“El Frankenstein del estado del Bienestar ”

Cuanto más viajo por los países europeos más me percato del daño moral que le ha hecho el estado de bienestar al espíritu del trabajo.

Si bien el estado de bienestar es un bien muy promocionado actualmente por todas las ideologías de izquierda, bajo el cual se le garantiza al ciudadano una cobertura completa de sus necesidades (salud, vivienda, educación, subsidios, alimento, pensión), es mi deber decir también, que su producto no es un hombre trabajador sino “el hombre vago”.

Este nuevo engendro es un ser que habita en un estado de bienestar constante, en donde se le garantiza que todas sus necesidades estarán cubiertas sin necesidad de trabajar.

Poco a poco, este ser va relajando la musculatura y comienza a necesitar un gimnasio, y va agudizando su astucia y estrategia para perpetuar su estado de abulia en todas las direcciones posibles.

Se vuelve un lince para inventar, detectar y exprimir beneficios que le sigan manteniendo la condición de vagancia durante toda la vida.

Este ser es el equivalente al nuevo niño de 30 años, que sigue viviendo con papá y mamá toda la vida, con tal de no renunciar a los beneficios y comodidades que le proporciona la dependencia.

¿Para qué privarme de algo que pueda motivar mi ansia de superarme, si puedo seguir cómodo, inútil y tranquilito donde estoy?

Mientras el huevón treitañero expresa con soltura y a viva voce su estupidez, la mamá le sonríe y dice orgullosa… ¡claro! ¿Adónde va a estar mejor el nene que en casa?

Pero bueno, todos sabemos que la gillipollez es hereditaria y cultivada y además, ¿qué podemos esperar de unas generaciones amamantadas a base de dependencia eterna y de derechos inalienables?…

Lo peor de todo este malentendido de conceptos es la alteración de las potencias; aquello que antes se conseguía con años de trabajo,(salud. vivienda, alimento, educación etc) hoy es un derecho y de cualquiera.

Todos tenemos “derecho” a todo, no importa si lo merecemos o no.

Y como decía el tango…”da lo mismo el que labura noche y día como un buey, que el que vive de las minas, que el que mata, que el que bura o está fuera de la ley”

Son pocas las diferencias con aquel cambalache del siglo XX y es que hoy, todos tienen derecho a todo, a costa del trabajador y del empresario.

Si algo memoriza bien el Frankenstein actual, es la lista de derechos que posee y que desde pequeño le motivan a reivindicar sin descanso, cortando el tráfico con sus marchas y protestas, al pobre trabajador que es quien viene pagándole su material escolar y sus vacunas desde el parvulario.

El engendro moderno, amamantado a base de ignorancia democrática y con un bajisimo nivel de contabilidad, desconoce que en toda cuenta, para sacar de un lado, hace falta siempre poner del otro.

Detrás de todo ese bienestar y del derecho inalienable del vago moderno, hay una sobredosis de impuestos amplicada sin piedad al trabajador, que por ser ambicioso y tener la osadía de trabajar, se merece pagar y mucho, para mantener al ejército de vagos promovido por la izquierda, que tiene el derecho a seguir siendo vago toda la vida.

El empresario grande o pequeño siempre merece pagar y ese es el único merecimiento que aceptan los comunistas sin condiciones.

Porque el otro mérito; ese que tiene que ver con el esfuerzo y con la recompensa al trabajo; ese no les gusta nada, porque según ellos toda meritocracia está asociada a la ambición capitalista y al privilegio; que aunque la desconozcan por su alarmante falta de neuronas y exceso de derechos, es ese mismo capitalismo quien mantiene económicamente su condición de vagancia inalienable.

El verdadero daño que ha ocasionado el estado de bienestar se lo ha hecho al esfuerzo y al trabajo, condenando cualquier tipo de esfuerzo, de ambición y de deseo de progreso como se condena a una actitud ridícula e innecesaria. ¿Para qué trabajar duro, si ya nos dan todo?

El daño es tremendo porque al dañar la ambición y ese afán que nace del “hambre espiritual” de todo hombre valioso, se daña también toda posibilidad de progreso.

Hace unos días escuché una conversación que me erizó los pelos. El conserje de mi urbanización (un ejemplar de vago digno de estudio) se entrometía en los trabajos que estaba haciendo un señor rumano en la piscina de un vecino.

Desde el principio de su charla se encargó de subestimar la actitud de trabajo de estos hombres duros, que emigran para hacerse un lugar en la “europa libre” después de vivir casi una vida bajo el yugo de regímenes comunistas.

“¿Sabes lo que hago yo, para mantenerme así de joven? se auto preguntaba el vago del conserje.

-“Pues trabajar lo menos posible” se auto respondía el ejemplar español, dedicado a vivir del cuento e intentando a su vez ridiculizar el trabajo ajeno.

El rumano que seguía imparable trabajando bajo el sol, le contestó: “vete ya, que no tenemos tiempo de charla, tengo que dejar lista esta piscina para esta tarde”

La diferencia entre quien se cria a base de derechos y quien se cria a base de obligaciones es abismal.

Y si vas a necesitar a alguien que te haga algún trabajo, ya sabes a quien llamar. Ahora, si quieres algún truco de belleza y de salud, te mando por privado el número del conserje.

Otro de los aspectos que ha perdido el trabajo es la capacidad de motivación.

El joven de 30 años que luego de 3 décadas de formación se decide a buscar empleo, suele desilusionarse de no encontrar jamás la horma de su zapato.

Se siente tan preparado académicamente…”tanto master, tanto curso, tanto currículum para ganar una mierda y encima tener un jefe” … es lo que suelen pensar estos jóvenes con sobredosis de aula.

Los currículums son escalofriantes, ahora, cuando entran a trabajar, no saben hacer ni la “o” con un canuto. Se venden como ingenieros nucleares, pero si se funde una bombilla se ven obligados a llamar de urgencia a un manitas.

¡Pero cuidado con decirles algo! Ellos son ultra sensibles, usan lenguaje inclusivo y se ofenden por cualquier cosa y aunque tengan más años de clase que Aristóteles, no son nunca valorados, apreciados, ni remunerados como se merecen.

¡Ah si! Porque a pesar de odiar con devoción a la meritocracia, ellos y sólo ellos, se lo merecen todo!

Otro de los problemas actuales es la falta de hambre, esa ambición que hizo crecer siempre al hombre inquieto y consecuentemente al mundo.

A ellos no se les ha dado la oportunidad de conocerla y esperan que el trabajo sea una actividad motivacional continua y no una rutina dura, pareja, cansina y agotadora que posibilita la subsistencia.

A los dos meses en el puesto de trabajo ya están cansados, sufren de ansiedad o de depresión, solicitan baja por alguna enfermedad psicológica incomprobable y comienzan a preguntarse por el sentido de la vida, están siempre a un paso de apuntarse a estudiar filosofía, de huir a un templo budista o de inventarse alguna estafa nueva, para seguir mantenido por papá estado toda la vida.

La desmotivación es un tema recurrente para esta generación, acostumbrada a vivir a través de netflix, de instagram y del videojuego.

Ellos se han acostumbrado a que la vida es un entretenimiento y cualquier trabajo les resulta traumático e insoportable y rápidamente salen en busca de algún tipo de analgésico, de subsidio, de diagnóstico falso o de medicación que les facilite la evasión.

Frente a semejante panorama no es de extrañar que los gobiernos de izquierdas se empeñen ahora en postergar lo más posible nuestra jubilación, porque viendo el relevo de flojos disponible para mantener las arcas de estado, no les queda otra opción.

¡El monstruo del estado de bienestar que ellos mismos han creado, no es capaz de mantenerles como es debido!

Desgraciadamente, este Frankenstein de izquierdas, acostumbrado al derecho eterno e inalienable a la quietud, a la necesidad de motivación constante, al reclamo, a la protesta, a la exigencia permanente y a la súper sensibilidad para todo, nos obligará a que trabajemos toda la vida, para seguir manteniéndoles intactos todos sus vicios.

JR

“¿Clan o Clon?”

Una cosa es pertenecer a un clan y otra muy distinta es convertirse en un clon del clan.

Todos pertenecemos a un clan desde que nacemos. Una familia,una comunidad, una afición artística o deportiva nos convierten en parte de distintos clanes a lo largo de nuestra vida.

Si bien compartimos historias y experiencias comunes con los miembros de los distintos clanes a los que pertenecemos en distintos momentos de nuestra vida, ser un clon no es parte del contrato.

La conquista de la individualidad es sin duda lo que nos convierte en individuos. Uno se diferencia del otro y se delimita; va marcando sus bordes y creando unas distancias en el proceso de “crearse” a sí mismo.

Uno no solamente se descubre a sí mismo en sus similitudes y en sus diferencias con el resto, sino que también se crea según su propio diseño.

En el proceso de “descubrirse” no está implicada la libertad porque uno descubre únicamente aquello que ya existía; pero crear, es sin duda, un proceso totalmente distinto al de descubrir.

Para crear hace falta libertad; es más, todo el proceso de “crearse” no es otra cosa, que la aplicación de la libertad en uno mismo.

Uno se aplica la libertad a sí mismo cuando se contruye a si mismo como un individuo.

En este proceso no se descubre sólo lo que uno es, sino que se decide además, como uno quiere llegar a ser.

La construcción de la identidad no es únicamente inevitable, sino también elegible, consciente y trabajada en busca de un ideal.

Si bien hay cosas que no puedo cambiar; hay también muchas otras partes de mi identidad que son producto de mi elección personal y de mi voluntad.

Actualmente, la pertenencia a determinados clanes nos obliga también a convertirnos en clones. Pero esa exigencia nos implica una renuncia a nuestra individualidad.

Pertenecer a un grupo no debería conllevarnos de ninguna manera, convertirnos en una pertenencia de ese grupo.

Toda individualidad conlleva un proceso doloroso porque diferenciarme es delimitarme y cortarme en algún punto del resto. Delimitarse es siempre soledad, ser uno es soledad.

Toda separación resulta dolorosa en tanto que al separarme quedo solo, pero en todos los casos, la creación de la individualidad resulta generalmente liberadora.

En muchas ocasiones la separación que implica el nacimiento de la individualidad es percibida por el clan como una traicion al grupo o a los valores compartidos. Por eso la individualidad conlleva muchas veces sufrimiento tanto de un lado, como del otro.

El nacimiento de un individuo duele un poco a todos; al que nace, al que se resiste a soltar y al que deja nacer. Pero vale la pena.

JR

“El Ciclo del Hipócrita”

La cultura occidental, basada en la filosofía judeo-cristiana ha condenado siempre a la hipocresía como al peor de los pecados.

“Lobos vestidos de ovejas” les llamó Jesús o “generación de víboras” les bautizó su primo Juan el Bautista.

Siempre la hemos condenado; pero muy poco hemos hablado sobre las múltiples ventajas que nos aporta ser un hipócrita.

Uno puede ir por la vida haciéndose el ecologista, mientras aterriza su jet privado en Ibiza, o puede comprarse el último iphone mientras prepara la pancarta para la marcha anticapitalista o puede también condenar la esclavitud del siglo XVIII, mientras le abre la puerta a la chica de la limpieza y le indica fregar los baños, cambiar sábanas y limpiar cristales, y por favor que no olvide dejar la cena lista para cuando el niño socialista vuelva de la marcha por los derechos humanos.

Lo más bonito de la hipocresía es la libertad que te otorga, para ser lo que quieras ser, en cada momento.

Y estos son, sin lugar a dudas, los valores supremos de nuestra época: “ser quien quieras ser en cada momento y porque tú lo vales”

La hipocresía está de moda y es un mecanismo muy útil para la exaltación de la libertad, la reinvención permanente y la aceptación social.

Lo más envidiable de la hipocresía no es únicamente la autorización que te da para ser quien quieras ser en cada momento, sino el auto convencimiento de que uno habita a cada paso de su hipocresía, en la coherencia más absoluta.

Esa seguridad y esa auto- justificación para la mentira son sin duda, envidiables.

Pero lo que realmente me asombra del hipócrita es la facilidad que tiene para dormir bien de noche.

Mentir todos mentimos, fingir algo que no somos, o saludar con calidez a alguien a quien no tragamos, lo hemos hecho todos en alguna que otra ocasión; pero esa liviandad de conciencia que tienen algunos, es un verdadero privilegio.

Mi madre siempre me decía …«nosotros somos culposos» y es verdad, no dejamos de ser hipócritas porque seamos buenos, sino porque la culpa nos mata.

Pero más que la culpa, la verdadera razón es que la mentira no deja dormir bien. Creo que no son los principios, sino el terror al insomnio lo que nos detiene.

Una de las últimas veces en que asistí a misa un Domingo, conté la cantidad de veces que voluntariamente me echaba la culpa de todo.

“Por mi culpa, por mi culpa por mi gran culpa” repetí ininterrumpidamente desde los 7 hasta los 18 años de edad, sin casi darme cuenta.

No es de extrañar que después de tantos años de sugestión uno termine siendo un culposo patológico y que el mundo te utilice luego, como al chivo expiatorio de todos sus males.

Y lo peor de todo este asunto es que además, de tan acostumbrados que estamos a ser culpables, aceptamos toda culpabilidad sin siquiera protestar.

Uno va pidiendo perdón por la calle como un loco y sin haber molestado nunca a nadie.

Pero volvamos a la hipocresía y a sus múltiples ventajas; aunque tengo que admitir que su falta de publicidad me resulta imperdonable, porque ser un hipócrita es sin duda lo más rentable, tanto en lo social, como en lo económico y en lo político.

Y todo hay que decirlo; la gente prefiere siempre al hipócrita que al sincero en cualquier ámbito.

Las reuniones de hipócritas son sumamente placenteras, allí todos fingen ser lo que no son; el ignorante se hace el culto, el pobre se hace el rico, el racista con valla perímetral y alarma en casa se hace el “open borders”, el superficial se hace el artista, el empresario se hace el misionero, el activista incendiario se hace el santo, el capitalista se hace el socialista, el drogadicto se hace el verde etc…

Y así uno pasa una noche en una fiesta de máscaras venecianas, sin enterarse jamás de quién es quien.

“Se descubre antes a un mentiroso que a un cojo” decía mi abuela. Pero yo no creo que sea realmente así, porque el hipócrita no se considera a sí mismo un mentiroso, sino un convencido.

El mentiroso pide perdón, el convencido en cambio, busca a un culpable.

Y siempre encuentra a un culposo cerca, a quien cargarle con sus culpas.

No nos olvidemos tampoco que la culpa y el sentimiento de responsabilidad son características judeo-cristianas, de las cuales reniega todo comunista; para quien la responsabilidad siempre es de alguien que no es él.

Históricamente los socialistas/comunistas nunca abdican ni renuncian a sus cargos frente a un escándalo político.

Y esto siempre nos llamó la atención. Yo creo que la falta de vergüenza se da porque no ha florecido en ellos ningún tipo de responsabilidad, ni de culpa, ni de conciencia de sus horrores.

La justificación permanente de la hipocresía es parte de la cultura de izquierdas sobre la reinvención, la obediencia al ideal, a la liberación, a la causa, el derecho a la venganza, la extorsión con el apocalípsis climático y la tendencia al reciclaje selectivo.

El reciclaje selectivo significa que el único que recicla y ahorra debe ser usted.

Mientras haya culposos disponibles habrá mercado para el hipócrita, pero el problema aparecerá con la extinción del chivo expiatorio. ¿Quién se hará entonces responsable?

Cuando uno comprende al fin la cadena alimenticia del hipócrita empieza a entender el porqué de su gran preocupación por la preservación animal y la ecología.

¡Que nunca les falte un chivo!

JR

“El cuento Chino, la estafa Verde y el verso Rojo”

Se le llamaba “cuento chino” a toda historia sin pies ni cabeza. Algo que de tan evidentemente ridiculo nadie se creía y aquellos que lo creían, eran generalmente estafados.

¿Quién no ha conocido a alguien en su vida a quien no le hayan hecho alguna vez un cuento chino para robarle dinero?

Este mismo cuento y chino nos lo contaron a todos hace muy poco tiempo, con respecto a la mala cocción de un murciélago en un mercado de Wuhan, que provocó un virus mortal que paralizó por más de un año a todo el planeta.

Hoy el cuento chino finaliza oficialmente y se comprueba que este virus fue creado intencionalmente en un laboratorio chino, con la complicidad de Faucci y como un arma biológica.

Muchos son los sorprendidos ante esta nueva revelación y lo peor de todo este asunto, es darnos cuenta de que la gente es capaz de creerse cualquier disparate que le cuenten. El secreto está, en repetírselos muchas veces.

Después del cuento chino llegó el verso verde; si, ese tan ecológico que le cuesta al contribuyente americano muchos más billones de dólares y millones de puestos de trabajo perdidos.

Verde, verde, muy verde y todo gestionado por rojos comunistas ricos, que supuestamente detestan el dinero capitalista, pero que en el segundo que llegan al poder, lo acaparan todo.

La promesa verde son futuros trabajos verdes, futuras carreteras verdes, futura gasolina verde y un rediseño completo de nuestro sistema de vida inventado por Soros, China, Ocasio Cortes y Bill Gates.

Y mientras tanto, inflación y pobreza blanca, negra y marrón para todos, así nos vamos acostumbrando poco a poco, a la carencia y al subsidio típicamente comunistas.

Menos para todos, parece ser la receta de este nuevo “tec-com lab” salvo para los integrantes del gobierno rojo, que gracias a Dios, conducen un Tesla eléctrico y tienen instalada una base de carga en cada casa… y todo pagado por el contribuyente. ¡Qué verdes!

Históricamente, de los comunistas, no hemos visto más que la proliferación de la pobreza y un capitalismo de estado espeluznante; pero me temo que mi visión no es ni muy azul, ni muy verde.

Lo curioso es que los jóvenes de hoy, que estudian hasta los 28 años de edad sin tener necesidad de trabajar, no hayan oído jamás hablar sobre los desastres históricos del comunismo en el mundo.

Se ve que los libros de historia ya se han prohibido o censurado por la izquierda y los pobrecillos no han tenido oportunidad de estudiarlos. Y yo me pregunto, ¿qué carajo estudiarán tanto?

Pero según me cuentan los rojos, ahora el foco está puesto únicamente en la teoría crítica de la raza, que parece ser muy útil para seguir creando odios y división.

Quizás por esa misma ignorancia tan típicamente universitaria, es que los jóvenes de hoy tienen tanta ansia por experimentar la destrucción comunista en carne propia y yo les deseo a todos ellos bandera blanca y mucha suerte.

“No hay nada como la experiencia para aprender” dicen los científicos; aunque esperemos que no sean esos, los mismos científicos que nos aseguraron la descomposición natural del murciélago en CoVID19.

“La historia se repite” dicen siempre. Y los viejos son los únicos que la recuerdan.

Por eso duele tanto ser viejo y tener la cabeza en su sitio. Ver suceder los mismos errores una y otra vez, desespera.

Pero todo sea para que estos niñatos con sobredosis de educación, subsidios, derechos y privilegios sigan aprendiendo.

Había una vez un cuento chino, un cuento verde, un cuento rojo…y un niño que como no aprendía, repetía el curso…

¡Que bonito ha quedado el verso verde y qué atrevimiento el mío, insistir tanto en los colores en un mundo en donde colorear es ahora tan racista!!!!

JR

“Prisioneros de la Fantasía”

Si le preguntas a cualquier joven qué quiere de mayor, pocos serán aquellos que te digan algo distinto al deseo de ser millonarios.

En mi época uno deseaba poder llegar a ser un buen médico, tener una casa propia, un coche, hacer un viaje o vivir en el campo o cerca del mar.

Nuestros sueños también eran sueños; quizás no eran tan ambiciosos como los de ahora; pero al menos, no soñábamos todos lo mismo.

Hoy existen distinciones para todo, esta es una época en donde nadie quiere parecerse a nadie porque todos desean la originalidad, y sin embargo, es curioso ver como todos sueñan lo mismo.

Sabemos que la juventud hace lo que sea por tener 5 minutos de fama y hacerse virales en las redes sociales. Si para eso hay que asesinar a la abuela on line, lo harán, asi que a andarse con cuidado, porque estos soñadores hacen cualquier cosa por la causa.

Si bien es cierto que la suerte existe; para que la suerte cunda hay que estar muy preparado y trabajar mucho y de continuo para que ésta permanezca y dé frutos duraderos.

Pero la letra pequeña no se la lee nadie. Esfuerzo, trabajo, continuidad, resistencia al tedio; son conceptos demasiado pesados para los nuevos aspirantes a millonarios que veneran a la instantaneidad y al clic como si fueran un Dios.

Este sueño tan común al que aspira esta nueva generación tan ecológica y contradictoriamente tan consumista, refleja nuestra tendencia inevitable a la incoherencia y a la fantasía.

Desde pequeños se nos alimenta de fantasías y se nos promueve la capacidad de imaginar lo imposible como posible.

Y esa capacidad de soñar lo imposible es fundamental para todo progreso. ¿Quién hubiera soñado tener luz eléctrica, internet o aviones?

Los soñadores son necesarios y lo fueron siempre. Pero soñar esos sueños, sin tener conocimientos de electricidad, mecánica o ingeniería hubiera quedado sólo en un sueño frustrado.

Todos podemos soñar, pero pocos estamos preparados como se debe para hacer de ese sueño una realidad.

La fantasía nos alimenta y nos motiva, cultiva la fe y promueve la esperanza pero ¿qué pasa cuando la fantasía no se hace realidad?

El problema es que la intolerancia al fracaso está también en boga. Para todo te recetan ahora una pastilla y desde niños se medica la falta de concentración, la hiper actividad o la desmotivacion a base de productos químicos.

Hoy no se receta fortaleza, trabajo, constancia o superación sino viene ya en pastilla.

Ni se les ocurre a los médicos decirle a los padres que lo que el niño necesita son límites claros y frecuentes, atención, cariño o cuidados que no recibe de parte de sus progenitores, porque la mayoría de ellos, prefiere seguir cubriendo esas carencias a base de medicación.

Si alguien te llama gordo; como hicieron los niños toda la vida con nosotros; el niño actual se debate entre acuchillar al agresor, tirarse por la ventana o recurrir a la anorexia.

El camino del medio es evitado porque ese camino incluye aceptación, fortaleza, resistencia, esfuerzo, superación, trabajo, constancia y una dura dosis de realidad.

La fantasía es muy bonita hasta que empieza a hacernos daño. Y el daño aparece cuando no se combina a la fantasía con realidad.

Una cucharada de fantasía y 4 de realidad es la dosis medianamente adecuada para mantenerse sano y para que no nos gane el delirio, ni nos venza la frustración.

Mantenerse real es mantener los pies en la tierra y las manos trabajando; por supuesto siempre soñando, pero nunca quietos.

Recuerdo hace dos años cuando mi hijo menor descubrió que papá Noel no existía.- “quise venir primero a preguntártelo a ti” me dijo muy serio. Y permaneció dos dias sin hablarme después de confirmar el engaño.

Ninguno de mis otros hijos había reaccionado así; quizás si un poco desilusionados, pero nunca con esa sensación de haber sido traicionado vilmente y de forma continuada a lo largo de los años.

Intenté justificarle mi mentira en pos de alimentarle una ilusión, de que fuera un niño como todos los demás; pero con ese niño no hubo manera.

Y agradecí en ese momento no haberle apuntado jamás a ninguna religión, porque hay personas que no llevan nada bien el exceso de fantasía.

Cada uno debe aprender a lo largo de la vida, cual es la receta indicada que le conviene; qué cantidad de fantasía necesita para mantenerse motivado y no decaer en el desánimo y qué dosis de realidad le conviene para que la frustración no le pille nunca desprevenido y lo reviente.

Lo bonito de soñar es poder volar un poco fuera de la realidad y descansar de a ratos de ella, pero sin que nuestro despertar nos duela como un engaño.

JR

“Turismo Sanitario”

Resulta curioso ver a los defensores de sus propias fronteras traspasar las del vecino con tanta impunidad.

Y es que el discurso se ablanda y se derrite cuando la acción no es consecuente, ni coherente con la palabra.

No paro de escuchar a la gente que va a vacunarse gratis a los Estados Unidos, sin siquiera sentir el menor remordimiento por estar utilizando los impuestos del americano en su propio beneficio.

Y para retomar luego y con el mismo ímpetu que antes el tan gastado discurso de “justicia social”, mientras ejercen en Miami el “sálvese quien pueda”.

Por el contrario, no solamente evitan el remordimiento, sino que sienten que el uso de los beneficios ajenos, son un derecho que se han ganado sólo por existir y por tener los recursos para trasladarse hasta allí.

Lo llamativo y peligroso de nuestra naturaleza es la facilidad que tenemos para convertir a la caridad en un derecho inalienable.

La caridad suele empezar siempre como la libertad de dar, para transformarse muy pronto en la obligación de dar y en el derecho a recibir.

“En Estados Unidos las vacunas sobran” me dijo un amigo latinoamericano, justificándose alegremente por haberse vacunado gratis en Miami.

“Y además, les levantamos el turismo y la economía cuando vamos a vacunanarnos allí” insistía, considerándose además, un premio.

Lo increíble de esta justificación miope es que al final serán los americanos quienes deberán agradecerle a él, el que vaya a vacunarse con el producto de sus impuestos.

Y lo más alarmante, no es la falta de ética, sino la ceguera del avivado.

Uno se pregunta entonces, si es que realmente niega la realidad porque es un gilipollas o porque cree que todos los demás somos tarados.

Yo me imagino a mi amigo, comiendo cuatro Big Macs durante ese par de días que pasó en Miami durmiendo en el sofá de su amigo y me pregunto cómo puede ser que su visita haya impulsado tanto la economía de un país, que fabricó y pagó esas vacunas con los impuestos de sus pobres ciudadanos.

Y también recuerdo las historias de mi abuela, que contaba cómo la Argentina fue hace muchas décadas un país en donde todo sobraba.

Y sobraba tanto de todo, que Latinoamérica entera se atendía gratis en sus maravillosos hospitales públicos y estudiaba carreras universitarias en sus prestigiosas universidades gratuitas, con becas de manutención y de vivienda.

Seguramente aquellos pacientes y estudiantes extranjeros también pensaban que las medialunas que desayunaban a diario levantarían la economía del país de acogida, pero sin embargo, sucedió justamente lo contrario.

La Argentina, ese pais en donde todo rebosaba y sobraba, quedó devastada sanitaria y culturalmente, porque no existe quien pueda sostener una caridad de fronteras abiertas, con los impuestos de los pocos ciudadanos que la financian.

Si bien cada uno se busca la vida y se cuida la salud como puede, es de agradecer ser coherente en el discurso y sobre todo, permanecer siempre agradecido.

Porque no eres tú el que le hace un favor a la economía americana, sino que es el ciudadano americano el que te lo está haciendo ti, pagando tu vacuna gratis, con sus impuestos.

Y nos queda bien claro, que por mucho sobrante de vacunas que haya quedado en los Estados Unidos, quien debería cuidar y proteger los intereses de los ciudadanos americanos; (que con tanto esfuerzo pagan sus impuestos cada vez más altos); no lo está haciendo como debería.

JR

“La Realidad Fabricada”

Cuando nos preguntamos qué es la realidad, llegamos a la conclusión de que la realidad para cada uno de nosotros es el producto de nuestra propia experiencia cotidiana.

La abuela Carmela, que vive en un pueblo de España de unos mil habitantes conoce la realidad por sus propios medios.

Sabe los nombres de los vecinos, los nombres de los vendedores del mercadillo dominguero, la época de la cosecha de la aceituna y sus resultados y conoce además, los dramas, las alegrias, los progresos, los problemas y los cotilleos de casi todo el pueblo.

La televisión y las noticias la entretienen, pero no pueden brindarle información extra sobre el pueblo que ella no conozca de antemano; los medios no pueden engañarla.

El problema con las ciudades es que la mayoría de nosotros vivimos en micro mundos, en donde sólo tenemos acceso a diminutos fragmentos de la realidad.

Ocho horas en la oficina, dos horas promedio en el coche y al llegar a casa, la realidad sólo se nos aparece cuando encendemos el televisor.

Y aquello que eligen mostrarnos comienza a ser para nosotros, la realidad. Uno comprende entonces porqué todos respetan tanto a la prensa.

Y es que son ellos, quienes eligen a diario cuál será nuestra percepción de la realidad; con sus encuestas, sus entrevistas, sus versiones, sus números fabricados, casualmente siempre coincidentes con su postura y con su visión, van moldeando nuestra mirada y dirigiéndola hacia donde les interesa que miremos.

Si quieren que odies a determinado personaje lo lograrán y si quieres que lo ames, lo conseguirán también.

Por eso, ni los actores ni los políticos quieren llevarse mal con los medios. Porque saben quien manda y quien rige su destino.

Existe una enorme diferencia entre la ideología y la propaganda: la ideología se basa en las ideas que crean un sistema y la propaganda se fundamenta en la “imagen fabricada” por ese sistema.

Esto lo aprendimos muy bien de los gobiernos comunistas y fascistas.

La propaganda de la ideología es el haber llenado las calles con carteles de Lenin y de obreros sonrientes con el martillo y la hoz, pero sin embargo, la publicidad no logró que los rusos amaran, disfrutaran o preservaran el comunismo.

Una cosa es tener a Maduro bailando en los medios de comunicación que le pertenecen y otra muy distinta, es que los venezolanos amen el régimen del hambre y la dictadura a la están sometidos.

Y a la que paradójicamente Maduro sigue llamando “democracia” por haber conseguido su poder a través de un fraudulento voto popular.

La diferencia entre la imagen del régimen y lo que el régimen realmente es, constituye la realidad.

Actualmente ya no existen ideologías nuevas, sino imágenes nuevas para las viejas ideologías.

Las ideologías que antiguamente estaban sustentadas por las ideas, hoy están sujetas únicamente a una imagen.

Cuando no existen ideas exitosas, ni mecanismos innovadores para aplicarlas, se cambia a la idea por la imagen.

Lo que rige hoy la política no son las nuevas ideas, sino la imagen idealizada de ideas ya fracasadas; como por ejemplo el obrero sonriente o Lenin abrazando al niño, sulplantadas por Maduro regalando vacunas contra el COVID.

La imagen se ha adueñado de nuestra percepción de la realidad. Y hoy es la imagen y no la realidad, la que nos agrupa y nos convence.

Ya no hay político que se sienta obligado a presentar un plan de acción ni un mecanismo de administración coherente y eficaz, porque sabe de antemano que el vídeo emocional, la frase sensible y emotiva, la lista de cifras prefabricadas, el tono suave y paternal del tirano disimulado, la foto con el perrito o con la mascarilla, suplen su total falta de ideas y lograrán distorsionar fácilmente la percepción de la realidad de las masas. Y todo, a un coste intelectual y económico bajísimo.

Estamos sujetos al sentimentalismo de Maduro abrazando al niño, a Pablo Iglesias creyendo que ese pelo largo tan cuidado, le convierte en revolucionario “Che Guevara” desde su nueva mansión en Galapagar, a Monica García que cree que ser médico la dota de una extraña superioridad moral, a Gabilondo que ha descubierto que la subida de impuestos y la ruina económica de un país son la tan ansiada cura para el COVID y a Ayuso que nos propone seguir trabajando duro por este camino.

Deberíamos salir a la calle y hacer como hace Carmela en el pueblo; mirar la realidad sin maquillaje ni intermediarios, sin panfletos con frases empalagosas ni canciones lacrimógenas, sin asesores de imagen, ni banderas, ni rencores ancestrales, ni promesas de papel y elegir nuestro destino (mientras nos dejen), sin filtros, sin complejos y sin censura.

JR

“La Vara fuera del Aula”

Cuando uno se encuentra con amigos uno busca relajarse, reír, comentar y en algún punto incluso hasta confesarse; desplegar esa cuota de sinceridad que uno retiene y que al encontrarse entre amigos, tiende a descargar sin censura.

Uno cree estar a salvo entre los amigos; se atreve a contar chistes verdes, comentarios políticos, íntimos, sociales y demás indignaciones, que entre colegas se difuminan y se calman entre carcajadas y coincidencias.

Y eso es lo maravilloso de los amigos; la sensación semanal de sentirse libre y a salvo.

Siempre podremos achacar la sinceridad brutal a los efectos del alcohol o simplemente a la exaltación del momento, pero el problema es generalmente el amigo santurrón.

Ese que sólo bebe agua o Coca Cola light y anda siempre con aires de profesor mediocre de escuela e intenta aplicar al grupo la moralina del político.

Este individuo generalmente aburrido, complicado para todo y maniático hasta más no poder, no llega nunca a comprender la diferencia entre una reunión de trabajo y una reunión de amigos.

Este encuentro mágico que incluye sinceridad, descarga, terapia, confesiones y risas es como un bálsamo en el medio de la vida cotidiana.

Uno lo cuida y lo preserva con esmero como si fuese una joya y no importa lo llena que tengamos la agenda, siempre encontramos un hueco para participar de este oasis.

Después del encuentro cada uno regresa a su realidad, a su comportamiento habitual y a sus ocupaciones, cada cual con más o menos coherencia o con más o menos efectividad, pero todos regresamos con esa sensación de liviandad que nos deja el sentirnos libres.

El santurrón en cambio vuelve tenso; ha apuntado cada frase, cada broma, cada comentario escandaloso y seguramente los utilice en nuestra contra en algún momento.

Uno se da cuenta en la reunión de las miradas del santurrón e intenta evitarlo la próxima vez, pero al final el santurrón complicado siempre se las apaña y aparece; a volver a tomar nota con grabadora o martillo, según el pronóstico del tiempo.

El santurrón está de moda y tiene rating, ocupa horario prime en todas las televisiones, siempre tiene algo que comentar, decretar o interpretar sobre trivialidades y sobre las confesiones íntimas de los demás, incumpliendo sin cargo de conciencia todas las normas de confidencialidad y de amnistía que implican una amistad saludable.

Uno no sabe si ser más callado la próxima vez o ser más hipócrita, para no caer en sus garras, pero al final aunque lo intentemos, la espontaneidad siempre nos gana.

Y pienso… ¿Tendré que renunciar a mi libertad por miedo a que me dé con la vara o con el martillo?

Pero luego de analizar en una tabla de Excel los pro y los contras de si ser o no ser como soy, me doy cuenta de que lo único rentable es que el santurrón se meta la vara en culo.

JR

“La Belleza de las Vidas”

Cada vida es una historia y el talento reside en saber cómo contarla.Y de eso viven los cineastas y los escritores desde hace siglos.

El secreto está en saber cómo y qué contar de cada vida, pero de todos los detalles, lo mágico son siempre las coincidencias.

Las casualidades de nuestra vida son las que le dan ese toque de magia; el encuentro con el amor, con el amigo, con la vocación o con la salvación.

Hay instantes que marcaron nuestra vida y son esas co-incidencias, esos sucesos simultáneos y casuales que al suceder cambiaron nuestra realidad presente.

Cuántas veces hemos oído las historias de amor de nuestros amigos; esas casualidades que provocaron los encuentros más diversos y también los más románticos.

No es de extrañar que cuántas mas casualidades hayan sucedido en una historia, más mágica ésta se vuelva.

Y son las casualidades de una historia lo que la hacen inolvidable.

La tragedia no es otra cosa que la ausencia de coincidencia, esa magia que no apareció a tiempo para salvarnos y que nos dejó solos en la desgracia de un destino cruel, por falta de la presencia o de la ayuda de otro.

Todas las historias tristes son aquellas en donde nadie te salva, en donde no aparece el transeúnte casual que nos socorre de un ataque callejero, ni el alma caritativa que nos da una oportunidad cuando nos sentíamos perdidos.

Son las coincidencias las que nos salvan y las que le dan un nuevo sentido y un nuevo rumbo a nuestra vida.

Y esa co- incidencia siempre requiere de alguien más, como si para la magia y para la salvación no nos bastásemos solos.

La belleza de una vida exige la cooperación, necesita de la coincidencia que despierta la posibilidad, la oportunidad y la magia en el otro.

Creamos belleza en tanto logramos conectar y coincidir con otros. Porque somos simultáneamente cuenco que recibe y chispa que enciende.

No hay belleza en una vida sin coincidencias, sin esas casualidades que nos despiertan, nos encuentran y nos salvan. Ni sin esas coincidencias que despiertan, encuentran y salvan a otros.

No hay belleza en una vida sin un poco de cooperación, sin la presencia de un otro.

Ni nuestros triunfos, ni nuestras historias nos pertenecen del todo. Porque nuestra historia nunca es sólo nuestra.

JR