«El dar y recibir, ese acto de igualdad»

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«Por qué me odias, si nunca te he ayudado? dice un dicho ancestral indio que me llevó mucho tiempo comprender. ¿Cómo puede uno odiar a quien le ayuda? me preguntaba a menudo, pensando en que había algo extraño detrás de esta frase incomprensible.

Pero el tiempo me ha enseñado que en realidad el agradecimiento sólo lo sienten los fuertes. Aquellos que ante la mano que se extiende logran elevarse a un plano de importancia y que en vez de sentirse en inferioridad de condiciones con respecto al otro, sienten que la ayuda recibida ha reforzado su propio valor.

Uno generalmente no desea que nadie le ayude porque al ayudarte,  el otro asume una posición de poder ante ti, que hace que inevitablemente te sientas en inferioridad de condiciones. Nos han enseñado que quien tiene más es quien da al que tiene menos. ¿Pero quién desea sentirse menos que otro? 

El rencor del ayudado surge de esa sensación de inferioridad que provoca el percibir que el otro tiene poder sobre ti.

 Aquel que recibe la ayuda, en vez de sentirse importante se siente entonces humillado y esto sucede porque sólo aquel que se sabe a si mismo valioso es capaz de ser agradecido.

Su agradecimiento nunca alude a la superioridad del otro, sino al valor que el otro ha sabido reconocer en él.

Sólo aquel que se sabe igual a los demás, mas allá de las circunstancias puntuales de cada momento es capaz de dar sin humillar y de recibir sin sentirse humillado.

 

JR

 

«Hay muchas formas de dar y de recibir, pero no todas ayudan” JR

«El Engaño Positivo»

_ ¿Qué le ha pasado a tu padre que no ha venido a la reunión del grupo?

_ Está enfermo.

_ Verás, eso no es real, tu padre sólo piensa que está enfermo. Si su mente pensara a partir de ahora que está sano, entonces verás como se sanará. Vé y dile de mi parte que debe pensar en positivo.

Unas semanas después…

_ Tu padre no ha vuelto a la reunión. ¿Le has pasado mi mensaje?

_ Si, pero verás, ahora piensa que está muerto.

 

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El pensamiento positivo se ha puesto de moda y contra eso no hay quien pueda, pero cuando el exceso de optimismo comienza a lindar con la estupidez, entonces se transforma en una ideología preocupante.  

Suele ser mas llevadero encontrarse en la calle con alguien positivo que con alguien negativo, aunque para ser sinceros, cuando cualquiera de las dos tendencias se manifiesta públicamente en exceso, cansa igual cualquiera de las dos.

El positivo que no es capaz de observar la realidad con una mirada crítica y punzante en determinadas ocasiones, emite un hedor a ignorancia que alerta, resultando ser además un ser aburrido. Al fin de cuentas ¿qué sabor tiene la vida sin un poco de observación crítica, combinada con una pizca de maldad elocuente?  

Es cierto que el positivismo está muy masificado, pero esto sucede porque los procesos extremos de la positividad y de la negatividad son mucho mas cómodos porque no requieren de un ningún proceso mental creativo.

Basta con decir que todo es bonito y maravilloso para convertirnos en seres encantadores y adaptables a cualquier velada. No habremos aportado gran cosa, pero en muchas ocasiones ser simplemente un ornamento sonriente resulta ser mas que suficiente.

Todos sabemos que aquel que es verdaderamente punzante y gracioso, lo es porque es inteligente. Y no es extraño descubrir que los seres mas inteligentes que conocemos, tiendan muchas veces a la negatividad; un enemigo contra el cual todo ser extremadamente pensante debe siempre luchar. Pero para ser justos, la ignorancia se presenta en los dos grupos sin discriminar a nadie.

La capacidad de ver suele traer algunos inconvenientes y aquellas personas que tienen por costumbre mirar mucho, envidian a aquellos a quienes todo les sorprende y a quienes el mundo les pilla siempre por sorpresa. 

Vivimos en un mundo que nos impulsa hacia el positivismo constantemente, aún a costa de negar la realidad que sucede a nuestro alrededor. Y a quienes muchos utilizan como excusa para no entrar jamás  en acción. Cuando todo va extremadamente bien, no hay nada para hacer y cuando todo va extremadamente mal, tampoco. Por lo cual, los elementos comunes en estas dos tendencias extremas ( positivismo y negatividad) son la pasividad y la inacción en el individuo que las padece.

El mensaje cultural ya no se enfoca sólo en la distracción y en el mirar para otro lado, sino que ahora se promueve la actitud de convertir a la realidad en algo distinto a lo que es. No es casual que la nueva moda sea la realidad virtual, porque ésta es el nuevo producto comercial que alivia esta antigua patología que sufre desde siempre la humanidad. 

Saltamos la negatividad creativa para pasar a la fantasía, pero siempre esquivando la realidad, como si se tratara de un obstáculo dentro del juego.

Este hábito hacia los extremos se cultiva en pos de alcanzar un estado que nos preserve de ser realistas y de vernos a nosotros mismos actuar en consecuencia a nuestra realidad.

«Tienes que pensar en positivo» es el mensaje dirigido a las masas constantemente. «Y hacer como si la parte negativa de la realidad no existiera». Porque sólo es necesario que exista tu deseo. En tu deseo, eres tú quien crea la realidad. Pero nadie nos lee la letra pequeña; esa que dice que un deseo sin una acción consecuente es solamente un juego mental muy entretenido.

Y así vivimos  consumiendo fantasías en pos de crear nuevos deseos que inplican a su vez nuevas negaciones, para aparcar temporalmente en ese mundo imaginario, en donde las cosas son como desearíamos que fueran, pero nunca como son en realidad.

Es cierto que la mente es capaz de abastecernos de un mundo propio y éste suele ser un espacio creativo maravilloso, pero cuando la realidad es completamente distinta a nuestra fantasía sobre la realidad, entonces en vez de propiciar en el individuo una acción creativa consecuente, propende a la estupidez  

Porque a veces por mucho que intentes negarla, la realidad se presenta allí y te estalla inesperadamente en la cara, mientras tú estabas soñando con otra cosa. 

Gracias a los negativos creativos; a aquellos que desconfiaron del positivismo abúlico masificado; es que han acontecido los grandes progresos de la humanidad y que se han evitado grandes desgracias.

Si Einstein hubiera sido un físico positivo y hubiera permanecido contento y entretenido con la teoría de la gravedad de Newton, nunca se hubiera planteado otra alternativa.

Por lo cual los contentos inactivos contemplativos son necesarios para la quietud y la alegría, y los negativos activos son necesarios para la evolución de la humanidad y para evitar catástrofes. 

Como siempre, el único riesgo sigue siendo ser auténtico y atenerse a las consecuencias de lo real.  Pero mientras tanto, uno debería conformarse con ser profundamente negativo cuando amerita serlo y profundamente positivo cuando no nos queda otra opción que la felicidad.

JR

«Dicen que la mentira engaña y la verdad no, pero a mi me han engañado las dos. Ni una era tan cierta, ni la otra tan mentirosa» JR

 

 

 

 

 

«El Error del Curioso»

«Lo primero que descubre un niño curioso es lo poco que saben los adultos»

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Si convenimos en que tanto el bien como el mal son construcciones culturales creadas por el entorno en donde crecemos; (ese lugar en donde uno aprende lo que es bueno y lo que es malo), podremos entender que hay distintas acepciones para el bien y para el mal, según las diferentes culturas.

Hay culturas por ejemplo, en donde la sumisión de la mujer está bien vista y sin embargo hay otras, en donde esto mismo es la representación del mal.

No podemos entonces decir que alguien es malo por haber aprendido como bueno aquello que nosotros hemos aprendido como malo, porque en realidad su mirada sólo es el resultado de una mente que ha sido formateada de una forma distinta a la nuestra. Y seguramente, aquello que para nosotros es bueno, en otra cultura se instruya como malo.

La relatividad del bien y del mal es evidente y por ende, sólo representa a conceptos que no se comparten universalmente.

Sin embargo, hay algo que sí compartimos mas allá de la cultura o del formato mental que cada individuo haya adquirido. Y ese elemento es el error.

El error es universal y es el mismo para todos, aunque no todos erremos en las mismas cosas, ni con la misma frecuencia. Sin embargo, el hecho de errar es inherente al ser humano y lo único que es común en todos.

No solemos dar al error la importancia que se merece, a pesar de haber sido una constante en la historia de la humanidad como parte de la estructura del ser humano. Si nos remontamos a la Biblia por ejemplo, queda claro que mas allá del bien o del mal, es el «error» de Adán aquello que crea nuestro mundo.

Si vemos al error con una mirada optimista podemos considerarle como a la luz que ilumina la comprensión de lo correcto, o ese fondo oscuro sobre el cual destaca aquello que no supimos ver como acierto en el momento en el que cometimos el error. 

El error, cuando es visto como una oportunidad se convierte en el escalón necesario hacia el acierto y resulta ser de esa forma, mucho mas tolerable que cuando sólo nos conduce a una condena sin salida.

Es cierto que no todos erramos de la misma manera ni con la misma asiduidad, pero también es cierto que quien no se mueve en direcciones distintas a las conocidass suele errar mucho menos.

Por lo cual no errar, no siempre es sinónimo de virtud o de inteligencia, sino que muchas veces es un signo de inmovilidad. Quien no mira mas allá de lo cotidiano tiene muchas menos posibilidades de equivocarse que aquel que es curioso.

Seguramente no fueron ni el bien ni el mal los que llevaron a Adán al error, sino simplemente la curiosidad.

Aquel que no es curioso no tiene grandes posibilidades de errar, ni tampoco grandes posibilidades de descubrir algo nuevo.

Pero existe un error que cuesta perdonar y perdonarse y es aquel error que se repite, porque no es el error lo que más duele, sino la sospecha sobre la falta de inteligencia que existe en todo aquel que repite siempre los mismos errores.

Porque lo imperdonable no es el error, sino el haberlo cometido sin haber aprendido nada.

JR

«Todos los errores que me han llevado a un aprendizaje me los he perdonado. Pero lo que uno no se perdona, es errar sin haber descubierto en donde yacía escondido el néctar de su error. Lo que uno no se perdona es la falta de inteligencia.» JR

«¿El estúpido es el otro?»

«Me mantengo atento a aquello que creo estúpido en igual medida que a aquello a lo que creo inteligente, porque he encontrado mucha estupidez en quienes creía inteligentes y mucha inteligencia en quienes creía estúpidos» JR

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Estamos acostumbrados a etiquetar a las personas colocándoles en grupos; como por ejemplo en el de los buenos, en el de los malos, en el de los inteligentes o en el de los estúpidos; como si las personas pudiesen ser agrupadas de un modo definitivo en uno u otro casillero, sin que sea la circunstancia quien en realidad se ocupe momentáneamente, de ubicarnos dentro de uno u otro grupo, en ocasiones distintas.

Quien se asiente voluntariamente dentro de alguno de estos grupos de forma permanente sea quizás el verdadero estúpido, al mantenerse inmóvil dentro de una categoría fija en la cual las personas dejan de ser personas.

Nadie es siempre bueno, ni siempre malo, ni siempre inteligente, ni siempre estúpido, porque éstas son sólo distintas posibilidades que van cambiando de acuerdo a la circunstancia en la que te encuentres y a las desiciones que tomes frente a ellas.

Uno se reconoce un estúpido en un congreso de cirugía vascular cuando uno no sabe nada de medicina, o en una clase de física cuántica si uno es un contable, o en una finca arreando y vacunando ganado si uno es un físico cuántico. Razón por la cual, la posibilidad de sentirnos estúpidos tiene mas que ver con la circunstancia en la que nos encontremos en cada momento, que con una condición inamovible.

Es por eso que hay grupos en los cuales uno se siente inteligente y hay otros grupos, en los cuales uno se siente un estúpido. Quizás uno no sea en realidad un estúpido permanente, sino que la sensación de estupidez momentánea se deba simplemente a que uno se encuentra en ese momento en el grupo equivocado.

Sospecho que es la pertenencia de forma inamovible y voluntaria a un sólo grupo lo que acarrea la inevitable carrera hacia la estupidez permanente, porque la estupidez no es otra cosa que la incapacidad de mover la mente en direcciones distintas y sin dificultad.

El estúpido permanente es alguien que de tanto mirar siempre lo mismo y de la misma manera se ha quedado fijo en su enfoque, perdiendo el contacto con la realidad y con las necesidades de su entorno.  

Es por eso, que para evitar la estupidez a la que todos somos igual de propensos, nos recomiendan la movilidad; esa manía de ir hurgando en distintos ámbitos para darnos cuenta, de que el otro no siempre es tan estúpido, ni nosotros somos siempre tan inteligentes.

JR

«Distinguir entre lo Aleatorio y lo Justo»

«Toda cosecha favorable exhibe el trabajo y la confianza del hombre en la benevolencia del Universo»  

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El mundo nos muestra todos los días toda clase de injusticias, y sufrimos al ver cómo duele la vida a todos aquellos que no poseen nuestra suerte. Habitamos un mundo hecho de contrastes, pero que a su vez también nos ofrece oportunidades para apreciar hechos justos.

En muchas ocasiones la justicia aparece, como por ejemplo cuando vemos que aquel que trabajó duro progresa, o como cuando aquel que no se ha esforzado fracasa.

Pero he notado en general, que en vez de apreciar estos vislumbres de justicia que se nos presentan a diario, optamos por envidiarlos en el caso del éxito, o por compadecerlos en el caso del fracaso.

La envidia es una actitud muy común en aquel que considera injusto al resultado generado por el esfuerzo del otro. Solemos envidiar, en vez de admirar y aprender del trabajo y de las renuncias que ha hecho el otro para conseguir sus objetivos. 

Y compadecernos, es la actitud que tenemos hacia las desgracias aleatorias que la vida presenta a veces, pero equivocadamente también es la actitud  que ostentamos en aquellos casos en los que el fracaso ha sido claramente el resultado de una falta de esfuerzo.

Nuestra naturaleza codiciosa nos impide además, ser conscientes de la justicia en nuestra propia vida, porque siempre creemos que merecemos más. Y a la vez tampoco apreciamos la justicia que hay en la vida ajena,  porque en vez de reconocer el esfuerzo del otro, optamos por poner en duda cualquier resultado favorable, alegando que el otro no se lo merece y que es injusto.

El universo y nuestra vida son una combinación permanente de aleatoriedad  y de justicia y saber distinguir a la una de la otra, es un trabajo de conciencia que nos lleva toda la vida.

¿Qué ha sido aleatorio en mi vida y qué ha sido justo?  Hay en ella victorias y fracasos; muchos han sido aleatorios, pero todos los demás han sido justos.

 

JR

 

«En todo encuentro siempre de más o de menos, como si lo justo nunca me encontrase atento» JR

«La Incomodidad es la Fuerza del Arte»

«Cuando la vida te haga ruido o te roce como los zapatos, tienes que crear» JR

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Siempre hemos desmerecido a la adversidad, como si fuera una mala hierba a la que hay que arrancar de cuajo. Y sin embargo, al mirar atrás en nuestra propia vida la vemos a ella, como a una magnífica generadora.

La adversidad nos ha encendido las ideas, nos ha hecho profundizar en la nimiedad y ha sido capaz de crearnos una nueva escala de valores, en donde curiosamente lo importante resultó ser aquello a lo que no le dábamos valor en la abundancia. 

Mi abuela repetía: «La necesidad es la madre de todas las cosas»

Se refería a la incomodidad que precisa la creatividad para nacer; del mismo modo en que el niño nace, cuando ya no se encuentra cómodo en el útero materno.

Nadie que se encuentre cómodo es capaz de crear, porque quien se ha adaptado a lo que hay, no siente ninguna necesidad de pensar algo nuevo.

El arte surge de la incomodidad y como una revolución frente a lo existente y el artista es básicamente un ser que habita incómodo y al que la vida como la percibe a veces le pica o le hace ruido.

¿Quién que estuviese cómodo se tomaría sino, el trabajo de crear?

El arte actúa a veces como denuncia y otras veces como alabanza, pero siempre nace de una incomodidad individual que aspira a sanarse o liberarse mediante la expresión»

JR

«La Destrucción de lo Femenino»

«Muchas esclavitudes nuevas se esconden detrás de un grito de ¡Libertad!» JR

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Hay un eslabón fundamental en la construcción de un imperio y sin duda este eslabón es la mujer, la responsable de criar al sabio o al machista, al bondadoso o al terrorista.

La  mujer, esa a quien erróneamente se considera como el sexo débil, es quien tiene en sus manos ese poder;  ya que tanto el hombre como la mujer que nos sucedan dependerán de ella. 

Existe sin embargo, un movimiento de mujeres iracundas que avanzan por el mundo occidental y se pasean desnudas y a los gritos, intentando mostrar que esa es la libertad que reclaman y merecen. Y todo aquel que intente detenerlas será catalogado de machista e insultado sin pudor.

Si eres mujer y te opones a ellas, te enviarán a un lugar especial en el infierno que según me han comentado, ha reservado Madeleine Albright para aquellas mujeres que no apoyamos su proyecto de autodestrucción masiva.

Sin embargo, como yo no creo en ese infierno, considero que es competencia de las mujeres deslegitimar a este colectivo que habla en nuestro nombre pero que no nos representa, degradándonos y humillándonos sin parar. 

¿Quién impulsa a estos movimientos violentos? Yo me hago esta pregunta cada día y estoy convencida de que no proviene de una mujer, sino de un hombre.

Un hombre cuyo interés no es la evolución, sino la decadencia del género femenino. Un hombre que desea demostrar que la mujer occidental no ha logrado ejercer su libertad correctamente y que por esa razón es bueno que permanezca sometida.

Un hombre que desea justificar que debemos vivir lejos de los libros, de la escuela, de la universidad, de las empresas, del Arte y de la Ciencia porque nos hemos convertido en un colectivo violento, iracundo y destructivo que al acceder a la libertad ha puesto en riesgo también a la continuidad de la especie.

Un hombre que desea quebrar nuestro imperio occidental basado en las libertades y en la equidad de oportunidades para todos, en pos de un patriarcado. 

Las feministas actuales, siguen dando motivos para que esto suceda y para que el desprestigio de la mujer occidental aumente día a día; con cada marcha, con cada teta, con cada insulto, con cada reivindicación violenta que ellas encarnan en nombre de un colectivo que se ha despojado del tesoro que posee lo femenino y en nombre de una libertad a la que desconocen. Y como no la conocen, no la cuidan. 

JR

«La libertad no es un regalo, sino una construcción.  Y cuando la has construido, sabes muy bien por donde se destruye»JR

«La Elección del Escritor»

«Soy aquello que muestro y también soy aquello que escondo, porque lo que muestro siempre delata a lo que escondo» JR

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Una hoja en blanco es para el escritor un trampolín y las palabras, el único remedio capaz de calmar su ansia.

Esa nada blanca a la que se enfrenta cada día, le ofrece siempre dos opciones: O vende o se arriesga.

La venta le garantiza la aprobación del entorno, ya que todo vendedor es un experto en reconocer las necesidades de sus clientes. Y si es bueno, nunca falla. Te observa, te estudia, te aprende, te conoce y logra encontrar el producto que necesitas, sin ninguna dificultad.

Posee la habilidad de entrar sin problemas en tu carencia y sabe darte el consuelo que precisas. Ocupa tus vacíos y crea espacios nuevos para darte continuidad a ti y a su trabajo, regalándote un refugio y ofreciéndote su amparo. Y es gracias a esos escritores, que las historias se disfrutan y la lectura se ama.

Pero hay otros desgraciados que cuando ven una hoja en blanco no encuentran otra opción que la de arriesgarse. Ésos no tienen en cuenta ni tus gustos, ni tus creencias, ni siquiera le importan tus necesidades inmediatas y en vez de relajarte, avanzan con sus verdades  atropellando todas tus estructuras, cavan en tus cimientos sin guantes y sin permiso y al terminar te dejan a tu suerte, sin siquiera una linterna.

Consiguen romper desde adentro todo aquello que con tanto esmero tú habías construído a modo de protección y de consuelo.

Ellos se muestran sin piedad y te exponen sin anestesia a toda tu ignorancia, reformulan tus preguntas y evaporan tus respuestas. Dejando hecho trizas tu kit de supervivencia y sin siquiera percatarse de que te has quedado tumbado; con un libro en la mano y el corazón en el suelo.

Pero si tuviera que elegir entre uno de estos dos tipos de escritores, no sé con cual me quedaría, porque pensar en una vida limitada sólo a uno de ellos, sería a estas alturas algo inconcebible.

Sin el desgraciado, mi vida no tendría sentido y sin el vendedor, sería insoportable.

JR

«Cuando la Historia es un Ancla»

«Hay un momento en el que se vuelve urgente cerrar la puerta de la historia y hacerlo sin sentir ninguna culpa porque la superación es la única manera que tienes de poder sobrevivir a ella.» JR

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La Educación no siempre actúa como una tabla de salvación para los individuos, sino que a veces se parece mas a un ancla que te deja clavado al fondo sin ninguna posibilidad de avance ni de progreso.

No es extraño presenciar las discusiones anuales que tienen lugar a ambos lados del Océano Atlántico cada 12 de Octubre, ese día en que antiguamente todos celebrábamos con alegría el descubrimiento de América y que hoy sin embargo, transitamos rodeados de un victimismo que enturbia cualquier intento por crear un ambiente festivo.

Uno va perdiendo poco a poco la noción de quienes fueron en realidad las víctimas y quienes los verdugos, en aquellas historias que hoy son tan antiguas, como lo son los dinosaurios; a quienes mi hijo pequeño sospecha que yo he conocido en mi juventud.

La Historia es algo viejo que debe ser aprendido, pero que luego debe ser superado.  Porque el verdadero aprendizaje consiste en la superación de la historia. Superación como mejoramiento y también como redención.   

Hay personas que presumen de poseer una prodigiosa memoria y que son capaces de recordar fechas y hechos siniestros del pasado, con un odio tan vigente que uno al escucharles, lejos de quedar maravillado por estar frente a gente tan memoriosa, siente que la falta de información hubiera sido mucho menos perjudicial en ciertos casos.

La diferencia está en cómo se utiliza a la Historia.

¿Es acaso la historia una tabla de salvación para aprender sobre patrones y comportamientos de hechos admirables o indeseables del pasado, o es una táctica para crear resentimiento eterno?

No es extraño que se utilice a la Educación como método político para manipular la mentalidad de las generaciones nuevas hacia una ideología determinada y es por eso que la Educación y la política siempre han estado muy unidas. Porque quien maneja la Educación de un pueblo tiene en sus manos el poder.

La Educación alimenta a la política, ya que el político busca moldear a su rebaño a su imagen y semejanza.

La imparcialidad en la enseñanza de la Historia sea quizás una utopía, teniendo en cuenta que quien escribió la historia probablemente no haya sido imparcial en su mirada. Pero es importante tomar conciencia de que la estrategia de aquellos gobiernos latinoamericanos que inculcan el odio a Europa por la colonización de 1492, sólo están intentando justificar la actual miseria de sus pueblos, buscando a un culpable que ha muerto hace siglos fuera de sus fronteras.

La Historia debe superarse para servir como medio de aprendizaje y no como un generador de resentimiento y estancamiento. 

El resentimiento es la enfermedad que corroe actualmente a Medio Oriente y a America Latina. Cultivada por líderes como Chavez, Kirshner, Maduro, Evo Morales o Castro, quienes han basado sus políticas en ubicar a los responsables de la miseria de sus pueblos fuera de sus fronteras, para enrurbiar la mirada del pueblo y así poder esconder su mala gestión, su irresponsabilidad y su enriquecimiento a base de corrupción y manipulaciones.

Mientras estos pueblos sigan pensando que la culpa de todos sus males está en Europa o en Estados Unidos, nunca le exigirán progreso a sus propios gobernantes. Y esta es la estrategia de los que cultivan el resentimiento; evitar todo tipo de responsabilidad y evitar así la acción responsable de sus políticos. 

El resentimiento es una forma infalible de situar a la culpa  y a la solución de los problemas que padece un pueblo fuera de su territorio. Y al estar fuera, no hay nada que tú puedas hacer. Y cuando tú no haces nada, sólo consigues que te hundan en la miseria.

La historia que no se supera crea un resentimiento que te mantiene ciego y anclado al pasado y el pasado es un tiempo en donde no existe ninguna posibilidad de progreso. Un tiempo vedado para ti porque aunque lo intentes nunca te permitirá volver.

Hay un momento en que se vuelve urgente cerrar la puerta de la historia y hacerlo sin sentir ninguna culpa, porque la superación es la única manera de poder sobrevivir a ella.

JR

«La historia luego de informarte sobre las fortunas e infortunios pasados, tiene que impulsarte a superarla,  porque la historia que tú crees, debe redimir a la que has heredado» JR.

«La Cura para el Racismo»

«No es a través de la negación o de la lucha como se transforma este vicio, sino a través de la comprensión de que aunque se muestre como un separador, este vicio nos une a todos» JR

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La lucha contra aquello que es natural en el ser humano termina generalmente siendo una lucha autodestructiva, además de resultar inútil.  Es por eso, que la batalla contra el racismo es igual a aquella que libraba Don Quijote de la Mancha contra los molinos de viento.

Todos somos racistas, si consideramos al racismo como a esa tendencia innata a sentirse superior en algún sentido a otro ser humano y que no se limita únicamente al color de la piel, sino que abarca todas esas separaciones que representan una condición de desigualdad.

Somos racistas aunque nos neguemos a confesarlo en voz alta y nuestro racismo se manifiesta de muchas formas distintas; sientiéndonos superiores al otro a nivel cultural, en apariencia, en estatus social o a nivel económico.

Sin embargo, existen algunos casos en los que el racismo se vuelve casi imperceptible y esto se presenta en aquellos individuos que se autodenominan «no racistas», pero que con esta afirmación tan políticamente correcta, sólo consiguen demostrar que se sienten por encima de los demás a nivel moral.

Este tipo de “racismo moral” no tiene tanto que ver con la sensación de superioridad en cuanto a la forma física, el lugar de procedencia o el nivel intelectual o económico de otro individuo, sino que constituye una forma de racismo que es aún mas peligrosa que cualquiera de sus otras manifestaciones, porque no resulta evidente ni identificable a primera vista para sus víctimas y ni siquiera es reconocida racionalmente por el propio individuo que la padece.

No es extraño también encontrar racismo entre poblaciones de individuos semejantes, a las que desde fuera percibimos como iguales. Al adentrarnos en ellas sin embargo, percibimos que esas poblaciones a las que creíamos homogéneas, también están divididas en muchos grupos rivales, que luchan entre sí por una supremacia social, económica, moral o espiritual. Por lo que la raza común, tampoco es garantía de la ausencia de racismo.

Nadie escapa del racismo aunque lo intente y es importante poder identificar nuestra forma particular de racismo, no sólo para manternenos alerta de aquellas manifestaciones que pudieran resultar dolorosas para el otro, sino también para percatarnos de que siempre habrá alguien en el mundo que también siente racismo hacia nosotros; ya sea por nuestro aspecto, nuestro lugar de procedencia, nuestra edad, nuestro nivel intelectual, nuestra formación o nuestras costumbres. Y  generalmente es sólo cuestión de poner un pie fuera de nuestras fronteras para comprobarlo.

No hay mejor cura para este vicio tan común, que un viaje hacia otras culturas; para experimentar la sensación de ser también uno, el objetivo del racismo.

La experiencia es necesaria y debería de ser obligatoria para que todo ser humano tuviese el privilegio de comprobar, no sólo aquellas sensaciones que provoca el vicio en su objetivo, sino también para confirmar que el vicio es común en todos, aunque nos creamos con derecho a considerarlo sólo nuestro.

Nadie escapa a la sensación de sentirse por encima de otro en algún sentido y lo mas importante a recordar, es que siempre habrá otro ser humano que a su vez nos considera a nosotros por debajo de su zapato.

Seamos racistas sin hacer de ello un tabú o un defecto exclusivo de los demás y tomemos conciencia de que el ser humano no es original, ni siquiera en sus vicios. 

Esto quizás nos calme y hasta podamos reflexionar sobre el hecho de que nunca y bajo ninguna circunstancia estamos solos, porque existe una igualdad en el Universo que aunque yazca imperceptible, permanece siempre presente.

JR

«Sólo la comprensión del fenómeno y la experiencia de un vicio en sus dos polaridades, pueden transformarlo en virtud. JR