“Experiencia y Preparación”

Cada vez nos lleva más años estar preparados. A la escuela le sigue la universidad, luego la especialización y luego el máster, y así nos pasamos media vida, preparándonos para poder hacer algo.

Cuando leo biografías antiguas me llaman mucho la atención, aquellos personajes que a los 30 años ya habían conquistado medio mundo, estudiado 3 carreras o escrito 5 libros y que a los 50 años, se morían con todo ya hecho.

Hoy en cambio, los individuos de 30 años están aún preparándose para ver si consiguen hacer algo interesante a los 50.

Afortunadamente, la longevidad nos ofrece más años para actuar y para estar preparados. Pero el problema surge, cuando tanta preparación es acorde a un mundo viejo y no se amolda a las realidades que nos tocará afrontar.

Uno se prepara, pero luego siente que no estaba preparado para lo que le sucede, porque lo que nos sucede, no estuvo nunca contemplado en esa preparación.

¿Pero cómo prepararse para lo desconocido o lo incierto?

Desgraciadamente, no hay sistemas que te preparen para lo desconocido, porque toda preparación sistemática, se basa en el conocimiento de lo ya conocido.

Y la única forma posible de abordar lo desconocido, es incentivando la espontaneidad.

La espontaneidad es una respuesta inmediata que escapa a toda preparación. Porque lo espontáneo es justamente aquello que no está preparado.

Si la preparación nos da seguridad, la espontaneidad en cambio, nos da miedo.

Pero dominar el miedo, resulta fundamental para crear y para sobrevivir en un mundo nuevo.

La educación tradicional, basada en la incorporación de conocimientos, no siempre incluye ni valora la espontaneidad.

El repetir de memoria, el recordar fechas exactas o detalles poco relevantes, son su prioridad, mas que fomentar la libre interpretación, la asociación, la investigación o el debate.

Cada vez que me encuentro con estudiantes secundarios me comentan que odian la materia Filosofía. Y la odian, porque lo único que no hacen en clase, es filosofar.

Lo que se enseña en la clase no es Filosofía, sino “la historia de la filosofía”.

Ellos aprenden sobre todo lo que pensaron aquellos que pensaron. Pero no aprenden a pensar.

Ni Sócrates ni Platón estudiaron filosofía, porque ellos “hacían” filosofía. Y la filosofía que ellos hacían, no era una preparación sobre el pasado, sino una actividad para el presente y para el futuro.

Los alumnos de hoy, sólo repiten el pasado. Salen de clase siendo expertos en historia de la Filosofía, pero no salen siendo filósofos.

Existe una diferencia fundamental entre la filosofía occidental y la oriental y es que la filosofía occidental piensa sobre las cosas y la oriental busca la experiencia de las cosas.

Mientras occidente “pensaba” y disertaba sobre la luz, oriente buscaba “ver” la luz.

De hecho, en la India nunca existió una palabra que pudiera traducirse como “filosofía”. La palabra más parecida era “darshan” y significaba “ver”.

Oriente nunca buscó “filosofar” sobre la luz, sino “ver” la luz.

Hay muchas maneras de prepararse y todas ellas son sumamente valiosas; pero si fuésemos capaces de fundirlas y de abordarlas todas sin miedo, seguramente nos encontraríamos mejor preparados, para todo aquello que no admite preparación.

JR

“Elogio a la Terminación”

Nada me resulta más placentero que estar con gente normal. Y cuando digo “normal” no me refiero a gente perteneciente a un estrato social o económico medio o parecido al mío, sino a gente que se comporta de forma natural esté donde esté, sin intentar ser algo que no es.

Da igual que sean ricos, riquísimos, medios o paupérrimos, intelectuales, artistas, científicos o empresarios; lo asombroso es encontrar a gente que sigue siendo natural, a pesar de su circunstancia.

Todo poder confunde porque acarrea una sensación de omnipotencia, que tiende a hacer creer a todo individuo desprevenido, que es inmune a todo.

Por eso, ante cualquier situación de éxito es importante no perderse nunca de vista y no dejar de ser el mismo de siempre. O como cantaba Serrat: “uno sólo es lo que es y anda siempre con lo puesto”

Existe en esa conciencia o en esa aceptación de ser lo que uno es, una sensación de relajación. Y en aquel que la posee, se nota.

El poder o la fama hacen olvidar en ocasiones, que uno sigue siendo igual de frágil que antes y que está igual de expuesto al dolor que antes; aunque la sensación de poder y la adrenalina del éxito nos refuercen en lo contrario.

No es casual que a todos nos extrañe mucho más la muerte de alguien poderoso, famoso o rico, que la muerte de alguien desconocido o corriente, porque asociamos al poder y a la fama con la capacidad de ser invencible.

Si alguien famoso muere es increíble, pero si muere un vecino, nos parece sumamente normal.

No vamos a negar, que ante cualquier dificultad, el poderoso dispone sin duda, de muchos más recursos para superarla. Y que la enfermedad, la cura, o la seguridad no es la misma, para unos que para otros.

He tenido estos días, una sensación ambigua con la muerte del famoso baloncestista Kobe Bryant, a quien se le han hecho múltiples y emotivos homenajes; casi como si hubiera muerto un santo. Y muy poco se ha hablado sin embargo, de las otras 7 personas que este hombre decidió transportar en su helicóptero aquel fatídico día, en que no se recomendaba volar por exceso de niebla.

Kobe Bryant era un atleta famoso y parece que se lo hemos pasado por alto. Y es que a la gente poderosa, suele olvidarse muy a menudo, de que también es mortal.

El poder acarrea un tipo ceguera específica, que la persona corriente no padece. La persona sin poder, se sabe indefensa, se sabe expuesta a múltiples peligros y al dolor en general. El poderoso sin embargo, es más propenso a padecer la prepotencia de quien se cree invencible.

Lejos de pretender vivir en un estado permanente de pánico o de ansiedad, poseer este tipo de conciencia de la propia limitación, ayuda mucho a vivir y a disfrutar de las cosas buenas.

La conciencia de la terminación de la vida, hace que uno se empeñe en disfrutarla con cabeza, la conciencia de la salud, hace que uno se esmere en valorarla y la conciencia de la posibilidad de la pérdida o del dolor, hacen que uno aprenda a ser agradecido en la felicidad.

Siempre asocié a la eternidad con un letal aburrimiento, porque todo aquello sin final, termina siempre por dormirnos o cansarnos.

Y paradójicamente, aquella tan temida noción de final, es la que nos alerta, nos activa y nos despierta.

JR

“Patada de Gol”

Todos sabemos que Harry no trabajará jamás en un Mc Donald’s y que seguramente jamás en su vida tenga que soportar ni a un jefe, ni a un cliente.

Y que vivirá siempre como un príncipe (como hasta ahora) de la herencia millonaria y de las propiedades que su madre ha puesto a su nombre.

Pero lo importante de todo este episodio, poco tiene que ver con Harry; ese pelirrojo fiestero y problemático que siempre dio por culo en palacio y al que no le gusta la prensa, ni ser figura pública y que para preservar ese aclamado perfil bajo, se casó con una actriz de Hollywood.

Muchas son las incongruencias del pelirrojo ecologista y malcriado al que además, la droga le ha minado muchas neuronas.

Pero lo realmente importante de todo este mediático episodio es sin duda, la actitud de la reina y la enseñanza que nos deja.

Pocos son hoy en día, los monarcas que nos infunden tanto respeto y que dan ejemplo como ella.

Antiguamente, los reyes eran ejemplo de virtud; de fortaleza, de estoicismo, de valentía y de comportamiento en general. Y el pueblo percibía en ellos, aquel linaje divino, al que debía imitar.

Hoy la mayoría son una panda de vagos que viven de fiesta en fiesta con dinero público; aunque por suerte, nos queden algunas raras excepciones.

La maravilla de este episodio fue la patada en culo de la reina Isabel. Algo a lo que debemos atender y tomar nota todos los padres de esta generación de jóvenes eternos, de innumerables derechos y de escasas obligaciones.

La reina dijo basta, porque decir basta es educar. Limitar el capricho, la manía, el antojo,la flojera, la demanda permanente, limitar el derroche con lo ajeno, la ostentación como perfil, la desvergüenza de vivir eternamente de prestado, limitar la excusa y la crítica; es educar.

Y es cierto que en algunos aspectos es mucho más fácil educar a un hijo siendo pobre, que educar a un hijo siendo rico.

Al hijo pobre se le dice “te daría, pero no hay” en cambio al hijo rico hay que decirle “hay, pero no quiero darte más”.

El “basta” sólo se dice cuando hay, pero consideramos que ya ha sido suficiente.

En esta época emblemática y de múltiples reclamos de abusos, el único tipo de abuso sin organización ni marcha, es el abuso a los padres.

¿Hasta cuándo mantener a vagos y cómodos que no son capaces de buscarse la vida? ¿Hasta cuándo soportar a estos jóvenes comunistas de salón que tenemos en casa, que critican nuestro voto, nuestra vida, nuestras convicciones, pero son incapaces de buscarse un trabajo y salir de este hogar opresivo?

¿Hasta cuándo esperar a que los principitos encuentren el trabajo acorde a su carrera, a sus principios, a su alto nivel de vida y sin sentirse presionados por un jefe o humillados por no entrar como directores de empresa?

Las excusas de las nuevas generaciones son múltiples y coloridas. “Que en esta época no hay trabajo, que en esta época no hay oportunidades, que en esta época ya no les va a quedar ni el hielo del planeta.”

Y yo pienso en aquellas generaciones de la post guerra, de ciudades arrasadas e industrias minadas y en cómo lograron sobrevivir.

Hoy si al joven le duele el cuello quince minutos, pide cita en el fisio y reclama que es urgente. Porque ya no saben ni tomarse un ibuprofeno, ni cambiar de postura y ni hablar de aguantar un poco de incomodidad.

Yo voy por los baños de mi casa recolectando los botes de dentífrico que mis hijos tiran a la papelera como si estuvieran vacíos, porque no saben apretar. Aprieto y enrosco desde abajo como hicimos toda la vida y aún queda siempre más de la mitad del bote.

Me tomo el tiempo y les enseño a estos niños ecológicos del use y tire (y que no vivirán nunca una guerra) a que en casa se aprieta bien, se aprovecha todo y se reciclan todos los mediodías las sobras de la cena.

Ellos saben de memoria que odio a los ecologistas fanáticos y me lo dicen; pero lo que pasa, es que al final, los no ecológicos usamos menos frascos, cambiamos menos móviles y usamos menos ropa. Y también, vamos a menos marchas y llamamos menos la atención.

El hijo de un amigo mío le pide dinero a su padre para llevar su coche al lavadero de coches. ¿Pero cómo a un lavadero, si eres pobre?

“Cojes un cubo y una esponja y limpias el coche como hicimos en casa toda la vida”.

Esto es lo que tiene educar, que es un verdadero dolor de muelas.

Y cuánto más adultos se hacen, más seguido hay que darles esa mediática y necesaria patada en culo; cómo muy bien nos enseñó la reina.

JR

“La Madre Patria”

Demasiado revuelo ha desatado últimamente la propuesta del pin parental; un sistema tan lógico como vigente actualmente en Occidente; ya que todos los padres hoy en día, son informados y requeridos a dar su consentimiento ante cualquier tipo de actividad extraescolar; ya sean salidas fuera del centro, como cursos o charlas fuera del programa académico.

Esta alternativa partidaria de la opción y de la libertad de elección, hoy parece sonar extraña y correr peligro en manos de las políticas de la ultra izquierda.

Algo tan común en nuestros tiempos como es la libertad individual comienza poco a poco, a plantearse como algo extraño, incluso fascista, para los colectivos de la ultra izquierda, que pretenden imponer sistemas totalitarios empezando por la educación.

Todos sabemos que nuestros hijos no son nuestros hijos, mucho antes de que traigan a su primer novio a casa. Uno comprende que debe soltar, dar libertad y potenciar el libre pensamiento y aquellas capacidades que les sean propias, aunque sean muy distintas a las nuestras.

Mucho se aprende al ser padres y sobre todo, que educar en libertad poco tiene que ver con el adoctrinamiento de ningún tipo.

Pero hay adoctrinamientos que son aceptados socialmente y otros que no lo son tanto, para ciertos colectivos, que consideran por ejemplo a la religión parental como a un cancer y a la ideología de género y al adoctrinamiento comunista como a una liberación, y viceversa.

La libertad siempre fue un concepto sumamente engañoso y resbaladizo, ya que siempre que intentas cogerlo por algún lado, se te escapa por el otro y siempre que intentas definirlo, terminas encarcelándole en un sistema totalitario.

“Ni tanto ni tan poco” decía mi abuela, bajando a lo cotidiano el concepto del término medio que nos proponía Aristóteles para tener una vida virtuosa; ese medio que parece ser tan sencillo y que al final siempre termina siendo el punto más difícil de alcanzar.

Pero todos sabemos que cuando se nos toca la libertad, uno salta como un loco, porque de ella depende todo nuestro sistema de vida.

Idealizar al comunismo o a la religión es desconocerlos por completo y lo que abunda en general es mucha ignorancia.

Si bien todos a los 20 años idealizamos al Che Guevara, a los 30, cuando vimos todo lo que se nos deducía de nuestra nómina laboral injustamente, tiramos al contenedor de reciclaje la bandera roja y la camiseta de don Ernesto.

Y aunque de niños fuésemos devotos monaguillos, la mayoría escapó de las doctrinas y de los dogmas en cuanto comenzó a vivir y a estudiar un poco sobre el defasaje de sus normas y las tremendas incongruencias de las instituciones religiosas.

Y es que a las ideologías hay que sufrirlas en carne propia para comprenderlas, hay que sudarlas primero, antes de defenderlas a capa y espada; porque ni el crucifijo, ni el libro, ni el porro y la marcha comunista con los amigos, son suficientes para llegar a comprender los verdaderos conceptos e intenciones que se esconden detrás de la palabra libertad.

A la libertad hay que perderla para valorarla y todo parece encaminarnos ahora hacia aquel reaprendizaje.

Vamos perdiendo libertades sin darnos cuenta y gustosos con nuestro voto, para volver a pasarnos décadas intentando recuperarlas.

Y es que somos una especie muy bestia y nos cuesta mucho aprender, sin tener que repetir.

Con pin o sin pin vamos directos a recuperar aquel examen de comunismo, vamos directos a quemarnos con la antigua experiencia roja; para volver a aprender como aprenden los niños de 3 años que al quemarse entienden al fin, que con eso no se juega y que eso no se toca.

JR

“Co- Co- Co Comunismo”

La nueva tendencia E- Co-lógica nos motiva a compartirlo todo en nombre de un mundo más sostenible.

¿Para qué tener tu propio piso de propiedad o de alquiler, si puedes compartirlo con 4 ocupantes alternantes más? ¿Para qué tener tu propio coche, si tú puedes usarlo en días pares y otra persona los días impares? ¿Para qué tener un despacho, si puedes compartirlo con otras 8 empresas más?

Todo suena muy económico y es verdad que al hacer las cuentas, nos sale mucho más barato compartirlo todo, que tener pagar lo que nos cobra el estado por poseer cualquier cosa.

Pero lo curioso de toda esta ecología de consumo es que se hace solamente a costa del contribuyente.

Este ahorro es a costa del ciudadano de a pie, ese que paga cada vez más impuestos. Mientras el estado, no hace más que agrandarse, crear nuevos ministerios y consejos, pagar asesores y departamentos extraordinarios para poder así, ir colocando a todos sus parientes y amigos en el gobierno y garantizarles una paga y una jubilación de por vida.

“Usted economice señor ciudadano y compártalo todo, sea ecológico y moderno, así el estado puede seguir agrandándose, pagando favores y adquiriendo más propiedades y cuentas bancarias; mientras tanto le ofrecemos la satisfacción de ser cada vez más “verde” y de estar cada vez más orgulloso de cuidar el planeta”

A este paso, y en pocos años llegarán a abolir la propiedad privada para el ciudadano de a pie, por ser muy contaminante. Y lo harán seguramente, con el consentimiento del pueblo.

Al paso que vamos y con el alarmante buenismo hipnótico reinante, no tardaremos demasiado en volver, sin darnos cuenta de nada, (como siempre) a un sistema comunista.

“¡Compartir, compartir!” gritan los buenos. ” es lo moderno, es la tendencia” y mientras, los vagos se aprovechan.

A este ritmo mis hijos compartirán los calzones con sus vecinos de co- living en días alternos; y Lunes, Miércoles y Viernes irán en culo al co- working y en el car- sharing, con tal de no contaminar en un mundo de iguales.

Toda esta onda verde tan promocionada por los movimientos de ultra izquierda, a muchos ya nos huele a gato podrido, porque se está pareciendo cada vez más, a un sistema que ya conocimos: el comunismo.

Dentro de nada, usted estará convencido de que no necesita tener nada en propiedad y de que compartir es la solución más lógica y adecuada a todos sus problemas económicos.

¿Pero quién causa sus problemas económicos? ¿Quién le agrega cada año un impuesto solidario, verde, sostenible a su ya larga carga impositiva? ¿Quién le impone pegatinas ecológicas, revisiones sostenibles, cambio de coche a eléctrico en 2 años? ¿Quién le sigue cobrando las autopistas que llevan ya más de 20 años pagadas con nuestros impuestos?

No se sorprenda señor contribuyente, que el recolector sea el mismo que le pide solidaridad sostenible y el que se va enriqueciendo año a año, a costa de su co-nciencia.

Los políticos cada vez tienen más coches, más propiedades, mas guardaespaldas, más empleados públicos y todo a costa de la co-solidaridad y de la ecología del eco- ciudadano.

Hace unos días estudiaba con mi hijo la historia de la Unión Europea y sus buenas intenciones originales; que eran por supuesto ventajas económicas. Hasta que llegó el momento de aprendernos la enorme cantidad de Consejos y de departamentos que esta Organizacion posee. Quedé impactado con la extensión y con la cantidad atroz de departamentos y de empleados que tiene la UE y entendí en pocos segundos, el porqué del Brexit.

Algunos, logran ver los abusos a tiempo y huyen antes de que tanto co-co-co les coma el coco y les arruine toda una historia de sacrificios, de independencia y de libertades individuales.

JR

“Cuando el Pobre se viste de Prada”

Lo maravilloso del capitalismo es que es el único sistema que no es estanco y en donde todo puede moverse y darse vuelta en un santiamén.

Quien nace pobre en un sistema capitalista, no tiene porqué permanecer siempre pobre, si se esfuerza y trabaja.

Y no sólo puedes dejar de ser pobre, sino que además, puedes llegar a ser más rico, que aquellos que eran ricos cuando tú eras pobre.

Esta movilidad, sólo sucede en los sistemas capitalistas o en las “democracias” corruptas de muchos países; pero en el caso de la corrupción, la movilidad sólo sucede para los políticos pobres, que luego de gobernar siendo pobres, terminan sus mandatos en la lista de las grandes fortunas del mundo.

En esos casos, no es el capitalismo quien ha ejercido su maravillosa movilidad, sino el arte de robarse el capital del contribuyente.

Pero dejando a un lado a los políticos y a su particular sistema de movilidad, el capitalismo es un sistema basado en el mérito y en el esfuerzo, en la competencia, en la inversión, en la innovación, en el ahorro y en la excelencia.

Existe por supuesto el factor suerte o visión, que hace que lo que tú hagas sea popular en la época en la que habitas.

Hay trabajos que pagan más que otros, dependiendo del siglo en que vivas y la importancia que tenga allí cada oficio.

Y no sólo dependerá del tipo de trabajo que ejerzas, sino de la forma en que lo hagas y cuánto tiempo le dediques.

El otro factor importante de nuestro siglo es el consumismo.

Uno podría pensar que el consumismo es proporcional a la riqueza. O al menos, yo siempre lo creí de esa manera.

Cuando yo era pobre trabajaba como pobre y gastaba como creía que gastaban todos los pobres (poquísimo y siempre comprando lo más barato).

Y ahora que ya no me considero pobre, sigo trabajando como cuando era pobre y sigo gastando como cuando era pobre (siempre ahorrando y comprando poco y barato, para poder darme de vez en cuando, algún gusto bueno)

Yo creía que los ricos consumían más y que los pobres consumían menos, de acuerdo a su nivel adquisitivo; pero viéndome a mi, he comprobado que quien es austero y ahorrativo nunca cambia; sea rico o sea pobre.

Si bien es verdad que al consumismo te lo limita el límite de la tarjeta de crédito, por mas que quieras seguir comprando, el deseo no se para nunca ahí.

Y el ansia por consumir es más dolorosa en el pobre que en el rico.

Pero lo más doloroso de todo, es ser pobre y tener gustos caros.

Puedo imaginarme la desesperación que genera desear algo que no está a tu alcance, además de la envidia y del odio que se debe sentir, hacia todo aquel que lo posee. Por lo cual, el incentivar el consumo sin escrúpulos ni cabeza, ejerce un daño social, que al final nos daña a todos.

Pero el meollo de esta cuestión social es que el pobre de ahora, no es igual al pobre de antes.

El pobre de hoy, quiere iPhone, quiere Prada, quiere Audi y Ferrari. El pobre actual es un pobre distinto al pobre que nosotros conocimos y que fuimos.

Siempre recuerdo un dicho que usábamos para aquel que se iba con cualquiera con tal de ligar: “cualquier autobús le deja bien” decíamos, cuando alguien se iba con la más fea de la noche.

Para mi, la pobreza tenía que ver con conformarse con lo que uno tenía y disfrutarlo sin resentimiento. Uno era pobre, pero sin sentir que le faltaban tantas cosas.

Es curioso, pero los gurús actuales afirman que esta misma receta sirve para alcanzar la felicidad.

Pero el pobre de hoy no se conforma, porque el pobre de hoy es un pobre pretencioso.

Hoy el pobre sufre mucho más y está lleno de odio porque no quiere conformarse, el pobre quiere la “marca”.

Uno siempre pensó que el consumismo y el amor a la “marca” eran un lujo que sólo podían darse los ricos, pero hoy en día, un pobre hipoteca su casa con tal de tener un BMW aparcado en la puerta y el último iPhone de moda.

Hay un dolor que es el dolor de la pobreza y a ese dolor lo conozco, pero hay otro tipo de dolor que es el dolor por el consumo y por la apariencia.

Cuando mis tres hijos eran pequeños, una chica joven venía unas horas una vez por semana a ayudarnos con las tareas de la casa.

Se abría la puerta y aparecía ella vestida como salida de la revista Vogue, con su IPhone último modelo, sus zapatillas nuevas y su pelo lleno de reflejos y peinado de peluquería. Mi esposa siempre le decía “yo te veo a ti y aprendo sobre tendencias”.

Esta chica ya no limpia casas y es blogger de moda ( y todo gracias al capitalismo).

Mientras ella pasaba la aspiradora con el iPhone en el bolsillo, mi mujer iba al supermercado en su coche segunda mano y llenaba la nevera con productos de marca blanca y atendía llamadas en una Blackberry de segunda mano, que usó durante 8 años y se resistió siempre a cambiar.

No es de extrañar que muchos jóvenes con poco material estudiado y poco comunismo conocido, opine hoy con odio y con desagrado sobre el capitalismo.

El problema con el capitalismo es que estuvo siempre pensado para gente trabajadora y ahorrativa y no para cómodos y malcriados como ellos.

La finalidad del capitalismo era que cada individuo consiguiera su propio capital a base de trabajo duro, ahorro y reinversión. La ociosidad, el vivir por encima de tus posibilidades, el consumo frívolo, excesivo y sin conciencia, nunca lo permiten.

Hoy todos estos malcriados pobres, pero vestidos de Prada, capaces de hipotecar a la abuela con tal de no pederse una fiesta o un verano en la playa, votan al comunismo.

Yo recomiendo a esta generación sin formación ni información, que cuiden mucho su iPhone último modelo, sus zapatillas de marca y lustren bien sus Ray-Ban porque una vez que llegue el comunismo, el consumismo también se les acabó.

Con el comunismo se aprende.

Se aprende sobre austeridad, ahorro y pobreza estanca, sobre inmovilidad económica, sobre reciclaje obligado pero sin el glamour de Greta; uno aprende a coser y a vestirse con las camisetas heredadas de los primos mayores, se aprende a cocinar con las sobras del día anterior, se aprende de mecánica para hacer que el móvil y el coche familiar duren otros 20 años más, se aprende sobre pensamiento único y sobre terror.

Y se te hace carne aquel viejo dicho: “cualquier autobús te dejaba bien” cuando un día siendo aún libre, votaste por irte con la más fea de la noche.

JR

“Ecología antes del Desayuno”

Existe un momento por las mañanas; ese que está entre el café y la ducha; que nos vislumbra una oportunidad para cambiar.

Y si no eres capaz de reconocerlo antes de encender el piloto automático que te convierte en el robot de siempre, deberás esperar a encontrarlo, recién al día siguiente.

Todo cambio empieza allí, en ese instante en el que aún estás medio dormido y en el que tu personaje habitual todavía no se ha despertado.

La terapia nunca sirvió más que para crear ejércitos de resentidos; o al menos yo no he visto nunca a nadie convertirse en nada distinto, al personaje infeliz que era antes de entrar a la consulta.

Eso si, de cada sesión se salía con más culpables y con más excusas, cada cual más remota, insólita y alejada en el tiempo. (tengo un amigo sudamericano que luego de 20 años de terapia llegó a la conclusión de que el culpable de toda su miseria era Cristóbal Colón)

Esto mismo hicieron en Madrid en el congreso del clima. Llegaron, gastaron el dinero de los contribuyentes, contaminaron la ciudad durante dos semanas, echaron la culpa a Trump, hicieron sus negocios particulares y se marcharon.

No tomaron desiciones, ni cambiaron absolutamente nada. Vinieron a llorar, a quejarse, a hacerse las víctimas entre banquetes, guardaespaldas y hoteles cinco estrellas y se fueron con más contactos y con más negocios.

Buscaron culpables, criticaron a Trump (como establece la normativa general) y promocionaron a la súper Heidi vestida de verde, que viajaba en yate, en Tesla y posaba en un sillón de piel de vaca.

En fin, que los verdes vinieron a contaminar y a hacer terapia, la pagaron con nuestro dinero y se fueron igual de enfermos y de hipócritas que antes.

Mi ventaja personal en el aspecto terapéutico fue que mi abuela odiaba escuchar problemas. Y si venías a plantearle alguno, te miraba mal y te reprochaba tu falta de inteligencia y de creatividad para salirte inmediatamente con todos los recursos disponibles que tu tiempo te ofrecía; de ese lugar de víctima tan espantoso, en el que te habías metido gustoso.

A mi tía se le ocurrió una vez hablarle de su mal matrimonio, a lo que mi abuela le respondió inmediatamente: …”¡Pero chica, sepárate ya! ¡El divorcio es legal ahora! ¡Aprovecha!”

El regazo en donde yo podía ir a llorar ante un problema fue siempre una especie de empujón o de patada en el culo hacia el cambio o hacia una pronta solución; impulsos que me acostumbraron desde muy pequeño a salir sin demora de aquel cómodo y patético lugar de ser una víctima.

Este tipo de educación; a lo que hoy muchos considerarían como a un maltrato infantil; me ha ayudado muchísimo en la vida.

Me ha hecho hábil para encontrar soluciones rápidas, me ha ahorrado mucho tiempo y dinero en terapias interminables y costosas y me ha empujado hacia la acción, hacia el viraje, hacia la toma de desiciones a tiempo y hacia los libros de Filosofía.

(El filósofo no hace otra cosa que buscar una respuesta racional a la realidad de su tiempo, pero como los tiempos cambian, sólo perduran aquellas observaciones atemporales, que encajan en cualquier tiempo y en cualquier lugar. Saber identificar estas observaciones, me llevará toda una vida de estudio y de constante satisfacción).

Existe actualmente una tendencia creciente y alarmante hacia el enaltecimiento del victimismo, que espantaría sin duda a mi valiente abuela.

Somos un planeta de llorones, de fanáticos, de resentidos y con una masiva y alarmante tendencia al aborrecimiento del trabajo.

Hoy el ser humano considera al trabajo como una aberración y no como a una bendición, como lo fue siempre para nuestros abuelos.

Dices “trabajo” y la gente se echa para atrás, como si les amenazaras con una navaja. Y ya si dices “sacrificio” se tiran por los balcones.

Se echa tanto de menos a aquella generación de la post guerra, que con trabajo duro y el cumplimiento de sus obligaciones nos proporcionó un mundo de comodidades impensables, de innumerables derechos y de placeres infinitos.

Se echa de menos a aquella sencillez, a aquella fuerza, a aquel agradecimiento y a aquella valentía; en un mundo de gente cada vez más floja, cada vez mas “verde” para lo que le conviene, cada vez más adicta al subsidio y al bienestar sin trabajo, alérgica al esfuerzo y al ahorro, enemiga de la coherencia y de la autocrítica; que aprendió desde la cuna y reforzado a diario en la escuela pública, que es más fácil, echarle siempre la culpa de lo que te haces a ti mismo, a otra persona.

Hay mañanas entre el café y la ducha; esos momentos anteriores a entrar en mi personaje habitual, en los que aún le oigo decir entre risas …”aunque la masa que te aplaste se duplique, nunca empezará a aplastarte, en tanto tu reacción sea igual a la acción”

JR

“Los Oprimidos Mezclados”

Últimamente comparto con mucha gente la sensación de no encontrarme por completo en ningún sitio.

No me siento contenido del todo en ningún grupo, ni en ninguna ideología; como si de todas ellas me gustara algo en particular, sin lograr establecerme totalmente en ninguna.

La convicción ideológica o política era hasta ahora un bien de familia; algo que se heredaba y se recibía como un legado de nuestros ancestros.

Se educaba a generaciones de izquierdas o de derecha en cada casa y las voluntades se coartaban en pos de una pertenencia fiel y de una lealtad vitalicia parecida a la fe religiosa.

Hoy sin embargo, se evidencia una movilidad silenciosa y aquellos que se atreven, empiezan a manifestar su desagrado y su incomodidad en el lugar asignado en casa.

Y como si fuésemos adolescentes mareados por las nuevas circunstancias, ya no estamos del todo de acuerdo, ni en los fines, ni en las formas de la ancestral ideología familiar.

Esta reacción se parece mucho al despertar de la inteligencia; a aquel momento en que comenzamos a dudar de todo lo aprendido de memoria, de las tradiciones y de las costumbres que hasta ahora eran intocables e incuestionables.

El voto del ciudadano contemporáneo ha dejado ya de responder a la tradición, para ser esclavo de la circunstancia.

Existen siempre dos polos, dos fuerzas opuestas y complementarias: la centrífuga y la centrípeta y cada una despierta a la otra, con su propia actividad.

Esto viene a decir, que cuando se nos oprime por un lado, reaccionamos inevitablemente por el otro lado.

Todo gobierno puede presionar, pero el tiempo de presión dependerá de la capacidad de aguantar y de reaccionar de cada pueblo ante esta presión; ese es el tiempo del que dispone un gobierno; el tiempo entre su acción y la reacción de su pueblo.

La mayoría de las ideologías y de los partidos nuevos, no responden a un sistema de valores innovador; sino a una reacción contra la falta de valores sólidos de los partidos que les preceden. Son producto de una reacción por el incumplimiento de una promesa y no, los portadores de una promesa nueva.

Suelo decir que tengo el corazón de izquierdas y la cabeza de derechas y esto me sucede porque la izquierda siempre ha enarbolado ( y actualmente desea apropiarse de ellas ) todas las causas nobles que yo también comparto; pero a la vez, su personal no está compuesto por personas que parezcan defender la Democracia, ni toda la virtud que ésta contiene.

Podríamos decir que “la izquierda siempre ha tenido las mejores causas y la derecha los mejores hombres”emulando a Emerson y aún no dejaríamos de estar vigentes.

Por el otro lado, a la derecha, siempre tímida en sus propuestas, le faltó hasta ahora la fuerza y la vehemencia que caracterizaron generalmente a los partidos de izquierdas; éstos siempre dispuestos a despertar los corazones dormidos, a denunciar las injusticias atemporales y a desenterrar los viejos resentimientos.

La derecha en cambio, (siempre acomplejada con la sombra de aquel partido NSDAP Nacional Socialista obrero alemán de la Alemania Nazi, que curiosamente fue un partido de izquierdas) opta generalmente por una postura mucho mas tímida, sin presumir de una gran cohesión a los grandes ideales humanitarios, ni ecológicos (que hoy venden tan bien) y con una preponderancia en la defensa de la propiedad y del capital privado. Propiedad y capital que por supuesto el pobre no posee, ni siente necesidad de proteger y que el resentido anhela para si.

Existe además y universalmente, una vuelta a la malinterpretación de la palabra “igualdad” que ha promovido un caos social en Europa y entre otras desgracias, el retorno a plantear como opción válida, aquellos sistemas fracasados del pasado. (El comunismo).

¿Es acaso justo lo que es igual o igual lo que es justo?

¿No es la justicia aquello que nos garantiza la igualdad?

¿Y cuando la justicia no se aplica, hay acaso igualdad?

O como decían los espartanos:

“Igual es todo aquello que es Justo”

Claro está, que estamos viviendo una época de revueltas y revolcones, de confusiones y de reacciones múltiples a opresiones también múltiples y de lo más variadas.

Pero los oprimidos de hoy, no son los mismos oprimidos de siempre, ni están ubicados todos de un mismo lado.

Sino que están tanto a la izquierda como a la derecha; todos mezclados y todos revueltos.

JR

“La Risa Perdida”

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Si hay algo a lo que se echa de menos en el mundo civilizado es a la antigua carcajada; esa explosión de alegría incontenible que nos batía desde adentro.

Hoy lo más cercano que tenemos a aquel recuerdo es un emoticono, al que solemos emplear demasiado en los chats y al que sin embargo, practicamos en escasas ocasiones en la vida real.

Desde el siglo XVIII  la risa estruendosa es considerada como un comportamiento  despreciable, excesivo e indecoroso. Algo típico de las clases bajas y sin educación. Cuanto más alto era el nivel social, menos expresividad se exigía.

El estallido de alegría se fue interiorizando poco a poco hasta convertirse en una mueca; un leve y controlado movimiento facial que acreditaba un divertimento adecuado a la ocasión. 

Es cierto que con el tiempo han variado también y mucho, los temas que nos divierten. Reírse del otro sea cual sea la circunstancia está mal visto socialmente; ni hablar del humor negro, o de cualquier ridiculizacion que pueda apreciarse como ofensiva y que pueda dar lugar además, a una denuncia por delito de odio o machismo.

El humor contemporáneo es estreñido, light y edulcorado y se ha interiorizado de la misma forma en que se ha privatizado la vida social contemporánea.

Hoy uno no se ríe tanto del otro, como de si mismo y es la  ridiculez de algunas costumbres lo que más nos hace gracia; siendo Woody Allen el genio que ha sabido reubicar al humor en la mirada introspectiva y consciente del individuo que observa su propia ridiculez y la hilaridad de sus propias costumbres e incongruencias.

Me llegan continuamente anuncios de talleres de risa, en donde por una módica suma, se nos ofrece recuperar a base de cursos, esa carcajada que antaño nos era tan habitual y que nos pillaba siempre en misa y en todos esos sitios en donde la seriedad era la norma.

Y quizás fuera la obligación a la seriedad aquello que nos hacía tanta gracia.

Si hoy existen cursos para volver a reír es porque ya existe un mercado que lo necesita; pero encuentro triste tener que aprender a base de cursos y a estas alturas de la vida, un hábito que adquiríamos de pequeños y de manera autodidacta.

La norma vigente del mundo civilizado es el silencio, el perfume, la chachara superficial y ecológica y la música ambiental, y cualquier carcajada fuera de lugar llama la atención de todas las miradas, como si un ser proveniente de la Edad Media se hubiera colado de pronto en la sala.

Hoy lo que se lleva es el susurro, la queja, la apariencia y la tristeza, siendo la depresión y el narcisismo las enfermedades top de esta era. Y aquel que no está deprimido o mirándose al espejo es adicto a alguna otra sustancia alucinógena que le ayuda a compensar la escasez de alegría natural y la falta de buenos chistes.

Lo más sorprendente es que ésta sea sin embargo la era de la abundancia y del confort; de la calefacción, del aire acondicionado, del cine en casa, de la felicidad del consumo, de la vida virtual y de las comunicaciones instantáneas, provistas de emoticonos para cada ocasión.

Pero el problema es que el confort también nos aísla y la abundancia en vez de llenarnos nos ilumina el vacío y nos amplifica el tedio del humor insulso y políticamente correcto que nos proveen y que nos permiten. 

Sólo los niños parecen estar todavía a salvo de perder la carcajada; aunque seguramente sea por poco tiempo; hasta que ingresen en el mundo de los civilizados y les toque ceder la única capacidad que no necesitaron jamás aprender de nadie, en pos de la mueca correcta.

Y aunque la alegría verdadera no haga ruido, de vez en cuando resulta muy reconfortante poder soltarle la rienda y reír cómo ríen los niños, cuando se les ordena que sean serios. 

JR

“No hay nada más triste que la alegría si se va”

Fito Páez

“Crítica a la otra mejilla”

El fundamento de la tolerancia se basa en la capacidad de tolerar lo distinto y evitar todo tipo de violencia que lo distinto nos despierte.

Uno se controla y se educa en la no-violencia permanentemente pero la violencia, no es algo que pueda ser superado definitivamente, sino una característica natural de todo ser humano.

No es que haya gente violenta y gente no violenta. Todos somos violentos y todos estamos constituidos por la capacidad de violencia.

La única diferencia es cómo y de qué manera la controlamos o no, y en qué ámbitos la ejercemos o la evitamos.

No todos somos violentos de la misma forma, ni con la misma gente. Algunos son violentos en casa y sumisos fuera, algunos son violentos consigo mismos y pacíficos fuera, algunos son violentos a los golpes y otros con palabras, con omisiones, con actitudes, con gestos o con acciones violentas.

Pero de la violencia no se escapa nadie y saber identificarla en nuestra vida es importante, a la hora de profundizar en su estructura.

La civilización occidental fue construida sobre aquella frase que Jesucristo trajo de la India y que entraba en total cortocircuito con la filosofía de su educación judía.

La frase “poner la otra mejilla” de Jesucristo era totalmente opuesta a la de la justicia judía:”Ojo por ojo, diente por diente” que implicaba la igualdad y la proporción en toda respuesta.

Si alguien te quitaba un ojo, tú respondías igual, pero no le debías quitar además del ojo, las orejas y los dientes, sino solamente un ojo.

Ésta era la forma justa de que la violencia se saldara y terminara su proceso.

La frase “poner la otra mejilla” en cambio, no aboga por un castigo justo y proporcionado al daño recibido, sino que establece la capacidad de aguantar y de no reaccionar contra la violencia recibida, como normativa.

Esta actitud de no respuesta fue uno de los principios básicos del hinduismo y del budismo. Y para ver los resultados de estas dos filosofías, no tenemos más que ver cómo acabaron estas sociedades y estos países caracterizados por la no reacción, (siempre dominados y subyugados por invasiones de civilizaciones fuertes).

Cuando mis hijos llegaban a casa golpeados o insultados del colegio, yo nunca les impulsé a poner la otra mejilla, sino a cortar de cuajo con la violencia.

“Si te pegan sin razón, tu pégale igual “, “si te insultan sin merecerlo, tú le insultas igual ”

Mis hijos me miraban espantados cuando yo les daba estos consejos, en vez de decirles que pusieran la otra mejilla, pero yo les expliqué que la teoría de la otra mejilla es una incitación a la continuidad de la violencia.

Y a la violencia no se la detiene motivando a más violencia y permitiendo más violencia, sino cortándola de cuajo.

El violento tiene que saber que él no es el único con capacidad de ser violento. Y que todos podemos ser violentos, si queremos serlo.

Porque la violencia no es exclusiva de unos pocos, sino patrimonio de todos.

La única diferencia está en cómo la ejercemos, en cómo la controlamos, en cómo la canalizamos, en cómo la educamos y en cómo aprendemos a observarla permanentemente en nosotros mismos.

Cuando el violento y el loco ven que hay otro casi tan violento y casi tan loco cómo él, se calman. Y ahí se corta la violencia.

La postura de la otra mejilla es en cambio, mucho más violenta, porque presume de una superioridad moral.

El violento percibe a aquel que no reacciona ante su violencia, (no por miedo sino por principios), como a un ser que se siente superior a él moralmente y esta percepción genera mucha más violencia aún.

Éste en vez de calmarse se violenta aún más, porque se le permite la violencia y se le motiva a seguir.

Los llamados pacifistas conocen muy bien esta táctica y la violencia que ejercen los autodenominados “pacíficos” es la violencia de la superioridad moral.

No es casual que los paises en donde más tranquilo se viva sea en aquellos en donde hay un ejército, una policía y una legislación justa y fuerte para todos, porque la presencia (aunque invisible) de un límite, calma todo tipo de violencia; mientras que la actitud de tolerancia infinita y de la otra mejilla, la motivan.

Al final, somos como niños. Y no es casual que los niños más maleducados y violentos sean siempre aquellos, que no conocieron jamás un límite.

JR