“90 minutos de Igualdad”

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Ha comenzado el mundial de fútbol y junto con él la oportunidad de vivir por 90 minutos cada pocos días, la transitoria experiencia de la igualdad.

Durante esos 90 minutos y únicamente dentro de ese espacio- tiempo todos sufriremos juntos, nos emocionaremos juntos, querremos que el balón se dirija hacia la misma portería, saltaremos de alegría por un gol e insultaremos con la misma indignación las faltas del rival y de los árbitros.

Durante 90 minutos no habrá diferencias sociales, étnicas, culturales, religiosas o políticas de ningún tipo, no habrá más colores que los de la camiseta, ni más canción que aquella que nos aliente a seguir adelante.

Durante 90 minutos todas aquellas distancias que parecían intransitables desaparecerán mágicamente y se fundirá toda brecha en el abrazo de un gol.

Durante 90 minutos seremos hermanos, socios, sufridores hermanados con la mira en una misma alegría conjunta, que nos iguale a todos en una misma felicidad.

Durante 90 minutos no habrá competencia, separatismos, dialectos ni ideologías más que la de esa esfera terrestre, que a veces mágicamente  pierde la fuerza de la gravedad y logra ocupar ese punto deshabitado por el portero contrario.

Durante 90 minutos y sólo en ese espacio- tiempo tendrás la oportunidad de percibirla, de flotar ingrávido en un espacio extraño e ilusorio de la realidad.

Y como sólo serán 90 minutos de unos pocos días marcados y no volverá a repetirse hasta dentro de cuatro años (si es que todo va bien); yo te recomiendo que aunque no te guste el fútbol; no te pierdas la experiencia de la igualdad.

 

JR

 

” Lo que nutre no es la experiencia, sino el trabajo de hacer zumo de naranja con ella; lo que nutre es el jugo que le exprimes a la experiencia” JR

“La Enfermedad del Positivismo”

A la depresión se llega igual de rápido por el camino de la indolencia, que por el camino de la sobre-exigencia.” JR

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El positivismo es un movimiento que se sustenta en la frase “ Yes we can” ( Si, podemos). Pero esta frase corta y optimista esconde también un lado oscuro.

Se concibe originalmente en respuesta a la prohibición externa o a modo de  desafío hacia una disciplina o hacia un destino impuesto desde afuera, que imposibilita el libre desarrollo del individuo.

El hombre del positivismo cambia entonces el mandato externo del “no”,  por un mandato interno del “sí “ ( yes we can). Cambiando al “no” impuesto, por un “si” que se impone a sí mismo.

A partir de este momento, ya no va a ser el afuera quien le imponga o le limite, sino que va a ser él mismo quien se auto-imponga su propia disciplina.

La productividad del individuo positivista siempre aumenta y a este incremento voluntario del trabajo y de la actividad en todos sus ámbitos, ya no se le llama explotación, sino libertad, porque ésta es una explotación autoinfligida. 

Este nuevo individuo autodenominado “libre”, cuando se desliza hacia el extremo del positivismo, experimenta de forma creciente una tendencia manifiesta hacia la sensación de cansancio, de agotamiento mental, de falta de sentido, de dispersión, de aburrimiento y de fracaso, que le va llevando poco a poco a poner en duda a su motivación original del “yes we can”, cambiándola por otra mucho menos inclusiva: “todos pueden, menos yo”. 

El mundo del positivismo es el mundo del “nada es imposible” y frente a esta motivadora e utópica frase, (que enferma a todo aquel que se queda atrapado en su absolutismo), nace como reacción el depresivo; que frente a semejante auto-imposición del si absoluto del “todo es posible”,expresa su sensación individual de imposibilidad y de fracaso y la proyecta hacia el mundo con su carácteristico “no”, para el cual “nada es posible”.

Muchos creemos que la depresión está en auge en el mundo occidental debido al aumento de la exigencia desmedida, auto impuesta libremente y a la que no se identifica fácilmente como a una nueva forma de violencia.

Aquello que despista en esta falta de identificación es que nadie obliga al individuo a poderlo todo, sino que ésta es una condena auto-impuesta que desencadena en depresión. 

El éxito impuesto desde fuera, al que muchos consideraban hasta ahora como al verdugo de nuestro tiempo, es en realidad hoy un dictador destronado.

El éxito es un sustantivo abstracto, que como todo aquello abstracto, no puede medirse aisladamente y sólo puede contabilizarse en relación o en comparación con otra cosa.

Uno puede sentirse exitoso, siempre  dependiendo de con quien se compare y en qué aspecto se le compare.

Alguien puede ser más exitoso que otro en el aspecto económico y sin embargo, mucho menos exitoso que éste en el aspecto familiar, creativo, afectivo, cultural, intelectual o espiritual. Y es que el éxito no posee unos bordes delimitados, ni suele siempre crecer de forma equilibrada.

Lo contradictorio es que el positivismo extremo, (que ha cambiado el eje de la imposición del afuera hacia el adentro), deja de medir sus resultados en relación con el afuera; es decir, en comparación con el otro; porque el individuo positivista ya no compite con otro, sino únicamente consigo mismo.

El positivista crea un “ideal de sí mismo” al que denomina “proyecto de mi mismo” y lucha por alcanzarlo, sin reparar en el abismo que en muchos casos le separa de él, ni en la posibilidad de que este objetivo pueda ser inalcanzable.

Frente a cualquier impedimento que le sugiera un cambio, una revisión de su postura o de su “ideal”,  el extremista no cede y no duda en utilizar la auto-agresión como método para seguir adelante con su objetivo de auto- realización. 

Es por por este motivo que el nuevo eje positivista, al que se percibió en un primer momento como a un movimiento liberador, (que se liberaba del “no”) esconde en su extremo a un tipo distinto de esclavitud: la esclavitud del “si” o del “poderlo todo”.

Su extremo ha generado a individuos que habiendo superado la imposición externa del “deber ser”, se han convertido ahora en sus propios verdugos del “poder ser”. 

Seres abocados a la actividad sin límites, a la ambición desmedida y al “multitasking” desenfrenado, característico del “siempre se puede un poco más” porque “nada es imposible” ni “nada es suficiente”. ( filosofía en la que se tiende a educar actualmente a los niños).

Esta falta de saciedad, que es la incapacidad de sentir que uno ha alcanzado un objetivo, aumenta de forma destructiva la velocidad y la actividad hasta producir el “burn out” ( los quemados); esos pobres individuos que nunca logran alcanzar un reposo gratificante. Y se queman a sí mismos en pos de una superación destructiva. 

Con la nueva obsesión colectiva del “nada es imposible” el individuo actual se auto impone una disciplina extrema en multiples aspectos y esta sobre- exigencia es la que le devuelve en muchos casos, a la misma sensación de fracaso de la cual intentaba escapar en un principio, de la mano de aquel prometedor “yes, we can”. Para despeñarse ahora, desde la cumbre aún difusa de su auto-realización, hacia su auto-destrucción.

JR

“Conocer y aceptar nuestras limitaciones no es siempre la evidencia de un fracaso, sino la oportunidad de una liberación.” JR

 

 

 

“Los Bebedores de Agua”

“Ningún bebedor de agua escribió jamás nada inteligente” Cratino (siglo V a.C)

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Los moralistas de la salud y del bienestar ocupan en estos tiempos un lugar de privilegio.

Hacen de la salud un fin último y aunque no hay que negar que la salud resulta esencial para una vida agradable, también debemos asumir que está inevitablemente destinada a marchitarse y a perecer por el desgaste del paso del tiempo.

Los sacerdotes de lo natural hacen de su objeto (el cuerpo) un objetivo supremo, que no busca despertar la conciencia de lo transitorio como oportunidad de vida y de acción, sino que induce a  anular el sabor de la vida y el disfrute de sus delicias, en pos de una salud imperecedera pero insulsa, que aseguran que nos hará durar más y en mejor estado de conservación, pero viviendo una vida sin sabor ni frutos.

El problema con estos  nuevos moralistas es que desprenden un olor a superioridad moral que a veces intoxica, como sucede con ciertos perfumes que exageran en la intensidad de la fragancia. Desconociendo que hay preferencias que de tan intensas se tornan en manías y hacen perder la cordura a quien presume exageradamente de ellas. 

Es bien sabido que a todo grito de libertad le sigue siempre a modo de  sombra, una nueva intolerancia. Los nuevos libres pasan a ser generalmente  los estrenados intolerantes y su doctrina la nueva dictadura.

Esto nos sucede porque somos poco propensos al equilibrio, ya que el equilibrio resulta ser un trabajo tedioso, que requiere de una constancia que nunca se da por terminada.

Quien cree haber alcanzado el equilibrio y se relaja definitivamente, lo pierde. Porque todo equilibrio necesita de una fuerza continua.

Siempre recuerdo aquellas tardes en el balancín intentando compensar el peso con los amigos. Al acabar el tiempo del juego tocaba bajarse y entonces el equilibrio se rompía, quedando un lado de la madera hacia arriba y otro hacia abajo. Y por más que uno intentaba dejar la tabla en el medio, resultaba imposible, porque el medio sólo se alcanzaba con el peso alternado de dos fuerzas contrarias.

Asi sucede también en la vida, en donde hay sanos que por querer estar tan sanos enferman, santos que por creerse tan santos se envilecen y gente que por querer durar tanto, vive la vida como si ya estuviera muerta.

El equlibrio se hace presente también en la buena mesa, en donde frente a cada plato se disponen siempre dos copas, una de agua y otra de vino, para que la alternancia alimente y nutra como es debido.

El saber usarlas es un arte como cualquier otro, que se adquiere con la práctica, el tiempo y la observancia atenta de todos los ejemplos.

Un poco de agua y un poco de vino, un poco en la tierra y un poco en el cielo, un poco de cuerdo y un poco de loco, un poco de hombre y un poco de Dios, un poco de todo y un poco de nada.

Porque no sólo de pan vive el hombre, sino que debe también saciar otros muchos apetitos.

Despues de todo ¿Quién dice que el equilibrio no sea la fuerza que nos permita vivir sanamente entre dos mundos?

JR

 

 

“Ningún talento fue grande sin una dosis de locura.”  Aristóteles

“De la Linealidad a la Atomización”

“ Se mueven, no porque estén vivos, se mueven para creer que viven” A Porchia

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Si observas una mesa familiar contemporánea, ya casi no verás a un circulo lineal, conformado por puntos unidos alrededor de una mesa, sino a puntos aislados, cada uno girando en la órbita de su teléfono móvil.

Y es que el mundo digital ya no concibe al tiempo como a una linealidad, en donde el individuo se dirige hacia un destino o hacia una meta común, conformada por subidas y bajadas, valles y montañas, puentes y diques, que le marcan además, un ritmo con distintas velocidades.

El mundo digital no conoce la distancia lineal porque la ha trascendido y opera en un espacio distinto. 

Hoy la velocidad de la información y de los sucesos es tan precipitada, que ya no queda tiempo para la reflexión de nada de lo que pasa, ni de nada de lo que nos pasa.

La reflexión era el espacio vacío que existía entre un suceso y otro. Un bache de tiempo que quedaba disponible para pensar lo sucedido y aprender. Era el tiempo que existía entre una cosa y otra, entre una actividad y otra, entre un encuentro y otro. ( un vacío al que hoy se teme con espanto)

Cuando nuestra cotidianeidad sucede a mucha velocidad y esa velocidad no amengua, sino que sigue acelerándose cada vez más, el aprendizaje no tiene tiempo ni espacio para suceder. 

La linealidad del tiempo tejía historias, construía relaciones, vidas conjuntas y experiencias de las que nacían ideas, vínculos, aprendizajes y virtudes.

Hoy sin embargo, nada permanece en el tiempo, todo es efímero y volátil porque la falta de linealidad ha provocado también la falta de sostén.

Las cosas ya no pesan porque ya no duran, y no duran porque no tienen tiempo de detenerse. Y como no pesan ni duran, tampoco son valiosas. Todo es efímero, momentáneo y descartable. 

La atomización escapa a toda fuerza gravitatoria, manteniéndonos en un espacio aislado y girando sobre nosotros mismos, sin ninguna finalidad ni sentido. Porque el sentido de todo movimiento aparece recién cuando éste se detiene. Y no existe el sentido en el ámbito nuclear.

Todo viaje cobra sentido recién cuando uno vuelve a casa, porque el volver a casa implica detenerse. Y detenerse es valorar y dar sentido al movimiento. 

¿Está acaso el peso de las cosas relacionado con el valor y el sentido de las cosas?

Si, lo está. Porque para pesar, un objeto necesita permanecer. Y el permanecer es tiempo y el tiempo de permanencia es algo que desaparece en la época de la atomización y de lo instantáneo.

Aquí nada permanece, nada pesa, nada vale, nada es suficiente y nada satisface. 

Ya no es fácil terminar un libro, atender a una conversación, ni concentrarse en nada. Ni hablar de construir relaciones, familias o amistades duraderas que conlleven tiempo y permanencia y una dosis de quietud, (que hoy es considerada casi como un pecado mortal o una pérdida de tiempo). 

La tendencia es la urgencia por vivir conectado, eufórico, asombrado, excitado, motivado a toda hora, entretenido a toda hora, informado a toda hora y a la vez aislado a toda hora, en un espacio de soledad que gravita alejado de todo cuanto nos rodea y a la vez conectados con todo lo que no pesa, ni tiene duración, ni es importante.

Este tipo de aislamiento digital provoca un vacío que no es producto de la escasez, sino de la saturación.  

Mucha gente se queja; en estos tiempos de posibilidades infinitas de distracción; de sentirse presa de una falta de sentido.

Y no es casual que las enfermedades actuales estén relacionadas con este aislamiento hiperactivo, (el vacío y la tristeza) y que sean éstas la nueva peste del siglo de la hiperconexion.

El sentido no aparece porque no se dedica ningún tiempo a darle sentido a las cosas.

La hiperconexion atrofia la capacidad de conexión que da sentido a la vida. 

El sentido es tiempo y el tiempo es permanencia. No inmovilidad ni quietud estática; que llevarían inevitablemente al mismo vacío pero por una dirección distinta; sino ritmo.

Cuando la vida tiene un ritmo; uno con redondas, blancas, negras, corcheas, semicorcheas, fusas, semifusas y silencios; entonces hay música.

JR

 

 

“Sin ritmo no hay música, ni sentido, ni vida” JR

 

 

“La Belleza Ignorada”

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Pocas cosas son tan bellas como la virtud ignorada. Aquel que es bueno y no lo sabe, aquel que alumbra sin saber que es luz, aquel que es bello y desconoce su belleza o aquel que es sabio y siente que aún le queda todo por aprender.

Hay virtud en la ignorancia de las virtudes y es esta ignorancia la que otorga la cualidad de virtud a la virtud.

Y  hay algo de repugnante en el conocimiento de aquel que se sabe a sí mismo bueno, piadoso, hermoso o sabio. 

Algunos llaman a esta ignorancia bendita “inocencia”, pero ésta no es la candidez que se deja engañar o permite que la adulación y la vanidad le cieguen.

La ignorancia bendita no se deja medir ni con números ni con letras, porque lo supremo no se puede sumar, ni restar, ni contar.

La verdadera virtud es como una fiebre leve; algo que se tiene sin percatarse de que se tiene.   

JR

”Quien de verdad aprende, ignora que aprende y por dónde aprende” JR

“ Inteligencia Artificial”

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Si nos remitimos a las definiciones de este concepto tan vigente, veremos que la inteligencia artificial se trata de un conjunto de sistemas creados para desarrollar la racionalidad de una arquitectura, sea ésta una máquina o un ser humano.

El concepto “artificial” nos habla por lo tanto de algo que no es auténtico o propio, sino fabricado e introducido por otros, y esto no excluye a los sistemas educativos que transmiten al individuo un aprendizaje ordenado de conceptos, con el fin de generar un funcionamiento intelectual determinado con fines útiles.

Si el conocimiento es en realidad una acumulación de información y datos introducidos en un mecanismo ( en nuestro caso en un cerebro) estamos entonces estableciendo que aquella acumulación de conocimientos a los que comúnmente llamamos inteligencia, es algo también artificial, o lo que denominaríamos más concretamente como memoria.
Podríamos deducir entonces, que toda información que no es obtenida por la experiencia directa es algo adquirido artificialmente (no es propio, sino ajeno).

¿Y cuál es entonces el tipo de inteligencia que no es artificial?
Se podría decir que lo único realmente auténtico es aquello adquirido a través de nuestra propia experiencia, pero sólo si ésta deja de estar influida o condicionada por los aprendizajes e informaciones anteriores; cosa que resulta ser sumamente difícil, ya que liberarse de los condicionamientos que limitan la aparición de la inteligencia es un proceso que lleva muchos años de atención. Porque muchas veces, ni siquiera muestras propias experiencias son capaces de derribar los condicionamientos adquiridos de forma artificial.

Nuestra respuesta a los estímulos cotidianos no es muy distinta a las respuestas que podría dar una máquina programada con la misma información. Vivimos casi toda nuestra vida en una especie de piloto automático, que permite que reaccionemos de una forma similar, estipulada y predecible a los estímulos que se nos presentan y sin esfuerzo.
Esta capacidad de funcionar de forma automática nos hace semejantes a cualquier máquina programada para la misma función.

La inteligencia artificial que nos implanta la Educación es sumamente útil y escencial para nuestra supervivencia, ya que uno no debería tener que experimentar ser arrollado por un coche para aprender a parar en un semáforo en rojo.
Gracias a la inteligencia artificial obtenida por la información que nos aporta la Educación, evitamos tener que pasar por muchas experiencias dolorosas para aprender.
Por lo cual, la información de la Educación a todos los niveles es fundamental para nuestra supervivencia, pero a la vez insuficiente para nuestra superación.

Algo similar nos sucede con las emociones; quien no ha sufrido la muerte de un ser querido es incapaz de tener la experiencia de la pérdida de otro individuo y si se compadece de él, es sólo porque ha adquirido el concepto del dolor de forma artificial y la compasión como reacción de respuesta.

Para hablar sobre aquello que no está programado podríamos remontarnos a esos momentos en los que sufrimos un estado de parálisis momentánea al enfrentarnos con cosas nuevas, cosas para las cuales no estábamos preparados o programados. Y ante estas situaciones, se nos exige una acción nueva.
Frente a este “desconocido” surge un estrés, que es la reacción de la inteligencia despertándose, (no nos olvidemos que la introducción de inteligencia artificial en el ser humano presupone la existencia de una inteligencia dormida).

La diferencia de respuestas ante una situación no programada pueden ser dos: o respondemos en forma de reacción (mecanismo de respuesta de inteligencia artificial, que en estado de emergencia asocia a una situación desconocida con alguna otra ya conocida), o respondemos con acción ( mecanismo de respuesta nueva y libre de condicionamientos externos).

Esta última forma de respuesta es lo único que una máquina jamás podrá hacer.
En el resto de situaciones, funcionamos exactamente igual a ellas, con la diferencia de que ellas son mucho más rápidas, no se cansan nunca y tienen mucha más memoria.

JR

“La Identidad cultural como Frontera”

“ Lo que está entre la manzana y el plato también se pinta” Georges Braque (pintor del siglo XX)

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Junto al resurgimiento de los tan temidos nacionalismos aparece la excusa de la identidad cultural como frontera y motivo de separación. 

Tenemos un sistema de pensamiento que para comprender cualquier cosa y reafirmar ese conocimiento, necesita separar y comparar a una cosa con otra.

Todos nuestros conceptos y nuestras conclusiones se forman entonces como resultado de una comparación y de una diferenciación de lo otro.

Lo que soy, se define por aquello que tengo distinto a ti.

Por lo cual, uno va forjando su identidad en relación a otro de una forma negativa (porque es en base a una diferencia)

No soy en cuanto soy, sino en cuanto soy distinto.

Al diferenciar, comprendemos y establecemos aquello que conocemos como identidad.

Esta identidad implica además, la continuidad de una forma específica de conocer y marca los parámetros de un tipo de pensamiento; el de una mentalidad a la que yo llamo mentalidad en blanco y negro.

Tanto el blanco como el negro marcan dos extremos fijos e inmóviles, separados por su diferencia. Pero esta distancia “entre” el blanco y el negro también se pinta, como diría Georges Braque. 

Nos dicen que la identidad cultural es la forma de pensar el mundo y para una mentalidad en blanco y negro es en realidad una construcción de cimientos fijos, en contraposición a grupos distintos.

Todo lo que no es blanco, es negro y el policromado entre el uno y el otro, nunca  se pinta.

¿Pero por qué no se pinta?  Porque no se conoce.

¿Y por qué no se conoce? Porque no está  sujeto a comparación.

La identidad cultural es un concepto que amalgama dos valores que se contradicen entre sí (identidad y cultura) y este término se inventa para que sirva de frontera y como excusa para mantenerme indentificado y separado de aquello que es desconocido. 

La excusa suele ser el temor a la uniformidad o el temor por la desaparición de una cultura que desea preservarse intacta. Pero la cultura no es una cosa a la que puedas mantener inmutable, sino un proceso vivo que nunca se mantiene separado o inmune al entorno.

Mantenerse separado no es sólo separado de algo, sino quieto, fijo, sin curiosidad, muerto. Algo que sin duda, contradice al concepto de cultura; que es por definición un proceso permeable y en continuo movimiento.

En cuanto la cultura se estanca, muere; como sucede con cualquier otro proceso que está vivo. 

Los vendedores de identidad cultural recurren a la identificación (identidad) como recurso para la inmovilidad, que cosecha el aislamiento y el sectarismo y cultiva el carácter temeroso y desconfiado de todo aquello que si no es blanco o negro, no debería pintarse. 

Pero la cultura no es una estatua griega a la que uno debe contemplar embobado e inmóvil, sino una bicicleta que está allí para que la uses y para que te lleve a todos lados.

Nuestro pensamiento en blanco y negro no es capaz de conceptualizar algo inacabado como son los procesos; ya que por definición un concepto es la reducción de un proceso a una definición estanca.

En la lengua sajona el término “human being” resulta ser mucho más acertado que el término castellano “ ser humano”.

Su traducción literal sería “siendo humano” y este “siendo” es mucho más preciso para referirnos a algo que es un proceso inacabado. Porque el ser humano es una continuidad. 

Y lo mismo sucede con la cultura. La cultura es también un “culturizando”; un proceso inacabado en constante movimiento, tensión y formación.

Concebir a la cultura como a una identidad fija es un error y usarla como frontera es condenarla a que en vez de pintarse se momifique. 

JR

 

“Algo que tiene ruedas y no puede transportarte a lugares distintos y desconocidos, está averiado”JR

“Una silla es una Silla”

El valor real de una silla lo marca el culo” JR

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Siempre me llamó la atención la gente que tarda meses en elegir una silla y que hace de la elección de un objeto un asunto de estado.

La silla es importante y es fundamental para un diseñador de asientos o para un carpintero; pero si tan sólo eres alguien que la necesita como parte del mobiliario, una silla no deja de ser un objeto igual a cualquier otro.

Cuando algo poco importante me arranca  de la proporcionalidad que tienen las cosas, me repito a modo de mantra “una silla es una silla” y así es como me recupero rápidamente de esa locura transitoria y contemporánea de darle un valor desproporcionado a los objetos. 

Nuestro mundo de consumo nos empuja a que una silla no sea una silla, sino una manera de ser y de mirar el mundo. Y uno entra por el aro de la estupidez de creer que las cosas nos definen y nos clasifican.

Pero lo que no vemos, es que al producirse el cambio de roles, la silla pasa a ser tú y tú la cosa. Porque la cosificacion del individuo y la humanización de la cosa, son dos procesos simultáneos.

La cosificacion no repercute a un sólo sexo, aunque es hoy una denuncia de la que se ha apropiado el feminismo actual.

Ellas no desean ser cosificadas por los hombres porque prefieren cosificarse solas, (igual que ellos). Y están en todo su derecho.

Cada uno es libre de ser el hombre o la mujer de la silla, del pantalón o del coche de moda; porque el coche habla de ti, el pantalón de tus valores y la silla de tus sueños, de tus principios y de tu forma de ser.

Porque desgraciadamente la cosa es ahora mucho más hombre que uno y uno mucho menos cosa que un hombre. 

 

JR

 

“Una cosa tiene derecho a romperse, un hombre tiene el deber de levantarse” JR

“Las Ciencias Benditas”

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De todas las ciencias considero a las Matemáticas como a la reina entre todas ellas; a pesar de encontrarme más a gusto  entre letras y poseer el horrible defecto de contar con los dedos.

Aún así, no puedo evitar quedar fascinado cada vez que leo sobre los nuevos avances en el campo de la inteligencia artificial y admiro profundamente a quienes son capaces de utilizar la razón pura y la abstracción para entender y abordar el mundo.

Las Matemáticas han sido la ciencia que mayor progreso ha aportado a la humanidad; sin olvidarnos por supuesto de la Medicina, que ha sido la encargada de mantener a nuestra especie con vida. Pero todas las grandes revoluciones humanas han estado siempre motivadas por los descubrimientos matemáticos.

La electricidad en su momento y hoy en día la informática y la ingeniería de la inteligencia artificial, revolucionaron y seguirán revolucionando nuestra vida en este planeta.

Platón afirmaba que las Matemáticas eran “una necesidad divina” y que …”sin su conocimiento el hombre es incapaz de llegar a ser Dios, ni espíritu, ni siquiera héroe, ni puede de todo corazón pensar en el hombre o preocuparse por él”…

Lo triste es que los matemáticos no lean a Platón y que los que leemos a Platón no sepamos Matemáticas; aunque esto refuerce aún más la necesidad de la acción cooperativa para que se dé entonces el milagro.

Porque es desde la interacción entre las ciencias de donde surge el genio, ya que toda especialización cerrada en sí misma, sólo logra enfrascarnos en un oscurantismo desconectado de lo general.

Uno de los principales fines de las Matemáticas es despertar el uso de la razón, la confianza en la verdad y el valor de la demostración. Y mientras describo a esta ciencia, no puedo dejar de pensar en que éstos son exactamente los mismos objetivos que tiene la Filosofía.

Lo más triste de todo esto, es que actualmente la enseñanza de ninguna de estas dos disciplinas logre satisfacer esos objetivos en el aula y el alumno salga de clase desconfiando de la utilidad y de la interconexión que tiene todo aquello que aprende de memoria para aprobar el examen. Sin que la asignatura le haya generado la satisfacción del proceso intelectual, que siente todo aquel que razonando llega a una conclusión.

El impulso intelectual funciona como un músculo que se forja cultivando el amor por el sistema empleado y por la experiencia de la interrelacion; algo que sólo es posible a través de la comprensión de los procesos en las demostraciones.

(Cuando me refiero al amor por el sistema empleado me remito a mi propia experiencia; el año que me enamoré de la Historia de Grecia y Roma fue porque mi profesora de primero de Secundaria estaba enamorada de la Historia de Grecia y Roma, y fue esa pasión la que nos contagió  a todos).

La comprensión de las demostraciones matemáticas o filosóficas generan en el aprendiz una satisfacción enorme y esto sucede cuando algo que antes creías inútil comienza a cobrar sentido. No es que antes no lo tuviera, pero como el trabajo intelectual no estaba presente en los procesos cognitivos, el interés no aparecía.

Cuando el alumno experimenta el placer que genera razonar, ya no quiere dejar de practicar ese arte y a partir de esa experiencia empieza a demandar la comprensión y la demostración de todo aquello que se le enseña. (algo que por supuesto resulta sumamente incómodo para el profesor acostumbrado a enseñar de memoria y también riesgoso en asuntos de fe y de creencias) 

Este es el impulso intelectual que debe despertarse en el aula, el ansia por  conocer y por encaminarse hacia  procesos que arriben a conclusiones y que a la vez despierten nuevos intereses y nuevos procesos cognitivos en el individuo. 

Lo que debe despertarse es la inteligencia y las asignaturas constituyen sólo los medios para movilizarla, pero nunca deben confundirse con el fin.

Porque el fin del conocimiento, como el de todo proceso, es movilizar el mecanismo y crear el movimiento; que es el hábito de pensaruna capacidad motriz a la que comúnmente se denomina inteligencia o creatividad.

Asi es como debería también funcionar en nosotros la Literatura; cada historia nos debería conducir siempre hacia nuevas letras, porque todo conocimiento debería servir como un pasaje.

Ningún estudio debería ser un fin en sí mismo, sino un medio para mantener un hábito mental superior en constante ejercicio y aplicable a cualquier circunstancia. 

Y de todas las habilidades posibles, la conexión entre los distintos fragmentos que representan nuestro saber, será siempre la que más nos acerque a la comprensión de un todo.

JR

 

“Cuantos más intereses tenga un individuo y cuánto más dispares sean esos intereses entre sí, será más feliz y más inteligente “ JR

 

 

 

 

 

 

 

 

“La Valentía que Iguala”

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Se habla mucho últimamente de la igualdad entre sexos; pero se habla mucho menos sobre las responsabilidades que implica ser igual al otro.

A mi parecer lo que algunas personas  desean es una igualdad selectiva; es decir, una igualdad sólo para aquellas cosas que interesan y una continuación de la desigualdad para aquellas cosas que conlleven una ventaja o que impliquen una responsabilidad o un esfuerzo extra; que en la mayoría de los casos no se está dispuesto a hacer.

Para educar la igualdad, lo primero que deberíamos hacer es exigir los mismos niveles de valentía en los dos sexos.

No puede educarse a los niños y a las niñas de forma distinta si se desea un resultado igualitario, especialmente en referencia a la superación de los temores, de los errores y de los fracasos; porque quien desea ser igual a otro, no debería esperar ser tratado con mayor blandura, ni ser inferior en fortaleza por su sexo. 

En la educación de la igualdad una lastimadura o un golpe deberían requerir los mismos cuidados en unos que en otros y no debería tratarse con mayor mimo a la niña por ser mujer, ni consentirle una justicia distinta a la de los varones en ningún aspecto. 

Para educar a niños y niñas iguales en valentía hace falta ayudarles a domar primero todos sus temores irracionales.

De todos los temores, el temor al misterio es el temor más primitivo e instintivo en el ser humano y el que ha generado todas las grandes supersticiones. Esta clase de miedo debería curarse desde temprano con explicaciones científicas.

La respuesta a un huracán, a un tsunami  o a un terremoto, no responde a un castigo divino como hubiera sido en la Edad Media, sino que se debe a procesos atmosféricos y geológicos determinados. Los niños en general, se interesan mucho y muy rápido por estas explicaciones racionales y éstas les motivan al estudio y a la investigación, en lugar de al temor y a la creencia supersticiosa.

Todo misterio responde generalmente a una ignorancia humana, más que a un designio divino o al enfado de alguien que nos castiga, y no hay ninguna razón que justifique que un adulto cuente mentiras que asusten a sus hijos.

La sensación que genera todo temor irracional superado es de gran satisfacción y en los niños esto se manifiesta con un estado de inmensa alegría y contento. Hay pocas cosas que produzcan más satisfacción a cualquier edad, que la superación de los temores irracionales. 

El temor nace de un instinto de supervivencia escencial y denota inteligencia; cuando el niño se hace mayor siente miedo ante un animal salvaje, algo que un niño de tres años no siente porque es menos inteligente a esa edad.

Hay un temor que preserva y otro que limita y el deber de los educadores es principalmente diferenciarlos y promover la superación de aquellos temores que limiten mediante la comprensión razonable de los peligros y la superación experimental de todo aquello que no debería ser temido.

Todo aquello que se hace familiar deja de provocar miedo, es por eso que resulta fundamental fomentar la experiencia repetida de todo aquel temor que sea irracional, en vez de promover una sobreprotección destructiva y limitante.

El adulto educador ( padre o maestro) no debería mostrar temor de ninguna índole frente a los niños, ya que el miedo es sumamente contagioso, y para cultivar el valor en los niños se necesita contagiar fortaleza. Esta valentía debería ser indispensable en todas las mujeres que pasen mucho tiempo con los niños.

La persona valiente no es el guerrero  temerario que no mide los peligros, sino aquella persona (hombre o mujer) que con un inteligente discernimiento es capaz de realizar cosas en cualquier ámbito, que otros dejarían de hacer sólo por miedo.

Si tuviese que definir a la valentía la llamaría la cualidad de salir de una igualdad conocida y confortable. Por lo cual la valentía sería en realidad lo único que nos diferenciaría a unos de otros, sin distinción alguna de raza, de sexo, ni de edad. 

 

JR

“En la historia de la humanidad la única forma justa de dividir a los individuos es entre valientes y cobardes; ya sean éstos hombres, mujeres o niños y sin hacer hincapié en ninguna otra distinción más que en la inteligencia y el discernimiento” JR