Gracias Francia, Perdón Israel.

Gracias Israel por intentar abrir los ojos durante décadas a quienes se negaban a mirar.

Gracias Francia, por haber sufrido en tu propio territorio las consecuencias de unas políticas de derechos humanos para los terroristas, que tú misma creaste y proclamaste con aires de superioridad moral bien perfumada.

Hoy, esas decisiones están expuestas ante el mundo.

Europa lleva demasiado tiempo creyendo que basta con proclamar la paz para garantizarla, como si las amenazas desaparecieran al negarse a reconocerlas.

Ya ocurrió en los años treinta. Mientras Hitler rearmaba Alemania, las potencias europeas, con Francia entre las principales defensoras de la negociación y las concesiones, intentaban preservar la paz.

El cáncer del pacifismo no fue querer evitar la guerra, sino creer que bastaba con renunciar a defenderse para combatirla.

El pacifismo no detuvo la expansión nazi, por el contrario, la motivó. Y Francia terminó viendo cómo el ejército alemán ocupaba París en junio de 1940.

La historia nos demostró que ignorar una amenaza no la hace desaparecer.

Hoy el escenario es el mismo y surge la misma pregunta: ¿qué ocurre cuando una sociedad se niega a reconocer los peligros que tiene delante en nombre de la paz?

Durante años, el extremismo islamista ha aprovechado las libertades europeas para desarrollar redes de radicalización y reclutamiento, instrumentalizando incluso los mecanismos de integración y financiación pública.

Todo ello, acompañado por la llegada de millones de personas procedentes de países musulmanes a territorio europeo, en un contexto en el que la propaganda sobre las víctimas palestinas y los pueblos sin derechos se utiliza para blanquear el terrorismo, convertir a los terroristas en víctimas y transformar su violencia en una causa moral.

El terrorismo no deja de ser terrorismo porque se lo disfrace de justicia y se lo coloree con caras de niños palestinos, que son  únicamente víctimas de sus propios padres palestinos.

Francia nos ha mostrado estos dias hasta qué punto una democracia puede verse desafiada desde dentro.

Y Europa deberá ahora debatir cuánto invertir en su defensa, cómo combatir la radicalización y decidir si desea proteger sus fronteras, sus leyes y sus libertades o prefiere entregarse al Islam en nombre de la paz y del desarme.

Un caballo de Troya no necesita destruir las puertas de una ciudad cuando encuentra dentro de ella a políticos corruptos, que prefieren no preguntarse qué lleva adentro, defenderlo, financiarlo y promocionarlo con alegría.

La historia se repite casi exacta y la curiosa ceguera política también.

Gracias Francia por el perfume que disimuló durante largo tiempo tu olor a podrido.

Y perdón Israel, por ignorar  al monstruo que sólo tú denuciabas y crecía ante nuestros ojos.

JR

Los Blaquier: heredar una fortuna no es heredar grandeza.



¿Cuánto le debe una familia millonaria al país que hizo posible su fortuna?

La familia Blaquier ha decidido subastar en Nueva York doce obras extraordinarias de su colección de arte, entre ellas pinturas de Van Gogh y Cézanne, por un valor estimado de 450 millones de dólares.

¿Era indispensable buscar al mejor postor en Nueva York? ¿No habría sido posible hacer un esfuerzo genuino para que semejantes obras permanecieran en la Argentina?

Pienso, por ejemplo, en Eduardo Costantini, fundador del MALBA, que ha destinado parte de su fortuna a reunir y exhibir arte. ¿No habría sido razonable explorar si él, otros coleccionistas o instituciones argentinas estaban dispuestos a presentar ofertas competitivas?

La familia Blaquier tiene todo el derecho legal de vender, pero el derecho de propiedad no agota las obligaciones morales.

Hablamos de herederos de una de las grandes fortunas argentinas. Personas que han recibido un patrimonio inmenso sin haber tenido que construirlo, simplemente por el privilegio de haber nacido en una determinada familia. Y cabe preguntarse si, junto con semejante privilegio, no debería heredarse también algún sentido de gratitud hacia el país donde esa riqueza se consolidó.

Pero hay algo todavía más inquietante: estas obras salieron de la Argentina en 2019, durante el gobierno de Mauricio Macri, con autorizaciones oficiales para su exportación temporal. Fueron trasladadas a Luxemburgo y nunca regresaron.

La Aduana llegó a imponer sanciones millonarias por el incumplimiento de las condiciones de aquella exportación, posteriormente cuestionadas por la familia y dejadas sin efecto.

Resulta inevitable preguntarse qué responsabilidad tuvieron las autoridades de entonces en facilitar la salida de semejante patrimonio. No hay pruebas de favoritismo político, pero eso no impide cuestionar las decisiones de aquel gobierno ni exigir explicaciones sobre sus consecuencias.

Y hoy, siete años después, aquellas obras se preparan para convertirse en cientos de millones de dólares en una subasta internacional.

Es cierto que algunas obras tuvieron un procedimiento formal de ofrecimiento a compradores locales. Pero cumplir un trámite no es necesariamente lo mismo que hacer todo lo posible para conservar un patrimonio cultural en el país.

Lo más triste es que muchas de estas obras extraordinarias permanecieron durante décadas prácticamente invisibles para los argentinos. Guardadas en colecciones privadas, lejos de los ojos de quienes podrían haberlas admirado. Y ahora, cuando finalmente salen a la luz, lo hacen para encontrar nuevos propietarios en el mercado internacional.

Nelly Arrieta de Blaquier cultivó durante décadas una imagen de gran mecenas y amante del arte. Pero conviene recordar que el mecenazgo consiste en apoyar la creación artística, incluso cuando no existe garantía alguna de reconocimiento ni de rentabilidad.

Un mecenas pone su fortuna al servicio del arte; un comerciante pone el arte al servicio de su fortuna.

Ambas actividades son legítimas, pero no son lo mismo. Y resulta contradictorio invocar el prestigio del mecenazgo mientras los herederos convierten parte de aquella colección en una operación comercial millonaria. Porque una cosa es amar el arte y otra muy distinta es amar el dinero que puede obtenerse con él.

El arte puede ser una inversión, desde luego. Pero también es cultura, educación, belleza y patrimonio. Una obra que permanece en un museo argentino puede enriquecer a generaciones enteras. Una obra encerrada en una bóveda solo enriquece a su propietario.

No se trata de exigir que nadie regale su fortuna ni de negar el derecho a vender. Se trata de algo mucho más sencillo: pedirles a quienes tanto recibieron de la Argentina que alguna vez piensen en devolverle algo.

Porque una fortuna puede heredarse. El mérito, no. Y el patriotismo no se demuestra con discursos, apellidos ilustres ni declaraciones de amor a la patria, sino con decisiones concretas.

Quizá los Blaquier consigan otros cientos de millones de dólares. Pero habrán dejado pasar una oportunidad extraordinaria de convertir una operación comercial en un gesto de verdadera grandeza.

Y es que hay algo que ninguna herencia garantiza y ninguna subasta puede comprar: la belleza moral de ser agradecido.

JR

Don Quijote: cuatro siglos de Buenismo

¿Y si lleváramos cuatro siglos interpretando el Quijote exactamente al revés?

¿Y si Cervantes no pretendía que admiráramos tanto a su caballero, sino que comprendiéramos sus peligros?

Hay algo en la izquierda contemporánea que me resulta inquietante: su proclamada superioridad moral, su pretensión de representar todas las causas justas y su capacidad para justificar cualquier atropello en nombre del bien.

Un buenismo que sirve de disfraz a los abusos, la corrupción y el desprecio por los derechos ajenos. Grandes ideales, nobles palabras y, al final, otros pagando las consecuencias.

¿Y si Cervantes ya hubiera desenmascarado este mecanismo hace cuatro siglos?

Don Quijote sale al mundo convencido de su misión de impartir justicia. Pero ¿qué hace realmente?

Agrede a inocentes, deja malheridos a quienes confunde con enemigos, libera a presos condenados por la justicia, entre ellos delincuentes violentos, y arrebata al barbero su bacía, un instrumento de trabajo, convencido de haber conquistado un yelmo.

Una auténtica expropiación que, bajo el disfraz de una causa noble, deja de parecer un robo para convertirse en un acto de justicia. Al menos ante los ojos de quien lo comete y de quienes prefieren creer en el ideal antes que mirar la realidad de los hechos.

También pretende salvar a un muchacho de los golpes de su amo, pero su intervención termina provocándole una paliza todavía peor. El propio muchacho le ruega que jamás vuelva a ayudarlo.

Mientras tanto, Don Quijote continúa hablando de justicia, libertad y defensa de los débiles. Jamás parece cuestionar su propia superioridad moral ni los desastres que provoca a su paso. Golpea y atropella a personas inocentes, deja a un hombre con una pierna maltrecha y arremete contra una comitiva fúnebre, atacando a quienes acompañan un cadáver. Nada parece hacerle dudar de su misión. Sus buenas intenciones lo absuelven de las consecuencias. La nobleza de sus ideales justifica cualquier atropello.

¿No resulta inquietantemente familiar?

La izquierda contemporánea y los políticos que impulsan la Agenda 2030 parecen haber perfeccionado este mecanismo: proclamarse defensores del bien para sentirse autorizados a atropellar los derechos de los ciudadanos y hacer añicos los valores de la democracia.

Bajo grandes proclamas de justicia social, sostenibilidad y progreso —como las que inspiran la Agenda 2030—, cabe preguntarse si determinadas políticas no terminan sacrificando libertades, debilitando instituciones y comprometiendo aquello que dicen proteger.

Como Don Quijote, sus promotores parecen convencidos de que la nobleza de sus fines los exime de responder por las consecuencias de sus actos.

Se sienten investidos de tal superioridad moral que se creen autorizados no solo a atropellar los derechos de los ciudadanos, sino también a destruir, en nombre de un supuesto bien superior, los valores que una civilización ha tardado siglos en construir.

Y quien se atreve a cuestionarlos queda automáticamente situado del lado del mal o, directamente, es tachado de fascista.

Pero quizá la mayor ironía de Cervantes esté en el nombre que elige para su personaje cuando, al final de la novela, recupera la cordura: Alonso Quijano, el Bueno.

¿Por qué precisamente el Bueno y no cualquier otro calificativo? Tal vez porque quiso mostrarnos la diferencia entre la verdadera bondad y el buenismo.

La bondad respeta la realidad y los derechos ajenos; el buenismo se proclama moralmente superior y justifica cualquier atropello en nombre del bien.

Solo cuando Don Quijote recupera la razón y abandona sus delirios de salvador puede volver a ser Alonso Quijano, el Bueno.

Quizá Cervantes no pretendía que admiráramos tanto a su caballero, sino que comprendiéramos el peligro de confundir las buenas intenciones con la bondad.

Y quizá la mayor genialidad de Cervantes haya sido conseguir que sus lectores se enamoraran precisamente del personaje cuyos delirios estaba desenmascarando.

Cuatro siglos después, seguimos confundiendo el idealismo con la virtud, las buenas intenciones con los buenos actos y la superioridad moral con la justicia.

Tal vez no hayamos entendido el Quijote. Tal vez, durante cuatrocientos años, hemos sido víctimas del mismo buenismo que Cervantes quiso poner en evidencia.

JR

«El Retorno a la Decencia»

Pocas cosas resultan más vergonzosas que la falta de decencia, sin embargo, pocas cosas hay, que se normalicen con tanta facilidad.

Mucha gente se impacienta con la llegada del progreso porque la inmediatez se ha vuelto nuestra forma de vida y estando a un «clic» de todo, hemos perdido la capacidad de esperar; ese don al que antiguamente llamábamos paciencia. 

Hoy, la paciencia está asociada únicamente a la capacidad de soportar lo estrictamente necesario e inevitable, siempre que ese aguante, nos aporte algún beneficio relativamente inmediato.

La paciencia solía ser la distancia entre un deseo y un resultado, un espacio vacío que implicaba  esfuerzo, dolor y abstinencia; un proceso de carencia que domaba la ansiedad y creaba un carácter aguerrido y resiliente.

Los genios, los artistas, los creadores de cualquier disciplina se forjan a base de ella y la necesitan como al aire que respiran, para convertirse en lo que son.

La paciencia no es garantía de   triunfo, ya que no todas nuestras ambiciones ni todos nuestros sueños se harán realidad; ni siquiera a base de paciencia.

Pero aunque la hayamos atravesado sin el deseo cumplido, saldremos de allí siendo personas fuertes y decentes.

Todos quieren la gloria, todos compramos la importancia del éxito, pero el éxito y la fama son  una anormalidad en un mundo de seres corrientes y maravillosamente anónimos.

El éxito es un accidente que le sucede a algunos pocos y a distintos niveles, y en algunos casos, una carga insoportable, para aquellos que una vez que lo consiguen, no son capaces de sobrellevarlo.

Pero por más que el éxito no llegue, o no seamos los mejores del mundo, ni una potencia mundial, ¿Seremos capaces de apreciar la grandiosa oportunidad de convertirnos en un país decente?

JR

«La Desesperación de la Insignificancia»

Puede que el temor a la muerte no sea aquello que más nos desespere, sino la condena a la invisibilidad que la muerte nos augura; ese desaparecer de un ámbito al que deseamos anclarnos por siempre.

Ese pasar sin ser vistos, ni emitir ningún olor, suena tanto más desesperante que la final extinción.

Algunos luchan incansables por dejar un legado, éxitos reconocibles, para cuando les falte la presencia.

Y otros sin embargo, dejarán un legado que no han buscado, habiendo vivido vidas que parecían insignificantes.

Los hechos y el azar elegirán a aquellos que serán los recordados y también a aquellos que serán los olvidados; aún a pesar de los logros y de la importancia que hayan tenido en su tiempo.

¿Pero cómo se siente la insignificancia?

Sandra me dice que huele a soledad y que arde como una herida a la que echas alcohol.

Por momentos la insignificancia duerme distraída entre quehaceres cotidianos y frivolidades que le anestesian la falta de sentido a una vida; y a veces esa invisibilidad se viste de de Prada y logra engañar y pasar desapercibida por un rato.

La conciencia de la insignificancia no está siempre presente; sino que aparece y desaparece según la ocasión.

Entre sombras tiende a aliviarse, y desaparece todo el dolor entre gente sencilla, que hace de la insignificancia una virtud y de la invisibilidad un arte.

Pero cuando se encuentra entre luces e iluminados se despliega y clava; dejando la herida de la insignificancia expuesta y en dolorosa evidencia.

Entre iluminados que destellan, Sandra se inventa relatos, se disfraza de importancia, se baña en logros inventados para intentar disimular su carencia;  pero cuando llega la noche y apoya su cabeza en la almohada la vuelve a encontrar; intacta y reluciente, como esas verdades que aparecen sólo cuando estás en casa y en pijama.

Inevitable, persistente y dolorosa, la insignificancia  vuelve a brillarle en la frente con tonos fluorescentes; sustantivo, singular y femenino.

Y Sandra vuelve a ser consciente de que cuando se apaga la fantasía, en realidad no es nadie.

JR

«Rockeros y Dictadores»

Mientras Sánchez intenta aglutinar apoyos a base de amenazas; a empresarios, políticos y jueces en contra del presidente Milei; el león argentino convoca al pueblo en el Luna Park para la presentación de su decimotercer libro con un concierto en vivo; en donde miles de personas hicieron cola para entrar, desde las 9 de la mañana hasta las 8 de la tarde.

Milei cantó, habló, explicó,  conectó y despertó una vez más a un pueblo minado por el socialismo, a quien esta ideología ha dejado arruinado cultural y económicamente.

Muchos países no entienden el hartazgo del pueblo argentino y seguramente necesiten varios años más de gobiernos de ultraizquierda, para poder comprender y envidiar  finalmente, el fenómeno Milei.

Milei llegó para poner fin a la desesperación de un pueblo ultrajado en todas sus formas y a quien se le ha acostumbrado a que el abuso de la casta política es una forma de vida, sin posibilidad de vuelta atrás.

Milei es el milagro argentino, la luz de esperanza que brilla desde el sur, un león feroz sin complejos y sin guión.

Muchos critican que diga la verdad, le condenan el canto y el show; pero el león no escucha a nadie.

Nos hemos desacostumbrado tanto a la verdad y a la libertad que cuando la vemos, nos resulta extraña e intolerable.

Tenemos esa mirada ovejuna, temerosa, acomplejada, acostumbrada a la mentira;  política y reiterada; a la que nos hemos hecho adictos después de  tantos años de opresión y de adoctrinamiento socialista.

Uno va naturalizando la mentira y el engaño; y una vez acostumbrado a ellos, los reclama como a una droga a la que no puede dejar.

¿Cómo se atreve alguien a decir la verdad? ¿No va a pedir perdón a su agresor? ¿El  presidente va a cantar?  Estas son algunas de las preguntas que hacen los esclavos, siempre intolerantes con la sinceridad, la valentía y la libertad ajena.

Nos han domado a base de  amenazas, complejos y  hostigamiento totalitario socialista; somos ovejas de lo políticamente correcto y esclavos del que dirán. 

Hemos naturalizado el miedo, la injusticia, el abuso y la opresión y nos hemos convertido en nuestros propios carceleros, esos que permanecen encerrados con la puerta abierta, sólo por costumbre y para quedar bien. 

La transmutación de los valores fue parte del manual totalitario; ese manual cultural que la izquierda se encargó de repartir a base de látigo, programas educativos, temarios universitarios, leyes, multas, castigos, cancelaciones e impuestos.

Anoche Milei refrescó el ánimo de un pueblo que para poder salir del abismo socialista sufre hoy un ajuste tremendo y que necesita cantar, bailar y reír para que esta transición le sea un poco más llevadera.

Muchos no la vieron, muchos siguen sin verla y muchos no la verán jamás; pero oirán el rugido de un león guiando a un pueblo sufriente y alegre por el durísimo y siempre incomprendido, camino hacia la libertad.

La euforia por Milei se debe a que ni todos los días, ni a todos los pueblos, se les presenta la  oportunidad de resucitar.

JR

«Milei, Despertando a los Vecinos»

Desde el extremo sur de este planeta, ruge un león que se ha empeñado en devolverle la libertad a los argentinos y sacarles de la miseria en la que los continuos gobiernos de izquierdas les han sumergido.

Anoche desde el Congreso de la Nación Argentina, un presidente outsider del establishment político, paró a todo un país y despertó a los exiliados y a los extranjeros, que pusieron el despertador de madrugada para no perderse su discurso; histórico y emotivo; de esos que te ponen la piel de gallina y te recuerdan los valores de tu niñez; esos valores por lo que se nos enseñaba a luchar cuando nuestro corazón era aún incorruptible.

Verle allí, con su aspecto extraño; típico de todos aquellos que no encajan en la era en la que han aterrizado por azar y a quien muchos han criticado y humillado llamándole loco o mirándole por debajo del hombro; fue realmente emocionante.

Milei nos ha dado anoche a todos un momento de gloria, llegando entre granaderos a caballo y banderas argentinas flameando a un Congreso que por primera vez en muchos años se veía honorable e iluminado, para inaugurar una de esas noches en las que vuelves a creer en lo imposible; en que aquello con lo que sólo sueñan algunos locos, pueda por fin hacerse realidad.

Su corazón noble, su carácter indomable, sus recurrentes enfados, sus tweets iracundos, sus abrazos eternos, su valentía, su indisimulable autenticidad y esa cercanía con la gente, le han convertido en un ser adorable.

Le quieren ahora no sólo aquellos que le votaron, sino un mundo que mira hacia el sur y toma nota de los abusos groseros de la casta política y de los oportunos procedimientos de una buena motosierra.

Los resultados empiezan a verse tímidamente, aunque los desafíos sean enormes y la oposición sea inescrupulosa, mafiosa, inmensa e incansable;  luchando como un animal herido por preservar sus corrupciones y su adicción insalubre al enriquecimiento ilícito.

Mientras el león ruge despertando a los vecinos, muchos más empiezan a mirar alrededor y a ver todas esas corrupciones en sus propios ámbitos y países, tan arraigadas ya, que hasta han dejado de parecernos corruptas.

Uno se acostumbra al abuso con tanta facilidad que aprende a dejar de verlo, a darlo por sentado y a aceptar que la única opción es aguantar y callar, para no molestar con reclamos, ni desentonar con el rebaño.

Pero el rugido de un león que no habla bonito, ni intenta quedar bien, retumba y despierta nuestros corazones.

No habla bajito ni tranquilo, como lo hacen los opresores a los que nos hemos acostumbrado;  con sus clases de corrección política y su dialéctica oportuna e inconsistente, su deformación del lenguaje, su preposiciones inclusivas, sus ostentaciones verbales en justicia social y sus lucrativas eco políticas humanitarias; todos los recursos que utiliza el político hipócrita para engañarte, robarte y de paso, hacerte sentir culpable.

El peligro de Milei no apunta únicamente a la oposición  Argentina, sino a todo el mecanismo socialista que ha infectado a Latinoamérica, a Europa y a los Estados Unidos.

Tiemblan las castas del mundo, mientras los corazones de los corderos resuenan con palabras extrañas y olvidadas como «libertad» y muchas otras amputadas, como «Democracia».

Rugen los leones desde el sur y en el norte retumban los ecos de aquellos que por fin han despertado.

JR

«Un Quijote en Davos»

Milei, el presidente argentino, llegó a Davos en un vuelo comercial; mientras los ecologistas aparcaban sus aviones privados y aterrizaban con comitivas de decenas de personas para disfrutar de unos días de relajo en mansiones alquiladas en Suiza, cuyo precio llegó a rozar el millón de euros, en el caso del presidente Petro, quien alquiló una propiedad por 4 noches a ese precio, con el dinero del pueblo colombiano.

Lo curioso de toda esta obsesión socialista por la ecología es la pantalla de humo que genera, para ocultar el despilfarro de los recursos del ciudadano, al que estos gobiernos socialistas exprimen a impuestos y culpabilizan sistemáticamente de cualquier problema ambiental.

Mientras la huella de carbono de la fiesta de Davos aceleró el calentamiento global 4 años, estos impresentables se dan el gusto de darnos discursos alarmistas sobre la sostenibilidad del planeta y nos vaticinan años de recortes y de sacrificios, de los que por supuesto, ellos quedan siempre al margen.

Gracias a Dios, apareció Milei en escena para quitarles la máscara a todos estos políticos acostumbrados a vivir del cuento verde y de los impuestos de todos los trabajadores, que somos quienes sostenemos las vidas de lujo que se dan estos socialistas tan preocupados por el medioambiente.

Afortunadamente la gente ya empieza a despertar del cuento socialista en el mundo entero y el alarmismo verde y la cultura Woke empiezan a desvanecerse poco a poco en las urnas europeas, a pesar de las oleadas de inmigrantes que los líderes socialistas insertan en Europa en complot con las organizaciones ONG, para recuperar votantes de izquierda.

Las fronteras abiertas en los Estados Unidos y en Europa no tienen otro fin que el de conseguir votantes que compensen a los ciudadanos que han despertado por fin del engaño socialista, al ver su vida económica menguada, la inseguridad jurídica creciente y el peligro del vandalismo y la violencia fulminante en toda América y Europa.

El caos que traen las políticas socialistas se perciben en poco tiempo. Y la soñadora Europa, ya sufre actualmente los resultados de estas políticas buenistas, verdes, igualitarias, integradoras y tolerantes en todo su esplendor: déficit fiscal, subida de impuestos, bajada de pensiones, sistemas sanitarios colapsados, sistemas educativos en crisis, delincuencia y okupacion de viviendas descontroladas.

El socialismo va dejando su particular huella de carbono visible en el mundo entero y algunos quijotes se atreven a levantar la voz para denunciar los molinos de viento que estos delincuentes pretenden vendernos un año más, desde su festín socialista en Suiza.

JR

«Traición Justificada»

Queridos amigos,

Cuesta mucho confesarse y debo pediros a todos que por favor no divulgueis lo que voy a comentaros, porque considero que es algo sumamente íntimo y la traición no es algo de lo que uno deba sentirse orgulloso.

A pesar de haber sido criado en los valores de la tolerancia y en el hábito de poner siempre la otra mejilla frente a los abusos y frente al mal; creo que ha llegado el momento de reaccionar y de decir basta.

He conocido a un hombre alto, rubio y de ojos azules, que promete terminar con la inflación, con el despropósito de las fronteras abiertas, con la inseguridad y la violencia en las ciudades y promete además, proteger nuestra constitución, nuestros valores, nuestra policía y nuestro ejército.

Después de muchos años de confiar en los promocionados valores de la «equidad» por sobre todas las cosas y de sentirme absolutamente defraudado después por todos aquellos que consiguen lo mismo que yo, pero sin ningún esfuerzo; he tocado fondo y he decido cambiar mi perspectiva.

He conocido a un hombre que da discursos sin telepronter, que dice la verdad aunque pueda sonar antipática; un hombre que desconfía de los políticos y desea bajar el gasto público para cuidar mis intereses, un hombre que habla sin rodeos, sin tropezar, ni rodar por las escaleras.

Después de tantos años de creer en el discurso de aquellos que se llaman a si mismos «buenos y piadosos» he comprobado cómo mienten esos que llevan décadas diciendo proteger al pueblo, mientras se enriquecen a si mismos a costa de todos.

Llevo años asustado por el cambio climático, mientras esos mismos que nos asustan con el calor y con la subida de los mares, no paran de comprar propiedades sobre la playa.

He estado viviendo en la incongruencia absoluta desde hace años, intentando apagar el corticuito que me provoca el choque entre los discursos, la  realidad y las acciones que les acompañan, y he decido por fin, dar un paso al frente, hiera a quien hiera y ofenda a quien ofenda.

Muchos llamarán traición a mi despertar, otros lo llamarán pecado, o me llamarán hereje de ultraderecha, pero hoy ya nada me ofende más de lo que me han ofendido y traicionado aquellos políticos en los que había confiado.

Es por eso que hoy he juntado valor para escribir esta carta y confesaros a todos, que este año y con muchísimo orgullo, me pondré una gorra roja y votaré por Donald J. Trump.

JR

(carta anónima encontrada en mi buzón)

«Creer en lo Imposible para Navidad»

De todos los deseos y las nuevas resoluciones para el año nuevo, me he quedado sólo con una y es la de «creer en lo imposible» para Navidad.

Nuestro tiempo nos ha demostrado que éste es el recurso de adaptación, que necesitamos para entender y sobrevivir a todo lo que nos pasa.

Era imposible pensar que el país más rico del mundo en 1930 ocupase hoy un lugar en el top 10 de los países más miserables del mundo y era aún más imposible, pensar que un futbolista roquero, se convertiría en el brillante economista y presidente argentino que le cambiaría ese destino.

Era imposible imaginar que un ingeniero se convirtiese en el hombre más visionario de este planeta, activista político y patriota; pero pese a cualquier pronóstico, Elon nos ha demostrado, que nadie en planeta tierra sabe soñar como él.

Era imposible creer que una niña de cuarto de primaria fuese la activista más polémica y mejor pagada de la historia, pero Greta nos ha enseñado que no hay límite de edad para facturar a lo grande y para engañar al mundo entero con la culpabilidad del ser humano en el cambio climático.

Era imposible pensar que la tierra de Pelayo pudiese algún día convertirse en la sumisa y culposa tierra que es España hoy, que acoge, incita, motiva y soporta los abusos de hostiles extranjeros, que vienen a recuperar aquello que creen que les pertenece.

Era imposible también, imaginar que una rubia de 1,60 de altura fuese la encargada de poner orden en Italia y de enfrentrarse a las camorras y a las mafias migratorias con la entereza de un gigante.

También era imposible soñar con que un rubio de origen irlandés, dejase a un lado su vida de lujos, hoteles y campos de golf para dedicarse a «volver a hacer a América grande» y luchar contra todos los poderes marxistas que rigen hoy los Estados Unidos y organizan el destino del mundo.

Era imposible pensar también, que los graduados de las universidades más prestigiosas del mundo fuesen hoy una manada de pro terroristas y defendiesen con tanto esmero y vehemencia la destrucción de todos los principios y valores de la civilización occidental, esa misma que los ha educado en libertad y les tolera la ignorancia de enfundarse en banderas palestinas.

No hay duda de que el mundo se ha vuelto impredecible y aquello que necesitamos es la habilidad para verlo venir y sobre todo para resistirlo; una capacidad de adaptación que logre que el pronóstico más insólito e inesperado, no nos haga morir en el cortocircuito.

Yo este año había limpiado la piscina y tenía listo el bañador para celebrar mi navidad en Europa, muy atento a las amenazas de Greta y de Bill Gates sobre el calentamiento global; imaginé que por fin disfrutaria de una Navidad estival; pero sorpresivamente aquí no dan a basto los radiadores para abrigarnos de tanto frío.

Por eso considero fundamental pedir este deseo en Navidad y sobrevivir con salud y estoicismo a este viaje a lo inesperado.

JR