«Religión Fusión»

Cada religión propone una forma distinta de concebir el mundo y define además la forma en que le juzgaremos.

Algunas religiones se venden como tolerantes, otras como justas y a otras no les importa en abosoluto exhibir su intolerancia al mundo.

Hay de todo en este mundo tan global, pero aún sin religión existen ateos tolerantes y otros que no lo son en absoluto, porque librarse de un vicio no significa estar limpio, y la obsesión por no creer sigue siendo una obsesión aunque no tenga Dios.

Son pocas las personas que después de heredar una religión la estudia en profundidad; la mayoría sigue el patrón heredado sin preguntarse jamás el por qué de las creencias, de los dogmas o de los ritos que practica, y en cierta medida hace bien, porque las religiones son como la mayoría de los políticos, exigen fe pero no garantizan resultados ni explicaciones coherentes.

A los fieles de toda la vida se nos ha acostumbrado desde pequeños a escuchar las mentiras más inverosímiles sin pestañear y como si fuesen verdad,  porque el deseo de creer no necesita para nada a la verdad, sino que se conforma con palabras que reconforten.

La ignorancia sobre la propia religión es una constante, salvo en raras excepciones, que se dan en personas con dificultad  para la fe; esas que resultan un poco molestas y excesivamente curiosas y que siempre se hacen preguntas sobre todo.

No debemos desestimar en absoluto al desconocimiento, porque suele ser un efectivo potenciador de promocionada felicidad del siglo 21,  pero en ocasiones provoca confusión en aquel que observa desde fuera, como por ejemplo en algunas situaciones puntuales  como cuando un católico felicita a un judio por su año nuevo y viceversa.

El año nuevo judio es la negación explícita de que Jesus haya sido un Dios, como creen los cristianos. Y Mientras los cristianos celebrarán el 1 de Enero el año 2018 después de Cristo, los judios festejan hoy  el 5778 porque niegan que el Dios en el que tú crees sea realmente un Dios y haya partido al tiempo en dos.

La Navidad de los cristianos que celebra el mundo occidental rememora sin embargo el nacimiento del Dios al que ni los ateos, ni los judios, ni los budistas, ni los taoístas reconocen, pero habituados  al desconocimiento de aquello que veneramos y de aquello que venera el vecino,  vamos celebrándolo todo con una tolerancia admirable hacia lo distinto, sin sospechar siquiera que en ocasiones celebrar lo distinto es renegar de lo propio.

Y no lo hacemos por buenos, sino únicamente por ignorantes de la creencia propia y de la creencia ajena y muchas otras veces también, por querer ser educados.

Gracias a la corrección política uno puede hoy en día felicitar sin rencor a aquel que niega abiertamente todas tus creencias y no conformes con eso  hemos aprendido además a amoldar nuestras religiones a nuestra conveniencia y preferencia, igual que hicimos con el sushi.

Esta tendencia al acomodamiento y a la inclusión en gastronomía se denomina: fusión.

Mientras el sushi original pone la atención en el pescado, el sushi fusión es una mezcla de ingredientes exóticos y de técnicas diversas, que se combinan con el pescado y crean algo nuevo: el sushi fusión.

(que por cierto es también para algunos, mucho más rico)

Lo mismo sucedio siempre con la religión. Los ingredientes originales se van mezclando con distintos elementos exóticos a conveniencia del consumidor, hasta formar un nuevo elemento que es la religión fusión.

Una especie de religión con los ingredientes que tu elijes del menú, igual que hacemos cuando armamos nuestro propio sándwich en la cadena «Subway», de donde cada uno sale con un sándwich distinto al del compañero y elaborado a su gusto.

Mientras el catolico le felicita el año al judio que niega la existencia de su Dios, el judio celebra la Navidad y pone los regalos debajo del árbol y el musulman va a Disneylandia y se coloca las orejas de Mickey Mouse arriba del burka sin ningun remordimiento. 

Lo cierto es que esta fusión ha hecho de nuestro mundo un lugar mucho más rico y diverso, aunque para los que conocen los fundamentos de cada religión toda esta mezcla llena de contradicciones se vuelve bastante confusa.

Y es frente a tanta apertura cuando uno duda de si en realidad los tolerantes son los creyentes,  o si la verdadera tolerancia radica en los teólogos que les observan.

JR

» El ignorante es capaz de la máxima tolerancia por desconocer, y de la máxima intolerancia por estudiar. Porque el vicio muta, pero la ignorancia se mantiene  constante» JR

 

«Adiós a Colón»

Los demócratas nos sorprenden cada semana con algo nuevo. La semana pasada derribaban estatuas de algunos protagonistas de la guerra de Secesión americana y esta semana se enzarzaron contra Cristóbal Colón.

Las izquierdas del mundo parecen estar  empeñadas en borrar la historia de la humanidad, en vez de aprender de ella y enseñarla ubicándola en su contexto de espacio y tiempo.

La historia que se quita de su contexto histórico resulta extraña, pero en su tiempo respondía a las costumbres y a la mentalidad de cada época y de cada civilización.

Desgraciadamente, hoy la ignorancia y los derechos humanos van de la mano y se retroalimentan. La ignorancia quiere destruirlo todo y los derechos humanos no quieren herir a nadie.

Por lo cual nadie se atreve a poner límites a este desborde de libertad malentendida que azota nuestro tiempo, y aquel que se atreve a hacerlo es tildado de fascista o de malo.

Así es como vamos transitando una reedición histórica buenista que nos va llevando poco a poco hacia la autodestrucción de los sistemas democráticos que tanto nos costó conseguir, y quien sale a defenderlos es agredido o amenazado con violencia  por estas nuevas y malentendidas libertades de izquierda.

La violencia que impone este colectivo que se hace llamar con descaro  «pacifista» y que está empecinado en la destrucción de nuestra historia, no sólo no conseguirá borrarla de esa manera, sino que provocará algo que es mucho más grave aún  y es que evitará el aprendizaje al que nos obliga la historia bloqueando así su consecuente progreso.

Los políticos que para justificar su malhacer se empeñan en mirar atrás y buscar culpables siempre fuera, demuestran no sólo su ineptitud como gobernantes, sino que dejan entrever que no tienen ni idea de cómo avanzar.

Mirar atrás nos convierte a nosotros en estatuas si no nos permite evolucionar.  Pero destruir los hechos históricos de nuestro pasado no es la manera de ir hacia adelante.

Por mas que hoy nos escandalicen muchos de los episodios de nuestra historia, cambiarla no está en nuestras manos, ni es destruyendo estatuas como lo haremos, sino actuando acordes a los tiempos de consenso, pluralidad, diálogo y Democracia en los que vivimos.

JR

 

«El Buen Inmigrante»

El buen inmigrante llega con la cabeza baja y con los sueños bien altos. Con la memoria intacta sobre aquello que le llevó a huir de su tierra, para no repetir jamás, los errores de su lugar de procedencia. 

El buen inmigrante llega sabiendo que en esta nueva tierra nadie le está esperando y que hacerse un lugar dependerá solamente de su voluntad, de su esfuerzo y de su trabajo. 

El buen inmigrante se mantiene humilde y en actitud de aprendizaje constante y de admiración hacia la nueva tierra que le acoge. Ella tiene algo que la suya no supo darle, por eso ha viajado y lo ha dejado todo, para estar allí. 

El buen inmigrante se mantiene siempre agradecido, se amolda a las nuevas costumbres y desea integrarse en la nueva cultura que le recibe con generosidad. 

El buen inmigrante aprende y enseña, colabora y devuelve con afecto y con trabajo las oportunidades recibidas. 

El buen inmigrante cría a sus hijos en la cultura de la tierra que le acoge, desea que se integren y que progresen. Les transmite el amor hacia el anfitrión que le ha ofrecido a la familia, una nueva oportunidad de vida. 

El buen inmigrante escasea,  pero cuando lo encuentras, compruebas que abrir los brazos vale la pena.

JR

«La Tolerancia Unilateral»

El sueño buenista en el que se encuentra actualmente sumergida Europa y del que desde hace un rato despertó Estados Unidos, basa sus principios en la tolerancia.

Pero este tipo de tolerancia tiene una particularidad que la destinará al fracaso y es que intenta sustentarse en un desequilibrio. Es decir, es una tolerancia unilateral, que se impone de un sólo lado de la balanza.

Existen los unos, que son los que toleran y los otros, que solamente exigen ser tolerados, pero sin hacer por su parte  ningún esfuerzo en trabajar su propia tolerancia.

La tolerancia como recurso deja muy claro, que uno sólo tolera aquello que no soporta.

Ante la imposibilidad de amar aquello que no concuerda con nuestros valores, optamos por tolerar, como opción para evitar el enfrentamiento.

Que nos toleremos no es entonces un signo de virtud en el individuo, sino un recurso alternativo que nos impone el esfuerzo voluntario que debemos hacer para no estrangular a quienes son y piensan diferente.

Los actuales «tolerantes buenistas» sin embargo,  se sienten extrañamente virtuosos por decir que son tolerantes y ni siquiera sospechan que todo aquello que no nace de forma natural es en realidad una conducta establecida, aprendida y mecanizada mediante años de esfuerzo consciente y repetitivo.

La tolerancia es una herramienta civilizada; enseñada y necesaria para lograr una convivencia pacífica con lo distinto. 

Pero es extraño observar al colectivo «tolerante buenista de izquierdas» enarbolar las pancartas de la tolerancia cuando curiosamente son ellos los más intolerantes de todos.

Si no concuerdas con sus premisas, los autodenominados «tolerantes»  son capaces de degollarte, de quemar y de romper todo si no piensas como ellos.

El problema surge cuando la tolerancia no se comprende cómo una invención artificial para domar el instinto asesino de todo ser humano y por el contrario, se percibe como una conducta que nace de forma natural y espontánea.

El individuo educado bajo el sistema de tolerancia occidental cree que el mundo entero ha sido también educado en el respeto a lo distinto. Y lamentablemente eso no es así. 

Esta ingenuidad buenista sumada a la ignorancia de no haber conocido más mundo que aquel que la prensa decide que debes ver por televisión, hace del buenismo un arma de autodestrucción a gran escala.

«El mundo eres tú» dicen algunos,  pero cuando no tienes ni remota idea de quién eres tú, ni de dónde surge tu tolerancia aprendida, entonces el mundo pasa a ser la proyección de una construcción artificial que tú crees que es universal.

Existe un mundo extraño que te rodea y que no es tolerante como el tuyo porque la tolerancia es una construcción basada en el principio cristiano en el que se fundó Occidente. ( perdonar 70 veces siete y poner la otra mejilla).

Lo que si es natural y común en todos es la intolerancia como acto reflejo y como consecuencia de toda cercanía.

Mientras una parte del mundo se ocupa de domar la intolerancia de los individuos desde pequeños, la otra parte del mundo cultiva la intolerancia desde la cuna.

Los autodenominados «tolerantes de izquierda europeos»  no sólo no son conscientes de su natural intolerancia, sino que además exhalan un aire que huele a superioridad con respecto a su entorno. Ellos no se consideran solamente diferentes al otro, sino superiores a todo aquel que es distinto. 

Y este es el punto que diferencia a los tolerantes esforzados como yo,  de los tolerantes que consideran a lo diferente no sólo distinto, sino inferior.

La tolerancia como aceptación igualitaria de lo distinto, es por lo tanto unilateral en cuanto sólo la practicamos a conciencia aquellos que sabemos que uno no tolera naturalmente, sino como mecanismo para civilizar nuestros instintos y lograr así una convivencia pacífica.

La sinceridad con nosotros mismos resulta esencial para ser un verdadero tolerante. Y considerar a la tolerancia como a una virtud es un error, en tanto la virtud es virtud si nace de la verdad y nunca como el resultado del cumplimiento de una norma externa.

Mientras unos toleramos conscientes de nuestras intolerancias, los otros se envalentonan en la resistencia a tolerar, alegando una superioridad moral y de valores muy parecida a la discrimacion a la que dicen repudiar a cada instante y con cualquier excusa.

Y mientras enarbolan unos carteles presumiendo de tolerancia, sus discursos esconden un mensaje distinto: «O eres igual a mí o eres un fascista»

No. No sólo no soy un fascista de derechas, sino que tampoco deseo ser un fascista de izquierdas como los buenistas.

Intento tolerarte y me esfuerzo por hacerlo, aunque me agrades en pocas cosas y me desagrades especialmente en tu falta de esfuerzo por adaptarte y por tolerar a quienes son distintos a ti.

Pero desgraciadamente, la tolerancia en el buenismo actual es siempre unilateral.

En este buenismo pareciera que hay que incluir a aquel que no desea incluirse y tolerar a todo aquel que no está dispuesto a tolerar a nadie, ni desea integrarse al mundo de libertades que le acoge y le recibe.

Asi de buenos, de peligrosos y de injustos son estos tiempos buenistas y modernos.

JR

«Peores son los Buenos»

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De pequeño mi padre me llamaba el abogado de los pobres y de los inocentes, porque era capaz de denunciar la injusticia cometida contra el débil y el pequeño. Odiaba con todo mi ser a aquellos villanos que se sabían malos y que mostraban su malevolencia sin tapujos, hasta hacer que el cuerpo te temblara de rabia.

Hoy sin embargo, me asustan mucho más los buenos, esos que van por la vida pensando bien de aquellos que estafan a otros y que abogan por una pasividad budista, siempre que sea otro quien aguante la tortura.

John Lennon por ejemplo ahora me repugna, con su imaginación estúpida de niño de parvulario, cantada con resaca a las 12 del mediodía desde la cama del cuarto de un hotel, junto a una japonesa que le convenció que acostarse con ella sería suficiente para proclamar la unión de dos mundos distintos.

Odio las velas y los lazos negros digitales, tan sencillos y que cuestan tan poco y sólo basta con apretar un botón para que uno se sienta misericordioso.

Es tan fácil ser bueno y además está de moda. Todos admiran tu entereza y tu capacidad para permanecer neutral ante un dolor insoportable, que es siempre el ajeno. Y se creen tu bondad porque ellos tampoco desconfían de la suya y todos están fingiendo ser lo mismo que tu crees que eres.  

Ser bueno es tan bonito y resulta tan rentable, pero se ha vuelto tan masivo, que asusta tanta coincidencia entre gente que nunca se había puesto de acuerdo en nada.

Y sin embargo, en días como éstos todos entonan sorprendentemente al unísono el «Let it be».

Let it be, Let it be, mientras le toque morir a otro.

Let it be porque es gratificante dejar pasar, perdonar al asesino ajeno y de paso sentirse un santo.

Let it be porque no soy yo, ni es ninguno de los mios,

Let it be y me cago en John Lennon porque nunca me imaginé que los peores fueran los buenos.

JR

«Los Escondites de la Libertad»

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Hace unos días visité la maravillosa ciudad de Copenhague con sus canales, su historia, su diseño, sus parques, sus museos, sus bicicletas y su progreso.

Me recomendaron también visitar «Christiania»; una zona que se encuentra dentro de la ciudad y en donde según me comentaron la gente vivía de forma diferente y libre.

Me interesó muchísimo la sugerencia y me dirigí con entusiasmo a presenciar ese fenómeno idílico, pero para mi sorpresa me encontré con un espacio sucio, parado en el tiempo y lleno de gente de mirada extraña y drogadicta. Quise tomar algunas fotos de los coloridos grafitis que me gustaron mucho y que estaban por todas partes, pero dos hombres vestidos de negro que parecían ser traficantes de droga me lo impidieron. » No foto» dijeron y me hicieron guardar el móvil en el bolsillo.

¿Y la libertad? Me pregunté. ¿Adonde quedó la libertad que me prometieron? ¿Es aquí en donde se vive en libertad?

Mis hijos que estaban conmigo ese día y que suelen andar siempre lo suficientemente lejos de mi, como para poder ver las cosas desde su propia persepectiva, se me pegaron a los dos costados con mucho miedo – «Vámonos de aquí»- me dijeron, «volvamos a la esclavitud enseguida.» 

Dimos la vuelta rápidamente y nos dirigimos hacia la salida. En el reverso del cartel que nos había anunciado  la entrada a «Christiania» figuraba la salvadora frase de despedida » You are now entering the EU»

Y así, caminando rápido y todos de la mano, sin control de pasaportes ni de visados, volvimos desesperados a la esclavitud de la preciosa Dinamarca; con sus bicicletas, su diseño, su amabilidad y su progreso.

JR

» Lo curioso de la libertad es que siempre se esconde en donde menos te la esperas» JR

 

 

«La Carencia en el Cuerpo»

Algunas de nuestras problemáticas  actuales son la corrupción y la pobreza que ésta desencadena; y en temas de salud son la obesidad y la anorexia. Pero todas ellas se deben a un vicio común y exclusivamente humano que es la avaricia.

No existen animales libres obesos, anorexicos o corruptos ya que todos toman únicamente aquello que necesitan.

El hombre sin embargo es la excepción a la mesura natural y para luchar contra su tendencia a la avaricia ha tenido que erigir principios y valores morales y religiosos que le contienen de su inevitable tendencia al exceso y a su eventual autodestrucción.

Ningún otro ser vivo necesita leyes, mandamientos o advertencias en temas de salud para mantenerse en equilibrio, pero para el hombre estas normativas resultan fundamentales para su supervivencia como especie.

Si se lo deja suelto es capaz de destruirlo todo e incluso a si mismo. Y a pesar de diferenciarse de todos los demás elementos de la creación por su inteligencia, en ocasiones parece ser el verdadero animal salvaje que habita esta tierra.

La insaciabilidad del hombre no sólo se manifiesta en cuestiones alimenticias, sino en muchos otros aspectos y en múltiples adicciones que surgen año tras año con cada nuevo elemento disponible.

La avaricia esconde el temor de no tener disponible el día de mañana aquello que se acopia. Y refleja a  hombres sin fe, porque en ellos se expone la falta de confianza en la providencia. 

Esta falta de fe es contraria a la confianza que posee la naturaleza, esa que nos intentaba explicar aquel místico oso Balu en el «Libro de la Selva» cuando nos cantaba aquel inolvidable …»busca lo más vital nomas, lo que has de necesitar nomas y olvídate de la preocupación…»

Muchos psicólogos relacionan al alimento del cuerpo con el alimento del alma y consideran a la relación con la comida en sus dos extremos; (tanto a la escasez auto impuesta de la anorexia como a la sobrealimentación de la obesidad); como a dos maneras de sustituir al amor que nos falta. ¿Quién no ha visto esas películas americanas en donde el desamor se curaba comiendo helado, o no ha leído que en realidad la anorexia esconde un hambre voraz por ser aceptado y amado? ¿ Y no es acaso ese el mismo deseo de aquel que anhela el éxito y la riqueza?

Ante cualquier tendencia al exceso es recomendable enfocarnos en la carencia que ésta esconde, porque generalmente es allí en donde se agazapa el verdadero motivo y se esconde la única solución para todas nuestras adicciones.

Mientras ignoremos cuál es nuestra verdadera carencia expondremos inevitablemente nuestra falta en el cuerpo desnutrido, o en el cuerpo sobrealimentado a base del alimento equivocado.

 

JR

» El amor es el sustantivo abstracto de los poetas, el verbo de los devotos y de los farsantes y la acción silenciosa de aquellos que lo reconocen como al único alimento insustituible» JR

 

 

 

«El Derecho a Pedir»

«Se degenera al individuo con la caridad porque fija en el que recibe la idea errónea de que es incapaz de autoabastecerse» JR

 

El Hinduismo dividía a su población en un sistema de castas inamovibles.  La casta en la cual nacías era en la misma en la que ibas a morir, sin tener ninguna posibilidad de progreso. La casta más baja era la casta de los sudras o los intocables y ante la desesperacion de la vida miserable que les esperaba, muchas madres sudras mutilaban a sus propios hijos para que por lo menos pudiesen sobrevivir viviendo de la mendicidad.

Por eso es que en la India había tanta gente mutilada, sin que ese país hubiera sufrido ninguna guerra.

Pedir significaba una salvación para aquellos que no disponían de ninguna otra posibilidad, pero para aquellos que lo consideran un derecho se ha vuelto una costumbre peligrosa.

Muchos otros sin embargo, consideran al pedir como a un último recurso y odian pedir favores, como si éstos expusieran nuestra inutilidad para resolvernos solos. E intentan siempre bastarse por si mismos, aunque tengan que renunciar a muchas otras cosas.  Esta postura puede resultar extrema u orgullosa para algunos, pero pedir solía sentirse en el cuerpo como un acto humillante.

Hoy el pedir es un arte para muchos, que acostumbrados a vivir de los subsidios  no dejan de practicarlo y que coincidiendo con los preceptos del Islam han establecido a la caridad como a un derecho. 

Mi madre siempre decía que cuando a un pueblo se le acostumbra a vivir sin trabajar ya no hay manera de que vuelva a hacerlo jamás. Y tenía razón, porque no hay enfermedad más incurable que la pereza.

También hay que tener en cuenta que no existe una condición más manipulable que la pobreza. La pobreza creerá en cualquier cosa que le venga de la mano de quien le da de comer. Por lo cual la caridad siempre ha sido un medio muy efectivo para propagar ideologías y establecer dominios. 

Desgraciadamente el sistema de subsidios en Europa está colapsado y aún viviendo en Democracia y sin estar bajo un sistema de castas, contamos con una enorme población de mendigos, gente acostumbrada a vivir  gratis, contando con un sustento económico que se consigue  sin el sudor de su frente.

Hace unos años participé en un comedor municipal y dedicaba dos mañanas semanales a pelar y a cortar patatas, a revolver cacerolas y a servir bandejas, hasta que un día algunos comensales protestaron violentamente porque habíamos repetido el menú de la semana anterior y montaron un escándalo impresionante. Ese día colgué mi delantal y recuperé mis dos mañanas porque comprendí que tanta caridad no le hace bien a nadie. 

JR

» Enséñale a un hombre a vivir sin trabajar y crearás a un monstruo» JR

 

 

«Cuando la Educación es un Arma»

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Analizando los distintos modelos educativos he observado que la diferencia entre ellos no está focalizada en comprender los fallos de cada sistema, sino en disfrazar o suplantar aquellas herramientas que se desdeñan de otros  sistemas inventando formas novedosas para sustituirlas; como por ejemplo evaluar sin puntuar para evitar marcar diferencias entre los distintos alumnos de un grupo.

El individuo educado en estos sistemas es instruído desde pequeño en una igualdad que más tarde al salir al mundo experimentará como ilusoria, y desgraciadamente comprobará que ha sido instruido en una falacia.

Los distintos sistemas educativos se esfuerzan por defender los valores diferenciadores de sus modalidades, mientras siguen compitiendo entre ellos en una lucha encarnizada y olvidándose de transformar el concepto erróneo común en la educación.

El error está en educar para competir en vez de educar para enriquecer y descubrir la propia individualidad.

La educación está focalizada en destruir al oponente a nivel intelectual o en habilidades, en vez de estar centrada en potenciar la riqueza individual de cada persona y la cooperación con su entorno.

 Y aunque en una escuela la falta de puntuación disfrace una ficticia y temporal igualdad, la competencia sigue existiendo con el colegio vecino.

Mientras sostenemos que cada individuo es único le exigimos igualdad y esto produce un cortocircuito como el de creer que la igualdad es una cima alcanzable y compatible con la individualidad.

No es una igualdad, sino una cooperación entre desigualdades lo que se necesita. 

En un mundo de unicidades la única igualdad posible y por la que deberíamos luchar como un ente único es la igualdad de oportunidades, porque después de eso, todo son y serán diferencias siempre, aunque nos resistamos y protestemos en las calles.

Porque en un universo de individualidades la igualdad nunca es posible.

Frente a una misma oportunidad las respuestas serán variadas y así debería ser si realmente hemos conseguido educar a individuos y no simplemente desarrollar una línea de productos automatizados que razone y responda de manera uniforme frente a los mismos estímulos. 

Que las respuestas sean variadas es el síntoma de la libertad que rige al universo, y por ende, también al hombre. Y aunque la educación se considere a si misma el valor supremo por sobre todas las cosas, sólo es información ordenada, porque el valor supremo siempre será la libertad. 

Esta libertad hace que no todos quieran ser ceos de grandes empresas, políticos, deportistas o mendigos, porque la  desigualdad ante la igualdad de oportunidades es el fruto de una elección, de un esfuerzo o de una ausencia de esfuerzo. (cosa que también es loable)

Todas las opciones elegidas son válidas si son auténticas, aunque no sean compartidas o comprendidas por los miembros de un mundo desigual.

La educación desgraciadamente es percibida hoy por los alumnos como el arma que les servirá para abrirse paso en el mundo y ganarle a los demás. Con ella te defiendes y ganas posiciones, aplastas al enemigo y logras quitarle aquello que los dos desean, pero que sólo admite a uno. El puesto de trabajo es el territorio a conquistar y tus títulos y diplomas son tu municion.

Quizás el problema no sea la lucha por conseguir lo que uno desea, sino que todos deseen lo mismo.

Esto es algo impensable en un mundo de individualidades, ya que si todos quieren lo mismo es porque el objetivo de desarrollar individualidades ha fallado y la automatización a la que todos ubican en el futuro ya está sucediendo sin necesidad de la máquina. 

No importa a qué sistema educativo estés adscripto o a cuál de todos defiendas porque desgraciadamente el fin sigue siendo el mismo, con nota o sin nota, la finalidad sigue siendo aplastar al otro por una misma zanahoria. 

JR

«Después de la igualdad de oportunidades, cualquier resultado posterior será fruto de la libertad » JR

«El Amor en la Coincidencia»

«Misteriosamente todas nuestras diferencias se disuelven en nuestras coincidencias» JR

Cuantas amistades se han forjado gracias a la coincidencia; coincidir en el colegio, en la universidad, en el trabajo, en la alegría y hasta en el sufrimiento nos ha unido a determinadas personas en momentos particulares de nuestra vida. Muchas han permanecido a nuestro lado a través del tiempo y otras han dejado de coincidir con nosotros, pero siguen formando inevitablemente parte de las  distintas etapas de nuestra historia.

No hay nada que desuna más que la falta de coincidencia; la incapacidad de compartir los mismos gustos o de disfrutar de las mismas cosas al mismo tiempo, son las razones por la que muchas relaciones se terminan.

Las coincidencias influyen de manera escencial en las relaciones y hacen que perduren o que se disuelvan.

Me pregunto si es la coincidencia la que nace después del amor o es el amor quien en realidad nace como fruto de la coincidencia.

Uno ama estar en compañía de aquellos que comparten sus mismos intereses y no es raro que se forjen amistades entre las madres del parque, entre los artistas, los poetas, los filósofos y los idealistas de todo tipo, o entre los deportistas y los forofos, los hombres de ciencia y los intelectuales;  porque las cosas que nos unen son las que construyen ese lazo inquebrantable.

A pesar de que una inevitable soledad nos persigue a cada uno como una sombra, encontramos por momentos un alivio para ella en la coincidencia y en su fruto; que es sin duda el amor.

Y cuando el amor se acaba es porque mucho antes de que se acabara el amor, se terminó la coincidencia. 

JR

«Al amor no lo mata el tiempo, sino la falta de pasiones comunes y el timing para disfrutarlas al unísono.» JR