“Los Oprimidos Mezclados”

Últimamente comparto con mucha gente la sensación de no encontrarme por completo en ningún sitio.

No me siento contenido del todo en ningún grupo, ni en ninguna ideología; como si de todas ellas me gustara algo en particular, sin lograr establecerme totalmente en ninguna.

La convicción ideológica o política era hasta ahora un bien de familia; algo que se heredaba y se recibía como un legado de nuestros ancestros.

Se educaba a generaciones de izquierdas o de derecha en cada casa y las voluntades se coartaban en pos de una pertenencia fiel y de una lealtad vitalicia parecida a la fe religiosa.

Hoy sin embargo, se evidencia una movilidad silenciosa y aquellos que se atreven, empiezan a manifestar su desagrado y su incomodidad en el lugar asignado en casa.

Y como si fuésemos adolescentes mareados por las nuevas circunstancias, ya no estamos del todo de acuerdo, ni en los fines, ni en las formas de la ancestral ideología familiar.

Esta reacción se parece mucho al despertar de la inteligencia; a aquel momento en que comenzamos a dudar de todo lo aprendido de memoria, de las tradiciones y de las costumbres que hasta ahora eran intocables e incuestionables.

El voto del ciudadano contemporáneo ha dejado ya de responder a la tradición, para ser esclavo de la circunstancia.

Existen siempre dos polos, dos fuerzas opuestas y complementarias: la centrífuga y la centrípeta y cada una despierta a la otra, con su propia actividad.

Esto viene a decir, que cuando se nos oprime por un lado, reaccionamos inevitablemente por el otro lado.

Todo gobierno puede presionar, pero el tiempo de presión dependerá de la capacidad de aguantar y de reaccionar de cada pueblo ante esta presión; ese es el tiempo del que dispone un gobierno; el tiempo entre su acción y la reacción de su pueblo.

La mayoría de las ideologías y de los partidos nuevos, no responden a un sistema de valores innovador; sino a una reacción contra la falta de valores sólidos de los partidos que les preceden. Son producto de una reacción por el incumplimiento de una promesa y no, los portadores de una promesa nueva.

Suelo decir que tengo el corazón de izquierdas y la cabeza de derechas y esto me sucede porque la izquierda siempre ha enarbolado ( y actualmente desea apropiarse de ellas ) todas las causas nobles que yo también comparto; pero a la vez, su personal no está compuesto por personas que parezcan defender la Democracia, ni toda la virtud que ésta contiene.

Podríamos decir que “la izquierda siempre ha tenido las mejores causas y la derecha los mejores hombres”emulando a Emerson y aún no dejaríamos de estar vigentes.

Por el otro lado, a la derecha, siempre tímida en sus propuestas, le faltó hasta ahora la fuerza y la vehemencia que caracterizaron generalmente a los partidos de izquierdas; éstos siempre dispuestos a despertar los corazones dormidos, a denunciar las injusticias atemporales y a desenterrar los viejos resentimientos.

La derecha en cambio, (siempre acomplejada con la sombra de aquel partido NSDAP Nacional Socialista obrero alemán de la Alemania Nazi, que curiosamente fue un partido de izquierdas) opta generalmente por una postura mucho mas tímida, sin presumir de una gran cohesión a los grandes ideales humanitarios, ni ecológicos (que hoy venden tan bien) y con una preponderancia en la defensa de la propiedad y del capital privado. Propiedad y capital que por supuesto el pobre no posee, ni siente necesidad de proteger y que el resentido anhela para si.

Existe además y universalmente, una vuelta a la malinterpretación de la palabra “igualdad” que ha promovido un caos social en Europa y entre otras desgracias, el retorno a plantear como opción válida, aquellos sistemas fracasados del pasado. (El comunismo).

¿Es acaso justo lo que es igual o igual lo que es justo?

¿No es la justicia aquello que nos garantiza la igualdad?

¿Y cuando la justicia no se aplica, hay acaso igualdad?

O como decían los espartanos:

“Igual es todo aquello que es Justo”

Claro está, que estamos viviendo una época de revueltas y revolcones, de confusiones y de reacciones múltiples a opresiones también múltiples y de lo más variadas.

Pero los oprimidos de hoy, no son los mismos oprimidos de siempre, ni están ubicados todos de un mismo lado.

Sino que están tanto a la izquierda como a la derecha; todos mezclados y todos revueltos.

JR

“La Risa Perdida”

680386BB-9AEF-4460-B857-52EBA5E5E14F.png

Si hay algo a lo que se echa de menos en el mundo civilizado es a la antigua carcajada; esa explosión de alegría incontenible que nos batía desde adentro.

Hoy lo más cercano que tenemos a aquel recuerdo es un emoticono, al que solemos emplear demasiado en los chats y al que sin embargo, practicamos en escasas ocasiones en la vida real.

Desde el siglo XVIII  la risa estruendosa es considerada como un comportamiento  despreciable, excesivo e indecoroso. Algo típico de las clases bajas y sin educación. Cuanto más alto era el nivel social, menos expresividad se exigía.

El estallido de alegría se fue interiorizando poco a poco hasta convertirse en una mueca; un leve y controlado movimiento facial que acreditaba un divertimento adecuado a la ocasión. 

Es cierto que con el tiempo han variado también y mucho, los temas que nos divierten. Reírse del otro sea cual sea la circunstancia está mal visto socialmente; ni hablar del humor negro, o de cualquier ridiculizacion que pueda apreciarse como ofensiva y que pueda dar lugar además, a una denuncia por delito de odio o machismo.

El humor contemporáneo es estreñido, light y edulcorado y se ha interiorizado de la misma forma en que se ha privatizado la vida social contemporánea.

Hoy uno no se ríe tanto del otro, como de si mismo y es la  ridiculez de algunas costumbres lo que más nos hace gracia; siendo Woody Allen el genio que ha sabido reubicar al humor en la mirada introspectiva y consciente del individuo que observa su propia ridiculez y la hilaridad de sus propias costumbres e incongruencias.

Me llegan continuamente anuncios de talleres de risa, en donde por una módica suma, se nos ofrece recuperar a base de cursos, esa carcajada que antaño nos era tan habitual y que nos pillaba siempre en misa y en todos esos sitios en donde la seriedad era la norma.

Y quizás fuera la obligación a la seriedad aquello que nos hacía tanta gracia.

Si hoy existen cursos para volver a reír es porque ya existe un mercado que lo necesita; pero encuentro triste tener que aprender a base de cursos y a estas alturas de la vida, un hábito que adquiríamos de pequeños y de manera autodidacta.

La norma vigente del mundo civilizado es el silencio, el perfume, la chachara superficial y ecológica y la música ambiental, y cualquier carcajada fuera de lugar llama la atención de todas las miradas, como si un ser proveniente de la Edad Media se hubiera colado de pronto en la sala.

Hoy lo que se lleva es el susurro, la queja, la apariencia y la tristeza, siendo la depresión y el narcisismo las enfermedades top de esta era. Y aquel que no está deprimido o mirándose al espejo es adicto a alguna otra sustancia alucinógena que le ayuda a compensar la escasez de alegría natural y la falta de buenos chistes.

Lo más sorprendente es que ésta sea sin embargo la era de la abundancia y del confort; de la calefacción, del aire acondicionado, del cine en casa, de la felicidad del consumo, de la vida virtual y de las comunicaciones instantáneas, provistas de emoticonos para cada ocasión.

Pero el problema es que el confort también nos aísla y la abundancia en vez de llenarnos nos ilumina el vacío y nos amplifica el tedio del humor insulso y políticamente correcto que nos proveen y que nos permiten. 

Sólo los niños parecen estar todavía a salvo de perder la carcajada; aunque seguramente sea por poco tiempo; hasta que ingresen en el mundo de los civilizados y les toque ceder la única capacidad que no necesitaron jamás aprender de nadie, en pos de la mueca correcta.

Y aunque la alegría verdadera no haga ruido, de vez en cuando resulta muy reconfortante poder soltarle la rienda y reír cómo ríen los niños, cuando se les ordena que sean serios. 

JR

“No hay nada más triste que la alegría si se va”

Fito Páez

“Crítica a la otra mejilla”

El fundamento de la tolerancia se basa en la capacidad de tolerar lo distinto y evitar todo tipo de violencia que lo distinto nos despierte.

Uno se controla y se educa en la no-violencia permanentemente pero la violencia, no es algo que pueda ser superado definitivamente, sino una característica natural de todo ser humano.

No es que haya gente violenta y gente no violenta. Todos somos violentos y todos estamos constituidos por la capacidad de violencia.

La única diferencia es cómo y de qué manera la controlamos o no, y en qué ámbitos la ejercemos o la evitamos.

No todos somos violentos de la misma forma, ni con la misma gente. Algunos son violentos en casa y sumisos fuera, algunos son violentos consigo mismos y pacíficos fuera, algunos son violentos a los golpes y otros con palabras, con omisiones, con actitudes, con gestos o con acciones violentas.

Pero de la violencia no se escapa nadie y saber identificarla en nuestra vida es importante, a la hora de profundizar en su estructura.

La civilización occidental fue construida sobre aquella frase que Jesucristo trajo de la India y que entraba en total cortocircuito con la filosofía de su educación judía.

La frase “poner la otra mejilla” de Jesucristo era totalmente opuesta a la de la justicia judía:”Ojo por ojo, diente por diente” que implicaba la igualdad y la proporción en toda respuesta.

Si alguien te quitaba un ojo, tú respondías igual, pero no le debías quitar además del ojo, las orejas y los dientes, sino solamente un ojo.

Ésta era la forma justa de que la violencia se saldara y terminara su proceso.

La frase “poner la otra mejilla” en cambio, no aboga por un castigo justo y proporcionado al daño recibido, sino que establece la capacidad de aguantar y de no reaccionar contra la violencia recibida, como normativa.

Esta actitud de no respuesta fue uno de los principios básicos del hinduismo y del budismo. Y para ver los resultados de estas dos filosofías, no tenemos más que ver cómo acabaron estas sociedades y estos países caracterizados por la no reacción, (siempre dominados y subyugados por invasiones de civilizaciones fuertes).

Cuando mis hijos llegaban a casa golpeados o insultados del colegio, yo nunca les impulsé a poner la otra mejilla, sino a cortar de cuajo con la violencia.

“Si te pegan sin razón, tu pégale igual “, “si te insultan sin merecerlo, tú le insultas igual ”

Mis hijos me miraban espantados cuando yo les daba estos consejos, en vez de decirles que pusieran la otra mejilla, pero yo les expliqué que la teoría de la otra mejilla es una incitación a la continuidad de la violencia.

Y a la violencia no se la detiene motivando a más violencia y permitiendo más violencia, sino cortándola de cuajo.

El violento tiene que saber que él no es el único con capacidad de ser violento. Y que todos podemos ser violentos, si queremos serlo.

Porque la violencia no es exclusiva de unos pocos, sino patrimonio de todos.

La única diferencia está en cómo la ejercemos, en cómo la controlamos, en cómo la canalizamos, en cómo la educamos y en cómo aprendemos a observarla permanentemente en nosotros mismos.

Cuando el violento y el loco ven que hay otro casi tan violento y casi tan loco cómo él, se calman. Y ahí se corta la violencia.

La postura de la otra mejilla es en cambio, mucho más violenta, porque presume de una superioridad moral.

El violento percibe a aquel que no reacciona ante su violencia, (no por miedo sino por principios), como a un ser que se siente superior a él moralmente y esta percepción genera mucha más violencia aún.

Éste en vez de calmarse se violenta aún más, porque se le permite la violencia y se le motiva a seguir.

Los llamados pacifistas conocen muy bien esta táctica y la violencia que ejercen los autodenominados “pacíficos” es la violencia de la superioridad moral.

No es casual que los paises en donde más tranquilo se viva sea en aquellos en donde hay un ejército, una policía y una legislación justa y fuerte para todos, porque la presencia (aunque invisible) de un límite, calma todo tipo de violencia; mientras que la actitud de tolerancia infinita y de la otra mejilla, la motivan.

Al final, somos como niños. Y no es casual que los niños más maleducados y violentos sean siempre aquellos, que no conocieron jamás un límite.

JR

“La Democratización de la Belleza”

Si la democracia nos augura la igualdad de derechos y de obligaciones para todos, también lo hace con respecto a la belleza.

Que la belleza sea un derecho o una obligación, ya dependerá de la mirada de cada uno.

La belleza era antiguamente un don reservado para unos pocos. “Lo que natura non da, Salamanca non presta” decía mi abuela, sin referirse al talento innato que no se consigue en la universidad, sino a la fealdad sin solución, que no se arreglaba con ungüentos.

Hoy mi abuela estaría asombrada de ver cómo la fealdad se mejora y además se paga en módicas cuotas.

Los feos se convierten rápidamente en exóticos y los menos dotados en guapos, (quirófano y gimnasio de por medio).

Si bien la belleza ha tenido distintas acepciones a la largo de la historia; en nuestra época ocupa un lugar preponderante y es un producto masificado y al que casi todos aspiran llegar, sin importar la edad, ni el estrato social al que pertenezcan.

Las feministas sostienen desde los años sesenta, que los estándares de belleza son generados por el patriarcado, con el fin de dominar a las mujeres; pero actualmente las mujeres no desean ser guapas para los hombres, sino para y por ellas mismas.

Y los hombres, también se han sumado ahora, a esta carrera por ser cada vez más bellos.

En la era de la autonomía y del “do it yourself” cada uno se proyecta y se produce a su antojo. Y la belleza lejos de ser un mandato, es hoy una elección voluntaria, pero no excluyente. Hoy las mujeres no desean ser solamente bellas, sino también exitosas en todos los ámbitos.

Cuando mi primo era joven sólo salía con chicas feas porque decía que las guapas no hacían ningún esfuerzo por agradar. En cambio las feas eran simpáticas, estudiosas, divertidas, cariñosas e intelectuales.

Hasta hace unos años ser bella era suficiente, hoy sin embargo, la belleza sola, no nos sabe a nada ni a los hombres ni a las mujeres.

Dentro de los estándares de belleza actuales se considera a la delgadez como el fin último y supremo; en una época en donde curiosamente los índices de obesidad son los más altos de la historia de la humanidad.

Nunca estuvo el hombre tan obsesionado con ser delgado y nunca hubo tantos gordos en el planeta como ahora.

¿Será que el contraste es otro signo de nuestra época o será que la obsesión con algunas cosas no nos augura jamás buenos resultados?

Muchos comparan este ascetismo del cuerpo delgado con el ascetismo del alma de la Edad Media. Dos obsesiones iguales, pero enfocadas en aspectos distintos.

Si una niega al alma, la otra negaba al cuerpo, pero las dos engendraron locura.

¿Es acaso la locura, fijación?

Si el concepto médico de enfermedad es el desequilibrio de la armonía preexistente, puede que no estemos muy errados en suponer que todo aquello que no se desarrolla de manera armoniosa, se enferma.

La obsesión por el alma daña al cuerpo y la obsesión por el cuerpo daña el alma.

Quizás mantener un equilibrio entre las dos partes que nos hacen ser seres humanos, sea lo más aconsejable.

Olvidarnos de que no somos sólo un cuerpo, ni somos sólo un alma, sino las dos cosas simultáneamente.

Un alma radiante sin un poco de belleza y toda la belleza sin la chispa de un alma que acompañe, son la misma fealdad.

JR

“Hay belleza en el equilibrio y en aquello que se percibe como completo”

“La Democracia Fragmentada”

No es novedoso hablar con espanto de la actual fragmentación que azota al mundo de las democracias occidentales.

Hoy las noticias sobre manifestaciones y disturbios en los principales países occidentales son constantes y muchos culpan al sistema de dicha fragmentación.

La fragmentación no es consecuencia de la Democracia, sino por el contrario, ésta es la base sobre la cual toda Democracia descansa.

La Democracia americana, que fue sin duda el ejemplo que siguieron luego las Democracias europeas, se afirmó de entrada sobre un estado diverso.

En los Estados Unidos la unidad política no se oponía al reconocimiento de la multiplicidad de los grupos de intereses, ni de las diversas comunidades y minorías, sino que descansaba sobre ellos.

Por lo cual, la fragmentación no es un resultado de la Democracia, sino su origen y en el caso americano, es una continuidad de la cultura política de ese país.

Estados Unidos es una República basada en el pluralismo étnico, cultural y sexual que hasta ahora coincidía en un ideal común.

A este punto de encuentro se le denominaba “melting point”, un punto en donde se propendía a la asimilación o integración de las diversidades. Y en donde la defensa de las identidades colectivas, se producía con discreción y moderación.

Hoy sin embargo, son las políticas de fragmentación cultural las que predominan y triunfan.

Esta fragmentación se presenta ahora al público como un mosaico de intereses irreconciliables, en donde se exageran y se acentúan las diferencias, se exacerban los resentimientos y se incentivan las actitudes victimistas y los reclamos y sospechas entre los diferentes grupos o comunidades.

Otra característica actual es la constante rehabilitación del pasado, el diálogo del presente con la memoria y la utilización de la memoria histórica como recurso de justificación para la venganza y para el resentimiento eterno.

Algo que empezó siendo el origen de la fundación de un estado diverso y conciliador; basado en la inclusión de múltiples pertenencias comunitarias hacia un fin de convivencia común, ha dado paso a un clima de intolerancia, propulsado por reinvidicaciones comunitaristas y políticas identitarias; de grupos que lejos de sentirse vinculados entre sí por un proyecto en común, se cierran ahora y cada vez más, sobre sí mismos.

Muchos creían que éste era exclusivamente un fenómeno americano, hasta que esta misma sensación de fragmentación apareció también en Europa.

Hoy muchos europeos comienzan a entender mejor la situación americana y la mala prensa que llegaba desde allí hasta el viejo continente.

Hoy Europa experimenta con asombro la aparición de identidades comunitarias llenas de odio y de resentimiento, juventudes alienadas por las causas más diversas; pero siempre en contra de un sistema al que aún pareciera que desconocen.

Aparecen hoy en Europa aquellas fracturas que enarbolan demandas de igualdad; una igualdad que ya está garantizada de antemano en la fundación del estado democrático; basado en la igualdad de derechos y de obligaciones para todos.

Pero la demanda de estos grupos, ya no apunta a la exigencia de derechos igualitarios, sino a eximirse de la igualdad en sus obligaciones.

JR

“La Democracia es la opción para la convivencia de lo distinto” JR

“La Privacidad Reciclada”

Si le preguntas a alguien qué es la privacidad, te responderá que es una tendencia que insiste en preservar para sí, aquella información a la que se considera demasiado valiosa o íntima.

Pero el problema real es identificar hoy en día, qué es lo valioso y qué es por lo tanto, aquello que debería ser privado.

En el mundo actual es difícil identificar qué es lo privado; teniendo un gps en el móvil acompañándonos a todos lados, cámaras de seguridad en cada esquina, registro del aparcamiento de nuestro coche controlado al minuto desde plataformas municipales, el Alexa y las cámaras de seguridad de nuestra casa (encendidos en todo momento) y sobre todo, esa voracidad por publicar cada paso que damos, en las redes sociales.

Uno ya no es privado, ni aunque quiera. Y aquel falso eslogan de “cuidamos tu privacidad” se ha vuelto tan inocuo, que ya ni siquiera nos molesta; porque el cortocircuito hoy se ha vuelto indoloro, llevadero e imperceptible, al igual que la falta de privacidad.

La tendencia actual no nos encamina hacia lo privado, sino que por el contrario, nos motiva a ser cada vez más públicos y transparentes; y a revelarlo todo para poder existir en el mundo digital y vivir seguros en el mundo analógico.

Quien no tiene nada para esconder, no corre ningún peligro y quien no tiene nada para comunicar, ya sea publicando o mostrándose en redes, no existe, ni para el entorno social, ni para el mercado.

Por lo cual, volverse demasiado privado es condenarse a un pequeño espacio “no virtual”, que nos augura oscuridad, soledad y pobreza.

La invisibilidad analógica no promete buenos frutos y si hoy quieres ser alguien importante, tienes que estar y mostrarte.

El problema de la juventud es que en ocasiones no entiende todavía al mercado y no sabe bien qué es lo que debería mostrar y qué no.

Pero desgraciadamente, hay otra juventud que ya ha descubierto que el escándalo y la frivolidad venden más y más rápido, que una buena reputación.

Y aunque los mayores temamos por la memoria eterna de la red, ellos sólo creen y apuestan por el instante.

Lo que ha cambiado no es nuestra apreciación hacia la privacidad, sino aquello que hoy consideramos como privado.

Antiguamente lo privado era aquello que era sagrado, amado, preservado fuera de la vista de los demás, no por vergüenza, sino por respeto al sentimiento tan profundo, que nos vinculaba a esas cosas o a esas personas.

Pero en un mundo en donde la vinculación social está dictada por la moda, (con su imposición de transitoriedad permanente) los vínculos ya no son ni tan duraderos, ni tan sagrados, ni tan privados.

Hoy la gestación y la maternidad se muestran, el amor se muestra, el sexo se muestra, la comida que se come se muestra, las vacaciones se muestran; porque nuestra vida digital es una plataforma exponencial que nos augura amigos, seguidores, likes, retweets, una posible fama y la tan sabrosa envidia de los demás.

Estamos expuestos 24 horas, pero voluntariamente y deseosos de hacerlo cuanto antes; todo con tal de no desaparecer.

Veo en las redes sociales tanta patología declarada, que me pregunto si los psicólogos no estarán planteándose dejar ya las consultas, para trasladarse a tratar los casos directamente sobre la red.

¿Es este nivel patológico de exposición un signo de sentirse extremadamente importante para el resto, es una necesidad incontrolable de comunicar frivolidad a toda hora, o es un signo de inferioridad y de soledad?

En la Era de la transparencia, mostrarse a toda hora está de moda, pero esto no es el indicio de que la privacidad se haya extinguido. La privacidad sigue existiendo, pero ya no se ocultan las mismas cosas.

Existe hoy una privacidad a la carta, en donde cada uno elige los ingredientes de su tipo de privacidad individual. Y cada una es distinta.

La privacidad no ha desaparecido, sino que se ha reciclado. Ha conservado su nombre, pero ha cambiado sus valores.

Todo aquello que venda, hoy está disponible para ser expuesto.

Y en el mercado digital la exposición de las sensaciones, las emociones, los placeres, las frivolidades, la intimidad y los escándalos son prioridad. ( sean estos reales o ficticios, ¿quién nota la diferencia?)

Hoy son pocas las cosas que estamos dispuestos a ocultar y me atrevería a decir, que son sólo nuestros defectos, nuestros delitos y nuestra enorme sensación de soledad y de pobreza interior.

Todo lo demás, está listo para subirse a la red.

JR

“La Realidad Optimizada”

El mundo digital ha cambiado nuestra vida y nada ha quedado fuera de su influjo; ni siquiera la imagen.

Si antiguamente la imagen fotográfica era la representación de lo real, en la era digital ha dejado de serlo.

La imagen es hoy la optimización de lo real, y esto sucede gracias a que disponemos de todo tipo de técnicas y filtros informáticos para transformar lo real en ideal.

No es casual que plataformas como Instagram triunfen de manera rotunda, en un mundo que encontró en la imagen optimizada, la manera de alcanzar su ideal y de captar la atención.

Existe un síndrome llamado “el síndrome Paris” que afectaba principalmente a los turistas japoneses. A ellos se les presentaba una imagen idealizada de Paris y al llegar al verdadero Paris, sufrían de una gran desilusión.

Este síndrome desataba en los afectados, alucinaciones y reacciones psicosomáticas diversas como mareos, sudores o sobresaltos cardíacos.

Hoy no son sólo los japoneses quienes sufren este tipo de episodios; en donde la realidad que se nos presenta, comparada a la imagen que nos vendieron, no coincide en absoluto.

Y es que en esta obsesión tan narcisista por mejorarse y mejorarlo todo, el retoque digital nos ofrece y en bandeja, la posibilidad de convertir lo defectuoso en perfecto; aunque la realidad no acompañe.

Muchas veces andando por la ciudad me pregunto ¿adónde está toda la gente bella y amable que vive en Instagram?

Y he llegado a la triste conclusión de que el mundo es mucho más bello, brillante y fotogénico en formato digital.

Serrat nos cantaba hace tres décadas…”nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”… pero es cierto que para ese entonces, Instagram no había llegado.

JR

“Saturados de Información”

El IFS (Information Fatigue Sindrome) es una enfermedad psíquica que se produce por el exceso de información.

Los afectados desarrollan un cansancio profundo y a la vez una incapacidad de desconectarse por temor a perderse de algo.

El mundo digital nos ha ofrecido un campo abierto para el acceso a la información a todos los niveles y hemos dejado de ser ya aquella familia, que se concentraba una hora al día alrededor de la radio o de la televisión para tener acceso a los sucesos. Hoy cada uno recibe su propia noticia y a la vez es generador de noticias y de opinión, permanentemente.

Los medios de comunicación del siglo XX se volverán muy pronto un objeto vintage. Leer el periódico en papel es ya una tradición que aún se preserva con cariño, como cualquier otra costumbre heredada de nuestros abuelos y la radio sigue siendo aún la mejor opción para aquellos que todavía no tienen bluetooth en el coche.

Todos estamos hoy afectados en mayor o en menor medida por este cansancio (el IFS) y esto sucede porque todos estamos permanentemente expuestos a una cantidad de información diaria abrumadora y que aumenta velozmente.

Uno de los síntomas más peligrosos de este cansancio de información es la pérdida de la capacidad analítica.

Y la capacidad analítica es precisamente la capacidad que conforma el pensamiento; es la aptitud para distinguir lo escencial de lo no escencial.

La saturación de contenidos reduce a su vez nuestra habilidad para reducir las cosas a lo importante o a lo imprescindible y tendemos a creer que cuanta más información tengamos, mejores desiciones tomaremos; aunque esto no sea necesariamente así.

Casualmente, otro de los síntomas de esta afección es la parálisis y la incapacidad de tomar desiciones y de asumir responsabilidades que nos aten a una elección o nos comprometan a futuro.

Esta obsesión por tener más y más información nos inmoviliza en vez de activarnos a actuar.

El exceso de información como todos los excesos, desequilibra algo en nosotros y toda saturación atrofia siempre otras capacidades.

En este caso, la capacidad atrofiada no es nada menos que la habilidad fundamental del pensamiento: la capacidad de análisis.

¿Cuanto tiempo dedicamos para reflexionar, debatir, reducir o deducir la enorme cantidad de información que recibimos?

¿Somos procesadores inteligentes de información o nos hemos convertido en devoradores insaciables de información?

¿Seguimos siendo homo- sapiens o somos ya únicamente homo-consumens?

JR

“El Dolor de ser Valiente”

La valentía tiene sus grados y cada grado implica el nivel de compromiso que uno está dispuesto a asumir.

Están los valientes de salón; esos que entre amigos y entre cuatro paredes se sienten igualitos a William Wallace y denuncian las injusticias categóricamente y sin tapujos.

Y están esos otros, que son los que ponen el cuerpo, van al frente y aguantan el golpe.

Enseñar a un hijo a ser valiente va también por grados. Uno puede decir: “Se valiente pero no tanto” o decirle “Si de verdad te decides alguna vez por ser valiente, hazlo entonces con todo tu corazón”.

Hacer las cosas con todo tu corazón es implicarte por entero en aquello que crees que es justo. Y ser un entero o alguien “íntegro” es ser una persona de corazón y no un ser dividido; alguien que es valiente pero sólo un poquito y hasta donde le conviene.

Mi hija fue valiente hace unos días y hoy paga las consecuencias de su pequeña valentía; la soledad de aquel que es señalado por atreverse a denunciar algo que nadie se atrevía a decir en alto.

Hoy todos sus compañeros (medio valientes) disfrutan cómodos y callados de los beneficios de su valentía.

Ellos hicieron caso a sus mamás que les decían: “Hay que ser valiente, pero sólo un poquito, ya que siempre va a haber otro, que sea más valiente que tú y ponga el cuerpo”.

Y mientras consuelo a mi pequeña valiente, que ha logrado un cambio hasta hoy impensable; vuelvo a repetirle aunque me duela: “Si después de esto, alguna vez vuelves a ser valiente, vuelve a serlo con todo tu corazón”.

JR

“Una persona íntegra es aquella que actúa con todo su corazón”

“El Intercambio”

Hace unas semanas participamos en un intercambio internacional y llegó un adolescente norteamericano a vivir a nuestra casa.

Enriquecer la cultura lo llaman algunos, y yo compré el paquete, habiendo participado también, en alguno de esos intercambios durante mi adolescencia.

Pero claro, los tiempos no son los mismos, ni tampoco lo son las juventudes.

Aquello que compramos como una experiencia en familia se convirtió desde el primer día en una única frase monotemática y recurrente: “Where is the party?” ( ¿adónde es la fiesta?).

Y así transcurrieron 10 días de fiesta en fiesta. De lunes a lunes hasta las 12 de la noche, sin excepción, salieron de fiesta esos mismos niños que venían a conocer las costumbres de la familia española.

De más está decir, que voy tachando los días para que acabe esta linda inmersión familiar y cultural, que se parece más a la feria de Abril, que a cualquier otra cosa.

Nos decían que los chicos americanos eran independientes y trabajadores y que seguramente quedaríamos impresionados. Y probablemente lo sean por narices en su país, en donde no hay seguridad social, ni universidad gratis, ni derecho al paro, ni progenitores a su total disposición; pero aquí rápidamente engrosaron la fila del subsidio, del paternalismo y del bienestar al que están tan bien acostumbrados nuestros jóvenes.

Ni un plato ni un vaso levantaron durante su estancia, ni durante la fiesta que les organizamos. Los papeles y los vasos de plástico regaban el jardín al día siguiente. ¡Ellos! que son de la generación de Greta y se disfrazan de ecologistas en toda ocasión y a quienes se les enseña desde primero de primaria a levantar pancartas y a exigir derechos.

Las mujeres de mi generación en cambio, tienen problemas de espalda y recurren al yoga y al pilates por tanto fregar, montarles fiestas y recogerles a los abolicionistas digitales, toda la ropa del suelo.

Ellos tienen manos de pianista y hay que oírles hablar de política y disertar sobre los temas más variados con una destreza asombrosa, eso sí, sin haber movido jamás un dedo.

Cuando veo a la Greta ecologista me entra la náusea de Nietzsche y me acuerdo de esa juventud tan superior que pretenden vendernos, esa que explota de emoción en internet por cualquier causa a distancia, pero luego es incapaz de ayudar a quien está cerca, en nada, porque tienen corazones verdes sí, pero de emoticono.

El día después de la fiesta y con mucho por recoger, vi aparecer con asombro a mi americano y pensé, “viene a ayudarnos al fin”, pero no; se había desvelado por una emergencia (se había olvidado la noche anterior el cargador del móvil fuera).

¿Y cómo se sobrevive a un Domingo por la mañana sin cargador? Imposible para un ser con alma digital. Lo encontró y se volvió a la cama hasta las 12.

De más está decir, que el dispositivo móvil del ecologista americano era el último modelo de Apple.

“El fruto nunca cae muy lejos del árbol” dice aquella frase sabia, pero a veces, si no prestamos atención; al fruto, (que se parece cada vez más a una granada de mano) lo vamos malogrando y motivando a la incongruencia, nosotros mismos.

Hay gente que teme al poder y al dominio de los robots, yo sin embargo, tengo pavor a esta generación de justicieros cómodos y exigentes que avanza acostumbrada a la reivindicación permanente, pero sin haberse ensuciado jamás las manos.

JR

“Primum vivere deinde philosophari”

( vive antes de filosofar)