“La nueva Normalidad es la Dependencia”

El sueño americano fue desde siempre poder “vivir de tu trabajo” y todo aquel que haya emigrado a los Estados Unidos ha comprobado que si trabajas duro, progresas.

(Pero lo que nadie te cuentan es que allí la gente se levanta a las 5 de la mañana y trabaja sin descanso hasta las 6 de la tarde, sin cafecito a las 11, ni comilona a mediodía y sin servicio doméstico en casa).

Sin embargo, en los países gobernados por ideologías de izquierdas (como España o Argentina entre otros) sucede justo lo contrario, porque el sueño del ciudadano es “vivir sin trabajar” y toda su energía está puesta en aprender las diversas triquiñuelas para conseguir subsidios múltiples y poder subsistir evitando el trabajo.

No es de extrañar que los pueblos sean distintos entre sí y que ambas mentalidades vayan forjando a su vez, valores diferentes.

Quien depende de un estado que le financia la pereza estará siempre encadenado a la dádiva, es por eso que generalmente, la población de los países hispanos, latinos o musulmanes no vota el trabajo duro y el progreso, sino el subsidio.

Pero lo más triste de todo es que cuando emigran de sus países pobres hacia países capitalistas del primer mundo, buscan hacer lo mismo allí y seguir viviendo de subsidios.

En los Estados Unidos el pueblo es muy trabajador y sabe que el trabajo lo es todo. Todas tus garantías, tus créditos y hasta tu seguro de salud dependen de él, por lo cual, lo primero para un norteamericano es encontrar y mantener un buen trabajo.

En los países hispanos sin embargo, el trabajo es un puente hacia el subsidio; trabajar tres meses, lograr que te despidan y que te indemnicen, lograr que la seguridad social te mantenga y gozar indefinidamente de una educación y de una sanidad gratis, sostenida con el impuesto al trabajo de unos pocos.

Muchos fueron los estadistas que sostuvieron que el clima era en gran medida el responsables de la mentalidad de los pueblos y sostenían que cuanto más cerca del ecuador se estaba, más vagos resultaban ser los pueblos.

Aunque a mí modo de ver, es la educación en la dependencia y la motivación recurrente hacia ella, lo que la potencia y la cultiva.

Lo que pone en peligro a una sociedad no es la corrupción de unos pocos, sino el relajamiento de todos y cuando el individuo aprende a que la dependencia del estado es una normalidad en vez de ser una excepción; tiene sin duda, la semilla de un sistema totalitario en puerta.

Existen muchos tipos de corrupción y la dependencia es sin duda una de las corrupciones más peligrosas, porque el ciudadano prioriza su manutención sobre cualquier otra cosa y es capaz de arriesgar todas sus libertades con tal de conseguirla y de mantenerla.

No resulta extraño que la “solidaridad” sea el principio básico de los sistemas comunistas; en donde existe un estado proveedor de bienestar, que a cambio, se ocupa de limitar las libertades individuales, de dominar el pensamiento y de comprar las voluntades.

Quien depende de alguien va limitando y moldeando su propio pensamiento en pos de preservar aquella manutención; pero lo que en realidad refleja este tipo de esclavitud, no es tanto la tiranía del estado, como la comodidad de un pueblo.

La comodidad es sin duda la droga que más corrompe a los pueblos y quien por comodidad reniega de su libertad, no la merece.

JR

“Ser libre da mucho trabajo”

“La Polarización como legítima Defensa”

Mucho se habla hoy en día de que el mundo se ha polarizado y de que son muy pocas ya, las posturas intermedias con respecto a determinados temas.

Personalmente, no creo que el término medio se haya extinguido en pos de la polarización, sino todo lo contrario; creo que la polarización en muchos casos, es el contra -balance necesario para regresar a un término medio.

Con esto quiero decir que la mayoría de las personas que últimamente se han polarizado lo han hecho porque perciben un peligro inminente en un extremo.

Cuando hablamos de la actual polarización deberíamos preguntarnos primero por qué sucede, mucho antes de juzgarla tan negativamente.

En épocas de nazismo también hubo polarización; o estabas a favor o estabas en contra del régimen.

El término medio no era ni adecuado ni valiente.

Muchos fueron sin embargo, los que se mostraron tolerantes con esa ideología en pos de evitar involucrarse y prevenir un conflicto personal.

Pero si el mundo entero hubiese permanecido “tolerante y moderado” frente a aquella ideología totalitaria; seguramente otro hubiera sido el resultado de la Segunda Guerra Mundial y otro también el destino del mundo.

La moderación es recomendable en la salud y en la economía, pero no es para nada adecuada frente a la aparición de un peligro.

De hecho, uno no se modera para defenderse de un grave peligro.

Uno se defiende como puede y con los elementos que tiene disponibles en ese momento porque en esos casos, la resiliencia y la moderación pueden resultar fatales.

Frente a la creciente polarización deberíamos preguntamos entonces ¿cuál es el peligro que percibimos como inminente?

Cuando me reúno con venezolanos expatriados y me relatan su experiencia chavista, me la cuentan como un proceso que comenzó lleno de ideales y de buenas intenciones, un proceso muy lento y lleno de distracciones, que contó con un pueblo pacífico y resiliente, moderado, cómodo y sumiso.

Un buen día el pais cambió y lo hizo efectivamente contando con esa ayuda: la moderación de un pueblo pacífico y distraído; que rehúye del conflicto y del enfrentamiento.

Este es el alimento para todo régimen totalitario; sea éste de derechas o de izquierda.

Hay momentos en la historia en que la polarización es síntoma de un peligro, e ir contra ella a destajo, es trabajar para fomentar y acelerar ese peligro.

Negar o no darle la importancia suficiente al nazismo o al chavismo incipiente fue alimentarlo y darle alas para crecer.

Un pueblo valiente se declara contrario al totalitarismo y si tiene que polarizarse se polariza.

Porque hay veces que para volver a un punto medio hace falta hacer un contra balance urgente.

El “cobarde actual” comparte los ideales del totalitario en la medida en que no se enfrenta a él ni lo denuncia, para seguir pareciendo siempre un “hombre moderado”.

El pueblo que no encuentra en sus líderes a esa figura fuerte que le proteja del abuso, cambia de líder en busca del amparo de otros más valientes, porque nadie quiere ser representado por un cobarde.

La cultura del “ser bueno y tolerante” trabaja a favor de todo sistema totalitario, que aplica un sistema de obediencia y de temor, manteniendo así el camino despejado para avanzar en su proyecto.

Mis amigos venezolanos me aconsejaban ante todo, “reaccionar a tiempo”; pero si reaccionas te tildan de haberte polarizado y consiguen acomplejarte.

“Qué mal verte así, tú que siempre fuiste tan moderado”… te dicen.

Y me imagino que algo parecido le dirían también a Churchill…

Y así es como evitan que te defiendas, cuando todavía estás a tiempo de hacerlo.

JR

“El desafío de Educar”

“La paternidad/ maternidad es la única carrera en las que se te otorga el título, antes de haber cursado las materias”.

Es cierto que convertirse en padre o madre insufla una sensación de poder; uno de pronto siente la satisfacción de haber traído una vida al mundo; habiendo sido en realidad, sólo el vehículo en todo este mágico proceso.

No me canso de ver en los perfiles de las redes sociales enunciados como ” padre, hijo, esposo, suegro, cuñado, abuelo de” como si se tratara de títulos nobiliarios.

Todos sabemos que ser padre no es ni fácil ni barato, pero de ahi a anunciarlo en las redes sociales como un logro o como una carta de presentación personal, me resulta un recurso sentimentaloide, presumido y en la mayoría de ocasiones, inadecuado.

El anunciarte como “padre” no presupone que seas un “buen” padre, por lo cual esa información no aporta en sí misma un valor positivo a tu persona.

Y aunque fueras un buen padre; los tiranos, los asesinos, los nazis, los integrantes del KGB; también eran cariñosos y afectuosos con sus hijos y con sus mascotas.

Por lo cual, este tipo de detalles tan universales, no te hacen especial en ningún sentido.

La paternidad o la maternidad no deberían presuponer un punto a favor ni en contra en la evaluación individual de un ser humano.

Ser padre no es un mérito en sí mismo.

Lo peor de la paternidad es sin duda la tarea de educar; …difícil carrera la que tiene por delante este título nobiliario…

Si el hijo triunfa, entonces “la fruta no ha caído lejos del árbol”, si el hijo fracasa, generalmente es porque ha salido clavadito a la otra rama.

Sólo nos adosamos a la sangre los triunfos del cachorro y endosamos a cobro revertido los desaciertos del engendro.

Educar es un coñazo y no hay buen padre que no coincida en que decir que “no” es mucho más difícil que decir que “si”.

Lo más fácil es siempre mirar para otro lado, no perder tiempo en involucrarse y dejar que el niño se vaya haciendo solo. Y es que al final, los niños no nos pertenecen del todo…

Pero aquello que vuelve, son las consecuencias de sus errores cuando son menores de edad o no disponen de recursos suficientes para afrontar las consecuencias de sus errores.

La mayoría de edad ya no está marcada por un número de años, sino por un número en la cuenta de un banco. Y es que la independencia real, sólo aparece con la independencia económica.

Hasta no ser independiente económicamente no se convierte el joven en mayor de edad, ni en un ente responsable total de sus actos.

La mayoría de edad funciona en la medida en la que uno es capaz de pagar en todo sentido por sus errores.

Es duro hablar así de la paternidad, ya que pasamos de pronto del orgulloso y empalagoso título en twitter; “padre, esposo, hijo, suegro, cuñado” ; a la realista visión de los hechos reales que incluyen todas esas maravillosas y promocionadas relaciones humanas.

Como todo en esta vida, hay líneas delgadas que convierten a toda virtud en un defecto.

La libertad es libertad hasta cierto punto y la educación es educación hasta cierto punto también. Una vez traspasada la delgada línea de la virtud, la libertad se convierte en violencia y la educación también.

Hay que educar, si, pero no tanto. Hay que ser libre, si, pero no tanto.

Cuando tu virtud se hace violencia, entonces ya no es virtuosa. Y cuando tu libertad la paga otro, ya no es tan libre.

Lo difícil no es la receta, sino la medida de cada cosa.

El término medio entre educar y adoctrinar; entre dar libertad y limitar, entre mimar y dar responsabilidad, entre estar presente y saber cuando desaparecer, entre la ponderación y la crítica, entre la dependencia y la autonomía, entre el cariño y la asfixia; son sin duda lo más duro en esta carrera con título previo.

No es fácil la tarea que tiene un padre por delante y no siempre tus esfuerzos serán valorados ni evaluados como tú lo esperas.

Pero presumir en las redes sociales de que eres “padre” no te hace ni especial, ni bueno, ni poderoso, sólo muestra que estás cursando la carrera más ambigua, más común y corriente e impredecible de todas.

JR

“The Happy Life”

Mucho cambian las cosas de una época a otra; se actualizan los valores, las consignas, las prioridades y las metas.

A una parte de este proceso se le llama evolución, pero otra desgraciadamente, se parece más a una involución.

Será quizás que no todo aquello que se mueve, avanza.

Mucho han cambiado nuestros valores en una sociedad orientada al narcisismo como agenda y al objetivo de una “happy life” como el fin próximo y último de nuestra existencia.

Aquella ética del trabajo, del esfuerzo y de la lucha por un bien mayor más allá de la satisfacción de los propios deseos, se difumina en una nueva sociedad que condena el esfuerzo, el sacrificio y el trabajo duro, y que exige todo “ya”.

El éxito fácil promueve la preocupante y creciente prostitución infantil de muchos niños que son víctimas de ella y de muchos otros, que voluntariamente se prostituyen, porque descubren en la prostitución el camino rápido hacia el dinero fácil.

Muchos de nuestros objetivos han cambiado y los matrimonios también duran cada vez menos.

Al menor esfuerzo, las parejas se cansan, se desenamoran, desean al compañero de trabajo, al jardinero o al personal trainer.

Y en un mundo happy, en donde “nothing is imposible” y en donde toda represión es síntoma de enfermedad, engañar y traicionar está permitido siempre que se trate de tu felicidad y de complacer los deseos inmediatos de una “happy life”; que nos exige ser felices a toda costa y a cada momento.

La publicidad nos programa a que” si lo deseas, lo tienes”; ya no importan los medios ni las consecuencias, porque lo único válido es tu deseo.

“¿Te gusta conducir?” _te preguntan, como si ese gusto fuese suficiente para que te merezcas un bmw.

Detrás de este narcisismo justificado como religión moderna y promovido hasta la tumba, está también el healthy life, la obligación a la duración infinita en una vida de narciso.

Si antes uno veía en la gente mayor una sabiduría, hoy te los encuentras igual de tarados que una chica de 15 años y en las mismas tiendas de ropa de tus hijos adolescentes, viejos comprando pantalones pitillo y gafas de sol estrambóticas.

_¿Para tener un coche descapotable, hay que ser calvo?_ me preguntaba mi hijo hace unos años. _”No querido, tienes que tener pasta y trabajar mucho”_

(Frente a semejante panorama desolador para los jóvenes es mejor crearse una página porno a tiempo y llegar al descapotable antes de que la calvicie aparezca).

La urgencia por el placer no sólo frustra, sino que prostituye. Y no sólo lo hace con los cuerpos, sino también con los valores.

Los viejos no se hacen sabios, los jóvenes no se hacen adultos y los niños juegan a ser modelos porno en redes sociales peligrosas.

Hay un enmarañado social profundo, en donde nadie ocupa su lugar, ni deja lugar al otro.

Si la longevidad se vuelve un problema de cupos, no es solamente porque los viejos duren más que antes, sino también porque los jóvenes no están nunca lo suficientemente preparados para ocupar sus sitios con valentía.

Nuestra sociedad hiperinformada es a la vez manipulada con información a cada momento. Entre el instagran, el gimnasio, la depilación láser, el botox y la peluquería ya no queda tiempo para comprobar la información recibida.

Deglutimos información falsa y manipulada a diario.

Nuestra hiper conexión es a base de eslóganes que vamos repitiendo, sin ninguna investigación previa y sólo para tener algo que comentar en las redes sociales y hacernos los que estamos al día.

Ni vimos el debate presidencial de Estados Unidos, ni sabemos nada de lo que ocurre allí, pero hay que ver cómo estamos opinando en las redes. (mejor dicho; qué bien repetimos el eslogan de la ideología de turno).

Aquel que crea esos eslóganes es quien de verdad maneja nuestro pensamiento.

Pero en una época abocada al narcisismo desde la cuna a la tumba, ¿quién tiene tiempo de pensar o de investigar una información?

Ni que hablar de ponerse el despertador para ver en vivo lo que pasa del otro del mundo. Pero hay que aguantar a diario a los opinólogos de la ignorancia más absoluta.

Si con suerte llegamos a los 70 estaremos o en la consulta de la cirugía estética o haciéndonos la quimioterapia. No hay término medio, ni sabiduría posible en la vida de un Narciso.

Pasamos del Botox y el shopping a los cuidados paleativos; sin tiempo para madurar.

El problema no es la juventud, ni es la ancianidad, sino la sociedad entera.

Hemos contraído un virus igualmente degenerativo para niños, jóvenes, adultos y ancianos; el síndrome narcisista de la “Happy Life”; en donde la sobrevaloracion del placer inmediato, no deja lugar a ninguna trascendencia.

JR

“Receta Coronavirus”

No es nada nuevo usar a las desgracias para obtener un beneficio. Hay cosas que son tan viejas como andar a pie y estudiar la historia siempre nos ayuda a preveer situaciones que tienden a repetirse.

Hubiera estado bien que los alemanes de la Segunda Guerra Mundial estudiasen historia francesa antes de adentrarse en Rusia en invierno, como hizo Napoleón. Pero no hay mal que por bien no venga y a veces la ignorancia también nos trae algunas bendiciones.

Hoy el Corona es una oportunidad para muchos; para crear pánico y caos, postergar elecciones o elegir el correo como opción para el fraude electoral, como intentan hacer los demócratas en los Estados Unidos, y esta es una más, de las múltiples oportunidades que le ven algunos a esta pandemia.

Mientras China crece y está recuperada, los sistemas democráticos occidentales tambalean frente a unas izquierdas que avanzan sin escrúpulos ni vergüenza, arrasando instituciones y legislaciones vigentes y en algunos países, incluso códigos de convivencia tan elementales como la ley de propiedad privada.

Luego nos preguntamos quién creó el virus y con qué fin, pero la evidencia está a la vista por más que la izquierda insista en que fue una simple fatalidad causada por no encontrarle el punto de cocción a un murciélago.

Mientras la prensa y las cadenas de televisión se ocupan día y noche de seguir creando el “pánico corona” cuidándose y mucho, de mencionar en sus informes que las hospitalizaciones y las muertes son bajísimas ahora mismo en Europa, los niños salen al colegio nerviosos, con un listado de geles, toallitas, máscaras, filtros y un sinfín de normas de distancia en clase, en patios, en pasillos, en comedores y en todos los accesos.

Hoy al ver a mis hijos salir por la puerta de casa les decía: – “Id sin miedo, porque ser un cobarde y un aprensivo es mucho peor que tener coronavirus”.

Mientras seguimos incentivando desde el parvulario a estas nuevas generaciones de cagones, chivatos y alérgicos a todo, me adentro en mis estudios y leo sobre el pasado y sobre esas generaciones de colonos, de romanos, de vikingos, de espartanos, de las que ya no nos queda casi nada.

Somos unos pusilánimes aburridos y adictos a internet y a la intolerancia alimenticia; todo nos cae mal, nos engorda o nos estresa. Y el que no piensa como yo es un racista o un potencial contagiado al que tengo que denunciar. ¡Qué asco de gente!

A veces me pregunto para qué sirve tanta salud no productiva. ¿Para qué vivir encerrado? ¿Vale la pena ser un parásito y un miedoso para llegar a los 120 años? Eso es lo que yo llamo vivir al pedo, pero con mascarilla reforzada I 95.

Este positivismo extremo, adicto a la duración inútil y a concedernos una enorme importancia por el sólo hecho de existir, es con lo que se nos ha alimentado durante décadas; ese “porque tú lo vales” de panten que tanto daño nos ha hecho.

Hemos aplicado la misma medicina para todos los diagnósticos y le decimos valioso igualmente al vago y al inútil, que al trabajador y al hacendoso.

En mi casa al trabajador se le llamaba trabajador y se lo felicitaba y al vago se le llama vago y se le exigía. No era todo lo mismo, como sucede ahora, ni el mérito era un pecado mortal, ni los logros eran un privilegio de raza, ni el esfuerzo y la austeridad eran mala palabra.

Pero hoy hay que ir con cuidado y midiendo cada frase y terminación de palabra, porque si se te escapa alguna verdad o se te olvida alguna “e”, eres un facho, un nazi, un machista o un racista.

Este positivismo generacional nos ha hecho sobrevalorar la duración y degradar la vida a un mero “preservarse” lo máximo posible de todo riesgo.

Para los positivos siempre es mejor durar, que hacer algo útil.

La duración, lejos de ser una casualidad se ha convertido hoy en un mérito personal, conseguida a base de yoga, deporte, alimentación y de una vida relajada y ociosa.

Y en esto mismo consiste la cobardía; en darle más valor a la propia preservación, que al riesgo útil.

El cobarde se cree tan valioso que prefiere cuidarse, antes que hacer algo necesario, mientras que el valiente sabe que para lo único que vale la pena vivir, es para ser útil en algo.

Muchas cosas han pasado a ser parte de esta “nueva normalidad”; además de ser un chivato, un enmascarado, un escondido y un miedoso; existen también muchas otras infracciones normalizadas; como la ocupación ilegal, la inmigración ilegal, la violencia, el terrorismo y los incendios en las calles, la degradación a la policia y a las fuerzas de seguridad del estado, o la usurpación de tierras.

Acciones que los gobiernos de izquierdas minimizan como parte de esta nueva normalidad, dentro de este inocente “combo corona” organizado para hacer tambalear las Democracias.

Pero la gestión más importante de todas, que es la de atemorizar, desinformar y educar en el miedo a generaciones de cobardes, la lleva la familia, la prensa y la escuela.

La receta del murciélago tiene ya todos los ingredientes necesarios para funcionar; porque el ingrediente más importante de todos para derrocar a una República, es tener disponible a un par de generaciones de cobardes.

Una vez que tienes este elemento, puedes dar por sentado que el camino está despejado para el desastre, porque nadie se interpondrá en el avance.

Por eso me repito;

“El corona es un virus, pero la cobardía es un cancer incurable”

JR

“Esa indolente Doble Moral”

La vuelta al colegio es inminente y muchos padres la encaramos con alegría.

“El show debe continuar” decían algunos y el lema de la continuidad y la superación fue siempre “muerto el rey, viva el rey”.

Nuestro sistema de vida no soportaría otro confinamiento, por la sencilla razón de que si los niños no van al colegio los padres no pueden ir a trabajar y si los padres no trabajan …¿cómo pagamos la escuela pública y los subsidios?

Así funciona el sistema y nos guste o no, es la mejor de todas las opciones.

Hay que seguir adelante y afrontar el virus con valentía. Ya no muere tanta gente y los médicos saben mucho mejor que antes cómo tratarlo, aunque aún no esté a nuestro alcance la vacuna.

La vacuna disponible hoy, es ir al colegio, ir a trabajar e inmunizarse.

Existe una gran oposición a la vuelta al colegio principalmente por parte de los profesores; que se sienten más expuestos al virus que los médicos de la primera oleada y se autoproclaman mártires en las redes sociales.

Si aquellos médicos de Marzo y Abril hubiesen actuado como lo hacen hoy los profesores… ¿qué hubiera sido de nosotros?

Por suerte cada uno elige su profesión según su grado de valentía y de vocación, aunque muchos aún bronceados de la playa, le teman mas a las aulas que al virus.

Los padres protestan y exigen más personal de limpieza en el aula; la mayoría de estos padres son socialistas, pero unos socialistas acostumbrados a tener mucho servicio.

Yo le he dado una bayeta y un liquido desinfectante a cada uno de mis hijos para que desinfecten su pupitre y su silla antes y después de clase. Una costumbre muy nórdica de aquellos países socialistas coherentes con su ideología, en donde los niños son los encargados de limpiar el aula desde mucho antes de que apareciera el coronavirus.

Los padres no nos damos cuenta de que la cobardía es contagiosa y que criar a niños malcriados y temerosos no es un mérito, sino una verdadera desgracia para la humanidad. La sobreprotección a la que muchos confunden con amor es sumamente dañina para el medioambiente.

Hay que salir a poner el cuerpo igual que hicieron los adolescentes en los botellones y en las discotecas durante toda la pandemia. Esos mismos adolescentes que hoy ponen el grito en el cielo por la falta de distancia social en clase.

Y es que hay que tener mucha cara para ser tan hipócrita. En vacaciones la gente no parecía estar tan asustada en irse a la playa o en pasar el día amontonados en una terraza, pero hoy, cuando toca volver al trabajo, estamos todos en estado de pánico.

Nuestra forma de enfrentarnos al virus ha dejado muy claro quiénes somos y de qué pierna cojeamos. Se ha visto a los valientes, a los cobardes, a los aprovechados y a los hipócritas.

Pero el show debe siempre continuar porque así funciona la vida. La vida es riesgo, es peligro y por eso es vida. Vivir eternamente escondido no es opción ni para seres vivos, ni para valientes.

JR

“El Tonto Útil”

Hay muchas formas de hacer política y muchos ámbitos en los que se hace política, aún sin ser concientes de estar haciéndola.

Hay política en los estados, en las empresas, en las familias y en todo tipo de relación.

Aristóteles decía que el ser humano era un ser político por naturaleza y no se equivocaba; ya que aunque reniegues de ella, tú también eres un ser político y haces política de alguna u otra forma.

En una familia cualquiera existe una política en cuanto se establece un sistema determinado que puede ser totalitario o democrático, déspota o anárquico, pero siempre existe alguno.

Sucede que en ocasiones se aplica además, aquella estrategia del poli bueno y del poli malo; en donde dos del mismo bando pactan adoptar distintos papeles para llegar a un mismo fin.

El poli bueno genera confianza e inspira ternura, tiene buenas intenciones, aboga por la unidad y el bien común y su discurso no suena a autoridad, sino a párroco franciscano. Pero en cuanto pueda, con esa cara de tonto y de buenazo te la clavará por la espalda y rápidamente le echará la culpa al otro.

El tonto útil es hoy muy demandado políticamente, ya que el votante contemporáneo al que hay que convencer es un votante que quiere parecer bueno a toda costa, que participa en causas humanitarias y que aunque reniegue de la religión tradicional se cree más moral y ético que nadie y está siempre ansioso por publicar su bondad en redes sociales.

¿Quién no sucumbe ante un discurso estilo “dalai lama” en un mitin político?

Pocos somos aquellos que odiamos la sobre actuación de la bondad y la inocencia y repudiamos abiertamente a todo este pseudomovimiento libre /eco -racial y vegano-pacifista tan hipócrita y oportunista.

Pocos somos ya los malos declarados, que preferimos llamar a las cosas por su nombre, queremos el ajuste sin engaños, indirectas ni anestesia, llamamos al negro negro, blanco al blanco y al coronavirus chino y de laboratorio, a la prensa movimiento marxista subvencionado por grandes empresarios como Soros y demás mafias y que luego se sorprenden y se ofenden cuando el comunismo les quita la libertad de expresión, esa misma que nunca ejercieron.

Somos unos pocos locos suicidas los que aún creemos que por decir la verdad no se tiene porqué ofender nadie.

Y pocos somos también los que no queremos la deformación de un idioma en torno a una asexuada letra “e” que terminará convirtiendo al castellano en italiano y al inglés en emoticono.

Si hay algo que caracteriza a la Democracia es la movilidad que genera. Hoy eres rico, mañana pobre o viceversa. Y ese viceversa no es otra cosa que el sueño americano.

Y lo mismo sucede hoy con los cadavéres politicos.

Todos aquellos politicos que se creían políticamente acabados, triunfan, porque hoy los tontos útiles venden y están muy demandados.

Todos necesitamos a un tonto útil al frente, a quien se le den bien las palabras bonitas y convenza pronto a este pueblo posmoderno, adicto a la mentira, a la novela romántica y a la emoción edulcorada.

Biden es un ejemplo de un tonto útil contemporáneo en los Estados Unidos, Alberto Fernández en la Argentina y Pedro Sanchez en España.

Sólo pon atención a las vicepresidencias de cada uno de ellos y te darás cuenta a qué ideología le sirve y le es útil el tonto útil de turno. ( socialismo- comunista)

El verdadero problema en esta cuestión no es el político tonto ni el vicepresidente malo, sino el votante customizado de bueno, de eco, de friendly, de paz, de amor, de mucho wiffi y pocas neuronas.

Un votante que no soporta una crisis ni un recorte y que ante la mínima sensación de miedo prefiere votar a un sistema totalitario para que lo mantenga calentito y lejos de los riesgos que implica el trabajo duro y el progreso.

“Protégeme de los tontos porque de los malos me cuido sola” rezaba mi abuela y tenía razón.

Hoy en día el verdadero riesgo no se esconde detrás de los malos sino de los tontos, porque para engañar a un pueblo buenista, estupidizado y alienado en redes sociales se necesita siempre a un tonto útil en el escaparate.

Pobrecito, ¡qué bueno es! Si parece un huevo kinder…

¡Pero no veas lo que esconden estos tiernos muñequitos!

JR

“Lo que esconde la máscara”

Muchos llevamos mascarilla porque la normativa nos obliga a ello, otros sin embargo la llevamos por temor al contagio y una gran cantidad de personas, la llevamos también por el temor a los insultos que nos propinarían los demás, si no la llevásemos.

El virus ha dejado claro el temor que nos genera la posibilidad de morir o de enfermar y lo aferrados que estamos a la vida; aunque antes del virus, hubiésemos presumido de vivir elevados y desapegados de la vida terrenal.

Hoy los hare krishnas, los budistas, los apóstoles de la vida eterna, de los 7 paraísos musulmanes y de la reencarnación hindi, han dejado sus creencias a un lado, se han enfundado la máscara y se han encerrado en casa a cal y canto.

Y es que con el corona dando vueltas, hasta las creencias dejan de ser tan creíbles como antes.

Resulta curioso en tiempos de peste ver adónde se nos queda la fe, el amor a la humanidad, a la libertad y todas esas grandezas espirituales de las que presumimos tanto en la bonanza.

El budista de pronto deja el “om” e intimida al vecino del quínto piso que trabaja en un hospital, la abuela católica insulta a aquellos niños que no llevan mascarillas por la calle y unos cuantos pacifistas de izquierda les desean la muerte por corona a los adolescentes del botellón.

Y es que hemos visto de todo en estos tiempos, y sobre todo, hemos observado cuánto nos importan los demás.

Mientras estábamos sanos y el único peligro era Trump, era muy fácil hacerse el bueno, el solidario, el humanitario. Y es que llorar y dar likes a las imágenes de fAcebook es muy fácil; lo difícil es dejar de odiar a todo aquel que no respete la distancia social.

Y es que hoy, más que nunca y a pesar de la mascarilla, podemos ver realmente quien está detrás de cada una.

Algunos creen que la mascarilla no sólo les protege del virus sino también de la mirada del otro, del juicio y del pánico que nos generan incluso nuestros amigos.

Pero ante todo, la mascarilla expone nuestro temor; al virus, al otro, a la muerte.

Cuesta reconocer que somos generaciones de cagones; acostumbradas a la paz, a la Democracia, a los derechos, a la salud gratis, a la educación gratis, al Mc Donalds, al bienestar, a Netflix, al inconformismo permanente, a muchas décadas de comodidad, de derroche, de delivery, de hipotecas, de viajes en cuotas,de indemnizaciones y de subsidios.

Somos el resultado de muchos años de progreso, de democracia y de salud; pero en cuanto algo de eso se nos trastoca, somos capaces de matar al vecino, si le vemos salir sin perro durante la cuarentena.

Muchos creen que estar encerrado en casa o usar una mascarilla es un signo de virtud y se creen poseedores de una superioridad moral que otros no tienen.

Usar una mascarilla, permanecer encerrado en casa y cumplir la normativa está muy bien, pero no te hace mejor persona.

Definitivamente te hace más obediente, más temeroso y más precavido; pero no más bueno; porque no nos engañemos, si te quedas en casa es por ti, pero en cuanto veas por el balcón al vecino del tercero fuera, sabes que llamarás sin dudar a la policía.

No es casual que el virus sea chino; porque poco a poco vamos implementando y normalizando el terror, la destrucción de la clase media, la dependencia del estado, el espionaje y el delatar a nuestra hermana si hace falta; todas esas buenas costumbres típicas de la China comunista y de la antigua Unión Soviética.

Si el Corona fue creado en un laboratorio para cambiarnos las costumbres, sin duda lo está logrando.

Este virus más que una enfermedad, se parece a un viaje exprés hacia una igualdad, regida por un sistema de terror tan antiguo como totalitario.

No todos los temores engendran salud y el normalizar la cobardía es dar un paso atrás en la evolución del ser humano.

Es difícil encontrar un equilibrio entre seguir y parar, pero urge hacerlo, aún asumiendo los riesgos.

No se puede vivir escondido, ni oprimido, ni aterrado, ni vigilado, ni privado de la libertad. Y si la nueva libertad incluye una mascarilla, pues bienvenida sea, pero la libertad nunca debería resignarse.

JR

“La Igualdad Desmesurada”

Si algo caracteriza al ser humano y lo diferencia de cualquier otra especie es su capacidad para perfeccionarse. Y esa capacidad es la que le diferencia también de otro ser humano.

Uno sabe desde pequeño que posee esa capacidad, nazca donde nazca.

La condición social o económica de cada niño limita, pero no impone un estancamiento en las sociedades democráticas avanzadas, en las cuales prevalece la igualación de las condiciones para todos los ciudadanos.

(Con esto me refiero a aquellos países en donde la Educación de calidad se le garantiza a cada niño.)

El niño adquiere así la oportunidad para perfeccionarse y si ha nacido en una familia en donde la cultura no abunda, gracias a la escuela, puede conocer y acceder a un mundo nuevo y diferente al habitual.

En las sociedades democráticas esta igualación de condiciones implica también una oportunidad para desigualarse de la realidad familiar.

O sea, un niño nacido en un entorno pobre o sin cultura podría el día de mañana cambiar su condición.

Por lo tanto, la igualación de las condiciones da paso también a una nueva desigualdad de condiciones, gracias a la cual, el niño pobre se convierte años más tarde en un hombre rico o culto.

Pero como podemos observar, la desigualdad sigue presente; ya que sus amigos pobres, que no han podido, no se han esforzado, o no han gozado del talento o de la suerte suficiente, seguirán siendo pobres.

Hoy en día hemos ido un paso más allá y se considera que la Democracia no debe solamente proporcionar la igualdad en la oportunidad, sino además garantizar el mismo resultado de progreso para todos, algo que hasta ahora dependía únicamente del esfuerzo, de la habilidad o de la suerte de cada uno.

Este es el concepto del subsidio; que es un refuerzo para seguir igualando, aunque este mecanismo no dé siempre los mismos resultados; ya que lo que unos aprovechan como un impulso para seguir perfeccionándose, otros lo utilizan como un recurso para evitar cualquier esfuerzo.

Existe actualmente una tendencia mundial a desvalorizar el esfuerzo del individuo y a dar por sentado que todo logro ajeno es siempre un beneficio de clase o un privilegio de raza.

Pero aunque haya algunas excepciones, el común denominador del éxito en países democráticos es la suma del esfuerzo, la dedicación y la perseverancia del individuo.

Esta tendencia social y política que rechaza abiertamente el mérito y que es partidaria de una igualdad que no presuponga ningún esfuerzo por parte del individuo, se asemeja curiosamente al comportamiento aristocrático, una condición, que sin ningún esfuerzo se recibía o se heredaba sin más.

La igualdad que establece la Democracia es una igualación de condiciones a nivel legal y esto nos garantiza una salida desde la meta (relativamente) justa, pero que impone a su vez y una vez iniciada la carrera, el esfuerzo particular de cada uno.

La igualación de las condiciones no garantiza la igualdad en el resultado a menos que la carrera esté amañada; porque por mucho que igualemos las condiciones, siempre serán unos mejores que otros. Y que lo sean, lejos de ser una injusticia, es lo que garantiza el progreso de la humanidad.

Intentar igualar a toda costa degenera inevitablemente en una igualación negativa.

El igualar es siempre hacia abajo porque sólo se puede igualar hasta donde lleguen todos, intentando además que nadie sobresalga sobre otro, para evitar herir, diferenciar o discriminar.

Esto no sólo es un comportamiento anti- natura, sino altamente dañino.

Cuando en alguna disciplina se requiere que todos los colectivos estén presentes se aplica una igualación en las condiciones, pero si el que gana el premio no pertenece a una minoría comienzan entonces los reclamos.

No sucede lo mismo sin embargo; en deportes como el baloncesto, en donde ciertas minorías llevan siempre una ventaja sobre otras razas, sin que nadie diga nada.

Existe una exacerbada tendencia a imponer el reclamo de igualdad constantemente y muchas veces injustamente.

Una mujer talentosa no quiere ganar por ser mujer, quiere ganar por tener talento e imagino que sucederá lo mismo en todas los demás colectivos que se consideran oprimidos o discriminados.

Nadie que tenga dignidad quiere que le dejen ganar sin merecerlo.

Un niño de 10 años cuando ve que su padre hace trampa para dejarle ganar a las cartas, se ofende, porque existe en la ventaja y en la concesión una desvalorización implícita.

Jugar con ventaja es la confirmación de una irreversible desigualdad.

Y no duele tanto asumir la desigualdad como su condición de irreversible.

Al niño no le duele tanto perder, como que su padre crea que nunca podrá ganarle.

La igualdad se ha puesto de moda y la opinión pública condena a cualquiera que ose rebatirla en cualquier aspecto, pero yo me atrevo a decir, que no siempre la igualdad es deseable, ni resulta beneficiosa.

La igualación de las condiciones es la base de toda Democracia, pero no garantiza la igualdad.

Y no toda igualdad beneficia a la Democracia.

JR

“Dejarse ir”

Le costó pronunciar cada una de las palabras. Ella sabía que Paul también sufría teniendo que decirle que iba a dejarla, pero al menos se sentiría aliviado unos minutos después.

No es fácil herir a alguien a quien se quiere como a una hermana. Pero esta vez, Mary no le facilitó la huida, ni le interrumpió para salvarle del mal trago y le dejó hablar hasta el final.

Era evidente que Paul tenía ya otra mujer. Los hombres cuando dejan, suelen tener de antemano a otra mujer y generalmente desde hace tiempo.

Dolía como un puñal que te dejasen por otra más joven, más fresca, más complaciente y más hermosa.

“De todas formas – pensó Mary- si yo fuera él, también me dejaría”.

“Ojalá yo también pudiera dejarme en este mismo instante en el que me dejas tú” – murmuró entre dientes.

“Nos iríamos los dos a empezar de nuevo. Y dejaríamos los dos a esta Mary, con sus años, con sus arrugas, con sus piernas flácidas y venosas, con su cicatriz de 4 cesáreas, con sus pechos blandos, con su rabia y su corazón roto”-

Después de todo, así es la vida, todo lo viejo tiende a cansar, a caerse y a abandonarse.

Al principio uno lo abandona de a ratos, luego los espacios de abandono se van alargando y un día finalmente, uno logra hacer desaparecer todo lo viejo de su vida para siempre, ignorándolo por completo.

Y esa no es sólo una forma de subsistencia, sino también una manera de ser feliz.

Cuando era joven pensaba, ¿cómo puede alguien ponerse un bañador con unas piernas tan feas?

Hoy vive sin pensar que tiene piernas y curiosamente es mucho más feliz que cuando las tenía lisas y bonitas.

Si hubiera hecho caso a su abuela materna que siempre le decía. “Encuentra en ti algo que no envejezca y aliméntalo. Eso será tu compañía y lo que nunca te abandone, porque todo aquello que envejece te deja sola”

Eran palabras viejas y poco escuchadas pero que hoy brillaban como si fueran nuevas; información recién parida para aquel que logra comprender con la propia experiencia, aquello para lo que antes había sido siempre sordo.

Si no hubiera dejado de tocar el piano cuando nació el primero de sus cuatro hijos, quizás tendría hoy una compañía. Pero ¿qué sentido tenía tocar el piano en una casa llena de niños y de actividades urgentes?

¿Y qué sentido tenía cultivar algo que no le daba ningún beneficio económico?

Cuando hace unas décadas le comentaba a conocidos que tocaba el piano, la gente le preguntaba ¿y dónde tocas? ¿Has grabado algún disco?

La respuesta era siempre no. Y con ella surgió esa sensación de que todo lo que no diera ni fama ni dinero era simplemente inútil.

Inútil practicarlo, inútil cultivarlo e inútil comentárselo a nadie. Aquello que no dé éxito ni resultados visibles se considera innecesario y al final uno se convence de que es una pérdida de tiempo y de que no sirve para nada.

Si hubiera tocado el piano esa tarde, hubieran salido las melodías más tristes, porque lo que más se llora es aquello que se va para no volver jamás.

El dolor de los dolores es siempre la pérdida de lo irrecuperable.

“Ojalá yo también pudiera dejarme y salir de esta habitación con la liviandad con la que saldrás tú, sabiendo que después de este trago amargo, serás libre al fin” – pensaba Mary

“Yo sin embargo, sigo encadenada a mi; a estas manos arrugadas de cambiar pañales, limpiar mocos, hacer trenzas, deberes, papillas y guisos.

Y aunque todo eso ya no está y ellos también volaron, en mí quedaron las marcas de una vida dedicada a los demás”

“Me olvidé de cultivar aquello que no envejece, como me aconsejó mi abuela. Me olvidé de todo aquello que aunque inútil y no remunerado, me daba vida sólo a mi”

“Me dejas y yo quisiera poder dejarme también. Tienes suerte de poder hacerlo; si yo fuera tú, también me dejaría”- se consolaba Mary

-“Y quizás aún esté a tiempo de dejarme así, como soy ahora y salir de mí, para ser otra”-

Al fin de cuentas, uno ha sido siempre tantas cosas. Uno se ha transformado y travestido tantas veces; ha sido niña, hija,madre, esposa, amante, amiga, empresaria, pianista, maestra, psicóloga, peluquera, profesora de natación, de matemáticas, de filosofía, de inglés, de ciencias, de dibujo.

Uno ha sido tantas cosas y se ha olvidado sin embargo de alimentar aquello que no envejece.

Aquello que no da fama, ni gloria, ni dinero, pero que de una forma mágica y misteriosa, enriquece y permanece.

“Hoy me dejas y yo también quiero dejarme, dejando ir todo aquello que fui y dejándome ir hacia lo que no he sido”.

Dejarse ir por fin a alimentar aquello que no envejece.

JR

(Fragmentos de la novela ” lo invisible”)