“El Error del Curioso”

“Lo primero que descubre un niño curioso es lo poco que saben los adultos”

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Si convenimos en que tanto el bien como el mal son construcciones culturales creadas por el entorno en donde crecemos; (ese lugar en donde uno aprende lo que es bueno y lo que es malo), podremos entender que hay distintas acepciones para el bien y para el mal, según  las diferentes culturas.

Hay culturas por ejemplo, en donde la sumisión de la mujer está bien vista y sin embargo hay otras, en donde esto mismo es la representación del mal. No podemos entonces decir que alguien es malo por haber aprendido como bueno aquello que nosotros hemos aprendido como malo, porque en realidad su mirada sólo es el resultado de una mente que ha sido formateada de una forma distinta a la nuestra. Y seguramente, aquello que para nosotros es bueno, en otra cultura se instruya como malo.

La relatividad del bien y del mal es evidente y por ende, sólo representa a conceptos que no se comparten universalmente.

Sin embargo, hay algo que sí compartimos mas allá de la cultura o del formato mental que cada individuo haya adquirido. Y ese elemento es el error.

El error es universal y es el mismo para todos, aunque no todos erremos en las mismas cosas, ni con la misma frecuencia. Sin embargo, el hecho de errar es inherente al ser humano y lo único que es común en todos.

No solemos dar al error la importancia que se merece, a pesar de haber sido una constante en la historia de la humanidad como parte de la estructura del ser humano. Si nos remontamos a la Biblia por ejemplo, queda claro que mas allá del bien o del mal, es el “error” de Adán aquello que crea nuestro mundo.

Si vemos al error con una mirada optimista podemos considerarle como a la luz que ilumina la comprensión de lo correcto, o ese fondo oscuro sobre el cual destaca aquello que no supimos ver como acierto en el momento en el que cometimos el error. 

El error, cuando es visto como una oportunidad se convierte en el escalón necesario hacia el acierto y resulta ser de esa forma, mucho mas tolerable que cuando sólo nos conduce a una condena sin salida.

Es cierto que no todos erramos de la misma manera ni con la misma asiduidad, pero también es cierto que quien no se mueve en direcciones distintas, suele errar mucho menos.

Por lo cual no errar, no siempre es sinónimo de virtud o de inteligencia, sino que muchas veces es un signo de inmovilidad. Quien no mira mas allá de lo cotidiano tiene muchas menos posibilidades de equivocarse que aquel que es curioso.

Seguramente no fueron ni el bien ni el mal los que llevaron a Adán al error, sino simplemente la curiosidad.

Aquel que no es curioso no tiene grandes posibilidades de errar, ni tampoco grandes posibilidades de descubrir algo nuevo.

Pero existe un error que cuesta perdonar y perdonarse y es aquel error que se repite, porque no es el error lo que más duele, sino la sospecha sobre la falta de inteligencia que existe en todo aquel que repite siempre los mismos errores.

Porque lo imperdonable no es el error, sino el haberlo cometido y no haber aprendido nada.

JR

“Todos los errores que me han llevado a un aprendizaje me los he perdonado. Pero lo que uno no se perdona, es errar sin haber descubierto en donde yacía escondido el néctar de su error. Lo que uno no se perdona es la falta de inteligencia.” JR

“¿El estúpido es el otro?”

“Me mantengo atento a aquello que creo estúpido en igual medida que a aquello a lo que creo inteligente, porque he encontrado mucha estupidez en quienes creía inteligentes y mucha inteligencia en quienes creía estúpidos” JR

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Estamos acostumbrados a etiquetar a las personas colocándoles en grupos; como por ejemplo en el de los buenos, en el de los malos, en el de los inteligentes o en el de los estúpidos; como si las personas pudiesen ser agrupadas de un modo definitivo en uno u otro casillero, sin que sea la circunstancia quien en realidad se ocupe momentáneamente de ubicarnos dentro de uno u otro grupo en ocasiones distintas.

Quien se asiente voluntariamente dentro de alguno de estos grupos de forma permanente sea quizás el verdadero estúpido, al mantenerse inmóvil dentro de una categoría fija en la cual las personas dejan de ser personas.

Nadie es siempre bueno, ni siempre malo, ni siempre inteligente, ni siempre estúpido, porque éstas son sólo distintas posibilidades que van cambiando de acuerdo a la circunstancia en la que te encuentres y a las desiciones que tomes frente a ellas.

Uno se reconoce un estúpido en un congreso de cirugía vascular cuando uno no sabe nada de medicina, o en una clase de física cuántica si uno es un contable, o en una finca arreando y vacunando ganado si uno es un físico cuántico. Razón por la cual la posibilidad de sentirnos estúpidos tiene mas que ver con la circunstancia en la que nos encontremos en cada momento, que con una condición inamovible.

Es por eso que hay grupos en los cuales uno se siente inteligente y hay otros grupos en los cuales uno se siente un estúpido. Quizás uno no sea en realidad un estúpido permanente, sino que la sensación de estupidez momentánea se deba simplemente a que uno se encuentra en ese momento en el grupo equivocado.

Sospecho que es la pertenencia de forma inamovible y voluntaria a un sólo grupo lo que acarrea la inevitable carrera hacia la estupidez permanente, porque la estupidez no es otra cosa que la incapacidad de mover la mente en direcciones distintas sin dificultad.

El estúpido permanente es alguien que de tanto mirar siempre lo mismo y de la misma manera se ha quedado fijo en su enfoque, perdiendo el contacto con la realidad y con las necesidades de su entorno.  

Es por eso, que para evitar la estupidez a la que todos somos igual de propensos nos recomiendan la movilidad; esa manía de ir hurgando en distintos ámbitos para darnos cuenta de que el otro no siempre es tan estúpido, ni nosotros somos siempre tan inteligentes.

JR

“Distinguir entre lo Aleatorio y lo Justo”

“Toda cosecha favorable exhibe el trabajo y la confianza del hombre en la benevolencia del Universo”  

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El mundo nos muestra todos los días toda clase de injusticias, y sufrimos al ver cómo duele la vida a todos aquellos que no poseen nuestra suerte. Habitamos un mundo hecho de contrastes, pero que a su vez también nos ofrece oportunidades para apreciar hechos justos.

En muchas ocasiones la justicia aparece, como por ejemplo cuando vemos que aquel que trabajó duro progresa, o como cuando aquel que no se ha esforzado fracasa.

Pero he notado en general, que en vez de apreciar estos vislumbres de justicia que se nos presentan a diario, optamos por envidiarlos en el caso del éxito, o por compadecerlos en el caso del fracaso.

La envidia es una actitud muy común en aquel que considera injusto al resultado generado por el esfuerzo del otro. Solemos envidiar, en vez de admirar y aprender del trabajo y de las renuncias que ha hecho el otro para conseguir sus objetivos. 

Y compadecernos, es la actitud que tenemos hacia las desgracias aleatorias que la vida presenta a veces, pero equivocadamente también es la actitud  que ostentamos en aquellos casos en los que el fracaso ha sido claramente el resultado de una falta de esfuerzo.

Nuestra naturaleza codiciosa nos impide además, ser conscientes de la justicia en nuestra propia vida, porque siempre creemos que merecemos más. Y a la vez tampoco apreciamos la justicia que hay en la vida ajena,  porque en vez de reconocer el esfuerzo del otro, optamos por poner en duda cualquier resultado favorable, alegando que el otro no se lo merece y que es injusto.

El universo y nuestra vida son una combinación permanente de aleatoriedad  y de justicia y saber distinguir a la una de la otra, es un trabajo de conciencia que nos lleva toda la vida.

¿Qué ha sido aleatorio en mi vida y qué ha sido justo?  Hay en ella victorias y fracasos; muchos han sido aleatorios, pero todos los demás han sido justos.

 

JR

 

“En todo encuentro siempre de más o de menos, como si lo justo nunca me encontrase atento” JR

“La Incomodidad es la Fuerza del Arte”

“Cuando la vida te haga ruido o te roce como los zapatos, tienes que crear” JR

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Siempre hemos desmerecido a la adversidad, como si fuera una mala hierba a la que hay que arrancar de cuajo. Y sin embargo, al mirar atrás en nuestra propia vida la vemos a ella, como a una magnífica generadora de energía .

La adversidad nos ha encendido las ideas, nos ha hecho profundizar en la nimiedad y ha sido capaz de crearnos una nueva escala de valores, en donde curiosamente lo importante resultó ser aquello a lo que no dábamos valor en la abundancia. 

Mi abuela repetía a menudo: “La necesidad es la madre de todas las cosas”, sin la intención de publicitar con esta frase a la pobreza como generadora de creatividad, sino justamente lo contrario. Ella temía a la pobreza como se teme a un herbicida capaz de matar cualquier posibilidad de crecimiento en el ser humano.

Cuando hablaba de necesidad se refería a la incomodidad que precisa la creatividad para nacer. Del mismo modo en que el niño nace cuando ya no se encuentra cómodo en el útero de la madre.

Nadie que se encuentre cómodo es capaz de crear porque quien se ha adaptado a lo que hay, no siente ninguna necesidad de crear algo nuevo.

El arte surge desde la incomodidad frente a lo existente y el artista es básicamente un ser que habita incómodo y al que la vida a veces le pica.  Alguien a quien las cosas a menudo le hacen ruido y los zapatos le molestan.

¿Quién que estuviese cómodo se tomaría sino el trabajo de crear?

JR

“El arte actúa a veces como denuncia y otras veces como alabanza, pero siempre nace de una incomodidad individual que aspira a sanarse a si misma, contagiando al conjunto”. JR

“La Destrucción de lo Femenino”

“Muchas esclavitudes nuevas se esconden detrás de un grito de ¡Libertad!” JR

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Hay un eslabón fundamental en la construcción de un imperio y sin duda este eslabón es la mujer, la responsable de criar al sabio o al machista, al bondadoso o al terrorista.

La  mujer, esa a quien erróneamente se considera como el sexo débil, es quien tiene en sus manos ese poder;  ya que tanto el hombre como la mujer que nos sucedan dependerán de ella. 

Existe sin embargo, un movimiento de mujeres iracundas que avanzan por el mundo occidental y se pasean desnudas y a los gritos, intentando mostrar que esa es la libertad que reclaman y merecen. Y todo aquel que intente detenerlas será catalogado de machista e insultado sin pudor.

Si eres mujer y te opones a ellas, te enviarán a un lugar especial en el infierno que según me han comentado, ha reservado Madeleine Albright para aquellas mujeres que no apoyamos su proyecto de autodestrucción masiva.

Sin embargo, como yo no creo en ese infierno, considero que es competencia de las mujeres deslegitimar a este colectivo que habla en nuestro nombre pero que no nos representa, degradándonos y humillándonos sin parar. 

¿Quién impulsa a estos movimientos violentos? Yo me hago esta pregunta cada día y estoy convencida de que no proviene de una mujer, sino de un hombre.

Un hombre cuyo interés no es la evolución, sino la decadencia del género femenino. Un hombre que desea demostrar que la mujer occidental no ha logrado ejercer su libertad correctamente y que por esa razón es bueno que permanezca sometida.

Un hombre que desea justificar que debemos vivir lejos de los libros, de la escuela, de la universidad, de las empresas, del Arte y de la Ciencia porque nos hemos convertido en  un colectivo violento y destructivo que al acceder a la libertad ha puesto en riesgo también a la continuidad de la especie.  Un hombre que desea quebrar nuestro imperio occidental basado en las libertades y en la equidad de oportunidades para todos, en pos de un patriarcado. 

Las feministas actuales, siguen dando motivos para que esto suceda y para que el desprestigio de la mujer occidental aumente día a día; con cada marcha, con cada teta, con cada insulto, con cada reivindicación violenta que ellas encarnan en nombre de un colectivo que se ha despojado del tesoro que posee lo femenino y en nombre de una libertad a la que no conocen. Y como no la conocen, no la cuidan. 

JR

“La libertad no es un regalo, sino una construcción.  Y cuando la has construido, sabes muy bien por donde se destruye”JR

“La Elección del Escritor”

“Soy aquello que muestro y también soy aquello que escondo, porque lo que muestro siempre delata a lo que escondo” JR

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Una hoja en blanco es para el escritor un trampolín y las palabras el único remedio capaz de calmar su ansia.

Esa nada blanca a la que se enfrenta cada día le ofrece siempre dos opciones: O vende o se arriesga.

La venta le garantiza la aprobación del entorno, ya que todo vendedor es un experto en reconocer la necesidad de sus clientes. Y si es bueno, nunca falla. Te observa, te estudia, te aprende, te conoce y logra encontrar el producto que necesitas sin ninguna dificultad.

Posee la habilidad de entrar sin problemas en tu carencia y sabe darte el consuelo que precisas. Ocupa tus vacíos y crea espacios nuevos para darte continuidad a ti y a su trabajo, regalándote un refugio y ofreciéndote su amparo. Y es gracias a esos escritores que las historias se disfrutan y la lectura se ama.

Pero hay otros desgraciados que cuando ven una hoja en blanco no encuentran otra opción que la de arriesgarse. Ésos no tienen en cuenta ni tus gustos, ni tus creencias, ni siquiera le importan tus necesidades inmediatas y en vez de relajarte, avanzan con sus verdades  atropellando todas tus estructuras, cavan en tus cimientos sin guantes y sin permiso y al terminar te dejan a tu suerte, sin siquiera una linterna.

Consiguen romper desde adentro todo aquello que con tanto esmero tú habías construído a modo de protección y de consuelo.

Ellos se muestran sin piedad y te exponen sin anestesia a toda tu ignorancia, reformulan tus preguntas y evaporan tus respuestas. Dejando hecho trizas tu kit de supervivencia y sin siquiera percatarse de que te has quedado tumbado; con un libro en la mano y el corazón en el suelo.

Pero si tuviera que elegir entre uno de estos dos tipos de escritores, no sé con cual me quedaría porque pensar en una vida limitada a tan sólo uno de ellos, sería a estas alturas algo inconcebible.

Sin el desgraciado mi vida no tendría sentido y sin el vendedor sería insoportable.

JR

“Cuando la Historia es un Ancla”

“Hay un momento en el que se vuelve urgente cerrar la puerta de la historia y hacerlo sin sentir ninguna culpa porque la superación es la única manera que tienes de poder sobrevivir a ella.” JR

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La Educación no siempre actúa como una tabla de salvación para los individuos, sino que a veces se parece mas a un ancla que te deja clavado al fondo sin ninguna posibilidad de avance ni de progreso.

No es extraño presenciar las discusiones anuales que tienen lugar a ambos lados del Océano Atlántico cada 12 de Octubre, ese día en que antiguamente todos celebrábamos con alegría el descubrimiento de América y que hoy sin embargo, transitamos rodeados de un victimismo que enturbia cualquier intento por crear un ambiente festivo.

Uno va perdiendo poco a poco la noción de quienes fueron en realidad las víctimas y quienes los verdugos en aquellas historias que hoy son tan antiguas, como lo son los dinosaurios; a quienes mi hijo pequeño sospecha que yo he conocido en mi juventud.

La Historia es algo viejo que debe ser aprendido, pero que luego debe ser superado.  Porque el verdadero aprendizaje consiste en la superación de la historia. Superación como mejoramiento y también como redención.   

Hay personas que presumen de poseer una prodigiosa memoria y que son capaces de recordar fechas y hechos siniestros del pasado, con un odio tan vigente que uno al escucharles, lejos de quedar maravillado por estar frente a gente tan memoriosa, siente que la falta de información hubiera sido mucho menos perjudicial.

La diferencia está en cómo se utiliza a la Historia.

¿Es acaso la historia una tabla de salvación para aprender sobre patrones y comportamientos de hechos admirables o inedeseables del pasado, o es una táctica para crear un resentimiento eterno?

No es extraño que se utilice a la Educación como método político para manipular la mentalidad de las generaciones nuevas hacia una ideología determinada y es por eso, que la Educación y la política siempre han estado muy unidas. Porque quien maneja la Educación de un pueblo tiene en sus manos el poder.

La educación alimenta a la política, ya que el político busca moldear a sus futuros votantes a su imagen y semejanza.

La imparcialidad en la enseñanza de la Historia es quizás una utopía, teniendo en cuenta que quien escribió la historia probablemente no haya sido imparcial en su mirada. Pero es importante tomar conciencia de que la estrategia de aquellos gobiernos latinoamericanos que inculcan el odio a Europa por la colonización de 1492, sólo están intentando justificar la actual miseria de sus pueblos, buscando a un culpable que ha muerto hace siglos fuera de sus fronteras.

La historia debe superarse para servir como medio de aprendizaje y no como un generador de resentimiento.

El resentimiento es la enfermedad que corroe actualmente a Medio Oriente y a America Latina. Cultivada por líderes como Chavez, Kirshner, Maduro, Evo Morales o Castro, quienes han basado sus políticas en ubicar a los responsables de la miseria de sus pueblos fuera de sus fronteras, para distraer la mirada del pueblo y así poder esconder su mala gestión, su irresponsabilidad y su enriquecimiento a base de corrupción.

Mientras estos pueblos sigan pensando que la culpa de todos sus males está en Europa o en Estados Unidos, nunca le exigirán progreso a sus gobernantes. Y esta es la estrategia del resentimiento.

El resentimiento es una forma infalible de situar a la culpa  y a la solución de los problemas que padece un pueblo fuera de su territorio. Y al estar fuera, no hay nada que tú puedas hacer. Y cuando tú no haces nada, sólo consigues que te hundan en la miseria.

La historia que no se supera crea un resentimiento que te mantiene ciego y anclado al pasado y el pasado es un tiempo en donde no existe ninguna posibilidad de progreso. Un tiempo vedado para ti porque aunque lo intentes nunca te permitirá volver.

Hay un momento en que se vuelve urgente cerrar la puerta de la historia y hacerlo sin sentir ninguna culpa, porque la superación es la única manera de poder sobrevivir a ella.

JR

“La historia luego de informarte sobre las fortunas e infortunios pasados, tiene que impulsarte a superarla,  porque la historia que tú dejes debe redimir a la que has heredado” JR.

“La Cura para el Racismo”

“No es a través de la negación o de la lucha como se transforma este vicio, sino a través de la comprensión de que aunque se muestre como un separador, este vicio nos une a todos” JR

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La lucha contra aquello que es natural en el ser humano termina generalmente siendo una lucha autodestructiva, además de resultar inútil.  Es por eso que la batalla contra el racismo es igual a aquella que libraba Don Quijote de la Mancha contra los molinos de viento.

Todos somos racistas, si consideramos al racismo como a esa tendencia innata a sentirse superior en algún sentido a otro ser humano y que no se limita únicamente al color de la piel, sino que abarca todas esas separaciones que representan una condición de desigualdad.

Somos racistas aunque nos neguemos a confesarlo en voz alta y nuestro racismo se manifiesta de muchas formas distintas; sientiéndonos superiores al otro a nivel cultural, en apariencia, en estatus social o a nivel económico.

Sin embargo, existen algunos casos en los que el racismo se vuelve casi imperceptible y esto se presenta en aquellos individuos que se autodenominan “no racistas”, pero que con esta afirmación tan políticamente correcta, sólo consiguen demostrar que se sienten por encima de los demás a nivel moral.

Este tipo de racismo moral no tiene tanto que ver con la sensación de superioridad en cuanto a la forma física, lugar de procedencia o nivel intelectual, sino que constituye una forma de racismo que es aún mas peligrosa que todas sus otras manifestaciones, porque no resulta evidente ni identificable a primera vista para sus víctimas y ni siquiera es reconocida racionalmente por el propio individuo que la padece.

No es extraño también encontrar racismo entre poblaciones de individuos semejantes, a las que desde fuera percibimos como iguales. Al adentrarnos en ellas sin embargo, percibimos que esas poblaciones a las que creíamos homogéneas, también están divididas en muchos grupos rivales, que luchan entre sí por una supremacia moral o espiritual. Por lo que la raza común, tampoco es garantía de la ausencia de racismo.

Nadie escapa del racismo aunque lo intente y es importante identificar nuestra forma particular de racismo, no sólo para manternenos alerta de aquellas manifestaciones que pudieran resultar dolorosas para el otro, sino también para percatarnos de que siempre habrá alguien en el mundo que también siente racismo hacia nosotros; ya sea por nuestro aspecto, nuestro lugar de procedencia, nuestra edad, nuestro nivel intelectual, nuestra formación o nuestras costumbres. Y  generalmente es sólo cuestión de poner un pie fuera de nuestras fronteras para comprobarlo.

No hay mejor cura para este vicio tan común, que un viaje hacia otras culturas para experimentar la sensación de ser también uno el objetivo del racismo. La experiencia es necesaria y debería de ser obligatoria para que todo ser humano tuviese el privilegio de comprobar, no sólo aquellas sensaciones que provoca el vicio en su objetivo, sino también para confirmar que el vicio es común en todos, aunque nos creamos con derecho a considerarlo sólo nuestro.

Nadie escapa a la sensación de sentirse por encima de otro en algún sentido y lo mas importante a recordar, es que siempre habrá otro ser humano que a su vez nos considera a nosotros por debajo de su zapato.

Seamos racistas sin hacer de ello un tabú o un defecto exclusivo de los demás y tomemos conciencia de que el ser humano no es original, ni siquiera en sus vicios. 

Esto quizás nos calme y hasta podamos reflexionar sobre el hecho de que nunca y bajo ninguna circunstancia estamos solos, porque existe una igualdad en el Universo que aunque yazca imperceptible, permanece siempre presente.

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“Sólo la comprensión del fenómeno y la experiencia de un vicio en sus dos polaridades, pueden transformarlo en virtud. JR

“La Demonización de la Valentía”

“Los pueblos se han cansado de los santos con sus discursos buenistas, que ofrecen siempre la otra mejilla del pueblo y que apuestan por una tolerancia pagada con sus impuestos. En cambio, hoy buscan silenciosamente a un demonio valiente que les saque de su miseria.” JR

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Se podrán decir muchas cosas de Trump, pero no podemos decir que no es valiente. Irreverente en sus formas sin duda y expuesto a la manipulación de los medios de comunicación, que le odian sin tapujos ni piedad, manipulando sus propuestas y sus decretos, método que utilizan para mostrarle su desaprobación; propagando mentiras, tergiversando la información, e impulsando la reacción de aquellos colectivos violentos, que sólo necesitan de un pequeño empujón para salir a la calle a destilar todo su resentimiento, al que contradictoriamente llaman amor, derecho, libertad o feminismo.

Impresiona que alguien mas parecido al Demonio que a Dios, haya llegado al poder en la Casa Blanca, con poco gasto en presupuestos de campaña y con el apoyo de una gran parte de la población, que a pesar del acoso mediático, no se ha dejado manipular por los apocalípticos vaticinios que éstos realizaron sobre él, ni se han dejado amedrentar por los artistas mas famosos de Hollywood.

Trump encontró que el puesto angelical en su país estaba ya ocupado por Obama y lejos de intentar competir contra el santo premio Nobel de la paz, buscó un equilibrio. Quedaba sólo una vacante libre y él no dudó en ocuparla para tomar el lugar del Demonio.

Ganó contra toda profecía y esto refleja que los pueblos hoy se han cansado de los santos con sus discursos buenistas, que ofrecen siempre la otra mejilla del pueblo y que apuestan por una tolerancia pagada con sus impuestos.

He intentado observar hace poco a los Estados Unidos con los ojos de un turista, (alguien sin ningún apego y sin ninguna conveniencia, mas que la de pasar allí unas confortables vacaciones), y  he notado con espanto, cómo muchos latinos y mucha de la población afroamericana y musulmana avanza con derechos y a los gritos, mientras los americanos permanecen al costado, con sus buenas maneras y mirando respetuosos y callados.

Callados y educados como son, esclavos del método y del orden al que muchos critican, pero que les ha convertido en la primer potencia mundial, aunque a muchos ésto les provoque una envidia espantosa.

Ese pueblo americano, acorralado por las exigencias y los costes del inmigrante avasallador, exigió con su voto un poco de respeto a sus costumbres, a sus valores y también porque no, a su orden, a su método y a su silencio. Tuvieron una campaña económica, votaron silenciosos, ganaron sin grandes aspavientos y trabajarán duro sin duda, para hacerse oír.

A veces, es el abuso del santo el que provoca la aparición del demonio, que es reclamado por el pueblo sometido, para equilibrar un poco la balanza de la tolerancia.

Sabiéndome un turista también en el espacio religioso, no suelo temer mas a los demonios de lo que temo a los santos, quizás porque mi tiempo en este viaje me ha demostrado el daño que son capaces de hacer cualquiera de los dos.

Hay ángeles que con su piel de cordero resultan ser muy dañinos y demonios que a pesar de su tridente resultan ser muy valientes.

JR

“Cowboys and Angels”

“Hay un tiempo para ser cowboys y otro para ser ángeles, pero los dos son igual de necesarios para la libertad” JR 

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La vida no es toda sueño como afirmaba Calderón de la Barca, ni toda lucha como propone Mahoma, sino una sabia combinación entre los dos. Pero resulta complicado saber cuando alternar entre una cosa y la otra.

Todos los pueblos que viven hoy en libertad tuvieron un tiempo para soñar y otro para luchar, porque el sueño no se alimenta sólo de sueño, sino de trabajo duro.

Las luchas históricas de los pueblos por su libertad, las encontramos en todos los libros, en donde se nos permite comprender cómo aquellas libertades a las que algunos consideran una suerte, fueron en realidad el resultado de un proceso trabajoso. 

La libertad no se consigue por decreto ni por subsidio, sino con el trabajo de un pueblo que después de luchar por ella, aprende el valor que tiene aquello que ha conseguido, con tanto dolor y con tanta muerte y se empeña en mantenerlo.

Las nuevas generaciones creen que la libertad es una suerte o un derecho que algunos tienen y que a otros se les mezquina. Y no están equivocados en tener esta sospecha, ya que la libertad o la esclavitud llegan a ti, como una más de todas aquellas herencias genéticas que recibes, algo que tienes o te falta, dependiendo del hacer de aquellos que te la heredaron.

Pero el problema aparece cuando nos resistimos a observar qué fue aquello que heredamos y por qué. ¿Es nuestra libertad el producto de un sueño sin lucha?  Seguramente no. Aunque el buenísimo actual crea que la libertad baja en forma de paloma blanca y sólo es cuestión de sentarse a esperar a que alguien más te la provea.

¿Y nuestra esclavitud? ¿No será quizás el resultado de un sueño truncado por haber carecido de una lucha adecuada?

Hay un tiempo para ser cowboys y otro para ser ángeles, pero los dos son igual de necesarios para la libertad.

Aunque es recomendable, que antes de optar por cualquiera de estas opciones, conozcamos la herencia de los muertos que pisamos, para saber cual es el sueño que deberíamos ahora soñar y contra qué deberíamos ahora luchar. Diferenciando a aquellas cosas que no debemos dejar pasar, de aquellas por las que nunca valió la pena haber luchado tanto.

JR

“Esa libertad a las que muchos consideran una suerte, es en realidad el resultado de un proceso trabajoso” JR