«Insustituible»

Poco a poco vemos como los cajeros dejan de ser humanos para ser eficientemente remplazados por máquinas. Muchos se alarman, otros no lo notan y los demás respiran aliviados de que sea otro quien por fin haga su trabajo.

Es cierto que la máquina nos ha dejado tiempo libre para muchas otras cosas, pero cuando esa libertad se extiende sin límites vemos cómo finalmente nos desplaza hacia un mundo de inactividad dañina. Y aquello que anteriormente consideramos una liberación se convierte en una prision, porque aunque muchos crean que el estado de bienestar consiste en no tener nada que hacer, la inactividad es una condena tanto para el cuerpo como para el espíritu.

Son muchas las ocasiones en que personalmente prefiero ser asistido por máquinas antes que por personas. Las máquinas cumplen con su tarea sin protestar, no se consideran explotadas al cumplir con sus obligaciones, no dan excusas y cumplen con el horario. Y el empresario que diga que no prefiere la eficiencia silenciosa y puntual de la máquina, al conflicto humano constante, miente.

Tambien es cierto que el robot no soporta el atasco diario para llegar a su puesto de trabajo cada mañana, ni hace 3 combinaciones de tren y de metro de ida y de vuelta, razón por la cual su presencia resulta siempre más descansada y fresca que la del trabajador de carne y hueso. Y uno lamenta que el progreso no se extienda proporcionalmente hacia todos los ámbitos.

Pero existen muchas personas que realizan un trabajo insustituible y son aquellas que además de cumplir con su función aportan un elemento humano. Este elemento es lo único irreemplazable  y se trata de un valor añadido que desgraciadamente es cada vez más  escaso.

Lo insustituible no se conseguirá a fuerza de manifestaciones de protesta públicas, ni con políticas proteccionistas (las cuales ya están siendo reclamadas por el colectivo de los sustituidos), sino con el cambio de  actitud del individuo frente al trabajo.

¿Quién desearía a una máquina si tuviera la opción de tener delante a un ser entusiasta y creativo?

Aquel que no desee ser sustituido por la máquina deberá focalizar en esto y trabajar en el desarrollo de este valor añadido, de lo contrario no hay duda de que a la hora de elegir entre un trabajador mediocre y problemático y una máquina eficiente y silenciosa, todos elegiremos sin dudar a la máquina.

Mucho antes de que apareciesen los robots mi abuela sostenía que nadie era imprescindible y llevaba razón. Pero sin embargo, hay algunas personas que si lo son. No porque nadie más pueda hacer su trabajo, sino porque nadie lo hace como ellas.

Los seres insustituibles son aquellos que desarrollan un don exclusivamente humano y que es la alquimia; esa capacidad de convertir cualquier actividad en un acto creativo.

En estos tiempos en donde la automatización avanza sin demora es recomendable preguntarse cada mañana: ¿Qué haré hoy para ser insustituible?

JR

«Científicamente es imposible que otro ocupe un lugar bien ocupado». JR

«Las Promesas sin las Cosas»

«Si hacer una promesa nos pusiera igual de nerviosos que a los niños, prometeríamos menos, pero nos comprometeríamos más» JR

Nuestras motivaciones están impulsadas por eslóganes publicitarios en donde las promesas abundan desde que nos levantamos por la mañana hasta que nos vamos a la cama.

Y cada producto te promete algo distinto; la cosmética te promete un futuro sin arrugas, la ropa te promete causar la impresión que deseas, los coches te prometen circular por un mundo lleno de éxitos y los yogures te prometen un tránsito intestinal regular.

Estamos acostumbrados a que nos prometan el día entero y aunque hayamos comprobado que la mayoría de las promesas no se cumplen, seguimos creyendo en ellas porque el deseo de creer es la fuerza que nos mueve.

Desgraciadamente la política también se mueve dentro del ámbito publicitario y utiliza a la imagen y a la promesa como estrategia para conseguir votos y poder.

La decepción llega después, cuando la promesa se queda sin las cosas y allí es donde la desilusión se apodera de nosotros. Pero nunca permanece por demasiado tiempo, sin que una nueva promesa vuelva a aparecer.

Antiguamente la única marca valiosa que tenía un individuo era su nombre. El nombre valía más que la vida misma, porque era su huella, su paso por este mundo y aquello que se quedaría para siempre cuando se fuera.

La gente valoraba las promesas porque en ellas empeñaba su palabra y esa palabra era su marca, su honor y su legado.

Las promesas no eran tan habituales como lo son hoy en día, sino acciones premeditadas que implicaban un compromiso extraordinario. Algo que aún observo en los niños pequeños,, que cuando tienen que prometer algo reflejan estar comprometiéndose con algo sagrado.

Sin embargo, los adultos prometemos con la misma liviandad con la que luego rompemos nuestras promesas.

El sueño de las marcas es el de convertirse en la cosa y muchas lo han logrado a lo largo de la historia. Hay palabras que primero fueron marcas y que hoy son para nosotros las cosas. Uno es consciente de que si llora pedirá un «Kleenex» y se le correrá todo el «Rimmel». Y éstos son sólo dos de muchos otros ejemplos en donde la marca transmuta en la cosa.

Esto mismo sucede con los hombres de palabra porque sus promesas se convierten en las cosas. Promesas como «Libertad, «Educación»,»Justicia», «Paz «o «Progreso» en boca de alguien de palabra se convierten en cosa.

JR

 

«En cada paso hacia el progreso permanece  la huella de miles de personas de palabra. Y en cada paso hacia la destrucción permanece la huella de miles de personas sin ella» JR

«De la Intolerancia al Orgullo»

 

Se celebra en Madrid la fiesta de un colectivo que durante años fue oprimido, silenciado y juzgado severamente.

Su festejo se ha bautizado con la palabra «orgullo» aunque resulte extraño sentirse orgulloso de aquello que uno es.

Uno es lo que es y la aceptación de lo que somos trae libertad. Al asumirnos nos aceptamos, nos respetamos y aprendemos a vivir con nuestra propia realidad.

Si la intolerancia se basa en la percepción del otro como a alguien inferior, el orgullo es la percepción de una superioridad con respecto a otra persona.  Y entre estas dos faltas de igualdad, nos olvidamos sin querer de la libertad.

No debería hablarse de orgullo gay ni de orgullo heterosexual porque cada uno es lo que es y aquello que se es, simplemente es.

El cielo no está orgulloso de ser azul, simplemente es azul.

Asumir la propia identidad como si fuera  un orgullo es un tipo de violencia, parecido a aquella que ejercen los religiosos cuando intentan mostrarle al otro su superioridad moral, como si la espiritualidad no exigiese una privacidad tan íntima como el sexo.

A nadie le importa cómo o a quien reces y a nadie le importa cómo o de quién te enamores, mientras no dañes a nadie en tu práctica.

Uno no debería sentirse orgulloso de ser cristiano o musulman, ni gay o heterosexual, sino simplemente alegrarse de ser veraz y de ser libre. 

JR

«Donde hay verdad no cabe el orgullo» JR

«El Vértigo a la Palabra»

La oferta académica contemporánea es tan extensa que parece no haber un fin en esta carrera por obtener una formación que sea lo suficientemente completa.

El conocimiento abarca tantos aspectos nuevos que los curiosos somos propensos a la formación constante.

Somos muchos quienes consideramos escencial mantener despierta la actitud del aprendiz y muchos más quienes han aprovechado el beneficio económico de esta nueva forma de codicia por saber.

A pesar de esta sobrealimentación de cultura que muchas veces nos aplasta en vez de impulsarnos a crear, es difícil encontrar a gente que se atreva a pronunciar palabras nueva.

No es muy corriente dar con obras en donde aparezca un pensamiento propio o una conclusión original, porque la mayoría de textos hoy en día son un compendio de citas y de cifras estadísticas que se van entrelazando para justificar el tema asignado, como si fuesen trabajos de estudiante o apuntes de una investigación científica.

Esto no sucede por falta de preparación, sino todo lo contrario; la mayoría de estos artículos están escritos por profesionales con un extenso currículum académico, pero es llamativo ver cómo esta sobredosis de conocimiento hace a veces de tapón a la inteligencia creativa.

 El exceso de información no suele dejar espacio para la originalidad, quedando ésta aprisionada en el fondo, sin encontrar un hueco por donde salir. 

El temor a la palabra propia no responde únicamente a la escasez de espacio, sino también a la falta de coraje.  

La creatividad y la inteligencia necesitan imperativamente de un grado de inconsciencia y quien no posea esa dosis indispensable de locura nunca será capaz de perder el vértigo a la palabra.

Escribir sin red es un trabajo temerario que pocos se han atrevido a hacer a lo largo de la historia  y los que lo hicieron, fueron aquellos que comprendieron que la verdad particular no hace concesiones con nadie.

Hoy por el contrario se nos alienta a contar de antemano con alguien reputado que avale nuestro pensamiento y a quien podamos citar a menudo en el texto, a modo de excusa o de permiso para formular un pensamiento.

La tendencia es escribir intentando complacer a todo al mundo; con la mira puesta en la aprobación de las masas, en vez de permanecer enfocados únicamente bajo la luz de la razón.

Abducidos por el éxito, especulamos con las masas igual que hacen los políticos, sabiendo que son ellas quienes definirán nuestro triunfo o nuestro fracaso.

El temor a la crítica o a la desaprobación va anulando así cualquier posibilidad de originalidad  o brillantez y termina convirtiendo a nuestro arte en un entretenimiento vacío de conclusiones originales, en un compendio de citas, de obviedades, de corrección política y de relaciones públicas con un consenso garantizado.

Sabemos que la autenticidad requiere de apertura y a la vez supone dar un salto sin red, sin que haya nadie disponible para atajarnos de la caída, pero somos demasiado cobardes para saltar.

El arte y el pensamiento siempre fueron actividades solitarias, pero la palabra como símbolo de originalidad sólo apareció de la mano de aquellos que además de solitarios, fueron valientes.

JR

«El conocimiento es una prisión para aquel que depende de él y un trampolín para aquel que lo ha identificado como a una prisión.»  JR

«El Poder de los Pequeños»

» Nunca subestimes a aquello que crees pequeño, porque lo pequeño siempre encuentra la manera de volverse grande» JR

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Descubrir algo tiene sus riesgos y sino habría que preguntarle al pobre Einstein que fue lo que sintió cuando vio convertida a su energía atómica en el arma más destructiva que había visto la humanidad.

Contrariamente a lo que todos suponíamos, después de las atrocidades en Hiroshima y Nagasaki este arma trajo paz.  Y la guerra tal como la conocíamos hasta ese momento acabó para siempre.

Luego de comprobar el poder de destrucción del que era capaz un arma como ésta, ya no hubo guerras entre aquellos países que se hicieron con una, porque todos sabían que usarla implicaría una represalia devastadora e  inmediata, por lo que cualquier detonación se volvió una acción sumamente premeditada para aquellas civilizaciones que valoraban la vida humana en este planeta. 

Muchos sostienen que este arma es más peligrosa en manos de unos que de otros, refiriéndose a que existen civilizaciones en donde la vida del hombre no vale nada y usando como referente de valoración al progreso. Es decir, se consideran más confiables aquellas naciones en donde sus habitantes gozan de políticas e infraestructuras que hacen a la vida humana mas soportable e incluso amable, (hospitales, escuelas, universidades, carreteras, transportes, Democracia,  derechos civiles, instituciones legislativas y Justicia, ayudas sociales, etc)

Luego de la Segunda Guerra Mundial muchos países quisieron hacerse con una bomba atómica y los únicos interesados en las antiguas y desfasadas armas tradicionales fueron aquellos países que no tenían la posibilidad de obtenerla ni de construirla, ya sea por falta de recursos o por no disponer de una población capacitada para ello.

Al poseer la bomba atómica muchos  países occidentales se deshicieron de todo el sobrante armamentístico, considerado en muchos casos innecesario e inútil y se lo vendieron a varios países subdesarrollados, entre ellos a Medio Oriente para librar sus guerras internas de clanes y sus revoluciones, muchas de las cuales decían perseguir fines democráticos y cobrando con beneficios, posiciones estratégicas o con el abastecimiento de gas y de petróleo.

Muchos países occidentales cargan con la culpa de haberle vendido a Medio Oriente aquellas armas con las que hoy matan a la población civil y a sus propios soldados, pero si bien es cierto que el vendedor de un arma tiene una gran responsabilidad nunca es del todo culpable de lo que el comprador decida hacer finalmente con ella.

Hacer negocios con culturas diferentes tiene riesgos porque hay códigos que uno nunca llega a comprender del extraño y culturas que aunque uno las estudie de libro, están cimentadas sobre tradiciones y valores muy distintos a los nuestros. 

 Hoy en Europa existe una guerra diferente a todas aquellas guerras que conocimos, porque no se libra en el campo de batalla sino en las calles, en los conciertos, en los hoteles, en los trenes y el soldado enemigo es nuestro vecino, nuestro compañero de piso o aquel que creíamos ser nuestro amigo.

El soldado ya no se identifica a la distancia con su uniforme verde o azul y su escudo distintivo, sino que habita agazapado entre nosotros y camina entremezclado con la gente de nuestro grupo.

Aunque se describa a esta guerra como a una mucho más pequeña que todas las anteriores, supone un peligro distinto, porque aunque los poderosos tengan en sus manos el arma más potente del mundo, no pueden usarla para combatirla. 

Quien hubiera dicho que aquello a lo que creíamos pequeño llegaría a representar tanto peligro para lo grande.

E imagino la sorpresa de Einstein al descubrir la potencia que escondían unos átomos diminutos.

JR

«Así venció David al filisteo con una honda y una piedra, y lo mató sin tener espada en su mano.»

Antiguo Testamento.  Primer Libro de Samuel > David mata a Goliat (9:17:1 – 9:17:58)

«El Cambalache Despatarrado»

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Aquel tango que hablaba del cambalache en el que se había convertido el siglo 20 parece haberse potenciado aún mas en el siglo 21.

Mientras Europa esquiva los chalecos bomba y entrena a sus hijos para correr lo mas rápido posible en caso de divisar a algún hombre con arma blanca en cualquier sitio, o para saltar del autobús en el caso de ver una mochila negra olvidada dentro del vehículo,  la alcaldesa de Madrid se empeña en cambiar las figuras de los semáforos por iconos homosexuales y en pintar los pasos de cebra multicolores, para que a nadie se le ocurra sentirse excluído en este paraíso multicultural y tolerante que es Europa.

Y mientras los seres digitales hablan de la singularidad que acabará con la muerte en tan sólo 80 años, (momento en el cual se podrá descongelar por fin a Walt Disney), la Edad Media se entremezcla agazapada entre los milenialls cibernéticos, para mostrarnos que aquellas luchas religiosas medievales que estudiamos en el bachillerato, aún no han terminado. 

Y así vamos, sin saber bien si lo que nos espera es vivir debajo de un burka o enchufados a una inteligencia artificial, que nos transformará mágicamente en seres eficientes y amorosos, con el conocimiento de google y wikipedia ya instalado en una aplicación dentro de nuestro propio cerebro.

El antiguo termino «estudiar» se habrá oxidado, ya que toda la información disponible estaría incorporada dentro del propio organismo haciendo que el verbo «memorizar» ocupe un lugar en un pasado indefinido. Y dando paso al verbo «condicionar» en un presente continuo.  

No queda muy claro cual será la informacion que nos pondrán dentro a cada uno, pero imagino que dependerá del hemisferio y de la cultura del programador de cerebros que nos toque.  

El tema de la semana en Madrid no fue el ajuste en la legislación europea en cuanto a los derechos humanos de los terroristas, (que siempre son «presuntos sospechosos en libertad para planear nuevos ataques» , hasta que se demuestre lo contrario y haya una veintena de muertos en el suelo) ; sino la legalidad del despatarre en el transporte público.

Legislar sobre el tema del despatarre es algo primordial hoy en España y uno se pregunta cómo Churchill no supo ver los riegos que este vacío legal supondría para nuestra civilización occidental. A esta lucha se sumaron inmediatamente las feministas, que se apuntan a cualquier causa que necesite un poco de violencia, pero que sorprendentemente se mantienen silenciosas y sumisas en temas de Islam, como si la vida debajo de una tienda de campaña negra les pareciera una buena opción para la mujer del futuro.

El despatarre es un tema importante y no sólo en el metro, sino como concepto general. Porque es esa tendencia a no respetar el lugar del otro, que aunque viaje a tu lado también tiene derecho a que tu pierna no invada su espacio.

El mayor de los despatarres de Europa sin lugar a dudas, es el de la millonada de individuos que viven de los subsidios y de la ayudas públicas, que pagan con sus impuestos todos aquellos que utilizan el transporte público para ir a trabajar, teniendo que soportar además, el despatarre del cómodo.

 

 

JR

 

 

«El Quieto, el Justo, el Bueno y el Guerrero»

«Dicen que para comprender a los pueblos uno debe antes mirar a su Dios». JR

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Budha era un príncipe que huyó del sufrimiento del mundo que le rodeaba, renunciando a las riquezas de su reino y marchándose a vivir en soledad. Su mensaje fue la búsqueda interior, pero su pueblo se olvidó completamente de complementar esa inacción espiritual, con el hacer que transforma todo sufrimiento. Permaneciendo así, sumido en la impasividad y en la miseria.

Yavhéh adoptó aquellas leyes del talión babilónicas, que rezaban aquello de «ojo por ojo, diente por diente» que lejos de responder a parámetros de venganza, abogaban por la justicia.

Si alguien te quitaba un ojo, tu venganza correspondía a un sólo ojo y no a los dos. El Dios Justo fue quien estableció la proporcionalidad de las penas, que mas tarde sostendría al derecho romano. Con el tiempo, el pueblo de los justos establecería las multas económicas como opción mas civilizada a la barbarie, para resarcir a los perjudicados de los agravios.

Después de años de leyes inamovibles y estrictas, llegó Jesús el bueno y paró el tiempo, partiendo en dos a la historia de la humanidad. Aquello que aportó fue tan nuevo que logró detener lo único que jamás se detiene.

Jesus mezcló la rebeldía del Buda con la cercanía de un Dios que ya no era justo, sino padre. E introdujo el concepto de hermandad, además del concepto de la resurrección como la posibilidad de un renacer espiritual continuo y en vida, que mas tarde la Iglesia se encargaría de destruir y de modificar a su conveniencia, con la promesa de un paraíso compensatorio en resarcimiento de vidas miserables. ( y que más tarde conservaría también el Islam) 

 El Dios bueno ya no proponía la justicia como opción, sino el perdonar 70 veces siete y el poner siempre la otra mejilla. Un pueblo que santifica y enaltece la pobreza y perdona todo agravio como signo de virtud.

Jesús caminó sobre el agua y multiplicó los panes y los peces, todos actos sin ninguna trascendencia, ya que el ilusionismo de andar sobre el agua o el de multiplicar los peces para una sola comida, no acabó con la pobreza, ni con el sufrimiento de los pueblos; sino que ayudó a alimentar el pensamiento mágico, de que las cosas siempre se solucionan a fuerza de milagro.

El Dios bueno es la base del pensamiento occidental, construído en la tolerancia, en la inclusión y en la diversidad, una bondad que llevada al extremo da como resultado a un pueblo buenista, incapaz de reaccionar ante nada, y convencido de que alguien vendrá a solucionar de forma milagrosa todo aquello que hacen mal, mientras permanecen  impávidos ofreciendo eternamente la otra mejilla de su pueblo. 

Como reacción a tantos años de poner la otra mejilla, apareció el profeta guerrero, que indujo a su pueblo a la lucha armada y a la conquista sanguinaria como único camino hacia la fe. Muerte o sumisión al Islam.

Mahoma parece haber dado claras instrucciones sobre procedimientos militares y demás formas de conquista y tortura, acordes al origen de cada enemigo. Desgraciadamente para su pueblo, estas instrucciones militares están incluidas en su doctrina y en su libro sagrado, estando además al alcance de todos.  Esto conduce a muchos de sus fieles a confundir a la lucha mística por la propia singularidad, con la actual conquista de Occidente a fuerza de terror.

Para entender a los pueblos se debe observar todos sus libros sagrados y apreciar las incongruencias que presentan muchos de los libros pertenecientes a una misma doctrina, ya que han sido escritos por muchas personas distintas, en épocas y circunstancias diferentes. (Mahoma por ejemplo, era analfabeto)

No debemos descartar tampoco que muchas de esas personas a las que supuestamente Dios les dictó los libros sagrados se encontrarían en ocasiones bajo los efectos del hambre, de la fiebre, del desamparo, del calor del desierto, de la desesperación o bajo el influjo de sustancias alucinógenas.

Por eso es importante no creer todo aquello que se lee, pero sí investigar todo lo observado, porque para entender la mentalidad de un pueblo se debe averiguar a base de cuál de todos estos dioses, se le ha alimentado».

JR

«Sólo nos queda por conocer al Dios Mago, que será aquel que con el trabajo de todos los pueblos logrará construir un sólo imperio, al que con un poco de suerte llamaremos humanidad evolucionada.» JR 

«El Buenismo Único»

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¿Has notado últimamente que el odio sólo se autoriza si lo diriges hacia la dirección politicamente correcta?

Los llamados pacifistas hoy no condenan el odio en si mismo, sino que se ocupan de redirigirlo. La propuesta no es evitarlo o indagar en las raíces del sentimiento, sino simplemente odiar al que ellos te indiquen.

En estos tiempos buenistas el único enemigo permitido es el Sr Trump  y cualquier otro que tengas deberás  esconderlo con cuidado para que nadie pueda replicar que eres un racista, un clasista, o un patriota (adjetivos alarmantes y condenables en una época como ésta, en la que ser buenista es lo único permitido).

Todos sabemos que este buenismo tiene lugar principalmente en el ámbito de las redes sociales, o “pour la gallerie» como diría mi madre;  y qué mejor escaparate tenemos hoy para mostrarnos buenos  que el mundo digital.

Fuera de las redes, hay que ver cómo se transforma la gente y la desilusión que te provocan cuando comparas el perfil digital de una persona con su versión off line.

Uno se lleva más de una desilusión al ver el desprecio con el que los buenistas de internet tratan a sus empleados latinoamericanos, a la asistenta rumana, al mantero africano, a sus vecinos homosexuales, al taxista indio y hasta a sus propios hijos.

Tener enemigos, aunque sea censurado, resulta importante porque los enemigos son quienes mejor te definen como persona, sobre todo cuando el enemigo es auténtico. Y la ventaja del odio auténtico es no requiere de ningún esfuerzo ni de disimulo  y aunque estés distraído nunca te pillarán traicionándole.

Lo mejor de la autenticidad es que puedes relajarte y ser como eres, sin temer a que te vean despreciando a aquel al que hace un rato fingías amar incondicionalmente on line.

Hoy tener un millón de amigos y de seguidores en las redes sociales es para muchos un trabajo bien redituado, pero la aceptación popular exige seguir una línea de comportamiento establecido.

Importa y mucho, la cantidad de seguidores que tengas; y esta tendencia populista ha contagiado también al ámbito digital.

Para ser popularmente aceptado debes compartir los enemigos autorizados como los políticamente correctos, que son aquellos impulsados a ser odiados en masa y permitidos sin condena por la amplia mayoría.

Ya no se trata solamente de propiciar el pensamiento único, sino de movilizar a las masas hacia el repudio colectivo y continuamente dirigido hacia la misma persona.

Odios hay muchos y de todos los colores, pero el que se ha puesto de moda en Europa es un odio monoteísta, bautizado y santificado con el nombre de «Buenismo» y al que se considera tan santo, que hasta el Papa católico lo impulsa.

Hay enemigos permitidos y otros censurados; a uno ya no se le permite odiar a quien le dé la gana como antes y menos aún sin llevarte a casa los insultos de los buenos, de los pacifistas, de los naturistas y de las feministas, que curiosamente siempre coinciden en su actitud fanática y totalitaria.

Uno escoge a sus amigos muchas veces por circunstancia o por azar, pero sin embargo la elección de nuestros enemigos es mucho más meticulosa porque esa elección es la que delimita nuestros valores y pone en evidencia tambien nuestro nivel de valentía.

Una valentía que se descubre a si misma cuando te toca elegir entre el enemigo al que te conveniene odiar o el enemigo contra el que nadie se atreve.

JR

«Recién creeré que amas a quienes dices amar, cuando no te estés mostrando» JR

» Los Padres del Burka»

religion y politica

A los occidentales se nos ponen los pelos de punta cada vez que vemos un burka por las calles y mas aún si la sensación térmica supera los 35 grados a la sombra, pero sin embargo, las monjitas nos parecen de lo mas tiernas con su cabeza tapada.

Las religiones conforman una gran familia como la que tenemos en casa; abuelos, padres y nietos. Y con las religiones sucede exactamente lo mismo que con las familias; muchas cosas se heredan, otras se modifican y algunas permanecen en eterno conflicto.

El judaísmo es el abuelo, el catolicismo es el hijo y el islam es el nieto; pero las tres son familia y comparten estructuras similares. Todas tienen la misma raíz monoteísta, la Biblia es su historia y cada una fue desarrollando sus propias doctrinas según las personas que se cruzaron por su camino, con su realidad, su circunstancia y en su tiempo.

El burka es una adaptación del velo judío, aquel que usaban las mujeres tanto en la vida cotidiana como en los templos y que luego adoptó el catolicismo para aquellas mujeres que se dedicaban a la vida religiosa, y el mismo que mas tarde adoptó el Islam para todas las mujeres de su culto.

Pero lo interesante de este asunto no es el velo en si mismo, sino aquello que representa. Tapar la cabeza de una mujer significa mantenerla aislada de la sabiduría.

En el judaísmo las mujeres se ocupaban de las tareas del hogar, pero se les estaba vedada la educación y el acceso a los libros sagrados y no existían mujeres rabinos, ya que la religión era un mundo de hombres.

Hoy en día el catolicismo permite a las monjas realizar las tareas domésticas de la Iglesia, pero se les impide impartir sacramentos. Todos conocemos muy bien los castigos infligidos a lo largo de la historia a todas las mujeres que osaron inmiscuirse en los temas de los hombres.

¿Pero es la espiritualidad un tema de hombres?

La espiritualidad posee muchas mas cualidades femeninas que masculinas; la receptividad, la apertura, la entrega, la ternura y la valentía. Y las religiones establecidas poseen mas cualidades masculinas; la autoridad, la intolerancia, la fuerza y la política.

Occidente ha abierto las puertas de la educación, de la cultura, del arte y de la política a la mujer, pero hay una puerta que sigue estando vedada para ellas y es la puerta de la religión. (a excepción del judaísmo reformista)

La religión sigue siendo en pleno siglo 21 un asunto de hombres, porque el peligro radica en que en cuanto una mujer atraviese esa puerta caigan no sólo los velos, sino también las vendas de los ojos.

Es curioso cómo en este mundo cuando empiezas a escarbar un poco, no hay ninguno que se libre de tener responsabilidad sobre las limitaciones que padecemos.

JR.

 

» Hay tradiciones que deberían cuidarse y otras que deberían transformarse sin rencores ni remordimientos. Porque la transformación es la actividad del alma.» JR

«El Mito de la Felicidad Infantil»

«Aquello que echamos de menos de la niñez es la felicidad de no sentirnos responsables del mundo que nos tocaba vivir, algo que como adultos ya no podemos decir. Es tan responsable el que hace el mal, como el que se tapa los ojos y haciéndose el inocente, le deja hacer.» JR

Niños del Hamás

No es extraño escuchar a la gente deseando volver a ser niños y evocando un lugar en donde la felicidad era una constante en sus vidas. Yo me pregunto si es que mi niñez ha sido extraña, o toda esta gente se ha olvidado acaso de lo que es ser un niño.

Un niño es ese ser indefenso que depende absolutamente de otros. Un ser que se sabe a si mismo imposibilitado para subsistir en el mundo si no acata los mandatos que le establece la sociedad a la que pertenece.

El niño ha sido en la historia de la humanidad el ser mas manipulado y oprimido, el eterno abusado, silenciado, coaccionado y sometido a los mandatos de los adultos de su entorno sin ningún respeto.

Aquellos que no hemos sufrido guerras ni maltrato durante la infancia rememoramos esa etapa de la vida como a un espacio de una feliz inconsciencia, en donde la felicidad estaba constantemente disponible para nosotros. Una piruleta, un dia de campo, una bicicleta, un paseo por el arroyo, un revolcón en las olas, un cuento antes de dormir o una buena nota, eran suficientes para poder considerarnos los seres mas felices de este mundo. Pero sin embargo, al volver a casa éramos conscientes de que yacíamos bajo las órdenes y la implacable supervisión de los demás.

Los niños acceden mas fácilmente a la felicidad porque la ignorancia inherente a ella les protege a modo de pantalla solar. Desconocen que Corea del Norte amenaza con lanzar misiles, que México es un país asediado por el narcotráfico, que Venezuela está en manos de un tirano, que el Vaticano encubre pederastas, que Jamás recluta a niños a partir de los 4 años de edad, que Arabia Saudí oprime a las mujeres y que la ablacion femenina esta aún vigente en muchos países musulmanes.

Quien ignore el caos que tenemos aún pendiente como humanidad en este planeta tiene seguramente garantizada una vida muy feliz y quien tome conciencia de ello, tiene por el contrario una vida plagada de responsabilidades; algo que no significa tener una vida infeliz, ya que la implicación responsable es el aroma a evolución que desprende la felicidad adulta.

La ignorancia es un conocido acelerador de felicidad y es por eso que muchos la prefieren por sobre cualquier otra opción y con toda la razón del mundo. Ignorar es felicidad ¿Pero es la felicidad nuestro fin último en esta vida o es la conciencia?

La niñez está hoy sobrevalorada por aquellos que nos impulsan a ser ignorantes. Vuélvete un ciego y volverás a ser feliz como cuando eras un niño, dicen los positivos, pero se olvidan de leernos la letra pequeña que viene escrita debajo de la palabra niñez.

Niñez: etapa de la vida en la que se accede a la felicidad con gran rapidez, proceso  altamente garantizado gracias a la ignorancia inherente a ella. Efectos secundarios:  Como consecuencia de esta feliz ceguera infantil pertenecerás al estadio de vida humana mas fácilmente manipulable.

Y para profundizar en esta felicidad se nos ofrecen varios caminos «Dejad que los niños vengan a mi» dijeron los iluminados, pero no se nos aclara bien hacia dónde debemos dirigirnos, si es hacia la conciencia y la valentía del sabio que pronunció estas palabras, o hacia las supersticiones del rebaño que las ha malinterpretado en su beneficio.

Quien haya tenido un sólo atisbo de felicidad en la vida adulta habrá notado el sabor a libertad y a autenticidad que tiene, algo que en la niñez ni se cultiva ni se deja crecer, como se hace con las malas hierbas.

JR