“EL FRACASO DEL ÉXITO”

 

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Resulta impresionante ver las estadísticas de la depresión en el mundo. Este mal afecta  aproximadamente  a 350 millones de personas y es el responsable de un millón de muertes anuales según los datos dados por la OMS en el año 2012.

Curiosamente la depresión es una enfermedad que sólo afecta a países ricos; aquellos que han logrado un progreso y un superávit considerables, son aquellos que hoy están expuestos al mal de la tristeza.

Reflexionando sobre estas cifras, me pregunto qué habrá en el progreso que pueda provocar la aparición de este mal. Y cuesta mucho poder encontrar una respuesta, mas aún viviendo en un mundo en donde se nos enseña que el camino hacia el éxito y la felicidad  es el del progreso material, el del  prestigio y el de la fama.

Mientras son éstos los promocionados caminos hacia la felicidad, la realidad se empeña en mostrarnos cifras que denotan que hay algo en estos caminos que falla.

¿Qué es aquello que falla en el éxito y que provoca este vacío existencial, esta falta de sentido, esta tristeza y esta melancolía?

En la historia de la humanidad, nunca el hombre ha poseído tanto ni ha disfrutado de tantas comodidades, pero sin embargo es en estos tiempos de prosperidad en donde “la fiebre del alma” azota a los países mas ricos del globo.¿Qué falla en este triunfo? ¿De qué carece este progreso?

Quizás aquello que nos falte sea la esperanza, algo que al lograr todas las metas se pierde, pero que en la pobreza se posee. La esperanza es el gran tesoro que posee la pobreza. El hombre sueña con que una vez que tenga o logre determinadas cosas podrá ser feliz y ese sueño le mantiene a salvo.

Esto mismo sucede con la libertad, solemos pensar que cuando logremos liberarnos de determinadas cosas finalmente seremos felices; pero al llegar a esa ansiada liberación son otras prisiones las que nos aguardan, dejando al descubierto además de nuestra incapacidad para ser libres, también a nuestra incapacidad para ser felices.

La esperanza hacia aquello que aún está por llegar da forma a ese futuro en donde habita  la ilusión que nos mantiene vivos y que nos da un motivo para seguir luchando.

El éxito en cambio, encarna el fin de esa esperanza, ya que habiendo alcanzado la ansiada meta nos encontramos en un sitio en donde aparece un nuevo vacío, aquel que nos dice que la esperanza ha terminado. El éxito ha comprobado que aún habiendo llegado a la meta, uno sigue sin ser feliz. Y este descubrimiento que nos desalienta es a lo que  llamo “el fracaso del éxito”.

Llegar a  la cima es haberlo logrado todo, pero en esa cima es en donde surge la gran pregunta… ¿Y ahora qué?

¿Es acaso haber alcanzado la cima, el final de toda esperanza?

Esta reflexión no pretende ser una apología a la dejadez; ni llegar a la conclusión de que es mejor ser pobre, desganado, falto de motivación o carente de metas en la vida. Está claro que el  progreso y la satisfacción de las necesidades básicas del hombre, sumado a la construcción de una voluntad que lo lleve a cabo,  son sin duda los requisitos necesarios para generar  un verdadero bienestar en todos los aspectos.  Un estado que sólo nace desde el progreso y que empieza por erradicar la desesperación que produce la pobreza.

Mi inquietud reside en realidad  en cómo poder llegar a la cima y  permanecer allí sin sentirnos vacíos. Y quizás sea mi planteo de permanencia en donde radique mi error. Ya que el “permanecer” hace alusión a una inmovilidad, que poco tiene que ver con la existencia.

Pertenecemos a una existencia que sólo conoce de movimiento y de procesos y en donde cualquier intento de inmovilizar un estado no solo será antinatural, sino que además nos provocará sufrimiento.

¿No debería ser entonces el “permanecer” en la cima otro nuevo proceso?

¿Qué es aquello que perdemos en el camino hacia el éxito que nos produce tal desánimo al alcanzar las metas deseadas?

¿Será quizás esa mirada constante hacia el futuro la  que nos bloquea el poder disfrutar del presente y la que  haga que en esta obsesión por la cima, nos olvidemos de disfrutar del camino?

¿No debería ser acaso la capacidad de disfrutar de las cosas y de los momentos, una de las disciplinas fundamentales para triunfar?

¿De qué me sirve ir a buscar agua a un rio, si al llegar he perdido el cuenco en donde iba a cogerla? ¿De qué nos sirve tanto esfuerzo hacia el éxito, si en el camino hemos perdido la capacidad de disfrutarlo?

Definir  qué es para cada uno el éxito puede resultar mas reconfortante al final del camino. Soltar de una vez los parámetros de éxito y fortuna que nos venden y elegir los propios.

Ojalá podamos elegir una cima muy alta hacia donde ir, cultivando además la capacidad de ir llenándonos también por dentro. Para que además de llegar alto, lleguemos también siendo profundos.

El fracaso del éxito es el requisito imprescindible para comenzar una búsqueda distinta. Para algunos será un fracaso pero para  otros será sin duda un nuevo comienzo.

JR

“Dadme la pobreza que goza de la verdadera fortuna” (Henry D Thoreau)

 

3 comentarios en ““EL FRACASO DEL ÉXITO”

  1. Muy buen texto, me encanto.
    En lo personal entiendo que el éxito y la felicidad no deben ser un destino, una meta; sino el camino. En el camino esta la recompensa, en el camino y su disfrute está la felicidad.
    El destino de todos es siempre el mismo, la diferencia es como recorremos el camino, más allá de todos los bienes o comodidades que tengamos ,o de todo lo que nos falte.
    Abrazo.-

  2. Pingback: Noticias de Marketing n. 171: consecuencias del cierre de Google News, WhatsApp versión web vía @tristanelosegui

  3. Recién acabo de leer el artículo que me llenó de interrogantes.Sin pretender dar una clase sobre el éxito,simplemento te comento que para mi el éxito o mejor dicho el disfrute,el placer es recorrer el camino o los caminos de lo elegido con la entrega silenciosa,con el entusiasmo de crear con todo nuestro deseo la mejor obra.Es como si al elegir a una persona para compartir tu vida,el haberlo logrado te dejará insatisfecha,porque el “”éxito en todo caso es seguir construyendo un vínculo que nunca se acaba””
    Amar el camino,disfrutar con su recorrido,que no tiene porque ser uno solo si no tantos como la persona lo desee,para mi no tiene fin. Cariños

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