“La Enfermedad de la Abundancia”

“La depresión es un artículo de lujo para los pobres y talento desperdiciado para los sabios. Los pobres no pueden acceder a el y los sabios no deberían hacerlo.” JR

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De pequeños escuchábamos sin inmutarnos historias sobre princesas que se morían de tristeza. ¿Era ése el nombre que antiguamente se le daba a la depresión?

En esas historias sin embargo, nunca aparecía ningún pobre que se muriese de tristeza. Los pobres convivían con la tristeza y con el sufrimiento día a día y los sobrellevaban a fuerza de trabajo duro y necesidad; pero la tristeza nunca conseguía matarles como lo hacía con las princesas.  

Hoy en día las cifras de depresión resultan alarmantes en esta parte del planeta que goza de la abundancia, sin embargo, no hay índices altos de depresión en países pobres. Podríamos deducir que quizás la falta de atención médica y de diagnóstico son los que generan estos bajos índices, pero curiosamente el pobre que no goza de un subsidio no suele caer en depresión.

La depresión es una enfermedad de ricos según algunos, el mal de la gente que no necesita levantarse cada mañana para salir a ganarse el pan, dejando las penas a un lado. Y muchos alegan que el trabajo es el mejor remedio para mitigar las tristezas, las pérdidas y los fracasos, obligándonos a poner la energía en un lugar distinto, que aunque no nos sane, al menos nos distrae.

Los científicos explican que es la falta de una composición química aquello que hace propender a la tristeza, e intentan bloquearla a base de pastillas que ejercen el efecto de aquel compuesto químico que a los tristes les falta.

Particularmente no creo tener mucha de esa química en mi organismo, ya que padezco de una alta intolerancia al fracaso y soy totalmente susceptible a la tristeza, pero creo que a fuerza de voluntad uno se va entrenando y aprende a ejercitar la alegría de la misma forma en que se ejercita cualquier otro músculo y en la que se cubre cualquier carencia.

Otro componente de los cuadros de tristeza suele ser el dejar de encontrarle un sentido a la vida, algo que los pobres no conocen porque su horizonte está lleno de sueños y de esperanzas. El pobre imagina a la felicidad como a un lugar al que aún no ha llegado y eso le da todo el sentido a su lucha y también a su vida.

Pero el hombre que habita en la abundancia y que lo ha probado todo, curiosamente pierde ese sentido y va aferrándose a las cosas, a las causas y a las personas para volver a experimentar que la vida tiene un sentido que el no ha encontrado en la abundancia. 

La ciencia sin embargo, no cesa de experimentar que el único sentido del universo es existir, no hay un fin ni un plan establecido, sino que mas bien todo se asemeja a un juego de dados. Algo que entremezcla el azar con la destreza del jugador.

Si el fin del universo sólo es existir, el nuestro no debe ser muy distinto a eso. Quizás al fin de cuentas uno sólo deba aspirar a marcharse habiendo estado lo mas vivo posible antes de la partida. Y tanto la alegría como la tristeza forman parte de estar vivo, aunque nos duela.

JR

La verdadera alegría no se parece a una risa de dientes, sino a un fuego que nos mueve” JR

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