“Indiferencia Mortal”

De todas las expresiones que utilizan los jóvenes, hay una que me preocupa especialmente y es aquella que emplean cuando tienen la oportunidad de elegir una opción. “Da igual” me dicen siempre que les incito a elegir entre dos cosas.

No señor, las cosas no dan siempre igual, uno tiene que saber que elegir es importante; en primer lugar porque son muy pocas aquellas ocasiones en las que se nos permite elegir en la vida, y cuando esas escasas oportunidades aparecen, hay que aprovecharlas.

Sin embargo, las nuevas generaciones están demasiado acostumbradas a ser permanentemente consultadas.

Muchos padres toleran desde la infancia una tiranía en donde es el niño quien decide y marca el ritmo en casi todos los ámbitos. Y es que en esta sociedad sólo nos importa que el niño sea feliz. ¿Pero es realmente feliz?

Denoto en las nuevas generaciones una mezcla de indiferencia hacia el mundo que les rodea con sobredosis de opciones, con una obsesión por las causas intangibles, como son el clima, el medioambiente, las intolerancias universales y diversas temáticas sociales que les mantienen siempre en combate y demasiado ocupados en las redes sociales. Les veo demasiado preocupados por la opinión ajena, por los seguidores, los likes y los haters, el bullying y el acoso, mientras sobrexponen su existencia generalmente irrelevante y superficial ante una audiencia universal que los ama y los detesta en público y sin que realmente les importen nada a nadie.

Sospecho que quizás esa multitud de oportunidades disponibles sea lo que les convierte a su vez, en seres un poco abúlicos, faltos de pasión y poco dispuestos para la actividad y para el trabajo.

Deberíamos empezar con analizar este fenómeno contemporáneo occidental que es “la abolición patológica de la necesidad”, para comprender mejor la falta de energía creativa.

Como decía mi abuela “la necesidad es la madre de todas las cosas” por lo tanto, aquel que no necesita, no siente necesidad de moverse.

Aquel que sabe que puede sobrevivir sin tener que mover un dedo, no siente el hormigueo de aquel que es consciente de que si no se moviliza no come.

Esta cultivada y promocionada indiferencia criada a base de derechos y pagas estatales por el sólo hecho de existir, ha fomentado a un individuo exigente, pretensioso, deprimido y dependiente de todo tipo de sustancia o dispositivo que le posibilite la distracción.

“Todo me da igual” en el momento en el que yo dejo de sentir responsabilidad alguna. Yo quedo fuera del juego cuando lo observo desde fuera y no tengo ningún tipo de implicación en él.

Cuando en cambio, asumo que toda decisión que tome me acarreará una responsabilidad por la que debo responder, la cosa cambia.

Uno comienza a mirar con más detalle los contratos y elige sólo aquellos por lo que se encuentra dispuesto a dar la cara y a poner el cuerpo.

Sin embargo, esta indiferencia selectiva no se manifiesta en el ámbito material.

La juventud es exigente, no le da igual un iPhone que un móvil de cualquier otra marca y no se conforma nunca con menos, que con lo mejor.

Por lo cual, esta indiferencia que pudiera ser en apariencia una actitud hippie de austeridad, desinterés, de paz, amor y tolerancia, no es tal.

Un joven puede pasarse cuatro semanas analizando la elección de un móvil, pero a la hora de votar en unas elecciones generales es incapaz de leer las propuestas de los distintos candidatos. “Da igual” responden, con esa sutil indiferencia que los desresponsabiliza de cualquier libre elección.

A veces me pregunto si esta indiferencia selectiva es un signo de los tiempos, o es simplemente un cansancio hacia todo aquello que no sea lo meramente material o digital.

Hay que ver sin embargo, el esmero que ponen en las fotos de Instagram, tanto, que algunos llegan a caer de precipicios con tal de conseguir una imagen más influyente.

Comprendo sin embargo, que un señor de 80 años, ya mareado de ver girar tanto el planeta me diga “da igual”.

Pero que una juventud que aún no ha producido nada más que gasto, tenga esa respuesta, realmente me alarma.

¿De qué están tan cansados estos jóvenes?

Quizás era como decía mi abuela aquello de que “la pereza por ser amiga empieza y cuando es amiga es tirana, quita la tranquilidad, roba la calma y destroza sin piedad el alma.”

No hay nada mejor que cubrir todas las necesidades de un ser humano para transformarlo en una ameba, en un esclavo o en un ser infeliz y falto de energía.

Uno a veces cree que ama y destruye, malcría y arruina, protege y mutila, lo da todo, y sin embargo, lo quita todo.

JR

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