“90 minutos de Igualdad”

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Ha comenzado el mundial de fútbol y junto con él la oportunidad de vivir por 90 minutos cada pocos días, la transitoria experiencia de la igualdad.

Durante esos 90 minutos y únicamente dentro de ese espacio- tiempo todos sufriremos juntos, nos emocionaremos juntos, querremos que el balón se dirija hacia la misma portería, saltaremos de alegría por un gol e insultaremos con la misma indignación las faltas del rival y de los árbitros.

Durante 90 minutos no habrá diferencias sociales, étnicas, culturales, religiosas o políticas de ningún tipo, no habrá más colores que los de la camiseta, ni más canción que aquella que nos aliente a seguir adelante.

Durante 90 minutos todas aquellas distancias que parecían intransitables desaparecerán mágicamente y se fundirá toda brecha en el abrazo de un gol.

Durante 90 minutos seremos hermanos, socios, sufridores hermanados con la mira en una misma alegría conjunta, que nos iguale a todos en una misma felicidad.

Durante 90 minutos no habrá competencia, separatismos, dialectos ni ideologías más que la de esa esfera terrestre, que a veces mágicamente  pierde la fuerza de la gravedad y logra ocupar ese punto deshabitado por el portero contrario.

Durante 90 minutos y sólo en ese espacio- tiempo tendrás la oportunidad de percibirla, de flotar ingrávido en un espacio extraño e ilusorio de la realidad.

Y como sólo serán 90 minutos de unos pocos días marcados y no volverá a repetirse hasta dentro de cuatro años (si es que todo va bien); yo te recomiendo que aunque no te guste el fútbol; no te pierdas la experiencia de la igualdad.

 

JR

 

» Lo que nutre no es la experiencia, sino el trabajo de hacer zumo de naranja con ella; lo que nutre es el jugo que le exprimes a la experiencia” JR

“Los Bebedores de Agua”

“Ningún bebedor de agua escribió jamás nada inteligente” Cratino (siglo V a.C)

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Los moralistas de la salud y del bienestar ocupan en estos tiempos un lugar de privilegio.

Hacen de la salud un fin último y aunque no haya que negar que la salud resulta esencial para una vida agradable, también debemos asumir que está inevitablemente destinada a marchitarse y a perecer por el desgaste del paso del tiempo.

Los sacerdotes de lo natural hacen de su objeto (el cuerpo) un objetivo supremo, que no busca despertar la conciencia de lo transitorio como oportunidad de vida y de acción, sino que induce a anular el sabor de la vida y el disfrute de sus delicias, en pos de una salud imperecedera pero insulsa, que aseguran que nos hará durar más y en mejor estado de conservación, pero viviendo una vida, sin sabor ni frutos.

El problema con estos  nuevos moralistas es que desprenden un olor a superioridad moral que a veces intoxica, como sucede con ciertos perfumes que exageran en la intensidad de la fragancia. Desconociendo que hay preferencias que de tan intensas se tornan en manías y hacen perder la cordura a quien presume exageradamente de ellas. 

Es bien sabido que a todo grito de libertad le sigue siempre a modo de  sombra, una nueva intolerancia. Los nuevos libres pasan a ser generalmente  los estrenados intolerantes y su doctrina la nueva dictadura.

Esto nos sucede porque somos poco propensos al equilibrio, ya que el equilibrio resulta ser un trabajo tedioso, que requiere de una constancia que nunca se da por terminada.

Quien cree haber alcanzado el equilibrio y se relaja definitivamente, lo pierde. Porque todo equilibrio necesita de una fuerza continua.

Siempre recuerdo aquellas tardes en el balancín intentando compensar el peso con los amigos. Al acabar el tiempo del juego tocaba bajarse y entonces el equilibrio se rompía, quedando un lado de la madera hacia arriba y otro hacia abajo. Y por más que uno intentaba dejar la tabla en el medio, resultaba imposible, porque el medio sólo se alcanzaba con el peso alternado de dos fuerzas contrarias.

Asi sucede también en la vida, en donde hay sanos que por querer estar tan sanos enferman, santos que por creerse tan santos se envilecen y gente que por querer durar tanto, vive la vida como si ya estuviera muerta.

El equlibrio se hace presente también en la buena mesa, en donde frente a cada plato se disponen siempre dos copas, una de agua y otra de vino, para que la alternancia alimente y nutra como es debido.

El saber usarlas es un arte como cualquier otro, que se adquiere con la práctica, el tiempo y la observancia atenta de todos los ejemplos.

Un poco de agua y un poco de vino, un poco en la tierra y un poco en el cielo, un poco de cuerdo y un poco de loco, un poco de hombre y un poco de Dios, un poco de todo y un poco de nada.

Porque no sólo de pan vive el hombre, sino que debe también saciar otros muchos apetitos.

Despues de todo ¿Quién dice que el equilibrio no sea la fuerza que nos permita vivir sanamente entre dos mundos?

JR

“Ningún talento fue grande sin una dosis de locura.”  Aristóteles

“De la Linealidad a la Atomización”

“ Se mueven, no porque estén vivos, se mueven para creer que viven” A Porchia

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Si observas una mesa familiar contemporánea, ya casi no verás a un circulo lineal, conformado por puntos unidos alrededor de una mesa, sino a puntos aislados, cada uno girando en la órbita de su teléfono móvil.

Y es que el mundo digital ya no concibe al tiempo como a una linealidad, en donde el individuo se dirige hacia un destino o hacia una meta común, conformada por subidas y bajadas, valles y montañas, puentes y diques, que le marcan además, un ritmo con distintas velocidades.

El mundo digital no conoce la distancia lineal porque la ha trascendido y opera en un espacio distinto. 

Hoy la velocidad de la información y de los sucesos es tan precipitada, que ya no queda tiempo para la reflexión de nada de lo que pasa, ni de nada de lo que nos pasa.

La reflexión era el espacio vacío que existía entre un suceso y otro. Un bache de tiempo que quedaba disponible para pensar lo sucedido y aprender. Era el tiempo que existía entre una cosa y otra, entre una actividad y otra, entre un encuentro y otro. ( un vacío al que hoy se teme con espanto)

Cuando nuestra cotidianeidad sucede a mucha velocidad y esa velocidad no amengua, sino que sigue acelerándose cada vez más, el aprendizaje no tiene tiempo ni espacio para suceder. 

La linealidad del tiempo tejía historias, construía relaciones, vidas conjuntas y experiencias de las que nacían ideas, vínculos, aprendizajes y virtudes.

Hoy sin embargo, nada permanece en el tiempo, todo es efímero y volátil porque la falta de linealidad ha provocado también la falta de sostén.

Las cosas ya no pesan porque ya no duran, y no duran porque no tienen tiempo de detenerse. Y como no pesan ni duran, tampoco son valiosas. Todo es efímero, momentáneo y descartable. 

La atomización escapa a toda fuerza gravitatoria, manteniéndonos en un espacio aislado y girando sobre nosotros mismos, sin ninguna finalidad ni sentido. Porque el sentido de todo movimiento aparece recién cuando éste se detiene. Y no existe el sentido en el ámbito nuclear.

Todo viaje cobra sentido recién cuando uno vuelve a casa, porque el volver a casa implica detenerse. Y detenerse es valorar y dar sentido al movimiento. 

¿Está acaso el peso de las cosas relacionado con el valor y el sentido de las cosas?

Si, lo está. Porque para pesar, un objeto necesita permanecer. Y el permanecer es tiempo y el tiempo de permanencia es algo que desaparece en la época de la atomización y de lo instantáneo.

Aquí nada permanece, nada pesa, nada vale, nada es suficiente y nada satisface. 

Ya no es fácil terminar un libro, atender a una conversación, ni concentrarse en nada. Ni hablar de construir relaciones, familias o amistades duraderas que conlleven tiempo y permanencia y una dosis de quietud, (que hoy es considerada casi como un pecado mortal o una pérdida de tiempo). 

La tendencia es la urgencia por vivir conectado, eufórico, asombrado, excitado, motivado a toda hora, entretenido a toda hora, informado a toda hora y a la vez aislado a toda hora, en un espacio de soledad que gravita alejado de todo cuanto nos rodea y a la vez conectados con todo lo que no pesa, ni tiene duración, ni es importante.

Este tipo de aislamiento digital provoca un vacío que no es producto de la escasez, sino de la saturación.  

Mucha gente se queja; en estos tiempos de posibilidades infinitas de distracción; de sentirse presa de una falta de sentido.

Y no es casual que las enfermedades actuales estén relacionadas con este aislamiento hiperactivo, (el vacío y la tristeza) y que sean éstas la nueva peste del siglo de la hiperconexion.

El sentido no aparece porque no se dedica ningún tiempo a darle sentido a las cosas.

La hiperconexion atrofia la capacidad de conexión que da sentido a la vida. 

El sentido es tiempo y el tiempo es permanencia. No inmovilidad ni quietud estática; que llevarían inevitablemente al mismo vacío pero por una dirección distinta; sino ritmo.

Cuando la vida tiene un ritmo; uno con redondas, blancas, negras, corcheas, semicorcheas, fusas, semifusas y silencios; entonces hay música.

JR

 

 

“Sin ritmo no hay música, ni sentido, ni vida” JR

 

 

“La Belleza Ignorada”

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Pocas cosas son tan bellas como la virtud ignorada. Aquel que es bueno y no lo sabe, aquel que alumbra sin saber que es luz, aquel que es bello y desconoce su belleza o aquel que es sabio y siente que aún le queda todo por aprender.

Hay virtud en la ignorancia de las virtudes y es esta ignorancia la que otorga la cualidad de virtud a la virtud.

Porque hay algo de repugnante en el conocimiento de aquel que se sabe a sí mismo bueno, piadoso, hermoso o sabio. 

Algunos llaman a esta ignorancia bendita “inocencia”, y ésta no es una candidez que se deja engañar o que permite que la adulación y la vanidad le cieguen.

La ignorancia bendita no se deja medir ni con números ni con letras, porque lo supremo no se puede sumar, ni restar, ni contar.

La verdadera virtud es como una fiebre leve; algo que se tiene sin percatarse jamás que se tiene.   

JR

”Quien de verdad aprende, ignora que aprende y por dónde aprende” JR

“Inteligencia Artificial”

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Si nos remitimos a las definiciones de este concepto tan vigente, veremos que la inteligencia artificial es un conjunto de sistemas creados para desarrollar la racionalidad de una arquitectura, sea ésta una máquina o un ser humano.

El concepto “artificial” nos habla por lo tanto de algo que no es auténtico o propio, sino fabricado e introducido por otros, y esto no excluye a los sistemas educativos, que transmiten al individuo un aprendizaje ordenado de conceptos, con el fin de generar un funcionamiento intelectual determinado y con fines útiles.

Si el conocimiento es en realidad una acumulación de información y de datos introducidos en un mecanismo (en nuestro caso en un cerebro) estamos entonces estableciendo que aquella acumulación de conocimientos a los que comúnmente llamamos inteligencia, es algo también artificial, o lo que denominaríamos más concretamente como memoria.

Podríamos deducir entonces, que toda información que no es obtenida por la experiencia directa es algo adquirido artificialmente (no es propio, sino ajeno).

¿Y cuál es entonces el tipo de inteligencia que no es artificial?

Se podría decir que lo único realmente auténtico es aquello adquirido a través de nuestra propia experiencia, pero sólo si ésta deja de estar influida o condicionada por los aprendizajes e informaciones anteriores; cosa que resulta ser sumamente difícil, ya que liberarse de los condicionamientos que limitan la aparición de la inteligencia es un proceso que lleva muchos años de atención. Porque muchas veces, ni siquiera muestras propias experiencias son capaces de derribar los condicionamientos adquiridos de forma artificial.

Nuestra respuesta a los estímulos cotidianos no es muy distinta a las respuestas que podría dar una máquina programada con la misma información.

Vivimos casi toda nuestra vida en una especie de piloto automático, que nos permite reaccionar de una forma similar, estipulada y predecible a los estímulos que se nos presentan y sin esfuerzo.
Esta capacidad de funcionar de forma automática nos hace semejantes a cualquier máquina programada para la misma función.

La inteligencia artificial que nos implanta la Educación es sumamente útil y escencial para nuestra supervivencia, ya que uno no debería tener que experimentar ser arrollado por un coche para aprender a parar en un semáforo en rojo.
Gracias a la inteligencia artificial obtenida mediante la información que nos aporta la Educación a todos los niveles, evitamos tener que pasar por muchas experiencias dolorosas para aprender.
Por lo cual, la información de la Educación a todos los niveles es fundamental para nuestra supervivencia, pero a la vez insuficiente para nuestra superación.

Algo similar nos sucede con las emociones; quien no ha sufrido la muerte de un ser querido es incapaz de tener la experiencia de la pérdida de otro individuo y si se compadece de aquel que pierde a un ser querido, es sólo porque ha adquirido el concepto del dolor de forma artificial y el de la compasión como reacción o respuesta. Por lo que podemos deducir que la empatía también se aprende como conocimiento o como experiencia.

Para hablar sobre nuestra reacción a aquello para la que no estamos  programados podríamos remontarnos a esos momentos en los que sufrimos un estado de parálisis momentánea al enfrentarnos con cosas nuevas, cosas para las cuales no estábamos preparados o programados. Y ante estas situaciones, se nos exige una acción nueva.
Frente a este “desconocido” surge un estrés, que es la reacción de la inteligencia despertándose, (no nos olvidemos que la introducción de inteligencia artificial en el ser humano presupone la existencia de una inteligencia dormida).

La diferencia de respuestas ante una situación no programada pueden ser dos: o respondemos en forma de reacción (mecanismo de respuesta de inteligencia artificial, que en estado de emergencia asocia a una situación desconocida con alguna otra ya conocida), o respondemos con acción ( mecanismo de respuesta nueva y libre de condicionamientos externos).

Esta última forma de respuesta es lo único que una máquina jamás podrá hacer porque la máquina no conoce a la excepción y como no es capaz de crear tampoco es capaz de distinguirla.

La repetición de mecanismos aprendidos es una función «no creativa», meramente reaccionaria y repetitiva, que tanto la máquina como el ser humano, son capaces de llevar a cabo.

Salvando a la creatividad, ( que es lo único que nos diferencia de las máquinas), en el resto de situaciones funcionamos exactamente igual a ellas, con la diferencia de que ellas son mucho más rápidas, no se cansan nunca y tienen mucha más memoria.

JR

«La Identidad cultural como Frontera”

“ Lo que está entre la manzana y el plato también se pinta” Georges Braque (pintor del siglo XX)

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Junto al resurgimiento de los tan temidos nacionalismos aparece la excusa de la identidad cultural como frontera y motivo de separación. 

Tenemos un sistema de pensamiento que para comprender cualquier cosa y reafirmar ese conocimiento, necesita separar y comparar a una cosa con otra.

Todos nuestros conceptos y nuestras conclusiones se forman entonces como resultado de una comparación y de una diferenciación de lo otro.

Lo que soy, se define por aquello que tengo distinto a ti.

Por lo cual, uno va forjando su identidad en relación a otro de una forma negativa (porque es en base a una diferencia)

No soy en cuanto soy, sino en cuanto soy distinto.

Al diferenciar, comprendemos y establecemos aquello que conocemos como identidad.

Esta identidad implica además, la continuidad de una forma específica de conocer y marca los parámetros de un tipo de pensamiento; el de una mentalidad a la que yo llamo mentalidad en blanco y negro.

Tanto el blanco como el negro marcan dos extremos fijos e inmóviles, separados por su diferencia. Pero esta distancia “entre” el blanco y el negro también se pinta, como diría Georges Braque. 

Nos dicen que la identidad cultural es la forma de pensar el mundo y para una mentalidad en blanco y negro es en realidad una construcción de cimientos fijos, en contraposición a grupos distintos.

Todo lo que no es blanco, es negro y el policromado o el espacio entre el uno y el otro, nunca se pinta.

¿Pero por qué no se pinta?  Porque no se conoce.

¿Y por qué no se conoce? Porque no está sujeto a ninguna comparación.

La identidad cultural es un concepto que amalgama dos valores que se contradicen entre sí (identidad y cultura) y este término se inventa para que sirva de frontera y como excusa para mantenerme indentificado y separado de aquello que es desconocido. 

La excusa suele ser el temor a la uniformidad o el temor por la desaparición de una cultura que desea preservarse intacta. Pero la cultura no es una cosa a la que puedas mantener inmutable, sino un proceso vivo, que nunca se mantiene separado o inmune al entorno.

Mantenerse separado no es sólo separado de algo, sino quieto, fijo, sin curiosidad, muerto. Algo que sin duda, contradice al concepto de cultura; que es por definición un proceso permeable y en continuo movimiento y transformación.

En cuanto la cultura se estanca, muere; como sucede con cualquier otro proceso que está vivo. 

Los vendedores de identidad cultural recurren a la identificación (identidad) como recurso para la inmovilidad, que cosecha el aislamiento y el sectarismo y cultiva el carácter temeroso y desconfiado de todo aquello que si no es blanco o negro, no debería pintarse. 

Pero la cultura no es una estatua griega a la que uno debe contemplar embobado e inmóvil, sino una bicicleta que está allí para que la uses y para que te lleve a todos lados.

Nuestro pensamiento en blanco y negro no es capaz de conceptualizar algo inacabado como son todos los procesos; ya que por definición un concepto es la reducción de un proceso a una definición estanca.

En la lengua sajona el término “human being” resulta ser mucho más acertado que el término castellano “ser humano”.

Su traducción literal sería “siendo humano” y este “siendo” es mucho más preciso para referirnos a algo que es un proceso inacabado. Porque el ser humano es una continuidad. 

Y lo mismo sucede con la cultura. La cultura es también un “culturizando”; un proceso inacabado en constante movimiento, tensión y formación.

Concebir a la cultura como a una identidad fija es un error y usarla como frontera es condenarla a que en vez de pintarse, se momifique. 

JR

“Algo que tiene ruedas y no puede transportarte a lugares distintos y desconocidos, está averiado” JR

“Una silla es una Silla”

El valor real de una silla lo marca el culo” JR

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Siempre me llamó la atención la gente que tarda meses en elegir una silla y que hace de la elección de un objeto un asunto de estado.

La silla es importante y es fundamental para un diseñador de asientos o para un carpintero; pero si tan sólo eres alguien que la necesita como parte del mobiliario, una silla no deja de ser un objeto igual a cualquier otro.

Cuando algo poco importante me arranca  de la proporcionalidad que tienen las cosas, me repito a modo de mantra “una silla es una silla” y así es como me recupero rápidamente de esa locura transitoria y contemporánea de darle un valor desproporcionado a los objetos. 

Nuestro mundo de consumo nos empuja a que una silla no sea una silla, sino una manera de ser y de mirar el mundo. Y uno entra por el aro de la estupidez de creer que las cosas nos definen y nos clasifican.

Pero lo que no vemos, es que al producirse el cambio de roles, la silla pasa a ser tú y tú la cosa. Porque la cosificacion del individuo y la humanización de la cosa, son dos procesos simultáneos.

La cosificacion no repercute a un sólo sexo, aunque es hoy una denuncia de la que se ha apropiado el feminismo actual.

Ellas no desean ser cosificadas por los hombres porque prefieren cosificarse solas, (igual que ellos). Y están en todo su derecho.

Cada uno es libre de ser el hombre o la mujer de la silla, del pantalón o del coche de moda; porque el coche habla de ti, el pantalón de tus valores y la silla de tus sueños, de tus principios y de tu forma de ser.

Porque desgraciadamente la cosa es ahora mucho más hombre que uno y uno mucho menos cosa que un hombre. 

 

JR

 

“Una cosa tiene derecho a romperse, un hombre tiene el deber de levantarse” JR

“Las Ciencias Benditas”

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De todas las ciencias considero a las Matemáticas como a la reina entre todas ellas; a pesar de encontrarme más a gusto  entre letras y poseer el horrible defecto de contar con los dedos.

Aún así, no puedo evitar quedar fascinado cada vez que leo sobre los nuevos avances en el campo de la inteligencia artificial y admiro profundamente a quienes son capaces de utilizar la razón pura y la abstracción para entender y abordar el mundo.

Las Matemáticas han sido la ciencia que mayor progreso ha aportado a la humanidad; sin olvidarnos por supuesto de la Medicina, que ha sido la encargada de mantener a nuestra especie con vida. Pero todas las grandes revoluciones humanas han estado siempre motivadas por los descubrimientos matemáticos.

La electricidad en su momento y hoy en día la informática y la ingeniería de la inteligencia artificial, revolucionaron y seguirán revolucionando nuestra vida en este planeta.

Platón afirmaba que las Matemáticas eran “una necesidad divina” y que …”sin su conocimiento el hombre es incapaz de llegar a ser Dios, ni espíritu, ni siquiera héroe, ni puede de todo corazón pensar en el hombre o preocuparse por él”…

Lo triste es que los matemáticos no lean a Platón y que los que leemos a Platón no sepamos Matemáticas; aunque esto refuerce aún más la necesidad de la acción cooperativa para que se dé entonces el milagro.

Porque es desde la interacción entre las ciencias de donde surge el genio, ya que toda especialización cerrada en sí misma, sólo logra enfrascarnos en un oscurantismo desconectado de lo general.

Uno de los principales fines de las Matemáticas es despertar el uso de la razón, la confianza en la verdad y el valor de la demostración. Y mientras describo a esta ciencia, no puedo dejar de pensar en que éstos son exactamente los mismos objetivos que tiene la Filosofía.

Lo más triste de todo esto, es que actualmente la enseñanza de ninguna de estas dos disciplinas logre satisfacer esos objetivos en el aula y el alumno salga de clase desconfiando de la utilidad y de la interconexión que tiene todo aquello que aprende de memoria para aprobar el examen. Sin que la asignatura le haya generado la satisfacción del proceso intelectual, que siente todo aquel que razonando llega a una conclusión.

El impulso intelectual funciona como un músculo que se forja cultivando el amor por el sistema empleado y por la experiencia de la interrelacion; algo que sólo es posible a través de la comprensión de los procesos en las demostraciones.

(Cuando me refiero al amor por el sistema empleado me remito a mi propia experiencia; el año que me enamoré de la Historia de Grecia y Roma fue porque mi profesora de primero de Secundaria estaba enamorada de la Historia de Grecia y Roma, y fue esa pasión la que nos contagió  a todos).

La comprensión de las demostraciones matemáticas o filosóficas generan en el aprendiz una satisfacción enorme y esto sucede cuando algo que antes creías inútil comienza a cobrar sentido. No es que antes no lo tuviera, pero como el trabajo intelectual no estaba presente en los procesos cognitivos, el interés no aparecía.

Cuando el alumno experimenta el placer que genera razonar, ya no quiere dejar de practicar ese arte y a partir de esa experiencia empieza a demandar la comprensión y la demostración de todo aquello que se le enseña. (algo que por supuesto resulta sumamente incómodo para el profesor acostumbrado a enseñar de memoria y también riesgoso en asuntos de fe y de creencias) 

Este es el impulso intelectual que debe despertarse en el aula, el ansia por  conocer y por encaminarse hacia  procesos que arriben a conclusiones y que a la vez despierten nuevos intereses y nuevos procesos cognitivos en el individuo. 

Lo que debe despertarse es la inteligencia y las asignaturas constituyen sólo los medios para movilizarla, pero nunca deben confundirse con el fin.

Porque el fin del conocimiento, como el de todo proceso, es movilizar el mecanismo y crear el movimiento; que es el hábito de pensar: una capacidad motriz a la que comúnmente se denomina inteligencia o creatividad.

Asi es como debería también funcionar en nosotros la Literatura; cada historia nos debería conducir siempre hacia nuevas letras, porque todo conocimiento debería servir como un pasaje.

Ningún estudio debería ser un fin en sí mismo, sino un medio para mantener un hábito mental superior en constante ejercicio y aplicable a cualquier circunstancia. 

Y de todas las habilidades posibles, la conexión entre los distintos fragmentos que representan nuestro saber, será siempre la que más nos acerque a la comprensión de un todo.

JR

 

“Cuantos más intereses tenga un individuo y cuánto más dispares sean esos intereses entre sí, será más feliz y más inteligente “ JR

 

 

 

 

 

 

 

 

“La Valentía que Iguala”

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Se habla mucho últimamente de la igualdad entre sexos; pero se habla mucho menos sobre las responsabilidades que implica ser igual al otro.

A mi parecer, lo que algunas personas pretenden es una igualdad selectiva; es decir, una igualdad sólo para aquellas cosas que interesan y una continuidad en la desigualdad para aquellas diferencias que conlleven una ventaja e impliquen una responsabilidad o un esfuerzo extra.

Para educar en la igualdad, lo primero que deberíamos hacer es exigir los mismos niveles de valentía en los dos sexos.

No puede educarse a los niños y a las niñas de forma distinta, si se desea un resultado igualitario, especialmente en referencia a la superación de los temores, de las desgracias, de los errores y de los fracasos; porque quien desee ser igual a otro, no debería esperar ser tratado con mayor blandura, ni ser inferior en fortaleza por su sexo. 

En la educación de la igualdad se deberían tener los mismos cuidados para unos que para otros y también los mismos castigos; y no debería tratarse con mayor mimo a la niña por ser mujer, ni consentírsele una justicia distinta a la de los varones en ningún aspecto. 

Para educar a niños y niñas iguales en valentía, hace falta ayudarles a domar primero todos sus temores irracionales y sus prejuicios de género.

La sensación que genera el temor irracional superado, es de gran satisfacción y en los niños esto se manifiesta con un estado de inmensa alegría y contento.

Hay pocas cosas que produzcan más satisfacción a cualquier edad, que la superación de los temores irracionales. 

El temor nace de un instinto de supervivencia básico y denota inteligencia; cuando el niño se hace mayor siente miedo ante un animal salvaje, algo que un niño de tres años no siente, porque es menos inteligente a esa edad.

Hay un temor que preserva y otro que limita y el deber de los educadores es principalmente diferenciarlos y promover la superación de aquellos temores que limiten, mediante la comprensión razonable de los posibles peligros y la superación experimental de todo aquello que no debería de ser temido.

Se debería promover también, la superación de aquellos peligros que se hacen realidad cuando uno sale al mundo y vive, en vez de estimular una sobreprotección destructiva y limitante y dotarles de las herramientas necesarias para superar el miedo. 

El adulto educador ( padres o maestros) no debería mostrar temor de ninguna índole frente a los niños, ya que el miedo es sumamente contagioso, y para cultivar el valor en los niños y en las niñas, se necesita contagiar fortaleza.

Esta valentía debería ser indispensable en todas los hombres y mujeres que pasen mucho tiempo con niños. De más está decir, que ser mujer no es una excusa para ser cobarde.

La persona valiente no es el guerrero temerario que no mide los peligros, sino aquella persona (hombre o mujer) que con un inteligente discernimiento de las circunstancias y de sus capacidades y aptitudes es capaz de realizar cosas en cualquier ámbito, que otros dejarían de hacer sólo por miedo. 

La valentía es en realidad lo único que nos diferencia a unos de otros, sin distinción alguna de raza, de sexo, ni de edad. 

La igualdad tiene muchas ventajas y algunos inconvenientes; pero quien la desea, debe estar dispuesto a aceptarlos a ambos.

JR

“El Molde”

“No es el perfeccionamiento de la máquina lo que mejorará al ser humano, sino el mejoramiento del ser humano lo que perfeccionará a la máquina” JR

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Muchos se alarman ante las novedades tecnológicas que nos permitirán en el futuro elegir y diseñar a nuestros propios hijos.

Este es un sistema de “hijos a la carta” en donde podrás diseñar el exterior, la personalidad, las capacidades y las destrezas del individuo que concebirás a tu antojo. 

Particularmente me resulta asombrosa la capacidad que tenemos los seres humanos para percibir como novedad todo aquello que ya es viejo; repeticiones de lo mismo con otro nombre, otro diseño y un método de fabricación más sofisticado que generan sin embargo, un producto muy similar al conocido.

“El hijo de molde” es algo tan viejo, que llama la atención que hoy nos resulte una idea novedosa y que tantos se rasguen las vestiduras por la falta de libertad de este nuevo individuo artificial, cuando toda su vida se han empeñado en moldear a la carta a sus hijos de carne y hueso; anulando cualquier atisbo de autenticidad y sin ningún remordimiento. 

Uno moldea a los hijos en primer lugar con la suscripción a la creencia religiosa, algo que el niño (aún en estado de inconsciencia) adquiere sin ningún tipo de opinión u intervencion por su parte. Más tarde se continúa con la Educación escolar, que salvo raras excepciones suele ser bastante homogénea y fundamental para el desarrollo de sus capacidades intelectuales, a esto se le agrega la pertenencia a un determinado ámbito social, étnico o político y poco a poco se le va perfilando la preferencia hacia determinados grupos y el rechazo hacia otros.

Todo aquello que se aprende y se adquiere se convierte con el tiempo en hábito en el individuo y tiende a ser transmitido y perpetuado; en la mayoría de los casos, sin la intervención de una convicción racional y sin siquiera plantearnos si uno está haciendo o no lo correcto. Todo este proceso que se lleva a cabo en el hijo humano es igual al que requerirá la programación de un robot de sus mismas características. 

El instinto humano funciona también a modo de memoria y repetición y todo aquel que ha sido moldeado, tiende a moldear a su imagen. No lo hará porque esté orgulloso de haberse convertido en un individuo excepcional con derecho a ser clonado, sino porque no ha conocido otra cosa, y en el caso de haber conocido algo más adecuado, pocas veces se atreve a romper el molde que todas las generaciones anteriores han dejado preparado para él y para su descendencia; cosa que es aún más grave, porque esta inmovilidad ya no se debe a una ignorancia inocente, sino a una alarmante falta de valentía.

Lo que más escandaliza es el rigor con el que se juzga la novedad y la ceguera permisiva con la que se percibe el ancestral hábito familiar. 

¿Cómo puede alguien que ha diseñado hijos a la carta durante generaciones, escandalizarse ahora con los proyectos tecnológicos que facilitan la concepción de hijos a la carta? 

La única respuesta que encuentro a esta cuestión es que los conceptos de “libertad” suelen ser muy acomodaticios.

Algunos consideran que uno es libre porque puede elegir el color de sus zapatos y otros porque pueden acceder a una rinoplastia para deshacerse de la herencia del abuelo; pero la libertad para abandonar las creencias o las supersticiones de la tatarabuela a conciencia, no se le toleran con agrado ni al científico más reputado. Por eso es bien sabido que la libertad hay que procurársela solito y sin pedir tantos permisos. Y así es como trabaja el progreso.

Son muchas las acepciones que tiene la palabra libertad y los permisos a la carta que ésta otorga, sobre todo cuando es malentendida y dirigida estratégicamente  para avalar y moldear los intereses más convenientes.

Existe además, una preponderancia a la pseudo sensibilidad; esa tendencia tan moderna de tener la lágrima fácil para todo lo que no es importante.

A estos seres súper sensibles les da mucha pena todo ente concebido y destinado a ser esclavo, pero no se les mueve un pelo por esos pequeños individuos reales  moldeados a la tradición de sus progenitores, que van perdiendo a ciegas toda posibilidad de autenticidad y de libertad, que es lo que caracteriza a todo lo que tiene vida. 

Asi es como la sensibilidad; una palabra que antiguamente hacía referencia a un carácter noble y valiente que conducía desinteresadamente al otro hacia la libertad, aún a costa de cargarse una tradición o de un perjuicio personal; ahora trabaja para enaltecer la postura del hipócrita, que condena (sintiéndose muy ético) la esclavitud que creará la tecnología, mientras persiste en santificar la propia.

JR

“Somos como el niño que mientras con el pie aplasta al pichón, llora por la soledad del espantapájaros” JR