“La Realidad Optimizada”

El mundo digital ha cambiado nuestra vida y nada ha quedado fuera de su influjo; ni siquiera la imagen.

Si antiguamente la imagen fotográfica era la representación de lo real, en la era digital ha dejado de serlo.

La imagen es hoy la optimización de lo real, y esto sucede gracias a que disponemos de todo tipo de técnicas y filtros informáticos para transformar lo real en ideal.

No es casual que plataformas como Instagram triunfen de manera rotunda, en un mundo que encontró en la imagen optimizada, la manera de alcanzar su ideal y de captar la atención.

Existe un síndrome llamado “el síndrome Paris” que afectaba principalmente a los turistas japoneses. A ellos se les presentaba una imagen idealizada de Paris y al llegar al verdadero Paris, sufrían de una gran desilusión.

Este síndrome desataba en los afectados, alucinaciones y reacciones psicosomáticas diversas como mareos, sudores o sobresaltos cardíacos.

Hoy no son sólo los japoneses quienes sufren este tipo de episodios; en donde la realidad que se nos presenta, comparada a la imagen que nos vendieron, no coincide en absoluto.

Y es que en esta obsesión tan narcisista por mejorarse y mejorarlo todo, el retoque digital nos ofrece y en bandeja, la posibilidad de convertir lo defectuoso en perfecto; aunque la realidad no acompañe.

Muchas veces andando por la ciudad me pregunto ¿adónde está toda la gente bella y amable que vive en Instagram?

Y he llegado a la triste conclusión de que el mundo es mucho más bello, brillante y fotogénico en formato digital.

Serrat nos cantaba hace tres décadas…”nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”… pero es cierto que para ese entonces, Instagram no había llegado.

JR

“Saturados de Información”

El IFS (Information Fatigue Sindrome) es una enfermedad psíquica que se produce por el exceso de información.

Los afectados desarrollan un cansancio profundo y a la vez una incapacidad de desconectarse por temor a perderse de algo.

El mundo digital nos ha ofrecido un campo abierto para el acceso a la información a todos los niveles y hemos dejado de ser ya aquella familia, que se concentraba una hora al día alrededor de la radio o de la televisión para tener acceso a los sucesos. Hoy cada uno recibe su propia noticia y a la vez es generador de noticias y de opinión, permanentemente.

Los medios de comunicación del siglo XX se volverán muy pronto un objeto vintage. Leer el periódico en papel es ya una tradición que aún se preserva con cariño, como cualquier otra costumbre heredada de nuestros abuelos y la radio sigue siendo aún la mejor opción para aquellos que todavía no tienen bluetooth en el coche.

Todos estamos hoy afectados en mayor o en menor medida por este cansancio (el IFS) y esto sucede porque todos estamos permanentemente expuestos a una cantidad de información diaria abrumadora y que aumenta velozmente.

Uno de los síntomas más peligrosos de este cansancio de información es la pérdida de la capacidad analítica.

Y la capacidad analítica es precisamente la capacidad que conforma el pensamiento; es la aptitud para distinguir lo escencial de lo no escencial.

La saturación de contenidos reduce a su vez nuestra habilidad para reducir las cosas a lo importante o a lo imprescindible y tendemos a creer que cuanta más información tengamos, mejores desiciones tomaremos; aunque esto no sea necesariamente así.

Casualmente, otro de los síntomas de esta afección es la parálisis y la incapacidad de tomar desiciones y de asumir responsabilidades que nos aten a una elección o nos comprometan a futuro.

Esta obsesión por tener más y más información nos inmoviliza en vez de activarnos a actuar.

El exceso de información como todos los excesos, desequilibra algo en nosotros y toda saturación atrofia siempre otras capacidades.

En este caso, la capacidad atrofiada no es nada menos que la habilidad fundamental del pensamiento: la capacidad de análisis.

¿Cuanto tiempo dedicamos para reflexionar, debatir, reducir o deducir la enorme cantidad de información que recibimos?

¿Somos procesadores inteligentes de información o nos hemos convertido en devoradores insaciables de información?

¿Seguimos siendo homo- sapiens o somos ya únicamente homo-consumens?

JR

“El Dolor de ser Valiente”

La valentía tiene sus grados y cada grado implica el nivel de compromiso que uno está dispuesto a asumir.

Están los valientes de salón; esos que entre amigos y entre cuatro paredes se sienten igualitos a William Wallace y denuncian las injusticias categóricamente y sin tapujos.

Y están esos otros, que son los que ponen el cuerpo, van al frente y aguantan el golpe.

Enseñar a un hijo a ser valiente va también por grados. Uno puede decir: “Se valiente pero no tanto” o decirle “Si de verdad te decides alguna vez por ser valiente, hazlo entonces con todo tu corazón”.

Hacer las cosas con todo tu corazón es implicarte por entero en aquello que crees que es justo. Y ser un entero o alguien “íntegro” es ser una persona de corazón y no un ser dividido; alguien que es valiente pero sólo un poquito y hasta donde le conviene.

Mi hija fue valiente hace unos días y hoy paga las consecuencias de su pequeña valentía; la soledad de aquel que es señalado por atreverse a denunciar algo que nadie se atrevía a decir en alto.

Hoy todos sus compañeros (medio valientes) disfrutan cómodos y callados de los beneficios de su valentía.

Ellos hicieron caso a sus mamás que les decían: “Hay que ser valiente, pero sólo un poquito, ya que siempre va a haber otro, que sea más valiente que tú y ponga el cuerpo”.

Y mientras consuelo a mi pequeña valiente, que ha logrado un cambio hasta hoy impensable; vuelvo a repetirle aunque me duela: “Si después de esto, alguna vez vuelves a ser valiente, vuelve a serlo con todo tu corazón”.

JR

“Una persona íntegra es aquella que actúa con todo su corazón”

“La Enfermedad del Positivismo”

A la depresión se llega igual de rápido por el camino de la indolencia, que por el camino de la sobre-exigencia.” JR

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El positivismo es un movimiento que se sustenta en la frase “ Yes we can” ( Si, podemos). Pero esta frase corta y optimista esconde también su lado oscuro.

Todo desafío se concibe originalmente en respuesta a un impedimento o a una prohibición externa, que se rebela contra un destino impuesto desde afuera, imposibilitando el libre desarrollo del individuo.

El hombre del positivismo cambia entonces el mandato externo del “no”,  por un mandato interno del “sí “ ( yes we can). Cambiando al “no” impuesto, por un “si” que se impone a sí mismo.

A partir de este momento, ya no va a ser el afuera quien le imponga o le limite, sino que va a ser él mismo quien se auto-imponga una disciplina.

La productividad del individuo positivista siempre aumenta y a este incremento voluntario del trabajo y de la actividad en todos sus ámbitos, ya no se le llama explotación, sino “libertad”, porque ésta es una explotación autoinfligida. 

Este individuo autodenominado “libre”, cuando se desliza hacia el extremo del positivismo, experimenta de forma creciente una tendencia manifiesta hacia la sensación de cansancio, de agotamiento mental, de falta de sentido, de dispersión, de aburrimiento y de fracaso, que le va llevando poco a poco a poner en duda a su motivación original del “yes we can” y a cambiarla por otra menos inclusiva: “todos pueden, menos yo”. 

El mundo del positivismo es el mundo del “nada es imposible” y frente a esta motivadora e utópica frase, (que enferma a todo aquel que se queda atrapado en su absolutismo), nace como reacción el depresivo; que frente a semejante auto-imposición del “sí” absoluto y del “todo es posible”,expresa su sensación individual de imposibilidad y de fracaso y la proyecta con el carácteristico “no”, para el cual “nada es posible”.

Muchos creemos que la depresión está en auge en el mundo rico occidental, no debido al aumento del sufrimiento externo, sino al aumento del sufrimiento interno; provocado en ocasiones por una exigencia desmedida, auto impuesta libremente desde adentro y a la que no se identifica fácilmente como a una forma de violencia.

Aquello que despista en esta falta de identificación es que nadie obliga desde fuera al individuo a poderlo todo, sino que ésta es una condena auto-impuesta, una violencia auto infligida que desencadena en depresión. 

El éxito impuesto desde afuera, al que muchos consideraban hasta ahora como al verdugo de nuestro tiempo, es en realidad, un dictador destronado.

El éxito, que es un sustantivo abstracto y que como todo aquello abstracto no puede medirse aisladamente; sólo puede contabilizarse en relación o en comparación con otra cosa.

Uno puede sentirse exitoso, dependiendo de con quien se compare y en qué aspecto se le compare.

Alguien puede ser más exitoso que otro en el aspecto económico y sin embargo, mucho menos exitoso que éste en el aspecto familiar, creativo, afectivo, cultural, intelectual o espiritual. Y es que el éxito no posee bordes delimitados ni parejos y no suele crecer siempre de una forma equilibrada.

Lo más contradictorio es que el positivismo extremo, (que ha cambiado el eje de la imposición del afuera hacia el adentro), deja ya de medir sus resultados en relación con el afuera; es decir, en comparación con el otro; porque el individuo positivista ya no compite con otro, sino únicamente consigo mismo.

El positivista crea un “ideal de sí mismo” al que denomina “proyecto de mi mismo” y lucha sin descanso por alcanzarlo, sin reparar en el abismo que en ocasiones le separa de él, ni en la posibilidad de que ese objetivo pueda ser para él, realmente inalcanzable.

Pero frente a cualquier impedimento que le sugiera una desaceleración, una revisión o un cambio de rumbo, el extremista no cede y por el contrario, no duda en aumentar el nivel de auto-agresión como método paliativo y para que le permita seguir adelante con su objetivo.

Es por por este motivo que el nuevo eje positivista, al que se percibió en un primer momento como a un movimiento “liberador”, (que nos liberaba del “no”) esconde en su otro extremo, a un tipo distinto de esclavitud: la dictadura del “sí”.

Pasamos de la esclavitud del “no absoluto” a la del “si absoluto” y del “nada puedes” al ” lo puedes todo”.

Este nuevo extremo ha generado a individuos que creyendo haber superado ya la imposición externa del “no”, no logran superar jamás la del”deber ser”. Pero se han convertido ahora, en sus propios verdugos.

Estos seres están abocados a la actividad sin límites, a la ambición desmedida y al “multitasking” cotidiano y desenfrenado, tan característico del “siempre se puede un poco más” porque “nada es imposible” y “nada es suficiente”. ( filosofía en la que se tiende a educar actualmente a los niños).

Esta falta de “saciedad”, que es la incapacidad de sentir que uno ha alcanzado un objetivo y parar para darse el tiempo de disfrutarlo, aumenta por el contrario y de forma destructiva la velocidad y la actividad hasta producir el “burn out” ( los quemados); esos pobres individuos que nunca logran alcanzar un reposo gratificante. Y que se queman a sí mismos, en pos de una superación nunca alcanzada.

Con la nueva obsesión colectiva del “nada es imposible” el individuo actual se auto impone una disciplina extrema en multiples aspectos y esta sobre- exigencia es la que le devuelve a la misma sensación de fracaso y de impedimento de la cual intentaba escapar en un principio, pero ahora yendo de la mano del prometedor “yes, we can”.

Y comienza a despeñarse ahora, desde la cumbre aún difusa de la auto-realización, hacia la auto-destrucción.

JR

“Conocer y aceptar nuestras limitaciones no es siempre la evidencia de un fracaso, sino la oportunidad de una liberación.” JR

“El Victimismo que da Poder”

En un mundo en el que la desigualdad es la norma, la tendencia al resentimiento sólo necesita de un pequeño empujón para incendiar al pueblo.

Los gobiernos radicales lejos de trabajar en pos del bienestar social y el progreso de los más desfavorecidos, luchan a capa y espada para sembrar odio y resentimiento en el corazón del pueblo, sometiéndole de esa manera a un tipo distinto de esclavitud.

El resentimiento es otra forma de aprisionamiento, en este caso uno acotado al plano mental y que imposibilita cualquier avance.

Es curioso cómo en esta época se enaltece al débil y se repudia cualquier demostración de fortaleza de carácter.

Si uno logra posicionarse como una víctima cuenta de antemano con ventaja por sobre cualquier otro contrincante porque despertar lástima, es hoy la máxima virtud.

El feminismo, entre otros movimientos del siglo 19, se ha vuelto a poner de moda en Europa y va de la mano de los populismos que azotan la región, pero de aquel feminismo del siglo 19; (en donde fue la demostración de la fortaleza de la mujer la que consiguió sus derechos) ya no queda nada.

Este nuevo feminismo digital insiste en el victimismo como método de triunfo.

“Cuanto más víctima seas, más conseguirás. Y si intuyes que vas perdiendo apoyos, lo mejor es recurrir a un pasado en donde tu victimismo consiga mutar radicalmente ese mal presagio.”

Hoy en día toda mujer que quiera ser popular y aclamada debe exponer públicamente algún intento de violencia  acometido contra ella en algún momento de su vida, para que el pueblo solidario y compasivo se vuelque automáticamente a modo de ola humana a demostrarle su empatía.

El mundo se ha acostumbrado a adorar sistemáticamente a las victimas y a repudiar a los fuertes y todas las figuras públicas que necesitan del apoyo popular masivo salen en a exponer sus tragedias particulares, con la intención de acrecentar su popularidad. 

Busca bien en tu pasado y seguramente encontrarás algún episodio en donde fuiste discriminada o sufriste abusos de algún tipo”  me decía una feminista hace algún tiempo, ofreciéndome en bandeja la estrategia infalible del resentimiento; tan necesaria actualmente para ganar adeptos, adhiriendo a su causa. 

Seguramente si rebuscara bien encontraría algo para ser una víctima yo también, pero lo curioso es que nada está más lejos de mis intenciones que pertenecer a ese grupo, ni considero que la empatía esté necesariamente ligada a la pertenencia.

Mi ideal siempre ha sido la fortaleza ante el sufrimiento y la superación como opción al resentimiento, por lo cual mi entrada al club de las víctimas me estaría rotundamente denegada.

Aquel que enarbola el rencor como método de triunfo no es fuerte, ni será capaz de cambiar las condiciones de aquellos que sufren, porque tampoco ha sido capaz de cambiar las suyas propias. Lo primero que debe disolverse es el resentimiento.

La astucia de pertenecer al club de los oprimidos,que ubican al culpable siempre fuera, es el método infalible de los tiranos y enmascara la incapacidad de dar soluciones a los problemas reales de la gente. (La responsabilidad de sus desgracias siempre las tiene otro, por lo tanto las soluciones nunca están, ni estarán a su alcance) 

Ser vitima de algún abuso y exponerlo públicamente es hoy la condición indispensable para cualquier puesto de poder, tanto en la política como en el mundo del espectáculo, porque estar en el bando de los fuertes podría dar a entender que perteneces al bando de los abusones. (Cuidado! actualmente si no eres abusado, se deduce que eres uno de los abusadores, por lo cual ser una víctima es la única opción que tienes para librarte de una condena injusta).

Quien basa su fortaleza en la debilidad, promoviendo el resentimiento, expone su incapacidad de superación y alguien incapaz de superar su propia debilidad será incapaz de luchar por invertir la tuya.

Detrás de cada uno de los tiranos que han azotado a la humanidad siempre hay una historia personal de resentimiento, que más tarde se redirigió hacia una causa social o política. ( veamos por ejemplo la infancia de Fidel Castro; hijo de un magnate cubano y de su empleada doméstica)

Dar poder a los resentidos es peligroso y nos ha llevado siempre por mal camino.

Quizás porque la habilidad que requiere el verdadero poder es la de la superación constante.

JR

“La capacidad de superación es sin duda, la característica principal de un buen líder” JR

“La Generación del Bienestar”

Cuando el año lectivo vuelve a comenzar dejamos atrás aquel espacio benévolo de las vacaciones, en donde el tiempo carece de obligaciones, para volver a los quehaceres trabajosos, abocados a mantener a la generación del bienestar.

Mi generación, que es la generación del trabajo; gente que a los 20 años ya trabajaba aún estudiando una carrera universitaria, no conoce estas modas de la depresión post vacacional y demás enfermedades psicológicas, hoy sin embargo, terminales en la generación del bienestar.

Porque en mi época uno se tomaba una aspirina y volvía al trabajo, sin tanto dramatismo.

Y es que nosotros, la generación del trabajo, entendíamos al bienestar como al resultado de nuestro trabajo.

La generación del bienestar en cambio, es aquella que utiliza con descaro los derechos laborales, la que alimenta a los sindicatos y odia a los empresarios, desconoce el funcionamiento del estado (que se mantiene gracias a los impuestos del contribuyente que es quien trabaja y cotiza y el de las empresas que son quienes arriesgan su capital y crean empleo).

Esta cómoda generación es adicta a la protesta, a la depresión y a las bajas laborales de todo tipo y se conocen todas las trampas para conseguir un subsidio, aún sin merecerlo.

Tienen además una creatividad nata para encontrar nuevas formas de conseguir apoyos económicos ya sea por veganos, discriminados, o por pertenecer a alguno de los múltiples y variados colectivos sexuales o hasta como defensores de las gallinas abusadas sexualmente en los gallineros, procurando conseguir todo tipo de indemnización por los más insospechados abusos; esos que encuentran por doquier y allí por donde van.

Lo que sea, con tal de no trabajar jamás y seguir viviendo del cuento.

Y es que tener tanto tiempo libre promueve el desarrollo de las inteligencias y de las gilipolleces más variadas.

La generación del bienestar se educa en la escuela pública, se sana en los hospitales públicos y sigue estudiando carreras universitarias hasta los 40 años en universidades públicas.

Algunos permanecen inalterablemente vagos e ignorantes y otros, se gradúan con 2 títulos y cuatro másteres para salir luego en manada a cortar las calles porque no encuentran trabajo.

Uno de los motivos por los que esta gente “superformada” con el dinero de la generación del trabajo, no encuentra trabajo, es porque no ha trabajado nunca y fuera de lo académico, no han dado jamás un palo al agua.

Pero pretenden entrar al mercado laboral siendo jefes y cualquier otro puesto, para alguien tan formado, les queda chico.

El pequeño empresario, a quien el estado cruje a impuestos, les teme; ya que contratar a estos sujetos con “derecho a todo” menos a trabajar, le suele salir generalmente carísimo.

Lo más curioso de esta generación tan culta, tan ecologista y formada con nuestro dinero, es que desconocen el funcionamiento del estado; a quien consideran como a un grifo siempre abierto y de inagotables recursos.

Sin saber que el estado sólo existe, si hay contribuyentes que paguen impuestos con el fruto de su trabajo para crear al estado, mantener a los políticos y a todos sus acomodados y mantener un estado de bienestar cada vez más amplio; ese que prometen los políticos, para que les sigan votando los más vagos.

“Es gratis” dicen los súper cultos titulados.

No señor, nada es gratis. Somos la generación del trabajo, quien viene financiando tu salud, tus rutas, tu transporte público, tu educación y tus múltiples subsidios.

El estado es simplemente un mal administrador de todos nuestros recursos.

El bienestar era algo que la generación del trabajo ansiaba generar con el fruto de su esfuerzo y de su trabajo.

Hoy en cambio, el bienestar es para éstos un derecho adquirido sin trabajo.

Y el trabajo, es aquello que la generación del bienestar intenta evitar a toda costa; viviendo “gratis” con el fruto de nuestro trabajo.

Y es que señoras y señores de la generación del trabajo: hemos creado y criado a un monstruo.

JR

“Storytelling y Emoción”

De todos los talentos, uno generalmente admira más aquellos que no posee y en mi caso, ese es la memoria.

Admiro profundamente a aquellos que son capaces de repetir historias, contar chistes o recordar anécdotas antiguas.

Yo sin embargo, voy olvidando sistemáticamente todo lo que aprendo y lo único que recuerdo de las cosas, son las sensaciones que me dejan.

Académicamente esto es un desastre, pero psicológicamente es una bendición, ya que uno transita por la vida siempre liviano, limpio y reciclado; porque hay algunas ignorancias que protegen y que además permiten nuevas absorciones; algo escencial para la creatividad.

El arte de saber contar historias fue siempre fundamental; así se creó toda nuestra cultura y se propagaron todos nuestros saberes y nuestras religiones.

Las mejores historias siempre triunfaron y hasta las más increíblemente inverosímiles, siguen estando hoy aún vigentes.

Muchos priorizan a la sinceridad y creen que la única historia con valor es aquella que es real. Pero el problema con lo real, es que suele ser siempre muy subjetivo.

Por eso, aún en épocas en donde el “Big Bang” está comprobado, muchos siguen prefiriendo el cuento de los 7 días de la creación.

Y es que cada uno elige en qué creer, aunque le demuestren lo contrario. Porque creer es un acto voluntario.

Cada uno tiene sus autores preferidos, sus versiones particulares de las historias y de las cosas y elige cada noche los cuentos que prefiere para dormir.

Como soy plenamente consciente de que aunque me cuentes una historia, no seré capaz de repetirla una semana después, lo que más valoro; no es en realidad la veracidad de tu historia; sino lo que me hace sentir esa historia.

Y es esa sensación, lo que perdura en mí cuando tu historia me abandona.

Tuve un amigo con una mente prodigiosa, capaz de contar las historias más maravillosas y de transformar toda realidad en algo distinto. “El alquimista” lo llamé, porque sólo los magos tienen el don de hacer de lo cotidiano una fiesta.

_”No le creas las cosas que te cuenta ” me decían muchos_ pero sus historias eran tan maravillosas y despertaban en mí sensaciones tan agradables, que la veracidad era lo que menos me importaba.

Creer era un placer y una elección plenamente consciente y voluntaria. Yo elegía creer para transportarme a un mundo distinto.

Porque uno quiere creer aquello que le hace sentir bien, aunque te mientan.

Quien sabe contar historias posee un gran poder y es consciente de que su relato es siempre un anzuelo; pero quien logra despertar con su historia una emoción que perdure y logra llevarte con lo puesto a un lugar distinto; ese es definitivamente un maestro.

Amamos las historias desde la época de las cavernas. No tanto por el ansia de saber, sino por la necesidad de sentir.

JR

“La Desesperación de las Primerizas”

Tener un hijo es sin duda un hecho que cambia tu vida en muchos aspectos. Desde las prioridades hasta las rutinas, la economía y el sueño; todo cambia abruptamente y de un día para otro.

Cuando nació mi primer hijo recuerdo sentir una responsabilidad enorme y preguntarle a mi madre cómo iba a hacer yo, para mantener vivo a ese bebé.

Mi madre ( madre de cinco hijos) sonrió tranquila y me dijo que si el planeta estaba superpoblado y la humanidad había sobrevivido a todo, y en condiciones tan extremas ¿por qué mi hijo no habría de hacerlo?

Su respuesta me relajó enormemente y deje de ver a la vida como algo que estaba permanentemente en riesgo, para encararla como a la responsabilidad de no obstruir aquello que nacía sano.

Luego empezaron las experiencias con los malos pediatras, esos enemigos de todo lo que pueda hacerte la vida feliz.

Parecían empeñados en hacer de la maternidad un proceso difícil, tedioso y preocupante. Todo era un riesgo y todo estaba prohibido. Y si estaba enfermo el niño, te hacían esperar hasta que el resfrío se convirtiera en una neumonía para medicarlo una vez ingresado en el hospital.

Por supuesto durante estos largos procesos de resfriados y otitis uno iba y venía con el bebé a la consulta sin remedio y sin remedios.

Porque “lo natural” es ahora vivir los procesos a oscuras, sin dormir y al borde de un ataque de nervios, hasta que la enfermedad se convierta en algo realmente grave.

Decir antibiótico es una mala palabra y pensar en tener otro hijo una pesadilla.

Como ocurre a veces en la vida, uno encuentra por azar a esas almas solidarias que se apiadan de estas madres primerizas desesperadas y al borde de un crack nervioso y te ayudan.

Te dicen que la leche en polvo es buena y te liberan de esta nueva opresión “tan natural” de dar el pecho al niño hasta la primaria, te recomiendan el jarabe para el moco líquido, el jarabe para la tos seca, te enseñan sobre cómo avanzan los procesos infecciosos y te ayudan a detectarlos, te autorizan a cortarlos a tiempo con el antibiótico adecuado y te muestran la cara más bonita de la maternidad.

Los hijos que tuve después fueron fáciles, gracias a la buena medicina. Esa que nació para curarnos y no para crearnos cuadros de desesperación agudos a todas las madres.

Y es que yo soy muy natural y me gusta vivir los procesos bonitos de mi vida con alegría.

Ser madre es una alegría si sabes curar a tiempo y si le pierdes el miedo a todo lo que hay en el mercado para que tu hijo esté sano y tú también.

Pero ten cuidado, porque lo natural en estos días es fomentar a madres infelices, perdidas, desorientadas, exhaustas y a todo este proceso de aniquilación de la alegría maternal lo llaman “medicina natural”.

JR

¿Democracia o Proyecto Castro – Chavista?

En Europa y en los Estados Unidos en cada elección, uno elige a un presidente. A veces de izquierdas y otras veces de derecha, según el momento histórico, económico o político de un país; pero nunca suele ponerse en juego el reemplazo de un sistema democrático por una dictadura.

En Latinoamérica sin embargo, la votación es diferente. Uno hoy no vota por un presidente de izquierdas o de derechas sino por un sistema político.

¿Democracia o dictadura castro – chavista?

Y esto sucede porque la izquierda latinoamericana no es como la izquierda europea o la estadounidense, sino que es parte del “Proyecto castro-chavista”.

El proyecto castro-chavista nace en 1999 con la asunción de Chávez al gobierno de Venezuela. Cuba que estaba casi desangrada, sin contar ya con el apoyo económico de la Unión Soviética, comienza a recuperarse con la incorporación de Venezuela y así empieza el resurgimiento, el fortalecimiento y la expansión de las dictaduras del socialismo del siglo XXI.

Estas dictaduras socialistas del siglo XXI controlaron gran parte de America Latina; hoy establecidas en Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia, tienen en jaque a las Democracias que quedan en la zona.

Las dictaduras socialistas del siglo XXI están fundadas en principios de corrupción, de violacion de los derechos humanos, de liquidación de la economía nacional y del estado de derecho y de disolución de la división e independencia de poderes, acabando también con la libertad de prensa y con la propiedad privada.

El llamado “Foro de San Pablo” es el instrumento político de la delincuencia Castro-Chavista y su objetivo principal es hoy recuperar el espacio político perdido, en las zonas en donde aún quedan presidentes democráticos, como Macri en la Argentina, para continuar con su proyecto “Las Izquierdas de America Latina” basado en los valores castro-chavistas de abolición de todas las libertades y de todas aquellas instituciones democráticas que las garanticen.

Hay votaciones más importantes que otras y hay votantes más preparados y más éticos que otros.

Hay quienes votan por su conveniencia particular o por su interés inmediato y hay quienes votan como estadistas; sin pensar en la próxima elección, sino en la próxima generación.

Hay quienes votan con el corazón y hay quienes votan con el bolsillo, hay quienes votan por un cargo y quienes votan por un subsidio. Y hay también quienes votan lo que deben, aunque tengan mil reproches y les duela.

Hay votaciones que no cambian demasiado tu destino y otras que lo cambian para siempre.

Hay votaciones con segundas oportunidades y hay oportunidades que se alejan para siempre.

JR

“El Consumidor Invisible”

Cuando acompaño a mis hijos de compras, suelo hacer largas filas en las cajas de las tiendas para pagar.

Desde lejos, voy notando cómo los cajeros hablan permanentemente entre ellos; mientras todos los de la fila escuchamos sobre sus noches de fiesta, sobre sus vacaciones e incluso, cómo critican a la empresa para la cual trabajan frente al cliente; al que por supuesto, ignoran completamente durante todo el proceso de compra.

Nada perturba el relato de estos dependientes que logran que te sientas invisible en todo momento.

Ni te miran, ni se inmutan si hay una fila de 25 personas esperando; ellos siguen hablando de sus ligues, de sus días libres, de sus cotilleos y de sus vacaciones.

Si te atreves a comentar algo, ellos enseguida se ofenden y se sienten agredidos por el consumidor invisible y sostienen que están en todo su derecho a hablar con tacos y sobre los temas que les dé la gana; total la empresa es quien paga.

El consumidor invisible, sin embargo, que es quien sostiene con sus compras sus puestos de trabajo, debe aguantar calladito e invisible las libertades del dependiente.

El supermercado al que solía ir tenía 24 cajas para pagar, pero nunca había nadie para cobrarte y los empleados al verte con el carro a tope, te señalaban rápidamente la caja automática, porque era la opción más sencilla para todos.

Ellos descansaban y tú escaneabas, te cobrabas y embolsabas los productos y todo para que ellos pudieran seguir charlando.

“Está muy bien”_pensaba yo _”yo evito tener que tratar con ellos y ellos poco a poco, van delegando sus empleos en las máquinas”.

Mi opción se ha vuelto cada vez más, la de comprar por internet y así, evito todo el contacto humano posible con dependientes a los que no les gusta su trabajo.

Luego habrá que soportarles llorando por cómo las máquinas ocuparon aquellos puestos de trabajo que ellos odiaban.

El consumidor invisible va tejiendo poco a poco su venganza y calladito pero sin pausa, empieza a desacostumbrarse al maltrato al que fue sometido durante años y descubre por fin, que en internet hay un nuevo paraíso; sin dependientes, sin malas caras y en donde por fin, se ha vuelto importante.

JR

“Nadie es imprescindible” JR