“El Nuevo Pecado: Aburrirse”

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Algunos sociólogos aseguran que el hombre tiene mas capacidad para ser feliz en épocas de guerra que en épocas de paz.  Suena extraño, pero la percepción de que el tiempo es limitado y posiblemente se termine muy pronto, ejercen en él una influencia muy poderosa, que le facilitan la capacidad de disfrutar mas intensamente de todas las cosas disponibles.

Seguramente no encuentre mas oportunidades de ser feliz que aquel que vive en épocas de paz, pero cuando la felicidad aparece es capaz de reconocerla mucho antes que aquel que la tiene disponible todo el tiempo. Como si el reconocimiento de las cosas sucediera a modo de contraste.

El ser humano presenta una característica que es exclusiva a su especie y es la capacidad que tiene para aburrirse. Ningún otro ser vivo se aburre, ni los animales ni las plantas lo hacen; sólo el hombre se aburre y tiene además conciencia de ello. 

En épocas de paz y de abundancia es en donde el aburrimiento aparece en todo su esplendor y junto con él la urgencia por abolirlo. Hoy en día el aburrimiento es considerado un pecado mortal e intentamos escapar de él como sea, porque en estos tiempos cualquier cosa está permitida, menos aburrirse.

La educación actual también intenta erradicar a conciencia este mal y nos impulsa a apuntar a los niños desde muy pequeños a miles de actividades extraescolares, muchas formativas y muchas otras de relleno, pero todo vale si sirve para evitar a toda costa dejar caer a los niños bajo la influencia de este mal.

El aburrimiento suele combatirse a fuerza de tecnología, de trabajo, de estudio, de una actividad social intensa o a base de una sobredosis de entretenimiento.  Y el menú de ocio actual nos presenta una variedad tan amplia, que a veces hasta nos intimida.  Una sensación parecida a cuando la señal de cable nos ofrece la posibilidad de elegir entre 400 canales y en un ataque de vértigo frente a tal cantidad de opciones, uno apaga la televisión y coge un libro. Pero si conoces bien tus preferencias y sabes adonde encontrarlas todo resulta ser mucho mas sencillo.

Antiguamente una persona aburrida era aquella a la que le faltaba chispa y alegría, pero hoy hay muchas personas que aunque estén sumamente entretenidas, les sigue faltando chispa y alegría. Porque cuando el generador de alegría está colocado fuera de uno, uno comienza a depender de él a modo de sustento.

Reconozco que hay aburrimientos que son insoportables y pican mas que la urticaria, pero considero que la voluntad para sobrellevarlos nos dota de una fortaleza que no nos aporta el entretenimiento.

Con el tiempo he aprendido a reconocer a aquellas personas con las que adoro aburrirme. Me encanta aburrirme con mi madre, con mis amigos artistas, escritores, filósofos y emprendedores;  y hay pocos aburrimientos en este mundo que me diviertan tanto.

JR

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