«Igualar para el Fracaso»

La izquierda y su cansina cantinela sobre la igualdad, produce únicamente igualdad en el fracaso.

Lamentablemente y aunque no nos guste admitirlo, no somos iguales y nunca lo seremos; hay talentos y capacidades distintas y variadas allí por dónde miremos y aunque intentes igualarlo todo, hay dones que ni con trampa y gancho consiguen emparejarse.

Estos días vivimos las pruebas de selectividad de los jóvenes europeos; a quienes a pesar de tanta cantinela equitativa, no se les trata para nada igual.

Los exámenes de Madrid no son iguales a los de Murcia o a los de Canarias y el motivo es que se intenta facilitar el ingreso a las universidades de los menos preparados.

Se les exige mucho a los jóvenes madrileños y muy poco a los de otras comunidades autónomas, para intentar igualar la deficiencia de muchas comunidades en el nivel académico,cuando en realidad, debería impulsarse una mejor preparación en dichas comunidades.

Toda esta nivelación de la desigualdad suena muy bondadosa y caritativa en teoría, pero la realidad ha demostrado ya en los Estados Unidos; que aquellos que ocupan plazas que les quedan demasiado grandes; no solamente dejan la carrera en los primeros años de universidad sin llegar a graduarse, sino que bajan el nivel de enseñanza de toda la institución, que ya no puede seguir los antiguos temarios porque la mitad del alumnado no está capacitado para seguir las clases, ni para mantener los niveles de lectura y de aprendizaje.

El problema del fracaso de la enseñanza pública es que niega la diferencia e intenta igualar siempre hacia abajo. Lo público deja entonces de buscar el esfuerzo y el trabajo, para igualar al resto con el peor de la clase. No vaya a ser que el peor alumno se ofenda, estudie o se frustre y se tire por la ventana al sentirse discriminado.

Por supuesto que estas políticas tan caritativas se pagan más tarde a nivel país; porque el futuro de un país es la preparación de su gente. Y especialmente la de su gente capacitada y apta.

Hoy escuchaba en la radio que se harían pruebas especiales para que la comunidad de jóvenes discapacitados mentales pudiese también ocupar plazas en la universidad pública. «Ellos también tienen derecho a ser universitarios» afirmaba el comentarista haciéndose el justo y el bondadoso.

El problema es en realidad que cada plaza que ocupa aquella persona de una minoría en inferioridad de condiciones es una plaza menos para el inteligente y el capacitado.

Habrá que acostumbrarse a este nuevo mundo en donde todos se merecen lo mismo, pero únicamente por ser menos que otro.

Antiguamente el que merecía más era porque se lo había ganado con esfuerzo, talento y trabajo, pero hoy hablar de meritocracia es una mala palabra.

En unos años los potenciales Elon Musk estarán lavando platos en una cocina mugrienta de nueva York porque no habrán encontrado plaza en la facultad de ingeniería, mientras a usted le construye puentes un acomodado de alguna minoría, pero sin ningún talento.

Miraremos las obras de los talentosos de antaño, como pasaba con los pueblos de la Edad Media que miraban Grecia, Roma y Egipto con asombrosa perplejidad. Destruían todo y nada podía repararse porque el conocimiento había muerto también con los egipcios, con los griegos y con los romanos.

El problema con el conocimiento es que cuando no crece, retrocede.

Estamos entrando en una nueva Edad Media, en donde el talento y el pensamiento estarán prohibidos, serán racistas, xenófobos, machistas y no lograrán jamás ocupar plaza en la universidad.

Hace poco una compañera me daba consejos para obtener la financiación de un emprendimiento. Me decia que yo no debia sacar a relucir mis talentos en la solicitud, sino que por el contrario, debía enfocarme en exponer mi pertenencia a las minorías.

A nadie le importa ni tu proyecto, ni que seas capaz o inteligente, sino que seas negro, indígena, discapacitado, trans, refugiado, inmigrante, mujer golpeada y ex convicto.

El futuro que nos espera es un abanico de equidades absurdas y perniciosas, muy igualitarias en teoría y muy injustas y poco prometedoras en la práctica.

Esta nueva equidad anula el progreso porque en su enfermo afán de incluir a todos en todos lados, termina nivelando para abajo y excluyendo a los talentosos en pos de la inclusión de aquellos que no están capacitados.

Muy pronto miraremos la torre Eiffel, el Empire State, Space X o el Óculo de Calatrava y creeremos firmente que han sido construidos por seres extraterrestres.

JR

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