COVID y su infinidad de futuras variantes fueron y seguirán siendo fabricadas con este fin.

Como todos saben que a usted lo único que le importa es la salud, ellos están cuidándole. Usted acepta y agradece que papá estado le quiera tanto. Se vacuna, hace lo que papá estado le manda, se vacuna otra vez y cree que por fin, ha conseguido su pase verde para siempre.

Luego viene la tercera dosis obligatoria de refuerzo y usted sigue complaciendo a papá estado que le protege sin medida.

Pero de pronto un día, el pase sanitario le sale en rojo en la aplicación móvil del controlador de turno y suenan todas las alarmas, llega el personal de seguridad y usted se queda varado, fuera de un bar o en un aeropuerto y es considerado un terrorista sanitario y condenado como “peligroso depredador”.

Luego de pasar por todos los tormentos que usted se merece por no estar con la vacuna al día, comprende por fin, que su pase en rojo se debe a que ya no importa la cantidad de dosis que usted se dio según el reglamento, sino la fecha de la primera dosis.

Su pase ha caducado y usted debe volver a comenzar con todo el procedimiento.

Mientras usted está distraído entre tanto trámite, tanto palo en la nariz diario y pinchazo, el mundo a su alrededor va cambiando poquito a poquito, sin que usted tenga tiempo de darse cuenta de nada, ya que a duras penas sale de casa.

Cada mañana enciende el canal covid 24 hs y vuelve a meterse el palo por la nariz; esa nariz temerosa y obediente, que ya no sale a ningún lado, porque con pase rojo nadie le recibe. Y ni hablar de ir a casa de nadie. Con pase rojo, ni los amigos le recuerdan.

El aislamiento al que es condenado por temas de salud pública, se parece a una prision, pero como usted tiene Netflix y se ha hecho adicto a Ibai y a los videojuegos, sigue sintiéndose libre, porque gracias al mundo del progreso, usted está cómodo y además, tiene internet.

Usted está subsidiado, cuidado por papá estado, viviendo una realidad virtual en donde nada ni nadie puede hacerle daño, tiene acceso a WhatsApp y al canal porno, está seguro en casa cumpliendo con las normativas del distanciamiento social justo y necesario y tiene glovo y Amazon a su disposición. ¿Qué más quiere? ¡No sea desagradecido!

No se queje, siga recibiendo los cuidados de papá estado, que lo quiere un montón y que además, le está dando miles de vacunas anuales “gratis”.

Y si todo va bien, en un tiempo, papá estado le dará otro pase verde (válido sólo por unos meses), para que usted puede volver a vivir la agradable experiencia nazi/ comunista desde fuera de casa, hasta que la luz roja en su pase, vuelva a aprisionarle.

JR

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