“Mensaje a la mujer que serás”

No te he dejado ningún legado. No he sido una mujer exitosa como pueden medir los números, pero he conseguido superar algunas cosas y conocer algunas de mis dolencias que también son las del mundo. A algunas las he curado a base de canciones y a otras las he transformando a fuerza de letras cotidianas.

Te he cantado lo mejor que he podido aquellas canciones que han significado algo en mi vida. Y te he escrito este mensaje, con algunas de las palabras que han cambiado mis visiones y mi perspectiva sobre el mundo que me rodea.

De mi padre he aprendido, la capacidad de estar atenta a los sentires de la música y de mi madre he aprendido, a ver todo aquello que se encuentra oculto detrás de cada cosa.        De mi misma he aprendido, a colocar a todo aquello, en un lugar distinto al que lo encontré, intentando que todo fuese, un poco más poético, un poco más accesible y un poco más cercano.

Unir todo aquello que recibas dividido, será tu tarea. Conectar todo aquello que parece diferente y alejado, comprender lo incomprensible, llegar a la cima de lo imposible.

No espero menos de ti y de todos los de tu generación.

La fe es algo que siempre me ha sobrado, a pesar de haber criticado incansablemente las malinterpretaciones religiosas que siempre me enfurecieron. Y aunque desconfíe de las imágenes, de los ritos y de los dogmas, confío en la humanidad que nos sucede, porque creo que esa es la única dirección en que se manifiesta la fe.

No dejes que las divisiones jamás te confundan. Hemos aprendido juntas aquel día, que los egipcios sólo usaron las mitades para compartir y comerciar equitativamente. Las mitades sólo sirven para conocer las cosas, pero luego de efectuar este proceso, deberás volver a unirlo todo. Porque es solamente con enteros, como se construye la vida y cómo se logra cualquier progreso.

Deberás empezar por tu propia unión. Y volverte un ser íntegro, en donde la división se vuelva casi imperceptible. No deberías poder detectar en qué lugar termina la mujer y en cuál comienza el hombre que hay dentro de ti.

Hombre y mujer no son opuestos, sino las dos mitades que nos conforman a todos. Y debes mostrarte siempre respetuosa hacia esa dualidad que nos conforma. Cada parte trae algo valioso para darte y dependerás de todas ellas para tener una vida provechosa.

No reniegues de ninguna de las fuerzas complementarias que te componen, porque para vivir necesitarás a ambas. Habrá momentos que requerirán que seas dura y fuerte como un hombre, y otros, que seas suave y flexible como una mujer. La vida exige esos cambios y la adaptación a las distintas circunstancias, lo requiere.

Ama a los hombres, jamás los combatas, has tenido la fortuna de conocer a hombres buenos y eso ayudará en este proceso. Las mujeres han luchado ya demasiado contra ellos pero los hombres ya nos han dado aquí, los lugares que queríamos ocupar. Sé agradecida y consciente de ello. Ocupa tu sitio con orgullo y con la responsabilidad que conlleva  disfrutar de algo, que otros han luchado para ti.                                                                        No pidas nunca nada más, que aquello que te corresponda. Y si ocupas el lugar de un hombre, sé fuerte como ellos. Si no eres capaz, regresa al lugar que tenías, sé siempre concecuente y muéstrate feliz de haberlo experimentado todo y de haber aprendido.

Te has criado alrededor de hombres, capaces de ser igual de maternales que una mujer y has aprendido de ellos, que toda división es inútil e inadecuada.

Pronto te llegará el momento de elegir el lugar que crees poder ocupar en este mundo, pero deberás luchar por él y crear una voluntad que sea capaz de alcanzarlo. Desear nunca es suficiente. Sólo el trabajo duro convierte en realidad a cualquier deseo. Y sólo el trabajo duro te permitirá permanecer en él.

Recuerda que no mereces nada. Ni las bendiciones que te han sido dadas, ni las desgracias que te sucederán. Todo eso corresponde a la vida, tú no eres responsable de nada de lo que suceda sin tu voluntad.

La vida se rige por una ley distinta a la de los hombres y a las de sus Dioses. No conoce de premios, ni de castigos. Ella se rige por las mismas leyes aleatorias que rigen al Universo.

No te vuelvas vanidosa, ni engrandezcas aquello que no te corresponde a ti. No uses jamás a tu belleza como a un anzuelo. Sé consciente de que si tu belleza ha coincidido con los parámetros de tu tiempo, seguramente en otra época hubieras sido fea. Siéntete idéntica a todos aquellos que te rodeen en todo momento. Y nunca exhibas nada que no te pertenezca como un trofeo. Esas no son tus victorias.

Muévete con tu belleza y con cualquier otro talento, como si vivieras en un mundo de ciegos.  Ignora a todos tus talentos por completo, porque esos no son tus propios triunfos, sino el reflejo de la creatividad y de la generosidad de la vida. No hay nada mas apreciado, que la belleza ignorada y nada mas igualador para poder percibir aquella que es la verdadera. La equidad en toda diferencia es quien rige al Universo, nunca la pierdas. Considérate siempre igual a todos, porque lo eres.

Jamás sientas que has merecido una desgracia o que has sido castigada. No dejes que ninguna religión contamine tu sabiduría y te contagie su culpa. La vida no se rige por la justicia de los hombres, sino por las leyes de superación y evolución del Universo. Recuerda que no mereces nada de lo que suceda sin tu voluntad.

Sólo merecerás aquello que hayas logrado con el sudor de tu frente, con tu trabajo. Y eso no dejes que nadie te lo quite, ni que se lo endosen a otra persona o a la suerte, ni siquiera a Dios. Eso es sólo tuyo, porque sólo te mereces aquello que te has ganado por ti misma.

Donde sea que trabajes, dentro o fuera de casa, eso no tiene ninguna importancia. Lo único que separa al afuera y al adentro, es una puerta. Pero te he enseñado que las puertas no significan gran cosa, si se mantienen sin candados.

Todos los lugares deben ser ocupados, pero en esa ocupación no deben quedar lugares descuidados, porque de ser así, se perderá todo el equilibrio.

Si trabajas fuera, házlo con tu corazón y si trabajas dentro, házlo con profundidad. Cualquier trabajo que tengas, házlo con ganas, sé meticulosa, exigente, autocrítica y feliz. Evita siempre la perfección porque es peligrosa para la felicidad y siempre la estropea de una forma irremediable.

Transforma cualquier trabajo en una obra, deja tu imprenta, grábale tu sello, porque cualquier trabajo es importante, si dejas en él algo de ti. Deja tu huella, por muy pequeña e invisible que creas que es, siempre hay alguien disponible para verla y a quien pueda guiarle.

Sé exigente con tu trabajo, pero a la hora de decidir sé rápida y práctica. Deberías poder decidir antes de que tu mente intervenga con sus problemas y frivolidades. Solo así sabrás que has decidido con tu corazón.

Y si no te sientes lo suficientemente valiente o consideras que no es el momento de elegir, no lo fuerces, porque cualquiera de los dos argumentos es válido para no hacerlo.

No pierdas tiempo en elecciones ligeras, una mesa o una silla, no deberían demandar mas tiempo del que exigen una mesa y una silla.  La vida posee una escala de valores diferente y las cosas siempre están en el ultimo escalón. No le quites tiempo a lo que verdaderamente importa. Que nada te distraiga más de lo que sea necesario.

Olvida todos los detalles poco importantes de tu vida. Selecciona, prioriza, evalúa y borra. Dedicate a crear espacios libres para que lo nuevo pueda entrar en ti.

Y recuerda:  no tienes que ser perfecta, tienes que ser sabia. Y esa cualidad no requiere de una gran memoria, sino de una memoria selectiva. Capaz de identificar a la sabiduría que se encuentra detrás de toda información. Encuéntrala.

No pierdas detalle de nada. Obsérvalo todo, porque por muy insignificantes que parezcan las cosas cotidianas, todo está siempre lleno de mensajes.

Escucha al miedo, no lo evites. No es tu enemigo. Funciona como una alarma y aparece en los momentos en que podrías estar en peligro. Si lo que peligra es tu cuerpo, préstale toda la atención posible y cuídalo porque es tu instrumento en esta vida. Pero si lo que peligra es tu ego, desházte lo mas rápido que puedas de ambos. Aprovecha el golpe y tumba al  miedo y al ego con tu mejor derecha.

Los maestros están por todas partes y se presentan de las formas mas extrañas. Yo los he encontrado en las escuelas, en los parques, en los patios, en los jardines, en los aviones. Hay incluso algunos tan peculiares, que hasta exigen que les cambies los pañales. Manténte siempre atenta a estos pequeños maestros, porque traen cosas intactas que muy pronto perderán.

Si eliges ser un artista, sé agradecida, porque para que surja un artista hace falta una estructura que lo mantenga. El arte no da de comer, pero engrandece al mundo. Sé consciente de que hay otros que trabajan, para hacer posible tu trabajo. Y siéntete en deuda con ellos. No hace falta que te cortes una oreja, con que realices un trabajo implicado y valiente, será suficiente.

Escribe por ellos, pinta por ellos, canta por ellos, actúa por ellos, dibuja por ellos, baila por ellos o llena de ritmos el aire, pero házlo con toda el alma.  De eso se trata ser agradecido y de eso se trata también, ser un artista.

Confío en ti y sé que sabrás enfrentarte a mí cuando sea necesario. Sabrás buscar tus propios espacios, sin mirar atrás. Es tu deber soltar todo aquello que hoy te parece imposible. Dejarás tu casa, mirarás al frente y lucharás por todos tus sueños.

Y aunque veas a en mí a una madre preocupada o temerosa, no olvides que cuando te escribí esta carta yo también era una rebelde, invisible y silenciosa; que enamorada de mi propio mundo, luchaba por un mundo así, para todos.

Elige tu vida. Aprende a ser libre y asume toda la responsabilidad que ésto implica. Cuando seas libre elige y pierde. Porque de eso se trata ser libre, de elegir siempre perdiendo otra cosa. Elige y no vuelvas nunca la mirada atrás.

Arriésgate, no hay nada para perder que no se pueda recuperar. Lo único que no vuelve, es el tiempo que no se ha vivido con un poco de valentía.

No te tomes la vida tan en serio, porque cuando descubras aquello que realmente era importante, te reirás a carcajadas.

Vé siempre hasta el fondo de todas las cosas y no temas, porque al otro lado, siempre hay algo mejor que te espera si te atreves a ser valiente.

Baja hondo, ten la cualidad de un minero en todo. Hasta en la superficialidad es necesario ir profundo, porque sólo así se llega al origen de todas las cosas. Y cuando llegues al fondo, obsérvalo bien y luego suéltalo todo. Déjalo ir.

Cuando llegue el momento de volar alto, mantén siempre el silencio que exige todo aquello que has aprendido.  Y ten cuidado con las palabras, intenta no herir aunque hieras.  Y debes estar advertida de que siempre habrá alguien dispuesto a malinterpretarte. No es por ti, sino que hay cosas que siempre funcionaron de esa manera. Y no cambiarán hasta que el cambio del hombre las preceda.

Manténte centrada, busca el equilibrio. Lo encontrarás luego de recorrer el camino del péndulo. Los extremos vividos con conciencia, siempre llevan al centro.

Permanece valiente, silenciosa, bella, creativa y transforma todo aquello que tengas a tu alcance. Transforma los espacios, los jardines, las personas, deja tu huella.  Esparce tu perfume en todas las pequeñas cosas que se crucen por tu vida.

No espero menos de ti, que casi todo. Y nada más que eso.

Mantén siempre la sencillez que recubre a toda grandeza.

Y no olvides que a pesar del tiempo que nos separa, lo invisible, seguirá siendo lo único importante.

 

JRueda.

 

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