“La Revolución de los Inútiles”

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No hay nada más peligroso para un pueblo que las revoluciones y sobre todo cuando éstas están dirigidas por gente inútil.

Los inútiles revoluciónarios son aquellas personas que nunca han dirigido una empresa, un negocio, una institución, ni han gestionado nada antes de la revolución.

Una gran parte de las revoluciones suele siempre estar dirigida por personajes resentidos e inútiles que nunca han logrado nada por sus propios medios y que ven en la revolución la posibilidad de conseguir un sustento y múltiples beneficio entre ellos, poder. 

Con esa ambición, los inútiles apelan al descontento de la gente, que está siempre vigente, (porque al pueblo es fácil encontrarle el descontento), por lo que movilizar a las masas nunca resulta ser una tarea complicada. 

El problema surge cuando la revolución triunfa, porque al triunfar fracasa.  

Fracasa porque cuando llega la hora de cumplir con lo prometido no existe nadie dentro del grupo de los revolucionarios que esté capacitado para llevarlo a cabo. 

Cuando los inútiles triunfan, el pueblo pierde, porque éste se queda en manos de gente que no tiene ni idea de cómo gestionar nada y menos un país.

Cuando te sientas a charlar con un revolucionario y le preguntas por la revolución éste se pasa horas hablándote del descontento, de las reivindicaciones pendientes, de las guerras pasadas, de la justificación de la violencia, de los odios que se esmeran siempre en alimentar y perpetuar y de toda la injusticia del mundo; pero si le preguntas cómo hará para sustentar al país cuando la Revolución triunfe, se quedará mudo.

Porque al inútil no se le descubre por sus argumentos sobre la justicia social, sino con una sola pregunta: ¿Cómo lo harás?

Cuando no sepa cómo responderla o cuando sus respuestas sean totalmente disparatadas, ilegales, incongruentes y antidemocráticas, te darás cuenta de que lamentablemente has apoyado a la revolución equivocada; la de los inútiles. 

JR

“Con la Ley por Detrás”

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“Hecha la ley, hecha la trampa”  dice el dicho; ya que una vez hecha la ley el individuo se las rebusca para encontrar aquel punto flojo en el tejido que quedó sin rematar. Así somos los seres humanos; estamos siempre viendo por dónde escabullirnos a toda imposición que creemos injusta.

Uno se pregunta si fue primero la ley o la criminalidad, y aunque muchos lo nieguen, hasta en la religión fue primero el hombre y luego la ley, como si Dios también hubiera tardado en darse cuenta de que había creado algo sin regular.

La ley nunca va por delante del individuo sino por detrás, ya que primero aparece la necesidad y después se crea la ley para registrar el derecho, la obligación o el delito y establecer las condiciones o las penas que estos conllevan.

A medida que el tiempo pasa y las sociedades avanzan, los delitos suelen ir variando y las leyes deberían ir cambiando junto con ellos, porque tanto la norma como el elemento social son elementos vivos, que nunca están quietos ni inmóviles, sino en permanente cambio y movimiento.

Cuando la ley queda fija o inmovilizada  durante mucho tiempo, como sucede con las leyes y normativas religiosas, éstas dejan de ajustarse a los cambios socioculturales de la época, dejando ademas de ser útiles no sólo en contemplar las nuevas necesidades del individuo para el cual es concebida toda legislación, sino también en su función de protección, para lo cual fue creada.

(No olvidemos que la legalidad fue concebida como protección a los individuos y que tanto la condena al criminal como su eventual castigo buscan evitar nuevos episodios criminales; y no alentarlos.)

Cuando los tipos de delito cambian en una sociedad, a la ley le corresponde cambiar junto con ellos y regular de acuerdo a los nuevos comportamientos delictivos existentes, para proteger al ciudadano de los nuevos delitos y garantizarle nuevos derechos.

Este problema emerge hoy en Europa con la inmigración masiva de culturas islamicas, que han aportado un índice de criminalidad muy alto y no contemplado en la legislación de determinadas regiones ( especialmente en los paises nordicos) dado que este tipo de delincuencia no era habitual en estas sociedades.

Al fin y al cabo la legislación de cada pueblo está pensada para cada pueblo y no para el extranjero; pero si el entramado social cambia repentinamente, está claro que la ley debería también ser ajustada sin demora.

En el espacio digital nos sucede lo mismo, la ley debe ampliar ahora su mirada para abarcar una nueva realidad y regular este nuevo universo, tanto en sus derechos como en sus obligaciones , y a tiempo.

Siempre creí que era el individuo quien estaba subordinado a la ley, pero con el tiempo comprendí que la ley es quien sigue al hombre y quien debe estar subordinada a él como si fuese su sombra.

JR

 

 

 

“El Instinto de Rebaño”

 

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¿Qué es lo que motiva al rebaño?    Sin duda la compañía, esa sensación de protección y refugio que presupone la manada y que alimenta nuestro instinto de supervivencia.

Desgraciadamente, la mirada del otro condiciona más al ser humano que su propia conciencia. 

La conciencia es importante, a veces, pero una mala conciencia suele ser mucho más llevadera que la mirada torcida del otro, ya que solemos cargar mucho mejor con nuestros crímenes, que con la crítica ajena. 

El rebaño garantiza esa aprobación tan necesaria, estimulando además nuestra debilidad de conciencia, porque para tener una conciencia fuerte hace falta convertirse primero en dueño de uno mismo.

El rebaño conoce el impacto de su poder y lo ejercita con un implacable castigo hacia todo aquel que le traiciona y se aparta, porque sabe que la debilidad de todo hombre es la desaprobación de su entorno y que con tal de evitarlo éste  hará lo que sea. 

La condena del rebaño al rebelde es el aislamiento y este castigo funciona además, como advertencia para todo aquel que osara rebelarse y separarse de la manada en el futuro.

Estar separado del rebaño supone desvincularse de la protección que otorga la pertenencia y de la mirada amable y aprobatoria de los otros, para embarcarse en un exilio condenado a la mirada torcida y al juicio implacable de cada uno de los miembros del rebaño; que con su condena al infiel se asegura además, su lugar en el grupo.

JR

 

“ Ser un individuo implica un nacimiento, una separación, un acto de valentía” JR

“La Apología del Débil”

Al ser humano hay que fomentarle la fortaleza, porque la vida nunca es generosa con los débiles” JR

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Todos los días aparece el ofendido de turno haciendo ruido en las noticias. Cuando no son unos, son los otros; unos por gordos, otros por flacos, unos por feos y otras por bellas; pero no hay día en que alguien no se ofenda para conseguir alguna ventaja.

Esta es una época en donde la hipersensibilidad está de moda y se fomenta; se venera la debilidad como si  fuera una virtud y como si el débil fuera el tipo de ser humano en el que ansiamos que degenere nuestra especie.

Mientras los ofendidos de turno se ofenden, la masa buenista va solidarizándose con unos y con otros,  para que se les note que son buenos y ciegos.

A los buenistas todo les da lástima, les conmueve el bueno y el malo, lloran por el justo y por el criminal en partes iguales, para no tener que mojarse por ninguno y así ir quedando bien tanto con unos, como con otros. Y sobre todo para no recibir insultos de los fan o trolls de ninguna de las partes en las redes sociales.

Hoy si no te ofendes por todo eres un raro y si no has sufrido algún abuso o si lo has dejado pasar, eres un facha.

En esta época de marketing furioso todas las cosas tienen un nombre especial y son dignas de estudio científico, como por ejemplo el bullying; eso que sufrimos todos alguna vez en el colegio, en un campamento o en un club, pero sin haber caído fulminados por ello.

Al que no le llamaron gordo, le llamarom petiso, nariz de payaso, jirafa, tartamudo, alfeñique, sudaca, negro o blanco leche, cuatro ojos, friki, nenaza; pero todos alguna vez fuimos denominados con algún nombre que nos hacía peculiares y graciosos para el abusón.

La peculiaridad ofendía mucho más que cualquier otro insulto corriente porque hablaba específicamente de nosotros y era algo que no podíamos cambiar aunque quisiéramos. 

Si bien es cierto que las redes sociales aportan un elemento de difusión mucho más amplio que el patio del colegio en el que quedaban nuestros apodos e insultos, nosotros también nos llevábamos el dolor a casa y llorábamos contra la almohada, pero sin la necesidad de tener que llamar a un abogado, saltar desde el balcón, desenfundar un arma o salir en los periódicos.

Se lo comentábamos a un amigo y  sobrevivíamos, nos hacíamos fuertes y luchábamos día a día contra la inseguridad que provoca el entorno, mientras desarrollábamos la astucia y la manera de vengarnos con inteligencia del abusón.

Así fue como los débiles nos hicimos fuertes; sin convertirnos en alcahuetes ni en crimínales, en suicidas o en resentidos.

La apología del débil es la tendencia actual a darle razones al débil para seguir siendo débil; en vez de darle la oportunidad y las herramientas para que se haga fuerte. Porque en estos tiempos ser fuerte está mal visto.

La posibilidad de superación es el mejor de los regalos para el débil porque en ella encontrará la fuerza que otorga la inteligencia, la astucia y  la manera de protegerse de un entorno hostil, como es y será el mundo, (aunque los buenistas insistan en que todos son un pedazo de pan).

Lo más valioso que tiene la superación es que te hace fuerte, te activa y sobre todo te hace libre, porque los débiles que se convierten en fuertes, nunca se vuelven esclavos del resentimiento.

JR

“El resentimiento es la cualidad del débil; de aquel que nunca logró hacerse fuerte” JR

“Más allá del Aburrimiento”

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Hay pocas cosas a las que se tema más en nuestros tiempos (abocados a la novedad y al cambio permanente)  que al aburrimiento.

Muchos dicen que el aburrimiento es la semilla del mal, y que de tanto estar quieto, comienza uno a tramar maldades; eso si consideramos que sólo es actividad aquel hacer que involucra al movimiento del cuerpo, porque conozco a quietos más activos que cualquier maratonista.

Estudios científicos demuestran que el aburrimiento se manifiesta tanto en reposo como en movimiento, ya que la gente se aburre igual, estando sentada, acostada, andando, que estando de viaje o en casa.

También se manifiesta en reuniones sociales, en horario de trabajo, en vacaciones, en la playa, en la montaña o en misa; amoldándose a cualquier ocasión en que se sufra una desconexión profunda con aquello que sucede fuera.

El aburrimiento se experimenta en ocasiones como un picor intenso y provoca una urgencia por moverse de la situación en la que uno se encuentra para ir hacia otro sitio; aunque en la mayoría de ocasiones, uno no tenga esa posibilidad y deba mantenerse aprisionado en el picor de la urgencia y sin remedio.

Ante el acecho del temido aburrimiento existen múltiples y posibles reacciones; el hábil llama enseguida a un amigo, a su psicoanalista o al abogado de divorcios u organiza algún tipo de entretenimiento de emergencia; se conecta como hater, cotilla u opinólogo especialista en alguna de las redes sociales, o inventa algún otro recurso para escapar como puede.

Pero hay un tipo de persona que cuando aparece la necesidad de huir aguanta y espera; como si supiera que atravesándola llegará a algún otro sitio; porque presiente que el aburrimiento es esa espera necesaria hacia un viaje feliz. 

Ir más allá del aburrimiento es el trabajo del pensador, del científico, del filósofo, del estudioso, del místico y del artista; esos que se dejan caer dentro del pozo, porque presienten que allí es en donde se encuentra el país de las maravillas. 

JR

 

“¡Qué sería de la creatividad sin el aburrimiento y qué sería del aburrimiento sin los creativos!” JR 

“Los Amigos de la Fortuna”

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En algunas ocasiones la fortuna nos hace una visita y pasa un tiempo con nosotros; pero en otros momentos nos abandona de repente sin siquiera darnos una explicación.

Esto sucede porque su forma es circular y el movimiento que conoce es giratorio, impredecible y temerario.

Cuando la fortuna aparece en nuestras vidas creemos que será eterna y que gozaremos de sus placeres para siempre; pero ella no suele ser estable y cambia de dirección a menudo; se mueve como una dama itinerante que viaja sin apegos y abandona a quienes le aman sin ningún remordimiento.

En su presencia las bendiciones abundan, los afectos proliferan y las amistades se multiplican, mientras la dependencia de aquel que se cree incapaz de subsistir sin ella, crece silenciosamente abrazada al apego.

Pero cuando la fortuna se marcha un día cualquiera sin avisar, y sin dejar siquiera un número de contacto en donde poder localizarla, todo lo que construimos sobre ella se derrumba.

Con ella se van hasta los amigos; y uno comprende entonces que esos amigos tampoco eran los nuestros, sino los amigos de la fortuna. 

 

JR

“ La fortuna al marcharse, se lleva consigo todo lo falso y deja al descubierto lo verdadero” JR

 

 

 

 

 

“Seres luminosos»

 

Nadie es luz de sí mismo; ni el sol.” Antonio Porchia. 

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Los seres luminosos son aquellos que cuando se alejan, sientes que te apagas. Y nunca sabes si son ellos los que desprenden luz, o si son los que hacían  brillar algo en ti.  

Se parecen a los dioses griegos porque tienen algo de dioses y mucho de humano y también poseen algo del dios cristiano en la capacidad que tienen para resucitar y reinventarse ante los fracasos y levantarse de las caídas.

No siempre son amables o nos agradan,  pero cuando aparecen iluminan aunque no quieras mirar o prefieras permanecer con los ojos cerrados.

Tienen también algo de extranjero porque no logras encajarles nunca en ningún sitio, ni definirles jamás por completo, ya que siempre están en movimiento aunque te parezca que están quietos.

Tienen algo de ausentes y sin embargo su presencia se queda contigo a pesar de la distancia y se resisten a creer que les necesitas porque en su mirada te reflejan tan endiosado que hasta tú, que te sentías apagado, sientes al verles que lo iluminas todo.

No son maestros y se resisten a serlo, porque lo que ellos poseen no se enseña  ni se aprende, sólo se contagia.

JR

 

“Todos los días del mundo existe una forma de resucitar”  TanBionica

“La Preparación”

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Se detuvo en el semáforo en rojo y mientras esperaba que apareciera la luz verde se puso a pensar en que llevaba ya 10 años preparándose para morir.

Cuando era joven se preparaba para la vida y al cumplir los 60 y detectársele el cancer, decidió que era el momento de ir preparándose para la muerte.

Entre una preparación y otra había ido pasando la vida y se preguntaba si alguna vez había vivido siendo consciente de que vivía. O si vivir era simplemente eso; una constante preparación para algo distinto.

Entre preparación y preparación sucedía la vida, algo que sólo somos capaces de percibir en perspectiva, como si la vida  necesitara de una distancia para ser vista.

Sólo desde la cercanía con la muerte que le había ofrecido la enfermedad había sido capaz de verla.

Uno toma conciencia de que ha vivido cuando mira hacia atrás, pero rara vez es capaz de percibirse “viviendo”, porque el “viviendo” siempre sucede mientras nos preparamos para otra cosa.

Y distraídos vivimos de preparación en preparación, sin saber que eso es la vida; una preparación.

 

JR

“ Como siempre me preparo para lo que debería sucederme, no me hallo preparado para lo que me sucede, nunca.” Antonio Porchia.

 

 

 

 

 

“Cada uno, cada Uno”

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“Si cada uno hiciese lo que tiene que hacer, el mundo no sería un caos”, solía repetir mi abuela hasta el cansancio.

Pero lo complicado consiste en descubrir aquello que cada uno tiene que hacer y aceptarlo con alegría.

Desgraciadamente, es difícil encontrar felicidad cuando el que nació para abogado es médico, el médico es ingeniero, el pintor es político, el arquitecto es veterinario y el científico es juez.

Pocos son aquellos que están donde tienen que estar y hacen lo que han nacido para hacer. Y por ende, pocos son aquellos que son felices haciendo aquello que hacen.

Donde hay vocación se nota, porque hallarás disfrute en el hacer.

¿Será que amamos aquello que hacemos bien, o que hacemos bien aquello que amamos?

Hoy es difícil encontrar a gente que esté feliz en su sitio, porque las solteras quieren estar casadas y las casadas quieren ser solteras; el cojo quiere correr maratones y el maratonista quiere pasarse el día viendo Netflix; aquel sin oido musical quiere dirigir una orquesta y el daltónico sueña con ser pintor.

Algunos dicen que de eso se trata la libertad, aunque a veces algunas libertades consistan en desear justamente lo contrario a lo que nos toca vivir en cada momento y aspirar precisamente a aquello para lo que nos faltan capacidades.

Pero el mundo moderno nos repite sin cesar que todo es posible y dentro de esas posibilidades está también la de no amar nuestra realidad, no aceptar nuestras limitaciones, ni ser consecuentes con nuestras elecciones.

Encontrar tu verdadera vocación; que es aquello para lo que estás aquí y que además te hará feliz; no resulta ser nada sencillo, porque para descubrir aquello que realmente amarás hacer, deberás descartar primero muchas capas y destruir tus barreras de miedo y también las de la expectativa ajena.

Es cierto que no todos podrán basar su sustento en la actividad que amen, pero aunque tu verdadera pasión no sea una actividad redituable, ésta le dará un sentido a la actividad que realices para conseguir tu sustento.

Las vocaciones no tienen tampoco un periodo de floración concreto y suelen aparecer en distintas etapas de la vida; algunos afortunados descubren su vocación desde muy pequeños, otros en la juventud o en la adultez, otros la descubren al vivir determinadas experiencias que cambian radicalmente su realidad, y los demás, mueren sin haberla descubierto jamás.

El desafío consiste en negarse a pertenecer a este último grupo y en resistirse a morir sin haber amado aquello que hacías, o sin haber descubierto aquello que debías haber amado.  

JR

Con vocación o sin vocación, que mi hacer no se detenga antes de haberle amado” JR

“ Me exhibo, luego Existo”

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Habitar fuera de la vanidad es imposible, pero habitar en la vanidad, sin ser consciente de ella, es posible. 

¿No es acaso vanidad escribir un ensayo, debatir, pintar un cuadro, construir una casa o plantar un jardín?

¿No son acaso todos los actos expuestos a la mirada y al juicio ajeno, actos de vanidad? 

Hay vanidad hasta en aquellos que se muestran ausentes, ascetas, humildes, espirituales y no solamente en aquellos que se pavonean sin tapujos, acelerando su descapotable rojo, a la vista de todos los peatones.

Hay vanidades groseras, escandalosas, escondidas, intelectuales, artísticas, religiosas, morales, sutiles, disimuladas; pero todo en nosotros es vanidad. 

¿Qué son el hombre y su historia sino una trayectoria de vanidades múltiples y diversas?

El problema con la vanidad es cuando se vuelve tan extremadamente aguda, que la mirada del otro pasa a condicionar toda nuestra existencia.

La vanidad entonces, ya no se remite a pequeños espacios de expresión y lucimiento, sino que pasa a definir y a condicionar todas nuestras experiencias.

Ya no soy si no me ven y nada de lo que vivo existe, sino es observado, aprobado o desaprobado por el otro. 

Esta vanidad se alimenta de la mirada ajena y toda experiencia que no es compartida u observada, deja de tener valor.

Las redes sociales han enmascarado a nuestra vanidad bajo el nombre de “compartir”. Y con la máscara de la generosidad (“estoy compartiendo”…) la vanidad se establece como una virtud y pasa desapercibida. 

En esta época digital ya no hay vanidosos, sino seres sociales digitales. 

Me sucede a veces, que al reunirme con alguien resulta imprescindible hacernos una foto, pero no se toma la foto para inmortalizar el momento, sino para subirla a las redes sociales inmediatamente.

El encuentro off line se transforma entonces, en una excusa para aportar contenido a nuestra plataforma y mi amigo en tiempo real, se convierte entonces en un receptor de likes y comentarios virtuales de nuestro encuentro, permaneciendo ausente durante el lapso del encuentro.

Aquel encuentro compartido y digital se transforma entonces, en una ausencia, porque mi amigo ha dejado de estar conmigo, para interactuar y responder en otro plano y con otra gente.

El encuentro existió porque puedo ver las fotos de los dos en Facebook e Instagram, pero no estoy tan seguro de haberlo vivido de la forma en que se exhibe.

Me exhibo, luego existo.

¿Pero cuándo existo?

JR