“Anti vacunas y la Nueva Policia”

Siempre que entrevisté a gente sobre la Segunda Guerra Mundial les preguntaba cómo fue posible que nadie reaccionara a tiempo, frente a las barbaridades de Hitler y de Mussolini.

Y todos me respondían siempre lo mismo: “No nos dimos cuenta, porque todo iba pasando muy poco a poco, primero una ley, al año siguiente otra ley y así sucesivamente, hasta llegar al horror y a la injusticia total”

Otra de las respuestas era siempre :”Nunca creímos que nos pasaría a nosotros, pensábamos que el nazismo era algo local, algo que sólo sucedía en Alemania”

Si hemos aprendido algo de tanta historia nefasta es que el totalitarismo no viene jamás anunciado con carteles y luces de neón, sino que viene disfrazado de otra cosa y revestido de palabras bonitas como equidad, libertad, igualdad, sanidad, dignidad y fraternidad.

Poco a poco, igual que aquellas personas que no se vieron venir nada, también nos hemos ido acostumbrando a la nueva policia; esa que va sin uniforme y que se encarga de pedirnos pasaportes covid y documentos hasta para tomarnos un café y cuyo procedimiento ya nos parece de lo más normal, porque el abuso está hoy organizado, justificado y soportado en nombre de la salud.

Incluso infligir estos abusos está hoy muy bien visto. Ya sea por una mascarilla baja o inexistente o por no tener el pase, se nos ha hecho costumbre el mirar mal a la gente y sentirnos con derecho a disciplinarla.

Hablamos de libertad y de humanidad en Facebook, nos hacemos los buenos y los “diversos”, siempre publicamos corazones y perritos, hacemos huelga de hambre por la extinción de la abeja de montaña, damos nuestro comprometido “like” a cualquier campaña humanitaria virtual; pero cuando salimos por fin del escaparate digital, no toleramos ninguna diferencia, nos espanta la falta de subordinación al mandato y estamos siempre dispuestos a denunciar, a apalear o a humillar a cualquiera públicamente, por la cruzada nazi sanitaria.

Nos hemos convertido en una civilización de nazis asquerosos y orgullosos, convencidos de estar haciendo lo correcto por la salud.

Somos nazis, pero con buenos y saludables motivos: evitar todo contagio y permanecer siempre sanos.

Tuve varios amigos que nunca vacunaron a sus niños, eran anti vacunas de toda la vida, pero nadie les negó jamás el saludo, ni dejó de invitarles a los cumpleaños infantiles por no tener la vacuna de la polio, de la hepatitis A o de la varicela.

Hoy, todos esos “no vacunados contra nada”, están vacunados contra el COVID. (sólo contra el COVID) y ahora se han vuelto los más nazis de todos.

Dicen que esto mismo sucedía en los campos de concentración, en donde los guardias más crueles eran los guardias judios, porque éstos debían demostrar que eran más nazis que los nazis.

La otra noche estaba cenando en un restaurante callejero y una pareja de ancianos de casi 90 años se sentó en la mesa de al lado. Apenas entraron, el “camarero- policia” de 20 años, les solicitó su green pass.

Los dos viejitos buscaban con dificultad en sus abrigos, aquel papel plastificado con el código de vacuna nazi, que seguramente alguno de sus nietos les había impreso para que pudiesen salir de casa.

Uno de los ancianos lo encontró y finalmente lo enseñó con sus manos temblorosas, mientras que el otro, nunca llegó a encontrarlo en el abrigo.

El “camarero- policia” les informó que si el señor no tenía el pase, debían retirarse. Y sin chistar, los dos pobres ancianos comenzaron a ponerse de pie y a colocarse los abrigos, mientras enfilaban hacia la salida.

Nadie reaccionó. Nadie movió un dedo para ayudarles, ni para intervenir frente a tanto abuso disparatado. ¡Ellos! La generación eco humanitaria que llora a moco tendido en las redes por la extinción abeja de montaña, es incapaz de sentir nada por otro ser humano al que se le deniega un derecho fundamental.

Me levanté furioso y fui a buscar al dueño del restaurante, que resultó ser una mujer de más de 70 años. La mujer comprendió enseguida la ridiculez de la situación y les dijo a los ancianos que por favor, volviesen a su mesa.

Muchos me preguntan ¿cómo se hace para parar el totalitarismo? Y mi respuesta es que se debe parar igual que como se empieza: poco a poco y con la ayuda de todos.

Pero eso si, los miedosos, los juzgones, los policías y los colaboradores del régimen se abstendrán de intervenir por principios de salud y no reaccionarán, por supuesto.

Hasta que les toque a ellos.

JR

“Perspectiva Peligrosa”

La palabra “perspectiva” proviene del latín (perspicere: ver a través de) y consiste en la capacidad de ver las cosas desde un punto de vista particular.

La perspectiva en la pintura aparece recién en el Renacimiento con la aparición del “hombre moderno” que deja atrás la mirada fija y blindada de la Edad Media, para renacer y elegir una nueva visión, forjando además, una nueva era.

Cuando tenemos un problema al que no le vemos ninguna solución, se nos recomienda generalmente encararlo con un cambio de perspectiva, para encontrarle una opción distinta o adquirir una nueva forma de mirar las mismas cosas, desde otro punto.

Uno empieza entonces a cambiar el ángulo y la distancia y aquello que antes estaba demasiado lejos, se vuelve cercano y aquello que antes parecía demasiado grande, se vuelve más pequeño.

Si tuviera que hacer una composición artística de la mentalidad actual, diría que el autor está demasiado omnipresente en la obra; ya que existe una sobrevalorada presencia del yo y una nula presencia de la acción de ese yo, sobre la obra.

El “yo víctima”es lo que se cultiva y se educa con esmero en estos tiempos; siendo el resultado de esta larga educación, un joven que culpabiliza de su presente y de su futuro a los demás.

Uno de los grandes problemas que presenta el cambio de mentalidad de esta época tiene que ver con un cambio de perspectiva, que se fomenta desde la educación infantil y en el que desgraciadamente, se ha situado a la responsabilidad muy lejos del individuo

Uno de los ejemplos más tangibles es por ejemplo el tópico tan cansino del cambio climático.

Se cría a niños a quienes desde el jardín de infantes se arma de pancartas, de slogans y de reclamos. “El mundo que nos dejan”. “El mundo que merecemos” etc, son algunas de las exigencias que se le inculcan al niño, ni bien tiene uso de conciencia.

Y se le cria convencido de que le han estafado y traicionado y de que tiene derecho a exigir un mundo mejor. Pero a ese mundo mejor deben proveérselo los demás.

El prototipo de graduado universitario termina siendo un ser enfadado, que antes de haber comenzado su vida laboral, ya se siente estafado. “Nos roban el futuro”. “El empresariado sólo quiere ganar dinero y explotarnos”.etc, son algunas de las más comunes barbaridades que llenan la cabeza de un graduado universitario actual.

Y uno se lamenta de que tanta educación sólo haya servido para crear seres tan resentidos, con tan pocas ideas, tan pocas habilidades y tan pocas ganas de trabajar.

La falta de creatividad y de acción de una generación de graduados llenos de rencor, responde a que se educa a las nuevas generaciones con la visión del víctima, desde el parvulario hasta la universidad.

Los jóvenes desde pequeños van cultivando la exigencia, el reclamo y el desánimo, mientras se les inflama de un falso ego que insiste en hacerles creer que ellos son seres sumamente importantes, que se lo merecen todo, sin tener responsabilidad ninguna de crearse con su trabajo su propio futuro.

Se evita ante todo responsabilizar al individuo de su presente y de su futuro, acostumbrándole desde pequeño, a que todo fracaso presente o futuro es y será siempre culpa de alguien que nunca es él.

Y se le transmite una sensación de derrota anticipada, que acarrea desde mucho antes de empezar a luchar por su vida, con el mensaje de que todo da igual, y que haga lo que haga, será inútil y no servirá de nada, porque todo está ya mal hecho por otros y confabulado para perjudicarle el futuro a él.

El joven se gradúa convencido de que tiene derecho a todo, pero sin responsabilidad de proveerse ninguno de esos derechos por si mismo.

Esta visión del mundo incluye por supuesto la visión platónica de la vida, que consiste en la existencia de un mundo ideal, (que aún nadie ha conocido), pero al que ellos sin duda tienen derecho y alguien les está negando.

El problema es que ese mundo ideal con el que se los educa no ha existido jamás y con muy poco de estudiar historia, uno puede comprobarlo.

El mundo ideal nunca existió. Cada generación construyó sobre las condiciones que le tocaron. Pero estoy convencido de que no hubo ni tanta queja, ni tanto derecho divino, como el que se reclama hoy en día.

Uno hizo lo que pudo con lo que tenía disponible, que sin duda era mucho menos de lo que tienen los jóvenes ahora, pero como uno estaba constantemente haciendo y trabajando, no tenía tiempo para perder, en buscar a tanto culpable.

Se exige constantemente el derecho a un mundo ideal, pero uno no puede tener derecho a aquello que no se ha ganado o construido para sí mismo. Y este es el quit de la cuestión: no conseguir nada por sí mismos y ser siempre unos mantenidos.

Se nos ha hecho tan común escuchar exigencias como : “el derecho a la vivienda, a la salud o el derecho al ocio” que ya son reclamos que nos parecen muy normales.

Y yo me pregunto ¿adónde figuran esos derechos?

El único derecho que yo recuerdo haber aprendido de la Constitución es el derecho al trabajo, el derecho a la libre circulación y el derecho a la libertad de culto. Curiosamente, los tres derechos que intentan abolir nuestras “democracias” socialistas.

A mi me enseñaron que el trabajo era lo que te proporcionaba el derecho, o no, a todo lo demás. Y para tener derechos uno debía trabajar. Pero ahora pareciera que el trabajo fuese una mala palabra.

La peligrosidad de esta perspectiva contemporánea radica en que coloca a la responsabilidad muy lejos del individuo

Cuando este cambio de perspectiva sucede, la culpa y la responsabilidad de todo lo que me pasa la tiene otra persona.

Y cuando la culpa es de otro, se crea odio hacia todo aquel al que considero responsabie de mis males y de todas mis carencias.

Esta perspectiva es la que utilizan los tiranos pata fracturar las sociedades, concentrar poder y hacer que un grupo odie a otro grupo en una región.

Así lo hizo Hitler en Alemania con el odio a los judíos, lo hizo Perón en Argentina con el odio a los ricos y lo hizo Obama en Estados Unidos con el odio a los blancos.

Buscar a un culpable y criar generaciones de víctimas y de resentidos es una táctica fácil para concentrar poder sin necesidad de ningún logro, generar rivalidad y motivar la violencia.

Criar víctimas y resentidos, seres acostumbrados al reclamo desde el parvulario, seres que se creen merecedores de todo sin mover un dedo y alérgicos a asumir cualquier tipo de responsabilidad, es una bomba de tiempo.

Necesitamos un cambio de perspectiva y acercar a la culpa lo más posible en el cuadro, hasta que toque a su autor.

Y cuando la culpa se acerca tanto al autor de la obra, mágicamente metamorfosea, convirtiéndose en responsabilidad.

Porque asumir la responsabilidad sobre nuestra propia vida es nuestro único e inalienable derecho.

JR

“La Nueva Normalidad Fascista”

Si usted desea vivir la experiencia nazi o comunista, no hace falta conseguir la máquina del tiempo o devorarse una serie de Netflix sobre la Segunda Guerra Mundial o sobre la vida en Moscú o en Berlin del Este.

Hoy usted puede vivir toda la experiencia en primera persona, haciéndose un viajecito por Australia o por la Unión Europea y sentir en carne propia, todas las sensaciones de temor, de nervios, de control y de tormento, que experimentaron nuestros ancestros, víctimas de estos regímenes totalitarios.

Hoy en pleno siglo XXI usted tiene la oportunidad de experimentar en vivo el comienzo del fascismo de Hitler o de Mussolini, viajando por Italia o por cualquier otro país europeo.

Y si tiene la fortuna de embarcar al vuelo, una vez que le hayan controlado ocho veces todos los formularios, PCRs y pases sanitarios pertinentes, podrá entonces continuar con su experiencia fascista en tierra.

Coja un billete barato en cualquier aerolínea y llegue al aeropuerto en donde será hostigado y atocigado desde que entre a la terminal hasta que suba al avión, por guardias de seguridad, policías, personal de tierra de la aerolínea, azafatas, personal de limpieza, etc, para continuar luego en tierra, hostigado por personal de inmigración, aduana, taxistas, recepcionistas de hotel, camareros, vendedores de churros y toda la población de fascistas colaboradores con “el régimen del green pass” que sólo cumplen la ley, al igual que los nazis y los rusos obedecían las leyes de sus líderes.

Usted no se enfade, porque ellos no tienen la culpa de hostigarle a cada paso o de dejarle en tierra, fuera del museo, del restaurante o del café, porque al igual que los nazis alegaron en los juicios de Nuremberg, ellos sólo cumplen órdenes.

Lo bonito del poder es que engancha igual que el anillo de Frodo en el señor de los anillos y aquel que en un principio parecía bueno, en cuanto agarra el anillo o accede a la aplicación de control del green pass, se transforma y saca de dentro suyo un nuevo ser: “la oveja fascista”.

Y así va poco a poco, descubriendo el poder que tiene el “no”.

Usted no embarca, no entra, no come, no sube, no viaja, no vota, no toma café.

De pronto el “no” se vuelve un poder adictivo. Decir que “no”es imposibilitarle al otro un camino, quitarle la libertad, la independencia, y da una sensación de poder maravillosa. Yo domino. Tú obedeces.

Pasito a pasito, suave suavecito, nos van llevando por un camino de ida, hacia un sistema totalitario, al que se accede voluntariamente y convencido, pero que no piensa detenerse con fin del Covid. Ya que el COVID y su infinidad de futuras variantes fueron y seguirán siendo fabricadas con este fin.

Como todos saben que a usted lo único que le importa es la salud, ellos están cuidándole. Usted acepta y agradece que papá estado le quiera tanto. Se vacuna, hace lo que papá estado le manda, se vacuna otra vez y cree que por fin, ha conseguido su pase verde para siempre.

Luego viene la tercera dosis obligatoria de refuerzo y usted sigue complaciendo a papá estado que le protege sin medida.

Pero de pronto un día, el pase sanitario le sale en rojo en la aplicación móvil del controlador de turno y suenan todas las alarmas, llega el personal de seguridad y usted se queda varado, fuera de un bar o en un aeropuerto y es considerado un terrorista sanitario y condenado como “peligroso depredador”.

Luego de pasar por todos los tormentos que usted se merece por no estar con la vacuna al día, comprende por fin, que su pase en rojo se debe a que ya no importa la cantidad de dosis que usted se dio según el reglamento, sino la fecha de la primera dosis.

Su pase ha caducado y usted debe volver a comenzar con todo el procedimiento.

Mientras usted está distraído entre tanto trámite, tanto palo en la nariz diario y pinchazo, el mundo a su alrededor va cambiando poquito a poquito, sin que usted tenga tiempo de darse cuenta de nada, ya que a duras penas sale de casa.

Cada mañana enciende el canal covid 24 hs y vuelve a meterse el palo por la nariz; esa nariz temerosa y obediente, que ya no sale a ningún lado, porque con pase rojo nadie le recibe. Y ni hablar de ir a casa de nadie. Con pase rojo, ni los amigos le recuerdan.

El aislamiento al que es condenado por temas de salud pública, se parece a una prision, pero como usted tiene Netflix y se ha hecho adicto a Ibai y a los videojuegos, sigue sintiéndose libre, porque gracias al mundo del progreso, usted está cómodo y además, tiene internet.

Usted está subsidiado, cuidado por papá estado, viviendo una realidad virtual en donde nada ni nadie puede hacerle daño, tiene acceso a WhatsApp y al canal porno, está seguro en casa cumpliendo con las normativas del distanciamiento social justo y necesario y tiene glovo y Amazon a su disposición. ¿Qué más quiere? ¡No sea desagradecido!

No se queje, siga recibiendo los cuidados de papá estado, que lo quiere un montón y que además, le está dando miles de vacunas anuales “gratis”.

Y si todo va bien, en un tiempo, papá estado le dará otro pase verde (válido sólo por unos meses), para que usted puede volver a vivir la agradable experiencia nazi/ comunista desde fuera de casa, hasta que la luz roja en su pase, vuelva a aprisionarle.

JR

“La Hoguera de los Vacunados”

Cada vez que algo te sale mal por un error de decisión o de cálculo, uno espera no ser el único. Este instinto tan primitivo es una forma de autoconsuelo; la de encontrar a otro que padezca nuestro mismo mal o sufra nuestra misma mala suerte.

Sin embargo, aquel al que le va bien, no tiene tiempo de mirar alrededor, ni de mirar la suerte o la desgracia de otros y muchas veces peca de indiferente, pero difícilmente de estar metido en la vida ajena.

Pero hay otras veces, en las que el cagado desea y ruega con maldad, que haya otros muchos como él, para no sentirse el único.

Estas sensaciones, que en ocasiones me explicaba mi abuela con sus sabios y milenarios dichos, se me hacen muy presentes en los tiempos de la vacuna.

Si los vacunados estuvieran tan contentos con su vacuna, no tendrían tiempo de estar viendo si el vecino se vacunó o no se vacunó.

Pero como parece ser que la vacuna no ha dado los resultados esperados, sino todo lo contrario, se les nota una especie de rencor envenenado, hacia los que se libraron de la jeringa.

Hoy se contagian más los vacunados que los no vacunados, cuando debería suceder justamente lo contrario y sin embargo, los vacunados exigen más que nunca antes, que se vacune a la fuerza a los exentos.

Esta nueva guerra social que los medios y los gobiernos vienen impulsando no es casual. No nos olvidemos que las políticas actuales se basan en la búsqueda del enemigo común. Nada une más a las tribus musulmanas que se odian a muerte entre sí, que el odio conjunto hacia Occidente.

Y esto mismo sucede aquí. Nada une más a las masas políticamente rivales que el odio común al no vacunado. Izquierda y derecha, verdes y rojos, se funden en un odio común y preparan la hoguera para todo aquel que no se haya convertido a la religión del momento: la locura COVID.

A mi no me quedó opción que vacunarme porque mi trabajo consiste en viajar, (algo que los no vacunados tienen terminantemente prohibido entre otras millones de cosas), pero por estar vacunado, no odio a los no vacunados que pasan a mi lado; sino todo lo contrario, les admiro.

Porque a pesar de que toda esta política les pretende cerrar el mundo y prohibirles todos sus placeres, ellos siguen fuertes.

Ojalá yo pudiera algún día ser tan valiente.

Esta insistencia enfermiza en la vacunación con una vacuna que evidentemente no funciona, me genera mucha desconfianza y dudo que esta fanática cruzada tenga buenas intenciones.

Espero que los efectos secundarios de este experimento covid no me hagan mucho efecto, pero por las dudas, he avisado en casa, que si me ven trabajando para el manifiesto eco- comunista de Soros y Gates o votando a la izquierda, me den con un hacha en la cabeza, sepan perdonar y entiendan que tal comportamiento responde únicamente a un efecto secundario provocado por la vacuna contra el virus fabricado en China.

Digan luego, que el crimen fue por ser anti vacuna; así será un asesinato justificado, vanagloriado por los medios y por las autoridades pertinentes y sin necesidad de abogado, de juicio, ni prision para nadie.

“Vacúnese antes de que le vacunemos en la hoguera” gritan a dos voces los vacunados envenenados y contagiados, mientras los medios apoyan, difunden e inflaman. Y las masas aplauden y twittean sintiéndose empoderados y buena gente: “ # a la hoguera😘❤️ #hoguera is love 💚 #hoguera es salud 🔥🤗.

JR

“Los Gurús de nuestro Futuro”

Dicen que no hay nada más viejo que aquello a lo que se le llama “nuevo” y viendo el tipo de vida monitoreada, medida y llena de formularios, permisos, pasaportes y controles, nuestra “nueva” eco – saludable y reciclada vida, se va pareciendo cada vez más, a la vida en la antigua URSS.

La gente se mueve con miedo, miedo al control, a la reprimenda, a la inquisición permanente, al formulario constante y requerido para cualquier cosa, al cambio de normas inesperado y siempre a último momento; y no está de más añadir, que son muchos, aquellos que disfrutan de esta repentina posición de poder, de control y de “superioridad moral por vacunado”, que el “nuevo” eco- mundo les ha otorgado.

Aquellos que antes estaban para atenderte y darte un servicio, hoy de pronto, están para hostigarte a cada paso y parecen disfrutar de esta nueva posición de control que la “Salud” les ofrece. La azafata, el recepcionista, el guarda de seguridad, el maestro de escuela, el aparca coches, todos sin excepción, han asumido gustosos este rol de poder, de sermoneo y de control, que la madre estado les ha delegado: reprimir a una población descerebrada que necesita ser guiada por seres “ superiores”hacia una forma de vida más saludable y civilizada, diseñada en Davos por los intelectuales que sirven al poder.

Cada vez que oigo hablar del nuevo mundo que estos grandes intelectuales contemporáneos graduados en la Ivy League nos están diseñando a todo pulmón, me entran arcadas y cada vez que me hablan de cambiar el mundo, se me aparece la imagen Stalin fusilando a todo aquel que traicionara los ideales de su nuevo y maravilloso proyecto de mundo; más igualitario, sostenible y socialmente justo.

El problema con tanto “experto” dando consejos es que el experto es solamente experto en su pequeño espectro; no evalúa las consecuencias ni la repercusión que tienen sus consejos; pero lo peor de todo, es que estos “expertos” trabajan para decir aquello que el gobierno quiere que digan. Se contrata a los expertos que respalden la visión del estado y del grupo de Soros, mientras que a aquellos expertos que opinan lo contrario, se los bloquea en las redes y en los medios, se los calla y se los amenaza.

Una de las grandes ventajas que tiene ser un intelectual gurú es que nadie te pide explicaciones por los desastres que generan tus ideas.

Marx nunca salió a pedir disculpas por el desastre que generó con sus ideas de reforma social, económica y política. Lo máximo que hizo, después de su gran cagada de mundo, fue decir que él no era marxista y desentenderse del tema, pero sin ningún remordimiento.

Si usted es ingeniero y se le cae un puente, el mundo le fulmina, pierde el trabajo y no trabaja de ingeniero nunca más en su vida. Pero si usted es un intelectual y diseña una vida de mierda, nadie le pedirá explicaciones. Y podrá además, seguir dando instrucciones.

Esto mismo pasa con la vacuna, no vemos a nadie explicarnos porqué aquellos con dos dosis y booster se contagian y mueren. Hay un silencio de radio cuando toca hacerse cargo de los fallos de las verdades absolutas de los venerados “expertos”.

Tanto es así, que aquel green pass por el que muchos aceptábamos el pinchazo a desgano, ya no te lo pide nadie, sólo te piden un PCR con 24 horas de vigencia, justamente porque saben que estar vacunado no es ninguna garantía contra el virus fabricado en China.

Pero todavía estamos esperando la corrección, la disculpa, algún tipo de mea culpa por los errores de tanto “experto” en cambiarnos el mundo. Ni siquiera aquella mentira sobre la mala cocción del murciélago se ha explicado y reconocido como una mentira organizada.

Las mentiras desaparecen como por arte de magia sin que nadie se reconozca un Pinocho, ni pida perdón y la gente olvida y perdona todo atropello, con una docilidad alarmante.

Luego nos preguntábamos por qué los alemanes obedecían las macabras órdenes de Hitler sin oponerse a tanta injusticia y crueldad. Si Adolf volviera hoy, se haría un festín con este mundo de ovejas temerosas, fanáticas, vacunadas y obedientes que se creen cualquier cosa y son capaces de hostigar y denunciar al que no tenga una vacuna, criminalizándole injustamente por un virus comunista patrocinado por Soros.

Silencio de radio. Usted calle y siga rellenando formularios, pidiendo códigos y permisos, haciéndose su PCR diario, dándose nuevos boosters experimentales si es que desea moverse de su casa, ir a tomar un café o ir a trabajar y para que no le despidan por negacionista.

Eso si, no se olvide que si usted se vacuna lo hace libremente, ya que nadie le obliga. Usted es libre, aunque viva esclavizado por los mandatos de la “Salud”.

Siga “libremente” rellenando el cartoncito del experimento que le promete la tierra prometida. Y aquel que llegue al casillero de la pizza, gana.

Pero mucho me temo, que el eco- plan es ahorrar, no sólo en pizzas premio, sino también en pensiones.

JR

“Generación de Haters y Desagradecidos”

No es inusual escuchar a las juventudes americanas universitarias culpar a los empresarios de todas sus desgracias y hacerles responsables de los malos augurios que se imaginan en su futuro.

Al escuchar semejantes barbaridades me pregunto qué aprende esta juventud en las universidades carísimas a las que asisten; pagadas por sus padres empresarios y en las que pasan tantos años de su vida.

Lo verdaderamente surrealista de toda esta tragedia es que estas aberraciones vengan de estudiantes de carreras como “Business” quienes supuestamente están allí, para convertirse en empresarios el día de mañana.

Esta campaña politico/ cultural en contra de los empresarios en general, tiene buena audiencia y cohesión en estas juventudes escolarizadas bajo programas socialistas, que basan sus temarios en el adoctrinamiento político y en criminalizar a los empresarios, logrando desviar la culpabilidad y esconder las nefastas gestiones de sus gobiernos.

Esta juventud tan universitaria y a la vez tan ignorante, parece desconocer por completo el funcionamiento del estado y de la economía en general.

Ellos creen que el estado es una fábrica, que produce algo y que es el estado quien tiene dinero.

Sin comprender que el estado es un simple administrador del capital que generan los empresarios y los empleados que trabajan para esos empresarios. Y que sin empresarios, no hay estado.

Todos los movimientos de izquierda parecen estar confabulados para destruir a las únicas fuentes de progreso que tenemos; fomentando el odio hacia los ricos y a todo aquel que haya logrado algún éxito laboral u económico.

Esta ignorancia que promueve la izquierda cunde en unas juventudes que desconocen por completo la Historia, la economía y sus procesos.

Anoche la candidata demócrata y multimillonaria Elizabeth Warren increpaba a Elon Musk en twitter, y es que esta gentuza socialista odia a todo aquel que con su éxito nos traiga algún tipo de progreso.

Odian a Rockefeller que fue quien logró reducir el coste del keroseno haciéndolo accesible incluso a las clases más pobres y con ello logró que la humanidad pudiera encender la luz cuando se iba el sol y ganarle al día, horas de vida.

Odian a Ford que hizo que el coche dejara de ser un artículo de lujo para hacerlo accesible a todos, reduciendo los costes de fabricación e incrementando la producción a un bajo coste.

Odian a todos los que con su talento, capacidad, trabajo y esfuerzo nos han traído progreso y a quienes les debemos mucho mas, que las fortunas que se han ganado en buena ley en el mercado.

Si hoy estuvieran aquí Steve Jobs y Albert Einstein los quemarían en la plaza, por blancos, ricos y privilegiados.

Y es que la ignorancia de estos personajes demagogos de izquierda, ya sobrepasa toda locura.

El odio hacia el rico es el mantra para estas juventudes descerebradas, que sienten que aquello que ellos no tienen, no es porque no hayan trabajado nunca en su vida, o porque no tengan ningún talento, sino porque alguien se los ha robado.

Esta es la filosofía con la que se lavan los cerebros en las universidades americanas, canadienses y europeas: la culpa de tu desgracia siempre la tiene otro. Y nosotros te diremos quien es el enemigo.

Si hubiera sido por esta generación de ignorantes estaríamos todavía en la época de las cavernas y cualquier idea de inventar el fuego hubiese sido desestimada por venir del fruto de un privilegio racial o de algún tipo de desigualdad intolerable. Así que mejor abstenerse de encender nada y seguir en Edad de Piedra.

Lo único importante para esta panda de ignorantes es la igualdad. No queremos Elon Musks, Einsteins, Jobs, Edisons, Aristóteles, Parmenides, Rockefellers, Fords, hermanos Wrights. No queremos privilegiados. Odiamos a los talentosos, a los inteligentes, a los trabajadores, a los generadores de capital y de progreso.

Queremos que todo sea hecho con justicia social, queremos a todos igual de bestias, a todos igual de pobres, a todos igual de subdesarrollados, a todos igual de resentidos, y así esta juventud de haters se quedará igualitariamente más tranquila.

JR

“Capital Humano”

En la economía en general, tanto como en la economía doméstica, el capital humano juega un papel importante a la hora de progresar económicamente.

Muchos intelectuales insisten sin embargo, en el monopolio de la educación académica como único componente del capital humano, aunque los hechos, no siempre avalen sus teorías. Teniendo vivos ejemplos de inventores y eruditos que nunca han pisado una universidad y en algunos casos ni siquiera terminaron la escuela, como es el caso de los hermanos Wright, que eran mecánicos de bicicletas, antes de inventar el avión.

Tener muchos títulos universitarios y masters no garantizan el progreso económico de una persona; pueden ayudar por supuesto, pero no son el único determinante.

Y dependiendo además, de qué tipo de educación se trate, ésta puede llegar a ser en ocasiones incluso perjudicial para el individuo, cuando le crea aversión al trabajo, al capital, a las empresas y al progreso económico en general.

Tales individuos no sólo están destinados a la mediocridad , sino que resultan peligrosos para el progreso económico de la sociedad en su conjunto.

El capital humano es el resultado de una suma de componentes que juntos y combinados, elevan el valor que ese individuo tiene en el mercado.

El capital humano no es otra cosa que las capacidades, las habilidades prácticas y las actitudes de un ser humano frente al trabajo.

No sólo es importante el nivel de formación en una disciplina, sino también la actitud hacia el trabajo en general, la capacidad para esforzarse, adaptarse y sacrificarse por un progreso económico.

Y no todos, aún teniendo exactamente los mismos títulos universitarios y posgrados, poseen las mismas capacidades en estos ámbitos, ni la misma fuerza, ni la misma necesidad o las mismas ganas.

Parte de nuestra cultura encierra el valor que le damos al trabajo; para algunas culturas el trabajo es lo primero, y en otras sin embargo, el trabajo es relativo y prescindible, y si no me hace sentir enteramente feliz y realizado, no me compensa.

No es casual que esta era, en la que se intenta imponer la felicidad ante todo lo demás, no haya ayudado a los jóvenes a integrarse satisfactoriamente al mundo laboral.

En mi época sin embargo, trabajar era lo primero y nadie te preguntaba a cada rato si eras o no, feliz.

Porque uno asociaba la felicidad al hecho de tener un trabajo, pagar las facturas y seguir progresando.

Hoy sin embargo, los jóvenes parecen no encontrar nunca el trabajo que les merezca. ¡Tantos títulos para tener tantos desempleados! es el leitmotiv de una sociedad cuya juventud que no encuentra un trabajo o rehusa integrarse al empleo, por no considerarle a su nivel.

El problema con el capital humano, es que no es en su totalidad académico. Un empresario busca mucho más que un buen currículum universitario. Se busca aptitud y actitud pero hoy es difícil, encontrar las dos cosas juntas.

Tanto en la economía comercial como en la economía doméstica el capital humano es importante.

Un ama de casa que no limpia, no cocina, no lava ni plancha, ni cuida niños va a generarle un gasto enorme a un marido que trabaja. Y todo ese capital humano que la mujer no posee, va a recaer en la economía familiar, que necesita pagar por todos esos servicios. Esto mismo sucede en los países sin producción local, ni industrias propias.

La economía no es solamente aquello que entra, sino también aquello que sale; la economía es el resultado y la gestión entre lo que entra y lo que sale.

El capital humano tiene mucho que ver también con la cultura de cada persona y la cultura es generalmente un factor hereditario o particular de las distintas comunidades.

Una mujer alemana, escandinava o estadounidense no sólo está acostumbrada a cocinar y a limpiar su casa, sino también a cortarle el pelo a sus hijos, a teñirse las canas en el baño de su casa y a hacerse la manicura ella sola. Al menos mi madre, era así.

En mi casa dos de mis hermanos eran ingenieros, pero la que arreglaba los enchufes, la cisterna, el riego o la aspiradora era mi madre, sin ningún título universitario, pero poseedora de un gran capital humano.

Ella sabía hacer de todo y sino, buscaba un manual y en un rato lo aprendía.

El capital humano tiene que ver con la educación, pero no exclusivamente con la educación académica; sino con la educación hacia el trabajo.

Uno de los procesos que ponen de manifiesto al capital humano es la capacidad de recuperación después de una crisis.

No es casual que la recuperación de los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial haya sido tan rápida, debido a su gran capital humano. Esto no sucede sin embargo, en países subdesarrollados o tercermundistas en donde el capital humano es escaso y las crisis son eternas. Y en donde el trabajo es visto como una explotación, en vez de ser considerado como la única vía para el progreso económico.

Una persona que aspire a un alto nivel laboral y económico, debería además de tener una habilidad o producto por lo que la gente esté dispuesta a pagar, saber hablar, saber comer, saber beber, saber interactuar con gente distinta, saber obedecer, saber mandar, saber innovar, saber ahorrar, saber cuándo gastar, saber invertir, saber arriesgarse y también saber cuándo no apostar por locuras o lujos innecesarios.

Saber sacrificarse y saber recompensar, saber de historia, de literatura, de política internacional o estar informado sobre los eventos y noticias del mundo, son cosas que también ayudan y conforman el capital humano.

El capital humano resulta esencial a la hora de crear capital y de lograr un progreso económico y su falta resulta catastrófica, sin haber título universitario que la compense.

JR

“La Falacia de lo Gratis”

Siempre me pregunté porqué a la gente le resultan tan antipáticos los economistas y finalmente comprendí, que estos seres son los únicos valientes, que desactivan al instante la falacia de que algo sea gratis.

Para un economista el concepto “gratis” es un concepto equivocado desde su raíz. Y lo primero que te preguntan cuando les dices que algo es gratis es: “si claro, gratis, ¿pero a qué costo?”

Su afirmación de que lo gratis no existe, resulta definitivamente antipática para un pueblo acostumbrado al discurso socialista de la igualdad y del derecho a todo; que se resiste a entender y a hacer entender, que todo derecho se desprende de la obligación de otra persona y que todo lo que se percibe como gratis, es gratis para él porque lo paga otro ciudadano.

Cuando comienzas a estudiar economía descubres un mundo nuevo y empiezas a darte cuenta de que la historia de los errores de la humanidad, está basada en errores de cálculo, falta de previsión de imponderables, desconocimiento de los elementos, ignorancia de datos y hechos y ausencia de sentido común.

Uno suele ver a la economía como a esa materia difícil y disponible sólo para algunos eruditos, pero cuando te sumerges en ella, descubres que toda la evolución y la distribución del mundo se basa en la economía.

La economía ha guiado desde los asentamientos de las poblaciones y sus enfrentamientos, hasta las expediciones más atrevidas.

El concepto de la inexistencia de lo gratis es quizás el aprendizaje más frustrante y sin duda, también el más iluminador de todos, porque cuando descubres que el precio de las cosas tiene su sentido, entonces, empiezas a pagarlo con más ganas.

Mi amiga médica se queja de que la sanidad pública está colapsada en España y esto sucede porque es gratis. La gente aburrida no tiene otra cosa que hacer que inventarse enfermedades y acudir a las consultas como diversión. Hoy les duele esto, mañana les duele aquello y cuando no les duele nada, entonces es hora de chequearse todo; análisis de esto, de lo otro y de lo de más allá. Y todo esto sucede porque la sanidad es gratis.

Si al señor hipocondríaco le costara 5 o 10 euros cada consulta, os aseguro que se le pasaba el malestar en un segundo y en vez de ir a molestar y a gastar dinero ajeno al hospital, se quedaba en casa viendo la tele. La curación sucede de forma milagrosa cuando estar enfermo te cuesta dinero a ti.

La saturación de un sistema de sanidad “gratis” bloquea la sanidad para los temas verdaderamente importantes y cuando aparece un paciente realmente enfermo, no hay disponibilidad para atenderle, porque el médico está ocupado con el hipocondríaco de turno.

Este es el precio de lo gratis; la baja calidad de un servicio o producto, que se desgasta debido al mal uso que se hace de él. ¿Y por qué el mal uso? Porque es gratis.

El principal problema de lo gratis es que la gente abusa de los servicios y no los utiliza como es debido. Ni los hospitales, ni las universidades públicas gratis funcionan a largo plazo, si no se usan con responsabilidad.

Pero como pedir responsabilidad es una utopía, lo mejor es ponerle un precio. Y cuando hay que pagar, la gente se responsabiliza sola. Es un remedio mágico.

La pregunta es entonces por qué los gobiernos insisten en la sanidad gratis. Y aquí está el meollo de la cuestión: cuando un servicio es gratis, los costes también se descontrolan. ¿Quién controla el precio de una endoscopia o de un análisis clínico en un hospital público? Si no existe un cliente ( nadie paga la factura) que compare precios, reclame y proteste, se inflan las facturas. Y como “nadie” paga, se inflan los costos.

¿Y quién paga el timo? ¡Usted con sus impuestos cada vez más elevados!

La conclusión es que lo gratis no sólo no es gratis, sino que al final sale más caro.

Cuando era joven me invitaron a un cóctel en Venecia en donde ofrecían Spritz gratis. Si hubiera tenido que pagarlos me hubiera bebido 2 en vez de los 9 que acepté. En ese momento comprobé que el precio de las cosas, te cuida la salud evitándote además, borracheras innecesarias.

Cuando se ofrece algo “gratis” se desvaloriza al trabajador que provee dicho servicio, y se instruye de manera irresponsable al consumidor de ese servicio; que mal aprende a tener el derecho a la explotación “gratis” de otra persona en su beneficio.

Aprender que cada cosa tiene un precio y que ese precio tiene una razón de ser, no sólo nos hace más analíticos, exigentes y responsables a la hora de elegir entre nuestras opciones, sino que nos ayuda a pagar por un servicio de calidad con más entusiasmo.

JR

“La Reconquista Marxista”

Hace un tiempo tuve la fortuna de pasar unos días en la ciudad de Cordoba (España) en donde hice un recorrido turístico con una guía formada en Bellas Artes, que nos acompañó durante todo el paseo y nos iba relatando los hechos históricos sucedidos en cada uno de los monumentos cordobeses.

Su nada disimulada aversión hacia la reina Isabel la Católica fue creciendo a medida que avanzaba nuestra visita, hasta que un compañero, ya harto de tanto comentario despectivo hacia la reina, la paró en seco, defendiendo a la monarca de los ataques sistemáticos y con connotaciones claramente marxistas, que profería la guía hacia Isabel.

Hay veces en que conocer la Historia y las costumbres de su tiempo ayuda a detener la mala información que estos jóvenes formados en las universidades Marxistas del mundo intentan imponernos y desperdigar en cuánta oportunidad se les presenta.

Aunque desgraciadamente, la mayoría de las veces, la gente se traga sin más, todo aquello que esta generación adiestrada en la manipulación histórica decide contarles; quizás por falta de tiempo o de interés en constatar los datos falsos, que los marxistas profesan repetitivamente, hasta convertir en verdades absolutas y en dogmas incuestionables.

(Al día siguiente encontré a la guía haciendo el mismo tour en inglés y en alemán y relatando las mismas barbaridades ideológicas; por lo que comprobé una vez más, que este nuevo marxismo va propagándose por el mundo, sin fronteras y sin ningún remordimiento, ni corrección)

Estas juventudes universitarias adoctrinadas en la visión marxista de la realidad y de la historia, no sólo son ignorantes, sino que se prodigan en ello y se dedican con esmero a la divulgación de su ideología allí por donde van y sin ninguna necesidad, porque a nadie le interesa realmente su opinión personal sobre un hecho histórico.

Lamentablemente la Historía es la que es; no la que a uno le hubiera gustado que fuese, ni la interpretación que hace una mirada teñida de políticas de justicia social marxista, sobre la Historia.

Las conquistas y las reconquistas a lo largo de la Historia fueron cruentas, de un lado y de otro. Y debemos recordarles a estas generaciones tan mal informadas, que aún no teníamos WhatsApp, ni a la ONU, ni a Greta facturando por la extinción del medioambiente desde los 12 años.

Por eso, es que es tan importante ubicarnos.

Estas opiniones marxistas fuera de lugar y abstraídas totalmente del contexto histórico de los hechos, que estos guías hacen, no sólo tergiversan los hechos, sino que quitan a los hechos de su contexto, de las costumbres y de los modos de la época.

Por un momento intenté imaginarme cómo hubiera sido todo, si la Historia hubiese sido distinta a lo que fue y adónde estaría la guía hoy, de no haber sido por la reina Isabel, a la que tanto detesta.

Seguramente hoy, la guía estaría debajo un burka y celebrando la entrada de los talibanes a Afganistán. Pero gracias a Isabel, esta chica está hoy en la calle y trabajando con su melena rubia al viento, mientras se da el lujo de difamarla sin ningún temor y en todos los idiomas.

JR

“Sensibilidad Criminal”

La costumbre de la izquierda de cambiar las palabras, las terminaciones y los pronombres, no responde a una fijación con la lingüística mal curada durante la infancia, sino que obedece a fines muy distintos.

Cuando yo digo “ mesa” hago un juicio de valor e identifico a un objeto como “mesa” y no como “silla”. Al nombrar, hago entonces una distinción, una evaluación del objeto observado, que lo hace particular y le diferencia a su vez de otros.

Las palabras son; además de sonidos con significado que necesitamos para comunicarnos; esquemas de pensamiento. Y todo pensamiento es en principio, una forma de juicio. Y todo juicio, responde a un sistema de valores.

Por eso las palabras se vuelven fundamentales a la hora de organizar una mentalidad. Y eso es lo que la izquierda quiere cambiarnos; la mentalidad y los valores.

Su fijación con las palabras no es un tema lingüístico, sino una forma de pensamiento diferente, que se busca imponer con los cambios de las palabras.

Y la excusa que han elegido astutamente para lograr este cambio de mentalidad es el intentar “no herir a nadie”.

Pero lo más importante de este proceso es el mandato de “no juzgar” porque al juzgar responsabilizas y la responsabilidad es lo que esta ideología marxista intenta eliminar.

Cuando tú te responsabilizas de ti mismo desaparecen los culpables. ¿Pero qué quedaría del marxismo sin culpables? Ellos necesitan culpables, porque el marxismo es la ideología de las víctimas.

Hoy se nos impone este nuevo mandamiento que es el de “no emitir juicios de valor”, por eso el sistema judicial es el más amenazado en estos tiempos. Y esto sucede porque el sistema judicial responde a una legalidad creada por un sistema de valores, al que los marxistas detestan.

Pero juzgar es pensar. Y cuando se te exige “no juzgues”, lo que en realidad se te está pidiendo es “no pienses por ti mismo y no te dejes guiar por tus valores”, atente únicamente a observar y a repetir lo que nosotros te marcamos que es correcto decir y pensar.

Esto es a lo que hoy llamamos “políticamente correcto”: es decir y pensar sólo aquello que la política te permite pensar y decir.

La izquierda profesa en nombre de la libertad el que nadie pueda juzgar a nadie y aboga por una libertad, en la que cada uno tenga el derecho a ser cómo quiera ser y ser respetado.

Sin embargo, todo el aparente permisivismo que ostenta la izquierda en su discurso para todas las cuestiones sociales. está acotado en realidad, a crear una nueva ideología que pase a ser la única ideología admitida.

El permiso y la libertad de la que hace alarde la izquierda, consisten en realidad en ser como ellos te mandan ser y poseer esta nueva mentalidad diseñada y aplicada con la transformacion de las palabras que modifican las mentes.

Uno debe renovar su vocabulario para renovar también su pensamiento y cambiar aquellos juicios de valor antiguos por unos nuevos.

Para ser más concretos, el fin último de todo este palabrerío es terminar con los antiguos valores occidentales.

Las palabras comienzan a cambiarse porque las antiguas “hieren” a las personas. Y esta nueva comunidad de marxistas comienza a renovarlas apelando a la hipersensibilidad de los “nombrados” y a la buena voluntad y distracción de los parlantes.

Como la civilización occidental es mansa, pacífica, tolerante y cómoda, acuerda cambiar sus palabras sin mayor dificultad y si le dicen que es para evitar “herir” a alguien, lo hace aún con más gusto y sin demora.

Y si se le convence además, de que juzgar también está mal, deja de hacerlo sin resistencia, en beneficio de los sensibles.

Hoy la sensibilidad ha llegado a límites tan criminales, que llamar ladron al ladron, asesino al asesino, terrorista al terrorista y pedofilo al pedofilo está muy mal visto.

Estas pobres personas, antiguamente mal llamadas crimínales, se sienten ahora heridas al ser llamadas así, entonces vamos a cambiarles los nombres por otros más justos, más bondadosos y más cariñosos.

Porque en definitiva, tanto el pobre ladron, como el pobre asesino, como el pobre terrorista y el pobre pedofilo, son así, por culpa tuya.

JR