“La Igualdad Desmesurada”

Si algo caracteriza al ser humano y lo diferencia de cualquier otra especie es su capacidad para perfeccionarse. Y esa capacidad es la que le diferencia también de otro ser humano.

Uno sabe desde pequeño que posee esa capacidad, nazca donde nazca.

La condición social o económica de cada niño limita, pero no impone un estancamiento en las sociedades democráticas avanzadas, en las cuales prevalece la igualación de las condiciones para todos los ciudadanos.

(Con esto me refiero a aquellos países en donde la Educación de calidad se le garantiza a cada niño.)

El niño adquiere así la oportunidad para perfeccionarse y si ha nacido en una familia en donde la cultura no abunda, gracias a la escuela, puede conocer y acceder a un mundo nuevo y diferente al habitual.

En las sociedades democráticas esta igualación de condiciones implica también una oportunidad para desigualarse de la realidad familiar.

O sea, un niño nacido en un entorno pobre o sin cultura podría el día de mañana cambiar su condición.

Por lo tanto, la igualación de las condiciones da paso también a una nueva desigualdad de condiciones, gracias a la cual, el niño pobre se convierte años más tarde en un hombre rico o culto.

Pero como podemos observar, la desigualdad sigue presente; ya que sus amigos pobres, que no han podido, no se han esforzado, o no han gozado del talento o de la suerte suficiente, seguirán siendo pobres.

Hoy en día hemos ido un paso más allá y se considera que la Democracia no debe solamente proporcionar la igualdad en la oportunidad, sino además garantizar el mismo resultado de progreso para todos, algo que hasta ahora dependía únicamente del esfuerzo, de la habilidad o de la suerte de cada uno.

Este es el concepto del subsidio; que es un refuerzo para seguir igualando, aunque este mecanismo no dé siempre los mismos resultados; ya que lo que unos aprovechan como un impulso para seguir perfeccionándose, otros lo utilizan como un recurso para evitar cualquier esfuerzo.

Existe actualmente una tendencia mundial a desvalorizar el esfuerzo del individuo y a dar por sentado que todo logro ajeno es siempre un beneficio de clase o un privilegio de raza.

Pero aunque haya algunas excepciones, el común denominador del éxito en países democráticos es la suma del esfuerzo, la dedicación y la perseverancia del individuo.

Esta tendencia social y política que rechaza abiertamente el mérito y que es partidaria de una igualdad que no presuponga ningún esfuerzo por parte del individuo, se asemeja curiosamente al comportamiento aristocrático, una condición, que sin ningún esfuerzo se recibía o se heredaba sin más.

La igualdad que establece la Democracia es una igualación de condiciones a nivel legal y esto nos garantiza una salida desde la meta (relativamente) justa, pero que impone a su vez y una vez iniciada la carrera, el esfuerzo particular de cada uno.

La igualación de las condiciones no garantiza la igualdad en el resultado a menos que la carrera esté amañada; porque por mucho que igualemos las condiciones, siempre serán unos mejores que otros. Y que lo sean, lejos de ser una injusticia, es lo que garantiza el progreso de la humanidad.

Intentar igualar a toda costa degenera inevitablemente en una igualación negativa.

El igualar es siempre hacia abajo porque sólo se puede igualar hasta donde lleguen todos, intentando además que nadie sobresalga sobre otro, para evitar herir, diferenciar o discriminar.

Esto no sólo es un comportamiento anti- natura, sino altamente dañino.

Cuando en alguna disciplina se requiere que todos los colectivos estén presentes se aplica una igualación en las condiciones, pero si el que gana el premio no pertenece a una minoría comienzan entonces los reclamos.

No sucede lo mismo sin embargo; en deportes como el baloncesto, en donde ciertas minorías llevan siempre una ventaja sobre otras razas, sin que nadie diga nada.

Existe una exacerbada tendencia a imponer el reclamo de igualdad constantemente y muchas veces injustamente.

Una mujer talentosa no quiere ganar por ser mujer, quiere ganar por tener talento e imagino que sucederá lo mismo en todas los demás colectivos que se consideran oprimidos o discriminados.

Nadie que tenga dignidad quiere que le dejen ganar sin merecerlo.

Un niño de 10 años cuando ve que su padre hace trampa para dejarle ganar a las cartas, se ofende, porque existe en la ventaja y en la concesión una desvalorización implícita.

Jugar con ventaja es la confirmación de una irreversible desigualdad.

Y no duele tanto asumir la desigualdad como su condición de irreversible.

Al niño no le duele tanto perder, como que su padre crea que nunca podrá ganarle.

La igualdad se ha puesto de moda y la opinión pública condena a cualquiera que ose rebatirla en cualquier aspecto, pero yo me atrevo a decir, que no siempre la igualdad es deseable, ni resulta beneficiosa.

La igualación de las condiciones es la base de toda Democracia, pero no garantiza la igualdad.

Y no toda igualdad beneficia a la Democracia.

JR

“Dejarse ir”

Le costó pronunciar cada una de las palabras. Ella sabía que Paul también sufría teniendo que decirle que iba a dejarla, pero al menos se sentiría aliviado unos minutos después.

No es fácil herir a alguien a quien se quiere como a una hermana. Pero esta vez, Mary no le facilitó la huida, ni le interrumpió para salvarle del mal trago y le dejó hablar hasta el final.

Era evidente que Paul tenía ya otra mujer. Los hombres cuando dejan, suelen tener de antemano a otra mujer y generalmente desde hace tiempo.

Dolía como un puñal que te dejasen por otra más joven, más fresca, más complaciente y más hermosa.

“De todas formas – pensó Mary- si yo fuera él, también me dejaría”.

“Ojalá yo también pudiera dejarme en este mismo instante en el que me dejas tú” – murmuró entre dientes.

“Nos iríamos los dos a empezar de nuevo. Y dejaríamos los dos a esta Mary, con sus años, con sus arrugas, con sus piernas flácidas y venosas, con su cicatriz de 4 cesáreas, con sus pechos blandos, con su rabia y su corazón roto”-

Después de todo, así es la vida, todo lo viejo tiende a cansar, a caerse y a abandonarse.

Al principio uno lo abandona de a ratos, luego los espacios de abandono se van alargando y un día finalmente, uno logra hacer desaparecer todo lo viejo de su vida para siempre, ignorándolo por completo.

Y esa no es sólo una forma de subsistencia, sino también una manera de ser feliz.

Cuando era joven pensaba, ¿cómo puede alguien ponerse un bañador con unas piernas tan feas?

Hoy vive sin pensar que tiene piernas y curiosamente es mucho más feliz que cuando las tenía lisas y bonitas.

Si hubiera hecho caso a su abuela materna que siempre le decía. “Encuentra en ti algo que no envejezca y aliméntalo. Eso será tu compañía y lo que nunca te abandone, porque todo aquello que envejece te deja sola”

Eran palabras viejas y poco escuchadas pero que hoy brillaban como si fueran nuevas; información recién parida para aquel que logra comprender con la propia experiencia, aquello para lo que antes había sido siempre sordo.

Si no hubiera dejado de tocar el piano cuando nació el primero de sus cuatro hijos, quizás tendría hoy una compañía. Pero ¿qué sentido tenía tocar el piano en una casa llena de niños y de actividades urgentes?

¿Y qué sentido tenía cultivar algo que no le daba ningún beneficio económico?

Cuando hace unas décadas le comentaba a conocidos que tocaba el piano, la gente le preguntaba ¿y dónde tocas? ¿Has grabado algún disco?

La respuesta era siempre no. Y con ella surgió esa sensación de que todo lo que no diera ni fama ni dinero era simplemente inútil.

Inútil practicarlo, inútil cultivarlo e inútil comentárselo a nadie. Aquello que no dé éxito ni resultados visibles se considera innecesario y al final uno se convence de que es una pérdida de tiempo y de que no sirve para nada.

Si hubiera tocado el piano esa tarde, hubieran salido las melodías más tristes, porque lo que más se llora es aquello que se va para no volver jamás.

El dolor de los dolores es siempre la pérdida de lo irrecuperable.

“Ojalá yo también pudiera dejarme y salir de esta habitación con la liviandad con la que saldrás tú, sabiendo que después de este trago amargo, serás libre al fin” – pensaba Mary

“Yo sin embargo, sigo encadenada a mi; a estas manos arrugadas de cambiar pañales, limpiar mocos, hacer trenzas, deberes, papillas y guisos.

Y aunque todo eso ya no está y ellos también volaron, en mí quedaron las marcas de una vida dedicada a los demás”

“Me olvidé de cultivar aquello que no envejece, como me aconsejó mi abuela. Me olvidé de todo aquello que aunque inútil y no remunerado, me daba vida sólo a mi”

“Me dejas y yo quisiera poder dejarme también. Tienes suerte de poder hacerlo; si yo fuera tú, también me dejaría”- se consolaba Mary

-“Y quizás aún esté a tiempo de dejarme así, como soy ahora y salir de mí, para ser otra”-

Al fin de cuentas, uno ha sido siempre tantas cosas. Uno se ha transformado y travestido tantas veces; ha sido niña, hija,madre, esposa, amante, amiga, empresaria, pianista, maestra, psicóloga, peluquera, profesora de natación, de matemáticas, de filosofía, de inglés, de ciencias, de dibujo.

Uno ha sido tantas cosas y se ha olvidado sin embargo de alimentar aquello que no envejece.

Aquello que no da fama, ni gloria, ni dinero, pero que de una forma mágica y misteriosa, enriquece y permanece.

“Hoy me dejas y yo también quiero dejarme, dejando ir todo aquello que fui y dejándome ir hacia lo que no he sido”.

Dejarse ir por fin a alimentar aquello que no envejece.

JR

(Fragmentos de la novela ” lo invisible”)

“La tiranía del Pensamiento Único”

Muchas veces hemos oído hablar de fascismo y todo fascismo se basa en la tiranía de un pensamiento único.

Todo aquello que esté fuera de ese pensamiento único es considerado por el fascista, no como distinto, sino como “enemigo”.

Solemos relacionar al fascismo con la ideología de derechas, quizás porque fue el último fascismo reconocido, pero el fascismo no tiene nada que ver con una ideología determinada; sino con la limitación de la ideología a un solo tipo de pensamiento.

La falta de libertad para pensar libremente es lo que caracteriza a todo fascismo, sea éste de derechas o de izquierdas.

Y es esta obediencia obligada a pensar de una manera determinada o “políticamente correcta” lo que pone en evidencia a todo régimen fascista.

Pensar contrariamente a los dictados de Stalin suponía una condena a muerte en la Unión Soviética y lo mismo sucede hoy en algunos países musulmanes y sin ir mucho más lejos, en Venezuela, Cuba y Corea del Norte.

Muchos son los regímenes que hoy en día se hacen llamar “demócratas” y sin embargo esconden tiranías de pensamiento único.

En este tipo de gobiernos el elemento fundamental es el dominio del pensamiento del ciudadano y uno de los métodos utilizados para el adoctrinamiento es la prensa; que se ocupa de informar sobre aquellas cosas que el tirano quiere que sepas y de esconder todo aquello, de lo que no quiere que te enteres.

Toda información contraria a su ideología quedará sistemáticamente vedada y fuera del alcance de los ciudadanos, que serán diariamente abducidos bajo un único sistema de pensamiento.

Cuando Kant se refería a “la ilustración” la describía como a ese estadio en el que el individuo alcanza una simbólica mayoría de edad y se vuelve capaz de pensar por sí mismo.

Hoy sin embargo, aunque muchos crean que vivimos épocas ilustradas, son pocos aquellos que se atreven verdaderamente a pensar por si mismos, sin limitarse a “repetir lo mismo que opina todo el mundo”.

Atravesamos épocas de mucho temor a la verdad y casi nadie se atreve a decir lo que piensa realmente, por miedo a ser acusado, estigmatizado, perseguido o amenazado por estos gobiernos de izquierdas tan censores, intimidatorios y dictatoriales.

Si a todos nos sorprendió la victoria de Trump en los Estados Unidos en 2016 fue porque nadie se lo esperaba. Y nadie se lo esperaba porque la gente no se atrevía a decir públicamente que iba a votar a Trump.

Ese voto silencioso, como lo llamaron algunos, dejó al descubierto el temor de la gente a exponerse públicamente y a contrariar a la izquierda, por el miedo a sufrir posibles agresiones y represalias.

Aunque la dictadura del pensamiento único crea que el temor es suficiente para detener la libertad de pensamiento, la historia siempre nos ha demostrado lo contrario.

Y mientras nos quede un aliento de vida, debemos seguir evolucionando como nos diagnosticó Darwin e ilustrándonos como nos marcó Kant, porque la evolución o la ilustración, no son otra cosa que el esfuerzo por superar nuestra cobardía y nuestra propia barbarie.

JR

“Peor que ser odiado es ser temido”

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“La Planificación de la Incertidumbre”

Venimos acostumbrados a tener vidas organizadas, agendas electrónicas, alarmas para cada actividad, overbooking de quehaceres diarios y un sin fin de planes a futuro y siempre con esa falsa ilusión de que la vida puede organizarse a nuestro gusto y medida.

Una pandemia tiene la capacidad de trastocarlo todo; y no sólo los planes a futuro, sino la idea misma de que existe un futuro y de que disponemos de él a nuestro antojo.

Esta misma sensación es la que siente alguien acostumbrado a ser una persona sana, cuando se le diagnostica una enfermedad mortal.

Primero la sorpresa y la incredulidad, después la negación, luego la angustia y mucho más tarde, la conciencia de que la vida era solamente un regalo con fecha de caducidad desde el principio y no un bien eterno como llegamos a creer.

El concepto de temporalidad que nos aportaron siglos de vacunas, de cirugías estéticas y de descubrimientos científicos destinados a convencernos de que podríamos ser eternos, logró despistarnos bastante. Y muchos creyeron de verdad, que la eternidad del individuo era posible.

Es difícil aceptar la finitud para la que fuimos creados, pero este cruel descubrimiento, lejos de convertirnos en seres temerosos y aprensivos, debería hacernos conscientes de que si tenemos algo que hacer, algo que legar, algo que aportar, algo para dar; el momento es ahora.

La finitud puede ser cruel e injusta pero también liberadora; y quien se sabe a si mismo “temporal” se atreve a hacer más cosas y a arriesgarse más que aquel que está empeñado en mantenerse en este mundo para siempre y a quien esa permanencia le ofrece más limitaciones que oportunidades de acción.

Quien se sabe breve actúa y quien se siente eterno se afloja, sabiendo que siempre habrá un mañana disponible para poder hacer algo.

No intento encontrar en la desgracia los beneficios a los que nos impulsan los coaches, ni tengo fe en que después de la brevedad de la vida nos espere algo mejor, sino todo lo contrario, considero que tener que marcharse de una vida bonita es cruel y marcharse de una vida miserable debería ser liberador; aunque a la hora de irse, no quiera irse ninguno de los dos, ni el feliz ni el miserable.

Porque el temor a morir no trata sólo de la vida que dejamos, sino del pánico a la incertidumbre que nos espera y que sufre tanto el feliz como el desdichado.

Planificar un futuro incierto parece ser hoy nuestra tarea; aprender a vivir sin un “para siempre”, sin garantías, sin “lo mismo de siempre” para crear rutinas nuevas, que nos ofrezcan esa barandilla de contención que necesitamos imperiosamente para no caernos de la cama, hacia un abismo de misterio al que tememos porque nunca comprenderemos.

JR

“La Nueva Educación”

De todas las especies, la humana es la que más tarda en ser autosuficiente y por eso la maternidad/ paternidad se vuelve un proceso tan largo y cansador.

Durante los primeros años, el niño nos necesita para todo y sin nuestra guia, va seguro hacia la muerte accidental.

Cualquier peldaño, cualquier piscina, acantilado o carretera implican para él un riesgo mortal, que todo padre tiene que estar siempre dispuesto a salvar.

Lo mismo sucede con los pueblos; a medida que una civilización crece va necesitando de menos cuidados y este crecimiento independiente, tiene que ver con la capacidad de autosuficiencia de cada pueblo.

¿Pero cómo se consigue la autosuficiencia? En primer lugar con la Educación, con la disciplina y luego con el impulso hacia la independencia.

Pero ¿cuál es el tipo de educación que se necesita para la autosuficiencia?

Hablar de “Educación” se ha vuelto un tema de lo más cool y humanista. Si quieres quedar bien en cualquier reunión conviértete en un defensor acérrimo de la Educación, pero no toda educación es conveniente, ni recomendable.

La educación basada en el adoctrinamiento ideológico es muy perjudicial y nunca consigue individuos autosuficientes, sino que consigue crear a seres eternamente dependientes del estado, acostumbrados a merecer todo, por el sólo hecho de existir y sin el menor esfuerzo por su parte.

Fomenta además el resentimiento, el odio, mal informa sobre el pasado y sobre las costumbres y cultiva un idealismo fofo, vacío y estupido.

Todo adoctrinamiento enseña además, las posturas y artilugios para el disimulo y el fingimiento; volviendo al individuo un ser capaz de argumentar cualquier incongruencia con destreza y sin titubeos y prescindiendo siempre de toda lógica.

En conclusión, convierte a personas en repetidores de sloganes, sin dejar pasar jamás un razonamiento coherente por su mecanismo o proceso de pensamiento.

Por eso cuando me encuentro con alguien que presume de estar muy educado, me pregunto: ¿Si, pero educado en qué? Porque no toda educación suma en el proceso de inteligencia.

Es complicado enseñar filosofía o historia hoy en día en ambientes de izquierdas y se nos obliga al profesorado a menudo a obviar temas que puedan “herir sensibilidades”, como la esclavitud, el terrorismo o las masacres.

Se promueve, se recomienda y se obliga a una enseñanza parcial de la historia que vaya en concordancia con la ideología reinante.

Se evita la enseñanza de todas las masacres históricas de las ideologías de izquierdas en los temarios y se prohíbe hablar del fracaso del comunismo y de las torturas, extorsiones y mecanismos de control de la Unión Soviética, China o Cuba.

Yo disiento profundamente con esta filosofía que implica seguir “suprimiendo a la carta” información veraz e importante; pero todo se hace “supuestamente” en aras de una nueva humanidad eco humanista/ pacifista/ sostenible/ hipersensible, extremadamente impresionable y crecientemente comunista; que no necesita en este momento, informarse ni comprobar el desastre y la deshumanidad de su panfleto ideológico. (¿Para qué desmotivarles?)

La Historia en realidad sólo sirve para que aprendas sobre todo aquello que pasó y podría volver a pasarte. Y el comunismo es un mal que si te descuidas de estudiar, va a volver a pasarte muy pronto.

Hay mucho ocultamiento y adoctrinamiento en la educación actual.

Como filósofo uno debe cuidarse actualmente de enseñar a Platón y a los griegos en general, porque en el siglo V la esclavitud era una costumbre no cuestionada y el alumnado progresista suele reaccionar de forma muy violenta en clase, no sólo cuando tratas la división de clases de la Antigua Grecia, sino también cuando enseñas la Democracia.

Sin embargo, cuando me toca enseñar a Marx, la clase es una fiesta de reivindicaciones; de estudiantes “oprimidos”, que con más de 25 años no trabajaron en la vida, pero que se sublevan como si hubieran trabajado en minas de carbón toda la vida.

Nunca antes en la historia de la humanidad hubo tanta comodidad, tanta formación, tantos cursos, tantas universidades y tantas facilidades para poder estudiar y nunca antes sin embargo, se multiplicaron y a tanta velocidad, juventudes tan violentas, incoherentes e ignorantes.

JR

“Yo no soy marxista” -Karl Marx

Para comprender los movimientos políticos y sociales que están aconteciendo hoy en día en la mayoría de los países occidentales, debemos volver a repasar la teoría de Marx.

Marx fue un estudioso de la revolución francesa y gracias a ella descubrió que todos los conflictos a lo largo de la historia tuvieron una base de descontento social y de luchas de clases; por lo cual, no es extraño que siempre que se desea cambiar un sistema político se recurra a esta estrategia.

Crear el conflicto de clases, o la grieta, como se le llama en algunos países, es el primer paso a seguir para impulsar el desmoronamiento de un sistema político que se desea erradicar; en nuestro caso, el sistema que se busca quebrar es la Democracia y el estado de derecho.

Marx comprendió que todo conflicto social termina siempre dando lugar a formas políticas diferentes.

Pero lo más relevante de la teoría de Marx es su concepto sobre cómo el “storytelling” resulta fundamental a la hora de derribar las estructuras existentes.

Para Marx describir el mundo no se limitaba a dar cuenta objetivamente de lo que sucedía en el mundo, sino que aspiraba a una descripción del mundo que le permitiera transformarlo.

Según cómo describamos el mundo, tendremos una u otra comprensión; es decir, la interpretación que tú hagas del mundo llevará al sujeto hacia la acción política que desees.

No es extraño que hoy los medios de comunicación sean el primer objetivo de todo movimiento marxista; porque lo que interesa no es informar objetivamente, sino manipular la información en pos de conseguir los fines deseados.

O sea, provocar en el sujeto las sensaciones necesarias para llevarlo hacia determinada acción.

Últimamente el empoderamiento de la izquierda ha consistido en crear las siguientes divisiones: mujeres contra hombres (feminismo), pobres contra ricos, empresarios contra empleados, negros contra blancos, aborígenes contra blancos, inmigrantes contra pueblos de acogida, veganos contra carnívoros, etc.

Toda identificación con un grupo o pertenencia a una comunidad pareciera imponer un enemigo común y ése es el principal objetivo de la izquierda marxista desde hace décadas; que toda comunidad tenga en común, no un ideal, sino un enemigo.

Marx decía “Las relaciones de producción son relaciones de explotación” y frente a semejante descripción del mundo económico/laboral era inevitable una revolución.

Por eso, la forma en cómo plantees el problema y a quien culpabilices de ese problema, resulta fundamental para un marxista; que no busca una descripción real y objetiva en busca de un acuerdo o de una solución; sino una descripción que impulse a la acción necesaria para conseguir su objetivo; que no es la reparación, sino el quiebre de un sistema.

Los filósofos marxistas no se ocupan de describir el mundo y analizarlo; sino de describirlo de la manera adecuada para llevar al individuo hacia la acción revolucionaria.

Marx solía decir: “Hasta ahora los filósofos se han ocupado de describir el mundo, ahora se trata de transformarlo”

La cuestión está en la manera en la que uno describe las cosas; según cómo nombremos el mundo, tendremos una u otra reacción.

El problema con la teoría de Marx fue que nunca previó los resultados de su revolución y nunca predijo sus consecuencias, ni dejó un manual de instrucciones, ni una teoría política que mostrara el camino a seguir después de la revolución.

La dictadura del proletariado se extendió por décadas y sus resultados fueron nefastos y tan nefastos fueron, que Marx llegó a desentenderse y a decir : “Yo no soy marxista”

JR

“Becoming Resented”

Todavía recuerdo aquel día en que Barak Obama se convirtió en el primer presidente de color de los Estados Unidos. Sentí una emoción profunda y admiré a la sociedad norteamericana por dar una vez más, un ejemplo de Democracia al mundo.

El triunfo de Obama fue un símbolo de conciliación a nivel mundial, o al menos yo lo creí así durante mucho tiempo, y aunque no compartiese muchas de sus ideas políticas, su triunfo fue una alegría más allá de cualquier ideología.

Sin embargo, 8 años después, el triunfo de Trump no fue recibido con la misma tolerancia y durante toda su presidencia la oposición se empeñó en no hacer otra cosa que hostigarle sin descanso durante todo su gobierno.

Es curioso ver cómo aquellos que presumen de una superioridad moral y de una tolerancia inigualable, no lo demuestran cuando las cosas no salen como ellos quieren.

No recuerdo que durante ninguna de las dos presidencias de Obama se le haya hecho una persecución semejante a nivel mundial, como se hizo con Donald Trump.

Y es que queda claro, que cuando las cosas no son al gusto de la izquierda, arde Troya.

La Democracia es maravillosa cuando la izquierda puede manifestarse en la calle y romper y quemar todo, pero cuando el que se manifiesta y protesta pacíficamente contra las medidas de la izquierda es otro, ahí la democracia ya no sirve y hay que aplicar medidas estrictas de control y de represión. En ese caso, la policia opresora pasa a ser un aliado y las fuerzas militares, un recurso a tener en cuenta si hace falta más represión.

La Democracia ha demostrado ser la estrategia de acceso de aquellos que en realidad la usan para acceder al poder y una vez allí, instalar un gobierno totalitario.

Para airearme un poco de tanta polarización decidí ver el documental de Michelle Obama en Netflix, esperando encontrar un canto a la conciliación y al entendimiento democrático; pero para mí sorpresa, me encontré con un documental que resultó ser un canto al resentimiento.

Yo que veía a Michelle Obama como a la confirmación del sueño americano; una mujer afroamericana que estudió en Princeton y en Harvard y que llegó a ser primera dama; me encontré para mi sorpresa con anécdotas oscuras de racismo y de recuerdos de esos feos, que todos hemos tenido en nuestra vida, por muy rubios y de ojos azules que seamos.

¿Quién no fue alguna vez rechazado, discriminado, burlado, echado de un grupo, menospreciado o esnobeado?

Yo creí que Michelle Obama gozaba de una situación de compromiso y de privilegio, y que tenía también una responsabilidad de compromiso social conciliador.

Un compromiso destinado a curar desigualdades y no a seguir abriendo heridas y fomentando más división y resentimiento.

De más está decir que no me gustó cómo contó su historia, en donde no se nota el agradecimiento a un país al que debería querer. Sin embargo, en cada relato se percibe en ella un resentimiento y una falta de patriotismo casi alarmantes.

¿Qué esperar de quien accedió a todo y no es capaz de agradecer y dar un mensaje conciliador?

Después de ver el documental no me quedó ninguna duda de que esta grieta que promueve la polarización y que poco a poco se ha ido alimentando durante estas últimas décadas a nivel mundial, seguirá dando sus frutos.

Unos frutos amargos y destructivos que no fomentarán los principios del diálogo y de la comunicación que establece la Democracia, sino de confrontación y de rivalidad permanente, que imposibilitan cualquier proyecto común.

No hay recetas infalibles que aplaquen el resentimiento, porque todo depende de cómo cada uno viva, afronte y supere sus propias dificultades en la vida; pero la forma en que uno transmite sus dificultades es fundamental a la hora de curar o de perpetuar una herida.

No es lo que cuentas, sino cómo lo cuentas lo que definirá que tus interlocutores sanen o enfermen.

JR

“El Despotismo Suave”

De todas las formas de gobierno la más temida por la mayoría de filósofos fue siempre el despotismo.

Si tuviéramos que definirlo, diríamos que es la autoridad ejercida de manera absoluta y arbitraria, sin limitación alguna por parte de la ley o de otros poderes.

Si bien la Democracia en teoría nos proporcionaba la posibilidad de estar a salvo del despotismo, este estado de alarma eterno, nos ha desmentido con fuerza esta premisa.

Mucho se habla del temor al contagio, en una época en donde la pandemia azota al mundo entero, pero mucho menos se habla del temor a la pérdida de la libertad individual, a la que nos han condenado los gestores de esta pandemia.

La política y la salud van demasiado juntas en países como España y escasean profesionales especializados e independientes dirigiendo este tipo de crisis.

Lo que vemos al frente son personas sin ninguna experiencia sanitaria, utilizados como títeres del gobierno, que dicen o que callan, aquello que le conviene al presidente en cada momento.

“Hasta que no haya testeo masivo no podremos salir a la calle”- dice el científico de turno para respaldar nuevas ampliaciones del estado de alarma.

Y a continuación le preguntan: ¿Por qué no hacen los test entonces?

“Es que no hay tests para todos”- contesta el doctor.

Si la solución que ofrecen no está disponible, entonces la única solución es que este confinamiento despótico dure para siempre.

Si hoy no hay test para que podamos recuperar nuestra libertad individual ¿qué nos garantiza que en un año haya vacunas para todos?

La realidad es que los políticos de izquierdas parecieran estar utilizando a a la pandemia como estrategia para implementar un nuevo régimen y a los científicos, como a sus aliados políticos en la causa.

Por lo cual, no se le puede creer a ninguno. Mientras no haya una división clara entre sanidad y gobierno; no hay confianza posible por parte del ciudadano.

Y es que poco a poco, nos empezamos a parecer mucho a China. Allí, si un científico no dice lo que manda el emperador, muere misteriosamente al día siguiente.

¿Cuál es el límite entre la protección y la esclavitud?

Tocqueville hablaba sobre los grandes riesgos que podía sufrir la Democracia y especialmente sobre la posibilidad de convertirse en un “despotismo suave”.

“El peligro es acabar en una esclavitud ordenada, dulce y pacífica, bajo las directrices de un Leviathan amable”; que no necesita levantar la voz para que el pueblo le obedezca.

Hay una diferencia fundamental entre un déspota absoluto y un déspota suave, y es que el déspota absoluto propende a un daño físico más fácil de reconocer, mientras que el déspota suave hace un daño psicológico ( daña el alma).

Esta desviación política impone vivir bajo un tipo de régimen despótico- administrativo, en donde el déspota no tiraniza, sino que ejerce un poder “paternal” sobre ciudadanos inmaduros; moldeados al gusto de la opinión pública y que se van dejando “cuidar” hasta la esclavitud.

En países como éstos, el mayor riesgo del coronavirus no es para salud, sino para la Democracia.

El déspota suave pregunta: ¿Salud o libertad?

¿Salud o privacidad?

¿Salud o Economía?

¿Salud o Democracia?

Y el pueblo contesta: “salud”

¿No es eso Democracia?

JR

“El Estado Absoluto”

Hobbes nos describía a un hombre guiado por su instinto de supervivencia, que teme a la muerte y al dolor y cuya única forma de evitarles es bajo la protección del estado.

Nuestra naturaleza primitiva se puso en evidencia en aquellos días de terror y de compras masivas en los supermercados. La pandemia del papel higiénico expuso nuestro lado más salvaje, junto a la percepción del otro como al enemigo contagioso y dejó clara nuestra gran disposición a dejarnos proteger por un Estado benefactor y patriarcal; que lejos de limitarse a sus funciones, no ha dejado de obtener beneficios de una situación desesperada.

Las compras de material a empresas fantasmas chinas coinciden curiosamente con la falta de material en los hospitales y el inexistente testeo a la población.

Todos se preguntan adónde están esos cientos de miles de euros en material que se gastó y que escasea, pero en un Estado absoluto el ciudadano no tiene derecho a preguntar, ni a exigir ninguna respuesta.

Toda protección se paga con otro tipo de desprotección. Es como la manta pequeña que si te tapa los riñones, te destapa los pies.

La indefensión del ciudadano ante un estado absoluto es total y ya nos lo anticipó Hobbes en su conocido “Leviathan”, que frente a los abusos de un estado absoluto el ciudadano no tiene ningún poder.

Ese es quizás el precio de tanta protección y cuidado paternalista; en que uno al fin de cuentas delega su libertad y queda irremediablemente en manos del otro y ese suele ser el precio de toda dependencia.

Esta actitud temerosa y dependiente desenmascara la gran cobardía ciudadana; que para solucionar su miedo termina pactando con el diablo al precio que sea, con tal de sentirse seguro.

Nada resulta más parecido al Leviathan de Hobbes que este estado de alarma, con la diferencia que Hobbes proponía a un estado no intervencionista, y en nuestro caso, la intervención de la empresa privada ( aquellas que sobrevivan) será el próximo paso a seguir en este abuso de poder estatal y del que tanto disfrutan los políticos de izquierdas.

Mientras nosotros compramos papel higiénico, enseñamos aritmética a nuestros hijos, tememos a la policia y a sus multas, denunciamos a los vecinos que pasean sin perro y fuera del horario establecido por el toque de queda, improvisamos despacho en la cocina y perdemos nuestra fuente de ingresos, ellos van cortando nuestras libertades individuales, sin nuestro consentimiento y en pos de un virus terrorífico que podría matarnos.

El terror es el anzuelo de todo poder totalitario y a la vez es la gran oportunidad que les ha caído del cielo esta vez, para implantarnos, sin ninguna resistencia popular posible, un estado absoluto.

El Leviathan está aquí y es peor que el virus; porque a este monstruo no se le combate ni con jabón, ni con mascarillas.

JR

“Cuando la Política se desprendió del Buenismo”

Con los griegos ética y política iban siempre de la mano, porque no se trataba sólo de gobernar sino de gobernar éticamente.

En la Edad Media, que fue el resultado de la corrupción y el declive de los sistemas políticos romanos, la ética fue reemplazada por la teología; y religión y gobierno pasaron a ser lo mismo durante mil años.

Tomas de Aquino abrió el camino hacia la separación de estas dos fuerzas, pero fue Maquiavelo quien finalmente separó a la política de la falsa moral.

Si Maquiavelo tiene mala fama es porque consiguió darle a la política una autonomía hasta ahora inconcebible y la consideró como a una práctica totalmente separada, tanto de la ética como de la religión.

La política pasa a ser una herramienta específica para la acción de gobierno, que no es otra que la toma de desiciones en pos de resultados óptimos para la República.

La función de un gobernante es la de decidir; aunque no siempre sea para decidir entre un bien y un mal, sino también para decidir entre dos males.

Para Maquiavelo la política era una disciplina para conseguir los resultados deseados, que debían ser siempre los mejores para el bienestar de la República.

Habiendo sido un estudioso de la historia, Maquiavelo analizó con detalle todas las circunstancias políticas relevantes e hizo una recopilación de todas las tácticas, métodos y estrategias pasadas; y en el libro “el príncipe” concibe a la política como a un conjunto de acciones útiles, (no siempre ideales), para lograr un resultado óptimo.

Lejos de ser un promotor de tiranos, Maquiavelo fue un observador de la naturaleza real del ser humano y un promotor de la republica, dando pautas para conservarla, aún cuando por su natural tendencia cíclica, todos los sistemas políticos tiendan a un declive y a un reciclaje.

La utilidad es el punto clave de la política; siendo ésta la herramienta para lograr los beneficios necesarios para cada estado.

El problema con Maquiavelo es la mala interpretación que se le dio a sus reflexiones y el uso individualista al que fueron sujetas sus premisas y observaciones sobre las conductas humanas y políticas.

Pocas veces vemos hoy a los políticos pensar en el bienestar de la República por encima de sus intereses particulares.

La política se ha convertido en un medio para el bienestar personal del político y de su círculo de acomodados y sus desiciones poco tienen que ver con la búsqueda del bienestar del pueblo al que gobiernan.

Pero lo más curioso de todo este asunto es que utilizan una pseudoética para congraciarse con el pueblo.

Les gusta “hacerse los buenos” y el pueblo sigue sin entender que los políticos no están en su cargo para “hacer de buenos”, sino para tomar desiciones y para conseguir el progreso y el bienestar de su pueblo.

La política es una herramienta de trabajo en aras de resultados, no un altar en donde ser alabado, adular tus buenas intenciones y ocultar tu ineficacia

Costó siglos separar gobierno y religión y que cada rubro tuviese su sitio; para tener ahora que soportar a esta gentuza jugando a ser el Dalai Lama.

No votamos para Papa y no queremos políticos “hipócritas y santurrones”, sino políticos hacedores y eficaces que se atengan al respeto a la ley, la misma que acatamos todos.

Que cumplan con sus fines, que no deberían ser otros que nuestro progreso y bienestar en todos los ámbitos.

Ansiamos profesionales que utilicen a la política como a una herramienta y no como a un pedestal para ser beatificados.

La nueva ética es la de cumplir cada uno con nuestro trabajo y de manera eficaz.

No existe otra ética más loable que ésa, en momentos de crisis y de reconstrucción.

No queremos santurrones improvisados hablando con tono de párroco franciscano, sino líderes fuertes, firmes, trabajadores y profesionales.

JR