“La Edad y el Cambio de Velocidades”

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Son muchos los cambios que traen los años, pero no todos ellos son desventajas.

La edad le aporta a algunas personas una nueva perspectiva, y junto con ella nace un cambio de velocidad en los estados.

Los enfados ya no duran lo que duraban antes y suelen parecerse más a un estallido repentino que a esa nube gris que nos acompañaba durante mucho tiempo por encima de la cabeza.

No es que uno deje de enfadarse, ya que eso significaría que estamos muertos, sino que la duración y la intensidad de los estados cambia y comienzan a parecerse más a un estornudo que a una enfermedad crónica.

Con el paso del tiempo vamos tomando conciencia de que con suerte y viento a favor, nos quedan como mucho 20 años en buen estado de conservación, por lo cual la larga duración de un enfado no nos compensa en absoluto.

Cuando aparece la conciencia de que el tiempo apremia, la perspectiva de las cosas cambia y esa nueva percepción de la distancia modifica también nuestra velocidad. 

Uno empieza a apurar algunas cosas y a demorar muchas otras.

Este proceso se reproduce de forma inversa en el estado de bienestar; aquel que es consciente de que el tiempo es escaso se apura mucho más en disfrutar. Ya no hay tiempo para postergar aquello que hasta ahora considerábamos postergable.

La conciencia de la finitud hace que uno empiece a cambiar sus prioridades en la agenda; “postergaré el enfado para mañana…,pero la felicidad es urgente”

Creemos que el tiempo sólo nos ofrece la opción de ir envejeciendo a la vista de todos, pero sin embargo existe un proceso simultáneo que sucede en nuestro interior y permanece oculto.

Ese marchitarse exterior convive con una regeneración interna, y a pesar de percibirnos cada vez más viejos exteriormente, poseemos la capacidad de ir volviéndonos cada vez más parecidos a los niños; esos a los que la rabieta se les pasaba a los dos minutos con una piruleta.

No es de extrañar que los científicos estuvieran obsesionados con el estudio del tiempo, ya que éste a simple vista erosiona todas las cosas, incluida la velocidad de los estados, pero a la vez el tiempo tiende a autoregenerarse, como si su intención fuera en realidad la de ser eterno.

El tiempo nos da señales de poseer un comportamiento circular, pero nuestra limitada percepción, sólo nos permite apreciar que se nos va escurriendo entre los dedos cada vez más rápido. Y de no ser así, lo importante seguiría siendo postergado.

 

JR

“Cuando la posibilidad de morir se acerca, la urgencia por estar vivo urge”. JR

“Hollywood, el Nuevo Dictador”

 

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Todas de negro fue la condición que puso Hollywood para asistir a la gala de anoche  y cuidado con desobedecer a las normas de la izquierda porque su venganza suele ser mortal. 

Así es esta nueva dictadura demócrata, disfrazada de feminismo y de victimismo discriminado, una que no pierde oportunidad para condenar a quien no piense como ellos. 

Los insultos propinados hacia todo aquel que se atreva a discrepar con sus mandatos suelen ser variados; entre ellos te descargan con machista, racista, misógino y de todo. Y no cuenta que seas un sudaca, que te hayas casado con una judía, que tengas un yerno negro o un nieto musulman. Todos aquellos que no sigan el pensamiento único marcado por la izquierda de Hollywood es un racista igualmente.

Nuestros nuevos gurús son multimillonarios, defensores de Castro y del che Guevara, pero viven en mansiones con seguridad privada y tienen esas neveras americanas que sacan agua helada y cubos de hielo a la vez.

Allí residen estas mujeres famosas, prototipos del forever 21 a base de quirófano, pero no hay que guiarse por sus apariencias ya que parece ser que la gran mayoría fue abusada por los productores de Hollywood desde su más tierna juventud.

En aquel momento todas callaron y aceptaron los abusos por un papel en la película, pero hoy que ya son millonarias y famosas dicen “nunca más”. Antes de eso,  no era un buen momento para decir nunca más.

Cada gala de premios de Hollywood es una oportunidad para hacer política anti Trump, para fomentar el odio hacia el género masculino, poner en jaque a los blancos y para condenar a todos aquellos que se atrevan a vestir de otro color. 

Hay que ir con cuidado con las apariencias porque aunque de niños nos hicieron creer que los dictadores eran todos viejos, gordos y feos, nunca  sospechamos que pudieran ser famosos, ricos y bonitos; aunque hoy lo sean.

Oprah nos dijo en su emotivo discurso que somos las historias que contamos,  pero ella en vez de contar la suya, (sobre los abusos que sufrió por parte de su primo), nos contó otra  historia, una más adecuada para la ocasión, quizás porque en la suya el violador era un familiar de raza negra.

En esta gala tan demócrata la historia era distinta, la victima era una mujer de raza negra y los violadores eran blancos. Era una historia muy triste de 1943 que a todos nos conmovió a pesar de la distancia ( y vaya si ha pasado agua bajo el puente desde aquellas épocas de racismo que hasta un presidente negro ha tenido los Estados Unidos), pero así te van guiando esta ficticia izquierda y  sin cortarse un pelo te van demarcando el color, el pensamiento y el voto con aires de feminista.

Porque a aquellos que se entrenan como    víctimas eternas se les autoriza todo; desde la manipulación explícita hasta la dictadura. 

 

JR

“ La Carroza Tolerante”

El día de Reyes en España siempre nos trae alguna sorpresa y este 2018 la forma de irritar al colectivo católico ha sido la inclusión de una carroza de drag queens junto a la carroza de los Reyes Magos.

La intención siempre es buena, ya que se intenta hacer que los niños aprendan sobre diversidad y opciones sexuales, y aunque el desfile de Reyes no sea para muchos el escenario idóneo para abrirle la mente a los niños, (que ese día sólo esperan caramelos y ver a los Reyes de Oriente), todos sabemos que la izquierda, (que es la nueva religión evangelizadora), nos va acorralando a fuerza de amenazas y de condenas de discriminacion ante cualquier objeción y así nos va imponiendo sus avances de forma dictatorial pero siempre en nombre del progreso.

Este año el Ayuntamiento ha tenido otra buena idea y se ha implicado además en evitar la obesidad infantil; cambiando los caramelos de siempre por el lanzamiento de mandarinas; y así la cabalgata ha servido también como una clase de nutricionismo.

La cabalgata de Reyes se ha convertido desde hace tiempo en uno de esos espacios multiusos, en donde lo mismo se celebra una boda, un cumpleaños infantil, una venta de tupperware, una reunión de comunidad, una despedida de soltero o una rinoplastia. 

Muchos periódicos internacionales comentaban la noticia diciendo que los españoles se opusieron a la modernización de la celebración de los Reyes de Oriente, pero están totalmente equivocados. Todos estamos encantados con la apertura y la diversidad y por supuesto con la carroza de las Drag Queen y queremos que se repita esta experiencia innovadora el día de Ramadán.

Sería tan emocionante ver entrar la carroza de la tolerancia en la mezquita de la M30 y seguir aprovechando todas las fiestas religiosas tradicionales como oportunidades anuales para fomentar la diversidad, la inclusión y la tolerancia por parte de todos los colectivos sin excepción. 

Seguramente nadie se resista a la tolerancia, que por supuesto debería incluirnos a todos.

 

JR

“ Cuando la tolerancia nos incluye a todos es progreso, cuando se le impone a un solo grupo es abuso” JR 

“La Parcialidad Posible”

Siempre desconfié de aquella frase que decía que el equilibrio se encontraba en no estar ni a favor ni en contra de nada.

¿Pero cómo es posible una vida sin ninguna preferencia para alguien apasionado por las ideas?

Me llevó un tiempo poder disociar a la tibieza de la comprensión, ya que la única parcialidad posible es aquella que va hasta el origen de todas las opciones y al comprenderlas arriba a cierto entendimiento.

Todas las ideologías tienen sus razones de ser y nacen de alguna necesidad o carencia y sin necesidad de justificar a ninguna y estudiando su origen, uno logra comprender porqué aparecen.

Recorriendo Estados Unidos uno asiste sin saberlo a una lección de tolerancia, un espacio en donde tantos colectivos diferentes conviven sin aniquilarse entre si, es realmente admirable.

Y definitivamente Estados Unidos es quien ha cimentado las bases para que esta convivencia sea posible a nivel mundial.

Sin embargo, el mundo se empeña en mirar la paja en el ojo ajeno y las conversaciones del año 2017 giraron en su mayoría en torno al racismo de Trump, cuando no existe en el mundo un país más diverso que Estados Unidos.

Si la política da asco es porque exige vender y vender exige agradar a todo mundo. ¿Pero cómo agradar a todo el mundo cuando el mundo es tan diverso?

La respuesta es mintiendo o encontrando una parcialidad posible, que consiste en abordar cada ideología para descubrir cual es su reclamo, porque entendamos primero que toda ideología nace de una queja.

Sin embargo, la máxima rebeldía del tan criticado señor Trump no es su discurso, que encaja perfectamente con el enfado de todos aquellos americanos que le votaron exigiendo más seguridad y trabajo, sino su esposa; la maravillosa Melania, que tiene por sobre todas las demás mujeres americanas una ventaja y es la de ser una extranjera.

(Personalmente no tengo dudas de que dentro del círculo social ultra republicano y católico americano al que supuestamente pertenece su marido,  Melania sea mirada con cierto desprecio y desaprobación, aunque todos nosotros la adoremos)

El racismo siempre provoca como reacción movimientos de reinvidicacion (en su mayoría violentos), pero confundir la exigencia de integración, de orden y de respeto de gran parte del pueblo americano con racismo, es un error imperdonable y una forma de manipulación sumamente eficaz.

Todas aquellas normas que atañen al orden y que no se quieren cumplir hoy se sentencian rápidamente como políticas racistas.

Hoy en día si perteneces a cualquier colectivo y algo no te conviene, puedes alegar racismo por casi cualquier cosa y garantizarte indulgencia y un espacio en las noticas de la noche. 

Pero el problema es que la ley estaba pensada para ser aplicada por una señora con los ojos vendados, que no entendía de colores, de sexos, ni de ideologías, sino que atendía a un reclamo de justicia detrás de cada queja.

JR

 

 

 

 

 

“La Fábrica de Egos”

La publicidad se ocupa de promover las ventas convenciéndonos a todos de que somos especiales y de tan especiales que somos, nos merecemos el producto promocionado.

El mundo está superpoblado y sin embargo no hay quien no se sienta especial.

Todos estamos convencidos de que por algún motivo somos particularmente seleccionados, pero el problema es que cuando miles de millones de personas se sienten especiales, el resultado termina siendo una masa de lo más común.

Sentirnos especiales nos ayuda a perseguir nuestros sueños y la percepción de nuestra unicidad trabaja como un impulso hacia nuestras metas, combatiendo eficazmente nuestros temores y nuestras inseguridades.

Pero cuando la ilusión de ser especiales nos hace creer que siempre merecemos algo más de lo que tenemos, este impulso cambia de dirección. Nos convence de que somos merecedores de algo distinto, convirtiendo a nuestra realidad en la representación de la injusticia y a nosotros en unos desdichados. 

Si no obtengo lo que merezco es porque el mundo es cruel e injusto. ¿Cómo puede alguien tan especial como yo, no tener aquello que se merece?

El problema es mucho más grave de lo que parece, ya que esta fábrica descontrolada de egos; que resulta muy  rentable a corto plazo, va dejando en el camino a un ejército de “especiales insatisfechos”, que tarde o temprano saldrá a reinvindicar todo aquello que cree que se merece y que este mundo cruel no le ha proporcionado.

Fabricarse un ego es sin lugar a dudas indispensable para poder sobrevivir en un mundo en donde todos tienen uno, pero aprender a destruirlo a tiempo es además de un talento, una maniobra de supervivencia. 

Mientras el ambiente de descontento crece sin tregua entre la gente especial, que cree siempre merecer algo más de lo que tiene; entre la gente común uno percibe un ambiente de alegría, como si  ellos hubieran logrado sobrevivir a esa ilusión. 

El hombre común es agradecido, trabajador, fuerte y sobre todo contento, porque siente que la vida no le debe nada. 

Después de pasar un tiempo entre esta gente tan extraña, uno vuelve deseando desarrollar ese extraño talento que se parece al despertar de un sueño.

JR

“No hay nada más motivador que estar con los contentos” JR

 

“El Victimismo que da Poder”

En un mundo en el que la desigualdad es la norma, la tendencia al resentimiento sólo necesita de un pequeño empujón para incendiar al pueblo.

Los gobiernos radicales lejos de trabajar en pos del bienestar social y el progreso de los más desfavorecidos, luchan a capa y espada para sembrar odio y resentimiento en el corazón del pueblo, sometiéndole asi a un tipo distinto de esclavitud.

El resentimiento es otra forma de aprisionamiento, en este caso uno acotado al plano mental y que imposibilita cualquier avance.

Es curioso cómo en esta época se enaltece al débil y se repudia cualquier demostración de fortaleza de carácter.

Si uno logra posicionarse como una víctima cuenta de antemano con ventaja por sobre cualquier otro contrincante porque despertar lástima es hoy la máxima virtud.

El feminismo, entre otros movimientos del siglo 19, se ha vuelto a poner de moda en Europa de la mano de los populismos que azotan la región, pero de aquel feminismo del siglo 19 ;en donde fue la demostración de la fortaleza de la mujer la que consiguió  sus derechos; ya no queda nada.

Este nuevo feminismo digital insiste en que es el victimismo el nuevo método de triunfo de este colectivo.

“Cuanto más víctima seas, más conseguirás. Y si intuyes que vas perdiendo apoyos lo mejor es recurrir a un pasado en donde tu victimismo consiga mutar radicalmente ese mal presagio.”

Hoy en día toda mujer que quiera ser popular y aclamada debe exponer públicamente algún intento de violencia  acometido contra ella en algún momento de su vida, para que el pueblo solidario y compasivo se vuelque automáticamente a modo de ola humana a demostrarle su empatía.

El mundo se ha acostumbrado a adorar   sistemáticamente a las victimas y a repudiar a los fuertes y todas las figuras públicas que necesitan del apoyo popular han salido en masa a exponer sus tragedias particulares, con la intención de acrecentar su popularidad. 

Busca bien en tu pasado y seguramente encontrarás algún episodio en donde fuiste discriminada o sufriste abusos de algún tipo”  me decía una feminista hace un tiempo, ofreciéndome en bandeja la estrategia infalible del resentimiento; tan necesaria actualmente para ganar adeptos adhiriendome a su causa. 

Seguramente si rebuscara bien encontraría algo para ser una víctima yo también, pero lo curioso es que nada está más lejos de mis intenciones que pertenecer a ese grupo y nunca consideré que la empatía estuviese obligatoriamente ligada a la pertenencia.

Mi ideal siempre ha sido la fortaleza ante el sufrimiento y la superación como opción al resentimiento, por lo cual mi entrada al club de las víctimas me estaría rotundamente denegada.

Aquel que enarbola el rencor como método de triunfo no es fuerte, ni será capaz de cambiar las condiciones de aquellos que sufren, porque no ha sido capaz de cambiar de antemano las suyas. 

La astucia de pertenecer al club de los oprimidos,que ubican al culpable siempre fuera, es el método infalible de los tiranos y enmascara la incapacidad de dar soluciones a los problemas reales de la gente. (La responsabilidad de sus desgracias siempre las tiene otro, por lo tanto las soluciones nunca están a su alcance) 

Ser vitima de algún abuso y exponerlo públicamente es hoy la condición indispensable para cualquier puesto de poder, tanto en la política como en el mundo del espectáculo, porque estar en el bando de los fuertes podría dar a entender que perteneces al bando de los abusones. (Cuidado! actualmente si no eres abusado, se deduce que eres uno de los abusadores, por lo cual ser una víctima es la única opción que tienes para librarte de una condena injusta).

Quien basa su fortaleza en la debilidad promoviendo el resentimiento, expone su incapacidad de superación y alguien incapaz de superar su propia debilidad será incapaz de luchar por invertir la tuya.

Detrás de cada uno de los tiranos que han azotado a la humanidad siempre hay una historia personal de resentimiento, que más tarde se redirigió hacia una causa social o política. 

Dar poder a los resentidos es peligroso y nos ha llevado siempre por mal camino. Quizás porque la habilidad que requiere el poder es la de la superación constante.

 

JR

“La superación es sin duda la característica de un buen líder” JR

“El Duelo en la Era de la Diversión”

Cuando se produce un cambio de era, ésta suele asociarse a la aparición de elementos nuevos que modifican de forma abrupta nuestra vida.

Todo termina acomodándose con el tiempo a las nuevas formas, pero este acomodamiento conlleva una época de crisis hasta que todo se ordena de una forma distinta.

Asi paso con la Revolución Industrial, así sucede con la irrupción de Internet y así suele ocurrir también con la muerte.

La muerte de la gente muy cercana irrumpe en nuestra vida como una revolución, desencajando nuestro mundo y modificando nuestra rutina.

Antiguamente la muerte no tenía la distancia que tiene hoy en el mundo occidental, sino que era un episodio cotidiano y doméstico porque sucedía en cada casa.

Las mujeres morían en los partos, los bebes morían al nacer, los niños morían de infecciónes y los adultos morían de neumonía durante el invierno en sus hogares.

La muerte era cotidiana y doméstica, como lo era también la enfermedad y el duelo era contemplado con la misma consideración que se le tiene a cualquier otra patología.

La sabiduría popular conocía sobre la fragilidad que se apodera de aquel que sufre una pérdida, llegando incluso en algunos casos a afectarle también a niveles físicos.

Los traumas de pérdida no sólo afectan a nuestro sistema nervioso, sino también a nuestro sistema inmunológico. El dolor cuando es muy intenso corre por la sangre, ya que cuerpo y mente conforman una estructura indivisible.

El duelo antiguamente suponía un periodo en el que se propendía a la indefensión frente a estímulos externos y requería de un tiempo de apaciguamiento.

Se considera que un año es el tiempo estimado que necesita la rutina para recomponerse, llenándose de nuevas opciones, al principio auto impuestas a modo de esfuerzo obligado, hasta lograr afianzarse.

Cuando el último cumpleaños o la última Navidad dejan de ser aquellos que compartimos juntos y el recuerdo próximo a todas aquellas fechas significativas se llenan de nuevas memorias, el dolor entonces empieza a menguar.

Esto no quiere decir que la ausencia se supere, (la ausencia se mitiga pero no se supera), sino que el umbral de dolor se ensancha a medida en que la rutina se reorganiza y la memoria se puebla de nuevos referentes y de nuevos recuerdos.

Pero el duelo se ha vuelto difícil de experimentar en nuestros tiempos, en donde la felicidad está íntimamente asociada a la diversión y en donde la muerte y todo aquello que la evoque, se han vuelto temas tabú y esquivados por todos.

La muerte ha adquirido en nuestros tiempos una distancia tal y se ha postergado tanto en el ciclo vital, que a veces tendemos a creer que esa realidad no existirá para nosotros.

Muchos evitamos la cercanía con el dolor ajeno porque le consideramos una enfermedad contagiosa; una que sabemos que tarde o temprano nos llegará también a nosotros.

Aquel que sufre una pérdida siente que con su dolor estropea la tendencia colectiva a la diversión; que representa el fin último del individuo actual y que caracteriza a nuestro tiempo (la Era del entretenimiento); y tiende por lo tanto a aislarse.

He escuchado que muchas de las personas que han sufrido pérdidas muy cercanas aseguran pasar por un proceso similiar a la invisibilidad luego de perder al ser querido, ya que uno siente que es visible en cuanto es amado.  (Existo en tu mirada, en tu necesidad de mi presencia y en tanto tú existes yo soy, y ahora que tú no estás, yo también  desaparezco).

Otros describen al duelo como a una sensación de vacío y desorientación que muchas veces se traslada también al plano espacial.  (Mi vida se ha trastocado, mi rutina ha cambiado y tu ausencia es quien ha provocado que yo esté desorientado en este nuevo orden. (Estoy perdido en una vida sin ti).

Aquellas vestimentas negras que se les obligaba llevar a las mujeres durante el luto advertían esa sensación de ausencia. Y aunque la ausencia que deducíamos al ver aquellos trajes era la del muerto, la ausencia que anunciaban era otra. Alguien se habia ido dejando a un individuo en un estado de fragilidad transitoria. 

Cuando uno pierde tanto, también se pierde un poco a si mismo y desearía poder llevar durante un tiempo una  advertencia pegada en la frente,  similar  a la de aquellos paquetes de Fedex que transportan mercadería delicada y que solicitan por favor que se les trate con cuidado.

“Handle with care” ( frágil) ; es que poseo una enfermedad extraña en tiempos de diversión y de seres eternos: “He  perdido y estoy sufriendo”.

JR

 

 

“La contradicción permanente que caracteriza a este mundo hace que la percepción de nuestra propia  transitoriedad en vez de empujarnos hacia la muerte, nos lleve a estar más presentes, porque la muerte del otro presagia también la nuestra” JR

“La Mirada Extranjera”

Releyendo a Ortega y Gasset uno se encuentra con Nietzsche en cada página.

Mientras el genio español se sumerge en la cultura germana y desenreda la filosofía Kantiana; basada en esa subjetividad de Kant que irreversiblemente termina convertida en una nueva moral; tan subjetiva como cualquier otro camino único; uno comprende que la maravilla en la mirada de Ortega y Gasset representa a las cualidades de una mirada extranjera.

La extranjeria dota de la capacidad de mirar sorprendido porque el extranjero no posee el acotamiento nacional.

Es como la forma de ver que tienen los niños pequeños, que ven gordo a quién es gordo y viejo a quién es viejo, sin sentir después de esa objetividad ningún remordimiento.

Esta libertad de culpa para percibir la realidad se debe a que la mirada de un niño muy pequeño, aún no ha sido sometida a la cirugía con que se moldea la córnea de los individuos desde pequeños, para que aprendan a decir siempre lo que no ven y a esconder aquello que ven en realidad.

Esta domesticación indolora en la que habitamos, se basa principalmente en que uno no debe nunca herir a nadie.

La filosofía cristiana construida sobre  una compasión mal entendida y combinada con la Educación inglesa basada en la compostura y el disimulo, dio vida a individuos de discursos medidos, duales, de esos que cuando acaban,uno es incapaz de sintetizar nada de lo que han dicho con certeza. ¿Por qué?

Porque la contradicción es muy difícil de traducirse en idea.

La idea necesita de una linealidad y de una coherencia para adquirir algún sentido. De lo contrario, se convierte en un pronóstico del tiempo en 24 Hs, cuyas temperaturas variables confunden y evitan llegar a una conclusión determinante.

Hará frío pero no tanto, (no es cuestión de que el frío se lo tome a mal), hará calor pero no tanto ni todo el tiempo, (para que el calor tampoco se ofenda).

Y al final a uno no le queda claro si llevar el bañador o la bufanda y para no quedar mal con nadie, carga con los dos.

Uno debe ser medido hasta en la mentira, educado y políticamente correcto de principio a fin, porque si entre alguna de las contradicciones que le son permitidas, se le escapa sin querer una verdad, puede llegar a ser mortal.

Si se te escapa una verdad te exigirán explicaciones y disculpas; porque todos estamos inmunizados contra la mentira, pero la verdad resulta intolerable. 

Existe una libertad de visión en ser un extranjero y esa libertad está dada por la falta de ceguera nacionalista, esta  incluye a un tipo de lente graduado que se implanta en el individuo desde el amamantamiento y que luego continúa en grandes dosis con el nesquick del desayuno de cada mañana.

Este tipo de visión nacionalista nos amplifica algunas cosas y a la vez nos ciega de una forma específica según la latitud y el meridiano en el que habitemos y de la que uno no se libera tan fácilmente, sin pasar antes por un arduo y doloroso trabajo de auto- destierro.

Este auto- destierro consiste en un despellejamiento a modo de peeling doloroso, que puede sangrar mucho  hasta adquirir cierta objetividad para poder observar y observarse, sin la bandera atada alrededor del cuello o colgada en el balcón y sin la comida tradicional inyectada por vena a modo de droga alucinógena, sin la cual muchos no pueden sobrevivir más de una semana.

Algunos desfallecen si pasan mucho tiempo sin la tortilla de patatas, otros sin el dulce de leche y los más rudos sin los pretzels o el Big Mac.

Este éxodo voluntario es una especie de viaje lejos de la tierra a la que uno conoce de memoria, apartado de los sabores que ha degustado hasta el hartazgo como si fuera un esclavo, para adentrarse en busca de una tierra desconocida a la que tendrá que mirar con ojos nuevos. (cualquier similitud bíblica es pura coincidencia)

A esta objetividad despredida de sustancias adictivas, (que para unos resulta ser tan inevitable si se quiere reaprender a mirar como mira El Niño de Nietzsche), los compatriotas la llaman traición imperdonable, mientras los lectores la agradecemos y la llamamos valentía.

No sé si corresponde considerar valiente a  quien transita por el mundo desconfiando de todo, incluso de su propia sombra, de la cual uno no puede fiarse ni un pelo, porque según la luz resulta ser la más traicionera de todas. Pero teniendo en cuenta el percal, sin duda los atrevidos destacan.

El enaltecimiento del “pusilánime” según Ortega y Gasset consiste en poner en el podio a aquellos individuos  cuyo único objetivo en la vida es disfrutar del placer y rehuir del dolor, (y yo agregaría también agradar a todos),  y que sigue estando tan vigente al día de hoy como lo estuvo en 1927. 

Escandaliza y sorprende como lo único que cambia a lo largo de la historia son los menús del día, el vestuario, el peinado y el skyline de las ciudades, mientras todo lo demás permanece increíblemente intacto.

Es cierto que han cambiado las palabras y aquel pusilánime de Ortega y Gasset podría ser hoy el individuo políticamente correcto con derecho a voto, que viaja con la tortilla en el bolso para evitar contaminarse de nuevos sabores; no vaya a ser que la bandera se le trastoque y traicione a la patria por probar alguna delicia exótica.

Pero gracias a la cultura de la igualdad reinante, a los individuos se nos hace creer que somos todos iguales.

Yo no creo que seamos iguales, pero sí que somos todos igual de necesarios.

Y lo somos porque el aparato visual funciona a modo de contraste, de la misma forma en que funciona la mente humana y su razonamiento. Si no existiera una variedad de colores ¿cómo  reconoceríamos el rojo?

Y si no hubiera pusilánimes ¿cómo reconoceríamos al genio? 

JR

“Los Padres de la Dependencia”

Cuando recuerdo mi juventud suelo rememorar un horizonte mucho más arriesgado que el panorama actual. Uno salía de casa sin móvil y sin la aplicación rastreadora de mamá  (que hoy sabe a cada momento adónde estás); y siendo consciente de que al salir por la puerta, uno era el responsable de volver a casa a salvo.

Recuerdo recorrer Europa y Turquía con una amiga a los 20 años y despedirme de mis padres para volver a hablar con ellos desde un teléfono público del aeropuerto de Frankfurt un mes y medio más tarde, avisándoles que llegaría al día siguiente a casa porque había conseguido lugar en un vuelo de vuelta.

En aquella época yo solía viajar con billetes sujetos a espacio, así que nunca sabía qué día podría llegar a ningún sitio y si esa noche subiría al avión o si dormiría en un rincón del aeropuerto.

No hubo móviles ni llamadas de larga distancia en ningún momento durante aquel viaje, y también recuerdo haber hervido dos docenas de huevos en un hostel de Amsterdam al principio del recorrido y estar comiéndome el último huevo duro en el ferry de Kusadassi a Samos, casi 20 días después, junto con unos cacahuetes que había comprado días antes en el Gran Bazar de Estambul.

Uno ahorraba al máximo, pero nunca se sentía “incomodo”, sino libre, hambriento  y feliz.

El viaje en aquella época era mucho más sencillo que ahora e implicaba una distancia desde la cual poder observarlo todo sin ser observado.  No existía la necesidad de subir las fotos a Facebook, ni de conseguir wifi para poder subsistir.

Todo esto suena muy extraño en un mundo en donde los padres obtienen hoy el parte informativo instantáneo de los hijos y los hijos exigen hoteles cinco estrellas y vuelos sin escalas. Pero lo más llamativo es que todo esto haya cambiado en el breve lapso de dos décadas.

Hoy accedemos al seguimiento intensivo de todos los movimientos de nuestros conocidos por Whats up o a través de una aplicación de rastreo.

El hijo supervisado ha dejado ya de sentirse controlado, para sentir que eso es muy normal y que su vida debe compartirse permanentemente con sus progenitores y con cualquiera que esté en línea.

El concepto de privacidad ya no tiene nada que ver con la intimidad, sino que apunta escencialmente a la seguridad digital y se limita a la elección del público en una red social.

Suelo escuchar a menudo a padres que se quejan de que los hijos no se independizan nunca y de que siguen viviendo en casa, con la excusa de que la vida allí es mucho más cómoda.

Las madres en el fondo se sienten halagadas de ser ellas las responsables de que el niño de 30 esté cómodo en casa, pero a mí particularmente la prioridad de la comodidad a los treinta me produce náuseas. Quizás porque erróneamente consideré que esas dos décadas estaban pensadas para la incomodidad de generarse una vida. 

Si la comodidad es lo que prima para un individuo de 20 y 30 años, entonces ¿cuál será la prioridad de este individuo a los 60?

Siempre me resultó extraña esa gente que a los 20 y 3O años prefería la comodidad por sobre la libertad y esos escenarios siempre me auguraron malos presagios.

Sospecho de que en gran medida somos los padres controladores de hoy, los responsables de los hijos cómodos y dependientes del mañana.

Y aquellos progenitores que se resisten a serlo, porque creen que la incomodidad que produce la libertad resulta escencial a cierta edad, son considerados como padres desentendidos o indiferentes.

El concepto de educación que yo tenía hasta ahora apuntaba a la independencia y al impulso hacia la libertad del individuo como fin; pero hoy ese concepto ha cambiado y el ideal educativo es el seguimiento /guía y el control constante de la vida del infante desde la cuna hasta la tumba.

Esto se refleja también en la obsesión por una formación académica organizada que no acaba nunca, (universidad, masters, doctorados), en donde todo apunta al mismo control; el adiestramiento guiado permanente, sin dejar ni un hueco disponible para el nacimiento del individuo libre e independiente.

– ” Me ignoras”  le dijo Marteen de 19 años a su padre, en una novela que escribí hace tiempo.

Y mientras John escuchaba aquel reclamo, sobre la necesidad de hostigamiento contemporáneo que echaba en falta Marteen y al que veia sometidos a todos sus amigos, John le decía;

– “No te ignoro, es que ahora me toca observar cómo te haces un hombre”.

John, que parecía un padre distante a los ojos de Marteen intentaba hacerle entender que aquella no era una ignorancia sino un permiso, algo más parecido a un abandono positivo que a una indiferencia. 

La distancia también es un regalo, incomprensible en estos tiempos de control y de presencia abusiva; pero el trabajo de convertirse en un individuo es tan privado y tan personal, como lo es la libertad; ese sitio en donde lo incómodo no cuenta y la soledad duele muchas noches. 

 

JR

 

 

 

“De Vegano a Moralista”

 

Cada uno vive según su receta y todos hemos ido juntando a lo largo de la vida determinada información que nos es útil para sobrevivir en este mundo.

Esta particular selección en muchos casos, ha incluido también el descarte de muchas cosas que hemos detectado como perjudiciales para nosotros y de las que nos hemos deshecho convenientemente a tiempo.

Lo malo no es elegir libremente tu propio manual, sino nuestra tendencia de ir intentando imponérselo al otro. Esta manía de convencer a la que los sofistas nos han acostumbrado desde hace tiempo y que ha prevalecido intacta a través de los siglos.

El trabajo intelectual de explicar el porqué de haber llegado a determinadas conclusiones es interesante y un pasatiempo que los intelectuales disfrutamos como a una rutina semiautomática y predilecta por sobre cualquier otra; pero intentar convencer a quien no desea ser convencido es un acto de violencia como lo es cualquier otro tipo de evangelización.

Esta violencia la han detectado todos aquellos místicos que se negaron a fundar sistemas, e incluso a dejar por escrito sus palabras, para evitar que se convirtieran en doctrinas. Esto por supuesto no pudo evitarse tras su desaparición y junto con ellos desaparecieron también  esas verdades que “no podían ser dichas”, sino únicamente comprendidas a través de la experiencia.

Y cada uno la vive a su manera, pero el intentar crear nuestra propia iglesia es una tendencia que no podemos evitar, como si la experiencia solitaria de la felicidad no nos fuera suficiente y tuviéramos que convencer a otros para que nos acompañen.

A veces dudo si es nuestra intolerancia a la soledad aquello que nos mueve a la evangelización o si es esa sensación de poder que genera el sentirnos los salvadores de otras personas. O si simplemente es una estrategia comercial que beneficia a un grupo. 

Hay muchas formas de convencer y muchas son muy sutiles, pero no menos violentas. Está la amenaza del infierno, la del limbo, la de la recompensa, el paraíso, la santidad, la eternidad, la reencarnación, la de la aprobación, la pertenencia, la enfermedad y también la muerte.

¡Amenazas algunas, tan inevitables!

(Sobre todo la muerte, de la que ni Dios se salva; y sino pregúntele a Nietzsche).

El tema es cómo y de qué manera se muere, porque morir vamos a morirnos todos. Algunos comiendo lechuga, otros a base de jamón serrano y dieta mediterránea, unos rezando hacia un hemisferio y otros mirando hacia el otro, algunos en descampados sin atención médica y otros en hospitales cinco estrellas.

Aunque quizás nuestro deseo inconsciente no sea el de evitar lo inevitable, sino el de suavizar de algún modo la llegada de lo inevitable, porque está claro que compartiendo todos un mismo y único final, que es para todos la muerte, la única posiblidad de libertad es la manera de vivir nuestro camino hacia nuestro final compartido.

Y elegir nuestros propios manjares es una de esas pequeñas y breves libertades a las que todos tenemos derecho en la vida.

Por eso es que la libertad es un arte tan difícil de dominar, sin que domine a nadie. 

JR

“Después de haber convencido sentirás el orgullo que sienten todos los que creen haber vencido” JR