“La Satisfacción del agujero”

Los filósofos contemporáneos hablan sobre la transformación que ha sufrido el “homo politicus” hasta convertirse en “homo psicológicus”.

Esta nueva dimensión traslada el interés por lo colectivo hacia un interés meramente individual.

Cada uno mira por lo suyo, por su bienestar y por su presente. Ya no existe una visión de futuro, en donde quepa el esfuerzo o el sacrificio del presente, en pos del mejoramiento de lo colectivo, sino todo lo contrario.

Se reduce a su máxima expresión el afuera para poder amplificar así, desmesuradamente el adentro.

Lamentablemente, muchos de los que en estos tiempos individualistas profesan causas colectivas, suelen usarlas únicamente como estrategia de negocio, campaña política o como parte de una inclusión social o adherencia a la moda actual, parándose siempre estratégicamente del lado de lo políticamente correcto.

Defender la ecología, abogar por los derechos humanos, condenar el racismo a cada segundo o defender la libertad sexual, son causas políticamente correctas, pero que conviven con la total indiferencia hacia todo lo demás.

La hipersensibilidad contemporánea convive con la indiferencia más radical, como si fuesen la misma cara de una moneda y el hipersensible es igual o más fanático que el indiferente. Y suelen ser las dos caras de una misma persona. Hipersensible para algunas cosas e hiper indiferente para otras.

Las causas han dejado de ser una finalidad, para convertirse en un escalón hacia otro objetivo, que suele ser: la popularidad, el dinero, el like y la aceptación de determinados ámbitos o círculos sociales, políticos o económicos.

La causa ha pasado de ser finalidad, para convertirse en un medio.

En conclusión, pocos son los que realmente creen en una causa y menos aún, los que viven de acuerdo a ella.

El individualismo contemporáneo hace que el individuo pase del interés hacia el afuera del homo politicus, a una mirada exclusiva hacia su ombligo, que le impide cualquier interés real por otra cosa, que no sea él mismo.

La dieta, la salud, el cuerpo, su bienestar y su mejoramiento personal constante, son la agenda del sujeto contemporáneo, que con una mano levanta la pancarta de protesta y con la otra, se hace un selfie para compartir su momento “rebelde” en Instagram.

El sujeto se va encerrando dentro de una burbuja en donde la indiferencia hacia todo lo que esté fuera de si mismo crece, abriéndole a su vez, un nuevo universo de hipersensibilidad fingida y promovida por esa misma hiper atención a sí mismo.

Las necesidades fisiológicas individualistas incluyen el control de la glucosa, la tensión, la obsesión por la salud, el peso, la clase de gimnasia, la cita para la revisión médica semanal, el yoga, la compra macrobiótica o el suplemento proteico diario, y la publicación instantánea de cualquier tipo de satisfacción personal en las redes sociales.

Sin todo esto, la vida nos resulta incompleta y uno se siente en deuda con uno mismo; siente que no se está cuidando como se merece o compartiendo lo suficiente.

Las películas de Woody Allen reflejan muy bien el paso hacia este homo psicologicus, que no para de mirarse, medicarse y analizarse y sin embargo, cada vez es más infeliz y tiene más problemas.

El universo interno es insondable y por supuesto muy rentable para todo aquel que se dedique a comercializarlo.

Lo curioso del narcisismo actual es que el Narciso de hoy, vive su vanidad sin ninguna culpa ni conciencia; uno ya no es un desmesurado o un vanidoso, sino solamente un hombre moderno, adaptado a las nuevas normas que nos impone este tiempo basado en el cuidado personal, por sobre todas las demás cosas.

En algunos casos el Narciso suele considerarse una víctima de la imposición social y jamás se considera responsable de nada.

Personalmente, veo a esta época como la oportunidad ideal para vivir con un único objetivo en la vida que no es otro que “la satisfacción de todos los agujeros”.

Pasando además, totalmente desapercibido y como una persona normal, embajadora de su tiempo.

El exceso de cualquier tipo se ha normalizado y a tal punto lo ha hecho, que se ha convertido en un derecho inalienable.

La obsesión por la felicidad de los agujeros incluye la obsesión por la alimentación, las terapias digestivas, las limpiezas de colon rutinarias, la motivación ocular permanente a través de la imagen, redes, fotos, películas, viajes; el auricular permanente, incrustado en una oreja cada vez más sorda, la inhalación terapéutica constante de fragancias motivadoras y de drogas y por supuesto, la tan promovida obsesión por el sexo de toda clase y sabor.

La única lucha revolucionaria que se promueve en esta época es la de mantener a cada agujero activo, entretenido y motivado; cueste lo que cueste, caiga quien caiga y sin importar la edad que tengas. “Disfrutar de todos los excesos y hasta la tumba” es el legado que dejamos .

Este ser psicologicus, que ha normalizado varios tipos de locura, vive su día a día con una sola pregunta, que se hace a sí mismo a cada momento: ¿Soy feliz? ¿Soy feliz? ¿Soy feliz?

Curiosamente, en una época en donde se prioriza al extremo la felicidad personal, los arquitectos ingenian edificaciones con barandillas y máxima seguridad para evitar que la juventud hipersensible se suicide cada semana, lanzándose desde sus edificios más emblemáticos.

El presente ha ocupado todo el espacio de un ser que ha cambiado todos los objetivos a largo plazo, por una sensación instantánea.

La hipersensibilidad hacia las causas más ridículas; conviven hoy, con la indiferencia patológica hacia todo su entorno.

El narciso hipersensible de hoy, se niega en rotundo a jugar al ajedrez por considerarlo un juego de clases, racista y sexista, pero a la vez, defiende a ultranza que los talibanes recuperen su tierra e impongan la sharia.

Y mientras se conoce a la perfección la cantidad de carbohidratos y demás componentes químicos que consume con cada bocado, es incapaz de ubicar a Afganistán en un mapa.

Por eso en esta época de narcisos hiper conectados e hipersensibilizados, lo mejor es ir con mucho cuidado; descreer de todo lo que profesan y publican en las redes y mirar muy bien cómo estos seres tan selectivamente sensibles e informados, se mueven con aquello que tienen más cerca.

JR

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