“Hacerse a Todo”

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Mucha gente cree estar hecha para cosas especiales y todo aquello que no vaya en esa dirección, lo rechazan con una frase que por cierto, suena bastante elitista.

“Yo no estoy hecho para eso” te dicen, cuando hablan de cosas que no les apetece hacer, como el matrimonio, la paternidad, la fidelidad, el trabajo, etc; y como si todos los demás hubiésemos nacido con un cartel tatuado en la frente, que dice “hecho para hacer cualquier cosa”.

Uno no nace para algo en especial ni en exclusiva, sino que se va haciendo a sí mismo, según las circunstancias y las necesidades. Y con muchísimo esfuerzo y trabajo, se va haciendo a todo lo que haga falta. 

Yo creía no estar hecho para ser padre y huía de los niños de mis amigos, como si tuvieran la peste cuando era soltero, hasta que nació mi primer hijo y tuve que hacer todo aquello, para lo que hasta hace poco, creía no haber estado hecho.

Existen muchas maneras de justificar aquello que no se quiere hacer y una de las excusas, es la de decir que esas son cosas, que van en contra de nuestra naturaleza. Como si hubiese algunas naturalezas inferiores o distintas, que si estuviesen preparadas, para hacer todo eso que yo no quiero hacer.

Sin embargo, nuestra naturaleza común consiste en la adaptación permanente a todo lo que haga falta.

Hay gente que no está hecha para trabajar y justifica así su vagancia, otros que no están hechos para ser monógamos y justifican así sus infidelidades, algunos que no están hechos para adaptarse a nada y justifican así sus fracasos, pero el mayor de los fracasos, es en realidad la incapacidad de adaptarse a las circunstancias que se nos presentan. 

Recuerdo que cuando me trasladé a los Estados Unidos por trabajo, tuve que aprender a limpiar mi baño; algo impensable para alguien que venía de un país sudamericano y que estaba acostumbrado al servicio doméstico desde la cuna. Porque aunque muchos no lo sepan, en el tercer mundo el individuo de clase media vive mucho más cómodo que el del primero, porque en el tercer mundo muchos desconocen al “do it yourself”, que es la fórmula que sigue al progreso.

El progreso consiste en que “todos” progresan, y cuando el servicio doméstico progresa, entonces eres tú quien tiene que limpiar el baño, la cocina y el culito de tus bebés.

Aún recuerdo las visitas de amigos tercermundistas que admiraban mi vida en los Estados Unidos, pero se excusaban diciendo que “no estaban hechos” para vivir en un mundo como ese, sin nanny y sin la empleada doméstica, o a sus mujeres, demasiado preocupadas por cómo conseguirían mantener en el extranjero las clases de tenis, o el color de sus reflejos, sin la peluquera de la esquina de su casa.

Comprendi así, que no todo el mundo estaba hecho para emigrar, ni para soportar las consecuencias que trae el progreso, y que por más que dijeran lo contrario, en realidad la mayoría no tenían ni idea, del trabajo extra que el verdadero progreso implicaba.

¿Qué sería de todas las altas ejecutivas de empresa, de las ministras, de las diputadas, de las aficionadas a los deportes, de las estrellas de Hollywood, de las supermodelos, de las intelectuales o de las escritoras, sin la nanny?

Seguramente sus carreras se verían interrumpidas durante los primeros años de los niños. Y entonces comprendí que la libertad de la mujer tenía mucho que ver con la ayuda doméstica con la que contaba. Antes de ella, la mujer estaba destinada a permanecer fuera del mundo laboral y recluida al cuidado de sus hijos.

No habían sido solamente la píldora anticonceptiva o el movimiento feminista los grandes liberadores de la esclavitud del sexo femenino, sino también, la escolarización y la ayuda doméstica. 

Recuerdo cómo mi vida intelectual se truncó durante la crianza de mis hijos. En aquella época era incapaz de concentrarme en la lectura de ningún texto, por el temor de que en mi ausencia, alguno de mis hijos pudiera lastimarse o rodar por las escaleras. Mi intelecto durante esos años, sólo podía  permanecer concentrado en papillas, pañales y libros de cuentos para niños. Y os aseguro que yo “no estaba hecho para eso”.

Es curioso cómo avanza el progreso y cómo nos obliga permanentemente a todos a adaptarnos a las nuevas realidades que introduce.

Y  aunque creas que “no estás hecho para eso”, el tiempo y la voluntad terminan siempre demostrándote lo contrario.

JR

 

“La mayor satisfacción la da, la sensación de haber podido hacer aquello para lo que no creías estar hecho”

 

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