“El Molde”

“No es el perfeccionamiento de la máquina lo que mejorará al ser humano, sino el mejoramiento del ser humano lo que perfeccionará a la máquina” JR

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Muchos se alarman ante las novedades tecnológicas que nos permitirán en el futuro elegir y diseñar a nuestros propios hijos.

Este es un sistema de “hijos a la carta” en donde podrás diseñar el exterior, la personalidad, las capacidades y las destrezas del individuo que concebirás a tu antojo. 

Particularmente me resulta asombrosa la capacidad que tenemos los seres humanos para percibir como novedad todo aquello que ya es viejo; repeticiones de lo mismo con otro nombre, otro diseño y un método de fabricación más sofisticado que generan sin embargo, un producto muy similar al conocido.

“El hijo de molde” es algo tan viejo, que llama la atención que hoy nos resulte una idea novedosa y que tantos se rasguen las vestiduras por la falta de libertad de este nuevo individuo artificial, cuando toda su vida se han empeñado en moldear a la carta a sus hijos de carne y hueso; anulando cualquier atisbo de autenticidad y sin ningún remordimiento. 

Uno moldea a los hijos en primer lugar con la suscripción a la creencia religiosa, algo que el niño (aún en estado de inconsciencia) adquiere sin ningún tipo de opinión u intervencion por su parte. Más tarde se continúa con la Educación escolar, que salvo raras excepciones suele ser bastante homogénea y fundamental para el desarrollo de sus capacidades intelectuales, a esto se le agrega la pertenencia a un determinado ámbito social, étnico o político y poco a poco se le va perfilando la preferencia hacia determinados grupos y el rechazo hacia otros.

Todo aquello que se aprende y se adquiere se convierte con el tiempo en hábito en el individuo y tiende a ser transmitido y perpetuado; en la mayoría de los casos, sin la intervención de una convicción racional y sin siquiera plantearnos si uno está haciendo o no lo correcto. Todo este proceso que se lleva a cabo en el hijo humano es igual al que requerirá la programación de un robot de sus mismas características. 

El instinto humano funciona también a modo de memoria y repetición y todo aquel que ha sido moldeado, tiende a moldear a su imagen. No lo hará porque esté orgulloso de haberse convertido en un individuo excepcional con derecho a ser clonado, sino porque no ha conocido otra cosa, y en el caso de haber conocido algo más adecuado, pocas veces se atreve a romper el molde que todas las generaciones anteriores han dejado preparado para él y para su descendencia; cosa que es aún más grave, porque esta inmovilidad ya no se debe a una ignorancia inocente, sino a una alarmante falta de valentía.

Lo que más escandaliza es el rigor con el que se juzga la novedad y la ceguera permisiva con la que se percibe el ancestral hábito familiar. 

¿Cómo puede alguien que ha diseñado hijos a la carta durante generaciones, escandalizarse ahora con los proyectos tecnológicos que facilitan la concepción de hijos a la carta? 

La única respuesta que encuentro a esta cuestión es que los conceptos de “libertad” suelen ser muy acomodaticios.

Algunos consideran que uno es libre porque puede elegir el color de sus zapatos y otros porque pueden acceder a una rinoplastia para deshacerse de la herencia del abuelo; pero la libertad para abandonar las creencias o las supersticiones de la tatarabuela a conciencia, no se le toleran con agrado ni al científico más reputado. Por eso es bien sabido que la libertad hay que procurársela solito y sin pedir tantos permisos. Y así es como trabaja el progreso.

Son muchas las acepciones que tiene la palabra libertad y los permisos a la carta que ésta otorga, sobre todo cuando es malentendida y dirigida estratégicamente  para avalar y moldear los intereses más convenientes.

Existe además, una preponderancia a la pseudo sensibilidad; esa tendencia tan moderna de tener la lágrima fácil para todo lo que no es importante.

A estos seres súper sensibles les da mucha pena todo ente concebido y destinado a ser esclavo, pero no se les mueve un pelo por esos pequeños individuos reales  moldeados a la tradición de sus progenitores, que van perdiendo a ciegas toda posibilidad de autenticidad y de libertad, que es lo que caracteriza a todo lo que tiene vida. 

Asi es como la sensibilidad; una palabra que antiguamente hacía referencia a un carácter noble y valiente que conducía desinteresadamente al otro hacia la libertad, aún a costa de cargarse una tradición o de un perjuicio personal; ahora trabaja para enaltecer la postura del hipócrita, que condena (sintiéndose muy ético) la esclavitud que creará la tecnología, mientras persiste en santificar la propia.

JR

“Somos como el niño que mientras con el pie aplasta al pichón, llora por la soledad del espantapájaros” JR

 

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