“Capital Humano”

En la economía en general, tanto como en la economía doméstica, el capital humano juega un papel importante a la hora de progresar económicamente.

Muchos intelectuales insisten sin embargo, en el monopolio de la educación académica como único componente del capital humano, aunque los hechos, no siempre avalen sus teorías. Teniendo vivos ejemplos de inventores y eruditos que nunca han pisado una universidad y en algunos casos ni siquiera terminaron la escuela, como es el caso de los hermanos Wright, que eran mecánicos de bicicletas, antes de inventar el avión.

Tener muchos títulos universitarios y masters no garantizan el progreso económico de una persona; pueden ayudar por supuesto, pero no son el único determinante.

Y dependiendo además, de qué tipo de educación se trate, ésta puede llegar a ser en ocasiones incluso perjudicial para el individuo, cuando le crea aversión al trabajo, al capital, a las empresas y al progreso económico en general.

Tales individuos no sólo están destinados a la mediocridad , sino que resultan peligrosos para el progreso económico de la sociedad en su conjunto.

El capital humano es el resultado de una suma de componentes que juntos y combinados, elevan el valor que ese individuo tiene en el mercado.

El capital humano no es otra cosa que las capacidades, las habilidades prácticas y las actitudes de un ser humano frente al trabajo.

No sólo es importante el nivel de formación en una disciplina, sino también la actitud hacia el trabajo en general, la capacidad para esforzarse, adaptarse y sacrificarse por un progreso económico.

Y no todos, aún teniendo exactamente los mismos títulos universitarios y posgrados, poseen las mismas capacidades en estos ámbitos, ni la misma fuerza, ni la misma necesidad o las mismas ganas.

Parte de nuestra cultura encierra el valor que le damos al trabajo; para algunas culturas el trabajo es lo primero, y en otras sin embargo, el trabajo es relativo y prescindible, y si no me hace sentir enteramente feliz y realizado, no me compensa.

No es casual que esta era, en la que se intenta imponer la felicidad ante todo lo demás, no haya ayudado a los jóvenes a integrarse satisfactoriamente al mundo laboral.

En mi época sin embargo, trabajar era lo primero y nadie te preguntaba a cada rato si eras o no, feliz.

Porque uno asociaba la felicidad al hecho de tener un trabajo, pagar las facturas y seguir progresando.

Hoy sin embargo, los jóvenes parecen no encontrar nunca el trabajo que les merezca. ¡Tantos títulos para tener tantos desempleados! es el leitmotiv de una sociedad cuya juventud que no encuentra un trabajo o rehusa integrarse al empleo, por no considerarle a su nivel.

El problema con el capital humano, es que no es en su totalidad académico. Un empresario busca mucho más que un buen currículum universitario. Se busca aptitud y actitud pero hoy es difícil, encontrar las dos cosas juntas.

Tanto en la economía comercial como en la economía doméstica el capital humano es importante.

Un ama de casa que no limpia, no cocina, no lava ni plancha, ni cuida niños va a generarle un gasto enorme a un marido que trabaja. Y todo ese capital humano que la mujer no posee, va a recaer en la economía familiar, que necesita pagar por todos esos servicios. Esto mismo sucede en los países sin producción local, ni industrias propias.

La economía no es solamente aquello que entra, sino también aquello que sale; la economía es el resultado y la gestión entre lo que entra y lo que sale.

El capital humano tiene mucho que ver también con la cultura de cada persona y la cultura es generalmente un factor hereditario o particular de las distintas comunidades.

Una mujer alemana, escandinava o estadounidense no sólo está acostumbrada a cocinar y a limpiar su casa, sino también a cortarle el pelo a sus hijos, a teñirse las canas en el baño de su casa y a hacerse la manicura ella sola. Al menos mi madre, era así.

En mi casa dos de mis hermanos eran ingenieros, pero la que arreglaba los enchufes, la cisterna, el riego o la aspiradora era mi madre, sin ningún título universitario, pero poseedora de un gran capital humano.

Ella sabía hacer de todo y sino, buscaba un manual y en un rato lo aprendía.

El capital humano tiene que ver con la educación, pero no exclusivamente con la educación académica; sino con la educación hacia el trabajo.

Uno de los procesos que ponen de manifiesto al capital humano es la capacidad de recuperación después de una crisis.

No es casual que la recuperación de los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial haya sido tan rápida, debido a su gran capital humano. Esto no sucede sin embargo, en países subdesarrollados o tercermundistas en donde el capital humano es escaso y las crisis son eternas. Y en donde el trabajo es visto como una explotación, en vez de ser considerado como la única vía para el progreso económico.

Una persona que aspire a un alto nivel laboral y económico, debería además de tener una habilidad o producto por lo que la gente esté dispuesta a pagar, saber hablar, saber comer, saber beber, saber interactuar con gente distinta, saber obedecer, saber mandar, saber innovar, saber ahorrar, saber cuándo gastar, saber invertir, saber arriesgarse y también saber cuándo no apostar por locuras o lujos innecesarios.

Saber sacrificarse y saber recompensar, saber de historia, de literatura, de política internacional o estar informado sobre los eventos y noticias del mundo, son cosas que también ayudan y conforman el capital humano.

El capital humano resulta esencial a la hora de crear capital y de lograr un progreso económico y su falta resulta catastrófica, sin haber título universitario que la compense.

JR

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