» La impredictibilidad del ser libre»

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«Si quieres saber como se distingue a un ser libre es por su continuo movimiento» JR

La definición de un ser libre, no es la de un ser que hace uso de su libertad, sino aquel que ha comprendido que significa ser libre; una capacidad totalmente distinta a la del libre albedrío que no requiere ser poseedor de ningún talento.

Cuando te encuentres con uno de estos seres, debes estar preparado y mantenerte  prevenido ya que su sabiduría los convierte siempre en seres impredecibles. Cuando le hagas una pregunta, no archives nunca bajo llave su respuesta porque ésta irá cambiando con el pasar del tiempo y cuando vuelvas  a hacerle esa misma pregunta en otro momento, te sorprenderas al ver que la respuesta es totalmente distinta a la de hoy.

La impredictibilidad del ser libre responde a que estos seres permanecen siempre modificándose a si mismos con cada nueva experiencia. Por lo cual las certezas nunca logran echar raíces en ellos.

Cada experiencia nueva transforma algo que es a la vez transformador de todo lo demás, como si cada nueva experiencia provocara un efecto dominó. Y con un solo derrumbe, todo lo demás fuese también modificado.

En cambio cuando te encuentres con un erudito, sus respuestas serán siempre las mismas a través del tiempo, porque éstas responden a certezas que no han ido modificándose con cada nueva experiencia.

Encontrarte con un sabio te hará replantearte tus certezas y te hará ver que la verdad nunca se queda quieta, sino que responde al mismo movimiento al que responde todo el universo.

El sabio sabe moverse en él y de esa habilidad es de donde proviene toda su sabiduría. Siendo la sabiduría aquello que jamás se repite, manteniéndose siempre nueva, de la misma manera en que lo hace la vida.

Aprender a ser libre es aprender a moverte en todas las dimensiones simultáneamente y  poder ver en cada momento, cual es la respuesta que ese momento necesita.  Una respuesta que seguramente mañana exigirá ser distinta al haber cambiado las circunstancias.

JR

 

«La diferencia entre una certeza y una verdad es que la verdad nunca se queda quieta y la certeza nunca se mueve.» JR

 

 

«EL FRACASO DEL ÉXITO»

 

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Resulta impresionante ver las estadísticas de la depresión en el mundo. Este mal afecta  aproximadamente  a 350 millones de personas y es el responsable de un millón de muertes anuales según los datos dados por la OMS en el año 2012.

Curiosamente la depresión es una enfermedad que sólo afecta a países ricos; aquellos que han logrado un progreso y un superávit considerables, son aquellos que hoy están expuestos al mal de la tristeza.

Reflexionando sobre estas cifras, me pregunto qué habrá en el progreso que pueda provocar la aparición de este mal. Y cuesta mucho poder encontrar una respuesta, mas aún viviendo en un mundo en donde se nos enseña que el camino hacia el éxito y la felicidad  es el del progreso material, el del  prestigio y el de la fama.

Mientras son éstos los promocionados caminos hacia la felicidad, la realidad se empeña en mostrarnos cifras que denotan que hay algo en estos caminos que falla.

¿Qué es aquello que falla en el éxito y que provoca este vacío existencial, esta falta de sentido, esta tristeza y esta melancolía?

En la historia de la humanidad, nunca el hombre ha poseído tanto ni ha disfrutado de tantas comodidades, pero sin embargo es en estos tiempos de prosperidad en donde «la fiebre del alma» azota a los países mas ricos del globo.¿Qué falla en este triunfo? ¿De qué carece este progreso?

Quizás aquello que nos falte sea la esperanza, algo que al lograr todas las metas se pierde, pero que en la pobreza se posee. La esperanza es el gran tesoro que posee la pobreza. El hombre sueña con que una vez que tenga o logre determinadas cosas podrá ser feliz y ese sueño le mantiene a salvo.

Esto mismo sucede con la libertad, solemos pensar que cuando logremos liberarnos de determinadas cosas finalmente seremos felices; pero al llegar a esa ansiada liberación son otras prisiones las que nos aguardan, dejando al descubierto además de nuestra incapacidad para ser libres, también a nuestra incapacidad para ser felices.

La esperanza hacia aquello que aún está por llegar da forma a ese futuro en donde habita  la ilusión que nos mantiene vivos y que nos da un motivo para seguir luchando.

El éxito en cambio, encarna el fin de esa esperanza, ya que habiendo alcanzado la ansiada meta nos encontramos en un sitio en donde aparece un nuevo vacío, aquel que nos dice que la esperanza ha terminado. El éxito ha comprobado que aún habiendo llegado a la meta, uno sigue sin ser feliz. Y este descubrimiento que nos desalienta es a lo que  llamo «el fracaso del éxito».

Llegar a  la cima es haberlo logrado todo, pero en esa cima es en donde surge la gran pregunta… ¿Y ahora qué?

¿Es acaso haber alcanzado la cima, el final de toda esperanza?

Esta reflexión no pretende ser una apología a la dejadez; ni llegar a la conclusión de que es mejor ser pobre, desganado, falto de motivación o carente de metas en la vida. Está claro que el  progreso y la satisfacción de las necesidades básicas del hombre, sumado a la construcción de una voluntad que lo lleve a cabo,  son sin duda los requisitos necesarios para generar  un verdadero bienestar en todos los aspectos.  Un estado que sólo nace desde el progreso y que empieza por erradicar la desesperación que produce la pobreza.

Mi inquietud reside en realidad  en cómo poder llegar a la cima y  permanecer allí sin sentirnos vacíos. Y quizás sea mi planteo de permanencia en donde radique mi error. Ya que el «permanecer» hace alusión a una inmovilidad, que poco tiene que ver con la existencia.

Pertenecemos a una existencia que sólo conoce de movimiento y de procesos y en donde cualquier intento de inmovilizar un estado no solo será antinatural, sino que además nos provocará sufrimiento.

¿No debería ser entonces el «permanecer» en la cima otro nuevo proceso?

¿Qué es aquello que perdemos en el camino hacia el éxito que nos produce tal desánimo al alcanzar las metas deseadas?

¿Será quizás esa mirada constante hacia el futuro la  que nos bloquea el poder disfrutar del presente y la que  haga que en esta obsesión por la cima, nos olvidemos de disfrutar del camino?

¿No debería ser acaso la capacidad de disfrutar de las cosas y de los momentos, una de las disciplinas fundamentales para triunfar?

¿De qué me sirve ir a buscar agua a un rio, si al llegar he perdido el cuenco en donde iba a cogerla? ¿De qué nos sirve tanto esfuerzo hacia el éxito, si en el camino hemos perdido la capacidad de disfrutarlo?

Definir  qué es para cada uno el éxito puede resultar mas reconfortante al final del camino. Soltar de una vez los parámetros de éxito y fortuna que nos venden y elegir los propios.

Ojalá podamos elegir una cima muy alta hacia donde ir, cultivando además la capacidad de ir llenándonos también por dentro. Para que además de llegar alto, lleguemos también siendo profundos.

El fracaso del éxito es el requisito imprescindible para comenzar una búsqueda distinta. Para algunos será un fracaso pero para  otros será sin duda un nuevo comienzo.

JR

«Dadme la pobreza que goza de la verdadera fortuna» (Henry D Thoreau)

 

«La Finitud de tu Tiempo»

 

«Lo increíble del ser humano es que aún sabiéndose mortal, vive como si tuviera tiempo» JR

evolucion-dia-darwin-3Al hablar de Evolución uno suele relacionar a este proceso con una transformación lenta y paulatina, aquella que cambió la postura del mono volviéndola erguida y con forma de hombre.

Pero la evolución que nos implica de forma inmediata es mucho mas cercana y personal de lo que creemos. Nuestra propia evolución tiene que ver con cómo y de qué manera hemos logrado superar a la generación que nos antecedió.

Son esas pequeñas cosas que parecen ser insignificantes, pero que tú has logrado. Si has logrado convertirte o no en un ser que ha sido capaz de superar aquello que ha recibido.

Esa es nuestra propia evolución; algo que no está tan lejos ni necesita de un proceso de miles de años para poder desarrollarse, sino que nuestros años en este mundo le son suficientes para que se produzca.

De la misma manera se mide también el proceso inverso, ya que la libertad implica la presencia de toda posibilidad. Esta libertad incluye a la posibilidad de evolución o de involución que poseemos cada uno de nosotros.

El cálculo de nuestra evolución está regido por una norma muy simple, algo que aunque parezca muy pequeño es sin embargo todo que la vida espera de cada uno. Una transformación que no está tan lejos, ni es tan ajena y que cuenta con un trabajo individual para llevarse a cabo.

Es curioso que el ser humano que se sabe a si mismo mortal, viva como si fuese inmortal, pensando que otro día o en otro momento hará las cosas que tiene que hacer hoy.

Son llamativas estas contradicciones y a la vez es entendible que al hombre se le haya dado esta condición de mortalidad. La energía que lo ha creado, presentía la tendencia del hombre a dejar todo para mas adelante y por lo tanto sabía que la inmortalidad sólo retrasaría sus evoluciones, ya que un ser con tendencia a postergar y sabiéndose a si mismo inmortal no actuaría nunca.

La función del tiempo es en el hombre la de despertar a su conciencia dormida. Sin el tiempo, el hombre permanecería dormido para siempre. El es el encargado de decirnos que no tenemos un mañana y que nuestra evolución debe ser hoy.

Es maravilloso descubrir la sabiduría que posee la existencia; que conociendo bien a cada uno de sus elementos, sabe cuando dar y quitar para despertar conciencias y lograr que se produzcan las evoluciones que necesita.

 

 

JR

«El hombre busca el sentido de su vida en una vida sin sentido y posterga en su inconsciencia su única oportunidad que es la de mejorar lo recibido» JR

 

 

«¿Es Sueño o es Pesadilla?»

«Un sueño es aquello que sueñas para todos, no aquello que ambicionas sólo para ti mismo» JR

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El sueño se promueve con ímpetu en una era que se ha vuelto esclava del capricho; en donde el sueño y el antojo se confunden a menudo. El mensaje constante que recibimos es el de que todo es posible, válido y urgente si responde a tu sueño.

El sueño individual, que para la juventud es sumamente necesario en la tarea de crear una identidad propia, se vuelve sin embargo en la edad adulta una postura egoísta y que propende a la insatisfacción permanente.

Las preguntas que nos hacemos hoy en día han cambiado. Hoy el «por qué hacer algo», se ha convertido en el «por qué no hacerlo».  Logrando así enmascarar al antojo detrás de una supuesta libertad que parece darnos derecho a todo, incluso a convertirnos en seres que transitan por este mundo, con la única obligación que la de mantenerse entretenidos.

La austeridad de los siglos anteriores ha dado paso al capricho y la temida moral ha dado paso al libertinaje del eterno soñador, que habita en pos de una felicidad individual y transitoria a la que denomina «sueños».

Si el deseo es el motor de todo ser humano y sin él ningún progreso es posible, éste debe  entonces esconder varias caras, una de las cuales es el sueño que completa y otra que es la pesadilla que nunca encuentra contento.

La pesadilla es el deseo que nos lleva por el camino de la codicia y  busca sólo satisfacer lo inmediato en el tiempo y en el espacio. Pero en esa inmediatez del tiempo y del espacio sólo caben dos palabras: el «ya» y  el»yo». Este es el espacio/ tiempo en donde se mueve el capricho junto a su eterno descontento.

El capricho es una tendencia a la satisfacción puramente personal que no conlleva la inclusión del otro, sino que busca únicamente la propia complacencia.

Ese «para mi»tan publicitado en nuestros días, que nos coloca en el centro de un círculo  como el eje de todo. En vez de posicionarnos como parte del círculo, en donde nos convertimos también en responsables y en parte de todo aquello que nos rodea.

La imposibilidad de satisfacción genera un movimiento interior llamado «codicia»; algo que produce un malestar contínuo causado por esta insatisfacción permanente.  Como si con cada adquisición en vez de lograrse una saciedad se produjera justo el efecto contrario y apareciera una sensación de más vacío.

La enfermedad de la codicia está representada por el signo matemático «más», algo que no está completo y que necesita siempre de una nueva adquisición, a la que hoy se nos motiva a llamar «un nuevo sueño».

Una vez disfrazada de sueño, la codicia se esconde tras un nuevo ideal,  siendo en realidad una patología causada por un permanente descontento. Si entendemos por supuesto al contento, como a esa plenitud que nos permite estar presentes aquí y ahora.

La diferencia que existe entre un sueño y una codicia es la sensación de saciedad que provocan.

Todo verdadero sueño, una vez logrado, producirá una sensación de paz y de plenitud.  Mientras que la codicia producirá una picazón que nunca se completa porque siempre necesitará  de algo más. Y esto se debe a que la codicia es la enfermedad de la insaciabilidad.

Aqui es donde el llamado sueño se convierte entonces en pesadilla, porque esconde detrás a una patología; cuyo síntoma es la insatisfacción y cuya respuesta vuelve a ser el signo «mas».

«Yo» y «para mi» son los primeros síntomas de este contagioso virus que se publicita sin descanso en nuestros días y nos corroe por dentro como la peste. Un elemento que en la juventud es necesario y es el reflejo de un ser humano sano que se está formando en la dirección correcta. Pero sin embargo, la permanencia de esta codiciosa individualidad en la   edad adulta refleja el fracaso.

Un joven sano es un joven que sueña, que busca y que refuerza su individualidad. Sin embargo, esta característica  en un ser adulto descubre enfermedad, debido al enquistamiento de una individualidad que no ha sabido evolucionar en colectivo.

El sueño es la completud de un ideal y de él emana una sensación de tranquilidad y de sosiego porque tiene la característica de incluir también al otro. Y es en esa inclusión, en donde radica el secreto de su completud.

Para detectar a una pesadilla a tiempo, es importante reconocer si el sueño es sólo para mí o si es para todos. Sólo después de responderme a esta pregunta sabré si mi sueño es en realidad un sueño, o si será una nueva pesadilla.

JR

«Nos dijeron que los sueños podían convertirse en realidad, pero se les olvidó mencionar que las pesadillas también son sueños» Oscar Wilde.

«El Producto de la Libertad y de la Sumisión»

«Para obtener una valoración sobre cualquier abstracción, deberás analizar primero el producto que ha generado» JR

 

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La diferencia entre los sustantivos y los verbos es para la Gramática una noción fundamental y también lo es para comprender algunas cosas de la vida.

Estamos acostumbrados a adorar a sustantivos abstractos, que en cuanto se convierten en verbo se transforman en algo distinto.

Esto sucede entre muchas otras palabras con el sustantivo abstracto «Libertad».

Una cosa es la abstraccion de la libertad y otra muy distinta es la acción de «ir libertando por la vida». Claro está, si entendemos a la libertad como a esa capacidad de ir liberándonos de todas las prisiones que nos acotan.

Las habladurías intentan convencernos de que hay civilizaciones que odian a la libertad.

¿Pero es alguien capaz de odiar a un sustantivo abstracto? En primer lugar, la libertad de la que hablan es algo que estos pueblos ni siquiera conocen. Por lo cual esta afirmación se convierte en un argumento falso desde el principio.

Nadie es capaz de odiar a las cosas que no conoce y tampoco a los sustantivos que aún no se  han hecho verbo en uno mismo, al convertirse en experiencia. Lo único que genera lo desconocido es miedo.

El odio es una fuerza que sólo sucede entre personas. Uno no puede odiar al sustantivo libertad, sino al producto de esa libertad. De la misma manera en que uno no puede odiar a la sumisión, sino a la persona que ha generado ese sustantivo.

Un ser humano no es capaz de odiar en abstracto, ya que todo odio necesita siempre de un  objeto. Por lo cual no es la libertad aquello que se odia, sino al producto que ha resultado de esa libertad.

Y el producto de la libertad es nuestro mundo. Un mundo que se ha liberado de muchas prisiones y que se ha encarcelado en muchas otras.

Todo sustantivo se va aprendiendo poco a poco y perfeccionando a medida que se ejercita, si realmente existe una intención de hacerlo. Y como todo aprendizaje, requiere de mucha práctica.

El hombre Occidental es el resultado de la libertad Occidental. Un hombre que ha ganado mucho y que ha perdido también algunas cosas igual de fundamentales.

De la misma manera en que explicamos a los niños que los verbos son la acción de los sustantivos y que sólo en la medida en que éstos te hagan bien son favorables, lo mismo sucede en nuestra vida.

La medición de su beneficio radica en los resultados que genere su aplicación. Una vez obtenido el producto podremos entonces evaluar, si el resultado ha sido satisfactorio o si han faltado algunos ingredientes. Y si existe una voluntad de mejora, la acción consciente  será propender a su inmediata incorporación.

Todo sustantivo es un arma muy poderosa que hay saber manejar con cuidado, porque si la utilizas mal puede matarte y convertirse en un sustantivo distinto; como por ejemplo cuando la libertad se transforma en la sumisión a nuevas prisiones.

Por muy nobles que puedan parecer algunos sustantivos abstractos, no sabrás si son buenos hasta que no veas el producto que han generado.

Toda abstracción es algo parecido a un espejismo que sólo se comprueba avanzando.

 

JR

«Por los frutos conocerás al árbol» Jesús de Nazareth.

 

 

«La Entrega que exige la Verdad»

«Tus silencios hablan siempre mas alto que tus palabras» JR

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En un mundo en donde la sinceridad es un bien escaso, algunas personas asumen erróneamente la obligacion de evitar su extinción, aunque esa responsabilidad no les corresponda en absoluto.

La mayoría de la gente suele ser muy reservada para sus cosas, sin embargo, a la hora de preguntar son descaradamente insistentes, como si su deseo por saber cosas sobre el otro, fuera directamente proporcional al ocultamiento de sus propias cosas.

Ültimamente he prestado mucha atención a estas actitudes, ya que a veces me descubro abriendo mi corazón a personas que sólo me devuelven el mas profundo hermetismo. Provocándome una sensación parecida a la de estar corriendo algún peligro.

¿A quién cuento mis cosas? ¿A alguien incapaz de compartir nada suyo?

La verdad es un bien escaso y fomentarla es necesario, pero eso no implica tener que correr el riesgo de exponerse ante alguien que no busca compartir, sino arrebatarte información.

Lo maravilloso de compartir es que termina acercándote al otro, las distancias se acortan y el sentimiento se profundiza. Y en la comprensión del otro, llegamos  a comprendernos mejor a nosotros mismos.

De más está decir, que frente a estas personas herméticas y preguntonas, esto nunca sucede, ya que después de cada encuentro en vez de sentirte completo, regresas a casa sintiendo que alguien te ha robado la cartera.

Esa es la  sensación de haber sido ultrajado en la confianza y despojado de una intimidad que el otro no se merecía, porque su entrega nunca fue parte del trato.

Estos son los encuentros que en vez de enriquecerte te devuelven a casa mas pobre y sintiéndote aún mas solo que antes. Porque el otro no ha comprendido que toda sinceridad tiene un precio.

La sinceridad exige también tu entrega. Y si uno no está dispuesto a entregar nada, entonces debe abstenerse de hacer preguntas y limitarse a hablar del tiempo, de política o del fútbol.

Desconfia siempre de todo aquel que pregunte mucho y cuente poco. Porque hay una sutil diferencia entre el interés hacia el otro y el interrogatorio.

El interés es la búsqueda de un encuentro, mientras que el interrogatorio es violencia en forma de pregunta.

Hay poca sinceridad en el mundo y es difícil encontrar a gente dispuesta a correr los riesgos que conlleva decir la verdad, pero cuando te encuentras con alguien sincero, algo en ti se potencia.

Y es en esos días, en los que sientes que el mundo te pertenece y que todos pertenecemos a un mismo mundo.

JR

 

«El mundo que te cuento y el mundo que me cuentas son asombrosamente el mismo mundo. Es por eso que encontrarte, no sólo me encuentra contigo, sino que además me encuentra conmigo» JR

 

 

«Cuando éramos Hermosos»

«El tiempo no ha modificado nada, todo sigue aquí» JR

 

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Recuerdo cuando éramos hermosos y el sabor del helado nunca era tan rico sino se compartía con los amigos. Cuando las lágrimas del otro nos dolían mas que las nuestras,  cuando soñábamos despiertos y creíamos en lo imposible.

Cuando despertábamos felices porque cada día era una nueva aventura y una rama era una espada y nuestra sombra el enemigo.

Cuando las risas eran contagiosas y aparecían siempre en misa y en todos esos lugares en donde se nos obligaba a amar a Dios siendo serios y aburridos.

Recuerdo cuando no daba vergüenza pedirle una galleta a un amigo, cuando el olor a tostadas nos levantaba los Domingos y pasábamos esas tardes eternas de verano creyendo que el tiempo perdido era el único ganado.

Cuando nos emocionaba el vuelo de una mariposa y una mariquita nos obligaba a pedir tres deseos, pero teníamos tantos y eran tan importantes que costaba decidir cuáles elegiríamos.

Recuerdo cuando éramos capaces de sentir todos los perfumes y nuestro olfato funcionaba para reconocer el olor de mamá y el de la abuela subiendo por el ascensor para darnos un beso.

Y  esos viajes en coche de vacaciones cuando mirar por la ventanilla nos transportaba hacia mundos diferentes, sin necesitar de pantallas ni de pastillas de colores.

Cuando defender al débil no se pensaba dos veces y reconocíamos la injusticia sin haber estudiado derecho.

Recuerdo cuando la muerte no significaba un problema porque sabíamos que la vida era lo que nos esperaba y la abordábamos con ganas aunque no tuviéramos nada.

Recuerdo cuando éramos libres y nada nos preocupaba porque estábamos súper ocupados aprendiéndolo todo y ser libre era fácil porque consistía en seguir nuestra naturaleza.

Éramos sencillos, sensibles, espontáneos, permeables a todo, asombrados, curiosos, descubridores, poetas, pintores, actores y pandilla; porque lo teníamos todo y sin embargo, aún éramos niños.

Si te acuerdas de todo como yo también lo recuerdo, deberíamos reclamarlo porque aquello fue nuestro y si no lo hemos vendido significa que aún nos pertenece.

Devuélvenos a cuando fuimos hermosos y el universo era nuestro y nosotros de todos.

JR

 

 

«El viaje: Un partir de mi, un infinito de distancias infinitas y un retornar a mi».  A Porchia.

«Reubicar a la vergüenza»

«Una persona justa es aquella que se avergüenza de toda crueldad, de la propia y de la ajena» J R

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Oigo decir muy a menudo que hemos perdido la vergüenza, pero yo creo que no es que la vergüenza se haya perdido, sino que se ha colocado en un lugar distinto.

La vergüenza está hoy ubicada en otro sitio, pero sigue existiendo y provocando la misma sensación de angustia que antes.  Aunque su aparición se deba ahora, a motivos totalmente  distintos.

Hace unos días, una niña vió a una compañera mas pequeña jugando con su padre  y con la crueldad que aprenden algunos niños en su casa, le preguntó:_ «¿Tu padre es un sudaca?»_ La niña mas pequeña respondió en voz baja, como si estuviese avergonzada y en ese momento, me dí cuenta de que la vergüenza está ahora puesta en otro sitio, pero sigue existiendo.

La vergüenza no es ser racista, corrupto, inmoral, codicioso, mentiroso o manipulador; sino que es vergüenza ser sudamericano, negro, pobre, sin estudios, musulmán, judío, homosexual, feo, gordo, calvo, viejo, bajo o chino.

La vergüenza hoy no la provoca la propia crueldad, sino el no pertenecer a un grupo determinado.

Aquella rojez de las mejillas que desenmascaraba nuestras bajezas; el habernos comido el último trozo de pastel sin decirle nada a nadie, el haber sido descubiertos con una repuesta del exámen escrita en la palma de la mano, el haber robado, el haber mentido, el haber sido crueles con un compañero; todo eso hoy, ya no da vergüenza.

La vergüenza vigente es no pertenecer al grupo adecuado, y todas las demás vergüenzas han desaparecido; tanto es así, que hasta se exhiben con orgullo.

Hoy, ser un racista está de moda y te cualifica como miembro del grupo elegido y soberano.

Recolocar a la vergüenza en su sitio y desde pequeños, sería un buen comienzo para cambiar nuestro destino como humanidad. Porque la educación académica no será suficiente para lograr el progreso, si éste no va acompañado también, por la educación de un corazón que vaya a juego con los avances tecnológcos, científicos y sociales que vendrán.

Educar a un corazón es fundamental para que la vergüenza vuelva a ser aquella sensación que nos engrandecía, en vez de empequeñecernos.

Esa coloración que aparecía cuando nos sentíamos malas personas. Ese fuego que nos quemaba fuerte por dentro y que nos transportaba hacia un pequeño infierno, en donde nos poníamos rojos y nos descubríamos errados y a todo color, frente a la mirada del otro.

JR

«Cuando el hombre deja de avergonzarse de ser cruel, se convierte en un monstruo» JR

«Conciencia Verde»

«El objetivo de todo progreso debe ser evolucionar al hombre, porque desde allí todas las demás evoluciones vendrán por añadidura» JR

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El mundo ha comprendido que el movimiento circular de nuestro planeta no es sólo un movimiento, sino un comportamiento. El movimiento circular simboliza la evolución infinita que no tiene, ni principio ni fin y que para existir necesita de una fuerza que impulse a su movimiento constante. Este es el comportamiento que caracteriza a toda la Existencia.

El movimiento constante habla a su vez de un cambio permanente, que se repite de la misma manera en que se suceden todos los ciclos vitales de la Existencia.

La vida necesita del movimiento circular para matenerse viva y es por eso, que todo aquello que implique gestación de vida, tiene forma redondeada.

Todo el Universo hace referencia a este movimiento circular, que es a la vez generador y continuidad, ya que cualquier círculo para existir necesita de una fuerza que incluya a cada uno de sus puntos repetidamente, una y otra vez y de forma continuada para poder preservarse siendo un círculo.

Esta conciencia verde que ha despertado en el siglo 21 ha logrado asociar a este movimiento circular y transformador, también a las cosas materiales.  El reciclado de las cosas o su transformación en algo distinto de forma transitoria, es aquello que permite que los procesos se reinicien una y otra vez, manteniendo un equilibrio vital.

La conciencia verde surge como resultado de otras evoluciones, entre ellas la tecnológica y la científica, que aportan constantemente nuevos descubrimientos que provocan la adhesión de otros ámbitos.

El ser humano intenta ahora sumarse a la evolución que plantea la Ecología, motivado principalmente por el desequilibrio natural que azota a nuestro planeta.  La observación  sobre las catástrofes actuales que afectan de manera directa al bienestar humano, despierta una conciencia nueva, que se transmite sobre todo a las nuevas generaciones.

Las desgracias ya están aquí y esto es lo que ha motivado a la conciencia ecológica. La conciencia ecológica no ha llegado antes de la desgracia, sino a partir de ella. Y la razón por la cual toda evolución tiene lugar siempre después de la desgracia, es porque la conciencia del hombre, nunca es para nosotros una prioridad en el orden evolutivo.

Esta alteración del orden natural de las cosas es lo que genera a la desgracia; que funciona como un despertador para la conciencia dormida del hombre, que se ve siempre sorprendida por ella. La ceguera del ser humano es en realidad lo que provoca a la desgracia, que siempre nos sucede como un resultado a la falta de previsión que surge de nuestra falta de conciencia.

La desgracia es desafortunadamente, el despertador que nos levanta siempre tarde.

Pero nuestra conciencia sobre los daños no debería incluir solamente a los daños materiales como nos plantea la Ecología, sino también al daño humano que genera la desgracia.

Si todo se recicla y se transforma permanentemente en algo distinto sería importante saber en qué se transforma entonces el sufrimiento del hombre.

Hacia dónde va y de qué forma regresa. Hacia dónde van las lagrimas de dolor de los pueblos sometidos y de qué forma ese sufrimiento nos llueve después a todos. Porque de la misma forma en que todo residuo se convierte en algo distinto, el dolor también lo hace.

La conciencia verde no debería estancarse sólo en los elementos,  sino avanzar en el contagio hacia todas las demás evoluciones aún pendientes que tiene el ser humano, además de su responsabilidad con la naturaleza.

No debemos limitarnos a preservar la forma, sino también a preservar la dignidad del hombre. El hombre debe ahora preservar al hombre y empeñarse en reciclar su dolor, transformando su sufrimiento en algo distinto.

La transformación natural del dolor es la autodestrucción. Pero como toda transformación, ésta posee también dos polaridades. Siendo concientes de esto, deberíamos impulsar al dolor en una dirección distinta para convertir al sufrimiento en aprendizaje.

Si esto sucede, entonces la Ecología habría tenido algún sentido. ¿De qué nos sirve sino preservar la naturaleza para un hombre destruido?

Si el Universo establece un orden de prioridades para todas las cosas, quizás la Ecología sólo sea un tipo de progreso demasiado verde aún para un ser humano que tiene todavía una importante transformación pendiente.

 

JR

 

«Si el llanto de la gente va hacia el mar, en poco tiempo nos lloverá a todos» JR

 

 

 

 

«La Fuerza de toda Unión»

«No me une a ti la herida, sino la búsqueda conjunta de cómo sanarla» JR

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Toda unión exige una empatia. Algo que nos una y que logre ser tan fuerte que permita que esa unión perdure en el tiempo. Nuestra carencia nos une mas de lo que logra hacerlo nuestra abundancia, ya que la vulnerabilidad frente al dolor es para el ser humano el vínculo mas estrecho.

La diferencia entre los distintos tipos de unión está marcada por la polaridad que posea  esa carencia.  Y la polaridad es la posibilidad que posee siempre toda fuerza. Si esta carencia desea ser cubierta o si desea permanecer como un lugar común o una excusa para seguir perpetuando nuestra desgracia.

La polaridad negativa de la carencia la han sabido reconocer muy bien todas aquellas personas que siempre han convocado a sus seguidores en nombre de ella y los han mantenido unidos encontrándole al grupo un enemigo común, en vez de buscarle la solución a su problema.

Comprobado está, que nada une más que compartir un odio. Y aunque el pueblo se enfrente a las peores atrocidades por parte de sus propios líderes, mantendrá siempre la ceguera hacia su crueldad, obteniendo la fuerza para su resistencia, del odio Al enemigo que les aúna.

Aunque muchos crean que el odio no sirve, el odio te da una fuerza tan poderosa como te la da el amor. Y cualquiera de estas dos fuerzas es igualmente capaz de mantener una unión a través del tiempo.

Los lideres políticos y religiosos conocen muy bien como funciona la psicología del ser humano y siempre la han utilizado a su favor. Ellos son conscientes de que la carencia une y  de que el odio mantiene esa unión.

Pero por supuesto también existe otro tipo de unión que reconociendo a la carencia que nos iguala y nos une, propende a una unidad distinta, basada en la búsqueda de la sanación de la herida.

En este tipo de uniones nuestra carencia nos convoca a una búsqueda hacia una solución,  algo que sane nuestra herida y que reponga aquello que se ha quebrado. Logrando recuperar la confianza perdida y proveer finalmente de aquello que falta.

Este tipo de uniones logran revertir a la carencia y transformarla en abundancia, haciendo que la herida progrese y sane. Mientras su otra polaridad sólo logrará perpetuar la carencia, asegurándose de que prevalezca el odio que nunca te permitirá evolucionar.

En este tipo de uniones de polaridad negativa predomina el resentimiento, la venganza, el enemigo  y la falta de progreso. Mientras que en las uniones de polaridad positiva predomina el optimismo, las soluciones, los proyectos y la evolución.

Cuando vayas a unirte a una persona o a un grupo,  observa antes qué es aquello que te une a él.

Mantente atento a si esa unión busca una superación o  busca una revancha. Y permanece advertido. Porque aunque la palabra «unión» parezca una palabra  noble, ésta puede no serlo. Puede unirte a una causa que no logrará jamás sanar tu herida, sino hacerla  mas profunda y permanente.

Mira bien cual es el hilo que te une a cada causa. Si es el odio o es el amor, porque de allí es de donde obtendrás la fuerza. Y de esa fuerza dependerá tu progreso o tu involución.

JR

«Quien te tiene de un hilo no es fuerte, lo fuerte es el hilo». A Porchia